Emoción y razón: dos elementos interconectados (parte I)

«Una filosofía emocional lleva a actuar sin fines específicos, mucho menos en busca del bienestar personal, es impetuosa; pero una filosofía racional intenta comprender el mundo que le rodea, aceptarlo tal cual es»

Autor

Por Roymer Rivas, teórico del Creativismo Filosófico y coorinador local senior de EsLibertad Venezuela.

Las creencias son el fundamento de la existencia human, en la medida en que aquellas que sostengamos, consciente o inconscientemente, determinan las acciones que ejecutaremos a lo largo de nuestra vida. Por ello, es importante reparar en ellas, porque puede que nuestras acciones se encuentren enmarcadas en creencias que no se amoldan del todo a la realidad. Empero, en última instancia, estas creencias forman un sistema, una filosofía, por lo que se puede decir que la filosofía que sostenga una persona enmarcará sus acciones. Si bien, esta puede tomar un rol pasivo o activo (por decirlo de alguna manera); pasivo cuando el conjunto de valores que rigen la existencia surgen y determinan las misma sin ningún tipo de reflexión, cual animal no-human; y activo cuando dichos valores son pensados y establecidos por la razón, que mide cuán lejos o cerca de la realidad están todos esos mensajes que llegan al consciente y el mismo reflexiona y cuan cerca o lejos se encuentran del conjunto de metas que la misma razón establece en busca del bienestar personal.

He aquí la importancia de la filosofía, que, tal como indica Ayn Rand, nosotros no podemos elegir si necesitamos o no alguna filosofía, y afirmar lo contrario es caer en una contradicción performativa, sino que la “única opción es si defines tu filosofía a través de un proceso consciente, racional y disciplinado de pensamiento, a través de una deliberación escrupulosamente lógica”[1] o, por el contrario, si dejas eso a la deriva, dando paso a que “tu subconsciente acumule un montón de conclusiones injustificadas, generalizaciones falsas, contradicciones indefinidas, proverbios sin digerir, deseos sin identificar, dudas y temores, todos ellos mezclados al azar, pero integrados por tu subconsciente en una especie de filosofía incongruente”[2].

Esto se puede comprender mejor con el símil que hace Rand entre el cerebro del human y el ordenador; “Tu subconsciente es como un ordenador” cuya “principal función es la integración de tus ideas”, ahora bien, ¿Quién se encarga de programar la misma? A juicio de Rand, la “mente consciente”[3]. Si la mente consciente no programa el conjunto de creencias que se encuentran en el subconsciente, ésta queda condenada a divagar por el azar y el human se “entrega al poder de unas ideas que no sabe que ha aceptado”. En otras palabras, sin el consciente o la razón, que es la única herramienta que sirve para aprehender el mundo y adquirir conocimiento[4], es como si el human fuera un robot incapaz de conocer el motivo o sostén de las acciones que realiza.

Comprender esto es importante, porque para Rand las emociones por si solas no son un fundamento sólido que permita al human conocer el mundo que le rodea y sobrevivir, sino que son una especie de impresiones o mensajes que envía el cuerpo que le pueden llevar a actuar de una u otra forma, sin juicio alguno, por lo que forma parte de esa filosofía dejada a la deriva que rige la existencia de la persona; en cambio, lo sensato sería que la mente consciente fije los valores importantes para la persona y estos, a su vez, enmarquen las emociones. Una filosofía emocional lleva a actuar sin fines específicos, mucho menos en busca del bienestar personal, es impetuosa; pero una filosofía racional intenta comprender el mundo que le rodea, aceptarlo tal cual es, y no se deja llevar por las emociones, sino que más bien conoce el motivo de sus emociones y puede someterlos a la voluntad de la razón. Esto se puede apreciar muy bien en la ilustración que usa Rand al inicio de su discurso, cuando habla del astronauta que queda varado en algún planeta extraño del que no puede salir[5]. En ella, el astronauta no hace uso de la razón para determinar donde estaba y cómo podría sobrevivir ante su situación, sino que se deja llevar por la emoción y prefiere que sean otros quienes enmarquen todas sus creencias que, más tarde, determinaran sus acciones (muy probablemente en detrimento de su bienestar); si el astronauta hubiese sido más racional, y por consiguiente más objetivo, habría aceptado su situación y buscado formas de aprehender su entorno, establecer valores y buscar la manera de sobrevivir por sus propios medios, dadas las circunstancias, sin dejar que sea otro quien lo manipule cual títere; dejar que sea la primacía de la razón la que rija su existencia aumentará las probabilidades de éxito de sobrevivir y ser feliz, mientras que dar paso a la primacía de las emociones equivale a la muerte y la infelicidad[6].


[1] Ayn Rand. 2021. Filosofía: quién la necesita. Publicado por Editorial Deusto. Pág. 18.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem., pág. 19.

[4] Ibídem., pág. 20.

[5] Ibídem., pág. 13, 14.

[6] Nota de acote: no estoy de acuerdo del todo con Rand, estimo que se equivoca en la medida en que ve la “razón” como algo plena y solamente consciente, pero esto para otro día. Por ahora, espero que el lector se quede con el mensaje general de que necesita reparar en cuáles son el conjunto de principios o valores que rigen su existencia.

La rebelión de la mente: la importancia del pensamiento crítico en «Himno» y nuestra sociedad actual

«En la sociedad actual, podemos encontrar fuerzas que buscan restringir la libertad individual y la diversidad de pensamiento, por lo que es necesario tener la valentía de cuestionar las normas y las opiniones establecidas para alcanzar el conocimiento y la verdad»

AUTOR

Por Roymer Rivas, coordinador local senior de EsLibertad Venezuela y teórico del Creativismo Filosófico.

En todo tiempo y lugar, el hombre que ha querido alzarse y prevalecer por sobre otros hombres, para someterlos a su voluntad, ha necesitado suprimir la individualidad de cada uno de los sometidos, limitar la expresión libérrima de sus voluntades, para poder dominarlos fácilmente. Con este objetivo, controla el qué y cómo aprenden los sometidos, qué y cómo deben pensar y actuar, y hasta opta por castigar psicológica y físicamente a quienes no se amolden a su cosmovisión.

            No obstante, esto no siempre amerita de una violencia física a escala masiva, también puede darse el caso en el que los sometidos, pudiendo elegir ser libres, deciden abandonar su independencia y se aferran más a su yugo. Parafraseando un poco lo que expresó Étienne de la Boétie en su “Discurso de la Servidumbre Voluntaria” (1574), llega un punto en el que la dominación desnaturaliza tanto al hombre, el único verdaderamente nacido para vivir libremente, que le hace perder el recuerdo de su primer ser y el deseo de recuperarlo.

Tal es el caso que se presenta en “Himno” (1938), la novela de Ayn Rand que retrata una sociedad donde el individuo es suprimido a un punto en el que solo es “bueno” y “real” el “nosotros”, lo referente al colectivo, y los miembros de la sociedad siquiera pueden manifestar algún vestigio de gusto o preferencia sin sufrir las consecuencias. Sin embargo, curiosamente, la mayoría de estos no se animan a sublevarse, a pesar de que no alguna fuerza física que los amenace con someterlos en caso de que suceda tal cosa, pues el sistema ha penetrado por completo en sus almas, sus cadenas son mentales y/o espirituales, su servidumbre es voluntaria.

A pesar de ello, la naturaleza libre del ser humano siempre encuentra la forma de salir a flote y termina por imponerse, así sea tan solo en unos pocos que logran sacar fuerzas para nadar contracorriente. En esta novela distópica, nos encontramos con un ejemplo claro de este hecho cuando el protagonista, Igualdad 7-2521, a pesar de considerar que nació con “una maldición” que siempre lo condujo a pensamientos que estaban prohibidos y generaban deseos que estaban mal según la moralidad de su sociedad, no desistió de encontrar las respuestas a las preguntas que le inquietaban[1].

Él mismo expresa: “sabemos que somos malos, más no tenemos la voluntad ni el poder para resistirnos a ello. Éste es nuestro asombro y nuestro temor secreto: que lo sabemos y no oponemos resistencia”[2]. Sus palabras ilustran que, a pesar de las circunstancias, este “nosotros” llamado “Igualdad 7-2521” tenía una voluntad individual, aunque en su momento no lo sabía.

El considerar “una maldición” lo que le pasaba responde a que en su sociedad no había “una transgresión más vil que obrar o pensar solos”[3]; está prohibido estar solos, prohibido pensar, y prohibido actuar sin que se le ordene, como se le ordene y cuando se le ordene[4].

Esto es así porque el pensamiento crítico, el cual siempre parte de la introspección o reflexión netamente individual, y la búsqueda de conocimiento son considerados amenazas para la estabilidad social y el poder del Estado. Al ser los ciudadanos educados en una única verdad, sin que se les permita cuestionar las ideas establecidas ni buscar nuevas formas de pensamiento, se garantiza la estabilidad del régimen totalitario, pues, mantener a la población en la ignorancia permite manipularla y controlarla más fácilmente. He allí la razón por la cual se persigue y castiga a cualquier persona que se atreva a cuestionar las normas establecidas.

En la novela, esto queda retratado cuando Igualdad 7-2521, un hombre que siente una profunda necesidad de conocer y entender el mundo que lo rodea y desde su juventud ha sentido una pasión por la ciencia y la tecnología —lo que considera su “maldición”—, es castigado por su curiosidad, inteligencia y su búsqueda de conocimiento[5], y es obligado a trabajar en un trabajo sin sentido que no le permite desarrollar sus habilidades ni utilizar su mente de manera productiva[6], tanto para él como en beneficio de la sociedad —aunque este no sea su motivador principal—.

Con el tiempo, sus mismas inquietudes intelectuales le llevó a seguir investigando, satisfaciendo su necesidad, y reflexionando sobre el mundo que le rodeaba —aun poniendo en duda lo que él mismo pensaba, pues, su fin era encontrar la verdad, independientemente de si él estaba equivocado o no—. En el proceso, terminó por comprender que todo lo que le habían enseñado como verdad era, en realidad, mentiras con máscaras de certeza, por lo que decide huir al bosque para seguir con sus investigaciones, aunque significara la posibilidad de que no sobreviviera mucho tiempo —o al menos eso creía—.

¿El resultado? Igualdad 7-2521 logró encontrar la palabra prohibida: YO; y junto con ella, pudo reconocerse a sí mismo, encontrar el significado de su vida, ser plenamente feliz. En sus palabras: “Yo soy. Yo pienso. Yo deseo. (…) Esto, mi cuerpo y mi espíritu, es el final de la búsqueda. Yo deseaba saber el significado de las cosas. Yo soy el significado. (…) Porque sé que la felicidad es posible para mí en la tierra. Y mi felicidad no necesita una aspiración más alta para justificarse.”[7]

Ahora bien, ¿Qué podemos aprender de esta obra? La novela nos muestra la importancia del individuo, el pensamiento crítico y la resistencia que debemos poner ante la presión social que busca suprimir nuestro “yo” y condenarnos a la mediocre conformidad de la masa amorfa y moldeable. En la sociedad actual, podemos encontrar fuerzas que buscan restringir la libertad individual y la diversidad de pensamiento, por lo que es necesario tener la valentía de cuestionar las normas y las opiniones establecidas para alcanzar el conocimiento y la verdad.

Sin embargo, es necesario destacar que se requiere una actitud correcta para ir en búsqueda del conocimiento “y” la verdad, es decir, el objetivo no es siempre imponer nuestra cosmovisión del mundo a otros, sino descubrir la verdad, aceptarla tal cual es —incluso si no se apega a lo que pensábamos en un principio—, y defenderla. La duda debe ir acompañada de humildad para reconocer nuestros errores, en caso de ser necesario.

Esta era la actitud de Igualdad 7-2521, él no esperaba tener razón, él solo quería conocer la verdad y aceptarla, sin importar lo que fuese. Una actitud curiosa que constituye una fuerza liberadora para todos los seres humanos que tengan el coraje de tenerla. En la novela, a través de la ciencia y la tecnología Igualdad 7-2521 logra escapar de la opresión y la ignorancia de su sociedad, liberándose a sí mismo; en nuestra sociedad actual, el conocimiento también puede ayudarnos a liberarnos de la ignorancia y la opresión, y podemos usarlo para alcanzar nuestras metas y objetivos.

Solo de esta manera podemos encontrar la felicidad: reconociendo nuestra individualidad, haciéndonos cargos de nosotros mismos y educándonos con actitud curiosa en busca de la verdad para cultivar el pensamiento crítico que nos permitirá defender nuestra libertad, que es la base de todo progreso humano.

Parafraseando al protagonista de la novela, las personas no son herramientas para el uso de otros, no son sirvientes de sus necesidades, mucho menos una pieza de sacrificio para sus altares; lo que sí somos —lo que yo soy, lo que es usted— es un milagro. Su yo es solo suyo. Mi yo es solo mío. Y debemos poseerlo, conservarlo, protegerlo y usarlo en nuestro propio beneficio[8].

Las siguientes palabras con las que decidí terminar este ensayo aplica para todos los humanos: mi YO es “mío para arrodillarme ante él”, yo protejo mi alma, mi pensamiento, mi voluntad, mi libertad, y los frutos que surjan de ellas guiadas por mi razón alimentada con conocimiento veraz[9]. En mi condición, mi mente se rebelará contra todo aquel que se atreva a someterla para amoldarla a su voluntad[*].


[1] Rand, Ayn. (2020). Himno. Publicado por Editorial Deusto. España., pág.24.

[2] Ibíd., pág. 20.

[3] Ibíd., pág. 19.

[4] Como lo ilustra el hecho de que habían alarmas que indicaban cuando dormir y despertar, y cuando ir a los espacios asignados para compartir con otros. Además, estaba prohibido hablar fuera de esos espacios y hasta se había establecido la edad en que debían reproducirse. En palabras de Internacional 4-8818: “todo lo que no está permitido por la ley está prohibido” (ibíd., pág. 29).

[5] En el “Hogar de estudiantes”, al que van desde los 5 años hasta los 15 para estudiar y luego ser enviado a trabajar, es maltratado con latigazos porque el contenido a enseñar era muy fácil para el protagonista y, en consecuencia, resaltaba por sobre otros (ibíd., pág.21-22).

[6] La asignación fue de “barrendero”, cuando pudo ser de mayor provecho en el “Consejo de Eruditos”. El fin de las asignaciones era denigrar a la persona, no explotar su potencial (ibíd., pág. 23-25).

[7] Ibíd., pág. 72, 73.

[8] Ibíd., pág. 73.

[9] Ibídem.

[*] Con este ensayo el autor quedó entre los 7 finalistas del concurso de ensayos del Ayn Rand Center Latin America sobre la novela «Himno», de Ayn Rand, en el año 2023.

La guillotina del pensamiento indiscutible

Por Anthony Parra, coordinador local de EsLibertad Venezuela.

No hay duda de que el capricho de perfección por seres imperfectos ha sido uno de los mayores problemas de la humanidad y uno de sus mayores asesinos. Uno de sus hijos, el utópico Socialismo, cobró la vida de más de cien millones de personas en el siglo pasado.

¿Con qué defienden sus argumentos para soñar en sociedades perfectas que hacen masacres? Pues, varían sus tonos de piel, pero su rostro es el mismo: el constructivismo. «Si las instituciones humanas son producto de él, nosotros podemos moldearlas como queramos» piensan los constructivistas; keynesianismo, psicologismo, conductismo, marxismo a través de la consciencia de clase, gobiernos autoritarios y colectivistas de derecha, teocracias absolutas, todas padecen este síntoma que surge de la enfermedad constructivista.

El constructivismo detesta al ser humano por sus incapacidades, por eso quiere cambiarlo. En el caso que compete a este artículo, si se elimina cualquier pensamiento subversivo o distinto se habrá eliminado cualquier amenaza contra el sistema.

Así, el argumento del pensamiento único y hegemónico es su forma de abusar de lo posible para pedir lo imposible. ¿Quiénes lo protegen? Sus más fieles seguidores, que son, como veremos, manipulados sin darse cuenta para asesinar la teoría que protegen, ¿quién los manipula? Su nombre es el orden espontáneo y es el objeto de este artículo.

Ahora bien, ¿Cómo se puede querer proteger una idea y llevarla a su destrucción? La novela de Ayn Rand, Himno, servirá para ilustrarlo. El protagonista de la historia, Igualdad 7-2521, fue un defensor de su teoría en un mundo de consciencia de clases. Empezaremos con el cuento del personaje con ciertas modificaciones —aunque no por eso pierde el mensaje original—.

El cuento de Igualdad 7-2521

¿Cómo es Igualdad 7-2521? Igualdad en la distópica novela de Rand vive en la consciencia de clase, todo lo que no fuese el pensamiento de la autoridad fue destruido. El colectivo está tan presente que no existe el «Yo».

Igualdad, en el caso de este artículo será como los utopistas creen que es el humano en esta sociedad: incapaz de cuestionar o de pensar en otra cosa que lo impuesto. Esos serán los ingredientes para asesinar la teoría. Formado para no relacionarse con el interés personal u otras ideas que no sean las impuestas, Igualdad estudia marxismo para defender sus teorías como los demás en la “mancomunidad marxista”.

Un día, en la sociedad comunitaria con su amigo Internacional 4-8818 es seleccionado para racionar la comida de sus hermanos. ¿Qué sucede al racionarla? Ven que hay errores, el sistema no es perfecto porque no hay seres humanos perfectos e intentan solucionarlo, se preguntan, ¿por qué sucede todo esto?

En defensa de lo que piensa nuestro protagonista, como su teoría no puede estar mal, crea una forma de justificarlo; un planteamiento que no tiene evidencia, pero que asume como cierta porque se basa en sus ideas que son verdaderas. ¿Por qué lo hace? Para proteger sus ideas de ese imprevisto, esa protección en ciencia se conoce como hipótesis ad-hoc.

La intención de Igualdad 7-2521 en la hipótesis ad hoc no es otra que demostrar que no hay errores en su tesis, pero el gen asesino ya entró en su cuerpo y se heredará para aquel que levante el puñal. ¿Cómo?, ¿por qué?, ¿dónde está? Pocos lo ven…

No diré el final de la historia por ser igual al de la novela corta. En este artículo diremos cómo ha sucedido esto en la historia real; la experiencia de Copérnico y del judeo-cristianismo serán el vínculo; sociedades en que el pensamiento predominante que ellos veían era la norma y la forma de guiar sus juicios.

¿Qué sucedió en la historia? El caso de Igualdad en Copérnico y el judeocristianismo

En un siglo xvi, un hombre llamado Copérnico sumergido en las ideas de su tiempo (ptolemaicas) busca defender sus ideas de astronomía.

Copérnico, como Igualdad 7-2521, buscó fortificar sus ideas e hizo una hipótesis ad-hoc que justifique ese imprevisto, tanto Copérnico e igualdad saben que sus pensamientos no pueden estar mal, por esa razón los defienden.

La hipótesis de Copérnico y su estudio da origen a algo que no planeaba, ha creado su propia crisis; la hipótesis que hizo para defender su postura se distancia de la tesis original. Empieza levemente la Revolución Copernicana.

Antes de saber porqué sucede veamos primero el caos del judeocristianismo por el autor Stanley Jaki.

Cuando en el judeo-cristianismo se encontró con problemas que su teoría del conocimiento revelador no respondía, intentaron salvar la teoría buscaron una hipótesis plausible para su pensamiento: crearon entonces una distinción entre conocimiento revelador y conocimiento por descubrir.

Igualdad, los judeo-cristianos y Copérnico buscaron proteger su teoría de hechos que pudieran criticarla, y entonces, ¿por qué asesinaron su teoría? Porque en el fondo los científicos no saben las consecuencias no intencionadas de su teoría, no saben del todo lo que hacen.

¿Cómo puede ser que los científicos y/o pensadores no sepan del todo lo que están haciendo?

Volvamos al caso de los judeo-cristianos, separados en dos conocimientos, el revelado por Dios y el obtenido por nosotros, ¿no se expanden los problemas?, ¿no podríamos pensar cuáles son los conocimientos por descubrir?

Preguntas como: ¿Con qué herramientas podemos conocer?, ¿Hay autonomía en el conocimiento o estamos sometidos a lo que Dios dicte? Son preguntas que pondrán la teoría original en crisis porque las respuestas defendidas desde la teoría original no se tienen, se tienen que buscar respuestas fuera de ella. Poco a poco se alejan sin darse cuenta de lo que pensaban. Al buscar salvar sus ideas terminan abiertas a su propia muerte porque ninguna teoría es perfecta.

¿Alguien tuvo que planearlo? No, ¿Se necesitó magia? No, ¿Fue objetivo de ellos destruir las ideas que defendían? Esta última es retórica y es también no.

¿Por qué sucede todo esto?

Karl Popper corrigió de Imre Lakatos un malentendido que da respuesta a los malentendidos de los enemigos de la conciencia humana y de sus limitaciones; toda teoría es en sí misma criticable, la crítica no ha surgido en la historia de la ciencia porque los científicos quieran que los critiquen. ¿Qué quiere decir?

Las personas no quieren ser refutadas —o falsados, en palabras de Popper—, y las ideas de otro permiten refutar las propias, asumir lo contrario es decir que todos tenemos el mismo cerebro. Conviene recordar la frase de Karl Marx, que aunque no era científico reconoce sus diferencias y la individualidad de su pensamiento muy bien,  “si algo es cierto, es que no soy marxista”.

La creatividad humana no está al control de nadie, y sus consecuencias son infinitas. Igualdad buscaba no usar su creatividad, pero su naturaleza humana lo condena: “No sabemos por qué nuestra maldición nos hace buscar no sabemos qué, siempre, siempre. Pero no podemos resistirnos. Murmuran a nuestro oído que existen cosas grandiosas en este mundo y que podríamos conocerlas sólo con intentarlo y que debemos conocerlas”.

El lavado de cerebros y el fanatismo no escapa del progreso porque escapar de él es afirmar que no hay nada que mejorar cuando lo hay, es rechazar vivir mejor cuando se quiere vivir mejor, una contradicción.

Nada pueden hacer los constructivistas que desean evitar la muerte de sus ideas cuando las personas desean prosperar, vivir. Ya es tarde, el orden espontáneo de la ciencia quemará todo a su paso. Es hora de cambiar las ideas que fracasan, los científicos y las personas lo saben.

El valor de cuestionar: Por qué es importante hoy en día

Por Valentina Gómez, economista y coordinadora local de EsLibertad Venezuela.

Todo el proceso de cuestionarnos, de reflexionar y de hacernos preguntas para comprender el mundo que nos rodea proviene de una disciplina, la filosofía.

Hace exactamente un año yo no hubiera entendido la importancia de esta disciplina. Para mí hablar de filosofía era imaginarme a un señor con barba larga y unos 80 años, que venía más de la experiencia que del razonamiento. Apreciaba más la psicología que la filosofía. En aquel entonces no sabía que la filosofía era la raíz de la psicología. Luego de investigar descubrí que el nacimiento de la psicología, la sociología, la economía y todas las demás disciplinas son una subdivisión de aquellas preguntas que nos hicimos en algún momento para poder relacionarnos mejor con el mundo, para descubrir nuestro propósito, en pocas palabras, para satisfacer nuestra necesidad de supervivencia en el entorno.

Todo lo que el ser humano hace o piensa, es en busca de satisfacer sus necesidades. En este sentido, Abraham Maslow estableció una jerarquía en las necesidades de los seres humanos, buscando explicar por qué ciertas necesidades nos impulsan:

  1. Necesidades fisiológicas: son las más ignoradas por ser cotidianas, pero son la base de muchas actividades económicas, si no se satisfacen nuestra vida corre peligro. Algunos ejemplos son: (i) necesidad de alimentación; (ii) necesidad de aire puro; (iii) necesidad de descanso; (iv) necesidad de sexo o reproducción.
  2. Necesidades de seguridad: desde el nacimiento buscamos la seguridad en nuestros padres, a nivel emocional y/o físico, son nuestra garantía de que estaremos bien. Es la razón del porqué cuando somos abandonados por una de nuestras figuras que representan seguridad tenemos problemas de inseguridad o un miedo a la pérdida, lo que hace más fácil generar una dependencia emocional.
  3. Necesidades de pertenencia y amor: somos seres sociales, lo que significa que tenemos una necesidad por pertenecer en un grupo, por lo que en ocasiones la necesidad de pertenecer nos puede llevar a adaptarnos al entorno.
  4. Necesidades de estima: es la necesidad del equilibrio en el ser humano, dado que se constituye en el pilar fundamental para que el individuo se convierta en el hombre de éxito que siempre ha soñado, o en un hombre abocado hacia el fracaso, el cual no puede lograr nada por sus propios medios.
  5. Necesidad de autorrealización: los seres humanos necesitamos sentir que hemos desarrollado nuestro potencial. Buscaremos para eso nuestro propósito o aquella actividad donde más nos destacamos para sentir la autorrealización y pertenencia en un entorno.

¿Por qué es importante cuestionar?

Tal vez pienses que la filosofía no está presente en tu vida o que ya no necesitas cuestionarte ningún punto porque ya todo se resolvió. Así, durante años has dejado que otras mentes te guíen y te digan lo que está bien y nunca lo has puesto en duda. Por ejemplo: has repetido «No estés tan seguro: nadie puede estar seguro de nada» como lo dijo David Hume; o «Eso fue una mala acción, pero es algo humano, nadie es perfecto en este mundo» como lo dijo Agustín; o tal vez esta te suena «No puedo probarlo, pero siento que es verdad», pues lo obtuviste de Kant. Estabas repitiendo todas estas frases sin preguntarte su origen, sin preguntarte «¿Por qué lo dijeron?»

Lo cierto es que así repites todo lo que escuchas o miras. Luego de leer realizate preguntas, indaga más a fondo sobre el tema, incluso busca puntos contrarios a lo que leíste, si escuchas algo, intenta no repetir, primero investiga y luego puedes compartir lo que aprendiste, pero debemos entender el origen de lo que repetimos para no seguir duplicando una información falsa —estamos sumamente acostumbrados a compartir información falsa—.

Además, nuestra mente, como decía Ayn Rand, es como una computadora, una computadora más compleja que la que los hombres pueden construir, y su función principal es la integración de tus ideas. Es programada por nuestra mente consciente, te explicaré:

Si no alcanzamos convicciones firmes, nuestro subconsciente está programado a entregarse al poder de ideas que no sabemos que hemos aceptado, pero aún genera emociones de acuerdo con los valores que ha recibido. Si programamos nuestra mente mediante el pensamiento consciente, conoceremos la naturaleza de nuestros valores y emociones; de no hacerlo, quiere decir que seremos más emocionales que lógicos.

«Un hombre controlado por las emociones es como un hombre controlado por una computadora cuyas impresiones no puede leer. No sabe si su programación es verdadera o falsa, correcta o incorrecta, si está destinada a llevarlo al éxito o a la destrucción, si sirve a sus objetivos o a los de algún poder malvado e incognoscible. Está ciego en dos frentes: ciego al mundo que lo rodea y a su propio mundo interior» Escribió Ayn Rand en su libro, «Filosofía: Quien lo necesita».

Finalizo con advertir que todo ser humano que no está interesado en la filosofía recibirá sus principios del entorno que lo rodea: escuelas, universidades, libros, revistas, películas, etc. La consecuencia de esto es poner en manos de otros tu autoprotección, correr el riesgo de ser controlado por un gurú o dictador, para evitarlo no entregues tu autonomía, cuestiona.[*]


[*] Este artículo fue publicado también en el Blog de la autora, en médium. Puede acceder presionando aquí.

CAUTIVOS DE UN CONCEPTO: la lucha entre lo individual y lo colectivo en el alma del hombre

Por Roymer Rivas, coordinador local de EsLibertad Venezuela y teórico del Creativismo Filosófico.

Desde tiempos inmemorables, un concepto se ha apoderado de la especie humana hasta el punto en el que ha llegado a fundamentar todos y cada uno de los pensamientos y las acciones del individuo y, por extensión, la sociedad[1]. Este concepto puede sintetizarse en una palabra: colectivismo; el cual se sostiene en la idea de que el grupo es más importante que el individuo y, por consiguiente, éste debe someterse al colectivo.

Cautivos de este concepto, que muchos enemigos de la razón y la libertad se han encargado de predicar como el camino hacia la felicidad o la plena realización humana, la humanidad se ha visto envuelta en una espiral descendente rumbo hacia la miseria anímica y mediocridad absoluta. Sin embargo, también existe un concepto liberador denominado individualismo —némesis del colectivismo— que sirve de base para el progreso y la felicidad. Pero ¿qué es el individualismo y hasta qué grado y en qué campos llega a enfrentarse contra el colectivismo? La respuesta a esta pregunta no es intranscendente, dado que las creencias son el fundamento de nuestra existencia y, por consiguiente, enmarcan nuestras acciones.

En principio, para poder entender el individualismo hay que comprender un concepto esencial, este es: egoísmo, el cual proviene del latín y se forma con “ego”, que significa ‘yo’ o ‘ser individual’, y el sufijo “ismo”, que alude, entre otras cosas, a ‘tendencia’ o ‘practica’; por lo que se puede decir que el ego es el fundamento de lo individual –que es personal, único, particular, especial, irrepetible– y que “egoísmo” es ‘práctica del yo’; ergo, el individualismo es la expresión incondicionada o absoluta de la personalidad del individuo.

La antítesis de este modo de vida es el colectivismo, un sistema de creencias que se manifiesta y confronta a la persona de dos maneras: uno visto desde afuera —como orden político—, en donde el individuo es como un engranaje de una gran maquinaria social rígida; y el segundo es de índole espiritual, a nivel interno, donde la persona considera que su existencia se encuentra definida y atada a la percepción u opinión de todos, menos él; derivando en una personalidad restringida por una masa anónima, a quien sigue ciegamente y rinde cualquier tipo de sacrificio en su beneficio, sin importar si es en detrimento del individuo actuante.

De lo antes expuesto se infiere que, si alguien no expresa el “yo”, su personalidad y voluntad libérrima, entonces no es auténtica en el sentido en que no responde a sí misma —no es o manifiesta lo que realmente es—, sino que responde a otros —“es” lo que parece que es, dicen que es o debería ser a los ojos de terceros—. A modo de ilustración, es como si un animal de la “especie 1” se definiera como “especie 2”, solo porque todos los animales que le rodean dicen que debería ser tal cosa o lo ven como tal cosa; en otras palabras, su definición existencial —pensamiento, actuación, modo de vida— es la respuesta a una pregunta hecha a otros, es una definición que “el ser” tiene sobre su propio “ser” soportada y estructurada en el “yo visto a través de los ojos de otros”, en lugar del “yo visto por el yo”.

Es por este motivo que el principal campo en el que llega a enfrentarse el individualismo contra el colectivismo es en el espiritual; la lucha es principalmente moral y no política, es en el alma del hombre —lo que inevitablemente “es” versus lo que “debería ser” según quienes le rodean, el colectivo—. De hecho, el “individualismo versus colectivismo” en la política es solo una exteriorización del problema espiritual de los individuos que carecen de autoestima, mente y valores propios, llegando a definirse y vivir según criterios ajenos a su “yo”.

Esta cuestión fundamental se manifiesta de forma sublime en la novela “El Manantial” (Ayn Rand); donde se aprecia el contraste entre la moral individual y la moral colectiva que guían las diferentes decisiones y acciones de cada uno de sus personajes. Entre ellos se encuentran Howard Roark, Peter Keating y Ellsworth Toohey.

Howard Roark es el protagonista de la historia, un hombre que desde joven decidió ser arquitecto; ama lo que hace al grado de imaginarse construcciones en distintos espacios que visita y deleitarse con la posibilidad de ser él quien las construya; además, considera que las estructuras arquitectónicas están vivas al igual que los seres humanos y que “su integridad consiste en seguir su propia verdad, su tema único, y servir a su único objetivo”[2], en el sentido de que cada detalle debe tener una razón objetiva de ser, y no solo estar por estar; para él, cada forma “tiene su propio significado” al igual que cada persona crea su propio significado, forma y objetivo[3].

Desde el inicio vemos a Roark oponerse al convencionalismo social, su forma de ver la arquitectura le lleva a luchar contra el establishment fundado en el culto a la tradición arquitectónica carente de originalidad —para quienes la cantidad de personas que apoye una idea, y no la razón, determina si la misma es verdad o no—. La escena que mejor ilustra este hecho es cuando el protagonista se encuentra hablando con el decano de la facultad de donde fue expulsado por su rebeldía; cuando éste intentaba ayudarlo dándole la oportunidad de quedarse a cambio de que ‘fuera más razonable’ —lo cual quería decir: ceder ante el grupo—, le dice que “todo lo bello en la arquitectura ya se ha hecho”, que solo podían intentar repetir las obras de los grandes maestros del pasado, llegando al punto de afirmar que “nada en la arquitectura ha sido jamás inventado por un solo hombre” porque “el propio proceso creativo es lento, gradual, anónimo y colectivo, donde cada hombre colabora con los demás y se subordina a los criterios de la mayoría[4]. A lo cual Roark responde que la facultad ya no tiene nada que enseñarle y que no le importan las reglas impuestas por la mayoría, porque él se guiaba por sus propios principios.

Las motivaciones de Roark para llevar a cabo su trabajo y demás acciones son puras, integras y totalmente independientes de las personas que le rodean; él solo quiere edificar porque disfruta su trabajo, y lo hace de la mejor manera para él mismo, según criterios propios y no según criterios ajenos; respondía solamente a “la esencia de un hombre: su [propia] capacidad creativa”[5]. De este modo, su personalidad quedaba marcada en cada cosa que hacia y las mismas cobraban vida a su manera, extraña y personal, al nivel en que los espectadores solo podían pensar en la declaración: “a su imagen y semejanza”[6].

Esta actitud le hace rechazar trabajos cuya aceptación implicaba no respetar la integridad de su trabajo, a pesar de que podrían haberlo ayudado a salir de sus problemas económicos e, incluso, darle fama; porque él no construía “con el fin de servir o ayudar a nadie”, “no tenía intención de construir con el fin de tener clientes, sino que quería tener clientes para poder construir[7]. Este fuerte principio queda manifiesto cuando decide dinamitar las viviendas Cortlandt Homes que él había diseñado en secreto a Keating, porque se había roto la única condición por la que había accedido a hacer los planos: respetarlos tal cual como él los había hecho[8].

En contraste a Roark, tenemos a Peter Keating, quien en algún tiempo quiso ser artista, pero eligió la carrera de arquitectura por satisfacer los gustos de su madre. En toda la historia, Keating es un ser que vive “de prestado”[9], es decir, ve su vida a través de las personas que le rodean, carece de principios solidos y se rinde ante las voluntades de los demás; le afectaba su soledad, se pregunta cada momento “si la gente lo está mirando” y no sabe lo que quiere en la vida. Sus motivaciones y acciones, su esencia, se revelan muy bien en la novela cuando le pregunta a Roark si debe aceptar la beca en la École des Beaux-Arst de París o trabajar con Francon, pues, su intención era solamente impresionar a otros, lo que le llevaba a fundamentar sus acciones en el “¿Qué dirán?”[10].

Con el fin de ganarse el favor de las personas, Keating llega al punto de dañar a quienes le rodean para escalar en la sociedad[11] y acudir a Roark cuando tenía problemas de diseño que no puede resolver; incluso se daña a sí mismo de cierto modo al decidir casarse con Dominique Francon por el impacto que causaría en otros, y no con Catherine Halsey, a quien realmente amaba. En suma, Peter Keating es un ser sin “yo”, mediocre, incapaz de perseguir sus intereses personales, cuyo valor personal depende de los demás[12] y no tiene escrúpulos para alcanzar la fama.

Por otro lado, Ellsworth Toohey es la personificación del colectivismo, predica el vivir por los demás a costa de la esencia del ser, pretende eliminar la grandeza patente en la originalidad[13] y todo el sistema de valores del individuo hasta destruir su autoestima. Con este fin, promueve a seres mediocres, haciéndolos alcanzar la fama, opacando y obstaculizando a quienes aman su trabajo y muestran la grandeza de la creatividad humana. Quizá la manifestación más palpable de su accionar es cuando le dice a su propia sobrina Katie —Catherine Halsey— que “debe saltar afuera de su espíritu y dejar de querer algo” porque “los hombres son importantes sólo en relación con los demás”[14]. Sin embargo, a pesar de decir que es la voz de las masas, su verdadera intención es “mandar sobre el mundo”.

Toohey se da cuenta de que es más fácil gobernar sobre seres sin principios sólidos, sin yo, puesto que la nada —la persona hecha nada— es incapaz de oponerse a algo[15], y todas sus acciones se enmarcan en dicho pensamiento —lo cual representa muy bien a personajes como Hitler, Chavez, Fidelidad Castro, Marx, Lennin, entre otros, que buscamos gobernar sometiendo la esencia humana—.

Por ello podemos decir, a modo de resumen, que en El Manantial se ve una sociedad amorfa y moldeable, de individuos sin “yo”, que no se traicionan a sí mismos porque han suprimido casi por completo ese sí mismo, que carecen de principios sólidos, que son incapaces de perseguir sus metas[16] y cuyo valor propio depende del cómo lo vean terceros. En palabras de Rand, la autora, son «colectivistas en su alma». En cambio, vemos a Roark expresar su voluntad libérrima a pesar de la oposición de quienes le rodean —oponiéndose a la esclavitud de verse a través de ojos ajenos— y, aunque su objetivo no era ayudar a otros, perseguir su fin personal sin dañar a nadie fue el medio por el cual algunos se beneficiaron, demostrando que el individuo debe prevalecer sobre el colectivo y que solo usando la mente creativa en busca de la felicidad personal se puede alcanzar una sociedad feraz sostenida en el tiempo.

En esta línea, haciendo un paralelismo, de una u otra forma la sociedad actual se encuentra sumergida en un estado existencial donde los parámetros de la verdad y la mentira, así como la definición de las diferentes existencias que se encuentran allí sumergidas —incluyendo las personas—, son fijados por lo común, la mayoría, la farándula, el vecino, el político de turno, los valores impuestos, por más absurdos que sean, etc., la gente teme pensar por sí misma, prefieren decir cosas que otros han dicho para evitar ellos decir nada —porque de la nada, nada sale; y de lo colectivo no puede salir pensamientos singulares—. Por ello, hoy día se necesitan más personas dispuestas y capaces regir su vida por valores individuales y no por los colectivos, porque al final son este tipo de personas las que terminan creando cosas o escenarios que beneficien al colectivo que tanto parece odiarlos. Y en la medida en que más o menos personas así existan, más o menos progreso real se observará en la sociedad.

En este sentido, y a modo de conclusión, me gustaría citar unas palabras que Roark le dice a Peter Keating: “Peter, antes de que puedas hacer cosas por los demás, debes ser el tipo de hombre que puede hacer las cosas. Pero para conseguir que las cosas se hagan, debes amar hacerlas, y no las consecuencias secundarias. El trabajo, y no a las personas. Tus propios actos, y no cualquier posible objeto de tu caridad. Me alegraré si la gente encuentra un mejor modo de vida en una casa que yo haya diseñado, pero ése no es el motivo de mi trabajo. Ni mi razón. Ni mi recompensa”. Este tipo de valores individualistas, bien entendidas, son los que dan felicidad a una persona. Aprendamos a no ser colectivistas en el alma y a sí expresar nuestra voluntad libérrima sin importar las circunstancias.


[1] Para el presente escrito se entiende sociedad como una abstracción de todas las interacciones que realizan los individuos entre sí, donde los mismos intercambian información, muchas veces del tipo practica –tacita, inarticulable– que, a su vez, crean instituciones que influyen en sus acciones. Véase a Huerta de Soto (2005) en: Socialismo, Calculo Económico y Función Empresarial. Madrid, España. Tercera edición publicada por Unión Editorial. Pág. 69.

[2] Ayn Rand. (2019). El Manantial. Publicada por Editorial Deusto. Pág. 30.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem. Págs. 29-31. Cursivas mías.

[5] Ibidem. Pág. 428.

[6] Ibidem. Pág. 426. Palabras de quienes vieron la casa de Roger Enright construida por Roark. Su personalidad expresada en sus construcciones era muy notoria, y queda ilustrado cuando Gay Wynand lo elije para edificar su casa porque todos los edificios del país que le gustaron los había hecho él (véase pág. 752).

[7] Ibidem. Pág. 33.

[8] Ibidem. Pág. 813-815, 855-856, 864-866.

[9] Ibidem. Pág. 849.

[10] Ibidem. Pág. 41-45, 73.

[11] La primera victima de Peter fue Tim Davis, un diseñador que trabajaba para la firma de Francon, a quien engañó forzando su despido; él lo veía como “la sustancia y la forma del primer paso en su carrera profesional. Otra víctima fue Lucios Heyer, a quien le ocasionó un ataque al corazón.

[12] Ibidem. Pág. 98.

[13] Ibidem. Pág. 309-405, 447, 485, 493. Para él, lo personal es maligno, la grandeza de la personalidad reside en el colectivo y el amor propio es innecesario.

[14] Ibidem. 506-507. El fin es “perder la identidad y olvidarse del nombre del alma” –yo–.

[15] Ibidem. 892-900. Es por eso que tanto trabajó en suprimir la esencia humana, para mandar sobre la humanidad.

[16] Este hecho es evidente cuando el decano no tenía por qué’s para defender sus premisas (pág. 28-34), así son casi todos en la novela.