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Leroy Garrett

Hipótesis y realidades: otra reflexión sobre Venezuela

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Por Leroy Garrett (@LeroGarrett).

Este cronista escribe en términos de rigurosidad histórica y con un gran acopio de lecciones aprendidas en 27 años de dictadura.

1. Relaciones entre EE. UU. y el chavismo

Cuando Chávez arriba al poder en 1999 —siglo del que no hemos salido, sino que en madurez política nos retrotrajo a las montoneras pregomecistas—, el gobierno de Clinton, por medio del patrocinio de su embajador John Maisto y su doctrina de “Chávez dice una cosa y hace otra”, permitió la naciente y no verificada amenaza chavista. Se asumió que el electo golpista no pondría en peligro el despacho de la cuota petrolera a Estados Unidos. Chávez fue diligente en cumplir esa condición, inclusive implosionando la industria al castrarla de la meritocracia petrolera en 2003.

José Vicente Rangel lo dijo mejor que Maisto: “Chávez no pisa la raya amarilla”.

Chávez aprovechó, hasta entrada la administración Bush junior, la cordialidad que le dieron sus entregas petroleras. Después del 11 de septiembre, esa cordialidad se quebró. Washington mezcló la guerra contra el terror con sus intereses energéticos y desatendió el resurgimiento subversivo subcontinental: Foro de São Paulo y la operación política de Fidel Castro, quien cumplió el sueño que Betancourt le negó: ponerle la mano a Venezuela.

La era Maduro es de fresca recordación: rebelión abierta, sanciones, caída de la infraestructura por corrupción metastásica, delito de Estado y moratoria de deudas interna, petrolera e internacional. El caos.

Quedan preguntas abiertas, no verdades decretadas. ¿Qué papel jugó la inteligencia americana en el régimen de Maduro? ¿Cómo se estimó el control sino-ruso sobre petróleo y minería? ¿Hasta qué punto Washington controlaba a Maduro y hasta qué punto solo a su entorno? El ascenso posterior de operadores del entorno madurista —incluido el de Derwick— al primer plano petrolero de la tutela es un hecho. La explicación de ese ascenso, por ahora, es hipótesis. La FOIA, con los años, confirmará o desechará lo que hoy no está probado.

Lo ocurrido desde el 3 de enero —sobrevivientes del chavismo en el poder, prioridades de Trump e inhabilitados de las “fases”— muestra que los operativos de valía, si los hubo, no estaban en la oposición. Los que estaban no influyeron. Eso tampoco es consigna: es el saldo de los resultados.

2. Lo que no se dice

En política importan los resultados. Después de 27 años este cronista no tiene partido. Sí tiene memoria. La oposición venezolana, incluida su figura de mayor popularidad, ha hecho de las elecciones y del abrazo un programa. No ha hecho de las causas concretas un programa.

Consta, porque lo viví: se pidió a sus organizadores en Estados Unidos apoyo público —no dinero— al holocausto petrolero. No llegó. Consta también lo que sigue sin pronunciamiento abierto y contundente:

•  las deportaciones y el trato a las colonias venezolanas en Estados Unidos, El Doral incluido;
•  los presos políticos;
•  el combate a la impunidad;
•  una política de rescate por fases para los afectados de los terremotos.

El tutor no busca un auditor que le estorbe el diseño energético. Un liderazgo que no se casa con las víctimas tampoco le estorba ni le obliga. El silencio, en ese tablero, no es prudencia: es ausencia.

Los resultados no se decretan. Una medalla no es gobierno. “Tierra de Gracia” describe el abrazo; no describe el Estado, ni la renta, ni la reparación. Mientras tanto, el país sigue con los mismos comisarios: hijos de Fidel y socios de la tutela.

Más que “vente”, hace falta “vamos”: causas, no letanías.

3. Realidades e imperativos

Hay que organizarse a lo Resistencia francesa: por grupos, con herramientas digitales, influyendo en la opinión pública y en el gobierno americano para que las fases incorporen justicia. No basta el nombramiento de un Tribunal Supremo de recambio. Las reparaciones a las víctimas de abusos a los derechos humanos —el holocausto petrolero entre ellas— ya tienen vía. Llegó la hora de tomar el destino más allá del abrazo que vendrá, si acaso, cuando la redención esté asegurada.

Con rosas y fresas no se reparan las letrinas. Llegó la hora de que el mono cargue a su hijo.

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John R. De la Vega, P.A.

Immigration Law
  • Asilo
  • Representaciones en la corte de inmigración
  • Peticiones familiares

John De la Vega es un abogado venezolano-americano que ha ayudado mucho a la comunidad venezolana e hispana en sus procesos migratorios en los Estados Unidos.

John R. De la Vega, P.A.

Immigration Law

John De la Vega es un abogado venezolano-americano que ha ayudado mucho a la comunidad venezolana e hispana en sus procesos migratorios en los Estados Unidos.

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