Mesianismo populista: la trampa más antigua de América Latina

Lourdes N. Romero L., líder y defensora de las libertades individuales, económicas y de los principios democráticos en Bolivia y Latinoamérica. Coordinadora local de SFL Bolivia, cofundadora de LOLA Bolivia y Líder Regional para LOLA LATAM. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, con formación especializada en democracia, liderazgo, libertad y comunicación política mediante programas acreditados por OEA, KAS y ACEP

(…) Uno de los rasgos que más preocupa del populismo mesiánico es que cambia la política en algo similar a una religión que no cree en Dios.

Lourdes N. Romero L.

América Latina está históricamente enamorada de los hombres providenciales. De vez en cuando, cuando la frustración social se torna insoportable, vuelve a aparecer la figura del líder que promete salvar la economía, la patria, la moral y el futuro. No es el político común, es la excepción. No pide que se le examine por los resultados, sino por la fe. Y ahí es donde empieza el problema.

No porque el mesianismo populista sea tan solo una forma de comunicación política. Es una deformación profunda de la cultura democrática. Se trata de la idea de que un solo hombre, o una sola figura carismática, puede ser el portador del pueblo, puede interpretar mejor que ninguna institución la voluntad del pueblo y resolver por sí solo los conflictos de una sociedad compleja. Sí que es una promesa seductora. Pero también es una mentira peligrosa.

La región cuenta con muchos ejemplos. Líderes que llegan anunciando que vienen a “salvar a los olvidados”, a acabar con la oligarquía, a acabar con la corrupción o a devolverle al pueblo lo que les han quitado. El discurso suele cambiar, pero la estructura es la misma: un relato moral absoluto, una división entre buenos y malos y un caudillo que se sitúa por encima de la ley, de la crítica y de los límites institucionales. El líder no gobierna: se hace carne. No da; salva. No escucha: descubre.

En eso consiste el mesianismo popular. Su fortaleza no reside en la firmeza de sus ideas, sino en su poder de llenar emocionalmente el vacío que dejan las instituciones débiles. El caudillo aparece como una solución allí donde el Estado se queda corto. El líder se convierte en la única referencia cuando los partidos se vuelven irrelevantes. En los lugares donde la ciudadanía está cansada de promesas incumplidas, aparece alguien que no ofrece un programa, sino esperanza inmediata.

Y eso funciona porque toca un punto muy sensible. En países afectados por la desigualdad, la inseguridad, la corrupción y la desconfianza, mucha gente ya no quiere hablar sobre instituciones; quiere ver resultados. La gente busca certezas, no ideas complejas. Quiere soluciones rápidas, no procesos largos. El populismo mesiánico se aprovecha de esta desesperación. Le habla a la gente cansada como si fuera un creyente que busca respuestas. Le ofrece la idea de que todo mejorará si se le da el poder a la persona adecuada. Pero el costo de esa entrega suele ser altísimo.

El líder como salvador

El líder mesiánico quiere que la política deje de basarse en reglas y se centre en la devoción. Por eso, crea una historia donde él es más que un gobernante: es una causa importante, una identidad compartida, una misión trascendental.

Cuando alguien critica, ya no es una opinión diferente, sino un ataque moral. Quien se opone se convierte en un enemigo. Cualquier límite institucional se ve como un obstáculo o un acto de sabotaje.

Ese mecanismo es muy útil para que un líder tenga mucho poder. Si la gente cree que el líder es el salvador, entonces el líder siempre tiene la razón. Si el líder se equivoca, la culpa la tienen otras personas. Si las cosas no salen bien, es porque alguien lo traicionó. Si el líder miente, es porque el sistema lo obligó a hacerlo. Si el líder tiene todo el poder, es para proteger a la gente. Si el líder persigue a sus oponentes, es porque está defendiendo la democracia. El mesianismo populista es muy bueno para cambiar la realidad y hacer que siempre parezca que el líder tiene la razón.

Es muy complicado combatirlo. No solo se trata de presentar datos o buenos argumentos. Lo que hay que hacer es entender y abordar la necesidad emocional que lo mantiene en pie. Para lograr esto, se necesita algo más que una crítica técnica. Se necesita una cultura política que esté bien desarrollada, una ciudadanía que exija resultados y unas instituciones que no dependan de la personalidad de una sola persona.

La política convertida en religión

Uno de los rasgos que más preocupa del populismo mesiánico es que cambia la política en algo similar a una religión que no cree en Dios. El líder se convierte en alguien muy importante para sus seguidores. Repiten lo que dice como si fueran verdades absolutas. Justifican los errores que comete. Sus seguidores lo defienden porque lo quieren, no porque tengan razones para hacerlo. Ya no importa si hace lo que dice o no, lo que importa es creer en él.

Este tipo de relación daña el espacio público porque no permite discutir y tomar decisiones juntos. En un país democrático, las personas comparten ideas, piden resultados, corrigen a sus líderes y aceptan que otros puedan gobernar después. Pero cuando el populismo mesiánico toma control, el líder se vuelve alguien que no se puede criticar. Todo gira alrededor de él. Todo se entiende según quién es y qué ha hecho en su vida. Todo se hace para que él siga en el poder.

Cuando la política se convierte en algo en lo que creemos, la verdad ya no es lo importante. Lo que importa es qué nos conviene creer. Entonces se abre la puerta a que nos manipulen de manera muy obvia. Por ejemplo, nos pueden hacer creer cosas que no son verdad, hacernos sentir como víctimas, inventar enemigos que no existen, hacer promesas que no se pueden cumplir y crear una atmósfera emocional que nos hace dejar de pensar con la cabeza. Todo esto puede llevarnos a tomar decisiones basadas en emociones en lugar de en hechos reales.

La pobreza del atajo

El mesianismo populista muestra una gran pobreza intelectual. Se basa en creer que los problemas estructurales se pueden resolver solo con la voluntad personal de un líder. Es como pensar que poniendo a un “hombre fuerte” al mando, se pueden solucionar de la noche a la mañana décadas de problemas institucionales, económicos y sociales.

En Latinoamérica, nos gusta mucho la idea de encontrar soluciones rápidas. Nos entusiasman los líderes que dicen “se atreven a todo», los políticos que dicen “no tener miedo», o los presidentes que prometen “romper con todo». Pero, en realidad, romper no es lo mismo que construir algo nuevo. Gritar no es gobernar de manera efectiva. Castigar no es reformar. Y mandar sin limitaciones no es liderar; es simplemente acumular poder.

Los países realmente mejoran cuando fortalecen sus instituciones, mejoran la gestión pública, respetan las libertades, generan inversiones, organizan sus gastos y establecen controles efectivos sobre el poder. Todo esto puede parecer poco emocionante. Pero precisamente por eso es eficaz.

La crisis de representación

El éxito del mesianismo populista no se puede entender sin la crisis de representación que vive la región. Los partidos políticos se están quedando vacíos, las élites se están desconectando de la gente y la política se está convirtiendo en un asunto de grupos cerrados. Como resultado, la gente común deja de sentirse representada en el sistema.

En este vacío, surge el líder carismático como un sustituto emocional de la representación pérdida.

Sin embargo, esta solución es peor que el problema. En lugar de reconstruir las instituciones que median entre la gente y el gobierno, las destruye aún más. Los partidos políticos se vuelven irrelevantes y los espacios de participación se cierran en torno a una sola persona. En lugar de fomentar la ciudadanía activa, se crean seguidores leales.

El gran engaño del populismo mesiánico es que promete devolver el poder al pueblo, pero en realidad le quita autonomía. La gente se acostumbra a depositar su destino en otra persona, en lugar de tomar las riendas de su propio futuro. Esto la hace más vulnerable a la manipulación. La ciudadanía que deja de pensar por sí misma es fácilmente influenciable.

Una cultura política infantilizada

Tal vez la consecuencia más grave del mesianismo populista sea que la sociedad se vuelva dependiente de líderes que la salven. Esto hace que la gente crea que siempre habrá alguien que venga a resolver los problemas que no se quieren o no se saben resolver juntos.

En lugar de tomar responsabilidad, la gente espera que otro lo haga por ella. La responsabilidad se reemplaza con la adoración a una figura que se considera providencial.

Una sociedad que actúa de esta manera es débil. No puede establecer límites claros, no puede exigir con coherencia lo que es justo y no puede diferenciar entre una autoridad legítima y una que solo tiene carisma. Termina aplaudiendo a quien la seduce con discursos atractivos, en lugar de apoyar a quien realmente la fortalece.

América Latina necesita cambiar esta forma de pensar. Debe dejar de confundir el carisma de un líder con su capacidad para gobernar, la emoción del momento con un gobierno eficaz y la popularidad con la verdadera legitimidad.

Es importante que deje atrás esta enfermedad política que convierte a los líderes en figuras de culto y que hace que criticarlos sea considerado una herejía. Mientras la gente siga buscando un salvador, seguirá renunciando a ser un ciudadano activo.

El verdadero desafío no es encontrar a alguien que la salve. Sino construir una sociedad en la que no sea necesario que haya un salvador.

Ruptura constitucional e intransigencia electoral

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

El vacío que nadie quiere nombrar.

Desde el 3 de enero de 2026 Venezuela no cuenta con un gobierno independiente. La oposición, desesperada, clama por elecciones. Todos calculan el lapso provisional que la Constitución chavista de 1999 prevé una vez declarada la ausencia absoluta del presidente —quien, dicho sea de paso, permanece detenido en Nueva York—. Pero esa ausencia no ha sido declarada. Y ahí radica la primera gran contradicción.

Si, como la propia oposición ha sostenido desde hace años, Nicolás Maduro es un usurpador y Edmundo González Urrutia el presidente legítimo electo desde 2024, entonces la usurpación misma ya derogó de facto la Constitución de 1999 por incumplimiento radical de su norma primaria. ¿Cómo se puede invocar ahora el mismo texto que se declara violado para legitimar un período provisional que nunca se activó? La lógica jurídica se quiebra. O la Constitución sigue vigente y Maduro no es usurpador, o la usurpación consumada la anuló. No hay tercera vía.

A todo evento —y no me equivoco— la Constitución quedó sin efecto el 3 de enero pasado. Según la teoría pura del derecho de Hans Kelsen, un hecho de fuerza ajeno y violento —como la extracción norteamericana que ordena de facto las decisiones del actual aparato estatal— anula la plenitud hermética de la norma primaria. Lo que queda subyacente son únicamente los derechos naturales inalienables de los ciudadanos. El resto es apariencia.

Un gobierno tutelado, no soberano.

Las decisiones del gobierno de los Rodríguez no son ni autónomas ni soberanas. Están íntimamente ordenadas por los Estados Unidos a través de la OFAC y la Embajada en Caracas. El aparato del Estado funciona sin legalidad propia. Sus acciones, por tanto, podrían ser reputadas como nulas de pleno derecho. La normalidad provisoria del gobierno de Delcy Rodríguez no es más que una ficción administrativa sostenida por un poder foráneo.

Esa ficción requiere, para ser supletoriamente legalizada, un acto constitutivo similar al que se empleó en 1945 con la caída de Medina Angarita: un acta fundacional que restablezca el orden jurídico desde sus cimientos. Dicha acta debe establecer, de manera inequívoca, un calendario electoral real en los próximos tres años. Tres años que se invertirán, no en pantomimas electorales, sino en construir un registro electoral fehaciente, un cronograma creíble y las garantías mínimas de transparencia que el país no ha visto en un cuarto de siglo.

No bastan elecciones. Hace falta sinderesis.

Esa hoja de ruta no es solo un requisito de responsabilidad que los venezolanos esperan de las oposiciones. Es un asunto de sinderesis política. La agenda de recuperación nacional debe privilegiar, desde el primer día, la creación de una Comisión de la Verdad con autoridad substanciadora y un Tribunal Especialísimo que juzgue los abusos, las malversaciones y los crímenes cometidos durante veinticinco años de desastre. Las condenas que se dicten deben cumplirse. Sin verdad ni justicia no hay reconciliación posible.

La posibilidad real es un gobierno de inclusión nacional que, una vez constituido el órgano constituyente, traiga a colación el articulado democrático-representativo de la Constitución de 1961 —ilegalmente derogada— con sus respectivas incorporaciones vía enmienda. Elecciones por elecciones, a juro, no curan el país. El orden constitucional hecho a la medida del gobierno ya no existe.

Es hora de hablar de un proyecto de país.

Ruptura constitucional e intransigencia electoral son dos caras de la misma moneda. La primera es un hecho consumado. La segunda, una terquedad suicida que pretende resolver con urnas lo que requiere primero un acto refundacional. Venezuela no necesita otro simulacro. Necesita un proyecto de nación que restaure la legalidad, repare a las víctimas —incluidas las 23.000 familias del Holocausto Petrolero que este cronista defiende desde las trincheras judiciales—, castigue la corrupción y devuelva la soberanía al pueblo.

El tiempo de las ficciones ha terminado. El tiempo de la verdad y la reconstrucción debe comenzar, decodifiquemos los signos de la historia.

La inteligencia artificial como catalizador del renacer agrícola en Venezuela

Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela

La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.

Génesis N. Rodríguez G.

En la actualidad, la Inteligencia Artificial (IA) se presenta como una herramienta clave para revitalizar el sector agrícola en Venezuela, un área que ha enfrentado grandes desafíos y que, sin duda, representa una de las asignaturas pendientes de nuestro país. La crisis alimentaria que ha afectado a la nación es un recordatorio constante de la importancia de volver a poner en marcha una agricultura sostenible y eficiente.

A través de la implementación de tecnologías avanzadas, como la IA, se pueden abordar problemas fundamentales que han contribuido a la debacle agrícola. Uno de los aspectos más críticos en la agricultura es el análisis de suelos, agua y clima. Gracias a monitores inteligentes conectados a sistemas de IA, es posible obtener datos precisos y en tiempo real sobre las condiciones del terreno. Esta información permite a los agricultores tomar decisiones informadas sobre qué cultivos sembrar y cuándo hacerlo, optimizando así la producción.

Además, la IA puede predecir cosechas, identificar plagas y enfermedades, y determinar el momento óptimo para la recolección de productos. Todo esto se puede realizar a un costo relativamente bajo, lo que representa una ventaja significativa para los productores. Otro aspecto crucial que a menudo se pasa por alto es el análisis de mercado: con la ayuda de la IA, los agricultores pueden acceder a información actualizada sobre los precios de venta de sus productos, lo que les permite negociar mejor y maximizar sus ganancias. Este tipo de análisis en tiempo real es fundamental para que los productores puedan adaptarse rápidamente a las fluctuaciones del mercado y planificar su producción de manera más efectiva.

Sin embargo, la situación legal y administrativa relacionada con la propiedad de las tierras agrícolas en Venezuela es un obstáculo considerable. Muchos terrenos pertenecen a personas fallecidas, lo que genera conflictos entre herederos y vecinos. La falta de claridad en los títulos de propiedad complica aún más la situación. Aquí es donde la IA puede desempeñar un papel crucial. Con la colaboración de expertos legales, se podrían desarrollar sistemas que utilicen IA para resolver disputas y agilizar procesos administrativos relacionados con la tenencia de tierras. Esto no solo facilitaría el acceso a la tierra para nuevos agricultores, sino que también contribuiría a una mayor estabilidad en el sector.

Además, la logística de transporte es otro de los puntos débiles del sistema agrícola venezolano. La construcción de infraestructuras viales tradicionales es un proceso lento y costoso. En este sentido, los drones equipados con tecnología de IA pueden ofrecer una solución innovadora y rápida. Estos vehículos aéreos no tripulados pueden acceder a áreas remotas y transportar productos desde las fincas hasta los centros de distribución. Esta capacidad no solo aumentaría la eficiencia del transporte agrícola, sino que también podría reducir significativamente las pérdidas post-cosecha.

Uno de los recursos más críticos en la agricultura es el agua. En un país como Venezuela, donde las variaciones climáticas pueden ser extremas, la gestión eficiente del agua es vital. La IA puede ayudar a optimizar el uso del agua a través de sistemas de riego inteligentes. Mediante sensores que monitorean la humedad del suelo y las condiciones climáticas, la IA puede determinar cuándo y cuánto regar, evitando el desperdicio de este recurso esencial. Esto no solo mejora la eficiencia del riego, sino que también contribuye a la sostenibilidad ambiental al preservar los acuíferos y reducir el riesgo de erosión del suelo.

La agricultura de precisión es un enfoque que utiliza tecnologías avanzadas para maximizar la producción agrícola mientras se minimizan los insumos. Con la ayuda de drones y satélites, los agricultores pueden obtener imágenes aéreas detalladas de sus cultivos, lo que les permite identificar áreas que necesitan atención específica, ya sea por falta de nutrientes o por plagas. La IA puede analizar estos datos para ofrecer recomendaciones precisas sobre fertilización y tratamiento, lo que resulta en un uso más eficiente de los insumos y una reducción en los costos operativos.

La implementación de tecnologías basadas en IA requiere un cambio cultural y educativo en el sector agrícola. Es fundamental capacitar a los agricultores en el uso de estas herramientas y en la interpretación de los datos que generan. Programas de formación y talleres pueden ser organizados en colaboración con universidades y organizaciones no gubernamentales para garantizar que los productores estén equipados con las habilidades necesarias para adoptar estas nuevas tecnologías. Es crucial que cualquier solución tecnológica se integre adecuadamente con los sistemas agrícolas locales. Esto implica considerar las prácticas tradicionales y las particularidades culturales de cada región. La IA debe ser vista como una herramienta complementaria que respete y potencie el conocimiento local, en lugar de reemplazarlo. La participación activa de los agricultores en el diseño e implementación de estas tecnologías es esencial para asegurar su aceptación y efectividad.

Si bien, a pesar de las oportunidades que presenta la IA, también hay desafíos significativos que deben abordarse. Uno de ellos es la brecha digital; muchas áreas rurales en Venezuela carecen de acceso a internet y tecnología adecuada. Para que la IA tenga un impacto real, es necesario invertir en infraestructura tecnológica y garantizar que todos los agricultores tengan acceso a las herramientas necesarias. Además, es importante considerar las implicaciones éticas de la automatización en la agricultura. Si bien la IA puede aumentar la eficiencia y reducir costos, también podría amenazar empleos tradicionales en el sector. Por lo tanto, es fundamental desarrollar estrategias que incluyan a todos los actores involucrados, garantizando que los beneficios sean equitativos y accesibles para todos.

¿Economía o fantasía? Asdrúbal Oliveros, bonos y aumento de sueldo en Venezuela

Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.

Al proponer este subsidio temporal, o el aumento de salarios —en el caso de los gremios, sindicatos, trabajadores, y pare usted de contar—, no se está innovando, sino que se incurre en el mismo vicio en el que hemos estado sumergidos desde hace muchísimo tiempo: el paternalismo estatal —o habría de hablar más bien de nanny state—, que tanto daño ha hecho.

Roymer A. Rivas B.

¿Economía o fantasía?[*] Es la pregunta que surge tras escuchar la última ocurrencia de Asdrúbal Oliveros: repartir bonos de hasta USD$ 250 a los trabajadores del sector público por un periodo de 6 meses[1]. Resulta desconcertante, si no alarmante, que quien presume de entender las cicatrices de nuestro caótico escenario en Venezuela —especialmente el monetario—, proponga ahora una inyección de liquidez que constituye más un guion de ficción que un plan de estabilización para el país. La supina miopía de los economistas mainstream para comprender la situación de Venezuela los lleva a reciclar fórmulas que se han mostrado fracasadas —no puede ser de otra manera si se parte de un mal diagnostico— que, lejos de ayudar, perjudican profundamente.

Esto, lamentablemente, no es un caso aislado y, de hecho, sirve de ejemplo para destacar una patología mayor, a saber: la creencia de que se puede decretar la prosperidad por gaceta, como es el caso de aquellos que piden —por diversos medios— aumento de salarios. Muchos no han entendido que Venezuela no necesita más subsidios, ni aumento de salarios, que solo sirven para patear el problema hacia adelante, a costa de que el problema mañana sea aún peor, sino una reestructuración que permita que el trabajo valga por lo que produce y no por lo que un economista o un burócrata decida fantasear en sus redes sociales o podios.

Para entender por qué estas “soluciones” son, en realidad, un problema, es suficiente con someter esas fantasías a los hechos —que no entiende de buenas intenciones ni cálculos alegremente presentados en foros en redes sociales—. Pero antes, comenzaré con un breve inciso.

El inciso: sobre la subida de precios en dólares en Venezuela —mal llamada “inflación”[2]

Previo a abordar el tema de los bonos, Oliveros pone el foco en lo que él y otros muchos llaman “inflación en dólares” [3]. Esto, de entrada, está mal. Técnicamente, el dólar en Venezuela no sufre de inflación como fenómeno monetario del dólar en sí, sino que es causa del rezago cambiario —aunque en la práctica se sienta exactamente igual—. Para entender esto es necesario separar le dinero de los precios: (i) está la inflación monetaria —que en realidad es lo que ha sido la inflación toda la vida, pero es necesario estipularlo así por fines didácticos— que es cuando la cantidad de dinero en la economía —oferta— supera su demanda, y en Venezuela, esto no existe, porque la demanda de dólares supera su oferta —¿O acaso alguien quiere tener sus ahorros en bolívares?—; y (ii) está la inflación de precios, que es cuando la moneda se deprecia, lo cual se traduce en subida de precios en la economía —aunque eso no significa necesariamente que veremos reflejado con la subida nominal de los precios en la economía[4]—. Lo que no te dicen es que, en circunstancias normales, no puede haber (ii) sin (i), así que, en rigor, se debe hablar de “inflación” sin adjetivos.

El problema es que casi ningún economista explica la dinámica correctamente y, por si fuera poco, Venezuela no entra en la categoría de “circunstancias normales”. En Venezuela, la perdida del poder adquisitivo del dólar se debe a distorsiones locales que hacen que exista algo llamado: “rezago cambiario”, que significa que los precios internos —en bolívares— suben a una velocidad mucho mayor de lo que sube el tipo de cambio —el precio del dólar—. Comprender esto es un tanto curioso, y paradójico, porque, en un escenario donde la demanda de dólares supera su oferta, se esperaría que los precios reflejados en dólares bajen, pero ocurre lo contrario. En este marco, alguno podría decir que la subida de precios en dólares se debe a la inyección de dólares por parte del Estado a la banca, intentando contener la tasa de cambio. Pero esto es un error. En otros lugares ya expliqué que, en un escenario con rezago, la inyección de dólares más bien reduce dicho rezago, causando que los precios en dólares aumenten menos de lo que hubiesen aumentado en caso de que haber inyección[5].

Sobre la propuesta de entregar bonos y el aumento de salarios

Comprender lo anterior es clave, porque si ya tenemos un problema de precios altos por falta de oferta en dólares y distorsiones estructurales, meter más dinero en la economía —vía bonos o aumento de salarios— sin aumentar la producción es echar más gasolina al fuego. A Oliveros y quienes exigen aumento de salarios les hace falta entender que, en una economía sana, el consumo es el premio final de la producción previa, e invertir esa causalidad bajo la premisa de que se “ayudará” a los trabajadores es profundamente irresponsable. Como ya mencioné, es patear el problema hacia adelante a costa de que el problema mañana sea aún peor. Parecen ignorar que en Venezuela se han aumentado bonos y salarios muchas veces, y eso no ayudó a aumentar la calidad de vida de forma sostenida en el tiempo, sino que profundizó la crisis —¿Ya se olvidaron de 2018-2019, y de todos los aumentos de salarios desde 1999 hasta 2022, o de bonos desde 1999 hasta 2026?—.

Al proponer este subsidio temporal, o el aumento de salarios —en el caso de los gremios, sindicatos, trabajadores, y pare usted de contar—, no se está innovando, sino que se incurre en el mismo vicio en el que hemos estado sumergidos desde hace muchísimo tiempo: el paternalismo estatal —o habría de hablar más bien de nanny state—, que tanto daño ha hecho. Muchos venezolanos creen que los problemas del país se solucionan vía decretos de aumentos salariales, emisión de derechos, regalo de viviendas, en suma, subsidios de todo tipo, sugiriendo que la solución a la miseria es la transferencia de renta y no la creación de valor, porque ninguno de esos personajes se pregunta en cómo crear un escenario adecuado para que los salarios reales se estabilicen o tiendan al alza a lo largo del tiempo, eliminando la dependencia del Estado.

La Venezuela de ahora y la Venezuela que queremos: ¿Qué necesitamos?

Venezuela no necesita parches de seis meses que se diluyen ante el primer ajuste de precios. Lo que el país requiere es una reestructuración que desmantele el andamiaje estatista y permita el florecimiento del libre mercado, porque la verdadera mejora en la calidad de vida no vendrá de la generosidad de un burócrata, sino de un escenario donde (a) la competencia atraiga capital, (b) la productividad determine el ingreso y (c) la estabilidad jurídica reemplace la dádiva. El salario no es una variable que algún economista puede determinar con fórmulas o modelos matemáticos en una tabla de Excel, sí es el resultado de la conjunción de los tres puntos ya mencionados. ¿Y qué necesitamos? Simple de decir, tortuoso de aplicar, pero no imposible[6]:

  1. Necesitamos una reforma monetaria y bancaria, porque el salario no puede subir si la moneda es una basura o si no hay crédito. Para ello, podríamos hacer tres cosas —las diré en orden, de más radical y eficaz a menos radical y eficaz, aunque cualquiera infinitamente mejor al escenario en el que nos encontramos actualmente, comprendiendo todo lo que implica cada uno de ellos—:
    1. Ir a un régimen de patrón oro para la moneda nacional, donde el Banco Central se convierta en una cámara de compensación, y donde se separe legalmente los depósitos a la vista —con encaje legal 100%— de los préstamos a la vista —dejando a los bancos determinar por sí mismos qué encaje tendrán para mostrarse “solventes” y responder a sus acreedores—. Asimismo, dar paso al libre intercambio de monedas.
    1. Olvidar el patrón oro, pero yendo a un régimen de libre competencia de monedas, donde el Banco Central se convierta en una cámara de compensación, y… —igual que el punto anterior—.
    1. Dolarizar oficialmente la economía. Algunos economistas pondrán diversas objeciones a esto —de la misma forma que con el punto 1.1. y 1.2.—, pero a esos economistas les digo que vayan a estudiar. Todos los fantasmas que rondan a la dolarización son, simplemente, falsos —empezando por el que dice que se pierde poder para controlar la oferta monetaria, tan solo vean el caso Ecuador—. Y si se va a usar esto de transición para alcanzar el 1.1. o 1.2., mejor aún.
  2. Necesitamos una seria reforma fiscal y tributaria. El Estado actual vive de asfixiar al sector privado que ha quedado reducido tras años de crisis. Esto se traduce en simplificación y reducción de impuestos —empezando por eliminar el IGTF—. El escenario ideal es que se vaya a un régimen de confederaciones y cada municipio compita con sus tasas de impuestos, pero eso en este momento es utópico; en el corto plazo es suficiente con simplificar y reducir impuestos —aunque si se apunta en el mediano plazo a lo segundo, mucho mejor. Al final, ¿No “trabajan” por el bien del trabajador? Pues, no hay nada mejor que eso, ¿O sí? ¿Lo hacemos por parroquias autónomas y con derecho de secesión?—.
  3. Necesitamos una reforma laboral que vea el contrato de trabajo como algo privado entre patrono y empleado. Se debe eliminar la inamovilidad laboral y los costos de despido absurdos —que hacen que el empresario tenga miedo de contratar—. El Estado no tiene por qué meterse en contratos privados, para eso existe el arbitraje en el Derecho —hablando de ello…,
  4. También necesitamos, más que una reforma, una reconstrucción de nuestro sistema legal en distintos ámbitos y niveles de profundidad, todo partiendo del respeto al individuo y la propiedad. Sin ello, nadie querrá invertir en Venezuela. Y si esto viene acompañado de la privatización de todas las empresas en manos del Estado —especialmente de servicios—, mejor. Es más, ese “excedente” que Oliveros quiere quemar en bonos podría ser el capital semilla para la transición hacia servicios privados eficientes, ¿Por qué no?[7].

Solo estas cosas es lo que permitirá alcanzar salarización de los bonos, porque, allí sí estamos de acuerdo: es necesario eliminar la estructura de bonos, el salario debe ser transparente, permitiendo que el trabajador vea su ingreso real y pueda planificar ahorros o créditos. Pero eso no se logra con subsidios, sino con mercado.

En este marco, yo pregunto:

  1. ¿Por qué Asdrúbal no propone usar ese excedente de ingresos petroleros para reestructurar el país, llevando a cabo todas las medidas necesarias, apuntando incluso a la dolarización, en lugar de regalar el dinero?
  2. ¿Por qué no habla primero de sanear las cuentas públicas, lo cual incluye el despido de trabajadores en nomina del Estado que no hacen absolutamente nada, para después, si acaso se apelará a ello, crear un fondo de reserva para responder a sus pagos mientras se llevan a cabo todas las reformas necesarias para el país?
  3. ¿Por qué no ofrece una lista de reformas que puedan sostener una mejor Venezuela y, por tanto, el aumento de salarios del que tanto le gusta hablar?
  4. ¿Qué pasará en el mes 7, cuando se deje de dar bonos, una vez que más de 2.4 millones de venezolanos hayan aumentado sus gastos por contar con un ingreso adicional de USD$ 250, pero no se haya creado el escenario para mejorar las cosas en el país?
  5. ¿Por qué las personas en general no hablan de atacar problemas de fondo y no los síntomas de un cáncer que ya llegó a los huesos de la sociedad venezolana?
  6. ¿Por qué no se propone bajar impuestos y usar los recursos para optimizar el sistema energético nacional, puesto que buena parte de los ingresos de las empresas son robados por el Estado y, por si fuera poco, deben invertir dinero en la autogeneración eléctrica, cisternas de agua y logística de combustible para poder operar en su cotidianidad? ¿Acaso no permitiría esto a los empresarios subir el salario de sus trabajadores por si mismos[8]?

Mantener el silencio ante tales desvaríos es aceptar que la economía venezolana sea reducida a un ejercicio de caridad administrada, y me niego a ello. Por eso, resalto que la propuesta de Asdrúbal Oliveros no es una solución, sino el síntoma de una élite intelectual[9] que, por miedo al cambio radical, o por complacencia con el modelo extractivo, o simplemente por ignorancia, prefiere administrar la agonía con parches antes que defender las reformas que el país reclama. Debemos comprender que si seguimos exigiendo y celebrando aumentos de salarios por decreto y llegadas de bonos efímeros, seguiremos siendo esclavos de la discrecionalidad de un burócrata y de la inflación que algunos “expertos” alimentan. ¡Es suficiente!


[*] Este texto fue originalmente publicado en: Humano Insurrecto.

[1] MundoURenVivo. 2026. Román Lozinski en Agenda Económica con Asdrúbal Oliveros 08.04.2026. Video de YouTube. En: https://www.youtube.com/watch?v=uLnPf-nnPkk (Cit. 11/04/2026). 

[2] Sirva esto de corolario para evidenciar la incapacidad de Oliveros para comprender el escenario venezolano y, en consecuencia, de facto, queda minusválido mucho de lo que pueda decir al respecto.

[3] A esa narrativa, de hecho, se apega cierto sector para decir que “los venezolanos nos estamos matando entre nosotros mismos” y pedir más control estatal para el “perverso comerciante, imperialista, especulador y capitalista” que arremete contra “el pueblo”. Todos ellos, sin embargo, saben de economía lo que sabe mi tortuga mascota de astrofísica.

[4] Eso no te lo dicen el común de los economistas, porque tienden a ser malos lectores y, por consiguiente, se quedan solo con lo enseñado en la universidad —que no se ajusta del todo a la realidad y la eficacia de las herramientas de análisis de los fenómenos económicos queda en entredicho—. Para ilustrar el punto señalado en el párrafo, imagine una economía donde las empresas invierten para automatizar y optimizar procesos de producción, abaratando los costos y, con ello, pudiendo bajar los precios al consumidor, en aras de que pueda vender más. No obstante, si alguna entidad inyecta más dinero a la economía —argumentando, por ejemplo, que es necesario para dinamizarla—, los precios de los productos que antes tenderían a bajar pueden quedarse igual —ni subir, ni bajar—. En este escenario, un economista común, guiándose por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), te diría que “no hubo inflación” en ese periodo de tiempo, y quizá saldría algún político vanagloriándose porque en su gestión “no hubo inflación”, pero nadie está viendo que, al inyectar dinero, los precios que antes iban a bajar ahora se mantuvieron iguales. Ergo, la moneda igual se depreció, pero no “aumentaron los precios”.

[5] Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2023. Hiperinflación: un fenómeno incomprendido; respuesta al libro de Pascualina Cursio. Publicado en ContraPoder News. En: https://contrapodernews.com/hiperinflacion-un-fenomeno-incomprendido-respuesta-al-libro-de-pascualina-cursio/ (Cit: 11/04/2026). Desde la sección: “Pascualina, dólar implícito y tasa de cambio”, en adelante. Para el ciudadano común, si ayer un café costaba USD$ 2 y hoy cuesta USD$ 3, su percepción inmediata es “el dólar se infló”, cuando en realidad lo que ocurrió fue que (i) el costo de vida subió en bolívares y (ii) el tipo de cambio no se ajustó en la misma proporción. En este escenario, una inyección de dólares ayuda a reducir el rezago cambiario vía depreciación de la divisa.

[6] Bueno, sí imposible si quienes tienes el poder, sumado a quienes pretenden tenerlo y quienes hacen propuestas limpias de sensatez, siguen por el camino que vienen. Claro está que la supervivencia política de la mayoría depende de que la economía se mantenga igual.

[7] En un marco de transparencia, claro está, que no es el que tenemos ahora. Ergo, para llegar allí también se necesitan llevar a cabo muchos cambios.

[8] En los últimos años, mientras el sector público se quedó estancado en sus salarios, el sector privado, a pesar de la crisis, comenzó a pagar a sus empleados por encima del sueldo mínimo. Esto demuestra que no se necesita del Estado para mejorar la calidad de vida de los trabajadores en Venezuela, más bien todo lo contrario, es un obstáculo que limita a las empresas de explotar su máximo potencial, beneficiando a sus empleados en el camino.

[9] Así convertido por la masa, porque yo no les tengo respeto alguno a sus ideas.

¿Qué tiene que ver el desarrollo de las Naciones con la fertilidad?

Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela

… comparaciones entre países muestran que una reducción en las tasas de fertilidad está claramente relacionada con mayor poder de las mujeres jóvenes cuyas vidas se ven más afectadas por el exceso de cuidado de niños.

Génesis N. Rodríguez G.

Iniciare este articulo definiendo qué es la tasa de fertilidad total, esta representa la cantidad de hijos que tendría una mujer si viviera hasta el final de sus años de fertilidad y tuviera hijos de acuerdo con las tasas de fertilidad actuales específicas por edad. Un punto central para comentar es que el desarrollo necesita el uso simultáneo de muchas instituciones. Como lo señaló Adam Smith, existen buenas razones para recordar que «por muy poco gasto que el público esté dispuesto a dar, se puede promover e incluso imponer sobre la mayoría de gente la necesidad de adquirir los elementos más esenciales de la educación». La educación básica, en particular la femenina, está asociada con muchos cambios sociales, especialmente la reducción de mortalidad infantil y una rápida caída en las tasas de fertilidad.

Este último hecho es una prueba importante del papel de la libertad, que nos recuerda la confrontación entre los argumentos de Condorcet (prolibertad) y Malthus (antilibertad) hace unos 200 años. Condorcet, el matemático francés y pensador de la ilustración, fue quien primero propuso la posibilidad de que el tamaño de la población podría «superar sus medios de subsistencia». La expresión de Malthus de este miedo vino más tarde, citandola Condorcet. Pero Condorcet avanzó en su argumentación diciendo que esto podría ocurrir porque se escogerían libremente tasas de fertilidad menores, resultantes de mejor educación (incluyendo educación femenina) y «el progreso de la razón». Malthus, sin embargo, rechazó totalmente el argumento e insistió que nada diferente a medidas obligatorias haría que la gente redujera sus tasas de fertilidad.

En la actual escuela malthusiana existe una tendencia a enfatizar cambios a algunos puntos de vista de Malthus, pero su incredulidad en las fuerzas del razonamiento y la libertad, a diferencia de la fuerza de las obligaciones económicas, en llevar la gente a escoger familias menores, permanece inmodificado. De hecho, en uno de sus últimos trabajos, publicado en 1830 (Malthus murió en 1834) él insistió en su conclusión que «no hay razón para suponer que además de las dificultades de proveer totalmente las necesidades básicas de vida se debe evitar que numerosas personas se casen tempranamente o se les imposibilite cuidar la salud de las familias más numerosas» (Malthus [1830] 1982: 243).

Este debate en particular no es difícil de establecer empíricamente. No sólo las tasas de fertilidad se reducen con el tiempo, además «el progreso de la razón en el desarrollo de una nueva norma de familias más pequeñas ha jugado un papel mayor en esta evolución». Es más, comparaciones entre países muestran que una reducción en las tasas de fertilidad está claramente relacionada con mayor poder de las mujeres jóvenes cuyas vidas se ven más afectadas por el exceso de cuidado de niños. Esta lección emerge claramente también de comparaciones entre cientos de distritos de la India. No es sorprendente que la educación de las mujeres y el acceso al empleo, que incrementa su poder de decisión en las familias, emergen como las dos más grandes influencias en la reducción de la fertilidad. A pesar de que la tasa de fertilidad de toda la India, incluso después de una reducción de 6 niños por pareja a 3, es todavía muy alta respecto a un nivel de sostenimiento mínimo de dos por pareja, es interesante e importante resaltar què muchos distritos han reducido las tasas de fertilidad a niveles como el de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia o China.

Las disminuciones de fertilidad en las provincias de Kerala, Tamil Nadu y Pradesh Himachal de la India están relacionadas claramente con mayor capacidad de decisión de las mujeres, que a su vez se relaciona con la rápida promoción de la educación en las mujeres y otras influencias en el estatus y la participación de las mujeres jóvenes. Otro ejemplo interesante es Bangladesh, donde una rápida reducción en las tasas de fertilidad pareció estar asociada con la expansión de las oportunidades de planeación familiar, mayor inclusión de las mujeres en la actividad económica (por ejemplo, a través de microcréditos) y una mayor discusión pública sobre la necesidad de cambiar el patrón existente de disparidades de género. Todas estas influencias, incluyendo el papel de instituciones de planificación, ayudan a las mujeres jóvenes a adquirir mayor libertad productiva, y contribuye al ascenso social de la mujer. La expansión del papel de la mujer en la sociedad de Bangladesh ha sido ampliamente reconocido. La tasa de fertilidad disminuyó de 6,1 a 3,4 un una década y media (entre 1980 y 1996) y continúa bajando fuertemente; a principios del año 2000 estaba un poco por encima de 3 niños por pareja. Todo esto ha ocurrido sin ninguna medida coercitiva, y sólo mediante mayor libertad social, especialmente sobre las mujeres.

‎Un contraejemplo puede ser la China que ofrece evidencia positiva de los buenos efectos de medidas coercitivas sobre la planificación familiar (por ejemplo, la política de «un niño por familia»). Es necesario hacer más estudios sobre los detalles de la experiencia china, pero, a nivel agregado, la disminución de la fertilidad ha sido clara. La pregunta relevante ahora es si una disminución similar se habría presentado sin la necesidad de medidas coercitivas, por los éxitos de China en la educación femenina y en el empleo.

El estado indio de Kerala, donde la educación femenina también ha aumentado muy rápidamente pero donde no hay medidas de planificación familiar coercitivas, también experimentó una disminución significativa en las tasas de fertilidad. De hecho, la expansión de la educación femenina en Kerala fue más rápida que en China, así como la caída en la tasa de fertilidad, ya para 1979, cuando la China introdujo su política de «un niño por familia». La tasa de fertilidad cayó de  2,8 a 2,0 entre 1979 y 1991; durante el mismo período la tasa en Kerala cayó de 3,0 a 1,8. Las tasas de fertilidad han continuado disminuyendo en ambas regiones, pero la tasa de Kerala siempre está por debajo en todo el período. Además, como esta caída provino de procedimientos de libre elección en lugar de coercitivos, la mortalidad infantil ha continuado cayendo más que en China: a pesar de que la tasa de mortalidad infantil era básicamente la misma en 1979, ahora es el doble en China y mucho mayor para niñas. Así, tanto la efectividad como aspectos humanitarios son argumentos para hacer que la disminución en las tasas de fertilidad se base en más y no en menos libertades.

El valor de Tasa de fertilidad, total (nacimientos por cada mujer) en Venezuela fue 2.23 en 2020. Durante los últimos 60 años este indicador ha alcanzado un valor máximo de 6.36 en 1960 y un valor mínimo de 2.23 en 2020, lo que nos indica que las medidas tomadas durante estos últimos años han dado su fruto positivo, esperamos las medidas coercitivas sigan mejorando e incrementando.

El modelo suizo: la arquitectura teórica de la neutralidad armada y el Estado fortaleza

Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.

Suiza demuestra que la soberanía no se defiende solo con armas, sino con una infraestructura social y una identidad política que convierte la neutralidad en un activo estratégico para todo el planeta.

Andrea Peña

Suiza representa una anomalía exitosa en el sistema internacional de Estados: mientras que la mayoría de las naciones han buscado seguridad a través de alianzas colectivas —como la OTAN— o la hegemonía regional, Suiza ha construido su existencia sobre la base de la neutralidad perpetúa. Sin embargo, esta neutralidad no es un vacío de poder, sino un constructo teórico y práctico profundamente complejo.

A continuación analizaremos el «Caso Suizo», sustentado en autores clásicos y contemporáneos, evaluando su capacidad de defensa, su rol diplomático y los desafíos que enfrenta en el presente siglo.

El fundamento jurídico-filosófico: Emer de Vattel y el Derecho de gentes

Para entender a Suiza, es necesario retroceder al jurista suizo Emer de Vattel (1714-1767), cuyo tratado Le Droit des gens —el Derecho de gentes— es la piedra angular de la neutralidad moderna. Vattel argumentaba que la neutralidad no es una renuncia a la soberanía, sino un ejercicio supremo de la misma. Según su teoría, una nación tiene el derecho natural de permanecer en paz mientras otros están en guerra, siempre que mantenga una imparcialidad estricta.

A juicio de Vattel, la neutralidad es un derecho, es decir, el Estado neutral tiene derecho a no ser invadido y a continuar su comercio con las partes en conflicto. Si bien, Vattel sostiene que la neutralidad solo es respetada si el Estado demuestra la voluntad de defender su territorio. De allí el origen de la «neutralidad armada» de Suiza, quien no pide la paz, sino que la impone en sus fronteras a través de la disuasión.

Perspectiva realista: Kenneth Waltz y la «Autoayuda» (Self-Help)

Desde la teoría del Realismo Estructural, autores como Kenneth Waltz sostienen que el sistema internacional es anárquico y que los Estados deben confiar en su propia capacidad para sobrevivir (self-help). Suiza es el ejemplo perfecto de esta teoría aplicada, pues la estrategia militar suiza, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, se basó en el concepto del Réduit National. La lógica realista dicta que un invasor no se detiene por tratados, sino por un análisis de costo-beneficio.

También, destaca el hecho de que Suica cuenta con un terreno alpino que fue transformado en una fortaleza natural —puentes, túneles y carreteras clave están minados por diseño— y, basado en el ideal republicano de Jean-Jacques Rousseau, quien elogiaba la figura del «ciudadano-soldado», mantiene un ejército donde la población civil es la fuerza combatiente. Esto constituye un efecto disuasorio muy fuerte, pues invadir Suiza necesitaríam además de derrotar a un ejército profesional, ocupar cada hogar de una población armada.

El constructivismo y la identidad: Laurent Goetschel

El autor contemporáneo Laurent Goetschel, experto en política exterior suiza, ofrece una visión desde el Constructivismo. Para Goetschel, la neutralidad no es solo una herramienta de seguridad, sino el núcleo de la identidad nacional suiza. En un país con cuatro idiomas oficiales —alemán, francés, italiano y romanche— y una profunda división religiosa histórica, la neutralidad hacia el exterior actúa como el pegamento que evita que Suiza se fracture por las lealtades de sus ciudadanos hacia las potencias vecinas (Alemania, Francia o Italia). «La neutralidad suiza es un instrumento de cohesión interna antes que una política exterior», sugiere Goetschel.

Funcionalismo y los «buenos oficios»: Suiza como potencia protectora

Desde la teoría del Funcionalismo, el valor de un Estado en el sistema internacional se mide por la función que desempeña. Suiza ha profesionalizado su neutralidad a través de los «Buenos Oficios». Como reporta Swissinfo, Suiza actúa bajo el mandato de «Potencia Protectora». Este rol permite que la comunicación internacional no se colapse totalmente durante las crisis. Además, es necesario señalar que Suiza representa a EE. UU. En Irán desde 1980 y a Rusia en Georgia desde 2008.

Todo esto no significa, sin embargo, que Suiza esté aislada, pues su neutralidad es bastante activa: utiliza su estatus para ser la sede de organismos como la Cruz Roja Internacional y la ONU en Ginebra, convirtiéndose en el «terreno neutral» donde la diplomacia global es posible.

La fortaleza subterránea: teoría de la defensa total

La seguridad suiza se apoya en una infraestructura civil sin parangón en el mundo. Respondiendo a la Teoría de la Defensa Total, el país ha integrado la supervivencia civil con la estrategia militar. Como señala Escudo Digital (2023), Suiza es el único país con capacidad de búnkeres para proteger a más del 100% de su población. Cuenta con más de 360,000 refugios privados y públicos. Esta «arquitectura de supervivencia» comunica a cualquier agresor potencial que una campaña de bombardeos o incluso un ataque nuclear no lograrían quebrar la voluntad del Estado, ya que el mando político y la población civil pueden operar bajo tierra durante meses.

Desafíos contemporáneos: ¿El fin de la Neutralidad?

El conflicto en Ucrania en 2022 y la evolución de la seguridad europea han puesto a prueba el modelo suizo. Según análisis de la BBC y La Razón, Suiza se enfrenta a una presión sin precedentes para alinearse con la arquitectura de seguridad occidental. Por ejemplo, está el tema de las sanciones económicas: al adoptar las sanciones de la Unión Europea contra Rusia, Suiza ha caminado por la «delgada línea roja» mencionada por juristas como Bruno Simma. ¿Puede un país ser neutral si participa en una guerra económica? La postura oficial de Berna es que la neutralidad es militar, pero no moral ni económica frente a violaciones flagrantes del derecho internacional.

Además, está la cooperación con la OTAN: aunque Suiza no es miembro de la OTAN, su participación en la «Asociación para la Paz» indica un realismo pragmático. Como explica La Razón, Suiza sabe que, en un conflicto continental a gran escala, su seguridad depende de la estabilidad de sus vecinos. Esto ha llevado a debates internos sobre si la neutralidad absoluta es un lujo del pasado o una necesidad del futuro.

La síntesis del modelo suizo

El éxito de Suiza no es fruto del azar geográfico, sino de una aplicación rigurosa de principios teóricos que han evolucionado desde el siglo XVIII. El modelo se resume en tres pilares: imparcialidad de Vattel, la disuasión de Waltz y la identidad de Goetschel ha creado un Estado que es demasiado útil para ser atacado y demasiado costoso para ser invadido. Suiza demuestra que la soberanía no se defiende solo con armas, sino con una infraestructura social y una identidad política que convierte la neutralidad en un activo estratégico para todo el planeta. En un mundo que vuelve a la lógica de bloques, el «puente suizo» sigue siendo una pieza indispensable, aunque cada vez más difícil de equilibrar, en el tablero de la política internacional.

Si la neutralidad nació para proteger al Estado de las guerras de religión y de las ambiciones dinásticas europeas, ¿cómo debe transformarse este concepto en una era de ciberguerra e interdependencia económica total, donde las fronteras físicas —incluso las de los Alpes— son cada vez más porosas?


Referencias bibliográficas

Goetschel, L. (2011). Neutrality as an Identity Marker: The Case of Switzerland. Routledge.

Rousseau, J.-J. (1762). El Contrato Social.

Simma, B. (1999). NATO, the UN and the Use of Force: Legal Aspects. European Journal of International Law.

Vattel, E. de. (1758). Le Droit des gens; ou, Principes de la loi naturelle.

Waltz, K. N. (1979). Theory of International Politics. McGraw-Hill.

BBC Mundo. (2024). Por qué Suiza es neutral y qué significa esto en el contexto actual. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/articles/c4g2x11g3rno

Escudo Digital. (2023). El gran secreto: por qué Suiza protege a cada uno de sus 9 millones de residentes bajo tierra. Recuperado de https://www.escudodigital.com/internacional/el-gran-secreto-por-que-suiza-protege-a-cada-uno-de-sus-9-millones-de-residentes-bajo-tierra.html

La Razón. (2025). Por qué Suiza no está en la OTAN pero nadie puede invadirla: la historia que la hace única. Recuperado de https://www.larazon.es/internacional/europa/que-suiza-otan-pero-nadie-puede-invadir-historia-que-hace-unico_2025032967e6d7f28ba0d30001043ba2.html

Swissinfo. (2020). Suiza y sus mandatos de potencia protectora: un canal entre Estados enfrentados. Recuperado de https://www.swissinfo.ch/spa/politica-exterior/suiza-y-sus-mandatos-de-potencia-protectora-un-canal-entre-estados-enfrentados/45810462

La gran estafa: cómo el progresismo secuestró la palabra “libertad” para destruirla

María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)

Es facilísimo defender el socialismo cuando no eres tú quien paga el precio… y cuando tu habitación de lujo tiene generador propio mientras la gente común cocina con leña o carbón.”

María José Salinas

Hay una mentira que se ha repetido hasta el cansancio y ya suena como verdad revelada: la izquierda es sinónimo de libertad. Libertad para las mujeres; libertad para la comunidad LGBT; libertad para los “oprimidos” … lo dicen con tal convicción que dudar de ello casi parece un acto de mala fe. Pero esa seguridad absoluta es justamente lo que debería ponernos en alerta, porque apropiarse del lenguaje de la libertad no es lo mismo que defenderla. Y buena parte del progresismo actual vive precisamente de esa estafa: vender libertad en las palabras y estrangularla en los hechos.

La verdadera libertad, esa que incomoda, la que no pide permiso, nunca salió del colectivismo, sino que nació de una idea simple y radical: cada individuo es soberano de su propia vida. Locke y Hayek lo vieron con una claridad que hoy muchos prefieren ignorar; si no eres dueño de ti mismo, todo lo demás es solo un favor que te hace el poder.

Por eso la libertad no se puede partir en pedazos. No puedes exigir control absoluto sobre tu cuerpo y al mismo tiempo aceptar que el Estado te quite, como si nada, el fruto de tu trabajo. No puedes predicar diversidad mientras decretas qué opiniones son aceptables y cuáles merecen cancelación. No puedes hablar de emancipación y, al mismo tiempo, inflar el Estado hasta convertirlo en el gran tutor, juez y carcelero de la vida ajena.

La libertad auténtica es indivisible, y eso es lo que más les molesta. Les molesta a los progresistas porque les obliga a soltar su vicio favorito: meterse en la vida de los demás “por su propio bien”. Pero también le molesta a cierta derecha que todavía cree que puede legislar la moral privada desde el Congreso.

El cuento oficial es demasiado conveniente: izquierda = liberación; derecha = opresión. Y millones lo repiten sin tomarse la molestia de revisar la historia. Pero eso pasa porque saben que la historia no perdona. El Che y Fidel hoy convertidos en camisetas fashion persiguieron, metieron a la cárcel y mandaron a campos de trabajo a homosexuales en nombre de la “moral socialista”. En la Unión Soviética de Stalin, la diversidad no se celebraba, se fusilaba o se enviaba al gulag. Y no era la excepción a la regla, era el resultado lógico de darle poder absoluto a quien se cree poseedor de la verdad.

Cuando el poder se concentra tanto, la libertad deja de ser un derecho y se vuelve un privilegio que te pueden quitar cuando les dé la gana. Y hoy ese proceso ya no necesita disfraces; en Cuba, Venezuela y Nicaragua el progresismo se quedó sin eufemismos: el que piensa diferente es reprimido, censurado o encarcelado por el sistema, sin rodeos.

Mientras tanto, el circo sigue. Artistas, influencers y activistas llegan de países con economías más o menos abiertas se hospedan en hoteles emblemáticos de lujo como el Nacional, el Meliá o el Bristol Habana Vieja con piscinas, aire acondicionado y luces que nunca se apagan, y usan los mismos recursos (agua, electricidad, comida y combustible) que el régimen debería destinar a la población. Todo esto mientras Cuba atraviesa una de las peores crisis humanitarias en décadas: apagones masivos que han dejado a millones sin luz por 12, 16 o hasta más de 20 horas, alimentos que se pudren sin refrigeración, colas eternas para un pedazo de pan y una escasez de combustible que ya tiene al país al borde del colapso.

Desde su burbuja climatizada, posan para Instagram y luego le exigen “resistencia” y “soberanía” al cubano de a pie que lleva más de sesenta años aguantando la misma tiranía, y que ahora, en pleno 2026, apenas sobrevive entre velas, hambre y oscuridad.

Es facilísimo defender el socialismo cuando no eres tú quien paga el precio… y cuando tu habitación de lujo tiene generador propio mientras la gente común cocina con leña o carbón.

Ese contraste no es una simple anécdota, es la radiografía moral del progresismo contemporáneo: más apegado a su narrativa que a la realidad, más interesado en mantener su aura de superioridad ética que en reconocer los hechos que le estallan en la cara.

En México la trampa es aún más fina y cínica. Se habla de más gasto público, más programas sociales, más “presencia del Estado”, mientras lo verdaderamente importante el Estado de derecho sigue brillando por su ausencia. No faltan leyes, faltan ganas de hacerlas valer. No faltan causas bonitas, sobran incentivos torcidos.

Al final, tanto el paternalismo progresista como el moralismo conservador comparten el mismo pecado de fondo: no confían en el individuo. Uno quiere criarlo con subsidios y el otro vigilarlo con prohibiciones. Los dos terminan asfixiándolo.

Por eso la frase “liberal en lo económico, conservador en lo social” no es un equilibrio virtuoso, sino una contradicción en los huesos. La libertad no se divide. O crees que cada persona es dueña de su vida, o crees que alguien más tiene derecho a decidir por ella.

Mientras México siga atrapado en esa falsa pelea izquierda-derecha, seguiremos dando vueltas en el mismo hoyo. El verdadero cambio no llegará cambiando de partido. Llegará cuando por fin cambiemos las ideas que nos han llevado al fracaso una y otra vez.

Los países que sí avanzaron Japón, Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Estonia no lo hicieron concentrando más poder, sino liberando al individuo. Los resultados saltan a la vista. Cuba, en cambio, sigue siendo el espejo más cruel de lo que pasa cuando se lleva la idea contraria hasta el final.

México no necesita más gobierno, sí menos ilusión. Necesita entender de una buena vez que la libertad no se pide, se ejerce; que los derechos no se negocian por subsidios; y que ningún gobierno, de ningún color, debería tener tanto poder sobre la vida de las personas.

«El colectivismo significa la subyugación del individuo a un grupo ya sea una raza, una clase o un Estado. Sostiene que el hombre debe ser encadenado a la acción y al pensamiento colectivos en nombre de lo que se denomina “bien común”, expresó Ayn Rand en una oportunidad.

El problema de fondo nunca ha sido solo quién gana las elecciones. El problema es qué ideas seguimos defendiendo… aunque la realidad lleve décadas desmintiéndolas con una crudeza brutal. Es tiempo de que como ciudadanos tomemos la responsabilidad del futuro de nuestros países. Leer, cuestionar e informarnos debería ser obligación y regla para ejercer un voto consciente y con la responsabilidad que ello implica.

Soberanía compartida o pragmatismo energético: un análisis de la situación de Venezuela

Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.

Con el pasar de los años, Venezuela ha transitado de una confrontación ideológica a una geopolítica de necesidad.

Andrea Peña

Con el pasar de los años, Venezuela ha transitado de una confrontación ideológica a una geopolítica de necesidad, operando hoy bajo un esquema donde su motor económico —petróleo— está anclado a la seguridad energética de Occidente, mientras su brújula política intenta mantener el rumbo hacia los BRICS+.

Por esta razón, la política exterior de Venezuela ha entrado en una fase que desafía las etiquetas tradicionales del siglo XX. Ya no estamos ante el choque de bloques ideológicos, sino ante lo que el boletín especializado «Warrior Diplomacy» describió el pasado 22 de marzo como «el fin de la inocencia multilateral». En este nuevo orden fracturado, Venezuela ha dejado de buscar la «independencia» retórica para abrazar una soberanía híbrida, negociada barril a barril entre Washington y las aspiraciones del Sur Global.

El andamiaje legal de una nueva era

La columna vertebral de este cambio no es un discurso, sino un documento técnico: la Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.978, publicada el 29 de enero de 2026. Al reformar la Ley Orgánica de Hidrocarburos, el Estado venezolano ejecutó una maniobra de realismo puro. Al permitir que empresas privadas asuman el control operativo total (Art. 1) y comercialicen directamente el crudo (Art. 40), Venezuela no solo busca capital; está cediendo parcelas de gestión a cambio de estabilidad.

La base de esta transformación es la Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.978, publicada el 29 de enero de 2026. Esta reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos desmonta el modelo de control estatal vigente desde 2001. Los puntos clave de la nueva ley permiten:

  • Gestión Privada: Las transnacionales ahora pueden ejercer el control técnico y operativo total de los campos petroleros (Artículo 1).
  • Comercialización Directa: Los socios privados tienen derecho a vender su producción directamente en el mercado internacional (Artículo 40).
  • Seguridad Jurídica: Se autoriza el uso de tribunales y arbitrajes extranjeros para dirimir conflictos, una concesión histórica a los mercados de capitales occidentales.

Esta «soberanía bajo administración» se complementa con la aceptación de arbitrajes internacionales, una concesión que el modelo de 2001 habría considerado una contradicción, el fin del monopolio estatal, pero que en 2026 es el único lenguaje que entienden los mercados de capitales.

La paradoja del flujo: Entre el Golfo de México y los BRICS

Los datos de JP Morgan de enero de 2026 son contundentes y exponen la «paradoja de alineación múltiple» que define al país. Mientras la narrativa oficial apunta hacia los BRICS+, la logística petrolera ha girado 180 grados de regreso a Occidente.

Con 286.000 barriles por día (bpd) enviados a EE. UU. En enero, frente a una caída de las exportaciones a China a solo 156.000 bpd, Venezuela se ha convertido en el «estabilizador necesario» de un mercado occidental sacudido por la crisis en el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, este retorno al mercado estadounidense viene con un «cordón sanitario» legal: la Licencia General 52 (GL52) emitida por la OFAC el 18 de marzo. Este documento es el ejemplo perfecto del pragmatismo actual: permite la entrada de dólares y tecnología estadounidense, pero veta explícitamente cualquier cooperación con socios de los BRICS (China, Rusia o Irán) dentro de esos proyectos. Venezuela opera, literalmente, en un sector energético segregado por licencias extranjeras.

¿No alineación o necesidad extrema?

¿Es esto una claudicación o una estrategia maestra? El CEBRI Journal, en su análisis sobre la «No Alineación Activa» (ANA), ofrece una interpretación más matizada. Venezuela parece estar utilizando su renovada relevancia energética para Occidente como un escudo que le permita, simultáneamente, negociar su entrada a los BRICS+.

La apuesta es clara: usar el petróleo para pacificar la relación con Washington mientras se busca en los BRICS un contrapeso en inversión de infraestructura y tecnología que no esté sujeta a los dictámenes del Tesoro de EE. UU. Es un juego de equilibrio sobre una cuerda floja financiera.

Venezuela en 2026 no es un puente por elección, sino por necesidad. La soberanía ya no se mide en términos de control absoluto, sino en la capacidad de gestionar dependencias mutuas. El país ha entendido que, en un mundo en guerra por los recursos, ser un «proveedor confiable» para Occidente es la única vía pertenecer al nuevo orden del Sur Global.


Referencias Bibliográficas:

Gaceta Oficial 6.978 (Reforma de Hidrocarburos, 29/01/2026).

JP Morgan Oil Report (Flujos de exportación, 01/2026).

OFAC License GL52 (Departamento del Tesoro EE. UU., 18/03/2026).

Warrior Diplomacy Newsletter (Análisis multilateral, 22/03/2026).

CEBRI Journal (Marco de No Alineación Activa).

Geopolitk de Haushofer en la actualidad

Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.

En 2026, la geopolítica de Haushofer no es un fantasma del pasado, sino un espejo de las tensiones actuales. La transición de un mundo regido por leyes internacionales a uno dictado por la necesidad biológica y geográfica de los Estados-organismo valida la preocupación de Cairo (2012) sobre la vigencia del pensamiento determinista.

Andrea Peña

A diferencia de la Geografía Política tradicional, que a menudo se limita al análisis descriptivo, la Geopolitik alemana de entreguerras se concibió como una «ciencia del Estado» (Staatswissenschaft). Según Cairo (2012), esta disciplina no solo estudiaba las relaciones externas, sino todas las actividades estatales bajo un prisma ultradeterminista. En el contexto de 2026, donde las fronteras digitales y físicas vuelven a ser el centro del conflicto, los conceptos de Rudolf Kjellén y Karl Haushofer recuperan una relevancia analítica fundamental para entender por qué los Estados actúan más como organismos en competencia que como entidades legales estáticas.

Uno de los aportes centrales que Cairo (2012) destaca de la obra de Kjellén, El Estado como forma de vida (1916), es la crítica a una Ciencia Política dominada por juristas. Para la escuela de Haushofer, era imperativo «recubrir el esqueleto legal con carne y sangre socio-geográfica» (Cairo, 2012, p. 338).

El Estado-Organismo en 2026

Según la visión haushoferiana, la ley debe estar subordinada al poder del Estado (Cairo, 2012), y en el presente año vemos cómo las grandes potencias justifican acciones unilaterales basándose en «intereses de seguridad vital», priorizando su supervivencia biológica-estatal sobre los tratados internacionales. Esto es la primacía del poder por encima de cualquier cosa.

Asumismo, la Geopolítica clásica sostiene que el medio influye directamente en la acción política, y hoy, esto se traduce en la lucha por el control de las tierras raras y los semiconductores, elementos que se han convertido en la nueva «carne y sangre» que permite al organismo estatal funcionar en la era digital.

El Espacio Vital (Lebensraum) y el Sentido del Espacio (Raumsinn)

El concepto de Lebensraum, popularizado por Friedrich Ratzel y radicalizado por Haushofer, definía el espacio vital como el ámbito necesario para la subsistencia y seguridad de un pueblo (Cairo, 2012). Para Haushofer, un Estado sano es aquel que posee un Raumsinn (sentido del espacio) desarrollado. Aquellos que no lo poseen están condenados a «decaer y morir”.

También, Cairo señala que, para esta escuela, el espacio vital no coincide necesariamente con las fronteras jurídicas, sino con la extensión de la cultura o el grupo étnico. En 2026, este razonamiento es visible en la proyección de poder sobre «áreas de influencia» naturales. El control de rutas marítimas críticas y el despliegue de infraestructuras en terceros países (como los corredores bioceánicos) son formas modernas de asegurar un Lebensraum económico y tecnológico que garantice la invulnerabilidad del Estado.

Oekopolitik y la Nueva Autarquía Tecnológica: La Búsqueda de la Autosuficiencia en 2026

Dentro de la estructura de la Ciencia Política que Cairo (2012) describe, la Oekopolitik es el campo que examina los recursos económicos con un objetivo claro: alcanzar la autarquía. La autarquía, definida como la forma óptima de vida del Estado en el terreno económico, es hoy el motor de la desglobalización.

En la teoría de la escuela de Múnich, la Oekopolitik es la disciplina que busca la autarquía para garantizar que el Estado no sea vulnerable a bloqueos externos (Cairo, 2012). En 2026, esta búsqueda de independencia ya no se limita al trigo o al carbón, sino que se ha trasladado a la infraestructura intangible y la energía de transición.

Cabe señalar que los Estados actuales han redescubierto que la dependencia externa es una debilidad biológica y  Proteccionismo Estratégico, las políticas de nearshoring y la creación de ecosistemas industriales cerrados son la versión del siglo XXI de la Oekopolitik de Kjellén. Como señala Cairo (2012), la Geopolítica prescribe el actuar político basado en las condiciones geográficas; en 2026, la «geografía» incluye la ubicación de los servidores de datos y las minas de litio.

En la actualidad tenemos la soberanía de datos y los tratados de energía:

La plena implementación del Reglamento de Datos de la Unión Europea (UE) y las leyes de localización de datos en potencias como India y China. Estas leyes funcionan como una frontera física, pues, al exigir que los datos estratégicos residan en servidores locales, el Estado intenta asegurar su «área natural» de influencia digital. Es una forma de autarquía que impide que el «metabolismo» informativo del Estado dependa de decisiones tomadas en centros de poder extranjeros (Silicon Valley o Beijing).

La economía geopolítica de 2026 está dictada por el control de la energía limpia para evitar la decadencia del organismo estatal. El Acuerdo Estratégico de Hidrógeno Verde 2026 entre el bloque de la UE y el Cono Sur (Chile-Argentina), por ejemplo, no es solo un contrato comercial, sino una medida de Oekopolitik pura, ya que asegura corredores energéticos estables (el Estado-organismo europeo intenta «extraer su sustento de la tierra», incluso si es tierra ajena mediante infraestructura propia, para evitar la muerte por inanición industrial, una preocupación central en el determinismo de Ratzel y Haushofer (Cairo, 2012)).

Las Panregiones: El Orden Multipolar de los Grandes Espacios

Haushofer propuso la creación de Panregiones (Panregionen), grandes espacios económicos integrados en ejes Norte-Sur que garantizaban la autosuficiencia de las potencias dominantes. Y este diseño de Haushofer parece prefigurar la estructura multipolar de 2026: Bloques Regionales, la formación de bloques como el RCEP en Asia o la integración profunda de la Unión Europea bajo criterios de «autonomía estratégica» refleja la búsqueda de estos «grandes espacios económicos» (Grosswirtschaftsraum) mencionados en el texto (Cairo, 2012) y Ejes de Poder, estos bloques no solo buscan el comercio, sino la creación de áreas de seguridad donde la influencia de potencias rivales sea nula, emulando el modelo de panregiones que buscaba evitar conflictos directos mediante la delimitación de esferas de influencia exclusivas.

En 2026, la geopolítica de Haushofer no es un fantasma del pasado, sino un espejo de las tensiones actuales. La transición de un mundo regido por leyes internacionales a uno dictado por la necesidad biológica y geográfica de los Estados-organismo valida la preocupación de Cairo (2012) sobre la vigencia del pensamiento determinista. La búsqueda de autarquía económica, el control del espacio vital y el desarrollo de un sentido del espacio estratégico siguen siendo, cien años después, los pilares de la supervivencia estatal.


Referencias Bibliográficas

Cairo, H. (2012). La Geopolítica como “ciencia del Estado”: el mundo del general Haushofer. Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder.

Unión Europea. (2026). Reporte sobre la implementación del Reglamento de Datos y Autonomía Estratégica. Oficina de Publicaciones de la UE.

Consejo Ártico. (2026). Protocolo sobre Extracción de Minerales Críticos y Seguridad Regional. Estocolmo.

El terror de la esperanza, auge y decadencia del neoliberalismo desde una visión actual

Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela

La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.

Génesis N. Rodríguez G.

Las bases del neoliberalismo incluyen la promoción de la libre competencia, la reducción de la intervención del Estado en la economía, la privatización de empresas estatales, la liberalización del comercio y la desregulación de los mercados. Estas políticas se centran en la idea de que el mercado es el mejor mecanismo para asignar recursos y que la intervención del Estado solo distorsiona el funcionamiento eficiente de la economía. El autor Dos Santos en su libro “El Terror de la Esperanza, Auge y Decadencia del Neoliberalismo” nos ofrece un análisis crítico de las políticas neoliberales y su impacto en América Latina y otras regiones. Argumenta que el neoliberalismo, con su énfasis en la liberalización económica, la privatización y la desregulación, ha exacerbado las desigualdades sociales y ha generado inestabilidad económica en muchos países. Además, en este libro, Dos Santos examina cómo las políticas neoliberales han llevado a crisis financieras, aumento de la pobreza y deterioro de las condiciones laborales. Propone alternativas basadas en la soberanía económica, el fortalecimiento del mercado interno y la protección de los derechos sociales.

Si bien, para hablar de lo que hace o hizo una persona debemos conocer primero quien es, o quien fue, Theotonio Dos Santos fue un economista y sociólogo brasileño reconocido por sus contribuciones al campo de la economía política y el desarrollo económico. Nacido en 1936, Dos Santos fue una figura destacada en el estudio de la dependencia económica y las relaciones internacionales, centrándose en las disparidades económicas entre países desarrollados y en desarrollo.

A medida que estudiamos autores como Dos Santos nos damos cuenta que el impacto del neoliberalismo en la economía global ha sido objeto de debate. Algunos defensores argumentan que ha llevado a un aumento en la eficiencia económica, el crecimiento del PIB y la reducción de la pobreza en algunos países.  Entre estos defensores tenemos autores como:

  • Milton Friedman: En su libro “Capitalismo y Libertad” (1962) argumenta que la intervención del Estado en la economía a través de regulaciones y controles distorsiona el funcionamiento eficiente del mercado. Según él, la promoción de la libre competencia y la reducción de la intervención estatal permiten que los recursos se asignen de manera más eficiente, lo que lleva a un mayor crecimiento económico.
  • En su obra “Camino de Servidumbre” (1944) el autor sostiene que el neoliberalismo promueve la libertad individual y la competencia como motores del progreso económico. Argumenta que la planificación centralizada y la intervención estatal en la economía conducen a la pérdida de libertades individuales y a una asignación ineficiente de recursos. Según Hayek el neoliberalismo favorece la innovación, la eficiencia y el crecimiento económico.

Estos autores son referentes clave en la defensa del neoliberalismo y argumentan que sus principios han contribuido a aumentar la eficiencia económica en la economía global y no al revés. Cabe mencionar que Dos Santos también ha sido criticado por contribuir a la desigualdad económica, la concentración de riqueza en manos de unos pocos, y la erosión de los derechos laborales y sociales. Podemos decir que, en general, el impacto del neoliberalismo en la economía global ha sido mixto, con beneficios y desafíos. Ha habido casos donde ha contribuido al desarrollo económico, pero también ha generado problemas sociales y económicos en otros lugares. La evaluación del impacto del neoliberalismo varía según el contexto específico de cada país y región.

Ahora bien, hagamos referencia de lo leído y analizado en las páginas del libro específicamente desde la pagina 158 hasta la 178. El esquema de recuperación de la economía mundial, que abarca el período de 1983 a 1989, se caracterizó por un funcionamiento basado en dos agujeros negros: el aumento de la deuda pública interna y externa estadounidense, originada en el déficit del Tesoro, que fue la punta de lanza de la recuperación económica internacional en ese mismo período. La imposibilidad de controlar el déficit público y cambiario llevó a una caída en el valor del dólar, lo que a su vez desvalorizó las deudas interna y externa. Esto resultó en una restricción en la demanda de dólares y una disminución en el nivel de demanda norteamericana, generando una depresión global hacia finales de los años ochenta. Los intentos posteriores de recuperación, durante el período Clinton, no lograron superar este esquema, y el gobierno de George W. Bush adoptó los mismos recursos de Reagan, con un concepto mucho más deteriorado.

Principales indicadores económicos del Esquema de Recuperación de la Economía Mundial:

  • Flujos de Capitales hacia Estados Unidos.
  • Transferencia Liquida de Recursos a Estados Unidos
  • Balanza Comercial
  • Importaciones Norteamericanas en el resto del mundo
  • Flujo Liquido del Capital Privado
  • Déficit del Tesoro Norteamericano
  • Deuda Externa Norteamericana
  • Deuda Interna Norteamericana (en billones de dólares)
  • Balanza Comercial (Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental)
  • Flujo de Capitales para Estados Unidos
  • Flujo de Capital liquido

El período entre 1990 y 1993 fue caracterizado por una recesión y crisis política a nivel mundial. La crisis económica, el desempleo, la violencia social, la criminalidad, la corrupción, las crisis políticas y las guerras interétnicas indicaban que la humanidad pasaba por una fase muy difícil en lugar de ingresar en el período de Bienestar anunciado por el neoliberalismo. Se sucedieron intentos de controlar esta situación, destacándose las acciones de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Además, el Grupo de los Siete, que inicialmente se creó para unir los intereses norteamericanos, europeos y japoneses con el fin de detener el avance del Tercer Mundo y de los países socialistas, fue revivido en los años noventa con.la presencia permanente de Rusia.

Este esquema económico refleja la complejidad y las interconexiones entre los flujos financieros internacionales, los déficits fiscales y comerciales, así como la influencia de las políticas económicas y las relaciones geopolíticas en la dinámica global. La respuesta a estas crisis económicas y políticas requirió la participación y coordinación de múltiples actores internacionales, lo que pone en evidencia la importancia del análisis y entendimiento profundo de los fenómenos económicos y políticos para abordar los desafíos globales.

¿En qué consistió esa crisis? Se trató de una fase de larga duración iniciada, de hecho, en 1967-1968, cuando Estados Unidos y Europa tuvieron por primera vez una recesión conjunta tras el auge económico iniciado en 1945. En esa época, asomaron las dificultades para que Estados Unidos mantuviera el respaldo en oro al dólar, tal como se había decidido en 1943, en Bretton Woods.

Esta situación se aceleró en los años siguientes, cuando Estados Unidos anunció crecimientos de 4,3% en 1998, 4,2% en 1999, y 5,2% en 2000. Por otra parte, Japón entró en crisis exactamente en 1992-1993, mientras que Alemania ya había iniciado su caída en 1991 y llegaba a la recesión abierta en 1993, cuando ocurrió la caída de 1,9% de su PIB. Esta situación recesiva prevaleció en los países industrializados en general, afectando sobre todo a África y la Europa del Este, que sufrieron una brutal depresión desde que fueron asaltadas por los neoliberales. Estas regiones quedaron totalmente sometidas al control del Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. La situación es opuesta en Latinoamérica (con las importantes excepciones de Brasil, Cuba y Haití), donde se inició una modesta recuperación económica al comienzo de la década para caer en la recesión desde mediados de los años noventa. El Asia occidental y el Sureste asiático siguieron creciendo hasta 1997; China aparecía como la estrella del crecimiento económico mundial con 12,8% de expansión del PIB en 1992, performance que se mantuvo en toda la década de los años noventa.

Crisis y cotuntura

En varias oportunidades, hemos demostrado que, a partir de 1994, se inició en la economía mundial una nueva fase de crecimiento. En esos años se presentaron crisis de ajuste a esta nueva fase de crecimiento económico global inscrito en los ciclos largos de Kondratiev. Según estos ciclos, descubiertos por el economista ruso, la economía mundial se mueve en períodos de 50 a 60 años caracterizados por una primera fase A en la que predominan los años de crecimiento económico, y se moderan las recesiones, las cuales duran cerca de 25 ó 30 años, seguidas por las fases B del ciclo largo, las cuales se dan en períodos de 25 a 30 años, principalmente dominados por recesiones con reanudaciones moderadas del crecimiento.

La llamada crisis asiática permitió que Japón y a los Tigres Asiáticos reajustaran sus tipos de cambios, lo que dio inicio a un nuevo período de crecimiento que ya se esbozaba en 1999, pero que quedó frustrado por la política recesiva de la FED en 2001. Rusia, envuelta en esa crisis por distintas razones, solicitó una moratoria y se encaminó hacia una redefinición política que hizo viable su recuperación económica a partir de 1999. 171 Brasil hizo un ajuste cambiario con retardo, sólo en 1999, lo que se hizo posible debido al apoyo del sistema financiero internacional para la reelección de Fernando Henrique Cardoso. Este país pasó por una grave crisis en 1998 a consecuencia de esta irresponsabilidad, pero redefinió en parte su política económica con la devaluación cambiaria de enero de 1999.

Para finalizar con mi análisis sobre el tema, hemos podido observar como este texto aborda varios aspectos importantes de la economía mundial y la especulación financiera que ocurrió en los años ochenta y noventa. Se destaca como el crecimiento basado en la deuda pública estadounidense y la inestabilidad de las monedas llevo a una crisis de la deuda externa y a una especulación financiera a gran escala.

La crisis resultante tuvo efectos devastadores en países como Brasil, Latinoamérica, África, Europa Oriental y la antigua URSS, generando altos niveles de desempleo y miseria. La especulación en torno a la deuda estadounidense y los excedentes financieros de Japón y Alemania creo una burbuja que finalmente estallo en 1990, exacerbando el desempleo a nivel mundial. El surgimiento del desempleo en países antes considerados de pleno empleo, como en Europa Occidental y la antigua URSS, ilustra la magnitud de la crisis. La introducción de tecnologías avanzadas en la producción y los servicios resultó en una mayor automatización y robotización, lo que redujo la necesidad de mano de obra y genero pocos empleos nuevos.

La reflexión sobre el impacto de estas tecnologías en la jornada laboral y la distribución equitativa de los beneficios del progreso tecnológico es crucial. La propuesta de reducir la jornada laboral y permitir la contratación de nuevos trabajadores para distribuir los efectos del progreso entre toda la población es una idea interesante y relevante para abordar los desafíos actuales del mercado laboral y la automatización. Además, la discusión sobre como orientar el potencial productivo hacia el beneficio de toda la humanidad, en lugar de favorecer a una minoría, plantea cuestiones fundamentales sobre el sistema económico y la distribución de la riqueza. La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.


Referencias Bibliográficas

Del terror a la esperanza Auge y decadencia del neoliberalismo, Traducción: Amelia Hernández. Versión preliminar. Versión original: Dos Santos, Theotonio (2007), Del terror a la esperanza. Auge y decadencia del neoliberalismo, Venezuela, Editorial Monte Ávila.