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Leroy Garrett

Venezuela en beligerancia: La soberanía robada y la salida de la curatela americana

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Por Leroy Garrett.

Durante 27 años, desde la llegada de Chávez al poder, Venezuela se partió en dos pedazos irreconciliables. Uno de ellos funciona como vaso comunicante entre los intereses de ambas facciones, pero está más que comprobado que esas prerrogativas jamás han favorecido al pueblo venezolano.

En agravante, la fracción que detenta el poder por la fuerza —con una Constitución hecha a su medida y defendida incluso por la oposición— nunca ha establecido ni la legitimidad ni la operatividad real del poder público. Para consolidar su control, rompió la soberanía que Venezuela defendía domésticamente desde 1810 y la compartió con Cuba.

El gobierno de facto invoca la soberanía a cada rato. Sin embargo, en el mundo actual ese concepto está en revisión. Surgió de la auctoritas del emperador romano y alcanzó su forma medieval como poder divino del soberano para conducir y defender su reino. Las revoluciones Francesa y Americana transfirieron esa soberanía al pueblo.

Hoy, 27 años después de la cancelación de la Constitución de 1961, Venezuela no es un Estado —lo es solo en beligerancia—. La soberanía no reside en el pueblo porque el control de los poderes públicos lo ejerce una facción a espaldas del pueblo y por la fuerza.

Factores de Legitimación del Poder Público a la Inglesa

La fuente de las instituciones norteamericanas es la Magna Carta: el acuerdo entre el rey Juan Sin Tierra y sus nobles que instrumentó sus deberes y derechos. Fuente universal de las constituciones de occidente, historiadores como David Starkey la refieren también como el mecanismo que ha hecho perseverar la monarquía inglesa por siglos. A diferencia de los otros absolutismos europeos, el rey no era solo un instrumento terrenal de la divinidad de Dios: el monarca es sujeto de la “aclamación popular”.

¿El Fin de la Historia? Francis Fukuyama lo planteó claramente: la democracia liberal y el libre mercado capitalista se consolidaron como el modelo definitivo, cerrando el ciclo de grandes enfrentamientos ideológicos.

Treinta y cinco años después de la caída de la URSS, las instituciones que sostenían el orden mundial (OTAN, ONU, los acuerdos de Yalta, Teherán y Potsdam) ya no son vigentes. El mundo entró en un juego de poder tripartito: Estados Unidos, Rusia y China.

Aunque neocolonial, el aseguramiento territorial de las áreas de influencia no se conforma con acuerdos de intercambio comercial ni con simples alianzas: exige posesión territorial directa como mecanismo de control absoluto de las materias primas. Su hegemonía se basa en apropiaciones territoriales: Rusia + Ucrania, China + Taiwán, Estados Unidos + Canadá + Groenlandia + Venezuela.

La razón es la misma colonial: minerales tradicionales, minerales raros, minerales preciosos y todo el petróleo del mundo. La receta ya no es “acuerdos de cooperación”. Es posesión directa.

¿Apropiación territorial tipo colonial? Muy condenada por las ideologías del siglo XX, perturbadoramente real.

¿Venezuela inmune a una asociación con Estados Unidos?

Un pueblo hambriento, secuestrado o fugitivo global —ocho millones fuera del territorio— no tiene autodeterminación. Es un pueblo de esclavos. ¿A quién le importa hoy el sacrificio de Girardot o el parto en prisión de Luisa Cáceres de Arismendi ante la tragedia actual de los venezolanos?

Creo que Fukuyama tiene razón.

El presidente Trump ha dicho que si se postula en elecciones en Venezuela, ganaría. He aquí la aplicación pura de la doctrina inglesa: quien gobierna no solo tiene legalidad, sino que la soberanía pasa por la aclamación popular. Hoy Venezuela no está bajo tutela, sino bajo curatela americana.

¿Quién puede tener el poder moral o político para rechazar que Estados Unidos ponga en la boleta electoral la pregunta directa a los venezolanos: ¿quieren o no incorporarse a la Unión Americana como el Estado 51?

Las facciones en beligerancia no tienen la legitimidad ni la persuasión para impedir esa pregunta.

Vendrá el falso pensamiento bolivariano contra Estados Unidos, la invocación a “los héroes que nos dieron patria” y el legado espantoso del difunto. El problema es que, al final de la historia, el estómago y el espíritu colectivo de los venezolanos detestan al Che Guevara y al imperio de delincuentes que les arrebataron su país.

Recuperar un país también significa formar parte de la primera potencia mundial: como estado independiente y, al mismo tiempo, parte de la Unión, primus inter pares junto a Texas o California. Eso no lo decidirá la flota anclada en el Caribe. Eso lo decidirán las urnas. Y eso es precisamente lo que aterra a los beligerantes.

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John R. De la Vega, P.A.

Immigration Law
  • Asilo
  • Representaciones en la corte de inmigración
  • Peticiones familiares

John De la Vega es un abogado venezolano-americano que ha ayudado mucho a la comunidad venezolana e hispana en sus procesos migratorios en los Estados Unidos.

John R. De la Vega, P.A.

Immigration Law

John De la Vega es un abogado venezolano-americano que ha ayudado mucho a la comunidad venezolana e hispana en sus procesos migratorios en los Estados Unidos.

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