El fiscal general de Colombia, Gregorio Eljach Pacheco, ha asegurado este lunes que no hay «prueba o indicio» de que se haya variado el censo electoral, como apuntó en la víspera el presidente guerrillero y socialista del país, Gustavo Petro, después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales que han superado el candidato Abelardo de la Espriella, y el comunista Iván Cepeda.
«En relación con la supuesta variación del software de preconteo de los votos, la última semana, la Procuraduría General de la Nación, de acuerdo con la función de vigilancia técnica que ha realizado a lo largo de este proceso, está en condiciones de asegurar que no se conoce prueba o indicio de la presunta modificación a la que se refiere el presidente», ha señalado en un vídeo difundido en redes sociales.
El magistrado ha agregado que «tampoco hay evidencia de que se haya alterado el censo electoral oficial para incorporar cédulas de manera irregular». «Las afirmaciones que se nos ha suministrado por nuestros delegados no constatan mesas impugnadas que demuestren miles de votos agregados. Mis delegados en el proceso electoral dan cuenta de que en ninguno de los casos señalados por el señor presidente de la República hay evidencias que confirmen sus afirmaciones», ha asegurado.
Pacheco, que ha pedido a Petro que le haga llegar las evidencias que puedan «respaldar cada una de sus afirmaciones», ha recordado que «no existe en el ordenamiento jurídico colombiano ninguna disposición que otorgue al presidente competencia para decidir la aceptación o no respecto de los resultados electorales, ni en el preconteo, ni en la etapa de escrutinio».
Asimismo, ha aprovechado para mencionar la «buena marcha del proceso electoral» y asegurar que «están dadas las condiciones para realizar la segunda vuelta presidencial con plenas garantías para todos los ciudadanos y los candidatos presidenciales que se mantienen en la contienda», que tendrá lugar el próximo 21 de junio.
Cabe señalar que las declaraciones del fiscal llegan después de que Petro manifestara que «no acepta» los resultados del preconteo electoral, alegando que «los algoritmos del software de conteo y escrutinio (…) fueron variados y agregaron 800.000 cédulas más de personas que están en el censo oficial presentado», una denuncia suscrita en un primer momento por Iván Cepeda, si bien se ha desdicho en la jornada de este lunes asegurando que hasta el momento no ha encontrado «evidencia» de este hecho.
La Policía de Portugal ha llevado a cabo este jueves un registro en la sede del Partido Socialista (PS) en la capital, Lisboa, como parte de una investigación sobre una presunta trama de corrupción que involucra a un exasesor socialista y relacionada con la adjudicación de contratos irregulares en municipios portugueses, con pérdidas que ascienden a casi dos millones de euros.
«El Partido Socialista confirma que la Policía Judicial está en la sede nacional del Partido Socialista, llevando a cabo diligencias relacionadas con actividades que se imputan a uno de sus trabajadores», ha indicado en un comunicado.
El PS ha dejado claro que la formación política, como tal, «no es objeto de la investigación policial». «El Partido Socialista está colaborando con la Policía en todo cuanto le es solicitado por esta a fin de asegurar la buena conducción de las investigaciones y en el respeto íntegro de los principios y reglas del Estado de derecho», ha argüido.
La Policía ha ejecutado, en total, 60 órdenes de registro en domicilios y 32 en otros municipios del área metropolitana de Lisboa liderados por los socialistas como parte de una investigación por delitos que van desde la prevaricación o la falsificación de documentos hasta el fraude fiscal agravado.
«Hasta la fecha, se han efectuado cuatro detenciones por delitos menores, una detención por un delito grave de posesión ilegal de armas y se han presentado cargos formales contra 37 acusados», ha indicado el cuerpo policial en un comunicado.
Entre los investigados por la trama se encuentran Duarte Moral, exasesor del ex primer ministro António Costa y su mujer, así como Miguel Coelho, un exfuncionario del distrito de Santa Maria Maior de Lisboa que fue diputado del Partido Socialista entre 1995 y 2019.
María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)
“Es facilísimo defender el socialismo cuando no eres tú quien paga el precio… y cuando tu habitación de lujo tiene generador propio mientras la gente común cocina con leña o carbón.”
María José Salinas
Hay una idea que se ha vuelto casi religión en la política moderna: que el gran problema del mundo es la desigualdad. No la pobreza. No la falta de oportunidades. No la corrupción. No la violencia. No la destrucción de la productividad. La desigualdad.
Y cualquiera que se atreva a cuestionar esa narrativa automáticamente es etiquetado como “insensible”, “privilegiado” o “enemigo de los pobres”. Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿De verdad una sociedad mejora simplemente porque todos tengan exactamente lo mismo?
Porque bajo esa lógica, Cuba sería un paraíso, Venezuela una potencia y Corea del Norte el pináculo de la justicia social. Pero la realidad es otra. Las sociedades más miserables de la historia no fueron aquellas donde existía desigualdad, sino aquellas donde el Estado intentó eliminarla concentrando todo el poder económico en manos de una élite política.
Y ahí aparece la primera gran paradoja del igualitarismo moderno: dicen luchar contra los privilegios… mientras crean una nueva clase privilegiada. La izquierda contemporánea vive obsesionada con “redistribuir riqueza”, pero rara vez habla de cómo se crea esa riqueza en primer lugar. Porque repartir es políticamente popular y producir es muchísimo más difícil.
Para que exista prosperidad se necesitan empresas, inversión, productividad, innovación, riesgo y trabajo. Se necesita gente creando valor. Pero el discurso populista funciona distinto: primero demoniza al empresario, después castiga al inversionista, luego asfixia al que produce… y finalmente se sorprende porque no hay crecimiento económico.
Es la paradoja eterna del socialismo: atacan al empresario como enemigo social, pero después se preguntan por qué no hay inversión, empleo ni crecimiento. Y lo más curioso es que muchas personas que defienden estas ideas aseguran no ser socialistas. “No apoyo a Morena”, dicen. “No soy comunista”, aclaran. Pero terminan haciéndole exactamente el trabajo intelectual a la izquierda autoritaria: normalizar la idea de que el Estado debe intervenir cada vez más para “corregir” los resultados naturales de la sociedad.
El problema no es que existan ricos. El problema es que existan pobres sin oportunidades La desigualdad no es una anomalía. Es una consecuencia natural de la libertad. Los seres humanos somos distintos: tenemos talentos distintos, ambiciones distintas, niveles de disciplina distintos, capacidades distintas y prioridades distintas. Y eso no es un defecto del sistema, es precisamente lo que hace posible una sociedad plural, dinámica y creativa. Pretender eliminar toda desigualdad es tan absurdo como pretender que todos midamos lo mismo, pensemos igual o tengamos exactamente las mismas habilidades.
La verdadera pregunta no es: “¿Por qué unos tienen más?”, la pregunta importante es: “¿Por qué algunos no pueden salir adelante?” Porque una sociedad puede ser desigual y aun así ofrecer movilidad, oportunidades y prosperidad. Pero una sociedad donde todos son igualmente pobres jamás será justa.
La trampa emocional del salario mínimo
Aquí es donde el populismo económico se vuelve peligrosamente seductor, porque suena moralmente hermoso decir: “Hay que subir salarios.” Claro que todos queremos mejores salarios, pero el problema es creer que la riqueza aparece por decreto. Si la prosperidad dependiera únicamente de subir el salario mínimo desde el gobierno, entonces bastaría con establecerlo en 100 mil pesos mensuales y México se convertiría mañana en Suiza. Pero la economía no funciona así.
El salario no nace de un deseo político, nace de la productividad. Cuando subes salarios artificialmente sin aumentar productividad, sin crecimiento económico y sin condiciones para producir más riqueza, el resultado suele ser el mismo: inflación.
Y la inflación es el impuesto más cruel para los pobres, porque mientras los políticos celebran aumentos salariales en conferencias de prensa, las familias terminan pagando:
alimentos más caros,
renta más cara,
transporte más caro,
servicios más caros.
Es decir: te “suben” el sueldo mientras destruyen tu poder adquisitivo. Y entonces llega otra paradoja: “Prometen ayudar al pobre, pero terminan volviendo más caro ser pobre.” Combatir la desigualdad suele terminar castigando el mérito. Existe algo profundamente peligroso en convertir el éxito económico en sospecha moral, porque poco a poco empiezas a escuchar ideas como:
“Nadie necesita ganar tanto.”
“Es injusto que alguien tenga más.”
“Hay que redistribuir.”
“Los ricos deberían pagar todo.”
Y eventualmente la discusión deja de ser cómo sacar gente de la pobreza… para convertirse en cómo castigar a quien sobresale. Eso destruye incentivos. Porque nadie arriesga capital, invierte, emprende o genera empleo para después ser tratado como enemigo público. La historia económica es brutalmente clara: los países que protegieron propiedad privada, libertad económica e innovación generaron prosperidad masiva. Los que intentaron imponer igualdad económica desde el poder terminaron generando:
escasez,
corrupción,
dependencia estatal,
inflación,
fuga de talento,
y pobreza estructural.
No existe un solo ejemplo exitoso de socialismo sostenido que haya generado prosperidad comparable con las economías más libres. Ni uno. La izquierda moderna convirtió la desigualdad en pecado moral Y quizá ahí está el problema de fondo. Hoy pareciera que tener éxito económico automáticamente te vuelve sospechoso.
Mientras tanto, depender eternamente del Estado se romantiza como sensibilidad social. Pero una sociedad sana no debería aspirar a que todos dependan del gobierno para sobrevivir. Debería aspirar a que cada vez más personas puedan valerse por sí mismas, porque hay algo profundamente indigno en un sistema político que necesita mantener ciudadanos dependientes para conservar poder. Y esa es la paradoja final: “El socialismo promete liberar al hombre de la necesidad, pero termina sometiéndolo a la dependencia del Estado.”
El verdadero enemigo no es la desigualdad. El verdadero enemigo sigue siendo la pobreza, l miseria, la falta de movilidad, la destrucción de oportunidades, la dependencia crónica, la ausencia de crecimiento. Las sociedades más prósperas de la historia no fueron aquellas donde nadie sobresalía. Fueron aquellas donde más personas tuvieron la libertad de progresar, porque la prosperidad no nace de repartir pobreza de manera más uniforme, nace de crear condiciones para que más personas puedan generar riqueza, emprender, innovar, trabajar, competir y crecer.
La izquierda moderna lleva años intentando convencernos de que el problema es que algunos tengan demasiado. Pero quizá la verdadera tragedia nunca fue que existieran ricos. La verdadera tragedia es que millones de personas sigan atrapadas en sistemas que castigan exactamente aquello que podría sacarlos adelante, porque en un mundo empeñado en uniformarnos, seguir siendo un individuo libre ya es una forma de resistencia.
La Justicia boliviana ha declarado en rebeldía al expresidente socialista Evo Morales tras no presentarse este lunes ante el Tribunal Departamental de Tarija, donde tiene lugar el proceso judicial en su contra por un delito de trata de personas, en relación a una relación con una adolescente durante su etapa presidencial.
La defensa del propio Morales ya había adelantado en las últimas horas que el expresidente boliviano no se presentaría al juicio oral que ha arrancado este lunes en la ciudad de Tarija, en el sur del país, que asumiría las consecuencias legales que acarrea su decisión y recurriendo a su vez a instancias internacionales.
cabe recordar que la acusación sostiene que Morales mantuvo en 2015 una relación con una joven entonces de 16 años, con quien tuvo una hija en su etapa presidencial, que se prolongó desde 2006 hasta 2019, cuando salió del país.
A pesar de que la defensa de Morales anticipó que no se presentaría este lunes, se ha desplegado una fuerte presencia policial en los alrededores del tribunal, en el que también se juzga a la madre de la presunta víctima, Idelsa Pozo Saavedra, según ha detallado la prensa local.
Morales, que se encuentra recluido en la región cocalera de Chapare, en pleno Trópico de Cochabamba, bien custodiado por sus seguidores, no ha acudido a ninguna de las citaciones de las autoridades, a las que viene acusando, desde la etapa del expresidente Luis Arce, de haber fabricado un caso en su contra.
La fuerte adhesión de la que goza Morales en esa parte del país ha evitado hasta ahora que las autoridades llevaran a cabo ningún tipo de operación para detenerlo ante el temor de que se produjeran fuertes disturbios. El nuevo Gobierno de Rodrigo Paz ha declarado que la intención es arrestarle, sin que se hayan producido novedades al respecto todavía.
El presidente guerrillero de Colombia, Gustavo Petro, ha anunciado este viernes que el próximo 20 de julio presentará formalmente ante el Congreso un proyecto para impulsar la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, en una fecha que coincide con la instalación del nuevo Legislativo surgido de las elecciones del pasado 8 de marzo.
El presidente ha señalado que la presentación de la iniciativa estará acompañada por la entrega de más de cinco millones de firmas de respaldo ciudadano, requisito con el que busca dar impulso político a la propuesta. En este sentido, ha apuntado que su tramitación quedaría en manos del próximo gobierno.
«Entregaremos el 20 de julio cinco millones de firmas para solicitar la convocatoria a una asamblea nacional constituyente para agregar dos capítulos a la constitución; Los actos legislativos para reglamentar los derechos fundamentales de las personas y de la sociedad con las reformas sociales, y la reforma al sistema político y judicial que arrincone la corrupción en Colombia», ha explicado el mandatario en una publicación en redes sociales.
El objetivo de Petro es impulsar una iniciativa que incluya cambios en el sistema político y judicial, con el propósito de combatir la corrupción y fortalecer el Estado social de derecho, con especial atención a los delitos de corrupción, que deberían tener, a su juicio, las máximas penas previstas en el ordenamiento jurídico y sin beneficios de excarcelación.
«La mayor pena del código penal deben ser los actos de corrupción sin ningún tipo de excarcelación», ha concluido su mensaje.
Así las cosas, Petro ha defendido que la propuesta en cuestión no supondría ni la eliminación ni el debilitamiento de instituciones como el Congreso o la Corte Constitucional, sino una reorientación del marco normativo para ampliar derechos y promover transformaciones estructurales en el país, ha recogido la emisora colombiana Caracol Radio.
De acuerdo con las explicaciones del mandatario, ese mismo día, el 20 de julio, se producirá también su última intervención como jefe de Estado ante el Capitolio Nacional, en el marco del inicio de sesiones del nuevo Congreso.
El dictador cubano, Miguel Díaz-Canel, ha afirmado que la isla «debe prepararse para una posible guerra» con EE. UU. ante la posibilidad de que Washington «intente agredir» Cuba, tal y como ha venido amenazando el presidente estadounidense, Donald Trump, que insiste en asegurar que el país «caerá».
«Yo te digo que en las condiciones actuales es posible que intenten agredir a Cuba. Nosotros tenemos que prepararnos para que no haya sorpresa ni derrota», ha declarado el dictador cubano durante una en entrevista concedida al portal de noticias brasileño Ópera Mundi.
En este sentido, ha aclarado que La Habana «no promueve la guerra, no la estimula», pero ha aclarado que, «no le tiene miedo tampoco».
«Si tenemos que defender la revolución y la soberanía de la independencia del país, así será», ha apuntado, antes de describir la estrategia cubana como la «basada en la doctrina conocida como la guerra de todo el pueblo», que «combina la guerra simétrica con la irregular y de participación popular».
«Nos preparamos no con una visión ofensiva, nos preparamos con una visión defensiva (…) donde cada cubano tiene una posición y una misión que cumplir en la defensa de la patria», ha manifestado.
Al ser preguntado sobre esta posible preparación ante una intervención militar, ha respondido con contundencia: «Claro que sí. Estamos preparados todos en Cuba y todos los que ocupamos responsabilidades».
Díaz-Canel ha advertido de que este tipo de acciones «bélicas» tendrían un «coste político internacional» dado que una posible agresión militar sería «rechazada por gran parte de la comunidad internacional, incluida una parte importante de la población estadounidense».
No obstante, es necesario recordar que lo mismo decía el genocida dictador que sometía a Venezuela, Nicolás Maduro, y ahora se encuentra en una cárcel en New York, enfrentando cargos por narcotráfico.
Caracas. – La encargada del narcorégimen chavista, Delcy Rodríguez, ordenó desmantelar el denominado “Salón Néstor Kirchner” en el Palacio de Miraflores, en Caracas, retirando los retratos del exmandatario argentino y eliminando la decoración con los colores de la bandera nacional.
Varios portales informativos con acceso a los acontecimientos que se desarrollan en Miraflores, reportaron que el espacio fue restaurado a su diseño original, dejando atrás uno de los símbolos más visibles de la cercanía política entre el chavismo y el kirchnerismo.
De acuerdo con las imágenes y la información que trascendió sobre la remodelación, en las paredes del lugar se dejaron de exhibir los retratos y referencias al exmandatario argentino, en un área en la que solía verse sentado a Maduro con el cuadro de Kirchner de fondo.
Este salón había sido inaugurado el 1 de diciembre de 2011 por Hugo Chávez, en una ceremonia realizada durante la visita oficial de la entonces jefa de Estado Cristina Kirchner al país caribeño. Allí mantuvieron ambos un encuentro bilateral y descubrieron la imagen de quien falleciera apenas meses antes, en octubre de 2010.
La decisión se habría tomado tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, en el marco de una operación militar de EE. UU., y formó parte de una serie de cambios en la sede de gobierno.
En su nueva versión, presenta una estética más sobria, con tonos blancos y grises, e incorpora una silueta del Palacio de Miraflores en rojo. De acuerdo con la misma fuente, el espacio ahora es utilizado para recibir a funcionarios estadounidenses.
La ministra de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, Diana Marcela Morales, ha anunciado la imposición de aranceles del 100% desde el 30% actual a los productos procedentes de Ecuador para responder recíprocamente a la medida adoptada el pasado jueves por Quito.
«Desde el Gobierno del presidente (Gustavo) Petro hemos agotado todos los esfuerzos diplomáticos y mantenido abiertos los canales del diálogo con el Gobierno de Ecuador buscando una salida que beneficie a los dos países, a los empresarios, pero sobre todo a las comunidades de ambos lados de la frontera», ha explicado Morales en un comunicado oficial.
«Sin embargo, no hemos logrado respuesta positiva y por el contrario la administración del Presidente Noboa anuncia un endurecimiento en el frente comercial», ha añadido. Por tanto, desde Colombia «nos vemos forzados a modificar el Decreto 170 y nivelarlo con la nueva tarifa planteada por Ecuador».
El arancel impuesto por Ecuador a los productos colombianos, que inicialmente fue del 30% y pasó finalmente al 100%, «desequilibra las condiciones de competencia y de mercado entre los dos países», según Bogotá. Por ello se adopta la medida simétrica y «restablecer las condiciones equitativas en el intercambio comercial».
Colombia ya ha presenytado una demanda contra la medida adoptada por Ecuador ante la Comunidad Andina (CAN) porque viola el Acuerdo de Cartagena de 1969.
Precisamente la secretario general de la Comunidad Andina, Gonzalo Gutiérrez, ha hecho este viernes un llamamiento «urgente» a los presidentes de Colombia y Ecuador, Gustavo Petro y Daniel Noboa, respectivamente, para que retomen «a la mayor brevedad posible» el diálogo directo entre ambos países en pro de preservar una trayectoria de 57 años de integración.
Además, Gutiérrez ha advertido de que estas medidas tienen efectos directos sobre el bienestar de la ciudadanía de ambos países, así como sobre el tejido empresarial y las economías familiares, además de impactar en el proceso de integración subregional.
Cabe recordar que, a principios de marzo, Petro dejó entrever que Ecuador habría atacado territorio colombiano en una operación contra grupos armados, extremo rechazado de manera categórica por las autoridades del país vecino, entre ellos Noboa. Finalmente Bogotá informó de que el proyectil fue localizado en una zona limítrofe con Ecuador, pero no tenía como objetivo territorio colombiano.
El último incidente ha sido causado por los comentarios de Petro sobre el encarcelamiento del exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, al que calificó de «preso político». Noboa acusó a Petro de de atentar contra la soberanía ecuatoriana y finalmente ordenó la subida de aranceles.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha acusado directamente este domingo al opositor Partido Demócrata de haberse convertido en el peligro más grande al que se enfrenta el país tras declarar que Irán, tal y como era conocido hasta ahora, ha desaparecido después de tres semanas de ataques israelíes y estadounidenses contra el país.
«Ahora, con la muerte de Irán, el mayor enemigo al que se enfrenta América es el Partido Demócrata, enormemente incompetente, de izquierda radical», ha manifestado Trump en un mensaje publicado en su plataforma Truth Social.
Cabe señalar que Trump ha dedicado buena parte de su fin de semana en redes sociales a redoblar sus ataques contra la oposición demócrata, en particular su «incompetencia» a la hora de resolver el bloqueo presupuestario al que se enfrenta el Departamento de Seguridad Nacional, y que está atascando los aeropuertos del país por la falta de personal de seguridad y vigilancia.
«Los fascistas demócratas jamás protegerán a América, pero los republicanos lo harán», escribió el sábado.
Álvaro Gómez Hurtado, con su proverbial lucidez, diagnosticó que en Colombia los conservadores superan con creces al Partido Conservador. Es hora de completar su aguda observación con una verdad incómoda que la clase política, en su hipocresía estructural, se empeña en ocultar: la mal llamada “derecha” colombiana es, en su praxis real, una izquierda economicista vestida de seda y corbata. Mientras esgrimen con devoción retórica las frases sacramentales del libre mercado, han edificado y defendido con uñas y dientes un capitalismo de compadres, un sistema diseñado no para fomentar la competencia, sino para proteger los intereses de una poderosa minoría empresarial privilegiada.
Es un engaño de grandes dimensiones pretender que en este suelo haya florecido alguna vez una derecha liberal auténtica. El verdadero liberalismo económico —aquel que cree en la competencia abierta, la destrucción creativa y en un Estado árbitro imparcial, no jugador interesado— es un fantasma ausente en nuestro debate público: un espectro al que se invoca en los discursos, pero se exorciza en los hechos. Lo que ha predominado, y lo sigue haciendo, es un modelo mercantilista decimonónico en el que el Estado no es rival de los oligopolios; es, en realidad, su arquitecto principal y su guardián más celoso. La supuesta “protección de la industria nacional” nunca fue más que la patente de corso para crear monopolios privados y públicos que hoy estrangulan la innovación, encarecen la vida y limitan las oportunidades. Y la ironía más trágica es que la izquierda contemporánea, en lugar de proponer la libertad económica que tanto invoca en su retórica antioligárquica, lo que busca es controlar esos mismos monopolios. Ambos bandos, en el fondo, comparten una fe dogmática en el Estado como gran repartidor de favores y controlador omnipresente de la vida económica: son dos caras de la misma moneda estatista.
Oligopolios y controles: el país del “no se puede”
Esto no es teoría económica abstracta; es la experiencia cotidiana que sofoca a los colombianos. Los ejemplos no son anomalías del sistema; son su regla de oro, la columna vertebral misma de ese orden perverso.
El feudo energético
Mientras se corea la soberanía energética, el Estado se aferra con puño de hierro al sector de los hidrocarburos. Ecopetrol, un gigante que actúa como juez y parte, ahoga la inversión competitiva y perpetúa un modelo extractivista único. Esta farsa se extiende a la política de precios de combustibles: se le vende al ciudadano el “subsidio” a la gasolina como un favor magnánimo del gobierno, ocultando cuidadosamente que los impuestos pueden representar hasta el 40% del precio final. Es el colmo del cinema estatista: el Estado carga el combustible con una tributación grotesca, asfixiando la productividad nacional, y luego se presenta como el salvador que mitiga el problema que él mismo creó.
La dictadura de las gaseosas
Es un hecho verificado y cotidiano. Las prácticas de exclusividad de empresas como Postobón y Coca-Cola impiden que un tendero, so pena de perder estantes, refrigeradores y hasta el local, venda una gaseosa de una marca distinta. Esto no es libre mercado: es un cártel legalizado que el Estado, por acción u omisión, avala y consiente. El consumidor no elige: obedece la oferta dictada.
Los feudos alcohólicos
Es quizá el ejemplo más cínico y medieval. Es ilegal que un empresario innovador cree una marca de licores para competir con la fábrica del gobernador de turno. Es ilegal que un ciudadano compre el aguardiente de otra región, como si las fronteras departamentales fueran aduanas de reinos de taifas. Esto no es “defensa de los ingresos territoriales”: es la consagración legal del feudalismo comercial.
La tasa de usura: un “techo” que hunde el crédito
En un alarde de populismo regulatorio que pretende proteger, el Estado fija una tasa máxima de usura. Lejos de ser un escudo para el ciudadano, este control sitúa a la banca en el límite máximo permitido para no incurrir en sanciones penales, eliminando cualquier incentivo para competir ofreciendo tasas más bajas. Suprimida esta camisa de fuerza, los bancos se verían forzados a una competencia genuina por el bolsillo del consumidor, dinamizando masivamente el crédito productivo y de consumo. Esta tasa sí afecta directamente al “pueblo”, encareciendo el acceso al capital, a diferencia de las tasas del Banco de la República, un indicador macro lejano que la gente nunca percibe en su día a día pero que siente en el pellejo al solicitar un préstamo.
La prueba irrefutable de esta farsa de una derecha izquierdizada tiene un nombre propio: Álvaro Uribe Vélez, el ícono de esa mal entendida “derecha” colombiana. Como lo documenta fríamente el Cato Institute de Washington, D. C., su gobierno fue un festival de estatismo. Fortaleció a Ecopetrol, no la privatizó; mantuvo los aranceles proteccionistas y no desmontó un ápice de la arquitectura monopolista del país. El uribismo no es liberal: es la perfecta encarnación de una plutocracia que busca favores del Estado en lugar de ganar clientes en el mercado. Es, para ser claros y polémicos, la derecha colectivista.
En este punto, la lúcida y mordaz sentencia de Nicolás Gómez Dávila ilumina el corazón de nuestra paradoja: “El izquierdista no es el que quiere quitarle al burgués su riqueza, sino el que quiere vivir como el burgués, pero sin su esfuerzo”. Esta frase desnuda la esencia. La mal entendida “derecha” colombiana no anhela un mercado libre donde cualquiera pueda, con su esfuerzo, competir y ascender; quiere un Estado que le garantice su posición burguesa mediante oligopolios, aranceles y protecciones. Y la izquierda, a su vez, no ansía una sociedad de hombres libres; ansía capturar ese mismo Estado para redistribuir sus privilegios entre una nueva clase burguesa burocrática, sin necesidad de innovar, arriesgar o competir. Ambos, en el sentido más profundo de Gómez Dávila, son izquierdistas: aspiran a la riqueza o al control, pero huyen del riesgo real y purificador de la competencia abierta.
Imaginar una Colombia liberal no es un sueño utópico; es simplemente recordar el futuro de progreso y oportunidades que nos han robado décadas de este consenso estatista. En esa Colombia posible:
Se acabarían los cárteles legales. Cualquier ciudadano podría montar su negocio de licores; cualquier empresario podría competir con Postobón, y la inversión inundaría el país con capital, creando empleo masivo y genuino.
Los precios caerían en picada, pues la competencia por el bolsillo del consumidor haría más por abaratar la canasta familiar que todos los subsidios y controles de precios juntos.
La corrupción se reduciría drásticamente. Si al Estado se le quita el poder de otorgar monopolios, licencias exclusivas y favores regulatorios, se le desarma su principal herramienta de venalidad.
El crédito fluiría a tasas competitivas, liberando el potencial productivo de millones de colombianos hoy excluidos del sistema financiero formal.
Conclusión: dos izquierdas frente al mismo Estado
El veredicto es brutalmente simple y políticamente incorrecto: Colombia no está atrapada en una pugna entre derecha e izquierda; está secuestrada por dos variantes del mismo colectivismo que se turnan el poder en un baile de máscaras. Una, la de la “derecha”, usa la retórica del mercado para blindar sus privilegios. Otra, la de la izquierda, usa la retórica social para anhelar el control total. Mientras no exijamos con vigor una auténtica libertad económica —no de discurso, sino de hechos— seguiremos condenados a elegir, elección tras elección, entre los dueños de hoy y los aspirantes a ser los nuevos dueños de mañana. El pueblo, como siempre, paga la cuenta de un engaño monumental.
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