México no está en guerra, solo entierra a sus muertos

María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)

“En un país donde la violencia se vuelve paisaje, el Estado amplía sus capacidades de identificación, los contrapesos pierden fuerza y el poder exhibe a sus críticos. La libertad también se pierde cuando una sociedad se acostumbra a cederla.”

María José Salinas

México no está en guerra. No existe una invasión extranjera, las alarmas antiaéreas no interrumpen nuestras noches y ningún ejército enemigo avanza sobre el territorio nacional. No hay una declaración formal de guerra ni ciudades sitiadas por tropas extranjeras. Y, sin embargo, durante 2025 el país registró preliminarmente cerca de 28 mil homicidios.

La cifra debería bastar para incomodarnos sin necesidad de compararla con ningún conflicto extranjero. La pregunta verdaderamente perturbadora es cómo consiguió un país que formalmente vive en paz acostumbrarse a contar sus muertos por decenas de miles cada año. Quizá hemos construido una categoría propia: una paz en la que se asesina, se extorsiona y se desaparece; una normalidad donde millones de personas modifican horarios, rutas y costumbres para reducir la posibilidad de convertirse en la siguiente estadística.

Aquí no hay sirenas que anuncien bombardeos, pero sí comerciantes que reciben mensajes exigiendo derecho de piso. No vemos tropas extranjeras, pero conocemos carreteras que evitamos por miedo. No existen refugios subterráneos, pero hay madres que recorren terrenos y fosas clandestinas buscando a sus hijos con herramientas que, demasiadas veces, tuvieron que comprar ellas mismas. La violencia primero ocupa las primeras planas, después se transforma en una cifra y finalmente se incorpora a la rutina. México no está en guerra: ha aprendido a enterrar a sus muertos en tiempos de paz.

Frente a semejante realidad cabría esperar un Estado obsesionado con perseguir criminales, profesionalizar policías, fortalecer fiscalías, combatir la extorsión, localizar desaparecidos y reconstruir un sistema de justicia capaz de devolverle al ciudadano la confianza perdida. Sin embargo, mientras seguimos esperando resultados en esas materias, el propio Estado amplía sus mecanismos para identificar a quienes sí puede localizar: los ciudadanos que cumplen la ley.

Un Estado que identifica, pero no siempre protege

Desde 2026, las líneas móviles deben estar vinculadas con una persona física o moral. La medida ha sido presentada como un instrumento para combatir la extorsión, el fraude telefónico y la suplantación de identidad. El objetivo puede parecer razonable; la pregunta democrática, sin embargo, sigue siendo indispensable: ¿en qué momento la incapacidad estatal para perseguir eficazmente a quienes delinquen justifica imponer nuevas obligaciones de identificación a millones de ciudadanos que no han cometido ningún delito?

Las compañías telefónicas realizan la vinculación y resguardan los datos; según la autoridad reguladora, no existe una base gubernamental única que concentre todos los registros. No obstante, ante investigaciones relacionadas con delitos, las autoridades competentes pueden solicitar información a las empresas conforme a las disposiciones legales aplicables. El debate, por tanto, no debe reducirse a la disyuntiva infantil de estar a favor de la seguridad o a favor de los delincuentes. Una democracia madura puede combatir el crimen y, al mismo tiempo, discutir los límites del poder. De hecho, debe hacerlo.

La contradicción de fondo resulta difícil de ignorar: vivimos en un país donde miles de familias continúan buscando a personas desaparecidas mientras el aparato estatal desarrolla mayores capacidades para identificar a quienes sí están presentes. Dicho de otra manera, el mismo Estado que demasiadas veces no logra encontrarte cuando desapareces quiere tener certeza de quién eres cuando te comunicas. Puede tener razones legítimas para buscarlo; precisamente por eso los ciudadanos debemos exigir reglas legítimas, controles verificables y consecuencias ante cualquier abuso.

La discusión sobre privacidad suele quedar atrapada en un error recurrente: evaluamos las facultades del Estado según la confianza que sentimos por quien ocupa temporalmente el gobierno. Si confiamos en esa persona, las herramientas parecen inofensivas; si desconfiamos, descubrimos sus riesgos. Pero las instituciones no pueden diseñarse pensando únicamente en quien gobierna hoy. Deben resistir también a quien podría gobernar mañana. Esa es la diferencia entre confiar en un gobernante y construir una república.

Las libertades no pueden descansar sobre la promesa de que la autoridad utilizará correctamente sus atribuciones. Si dependieran de su buena voluntad, dejarían de ser derechos para convertirse en concesiones. La privacidad tampoco consiste en esperar que el gobierno se porte bien, sino en establecer reglas y contrapesos capaces de impedir que se porte mal sin enfrentar consecuencias. Por eso las preguntas son inevitables: ¿quién puede solicitar información?, ¿en qué circunstancias?, ¿quién autoriza su entrega?, ¿quién supervisa el procedimiento?, ¿puede el ciudadano impugnarlo? Y, sobre todo, ¿qué institución conserva la independencia suficiente para decirle que no al poder cuando sea necesario?

El contrapeso que debe proteger al ciudadano

Esa última pregunta conduce al Poder Judicial. El sistema mexicano nunca fue perfecto: durante décadas acumuló señalamientos por corrupción, nepotismo, lentitud, privilegios y decisiones incomprensibles. Defender su independencia no exige idealizar a los jueces ni negar los vicios históricos de la institución. México necesitaba -y continúa necesitando- una justicia más eficiente, accesible y confiable. Sin embargo, reconocer la necesidad de una reforma no obliga a aceptar que cualquier transformación fortalece automáticamente al sistema.

La reforma judicial modificó profundamente el mecanismo de selección de jueces, magistrados y ministros. La primera elección judicial federal registró una participación cercana al 13 por ciento y estuvo rodeada por una discusión pública sobre los llamados ‘acordeones’, materiales que recomendaban determinadas candidaturas. Desde 2024, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había advertido sobre posibles afectaciones a la independencia judicial, el acceso a la justicia y la vigencia del Estado de derecho.

La discusión nunca debió reducirse a escoger entre defender una vieja élite judicial o respaldar incondicionalmente el nuevo modelo. La pregunta esencial es otra: ¿quién protegerá al ciudadano cuando sea el propio gobierno quien vulnere sus derechos? La independencia judicial importa no porque los jueces sean moralmente superiores, sino porque alguien debe ser capaz de detener al poder.

Durante décadas, el juicio de amparo ha sido una de las herramientas fundamentales del ciudadano frente a los actos de autoridad. Un juez puede suspender una decisión, frenar un daño potencialmente irreparable y recordar al Estado que incluso una mayoría política encuentra límites en la Constitución. Por eso la independencia del árbitro es más importante que su simpatía ideológica: la justicia no debe estar cerca del gobierno ni de la oposición, sino conservar la distancia suficiente para revisar a ambos.

Cuando el Ejecutivo, la mayoría legislativa y una parte sustancial de las instituciones encargadas de revisar sus actos comparten un mismo proyecto político, la cuestión de los contrapesos deja de ser académica. Se convierte en una pregunta ciudadana: ¿quién puede decir que no? Una Constitución puede enumerar decenas de derechos, pero un derecho sin una institución independiente capaz de hacerlo valer frente al poder corre el riesgo de convertirse en una promesa escrita con excelente caligrafía.

Cuando el poder individualiza a sus críticos

Dentro de ese contexto adquiere una dimensión distinta una escena reciente que debería incomodar a cualquier demócrata, independientemente de sus simpatías políticas. Desde una conferencia presidencial se proyectaron nombres y cuentas de periodistas, comunicadores, medios y ciudadanos críticos. El gobierno defendió el ejercicio como un análisis de tendencias digitales. Precisamente ahí comienza el problema: una democracia no solo debe preguntarse si el gobierno puede hacer algo, sino qué mensaje envía cuando decide hacerlo.

Si el objetivo era estudiar una conversación digital, ¿resultaba indispensable individualizar públicamente determinadas cuentas desde la principal tribuna política del país? Si se pretendía responder argumentos, ¿por qué colocar identidades particulares frente a una maquinaria de comunicación gubernamental cuya capacidad de amplificación supera por mucho a la de cualquier ciudadano? Y si no existía intención de señalar, ¿por qué tantas personas interpretaron el ejercicio precisamente como un señalamiento?

No hace falta compartir una sola opinión de quienes aparecieron en aquella exposición para comprender el riesgo. Esa es, de hecho, la prueba decisiva: la libertad de expresión no fue creada para proteger únicamente las ideas con las que coincidimos, sino para garantizar el desacuerdo. El poder, además, siempre encuentra términos amables para describir sus facultades. La vigilancia puede justificarse como seguridad; la propaganda, presentarse como información; el señalamiento, explicarse como derecho de réplica; y una relación pública de nombres, describirse como análisis.

Nada de ello significa que toda acción gubernamental de esa naturaleza constituya automáticamente autoritarismo. Significa algo más elemental: ninguna debe quedar exenta de escrutinio solo porque la autoridad asegure tener buenas intenciones. Cuando desde el poder se exhibe a ciudadanos críticos, el mensaje no termina en quienes aparecen en una pantalla. También lo reciben periodistas, académicos, empresarios, activistas, estudiantes y personas comunes que quizá mañana tengan algo incómodo que preguntar.

Ahí surge uno de los mecanismos políticos más antiguos y eficaces: la autocensura. Un gobierno no necesita silenciar directamente a millones de personas si consigue que suficientes ciudadanos concluyan que hablar puede traerles problemas. El miedo político alcanza su máxima eficiencia cuando deja de necesitar una orden y el ciudadano comienza a censurarse solo.

La erosión que se vuelve costumbre

Solemos imaginar las tiranías como una escena cinematográfica: tanques entrando a una plaza, militares clausurando un Congreso, periódicos cerrados y opositores encarcelados. A veces ocurre así; muchas otras, no. Las democracias también pueden erosionarse lentamente mediante procesos legales, reformas aprobadas por mayorías, controles justificados por emergencias, instituciones que pierden autonomía y pequeños abusos que la sociedad aprende a tolerar porque cada uno, observado por separado, parece insuficiente para encender todas las alarmas.

El peligro está en la secuencia. Primero se desacredita a los contrapesos porque son corruptos; después se transforma su composición porque deben democratizarse; más tarde se amplían las capacidades de identificación porque necesitamos seguridad; finalmente se exhibe a críticos porque el gobierno también tiene derecho a defenderse. Cada argumento puede contener una parte de verdad. La pregunta está en el resultado conjunto.

¿Cuándo comienza exactamente una tiranía: cuando se encarcela al primer opositor, cuando se clausura un periódico o mucho antes, cuando la sociedad considera razonable que el gobierno determine cuáles voces son legítimas y cuáles merecen ser señaladas? ¿La libertad de expresión desaparece únicamente cuando está prohibido hablar, o empieza a deteriorarse cuando hacerlo adquiere un costo suficientemente alto para que muchos prefieran callar? Ningún proyecto autoritario anuncia que desea menos libertad; siempre encuentra una causa noble -la seguridad, la justicia, la igualdad o la voluntad popular- para solicitar un poco más de poder.

Por eso la democracia no consiste en desconfiar únicamente de los gobernantes que detestamos. Consiste en limitar también a aquellos que admiramos.

La protesta que cambió de relación con el poder

Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que una parte importante de la sociedad mexicana encontraba perfectamente legítimo cuestionar al presidente desde las calles, las universidades, los medios y las redes. Movimientos como #YoSoy132 o las movilizaciones posteriores a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa fueron expresiones distintas de una misma idea democrática: el poder debe soportar la incomodidad de una ciudadanía que pregunta.

Hoy siguen existiendo razones para indignarse. Persisten la violencia, las desapariciones, la extorsión y la impunidad; continúa la discusión sobre la militarización de tareas civiles, y a ella se suman cuestionamientos sobre la privacidad, los contrapesos institucionales y la manera en que el poder responde a sus críticos. ¿Dónde está, entonces, aquella capacidad de movilización?

Durante décadas, una parte importante de la izquierda latinoamericana desarrolló una enorme habilidad para organizar el descontento, articular movimientos, construir consignas y convertir agravios legítimos en presión política. Eso, por sí mismo, no es condenable: es política. El problema aparece cuando los estándares para juzgar al poder cambian dependiendo de quién lo ocupa. Entonces la protesta que ayer era resistencia se convierte en conspiración; la crítica que representaba conciencia ciudadana pasa a describirse como golpismo; el periodista incómodo que cuestionaba al gobierno anterior era valiente, pero quien cuestiona al propio se transforma, convenientemente, en mercenario.

Las causas no desaparecieron y las víctimas tampoco. Lo que cambió, para muchos, fue su relación con el poder. De ahí una frase incómoda que resume la contradicción: la protesta no murió; cambió de nómina. Sin embargo, el fenómeno no pertenece exclusivamente a la izquierda. La derecha ha cometido el mismo pecado cuando justifica abusos, corrupción o excesos de gobiernos propios mientras denuncia con furia los del adversario.

Ese es el punto: quien condena un abuso cuando lo comete su enemigo, pero encuentra una excusa cuando lo comete su partido, no defiende un principio, sino una identidad política. El abuso no cambia de naturaleza según el color de quien lo comete; la censura no se vuelve democrática porque provenga del partido correcto, ni la vigilancia se transforma en libertad porque la administre un gobierno popular. Los derechos que solo defendemos para quienes piensan como nosotros dejan de ser derechos y se convierten en privilegios ideológicos.

Mientras alguien conserve su voz

La relación de periodistas, comunicadores y ciudadanos exhibidos desde la conferencia presidencial puede encontrarse en redes sociales. Vale la pena buscarla, no para convertir automáticamente a cada persona que aparece ahí en héroe ni para asumir que todas sus opiniones son correctas, sino para leer, escuchar, contrastar y decidir por cuenta propia. Seguir una voz crítica no significa obedecerla; significa defender la existencia de un espacio en el que pueda hablar.

Si el propósito de exhibir determinadas voces era desacreditarlas, la respuesta de una ciudadanía libre debería ser ampliar la conversación. Si se pretendía aislarlas, podemos escuchar sus argumentos y juzgarlos nosotros mismos. Y si alguien esperaba que el señalamiento produjera silencio, la respuesta más democrática es multiplicar las voces. El gobierno posee instituciones, presupuestos y transmisiones oficiales; el ciudadano conserva algo aparentemente más frágil, pero decisivo: su criterio.

Sería fácil terminar esta reflexión desde el pesimismo. La violencia se ha normalizado hasta niveles que deberían resultarnos intolerables; las instituciones atraviesan transformaciones profundas y la tecnología amplía las capacidades del Estado. A ello se suma el cansancio producido por tantos escándalos, cifras, muertos y promesas. Quizá el mayor peligro no sea únicamente el miedo, sino el agotamiento: ese momento en que una sociedad deja de preguntar porque concluye que preguntar ya no sirve.

Pero la historia nunca queda completamente en manos del poder. Cada gobierno que intentó administrar la verdad encontró ciudadanos dispuestos a cuestionarla; cada proyecto que quiso uniformar el pensamiento enfrentó alguna voz que se negó a repetir el libreto. Ahí reside la esperanza: no en esperar que el gobierno decida voluntariamente limitarse, ni en sustituir un caudillo por otro, sino en una ciudadanía suficientemente adulta para comprender que ningún gobernante es su dueño, ninguna mayoría posee facultades ilimitadas y ningún proyecto político merece lealtad incondicional.

La democracia no consiste solamente en votar, sino también en vigilar a quien ganó, especialmente si votamos por él. Consiste en defender el derecho de nuestros adversarios a decir cosas que detestamos, porque algún día podemos ser nosotros quienes necesitemos esa misma protección. Y consiste en preguntar cada vez que el poder solicite un poco más de confianza, más información o menos resistencia: ¿por qué?, ¿hasta dónde?, ¿quién te vigila a ti?

Hoy fueron algunos nombres en una pantalla. Mañana puede ser cualquier ciudadano que formule una pregunta incómoda. Sin embargo, mientras exista una persona dispuesta a hacerla, otra decidida a defender su derecho a formularla y muchas más capaces de negarse a entregar su criterio a cambio de comodidad, el silencio nunca será completo.

La libertad rara vez desaparece de un día para otro; a veces se pierde porque dejamos de ejercerla, de preguntar y de incomodarnos. También puede sobrevivir porque alguien decide que existe una frontera que el poder no debe cruzar, porque alguien se niega a callar o porque alguien recuerda que ser ciudadano significa algo más que ser gobernado.

México no está en guerra. México entierra a sus muertos, discute sus libertades y decide todos los días cuánto poder está dispuesto a entregar a cambio de la promesa de sentirse seguro. La historia todavía no está escrita: mientras haya ciudadanos dispuestos a preguntarle al poder quién lo vigila, a defender el derecho del adversario a disentir y a recordar que la libertad no se hereda intacta, permanecerá algo que ningún gobierno podrá administrar por completo: nuestra decisión de seguir siendo libres. Mientras esa decisión permanezca viva, todavía hay esperanza.


Referencias

INEGI. Estadísticas preliminares de defunciones registradas por homicidio, 2025.

Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. Lineamientos para la identificación de líneas telefónicas móviles.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pronunciamiento sobre la reforma judicial en México y sus posibles efectos en la independencia judicial, el acceso a la justicia y el Estado de derecho, 2024.

Instituto Nacional Electoral. Cómputos y participación ciudadana de la elección extraordinaria del Poder Judicial de la Federación, 2025.

Majo Salinas, La libertad no se agradece al poder: se ejerce, se defiende y se vigila. liberalesdisidentes.com

Ridiculizan a Capriles en redes: recomiendan no dejarlo entrar a las casas para que hable

Caracas. – En total ridículo quedó el dirigente político Henrique Capriles en las redes sociales, tras su último video en el cual aparece realizando aseveraciones sobre la supuesta prohibición de alcabalas realizada por Delcy Rodríguez.

En la plataforma X Capriles llegó a ser tendencia este jueves, debido a la gran cantidad de mensajes sobre su video, en el cual aparece hablando desde una humilde vivienda acerca del tema de las alcabalas.

En su discurso, aseguraba haber llegado desde un recorrido realizado por Barlovento (Miranda), en el cual apreció que, pese a la orden girada por Rodríguez, las alcabalas policiales continuaban intactas.

No obstante, el mensaje de Capriles no fue tomado en cuenta por los internautas. Lo que resaltaron fueron las expresiones de fastidio y desespero que mostraban los residentes de la citada casa, mientras el exdirigente de PJ hablaba.

La idea que más causó gracia entre los internautas, fue la recomendación de no dejar las puertas de las casas abiertas, porque no serían los famosos testigos de Jehová quienes entrarían para dar sermones, sino Henrique Capriles, y la experiencia sería peor.

Pero, además de las burlas, hubo mensajes de reflexión sobre la caída en desgracia de quien fue dos veces candidato presidencial, ya que, pese a haber contado con el total respaldo del pueblo venezolano, hoy día es una de las figuras más repudiadas, incluso más que varios jerarcas del narcorégimen chavista.

Cabe destacar, que en la publicación de su propia cuenta en X, Capriles suspendió los comentarios o interacciones, debido a la gran cantidad de insultos y mensajes de rechazo que recibe, como ha ocurrido en muchas ocasiones anteriores con los mensajes que difundió.

The Washington Post: administración Trump ayudó a Alejandro Betancourt a salir de investigaciones penales

Caracas. – Según una investigación publicada por el diario The Washington Post, altos funcionarios estadounidenses intervinieron en una investigación penal internacional contra el empresario venezolano Alejandro Betancourt, para que la administración de Donald Trump pudiera emplearlo, a fin de ejercer control sobre el narcorégimen chavista y la industria petrolera de Venezuela.

Durante meses, autoridades estadounidenses presionaron a Suiza para que resolviera sin sanciones penales una investigación por presunto lavado de dinero contra el empresario venezolano Alejandro Betancourt.

Según confirmaron a The Washington Post dos personas familiarizadas con las conversaciones. La intervención buscaba garantizar que Betancourt pudiera viajar libremente y mantener su rol como intermediario entre Washington y la nueva administración venezolana encabezada por Delcy Rodríguez.

Las mediaciones buscaron evitar cargos penales y que se permitiera levantar las restricciones de viaje contra Betancourt, quien reside en el Reino Unido. El empresario tampoco ha sido detenido en Estados Unidos pese a una orden de arresto emitida por autoridades suizas, según las fuentes consultadas por el medio.

Estados Unidos ha permitido a Betancourt entrar al país en repetidas ocasiones para reunirse con miembros del gobierno de Trump, señalaron otras personas conocedoras de sus viajes.

Betancourt, de 46 años, ha enfrentado múltiples investigaciones en la última década —en Suiza, España y Estados Unidos— por presunto lavado de dinero; entre ellas, se examina si participó en un acuerdo de préstamo mediante el cual, según fiscales estadounidenses, se desviaron más de 1.000 millones de dólares de la petrolera estatal venezolana, destaca The Washington Post.

El empresario fue detenido dos veces en el Reino Unido: primero tras una orden emitida por España en el marco de una investigación conexa por lavado de dinero y, posteriormente, en noviembre, a petición de Suiza.

Durante meses, tuvo prohibido salir del Reino Unido mientras las autoridades de ese país evaluaban su extradición a Suiza. Sin embargo, no ha sido acusado formalmente en Estados Unidos, Suiza, España ni Venezuela.

Figuras claves de la administración Trump, lo han considerado una pieza importante para el acercamiento con el chavismo interino, al punto de considerarlo «un aliado importante» para Estados Unidos, pese al rechazo que genera su imagen entre la población venezolana, debido a los casos de corrupción en los que se ha visto involucrado, y que forman parte de las terribles penurias que hoy enfrentan los ciudadanos en el país, como, por ejemplo, la terrible crisis eléctrica que azota a todos los estados.

Mauricio Claver-Carone, quien hasta hace poco se desempeñaba como asesor extraoficial sobre Venezuela para la administración Trump, ha descrito a Betancourt como un “aliado importante” para Estados Unidos. A medida que Estados Unidos afianzaba su control, Betancourt desempeñó un papel fundamental en la negociación de los primeros contratos para acelerar la extracción de petróleo, según fuentes cercanas al asunto.

En enero, el subsecretario de Estado Christopher Landau se puso en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suiza en relación con Betancourt, según informaron personas con conocimiento de la comunicación, que hablaron bajo condición de anonimato para tratar detalles delicados.

Personas cercanas a Betancourt señalaron a The Washington Post que la administración recurrió a él en busca de ayuda debido a su historial de éxitos en el complejo y turbulento sector petrolero de Venezuela, una industria plagada de desafíos que incluyen la violencia, una infraestructura deteriorada y una escasez crónica de energía.

En mayo, Suiza retiró su solicitud de extradición presentada en el Reino Unido y se levantaron las restricciones de viaje británicas.

Ese mismo mes, los fiscales suizos afirmaron que su investigación seguía activa y buscaron que fuera detenido en otro lugar.

Mientras, sus defensores lo describen como un socio fiable que compartía el interés declarado de Estados Unidos por reactivar el sector petrolero venezolano. No obstante, su relación con el chavismo se rompió en 2020, después de que el entonces ministro de Petróleo del país confiscara su participación en Petro Zamora, congelara sus activos locales y enviara fuerzas de seguridad a sus propiedades en Venezuela.

Pero, durante la madrugada del 3 de enero —tras la captura de Maduro y su esposa—, Betancourt encadenó una llamada tras otra, según personas al tanto de las conversaciones.

Habló directamente con Rodríguez, quien pronto sería nombrada presidenta interina, incluso antes de que el secretario de Estado, Rubio, contactara con ella para comunicarle los planes de Estados Unidos de «dirigir Venezuela», tal como lo expresó Trump.

«Hubo mucha labor de contención emocional», comentó una persona familiarizada con las llamadas. «Fue una noche larga», contaron el medio estadounidense.

A Rodríguez, aparte de advertirla sobre graves consecuencias si no cumplía al pie de la letra las exigencias de la administración Trump, se le dejó claro que Betancourt sería un intermediario clave para reactivar el sector petrolero del país. Según una persona familiarizada con las conversaciones, ella tendría que coordinar a través de él cualquier asunto relacionado con la industria petrolera nacional.

Sismos de 4.2 y 3.6 provocaron alarma en el país este #27Ago

Caracas. – La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) reportó cinco sismos, ocurridos este jueves en distintas partes de la geografía nacional, pero solo dos de ellos fueron los más alarmantes: uno de magnitud 4.2 en el estado Sucre, y otro de 3.6 en Mérida.

El primer sismo, de magnitud 4,2, tuvo lugar a las 08:58 am horas locales, con epicentro a 8 kilómetros al suroeste de Güiria (Sucre) y una profundidad de 68,3 kilómetros.

Posteriormente, a las 11:36 am, se registró un segundo temblor, de magnitud 3.6, a 13 kilómetros al noroeste de Mérida, con una profundidad de apenas 5.8 kilómetros.

Aunque las autoridades no han informado afectaciones, en redes sociales comenzaron a circular videos en los que se observa a decenas de personas evacuando edificios tras percibir los movimientos telúricos.

Los dos eventos se produjeron en medio de una jornada en la que Funvisis registró otros movimientos de menor intensidad en el país. Medios venezolanos informaron que durante las primeras horas del jueves también se reportaron sismos en localidades del oriente y occidente venezolano, mientras el organismo mantiene el monitoreo de la actividad sísmica nacional.

Funvisis también registró otros sismos de menor magnitud durante este jueves. A las 02:32 am sucedió el primero de ellos a 11 km al sureste de Rio Caribe y de 2.5 de magnitud.

Poco después, a las 04:39 am, se registró otro sismo también de magnitud 2.5 a 24 km al noreste de Rio Caribe. Finalmente, con epicentro a 14 km al sur de El Nula y con 2.9 de magnitud, fue el tercer sismo del día.

Corte de Apelaciones dará veredicto sobre caso del capitán Caguaripano en 10 días

Caracas. – Los magistrados del Palacio de Justicia del estado Carabobo, que acudieron a la audiencia de apelación del capitán Juan Carlos Caguaripano, y otros 23 rehenes políticos vinculados al caso Fuerte Paramacay, informaron que se tomarán 10 días hábiles para emitir su pronunciamiento sobre el proceso.

La audiencia, que inició a principios de la tarde de este pasado miércoles, se extendió hasta altas horas de la noche, en una extensa jornada durante la cual, la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del estado Carabobo escuchó los argumentos de las partes.

A las afueras del recinto, familiares y dirigentes políticos se mantuvieron a la espera de la resolución. El padre del capitán Caguaripano confirmó haber escuchado a su hijo a través de la conexión telemática durante la sesión, mientras los allegados reiteran la exigencia de libertad plena para todos los civiles y militares procesados.

La instancia judicial había admitido un recurso presentado por la defensa de Caguaripano contra la sentencia dictada en primera instancia. Sus abogados sostienen que durante el proceso se produjeron presuntas irregularidades, entre ellas vulneraciones al debido proceso y al derecho a la defensa, además de cuestionamientos sobre la valoración de las pruebas presentadas durante el juicio.

Tras la revisión del caso, la Corte de Apelaciones podrá mantener la sentencia original, modificar la pena o declarar la nulidad del proceso y ordenar la realización de un nuevo juicio.

Mientras, el coordinador de la ONG Foro Penal en Carabobo, Luis Armando Betancourt, informó que la Corte de Apelaciones aplazó la resolución debido a que el caso requiere evaluar puntos de mero derecho y las circunstancias denunciadas por la defensa.

Caguaripano fue condenado por su presunta participación en la denominada “Operación David”, ocurrida el 6 de agosto de 2017, por el asalto a la Brigada 41 Blindada en Fuerte Paramacay, ubicada en Naguanagua, estado Carabobo. El caso también involucra a los otros 23 detenidos considerados rehenes políticos, por organizaciones defensoras de derechos humanos.

Los implicados recibieron una condena de 30 años de prisión en diciembre de 2025, tras ser acusados por la sustracción de armamento militar durante la toma de la instalación castrense.

Amnistía Internacional exigió liberación plena de rehenes políticos en Venezuela

Caracas. – La organización de derechos humanos y movimiento global Amnistía Internacional emitió un comunicado, este pasado miércoles, en el cual exigió la liberación inmediata de todos los ciudadanos secuestrados arbitrariamente en Venezuela por razones políticas, y advirtió que las recientes excarcelaciones no significan necesariamente el fin de la persecución, mientras centenares de personas permanecen tras las rejas.

De acuerdo con datos recopilados por organizaciones como Foro Penal y Justicia, Encuentro y Perdón desde el pasado 14 de agosto han sido excarceladas alrededor de 80 personas. Entre las medidas de libertad condicional que se han concedido bajo medidas humanitarias se encuentran las de Emirlendris Benítez y María Auxiliadora Delgado, privadas de libertad desde agosto de 2018 y marzo de 2019, las cuales se les mantiene vigente la condena impuesta en 2022 tras procesos judiciales sin garantías.

En este sentido, la organización enfatizó que una persona excarcelada que permanece bajo un mecanismo arbitrario de un juicio penal o de medidas cautelares abusivas no ha recuperado plenamente su libertad, citando como ejemplo los casos de defensores de derechos humanos y presos de conciencia como Javier Tarazona, Rocío San Miguel y Carlos Julio Rojas. 

También, denunció la falta de transparencia del Estado sobre las custodias de las personas encarceladas por motivos políticos y es así que, Amnistía Internacional y la ONG Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) explicaron con profunda preocupación la situación en la prisión el Rodeo I ya que se habían registrado informes recientes donde se habla de presuntas torturas, desaparición forzada y malos tratos hacia los reclusos.

“Continúa sin conocerse la suerte y el paradero de Jorgen Guanares desde su presunta detención el 2 de agosto de 2024; Juan Carlos Marrufo, detenido arbitrariamente desde el 19 de marzo de 2019, necesita atención médica urgente; y Damián Rojas, Roberto Pérez, Renny González, Jonathan Delgado y centenares de personas más siguen detenidas arbitrariamente”, detalló Amnistía Internacional.

Amnistía Internacional, en el mismo comunicado, publicó una carta modelo de llamamiento dirigido al recientemente designado por el narcorégimen interino como fiscal general, Larry Davoe, mediante la cual manifestó que el reencuentro de las personas recientemente liberadas de la detención arbitraria con sus seres queridos “debió haberse producido hace tiempo”.

Finalmente, solicitó junto a OVP. que se garantice el acceso efectivo a los centros de reclusión del país a los equipos internacionales de protección de los derechos humanos, específicamente a la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU y a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, con el propósito de que puedan ver de primera mano el estado de salud, evaluar las condiciones de reclusión y hacer el debido seguimiento a las denuncias de violaciones de derechos humanos a nivel nacional.

Trump firma una orden para cambiar el nombre del lago Ontario por lago América

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha firmado este jueves una orden ejecutiva para cambiar el nombre del lago Ontario por el de lago América, como ya planteó hace días, en medio de la crisis comercial con Canadá por la intención de Washington de aplicar aranceles a sus vecinos del norte.

«Como ya sabéis, tomamos algo llamado ‘golfo de México’. Lo cambiamos. Y ahora se conoce habitualmente como el ‘golfo de América. Tenemos un golfo y un lago. Ahora solo nos falta un océano. Quizá tengamos que cambiar el nombre del Atlántico o del Pacífico. Quizá cambiemos los dos», ha declarado tras rubricar el decreto en presencia de los periodistas en el Despacho Oval.

El presidente ha justificado su decisión reiterando sus acusaciones a los dirigentes del país vecino. «Nos han tratado muy mal. Son gente desagradable», ha incidido, antes de señalar que los canadienses «quieren ser tratados como un estado, pero no son un estado».

Así, ha cumplido con sus declaraciones de este martes, cuando apuntó a dar este paso alegando que no pensaba «seguir haciendo muchos negocios con Ontario». «Se creen con derecho a todo y no podemos permitirlo», ha dicho ahora sobre las autoridades canadienses.

El Ejecutivo de Mark Carney decidió entonces no responder a una medida «deliberada», según indicó su ministro de Comercio, Dominic LeBlanc.

Este jueves, el primer ministro canadiense ha recordado a Trump que el nombre del lago Ontario «tiene más de 400 años de antigüedad, y es anterior tanto a la Confederación de Canadá como a la Declaración de Independencia de EE. UU.»

En sus redes sociales ha atribuido la orden del presidente estadounidense a los numerosos «cambios» del país. «Sabemos que EE. UU. está cambiando. Sus relaciones comerciales, su política exterior, sus monumentos nacionales, sus hidrónimos», ha dicho.

En este sentido, Carney ha asegurado que «los canadienses también saben que dar nombre a la realidad significa llamarlo ‘lago Ontario’: entonces, ahora y siempre».

Cabe señalar que el anuncio llega en pleno choque entre Washington y Ottawa por el fracaso de las recientes negociaciones comerciales entre ambos países que supusieron la entrada en vigor de aranceles del 50% sobre productos canadienses y cuando Trump sostiene que elevará hasta el 50% los aranceles sobre automóviles, camiones, componentes automovilísticos y acero de origen canadiense a partir del 1 de enero de 2027.

El Gobierno de Canadá, por su parte, ha respondido anunciando un paquete de medidas arancelarias que entrarán en vigor a partir del 8 de septiembre, entre los que se incluyen gravámenes entre el 15% y el 50% a productos derivados del acero y el aluminio, así como artículos básicos como lácteos, pescado o marisco procedentes del país vecino.

Colombia y EE. UU. refuerzan su cooperación contra el crimen organizado con una reunión en el Pacífico

Las autoridades de Colombia y EE. UU. han conversado este jueves sobre el refuerzo de la cooperación bilateral en la lucha contra el narcotráfico y crimen organizado, en el marco de un encuentro en Tumaco, ciudad sita en la costa del océano Pacífico, fronteriza con Ecuador.

En el mismo ha participado el comandante del Comando Sur del Ejército estadounidense (SOUTHCOM), el general Francis Donovan, junto al ministro de Defensa colombiano, Jorge Mora, quien ha señalado, en un mensaje en redes, que el propósito de la reunión es «fortalecer la cooperación en seguridad y defensa» entre ambos países, después de que Bogotá haya entrado a formar parte de la Coalición de las Américas Contra los Cárteles (A3C), impulsada por Washington.

«Por instrucción del presidente Abelardo de la Espriella, fortalecemos alianzas y consolidamos una respuesta firme y coordinada para proteger la seguridad de nuestros países», ha precisado Mora, tras aseverar que la entrada de Colombia en la citada alianza «permitirá articular esfuerzos regionales contra el narcotráfico y el crimen organizado».

Concretamente, ha precisado la cartera de Defensa colombiana, se ha puesto sobre la mesa el intercambio de información, conocimiento del territorio y experiencias operacionales en aras de «avanzar hacia una mayor interoperabilidad» entre las fuerzas de ambos países, mejorando así la capacidad de respuesta «frente a las redes criminales que utilizan el Pacífico como corredor para sus actividades ilícitas».

Sobre este encuentro se ha pronunciado el propio Donovan, quien ha asegurado que «bajo la bandera de la A3C» ha sido consolidada «una estrategia unificada para dar caza a los líderes de los cárteles, desarticular su logística y privarles de forma permanente de cualquier refugio seguro».

Lo ha hecho tras referirse a la frontera entre Colombia y Ecuador como «un cuello de botella geográfico que los cárteles violentos llevan mucho tiempo explotando», así como un «importante corredor para el tráfico de cocaína por parte de algunas de las organizaciones más violentas del mundo».

Conocida como ‘la perla del Pacífico’, la zona de Tumaco es considerada como uno de los puntos calientes de la actividad de bandas criminales y organizaciones al margen de la ley dedicadas al narcotráfico, las cuales aprovechan la posición estratégica del lugar al ser fronterizo con Ecuador.

Nepal eleva a 644 los turistas desaparecidos, 517 de ellos extranjeros

Las autoridades de Nepal han elevado este jueves a 644 los turistas desaparecidos, 517 de ellos extranjeros, en las inundaciones registradas el miércoles a causa de una fuerte crecida del río Bhotekoshi en el distrito de Rasuwa, próximo a la frontera con China, que deja al menos 270 muertos.

La Junta de Turismo de Nepal ha actualizado el balance de turistas desaparecidos, entre los que destacan 127 de nacionalidad nepalí, mientras que el mayor número es de 178 personas de origen indio.

Además, hay 65 estadounidenses, 53 ucranianos, 51 malasios, 35 australianos, 33 británicos y 25 canadienses, ocho alemanes y ocho rusos, entre los desaparecidos, que provienen de 33 países distintos.

De todos modos, el balance es mayor porque no incluye a ciudadanos chinos, país limítrofe con Nepal, y cuyas autoridades han confirmado que en torno a un centenar de nacionales se encuentran desaparecidos.

Cabe señalar que el balance hecho público por Nepal incluye a tres desaparecidos de nacionalidad española, si bien el Ministerio de Exteriores de España eleva a cuatro los nacionales sin localizar en las devastadoras inundaciones.

Borrego de la semana 241: María Corina Machado, la «líder» de la opoficción venezolana

Esta semana, la dirigente política María Corina Machado fue calificada como el «borrego de la semana» debido a sus recientes posturas y acciones públicas, las cuales reflejan una profunda desconexión con la ciudadanía y una falta de coherencia en su discurso. Esto responde a dos factores centrales: sus declaraciones sobre los procesos electorales en el país y sus vínculos con figuras cuestionadas de la política tradicional.

El primer motivo central se encuentra en sus recientes declaraciones, en las que afirmó de manera categórica que los venezolanos no aceptarán ninguna elección en la que ella no participe como candidata. Esta aseveración incurre exactamente en el mismo patrón visto previa al 28 de julio de 2024, fecha para la cual sentenció que «sin mí no hay elecciones», para luego terminar respaldando e impulsando el proceso electoral sin estar inscrita en la contienda. Esta imposibilidad de sostener sus fijaciones públicas deja al descubierto una línea política fluctuante y poco seria.

El segundo factor determinante es la incoherencia de su pretendida diferenciación frente a la política tradicional. A pesar de haberse posicionado bajo el argumento de representar una alternativa distinta, la reciente circulación de un video en redes sociales la muestra manteniendo una conversación telefónica de absoluta familiaridad y confianza con Carlos Ocariz. Esta cercanía expuesta con un dirigente salpicado por el caso «Cuaripano» y ampliamente repudiado por el electorado desmiente la distancia que afirma tener respecto a los vicios de la vieja dirigencia.

No conforme con esto, se recuerda que María Corina Machado ha desaparecido, prácticamente, de la luz pública, por lo que estas posturas erráticas y compromisos tras bastidores confirman que la dirigente apela a discursos contundentes que luego es incapaz de cumplir o mantener, desnudando la desconexión de su estrategia frente al país. En suma, su conducta recurrente en la que sus declaraciones públicas difieren de sus acciones reales provocan que la opinión pública evalúe críticamente el incumplimiento de sus compromisos políticos.