En el análisis de la coyuntura política actual, se ha puesto de relieve un fenómeno recurrente centrado en la profunda inconsistencia conductual y el doble rasero con el que determinados actores públicos y opinadores evalúan los hechos según su conveniencia.
Lejos de tratarse de una simple divergencia de visiones ideológicas, el motivo principal que sustenta este reconocimiento radica en la flagrante contradicción de modificar criterios, descalificar o validar información de manera oportunista en función de los intereses del momento.
En este marco, encaja perfecto Orlando Avendaño, quien cambió su percepción sobre la encuestadora Atlas Intel, dado que ahora sí se amolda a sus intereses. En un período anterior, cuando dicha compañía difundió estudios que reflejaban un incremento porcentual en la popularidad de figuras como el genocida dictador Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez y Cilia Flores, este personaje desacreditó tajantemente los resultados, tildando a la encuestadora de perder toda seriedad y calificándola despectivamente como información inútil.
Sin embargo, la contradicción quedó plenamente evidenciada cuando, ante un estudio regional posterior de esa misma firma que situó a María Corina Machado como la líder política mejor valorada de América Latina, el referido actor dio un giro absoluto en su postura, volviendo a validar y aplaudir a la encuestadora por ofrecer datos acordes a sus preferencias.
Este comportamiento de desechar o ensalzar una misma fuente técnica según favorezca o perjudique una narrativa particular ejemplifica la hipocresía y la falta de coherencia que impera en el debate público, justificando plenamente su elección bajo este perfil semanal.
Todo ello demuestra que, en el fondo, a ellos no les interesa informar realmente, sino hacer propaganda de ciertos intereses, convirtiendose en fanáticos activistas del personaje de turno al que veneran. Por esta razón, Orlando Avendaño es seleccionado como el Borrego de la Semana, aunque en esta categoría entran todos los que tienen su misma conducta y se hacen llamar a sí mismos «periodistas».









