Por Roymer Rivas, coordinador local senior de EsLibertad Venezuela y teórico del Creativismo Filosófico.
Luis A. Ferré A. dijo: «La patria no es bandera, ni es himno, ni es ruido. La patria es esfuerzo creador, es sentido de responsabilidad social, es respeto a la razón y es amor a la libertad»
Sudamérica ha sido, y sigue siendo, protagonista de incontables frustraciones a lo largo de los siglos; pareciera que el pueblo sudamericano estuviera condenado a reproducir los mismos fracasos, las mismas impotencias, las mismas ilusiones, una y otra vez, como si hiciera suyo la maldición de no poder evitar la repetición del mismo proceso. En este contexto, uno podría preguntarse: ¿Por qué? ¿Cuáles fueron —o son— las causas por las que el sur del continente se encuentra en el estado decadente en el que se encuentra hoy día? ¿Realmente Sudamérica está condenada a ser el protagonista que muere al final de una novela llena de tragedias? ¿Se puede hacer algo para cambiar el rumbo que transita hacia la miseria absoluta? De ser así ¿Cómo hacerlo? Para dar respuesta simple, pero no por ello deja de ser profunda, a estas preguntas, es necesario ilustrar la situación actual; por ello, imagine lo siguiente: (…)
- En un pequeño cuarto situado en algún lugar de la casa, se encuentra un bebe sollozando con su pañal puerco; al escucharlo, los padres primerizos acuden de inmediato en su ayuda y comienzan a atender sus necesidades antes de que el pañal sucio comience a causar estragos en su querido bebe —ya habían sido testigos de varios episodios de dermatitis en la criatura por no tratar el problema a tiempo—; rápidamente, el padre reúne todo lo que necesita, se lava bien sus manos, quita el pañal, limpia al bebe con unas toallitas húmedas, verifica que todo esté bien limpio, aplica crema protectora y, por último, procede a colocarle el nuevo pañal. Sin embargo, aunque éste molestaba al bebe, el pañal no es la razón principal de su sollozo; el padre, ya desesperado, no encuentra qué hacer. La madre se da cuenta de ello y, recordando que ya hacían 3 horas que el nene no ingería alimento, enseguida concluye que tiene hambre; por lo que toma al bebe en sus brazos, se sienta y lo nutre con su pecho; acto seguido, el nene se calma, ya está satisfecho, pues con mucho amor le dieron lo que necesitaba–.
Aplicando el ejemplo anterior a Sudamérica, tenemos que éste es el bebe sollozo, el pañal sucio representa cada uno de los infortunios por los que ha tenido que atravesar y los padres son sus ciudadanos. Ahora, a éste bebe le toco la suerte de poseer padres necios y ciegos; pero no una ceguera física, sino una del tipo intelectual.
Es impresionante ver como Sudamérica —bebe— ha tenido que aguantar los pañales sucios durante mucho tiempo, causando una dermatitis social severa; esto es, irritación y/o malestar colectivo. En el ejemplo, los padres aprendieron de sus errores pasados y se prepararon para afrontar y resolver los problemas que se le pudieran presentar en el futuro; y, si bien es imposible prepararse para absolutamente todo, esta preparación aumentó las probabilidades de tomar mejores decisiones en el futuro en cuanto al cuidado del bebe se refiere. Sin embargo, la ciudadanía sudamericana —padres— ha sido incapaz de aprender de sus errores e informarse para no volver a cometerlos y/o resolverlos de una manera que le garantice el éxito en su futuro.
En otras palabras, los ciudadanos no han aprendido a cambiar los pañales del bebe Sudamérica. Esta nesciencia de los pueblos sobre cómo resolver correctamente sus problemas y, además, de las verdaderas causas que le han hecho, en menor o mayor grado, fracasar a lo largo de toda su historia, ha llevado a que, en pleno s. XXI, gran parte del territorio este conformado por países considerados “de tercer mundo”. Esos rasgos característicos de la sociedad sudamericana, su idiosincrasia, que San Martín ya advertía representaban un problema en su presente y para el futuro de las naciones[1], han sido la razón por la que se ha intentado obtener resultados distintos haciendo siempre lo mismo; atacando consecuencia en lugar de causas; entrando en una espiral descendente rumbo hacia la miseria.
Las agitaciones de siglos “de ensayos en busca de una libertad que no ha existido” han hecho clamar a los pueblos “por un gobierno vigoroso y en una palabra militar; porque el que se ahoga no repara en qué se agarra”[2]; en distintas etapas temporales y durante periodos de tiempo indeterminados, la ceguera intelectual colectiva ha hecho que se confíe en gobiernos que no han hecho más que aprovechar las circunstancias a su favor mientras dilapidan todo aquello que la sociedad valora y anhela y, al mismo tiempo, se encargan de dirigirla hacia la decadencia; y es que, al final, el gobierno es un reflejo de los pueblos, por lo que no se puede esperar “reyes dignos” si “nuestro pueblo [es] muy primitivo”[3].
Infinidades de gobiernos cortados con la misma tijera han pasado por Sudamérica, esa tijera del intervencionismo, que Ludwig von Mises denominó más correctamente “destruccionismo”[4], en donde el Estado extiende sus tentáculos de poder por cada uno de los estratos sociales causando males profundos. Lo sorprendente es que no son gobiernos que llegan a la fuerza, ¡la sociedad los pide! Y vota por ellos en las urnas el día de las elecciones. A pesar de que son elegidos con la idea de que causaran bien, la realidad es que, en el mejor de los casos, han sido como algún tipo de “cintas ergonométricas” de las que se usan en los gimnasios —esas en donde, a pesar de que está caminando o corriendo, el actor no se mueve del lugar; es una ilusión de movimiento, se cree que se está avanzando, pero realmente estas en el mismo sitio—, y, en el peor, son paracitos que absorben los nutrientes de la sociedad.
Ambos casos son malos, pues, para el primer caso, una persona no puede mantenerse caminando o corriendo por tiempo indefinido en la cinta, ya que se desgasta físicamente en el corto plazo y, en caso de que “tenga periodos de descanso”, el hacerlo todos los días tendría como resultado que en el largo plazo el actor baje de peso y/o la fatiga paralizaría al cuerpo; para el segundo, de no atacarlo a tiempo, un parasito representa la muerte del ser vivo del que se alimente —en este caso, la sociedad—. Esto significa que, sea cual sea el caso, la societatis no puede soportar por mucho tiempo este tipo de regímenes; Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela son clara muestra de ello; las personas, sin comprender las raíces históricas y estructurales de sus problemas sociales, esperaban que llegara un mesías para solucionarlos y, como resultado, terminaron dando entrada al Diablo y hospedándolo, no una, sino varias veces.
El caso más reciente del que pueda hacer mención es Chile —un país que podría considerarse de primer mundo en comparación a los hermanos de la región— en donde la sociedad clama su propia destrucción irreflexivamente al solicitar un tipo de gobierno que históricamente ha atentado contra los fines que desean conseguir.
Por este motivo, si tuviera que diagnosticar la enfermedad y extraer una lección de la sociedad sudamericana, y con seguridad es la lección más grande que como población podemos aprender si queremos un mejor futuro, es el hecho de que no hemos aprendido de nuestra historia; y las consecuencias de ello bien las conocemos hoy. Tenemos que mirar al pasado, estudiarlo, analizarlo y comprenderlo junto con el presente para tratar de desentrañar los misterios del futuro. Se trata de determinar la fórmula que dará solución al gran drama sudamericano de hoy y actuar conforme a ella.
Del mismo modo en como los padres del bebe del ejemplo aprendieron de sus errores y se informaron para accionar correctamente en el futuro en pos del bienestar de su hijo, la ciudadanía sudamericana necesita entender/comprender las condiciones del contexto, prepararse con las herramientas y aprovechar correctamente los instrumentos para aumentar las probabilidades de conseguir sus fines, a saber, la felicidad plena. Pero, adicionalmente, no es necesario solo con “saber”, es necesario accionar conforme al conocimiento adquirido; conocimiento que no se aplica no sirve de nada, la sabiduría es práctica. Si esto no sucede, el bebe seguirá sufriendo de dermatitis —cada vez más aguda— a causa de su sucio pañal; es decir, estaremos condenados a repetir una y otra vez los errores, con cada vez peores consecuencias; se seguirá pidiendo y/o aceptando que cada vez más dosis de “destruccionismo” se inyecte en la sociedad —se acumula la suciedad en el pañal—.
Sin embargo, los padres del ejemplo no solo “actuaron” a medias, cuando se dieron cuenta que el nene no paró de llorar al cambiarle el pañal, enseguida la madre se dio reparó en que necesitaba otro tipo de atención: alimento. Un bebe no solo crece y se desarrolla cambiando pañales, necesita otro tipo de atenciones —alimento, amor, tiempo—. Del mismo modo, no es suficiente con que la ciudadanía cambie los pañales de Sudamérica, necesita nutrirlo de algo que, como ya mencione, hace mucho tiempo no existe en el sur del continente, a saber, la libertad. Este es el fundamento que sostiene a una sociedad feraz.
¿Se imaginan si los padres del ejemplo estuvieran coaccionados de realizar todo tipo de acciones en pos del bienestar de la criatura? Difícilmente el bebe no sería atendido correctamente; en la misma línea, ¿Se imaginan que, a medida que avance el tiempo, los padres limiten coactivamente al nene de realizar acciones que repercutirían en un bienestar futuro para el mismo? Este no alcanzaría las metas que se proponga y constituyen su plena felicidad. Esto es porque la libertad es la condición natural del hombre[*] y, al ser así, eso explica el por qué las naciones que más se acercan a ella, de una u otra manera, son las más desarrolladas; no solo económicamente, sino a nivel político, cultural y, en suma, social.
Pero, ¿Qué es la libertad? En palabras sencillas, es estar libres de coacción. Y la coacción existe en la medida en que otros seres humanos, deliberadamente, limiten las acciones de otros actores e intenten modificar su comportamiento para enmarcarlo en su cosmovisión por la violencia o con la amenaza de ella. Por lo que, libertad, en todo tiempo y lugar, significa poder realizar acciones sin ningún tipo de impedimento —más que los impuestos por la naturaleza— para la consecución de nuestros fines, pero esas acciones ejercidas no pueden atentar contra la libertad de un tercero. En este sentido, la libertad implica también que la persona debe hacerse responsable de las consecuencias de sus acciones, sean positivas o negativas.
Esas acciones son previstas por una serie de cálculos subjetivos que realiza la persona para poder decidir qué y cómo ejecutar su plan para alcanzar sus metas; es por eso que la libertad está relacionada con la capacidad de elección de los individuos; es ese poder de elección entre distintas conductas.
Si Sudamérica, que no es más que una abstracción de las características de todos los actores sociales, de la sociedad misma[5], no se alimenta cual bebe, jamás podrá desarrollarse plenamente. Si sus ciudadanos solo se limitan a cambiar pañales, entonces todas las fuerzas y empeño que dediquen a cambiar el rumbo que transitan serán en vano. San Martín dijo que “todo esfuerzo parcial se pierde decididamente”[6], así que el esfuerzo debe ser completo y el foco debe ser la Libertad.
En nombre de la libertad, tanto en el pasado como en el presente, muchos han sido los mayores liberticidas de la historia de Sudamérica; porque han luchado por una libertad e igualdad pervertida; de nada sirve vociferar “¡Libertad!” si, por el contrario, se oprime al pueblo, de nada sirve hablar de “Libertad” si no hay leyes que protejan a los individuos, y, si existen, son ilusorias. Esa libertad de la que se ufanan con palabras no la consiguen porque no saben lo que significa realmente, porque para alcanzar la libertad, la verdadera, su medio ha sido atacar a la misma. No podemos permitir que se nos siga metiendo gato por liebre.
En este contexto, los promotores y defensores de la verdadera libertad —liberales— siempre han sido pocos, por una u otra razón, se ha tenido cada vez menos espacio en estas tierras; sin embargo, pareciera que esto está cambiando. Por el bien de Sudamérica, cada día son más las personas que responden al llamado de la Libertad; ideas que antes solo se encontraban en el plano académico, ahora son más asequibles para el común de las personas.
Esta libertad no debe ser solicitada, sino defendida; porque la libertad es natural y, por tanto, no se solicita, se defiende. No se puede esperar ser libre esperando que otro nos libere. La libertad es el don más preciado que hemos recibido como especie; por ella, se puede aventurar la vida. Ahora bien, ¿Qué implica defender la libertad? En principio, implica velar por la libre acción humana, y para ello se debe respetar la vida y la propiedad privada de todos los actores sociales por igual, sin distinción de unos y otros. La libertad es indisociable de la propiedad privada. En adición, entiéndase que la propiedad privada es mucho más que la posesión de bienes materiales —tangibles—, también hay un campo moral —intangible—, como los pensamientos o el vínculo que se tenga con una persona.
La libertad —junto con la propiedad— es la condición natural del hombre y la explicación por la cual los países más libres son los más desarrollados; basta ver los índices de riqueza entre los países considerados menos libres y los más libres para darse cuenta de eso[7]. Por ello, la no defensa de lo que en cierto modo se nos ha quitado implica el estancamiento y, en el peor de los casos, la involución social; esto, cual cicatriz en la piel, es lo que nos ha marcado como sociedad.
Esta defensa tenemos que hacerla unidos, porque los enemigos de la libertad abundan en nuestro territorio y “se creen autorizados para exterminar hasta la raza de los revolucionarios, sin otro crimen que reclamar éstos los derechos que ellos les tienen usurpados”[8], es necesario internalizar que “divididos seremos esclavos, pero unidos [es] seguro que batiremos”[9].
La ciudadanía sudamericana es el actor principal y el encargado de velar por su futuro, por el futuro de su sociedad. En el pasado, para defender la independencia del territorio no se necesitó más que el orgullo nacional; pero en el presente se necesita más que eso. Para defender la libertad y la propiedad privada, todos los derechos, “se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción, de elevación del alma y, por consiguiente, capaces de sentir el intrínseco y no arbitrario valor de los bienes” que proporciona una sociedad basada en los pilares naturales del progreso de la civilización humana; a saber, la misma libertad. Porque la libertad es el camino, pero también un fin en sí mismo.
El final del sendero que hemos recorrido y se sigue recorriendo, en menor o mayor grado, ha demostrado ser la tiranía de un déspota; bien dijo Mariano Moreno que “si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía”; y ese es el ciclo en el que se ha visto envuelto el bebe Sudamérica.
Esa ilustración, entendida como la capacidad de identificar las causas de los problemas que nos acaecen o acaecerán, poder atacarlas sin ambigüedades y la defensa de la libertad y la propiedad privada, es el nutriente —alimento— que necesita Sudamérica para su desarrollo pleno. Sin embargo, esto no sucederá de la noche a la mañana; un bebe necesita tiempo para desarrollarse; por eso, es posible que los que luchemos acérrimamente por la libertad hoy, no seamos los que vayamos a gozar de los beneficios que ella proporciona. Pero, aun así, vale la pena, porque los beneficios futuros serán cada vez más grandes para la civilización.
Para terminar, me permito hacer un resumen:
Sudamérica es un bebe en pañales —porque como sociedad somos bebes—, y su pañal ha estado sucio por mucho tiempo, por lo que la sociedad está sufriendo de dermatitis aguda y debe ser tratada a tiempo; por ello, es necesario que sus padres, la ciudadanía entera del continente, acudan a su cuidado; pero un cuidado completo. Ahora bien, para que los cuidados sean correctos y beneficiosos para el bebe, la ciudadanía debe prepararse para ello.
Esa preparación implica el conocer nuestra historia, enfocar la vista en las verdaderas causas que llevaron a la sociedad a pasar por todas y cada uno de las dificultades por las que ha atravesado y dilucidar esos contratiempos; esto es, entender que el destino de los pueblos está en su gente, ningún gobierno puede saber lo que es mejor para la sociedad mejor que los actores de dicha sociedad; lo que entraña necesariamente que no se puede seguir pensando ni esperando, como hasta ahora ha sido, en que las intervenciones del Estado solucionen las cuestiones que surjan en algún momento en concreto.
No se puede permitir que se sigan avanzando sobre las libertades de los pueblos; primero, porque es inmoral: segundo, porque, al atentar contra la misma naturaleza humana, sus resultados son nefastos. Defender la libertad —no solicitarla— debe ser el fin de la ciudadanía puesto que la misma es lo que permitirá nutrir a Sudamérica[10] para que la misma pueda crecer y desarrollarse a medida que avance el tiempo. Cuando surjan enemigos de la libertad que utilicen la fuerza como medio para sostener su sistema del mal, entonces es hay que actuar, pero actuar decididamente, porque ningún déspota ha entregado el poder con una sonrisa, de manera que tampoco se puede esperar pasivamente y con una sonrisa que dejen de atacar mágicamente nuestra libertad.
Actualmente, el continente tiene el pañal sucio, y llora por la verdadera libertad, esa que nunca ha existido, pero eso puede cambiar si la sociedad aprehende el cómo cuidar mejor a su bebe —cómo cuidarse a sí misma— y acciona en función de ese conocimiento.
San Martin compartía los ideales liberales de “libertad, igualdad y fraternidad”, “sobre todo si podían llegar a expresarse dentro del orden y con respeto a la vida y a la propiedad de todos los sectores”[11]. Eso debemos promover y defender, no porque lo dice un liberal, sino porque es una condición natural y es solicitada a gritos cada vez que deseamos conseguir algo y no es posible porque las circunstancias, causadas por un mal gobierno, no nos lo permiten. La lucha de y por la libertad y la verdadera igualdad, aquella que es ante la ley[12] y que es moral[13], es lo único capaz de crear una sociedad feraz sostenida en el tiempo y, en consecuencia, nos ayudará a alcanzar la plena felicidad como individuos.
Como indica la frase de cabecera del presente escrito, una Patria —nación, sociedad— no es su bandera, ni su himno, mucho menos líneas que delimitan un territorio en un mapa. La Patria es el esfuerzo creador que surge cuando los actores sociales pueden ejercer libremente sus acciones en pos de la consecución de sus fines; lo que conlleva que se tenga un sentido de responsabilidad social, de respeto a la razón, y como es un ciclo que se retroalimenta, los mismos impulsan a la libertad y, por extensión, a la sociedad. La patria es amor a la libertad, porque sin libertad, no somos nada.[**]
[1] En una carta a Tomás Guigo, a raíz de un problema que se había presentado en ciertas ciudades, San Martín pregunta si “con semejante gente podemos constituirnos en Nación” y le preocupa si se puede alcanzar la felicidad de los pueblos en el futuro con el “carácter”, la “ambición, falta de costumbres, ninguna ilustración y el encono mutuo de los partidos y de hombres particulares”. Características que llevaron a un sinfín de problemas, entre los que se encuentran fuertes desavenencias que derivaban en guerras civiles en épocas en donde todavía se luchaba contra el imperio español. El extracto de esta carta puede encontrarse en: Garcia H. José I. (2011). “Don José, la vida de San Martín”, capitulo X —El cruce de los andes (1816-1817)—, párr. 32. Editorial Sudamericana. (La versión consultada es la Edición en Español en formato Kindle de Amazon).
[2] Ibíd. Capitulo XXII -El reposo de un guerrero (1829-1833)-, párr. 13.
[3] Ibíd. Capitulo III -Reyes indignos, pueblo primitivo-.
[4] El término fue acuñado como concepto político por Ludwig von Mises en 1922 en la quinta parte de su obra titulada “Socialismo: Análisis Económico y Sociológico”. La versión consultada es la Tercera Edición publicada en 1989 por Western Books Foundation. Argentina. (traducción al español de Luis Montes de Oca). Pág. 473.
[5] Esto quiere decir que la ciudadanía es el padre de sí mismo; el progreso social solo depende de todos y cada uno de los actores que conforman la sociedad. Son ellos los que definirán el camino que desean recorrer. Y si estos actores no son libres de ejecutar acciones para su beneficio, de escoger el camino a transitar, entonces el colectivo se verá afectado, y no en buena manera.
[6] Óp. Cit. Don José, la vida de San Martín. Capitulo X -El cruce de los Andes (1818-1817)-.Párr. 2.
[7] Por tan solo ilustrar este hecho, los cinco países que ocupan los primeros puestos del ranking del Index of Economic Freedom —Singapur, Nueva Zelanda, Australia, Suiza e Irlanda respectivamente— tienen un PIB per cápita promedio de 64.800$, en contraste con el de los 5 países menos libres —Corea del Norte, Venezuela, Cuba, Sudan y Zimbabue respectivamente— en donde no llega a los 5.000$. Siquiera Chile o Uruguay, se acercan a esos números —cuentan con 13.232$ y 15.438$ respectivamente—; los 5 países más libres tienen un PIB per cápita superior a la suma de todos los países de Sudamérica —exceptuando Guyana, Surinam y Guayana Francesa—. Estos datos reflejan el mismo resultado en todas las “libertades” con adjetivos —libertad de prensa, pensamiento, acceso a la información, culto, entre otras—. Los datos del PIB per cápita los extraje del Banco Mundial (2020) y el índice de libertad económica puede consultarse en: https://www.heritage.org/index/ranking
[8] Óp. cit. Don José, la vida de San Martin. Capitulo VII -Vamos pal´ norte (1813-1814)-. Párr. 84.
[9] Ibíd. Capitulo XIII -Entre Santiago y Mendoza (1818-1819)-. Párr. 49.
[10] Recuerda, la Sudamérica es una abstracción de las características de las sociedades que lo conforman; por ese motivo, la libertad es lo que nutrirá a sus ciudadanos mientras los mismos nutren a la sociedad; es un ciclo en el que se retroalimentan los individuos y las sociedades y, por tanto, todos ganan. Esto es así porque, si las instituciones sociales, que son comportamientos más o menos pautados y repetitivos a lo largo del tiempo, son resultado de la libre interacción humana, entonces la libertad es lo que permite que la sociedad crezca y se desarrolle en el tiempo.
[11] Ibíd. Capitulo III -Reyes indignos, pueblo primitivo-. Párr. 4.
[12] Igualdad ante la ley significa que se protege y castiga a las personas imparcialmente; sin importan conexiones, riqueza, género o cualquier otra cosa.
[13] Igualdad moral es considerar a todos merecedores de respeto. En una sociedad libre, según Eamonn Butler en su obra titulada: Fundamentos de una sociedad libre, “todos tenemos derechos a tomar decisiones sobre nuestras propias vidas, mientras no causemos daño a otras”. La versión consultada es la edición en español publicada por Fundación para el Progreso -FPP- (2013). Pág. 74.
[*] Cuando escribí este ensayo, consideraba que «la libertad es la condición natural del human», no obstante, con el tiempo reparé en que tal afirmación es errada en la medida en que «Libertad» es un concepto que sólo cobra razón y sentido en sociedad. Hoy considero que la libertad es, de hecho, la condición de posibilidad para que el human pueda desarrollar sus potencias plenamente, según sus circunstancias. Esto deriva en que libertad no es natural en el sentido de que es la naturaleza humana —como antes creía—, sino en el sentido en que responde a nuestra naturaleza y hace posible sus frutos positivos. Las diferencias entre ambas concepciones socodemasiafo grandes, pero aquí no compete explicarlas.
[**] Este ensayo ganó el tercer lugar la 5º Edición del Concurso de Ensayos “José Ignacio Garcia Hamilton”, llevado a cabo por la Fundación Federalismo y Libertad, en el año 2021, siendo publicado también en su página oficial.