El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha anunciado este jueves su intención de «pausar permanentemente» la inmigración desde «todos los países del tercer mundo» en un plan que incluirá eliminar «millones de admisiones ilegales» durante el mandato de su predecesor, Joe Biden, y expulsar a «cualquiera que no sea un activo neto para EE. UU. o que sea incapaz de amar» al país norteamericano.
«Pausaré permanentemente la migración de todos los países del tercer mundo para permitir que el sistema estadounidense se recupere por completo, eliminaré los millones de admisiones ilegales de Biden (…) y expulsaré a cualquiera que no sea un activo neto para EE. UU. o que sea incapaz de amar a nuestro país», ha anunciado el inquilino de la Casa Blanca en la red Truth Social.
En esa misma publicación, ha asegurado que eliminará «todas las ayudas y subsidios federales» para quienes no sean estadounidenses y que «desnaturalizará» a los migrantes que «socaven la tranquilidad nacional». «Deportaré a cualquier extranjero que sea una carga pública, un riesgo para la seguridad o incompatible con la civilización occidental», ha agregado.
«Solo la migración inversa puede remediar por completo esta situación», ha aseverado, antes de definir esa «situación», en una segunda publicación enviada inmediatamente después, como una «disfunción social» provocada —a su juicio— por la carga de refugiados y la población migrante, que sería «mucho mayor» que las cifras oficiales.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha anunciado este jueves el fallecimiento de la agente de la Guardia Nacional Sarah Beckstrom, tiroteada en la víspera en Washington, a escasas manzanas de la Casa Blanca, junto a otro miembro de la fuerza.
«Lamentablemente, debo informarles que, segundos antes de comenzar, acabo de enterarme de que Sarah Beckstrom, de Virginia Occidental, una de las guardias de las que estamos hablando, una persona joven, magnífica y muy respetada, que comenzó a prestar servicio en junio de 2023 y destacaba en todos los aspectos, acaba de fallecer», ha declarado el mandatario estadounidense en el marco de una conversación a distancia con militares de servicio con motivo del Día de Acción de Gracias.
Trump ha subrayado que Beckstrom, de 20 años y «una persona increíble» que «destacaba en todos los sentidos», ha muerto tras ser «brutalmente atacada», en referencia al tiroteo en la víspera llevado a cabo por un ciudadano afgano.
A continuación, se ha hecho eco de la confirmación por parte del Departamento de Seguridad Nacional de que el sospechoso es un ciudadano afgano «traído por la anterior administración», la presidida por Joe Biden, a la que ha achacado el «caos total» en la salida de Afganistán, en la que, ha denunciado, «la gente se apiñaba en el avión y los más fuertes, malos (y) físicamente capaces» habrían sido los que lograron subir a abordo de las aeronaves estadounidenses.
«Todo eso nunca debería haber ocurrido (…). Deberían haber salido de Bagram», la base aérea situada cerca de la capital afgana, Kabul, que fue la principal instalación militar de EE. UU. durante sus 20 años de despliegue en el país centroasiático tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que Trump pretende volver a controlar, una idea rechazada por los talibán.
Asimismo, Trump ha vuelto a ligar el tiroteo con la inmigración, defendiendo que «no hay mayor prioridad para la seguridad nacional que garantizar el control total sobre las personas que entran y permanecen en nuestro país». «En su mayor parte, no los queremos. Entran ilegalmente», ha denunciado.
Apenas unas horas antes, el director del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS, en inglés), Joseph B. Edlow, ha anunciado en la red social X que el organismo revisará los permisos de residencia permanente de extranjeros procedentes de «países de especial preocupación» tras el tiroteo.
El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, ha afirmado este jueves que la Administración Donald Trump «no se merece» cooperar con Irán, después de que Washington participara en los ataques israelíes contra instalaciones nucleares del país centroasiático en junio.
«El Gobierno estadounidense no merece la comunicación ni la cooperación con la República Islámica. En la Guerra de los Doce Días, la nación iraní derrotó tanto a EE. UU. como a los sionistas. Llegaron, cometieron actos de maldad, fueron derrotados y regresaron con las manos vacías», ha dicho en un discurso televisado.
Jamenei ha asegurado que Israel «había planeado una guerra para provocar» a Teherán a «luchar» contra ellos, pero «la situación resultó al revés y fracasaron de tal manera que incluso quienes eran hostiles» a las autoridades iraníes «se aliaron a él y surgió una unidad general en el país».
No obstante, ha reconocido que sufrieron pérdidas humanas, pero Irán «demostró que puede mantenerse firme y tomar decisiones sin temor a lo que digan», mientras que «las pérdidas materiales inflingidas al enemigo agresor fueron mucho mayores» que las suyas.
«EE. UU. sufrió grandes pérdidas en esta guerra porque, a pesar de emplear las armas ofensivas y defensivas más avanzadas, no logró su objetivo de engañar a la nación y arrastrarla consigo. Más bien, la unidad nacional aumentó y EE. UU. también se vio frustrado», ha declarado.
Durante su intervención, ha criticado que Washington haya respaldado al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en su ofensiva contra la Franja de Gaza, y que su «injerencia» en «cualquier región cause guerra o genocidio, destrucción y desplazamiento», en referencia a Ucrania o Latinoamérica.
Por otro lado, ha rechazado los rumores sobre el envío de mensajes a las autoridades estadounidenses a través de terceros países, en referencia a Arabia Saudí, después de que recientemente el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, realizara su primera visita en siete años a la Casa Blanca.
«Por supuesto, están inventando rumores de que el gobierno iraní ha enviado un mensaje a EE. UU. a través de cierto país: esto es una completa mentira. Tal cosa definitivamente no existió», ha concluido el líder supremo iraní.
La Administración del presidente de EE. UU., Donald Trump, ha anunciado este jueves que revisará los permisos de residencia permanente de extranjeros procedentes de «países de especial preocupación» tras el tiroteo perpetrado a manos de un ciudadano afgano contra dos miembros de la Guardia Nacional en Washington.
«Bajo la dirección del presidente, he ordenado una reevaluación rigurosa y a gran escala de cada tarjeta verde para cada extranjero procedente de un país de especial preocupación», ha señalado el director del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS, en inglés), Joseph B. Edlow.
En este sentido, ha indicado que «la protección» de EE. UU. y de la población «sigue siendo primordial». «El pueblo estadounidense no asumirá el coste de las imprudentes políticas de reasentamiento de la administración anterior», ha agregado.
Edlow, sin embargo, no ha especificado qué países son de ‘especial preocupación’, si bien la cadena CNN ha adelantado que se trataría de los 19 países que aparecen en la orden ejecutiva del pasado mes de junio sobre restricciones de entrada a EE. UU., entre los que se encuentran Afganistán, Birmania, Chad, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Haití, Irán, Libia, Somalia, Sudán o Yemen.
La fiscal del distrito de Columbia, Jeanine Pirro, ha acusado este mismo jueves al sospechoso, identificado como Rahmanulá Lajanwal, de tres cargos de agresión con intención de matar y uno por posesión ilegal de armas por disparar a plena luz del día contra los dos agentes, que permanecen en estado crítico.
La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, en inglés) ha confirmado que el sospechoso del tiroteo —que se trasladó desde su domicilio en el estado de Washington hasta la capital del país— trabajó con una unidad militar de Kandahar respaldada por la CIA durante la guerra en Afganistán. Las autoridades habían descartado cualquier vínculo con el terrorismo antes de su entrada a territorio estadounidense.
Las tropas de la Guardia Nacional de varios estados han estado en la capital, Washington, durante meses como parte de la ofensiva anticrimen impulsada por la Administración Trump en la ciudad, y que ha expandido a otros lugares del país.
La fiscal del distrito de Columbia, Jeanine Pirro, ha acusado este jueves al sospechoso de disparar en las inmediaciones de la Casa Blanca contra dos miembros de la Guardia Nacional estadounidense, que permanecen todavía en estado crítico, de tres cargos de agresión con intención de matar y uno por posesión ilegal de armas.
«Los dos guardias nacionales son Sarah Beckstrom, de 20 años, y Andrew Wolfe, de 24, miembros uniformados de la Guardia Nacional de Virginia Occidental y estaban en Washington D. C. para garantizar la seguridad de la ciudad», ha detallado en una rueda de prensa.
En caso de ser declarado culpable, se enfrenta a 15 años de prisión después de que disparara a los dos miembros de la Guardia Nacional a plena luz del día justo un día antes de Acción de Gracias, en lo que las autoridades han descrito ya como «ataque selectivo».
El sospechoso, identificado como Ramanulá Lajanwal, es un ciudadano afgano de 29 años que residía en Bellingham, ubicado en el estado de Washington, con su mujer y cinco hijos. Entró en EE. UU. gracias a los vuelos de repatriación organizados por el entonces expresidente Joe Biden durante la toma de poder por parte de los talibanes en Afganistán.
La Agencia Central de Inteligencia de EE. UU. (CIA, en inglés) ha confirmado este jueves que el sospechoso del tiroteo —que se trasladó desde su domicilio en Washington hasta la capital— trabajó con una unidad militar de Kandahar respaldada por la CIA durante la guerra en Afganistán.
«Nuestros ciudadanos y militares merecen algo mucho mejor que soportar las consecuencias de los catastróficos fracasos de la Administración Biden», ha indicado el director de la CIA, John Ratcliffe, en un comunicado recogido por la cadena NBC News.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, tildó en la víspera de «acto de maldad, acto de odio y acto de terrorismo» el ataque. «Ha sido un crimen contra toda nuestra nación», indicó en un mensaje publicado en la red social Truth Social.
Las tropas de la Guardia Nacional de varios estados han estado en Washington durante meses como parte de la ofensiva anticrimen impulsada por la Administración Trump en la capital, y que ha expandido a otras ciudades de todo el país.
De hecho, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, comunicó en la víspera durante su visita a República Dominicana que EE. UU. desplegará 500 militares adicionales tras el ataque contra dos miembros de la Guardia Nacional.
Caracas. – El partido político Primero Justicia (PJ) atacó fuertemente este jueves a Henrique Capriles Radonski, ratificando su expulsión de la tolda amarilla, al tildarlo de “alinearse con Nicolás Maduro y con el ‘Tren de Aragua’” por sus declaraciones al medio The New York Times.
La organización aclaró que Capriles no forma parte de sus filas, y que fue expulsado del partido, señalando que actualmente ostenta un cargo como supuesto diputado electo del régimen. “El pueblo de Venezuela juzga la frivolidad de quienes sirven a la dictadura y no a la libertad”, expresa el comunicado.
PJ reiteró que el «Tren de Aragua» representa un obstáculo para la democratización de Venezuela y constituye un riesgo real para la seguridad y la democracia en toda la región, en línea con las acusaciones de crimen transnacional formuladas por EE. UU. y otros países latinoamericanos.
Advirtió que el exgobernador de Miranda “se alineó con Nicolás Maduro y el ‘Tren de Aragua’”, lo que, en su juicio, refleja “una conducta política incompatible con cualquier proyecto democrático”. “Se alinea frente a las acusaciones de crimen transnacional formuladas por EE. UU. y por múltiples países de la región”, añadió.
Cabe señalar que ya PJ, en el primer trimestre de este año, había hecho oficial la expulsión de sus filas del exgobernador mirandino por la postura abiertamente a favor de la Narcotiranía chavista que adoptó, criticando el liderazgo de María Corina Machado y —entre otras acciones— desconociendo la victoria contundente de Edmundo González Urrutia en las elecciones presidenciales de 2024.
Caracas. – El Gobierno de Portugal advirtió este jueves que no aceptará presiones de ningún tipo, luego de que el narcorégimen chavista revocara la concesión de vuelo a TAP —aerolínea propiedad del Estado portugués— y a otras compañías internacionales como Iberia, Avianca, Latam Colombia, Gol y Turkish Airlines.
«Portugal no cede a amenazas ni a ultimátums”, advirtió al régimen de Nicolás Maduro, el ministro Miguel Pinto Luz. El funcionario destacó que las acciones del gobierno portugués “están guiadas exclusivamente por el interés nacional superior y la defensa inquebrantable de la seguridad de los portugueses en cualquier parte del mundo”.
Pinto añadió que, en materia de aviación civil, Portugal “respeta las normas internacionales, las mejores prácticas de seguridad y la coordinación con autoridades aeronáuticas competentes”. «Portugal es un país libre, soberano y responsable”, afirmó.
El pasado miércoles, la tiranía chavista dejó sin efecto los permisos de operación de TAP y de otras cinco aerolíneas al alegar que se «sumaron a las acciones de terrorismo» supuestamente impulsadas por EE. UU., luego de que varias compañías suspendieran sus rutas hacia y desde Venezuela.
La medida se concretó tras un ultimátum de 48 horas ordenado arbitrariamente por Maduro, para que las empresas reanudaran sus vuelos. Ese plazo expiró el miércoles al mediodía. Las aerolíneas habían detenido sus actividades después de que la Administración Federal de Aviación de EE. UU. recomendara el viernes a las compañías comerciales «extremar la precaución» al sobrevolar Venezuela y el sur del Caribe, alegando «una situación potencialmente peligrosa en la región».
Se teme, que debido al despliegue aeronaval en costas venezolanas, la Casa Blanca ordene, en cualquier momento, proceder a un ataque contra el «Cartel de los Soles».
Caracas. – En un gesto que ha sido calificado por analistas como una muestra total de locura, Nicolás Maduro apareció frente a las cámaras uniformado y blandiendo una réplica de la espada de Simón Bolívar para autoproclamarse «invencible», en un claro reto a EE. UU.
El designado como jefe del «Cartel de los Soles» aseguró durante un acto político realizado tras una marcha que su estructura de poder es “inalcanzable, indestructible e invencible”, declaraciones que se producen en un momento de creciente tensión geopolítica en el sur del Caribe.
«Juro frente a este cielo, juro frente a nuestro señor Jesucristo, que daré todo mi esfuerzo por la victoria de Venezuela contra las amenazas y agresiones del imperialismo.», declaró ante el grupo de seguidores que acudió al evento en el Fuerte Tiuna, Caracas.
Durante esta presentación ante mandos castrenses, Maduro señaló nuevamente al gobierno de EE. UU., acusándolo de promover presiones militares y fabricar presuntos señalamientos de terrorismo en su contra, imputaciones que él rechazó categóricamente, pese a las múltiples evidencias con las cuales cuentan los tribunales estadounidenses, además de las confesiones que ya ha realizado para la justicia el exjefe de inteligencia chavista, Hugo Carvajal.
Las reacciones de Maduro se conocen luego que su Narcotiranía rechazara el lunes que EE. UU. designara como organización terrorista internacional al «Cartel de los Soles», una red que el dictador considera «inexistente», y apuntó que la Administración de Trump reedita una «vil mentira» para justificar una intervención, en medio de las tensiones por el despliegue militar estadounidense en el Caribe.
Caracas. – República Dominicana autorizó este miércoles a EE. UU. a utilizar por tiempo limitado su principal aeropuerto y una base aérea para operaciones logísticas en medio del despliegue militar contra el narcotráfico en el Caribe, lo cual provocó reacciones adversas en la Narcotiranía chavista.
El anuncio se produjo durante una visita del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, a Santo Domingo, en un momento en que EE. UU. busca aumentar la presión sobre los carteles de narcotráfico, entre los que destaca el jefe del «Cartel de los Soles» que encabeza Nicolás Maduro, por quien Washington ofrece USD$ 50 millones.
También, el presidente Luis Abinader hizo el anuncio de la medida junto a Hegseth: «Hemos acordado con EE. UU. ampliar temporalmente la cooperación para reforzar la vigilancia aérea y marítima contra el narcotráfico», manifestó tras la reunión.
Hegseth igualmente anunció que Washington se toma muy en serio la misión antinarcóticos. “Al librar esta guerra contra los narcoterroristas, estamos dispuestos a tomar la ofensiva de una manera que cambie la dinámica de toda la región y creemos que puede brindar seguridad, estabilidad y protección a nuestros socios”, declaró.
Mientras, en la cúpula del narcorégimen, la noticia fue mal recibida. Diosdado Cabello tildó como una «locura imperial» que República Dominicana autorice a EE. UU. utilizar de manera «provisional» dos aeropuertos en Santo Domingo como parte de la lucha contra el narcotráfico. Aseveró que la medida supuestamente le provoca «ganas de reírse», y descartó que se trate de algo «nuevo».
«No habían nacidos ustedes y ese aeropuerto ya pertenecía los gringos», afirmó durante la transmisión de su programa. «En las locuras imperiales, ellos todos los días nos amenazan, todos los días inventan una cosa y si no la inventan la reciclan. A mí me dan ganas de reír que hoy veo que el presidente de República Dominicana autoriza los vuelos estadounidenses», expresó el jerarca chavista.
Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, lo demás no importa.
“(…) En este marco es que se erige el iusreologismo, como un sistema de pensamiento relativo a la naturaleza de esa cosa que llamamos “Derecho”, y que en última instancia es una teoría crítica y dinámica del Derecho que, groso modo, postula que la realidad jurídica (…) es la integración evolutiva constante de tres dimensiones fundamentales: lo fáctico, (…) lo axiológico (…) y lo normativo. Además, el rasgo distintivo que se concibe es la Historicidad (…) como el marco estructural —u horizonte de sentido— que envuelve y media la convergencia dialéctica de las tres dimensiones.”
Roymer A. Rivas B.
En el presente texto pretendo dilucidar los errores y/o los límites de una de las creencias que prácticamente sostiene toda la estructura filosófica de lo que hoy es el libertarismo, en sus diferentes vertientes —se entiende que hay matices allí, pero a efectos prácticos se tomaran todos los diversos matices que separan entre sí a quienes se identifican en mayor o menor medida con la corriente libertaria y se tratarán como si fueran una misma cosa o línea de pensamiento—. El punto central a tratar es el iusnaturalismo, que supone la existencia de derechos trascendentes y anteriores a los que emite algún órgano director —Estado—. En adición, dado que la crítica común de mis queridos detractores liberales dogmáticos es la de señalarme una supuesta adherencia al iuspositivismo, entendido como el rechazo al vinculo que existe entra la moral y la norma, siendo ésta normalmente la que emite un poder centralizado para enmarcar la conducta humana en la cosmovisión de quienes emiten dichas leyes, independientemente de si son reprochables o no, me veo en la necesidad de ir contra dicha concepción, también.
Si bien, aclaro que esto es un manifiesto, por lo que no pretende ser un texto exhaustivo o riguroso. Entiendo perfectamente que el tema amerita dicha rigurosidad, pero eso requiere una extensión innecesaria para el fin que me propongo ahora, contando, además, de que el tema es apenas un inciso —profundo y extenso— en toda la estructura de lo que nosotros llamamos Creativismo Filosófico —destacando Ilxon Rojas, más que yo, al momento de tratar éstos temas en concreto—. Trabajamos en ello, y con el tiempo van a ir saliendo textos —han salido algunos, de hecho, aunque no de forma sistemática ni estructurada, y éste texto puede contar como uno más de ese conjunto—. Ergo, me reservaré citas —que comúnmente abundan en mis ensayos—. Pero, ¿Cuál es el fin? Pues, uno muy simple: cambiar las reglas del juego cuando se debaten temas de libertad, optimizando su defensa y, con ello, blindando de críticas que comúnmente —y correctamente, en buena medida— se le hacen cuando toca hablar de temas del Derecho, con D mayúscula, es decir, de Filosofía del Derecho, que es la base de comprensión de esas pautas que terminan por enmarcar la conducta humana. Siendo más específico, dejar sin argumentos a quienes pretenden encasillarme en doctrinas que mutilan la realidad, de las la gran mayoría, por no decir todos, son seguidores, para obligarlos a tratar las premisas con las que defiendo mi postura con razonamientos adecuados.
¿Significa lo anterior que yo no estoy equivocado? En lo absoluto. Puedo estarlo. Pero, en definitiva, los argumentos con los que pretender demostrar que lo estoy son absurdos que sólo reafirman mi posición. No somos nosotros los que tienen que demostrar que ustedes yerran, porque para eso no se necesita mucho rigor, más bien son ustedes los que han de demostrar que todo el entramado filosófico que groso modo trataré aquí está equivocado. Con total respeto, aunque esto constituye una declaración de guerra filosófica, yo los desafío a ello.
El iusnaturalismo y los liberales
Difícilmente encuentre un liberal que no fundamente su defensa de la libertad en los —supuestos— “derechos naturales”. La tradición desde Platón y Aristóteles, pasando por Tomás de Aquino, la escuela de Salamanca, la ilustración, la modernidad, y llegando hasta Juan Ramón Rallo, con sus diferentes matices, es que existen derechos inherentes en el ser humano, llegando algunos incluso a afirmar que hacen ser al humano lo que es: es decir, que el humano es humano en tanto y en cuanto tiene derechos intrínsecos. Esto se traduce en una mezcla entre el concepto de Derecho con la misma naturaleza humana.
Un inciso importante que se debe hacer es que, si bien es cierto que en el pasado se concebían los derechos naturales como unos concebidos por alguna divinidad, desde la llegada de Rothbard y su ética para la libertad, yendo en paralelo con Rand y su moral objetiva, y encontrando su más fuerte defensa en la ética de la argumentación de Hoppe, muchos han dado un giro para defender los derechos naturales como unos aprehendidos de alguna manera por la razón. Todo ello en contraposición del iuspositivismo, que es el enemigo natural de los liberales, en cuanto tienden a defender las normas del poder centralizado, y el liberalismo se opone a dicho poder[1].
En otras palabras, los liberales se apegan a una tradición que sostiene que las leyes no son creadas por ningún gobierno o autoridad, sino que derivan de la misma naturaleza humana y la razón, siendo, a priori: (i) universales, porque pertenecen a todos los seres humanos en todo tiempo y lugar; (ii) inalienables, porque no pueden ser transferidos, vendidos[2] o arrebatados legítimamente; y (iii) anteriores y superiores al derecho positivo. ¿Cuáles son éstos derechos? El derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad —o a la vida, libertad y felicidad, dependiendo de a quien le pregunte, porque la propiedad tiende a verse como algo indisociable de la libertad, o incluso lo que hace posible todas las demás… tome el que más le guste, me es indiferente, porque todos están equivocados—.
Naturalmente, todo ello funge como un presupuesto filosófico para la doctrina del Estado limitado y la soberanía del individuo —e incluso otra aberración más como el constitucionalismo liberal, que de liberal tiene lo que yo tengo de astronauta, independientemente de su origen—. La existencia de derechos inalienables significa que el poder del Estado[3] no es absoluto y que éste sólo debe estar sometido a la defensa de los mismos, dando cuentas, además, a los individuos, a quienes no debe violentar su esfera privada. Si algún Estado incumple su misión fundamental de proteger los derechos naturales, o peor aún, los viola —que, a juicio de los anarquistas, es siempre—, los ciudadanos tienen derecho a desobedecer y, en última instancia, derrocarlos.
El iuspositivismo y los liberales
Partiendo de esta concepción, se entiende que los enemigos naturales sean los iuspositivistas, dado que defienden un sistema de normas jurídicas escritas y promulgadas que han sido —a su juicio— cálidamente creadas por una autoridad competente —parlamento, monarca, cuerpo judicial— dentro de una comunidad política —principalmente el Estado—. A diferencia del derecho natural, que se enfoca en leyes universales, el derecho positivo pretende ser: (i) fáctico y vigente, porque existe y tiene validez aquí y ahora, independientemente de si es considerado moralmente justo o injusto; e (ii) histórico y variable, porque su contenido cambia según el lugar, la época y las decisiones de la autoridad creadora. Si bien, señalo que “pretende serlo” porque, en realidad, con todos sus procedimientos formales —establecidos por el propio sistema— termina por cargarse con toda la historicidad y los hechos, bien entendidos, que hacen ser al Derecho lo que es.
Hacia un concepto de Derecho con sentido: tridimensionalismo jurídico crítico
No obstante, ambas tradiciones yerran al momento de abordar esa realidad que llamamos Derecho, por cuanto la reducen a los respectivos elementos que cada uno pretende analizar y vender como si fuera el absoluto del Derecho. A la luz de estos errores, llega el tridimensionalismo jurídico crítico —que no es, valga la redundancia, el tridimensionalismo jurídico tradicional sostenido en Miguel Reale y Carlos Fernandez Sessarego, un poco más en el primero que en el segundo, aunque ambos, evidentemente, son influencias directas—. Si bien, a mi me gusta más llamarlo: Derecho reológico[4], por lo cual sería un iusreologismo —o Realismo Jurídico Reológico[5]—.
Básicamente, lo que llegamos a decir es que el Derecho tiene tres dimensiones: lo factico —hechos, y que, en el caso de Sessarego, habla de “Vida”—, lo axiológico —valores—, y lo normativo —ley formal, lógica, racionalizada, expresado en lenguaje y plasmado en códigos—. En este sentido, se rescata el tridimensionalismo jurídico tradicional, pero nos distanciamos de ello por cuanto, unos u otros, priman la norma o la vida por sobre las demás dimensiones —como si acaso pudiesen desvincularse la una de la otra, o estructurarse jerárquicamente—, o incluso parten de un concepto de la naturaleza humana y la libertad bastante viciada. No conforme con estas distancias, a estás tres dimensiones en conjunto se les enmarca en la historicidad —evolución en el tiempo de la institución—, que es donde surgen los horizontes de sentido del Derecho —y, por consiguiente, de la comprensión humana sobre el tema—.
¿De qué trata cada dimensión y su respectivo marco? El hecho refiere a que el Derecho es un fenómeno histótico-cultural que ocurre en un tiempo y lugar determinado, es decir, se despliega en la interacción de la comunidad; el valor trata de los significados de las estimaciones que hacen los miembros de la comunidad a los hechos concretos en donde se desenvuelven —su entorno, interno y externo—, y tiene que ver con la moral; y lo normativo alude a la formalización de las leyes que surjan de lo anterior y que muchas veces es necesario expresar con palabras para tratar temas concretos —y es lo que da paso a la coacción legítima—. La historicidad media cada una de las dimensiones porque, a priori, sólo la interacción humana en el tiempo es lo que hace converger las dimensiones y las introduce en el campo del sentido para el ser humano, aprehendiéndolas por ensayo y error, moldeando su conducta. Es una dinámica evolutiva donde lo fáctivo se consolida y presiona para convertirse en norma —no siempre consiguiéndolo, y tampoco es necesario que siempre lo consiga—, lo axiológico inspira y orienta la creación de la norma, y ésta llega para probar en la realidad si es eficiente y/o justa para solucionar problemas concretos que surjan en la convivencia, con el objeto de mantener la confianza en las interacciones humanas.
Los errores del iusnaturalismo y el iuspositivismo
La constatación, aplicación, observancia y efectividad real del Derecho sólo llega en la conjunción de sus tres dimensiones. El iusnaturalismo falla al sobrevalorar la dimensión axiológica a expensas de las dimensiones fácticas y normativas, las cuales subordina a la primera. Por si fuera poco, siquiera parte de una comprensión cabal de los valores, porque para ellos es algo estático, aprehensible por la razón, y no algo dinámico que se debe a la misma naturaleza de las relaciones humanas, donde prima la relatividad de los valores —no en el sentido de escepticismo extremo, sino uno contextual y evolutivo que está mediado siempre por la intersubjetividad, que es, de facto, la característica prima facie de la dimensión axiológica—. Claro, esto la sumerge en dificultades para traducir de forma unívoca tales derechos en normas, porque desprecia la certeza jurídica en absoluto —ni el mismo Hayek, siendo, a mi juicio, el pensador más grande de la Escuela Austriaca hasta el momento, estaba de acuerdo con ello—. Adicionalmente, ignora que el Derecho tiene vigencia y efectividad en el mundo real —no metafísicas absurdas, sino una responsable científicamente— para ser considerado como tal: Derecho.
Asimismo, el iuspositivismo falla al relegar la dimensión fáctica al campo de la política, enfocándose sólo en la validez formal —norma—, sin reparar, aunque diga hacerlo, en los hechos que hacen posible y empujan a la creación de la norma, sostenida en la acción humana, mediada siempre por valores. Aunque se pueden rescatar ciertas cosas puntuales del iuspositivismo, en lo que compete a la norma, cometen el error garrafal de reducirlo a ello.
El iusreologismo: el sistema de pensamiento relativo a la naturaleza de la cosa Derecho
En este marco es que se erige el iusreologismo, como un sistema de pensamiento relativo a la naturaleza de esa cosa que llamamos “Derecho”, y que en última instancia es una teoría crítica y dinámica del Derecho que, groso modo, postula que la realidad jurídica no puede ser reducida a una única dimensión —ni axiológica, ni normativa—, sino que es la integración evolutiva constante de tres dimensiones fundamentales: lo fáctico —el hecho histórico-cultural y la interacción comunitaria—, lo axiológico —los valores y las estimaciones morales relativas y dinámicas de la comunidad— y lo normativo —la ley formal, lógica, racionalizada y codificada—. Además, el rasgo distintivo que se concibe es la Historicidad —evolución en el tiempo de la institución, el ensayo y error— no como una dimensión adicional, sino como el marco estructural —u horizonte de sentido— que envuelve y media la convergencia dialéctica de las tres dimensiones. Esto es: el proceso de tensión, conflicto y superación constante en la interacción de lo fáctico, lo axiológico y lo normativo hace ser, y al mismo tiempo impulsa su evolución, a un sistema con identidad propia que llamamos “Derecho” —las tres dimensiones y su marco no son una suma o yuxtaposición de partes, sino un todo—. En este marco, el Derecho se entiende como un sistema en flujo permanente cuya finalidad es moldear la conducta humana y mantener la confianza en las interacciones mediante un proceso de prueba y ajuste.
Un verdadero estudio del Derecho debe partir de la integración evolutiva de la norma, el hecho y el valor a lo largo del tiempo, porque el Derecho no es una realidad unidimensional, como lo pintan desde el iusnaturalismo y el iuspositivismo, sino que es multidimensional. Y sólo comprendiendo bien la naturaleza humana —sistema humano— y la naturaleza de la sociedad —sistema sociedad— es que se pueden abarcar estos temas cabalmente —o al menos hasta el cenit de lo que nos permite el conocimiento hoy—.
¿Quieren textos para, en mayor o menor medida, comprender el asunto? Por ahora, hasta que se publiquen los tratados del Creativismo Filosófico, en sus diferentes vertientes, pueden aproximarse leyendo lo siguiente:
Lean sobre el tridimensionalismo jurídico: Carlos Reale y Carlos Fernández Sessarego —o sus estudiosos, pero ellos son la base—.
Lean la teoría egológica del Derecho: Carlos Cossio, en donde se presenta el Derecho como “conducta en interferencia intersubjetiva”, siendo, no la norma, sino la conducta humana el objeto de estudio del derecho —algo que comparte con el tridimensionalismo jurídico tradicional, al menos por el lado de Sessarego—.
Lean a los libertarios Bruce Benson —justicia sin estado— y Bruno Leoni.
Lean a Hayek, los procesos espontáneos y su obra magna sobre el asunto aplicado al Derecho: Legislación y libertad. Y léanla bien —estúdienla—.
Lean a César Martínez Meseguer y la teoría evolutiva de las instituciones sociales, que trasciende a Hayek sobre el tema, especialmente el método de estudio para abordar el estudio de las instituciones a lo largo del tiempo.
Conversen con Ilxon Rojas, o, en su defecto, conmigo.
Pero, sobre todo, pongan en tela de juicio sus dogmas. La ciencia y la defensa de la libertad nunca han avanzado con dogmas, más bien todo lo contrario. Y hoy el liberal, lamentablemente, se ha quedado rezagado con teorías de los siglos XVIII, XIX y XX que, aunque fueron funcionales en el momento, y se avanzó con el conocimiento que se tenía, en definitiva, no sirven para abordar los asuntos que competen a la libertad con rigurosidad. Empero, se necesita humildad intelectual para hacer todo ello.
[1] Un simple inciso que no compete al tema: aquí hablamos de poder político concentrado, pero también cabe el económico.
[2] Yo quisiera ver cómo van a evitar esos liberales que yo me entregue a la esclavitud de forma voluntaria, sin apelar a la coacción y sin intentar minusválidar mi voluntad. Allí se les acaba todo el discurso moralista entorno a la voluntad y la libertad.
[4] Apelando a la terminología de la herramienta “Reología filosófica” que desarrolla el grupo de “Filosofía fundamental”, encabezado por el profesor Sierra-Lechuga. Si bien, que lo tengamos de referencia no significa que adhiramos a absolutamente todos sus postulados.
[5] Que no es el Realismo jurídico norteamericano.
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