Declaran en rebeldía al expresidente boliviano Evo Morales por no acudir a su juicio por trata de personas

La Justicia boliviana ha declarado en rebeldía al expresidente socialista Evo Morales tras no presentarse este lunes ante el Tribunal Departamental de Tarija, donde tiene lugar el proceso judicial en su contra por un delito de trata de personas, en relación a una relación con una adolescente durante su etapa presidencial.

La defensa del propio Morales ya había adelantado en las últimas horas que el expresidente boliviano no se presentaría al juicio oral que ha arrancado este lunes en la ciudad de Tarija, en el sur del país, que asumiría las consecuencias legales que acarrea su decisión y recurriendo a su vez a instancias internacionales.

cabe recordar que la acusación sostiene que Morales mantuvo en 2015 una relación con una joven entonces de 16 años, con quien tuvo una hija en su etapa presidencial, que se prolongó desde 2006 hasta 2019, cuando salió del país.

A pesar de que la defensa de Morales anticipó que no se presentaría este lunes, se ha desplegado una fuerte presencia policial en los alrededores del tribunal, en el que también se juzga a la madre de la presunta víctima, Idelsa Pozo Saavedra, según ha detallado la prensa local.

Morales, que se encuentra recluido en la región cocalera de Chapare, en pleno Trópico de Cochabamba, bien custodiado por sus seguidores, no ha acudido a ninguna de las citaciones de las autoridades, a las que viene acusando, desde la etapa del expresidente Luis Arce, de haber fabricado un caso en su contra.

La fuerte adhesión de la que goza Morales en esa parte del país ha evitado hasta ahora que las autoridades llevaran a cabo ningún tipo de operación para detenerlo ante el temor de que se produjeran fuertes disturbios. El nuevo Gobierno de Rodrigo Paz ha declarado que la intención es arrestarle, sin que se hayan producido novedades al respecto todavía.

Petro anuncia que presentará su propuesta de Asamblea Constituyente ante el Congreso el próximo 20 de julio

El presidente guerrillero de Colombia, Gustavo Petro, ha anunciado este viernes que el próximo 20 de julio presentará formalmente ante el Congreso un proyecto para impulsar la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, en una fecha que coincide con la instalación del nuevo Legislativo surgido de las elecciones del pasado 8 de marzo.

El presidente ha señalado que la presentación de la iniciativa estará acompañada por la entrega de más de cinco millones de firmas de respaldo ciudadano, requisito con el que busca dar impulso político a la propuesta. En este sentido, ha apuntado que su tramitación quedaría en manos del próximo gobierno.

«Entregaremos el 20 de julio cinco millones de firmas para solicitar la convocatoria a una asamblea nacional constituyente para agregar dos capítulos a la constitución; Los actos legislativos para reglamentar los derechos fundamentales de las personas y de la sociedad con las reformas sociales, y la reforma al sistema político y judicial que arrincone la corrupción en Colombia», ha explicado el mandatario en una publicación en redes sociales.

El objetivo de Petro es impulsar una iniciativa que incluya cambios en el sistema político y judicial, con el propósito de combatir la corrupción y fortalecer el Estado social de derecho, con especial atención a los delitos de corrupción, que deberían tener, a su juicio, las máximas penas previstas en el ordenamiento jurídico y sin beneficios de excarcelación.

«La mayor pena del código penal deben ser los actos de corrupción sin ningún tipo de excarcelación», ha concluido su mensaje.

Así las cosas, Petro ha defendido que la propuesta en cuestión no supondría ni la eliminación ni el debilitamiento de instituciones como el Congreso o la Corte Constitucional, sino una reorientación del marco normativo para ampliar derechos y promover transformaciones estructurales en el país, ha recogido la emisora colombiana Caracol Radio.

De acuerdo con las explicaciones del mandatario, ese mismo día, el 20 de julio, se producirá también su última intervención como jefe de Estado ante el Capitolio Nacional, en el marco del inicio de sesiones del nuevo Congreso.

El dictador de Cuba afirma que la isla «debe prepararse para una posible guerra» con EE. UU.

El dictador cubano, Miguel Díaz-Canel, ha afirmado que la isla «debe prepararse para una posible guerra» con EE. UU. ante la posibilidad de que Washington «intente agredir» Cuba, tal y como ha venido amenazando el presidente estadounidense, Donald Trump, que insiste en asegurar que el país «caerá».

«Yo te digo que en las condiciones actuales es posible que intenten agredir a Cuba. Nosotros tenemos que prepararnos para que no haya sorpresa ni derrota», ha declarado el dictador cubano durante una en entrevista concedida al portal de noticias brasileño Ópera Mundi.

En este sentido, ha aclarado que La Habana «no promueve la guerra, no la estimula», pero ha aclarado que, «no le tiene miedo tampoco».

«Si tenemos que defender la revolución y la soberanía de la independencia del país, así será», ha apuntado, antes de describir la estrategia cubana como la «basada en la doctrina conocida como la guerra de todo el pueblo», que «combina la guerra simétrica con la irregular y de participación popular».

«Nos preparamos no con una visión ofensiva, nos preparamos con una visión defensiva (…) donde cada cubano tiene una posición y una misión que cumplir en la defensa de la patria», ha manifestado.

Al ser preguntado sobre esta posible preparación ante una intervención militar, ha respondido con contundencia: «Claro que sí. Estamos preparados todos en Cuba y todos los que ocupamos responsabilidades».

Díaz-Canel ha advertido de que este tipo de acciones «bélicas» tendrían un «coste político internacional» dado que una posible agresión militar sería «rechazada por gran parte de la comunidad internacional, incluida una parte importante de la población estadounidense».

No obstante, es necesario recordar que lo mismo decía el genocida dictador que sometía a Venezuela, Nicolás Maduro, y ahora se encuentra en una cárcel en New York, enfrentando cargos por narcotráfico.

Delcy Rodríguez ordenó desmontar el «Salón Néstor Kirchner» en Miraflores

Caracas. – La encargada del narcorégimen chavista, Delcy Rodríguez, ordenó desmantelar el denominado “Salón Néstor Kirchner” en el Palacio de Miraflores, en Caracas, retirando los retratos del exmandatario argentino y eliminando la decoración con los colores de la bandera nacional.

Varios portales informativos con acceso a los acontecimientos que se desarrollan en Miraflores, reportaron que el espacio fue restaurado a su diseño original, dejando atrás uno de los símbolos más visibles de la cercanía política entre el chavismo y el kirchnerismo.

De acuerdo con las imágenes y la información que trascendió sobre la remodelación, en las paredes del lugar se dejaron de exhibir los retratos y referencias al exmandatario argentino, en un área en la que solía verse sentado a Maduro con el cuadro de Kirchner de fondo.

Este salón había sido inaugurado el 1 de diciembre de 2011 por Hugo Chávez, en una ceremonia realizada durante la visita oficial de la entonces jefa de Estado Cristina Kirchner al país caribeño. Allí mantuvieron ambos un encuentro bilateral y descubrieron la imagen de quien falleciera apenas meses antes, en octubre de 2010.

La decisión se habría tomado tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, en el marco de una operación militar de EE. UU., y formó parte de una serie de cambios en la sede de gobierno.

En su nueva versión, presenta una estética más sobria, con tonos blancos y grises, e incorpora una silueta del Palacio de Miraflores en rojo. De acuerdo con la misma fuente, el espacio ahora es utilizado para recibir a funcionarios estadounidenses.

Colombia responde con aranceles del 100% a Ecuador en una nueva escalada de la tensión bilateral

La ministra de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, Diana Marcela Morales, ha anunciado la imposición de aranceles del 100% desde el 30% actual a los productos procedentes de Ecuador para responder recíprocamente a la medida adoptada el pasado jueves por Quito.

«Desde el Gobierno del presidente (Gustavo) Petro hemos agotado todos los esfuerzos diplomáticos y mantenido abiertos los canales del diálogo con el Gobierno de Ecuador buscando una salida que beneficie a los dos países, a los empresarios, pero sobre todo a las comunidades de ambos lados de la frontera», ha explicado Morales en un comunicado oficial.

«Sin embargo, no hemos logrado respuesta positiva y por el contrario la administración del Presidente Noboa anuncia un endurecimiento en el frente comercial», ha añadido. Por tanto, desde Colombia «nos vemos forzados a modificar el Decreto 170 y nivelarlo con la nueva tarifa planteada por Ecuador».

El arancel impuesto por Ecuador a los productos colombianos, que inicialmente fue del 30% y pasó finalmente al 100%, «desequilibra las condiciones de competencia y de mercado entre los dos países», según Bogotá. Por ello se adopta la medida simétrica y «restablecer las condiciones equitativas en el intercambio comercial».

Colombia ya ha presenytado una demanda contra la medida adoptada por Ecuador ante la Comunidad Andina (CAN) porque viola el Acuerdo de Cartagena de 1969.

Precisamente la secretario general de la Comunidad Andina, Gonzalo Gutiérrez, ha hecho este viernes un llamamiento «urgente» a los presidentes de Colombia y Ecuador, Gustavo Petro y Daniel Noboa, respectivamente, para que retomen «a la mayor brevedad posible» el diálogo directo entre ambos países en pro de preservar una trayectoria de 57 años de integración.

Además, Gutiérrez ha advertido de que estas medidas tienen efectos directos sobre el bienestar de la ciudadanía de ambos países, así como sobre el tejido empresarial y las economías familiares, además de impactar en el proceso de integración subregional.

Cabe recordar que, a principios de marzo, Petro dejó entrever que Ecuador habría atacado territorio colombiano en una operación contra grupos armados, extremo rechazado de manera categórica por las autoridades del país vecino, entre ellos Noboa. Finalmente Bogotá informó de que el proyectil fue localizado en una zona limítrofe con Ecuador, pero no tenía como objetivo territorio colombiano.

El último incidente ha sido causado por los comentarios de Petro sobre el encarcelamiento del exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, al que calificó de «preso político». Noboa acusó a Petro de de atentar contra la soberanía ecuatoriana y finalmente ordenó la subida de aranceles.

Trump declara al Partido Demócrata como el «mayor enemigo de América» tras «la muerte de Irán»

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha acusado directamente este domingo al opositor Partido Demócrata de haberse convertido en el peligro más grande al que se enfrenta el país tras declarar que Irán, tal y como era conocido hasta ahora, ha desaparecido después de tres semanas de ataques israelíes y estadounidenses contra el país.

«Ahora, con la muerte de Irán, el mayor enemigo al que se enfrenta América es el Partido Demócrata, enormemente incompetente, de izquierda radical», ha manifestado Trump en un mensaje publicado en su plataforma Truth Social.

Cabe señalar que Trump ha dedicado buena parte de su fin de semana en redes sociales a redoblar sus ataques contra la oposición demócrata, en particular su «incompetencia» a la hora de resolver el bloqueo presupuestario al que se enfrenta el Departamento de Seguridad Nacional, y que está atascando los aeropuertos del país por la falta de personal de seguridad y vigilancia.

«Los fascistas demócratas jamás protegerán a América, pero los republicanos lo harán», escribió el sábado.

La gran farsa ideológica colombiana: una “derecha” disfrazada de derecha

Por: Julián Ramírez

Álvaro Gómez Hurtado, con su proverbial lucidez, diagnosticó que en Colombia los conservadores superan con creces al Partido Conservador. Es hora de completar su aguda observación con una verdad incómoda que la clase política, en su hipocresía estructural, se empeña en ocultar: la mal llamada “derecha” colombiana es, en su praxis real, una izquierda economicista vestida de seda y corbata. Mientras esgrimen con devoción retórica las frases sacramentales del libre mercado, han edificado y defendido con uñas y dientes un capitalismo de compadres, un sistema diseñado no para fomentar la competencia, sino para proteger los intereses de una poderosa minoría empresarial privilegiada.

Es un engaño de grandes dimensiones pretender que en este suelo haya florecido alguna vez una derecha liberal auténtica. El verdadero liberalismo económico —aquel que cree en la competencia abierta, la destrucción creativa y en un Estado árbitro imparcial, no jugador interesado— es un fantasma ausente en nuestro debate público: un espectro al que se invoca en los discursos, pero se exorciza en los hechos. Lo que ha predominado, y lo sigue haciendo, es un modelo mercantilista decimonónico en el que el Estado no es rival de los oligopolios; es, en realidad, su arquitecto principal y su guardián más celoso. La supuesta “protección de la industria nacional” nunca fue más que la patente de corso para crear monopolios privados y públicos que hoy estrangulan la innovación, encarecen la vida y limitan las oportunidades. Y la ironía más trágica es que la izquierda contemporánea, en lugar de proponer la libertad económica que tanto invoca en su retórica antioligárquica, lo que busca es controlar esos mismos monopolios. Ambos bandos, en el fondo, comparten una fe dogmática en el Estado como gran repartidor de favores y controlador omnipresente de la vida económica: son dos caras de la misma moneda estatista.

Oligopolios y controles: el país del “no se puede”

Esto no es teoría económica abstracta; es la experiencia cotidiana que sofoca a los colombianos. Los ejemplos no son anomalías del sistema; son su regla de oro, la columna vertebral misma de ese orden perverso.

El feudo energético

Mientras se corea la soberanía energética, el Estado se aferra con puño de hierro al sector de los hidrocarburos. Ecopetrol, un gigante que actúa como juez y parte, ahoga la inversión competitiva y perpetúa un modelo extractivista único. Esta farsa se extiende a la política de precios de combustibles: se le vende al ciudadano el “subsidio” a la gasolina como un favor magnánimo del gobierno, ocultando cuidadosamente que los impuestos pueden representar hasta el 40% del precio final. Es el colmo del cinema estatista: el Estado carga el combustible con una tributación grotesca, asfixiando la productividad nacional, y luego se presenta como el salvador que mitiga el problema que él mismo creó.

La dictadura de las gaseosas

Es un hecho verificado y cotidiano. Las prácticas de exclusividad de empresas como Postobón y Coca-Cola impiden que un tendero, so pena de perder estantes, refrigeradores y hasta el local, venda una gaseosa de una marca distinta. Esto no es libre mercado: es un cártel legalizado que el Estado, por acción u omisión, avala y consiente. El consumidor no elige: obedece la oferta dictada.

Los feudos alcohólicos

Es quizá el ejemplo más cínico y medieval. Es ilegal que un empresario innovador cree una marca de licores para competir con la fábrica del gobernador de turno. Es ilegal que un ciudadano compre el aguardiente de otra región, como si las fronteras departamentales fueran aduanas de reinos de taifas. Esto no es “defensa de los ingresos territoriales”: es la consagración legal del feudalismo comercial.

La tasa de usura: un “techo” que hunde el crédito

En un alarde de populismo regulatorio que pretende proteger, el Estado fija una tasa máxima de usura. Lejos de ser un escudo para el ciudadano, este control sitúa a la banca en el límite máximo permitido para no incurrir en sanciones penales, eliminando cualquier incentivo para competir ofreciendo tasas más bajas. Suprimida esta camisa de fuerza, los bancos se verían forzados a una competencia genuina por el bolsillo del consumidor, dinamizando masivamente el crédito productivo y de consumo. Esta tasa sí afecta directamente al “pueblo”, encareciendo el acceso al capital, a diferencia de las tasas del Banco de la República, un indicador macro lejano que la gente nunca percibe en su día a día pero que siente en el pellejo al solicitar un préstamo.

La prueba irrefutable de esta farsa de una derecha izquierdizada tiene un nombre propio: Álvaro Uribe Vélez, el ícono de esa mal entendida “derecha” colombiana. Como lo documenta fríamente el Cato Institute de Washington, D. C., su gobierno fue un festival de estatismo. Fortaleció a Ecopetrol, no la privatizó; mantuvo los aranceles proteccionistas y no desmontó un ápice de la arquitectura monopolista del país. El uribismo no es liberal: es la perfecta encarnación de una plutocracia que busca favores del Estado en lugar de ganar clientes en el mercado. Es, para ser claros y polémicos, la derecha colectivista.

En este punto, la lúcida y mordaz sentencia de Nicolás Gómez Dávila ilumina el corazón de nuestra paradoja: “El izquierdista no es el que quiere quitarle al burgués su riqueza, sino el que quiere vivir como el burgués, pero sin su esfuerzo”. Esta frase desnuda la esencia. La mal entendida “derecha” colombiana no anhela un mercado libre donde cualquiera pueda, con su esfuerzo, competir y ascender; quiere un Estado que le garantice su posición burguesa mediante oligopolios, aranceles y protecciones. Y la izquierda, a su vez, no ansía una sociedad de hombres libres; ansía capturar ese mismo Estado para redistribuir sus privilegios entre una nueva clase burguesa burocrática, sin necesidad de innovar, arriesgar o competir. Ambos, en el sentido más profundo de Gómez Dávila, son izquierdistas: aspiran a la riqueza o al control, pero huyen del riesgo real y purificador de la competencia abierta.

Imaginar una Colombia liberal no es un sueño utópico; es simplemente recordar el futuro de progreso y oportunidades que nos han robado décadas de este consenso estatista. En esa Colombia posible:

  • Se acabarían los cárteles legales. Cualquier ciudadano podría montar su negocio de licores; cualquier empresario podría competir con Postobón, y la inversión inundaría el país con capital, creando empleo masivo y genuino.
  • Los precios caerían en picada, pues la competencia por el bolsillo del consumidor haría más por abaratar la canasta familiar que todos los subsidios y controles de precios juntos.
  • La corrupción se reduciría drásticamente. Si al Estado se le quita el poder de otorgar monopolios, licencias exclusivas y favores regulatorios, se le desarma su principal herramienta de venalidad.
  • El crédito fluiría a tasas competitivas, liberando el potencial productivo de millones de colombianos hoy excluidos del sistema financiero formal.

Conclusión: dos izquierdas frente al mismo Estado

El veredicto es brutalmente simple y políticamente incorrecto: Colombia no está atrapada en una pugna entre derecha e izquierda; está secuestrada por dos variantes del mismo colectivismo que se turnan el poder en un baile de máscaras. Una, la de la “derecha”, usa la retórica del mercado para blindar sus privilegios. Otra, la de la izquierda, usa la retórica social para anhelar el control total. Mientras no exijamos con vigor una auténtica libertad económica —no de discurso, sino de hechos— seguiremos condenados a elegir, elección tras elección, entre los dueños de hoy y los aspirantes a ser los nuevos dueños de mañana. El pueblo, como siempre, paga la cuenta de un engaño monumental.

La izquierda arranca en Argentina la cuarta huelga contra el Gobierno, esta vez por la reforma laboral

La huelga general convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT) contra la reforma laboral del Ejecutivo argentino ha arrancado en la madrugada de este jueves, horas antes de que la Cámara de Diputados aborde un proyecto que ya consiguió la semana pasada el apoyo del Senado.

El paro, que durará 24 horas, está secundado por el sector del transporte, empleados de la Administración, además de comerciantes, de un total de 13 sindicatos que ya han anunciado su respaldo en rechazo a la reforma laboral de Javier Milei, por lo que se espera que durante la jornada se vean afectados muchos de los servicios esenciales.

En este sentido, Aerolíneas Argentinas ha confirmado en declaraciones recogidas por el diario ‘La Nación’ la cancelación de 255 vuelos como consecuencia del paro, lo que afectará a más de 31.000 pasajeros y tendrá un impacto económico de alrededor de USD$ 3 millones.

La huelga, la cuarta celebrada contra las políticas del Ejecutivo de La Libertad Avanza, se produce en una jornada en la que está previsto que la Cámara de Diputados debata y vote una reforma laboral que introduce limitaciones a asambleas y huelgas, crea un banco de horas que permite compensar horas extra con tiempo libre y establece un «salario dinámico» que puede establecerse por tiempo o por rendimiento, incluyendo comisiones individuales o colectivas.

Ante las críticas de algunos legisladores aliados, el Gobierno de Milei ha modificado el artículo 44 de la reforma, que habría implicado una reducción del salario de las bajas médicas hasta el 50% si el trabajador sufriera un accidente o enfermedad no vinculada a sus tareas.

El Senado aprobó hace una semana la denominada Ley de Modernización Laboral, con 42 apoyos, 30 votos negativos y ninguna abstención, tras una maratoniana sesión parlamentaria de 13 horas que concluyó con una victoria del dirigente libertario.

Borrego de la semana 217: Juan Gonzalez, asesor especial del presidente Joe Biden

Esta semana, el exasesor de la administración Biden para el hemisferio occidental, Juan Gonzalez, declaró que, supuestamente, EE. UU. “sí habría capturado a Nicolás Maduro” si hubiese tenido la oportunidad fuera de Venezuela, durante el mandato de Biden.

Sin embargo, eso contradice los hechos, pues fue el mismo González uno de los principales arquitectos de la política de diálogo, negociación y levantamiento de sanciones hacia el narcorégimen chavista —una estrategia que fracasó estrepitosamente—.

Por ello, sus declaraciones actuales solo llegan para intentar lavarse las manos y reescribir la historia, ignorando que, bajo su asesoría, se liberaron sanciones, se reconocieron procesos electorales fraudulentos y se fortaleció al régimen que somete a los venezolanos.

Por esta razón, Juan Gonzalez ha sido seleccionado como el Borrego de la Semana.

De la izquierda caviar a la izquierda sushi: los nuevos niños ricos de la revolución

Paola Piotti, abogada, activista por la libertad y líder del Capítulo de Lola Tarija en Bolivia

Los nuevos niños ricos de la revolución, esa que no implica para ellos perder patrimonio ni comodidad, son distintos. Se distinguen de sus antepasados caviar —reniegan de ellos— porque los consideran anticuados y elitistas, mientras ellos son de barrio.

Paola Piotti

Desde el rooftop del barrio bohemio de moda, un grupo discute las injusticias del sistema capitalista. Esperan el pedido de su tabla de sushi fusión andino –porque les gusta reivindicar los productos nacionales- y beben cerveza artesanal libre de gluten, mientras coordinan sus agendas para la próxima marcha frente a la embajada americana.

Eligieron una mesa en la terraza por comodidad, ninguno de ellos tiene cambio y no les gusta la idea de decirle que no a las personas que piden una moneda mesa por mesa. Consuelan sus corazones con el pensamiento de que el resultado de esa reunión ayudará mucho más a los mendigos que cualquier moneda que puedan darles hoy. O al menos eso se repite entre brindis y consignas.

No están ahí para derrumbar el sistema; están ahí para criticarlo mientras lo disfrutan a sus anchas. Lo hacen desde cargos públicos, asesorías estatales, fondos concursables para proyectos y algunos con documentales sentimentales, todos financiados con impuestos, en suma, dinero ajeno.

Durante años, se criticó a la izquierda caviar -aquel grupo de izquierdistas de clase alta, educados en buenas universidades, con salones privados para la presentación de sus libros, viajes humanitarios y discursos perfectos sobre justicia y consciencia social- incluso desde los propios sectores populares de la izquierda. Bajo esa crítica fue gestándose una versión más antipática de ellos: la izquierda sushi, los herederos simbólicos de la revolución, los portadores de una conciencia de clase performática y mucho más intagrameable.

Los nuevos niños ricos de la revolución, esa que no implica para ellos perder patrimonio ni comodidad, son distintos. Se distinguen de sus antepasados caviar —reniegan de ellos— porque los consideran anticuados y elitistas, mientras ellos son de barrio. Aborrece la ostentación clásica del caviar, y reivindican su consciencia social a través del consumo “limpio”, consumen lo orgánico porque está lejos de los agro tóxicos capitalistas, compran ropa de fibras naturales porque no contribuirán a la producción del fast-fashion, y  juzgan a todo a quien no sigue esas pautas de vida. Llaman cultura a su lujo. Se consideran rebeldes dentro de los círculos privilegiados que frecuentan porque alternan ocasionalmente una tarde pádel en el country con una visita ocasional a una exhibición de arte en un barrio carenciado.

No buscan justificar el dinero de sus padres, lo disfrutan y lo utilizan para denunciar el sistema que los hizo posibles. Son moralistas en público y hedonistas en privado. Critican la misma acumulación de capital que les permitió aprender a criticarla en los costosos cursos de sociología en Europa. Para la izquierda sushi las marchas son eventos sociales, la causa es contenido para redes y el mundo se transforma un hagshtag a la vez.

Son ilustrados. Han tenido el tiempo necesario para leer, no sólo a Marx y Hegel, sino a pensadores cada vez más nicho, cada vez menos accesibles para el común. Exigen de sus adversarios políticos una amplia bibliografía antes de debatir, no por interés genuino, sino por arrogancia intelectual. No son capaces de dimensionar los riesgos de sus consignas, ni reconocen el efecto real de sus ideas y conquistas. Dicen defender una voz que raramente escuchan y se indignan cuando alguien expone su propio consumo sofisticado y privilegios de clase. Por ello, la izquierda sushi no es una contradicción del sistema, es uno de sus subproductos más rentables, porque los nuevos revolucionarios abogan por la repartición de la riqueza, que empieza en la ajena y termina en el límite de la propia. Parece que muy dentro suyo, el capitalismo no los incomoda tanto, lo que les molesta es no poder controlarlo.

Desde esa misma terraza en la que comen, debaten y conviven sin ver la calle, juzgan al resto, especialmente a su blanco favorito: el pobre de derechas. Se sienten con la superioridad moral para explicarle al trabajador cómo funciona el mundo, y exigirle renuncias que él jamás podría permitirse. De hecho, marchan en horario de oficina, porque ninguno de ellos necesita estar en una en ese momento; denuncian a quienes hablan desde sus privilegios, mientras ellos hacen lo mismo, incapaces de reconocer los propios; han encontrado en su doctrina un consuelo: “No existe consumo ético en el capitalismo”, mientras continúan con el brunch y envían sus aplicaciones a la maestría anticolonial de la Universidad de Cataluña.

Sueñan con cambiar el mundo desde puestos bien remunerados en ONGs, o con la publicación de su compendio de poesía antiimperialista, pero tampoco parecen muy afectados porque los cambios no se materialicen con la rapidez que esperan. Tienen una red de seguridad financiera que los sostiene y previene su caída.

Asimismo, su relación con el Estado no termina en proyectos o becas, porque lo han domesticado y convertido en su red de seguridad personal, como recordatorio vivo de que dependen de lo que predican destruir. Es su herramienta favorita para sociabilizar la culpa y garantizar su moral sin incomodarse.

Para colmo, la izquierda Sushi, heredera de la intelectualidad caviar, domina el arte del teatro de la cercanía y la sensibilidad, dentro de la burbuja que sus privilegios les asegura. Su revolución es simbólica, los riesgos son ajenos, y sus consignas inquebrantables. Y aunque esta descripción pueda despertarles indignación, ese sentimiento no será más que la prueba irrefutable de haberse reconocido en estas palabras.