El Parlamento israelí aprobó una ley que blinda al primer ministro Benjamín Netanyahu de la posibilidad de ser recusado o declarado no apto para ejercer las funciones propias de su cargo, mientras tiene un juicio abierto por varios cargos de corrupción.
La oposición presentó numerosas objeciones a esa legislación, que fue tramitada de forma acelerada, y se considera «hecha a medida» para proteger a Netanyahu, que enfrenta serios problemas legales con tres casos abiertos por fraude, soborno y abuso de confianza, que él niega.
La legislación impide explícitamente que el Tribunal Supremo ordene a un primer ministro que tome un «permiso de ausencia», vista como una reacción ante los temores de que esa corte pueda obligar a dimitir a Netanyahu por conflicto de intereses, al ser el líder de una coalición de gobierno que promueve una drástica reforma judicial mientras enfrenta varios cargos de corrupción.
De acuerdo con la nueva ley de recusación, solo una mayoría de tres cuartos de los votos de los ministros del gobierno, seguido de la ratificación por el mismo porcentaje de diputados (al menos 90 parlamentarios), puede forzar a un primer ministro para que tome una licencia temporal, y solo por razones de salud mental o física.
Estas medidas no han caído bien al pueblo israelí, quienes se han lanzado a las calles a manifestar su descontento, habiendo enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad del país y los manifestantes.