Lourdes N. Romero L., líder y defensora de las libertades individuales, económicas y de los principios democráticos en Bolivia y Latinoamérica. Coordinadora local de SFL Bolivia, cofundadora de LOLA Bolivia y Líder Regional para LOLA LATAM. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, con formación especializada en democracia, liderazgo, libertad y comunicación política mediante programas acreditados por OEA, KAS y ACEP
“(…) Uno de los rasgos que más preocupa del populismo mesiánico es que cambia la política en algo similar a una religión que no cree en Dios.”
Lourdes N. Romero L.
América Latina está históricamente enamorada de los hombres providenciales. De vez en cuando, cuando la frustración social se torna insoportable, vuelve a aparecer la figura del líder que promete salvar la economía, la patria, la moral y el futuro. No es el político común, es la excepción. No pide que se le examine por los resultados, sino por la fe. Y ahí es donde empieza el problema.
No porque el mesianismo populista sea tan solo una forma de comunicación política. Es una deformación profunda de la cultura democrática. Se trata de la idea de que un solo hombre, o una sola figura carismática, puede ser el portador del pueblo, puede interpretar mejor que ninguna institución la voluntad del pueblo y resolver por sí solo los conflictos de una sociedad compleja. Sí que es una promesa seductora. Pero también es una mentira peligrosa.
La región cuenta con muchos ejemplos. Líderes que llegan anunciando que vienen a “salvar a los olvidados”, a acabar con la oligarquía, a acabar con la corrupción o a devolverle al pueblo lo que les han quitado. El discurso suele cambiar, pero la estructura es la misma: un relato moral absoluto, una división entre buenos y malos y un caudillo que se sitúa por encima de la ley, de la crítica y de los límites institucionales. El líder no gobierna: se hace carne. No da; salva. No escucha: descubre.
En eso consiste el mesianismo popular. Su fortaleza no reside en la firmeza de sus ideas, sino en su poder de llenar emocionalmente el vacío que dejan las instituciones débiles. El caudillo aparece como una solución allí donde el Estado se queda corto. El líder se convierte en la única referencia cuando los partidos se vuelven irrelevantes. En los lugares donde la ciudadanía está cansada de promesas incumplidas, aparece alguien que no ofrece un programa, sino esperanza inmediata.
Y eso funciona porque toca un punto muy sensible. En países afectados por la desigualdad, la inseguridad, la corrupción y la desconfianza, mucha gente ya no quiere hablar sobre instituciones; quiere ver resultados. La gente busca certezas, no ideas complejas. Quiere soluciones rápidas, no procesos largos. El populismo mesiánico se aprovecha de esta desesperación. Le habla a la gente cansada como si fuera un creyente que busca respuestas. Le ofrece la idea de que todo mejorará si se le da el poder a la persona adecuada. Pero el costo de esa entrega suele ser altísimo.
El líder como salvador
El líder mesiánico quiere que la política deje de basarse en reglas y se centre en la devoción. Por eso, crea una historia donde él es más que un gobernante: es una causa importante, una identidad compartida, una misión trascendental.
Cuando alguien critica, ya no es una opinión diferente, sino un ataque moral. Quien se opone se convierte en un enemigo. Cualquier límite institucional se ve como un obstáculo o un acto de sabotaje.
Ese mecanismo es muy útil para que un líder tenga mucho poder. Si la gente cree que el líder es el salvador, entonces el líder siempre tiene la razón. Si el líder se equivoca, la culpa la tienen otras personas. Si las cosas no salen bien, es porque alguien lo traicionó. Si el líder miente, es porque el sistema lo obligó a hacerlo. Si el líder tiene todo el poder, es para proteger a la gente. Si el líder persigue a sus oponentes, es porque está defendiendo la democracia. El mesianismo populista es muy bueno para cambiar la realidad y hacer que siempre parezca que el líder tiene la razón.
Es muy complicado combatirlo. No solo se trata de presentar datos o buenos argumentos. Lo que hay que hacer es entender y abordar la necesidad emocional que lo mantiene en pie. Para lograr esto, se necesita algo más que una crítica técnica. Se necesita una cultura política que esté bien desarrollada, una ciudadanía que exija resultados y unas instituciones que no dependan de la personalidad de una sola persona.
La política convertida en religión
Uno de los rasgos que más preocupa del populismo mesiánico es que cambia la política en algo similar a una religión que no cree en Dios. El líder se convierte en alguien muy importante para sus seguidores. Repiten lo que dice como si fueran verdades absolutas. Justifican los errores que comete. Sus seguidores lo defienden porque lo quieren, no porque tengan razones para hacerlo. Ya no importa si hace lo que dice o no, lo que importa es creer en él.
Este tipo de relación daña el espacio público porque no permite discutir y tomar decisiones juntos. En un país democrático, las personas comparten ideas, piden resultados, corrigen a sus líderes y aceptan que otros puedan gobernar después. Pero cuando el populismo mesiánico toma control, el líder se vuelve alguien que no se puede criticar. Todo gira alrededor de él. Todo se entiende según quién es y qué ha hecho en su vida. Todo se hace para que él siga en el poder.
Cuando la política se convierte en algo en lo que creemos, la verdad ya no es lo importante. Lo que importa es qué nos conviene creer. Entonces se abre la puerta a que nos manipulen de manera muy obvia. Por ejemplo, nos pueden hacer creer cosas que no son verdad, hacernos sentir como víctimas, inventar enemigos que no existen, hacer promesas que no se pueden cumplir y crear una atmósfera emocional que nos hace dejar de pensar con la cabeza. Todo esto puede llevarnos a tomar decisiones basadas en emociones en lugar de en hechos reales.
La pobreza del atajo
El mesianismo populista muestra una gran pobreza intelectual. Se basa en creer que los problemas estructurales se pueden resolver solo con la voluntad personal de un líder. Es como pensar que poniendo a un “hombre fuerte” al mando, se pueden solucionar de la noche a la mañana décadas de problemas institucionales, económicos y sociales.
En Latinoamérica, nos gusta mucho la idea de encontrar soluciones rápidas. Nos entusiasman los líderes que dicen “se atreven a todo», los políticos que dicen “no tener miedo», o los presidentes que prometen “romper con todo». Pero, en realidad, romper no es lo mismo que construir algo nuevo. Gritar no es gobernar de manera efectiva. Castigar no es reformar. Y mandar sin limitaciones no es liderar; es simplemente acumular poder.
Los países realmente mejoran cuando fortalecen sus instituciones, mejoran la gestión pública, respetan las libertades, generan inversiones, organizan sus gastos y establecen controles efectivos sobre el poder. Todo esto puede parecer poco emocionante. Pero precisamente por eso es eficaz.
La crisis de representación
El éxito del mesianismo populista no se puede entender sin la crisis de representación que vive la región. Los partidos políticos se están quedando vacíos, las élites se están desconectando de la gente y la política se está convirtiendo en un asunto de grupos cerrados. Como resultado, la gente común deja de sentirse representada en el sistema.
En este vacío, surge el líder carismático como un sustituto emocional de la representación pérdida.
Sin embargo, esta solución es peor que el problema. En lugar de reconstruir las instituciones que median entre la gente y el gobierno, las destruye aún más. Los partidos políticos se vuelven irrelevantes y los espacios de participación se cierran en torno a una sola persona. En lugar de fomentar la ciudadanía activa, se crean seguidores leales.
El gran engaño del populismo mesiánico es que promete devolver el poder al pueblo, pero en realidad le quita autonomía. La gente se acostumbra a depositar su destino en otra persona, en lugar de tomar las riendas de su propio futuro. Esto la hace más vulnerable a la manipulación. La ciudadanía que deja de pensar por sí misma es fácilmente influenciable.
Una cultura política infantilizada
Tal vez la consecuencia más grave del mesianismo populista sea que la sociedad se vuelva dependiente de líderes que la salven. Esto hace que la gente crea que siempre habrá alguien que venga a resolver los problemas que no se quieren o no se saben resolver juntos.
En lugar de tomar responsabilidad, la gente espera que otro lo haga por ella. La responsabilidad se reemplaza con la adoración a una figura que se considera providencial.
Una sociedad que actúa de esta manera es débil. No puede establecer límites claros, no puede exigir con coherencia lo que es justo y no puede diferenciar entre una autoridad legítima y una que solo tiene carisma. Termina aplaudiendo a quien la seduce con discursos atractivos, en lugar de apoyar a quien realmente la fortalece.
América Latina necesita cambiar esta forma de pensar. Debe dejar de confundir el carisma de un líder con su capacidad para gobernar, la emoción del momento con un gobierno eficaz y la popularidad con la verdadera legitimidad.
Es importante que deje atrás esta enfermedad política que convierte a los líderes en figuras de culto y que hace que criticarlos sea considerado una herejía. Mientras la gente siga buscando un salvador, seguirá renunciando a ser un ciudadano activo.
El verdadero desafío no es encontrar a alguien que la salve. Sino construir una sociedad en la que no sea necesario que haya un salvador.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.”
Génesis N. Rodríguez G.
En la actualidad, la Inteligencia Artificial (IA) se presenta como una herramienta clave para revitalizar el sector agrícola en Venezuela, un área que ha enfrentado grandes desafíos y que, sin duda, representa una de las asignaturas pendientes de nuestro país. La crisis alimentaria que ha afectado a la nación es un recordatorio constante de la importancia de volver a poner en marcha una agricultura sostenible y eficiente.
A través de la implementación de tecnologías avanzadas, como la IA, se pueden abordar problemas fundamentales que han contribuido a la debacle agrícola. Uno de los aspectos más críticos en la agricultura es el análisis de suelos, agua y clima. Gracias a monitores inteligentes conectados a sistemas de IA, es posible obtener datos precisos y en tiempo real sobre las condiciones del terreno. Esta información permite a los agricultores tomar decisiones informadas sobre qué cultivos sembrar y cuándo hacerlo, optimizando así la producción.
Además, la IA puede predecir cosechas, identificar plagas y enfermedades, y determinar el momento óptimo para la recolección de productos. Todo esto se puede realizar a un costo relativamente bajo, lo que representa una ventaja significativa para los productores. Otro aspecto crucial que a menudo se pasa por alto es el análisis de mercado: con la ayuda de la IA, los agricultores pueden acceder a información actualizada sobre los precios de venta de sus productos, lo que les permite negociar mejor y maximizar sus ganancias. Este tipo de análisis en tiempo real es fundamental para que los productores puedan adaptarse rápidamente a las fluctuaciones del mercado y planificar su producción de manera más efectiva.
Sin embargo, la situación legal y administrativa relacionada con la propiedad de las tierras agrícolas en Venezuela es un obstáculo considerable. Muchos terrenos pertenecen a personas fallecidas, lo que genera conflictos entre herederos y vecinos. La falta de claridad en los títulos de propiedad complica aún más la situación. Aquí es donde la IA puede desempeñar un papel crucial. Con la colaboración de expertos legales, se podrían desarrollar sistemas que utilicen IA para resolver disputas y agilizar procesos administrativos relacionados con la tenencia de tierras. Esto no solo facilitaría el acceso a la tierra para nuevos agricultores, sino que también contribuiría a una mayor estabilidad en el sector.
Además, la logística de transporte es otro de los puntos débiles del sistema agrícola venezolano. La construcción de infraestructuras viales tradicionales es un proceso lento y costoso. En este sentido, los drones equipados con tecnología de IA pueden ofrecer una solución innovadora y rápida. Estos vehículos aéreos no tripulados pueden acceder a áreas remotas y transportar productos desde las fincas hasta los centros de distribución. Esta capacidad no solo aumentaría la eficiencia del transporte agrícola, sino que también podría reducir significativamente las pérdidas post-cosecha.
Uno de los recursos más críticos en la agricultura es el agua. En un país como Venezuela, donde las variaciones climáticas pueden ser extremas, la gestión eficiente del agua es vital. La IA puede ayudar a optimizar el uso del agua a través de sistemas de riego inteligentes. Mediante sensores que monitorean la humedad del suelo y las condiciones climáticas, la IA puede determinar cuándo y cuánto regar, evitando el desperdicio de este recurso esencial. Esto no solo mejora la eficiencia del riego, sino que también contribuye a la sostenibilidad ambiental al preservar los acuíferos y reducir el riesgo de erosión del suelo.
La agricultura de precisión es un enfoque que utiliza tecnologías avanzadas para maximizar la producción agrícola mientras se minimizan los insumos. Con la ayuda de drones y satélites, los agricultores pueden obtener imágenes aéreas detalladas de sus cultivos, lo que les permite identificar áreas que necesitan atención específica, ya sea por falta de nutrientes o por plagas. La IA puede analizar estos datos para ofrecer recomendaciones precisas sobre fertilización y tratamiento, lo que resulta en un uso más eficiente de los insumos y una reducción en los costos operativos.
La implementación de tecnologías basadas en IA requiere un cambio cultural y educativo en el sector agrícola. Es fundamental capacitar a los agricultores en el uso de estas herramientas y en la interpretación de los datos que generan. Programas de formación y talleres pueden ser organizados en colaboración con universidades y organizaciones no gubernamentales para garantizar que los productores estén equipados con las habilidades necesarias para adoptar estas nuevas tecnologías. Es crucial que cualquier solución tecnológica se integre adecuadamente con los sistemas agrícolas locales. Esto implica considerar las prácticas tradicionales y las particularidades culturales de cada región. La IA debe ser vista como una herramienta complementaria que respete y potencie el conocimiento local, en lugar de reemplazarlo. La participación activa de los agricultores en el diseño e implementación de estas tecnologías es esencial para asegurar su aceptación y efectividad.
Si bien, a pesar de las oportunidades que presenta la IA, también hay desafíos significativos que deben abordarse. Uno de ellos es la brecha digital; muchas áreas rurales en Venezuela carecen de acceso a internet y tecnología adecuada. Para que la IA tenga un impacto real, es necesario invertir en infraestructura tecnológica y garantizar que todos los agricultores tengan acceso a las herramientas necesarias. Además, es importante considerar las implicaciones éticas de la automatización en la agricultura. Si bien la IA puede aumentar la eficiencia y reducir costos, también podría amenazar empleos tradicionales en el sector. Por lo tanto, es fundamental desarrollar estrategias que incluyan a todos los actores involucrados, garantizando que los beneficios sean equitativos y accesibles para todos.
Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.
“Al proponer este subsidio temporal, o el aumento de salarios —en el caso de los gremios, sindicatos, trabajadores, y pare usted de contar—, no se está innovando, sino que se incurre en el mismo vicio en el que hemos estado sumergidos desde hace muchísimo tiempo: el paternalismo estatal —o habría de hablar más bien de nanny state—, que tanto daño ha hecho.”
Roymer A. Rivas B.
¿Economía o fantasía?[*] Es la pregunta que surge tras escuchar la última ocurrencia de Asdrúbal Oliveros: repartir bonos de hasta USD$ 250 a los trabajadores del sector público por un periodo de 6 meses[1]. Resulta desconcertante, si no alarmante, que quien presume de entender las cicatrices de nuestro caótico escenario en Venezuela —especialmente el monetario—, proponga ahora una inyección de liquidez que constituye más un guion de ficción que un plan de estabilización para el país. La supina miopía de los economistas mainstream para comprender la situación de Venezuela los lleva a reciclar fórmulas que se han mostrado fracasadas —no puede ser de otra manera si se parte de un mal diagnostico— que, lejos de ayudar, perjudican profundamente.
Esto, lamentablemente, no es un caso aislado y, de hecho, sirve de ejemplo para destacar una patología mayor, a saber: la creencia de que se puede decretar la prosperidad por gaceta, como es el caso de aquellos que piden —por diversos medios— aumento de salarios. Muchos no han entendido que Venezuela no necesita más subsidios, ni aumento de salarios, que solo sirven para patear el problema hacia adelante, a costa de que el problema mañana sea aún peor, sino una reestructuración que permita que el trabajo valga por lo que produce y no por lo que un economista o un burócrata decida fantasear en sus redes sociales o podios.
Para entender por qué estas “soluciones” son, en realidad, un problema, es suficiente con someter esas fantasías a los hechos —que no entiende de buenas intenciones ni cálculos alegremente presentados en foros en redes sociales—. Pero antes, comenzaré con un breve inciso.
El inciso: sobre la subida de precios en dólares en Venezuela —mal llamada “inflación”[2]—
Previo a abordar el tema de los bonos, Oliveros pone el foco en lo que él y otros muchos llaman “inflación en dólares” [3]. Esto, de entrada, está mal. Técnicamente, el dólar en Venezuela no sufre de inflación como fenómeno monetario del dólar en sí, sino que es causa del rezago cambiario —aunque en la práctica se sienta exactamente igual—. Para entender esto es necesario separar le dinero de los precios: (i) está la inflación monetaria —que en realidad es lo que ha sido la inflación toda la vida, pero es necesario estipularlo así por fines didácticos— que es cuando la cantidad de dinero en la economía —oferta— supera su demanda, y en Venezuela, esto no existe, porque la demanda de dólares supera su oferta —¿O acaso alguien quiere tener sus ahorros en bolívares?—; y (ii) está la inflación de precios, que es cuando la moneda se deprecia, lo cual se traduce en subida de precios en la economía —aunque eso no significa necesariamente que veremos reflejado con la subida nominal de los precios en la economía[4]—. Lo que no te dicen es que, en circunstancias normales, no puede haber (ii) sin (i), así que, en rigor, se debe hablar de “inflación” sin adjetivos.
El problema es que casi ningún economista explica la dinámica correctamente y, por si fuera poco, Venezuela no entra en la categoría de “circunstancias normales”. En Venezuela, la perdida del poder adquisitivo del dólar se debe a distorsiones locales que hacen que exista algo llamado: “rezago cambiario”, que significa que los precios internos —en bolívares— suben a una velocidad mucho mayor de lo que sube el tipo de cambio —el precio del dólar—. Comprender esto es un tanto curioso, y paradójico, porque, en un escenario donde la demanda de dólares supera su oferta, se esperaría que los precios reflejados en dólares bajen, pero ocurre lo contrario. En este marco, alguno podría decir que la subida de precios en dólares se debe a la inyección de dólares por parte del Estado a la banca, intentando contener la tasa de cambio. Pero esto es un error. En otros lugares ya expliqué que, en un escenario con rezago, la inyección de dólares más bien reduce dicho rezago, causando que los precios en dólares aumenten menos de lo que hubiesen aumentado en caso de que haber inyección[5].
Sobre la propuesta de entregar bonos y el aumento de salarios
Comprender lo anterior es clave, porque si ya tenemos un problema de precios altos por falta de oferta en dólares y distorsiones estructurales, meter más dinero en la economía —vía bonos o aumento de salarios— sin aumentar la producción es echar más gasolina al fuego. A Oliveros y quienes exigen aumento de salarios les hace falta entender que, en una economía sana, el consumo es el premio final de la producción previa, e invertir esa causalidad bajo la premisa de que se “ayudará” a los trabajadores es profundamente irresponsable. Como ya mencioné, es patear el problema hacia adelante a costa de que el problema mañana sea aún peor. Parecen ignorar que en Venezuela se han aumentado bonos y salarios muchas veces, y eso no ayudó a aumentar la calidad de vida de forma sostenida en el tiempo, sino que profundizó la crisis —¿Ya se olvidaron de 2018-2019, y de todos los aumentos de salarios desde 1999 hasta 2022, o de bonos desde 1999 hasta 2026?—.
Al proponer este subsidio temporal, o el aumento de salarios —en el caso de los gremios, sindicatos, trabajadores, y pare usted de contar—, no se está innovando, sino que se incurre en el mismo vicio en el que hemos estado sumergidos desde hace muchísimo tiempo: el paternalismo estatal —o habría de hablar más bien de nanny state—, que tanto daño ha hecho. Muchos venezolanos creen que los problemas del país se solucionan vía decretos de aumentos salariales, emisión de derechos, regalo de viviendas, en suma, subsidios de todo tipo, sugiriendo que la solución a la miseria es la transferencia de renta y no la creación de valor, porque ninguno de esos personajes se pregunta en cómo crear un escenario adecuado para que los salarios reales se estabilicen o tiendan al alza a lo largo del tiempo, eliminando la dependencia del Estado.
La Venezuela de ahora y la Venezuela que queremos: ¿Qué necesitamos?
Venezuela no necesita parches de seis meses que se diluyen ante el primer ajuste de precios. Lo que el país requiere es una reestructuración que desmantele el andamiaje estatista y permita el florecimiento del libre mercado, porque la verdadera mejora en la calidad de vida no vendrá de la generosidad de un burócrata, sino de un escenario donde (a) la competencia atraiga capital, (b) la productividad determine el ingreso y (c) la estabilidad jurídica reemplace la dádiva. El salario no es una variable que algún economista puede determinar con fórmulas o modelos matemáticos en una tabla de Excel, sí es el resultado de la conjunción de los tres puntos ya mencionados. ¿Y qué necesitamos? Simple de decir, tortuoso de aplicar, pero no imposible[6]:
Necesitamos una reforma monetaria y bancaria, porque el salario no puede subir si la moneda es una basura o si no hay crédito. Para ello, podríamos hacer tres cosas —las diré en orden, de más radical y eficaz a menos radical y eficaz, aunque cualquiera infinitamente mejor al escenario en el que nos encontramos actualmente, comprendiendo todo lo que implica cada uno de ellos—:
Ir a un régimen de patrón oro para la moneda nacional, donde el Banco Central se convierta en una cámara de compensación, y donde se separe legalmente los depósitos a la vista —con encaje legal 100%— de los préstamos a la vista —dejando a los bancos determinar por sí mismos qué encaje tendrán para mostrarse “solventes” y responder a sus acreedores—. Asimismo, dar paso al libre intercambio de monedas.
Olvidar el patrón oro, pero yendo a un régimen de libre competencia de monedas, donde el Banco Central se convierta en una cámara de compensación, y… —igual que el punto anterior—.
Dolarizar oficialmente la economía. Algunos economistas pondrán diversas objeciones a esto —de la misma forma que con el punto 1.1. y 1.2.—, pero a esos economistas les digo que vayan a estudiar. Todos los fantasmas que rondan a la dolarización son, simplemente, falsos —empezando por el que dice que se pierde poder para controlar la oferta monetaria, tan solo vean el caso Ecuador—. Y si se va a usar esto de transición para alcanzar el 1.1. o 1.2., mejor aún.
Necesitamos una seria reforma fiscal y tributaria. El Estado actual vive de asfixiar al sector privado que ha quedado reducido tras años de crisis. Esto se traduce en simplificación y reducción de impuestos —empezando por eliminar el IGTF—. El escenario ideal es que se vaya a un régimen de confederaciones y cada municipio compita con sus tasas de impuestos, pero eso en este momento es utópico; en el corto plazo es suficiente con simplificar y reducir impuestos —aunque si se apunta en el mediano plazo a lo segundo, mucho mejor. Al final, ¿No “trabajan” por el bien del trabajador? Pues, no hay nada mejor que eso, ¿O sí? ¿Lo hacemos por parroquias autónomas y con derecho de secesión?—.
Necesitamos una reforma laboral que vea el contrato de trabajo como algo privado entre patrono y empleado. Se debe eliminar la inamovilidad laboral y los costos de despido absurdos —que hacen que el empresario tenga miedo de contratar—. El Estado no tiene por qué meterse en contratos privados, para eso existe el arbitraje en el Derecho —hablando de ello…,
También necesitamos, más que una reforma, una reconstrucción de nuestro sistema legal en distintos ámbitos y niveles de profundidad, todo partiendo del respeto al individuo y la propiedad. Sin ello, nadie querrá invertir en Venezuela. Y si esto viene acompañado de la privatización de todas las empresas en manos del Estado —especialmente de servicios—, mejor. Es más, ese “excedente” que Oliveros quiere quemar en bonos podría ser el capital semilla para la transición hacia servicios privados eficientes, ¿Por qué no?[7].
Solo estas cosas es lo que permitirá alcanzar salarización de los bonos, porque, allí sí estamos de acuerdo: es necesario eliminar la estructura de bonos, el salario debe ser transparente, permitiendo que el trabajador vea su ingreso real y pueda planificar ahorros o créditos. Pero eso no se logra con subsidios, sino con mercado.
En este marco, yo pregunto:
¿Por qué Asdrúbal no propone usar ese excedente de ingresos petroleros para reestructurar el país, llevando a cabo todas las medidas necesarias, apuntando incluso a la dolarización, en lugar de regalar el dinero?
¿Por qué no habla primero de sanear las cuentas públicas, lo cual incluye el despido de trabajadores en nomina del Estado que no hacen absolutamente nada, para después, si acaso se apelará a ello, crear un fondo de reserva para responder a sus pagos mientras se llevan a cabo todas las reformas necesarias para el país?
¿Por qué no ofrece una lista de reformas que puedan sostener una mejor Venezuela y, por tanto, el aumento de salarios del que tanto le gusta hablar?
¿Qué pasará en el mes 7, cuando se deje de dar bonos, una vez que más de 2.4 millones de venezolanos hayan aumentado sus gastos por contar con un ingreso adicional de USD$ 250, pero no se haya creado el escenario para mejorar las cosas en el país?
¿Por qué las personas en general no hablan de atacar problemas de fondo y no los síntomas de un cáncer que ya llegó a los huesos de la sociedad venezolana?
¿Por qué no se propone bajar impuestos y usar los recursos para optimizar el sistema energético nacional, puesto que buena parte de los ingresos de las empresas son robados por el Estado y, por si fuera poco, deben invertir dinero en la autogeneración eléctrica, cisternas de agua y logística de combustible para poder operar en su cotidianidad? ¿Acaso no permitiría esto a los empresarios subir el salario de sus trabajadores por si mismos[8]?
Mantener el silencio ante tales desvaríos es aceptar que la economía venezolana sea reducida a un ejercicio de caridad administrada, y me niego a ello. Por eso, resalto que la propuesta de Asdrúbal Oliveros no es una solución, sino el síntoma de una élite intelectual[9] que, por miedo al cambio radical, o por complacencia con el modelo extractivo, o simplemente por ignorancia, prefiere administrar la agonía con parches antes que defender las reformas que el país reclama. Debemos comprender que si seguimos exigiendo y celebrando aumentos de salarios por decreto y llegadas de bonos efímeros, seguiremos siendo esclavos de la discrecionalidad de un burócrata y de la inflación que algunos “expertos” alimentan. ¡Es suficiente!
[2] Sirva esto de corolario para evidenciar la incapacidad de Oliveros para comprender el escenario venezolano y, en consecuencia, de facto, queda minusválido mucho de lo que pueda decir al respecto.
[3] A esa narrativa, de hecho, se apega cierto sector para decir que “los venezolanos nos estamos matando entre nosotros mismos” y pedir más control estatal para el “perverso comerciante, imperialista, especulador y capitalista” que arremete contra “el pueblo”. Todos ellos, sin embargo, saben de economía lo que sabe mi tortuga mascota de astrofísica.
[4] Eso no te lo dicen el común de los economistas, porque tienden a ser malos lectores y, por consiguiente, se quedan solo con lo enseñado en la universidad —que no se ajusta del todo a la realidad y la eficacia de las herramientas de análisis de los fenómenos económicos queda en entredicho—. Para ilustrar el punto señalado en el párrafo, imagine una economía donde las empresas invierten para automatizar y optimizar procesos de producción, abaratando los costos y, con ello, pudiendo bajar los precios al consumidor, en aras de que pueda vender más. No obstante, si alguna entidad inyecta más dinero a la economía —argumentando, por ejemplo, que es necesario para dinamizarla—, los precios de los productos que antes tenderían a bajar pueden quedarse igual —ni subir, ni bajar—. En este escenario, un economista común, guiándose por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), te diría que “no hubo inflación” en ese periodo de tiempo, y quizá saldría algún político vanagloriándose porque en su gestión “no hubo inflación”, pero nadie está viendo que, al inyectar dinero, los precios que antes iban a bajar ahora se mantuvieron iguales. Ergo, la moneda igual se depreció, pero no “aumentaron los precios”.
[5] Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2023. Hiperinflación: un fenómeno incomprendido; respuesta al libro de Pascualina Cursio. Publicado en ContraPoder News. En: https://contrapodernews.com/hiperinflacion-un-fenomeno-incomprendido-respuesta-al-libro-de-pascualina-cursio/ (Cit: 11/04/2026). Desde la sección: “Pascualina, dólar implícito y tasa de cambio”, en adelante. Para el ciudadano común, si ayer un café costaba USD$ 2 y hoy cuesta USD$ 3, su percepción inmediata es “el dólar se infló”, cuando en realidad lo que ocurrió fue que (i) el costo de vida subió en bolívares y (ii) el tipo de cambio no se ajustó en la misma proporción. En este escenario, una inyección de dólares ayuda a reducir el rezago cambiario vía depreciación de la divisa.
[6] Bueno, sí imposible si quienes tienes el poder, sumado a quienes pretenden tenerlo y quienes hacen propuestas limpias de sensatez, siguen por el camino que vienen. Claro está que la supervivencia política de la mayoría depende de que la economía se mantenga igual.
[7] En un marco de transparencia, claro está, que no es el que tenemos ahora. Ergo, para llegar allí también se necesitan llevar a cabo muchos cambios.
[8] En los últimos años, mientras el sector público se quedó estancado en sus salarios, el sector privado, a pesar de la crisis, comenzó a pagar a sus empleados por encima del sueldo mínimo. Esto demuestra que no se necesita del Estado para mejorar la calidad de vida de los trabajadores en Venezuela, más bien todo lo contrario, es un obstáculo que limita a las empresas de explotar su máximo potencial, beneficiando a sus empleados en el camino.
[9] Así convertido por la masa, porque yo no les tengo respeto alguno a sus ideas.
María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)
“Es facilísimo defender el socialismo cuando no eres tú quien paga el precio… y cuando tu habitación de lujo tiene generador propio mientras la gente común cocina con leña o carbón.”
María José Salinas
Hay una mentira que se ha repetido hasta el cansancio y ya suena como verdad revelada: la izquierda es sinónimo de libertad. Libertad para las mujeres; libertad para la comunidad LGBT; libertad para los “oprimidos” … lo dicen con tal convicción que dudar de ello casi parece un acto de mala fe. Pero esa seguridad absoluta es justamente lo que debería ponernos en alerta, porque apropiarse del lenguaje de la libertad no es lo mismo que defenderla. Y buena parte del progresismo actual vive precisamente de esa estafa: vender libertad en las palabras y estrangularla en los hechos.
La verdadera libertad, esa que incomoda, la que no pide permiso, nunca salió del colectivismo, sino que nació de una idea simple y radical: cada individuo es soberano de su propia vida. Locke y Hayek lo vieron con una claridad que hoy muchos prefieren ignorar; si no eres dueño de ti mismo, todo lo demás es solo un favor que te hace el poder.
Por eso la libertad no se puede partir en pedazos. No puedes exigir control absoluto sobre tu cuerpo y al mismo tiempo aceptar que el Estado te quite, como si nada, el fruto de tu trabajo. No puedes predicar diversidad mientras decretas qué opiniones son aceptables y cuáles merecen cancelación. No puedes hablar de emancipación y, al mismo tiempo, inflar el Estado hasta convertirlo en el gran tutor, juez y carcelero de la vida ajena.
La libertad auténtica es indivisible, y eso es lo que más les molesta. Les molesta a los progresistas porque les obliga a soltar su vicio favorito: meterse en la vida de los demás “por su propio bien”. Pero también le molesta a cierta derecha que todavía cree que puede legislar la moral privada desde el Congreso.
El cuento oficial es demasiado conveniente: izquierda = liberación; derecha = opresión. Y millones lo repiten sin tomarse la molestia de revisar la historia. Pero eso pasa porque saben que la historia no perdona. El Che y Fidel hoy convertidos en camisetas fashion persiguieron, metieron a la cárcel y mandaron a campos de trabajo a homosexuales en nombre de la “moral socialista”. En la Unión Soviética de Stalin, la diversidad no se celebraba, se fusilaba o se enviaba al gulag. Y no era la excepción a la regla, era el resultado lógico de darle poder absoluto a quien se cree poseedor de la verdad.
Cuando el poder se concentra tanto, la libertad deja de ser un derecho y se vuelve un privilegio que te pueden quitar cuando les dé la gana. Y hoy ese proceso ya no necesita disfraces; en Cuba, Venezuela y Nicaragua el progresismo se quedó sin eufemismos: el que piensa diferente es reprimido, censurado o encarcelado por el sistema, sin rodeos.
Mientras tanto, el circo sigue. Artistas, influencers y activistas llegan de países con economías más o menos abiertas se hospedan en hoteles emblemáticos de lujo como el Nacional, el Meliá o el Bristol Habana Vieja con piscinas, aire acondicionado y luces que nunca se apagan, y usan los mismos recursos (agua, electricidad, comida y combustible) que el régimen debería destinar a la población. Todo esto mientras Cuba atraviesa una de las peores crisis humanitarias en décadas: apagones masivos que han dejado a millones sin luz por 12, 16 o hasta más de 20 horas, alimentos que se pudren sin refrigeración, colas eternas para un pedazo de pan y una escasez de combustible que ya tiene al país al borde del colapso.
Desde su burbuja climatizada, posan para Instagram y luego le exigen “resistencia” y “soberanía” al cubano de a pie que lleva más de sesenta años aguantando la misma tiranía, y que ahora, en pleno 2026, apenas sobrevive entre velas, hambre y oscuridad.
Es facilísimo defender el socialismo cuando no eres tú quien paga el precio… y cuando tu habitación de lujo tiene generador propio mientras la gente común cocina con leña o carbón.
Ese contraste no es una simple anécdota, es la radiografía moral del progresismo contemporáneo: más apegado a su narrativa que a la realidad, más interesado en mantener su aura de superioridad ética que en reconocer los hechos que le estallan en la cara.
En México la trampa es aún más fina y cínica. Se habla de más gasto público, más programas sociales, más “presencia del Estado”, mientras lo verdaderamente importante el Estado de derecho sigue brillando por su ausencia. No faltan leyes, faltan ganas de hacerlas valer. No faltan causas bonitas, sobran incentivos torcidos.
Al final, tanto el paternalismo progresista como el moralismo conservador comparten el mismo pecado de fondo: no confían en el individuo. Uno quiere criarlo con subsidios y el otro vigilarlo con prohibiciones. Los dos terminan asfixiándolo.
Por eso la frase “liberal en lo económico, conservador en lo social” no es un equilibrio virtuoso, sino una contradicción en los huesos. La libertad no se divide. O crees que cada persona es dueña de su vida, o crees que alguien más tiene derecho a decidir por ella.
Mientras México siga atrapado en esa falsa pelea izquierda-derecha, seguiremos dando vueltas en el mismo hoyo. El verdadero cambio no llegará cambiando de partido. Llegará cuando por fin cambiemos las ideas que nos han llevado al fracaso una y otra vez.
Los países que sí avanzaron Japón, Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Estonia no lo hicieron concentrando más poder, sino liberando al individuo. Los resultados saltan a la vista. Cuba, en cambio, sigue siendo el espejo más cruel de lo que pasa cuando se lleva la idea contraria hasta el final.
México no necesita más gobierno, sí menos ilusión. Necesita entender de una buena vez que la libertad no se pide, se ejerce; que los derechos no se negocian por subsidios; y que ningún gobierno, de ningún color, debería tener tanto poder sobre la vida de las personas.
«El colectivismo significa la subyugación del individuo a un grupo ya sea una raza, una clase o un Estado. Sostiene que el hombre debe ser encadenado a la acción y al pensamiento colectivos en nombre de lo que se denomina “bien común”, expresó Ayn Rand en una oportunidad.
El problema de fondo nunca ha sido solo quién gana las elecciones. El problema es qué ideas seguimos defendiendo… aunque la realidad lleve décadas desmintiéndolas con una crudeza brutal. Es tiempo de que como ciudadanos tomemos la responsabilidad del futuro de nuestros países. Leer, cuestionar e informarnos debería ser obligación y regla para ejercer un voto consciente y con la responsabilidad que ello implica.
Caracas – Hace poco, la organización Ladies Of Liberty Alliance (LOLA), una alianza de mujeres a nivel global que tiene como fin educar y empoderar a las mujeres para que sean agentes de cambio en la sociedad, con el fin de artícular y construir una sociedad fundamentada en la libertad, organizó un evento en las instalaciones de la UCAB para informar y contienzar sobre la violación sistemática de los DD. HH. llevado a cabo por el régimen chavista en Venezuela.
LOLA dando espacios para hablar de la violación de DD. HH y exponer el tema de los presos políticos en Venezuela
El evento estuvieron varios capítulos del liderazgo de LOLA en el país, entre ellas: Andrea Castellano, de Maracaibo; Isabella Antichan, de Yaracuy; y María Oropeza, de Portuguesa. Con respecto Oropeza, es necesario recordar que ella misma fue victima del régimen y estuvo en sus mazmorras durante más de un año, y fue recientemente liberada, dada la presión que ejerce EE. UU. al regimen venezolano, tras la captura del genocida dictador que sometía a Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero. Oropeza compartió su experiencia y recordó que solo la libertad es lo que hace grande a los paises.
Además, se contó con la particupación de Gaby Álvarez, quien es famosa por acompañar a los presos políticos desde hace años, denunciando la liberación de los mismos. Álvarez expuso lo fuerte que es ir absolutamente todos los días a dar fortaleza moral, entre otro tipo de apoyos logisticos, a los familiares de los presos políticos que incansablemente se ubican a las afueras de los centros de reclusión del chavismo, donde los disidentes al régimen son torturados.
Gaby Álvarez hablando sobre su experiencia con los familiares de los presos políticos, en un evento realizado por LOLA para concientizar sobre el tema.
Luego del encuentro en las instalaciones de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), los asistentes, incluyendo las coorganizadoras del evento, miembros de LOLA, fueron invitadas a la famosa «Esquina de la libertad», el lugar donde todos los días los familiares de los presos políticos encerrados en el helicoide —el centro de tortura más famoso del régimen chavista— se ubican para exigir la liberación de los presos políticos.
LOLA aceptó con gusto y, una vez en el lugar, aprovechó la oportunidad para denunciar las arbitrariedades del régimen chavista y exigir la liberación de los presos políticos. En este marco, Andrea Castellano recordó que el regimen chavista aun no ha liberado a todos los presos, a pesar de que así lo prometió tras aprobar la Ley de amnistía, semanas despues de los eventos del 3 de enero. Asimismo, destacó que no hay el hecho de pensar diferente no es una razón suficiente para privar a alguien de su libertad, y que la libertad de expresión es, de hecho, sumamente importante si queremos hablar de «Democracia».
Es necesario señalar que la mayoría de los familiares que se encuentran en la Esquina de la Libertad lo son de presos políticos militares, especialmente de aquellos que vincluaron con la Operación Gedeón, de los cuales el régimen chavista tiene desaparecido a varios, sin querer dar respuesta al respecto.
De esta forma, LOLA se suma a la denuncia masiva que han hecho en Venezuela para que el chavismo libera a los presos políticos, incluyendo los militares, porque una nueva Venezuela no puede ser construida a la sombra de todas las violaciones de DD. HH. y crimenes que han realizado quienes durante los últimos 27 años han ostentado el poder en Venezuela.
Caracas – Miembros de la organización Ladies Of Liberty Alliance (LOLA) han llevado a cabo un evento formativo sobre Mujeres y los mercados libres, explicando cómo el libre mercado es el camino que se ha de tomar si de verdad se quiere que las mujeres se desarrollen plenamente, encontrando más oportunidades en el camino.
En el evento, organizado por diferentes capítulos de LOLA que hacen vida en el país y al que asistieron más de 70 personas, participaron mujeres emprendedoras del país, resaltando que el libre mercado, el respeto a la propiedad y una institucionalidad fuerte en defensa de la libertad, es lo que ha dado oportunidades a las mujeres para poder crecer personal y profesionalmente.
El mismo se llevó a cabo en los espacios de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), y Oriana Aranguren, coorganizadora y líder del capítulo de Caracas, y quien además tiene un artículo sobre el tema, ha destacado que el evento se debe a la celebración del mes de la mujer.
Cabe señalar que se contó con la participación de María Oropeza, quien forma parte de la organización, y tuvo una participación donde explicó la famosa historia de cómo se fabrica un lapiz, para destacar la importancia del libre comercio, pero adaptandolo a lo femenino explicandolo con un lapíz labial.
Cabe señalar que LOLA es una alianza de mujeres a nivel global que tiene como fin educar y empoderar a las mujeres para que sean agentes de cambio en la sociedad, con el fin de artícular y construir una sociedad fundamentada en la libertad.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.”
Génesis N. Rodríguez G.
Las bases del neoliberalismo incluyen la promoción de la libre competencia, la reducción de la intervención del Estado en la economía, la privatización de empresas estatales, la liberalización del comercio y la desregulación de los mercados. Estas políticas se centran en la idea de que el mercado es el mejor mecanismo para asignar recursos y que la intervención del Estado solo distorsiona el funcionamiento eficiente de la economía. El autor Dos Santos en su libro “El Terror de la Esperanza, Auge y Decadencia del Neoliberalismo” nos ofrece un análisis crítico de las políticas neoliberales y su impacto en América Latina y otras regiones. Argumenta que el neoliberalismo, con su énfasis en la liberalización económica, la privatización y la desregulación, ha exacerbado las desigualdades sociales y ha generado inestabilidad económica en muchos países. Además, en este libro, Dos Santos examina cómo las políticas neoliberales han llevado a crisis financieras, aumento de la pobreza y deterioro de las condiciones laborales. Propone alternativas basadas en la soberanía económica, el fortalecimiento del mercado interno y la protección de los derechos sociales.
Si bien, para hablar de lo que hace o hizo una persona debemos conocer primero quien es, o quien fue, Theotonio Dos Santos fue un economista y sociólogo brasileño reconocido por sus contribuciones al campo de la economía política y el desarrollo económico. Nacido en 1936, Dos Santos fue una figura destacada en el estudio de la dependencia económica y las relaciones internacionales, centrándose en las disparidades económicas entre países desarrollados y en desarrollo.
A medida que estudiamos autores como Dos Santos nos damos cuenta que el impacto del neoliberalismo en la economía global ha sido objeto de debate. Algunos defensores argumentan que ha llevado a un aumento en la eficiencia económica, el crecimiento del PIB y la reducción de la pobreza en algunos países. Entre estos defensores tenemos autores como:
Milton Friedman: En su libro “Capitalismo y Libertad” (1962) argumenta que la intervención del Estado en la economía a través de regulaciones y controles distorsiona el funcionamiento eficiente del mercado. Según él, la promoción de la libre competencia y la reducción de la intervención estatal permiten que los recursos se asignen de manera más eficiente, lo que lleva a un mayor crecimiento económico.
En su obra “Camino de Servidumbre” (1944) el autor sostiene que el neoliberalismo promueve la libertad individual y la competencia como motores del progreso económico. Argumenta que la planificación centralizada y la intervención estatal en la economía conducen a la pérdida de libertades individuales y a una asignación ineficiente de recursos. Según Hayek el neoliberalismo favorece la innovación, la eficiencia y el crecimiento económico.
Estos autores son referentes clave en la defensa del neoliberalismo y argumentan que sus principios han contribuido a aumentar la eficiencia económica en la economía global y no al revés. Cabe mencionar que Dos Santos también ha sido criticado por contribuir a la desigualdad económica, la concentración de riqueza en manos de unos pocos, y la erosión de los derechos laborales y sociales. Podemos decir que, en general, el impacto del neoliberalismo en la economía global ha sido mixto, con beneficios y desafíos. Ha habido casos donde ha contribuido al desarrollo económico, pero también ha generado problemas sociales y económicos en otros lugares. La evaluación del impacto del neoliberalismo varía según el contexto específico de cada país y región.
Ahora bien, hagamos referencia de lo leído y analizado en las páginas del libro específicamente desde la pagina 158 hasta la 178. El esquema de recuperación de la economía mundial, que abarca el período de 1983 a 1989, se caracterizó por un funcionamiento basado en dos agujeros negros: el aumento de la deuda pública interna y externa estadounidense, originada en el déficit del Tesoro, que fue la punta de lanza de la recuperación económica internacional en ese mismo período. La imposibilidad de controlar el déficit público y cambiario llevó a una caída en el valor del dólar, lo que a su vez desvalorizó las deudas interna y externa. Esto resultó en una restricción en la demanda de dólares y una disminución en el nivel de demanda norteamericana, generando una depresión global hacia finales de los años ochenta. Los intentos posteriores de recuperación, durante el período Clinton, no lograron superar este esquema, y el gobierno de George W. Bush adoptó los mismos recursos de Reagan, con un concepto mucho más deteriorado.
Principales indicadores económicos del Esquema de Recuperación de la Economía Mundial:
Flujos de Capitales hacia Estados Unidos.
Transferencia Liquida de Recursos a Estados Unidos
Balanza Comercial
Importaciones Norteamericanas en el resto del mundo
Flujo Liquido del Capital Privado
Déficit del Tesoro Norteamericano
Deuda Externa Norteamericana
Deuda Interna Norteamericana (en billones de dólares)
Balanza Comercial (Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental)
Flujo de Capitales para Estados Unidos
Flujo de Capital liquido
El período entre 1990 y 1993 fue caracterizado por una recesión y crisis política a nivel mundial. La crisis económica, el desempleo, la violencia social, la criminalidad, la corrupción, las crisis políticas y las guerras interétnicas indicaban que la humanidad pasaba por una fase muy difícil en lugar de ingresar en el período de Bienestar anunciado por el neoliberalismo. Se sucedieron intentos de controlar esta situación, destacándose las acciones de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Además, el Grupo de los Siete, que inicialmente se creó para unir los intereses norteamericanos, europeos y japoneses con el fin de detener el avance del Tercer Mundo y de los países socialistas, fue revivido en los años noventa con.la presencia permanente de Rusia.
Este esquema económico refleja la complejidad y las interconexiones entre los flujos financieros internacionales, los déficits fiscales y comerciales, así como la influencia de las políticas económicas y las relaciones geopolíticas en la dinámica global. La respuesta a estas crisis económicas y políticas requirió la participación y coordinación de múltiples actores internacionales, lo que pone en evidencia la importancia del análisis y entendimiento profundo de los fenómenos económicos y políticos para abordar los desafíos globales.
¿En qué consistió esa crisis? Se trató de una fase de larga duración iniciada, de hecho, en 1967-1968, cuando Estados Unidos y Europa tuvieron por primera vez una recesión conjunta tras el auge económico iniciado en 1945. En esa época, asomaron las dificultades para que Estados Unidos mantuviera el respaldo en oro al dólar, tal como se había decidido en 1943, en Bretton Woods.
Esta situación se aceleró en los años siguientes, cuando Estados Unidos anunció crecimientos de 4,3% en 1998, 4,2% en 1999, y 5,2% en 2000. Por otra parte, Japón entró en crisis exactamente en 1992-1993, mientras que Alemania ya había iniciado su caída en 1991 y llegaba a la recesión abierta en 1993, cuando ocurrió la caída de 1,9% de su PIB. Esta situación recesiva prevaleció en los países industrializados en general, afectando sobre todo a África y la Europa del Este, que sufrieron una brutal depresión desde que fueron asaltadas por los neoliberales. Estas regiones quedaron totalmente sometidas al control del Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. La situación es opuesta en Latinoamérica (con las importantes excepciones de Brasil, Cuba y Haití), donde se inició una modesta recuperación económica al comienzo de la década para caer en la recesión desde mediados de los años noventa. El Asia occidental y el Sureste asiático siguieron creciendo hasta 1997; China aparecía como la estrella del crecimiento económico mundial con 12,8% de expansión del PIB en 1992, performance que se mantuvo en toda la década de los años noventa.
Crisis y cotuntura
En varias oportunidades, hemos demostrado que, a partir de 1994, se inició en la economía mundial una nueva fase de crecimiento. En esos años se presentaron crisis de ajuste a esta nueva fase de crecimiento económico global inscrito en los ciclos largos de Kondratiev. Según estos ciclos, descubiertos por el economista ruso, la economía mundial se mueve en períodos de 50 a 60 años caracterizados por una primera fase A en la que predominan los años de crecimiento económico, y se moderan las recesiones, las cuales duran cerca de 25 ó 30 años, seguidas por las fases B del ciclo largo, las cuales se dan en períodos de 25 a 30 años, principalmente dominados por recesiones con reanudaciones moderadas del crecimiento.
La llamada crisis asiática permitió que Japón y a los Tigres Asiáticos reajustaran sus tipos de cambios, lo que dio inicio a un nuevo período de crecimiento que ya se esbozaba en 1999, pero que quedó frustrado por la política recesiva de la FED en 2001. Rusia, envuelta en esa crisis por distintas razones, solicitó una moratoria y se encaminó hacia una redefinición política que hizo viable su recuperación económica a partir de 1999. 171 Brasil hizo un ajuste cambiario con retardo, sólo en 1999, lo que se hizo posible debido al apoyo del sistema financiero internacional para la reelección de Fernando Henrique Cardoso. Este país pasó por una grave crisis en 1998 a consecuencia de esta irresponsabilidad, pero redefinió en parte su política económica con la devaluación cambiaria de enero de 1999.
Para finalizar con mi análisis sobre el tema, hemos podido observar como este texto aborda varios aspectos importantes de la economía mundial y la especulación financiera que ocurrió en los años ochenta y noventa. Se destaca como el crecimiento basado en la deuda pública estadounidense y la inestabilidad de las monedas llevo a una crisis de la deuda externa y a una especulación financiera a gran escala.
La crisis resultante tuvo efectos devastadores en países como Brasil, Latinoamérica, África, Europa Oriental y la antigua URSS, generando altos niveles de desempleo y miseria. La especulación en torno a la deuda estadounidense y los excedentes financieros de Japón y Alemania creo una burbuja que finalmente estallo en 1990, exacerbando el desempleo a nivel mundial. El surgimiento del desempleo en países antes considerados de pleno empleo, como en Europa Occidental y la antigua URSS, ilustra la magnitud de la crisis. La introducción de tecnologías avanzadas en la producción y los servicios resultó en una mayor automatización y robotización, lo que redujo la necesidad de mano de obra y genero pocos empleos nuevos.
La reflexión sobre el impacto de estas tecnologías en la jornada laboral y la distribución equitativa de los beneficios del progreso tecnológico es crucial. La propuesta de reducir la jornada laboral y permitir la contratación de nuevos trabajadores para distribuir los efectos del progreso entre toda la población es una idea interesante y relevante para abordar los desafíos actuales del mercado laboral y la automatización. Además, la discusión sobre como orientar el potencial productivo hacia el beneficio de toda la humanidad, en lugar de favorecer a una minoría, plantea cuestiones fundamentales sobre el sistema económico y la distribución de la riqueza. La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.
Referencias Bibliográficas
Del terror a la esperanza Auge y decadencia del neoliberalismo, Traducción: Amelia Hernández. Versión preliminar. Versión original: Dos Santos, Theotonio (2007), Del terror a la esperanza. Auge y decadencia del neoliberalismo, Venezuela, Editorial Monte Ávila.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos.”
Génesis N. Rodríguez G.
Comenzare hablando de la pobreza con este fragmento que me gustó mucho desde que lo leí hace semanas, tomado del libro “Repensar la pobreza” de los autores Abhijit V. Banerrjee y Esther Duflo: “En lugar de discutir la mejor manera de luchar contra la diarrea o el dengue, muchos de los expertos más influyentes tienen fijación con las «grandes preguntas»: ¿cuál es la causa principal de la pobreza? ¿Hasta qué punto debemos creer en el mercado libre? ¿La democracia es buena para los pobres? ¿Cuál es el papel que puede tener la ayuda al desarrollo?» Y otras de este estilo.
Jeffrey Sachs, asesor de Naciones Unidas, director del Earth Institute en la Universidad de Columbia de Nueva York y uno de estos expertos, tiene respuesta para todas estas preguntas: los países pobres lo son porque son calurosos, poco fértiles, están infestados de malaria y a menudo carecen de salidas al mar, lo que dificulta que sean productivos por falta de una gran inversión inicial que les ayude a ocuparse de estos problemas endémicos. Pero estos países no pueden financiar las inversiones precisamente porque son pobres se encuentran inmersos en lo que los economistas llaman la «trampa de la pobreza». Mientras no se haga algo contra estos problemas, ni la democracia ni el mercado libre les aportarán gran cosa.
Por eso la ayuda externa resulta fundamental, ya que, gracias a ella, los países pobres pueden invertir en estas áreas críticas, haciéndolos más productivos e iniciando un círculo virtuoso. Los ingresos que se generen, que serán más elevados, permitirán nuevas inversiones y así continuará una espiral favorable.
En su best-seller de 2005, El fin de la pobreza, Sachs argumenta que si los países ricos aportasen 195.000 millones de dólares al año en cooperación entre los años 2005 y 2025, al final de este periodo la pobreza podría haber desaparecido completamente. Sin embargo, otras voces también influyentes creen que todas las respuestas de Sachs son erróneas. William Easterly, enfrentado a Sachs desde el otro extremo de Manhattan, en la Universidad de Nueva York, se ha convertido en una de las figuras públicas más destacadas en la oposición a la ayuda internacional, a raíz de la publicación de dos libros, En busca del crecimiento y The White Man’s Burden. Y otra voz que se ha unido recientemente a la de Easterly es la de Dambisa Moyo, autora del libro Dead Aid y economista que había trabajado anteriormente en Goldman Sachs y en el Banco Mundial. Estos dos autores sostienen que la ayuda hace más mal que bien, al disuadir a la gente de buscar soluciones propias, al corromper y socavar las instituciones locales y al crear un lobby formado por las ONG que tiende a perpetuarse.
La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos. De ese modo, los pesimistas de la ayuda se consideran bastante optimistas respecto a cómo funciona el mundo. Para Easterly no existen las denominadas trampas de la pobreza. Llegados a este punto, ¿a quién debemos creer? ¿A quienes afirman que la ayuda resolverá el problema o a quienes aseguran que empeorará la situación? El debate no puede ser resuelto de forma abstracta. Se necesitan evidencias, pero desafortunadamente los datos que se suelen utilizar para responder a estas grandes preguntas no inspiran confianza.
La pobreza en Venezuela ha aumentado significativamente en los últimos años debido a una combinación de factores como la crisis económica, la inflación, descontrolada, la falta de inversión en infraestructura y servicios básicos, la corrupción, y las políticas gubernamentales. Fuentes como el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ( ENCOVI) suelen proporcionar datos actualizados sobre la pobreza en el país. En el caso específico del Estado Guárico la pobreza también ha aumentado, afectando principalmente a las zonas rurales y a las comunidades mas vulnerables. La falta de oportunidades laborales, la escasez de servicios básicos como agua potable y electricidad, y la inseguridad alimentaria son algunos de los factores que contribuyen a la pobreza en la región.
En cuanto a los municipios más pobres o con pobreza extrema en Guárico, esta información puede variar dependiendo de los criterios utilizados para medir la pobreza. Sin embargo, algunos municipios que suelen ser identificados como los más afectados por la pobreza son San Gerónimo de Guayabal, El Socorro, Leonardo Infante y Francisco de Miranda.
De acuerdo con las metodologías internacionales de evaluación utilizadas por la comunidad humanitaria en crisis y emergencias, las organizaciones aliadas de HumVenezuela siguen un modelo de medición de los impactos de la EHC construido por consensos, en cinco sectores (condiciones de vida, alimentación, agua y saneamiento, salud y educación básica), que tiene un alcance nacional y por estados del país. Este modelo comprende mediciones de la escala, severidad, intensidad y profundidad de la EHC, que permiten presentar estimaciones de las personas en necesidad, sus agrupaciones por niveles de severidad y la relación de su situación con las capacidades caídas de sistemas, programas, bienes y servicios, como producto de los factores que originan la EHC.
En cada medición anual se realiza un análisis de las fuentes de información demográfica disponibles, utilizando hasta la actualidad las proyecciones estimadas por CELADE (División de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL), publicadas en 2019. Para la distribución de la población por estados, a partir de 2023 se comenzaron a realizar análisis estadísticos basados en data censal y otras estimaciones pasadas de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2020 y 20219, que también de basan en proyecciones de CELADE. En esta medición se utilizaron las proyecciones de población de CELADE para Venezuela correspondientes al año 2023, la cual fue estimada en un total de 28.838.496 de personas.
Pudimos observar, en un rango de tres niveles (bajo, medio y alto), se clasificaron los estados por la población afectada en cada dimensión. En tanto todas las afectaciones tienen impactos severos en la vida de las personas, la clasificación solo tiene el propósito de realizar un abordaje integrado de perfiles de afectación. La clasificación arrojó que 8 de los 20 estados mostraron hasta 6 dimensiones donde las poblaciones en necesidad alcanzan niveles altos. En orden alfabético, estos fueron Anzoátegui, Apure, Bolívar, Falcón, Guárico, Miranda, Monagas y Táchira. Podemos ver como el Estado Guárico esta entre los 8 mas afectados en casi todas las dimensiones que se evaluaron, sobre todo en altos números de violencia y la irregularidad de la asistencia escolar, es importante que haga énfasis aquí en la parte educativa, aunque estemos hablando de pobreza el no poseer niveles altos de educación influye de manera directa para medir la pobreza. El Estado Guárico aparece entre los principales Estados del país con personas en necesidades críticas, y según los anteriores informes para 2023 fue aumentando de critico a severa la situación, cifras que nos indican que las políticas públicas no están siendo ejecutadas de la mejor manera por los organismos correspondientes, aparte de muchos otros factores que están influyendo para agudizar aún más la pobreza en el Estado llanero.
Oriana Aranguren es licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
“(…) He aquí una verdad que le dolerá a todo estatista: ninguna ley gubernamental liberó tanto tiempo para las mujeres en el siglo XX como la proliferación de bienes de consumo asequibles creados por el mercado.”
Oriana Aranguren
La historia de la emancipación femenina suele contarse, con justa razón, a través del lente de las grandes batallas políticas y sociales. En este sentido, tendemos a evocar a las sufragistas marchando por el derecho al voto, a las activistas desafiando leyes arcaicas y/o a las pioneras rompiendo techos de cristal en la academia y la política. Sin embargo, muchas de las autodenominadas “feministas” en la actualidad ignoran que existe un motor de liberación igual o más poderoso, este es: el libre mercado. No existe una conexión más poderosa que la libertad económica y la libertad femenina; históricamente, la competencia, el comercio internacional y la innovación de los mercados han actuado como fuerzas que han desestabilizado las estructuras patriarcales tradicionales y han ofrecido a las mujeres herramientas tangibles para forjar su propia autonomía.
La razón de lo que digo es simple de comprender: un mercado verdaderamente libre y competitivo es, por naturaleza, ciego al género, porque su principal motivación es la eficiencia y la creación de valor, y esto puede provenir de hombres y mujeres. En este contexto, discriminar a la mujer se convierte en una desventaja económica penalizada por la propia competencia —porque otros tendrán talentos de los cuales yo me estoy limitando—.
El economista Gary Becker, galardonado con el Premio Nobel, revolucionó la forma en que entendemos este fenómeno con su teoría económica de la discriminación, planteando la idea de que discriminar cuesta dinero. Para ilustrar el punto: imaginemos una sociedad tradicional donde los empresarios, por prejuicios culturales, se niegan a contratar mujeres o les pagan sistemáticamente menos que a los hombres, independientemente de su talento o productividad. En un sistema cerrado, monopolístico o protegido por el Estado, estos empresarios pueden darse el lujo de mantener sus prejuicios sin sufrir consecuencias. Pero, ¿Qué sucede cuando se introduce la libre competencia? Si un empresario sexista se niega a contratar a ingenieras brillantes simplemente por ser mujeres, un competidor más inteligente y menos prejuicioso verá una oportunidad de oro y contratará a esas mujeres talentosas, probablemente a un costo ligeramente menor al principio debido a la falta de demanda en el mercado, y gracias a su talento, producirá mejores bienes o servicios. En este escenario, el empresario discriminador perderá cuota de mercado, sus costos relativos serán más altos —al tener que pagar una prima para contratar exclusivamente hombres— y, eventualmente, la fuerza de la competencia lo obligará a cambiar sus prácticas o enfrentar la bancarrota.
Con esto en mente, podemos inferir, entonces, que el mercado actúa como un disolvente de las jerarquías arbitrarias. Antes del auge del capitalismo y los mercados abiertos, la riqueza y el estatus se determinaban en gran medida por el nacimiento, la casta y el género, y, en ese contexto, las mujeres estaban relegadas a la esfera doméstica o a la economía de subsistencia, dependiendo económicamente de los hombres, porque las estructuras feudales o gremiales les prohibían la entrada al comercio formal. Pero la llegada de los mercados competitivos comenzó a cambiar las reglas del juego, porque el valor de una persona empezó a medirse por lo que podía producir y aportar, no por su género. Y como la competencia castiga la ineficiencia, excluir al 50% de la población del talento y la fuerza laboral sale caro.
¿Y qué sucede si ampliamos el foco y vemos el panorama completo, a nivel internacional?
El comercio internacional y la globalización como vías de escape
Si la competencia a nivel local es poderosa, el comercio internacional ha sido un verdadero catalizador de cambio a escala global. Cuando analizamos el impacto de la globalización en los países en vías de desarrollo, la narrativa popular a menudo se centra en la explotación. Y si bien es innegable que las condiciones laborales en las primeras etapas de la industrialización son duras, un análisis riguroso requiere que nos hagamos una pregunta necesaria —aunque incómoda, para algunos—: ¿Cuál era la alternativa para esas mujeres?
A lo largo de las últimas décadas, la apertura al comercio internacional y la llegada de la manufactura de exportación a países de Asia, América Latina y África sacaron a millones de mujeres de la invisibilidad de la economía agraria y de subsistencia. En las sociedades rurales tradicionales, el trabajo de la mujer en el campo o en el hogar rara vez es remunerado o reconocido; es considerado un deber. Además, en muchos de estos contextos, las mujeres jóvenes son vistas como una carga económica para sus familias, lo que fomenta prácticas como el matrimonio infantil o forzado.
La llegada de fábricas de textiles, ensambladoras de tecnología y otras industrias orientadas a la exportación cambió drásticamente esta ecuación, porque, por primera vez, millones de mujeres jóvenes tuvieron la oportunidad de ganar un salario independiente. Este sueldo, por modesto que parezca desde la comodidad del mundo desarrollado, representa un cambio monumental en la dinámica de poder. Como dice una frase popular: “quien paga, manda”, y una mujer que aporta ingresos en efectivo a su hogar adquiere, de inmediato, un mayor poder de negociación dentro de su familia.
Los estudios económicos y sociológicos muestran de manera consistente que cuando las mujeres acceden a trabajos asalariados gracias a la apertura comercial, las tasas de fecundidad disminuyen, la edad promedio para contraer matrimonio se retrasa y aumenta la inversión en la educación de las niñas. ¿Por qué? Porque las niñas dejan de ser vistas únicamente como futuras esposas y madres, y comienzan a ser valoradas como futuras productoras de ingresos. El comercio internacional, al crear demanda de mano de obra femenina, convierte a las mujeres en un activo económico valioso para sus familias y comunidades, alterando profundamente las normas culturales restrictivas.
La innovación del mercado y la liberación del tiempo
Con esto en mente, podemos decir entonces que la libertad no es solo un concepto abstracto o un derecho escrito en un papel, sino que requiere tiempo. Durante siglos, el tiempo de las mujeres estuvo casi enteramente consumido por las tareas domésticas: buscar agua, lavar la ropa a mano, cocinar con leña, limpiar y cuidar de los hijos; estas labores, físicamente extenuantes y que consumían todo el día, hacían imposible que la gran mayoría de las mujeres pensaran en la educación, la política o el desarrollo personal. Pero el libre mercado y la innovación tecnológica jugaron un papel en la emancipación de la gran mayoría de ellas —en donde hay libre mercado, evidentemente—.
El difunto médico y estadístico Hans Rosling solía decir que el invento más grande de la historia de la humanidad no fue el avión ni el microchip, sino la lavadora. Y tenía razón. El mercado libre, en su búsqueda constante por satisfacer las necesidades de los consumidores y generar ganancias, incentivó la creación y producción masiva de electrodomésticos; el agua corriente, las estufas de gas y eléctricas, los refrigeradores y las lavadoras liberaron miles de millones de horas de trabajo físico que recaían casi exclusivamente sobre los hombros de las mujeres. Lo que se conoce como “la tecnología del hogar”, impulsada por la competencia empresarial y el comercio masivo, permitió a las mujeres comprar su propio tiempo. De este modo, las horas que antes se pasaban en el río lavando ropa ahora podían invertirse en leer, estudiar, trabajar fuera del hogar o simplemente descansar. He aquí una verdad que le dolerá a todo estatista: ninguna ley gubernamental liberó tanto tiempo para las mujeres en el siglo XX como la proliferación de bienes de consumo asequibles creados por el mercado.
Además, el mercado libre fue fundamental en la provisión de otro elemento crucial para la libertad femenina, porque les dio el control sobre sus propios cuerpos, por cuanto se desarrollaron métodos anticonceptivos modernos, como la píldora, que fue impulsado, valga decirlo, en gran medida por la investigación financiada por capital privado y filántropos visionarios, respondiendo a una inmensa demanda. Entonces, la capacidad comercial de producir, distribuir y vender productos de higiene femenina y anticonceptivos a precios accesibles gracias al comercio global ha dado a las mujeres un control sin precedentes sobre su fertilidad y, por ende, sobre su destino económico y profesional.
Pero la cosa no acaba aquí…
Las mujeres y el emprendimiento
Tradicionalmente, las estructuras corporativas y gubernamentales han estado dominadas por los hombres, creando “clubes de Toby”[1] que dificultaban el ascenso de las mujeres. Ante esto, la respuesta del libre mercado fue ofrecer alternativas a las mujeres, dando la oportunidad de que ellas mismas emprendieran sus propios negocios —si no te permiten sentarte en la mesa, el mercado te da la libertad de construir la tuya propia—. Y esto podemos constatarlo en el mundo: a nivel mundial, el emprendimiento femenino está creciendo a un ritmo acelerado, pasando por vendedoras ambulantes en mercados emergentes y llegando hasta fundadoras de empresas tecnológicas en Silicon Valley, los mercados libres permiten a las mujeres crear sus propias empresas y, con ello, crear su propio poder económico, y todo sin necesitar del permiso de un jefe para vender un producto o servicio que los consumidores desean.
En pocas palabras, la democratización de la tecnología y las finanzas —producto directo de la competencia en el mercado libre— ha acelerado la tendencia de las mujeres a emprender y empoderarse. Las plataformas de comercio electrónico permiten a mujeres de zonas rurales vender sus artesanías o productos a clientes del otro lado del mundo; las innovaciones en Fintech y el microcrédito están permitiendo a millones de mujeres que antes estaban excluidas del sistema bancario tradicional acceder a capital inicial; cuando los mercados financieros se vuelven más competitivos y abiertos, los bancos y los prestamistas se ven obligados a buscar nuevos clientes, y las mujeres empresarias, que históricamente han demostrado ser excelentes pagadoras de créditos, se convierten en un objetivo principal; y así podemos seguir describiendo el acceso y las oportunidades que se le han abierto a las mujeres gracias al libre mercado.
La libertad económica como base de la libertad total
Es por esta razón que estimo que muchos de los debates que se llevan actualmente y giran en torno a la mujer carecen de sentido, o al menos no tienen un buen enfoque, porque, por ejemplo, el debate sobre la igualdad de género suele estar dominado por enfoques regulatorios —cuotas de género, leyes de igualdad salarial obligatoria o políticas de redistribución estatal—, y aunque estas herramientas políticas pueden tener su lugar y función dentro de una sociedad democrática para corregir ciertas cosas —habría que ver cómo implementar eso y si no atenta en contra de la libertad de otros—, se pierde de vista que, en el largo plazo, ninguna ley será tan efectiva para garantizar la libertad sostenida de las mujeres como la capacidad de generar, poseer y disponer de su propia riqueza.
La historia nos demuestra que la libertad política sin libertad económica es una ilusión. De poco sirve tener derecho al voto si no se tiene el derecho a poseer una propiedad, abrir una cuenta bancaria sin la firma del marido o iniciar un negocio. Las mujeres libres requieren de mercados libres porque los mercados descentralizan el poder.
El impacto de la competencia y el comercio en la vida de las mujeres ha sido, y sigue siendo, transformador. En el caso de la competencia, rompió el monopolio que los hombres tenían sobre las profesiones y los oficios; el comercio global conectó a las mujeres más marginadas con la cadena de valor mundial, dándoles por primera vez poder adquisitivo y voz en sus hogares; la innovación empresarial les devolvió el tiempo que les robaban las tareas domésticas y les brindó las herramientas médicas para ser dueñas de su tiempo y su cuerpo; y el emprendimiento les otorgó el cincel para esculpir su propio destino profesional.
Contrario a como sostienen las “feministas” que piden más intervención estatal para arremeter en contra de una “estructura patriarcal y capitalista”, con el fin de alcanzar “la igualdad” entre hombres y mujeres, no es el Estado quien empodera a las mujeres, más bien todo lo contrario, es el mercado. En el camino hacia la libertad y la “igualdad” —bien entendida, es decir: ante la ley—, el libre intercambio, la innovación y la competencia no son los enemigos, sino los aliados más poderosos que las mujeres han tenido en la historia de la civilización. La emancipación definitiva de la mujer no se logrará destruyendo el mercado, sino asegurándonos de que esté genuinamente abierto, sea verdaderamente competitivo y le permita a cada mujer participar en él, por fin, bajo sus propios términos.
[1] Expresión que describe a grupos cerrados de hombres que excluyen mujeres.
Mauricio Hernández, coordinador local de EsLibertad Venezuela y dirigente estudiantil del movimiento universitario TomosUCV
“(…) Ante el estancamiento interno y la erosión de las capacidades de la oposición para generar un cambio real, el recurso a la incidencia extranjera se presenta como la última esperanza, aunque, esta ha demostrado ser una fuente de incertidumbre e histeria reprimida..”
Mauricio Hernández
Introducción
Ante lo que parece ser la insuficiencia para cumplir el objetivo prometido por la supuesta nueva oposición venezolana en 2025, y el retorno a los escenarios casi post apocalípticos en los cuales se sume el país últimamente, tanto como a nivel social, político y económico, cabe que quienes todavía siguen renuentes a vislumbrar el panorama actual de manera lógica se pregunten: ¿Es una parafernalia colaborativa al mal que se nos ha infringido desde hace dos décadas la oposición? O, sencillamente vivimos sumidos en un liderazgo inútil, que a temporadas cambia su color de ojos, pero deja viva su esencia primigenia, —la cual es cobarde y abanderada a un poder externo a ellos, el cual se busca que haga de llave para el cumplimiento de sus promesas, porque no han de contar ni con la organización, los recursos y menos con el coraje suficiente por su parte para llevar a cabo un accionar verdaderamente eficiente para salir de la dictadura—. Vivimos con la cuerda en la garganta durante años, amarrada por la potestad de nuestro propio pueblo, que a su vez, es apretada por una esperanza que cojea y propicia cualquier placebo que nos resulte esperanzador a nuestra desgracia.
La sociedad venezolana se encuentra en un ciclo de error y postergación de su desdicha, únicamente debido a su incapacidad de abrir los ojos ante la realidad de una lucha por la libertad que ha sido menoscabada por un espiral de inacción política, como también por el discurso pacifista y fantasioso propiciado por quien se supone es su órgano heraldo de su libertad: su propia oposición, —la misma que se ha encargado del entorpecimiento crónico en lo que respecta a la salida del régimen—, una que se ocupó de distribuir una narrativa democrática, arraigada a la inacción por mantener una figura supuestamente recta. Tanto así que, a través de los años, se ha podido presenciar como los únicos actos de acción verdadera para tomar cartas en el asunto han venido de manos de grupos ajenos a los partidos. Actores como estudiantes, personas comunes organizadas por un deseo colectivo, pero sin un liderazgo claro o competente, mismos que ahora, muchos o se encuentran privados de libertad o en un mundo mejor. Todo por no entender que la factibilidad de la democracia pacifista se rebaja a mera inutilidad, si es que se aplica a escenarios dictatoriales. Esta es una estrategia la cual transmuta a ser hasta contraproducente para el objetivo gracias a su naturaleza, y, a su vez, resulta plenamente perjudicial a las masas fuera de las elites que apuestan por ella.
Dicho lo anterior, me propongo a desmantelar el supuesto camino hacia la salvación, dicha senda, adornada con palabras melosas, y al mismo tiempo, hacer recapacitar a cuyos ciegos se niegan a afrontar nuestro presente de manera realista, y prefieren vivir bajo utopías y promesas sin sustentación alguna, al igual que hacer ver sobre cómo si mismo está siendo funcional a su propio mal. —Porque no existe más ciego que el que se niega a ver su propia desgracia—. Este ensayo ha de postular las etapas de los autoritarismos en las que mínimamente cabe la idea de una democracia pacifista, o en su defecto, la democracia por sí sola. De igual manera, enmarcar como las dictadura ejercen un control estratégico y selectivo en la sociedad ante cualquier protesta, y, del mismo modo, la misma sociedad siendo funcional al régimen. Del mismo modo, doy a ver cómo un autoritarismo convierte el estado de excepción en la norma vigente, y esta termina inutilizando a la democracia.
Sobre las primeras etapas de los autoritarismos y la cabida de la democracia
¿En qué parte de los autoritarismos cabe la democracia? ¿Si la misma se trata del respeto a la voluntad de la mayoría y el respeto a la vida humana, y los autoritarismos resultan ser su anulador por excelencia? Pues, la respuesta simple sería que en ningún momento, sin embargo, en Transición a la democracia. Juan. Linz (1990) se plantea al autoritarismo como un proceso más que lineal, escalonado, hasta el punto de derrumbe del mismo, —una transición de niveles que resaltan por la evolución de las prácticas dictatoriales. Dicho lo anterior, preciso el dar razón de lo que denominé como las tres etapas clave de las dictaduras, basándome en la experiencia venezolana, cada una enmarcada por sus características clave que repercutan en el respeto de la democracia y una sociedad libre, al igual que las acciones con las que cuenta cada etapa para garantizar su declive. Empezando con saber que los autoritarismos son, en esencia, modelos los cuales evolucionan con el tiempo, la mayoría, cimentados al principio por el apoyo popular.
De este modo, la gran mayoría han llegado al poder por revoluciones armadas, u otros por procesos electorales con premisas partidistas comúnmente radicales, y que traen consigo reformas visiblemente doctrinarias y alejadas del pluralismo. En la generalidad, este modelo —como ya fue mencionado—, se apoya en la gente hasta llegar a su autonomía y control absoluto de las competencias del Estado. Awi, siendo las democracias, en especial las pacifistas propugnadoras de los órganos legales de la nación que, se sobreentiende, ya han sido tomados, lo cuál resuena en las pocas posibilidades que puedan darle cabida a una potestad de la mayoría o un cambio.
De estas etapas, partimos de la primera la cual es la instalación. Un inicio del periodo enmarcado por un apoyo considerable, el cual no se ve afectado en los primeros años de mandato, —a excepción de que ocurra alguna irregularidad que deje en un descontento grande a la sociedad—. En lo general este periodo va acompañado de una estructura inicial supuestamente democrática, lo que condiciona una oposición débil, al igual que existe una vigencia todavía de la decisión tomada, que ya está siendo aplicada. Según la historia, son los primeros años en los cuales vemos un contento en la población a base de los cambios ya propiciados por el mandato, que de plano pueden resultar radicales si es que se llegó al poder a través de una revolución, o, una ideología sumamente extremista. Dichas reestructuraciones pueden traer consigo reformas de leyes de naturaleza muy polarizada, implementación de políticas favorecedoras a un grupo específico, al igual que también se dejan ver los primeros rasgos de centralización de poder en varias personas. Esta es una etapa la cual lleva un aire de alerta a lo que posteriormente se acerca, y el anuncio de algo que tarde o temprano desembocará en una situación más grande.
En concordancia con lo anterior, y un avance temporal del primer periodo, se puede notar de manera clara como lo que empezó con meras acciones enmarcadas por una ideología, o a peor, sumida en escándalos y violaciones orquestadas, pasa a ser lo que llamo consolidación del autoritarismo temprano. Dicha faceta, tomando como una pequeña referencia lo que en su obra plantea Juan J. Link (1990), el gobierno se sume en la burocratización, la eficacia parcial y la legitimidad débil (aún operante). En consecuencia, esta etapa presenta ya los primeros signos de represión y censura, inicialmente representados por respuestas violentas o injustificadas del gobierno hacia sus disidentes, como sucedió en Venezuela, que, entre los años 2001 y 2002, Hugo Chávez declaró a los medios de comunicación que discrepaban con sus ideas enemigos de la revolución y, bajo su narrativa de delirios de grandeza, eso representaba atacar a la voluntad del pueblo, —mismo que con orgullo declaraba él mismo ser el recipiente—, lo que le sirvió como el primer paso a sus prácticas de censura y persecución. Al mismo tiempo, eso ocasionó que en 2004 se diera validación por parte de la Asamblea Nacional a la Ley de responsabilidad en radio, televisión y medios electrónicos, dando paso a la permisividad para la censura mediática masiva dentro del territorio nacional, junto a la posterior nacionalización de los medios de comunicación. Otro escenario es Alberto Fujimori, quien independientemente del bando, prosiguió con las acciones que resaltan este periodo: en 1992, ejecutando un autogolpe de Estado, y así disolviendo el parlamento y el poder judicial con apoyo militar, dando paso a una ola de persecuciones, y, del mismo modo, a 25 asesinatos selectivos a opositores por la mano de un escuadrón ligado al servicio de inteligencia nacional. Así pues, se abre paso a la evolución de esas actividades represivas, para posteriormente consolidar esa estructura dictatorial la cual pasa a ser a simple vista.
Asimismo, consecuente a los primeros dos puntos, nos damos cuenta que, aunque la elección a la democracia puede seguir vigente gracias al descontento poblacional, resultaría sólo en cuestión de tiempo para que la estructura dictatorial termine controlando dichos organismos que quedan para apelar, de este modo, entrando a [1] en un control de las acciones opositoras [2] una permisividad de ciertas acciones de manera selectiva, —las cuales no representarán un peligro para la estructura dictatorial—.
Seguidamente, pasamos a la tercera etapa, la cual denomino como Estancamiento de la libertad: Control de las potestades, misma que enmarca el control de lo que respecta a las acciones populares para acabar a un modelo dictatorial dónde, de manera completa, la cúpula gubernamental se ha apoderado de todos los confines competentes del Estado, —como si a un virus que se esparce por el sistema se tratara—. De esa manera, ya mermada la insignificante pizca de oportunidad que representaban estas estructuras dentro del país, condiciona que el poder de una oposición por medio del Estado ya no exista, que a su correlación lleva a el control absoluto de las atribuciones para la expresión, y sus limitaciones dentro del territorio nacional, lo que radica a que después se lleve a optar por el apoyo de instituciones internacionales, las cuales, cabe recalcar, han demostrado ser partícipes de incrementar la burocracia exterior antes que buscar la resolución a la problemática. Esto es el inicio de una dependencia sumamente peligrosa por la incertidumbre en la cuál se apoyan las decisiones que se debaten en los organismos internacionales.
Recapitulando el panorama interno de los años anteriores en Venezuela. Aunque se pueden ver intentos de expresión en contra, a menudo suelen ser acciones simbólicas que no representan ningún tipo de peligro o alerta hacia la cúpula, y asimismo, resultan fáciles de reprimir, como también al final estas terminan siendo parte de un juego de permisividad que manejan los que ostentan el poder, porque la represión no es bruta por más que parezca, —es permisiva, es selectiva de personas y situaciones que resulten relevantes—. Además, al final de cada una de esas obras llevadas a cabo, y parcialmente fallidas, aquella ¨oportunidad¨ otorgada hacia los que se oponen, serán las masas quienes terminen pagando las consecuencias. —Porque resulta más fácil hacer que un pueblo le tenga miedo a seguir a sus líderes que a su propio opresor—.
Sobre la represión dictatorial estratégica
Dicho lo anterior, cuando me refiero a esa permisividad que se da en ciertos momentos, hago mención a acciones que funcionan como una ilusión de supuesto control hacía los que se oponen, ciertas cosas que las masas creen que siguen en manos de sus ¨salvadores¨. Tales son estas actividades que terminan siendo la línea recta que seguirán cual pasaje hacia el cumplimiento de sus objetivos, y que se convertirá, posteriormente, en un ciclo que llevará al estancamiento de sus acciones por no ser útiles. Acciones como [1] manifestaciones dispersas, sin un objetivo o lugar a fin. Estas funcionan como un objeto inamovible, casi llegando a un punto de inacción, —desde la subjetividad, claro está—. Aunque para muchos les puede resultar increíble, así lo es, siempre y cuándo se tenga un gobierno plenamente democrático, solo así esta puede ser una opción viable.
Partiendo de la máxima ya mencionada, la represión es selectiva y permisiva, el que esté en el poder siempre se va a decantar por coaccionar ante lo que represente una verdadera amenaza para la integridad de su estructura, por ello, le resulta más beneficioso el alimentar esa ilusión que no representa un peligro real, y así colaborar a ese ciclo. Asimismo, por su inutilidad a largo plazo la estrategia hace función de placebo para las personas, y una justificación del dictador para ocasionar nuevamente un periodo de castigo hacia quienes decidieron revelarse, lo cual es solo una fachada, ya que el castigo irá por igual, y la narrativa del tirano será una en contra de un supuesto acto para inestabilizar a la nación y su gente. Así pues, vislumbrando la trayectoria vaga de la oposición, y el afán de la gente de seguir arrastrándose hacía ella, uno se da cuenta que Venezuela ha metido sus sentimientos en un molde junto a sus propias esperanzas, mismas que se han dejado llevar a por una musa que los maneja, y le promete lo que sus necesidades le gritan. Pensamiento parecido enuncia mi compañero en su trabajo. Roymer, R. (2025). Venezuela, la sociedad bucle: sobre las contradicciones de quienes dicen liderar un cambio, y quienes los siguen. En este trabajo, describe cómo ciertos líderes y seguidores viven en una especie de “show de Truman”, aislados de la realidad.
Esto es real, y el caso más claro de este ciclo en América latina es Venezuela. Si a ver vamos, la historia vista en 26 años para acá, notamos ese ciclo de estancamiento de liderazgo político, enmarcado por el apoyo de la sociedad venezolana. Comenzando por:
Acción democrática, 1999. Contando con 25% en parlamentarias, y para 2010 8.17% según la página de AD por el CNE, Wikipedia (genera dudas).
COPEI, 2010. Con 5.13% en parlamentarias según CIUDAD MCY. destacando que, 2010 fue una época profundamente marcada por una oposición fragmentada, lo que llevó a la población a redirigir sus votos a distintos partidos.
UNT, 2006. 36,9% en presidenciales según. Proyecto de datos electorales de América latina de Georgetown, CNE (genera dudas).
Voluntad popular, 2009 / 2015. 49,12% coalición de la mesa de unidad democrática.
Primero justicia, 2006 / 2008. 11.17% en presidenciales y 14.54% en regionales del 2017 según los boletines del CNE (genera dudas).
Vente Venezuela, 2023. 92.35% en primarias presidenciales, 2024. 76.1% en presidenciales según el 90% de las actas escrutadas.
Estas estadísticas presentan más similitudes que diferencias entre estos partidos, la más importante siendo el patrón de acciones vistas en estas fechas como forma de contraposición al régimen. [1] Todos estos partidos han llamado a marchas para exigir respeto, concentraciones inútiles que terminan desembocando en nada, y apelaciones desde el interior del país hasta el exterior a la comunidad internacional, la cual ha implementado su común burocracia, —o de plano no ha hecho nada—. En segundo lugar [2] se encuentran los referendos consultivos y las colectas de firmas. Queda poco que decir al respecto ya que se han agotado todas las evidencias y preceptos que demuestran lo absurdo de esas acciones. Sin embargo, la única manera que esta estrategia funcione, es que todavía los órganos judiciales y administrativos no estén tomados en lo absoluto, o, en su defecto, la totalidad de los mismos, lo cual podría representar la primera etapa. Asimismo, la tercera acción [3] serían las simbólicas, las cuales son del mismo índole de las segundas. Tanto por dentro del país como por fuera de si, el objetivo radica la mayoría de las veces en llamar la atención de la comunidad internacional. Nuevamente, caemos en la burocracia y la inacción derivada de por factores como la discrepancia por los hechos los cuales se ocasiona la oposición al régimen, al igual que la indiferencia por una parte de la comunidad que apoya al mandato, misma que, aunque sea minoría, detendrá dicho proceso. Y el último [4] campañas de firmas por fraude electoral. Sencillamente, sin palabras.
Dictadura convertida en estado de excepción prolongado
Sumado a lo ya expuesto, es necesario iniciar precisando qué se entiende por democracia pacifista, a fin de delimitar el porqué de su incapacidad de ofrecer una solución eficaz al problema que aquí se plantea. La llamada democracia pacifista puede describirse, en términos generales, como una forma de acción política que privilegia estrategias no violentas frente al poder, independientemente de las capacidades de este, apoyándose en el respeto a los consensos populares expresados a través de procedimientos institucionales, en la utilización de los cauces judiciales para la tramitación de conflictos y reclamaciones, como en el recurso a prácticas de movilización pacífica como mecanismo principal de presión.
En contraste, el estado de excepción es un régimen jurídico, por naturaleza temporal, mediante el cual se otorgan facultades especiales al Poder Ejecutivo para hacer frente a situaciones graves que no pueden ser abordadas mediante los mecanismos ordinarios del ordenamiento, lo que conlleva la suspensión o restricción de determinados derechos y garantías constitucionales. Las dictaduras tienden a sumir sus mandatos en una situación material de excepción permanente, aun sin proclamar formalmente dicho estado, o bien les resulta jurídicamente sencillo institucionalizarlo cuando cuentan con suficiente control sobre los aparatos estatales y el sistema de frenos, extremo que suele evidenciarse en patrones reiterados de represión severa.
En tales contextos, la excepción se convierte en la norma. Agamben, G. (2004). Estado de excepción: Homo sacer, II, 1. Adriana Hidalgo Editora. Sostiene que el totalitarismo moderno puede definirse como la instauración de una “guerra civil legal” que permite eliminar categorías enteras de ciudadanos mediante el mecanismo del estado de excepción, de modo que este deja de ser una medida extraordinaria para convertirse en un paradigma normal de gobierno. El estado de excepción crea así una “zona de indiferencia” en la que el derecho se suspende, de manera que el régimen jurídico excepcional se transforma en el marco que autoriza, en la práctica, la exclusión de la libertad e incluso de la vida de determinadas personas, convertidas en vidas prescindibles. Sobre esta base, la norma que pasa a regir el sistema, una vez instaurado el estado de excepción, consolida su apariencia de legalidad mediante la formalización de ese régimen extraordinario como si fuera un orden jurídico ordinario. Tal instauración se orienta a descomponer selectivamente la pluralidad política, haciendo posible la persecución, detención e incluso la eliminación física de opositores, bajo la cobertura de disposiciones de emergencia. Un ejemplo paradigmático es el Decreto para la protección del pueblo y del Estado, dictado en Alemania en 1933, que suspendió los artículos de la Constitución de Weimar, relativos a las libertades personales y que nunca fue formalmente revocado, permitiendo calificar jurídicamente todo el Tercer Reich como un largo estado de excepción que se prolongó durante doce años. En escenarios de este tipo, la dinámica de excepción se convierte en el principal mecanismo de sometimiento de la población, autorizando detenciones arbitrarias sin orden judicial previa y medidas represivas fundadas más en señalamientos y presunciones políticas que en garantías procesales propias de un Estado de derecho.
Al mismo tiempo, las acciones previamente planteadas quedan anuladas por el Estado de derecho ya existente, lo que termina en su inutilización debido a su naturaleza, la cual se decanta por el mismo en cualquiera situación. Lo que resulta más banal, es que, aun en conciencia de que ese estado de derecho está siendo menoscabado sin mesura, se termina pidiendo respeto a las instituciones y, a seres los cuales carecen de moral.
A propósito de los gobernantes, a dista de ser suficiente, existe un cierto placer del cual alimentan su malicia los dictadores, uno que, de manera maquiavélica secreta, la población al orquestar acciones que terminan en nada. Y esa es la posterior vuelta a la dependencia al tirano en la cual la sociedad vive. En su plenitud, al estar centralizado el poder en el Estado, y por ende en los gobernantes, se extienden sus potestades a controlar áreas las cuales son imprescindibles para el ser humano, tales como la comida, la salud y los servicios básicos, lo que hace que inevitablemente algunos sectores de la sociedad se abstengan a expresarse por miedo a ser perjudicados en sus necesidades, y así, a largo plazo, sumirse en un estado de conformismo con la situación política, aunque, eso termina por aplicarse más en los simpatizantes al régimen, o por otro lado, a personas inicialmente dependientes de él, las cuales en muchos casos son personas marginales (refiriéndome a su estado mental). Del mismo modo, estas últimas deben su dependencia y simpatía al ser el grupo poblacional el cual inició el apoyo a la dictadura en su etapa de instauración. Así pues, no se ha de negar que la mayoría de la población se ve en dependencia de dicho régimen por el factor laboral, el cual, en Venezuela se ha visto centralizado por la destrucción del sector privado. Esto dejó al ciudadano común sin alternativas de fuentes de ingreso, al igual que resultó en que ser emprendedor se convirtiese en una bolsa de dificultades más que una opción.
La postergación del sufrimiento poblacional
En el marco de las observaciones anteriores, cabe agregar que una función pasiva de represión, respecta a la suspensión de estos servicios a la sociedad, no solo complicando su situación aún más, sino que postergando ese sufrimiento, el cual servirá como colaborante a la oposición para alimentar su discurso de libertad y exigencia de respeto a las autoridades. Esto es evidenciable en casos como en Siria, bajo el gobierno de Bashar al‑Asad en 2011, en ese periodo, fuerzas estatales cortaron electricidad, líneas telefónicas y suministro de agua en zonas que se convirtieron en focos de protestas contra el régimen, como parte de operaciones militares para sofocar las manifestaciones, según medios de comunicación, fungió como castigo a las zonas que se rebelaron, para aislar a la sociedad con un Estado el cual era altamente centralizado sobre la provisión de servicios. Del mismo modo, escenario parecido ocurrió en Venezuela en el año 2016, dónde el gobierno de Nicolás Maduro declaró estados de emergencia y de excepción en un contexto de protestas por escasez de alimentos y medicinas, combinando concentración de poder, militarización de la distribución de alimentos (CLAP) y graves fallas en servicios básicos, lo que afectó de manera sistemática el acceso a salud, alimentación y educación, reteniendo subsidios y así generando crisis en esos sectores según Human Rights Watch, (2016).
Es evidente entonces que si se sale de las manos la capacidad de generar un cambio por parte de la oposición, el terminar abogando por la incidencia extranjera es el último recurso que se vislumbra, lo cual, en lo anterior mencionado, solo generará burocracia y estancamiento si es que se debate una intervención, esto a base del derecho internacional. Asimismo, esto genera una dependencia esperanzada en las acciones internacionales, y estas han demostrado de forma empírica tediosidad en estos temas, generando incertidumbre e histeria reprimida. Al igual que, mientras más avanza la dictadura en temas de poder, ya trascendiendo fuera de su territorio nacional, causa que dicha nación se convierta en un peligro ya reconocible por algunos países. Lo cual hace que las opciones para dar fin al problema afecten más a la población que en un principio. Lo cual nos lleva a este postulado. ¨La abstención de las acciones contundentes para liberar un país durante un periodo prolongado desencadena que las represalias hacia la estructura dictatorial trasciendan a niveles mayores de las que en un principio se pudieran haber evitado¨. Simplificado, ante situaciones difíciles, soluciones a la altura. De forma realista, esas soluciones no terminan siendo el precio a pagar por la libertad, sino las consecuencias de un pasado irresponsable y una carencia de actitud para dirigir un movimiento que verdaderamente tuviese un plan realista a un escenario crudo como lo son los autoritarismos.
Conclusión
Tras el análisis pormenorizado de las tesis planteadas en este ensayo, llego a una conclusión ineludible sobre la inutilidad de los métodos tradicionales frente a estructuras de poder que han trascendido los límites de la legalidad convencional. La “democracia pacifista”, lejos de ser un camino hacia la libertad, se ha transmutado en una herramienta funcional para el propio régimen, alimentando un ciclo de error y postergación de la desdicha que arropa a la sociedad venezolana. Esta estrategia, arraigada a una inacción que busca mantener una supuesta rectitud moral, ha demostrado ser plenamente perjudicial para las masas, pues, se enfrenta a un adversario que no reconoce los mismos códigos éticos ni respeta los procedimientos institucionales. El liderazgo opositor, visto como una parafernalia colaborativa o un órgano heraldo de una esperanza cojeante, carece de la organización, los recursos y, sobre todo, del coraje necesario para ejecutar un accionar verdaderamente eficiente. En consecuencia, la persistencia en estas tácticas simbólicas como son las marchas sin objetivo, colectas de firmas y referendos en instituciones ya tomadas, no representaran un peligro real para la cúpula, sino que actúa como un placebo que permitirá al tirano justificar nuevos periodos de castigo contra quienes intentan rebelarse. Al final, este bucle de liderazgo político estancado solo sirve para que la sociedad termine pagando las consecuencias de una estrategia que, por su naturaleza, se reduce a la mera inutilidad en escenarios dictatoriales.
La realidad del control totalitario se manifiesta en la instauración de una “guerra civil legal”, donde el estado de excepción deja de ser una medida extraordinaria para convertirse en el paradigma normal de gobierno. En este escenario, la dictadura ejerce una represión estratégica y selectiva que anula cualquier intento de expresión popular a través de los cauces del derecho ya existente, los cuales han sido mermados sin mesura por el aparato estatal. Bajo esta lógica de “vidas prescindibles”, el régimen utiliza la apariencia de legalidad para formalizar un orden jurídico extraordinario que autoriza la persecución, detención y eliminación física de los opositores bajo la cobertura de disposiciones de emergencia. Esta dinámica de excepción permanente, similar a la experimentada en periodos históricos oscuros en el mundo, permite al poder centralizado controlar áreas imprescindibles como la salud y la alimentación, utilizando el hambre y la carencia de servicios básicos como una función pasiva de represión. Así, la población se ve sumida en una dependencia forzada hacia el tirano, donde el miedo a perder el acceso a necesidades vitales genera un conformismo trágico o una abstención absoluta de la protesta. El control de las potestades estatales se esparce por el sistema, dejando a la sociedad civil sin alternativas de ingreso o fuentes de poder autónomo, especialmente tras la destrucción del sector privado y la centralización absoluta de la vida pública.
Ante el estancamiento interno y la erosión de las capacidades de la oposición para generar un cambio real, el recurso a la incidencia extranjera se presenta como la última esperanza, aunque, esta ha demostrado ser una fuente de incertidumbre e histeria reprimida. Del mismo modo, las instituciones internacionales, a menudo, señaladas por su tediosidad y burocracia exterior, han participado más en el incremento de los trámites que en la resolución efectiva de la problemática, dejando al país en una dependencia esperanzada pero estéril. Esta inacción internacional, sumada a la abstención de acciones contundentes por parte de los actores locales durante periodos prolongados, ha permitido que la dictadura trascienda sus fronteras y se convierta en un peligro reconocido a nivel global. El postulado central de este trabajo cobra pues una relevancia crítica: la postergación de las soluciones realistas y crudas ante un escenario de autoritarismo, solo garantiza que las represalias futuras sean de una magnitud mucho mayor a las que se habrían enfrentado inicialmente. En última instancia, la libertad no se alcanzará mediante palabras melosas o narrativas democráticas vacías, sino reconociendo que la democracia pacifista es un sistema inválido frente a quienes ostentan el poder mediante la coacción y el control absoluto de las instituciones. Las soluciones deben estar a la altura de la gravedad de la situación, entendiendo que el precio que se paga actualmente no es el de la liberación, sino las consecuencias de un pasado irresponsable y una carencia sistemática de actitud para dirigir un movimiento de cambio verdadero. Y eso se presenta con una palabra: “Cobardía”.
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