El pueblo al pueblo le tocó salvar: análisis de los acontecimientos sociales y políticos tras los sismos en Venezuela (Parte 1)

Mauricio Hernández, estudiante de bibliotecología en la UCV, coordinador local senior de EsLibertad Venezuela y dirigente de Tomos UCV

(…) nos encontramos ante una generación de funcionarios del sector de seguridad sin escrúpulos ni sentido de vocación real, a raíz de la inacción y la ausencia de protestas internas por la misma, al igual que por la faceta de oportunismo que muchos han usado para aprovecharse de la situación [del 24 de junio].

Mauricio Hernández

Desde pequeños, al venezolano le han dicho que el amarillo representa la riqueza, que el azul son los cielos y que el rojo es la sangre derramada en las luchas por la independencia. Hoy, sus riquezas se encuentran en las manos equivocadas a falta de una reivindicación nacional, y el azul de sus cielos se tornó en el rojo de la sangre que sigue cayendo en sus calles. No obstante, la virtud más rara del venezolano demostró que su desorden acopló perfectamente las piezas y sus potestades para lograr en días lo que un Estado incompetente como este controlado por el chavismo haría en años.

En la coyuntura que tenemos al frente, producto de los sismos que sufrió el país el pasado 24 de junio de 2026, caemos en tres verdades innegables: (1) que la sociedad civil se organizó de manera esporádica para ayudar a su propia gente desde las pocas capacidades de las cuales las personas comunes presiden; (2) que nos encontramos ante una generación de funcionarios del sector de seguridad sin escrúpulos ni sentido de vocación real, a raíz de la inacción y la ausencia de protestas internas por la misma, al igual que por la faceta de oportunismo que muchos han usado para aprovecharse de la situación; y (3) que Venezuela no estaba preparada a nivel civil para una catástrofe así, por lo que la centralización de las atribuciones económicas en manos del Estado hará que la reconstrucción de la vida de cada individuo sea un proceso casi intratable.

En concordancia con lo anterior, podemos ver que, históricamente, el actuar del venezolano en decisiones de gran magnitud a través del tiempo ha vislumbrado un comportamiento errático y, a veces, espontáneo —derivado del impulso—. Y eso es algo que podemos notar en los siguientes dos puntos:

La cultura de improvisación y planificación, la cual cobró prominencia en la era del boom petrolero, el derroche masivo de capital y el aumento exponencial de la deuda externa en la década de 1980. Tras la crisis de 1973, el precio del petróleo se multiplicó por cuatro. Posteriormente, Carlos Andrés Pérez nacionalizó el recurso y el hierro, al tiempo que lanzó un plan de inversiones masivas. En consecuencia, se creó una cantidad absurda de empresas estatales y se implantó la costumbre de importar todo lo que se consumía, hasta terminar acumulando una deuda externa colosal.

Eventualmente, los precios del petróleo cayeron de forma desmesurada y las tasas de interés internacionales subieron cuando la deuda externa ya se encontraba en un punto de erosión. Asimismo, dichos aconteceres indujeron al país en una imposibilidad de mantener tantas empresas —las cuales quebraron—, generando una acumulación de pasivos que en ese momento se tornó impagable. Todo esto en virtud de que, tanto los gobiernos de ese entonces como las personas, no vislumbraban una visión a futuro, sino una busqueda inmediata de beneficios y un consumismo extremo para la calidad de vida, perseguian ganancias masivas y dejaban en un segundo plano el tan importante ahorro. Todo ello derivó, más temprano que tarde, en la crisis.

La tendencia al abanderamiento populista que, históricamente, ha marcado la dinámica electoral nacional. Dicha premisa se enfoca en que la población se ha visto envuelta en elecciones cuya competencia por el mandato, aunque no todo el tiempo ha sido profundamente polarizada, sí ha estado enmarcada por una costumbre de captación y selección hacia actores con tendencia populista, poseedores de narrativas divisorias y supuestos sentidos de «pertenencia» o «nacionalistas». Estos líderes tuvieron por objetivo abordar a los votantes a base de apegarse a los sentimientos de manera excesiva y mediante acciones volátiles; debido a ello, podemos resumir esto en una carencia de análisis crítico por parte de la población.

El regimiento electoral, en el sentido previamente planteado, ha sido un hilo trascendental. Empezando por el caudillismo —antes del concepto de populismo que hoy conocemos—, ya que ante el vacío de poder después de la independencia, militares con poder usaban discursos nacionalistas y divisores para movilizar a la población, contando con actores como José Antonio Páez y Ezequiel Zamora. Progresivamente, se pasó por la premisa de Juan Vicente Gómez sobre la imposibilidad de la población para mantenerse por sí misma y lo imprescindible que resultaba un «Gendarme Necesario», además de la narrativa de «estás con el progreso o en contra de la nación». Después, se transitó por la era del boom petrolero y las narrativas de los candidatos de Acción Democrática sobre la repartición justa de los fondos de la industria del petróleo, lo cual dividió a la sociedad en sus propios intereses y discursos de polarización ideológica —cabe aclarar que, aunque esta fue vista como una época que impulsó grandes cambios a nivel democrático, de igual forma funcionó bajo el mismo hilo conductor—.

En resumidas cuentas, el venezolano se deja llevar por los primeros instantes que le propicien la suficiente emoción como para no evaluar si dicha opción se considera viable a largo plazo o pertinente para la situación. No obstante, aun actuando de manera “machucada”, este ser puede llegar a disponer de un alineamiento casi natural con la inmediatez de las situaciones, pudiendo solventar de forma temprana —más no perdurable— diversas contingencias. Tal y como lo plantea Axel Capriles en La picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo:

«El pícaro no puede esperar. Su horizonte temporal es el instante. En la viveza criolla, la previsión y el ahorro de energía para metas a largo plazo son sustituidos por el destello de la oportunidad. No se trata de construir un edificio, sino de encontrar el hueco en la pared para pasar hoy.»

Por lo tanto, la atención de este artículo radica en entender que el desorden por el cual nosotros mismos nos hemos criticado demasiadas veces, fue en ese preciso instante nuestra peor virtud y nuestro mejor defecto. Y que, a distancias de contar con el apoyo institucional y cotidiano de una nación “normal”, evidenciamos lo que para muchos de los venezolanos será visto como la nueva cúspide del descaro por parte de la dictadura. En consecuencia, nos podríamos encontrar en vísperas de un próximo estallido social. Esperemos…

Venezuela: ¿A dónde vamos?

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

Conversando con mi amigo Ricardo Escalante, le contaba entre un capuchino y un té que, de tantas cosas horrorosas y simultáneas que nos ocurren en Venezuela, no hallaba de qué escribir. Le pregunté: «¿A dónde vamos?». Y él me sugirió este título para la nota de esta semana. Una vez más, Ricardo tenía razón.

Venezuela es el producto de muchos desaciertos consecutivos, notables y evitables. Hemos llegado a esta estación de pavor y, en la desesperación, nos preguntamos: ¿cómo salimos del laberinto?

Lo cierto es que no ha habido mejor gobierno para hacerse rico —aquellos que pudieron impunemente— que el chavismo. Eso explica, en buena medida, el desastre. El chavismo incorporó el escenario de elecciones perpetuas, en una magnífica interpretación de una generación de políticos activistas que siguen entendiendo el activismo político como un acto de comercio y desconocen —o no quieren aprender— a ser estadistas.

El chavismo entregó la soberanía venezolana a la tiranía cubana e introdujo en el continente las causas más peligrosas del mundo, comenzando por el terrorismo musulmán árabe y el odio a la nación de Israel, sentimientos que nunca formaron parte del espíritu libertario y tolerante de nuestra nación.

La pérdida de la soberanía no comenzó el 3 de enero. Comenzó el día del hara kiri electoral que entregó el poder a alguien como Chávez y su compañía.

La piña con cereza que decora el jamón es la calamidad de los sismos gemelos en tiempo del consulado compartido de los gemelos siniestros, allende del dolor y muerte, la verdadera tragedia ocurrió antes del antojo natural, pasó cuando Venezuela dio el salto atrás chavista.

Para colmo de males, Venezuela propició —por permitirse que el chavismo durara más que cualquier dictadura en nuestra historia— la intervención más no ortodoxa jamás hecha por los Estados Unidos. Donde la orden del día es controlar recursos y dividendos, y el pueblo de Venezuela que se espere.

Pagan así los venezolanos, los pecados de unas oposiciones camaleónicas, complacientes e incondicionalmente inutiles. Con un liderazgo actual encumbrado por el reconocimiento mundial, que emergió en condenar a los colaboracionistas, que volvió a validar a Maduro participando en su último fraude, y que se retrata en Panamá con todos aquellos que condenó y que dio origen a su esperanza “diferente”.

Mientras tanto el pueblo observa a los esbirros cuidando las caletas entre ruinas, y aplaude a las tropas americanas. ¿A dónde vamos? No se sabe aún. Lo cierto es que no será a lo que creíamos que fuimos desde 1810.

Anatomía de un fracaso institucional: Lo que expuso el terremoto del 24J en Venezuela

Mariangel Sophia Carvajal, politólogo de la Universidad de los Andes (ULA) y Coordinadora Local Senior de EsLibertad Venezuela.

(…) Los terremotos del 24J demostraron que el centralismo gubernamental no solo es ineficiente, sino peligroso. Pese a ello, en medio de las ruinas, (…) bastó la coordinación espontánea de millones de voluntades autónomas —fuera y dentro del país— para salvar vidas allí donde el Estado solo ofreció escombros..

Mariangel Sophia Carvajal

El terremoto doble del pasado 24 de junio sacudió a Venezuela: destruyó edificios, arrebató vidas y ocultó bajo los escombros a muchas personas que, a día de hoy, siguen desaparecidas, y es probable que muchas sean encontradas sin vida. Aunque es cierto que los milagros, después de cinco días, hasta el 29 de junio, siguen sucediendo, porque aún aparecen personas con vida, no es menos cierto que se pudieron haber salvado más vidas si el Estado venezolano hubiese permitido que las personas se prepararan para ello —quizá hasta incentivándolo él mismo—. Por esta razón, podemos afirmar que los sismos también sacudieron al régimen venezolano encabezado ahora por Delcy Rodríguez, a la infraestructura institucional y al chavismo en general; dos cosas quedaron demostradas: por un lado, el deterioro acumulado en 27 años de chavismo, por otro lado, el alto nivel de indiferencia hacia el sufrimiento de la sociedad venezolana.

Actualmente, según la ONU, asciende a 50.000 personas la cifra de desaparecidos a raíz del terremoto; además, un estudio preliminar publicado por la NASA indica que unos 59.000 edificios sufrieron daños estructurales (EFE, 2026). Ahora bien, hablando de heridos y de muertes confirmadas hasta el 01 de julio por Jorge Rodríguez, quien es presidente de la Asamblea Nacional chavista: hay 11.267 heridos y 2.295 muertos (página web de la AN, 2026). Sin embargo, organizaciones internacionales como las Naciones Unidas (Efecto Cocuyo, 2026) o la Organización Panamericana de la Salud (El Nacional, 2026), apuntan que las cifras son superiores y que ha habido un registro inadecuado de víctimas, siendo totalmente probable que el régimen venezolano altere datos. Asimismo, la OIM estima que los terremotos afectaron aproximadamente a 6,76 millones de personas (Efecto Cocuyo, 2026). Estas cifras son importantes para dimensionar lo que significó el terremoto en Venezuela, porque, a pesar de que los eventos sísmicos significan y pesan diferente para cada país, la diferencia radica especialmente en el nivel de preparación frente a desastres, insumos en hospitales y construcción segura antisísmica de los edificios.

Tras los destructivos sismos, muchos venezolanos salieron a ayudar a sus compatriotas con recursos escasos y conocimientos limitados. Sin embargo, el deseo de cooperar y la premura de ayudar a aquellos entre los escombros, superó a la coordinación macro necesaria -que no existió- para responder con efectividad, especialmente ante un Estado incapaz de actuar en favor de los necesitados.

Ahora bien, esta desconexión entre la voluntad civil y la parálisis institucional no es un fallo accidental, sino la consecuencia directa de la práctica de un modelo ideológico que hemos vivido los venezolanos desde hace mucho, a saber: el socialismo. En esta catástrofe, Venezuela ha demostrado, una vez más, que la promesa de un Estado protector que lo gestiona todo es, en realidad, una ilusión peligrosa que, en última instancia, también termina por socavar la capacidad de coordinación de la sociedad civil. Para desentrañar tal dinámica es útil analizar el marco conceptual de Hayek en torno a la planificación estatal —siempre en detrimento de la descentralización—.

En este sentido, Hayek plantea que la planificación dirigida por el Estado contiene dos principios, a saber: (1) que debe existir una igualdad absoluta y completa de todos los individuos; y (2) que la gente considere que esa igualdad sea deseable (citado por Borgucci, E., 2012). No obstante, es claro que esa igualdad es imposible de lograr, por tanto, “el discurso del planificador planteará entonces una lucha por una mayor igualdad. En consecuencia, el Estado planificador se debe hacer cargo en su totalidad de las personas a quienes les sirve. Es decir, el Estado planificador tiene ante sí un problema político central” (Hayek, citado por Borgucci, E., 2012, p.360).

¿Qué quiere decir lo anterior? Que el Estado, bajo la premisa planificadora y de la “igualdad”, terminará centralizando todo el poder en su afán y deseo de controlar lo que sucede en la economía del país, lo cual implica, también, darse vía libre a controlar precios, expropiar propiedades, controlar inclusive, en situaciones extremas, donaciones. No obstante, a pesar de todos los esfuerzos que pueda hacer el planificador central restringiendo y regulando todo —o eso intenta—, chocan con una realidad que ya Ludwig von Mises explicó a principios del siglo XX, esto es: sin precios libres, realizar cálculos económicos es sencillamente imposible, y, por tanto, que se asignen correctamente los recursos al tiempo oportuno. Todo ello responde al hecho de que, como también señala Hayek, “ningún planificador central podría poseer suficiente información para lograr la eficiencia (Trescott, P., 2021)”. Es decir, solo se centralizaría el poder, se intentaría imitar las reglas de decisión de una economía competitiva (Trescott, P., 2021) y se intervendría en la acción del mercado, pero igualmente no se lograría la eficiencia ni la prosperidad mantenida a largo plazo.

Ahora, ¿por qué Hayek relaciona la planificación económica por parte del Estado con el surgimiento del un Estado totalitario? Como bien resume Trescott, P. (2021): “Los esfuerzos por persuadir a la gente para que trabajara en pos de un conjunto común conducirían a la propaganda y a la represión del debate libre y la disidencia. (p.1)”.

Todo esto es precisamente lo que sucede en Venezuela desde hace algunos años. Todos hemos visto la represión a la libertad de expresión y la violación al derecho de la manifestación pacífica —consagrado en la Constitución venezolana en el artículo 68—. En general, se sabe que varios derechos humanos y derechos políticos han sido violados por el régimen venezolano. No obstante, el régimen no solo intentó por años centralizar el poder, la economía, la riqueza, etc., sino que, actualmente, también están cometiendo la insolencia de querer centralizar la ayuda, el rescate de personas que quedaron bajo los escombros de los edificios y la distribución bajo control militar. Se reportaron persecuciones a voluntarios que se inscribieron en plataformas digitales para colaborar como traductores con equipos de rescate internacionales. La presión fue tal que la página que concentraba dichos datos tuvo que cerrarse.

El doblete sísmico del 24 de junio ya ha comprobado que toda esta “planificación central” liderada por el Estado en los últimos 27 años de gobierno chavista no tuvo resultados eficientes ni efectivos, porque la mayoría de los edificios e infraestructuras pertenecientes a la “Gran Misión Vivienda Venezuela” -programa habitacional del chavismo lanzado en 2011 para construir viviendas en sectores populares- colapsaron, específicamente en los sectores Caraballeda y Catia La Mar, que se ubican en el litoral central del país, específicamente en La Guaira, Estado Vargas, que fueron de las zonas más afectadas y destruidas de la región central (Diario Las Américas, 2026). Es importante mencionar que, según el Diario Las Américas (2026): “Al menos dos de las cinco estructuras que forman parte del conjunto de la Misión Vivienda se derrumbaron (p.1)”.

El régimen venezolano comenzó con la planificación central y ha terminado desarrollando poderes dictatoriales con el tiempo. Esto es algo que se sabe desde hace años en el país. Pero los resultados de su dictadura y de su “trabajo”, si bien se han podido percibir anteriormente, por ejemplo, con la escasez de alimentos del año 2016, nunca habían sido tan palpables como esta vez con lo sucedido el pasado miércoles 24 de junio. La falta de un gobierno organizado y preocupado por su gente, fuerzas armadas indiferentes e incapaces de coordinar un rescate básico y los edificios mal construidos. Suma a esto ahora el hecho de que no dejen a la sociedad civil coordinarse y que la misma no esté preparada para responder adecuadamente a la crisis, porque no existen nociones básicas para ello, porque el Estado ha querido arrogarse absolutamente todo para ellos, porque “eran nuestros salvadores”.

El terremoto doble del 24J no ocasionó las ruinas de Venezuela, solo las hizo visibles. Lo acontecido el 24 de junio es la demostración empírica y el ejemplo del fracaso de la planificación centralizada que Friedrich Hayek denunció: un sistema diseñado, establecido y aferrado al poder, netamente enfocado en someter al ciudadano, pero totalmente inútil e indiferente para salvarlo.

En un sistema libre y descentralizado, la competencia y la responsabilidad legal obligan a cumplir normas de construcción que harían que los edificios fueran antisísmicos, es decir, pudieran resistir a sismos. La Gran Misión Vivienda Venezuela fue un proyecto que, en 2014, años después de sus inicios, según Transparencia Venezuela (citada por Diario Las Américas, 2026) alertó: “permaneció cubierto por la desidia y la corrupción (p.1)”. Los edificios colapsados y devastados son el resultado de la falta total de ingeniería de calidad, porque la lealtad partidista y los intereses propios prevalecieron sobre la preocupación por la vida de los ciudadanos que habitarían allí.

Adicionalmente, otra de las tesis de Hayek fue comprobada a través del “orden espontáneo” que sucedió al desastre natural del 24 de junio. Como ya mencioné, los valores del venezolano, la resiliencia y la empatía del mundo para con personas —en gran medida— desconocidas, se unieron por el mismo acontecimiento destructivo que sacudió al país —para aquellos venezolanos que vivieron el terremoto en alguno de los estados sacudidos— y por la solidaridad hacia quien lo perdió todo —para aquellas personas, venezolanas o no, dentro o fuera del país, que se solidarizaron difundiendo lo que había sucedido o donando recursos-; demostraron que el orden espontáneo significa, más allá del mercado o de la economía, humanidad.

Como explica Hayek (1966), el orden espontáneo se fundamenta en la reciprocidad y los beneficios mutuos. A diferencia de los sistemas verticales, su estructura “no se basa en una jerarquía única de fines y, por consiguiente, no asegura, en general, que lo más importante llegue antes que lo menos importante (p.185)”.

A este fenómeno el autor lo define como “Catalaxia”, un término derivado del griego ‘Katallattein’, que significa ‘admitir en la comunidad’ y ‘convertir de enemigo en amigo’” (p.184). Es el orden que emerge espotáneamente del intercambio libre, y lejos de exigir una escala de valores o fines centralizada y unitaria, no requiere planificación central ni jerarquía de fines: basta con que cada persona actúe desde su propio conocimiento, permite que los miembros de una sociedad libre tengan “una buena oportunidad de hacer un uso exitoso de sus conocimientos individuales para el logro de los propósitos individuales que efectivamente tengan.” (Hayek, F., 185)

Ahora bien, se sabe que este caso, tal y como lo describe Hayek, no es el caso de Venezuela, pero frente al evento extraordinario que sucedió, los venezolanos antepusieron la preocupación por la vida a la preocupación por ser perseguidos por las fuerzas armadas del país. Y es precisamente allí donde se relaciona lo citado anteriormente con el terremoto en Venezuela. Mi país fue testigo de una catalaxia en su estado más puro y urgente, por cuanto, ante la parálisis y la indolencia del centralismo gubernamental, los venezolanos se movilizaron de forma autónoma para ayudar a sus semejantes. Cada individuo activó su conocimiento local: unos mapeando zonas de desastre en redes sociales, otros difundiendo listas de desaparecidos, otros viajando de otros estados del país para ayudar, y muchos arriesgando su vida en los escombros. El propósito individual de algunos era encontrar a su familia; el de otros, el impulso voluntario de salvar a un extraño; y el de unos últimos, el sentimiento de deber moral de ayudar donando a aquel que lo había perdido todo. Y lo único que limitó esta respuesta ciudadana fue el mismo Estado —en el pasado y ahora—. Con todo, sin un plan central, la libre convergencia de estos fines particulares dio forma a un orden espontáneo de rescate que ha logrado que todo el mundo mire a Venezuela, mire a los damnificados y tenga un nuevo propósito individual: ayudar.

Los terremotos del 24J demostraron que el centralismo gubernamental no solo es ineficiente, sino peligroso. Pese a ello, en medio de las ruinas, la ausencia de autoridades en las primeras horas y la indiferencia estatal, quedó en evidencia la mayor lección hayekiana de nuestra historia reciente: Mi país fue testigo de una catalaxia en su estado más puro y urgente. Bastó la coordinación espontánea de millones de voluntades autónomas —fuera y dentro del país— para salvar vidas allí donde el Estado solo ofreció escombros.

Referencias Bibliográficas

Agencia EFE. (2026). Unos 59.000 edificios resultaron afectados por los terremotos en Venezuela, según una primera evaluación de la NASA. CNN Chile. https://www.cnnchile.com/mundo/unos-59-000-edificios-resultaron-afectados-por-los-terremotos-en-venezuela-segun-una-primera-evaluacion-de-la-nasa/

Asamblea Nacional. (2026). Reportan 2.295 fallecidos por doble terremoto del 24 de junio. En: https://www.asambleanacional.gob.ve/noticias/reportan-2295-fallecidos-por-doble-terremoto-del-24-de-junio

BBC News Mundo. (2026). Así te lo contamos: asciende a más 1.900 el número de muertos tras los terremotos en Venezuela mientras disminuye la esperanza de hallar sobreviviente. En: https://www.bbc.com/mundo/live/czxq45p430lt

Borgucci, E. (2012). La descentralización en el discurso (neo)liberal entre 1940 y 1980. Espacio Abierto, vol. 21, núm. 2. Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela. En: https://www.redalyc.org/pdf/122/12222378007.pdf

Diario Las Américas. (2026). Edificios sociales de misión de Chávez se desmoronan como castillos de arenas por los sismos, según reportes. En: https://www.diariolasamericas.com/america-latina/edificios-sociales-mision-chavez-se-desmoronan-como-castillos-arena-los-sismos-segun-reportes-n5397946

Efecto Cocuyo. (2026). ONU advierte que cifra real de fallecidos por terremotos en Venezuela supera los reportes oficiales. En: https://efectococuyo.com/la-humanidad/onu-advierte-que-cifra-real-de-fallecidos-por-terremotos-en-venezuela-supera-los-reportes-oficiales/

El Nacional. (2026). Sube a 1.943 el número de fallecidos y a 10.571 los heridos por los terremotos en Venezuela. En: https://www.elnacional.com/2026/06/sube-a-1-943-el-numero-de-fallecidos-y-a-10-571-los-heridos-por-los-terremotos-en-venezuela/

Hayek, F. (1966).Los principios de un orden social liberal. En: https://jeffersonamericas.org/wp-content/uploads/2020/08/Hayek07.pdf

Infobae. (2026). La tragedia sísmica en Venezuela expuso la fragilidad de los edificios de la Gran Misión Vivienda, símbolo de la era chavista. En: https://www.infobae.com/venezuela/2026/07/03/la-tragedia-sismica-en-venezuela-expuso-la-fragilidad-de-los-edificios-de-la-gran-mision-vivienda-simbolo-de-la-era-chavista/

Issing, O. (1999). Hayek – Competencia monetaria y Unión Monetaria Europea. Discurso del profesor Otmar Issing, Conferencia Anual en Memoria de Hayek, organizada por el Instituto de Asuntos Económicos. En: https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/1999/html/sp990527.en.html

Molina, T. (2026). Gobierno de Delcy Rodríguez oculta cifras de víctimas del terremoto. En: https://www.elnacional.com/2026/06/delcy-rodriguez-cifras-terremoto-la-guaira-jorge-rodriguez/

Trescott, P. (2021). Hayek se opone a la planificación económica centralizada. EBSCO. En: https://www.ebsco.com/research-starters/history/hayek-opposes-centralized-economic-planning

[*] Este artículo fue publicado en el Blog de Students For Liberty.

El “negocio” del poder

María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)

La fama ha reemplazado al mérito, la popularidad ha reemplazado a la capacidad y el populismo ha reemplazado a la responsabilidad..”

María José Salinas

Durante años nos han dicho que debemos preocuparnos por quienes acumulan riqueza, que los empresarios ganan demasiado dinero, que nadie debería tener tanto, que hay que poner límites a la riqueza. Sin embargo, casi nadie habla de algo mucho más peligroso: la acumulación de poder. Resulta curioso que existan personas convencidas de que un empresario no debería acumular tanta riqueza, pero consideren perfectamente normal que un político pase treinta o cuarenta años viviendo del presupuesto público; nos preocupa la concentración de capital, mas no la concentración de poder. Y la historia demuestra que el poder suele ser mucho más peligroso.

Un empresario arriesga su patrimonio; un político administra el patrimonio de todos. Uno pone en juego su dinero; el otro decide sobre recursos que no le pertenecen. Aun así, la sospecha suele dirigirse hacia quien produce riqueza y no hacia quien administra impuestos.

La consecuencia está a la vista: hemos normalizado ver políticos rodeados de privilegios que jamás aceptaríamos en cualquier otro empleado. Camionetas blindadas, escoltas, choferes, asistentes, viajes, restaurantes exclusivos, propiedades millonarias, patrimonios que crecen de manera sorprendente al ocupar cargos públicos. Lo observamos una y otra vez y nunca nos detenemos a preguntar algo elemental: ¿de dónde salió ese dinero?

La historia latinoamericana está llena de ejemplos. Fidel Castro construyó un régimen basado en la condena de la riqueza privada, pese a que la revista Forbes estimaba su fortuna en alrededor de 900 millones de dólares. Cristina Fernández de Kirchner fue condenada por corrupción y la justicia argentina ordenó el decomiso de cientos de millones de dólares en bienes vinculados a sus causas judiciales. En Venezuela, mientras millones de personas enfrentaban escasez, apagones, inflación y pobreza extrema, las autoridades acumulaban denuncias internacionales por corrupción, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito.

Los nombres cambian, las banderas cambian, los discursos cambian; la tentación del poder permanece. Lo verdaderamente preocupante no es que alguien tenga dinero. Lo preocupante es que quienes viven de recursos públicos terminen acumulando fortunas imposibles de explicar con los ingresos que ellos mismos reportan. Más grave todavía es que muchos ni siquiera cumplen con las responsabilidades básicas para las que fueron elegidos.

La función principal de un gobierno no es repartir favores. No es regalar dinero. No es inaugurar obras con su nombre. No es aparecer en conferencias de prensa. La función de un gobierno es garantizar seguridad, justicia e igualdad ante la ley. Y precisamente ahí es donde demasiados gobiernos fracasan.

Millones de ciudadanos viven con miedo a la delincuencia. Miles enfrentan procesos judiciales lentos, costosos e injustos. La impunidad sigue siendo la regla para innumerables delitos. No obstante, quienes deberían resolver esos problemas suelen vivir protegidos por los privilegios que el ciudadano común jamás tendrá. El privilegio más escandaloso no siempre es económico: es jurídico.

A diferencia de una persona común, que puede pasar años intentando demostrar su inocencia o reclamando justicia, muchos políticos cuentan con fueros, influencias, estructuras partidistas y redes de protección que los mantienen alejados de las consecuencias que enfrentaría cualquier otro ciudadano.

La igualdad ante la ley debería ser el principio más sagrado de una república. Cuando la ley es más indulgente con el gobernante que con el gobernado, deja de existir justicia: lo que existe es privilegio.

Hemos desarrollado una extraña costumbre de tratar a los políticos cual celebridades. Los seguimos. Los defendemos. Los justificamos. Los convertimos en figuras de admiración. Les aplaudimos por hacer aquello para lo que fueron contratados. Aplaudir a un político porque cumple con su trabajo es tan absurdo como aplaudir a un cajero automático porque entrega el dinero que nos pertenece. No está haciendo un favor: está cumpliendo una obligación.

No debería sorprendernos que la calidad de la clase política siga deteriorándose. Para dirigir una empresa se exigen resultados, experiencia, referencias y capacidad demostrada; para dirigir un país parece bastar con la popularidad.

Cada vez es más común ver a influencers, celebridades, actores, deportistas o personajes mediáticos ocupar cargos públicos únicamente gracias a su nivel de reconocimiento. La fama ha reemplazado al mérito, la popularidad ha reemplazado a la capacidad y el populismo ha reemplazado a la responsabilidad.

Ninguna empresa seria entregaría su dirección a alguien solo por ser famoso. Sin embargo, millones de personas están dispuestas a entregar el destino de una nación bajo ese mismo criterio. Si algunos creen que la riqueza debe tener límites, también deberían preguntarse si el poder debería tenerlos.

¿Por qué una persona puede pasar cuarenta años viviendo de la política? ¿Por qué consideramos normal que alguien construya una carrera entera alrededor del presupuesto público? La vieja frase sigue vigente: “los políticos son como los pañales; deben cambiarse con frecuencia y por la misma razón”.

El poder prolongado rara vez mejora a las personas. Con demasiada frecuencia las convence de que las instituciones les pertenecen, de que los recursos públicos son suyos y de que las reglas existen para los demás. Las sociedades libres no se construyen vigilando obsesivamente a quienes generan riqueza: se construyen vigilando a quienes ejercen el poder. El dinero puede comprar comodidad. El poder puede comprar impunidad. El dinero puede perderse. El poder puede utilizarse para manipular leyes, proteger aliados, castigar adversarios y administrar recursos que pertenecen a millones de personas.

La pregunta no es cuánto dinero tiene una persona. La pregunta es cuánto poder estamos dispuestos a tolerar que acumule alguien antes de olvidar que trabaja para nosotros.

El día que dejemos de admirar a los políticos y empecemos a evaluarlos con un rigor semejante al de cualquier empleado; el día que exijamos resultados en lugar de discursos; el día que la ley trate igual al gobernante que al ciudadano; el día que entendamos que el presupuesto público no es propiedad de quienes lo administran, sino de quienes lo financian, habremos dado un paso enorme hacia una sociedad más libre. Pues el mayor privilegio nunca ha sido la riqueza: el mayor privilegio siempre ha sido el poder sin límites.

El día que la tierra se partió y la población se unió: mi vivencia en la tragedia de Venezuela

Por Oriana Aranguren, licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Senior de EsLibertad Venezuela[*].

El pasado 24 de junio (2026), la tierra tembló dos veces con una violencia que mi memoria jamás olvidará. Día feriado en Venezuela, por tanto, no laborable, la mayoría de las personas se encontraban descansando en sus casas o en asuntos familiares cuando el doblete sísmico de que sacudió a Venezuela, con magnitudes de 7.2 y 7.5, fracturó el pavimento y derribó estructuras enteras en el norte del país. Muchos me cuentan que creyeron que era un «temblor normal», como esos que siempre han ocurrido en el país varias veces, pero pronto nos dariamos cuenta de la magnitud del desastre que desgarro el tejido cotidiano de miles de familias.

Cuando el estruendo cesó y el polvo comenzó a asentarse sobre la costa, el panorama en La Guaira era desolador: el principal puerto incomunicado, infraestructuras hechas añicos y un silencio pesado que pronto fue sepultado por los gritos de auxilio. Al ver las primeras imágenes de algunas zonas de Caracas, pero, especialmente, las imagenes aéreas de Caraballeda y Catia La Mar, con edificios de varios pisos reducidos a escombros y cerros que se habían venido abajo, sentí una mezcla de terror y profunda empatía por todos. Tras esto, miles de venezolanos de bien fueron se dispusieron a apoyar en lo que pudieran a los necesitados.

Llegar a la zona más afectada como voluntaria significó chocar de frente con una realidad brutal que los noticieros no logran transmitir. El olor a concreto pulverizado, el eco de las réplicas que ponían a temblar las piernas y las miradas desorbitadas de quienes lo habían perdido TODO en cuestión de minutos marcaron mis primeras horas en el terreno. La sociedad civil, con sus limitados conocimientos y herramientas, movidos por la solidaridad, se organizó rápido, entre el caos y las lágrimas, para remover escombros con las manos desnudas o con lo que tuvieran a la mano, buscando señales de vida.

Sé de algunos que lograron ayudar a sus vecinos a salir de los escombros, y cada vez que lograban sacar a alguien con vida, la emoción contenida estallaba en un llanto colectivo que les devolvía las fuerzas. No obstante, no todos corrieron con la misma suerte; a pesar de los esfuerzos, a muchos les tocó enfrentar el dolor insoportable de recuperar cuerpos sin vida y consolar —si es que acaso es eso posible— a algunos familiares atrapados en el desespero. La tragedia se sentía a flor de piel, en cada caja de suministros que se cargába, en cada botella de agua que se racionaba y en el cansancio físico que desaparecía ante la urgencia de ayudar.

En medio de ese dolor, la indignación no tardó en aparecer al constatar el abandono institucional. Mientras la emergencia humanitaria escalaba y los hospitales locales colapsaban por la falta de insumos, el Estado venezolano demostró una alarmante incapacidad y negligencia para atender la crisis como correspondía. Las respuestas oficiales fueron lentas, burocráticas y totalmente insuficientes para la magnitud de un desastre que dejó miles de edificios destruidos y un saldo trágico de vidas perdidas. Faltó maquinaria pesada, faltó coordinación logística y, sobre todo, faltó la voluntad de proteger a los más vulnerables en el momento más crítico. La ausencia de un plan de contingencia real dejó en evidencia que las prioridades de quienes gobiernan están muy alejadas de las necesidades del ciudadano de a pie.

Sin embargo, lo que el gobierno no pudo o no quiso hacer, lo resolvió la propia población a fuerza de pura solidaridad. Buena parte de la salvación de La Guaira no llegó en caravanas oficiales, sino en las manos de la misma gente afectada, de los vecinos que arriesgaron sus vidas para salvar a otros y de las oleadas de voluntarios civiles que llegamos desde distintas partes del país. Vimos a personas que habían perdido sus propias casas compartiendo lo poco que les quedaba, organizando cocinas comunitarias y tejiendo redes espontáneas para distribuir medicamentos y ropa. Esa resiliencia y hermandad genuina demostraron que el corazón de Venezuela sigue latiendo con fuerza en su gente. Fuimos nosotros, o en presente, somos nosotros… los ciudadanos unidos por el dolor y el amor a nuestra tierra, junto a la ayuda internacional que llegó apenas pudo —sin duda alguna, muy necesaria—, quienes hemos sostenido al país, aunque todo lo demás se caiga a pedazos. Y seguiremos siendo nosotros, también aceptando la ayuda internacional que disponga hacerlo, quienes mantengamos a flote este país, a pesar de las circunstancias.


[*] Apedagos a la solicitud de la autora, no se colocó fotos en esta oportunidad, dado el mensaje y el contexto que dió origen al texto.

El arrebato de la tierra prometida: nivel apocalipsis

La Biblia, especialmente el Antiguo Testamento, habla de la ira de Dios y de cómo el hombre, provisto de libre albedrío, al apartarse de la sabiduría —entendida como comunión sincera con su Creador— y entregarse al pecado, recibe el merecido y terrible castigo.

La mujer de Lot fue convertida en mogote de sal por desobedecer la instrucción divina de huir de Sodoma y Gomorra sin mirar atrás. El arca de Noé fue construida para salvarlo a él, a su familia y a los animales de la creación. Las siete vacas flacas del sueño del faraón de Egipto —aquel que debía su supervivencia ante la inminente hambruna a un modesto joven hebreo, intérprete de sueños e investido de la gracia de Dios, vendido por sus hermanos como esclavo— anunciaron siete años de escasez tras siete de abundancia.

En otras palabras, como decía mi abuela Ángela: “Dios castiga”. ¿Pero por qué se enseña esto con Venezuela? ¿Por qué en 27 años no pegamos una? Las respuestas están todas con nosotros. Todos sabemos lo que nos ha pasado. Venezuela es una llaga abierta, infestada y adolorida, antes incluso de que este par de terremotos simultáneos devastaran Caracas y se ensañaran nuevamente con Vargas.

El espectáculo de la devastación expone a la banda que aún permanece en el poder, sostenida por la administración Trump. Ellos hacen lo que saben hacer: reprimir, impedir el voluntariado de quienes aún sobreviven, incomodarse ante la ayuda internacional y querer encerrar en un hangar de La Carlota a los corresponsales extranjeros para esconder y evadir la flagrancia de su crimen.

La banda en el poder es el verdadero terremoto que devastó a Venezuela. Destruyó sus instituciones, sus símbolos, su infraestructura, sus hospitales, sus escuelas, sus fábricas y sus industrias. Arrastró la vida de sus ciudadanos al éxodo en todos los confines del planeta, a la cárcel, a la muerte, obligándolos a beber del Guaire para seguir adelante.

Por eso aparecen en la zona de desastre después de los rescatistas salvadoreños o mexicanos. Porque los esbirros no saben rescatar. No les interesa. Ellos no saben servir: reprimen, matan, torturan, encierran y hacen añicos a diario la dignidad de los venezolanos.

En Japón y en otros países proclives a catástrofes naturales cotidianas también hay muertos y heridos. La diferencia es que son menos, la mayoría se salva, ellos siempre están preparados. Nosotros no. Nosotros, muchos años antes de ocurrir el evento, ya estábamos destruidos.

No hay esbirro sin opositor. Este cronista ya está convencido de que, aunque en público veamos fariseísmos, vestiduras rasgadas, lágrimas de cocodrilo, golpes de pecho y dramáticas manifestaciones de pesar, este año no habrá elecciones. Y ese es su verdadero dolor. Como los otros reprimen y matan, si de instintos hablamos, estos impresentables solo tienen uno: buscar hacer elecciones aunque se las roben. ¿Cómo hacer campaña y elecciones con centenares de muertos y desaparecidos?

Los chinos escriben la palabra “crisis” con dos símbolos: uno significa peligro y el otro, oportunidad. Vendrán los líderes paridos de esta desgracia, los genuinos, los indispensables.

Las manifestaciones de solidaridad que vemos con asombro en el pueblo sobreviviente —sin distingo de clase, unidos por el dolor y la hermandad— llevan en su seno la promesa de que la nación no ha sido destruida. Existe. Ha sobrevivido y sobrevivirá al chavismo.

La sanación de la desgracia más larga y destructiva jamás sufrida por nación latinoamericana alguna advierte su dramática caída. Y eso no lo va a poder condicionar ni detener ni siquiera quienes cargaron con Maduro y compañía.

¡La Constitución sirve para todo… hasta que la fuerza la deroga!

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

A partir del 3 de enero de 2026, Venezuela rompió, por virtud de una acción militar, su capacidad de apelar a los ciclos recurrentes de sucesión interna como bitácora de referencia. El malandro que se había enconchado en Miraflores fue capturado y extraído del país. Vendrán otros ciclos en el futuro. Primero hay que vivirlos.

En los años recientes, mientras el chavismo silenciaba la voz crítica de la opinión pública, inauguramos un ciclo de verdades inconvenientes que se volvieron prohibidas. Se las presumía inexistentes —actitud respaldada por el silencio cómplice de buena parte de la dirigencia política— y, al no decirlas, se las trataba como irreales. Todo intento de devolver democracia y soberanía fracasó cuando las estrategias carecieron de todos los elementos necesarios para alcanzar sus objetivos.

Ejemplo paradigmático: la presencia cubana. Tras los hechos de la embajada el 11 de abril de 2002, Cuba “no existió” —y sigue sin existir— en la memoria política tanto oficial como opositora. Cuba jamás nos “ocupó”. Todos sabemos, sin embargo, que estábamos invadidos. ¿Cómo se pretendía vencer al chavismo omitiendo a su principal soporte cogobernante durante casi de tres décadas?

Pero este no es el tema central de esta nota. El problema que nos ocupa es el vacío constitucional de Venezuela y su retorno a la legalidad plena sin impunidad.

Venezuela ha vivido fuera del marco jurídico durante 27 años. El mecanismo utilizado por la última Corte Suprema de Justicia presidida por Cecilia Gómez Sosa —consentir por fórceps la figura del referéndum dentro de la Constitución de 1961, que no la contemplaba— constituyó un golpe de Estado de facto. En una eventual comisión de la verdad, esa decisión deberá ser explicada y juzgada.

La Constitución de 1999, aunque usurpadora y anulable debido a los vicios habidos en su modo de creación, andamio justificante de los abusos para el poder que la impuso, fue derogada por la acción militar del 3 de enero. Seguir invocándola como marco vigente es un exabrupto jurídico y político.

¿Cuál es entonces la legitimidad de Delcy Rodríguez en este vacío? Su posición descansa en dos pilares: la continuidad institucional chavista —aunque no legitima— y el elemento de fuerza que hace imperium derivado de la nueva realidad de poder creada por EE. UU. El 3 de enero, el presidente Trump declaró —solo ese día— que “nosotros gobernamos a Venezuela ahora”. El hechizo de no repetirlo no borra la afirmación ni la situación de hecho imperante.

EE. UU. posee un abundante cuerpo de decisiones judiciales vinculantes —con fuerza de ley— conocidos como los Casos Insulares. En ellos se definen los límites constitucionales que rigen la relación tutelar entre EE. UU. y los territorios bajo su control. Recordemos que muchos fueron los territorios controlados en la historia de la primera potencia mundial. Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Japón fueron considerados “no incorporados”, pero bajo control estadounidense.

Nosotros, Venezuela, somos hoy un territorio no incorporado. Es decir, no estamos completa ni formalmente establecidos como parte de la Unión. ¿Qué significa esto? Que la Constitución de los Estados Unidos de América rige para proteger a los ciudadanos venezolanos —aún no incorporados— en sus derechos básicos, pero no gozamos del resto de los derechos y deberes otorgados por la ciudadanía plena de un Estado norteamericano incorporado.

Si los venezolanos deciden asociarse a la Unión Americana, sería borrón y cuenta nueva. Podríamos darnos una constitución estadal autónoma y subordinada al control federal de la Unión, como la que tienen Tennessee o Texas. 

Si, por el contrario, optamos por preservar nuestro devenir independiente, el primer paso debe ser, una vez dadas las condiciones, promover la elección de un Congreso Constituyente Constituido con mandato claro: restablecer la vigencia de la Constitución de 1961 con las enmiendas que la realidad actual exige.

Ese Congreso tendría atribuciones constituyentes para crear una Comisión de la Verdad, órgano por ley orgánica especial, ente substanciador de los delitos y abusos ocurridos en Venezuela a partir del asalto al poder en 1999, y un Tribunal Nacional Especialísimo —plenipotenciario y creado por ley emanada del propio Congreso— que juzgue al chavismo, a sus responsables y asociados-Cero impunidad. El ejemplo de Argentina en 1985 sería la ruta.

Veremos qué ocurre. Preocupante es no ver la voluntad política para promoverlo. Lo que se discuta en contrario busca preservar el horror y blindar la impunidad. De permitirse, volveremos a fracasar.

La dignidad humana no se defiende sacrificando al individuo

Damelys Malave, líder de capítulo Ladies Of Liberty Alliance Aragua

En tiempos donde abundan los discursos que prometen grandes transformaciones sociales a costa de limitar libertades individuales, conviene recordar [que] la dignidad humana (…) pertenece a cada persona.”

Damelys Malave

En los debates políticos contemporáneos se ha vuelto común escuchar que poner al individuo en el centro de la sociedad es una postura egoísta, insensible o incluso contraria al bienestar colectivo. Desde distintas corrientes ideológicas se afirma que la verdadera justicia solo puede alcanzarse cuando los intereses individuales ceden ante las necesidades del grupo, la comunidad o la sociedad en su conjunto. Sin embargo, detrás de esta idea aparentemente noble se esconde una contradicción, a saber, el hecho de que es imposible defender la dignidad humana mientras se ignora la dignidad de cada ser humano concreto.

Con frecuencia se habla de «la sociedad», «el pueblo», «la comunidad» o «el colectivo» como si fueran entidades con existencia propia, separadas de las personas que las conforman. Pero la realidad es mucho más simple: la sociedad no es otra cosa que el conjunto de millones de individuos con sueños, aspiraciones, necesidades y proyectos de vida diferentes. Cuando se afirma que el bienestar colectivo debe prevalecer sobre los derechos individuales, inevitablemente surge una pregunta incómoda: ¿quién decide qué es lo mejor para todos?

La historia ofrece numerosas advertencias. Algunos de los mayores abusos contra la dignidad humana han sido cometidos precisamente por movimientos que aseguraban actuar en nombre del pueblo, de la igualdad o del bien común. Una vez que se acepta la idea de que ciertas personas pueden ser sacrificadas por un objetivo superior, los derechos dejan de ser universales y se convierten en concesiones sujetas a intereses políticos. Quienes disienten pueden ser silenciados, quienes piensan distinto pueden ser excluidos y quienes se resisten pueden ser obligados a obedecer, todo bajo la justificación de servir a una causa mayor.

Resulta paradójico que muchos de los discursos que afirman defender la dignidad humana terminen negando la capacidad de las personas para tomar decisiones sobre sus propias vidas. Se asume que individuos, familias y comunidades no son capaces de elegir correctamente y que, por tanto, una autoridad debe dirigirlos hacia el camino adecuado. Bajo esta lógica, la libertad se percibe como un riesgo y la autonomía como un problema. Pero tratar a las personas como incapaces de decidir por sí mismas no es una forma de proteger su dignidad; es una forma de negarla.

La verdadera dignidad humana implica reconocer que cada persona posee valor por sí misma, independientemente de su utilidad para una causa política, económica o social. Significa aceptar que los seres humanos no son piezas de un tablero ni recursos que pueden movilizarse según los intereses de quienes ostentan el poder. Cada individuo tiene derecho a pensar, elegir, equivocarse, aprender y construir su propio proyecto de vida.

Esto no significa ignorar los problemas colectivos ni abandonar la solidaridad. Por el contrario, las sociedades más fuertes son aquellas en las que las personas cooperan libremente, se ayudan mutuamente y participan activamente en la solución de los desafíos comunes. La diferencia es que dicha cooperación surge del respeto mutuo y no de la imposición.

En tiempos donde abundan los discursos que prometen grandes transformaciones sociales a costa de limitar libertades individuales, conviene recordar una verdad fundamental: la dignidad humana no existe en abstracto. No pertenece a los colectivos, a los partidos o a las ideologías. Pertenece a cada persona. Y cualquier proyecto que pretenda defenderla debe comenzar por respetar al individuo, porque no hay humanidad que proteger si primero se sacrifica a los seres humanos que la conforman.

En voz alta: las verdades incómodas sobre la caída de la democracia venezolana

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

Heródoto, a quien se atribuye ser el padre de la historia, escribió en primera persona. ¿Qué tiene esto de especial o trascendental?

Es el hombre y su circunstancia, su tránsito vital; una vida para contarla, como refería García Márquez de la suya propia. Es el relato prístino de un tránsito catapultado por el dedo del destino: estar donde las cosas pasan.

Esto ocurre con el libro que acaba de publicar Ricardo Escalante, premio nacional de periodismo —época en la que ser ganador no equivalía a ser adepto al gobierno, sino todo lo contrario—, pese a contar con la inteligencia emocional y el don de gentes suficientes para sostener una amistad sincera e incondicional con los personajes que marcaron el devenir de la República de Venezuela hasta su extinción en 1998.

En las páginas de Ricardo hallamos una prosa fresca e incisiva, sin menoscabo del nivel culto que nutrió durante años sus columnas de El Universal.

Ricardo, el joven tachirense de San Cristóbal que se trasladó a Caracas en busca de su destino y vinculó su vida al hecho político central de la era democrática venezolana, nos ofrece una línea de análisis indispensable en estos momentos tan difíciles para la venezolanidad a través de su obra En Voz Alta.

Con precisión de relojero, recorre los personajes y eventos que configuraron la democracia. Figuras indispensables como Rómulo Betancourt, Carlos Andrés Pérez, Gonzalo Barrios, Rafael Caldera, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, entre otros, aparecen en sus luces y sombras con objetividad histórica, en una narrativa yin-yang que alterna pasado y presente sin desorientar al lector; por el contrario, lo sumerge en el hilo de los hechos y su desenlace fatal: el chavismo.

Destaca un elemento fundamental que otros cronistas han pasado por alto o tratado superficialmente: el papel de los empresarios de medios en la campaña de desprestigio contra actores clave y contra el propio sistema de libertades, factor que contribuyó directamente a la caída de la democracia venezolana.

Especialmente Marcel Granier y RCTV como laboratorio de incesante descrédito y crítica no constructiva, al final, el  sistema que destruyó, una vez destruido, hizo fácil su propia caída.

Otro aporte relevante es su análisis cubre abuso de poder como motor de degradación del liderazgo y, el usar la nación y recursos con el criterio Gomecista de la hacienda de su propiedad. 

La ambición desmedida, los intentos de defenestración del adversario político, alcanzaron extremos escandalosos que erosionaron la estabilidad del sistema. Los odios entre antiguos aliados incondicionales —como el caso de Betancourt y Pérez en el escándalo del buque Sierra Nevada—, la obsesión de Luis Herrera Campins por liquidar a Acción Democrática, la ambición ilimitada Caldera y los errores garrafales en materia fiscal y económica terminaron por llevarse por los cachos al país y a sus instituciones, que hoy tanto extrañamos.

De especial valor para el estudio histórico es su relato de la caída del segundo gobierno de CAP, un hombre de buenas intenciones y vocación histórica —a diferencia del egocentrismo calderista—, que sucumbe como el Edipo Rey de la tragedia venezolana.

No pretendo agotar aquí el fascinante y clarividente contenido de la obra de Ricardo Escalante. Solo pretendo motivar a los lectores a procurarse este libro, disponible en Amazon, para que saquen sus propias conclusiones sobre las dolorosas lecciones de nuestra historia reciente, la desaparición como republica independiente latinoamericana y ahora posible nación asociada a los Estados Unidos de América.

Eglée González Lobato: una defensora de la infamia mediada por la ética del avestruz

Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.

… Dado el tiempo en el cargo y la urgencia del momento, a todas luces, ella es cómplice del sufrimiento de miles de familias venezolanas. No hay ni un solo ex preso político, léase bien: NI UNO, que haya sido liberado por mediación de la defensoría del pueblo.

Roymer A. Rivas B.

[*]Un mito popular sostiene que el avestruz esconde la cabeza bajo la tierra por miedo, pero lo cierto es que el avestruz nunca hace eso; lo que hace es presionar la cabeza y el cuello firmemente contra el suelo, dejando su voluminoso cuerpo inmóvil para camuflarse con el entorno cuando detecta un peligro y para evaluar las vibraciones de la tierra. Visto desde lejos, parece que la cabeza del ave desaparece, o que está enterrada, pero nada más alejado de la realidad[1]. De hecho, si la amenaza es inminente, real, no se esconden, utilizan sus fuertes patas para correr a velocidades de hasta 70 km/h o para defenderse.

Este comportamiento, distorsionado por el mito, es lo que dio origen a la metáfora de “la ética del avestruz”[2] para referir a la actitud de ignorar deliberadamente los problemas, la injusticia o la realidad moral con tal de no enfrentar consecuencias. En el argot popular, la metáfora del avestruz se usa para describir la actitud de quien, teniendo una responsabilidad legal y/o moral gigantesca, decide “esconder la cabeza” para evadir el entorno y no actuar conforme a las demandas que la misma realidad le exige. Por esta razón, hoy apelaré a ello para describir al personaje que en la actualidad funge como “Defensora del pueblo”, a saber: Eglée González Lobato (EGL), porque calza perfectamente ella. Para sostener esto como se debe, me di la tarea de diseccionar la carrera de EGL, así que comenzaré desde el principio.

Del aparente disenso al colaboracionismo estatal

Antes de su incorporación formal a las estructuras del Poder Ciudadano, EGL edificó un sólido perfil técnico y docente en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde se desempeñó como directora de la Escuela de Derecho y coordinó la Cátedra Libre Democracia y Elecciones. De hecho, su labor se extendió al Consejo Nacional Electoral (CNE) como consultora jurídica y directora ejecutiva del despacho del exrector Luis Emilio Rondón[3], además de colaborar ad honorem con el Centro Carter[4] y participar en la Red de Organizaciones Civiles Electorales. En esta línea, durante la crisis del 2018, EGL cofundó el Proyecto de Entendimiento Nacional con el fin de proponer reformas electorales, denunciando abiertamente la desconexión existente entre el Poder Electoral y los ciudadanos.

No obstante, más o menos por el mismo periodo es que discurso muta —¿O se quita el disfraz?— de un enfoque “crítico” a las fallas estructurales del régimen chavista para concentrarse en deslegitimar a las principales coaliciones de la “oposición”, de manera específica a la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) y a liderazgos como el de María Corina Machado. Esto llama la atención, porque ella misma había estado cerca de la PUD, a través de la Comisión Nacional de Primarias, que llevaría a la realización de las primarias el 22 de octubre de 2023[5], pero en el año 2024, a través de intervenciones públicas, reprodujo de forma directa los discursos del chavismo. Por ejemplo, en julio de 2024, en una entrevista concedida a la cadena internacional CNN, EGL justificó la viabilidad de la continuidad del chavismo en el poder al señalar que, pese a las encuestas favorables a Edmundo González Urrutia, Nicolás Maduro poseía la “maquinaria y votos” para ganar la presidencia “sin fraude electoral”[6]. No conforme con esto, en enero de 2026 legitimó el discurso de soberanía del régimen de Nicolás Maduro al declarar en el portal chavista La Iguana, junto a la advenediza de Indira Urbaneja, que los cuestionamientos sobre el tutelaje extranjero eran meras ficciones, pues “Gobierna el Gobierno de Venezuela. Eso del tutelaje, del protectorado, es parte del relato de Washington”[7]. Asimismo, catalogó públicamente de “traidores” a quienes solicitaban sanciones internacionales o presión externa contra el narcorégimen chavista[8] y a finales de marzo de este año participó activamente en un evento político dentro de la UCV promovido por el Gran Polo Patriótico y, ante la manifestación pacífica de los estudiantes, quienes denunciaron que los organizadores del evento ofrecían hasta USD$ 100 para cooptar y desmantelar los movimientos estudiantiles autónomos, González Lobato confrontó a los estudiantes exclamando: “No me vengan a hablar como unos fascistas locos”[9].

Con todo, EGL se postula al cargo de la Defensoría del Pueblo y es juramentada como tal por la Asamblea Nacional chavista el 09 de abril de 2026.

La ética del avestruz de la nueva “Defensora del Pueblo”

Ya en el cargo, no es de extrañar que EGL no haya montado una campaña para “defender al pueblo” —que es, en teoría, lo que debe hacer— y sí haya guardado silencio ante los crímenes cometidos por el chavismo y que han salido a la luz en las últimas semanas, especialmente en lo que a los presos políticos respecta. Habrá que adivinar qué aberración de concepto tiene EGL sobre su investidura, pero, se supone, el Defensor del Pueblo en Venezuela es la institución del Estado[10] encargada de promover, defender y vigilar los derechos humanos y las garantías constitucionales, por lo que su objetivo es proteger a los ciudadanos frente a los abusos o fallas cometidos por los órganos de la administración pública. No obstante, EGL, a pesar de tener frente a sus ojos las denuncias de torturas, persecución y la muerte de ciudadanos bajo custodia del Estado, prefiere ignorarlo para no tener que actuar contra el poder que la designó. He aquí precisamente una semejanza con el avestruz, que ella elige no mirar y esconder su cabeza en la burocracia y un comunicado estéril —como lo hizo con el caso de Víctor Quero Navas, constituyendo una burla para su sufrimiento y el de su familia—, al mismo tiempo que simula que el problema en Venezuela no existe o que no es de su incumbencia.

Yo me pregunto: ¿Será que ella cree que el silencio la exime de culpa? Mientras el entorno chavista colapsa y salen a la luz más pruebas fehacientes de los crímenes cometidos por el chavismo en sus mazmorras, y con las víctimas exigiendo justicia, ¿Puede ella llamarse “defensora del pueblo” cuando no hace absolutamente nada para defender “al pueblo”? En este escenario, bien le queda el título de “la Defensora del puesto”, porque se refugia en la comodidad de su despacho y asiste a entrevistas, omitiendo acciones concretas hacia las victimas del chavismo, para salvarse a sí misma y proteger su cargo. EGL no es ignorante, ella tiene formación jurídica, sabe lo que ocurre en Venezuela, pero prefiere camuflarse e intentar mimetizarse con el entorno institucional chavista para pasar desapercibida, midiendo las vibraciones del poder —como buen avestruz— para saber hacia dónde moverse sin arriesgar su posición.

¿Cuál es la diferencia entre ella y el anterior personaje que ostentaba el cargo de “Defensor del Pueblo”? Lo único que le falta a ella es dirigir también sesiones de torturas ella misma, grabarlo y enviárselo a la cúpula chavista. De menos, no tiene que envidiar absolutamente nada. Dado el tiempo en el cargo y la urgencia del momento, a todas luces, ella es cómplice del sufrimiento de miles de familias venezolanas. No hay ni un solo ex preso político, léase bien: NI UNO, que haya sido liberado por mediación de la defensoría del pueblo. Como Defensora del Pueblo, su mandato constitucional le otorga la facultad y el deber de inspeccionar cada uno de los centros de reclusión y velar por los derechos humanos, pero ella decide, por voluntad propia, anular sus facultades de interpelación. Aplica una ceguera y sordera selectivas frente al dolor de las víctimas. Es decir, también como buen avestruz, baja la cabeza y piensa que nadie la ve, pero sigue dejando el cuerpo expuesto, porque, por más que ella intente esconder su responsabilidad detrás de la burocracia, de la hoja de ruta del papeleo o de tecnicismos legales —que es, de hecho, el mismo mal en el que incurrió la comunidad internacional durante todos estos años—, su omisión es gigantesca y visible para todo el mundo[11]. Los delitos del chavismo —presos políticos torturados, falta de atención médica, los asesinatos en sus mazmorras— se quedan ahí para exponer su complicidad ante la opinión pública. Ergo, tú, EGL, no puedes ocultar tus manos manchadas de sangre.

Ella prometió activar “mesas de trabajo” y “comisiones especiales” para revisar algunos casos[12] y coordinar esfuerzos con alcaldías y ministerios para la “humanización de espacios”[13], pero no dice nada de los más de 12400 casos de personas que permanecen detenidas en Venezuela por más de dos años sin haber recibido una sentencia firme[14], o de los más de 8200 reclusos que sobreviven hacinados en centros de detención preventiva diseñados para instancias máximas de 48 horas[15], o del hecho de que cada dos días murió un preso en el año 2025 en Venezuela, el 95% de ellos por falta de asistencia médica[16], o los más de 400 presos políticos que aún siguen en manos del régimen en condiciones inhumanas.

Esto es importante señalarlo, porque al menos el anterior titular del cargo no engañaba a nadie, era una pieza declarada del engranaje chavista. Pero en la coyuntura venezolana actual, el valor de uso de EGL para el régimen es todavía mejor, porque su función no es solo garantizar la impunidad, sino servir de fachada internacional de que “las cosas están cambiando”. Al colocarla en la Defensoría bajo la etiqueta de “la oposición”, el chavismo puede simular un pluralismo inexistente y blanquea su rostro ante el mundo, como lo hizo durante años. Es decir, el régimen ya no necesita fiscales o defensores que griten consignas revolucionarias, porque le son mucho más útiles los personajes “respetables” que aplican el lenguaje sofisticado del derecho para normalizar la tiranía y diluir la gravedad de los crímenes de lesa humanidad en mesas de diálogo estériles[17]. En suma, el nombramiento de EGL es el pago a su labor, servil al chavismo durante años[18].

Excurso: de la ovación al servilismo, la corta memoria del venezolano

Este fraude moral orquestado por el chavismo, llamado: “Defensora del pueblo”, con EGL a la cabeza, adquiere una dimensión personal en mi propia memoria, pues, en el año 2023, apenas semanas después de regresar de mi exilio en Perú, asistí a la novena edición del foro aniversario de Hablan los jóvenes —organizado por la asociación Más Ciudadanos—, celebrado en un auditorio de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en Caracas. Una de las sesiones era un panel que estaba integrado por José Huerta, Robinson Rivas y, especialmente, EGL, moderado por Ana Milagros Parra[19], en el que se hablaban de los aspectos técnicos del sistema electoral[20].

En aquel momento, bajo la efervescencia colectiva y los preparativos para las elecciones primarias de la oposición, la opinión pública orbitaba de manera exclusiva en torno a la ruta electoral. Cuando llegó el turno de palabra de estos personajes, arropados por esa épica artificial y emocional que caracteriza a la “oposición” venezolana, el auditorio entero comenzó a aplaudir con un entusiasmo acrítico. Pero el paroxismo y el delirio generalizado llegaron cuando habló EGL, quien respondió a ciertas inquietudes de algunos presentes, así como objeciones en contra de la ruta electoral planteada, expresando que “sí se iba a poder”. Ante ello, la masa universitaria se desbordó en silbidos, vítores y ovaciones unánimes, aplaudiendo como focas ante su retórica vacía[21].

Visto desde el presente, resulta lamentable constatar cómo figuras que se venden bajo el rótulo de la disidencia y la respetabilidad académica terminan siendo servidores dóciles de la tiranía. Pero lo verdaderamente trágico, más lamentable aún, es el hecho que ilustra lo vivido ese día, ya que es un síntoma inequívoco del mal crónico del venezolano, a saber: la amnesia colectiva. El caso de EGL ilustra deja en evidencia una estrategia chavista bien calculada, que es el posicionar a ciertos personajes en el espectro “opositor”, consiguiendo que parte de la sociedad civil, e incluso la comunidad internacional, aplaudan sus acciones, aparentemente disidentes, para luego usarlos en sustitución de personajes “radicales” dentro del chavismo. Es decir, como ya mencioné, cambiar a los “radicales” por los complacientes, porque al sistema chavista no siempre le conviene colocar a un militante de línea dura del PSUV y le es mucho más útil una figura con credenciales académicas y de disidencia para simular una apertura democrática. De hecho, son estas mismas figuras las que actúan como una válvula de escape, al vender épica electoral que canaliza la frustración de la gente hacia rutas que el chavismo ya tiene controladas o calculadas —¿O necesitan que recuerde todo lo que ha pasado post-primarias?[22]—.

Nadie en ese entorno parece recordar que, apenas unos meses atrás, fueron ellos mismos quienes encumbraron, legitimaron y aplaudieron de pie a EGL, regalándole un poco más del capital político que hoy ella le vende al régimen. Es decir, aplaudieron como focas a un personaje, así como con muchos otros, que luego los han traicionado. Esto, sin duda alguna, dice mucho de la sociedad venezolana y del motivo por el cual, hoy por hoy, vivimos lo que vivimos, que no es más que caer en la retórica del mesianismo y la salida rápida, y todo el que critique es “divisionista” o ya directamente “chavista”[23]. Si bien, el verdadero peligro de este ciclo no es solo que EGL haya terminado en un despacho oficialista ignorando los crímenes de lesa humanidad, sino la mala memoria que lleva a aplaudir y santificar la impunidad de los camaleones políticos —como los que hoy rodean a María Corina Machado—, condenando al país a repetir el mismo ciclo de entusiasmo y traición. Sufrir la injusticia es trágico, pero aplaudir activamente a los arquitectos de tu propio cautiverio es el verdadero triunfo del sistema chavista.

Reflexione usted.


[*] Este texto fue originalmente publicado en: Humano Insurrecto.

[1] ¿Cuán efectivo es eso en la naturaleza? No lo sé, a simple vista me parece tonto que un animal que puede medir hasta 3 metros y pesar 120 kilos pueda creer que se “camufla” haciendo eso. Pero precisamente por eso me parece perfecta la comparación. Sigamos.

[2] Acoto que la expresión no es una teoría o rama de la filosofía moral, simplemente se usa popularmente para aludir, en el ámbito de la ética, a la actitud descrita en el párrafo.

[3] Luis Emilio Rondón fue rector principal del CNE entre 2014 y 2020, es decir, precisamente el tiempo cuando más crímenes cometió el chavismo contra la sociedad venezolana, y precisamente el tiempo en el que se gesta la falsa constituyente de 2017 y las elecciones presidenciales de 2018. Quizá no pueda acusarlo directa y expresamente de ser una pieza consciente del chavismo —en el sentido conspiranoico—, pero su permanencia en el CNE, sin duda alguna, sirvió para convalidar y oxigenar un sistema abiertamente fraudulento que, al mismo tiempo, ya se había probado blindado ante cualquier acción civil o política que arremetiera contra le sistema chavista. Ergo, al igual que la gran mayoría de los autodenominados “políticos opositores” que hoy acompañan a María Corina Machado, queriendo o no, fue servil a la narcodictadura chavista.

[4] No debemos olvidar, jamás, que el Centro Carter ha sido históricamente servil al chavismo, aunque se distanció en 2024.

[5] Al respecto, tengo un cuento y una reflexión, porque yo conocí directamente a EGL el 15 de septiembre de 2023, es decir, un mes antes de las primarias, en un Auditorio de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en el marco del aniversario de “Hablan los jóvenes”, IX edición. En este mismo espacio casi todos los asistentes le aplaudían como focas cada vez que refería con épica al evento electoral y la situación en Venezuela —“casi todos”, porque yo no me sumé—. Pero eso para el excurso final.

[6] Ver: Carmen Aristegui, ¿Podría lograrse la alternancia en el poder en Venezuela?, 24 de julio de 2024, en Aristegui, podcast de CNN en Español, audio. En: https://www.cnn.com/audio/podcasts/aristegui/episodes/3d363c0a-9ea3-11ee-9a10-ab127088099d (Cit. 12/06/2026). En Venezuela sabemos que eso es imposible, que no había posibilidad alguna de que Nicolás Maduro ganara unas elecciones, y que las encuestas que apuntaran a lo contrario simplemente eran serviles al régimen chavista. Por tanto, que EGL expresara esas palabras en una cadena internacional no podría ser más que una preparación del escenario para el futuro fraude —claro, si “Maduro puede ganar sin fraude”, entonces ya pone en duda cualquier manifestación de “fraude”, una vez se anunciara a Maduro como vencedor—.

[7] Ver: Indira Urbaneja, ¿Cómo se encuentra Venezuela luego del secuestro de Maduro y bombardeo de EEUU? Eglée González Lobato en exclusiva, 08 de enero de 2026, en La Iguana TV. En: https://www.laiguana.tv/articulos/1448662-en-vivo-como-se-encuentra-venezuela-luego-del-secuestro-de-maduro-y-bombardeo-de-eeuu-indira-urbaneja-en-exclusiva/ (Cit. 12/06/2026).

[8] En: Jordan Flores. 2026. Quién es Eglée González Lobato, la nueva defensora del pueblo. Publicado en El Diario. En: https://eldiario.com/2026/04/09/quien-es-eglee-gonzalez-lobato-la-nueva-defensora-del-pueblo/ (Cit. 12/06/2026).

[9] Es decir, ya no solo adopta de forma explícita la retórica chavista, sino que se alinea con la criminalización de la protesta pacífica, más de los estudiantes dentro de las universidades. Ver: VPITV (@vpitv), ¿Por qué la nueva defensora del pueblo llamó ‘fascistas’ a los estudiantes? …, Instagram. En: https://www.instagram.com/reels/DXCdEHBkY6S/ (Cit. 12/06/2026).

[10] … “del Estado”. Adiós la ficticia “división de poderes” que algunos liberales se empeñan en seguir defendiendo. Pero eso no compete aquí, solo no podría dejar de señalarlo. Si gusta profundizar, lea: Michael Huemer. 2019. El problema de la autoridad política. Barcelona, España. Publicado por Editorial Deusto; o el resumen, aplicado al caso venezolano, mediado por otras obras, que hago en cap. 1 de: Roymer Rivas. 2024. En defensa de la Razón, ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio?. Publicado por Humano Insurrecto y ContraPoder News.

[11] En sus declaraciones televisivas tras asumir el cargo, EGL sostuvo que la Defensoría “no está para competir con los partidos políticos ni con las ONG”, definiendo su gestión bajo un enfoque de colaboración no confrontativo con el poder ejecutivo que encabeza Delcy Rodríguez. Ver: Argumentos GV. 2026. Eglée González Lobato: “vengo a construir confianza con acciones concretas desde la Defensoría 1/5”, 13.04.2026. Video de YouTube. En: https://www.youtube.com/watch?v=QCJl0G7xajc (Cit. 12/06/2026). Ella llegó para “construir confianza”, sí, pero confianza para los mismos criminales a los que sirve, no para los ciudadanos venezolanos. Ella no ha cuestionado en ningún momento la legalidad de los arrestos políticos ni la tortura dentro de los centros penales del régimen.

[12] Swissinfo.ch, Defensora del pueblo visita cárcel venezolana de mujeres y se compromete a revisar casos, 04 de mayo de 2026. En: https://www.swissinfo.ch/spa/defensora-del-pueblo-visita-c%C3%A1rcel-venezolana-de-mujeres-y-se-compromete-a-revisar-casos/91362958 (Cit. 12/06/2026).

[13] Argumentos GV. 2026. Eglée González Lobato: “vengo a construir confianza con acciones concretas desde la Defensoría 3/5”, 13.04.2026. Video de YouTube. En: https://www.youtube.com/watch?v=fANBPiMDsb4 (Cit. 12/06/2026).

[14] Ver: Observatorio Venezolano de Prisiones. 2026. El régimen reconoce la crisis penitenciaria, pero no asume responsabilidades. En: https://oveprisiones.com/el-regimen-reconoce-la-crisis-penitenciaria/ (Cit. 12/06/2026).

[15] Ibid.

[16] Ver: Observatorio Venezolano de Prisiones. 2026. En Venezuela murió un preso cada dos días durante 2025. En: https://oveprisiones.com/en-venezuela-murio-un-preso-cada-dos-dias-durante-el-2025/ (Cit. 12/06/2026).

[17] Releo esto y caigo en cuenta que, fácilmente, aplica a toda la “oposición” venezolana.

[18] Es necesario recordar que su postulación fue presentada ante una Asamblea Nacional chavista por el diputado David Uzcátegui, en representación del partido Fuerza Vecinal, es decir, por una organización que ha cohabitado y colaborado con el régimen, y que la aprobación de su designación fue el resultado de un consenso expedito entre las bancadas del Gran Polo Patriótico, la Alianza Democrática y facciones de la “oposición”, excluyendo la participación de la sociedad civil independiente. Esto, por no decir que —apegándome a la Constitución chavista, solo porque a ellos les gusta aludir a ella siempre—, el nombramiento es totalmente inconstitucional. Al respecto, ver: Arcadia Foundation. 2026. Larry Devoe y Eglée González, designaciones en desacato constitucional. Publicado en Arcadia. En: https://arcadiafoundation.org/larry-devoe-y-eglee-gonzalez-designaciones-en-desacato-constitucional/ (Cit. 12/06/2026).

[19] La super analista político.

[20] A ese evento también asistió José María Casal, para el panel: “La Venezuela de las ideas”, acomáñado de Luis P. España y Asdrúbal Oliveros.

[21] Evidentemente, yo me negué rotundamente a sumarme a ese coro complaciente y ciego.

[22] Puede que salga algún aventurero defensor de los procesos que llevó a cabo la oposición venezolana desde entonces hasta ahora, así que a ustedes los mando a leer el cap. 2 de Roymer Rivas, 2024. La oposición venezolana ha fallado, una y otra vez, sin excepción, en derribar el sistema chavista. Más bien han sido funcionales al sistema, el opuesto que su opuesto necesita para existir. Alguno puede decir que “todo es parte del proceso”, pero la verdadera cuestión es: ¿Qué valor o aporte llevaron ciertas acciones a la lucha venezolana? ¿Fue negativa o positiva? Lo que sucedido el 03 de enero de 2026 deja en evidencia que la llamada “oposición” no ha sido más que una pieza domesticada dentro del engranaje del control social, un opuesto complementario que, lejos de subvertir al monstruo estatal, lo delimita, lo convalida y se nutre de él. Es la patología de la normalidad denunciada en En defensa de la razón, una sociedad adicta al engaño místico de las urnas y atrapada en la falsa representatividad democrática, donde participar es aceptar el cautiverio voluntario y legitimar la farsa de un sistema político diseñado estructuralmente para expandir el poder de la tiranía en detrimento de la libertad individual. Mientras la masa amorfa se entrega ciegamente a concursos de popularidad demagógica creyendo que votando se sale de una tiranía, la dirigencia opositora solo ha competido por cuotas de poder y rentas bajo el mismo modelo paternalista y socialista que engendró el desastre.

[23] Curioso, porque la estructura mental chavista los media a ellos y proyectan su condición existencial en otros.