Caracas. – La ira y la impotencia de los venezolanos, sobre todo de quienes habitan en el estado Vargas, es evidente, debido a la lenta y casi inexistente ayuda oficial para rescatar a las víctimas. Desde muchas zonas afectadas en el litoral central, la gente continúa clamando por la presencia de grupos de rescate y de maquinarias que ayuden a sacar a sus seres queridos —todavía vivos— de entre los escombros.
En Vargas, una de las entidades más afectadas por los dos sismos, los vecinos hurgaban entre los escombros para rescatar a Dana, una niña de nueve años enterrada bajo los escombros durante más de 18 horas, que pedía ayuda. Su madre lloraba desconsolada.
«Desde anoche tratando de sacar a la niña y se escucha ahí», contó a los medios que estaban en la zona, Dani Rizo, uno de los vecinos que participaba en las tareas de rescate. Nunca llegó ayuda oficial.
«Está muerta», contó horas más tarde, sumido en la tristeza, con el cuerpo de la niña aún enterrado en una de las decenas de viviendas colapsadas en la parroquia Catia la Mar, un área bastante afectada por los terremotos en ese estado.
En varios sectores, muchos vecinos se reúnen alrededor de los escombros, algunos equipados con mascarillas y otros sin más herramientas que sus manos y piernas, en busca de pertenencias, a la escucha de posibles ruidos que indiquen dónde hay alguien con vida.
Centenares de edificios colapsaron y, bajo los escombros, miles de ciudadanos. La cifra de fallecidos y heridos aumenta por horas, y la ONU estima que alrededor de 50.000 personas se encuentran desaparecidas.
Mientras, los equipos de rescate nacionales parecen escasos, aunque poco a poco se van sumando esfuerzos de rescatistas internacionales provenientes de México, España, EE. UU., Argentina, Salvador o Reino Unido, entre otros.
La gente pide más rapidez en el despliegue de las brigadas de socorro y de la maquinaria para remover pesados bloques de concreto. Aseguran que precisan generadores eléctricos, esmeriles para cortar metales y retroexcavadoras para extraer escombros.
«Hay un espacio donde está una muchacha que me contesta y se llama Jennifer, del piso 11. Sin embargo, no tenemos herramientas, no tenemos cómo ayudar», dijo a agencias noticiosas internacionales, Antonio Bermúdez, de 45 años, otro varguense.
«A pocos metros, allí en el área, están dos hermanos», cuenta. «Uno de ellos responde y dice que está herido en el estómago. Allí está su papá y su hermano de sangre tratando de sacar las placas son muy gruesas. Lo único que tenemos es un pico y una mandarria (…) Ya no podemos hacer más nada», lamentó finalmente.
Habitantes de Vargas —muchos de ellos sobrevivientes—, familiares y voluntarios que incluso se movilizaron desde Caracas, han utilizado sus manos y cualquier tipo de herramienta para mover los escombros que mantienen sepultadas a cientos de víctimas.
No obstante, en todos los sectores es imposible remover los escombros sin equipo especializado debido a la complejidad de la tragedia. Finalmente, tras más de 20 horas de inacción y una escasa presencia de maquinaria pesada tras los potentes sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron al país el miércoles, las autoridades venezolanas anunciaron finalmente el despliegue de más de 11.500 funcionarios de seguridad.
Sin embargo, las agencias de ayuda humanitaria consideran que las primeras 48 a 72 horas son un período crucial para rescatar a las personas con vida, aunque este plazo puede extenderse si tienen acceso a alimentos y agua.
Ante la falta de respuesta oficial, muchos tomaron la iniciativa en la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos, alegando la escasez de rescatistas gubernamentales. Es en los rincones a los que no llegan donde los vecinos de Vargas, armados con lo que pueden, tratan de rescatar a los suyos mientras el clamor es pedir al narcoestado chavista mayor presencia.
Los equipos de rescate apenas comienzan a llegar a las áreas afectadas, tanto en Vargas como en otras regiones también seriamente afectadas. Mientras, muchas personas rondan las zonas de donde saben que podrían estar sus familiares, pero sin certezas. Quizá para cuando logren encontrarlas bajo los cimientos, ya sea demasiado tarde.