Esta semana se hizo evidente nuetamente la incapacidad de María Corina Machado para tomar las riendas del país, a pesar de que juró poder hacerlo durante mucho tiempo. La reiterada promesa de la dirigente sobre su inminente retorno a Venezuela para liderar el proceso político desde el interior del país ha reabierto el debate sobre la credibilidad y la efectividad de las estrategias que —supuestamente— ha tenido desde, al menos, el año 2023.
Lo cierto es que, tras haber afirmado inicialmente que no abandonaría el territorio nacional, sus posteriores anuncios de regresar en plazos semanales o mensuales no se han concretado, extendiéndose esta narrativa hacia finales del año 2026 sin que se traduzca en acciones efectivas en el terreno.
Este patrón de declaraciones repetitivas, que incluye también compromisos incumplidos como el retorno de Edmundo González para el 10 de enero, refleja una tendencia a convertir la agenda política en un espectáculo mediático que, de facto, resta valor a las decisiones de la dirigencia que pretende gobernar en el país.
Esta desconexión entre el discurso y la realidad se evidencia en la instrumentalización coyuntural de situaciones de crisis o desastres naturales, donde las declaraciones públicas han priorizado la figuración personal sobre la atención a las severas pérdidas materiales y humanas sufridas por la población.
En este marco, la constante postergación de los compromisos anunciados erosiona la confianza ciudadana, evidenciando que cualquier acción táctica de relevancia debería ejecutarse de manera directa y sin convocatorias efectistas que terminen descalificando la efectividad del liderazgo.
Por todo esto, la dirigente de Vente Venezuela y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, ha sido seleccionada como la Borrego de la Semana en ContraPoder News. En esencia, Machado se ha convertido en la eterna líder del «vuelvo pronto» que nunca cumple sus promesas.









