Esta semana, la estratega del aparato criminal de la narcotiranía que somete a Venezuela, Cilia Flores, ha sido elegida como el «borrego de la semana», respondiendo esta designación a su actual situación jurídica y personal tras cumplir dos meses de reclusión en EE. UU., donde enfrenta cargos por narcoterrorismo junto al genocida Nicolás Maduro.
La considerada «mente maestra» de varios entramados de corrupción de la dictadura chavista, hace poco recibió una dosis de su propia medicina, porque un juez estadounidense ha prohibido el uso de fondos públicos del Estado venezolano para financiar la defensa legal de la pareja de narcotraficantes.
A pesar de contar con abogados de amplia trayectoria y altos honorarios, Flores ha interpuesto una solicitud para desestimar su caso, con el objetivo de intentar desbloquear el acceso a dinero público para costear su representación, bajo el argumento de que no poseen una riqueza legítima comparable a la de grandes empresarios internacionales, sino recursos que, valga decir, el sistema judicial estadounidense identifica como producto de actividades ilícitas y del erario nacional.
Cabe señalar que, durante estos dos meses de prisión, el entorno de Cilia Flores ha mostrado un fuerte descontento por el régimen de vida impuesto en prisión. Y esto se suma a los reportes de que mencionan que Maduro ha perdido aproximadamente 10 kg debido al racionamiento estricto de alimentos en el centro de reclusión.
Es importante señalar que esto ocurre en un marco de pérdida de influencia de Flores, quien en el pasado era ferviente defensora de los protagonistas del 4 de febrero, pero ahora se encuentra en una posición de vulnerabilidad, rogando por una defensa que —curiosamente— ella misma negó a otros en el pasado, cuando encabezaba el régimen chavista con su esposo.







