Caracas. – Las relaciones con el empresario venezolano acusado de corrupción, Alejandro Betancourt, y el haberlo empleado para acercarse al narcorégimen interino de Delcy Rodríguez, le costó el cargo a Mauricio Claver-Carone, el influyente asesor informal de la administración Trump para el caso Venezuela, cuya salida del Gobierno estadounidense se conoció este pasado viernes.
La agencia de noticias Reuters, la cual fue una de las primeras en revelar el despido de Claver-Carone, citó fuentes con conocimiento directo sobre el tema. Según los datos recabados, el exdirector del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ejercía sus funciones en calidad de ciudadano particular, sin un cargo formal en el gobierno estadounidense.
De hecho, en una entrevista con la citada agencia de noticias, el operador petrolero de EE. UU. en Venezuela, reconoció en una entrevista con Reuters, que el “bolichico” Alejandro Betancourt, primo de Leopoldo López y acusado de uno de los mayores desfalcos de la historia de Venezuela a través de contratos fraudulentos en el sector energético, funge como enlace entre el régimen de Delcy Rodríguez y el tutelaje estadounidense.
Al ser consultado por reporteros del servicio informativo de Reino Unido, en una entrevista, sobre algunas relaciones demasiado estrechas con algunos operadores políticos venezolanos, Claver-Carone admitió que, en el marco de las operaciones petroleras entre EE. UU. y la tiranía chavista, “Betancourt ha sido de utilidad porque entiende bien el negocio petrolero en Venezuela” y ayudó a entablar puentes entre las partes.
Las conversaciones entre bastidores de Claver-Carone, quien se desempeñó brevemente como enviado especial de Trump para América Latina al comienzo de su segundo mandato, llegaron a caracterizar el enfoque de Washington hacia la Venezuela post-Maduro.
Claver-Carone fue clave para que la firma estadounidense Centerview se adjudicara un contrato —por valor de más de USD$ 150 millones y sin licitación pública— para reestructurar la deuda venezolana, que asciende a unos 200.000 millones de dólares.
También ayudó a organizar las conversaciones entre el gobierno venezolano y miembros de la oposición, previstas para el 1 de agosto, e intervino en acuerdos petroleros, incluidos algunos casos en los que se adjudicaron a empresas yacimientos potencialmente lucrativos, según ocho fuentes.
Reportaba al secretario de Estado Marco Rubio, quien dirige la política hacia Venezuela. Aunque carecía de cargo formal, Claver-Carone se convirtió en una de las figuras más influyentes de Washington en asuntos venezolanos desde la incursión estadounidense del 3 de enero, en la que fuerzas de EE. UU. capturaron al presidente Nicolás Maduro.
Claver-Carone afirmó que su salida fue voluntaria. Varias fuentes cercanas al asunto aseguraron, sin embargo, que autoridades lo forzaron a abandonar el rol en las últimas semanas.