¿Están cerrando el ‘Starbucks’ de Venezuela?

La apertura del supuesto Starbucks en Las Mercedes parece no haber generado los resultados que se esperaban.

Tras la euforia por la presunta fundación de un Starbucks ubicado en Venezuela, específicamente en Las Mercedes, los cuestionamientos sobre la legitimidad de ese negocio comenzaron. En gran medida, por ser la reconocida cadena de café una compañia proveniente de los Estados Unidos, y su apertura en Venezuela representaría una violación a las sanciones impuestas por la nación norteamericana.

A pesar del auge casi inmediato que hubo, tanto Starbucks como Nestlé, compañía a la que se le otorgó la licencia de servir algunos productos de la compañía, negaron tener presencia en Venezuela..

Solo algunos días han pasado desde que se inauguró el local, y ya parecen estar cerrando el negocio o cambiando el logo. Así lo informó en sus redes sociales el comunicador, Esteban Hernández, quien adjuntó una foto de ello, «Están cubriendo el logo del «Starbucks» de Las Mercedes,» señaló.

La información ya se ha viralizado en las redes sociales y la incertidumbre respecto a los motivos de esta acción siguen aumentando en conjunto con las especulaciones para tratar de explicarla.

Lituania se alza contra China

Lituania, pequeña nación con solo tres millones de personas, ha decidido alzarse en contra del imperio chino, con 1.4 billones de ciudadanos, al permitir la apertura de una oficina de representación taiwanesa en Vilna, capital del país.

Esta medida fue altamente rechazada por el régimen comunista chino dirigido por Xi Jinping, que inició una cadena de acciones para tratar de someter a Lituania, entre las que se encuentra la expulsión del embajador lituano de territorio chino, el sacar al embajador chino de Lituania y minimizar al estatus diplomático de su embajada.

Así mismo, el imperio oriental ha comenzado a presionar otros países a evitar actividades comerciales con la pequeña nación. Según Reuters, se está ejerciendo fuerza sobre Alemania para que no utilicen componentes para sus carros que provengan de Lituania bajo la amenaza de no poder ingresar al mercado chino.

El vocero del ministerio de asuntos exteriores de China, Zhao Lijian, expresó en unas declaraciones que Lituania terminaría en “el basurero de la historia” junto con las demás naciones que insistan en actuar para favorecer el esfuerzo taiwanés de obtener autonomía total y no ser considerada parte de la República Popular China.

Arremeten contra Roberto Marrero por asegurar que no apoyar a Guaidó es apoyar a Maduro

El exjefe de gabinete del interinato, Roberto Marrero, fue blanco de críticas y burlas en redes sociales debido a su más reciente comentario respecto a la tiranía venezolana y al dirigente de Voluntad Popular, Juan Guaidó.

Según Marrero, no existen puntos medios ni alternativas al momento de escoger al liderazgo opositor, «En blanco y negro, quien no apoye la continuidad del gobierno interino, está apoyando a Maduro,» dijo.

Sin embargo, ese comentario no fue bien recibido por los venezolanos quienes no dudaron en reaccionar contra las polémicas declaraciones. Les presentamos algunas reacciones:

Tiranía de Nicaragua expropia donaciones de Taiwán y se las adjudica a China

El gobierno de Taiwán realizó unas donaciones a la Arquidiócesis de Managua, incluyendo la Sede diplomática en donde operaban, antes de su partida del país.

Sin embargo, el régimen de Daniel Ortega ha decidido expropiarlas debido al reconocimiento que ese país le da a la República Popular China como la única nación legítima bajo ese nombre, y se las ha adjudicado al gobierno dirigido por Xi Jinping.

Así mismo, la tiranía de Ortega amenazó con cárcel a quienes reclamen que se devuelvan los bienes robados, entro los cuales se encontraban algunos vehículos que Taiwán tenía en la nación centroamericana, según publicó La Prensa.

El comunicado oficial para implementar esta acción se hizo a través de la Procuraduría en donde se enfatiza que existe una sola China, por lo que no pueden existir bienes pertenecientes a Taiwán dentro de sus fronteras.

España reclamará a Venezuela deuda de 138 millones de euros

De El País

España reclamará a Venezuela una deuda de 138 millones de euros, como señaló esta semana ante el Congreso el secretario de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa, Gonzalo García Andrés.

El humo comenzó a entrar en el vagón sin aire acondicionado, repleto como siempre a media tarde. El tren casi estaba llegando a la estación, chirriaba contra los rieles y echaba chispas. Sonaba como una explosión y pintaba como una tragedia. Los botones de alarma para pedir la apertura de puertas fueron apretados con desesperación por los pasajeros ahogados.

Algunos lloraban de pánico, mientras otros golpeaban las ventanas y puertas del tren para salir. Entre vidrios rotos comenzó una nueva estampida en el Metro de Caracas. Este es el relato que recogieron las redes sociales de una de las recurrentes averías en el sistema de transporte ocurrida en la estación Los Dos Caminos el 14 de octubre pasado, similar a otras 14 que se han registrado este año; la última, hace una semana.

Hace una década el Gobierno venezolano contrató una costosa rehabilitación con un consorcio de empresas españolas, que este año ha apelado a la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (CESCE) para reclamar una indemnización por el incumplimiento de un contrato para la modernización de la Línea 1 del Metro de Caracas, la más extensa de la ciudad.

En 2008, el Gobierno de Hugo Chávez —con Diosdado Cabello como ministro de Infraestructura— firmó un contrato por 1.500 millones de euros con la Unión Temporal de Empresas (UTE) Consorcio Sistemas para Metro, conformado por CAF, Dimetronic, Cobra y Constructora Hispánica. La compleja obra fue adjudicada sin licitación, en base a un decreto de emergencia dictado por el Gobierno, con una opacidad que años después dejó ver trazas de corrupción como parte del escándalo de la Banca Privada d’Andorra. El ex funcionario venezolano Carlos Luis Aguilera está siendo investigado por el presunto delito de blanqueo de capitales al supuestamente cobrar comisiones del 4,8% sobre este contrato depositadas en cuentas en ese país, reveló EL PAÍS en 2018.

La rehabilitación incluía el cambio de las subestaciones eléctricas y la rehabilitación de 22 kilómetros de vía férrea para el funcionamiento de 48 nuevos trenes que fueron adquiridos. Esta modernización implicaba migrar de la tecnología análoga francesa de los trenes Alstom que tuvo el Metro de Caracas por 30 años —de los que gran parte fue un modelo para la región— por la tecnología digital española.

Pero pronto comenzaron los desencuentros por ese contrato que abrió un boquete en el patrimonio público y hoy hace a los caraqueños pasar episodios de desespero bajo tierra y suma una nueva deuda al Estado venezolano. Al año siguiente de la firma, Chávez pidió que se revisara el contrato y se incluyera la transferencia tecnológica que nunca estuvo prevista, como tampoco la dotación de los primeros repuestos para el mantenimiento. También comenzaron los atrasos en los pagos.

La rehabilitación debería haber culminado en 2012, pero según documentos oficiales para entonces apenas se había ejecutado 43% del dinero y se había alcanzado 49% de las obras. Casi 10 años después la opacidad todavía cubre este contrato, por lo que no se sabe cuánto de lo acordado se pagó, qué obras se pagaron y quedaron pendientes y a cuánto ascienden las deudas con los proveedores españoles, que no son las únicas que tiene el Metro de Caracas.

Este año Nicolás Maduro ofreció 15 millones de euros para reactivar los frentes de obras de las ampliaciones del subterráneo hacia las ciudades periféricas, paralizadas por años tras el escándalo de corrupción de la brasilera Odebrecht. Y a principios de diciembre, el líder chavista que, en su juventud fue sindicalista en el Metro de Caracas, ordenó recuperar todo el sistema de transporte subterráneo de la capital. “Vamos a hacer un plan: Metro adentro y Metro afuera”, dijo en televisión intentando hacer un chiste de doble sentido.

¿Venezuela se arregló?

Por Oswaldo Silva Martínez

Durante los últimos cinco años, los venezolanos han experimentado las gravísimas consecuencias del sistema de dominación social impuesto por Hugo Chávez —y continuado por Nicolás Maduro—, siendo marcados por la limitación de las oportunidades para progresar económicamente, un ambiente político hostil, y una inseguridad jurídica creciente. Sin embargo, poco se ha querido discutir con respecto a los efectos psicológicos que supone el estar atrapado en Venezuela y cómo eso alienta una disociación con la realidad del mundo, así como la distorsión de las prioridades de una persona en el máximo de sus capacidades. Debido a esto último, nos hemos encontrado con la absurda afirmación que “Venezuela se arregló”. 

Cabe destacar que, quien no esté familiarizado con las dinámicas de las redes sociales pudiese pasar por alto el hecho que, en principio, el decir que Venezuela está en proceso de mejora o que definitivamente se arregló es un meme. Y es que, esta afirmación, acompañada de la foto de una promoción de comida rápida a bajo costo o de un lugar estéticamente atractivo, se ha convertido en una constante dentro de las publicaciones en Facebook, Twitter o Instagram, las cuales generan una inmensa cantidad de interacciones entre quienes disfrutan de estas oportunidades y quienes las aprovechan para hacer una crítica a la realidad del país; aunque todo termina siendo un chiste y un bullying autoinfligido a lo que somos como nación. 

¿Pero el hecho que sea un meme niega su veracidad? Para abordar esa pregunta, hace falta explicar un par de asuntos puntuales. El primero de ellos, se trata del nuevo estadio en el que se encuentra el proyecto político chavista; mientras que el segundo consiste en la degradación de la calidad de vida del venezolano y cómo eso repercute en su percepción de la realidad y lo que significa el bienestar. 

Entonces, sí  es cierto que existen mejoras superficiales en el mercado venezolano, sobre todo en el sector comercial de esta afligida e inestable economía. Si comparamos a la Venezuela del 2016 con la Venezuela del 2021, podemos notar la proliferación de establecimientos de comida, cafés, locales nocturnos, o emprendimientos de servicios de catering, sumado a los conocidos bodegones cuya principal oferta es la de productos importados —que, aunque mundanos, son altamente apreciados por los venezolanos—. Todos estos modelos de negocios son de alta rotación y, curiosamente, susceptibles a malas prácticas contables.

Es por ello que, encontrarse con un nuevo sitio donde disfrutar de un buen café, contar con un local accesible para beber cervezas y cocteles, o conseguir Nutella, Pop Tarts y latas de Arizona iced tea en el negocio de la esquina, puede ser interpretado como una evolución, y más cuando sigue fresca la memoria de haber tenido que hacer filas de más de dos horas para comprar pan, o pasar todo un día recorriendo supermercados para conseguir harina de maíz precocida. A fin de cuentas, no todos tienen la capacidad o la disposición para indagar sobre la verdadera naturaleza de las cosas.

Esta nueva “realidad” llegó a suceder porque el chavismo logró su cometido. Las políticas públicas inspiradas en el socialismo real, ese que expropia empresas, controla precios y concentra poder, impulsó la destrucción de la iniciativa privada y el éxodo de más de 6 millones de venezolanos;  esto a su vez produjo dos grandes oportunidades. La primera fue que los individuos asociados al régimen se apoderaran del mercado, y desarrollaran nuevas empresas con el dinero mal habido e iniciaron una gran operación de legitimación de capitales. Y la segunda, fue que se incrementó el flujo de divisas en Venezuela gracias a las remesas que envían quienes andan por Colombia, Chile, Estados Unidos o España trabajando arduamente para ganarse la vida y ayudar a sus familias. 

Ahora bien, ¿Cómo afecta esto la percepción del venezolano común sobre el propio sistema donde se desenvuelve? Pues ha tenido que aprender a conformarse con pequeños placeres y lujos —que para nada representan prosperidad ni bienestar— para escapar momentáneamente del estrés de tener que hacer filas interminables para surtir gasolina, o la frustración que produce el pasar medio día sin energía eléctrica.

En Venezuela, no hay evidencia de mejoras en la productividad, esto lo podemos ver a través de casos emblemáticos como Empresas Polar, donde la mayoría de las compañías en su portafolio trabajan a media capacidad por la baja demanda que hay en el mercado. Entonces, el dinero que circula en el país no da para mucho. La clase media que antes podía ahorrar para comprar una casa o un carro, hoy se da el lujo de comprar un par de zapatos; quienes antes podían salir a comer en restaurantes todas las semanas, hoy pueden disfrutar de un postre en un café; y también quienes antes disfrutaban de su franquicia favorita de comida rápida, hoy solo salen por un helado.   

De nuevo, si la comparación se hace tomando en cuenta la realidad del siglo XX o los primeros años del nuevo milenio, no habría espacio para la afirmación absurda que menciono al principio. Pero el constante flujo de adversidades que experimentan los venezolanos los hace vivir en el ahora y solo visualizar el corto plazo. Por esta razón, se normalizan las dinámicas de una economía insostenible, donde se idealiza el estilo de vida del primer mundo, y a su vez se ignora el esfuerzo que eso conlleva y las condiciones necesarias para que perdure en el tiempo y transite por un curso de mejoras progresivas.  

En síntesis, puedo afirmar con total seguridad que Venezuela no se ha arreglado. Sin embargo, es válido decir que el chavismo está por estabilizarse. Ahora no cuentan con los cientos de miles de millones de dólares que manejó Chávez para controlar a la población a punta de subsidios, pero tienen a una sociedad desilusionada de la política y embelesada con los productos de Walmart con sobreprecio. A su vez, tiene a sus elementos clave haciendo fortunas y financiando la ficción de democracia. Venezuela es un tormento para quienes viven con unos pocos dólares al mes, y es el paraíso para los “empresarios” que montan cadenas de tiendas de electrodomésticos y para los jerarcas de los cuerpos policiales convertidos en los nuevos gurús de la movida gastronómica, pero esto es un tema que vale la pena abordar en otra entrega.