Caracas. – Las labores de rescate en el estado Vargas, la entidad más afectada por el doble sismo del 24 de junio, continúan a pesar de las dificultades. Aunque últimamente se han extraído varios cuerpos de los escombros, los rescatistas se centran en encontrar a dos niños, Lucas Gámez y Fabio Bastardo, ambos de 9 años, quienes permanecen aún bajo los restos de sendos edificios.
Lucas Gámez, de origen argentino, cumplió sus 9 años este lunes en un contexto crítico: permanece atrapado bajo los restos del edificio Miramar, situado en Caraballeda, estado Vargas. Desapareció el pasado 24 de junio tras los dos fuertes terremotos que sacudieron la región, mientras visitaba a sus tíos.
En las últimas horas, los equipos especializados comenzaron a realizar pruebas de sonido para detectar posibles latidos del corazón y otros signos vitales en el edificio donde el menor fue visto por última vez, mientras su familia mantiene la esperanza de encontrarlo con vida.
Según informó Blancalida Martínez Coronado, madre del niño, actualmente los equipos trabajan en dos puntos específicos del inmueble, luego de haber logrado un mayor acceso al segundo piso, donde se encontraba el departamento de un familiar.
En ese sector los rescatistas continúan removiendo escombros y excavando un túnel que les permita ingresar con mayor seguridad, a las zonas donde creen que podrían encontrarse sobrevivientes.
Mientras, el padre del niño, Marco Gámez, reveló que los equipos de rescate detectaron calor corporal a unos diez metros de profundidad dentro del edificio y que los equipos tecnológicos estimaron que correspondería al cuerpo de un niño.
Por ello, los especialistas comenzaron a realizar pruebas acústicas destinadas a detectar latidos del corazón u otras señales de vida.
En el caso de Fabio Bastardo, se sabe que todavía permanece atrapado bajo los escombros de las Residencias Tahití, ubicadas también en Caraballeda.Las labores de extracción continúan de forma ininterrumpida en el séptimo piso del edificio para lograr el rescate del menor. En la zona se encuentra también su padre, Francisco Bastardo, siguiendo de cerca el operativo que se mantiene activo en la madrugada de este lunes 6 de julio.
El capitán de bomberos de Apure, Eleazar Caicedo, informó que los equipos de rescate lograron establecer contacto con el niño, lo cual avivó las esperanzas de poder sacarlo con vida del lugar siniestrado.
«Escuchamos al niño y respondió. Estamos cerca», puntualizó Caicedo desde el lugar de las operaciones, cuando eran las 12:15 am de este lunes. Se sabe que desde esa hora y hasta la tarde de este lunes, los rescatistas y familiares del infante han estado trabajando incansablemente en el lugar, para dar con su ubicación entre los escombros, a fin de extraerlo.
Caracas. – A 3.535 fallecidos con 16.740 heridos ascendieron las cifras de víctimas de los sismos ocurridos en Venezuela el pasado 24 de junio, de acuerdo al balance ofrecido este lunes por el narcorégimen chavista.
La cifra de heridos se mantiene igual respecto al balance del domingo, mientras que el número de fallecidos supone un aumento de 193 personas. Hasta este domingo, el número de muertes era de 3.342.El número de víctimas mortales fue actualizado mediante un comunicado oficial.
Sin embargo, el narcorégimen interino evita hablar sobre los desaparecidos tras los terremotos, pero la ONU estima que pueden ser hasta 50.000, mientras algunas proyecciones apuntan a una cifra cercana a los 10.000.
Según el nuevo balance, 6.462 personas han sido rescatadas, una cifra que no ha variado desde el pasado jueves, y 17.854 perdieron su vivienda, por lo que se han habilitado 82 campamentos transitorios, tres más respecto al domingo.
El comunicado precisó, que se mantienen en 856 los edificios afectados y 190 los colapsados.De acuerdo con los datos, 86.794 familias han sido atendidas y se han distribuido 9.603 toneladas de alimentos.
También se encuentran desplegados 29.567 efectivos del Ejército y fuerzas de seguridad, mientras que hay un total de 27.930 voluntarios registrados.
Caracas. – Una familia compuesta por dos adultos y dos menores de edad, incluido un bebé, fue rescatada con vida de entre los escombros del complejo OPP del Caribe, sector Tanaguarena en la parroquia Caraballeda, estado Vargas, doce días después del doble sismo que devastó la región venezolana.
El rescate ha sido calificado como un auténtico milagro de supervivencia en medio de la peor catástrofe natural reciente del país, cuando comisiones unificadas de bomberos, socorristas y equipos de rescate especializados lograron localizar, estabilizar y extraer con éxito a los cuatro sobrevivientes.
El hallazgo se registró la noche de este pasado domingo, cerca de las 21:00 horas, tras intensas labores de rastreo auditivo y remoción técnica de material en los perímetros críticos de la estructura residencial. El rescate desató escenas de emoción entre familiares, rescatistas y vecinos, quienes mantuvieron la esperanza de encontrar personas con vida pese al paso de los días y a las complejas condiciones en la zona afectada.
Luego que el hombre y su pareja fueran extraídos, fue la mujer quien alertó desesperadamente que sus dos pequeños hijos permanecían atrapados debajo de ella. Las brigadas redoblaron esfuerzos de inmediato para liberar al bebé y al niño, procediendo a aplicar maniobras de reanimación cardiopulmonar en el sitio antes de trasladarlos de emergencia.
Un hombre, una mujer y dos niños pequeños, encontrados con vida casi 12 días después en Opp Caribe 🙏🏼 pic.twitter.com/a9S7xkxlhe
Mariangel Sophia Carvajal, politólogo de la Universidad de los Andes (ULA) y Coordinadora Local Senior de EsLibertad Venezuela.
“(…) Los terremotos del 24J demostraron que el centralismo gubernamental no solo es ineficiente, sino peligroso. Pese a ello, en medio de las ruinas, (…) bastó la coordinación espontánea de millones de voluntades autónomas —fuera y dentro del país— para salvar vidas allí donde el Estado solo ofreció escombros..”
El terremoto doble del pasado 24 de junio sacudió a Venezuela: destruyó edificios, arrebató vidas y ocultó bajo los escombros a muchas personas que, a día de hoy, siguen desaparecidas, y es probable que muchas sean encontradas sin vida. Aunque es cierto que los milagros, después de cinco días, hasta el 29 de junio, siguen sucediendo, porque aún aparecen personas con vida, no es menos cierto que se pudieron haber salvado más vidas si el Estado venezolano hubiese permitido que las personas se prepararan para ello —quizá hasta incentivándolo él mismo—. Por esta razón, podemos afirmar que los sismos también sacudieron al régimen venezolano encabezado ahora por Delcy Rodríguez, a la infraestructura institucional y al chavismo en general; dos cosas quedaron demostradas: por un lado, el deterioro acumulado en 27 años de chavismo, por otro lado, el alto nivel de indiferencia hacia el sufrimiento de la sociedad venezolana.
Actualmente, según la ONU, asciende a 50.000 personas la cifra de desaparecidos a raíz del terremoto; además, un estudio preliminar publicado por la NASA indica que unos 59.000 edificios sufrieron daños estructurales (EFE, 2026). Ahora bien, hablando de heridos y de muertes confirmadas hasta el 01 de julio por Jorge Rodríguez, quien es presidente de la Asamblea Nacional chavista: hay 11.267 heridos y 2.295 muertos (página web de la AN, 2026). Sin embargo, organizaciones internacionales como las Naciones Unidas (Efecto Cocuyo, 2026) o la Organización Panamericana de la Salud (El Nacional, 2026), apuntan que las cifras son superiores y que ha habido un registro inadecuado de víctimas, siendo totalmente probable que el régimen venezolano altere datos. Asimismo, la OIM estima que los terremotos afectaron aproximadamente a 6,76 millones de personas (Efecto Cocuyo, 2026). Estas cifras son importantes para dimensionar lo que significó el terremoto en Venezuela, porque, a pesar de que los eventos sísmicos significan y pesan diferente para cada país, la diferencia radica especialmente en el nivel de preparación frente a desastres, insumos en hospitales y construcción segura antisísmica de los edificios.
Tras los destructivos sismos, muchos venezolanos salieron a ayudar a sus compatriotas con recursos escasos y conocimientos limitados. Sin embargo, el deseo de cooperar y la premura de ayudar a aquellos entre los escombros, superó a la coordinación macro necesaria -que no existió- para responder con efectividad, especialmente ante un Estado incapaz de actuar en favor de los necesitados.
Ahora bien, esta desconexión entre la voluntad civil y la parálisis institucional no es un fallo accidental, sino la consecuencia directa de la práctica de un modelo ideológico que hemos vivido los venezolanos desde hace mucho, a saber: el socialismo. En esta catástrofe, Venezuela ha demostrado, una vez más, que la promesa de un Estado protector que lo gestiona todo es, en realidad, una ilusión peligrosa que, en última instancia, también termina por socavar la capacidad de coordinación de la sociedad civil. Para desentrañar tal dinámica es útil analizar el marco conceptual de Hayek en torno a la planificación estatal —siempre en detrimento de la descentralización—.
En este sentido, Hayek plantea que la planificación dirigida por el Estado contiene dos principios, a saber: (1) que debe existir una igualdad absoluta y completa de todos los individuos; y (2) que la gente considere que esa igualdad sea deseable (citado por Borgucci, E., 2012). No obstante, es claro que esa igualdad es imposible de lograr, por tanto, “el discurso del planificador planteará entonces una lucha por una mayor igualdad. En consecuencia, el Estado planificador se debe hacer cargo en su totalidad de las personas a quienes les sirve. Es decir, el Estado planificador tiene ante sí un problema político central” (Hayek, citado por Borgucci, E., 2012, p.360).
¿Qué quiere decir lo anterior? Que el Estado, bajo la premisa planificadora y de la “igualdad”, terminará centralizando todo el poder en su afán y deseo de controlar lo que sucede en la economía del país, lo cual implica, también, darse vía libre a controlar precios, expropiar propiedades, controlar inclusive, en situaciones extremas, donaciones. No obstante, a pesar de todos los esfuerzos que pueda hacer el planificador central restringiendo y regulando todo —o eso intenta—, chocan con una realidad que ya Ludwig von Mises explicó a principios del siglo XX, esto es: sin precios libres, realizar cálculos económicos es sencillamente imposible, y, por tanto, que se asignen correctamente los recursos al tiempo oportuno. Todo ello responde al hecho de que, como también señala Hayek, “ningún planificador central podría poseer suficiente información para lograr la eficiencia (Trescott, P., 2021)”. Es decir, solo se centralizaría el poder, se intentaría imitar las reglas de decisión de una economía competitiva (Trescott, P., 2021) y se intervendría en la acción del mercado, pero igualmente no se lograría la eficiencia ni la prosperidad mantenida a largo plazo.
Ahora, ¿por qué Hayek relaciona la planificación económica por parte del Estado con el surgimiento del un Estado totalitario? Como bien resume Trescott, P. (2021): “Los esfuerzos por persuadir a la gente para que trabajara en pos de un conjunto común conducirían a la propaganda y a la represión del debate libre y la disidencia. (p.1)”.
Todo esto es precisamente lo que sucede en Venezuela desde hace algunos años. Todos hemos visto la represión a la libertad de expresión y la violación al derecho de la manifestación pacífica —consagrado en la Constitución venezolana en el artículo 68—. En general, se sabe que varios derechos humanos y derechos políticos han sido violados por el régimen venezolano. No obstante, el régimen no solo intentó por años centralizar el poder, la economía, la riqueza, etc., sino que, actualmente, también están cometiendo la insolencia de querer centralizar la ayuda, el rescate de personas que quedaron bajo los escombros de los edificios y la distribución bajo control militar. Se reportaron persecuciones a voluntarios que se inscribieron en plataformas digitales para colaborar como traductores con equipos de rescate internacionales. La presión fue tal que la página que concentraba dichos datos tuvo que cerrarse.
El doblete sísmico del 24 de junio ya ha comprobado que toda esta “planificación central” liderada por el Estado en los últimos 27 años de gobierno chavista no tuvo resultados eficientes ni efectivos, porque la mayoría de los edificios e infraestructuras pertenecientes a la “Gran Misión Vivienda Venezuela” -programa habitacional del chavismo lanzado en 2011 para construir viviendas en sectores populares- colapsaron, específicamente en los sectores Caraballeda y Catia La Mar, que se ubican en el litoral central del país, específicamente en La Guaira, Estado Vargas, que fueron de las zonas más afectadas y destruidas de la región central (Diario Las Américas, 2026). Es importante mencionar que, según el Diario Las Américas (2026): “Al menos dos de las cinco estructuras que forman parte del conjunto de la Misión Vivienda se derrumbaron (p.1)”.
El régimen venezolano comenzó con la planificación central y ha terminado desarrollando poderes dictatoriales con el tiempo. Esto es algo que se sabe desde hace años en el país. Pero los resultados de su dictadura y de su “trabajo”, si bien se han podido percibir anteriormente, por ejemplo, con la escasez de alimentos del año 2016, nunca habían sido tan palpables como esta vez con lo sucedido el pasado miércoles 24 de junio. La falta de un gobierno organizado y preocupado por su gente, fuerzas armadas indiferentes e incapaces de coordinar un rescate básico y los edificios mal construidos. Suma a esto ahora el hecho de que no dejen a la sociedad civil coordinarse y que la misma no esté preparada para responder adecuadamente a la crisis, porque no existen nociones básicas para ello, porque el Estado ha querido arrogarse absolutamente todo para ellos, porque “eran nuestros salvadores”.
El terremoto doble del 24J no ocasionó las ruinas de Venezuela, solo las hizo visibles. Lo acontecido el 24 de junio es la demostración empírica y el ejemplo del fracaso de la planificación centralizada que Friedrich Hayek denunció: un sistema diseñado, establecido y aferrado al poder, netamente enfocado en someter al ciudadano, pero totalmente inútil e indiferente para salvarlo.
En un sistema libre y descentralizado, la competencia y la responsabilidad legal obligan a cumplir normas de construcción que harían que los edificios fueran antisísmicos, es decir, pudieran resistir a sismos. La Gran Misión Vivienda Venezuela fue un proyecto que, en 2014, años después de sus inicios, según Transparencia Venezuela (citada por Diario Las Américas, 2026) alertó: “permaneció cubierto por la desidia y la corrupción (p.1)”. Los edificios colapsados y devastados son el resultado de la falta total de ingeniería de calidad, porque la lealtad partidista y los intereses propios prevalecieron sobre la preocupación por la vida de los ciudadanos que habitarían allí.
Adicionalmente, otra de las tesis de Hayek fue comprobada a través del “orden espontáneo” que sucedió al desastre natural del 24 de junio. Como ya mencioné, los valores del venezolano, la resiliencia y la empatía del mundo para con personas —en gran medida— desconocidas, se unieron por el mismo acontecimiento destructivo que sacudió al país —para aquellos venezolanos que vivieron el terremoto en alguno de los estados sacudidos— y por la solidaridad hacia quien lo perdió todo —para aquellas personas, venezolanas o no, dentro o fuera del país, que se solidarizaron difundiendo lo que había sucedido o donando recursos-; demostraron que el orden espontáneo significa, más allá del mercado o de la economía, humanidad.
Como explica Hayek (1966), el orden espontáneo se fundamenta en la reciprocidad y los beneficios mutuos. A diferencia de los sistemas verticales, su estructura “no se basa en una jerarquía única de fines y, por consiguiente, no asegura, en general, que lo más importante llegue antes que lo menos importante (p.185)”.
A este fenómeno el autor lo define como “Catalaxia”, un término derivado del griego ‘Katallattein’, que significa ‘admitir en la comunidad’ y ‘convertir de enemigo en amigo’” (p.184). Es el orden que emerge espotáneamente del intercambio libre, y lejos de exigir una escala de valores o fines centralizada y unitaria, no requiere planificación central ni jerarquía de fines: basta con que cada persona actúe desde su propio conocimiento, permite que los miembros de una sociedad libre tengan “una buena oportunidad de hacer un uso exitoso de sus conocimientos individuales para el logro de los propósitos individuales que efectivamente tengan.” (Hayek, F., 185)
Ahora bien, se sabe que este caso, tal y como lo describe Hayek, no es el caso de Venezuela, pero frente al evento extraordinario que sucedió, los venezolanos antepusieron la preocupación por la vida a la preocupación por ser perseguidos por las fuerzas armadas del país. Y es precisamente allí donde se relaciona lo citado anteriormente con el terremoto en Venezuela. Mi país fue testigo de una catalaxia en su estado más puro y urgente, por cuanto, ante la parálisis y la indolencia del centralismo gubernamental, los venezolanos se movilizaron de forma autónoma para ayudar a sus semejantes. Cada individuo activó su conocimiento local: unos mapeando zonas de desastre en redes sociales, otros difundiendo listas de desaparecidos, otros viajando de otros estados del país para ayudar, y muchos arriesgando su vida en los escombros. El propósito individual de algunos era encontrar a su familia; el de otros, el impulso voluntario de salvar a un extraño; y el de unos últimos, el sentimiento de deber moral de ayudar donando a aquel que lo había perdido todo. Y lo único que limitó esta respuesta ciudadana fue el mismo Estado —en el pasado y ahora—. Con todo, sin un plan central, la libre convergencia de estos fines particulares dio forma a un orden espontáneo de rescate que ha logrado que todo el mundo mire a Venezuela, mire a los damnificados y tenga un nuevo propósito individual: ayudar.
Los terremotos del 24J demostraron que el centralismo gubernamental no solo es ineficiente, sino peligroso. Pese a ello, en medio de las ruinas, la ausencia de autoridades en las primeras horas y la indiferencia estatal, quedó en evidencia la mayor lección hayekiana de nuestra historia reciente: Mi país fue testigo de una catalaxia en su estado más puro y urgente. Bastó la coordinación espontánea de millones de voluntades autónomas —fuera y dentro del país— para salvar vidas allí donde el Estado solo ofreció escombros.
BBC News Mundo. (2026). Así te lo contamos: asciende a más 1.900 el número de muertos tras los terremotos en Venezuela mientras disminuye la esperanza de hallar sobreviviente. En: https://www.bbc.com/mundo/live/czxq45p430lt
Borgucci, E. (2012). La descentralización en el discurso (neo)liberal entre 1940 y 1980. Espacio Abierto, vol. 21, núm. 2. Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela. En: https://www.redalyc.org/pdf/122/12222378007.pdf
Issing, O. (1999). Hayek – Competencia monetaria y Unión Monetaria Europea. Discurso del profesor Otmar Issing, Conferencia Anual en Memoria de Hayek, organizada por el Instituto de Asuntos Económicos. En: https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/1999/html/sp990527.en.html
Caracas. – La cifra oficial de víctimas en Venezuela se ha elevado a 2.645 muertos y más de 12.666 heridos, según el último balance actualizado para este viernes por el narcorégimen chavista.
Este reciente informe detalló además que unas 15.050 personas se quedaron sin vivienda y que 86.117 familias han sido atendidas. En el desglose, también habló de 6.462 personas rescatadas y de 885 edificios afectados, 189 de ellos totalmente colapsados, por lo que se han habilitado 59 campamentos transitorios.
También se han registrado 890 réplicas y siguen las labores de emergencia con miles de rescatistas, voluntarios y personal desplegado. La tragedia también afecta a extranjeros y a la comunidad cubana en Venezuela. España confirmó 32 fallecidos, 142 desaparecidos y 11 personas atrapadas, mientras una familia cubana de seis integrantes fue hallada sin vida y al menos 20 cubanos fueron reportados desaparecidos en medio de dudas sobre la transparencia de la información oficial.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que aún podría haber cerca de 50.000 personas desaparecidas. Mientras, el estado Vargas sigue siendo catalogado como zona de desastre.
Una primera evaluación experimental rápida realizada por la agencia espacial estadounidense NASA, a partir de imágenes satelitales indica que el doble terremoto en Venezuela podría haber dejado unos 58.870 edificios dañados o destruidos en toda la región afectada.
Caracas. – Parte de la infraestructura del Colegio Agustiniano San Judas Tadeo, situado en la parroquia caraqueña de La Pastora, sufrió un colapso total la tarde de este viernes. Aunque no se reportan víctimas ni heridos, el incidente causó gran alarma en esa comunidad, ya que parece ser una secuela de los sismos ocurridos el pasado 24 de junio.
Al momento de originarse el derrumbe, las instalaciones se encontraban completamente vacías, lo que evitó una tragedia en el sector. En las próximas horas, directivos del plantel y funcionarios de Protección Civil presentarán un balance junto al plan de contingencia para retomar las clases.
De acuerdo al balance presentado por los Bomberos de Caracas, se registró el colapso total de una pared perimetral del colegio. La edificación había quedado seriamente afectada tras el doble sismo, y ello provocó que finalmente cediera. Imágenes difundidas entonces mostraban grietas en paredes, desprendimiento de frisos y caída de elementos de mampostería en pasillos y áreas comunes del plantel.
Se conoció, que Protección Civil brindó atención prehospitalaria a una persona que sufrió un episodio convulsivo a causa de la impresión provocada por el suceso; el mismo fue estabilizado oportunamente en la unidad de ambulancia, agregó el organismo.
Se espera que en las próximas horas tanto las autoridades de la institución educativa como los cuerpos de Protección Civil ofrezcan un balance oficial. En este informe se detallarán los planes de contingencia, y las alternativas para la reubicación de las actividades escolares.
Caracas. – Desde tempranas horas de este pasado jueves, los grupos de rescate vienen alertando sobre el hallazgo de 21 personas con vida, quienes se encuentran atrapadas bajo las estructuras colapsadas del edificio Oasis Beach, un complejo residencial ubicado en el sector Playa Grande, parroquia Urimare del estado Vargas.
De acuerdo con el reporte de los expertos desplegados en esa zona, el grupo de ciudadanos ha logrado resistir confinado en espacios de aire y bolsas de supervivencia estructural durante nueve días continuos, tras el doble sismo que causó estragos en la franja norte del país el pasado 24 de junio.
Uno de los sobrevivientes sería el vicealmirante Gustavo Romero Matamoros, jefe de la Policía de Vargas, quien pudo comunicarse en clave morse, y a través de un radio, con el grupo de rescate, revelando la situación actual tanto de él, como del grupo que lo acompaña.
De hecho, el 26 de junio, dos días después de que se registraran los terremotos, Romero logró enviar un mensaje confirmando que él y otras 20 personas seguían con vida.
Varios videos circularon en redes sociales, mostrando el momento en el que el edificio Oasis Beach se desploma por los fuertes movimientos telúricos, dejando a un grupo de personas atrapadas bajo los escombros.
Mientras, las labores de búsqueda y rescate se mantienen en el lugar. Funcionarios bomberiles informan que trabajan de forma articulada con equipos de Protección Civil, organismos de seguridad y las Brigadas Internacionales de Rescatistas, con el objetivo de abrir orificios de acceso necesarios, para poder acceder hacia las personas atrapadas entre las ruinas.
Caracas. – La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió este pasado jueves, que el número de víctimas mortales por los terremotos del 24 de junio en Venezuela podría incrementarse en los próximos días, a medida que concluyan las operaciones de búsqueda y rescate, y den paso a las labores de recuperación en las zonas devastadas.
«El terremoto de la semana pasada ha dejado más de 2 mil 300 muertos, más de 5 mil heridos y cerca de 16 mil personas sin hogar», dijo el director general de la agencia de salud de la ONU, Tedros Adhano Ghebreyesus.
“Es probable que a medida que las labores de búsqueda y rescate de víctimas de los terremotos en Venezuela dan paso a las tareas de recuperación ‘el número total de fallecidos aumente de forma considerable”, indicó.
La OMS coordina actualmente el trabajo de los equipos médicos internacionales de emergencia que están en el terreno atendido a los heridos y apoyando al sistema nacional de salud para que pueda seguir brindando otros tipos de atención sanitario esencial.
El organismo explicó que el impacto sobre los servicios de salud y el personal sanitario, se ve agravado por años de falta de inversión y crisis financiera, que provocaron la emigración de decenas de miles de trabajadores de la salud.
Además, un número indeterminado de personal sanitario ha fallecido, desaparecido o resultado afectado. Antes del desastre, muchos hospitales ya enfrentaban graves carencias, con hasta el 37 % de los medicamentos esenciales faltantes.
Ghebreyesus dijo que su entidad ha desembolsado USD$ 1.5 millones su Fondo para Contingencias de Emergencia y ha enviado más de seis toneladas de suministros, a las que se sumarán otras 28 toneladas en los próximos días.
Mientras, un responsable de emergencias de la OMS destacó que la desaparición de la encargada de la red de atención materna del estado La Guaira representa un duro golpe para la capacidad de respuesta del sistema sanitario.
“La responsable de toda la red de atención materna de La Guaira ‘está desaparecida y, por desgracia, se presume que falleció en el terremoto, todo lo cual está todo teniendo un impacto directo en la respuesta sanitaria”, advirtió.
Por Oriana Aranguren, licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Senior de EsLibertad Venezuela[*].
El pasado 24 de junio (2026), la tierra tembló dos veces con una violencia que mi memoria jamás olvidará. Día feriado en Venezuela, por tanto, no laborable, la mayoría de las personas se encontraban descansando en sus casas o en asuntos familiares cuando el doblete sísmico de que sacudió a Venezuela, con magnitudes de 7.2 y 7.5, fracturó el pavimento y derribó estructuras enteras en el norte del país. Muchos me cuentan que creyeron que era un «temblor normal», como esos que siempre han ocurrido en el país varias veces, pero pronto nos dariamos cuenta de la magnitud del desastre que desgarro el tejido cotidiano de miles de familias.
Cuando el estruendo cesó y el polvo comenzó a asentarse sobre la costa, el panorama en La Guaira era desolador: el principal puerto incomunicado, infraestructuras hechas añicos y un silencio pesado que pronto fue sepultado por los gritos de auxilio. Al ver las primeras imágenes de algunas zonas de Caracas, pero, especialmente, las imagenes aéreas de Caraballeda y Catia La Mar, con edificios de varios pisos reducidos a escombros y cerros que se habían venido abajo, sentí una mezcla de terror y profunda empatía por todos. Tras esto, miles de venezolanos de bien fueron se dispusieron a apoyar en lo que pudieran a los necesitados.
Llegar a la zona más afectada como voluntaria significó chocar de frente con una realidad brutal que los noticieros no logran transmitir. El olor a concreto pulverizado, el eco de las réplicas que ponían a temblar las piernas y las miradas desorbitadas de quienes lo habían perdido TODO en cuestión de minutos marcaron mis primeras horas en el terreno. La sociedad civil, con sus limitados conocimientos y herramientas, movidos por la solidaridad, se organizó rápido, entre el caos y las lágrimas, para remover escombros con las manos desnudas o con lo que tuvieran a la mano, buscando señales de vida.
Sé de algunos que lograron ayudar a sus vecinos a salir de los escombros, y cada vez que lograban sacar a alguien con vida, la emoción contenida estallaba en un llanto colectivo que les devolvía las fuerzas. No obstante, no todos corrieron con la misma suerte; a pesar de los esfuerzos, a muchos les tocó enfrentar el dolor insoportable de recuperar cuerpos sin vida y consolar —si es que acaso es eso posible— a algunos familiares atrapados en el desespero. La tragedia se sentía a flor de piel, en cada caja de suministros que se cargába, en cada botella de agua que se racionaba y en el cansancio físico que desaparecía ante la urgencia de ayudar.
En medio de ese dolor, la indignación no tardó en aparecer al constatar el abandono institucional. Mientras la emergencia humanitaria escalaba y los hospitales locales colapsaban por la falta de insumos, el Estado venezolano demostró una alarmante incapacidad y negligencia para atender la crisis como correspondía. Las respuestas oficiales fueron lentas, burocráticas y totalmente insuficientes para la magnitud de un desastre que dejó miles de edificios destruidos y un saldo trágico de vidas perdidas. Faltó maquinaria pesada, faltó coordinación logística y, sobre todo, faltó la voluntad de proteger a los más vulnerables en el momento más crítico. La ausencia de un plan de contingencia real dejó en evidencia que las prioridades de quienes gobiernan están muy alejadas de las necesidades del ciudadano de a pie.
Sin embargo, lo que el gobierno no pudo o no quiso hacer, lo resolvió la propia población a fuerza de pura solidaridad. Buena parte de la salvación de La Guaira no llegó en caravanas oficiales, sino en las manos de la misma gente afectada, de los vecinos que arriesgaron sus vidas para salvar a otros y de las oleadas de voluntarios civiles que llegamos desde distintas partes del país. Vimos a personas que habían perdido sus propias casas compartiendo lo poco que les quedaba, organizando cocinas comunitarias y tejiendo redes espontáneas para distribuir medicamentos y ropa. Esa resiliencia y hermandad genuina demostraron que el corazón de Venezuela sigue latiendo con fuerza en su gente. Fuimos nosotros, o en presente, somos nosotros… los ciudadanos unidos por el dolor y el amor a nuestra tierra, junto a la ayuda internacional que llegó apenas pudo —sin duda alguna, muy necesaria—, quienes hemos sostenido al país, aunque todo lo demás se caiga a pedazos. Y seguiremos siendo nosotros, también aceptando la ayuda internacional que disponga hacerlo, quienes mantengamos a flote este país, a pesar de las circunstancias.
[*] Apedagos a la solicitud de la autora, no se colocó fotos en esta oportunidad, dado el mensaje y el contexto que dió origen al texto.
Caracas. – La asociación de béisbol infantil Criollitos de Venezuela confirmó este pasado domingo que al menos 100 niños que formaban parte de sus filas perdieron la vida en el estado Vargas, a causa de los dos terremotos que sacudieron a varias regiones del país el 24 de junio, con sus respectivas réplicas posteriores.
El presidente de la organización, Jhorny Sojo, declaró que «es una tragedia y un dolor tan descomunal que no va a tener remedio alguno». «No tenemos todos los números reales. Hay como 100 peloteros fallecidos confirmados por los reportes de las diferentes divisiones; y siguen desaparecidos muchos más. Hay muchos que están hospitalizados en los centros de salud de Caracas», declaró al portal informativo El Pitazo.
Aunque se desconocen los detalles, Sojo comentó que la mayoría serían de categorías menores: “Lo que más lamentamos es que la mayoría de los niños fallecidos son de la categoría semilleros, de cuatro y cinco años. Ha sido algo terrible”.
El presidente de Criollitos de Venezuela no fue ajeno a la tragedia al estar damnificado, pues su vivienda, ubicada en La Guaira, se vio afectada por los terremotos. “Fue una escena como de guerra. El primer sismo nos sacudió, pero el segundo se llevó edificios completos”, relató.
Desde entonces, indicó que se mantiene trabajando junto a otros miembros de la organización para coordinar ayuda humanitaria, alimentos, medicinas y apoyo logístico para los peloteros y sus familias.
Criollitos de Venezuela es una de las principales estructuras de formación de béisbol menor en el estado Vargas, con aproximadamente 1.200 niños y jóvenes inscritos en diferentes categorías.
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