
“(…) No dudo de mi heterosexualidad, pero sí del tipo de hombre que quiero ser. Mi punto de partida, ciertamente, presuponía la verdad del tipo serio, ¿y qué demonios es el tipo serio? Un tipo peligroso, medio insensible, principalmente con plata, exitoso, en su mayoría altos, musculoso, que actúa con deber….”
Anthony J. Parra L.
El destino me empujaba las manos. Si tuviese ojos me miraría fijo, como si quisiera que la tomara y la hiciera mía. Lo hice. ¿Libertad? Nada que ver. Me había seleccionado esa noche a mí, ¿a mí? Sí, nadie más que a mí. Yo era el elegido. Fue entonces cuando tomé del fruto prohibido; fue entonces cuando tomé el primer trago de cerveza. ¡Pero no cualquier cerveza! Era la Cerveza Zulia Light. De este modo había nacido en aquel instante mi gran sistema filosófico, transmitido —como los grandes— oralmente: la filosofía del tipo serio.
Al inicio, nadie me tomó en serio, pero entretanto la discusión en las gracias se reavivó. ¿Resultado después de un rato de diálogo académico? Como a todos los grandes, me ignoraron. No logré la recepción de mis colegas. No estaban listos para tal pesquisa intelectual, y lo confieso: yo tampoco. Días después llegaron los críticos. El más grande de ellos era un kantiano; blanco, alto, risueño y con cara de sueño. Este hombre con sueño atacaba mi sistema filosófico entre risas. No paraba de reírse. Contra este enemigo se desplegó la primera gran batalla por la verdad. De este modo fue como empecé con remordimiento, luego de ganar la batalla cultural, a escribir el primer tratado de la filosofía del tipo serio (dedicado a estos críticos apresurados e irreflexivos).
Escribiendo retumbó en mi mente… no que era una pérdida de tiempo mis reflexiones (¡eso jamás!), sino el móvil de este estúpido problema. No dudo de mi heterosexualidad, pero sí del tipo de hombre que quiero ser. Mi punto de partida, ciertamente, presuponía la verdad del tipo serio, ¿y qué demonios es el tipo serio? Un tipo peligroso, medio insensible, principalmente con plata, exitoso, en su mayoría altos, musculoso, que actúa con deber… y si se puede lindo. Para sorpresa de algunos lectores, todo esto es importante, pues si un hombre no cumple con estas expectativas no es digno de lo mínimo o es digno de muy poco. ¿Cómo cumplir con este ideal cuando queremos sentir, ser vulnerables o vivir en el quinto mundo haciendo filosofía… y filosofía barata como esta? ¿Desde dónde pensar la masculinidad para atravesar esta dificultad? ¿Ha dejado de ser necesaria?
Esto lo saben las corrientes políticas contemporáneas, por eso quieren pensar la identidad. Entre ellas, el activismo feminista mayoritario, con sus pelos largos en las axilas, sostiene que figuras como el tipo serio son una construcción social. Lo que está en juego, sea cierto o no, es la dignidad masculina de su propia felicidad, lo cual hace necesaria su discusión. Si quiere liberarse de los prejuicios que obstruyen el pensamiento para pensar la necesidad o rechazo de la masculinidad es necesario partir de un análisis de esta postura.
La construcción social no da cuenta de los valores vitales para la supervivencia de una civilización y las cuestiones de hecho que permearon ese mundo moral. Podemos ver ese juego de hechos constitutivos en la identidad literaria formada, de manera inconsciente, desde el siglo XV hasta el siglo XVII en la literatura española. La identidad masculina tenía como ideal el soldado servidor del Rey con correspondencia con Dios y la Patria. La Española Inglesa de Cervantes revaloriza las armas al servicio del rey y Lope de Vega, en su Estrella de Sevilla, coloca a un hombre a elegir la patria y la seriedad sobre la embriaguez del amor. ¿Y qué decir de las obras que promueven ser soldado para “ver mundo”, ser admirado por mujeres[1], conseguir gloria[2] e ideales fruto de las autobiografías de soldados exitosos?[3]
Son estos claros ejemplos del ideal masculino y esconden razones para preservarse: les daba medios a hombres comunes para elevarse de su condición y garantizar sus fines con mejores medios y más seguridad. Por tanto, no son meras convenciones, era un ideal que respondía a necesidades de la vida de inicios de la modernidad. El activismo feminista no cuestiona si arrebatar estos arquetipos destruye valores vitales de la civilización.
Sin embargo, también es cierto que estos tiempos han cambiado: (i) las armas no requieren tanto de la operatividad de la fuerza; (ii) algunos hechos muestran que estamos en el tiempo más pacífico de la humanidad[4]. Como en otros trabajos he argumentado[5], la paz ha permitido condiciones de posibilidad para el liderazgo femenino, pero en el caso masculino, ¿qué pueden responder estos valores, desarrollados en el conflicto, en tiempos de paz? La vida del hombre está articulada para dar respuesta a un mundo que se pierde. Es esta la vía de navegación que se concluye fruto de los argumentos y críticas anteriores: si los valores deben o no de erradicarse a la luz de una necesidad fáctica en la civilización contemporánea. Se quiera o no, la figura masculina sigue siendo ampliamente atractiva, funcional (en muchos aspectos) y elegida en puestos de poder en tiempos de paz, responde a este tiempo. Llegados a este punto y respondida la pregunta de las coordenadas para pensar el tipo serio solo me queda decir seriamente: lector, por mis servicios, me debe una cerveza.
[*] Este ensayo fue publicado en el portal de Humano Insurrecto, en: https://roymerrivas.substack.com/.
[1] Véase los casos de viajar en el mundo en las tres obras citadas a continuación, es la obra de Cervantes donde se vuelve sobre la cuestión del atractivo femenino del soldado. Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón (Zaragoza: Editorial Ebro, 1957); Miguel de Cervantes, “La fuerza de la sangre”, en Novelas ejemplares, Vol. 3 (Madrid: Editorial Magisterio español, 1974); Juan Timoneda, El patrañuelo (Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1952).
[2] Véase el caso en la elogiada obra por Pedro Calderón de la Barca: Cristobal Lozano, Soledades de la vida y desengaños del mundo (Madrid, Juan de Zuñiga, 1748).
[3] Véase la biografía de: Jerónimo de Pasamonte, Vida y trabajos (Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cevantes, 2017).
[4] Steven Pinker, Los ángeles que llevamos dentro. (Barcelona: Editorial Paidós, 2018).
[5] Anthony Parra, “El liderazgo perdido: hombres y mujeres en el mercado (parte 1). https://contrapodernews.com/el-liderazgo-perdido-hombres-y-mujeres-en-el-mercado-parte-1/; Anthony Parra, “El liderazgo perdido: en Venezuela la elección es el mercado, no el estado (parte 2). https://contrapodernews.com/el-liderazgo-perdido-en-venezuela-la-eleccion-es-el-mercado-no-el-estadoparte-2/
Referencias
- Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón (Zaragoza: Editorial Ebro, 1957).
- Miguel de Cervantes, “La fuerza de la sangre”, en Novelas ejemplares, Vol. 3 (Madrid: Editorial Magisterio español, 1974).
- Juan Timoneda, El patrañuelo (Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1952).
- Cristobal Lozano, Soledades de la vida y desengaños del mundo (Madrid, Juan de Zuñiga, 1748).
- Jerónimo de Pasamonte, Vida y trabajos (Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cevantes, 2017).
- Steven Pinker, Los ángeles que llevamos dentro. (Barcelona: Editorial Paidós, 2018).
- Anthony Parra, “El liderazgo perdido: hombres y mujeres en el mercado (parte 1). https://contrapodernews.com/el-liderazgo-perdido-hombres-y-mujeres-en-el-mercado-parte-1/ (Cit. 26/05/2026).
- Anthony Parra, “El liderazgo perdido: en Venezuela la elección es el mercado, no el estado (parte 2). https://contrapodernews.com/el-liderazgo-perdido-en-venezuela-la-eleccion-es-el-mercado-no-el-estadoparte-2/ (Cit. 26/05/2026).
