EE. UU. anuncia una serie de acuerdos con China, incluido que «Irán no puede tener armas nucleares»

La Casa Blanca ha informado este domingo de una serie de acuerdos alcanzados durante la visita del presidente estadounidense, Donald Trump, a China, incluido un consenso sobre que «Irán no puede tener armas nucleares», la desnuclearización de Corea del Norte o pactos comerciales.

«Los dos líderes han acordado que Irán no puede tener armas nucleares, han pedido la reapertura del estrecho de Ormuz y coinciden en que no se puede permitir que ningún país ni organización cobre peajes», ha explicado la Presidencia estadounidense en referencia a las conversaciones entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping.

En cuanto a Corea del Norte, Xi y Trump «han confirmado su objetivo común de desnuclearizar Corea del Norte», una expresión habitualmente utilizada con el formato «desnuclearización de la península de Corea» para incluir a Corea del Sur, aunque en este caso menciona únicamente a Corea del Norte.

A nivel comercial Washington destaca que Trump «ha negociado una serie de compromisos que incrementarán los empleos bien pagados en EE. UU. y abrirán mercados para los productos de EE. UU.».

China comprará 200 aviones Boeing para las aerolíneas chinas, productos agrarios por valor de USD$ 17.000 millones anuales en 2026, 2027 y 2028, renovará las licencias para la exportación de más de 400 factorías cárnicas y hará por levantar todas las suspensiones a industrias cárnicas estadounidenses. También recuperará la importación de aves siempre que las autoridades comprueben la ausencia de gripe aviar.

«China resolverá las preocupaciones de EE. UU. por el déficit en la cadena de suministro de las tierras raras y otros minerales críticos, tales como el itrio, el escandio, el neodimio e el indio», ha explicado la Casa Blanca. También «resolverá las preocupaciones de EE. UU. por la prohibición y las restricciones a la venta de tierras raras y el procesamiento de equipo y tecnologías».

Asimismo se ha pactado la creación de dos organismos para «optimizar la relación económica bilateral: la Junta de Comercio EE. UU.-China y la Junta de Inversiones EE. UU.-China». Estos acuerdos «históricos (…) mejorarán la estabilidad y la confianza en los negocios y los consumidores de todo el mundo», ha resaltado el comunicado de la Casa Blanca.

Trump advierte a Irán de que «el tiempo corre» y que «no quedará nada de ellos» si ataca

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha advertido este domingo a Irán de que «el tiempo corre» en referencia al plazo para la consecución de un acuerdo en las negociaciones que mantienen ambos países, al tiempo que ha avisado de que «no quedará nada de ellos» si finalmente retoma la ofensiva militar contra Irán.

«El tiempo corre para Irán y lo mejor es que hagan algo rápidamente o no quedará nada de ellos. ¡El tiempo es esencial!», ha publicado Trump en redes sociales.

Mientras, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha mantenido este domingo contactos telefónicos con sus homólogos de Corea del Sur, Cho Hyun, y de Qatar, Mohamed bin Abdulrahman al Thani en el marco de la ronda diplomática abierta tras el alto el fuego entre Irán y EE. UU.

«Abbas Araqchi, ministro de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, ha mantenido un intercambio de opiniones esta tarde sobre los últimos acontecimientos regionales en una conversación telefónica con el jeque Mohamed bin Abdulrahman al Thani, primer ministro y ministro de Asuntos Asuntos Exteriores de Qatar», ha publicado el Ministerio de Exteriores iraní en un comunicado.

Previamente, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, ha reprochado a EE. UU. su discurso sobre «preservar la paz y la estabilidad de los mercados de la energía».

«La nueva gran mentira para justificar su guerra ilegal es que están preservando la paz y la estabilidad de los mercados de la energía», ha planteado. «En realidad, ha sido el guerrerismo imprudente de los regímenes de EE. UU. e Israel que frustraron procesos diplomáticos prometedores», ha señalado.

Denuncia así la «agresión militar no provocada contra Irán» que «ha provocado deliberadamente la inseguridad en rutas vitales» para después acusar a Irán de desestabilización «empleando el famoso dicho de Goebbels: ‘Acusa a otros de lo que estás haciendo tú'».

«Es un guión familiar y cínico: crear una crisis y una guerra y después incrementar la tensión aún más con la excusa de ‘restaurar la estabilidad’ y ‘defender la paz'», ha planteado.

Venezuela en beligerancia: La soberanía robada y la salida de la curatela americana

Por Leroy Garrett.

Durante 27 años, desde la llegada de Chávez al poder, Venezuela se partió en dos pedazos irreconciliables. Uno de ellos funciona como vaso comunicante entre los intereses de ambas facciones, pero está más que comprobado que esas prerrogativas jamás han favorecido al pueblo venezolano.

En agravante, la fracción que detenta el poder por la fuerza —con una Constitución hecha a su medida y defendida incluso por la oposición— nunca ha establecido ni la legitimidad ni la operatividad real del poder público. Para consolidar su control, rompió la soberanía que Venezuela defendía domésticamente desde 1810 y la compartió con Cuba.

El gobierno de facto invoca la soberanía a cada rato. Sin embargo, en el mundo actual ese concepto está en revisión. Surgió de la auctoritas del emperador romano y alcanzó su forma medieval como poder divino del soberano para conducir y defender su reino. Las revoluciones Francesa y Americana transfirieron esa soberanía al pueblo.

Hoy, 27 años después de la cancelación de la Constitución de 1961, Venezuela no es un Estado —lo es solo en beligerancia—. La soberanía no reside en el pueblo porque el control de los poderes públicos lo ejerce una facción a espaldas del pueblo y por la fuerza.

Factores de Legitimación del Poder Público a la Inglesa

La fuente de las instituciones norteamericanas es la Magna Carta: el acuerdo entre el rey Juan Sin Tierra y sus nobles que instrumentó sus deberes y derechos. Fuente universal de las constituciones de occidente, historiadores como David Starkey la refieren también como el mecanismo que ha hecho perseverar la monarquía inglesa por siglos. A diferencia de los otros absolutismos europeos, el rey no era solo un instrumento terrenal de la divinidad de Dios: el monarca es sujeto de la “aclamación popular”.

¿El Fin de la Historia? Francis Fukuyama lo planteó claramente: la democracia liberal y el libre mercado capitalista se consolidaron como el modelo definitivo, cerrando el ciclo de grandes enfrentamientos ideológicos.

Treinta y cinco años después de la caída de la URSS, las instituciones que sostenían el orden mundial (OTAN, ONU, los acuerdos de Yalta, Teherán y Potsdam) ya no son vigentes. El mundo entró en un juego de poder tripartito: Estados Unidos, Rusia y China.

Aunque neocolonial, el aseguramiento territorial de las áreas de influencia no se conforma con acuerdos de intercambio comercial ni con simples alianzas: exige posesión territorial directa como mecanismo de control absoluto de las materias primas. Su hegemonía se basa en apropiaciones territoriales: Rusia + Ucrania, China + Taiwán, Estados Unidos + Canadá + Groenlandia + Venezuela.

La razón es la misma colonial: minerales tradicionales, minerales raros, minerales preciosos y todo el petróleo del mundo. La receta ya no es “acuerdos de cooperación”. Es posesión directa.

¿Apropiación territorial tipo colonial? Muy condenada por las ideologías del siglo XX, perturbadoramente real.

¿Venezuela inmune a una asociación con Estados Unidos?

Un pueblo hambriento, secuestrado o fugitivo global —ocho millones fuera del territorio— no tiene autodeterminación. Es un pueblo de esclavos. ¿A quién le importa hoy el sacrificio de Girardot o el parto en prisión de Luisa Cáceres de Arismendi ante la tragedia actual de los venezolanos?

Creo que Fukuyama tiene razón.

El presidente Trump ha dicho que si se postula en elecciones en Venezuela, ganaría. He aquí la aplicación pura de la doctrina inglesa: quien gobierna no solo tiene legalidad, sino que la soberanía pasa por la aclamación popular. Hoy Venezuela no está bajo tutela, sino bajo curatela americana.

¿Quién puede tener el poder moral o político para rechazar que Estados Unidos ponga en la boleta electoral la pregunta directa a los venezolanos: ¿quieren o no incorporarse a la Unión Americana como el Estado 51?

Las facciones en beligerancia no tienen la legitimidad ni la persuasión para impedir esa pregunta.

Vendrá el falso pensamiento bolivariano contra Estados Unidos, la invocación a “los héroes que nos dieron patria” y el legado espantoso del difunto. El problema es que, al final de la historia, el estómago y el espíritu colectivo de los venezolanos detestan al Che Guevara y al imperio de delincuentes que les arrebataron su país.

Recuperar un país también significa formar parte de la primera potencia mundial: como estado independiente y, al mismo tiempo, parte de la Unión, primus inter pares junto a Texas o California. Eso no lo decidirá la flota anclada en el Caribe. Eso lo decidirán las urnas. Y eso es precisamente lo que aterra a los beligerantes.