Narcorégimen liberó al director de Fundaredes Javier Tarazona

Caracas. – Este pasado domingo que el activista y director de la organización Fundaredes, Javier Tarazona, fue excarcelado tras pasar más de cuatro años detenido, acusado de los presuntos delitos de incitación al odio, terrorismo y “traición a la patria”.

Su liberación se da en medio de un proceso de excarcelación prometido por la encargada del narcorégimen chavista, Delcy Rodríguez , tras la intervención militar estadounidense que logró la captura de Nicolás Maduro.

Organizaciones civiles y familiares confirmaron la excarcelación de Tarazona en la red social X. Luego de estar preso cuatro años y siete meses, “llegó este tan anhelado día”, escribió su hermano, José Tarazona. Mi hermano “está en libertad, gracias a Dios Todopoderoso”, comentó.

También, Tarazona fue liberado poco antes de la llegada a Caracas de la encargada de negocios de EE. UU. en Venezuela, Laura Dogu, quien reabrirá la misión diplomática estadounidense en Venezuela luego de siete años.

La ONG Fundaredes agradeció, a través de un comunicado publicado en Instagram, la solidaridad, el acompañamiento y el apoyo constante de organizaciones nacionales e internacionales, defensores de derechos humanos, periodistas y ciudadanos que “mantuvieron viva la exigencia de libertad y justicia”.

Se conoció, que junto a Tarazona fueron excarcelados otros presos políticos que se encontraban en El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), el cual será convertido en un centro deportivo y cultural, según informó el viernes Rodríguez.

El director de Fundaredes fue detenido el 2 de julio de 2021, luego de acudir a la sede de la Fiscalía en Coro, capital del estado Falcón (noroeste), a denunciar que estaba siendo víctima de acoso y persecución por parte de funcionarios de la Policía, agentes del SEBIN y sujetos sin identificar, según señaló en su momento la ONG.

VEPPEX Denuncia intento ilegal de deportación directa del Teniente Germán Rodolfo Valera López a Venezuela desde Arizona

La Organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX), presidido por José Antonio Colina —teniente (R) Guardia Nacional Bolivariana—, expresa su más enérgica condena y alarma extrema ante la información recibida de que las autoridades del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Phoenix, Arizona, han iniciado procedimientos para deportar directamente al Teniente (GN) Germán Rodolfo Varela López hacia Venezuela.

Esta acción ignora por completo la protección otorgada en 2005 bajo la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (CAT), donde un juez de inmigración de Estados Unidos determinó que su retorno a Venezuela implicaría un riesgo creíble e inminente de tortura, maltrato grave o ejecución, concediéndole deferral of removal que prohíbe expresamente su deportación directa a ese país.

El Teniente Varela López, uno de los militares valientes de la Plaza Altamira en 2002, se declaró en desobediencia contra el gobierno de Hugo Chávez por violaciones constitucionales y presencia de actores extranjeros armados. Acusado falsamente de terrorismo y otros delitos fabricados, huyó en diciembre de 2003 junto a otros compañeros, incluyendo al suscrito. Desde entonces, ha vivido en exilio cumpliendo con todas las obligaciones migratorias en EE.UU., sin antecedentes penales y contribuyendo a su comunidad.

A pesar de la protección CAT y del principio internacional de non-refoulement (no devolución a peligro), el intento de deportación directa desde Phoenix, Arizona, expone al Teniente Varela a:

  • Arresto inmediato y detención en centros de represión como El Helicoide o instalaciones militares, con riesgo de tortura sistemática, aislamiento prolongado, negación de atención médica o ejecución extrajudicial.
  • Persecución persistente por su historial como disidente militar de alto perfil, en un contexto donde —tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 y la asunción interina de Delcy Rodríguez como presidenta el 5 de enero— la represión continúa bajo remanentes del aparato estatal (figuras como Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López, colectivos armados y cientos de presos políticos aún detenidos, según reportes de Foro Penal y organizaciones independientes).

Este procedimiento constituye:

  1. Una violación grave al derecho internacional y a las obligaciones vinculantes de Estados Unidos bajo la Convención contra la Tortura.
  2. Un riesgo mortal inminente para la vida e integridad física del Teniente Varela.
  3. Un precedente extremadamente peligroso para miles de exiliados venezolanos con protección CAT, en plena transición política incompleta e incierta.

VEPPEX exige de manera inmediata e imperativa:

  • La suspensión inmediata y total de cualquier procedimiento de deportación del Teniente Germán Rodolfo Varela López.
  • Su liberación inmediata de la custodia de ICE y la revisión urgente de su caso para garantizar el respeto pleno a la protección CAT.
  • La intervención directa del Departamento de Estado, del Secretario Marco Rubio, del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y de cortes federales para detener esta violación flagrante de derechos humanos.
  • Un moratorio temporal general a deportaciones (directas o indirectas a terceros países) de venezolanos protegidos por CAT, hasta que se estabilice la transición democrática en Venezuela y se elimine el riesgo de persecución.

Hacemos un llamado urgente a la comunidad internacional, organizaciones de derechos humanos (ACLU, Amnistía Internacional, Human Rights Watch), medios de comunicación libres y la diáspora venezolana a unirse a esta denuncia. La vida del Teniente Germán Varela López está en peligro inminente; no permitiremos que la persecución política de más de dos décadas se extienda a territorio estadounidense mediante deportaciones ilegales.

La transición inesperada

Por Leroy Garrett.

En la madrugada del 3 de enero de 2026, Caracas se despertó con el rugido de helicópteros y explosiones que no eran fuegos artificiales de Año Nuevo atrasado. Nicolás Maduro, el hombre que se había proclamado invencible, fue sacado a rastras de su guarida por fuerzas especiales estadounidenses en la Operación Determinación Absoluta. Lo metieron en un avión rumbo a Nueva York, junto a Cilia Flores, para enfrentar cargos de narcoterrorismo, tráfico de cocaína y posesión de armas que harían sonrojar a cualquier capo del Caribe. Trump, desde Mar-a-Lago, lo celebró como si hubiera capturado al último dinosaurio rojo: “Vamos a gobernar el país hasta que hagamos una transición segura, adecuada y juiciosa”. Palabras textuales. No era una broma.

Venezuela, que durante décadas se vendió como el faro antiimperialista del continente, amaneció convertida en estado vasallo de Washington. No fue un golpe de la oposición, ni una rebelión popular, fue la entrega final de una soberanía que ya había sido hipotecada mucho antes: primero a La Habana, después al Foro de São Paulo y sus designios regionales. El chavismo, que se jactaba de resistir al “imperio”, terminó siendo el mejor aliado de Trump para limpiar la casa. Porque el régimen no solo perdió el control territorial: perdió la narrativa de la resistencia. Su presencia global en el mercado de narcóticos —esa red que financiaba desde colectivos hasta alianzas con carteles y grupos malignos del planeta— se volvió el pretexto perfecto para que EE. UU. entrara con botas y drones. Maduro no fue derrocado por demócratas; fue extraditado por narcoindictments que databan de 2020. Ironía suprema: el antiyanqui terminó en jaula federal gringa.

Y aquí viene lo más amargo para quienes soñaban con una primavera caribeña. La oposición, esa que marchó, votó y sufrió, quedó fuera del juego. Desplazada, marginada, sin un solo asiento en la mesa de la transición. ¿Por qué? Porque durante años optó por la genuflexión estratégica: “proteger espacios”, capitulaciones, conchupancias y negociados que la convirtieron en un actor decorativo. Ni el Premio Nobel de la Paz regalado a María Corina Machado pudo torcer la percepción en Washington. Trump la descartó con desdén: “No tiene el apoyo ni el respeto necesario dentro del país”. La Casa Blanca prefirió tratar con los que controlan el territorio, el ejército y el petróleo: los mismos chavistas de siempre, ahora con cara de arrepentidos. Delcy Rodríguez asumió como interina, y el mensaje es claro: el poder no se negocia con los que piden, sino con los que pueden entregarlo.

Porque el poder es de quien puede. Y aquí, el chavismo mutó de piel con una capacidad camaleónica que no se veía en el Caribe desde el post-asesinato de Chapita Trujillo. Bajo órdenes mudas de la Casa Blanca, el régimen exorcizado a la americana inició los reparos a sus transgresiones humanas. Presos políticos liberados a cuenta gotas: primero unos pocos estadounidenses, luego decenas, cientos según anuncian, en una amnistía que huele a pragmatismo más que a justicia. ¿Los demás reparos? Está por verse. Lo que sí es cierto es que el cambio político esperado por la oposición —ese en el que pagarían las “deudas” acumuladas— se quedó en Narnia. La transición no llegó con banderas azules y blancas; llegó con dólares verdes y contratos petroleros.

La familia petrolera, quizá la más dañada por esta orgía represiva y delincuente ahora en fase de “sanación”, encuentra al fin un camino de reparación. No en Caracas, sino en las cortes de Estados Unidos, a través de un inédito fondo fiduciario (QSF) que administra activos de PDVSA embargados. Es la ironía final: el expolio chavista termina pagando indemnizaciones bajo supervisión yanqui, mientras los damnificados —trabajadores despedidos, jubilados robados, empresas expropiadas— reclaman su parte en dólares contantes.

Verdades veredes, Sancho amigo. Esta no es la transición que soñamos, sino la que el poder real impuso. El chavismo no cayó; se recicló. La oposición no ganó; se evaporó. Y Venezuela, una vez más, es el patio trasero donde se negocian soberanías ajenas. Queda en la habilidad organizativa de los grupos afectados —víctimas de la represión, ya no los trabajadores petroleros que nos adelantamos a las realidades – , pero quedan los exiliados, los torturados, los violados de toda índole alzar la voz y reclamar sus daños. Porque si no lo hacen ellos, nadie lo hará por ellos. Ni Delcy, ni las guacamayas ni menos los interinos 

La historia no termina aquí. Solo cambia de disfraz.