¿Puede Venezuela recuperar sus instituciones con la tecnología correcta?

Isaac Parra, coordinador local de EsLibertad Venezuela.

“Venezuela no solo necesita reformas legislativas y constitucionales para realizar una privatización sana, también necesita innovaciones tecnológicas que directamente acaben con los incentivos retorcidos de la burocracia establecida.

Isaac Parra

En la mayoría de métricas, Venezuela tiene una de las peores economías y ambientes políticos. Mucho de estos problemas tienen raíz en una causa: derechos de propiedad deficientes

Aquí algunos datos al respecto:

Para colmo, Venezuela se encuentra entre la espada y la pared. Seguir el camino que ha llevado llevará a más ruina. Sin embargo, privatizar la economía con mucha rapidez y descuido también nos llevará a la ruina. Por ejemplo, los esfuerzos de privatización chuecos de la rusia post-Unión Soviética generaron inflación, conflictos civiles y la llegada al poder de Vladímir Putin e incluso hoy Rusia todavía tiene derechos de propiedad difusos3.

Por ello, Venezuela no solo necesita reformas legislativas y constitucionales para realizar una privatización sana, también necesita innovaciones tecnológicas que directamente acaben con los incentivos retorcidos de la burocracia establecida. Y esta innovación tecnológica debe partir desde la base de la confianza: la identidad y propiedad. Si bien, la propiedad privada no puede existir si no está vinculada a la identidad de un ciudadano o grupo de ciudadanos.

Es común que el Estado es quien asume la responsabilidad de administrar los mecanismos de confianza para la propiedad y la Identidad. Pero lo hace de forma ineficiente y con fines cuestionables. Al respecto, muestro algunas fuentes:

Todas estas inconveniencias ahora son innecesarias con los avances tecnológicos de la criptografía, porque con identidades descentralizadas o Decentralized Identities (DID) basadas en criptografia, la confianza ahora puede ser administrada enteramente por el individuo. Esto sería significativamente más eficiente, moral y barato de implementar en Venezuela que reeducar a burócratas o contratar a nuevos.

SOBRE LA CRIPTOGRAFÍA

Permítanme ilustrarles como funciona esto: la criptografia es básicamente una forma de esconder información a través de códigos descifrables. Para ser precisos, es Arte y técnica de escribir con procedimientos o claves secretas o de un modo enigmático, de tal forma que lo escrito solamente sea inteligible para quien sepa descifrarlo.

Se puede hacer una visualización de la criptografía con combinaciones de colores:

Observen este color

¿Qué combinación creen que se usó?

Difícil saberlo ¿no?

Supongamos dos personas, digamos Victor y Joel. Victor quiere preguntarle que color le gusta a Joel, pero quiere hacerlo en secreto. Así que Victor le manda a Joel una mezcla del azul y el amarillo. Joel mezcla el rojo con la combinación del azul y el amarillo para mandárselo a Victor; Victor quita de la mezcla el azul y el amarillo y descubre que el color favorito de Joel es el rojo.

Ahora bien, esta visualización básica de la criptografía sirve para comunicarse en un canal de comunicación confiable. Sin embargo, no siempre lo son, como pasa con el internet. Alguien podría interceptar el mensaje y enterarse de que la clave que usa Victor es la combinación del amarillo y el azul. 

Para eso se desarrolló la criptografía asimétrica, pero para no hacerles el cuento largo pueden ver una dramatización de la criptografía asimétrica en el siguiente video: Key Exchange.

Pero esto presupone que la otra parte de la comunicación es alguien confiable. En internet esto no siempre es así. De ahí el famoso meme de que en internet nadie sabe si eres un perro.

Ahí es donde entra las identidades descentralizadas, (en inglés “Decentralized Identity”, también conocida como DID): 

IDENTIDADES DESCENTRALIZADAS (DID)

En resumen, la tecnología DID busca implementar la contraparte digital de una billetera o archivos. Almacenar y proteger datos con criptografía ofrece aplicaciones casi infinitas para información que puede ser usar de la misma forma que identificaciones físicas en escenarios de persona, a persona o en línea. —En este video de un proyecto argentino les explican algunos aspectos técnicos si les interesa profundizar un poco más en los tecnicismos de su funcionamiento.— A continuación tiene mi intento de explicarlo:

La tecnología de Identidades Descentralizadas está estructurada con tres actores: Un Emisor, Un Verificador, y el usuario u “Holder”, donde cada uno posee una llave pública y otra llave privada. Todo regido por un marco de gobernanza que establece los mecanismos de confianza basándose en la criptografía. A todo esto se le llama “Trust Triangle” o triángulo de confianza.

Les explico un poco de cada uno: primero están los usuarios u “holders”, dueños de la identidad, credencial y cualquier otra afirmación vinculada a la persona/entidad, quién, a través de una app, puede decidir que información compartir o no. Por ejemplo, cuando un policía solicite nuestra información personal y solo necesita saber si la licencia, o en una discoteca donde pidan mayoría de edad, pero no necesiten saber si estás soltero o casado (como aparece en la cédula venezolana).

Luego están los emisores o “issuers”, quienes emiten una credencial que válida las afirmaciones acerca del individuo/entidad. Por ejemplo, un hospital que emita una partida de nacimiento o una universidad que emita el título de licenciatura, etc.

Por último están los verificadores o “verifiers”, quienes buscan comprobar que las afirmaciones sean ciertas. Por ejemplo, una universidad a la que le gustaría saber si tienen las notas suficientes para cursar una carrera y que estás notas no estén falsificadas.

EJEMPLOS DE USOS DE DID:

Les daré un ejemplo simple, luego una más técnica y finalmente una relacionada con la propiedad privada. Vamos con el simple:

Supongamos que tenemos un amigo llamado McLovin, McLovin es famoso en las discos porque cuando era menor de edad usaba una cédula falsa para entrar. Ahora que ya tiene la edad suficiente, los guardias no lo dejan pasar porque sigue teniendo la apariencia de un 15 añero. 

Para su fortuna ahora existen las aplicaciones DID y él ya hizo su registro de información. —Esto lo puede hacer él por su cuenta o con un emisor autorizado.—

McLovin desde su aplicación DID selecciona la opción probar mayoría de edad que la cual genera un código QR que muestra al guardia de la disco, y este lo escanea. En ese momento ocurren los intercambios de llaves, como vieron en el video de la maleta, sin que ni McLovin y el guardia hagan otra cosa. 

En un instante, el guardia recibe la verificación de su mayoría de edad y ahora McLovin puede pasar a rumbear. Todo esto sin necesidad de mostrar su fecha de cumpleaños, nombre completo, si estás soltero o casado o una foto de 2016 cuando la crisis económica venezolana lo tenía con la piel pegada al hueso.

Vamos con el ejemplo técnico:

Supongamos que Victor se acaba de graduar del colegio San Timoteo, y quiere entrar en la Universidad Francisco Marroquín (UFM) con una beca para un programa online.

El colegio San Timoteo emite un documento donde están todas sus notas y la afirmación que se graduó como estudiante 20/20. 

Volvamos al ejemplo de los colores. Para demostrar que el colegio es quien emitió ese documento, lo pinta con una pintura digital dorada (en realidad esto sería la llave pública, pero a efectos ilustrativos digamos que son pinturas) que solo el colegio tiene el borrador mágico que puede quitar esta pintura. 

Al mismo tiempo, Victor le da una pintura negra, para la cual solo él tiene el borrador, para que esconda o revele los datos que contiene el documento.

Hecho esto, el colegio le envía este documento a la billetera digital de Victor donde la va a almacenar (Esto lo puede hacer una base de datos centralizada, en una blockchain, o en el almacenamiento local del teléfono de Victor.)

La UFM ahora le pide a Victor pruebas de que es un bachiller; sin embargo, a la UFM no le interesa almacenar el documento por temas de costos y evitarse una demanda porque se filtró la información de sus estudiantes. Solo le interesa saber que tiene las notas suficientes para estar en la UFM y que es bachiller.

A Victor también le interesa confiar con el evaluador oficial de la UFM, no vaya a ser que alguien esté robándole la Identidad a institución y quiera usar su información personal para fines no éticos. Para esto, Victor utiliza la pintura digital azul que es la oficial de la UFM para la cual solo el personal autorizado tiene el borrador. Y con su borrador (llave privada) quita la pintura digital negra de la información que solo le interesa a la UFM (el promedio y que es bachiller) 

Una vez pintado, Victor le muestra el QR a la UFM, al quitar la pintura azúl la UFM puede ver la información de Victor, pero no confía en que él está dando una información verídica.  Así que la UFM tiene que verificar que el color dorado es el del colegio San Timoteo. Así que le pide al colegio San Timoteo que le quite el color dorado al documento para comprobar que en efecto lo hizo.

De esta forma, se verifica con total certeza que Victor es bachiller egresado del colegio San Timoteo con notas 20/20. Por lo que obtiene su beca completa para el programa en línea. 

Como este hay muchas aplicaciones:

  • Chequeo policial de licencias de conducir.
  • Cequeo de Pasaporte.
  • Chequeo de Vacunos.
  • Vinculación a NFT’s (non funglible tokens) que representen la propiedad de un bien.
  • Vinculación a contratos inteligentes.

Estudio de Caso: Identidad Descentralizada (DID)

Para ilustrar cómo la DID resolvería los problemas específicos de Venezuela, analicemos un ejemplo real de violación de derechos de propiedad debido a la falta de una raíz de confianza.

El Caso de Melquiades Alvarado

Melquiades Alvarado es un hombre de 87 años que compró un apartamento en Caracas en 1979. Debido a la reciente crisis económica y a que su esposa (92) padece demencia senil, decidió alquilar su apartamento para poder costear los gastos de vida de ambos.

Sin embargo, realizar los trámites para alquilar legalmente en Venezuela consume demasiado tiempo, energía y recursos para un hombre de su edad. Por lo que, otorgó un poder de la propiedad a su hijo; con eso lograron alquilarle a una mujer llamada Jemina, quien resultó ser concejal del municipio.

Desde 2018, todo parecía ir viento en popa. Hasta que, el 15 de octubre de 2023, Melquiades descubre que su apartamento ha sido vendido a la madre de Jemina.

A Melquiades no se le consultó o pidió aprobación para la venta. Durante meses, junto a su hijo, hicieron lo que pudieron para demostrar que la supuesta venta del apartamento era nula. Legalmente, logró demostrarlo, pero la influencia de Jemina sobre los funcionarios del Estado permitió que su madre permaneciera en el apartamento. Melquiades recurrió a subir una serie de videos explicando su situación que se hicieron virales en X (antes Twitter); en ellos, pedía la intervención del Fiscal General de Venezuela (Tarek William Saab).

El Fiscal General inicialmente sostenía la versión que el hijo de Melquiades, a través del poder, había consentido la transacción, pero tras una intensa presión en redes sociales, finalmente se le restituyó la propiedad a Melquiades.

Con esto en mente, ahora puedo señalar los problemas resueltos por la Identidad Descentralizada (DID):

  1. Autonomía y Verificación: Dado que Melquiades sigue lúcido y (suponiendo que sabe usar la tecnología DID), no habría necesitado delegar el uso de su propiedad. Él mismo habría podido autenticar todas las credenciales necesarias para alquilar mediante una simple verificación biométrica, incluso sin salir de casa (siempre que tuviera conexión a internet).
  2. Delegación Granular de Poderes: Supongamos que Melquiades decide que no sabe usar la tecnología, pero puede delegar en su hijo únicamente la facultad de alquilar el apartamento y no la de venderlo. Si alguna vez quisiera vender, Melquiades tendría que autorizar explícitamente la transacción con sus datos biométricos. Esto evitaría la falsificación de la autoridad del hijo o que un tercero manipule los registros de propiedad en su beneficio.
  3. Seguridad del Dispositivo: Incluso si se intentara falsificar su biometría, se requeriría el dispositivo físico de Melquiades. Sería imposible para un tercero manipular los registros para cambiar los derechos de propiedad sin su intervención directa.
  4. Contratos Inteligentes y Compensación: Si el hijo de Melquiades y Jemina se aliaran para vender el apartamento a sus espaldas, El apartamento podría estar vinculado a un contrato inteligente que para poder ejecutar Melquiades debe recibir el pago directamente. Lo cual genera aún más fricción a la hora de no involucrar a Melquiades en la transacción, desincentivando en gran medida el comportamiento criminal. 

En resumen, la única forma de que se pueda atropellar a Melquiades es que él esté en total desconocimiento de como funciona la tecnología y que su hijo y/o Jimena tenga suficiente conocimiento como para aprovecharse de la ignorancia de Melquiades. Naturalmente, este factor humano y sus incentivos serían el principal obstáculo para la adopción y uso ético de la tecnología.

En todo caso, el código actuaría para proteger su derecho de propiedad, sin vacilar, sin tener múltiples puntos de fallo (como los tiene los medios burocráticos) o peor, obligar a la víctima a recurrir a las redes sociales para presionar a las instituciones a hacer su trabajo, como ocurrió realmente.

ADOPCIÓN DE LA DID EN EL MUNDO

La tecnología DID también podría utilizarse con fines electorales, y este potencial ha llevado a muchos Estados-nación a invertir recursos significativos en soluciones:

Cabe señalar que existen cientos de proyectos que buscan implementar esta tecnología y puedes encontrar los más relevantes a través del mapa desarrollado por KeyState Capital en https://www.weboftrust.org/ en cuál contribuí en parte de la investigación.

La propuesta de KERI

Una tecnología en particular, Key Event Receipt Infrastructure (KERI), responde a todas las necesidades tecnológicas centrales de Venezuela. Es un protocolo de código abierto que ahora se utiliza ampliamente en la Unión Europea a través del vLEI de la GLEIF. Permite crear, rotar, delegar y revocar credenciales, resolviendo problemas como los del caso de Melquiades.

Es totalmente descentralizado y no requiere bases de datos ni blockchains, funcionando como un puente entre otros proyectos de DID debido a su independencia de plataformas específicas.

Para ilustrar exactamente como funcionaria KERI, vale la pena ver cómo esta tecnología se puede convertir en una raíz de confianza global.

El vLEI (Identificador de Entidad Jurídica Verificable) from GLIEF22 (Global Legal Entity Identifier Foundation).

El vLEI busca proporcionar Identidad Organizacional, es decir, la capacidad de una persona o cosa para probar el alcance de su autoridad para representar a una organización ante terceros. Esto sin el uso de proveedores de identidad, cadenas de bloques (blockchains) o plataformas compartidas.

Para entender el vLEI, es necesario entender qué es el LEI (Legal Entity Identifier – Identificador de Entidad Jurídica). El LEI es un ID único transfronterizo emitido por la GLEIF y fue introducido por el G-20 en 2011 en respuesta a la crisis de 2008. Los líderes del G-20 apoyaron “la creación de un [LEI] que identifique de forma única a las partes en las transacciones financieras”.

Esto resultó en que el LEI fuera obligatorio para diversas transacciones transfronterizas y en la UE, por ejemplo, obligatorio para todas las empresas que cotizan en bolsa y es utilizado para diversos fines por la EBA (Autoridad Bancaria Europea). Teniendo así más de 2 millones de LEIs emitidos hasta la fecha.

Tecnología KERI y vLEI

A través de la tecnología de KERI, el vLEI permite a los titulares de un LEI vincular un par de claves pública y privada a su LEI, creando firmas digitales infalsificables que pueden ser verificadas fuera de la organización.

Los titulares de vLEI pueden emitir un número ilimitado de sub-credenciales para cualquier rol en su organización, con las cuales pueden demostrar criptográficamente su rol/autoridad fuera de la organización a través de las fronteras. Por lo tanto, todas las organizaciones que tienen un LEI pueden crear una identidad digital calificada y crear identidades digitales para todos sus empleados y roles en su organización o incluso dispositivos.

Source: https://www.gleif.org/en/vlei/introducing-the-verifiable-lei-vlei
Source: https://www.gleif.org/en/vlei/introducing-the-verifiable-lei-vlei 

BENEFICIOS PARA VENEZUELA

Los beneficios de adoptar el vLEI serían los siguientes:

  • Las empresas venezolanas podrían aprovechar el reconocimiento internacional acelerando los procesos de AML/KYC (Anti-Lavado de Dinero / Conoce a tu Cliente). Aumentando así sus posibilidades de atraer inversión extranjera.
  • Los empleados venezolanos pueden tener un medio para crear credenciales verificables con poca o ninguna intervención gubernamental.
  • El vLEI puede utilizarse para verificar la propiedad de los recursos de capital de las empresas.

Requisitos para una Implementación a Mayor Escala

Aunque es un buen punto de partida, esto no serviría a la totalidad de la población. Por lo tanto, implementar la tecnología DID (Identidad Descentralizada) a mayor escala requeriría:

  1. Invertir en marketing de alta calidad para posicionar la identidad descentralizada y la solución de propiedad privada como la más eficiente en Venezuela. Esto podría ser más rápido con el respaldo del gobierno, pero requiere la credibilidad de la que carecen las instituciones venezolanas.
  2. Financiamiento privado para desarrollar aplicaciones/sistemas DID interoperables (con KERI como protocolo básico).
  3. Alianzas con ONGs comprometidas con el servicio a comunidades que carecen de acceso a teléfonos inteligentes, similar a las experiencias de Digizen en Papúa Nueva Guinea o las de Agros Tech usando llamadas telefónicas para el registro.
  4. Incentivos económicos para la inscripción en la solución, tales como transferencias directas, exenciones fiscales o facilidades de crédito.
  5. Consultoría con firmas de abogados especializadas en contratos inteligentes y vLEI para establecer un proceso fluido para las transferencias de propiedad privada.

Dado su enfoque descentralizado, tal solución requeriría poca o ninguna intervención gubernamental. Si se hace correctamente con KERI, despojaría al gobierno del poder de controlar la identidad de los individuos y sus pruebas de propiedad.

Ahora bien, no todo es color de rosas.

ADVERTENCIAS SOBRE LA TECNOLOGÍA DID

La historia nos enseña que, cuando se desarrollan nuevas tecnologías, existe una alta probabilidad de que criminales o Estados se aprovechen de ellas para controlar a las masas y extraerles cada vez más recursos. (Ver Against the Grain de James C Scott)

Por ejemplo, las herramientas de comunicación de medios masivos como medios de adoctrinamiento, los pasaportes como medios de restricción para viajar o, más específico a la tecnología DID, véase por ejemplo el Pajaporte” en España (aunque este ejemplo muestra más bien un uso mal dirigido e ineficiente de la tecnología por parte del estado). O para Venezuela, el infame Carnet de la Patria.

Pero ha sido el caso que los individuos han sido capaces de contrarrestar estos abusos de poder adoptando e innovando las mismas u otras tecnologías. Tal es el caso de la inflación galopante y la creación de Bitcoin, la creación de contenido independiente a traves de redes sociales o el uso de VPNs para eludir restricciones como la que Maduro impuso a X/Twitter y otros sitios web.

Vale la pena reflexionar sobre cómo la tecnología DID puede utilizarse para reforzar los pesos y contrapesos de los Estados organizados como Repúblicas o formas emergentes de coordinación social.

POTENCIAL DEL MERCADO DE GOBERNANZA

El potencial de la tecnología DID reside no solo en crear un entorno institucional sólido para proteger los derechos de propiedad, sino un mercado para la gobernanza. Dado que la tecnología DID y especialmente KERI son protocolos, pueden usarse como base para desarrollar marcos de confianza para otras instituciones.

Por ejemplo:

  • Votación: Sería significativamente más barata y confiable utilizando credenciales aseguradas biométrica y criptográficamente.
  • Políticas Públicas: Los ciudadanos podrían votar por políticas públicas desde la comodidad de su hogar.
  • Agilidad: Los ciudadanos podrían proporcionar rápidamente antecedentes penales y credenciales de educación a un empleador en segundos y sin la carga de documentos físicos de archivo.
  • Visas: Podrían solicitar rápidamente una visa, proporcionando toda la información necesaria con solo un QR.

En resumen, las sociedades podrían tener una fuente de rendición de cuentas para aquellos individuos y organizaciones que no cumplen sus promesas o incurren en conductas antisociales, además de facilitar los procesos de resolución de conflictos.

Esto no significa que la violencia y los abusos de poder desaparecerían, pero al menos proporcionaría una fuente de verdad y confianza desde la cual las instituciones de seguridad y el mercado podrían innovar y crear medios cada vez más eficientes para proteger la Propiedad, la Vida y la Libertad.

¿UN ORDEN CONSTITUCIONAL BASADO EN CONTRATOS INTELIGENTES?

A lo largo del curso de la historia humana, el impulso para una mejor calidad de vida han sido los desarrollos tecnológicos (la imprenta, los antibióticos, la computadora personal, etc.). El avance tecnológico ha cambiado fundamentalmente nuestras formas de organizar la sociedad; por ejemplo, el Estado-Nación, tal como lo conocemos hoy, no sería posible sin la invención del telégrafo.

Se puede argumentar, entonces, que las constituciones son un dispositivo tecnológico para coordinar la gobernanza de la sociedad. Las constituciones escritas eran la mejor tecnología disponible hace 200 años, cuando hacer contratos de gobernanza de forma individual era demasiado costoso.

Pero ha habido muchos avances desde entonces. Hoy, el 91% de la población tiene acceso a teléfonos móviles. Esto significa que potencialmente podrías coordinar con la mayoría de la población sus preferencias de gobernanza a través de aplicaciones móviles.

LA RESPUESTA CRIPTOGRÁFICA

La respuesta al problema de la confianza puede residir en la tecnología criptográfica: Contratos Inteligentes, Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAOs) e Identidades Digitales Descentralizadas (DIDs). Esta tecnología proporciona medios para la transparencia, la rendición de cuentas de figuras/políticas públicas, el cumplimiento de contratos y la verificación de credenciales.

En resumen: depositar la confianza en un protocolo codificado en lugar de funcionarios corruptibles.

INCENTIVOS Y COMPETENCIA

Si un ciudadano desea más servicios de gobernanza, en lugar de «empaquetar» bienes políticos eligiendo a un político representante, podría aceptarlos explícitamente. Esto proporcionaría una visualización en tiempo real de cómo cada política afectaría los saldos futuros en su «billetera ciudadana».

Al utilizar esta tecnología, el administrador público supera significativamente el problema del conocimiento propuesto por el análisis austriaco y puede economizar mejor los recursos. Por otro lado, dado que los ciudadanos ahora manejan información precisa sobre el costo directo e indirecto de diferentes formas de gobernanza, pueden elegir entre ellas.

Esto incentiva a los ciudadanos a influir directamente en la política pública y, para los administradores, incentiva la competencia entre modelos de gobernanza/jurisdicciones. Así, se aborda el problema de los incentivos sugerido por la Escuela de la Elección Pública (Public Choice School).

CONCLUSIÓN

A pesar de que actores maliciosos podrían intentar aprovecharse desarrollando código malicioso, es probable que el mercado y la sociedad civil inviertan esfuerzos para deshacerse de ellos mediante la auditoría de contratos de gobernanza.

Como en el Efecto de la Reina Roja, es importante mantenerse vigilantes e innovadores con la tecnología de gobernanza para asegurar la protección de la vida, la propiedad y la libertad, y así mantener al Estado a raya para que no esclavice al individuo.

Las Repúblicas representativas y su orden constitucional se están volviendo obsoletos, día tras día. Es necesario pensar fuera de la caja para tener una gobernanza más adecuada para las sociedades actuales.


Referencias

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EE. UU. se muestra comprometido con una transición en Venezuela, y eso es de celebrar, pero ahora es necesaria la madurez

Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.

(…) volviendo al tema de la “oposición” y la administración “temporal” estadounidense, debemos cuidarnos de no trasladar nuestro vicio mesiánico de la oposición a la Casa Blanca. El apoyo de EE. UU. es una herramienta de ingeniería institucional, justa y necesaria, no un nuevo caudillismo al cual endorsarle nuestra responsabilidad ciudadana.

Roymer A. Rivas B.

Después de las declaraciones del presidente de EE. UU., Donald Trump, donde mostró carácter, habló con ultimátums a la cúpula chavista y confirmó su intención de administrar el país en aras de una transición, no queda más que celebrar. Durante años, esperamos este momento; hemos sido victimas de un sistema criminal que se mostraba invencible de cara a los ciudadanos; durante años, a pesar de la gran cantidad de comunicados que emitieron las organizaciones internacionales, sin acciones concretas, sólo podíamos sentir el peso de la soledad geopolítica. Son más de 9 millones de venezolanos en el exilio; llegamos a tener niveles de 92% de pobreza; la hiperinflación más grande de la historia moderna —y estamos en otra, por cierto, si somos rigurosos con la teoría y el asunto—; años de auges y recesiones de esperanzas traficadas por una oposición que es —en presente, no en pasado— servil al régimen, porque son el opuesto que su opuesto necesita para existir; y hoy, por fin, después de tanto, podemos ver luces de libertad. El régimen aparece ahora humillado ante un poder superior, sintieron lo que muchos de nosotros sentimos cuando salimos a protestar en el pasado. Sin embargo, para capitalizar este momento histórico, debemos analizarlo con frialdad.

Las acciones concretas vs las narrativas épicas: es necesario poner fin a la ingenuidad

Esta celebración no nace de la ingenuidad, sino del alivio. Estuvimos demasiado tiempo viviendo del sensacionalismo y las acciones simbólicas —no concretas— que no llegaban a nada; imperaban las narrativas épicas en todo lugar, seguida por millones de venezolanos. Hoy tenemos acciones concretas que, para los sensatos, siempre fueron el único camino real para desalojar a la dictadura chavista. Hay que decirlo con claridad, aunque genere rechazo para algunos: este triunfo responde a la determinación del presidente de EE. UU., no a la gestión del liderazgo en Venezuela, encabezado por María Corina Machado (MCM)[1] —Donald Trump ha mantenido una distancia notable con quien muchos ven como la líder del momento—. Esta distancia no es casual, es un mensaje. EE. UU. ha dejado claro que tiene la voluntad de administrar temporalmente el país, reconociendo tácitamente la destrucción total de nuestras instituciones, y quizá de las distintas dirigencias que, como ya mencioné, son serviles al chavismo.

Con esto en mente, debo resaltar, sin pelos en la lengua, que el escenario evidencia que, durante el interinato de Juan Guaidó, la administración Trump sí tenía la intención de actuar en Venezuela, quizá en mejores condiciones que ahora, pero el mismo interinato mató esa posibilidad —ya sabemos en qué terminó eso: un mar de corrupción—. A los hechos me remito: con Trump es que se han conseguido avances reales contra el régimen chavista, desembocando hoy con Maduro preparado enfrentar la justicia. ¿Cómo actuará el chavismo al respecto? ¿Quién, de claudicar el chavismo, tomará el control de un chavismo saliente? Eso está por verse —hay ciertas luces—, pero tenemos certeza de que EE. UU. se queda a administrar el país. Quizá esto no les guste a algunos, pero, siendo sinceros: ¿Piensan que todo esto es gratis? si el costo de la libertad en Venezuela es todo su petróleo —por sólo mencionar lo más relevante—, en lo que a mi respecta, lo entrego con los ojos cerrados. No se trata de ceder soberanía, sino de aceptar el andamiaje necesario para reconstruir un edificio que se cae a pedazos, se trata de entender que, en nuestra condición actual, necesitamos ayuda técnica, logística y financiera de gran calado para volver a ponernos de pie como país.

A mi juicio, muchos de los problemas del país persistirán por un tiempo —veamos si cambia o no en el futuro, dependerá de nosotros—, porque la dirigencia opositora actual, tal y como se ha presentado hasta el momento, no está preparada para asumir las riendas de Venezuela. Veo con preocupación cómo personajes con historiales reprochables, partícipes de los errores del pasado, rodean hoy a figuras como MCM. Esa oposición, de hecho, representa un riesgo, más que para la transición, para un futuro verdaderamente libre, alejado de las ideas colectivistas que nos sumergieron en la realidad en la que nos encontramos. No obstante, también es cierto que en alguno de ellos recaerá la responsabilidad de dirigir el rumbo de Venezuela en algún punto, y será un mal menor que igual hemos de aceptar y celebrar, pero no podemos perder el foco ante sus limitaciones éticas, apuntando siempre a una mejor Venezuela.

El desafío de la Venezuela que apenas se perfila para entrar en el siglo XXI: aprender libertad

Tenemos un gran desafío, el colapso del chavismo no es el final del camino. Lo que viene ahora será más complejo que la lucha que se ha librado estos años. Más allá de un cambio de presidente y diputados, entre otras cosas, es necesario purgar y reactivar un sistema que ha sido diseñado para la corrupción y el control social. Estoy hablando de reactivar la industria petrolera, por supuesto, pero también de algo más profundo: sanar el tejido social. La administración temporal propuesta por Trump puede proveer los recursos y el orden público, pero la reconciliación y la cultura ciudadana no se pueden importar; esas deben nacer de nosotros. Y aquí surge la interrogante: ¿Estaremos, como sociedad, preparados para ello? Tengo mis reservas, porque no veo pidiendo libertad, en tanto libertad, sino un cambio de régimen, pero hay esperanza —y para quienes hacemos vida en las universidades, nos queda lo que llaman “la batalla cultural”, para hacer contrapeso a eso—.

Como venezolanos, hemos de prepararnos para aprender la libertad, un concepto que nos permita no replicar los errores del populismo, el colectivismo y la expansión estatal, en distintos ámbitos, que sufren muchos países de occidente. La libertad requiere responsabilidad, respeto a la ley, vigilancia constante, meritocracia, y otras cuantas cosas más que el chavismo, de todos los colores, se encargó de reducir hasta casi desaparecerlo.

Hemos de tener algo claro: no podemos esperar resultados inmediatos, la paciencia estratégica es necesaria, y si contamos con el apoyo internacional, principalmente EE. UU., para disponer de capital y fuerza institucional para la transición, a nosotros nos corresponde poner la madurez cívica. Celebremos que el mundo nos mira y actúa, pero preparémonos mentalmente para el trabajo duro. Pocas veces en la historia se tiene la oportunidad de refundarse como nación, y como venezolanos, debemos demostrar que podemos dejar atrás el caudillismo y construir, finalmente, una nación libre. Venezuela no solo fue saqueada por el chavismo de distintos colores; fue drogada con la idea de que la riqueza es un derecho de nacimiento y no el resultado del esfuerzo individual y la propiedad privada; ya no debemos exigir derechos, hemos de exigir respeto a lo nuestro —y quienes no tengan, pues que trabajen para conseguirlo, así de simple; tampoco puede haber espacio para los parásitos, ya serán más que suficientes los que estarán ejerciendo funciones públicas—.

No todo es color de rosas: sobre la claudicación del chavismo, o no, y la oposición venezolana

Ahora bien, aunque cantamos victoria por la resolución de EE. UU., hemos de tener presente que no todo está saldado con el chavismo. Ha quedado el ala más radical en el poder, y no tenemos seguridad de que vayan a claudicar. Ante la posibilidad de enfrentar la justicia, y donde mantener el poder es lo único que les asegura la supervivencia, ellos pueden atrincherarse y esperar un segundo ataque estadounidense para volver el país un caos, o al menos intentarlo por un tiempo. No se equivoquen, tienen con qué, tienen las armas, la preparación cubana y cientos de kilómetros de selva para amargar la vida de los venezolanos. Si hemos de atravesar por eso, tocará, pero preparémonos mentalmente para ello.

Naturalmente, éste no es el escenario ideal; aunque la paz inicial pueda resultar frágil —eso lo veremos con el tiempo—, nosotros esperaríamos que el chavismo claudique, que sirva a la transición y, muy probablemente, también, termine en un exilio dorado, disfrutando de los millones de dólares que robaron a las arcas del país. ¿Nos gusta esto? No, es inaceptable. Pero si sirve a la transición, nos enfocamos hoy en ello y luego en enjuiciarlos, también. No puede ser de otra manera.

Asimismo, volviendo al tema de la “oposición” y la administración “temporal” estadounidense, debemos cuidarnos de no trasladar nuestro vicio mesiánico de la oposición a la Casa Blanca. El apoyo de EE. UU. es una herramienta de ingeniería institucional, justa y necesaria, no un nuevo caudillismo al cual endorsarle nuestra responsabilidad ciudadana. Si celebramos que Trump “mande”, debemos hacerlo porque su mando es el medio para restaurar cosas que hemos perdido en el tiempo, no porque busquemos un nuevo tutor que nos exonere de la carga de solucionar nosotros mismos nuestros problemas. Ya EE. UU. ha hecho mucho, más de lo necesario, de hecho, nos toca repensar Venezuela.

La transición no puede ser un reciclaje de rostros fracasados; no es suficiente con cambiar el color de la camisa del partido, y tampoco lo es seguir con el clientelismo. Puede que redunde en el tema, pero el desafío de nuestra sociedad será vigilar que los beneficiarios de la caída del chavismo no sean aquellos que, desde las sombras, ayudaron a sostenerlo por décadas a cambio de cuotas de poder —haya sido mucho o poco—.

Excurso: a celebrar

Dicho lo anterior, con serenidad, mediado por la sensatez, debo aprovechar para resaltar este momento histórico. No canto victoria antes de tiempo, pero celebro los pasos concretos, manifiestos, certeros, hacia la senda de la libertad —la mucha o poca que podamos tener, pero que, comparativamente, seguirá siendo más que con el régimen chavista. Es más fácil hacer contrapeso en un escenario sin represión desmedida, que en uno donde persigan a todo aquel que consideren una amenaza, o simplemente por diversión.—. Hoy destapo el Santa Teresa 1796 versión limitada, finalizado en barricas de whisky de speyside, que tenia guardado desde hace tiempo para un momento como este.


[1] Algunos van a saltar para decir que “era necesario” lo que pasó desde las primarias hasta el momento, que “sin ella nada de esto hubiese sido posible”, porque el venezolano está acostumbrado a verse su propio ombligo, creerse el centro del mundo y que de verdad, por el mero hecho de ser venezolanos, les importamos. Como sostuve el 27 de julio de 2024, no hay acción que no forme parte del proceso, y las de MCM, evidentemente, formaron parte, pero la verdadera pregunta a considerar es: ¿Todas las acciones que forman parte del proceso eran necesarias? Los errores también han formado parte de la lucha por la libertad en Venezuela, y mucho, porque no se han aprendido de ellos, en su mayoría, y no por eso podemos reivindicar la supuesta lucha de, por ejemplo, Guaidó, o Leopoldo, incluso Capriles.

Capturan a Nicolás Maduro, ¿Y ahora qué?

Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, lo demás no importa.

(…) Yo no me atrevería a cantar victoria sin ver hechos concretos de cambio estructural en un sistema que hoy parece humillado, pero que sigue armado. Ojalá los pasos se dirijan hacia una transición real —aunque sea para un mal menor, como lo es, a mi juicio, MCM—, pero por ahora eso es solo un deseo, no una certeza.

Roymer A. Rivas B.

Desde la 1:50 de la mañana me informaron de las detonaciones en Caracas en zonas estratégicas, a los pocos minutos confirmando que no sólo era allí, sino en otros sectores de Aragua. Pasaron 4 horas, y salió el presidente de EE. UU., Donald Trump, confirmando que habían capturado a una de las cabezas que sometía a Venezuela: Nicolás Maduro.

En este escenario, veo a millones de venezolanos celebrando, y es comprensible; no es para menos. Sin embargo, la sensatez obliga a no dejarse arrastrar por la euforia inmediata —si algo me ha caracterizado es no dejarme llevar por las emociones—. A mi me gustaría hacer énfasis en un punto clave que ya mencioné: Maduro era sólo una de las cabezas del régimen chavista; ahora toma el mando Delcy Rodríguez y, junto a Padrino López —de Diosdado no se sabe aún nada, aunque en redes se rumora su muerte—, han emitido la orden de despliegue de todos los cuerpos de seguridad y defensa en todo el país.

Surgen, entonces, ciertas preguntas incómodas: ¿Se ha comprado la narrativa de que los Rodríguez, principalmente Delcy —dada la publicación sobre ella limpiándole la cara en EE. UU.— son el «ala más moderada» del régimen? Dado el cómo se dieron las cosas —EE. UU. pasó como perro por su casa, sin recibir respuesta, y terminó llevándose a Maduro; no hubo apagones nacionales; no hubo corte de comunicaciones; no hubo nada de lo que uno esperaria en un escenario de guerra—, el escenario que se presenta más razonable es que todo estaba pactado: se entrega a Maduro para preservar la estructura y colocar a Delcy al frente de una supuesta transición. ¿Será eso así? ¿Explica esto el silencion de María Corina Machado (MCM) en un momento donde uno esperaría que se muestre el liderazgo? Habrá que esperar y observar.

Ahora bien, sí me atreveré a decir una cosa: en Venezuela sabemos que Diosdado y —contrario a lo que puedan creen en EE. UU.— los Rodríguez son el ala más radical del régimen. Yo no me atrevería a cantar victoria sin ver hechos concretos de cambio estructural en un sistema que hoy parece humillado, pero que sigue armado. Ojalá los pasos se dirijan hacia una transición real —aunque sea para un mal menor, como lo es, a mi juicio, MCM—, pero por ahora eso es solo un deseo, no una certeza. Toca esperar. En tiempos convulsos, la sensatez es un recurso escaso, y en los días venideros la necesitaremos más que nunca.

¿El mito del hombre nuevo o el realismo de un ciudadano integro? Una respuesta al cinismo apologético de la incoherencia

Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.

En política, no siempre es relevante el fin por encima de todo, también importan los medios —si están justificados o no—. Por ello, con frecuencia, nos encontramos con “una verdad intolerable del realismo”: el medio es el fin. No se puede llegar a un país donde reine la transparencia si el vehículo usado para llegar allí está hecho con piezas de corrupción y mesianismo.

Roymer A. Rivas B.

El 27 de julio del 2024 publiqué mi ensayo contra del circo que habían montado María Corina Machado (MCM) y la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), en colaboración —consciente o no— con el régimen chavista y sostenido con el borreguismo, de cara a las elecciones presidenciales del día siguiente. En la misma referí a la patología de la normalidad de Erich Fromm para explicar el estado mental y social del venezolano frente al sistema político que nos rige, sirviendo como base para el argumento de la servidumbre voluntaria que se oculta tras el manto de la resistencia que llevan todos aquellos que dicen oponerse al chavismo, pero que, en el fondo, llevan su misma estructura mental. Dicha servidumbre voluntaria, sugiero, es una adaptación al entorno irracional en el que vivimos, donde las personas evitan el dolor de la realidad, se alejan del pensamiento crítico y evaden la responsabilidad individual para depositar confianza ciega en el mesías o el héroe del momento.

Tras un año y medio en el que se intensificó la narrativa épica, el amarillismo que blanquea las contradicciones y/o las incoherencias de una dirigencia que enarbola una consigna sin tiempo —“hasta el final”—, a la sombra de dos décadas de fracasos en múltiples dimensiones, uno pensaría que es suficiente para abrir los ojos y aceptar la realidad en la que nos encontramos sumergidos, dando paso a la creación de una estructura realista que sirva a la libertad y la necesaria transformación que necesitamos en el país. No obstante, como clara extensión de esa patología de la normalidad que embriaga a la sociedad venezolana, pasa todo lo contrario, y —paradójicamente— en nombre del “realismo político” se pretenden justificar esas incoherencias.

Perfecta ilustración de lo anterior son las palabras expresadas por Alejandra Martínez Canchica al respecto del realismo político y la corrupción, que —según entiendo— refiere a la situación actual que atraviesa la sociedad venezolana con MCM y sus colaboradores[1]. En vista de ello, en las siguientes líneas, me propongo desarticular, parte por parte, este andamiaje de justificaciones que confunde “realismo político” con la aceptación de convivencia con quienes han coparticipado en la debacle de Venezuela, y demostrar que cualquier movimiento que se resigne a ser el refugio de los “pecadores” sin arrepentimiento, esto es: aceptar a personajes de reprochable reputación por conveniencia, no puede considerarse, bajo ninguna circunstancia, como un “movimiento del cambio”. Comencemos:

Sobre lo obvio dicho por Alejandra, los Pablos de Tarso y las Marías de Magdala

Alejandra inicia su publicación con las siguientes palabras: “La política la hacen humanos, no ángeles. Pretender erradicar la corrupción de la política es como querer eliminar el pecado del mundo: lo más seguro es que no se pueda.”. En principio, la afirmación es una perogrullada, es decir, tan obvio que decirlo resulta casi ridículo; es evidente que la política la hacen los humanos, sólo a la existencia humana es que lo “político” cobra sentido —el resto de animales no tiene noción de lo político, o al menos no al nivel o en sentido humano—. Pero, entiendo que, en ciertos contextos, con el objeto de arremeter contra posiciones utópicas, a veces se hace necesario resaltar obviedades. El problema radica, sin embargo, cuando pretende justificar la claudicación ética de una dirigencia que ha decidido absorber los mismos vicios que juró destruir, entre los que se encuentra rodearse de actores de reciclaje —oportunistas— que mantienen intacto el status quo.

A juicio de Alejandra, o al menos eso es lo que se entiende de lo escrito, que un liderazgo se alíe con figuras que, de hecho, él mismo atacó durante algún tiempo —muy brevemente, porque parecen una familia disfuncional, donde todos se pelean pero, al final, siempre están juntos, para bien o para mal, y en el escenario venezolano siempre ha sido lo segundo—, debe justificarse desde el realismo político, porque “así lo demandan las circunstancias” y no se puede pedir purismo en la lucha por la libertad. En este orden de ideas, dice lo siguiente: “Una verdad intolerable del realismo: en política son necesarios los Pablos de Tarso y las Marías de Magdala. Si la política solo se hiciera con “puros” y con ángeles, no la necesitaríamos.”. Sin embargo, esto es un sin sentido absoluto. Impresionantemente, el mismo ejemplo con el que pretende justificar la estupidez sirve para refutarlo por completo.

Con lo escrito, Alejandra ignora que Pablo de Tarso y María Magdalena tuvieron una transformación radical de la mente, el corazón y el espíritu[2], un cambio de dirección fundamental en su estilo de vida, en suma, se arrepintieron y constataron dicho arrepentimiento con sus acciones. Pablo no siguió persiguiendo cristianos mientras decía ser apóstol (Hechos 9:3-6, 19-21; Gálatas 1:13-23), y María dejó su vida anterior y se acercó mucho a Jesús después de que éste le expulsara los demonios (Lucas 8:1-3). Entonces, extrapolando esto a la realidad política venezolana, no podemos hablar de “Pablos de Tarso o Marías de Magdala” cuando nos encontramos con personajes que no han pasado por un proceso de “arrepentimiento” ni han rendido cuentas, puesto que ellos simplemente se han cambiado de bando porque el poder relativo —liderazgo— de la oposición ha cambiado de manos, o por conveniencia táctica. Ergo, no hay Pablos ni Marías, sino infiltrados o camaleones que, junto a la dictadura, conforman la misma peste a erradicar en el país.

Entiéndase algo importante, no se está atacando el hecho de que debe existir Pablos de Tarso o Marías de Magdala en la Realpolitik, en eso estamos de acuerdo, no puede ser de otra manera, el problema central es que tales personajes no existen en el conglomerado político de la oposición en Venezuela. Alejandra pretende justificar las alianzas con seres reprochables, dado su historial de acciones, disfrazándolo de “madurez política” o “realismo”, en respuesta a las circunstancias en que vivimos.

Hasta hace no mucho, MCM intentó construir un movimiento sobre la intransigencia moral y la denuncia de una casta política que sólo se llenaba sus bolsillos, mientras no hacían nada en concreto para salir del chavismo. Ésta casta, en mayor o menor medida, es hoy la misma que se niega a dar respuesta sobre el manejo de fondos cuando decían luchar por la libertad de Venezuela. No podemos hablar de “realismo” solo cuando conviene. Si durante años tu mensaje fue que la corrupción es un mal que destruyó el país, no puedes usar una lógica cínica para pedirle a tus seguidores que ignoren la presencia de corruptos en tu propio entorno, porque eso es una inconsistencia pragmática que, más que erosionar la confianza, manifiesta algo que venimos señalando desde hace bastante tiempo: la estructura mental de MCM y sus seguidores es exactamente igual a la chavista, porque ella no discrimina del color de camisa del partido político al que pertenezcan. Al final, Alejandra comete el error de otorgar licencias de confianza y/o perdón de forma anticipada para personajes que no han mostrado, en lo absoluto, ningún tipo de arrepentimiento, pero que hoy abrazan a MCM.

Sobre los señalamientos a la dirigencia, las intenciones y “el mito del hombre nuevo”

Por si fuera poco, Alejandra reduce cualquier crítica a las alianzas de MCM a un deseo de justicia absoluta o de creación de un “hombre nuevo”, pero esto es, a todas luces, una caricatura y, de facto, una contradicción. En primer lugar, puedo usar su mismo argumento para hacer una utopía inversa, porque dice que los moralistas buscan “una nueva sociedad”, pero, irónicamente, la oferta de MCM ha sido siempre una ruptura total, un “hasta el final” que promete precisamente una nueva ética política. Pero al intentar defender sus alianzas, Alejandra misma está admitiendo que MCM es ahora parte del mismo sistema que prometió destruir, ergo: la “Venezuela Tierra de Gracia” también es un mito.

En segundo lugar, Alejandra parece no entender que se puede exigir honestidad y coherencia sin querer construir un paraíso en la tierra. Pareciera que cualquier rechazo a la dirigencia incoherente queda deslegitimado por la apelación a un realismo político —viciado, vale destacar—. Que yo suela “señalar corruptelas en nombre de la moral” no significa necesariamente que, en el fondo, “lo que busque es poder” —eso es un ad hominem, por cierto, porque ataca la supuesta motivación de quien crítica en lugar de abordar la veracidad de la denuncia, una que se origina, de hecho, en el mismo realismo político que dice ella defender. Es más, aún si fuese cierto que quien crítica quiere poder, eso es totalmente irrelevante, porque no importa lo que él quiera, sino los hechos que crítica.—.

En política, no siempre es relevante el fin por encima de todo, también importan los medios —si están justificados o no—. Por ello, con frecuencia, nos encontramos con “una verdad intolerable del realismo”: el medio es el fin. No se puede llegar a un país donde reine la transparencia si el vehículo usado para llegar allí está hecho con piezas de corrupción y mesianismo. La transformación realista del país requiere, ante todo, una ruptura con la psicología del súbdito que hoy media a millones de venezolanos. Un realismo político serio no busca ángeles, pero tampoco justifica la incoherencia, requiere de transparencia y coherencia, según lo requieran las circunstancias. No somos ángeles, pero creemos en las leyes; una cosa es la imperfección y otra muy distinta la impunidad y la adherencia a la peste que se dice combatir.

En el caso Venezuela, contrario a lo que sostiene Alejandra, no hay justificación alguna para dar un paso de la “ética de la convicción” a la “ética de la responsabilidad” —conceptos de Max Weber—, porque aquí la convicción es lo único responsable, al menos tal y como se han dado las cosas hasta el momento. Por ello, las afirmaciones de Alejandra no hacen más que pervertir la realidad, intenta manipular al calificar de “peligrosos” a quienes critican las alianzas de la dirigencia, por cuanto desvía el foco de la responsabilidad del dirigente a la gente, señalándolos de ser un obstáculo para la libertad del país por su memoria y su sentido de justicia. Ahora resulta que hay que “hacerse el loco” y no indignarse porque MCM se toma fotos con quienes saquearon recursos públicos, aunque ahora se llamen a sí mismo “opositores”, porque, caso contrario, eres un ciudadano envidioso de poder y un purista irracional. Es decir, no hay espacio para la auditoría, MCM tiene cancha libre para hacer, curiosamente, lo mismo que criticó al chavismo y al interinato, a saber: “no me critiques, porque le haces el juego al enemigo”[3]. Esto es un pensamiento pueril.

Sobre la frase de Lord Acton

En este orden de ideas, Alejandra añade: “Recuerden: ‘El poder absoluto corrompe absolutamente’, sí, pero siempre es el poder del otro, nunca el mío.”, es decir, a su juicio, los “moralistas” viven señalando a otros sólo porque quieren un poder absoluto para sí mismos; la crítica moral se acaba cuando soy yo quien realiza los actos inmorales. Con éstas palabras, asume que nadie tiene integridad real, que todos veríamos nuestra propia corrupción como justificada y, con ello, intenta normalizar el comportamiento inmoral, disolviendo la responsabilidad individual en una supuesta hipocresía universal. La otra cara de la moneda, entonces, he de señalar, es el borreguismo, hay que seguir al líder sin criticarlo, porque el fin justifica los medios —aunque nadie pueda estipular de forma concreta cual es el fin y de qué forma los medios ayudan a alcanzarla—, y nadie tiene moral para criticar. A todas luces, esto es una soberana desfachatez; es la falacia del continuo[4], donde cualquier nivel de corrupción y/o asociación con la peste es aceptable o inevitable. En última instancia, es un pragmatismo sucio, limpio de ética.

Sería bueno recordar que, sí, el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente —tomemos eso como una verdad absoluta, por mero ejercicio intelectual—, pero la pretensión de poder, la ambición desesperada por él, muchas veces corrompe más, erosiona la integridad incluso antes de que se obtenga una pizca de autoridad real. Con frecuencia, el “querer llegar” es lo que obliga a los individuos a comprometer sus principios de forma más drástica que el propio ejercicio del poder. Y si MCM permite que se use este argumento para defenderla, en el fondo, está admitiendo que su “lucha del bien contra el mal” —la narrativa épica— era solo un eslogan de campaña, porque en la práctica, está dispuesta a gobernar con el “mal” que antes denunciaba[5].

Sobre los políticos, la omnisciencia y la clarividencia

Por último, Alejandra añade lo siguiente: “Lo mismo aplica para quien le exige al político un conocimiento perfecto: conocer de antemano todas las variables y todas las consecuencias de cada decisión que toma. Para ello se necesita a un ser omnisciente, no un ser humano que decide bajo incertidumbre y con información incompleta”. Yo esperaría algo más inteligente de ella, porque con este cierre —que es lo mejor de todo, o al menos lo que a mi más me llamó la atención por lo reduccionista— crea una dicotomía absurda: o se tiene un conocimiento total de las variables —imposible—, o se está en la incertidumbre absoluta —decidir a ciegas, y sirve para justificar el error—, y con ello, incurre en otro error, defiende una posición indefendible —la mediocridad y/o la irresponsabilidad política— retirándose a una posición que nadie cuestiona —la falta de omnisciencia humana—.

A esto no me queda más que responder con otra verdad de realismo político: entre la omnisciencia y la nesciencia se encuentra el profesional, el capaz. El problema aquí no es que se le exija a un político ser un profeta o una divinidad —de hecho, eso es precisamente lo que hacen los seguidores de la dirigencia, con su pensamiento mágico pendejo creen que todo se debe a la acción de MCM; de verdad me he encontrado con personas que creen que MCM planificó todo desde las primarias hasta el momento, incluyendo el despliegue de Trump en el Caribe, asumiendo, a priori, que MCM sabía que Trump ganaría las elecciones, y con ello movería todos los hilos para llegar al punto en el que nos encontramos—, lo único que se le exige es que no sean delusos —de delusión— ni crean que rezando a dioses —que, de existir, probablemente se mofan de nosotros— se saldrá de un problema que requiere praxis. En suma, lo único que se exige es que la dirigencia no ignore lo evidente y actúe en consecuencia, que hagan lo que dijeron que harían. Lo que está pasando en Venezuela, orquestado por la oposición falsaria, se debe sólo a la incompetencia de quienes quieren dirigir un cambio, y de aquellos que los enaltecieron hasta hacerlo sus líderes, en la medida en que ignoran la realidad —ahora yo diré una obviedad: sin realidad, no puede haber realismo político—.

Todo el mensaje de Alejandra apunta a una cosa —uniendo lo ya mencionado hasta el momento—: “no me pidas que sea honesto e/o integro, porque nadie es santo, y no me pidas que sea capaz, porque nadie es Dios”. Así pues, se crea una armadura perfecta para proteger la mediocridad, porque se despoja a la dirigencia de toda obligación ética y técnica, reduciéndolo a un pobre ser humano “atrapado” en las circunstancias. Yo pregunto, ¿No es eso resignación? ¿Dónde está el realismo político en ello? ¡Dios mío! El problema no es la incertidumbre, sino la repetición sistemática de errores que ya han demostrado ser fracasos. No se necesita ser omnisciente para saber que pactar con alacranes o alimentar falsas expectativas termina en la desmoralización y, con ello, el fortalecimiento del régimen. Cualquiera que apele a un “realismo político” mal entendido para dar licencias a la incompetencia no es más que un infante mental.

En Venezuela ya quedó probado que el político no es una victima del sistema, o de su propia naturaleza “humana”, sino que es un arquitecto de una narrativa que desafía la lógica para conservar sus privilegios, tanto dentro como fuera del país. Durante todo el tiempo que se han creado las narrativas épicas del cambio —como ahora—, se han vendido ilusiones que chocan con la realidad del poder que impera en el país, todo con el fin de mantener vigencia personal, es decir, conservar el favor de la masa —y sólo MCM lo ha logrado hasta el momento, por ahora—. Ningún político se puede escudar en “nadie podía saber qué pasaría”, porque ellos son los mismos que exigen el voto, o cualquier otro tipo de apoyo —como un cheque en blanco—, basándose en una supuesta “oportunidad única”[6], sólo un estafador piensa así: privatiza los aciertos y socializa los fracasos —allí tienen el ejemplo de Guanipa, cuando dijo que el 09 de enero no pasó nada porque contaban con que habría más apoyo en la calle, por sólo mencionar un ejemplo—.

Hace poco salió Magalli Meda diciendo que ellos nunca evaluaron la dificultad del proceso para alcanzar la libertad en Venezuela[7], en este marco, surgen preguntas: ¿Cómo pudieron hablar de “hay un plan”, y seguir con la consigna sin tiempo “hasta el final”, sin una evaluación y/o diagnostico real del problema? ¿Debemos guardar silencio y queda justificada la incompetencia por un “realismo político” pueril? La respuesta es obvia. No tener la capacidad de “conocer todas las variables” no es sinónimo de carencia de estrategia realista para alcanzar los fines, dado lo que sí se conoce, se puede conocer y se debe conocer. Cualquier cosa contraria a esto es una validación de un proceso irracional, dirigido por políticos ciegos que creen ver cosas distintas en el mismo animal, y seguido por los incautos.

El realismo político no puede reposar en el pensamiento pueril

En conclusión, los argumentos de Alejandra se caen por completo al constatarlos con la política venezolana actual, porque no hay Pablos de Tarso ni Marías de Magdala, sino una mesa con un banquete donde, eventualmente, los comensales cambian de asiento, mientras la sociedad venezolana espera que se caiga alguna migaja de la mesa para consumirla. Esto es necesario entenderlo, porque la tragedia venezolana no reside únicamente en la permanencia de una tiranía, sino en la metamorfosis de su oposición, que funge como un espejo de sus propias miserias; la oposición venezolana no ha trazado nunca un camino hacia la libertad, más bien ha pavimentado el retorno de lo mismo bajo nuevos eslóganes. Si, como se infiere de lo señalado por Alejandra, la política es el reino de los “pecadores” sin conversión y de los estrategas que operan en la nesciencia, entonces la democracia que prometen no será el fin de la barbarie. Esto no es pragmatismo, es negligencia, y así no se puede dirigir un país, mucho menos liderar un cambio. La utopía es creer que se puede refundar una nación sobre la premisa de que la integridad es una utopía peligrosa y la incoherencia un mal necesario; como también señalé en el pasado, eso no hace más que condenar al país a un eterno retorno donde solo cambia el nombre del verdugo y sus consignas, o camisetas[8].

La verdadera “verdad intolerable” no es que los ángeles no hagan política, sino que los venezolanos han permitido que la esperanza sea secuestrada por mercaderes que privatizan los aciertos y socializan las derrotas. Romper con esta patología de la normalidad exige entender que el “hasta el final” implica que la dirigencia que enarbola dicha consigna no debería pasar ciertos límites —no hacer todo lo contrario—; si la salvación de Venezuela depende de hacerse el loco frente a la peste, entonces la salvación es otro espejismo —así hemos vivido a lo largo del siglo XXI, de espejismo en espejismo—. No se puede disfrazar de “realismo” la claudicación de la ética, no en este contexto, hacerlo es una manifestación de un pensamiento pueril que prefiere el dogma antes que la verdad desnuda —aunque diga querer lo contrario—. He aquí la condición existencial de todos los que, con cinismo, hacen apología a la incoherencia: son actores de reparto en una tragedia circular[9], donde el realismo no es una estrategia de libertad, sino el nombre que le dan a la resignación y la mediocridad, prefieren el confort de un espejismo, que la reflexión profunda y la aceptación de que están siendo guiados por los mismos vicios que prometieron combatir.


[1] Alejandra Martínez Canchica [@alemartinezcan]. 30 de diciembre de 2025. La política la hacen humanos, no ángeles. Pretender erradicar la corrupción de la política es como querer eliminar el pecado (…) [Post]. Publicación en X. En: https://x.com/alemartinezcan/status/2006059240457175357 (Cit: 31/12/25).

[2] Esto se conoce como “metanoia”.

[3] He allí otra clara muestra de que van por la vida con la misma estructura mental chavista que llevó al país al punto en el que se encuentra.

[4] La falacia del continuo refiere a cuando alguien argumenta que no se puede distinguir entre dos extremos de un cambio gradual porque no hay un punto exacto donde una cosa se convierte en otra, o que la falta de un límite claro invalida la distinción misma, ignorando que las diferencias acumuladas sí producen un cambio real.

[5] Allí tienen a Edmundo González diciendo que en la nueva Venezuela “se aceptan todos”.

[6] Tales argumentos quedaron destruidos por completo en: Roymer Rivas. 2024. En defensa de la razón: ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio?. Publicado por ContraPoder News y Humano Insurrecto.

[7] Polianalitica [@polianalitica]. 29 de diciembre de 2025. #ÚltimaHora Magalli Meda aclaró que no abandonarán la lucha democrática y señaló que nunca evaluaron la dificultad del proceso. https://x.com/polianalitica/status/2005672183922843940 (Cit: 31/12/25).

[8] Óp. Cit. En defensa de la razón: ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio?.

[9] Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2025. Venezuela, la sociedad del bucle: sobre la contradicción de quienes dicen liderar un cambio, y quienes le siguen. https://contrapodernews.com/venezuela-la-sociedad-del-bucle-sobre-la-contradiccion-de-quienes-dicen-liderar-un-cambio-y-quienes-le-siguen/ (Cit: 31/12/25).

El aguinaldo en tiempos de crisis económica en Bolivia: desafíos y perspectivas

Paola B. Condori Fernández, estudiante de Economía y Derecho, analista e investigadora económica en el Centro de Estudios POPULI y líder del capítulo de LOLA Santa Cruz – Bolivia. Su enfoque académico y de análisis económico aporta una perspectiva joven, crítica y rigurosa en temas regionales y socioeconómicos

El pago de un aguinaldo decretado por ley no debería leerse como un triunfo de la justicia social, sino como un síntoma de la rigidez estructural de una economía con indicadores preocupantes y con necesidad de ajuste, a través de medidas en partidas estructurales como también una reestructuración en el orden económico.

Paola B. Condori Fernández

Recientemente, el Ministerio de Trabajo de Bolivia publicó el instructivo sobre las fechas límite para el pago del aguinaldo, tanto para instituciones públicas como para entidades privadas. Esto nos lleva a replantearnos qué significa este gasto, que tal vez respecto al total de un periodo no es tan alto, pero en contextos de crisis como la economía boliviana, puede significar mucho.

El gasto público por concepto de aguinaldo, que en 2024 fue de 3.300 millones de bolivianos, fue implementado con el fin de «dinamizar la demanda interna». Sin embargo, desde el rigor del análisis económico, no debemos confundir la expansión nominal de la liquidez con el aumento de la capacidad adquisitiva de la gente.

En la situación actual macroeconómica de Bolivia, este aumento en la liquidez masiva no es inocuo; el pago del aguinaldo, especialmente en el sector público, y la presión que ejerce sobre el sector privado, nos obligan a examinar los fundamentos de la sostenibilidad fiscal y la restricción presupuestaria.

Para entender el impacto en el sector público de esta cantidad de bolivianos, primero debemos diseccionar su origen y su destino, porque en economía todo recurso tiene un costo de oportunidad:

  1. El Sector Público y la Emisión Monetaria:

Dado que el Estado boliviano opera con un déficit fiscal profundo —superando consistentemente el 8% del PIB en los últimos años— y sin acceso a mercados de deuda internacionales a tasas razonables, la pregunta es: ¿Cómo se financia el aguinaldo de los servidores públicos? Si el Tesoro General de la Nación (TGN) no dispone de ahorro real previo, el financiamiento podría provenir del Banco Central de Bolivia (BCB). Esto es, técnicamente, una expansión de la base monetaria sin contrapartida en la producción de bienes y servicios transables.

  • El Sector Privado

Para el empresariado, que enfrenta restricciones para importar insumos y una caída en la demanda real, el aguinaldo se convierte en una transferencia forzosa de capital de trabajo a consumo corriente. En un entorno de incertidumbre jurídica y económica, esto desincentiva la reinversión y fomenta la informalidad como mecanismo de supervivencia.

Demanda Agregada

El argumento keynesiano, en resumen, sugiere que poner dinero en el bolsillo de la gente reactiva la economía. No obstante, en el contexto actual de Bolivia, dicha lógica falla al ignorar las expectativas racionales de los agentes y la restricción presupuestaria intertemporal, pues, al aumentar esta cantidad de dinero al mercado en diciembre, enfrentamos dos escenarios de ajuste vía precios y tipo de cambio:

  • La Ilusión Monetaria y el Impuesto Inflacionario

Si la oferta de bienes no crece, más dinero persiguiendo la misma cantidad de bienes resulta inevitablemente en inflación. El trabajador recibe su aguinaldo nominal, pero su poder adquisitivo real se ve erosionado. El Estado, al financiar su gasto con emisión, está cobrando un impuesto inflacionario no legislado. Lo que el gobierno te da con una mano vía aguinaldo financiado con déficit, te lo quita con la otra vía pérdida de poder adquisitivo.

  • Reacción racional de protección del ahorro

Al recibir el aguinaldo, una parte significativa de los agentes económicos buscará refugio de valor. Dado que el boliviano ha perdido su función de reserva de valor, el aguinaldo no se atesorará en moneda nacional; se podría volcar a la compra de dólares —o USDT—. Cabe recalcar que probablemente no genere un gran impacto en este mercado de divisas, ya que el consumo aumenta —y no se destina tanto a ahorro—  por el dinamismo generado por fechas festivas, pero eso también nos lleva al punto anterior.

Conclusión

El pago de un aguinaldo decretado por ley no debería leerse como un triunfo de la justicia social, sino como un síntoma de la rigidez estructural de una economía con indicadores preocupantes y con necesidad de ajuste, a través de medidas en partidas estructurales como también una reestructuración en el orden económico.

No nos olvidemos de que el dinero es un medio de intercambio que manda señales para tomar decisiones basándonos en cómo están funcionando los diferentes mercados, por lo que cualquier tipo de bono o subsidio nos lleva a señales equivocadas.

Al forzar la liquidez, se distorsionan los precios relativos, que complica un poco más el reajuste necesario de la economía, y no solo eso, sino que es contraproducente con el objetivo inicial por el que son creados este tipo de beneficios laborales, ya que eleva el costo laboral de contratar, volviendo cada vez más complicado a las personas conseguir empleo y desplazándolas a sectores informales.

Edmundo y Maduro no son mis presidentes

Orlando Fuenmayor S., escritor venezolano. (X: @orlandojosefs)

Venezuela vive, a mi parecer, una situación de plaza vacante en su presidencia. No hay un presidente legítimo. Solo existe, por un lado, un criminal que ejerce el poder y, por el otro, una momia que acumula más polvo.

Orlando Fuenmayor

Quizás leas el título y digas: ¿Quién es, entonces, tu presidente? Para responderte, te pido que me des la oportunidad de ordeñar las ideas e ir contestándote a lo largo del desarrollo de este artículo.

Empecemos con Maduro. Ya de origen, hablar de este tipo es ubicar de primera mano lo que respecta a su nacionalidad, punto. ¿El bicho es colombiano? Según la Constitución chavista y la del 61, ningún ciudadano extranjero o nacionalizado puede optar a la presidencia de Venezuela. Luego vendrán las conversaciones sobre la veracidad de esta aseveración: ¿Dónde están los papeles que digan que es colombiano? Hasta el momento, la cosa parece más cercana a una fábula que a algo serio.

De igual manera, desconfío de esa vía, así que vamos al hecho de que fue elegido en circunstancias fraudulentas, y ya con ese argumento se cae cualquier reconocimiento como presidente, incluso para los medios progresistas que en sus enunciados tratan a Maduro de presidente y lo victimizan ante lo que posiblemente sería un ataque de EE. UU.

Ahora bien, vayamos al caso de Edmundo González. Esto va más de percepción que de hechos, ya que todo gira en torno a supuestos: ¿Ganó? Y si lo hizo, ¿Cuál fue el verdadero margen? Pero vayamos un poco más atrás. En 2017, Henri Falcón se prestó al teatro de la democracia en Venezuela, siendo la opción de la falsa oposición. ¿Entonces? Vino Smartmatic y reveló lo que todos sabíamos: ¡El chavismo comete fraude! El PSUV encomendó al CNE inflar las cifras y, por acto de magia o remordimiento, el mandamás de la empresa soltó la sopa y echó al ruedo a Maduro y su combo.

Avancemos en el tiempo hasta 2023, cuando la Dama de Hierro insistió en revivir la vía democrática, la misma que estaba llena de vicios, trampas y fraudes continuos. ¿Aprendió la lección? Obviamente, no. Su ego pudo más y la historia ya la conocemos. Corina Yoris fue la elegida para suplantar a la ganadora de las primarias, misma que fue al TSJ a jalar bolas cuando había dicho en múltiples ocasiones que no lo haría.

Con Edmundo González no se puede obviar su historial dentro del aparato chavista, forjado durante la era de Chávez mientras representaba al régimen en embajadas clave. Copeyano originario, terminó siendo pieza de Manuel, el Filósofo del Zulia, para heredar por retruque el puesto de la Dama de Hierro. Con una actitud comparable a la de un peluche viejo de la sala de la abuela, este señor al parecer gana unas elecciones cuyos resultados Maduro escribió en una servilleta desde la mesa del almuerzo, mismos que luego fueron leídos por el Amoroso.

¿Qué pasó después? Edmundo se guardó en una embajada, se cansó del encierro y buscó la manera de volver a manejar su Volkswagen y darle de comer a sus guacamayas. Recurrió a llamar a los hermanos siniestros, quienes le ofrecieron un exilio dorado en España con la venia de su pana Pedro Sánchez. Firmó el documento con whisky en mano, se montó en un avión y les dijo a los venezolanos: “ahí se ven”.

Lo más relevante es que, durante su exilio, no ha demostrado iniciativa para liderar la causa. Se fue a tomar la foto con el otro bebé Gerber gringo, agarrado de la mano del interinato 1.0, lo que ya daba luces de lo que venía: traición. No quiso juramentarse, ni con la asamblea sinvergüenza del 2015 ni con el TSJ de papel. ¿A qué juega?

Venezuela vive, a mi parecer, una situación de plaza vacante en su presidencia. No hay un presidente legítimo. Solo existe, por un lado, un criminal que ejerce el poder y, por el otro, una momia que acumula más polvo. Todo esto detrás del cuento de Juanito y el lobo, dictado desde el país del norte, y de la señora influencer que lamentablemente se fracturó la columna saltando en tacones durante cinco días en Oslo.

¿Me crees? No lo sé, y no busco evangelizar con este artículo. Solo dreno mi frustración como el simple mortal que soy, esperando que el tiempo nos siga dando más respuestas de una historia muy mal contada.

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(Nota: las ideas expresadas son netamente del autor y no necesariamente representa la posición de ContraPoder 3.0)

Los venezolanos y el pacifismo: el error de la lógica política ante la barbarie

Lucid Kuaimare

El problema con esos venezolanos es que creen que ser pacifista es ser pendejo y es sinónimo de no recurrir a las armas cuando se hace necesario. Esto es: entreguismo, servidumbre voluntaria. No entienden de estrategia, ni de legítima defensa.

Lucid Kuaimare

Es lamentable que, ¡DESPUÉS DE TANTO!, se siga insistiendo en el error de tratar la tragedia venezolana como un problema político, y no como lo que es: un problema de seguridad y justicia. En Venezuela no aplica la lógica política —o al menos no en el sentido en que se entiende hoy—, así de sencillo. Hoy tenemos a personajes que quieren reducir la situación a una “pugna política”, ignorando la realidad que golpea a los venezolanos en su cotidianidad —énfasis en “venezolanos” en su “cotidianidad”, porque a ellos no los golpea eso, ellos viven como reyes, tanto dentro como fuera del país—.

Señor/a, con las bestias no se razona; ellos no se guían por la lógica de la negociación, del diálogo, derechos o procesos electorales cuando ostentan el poder, sino por la lógica de la fuerza para saciar su hambre de poder. Pero hoy tenemos a personajes que piensan que las oraciones o rezos a dioses —que de seguro se mofan de nosotros—, la fe en una comunidad internacional —la misma que ha permitido y sigue permitiendo atrocidades en el mundo, haciéndose cómplice por omisión— y la convicción de que existe un “pueblo bravo” —sin reparar en su poca inteligencia—, sumado a una retórica sensacionalista, se traducirán en un cambio real en el país.

Todo aquel que hable de paz para sostener una esclavitud pacifista es, simplemente, y así lo digo, un soberano imbécil, un infante cuya valoración de contexto no debe ser considerada en lo más mínimo. La resistencia no violenta solo funciona cuando el adversario tiene un límite moral, y éste no es el caso en Venezuela. Ya lo he dicho en infinidad de textos, y no me cansaré de repetirlo: “Ningún tirano en la historia ha salido por buenos modales, ni ha entregado el poder con una sonrisa. Si bien es cierto que algunos recularon por presiones predominantemente pacíficas, en el escenario venezolano eso nació muerto —aunque muchos se empeñen en no aceptarlo—».

El problema con esos venezolanos es que creen que ser pacifista es ser pendejo y es sinónimo de no recurrir a las armas cuando se hace necesario. Esto es: entreguismo, servidumbre voluntaria. No entienden de estrategia, ni de legítima defensa. Ya en su momento hablé de, por ejemplo, cómo durante las protestas en Venezuela, en distintas etapas, no hubo una canalización hacia acciones concretas —¿Toma de cuarteles? ¿Todos a Miraflores? Y si quiere algo no violento: ¿Plantones en absolutamente todos los cuarteles?—, sino que nos encontrábamos con focos de protestas sin orden, sino mera manifestación de descontento, pero sin estrategia para una rebelión, con los costos que ello implica.

¿De verdad creyeron que trancar por meses las calles en unas urbanizaciones, o algunas avenidas en alguna parte del país, incluyendo Caracas, iba a hacer caer un grupo criminal vestido de institucionalidad? (2017). Ojo, yo estuve allí, salí a la calle —después de ver un episodio en la entrada de la Unexpo que me encolerizó como nunca antes—, siendo mujer, tragué lacrimógenas como muchos otros, salí corriendo, y en muchas ocasiones simplemente estuve de cerca observando —estudiando, analizando, reflexionando, entendiendo, comprendiendo, con la profunda curiosidad que siempre me ha caracterizado—. Casi nadie sabe eso, porque en ese entonces seguía siendo miembro de una organización religiosa y, si se enteraban en la iglesia que andaba en ello, iba a perder privilegios, o al menos un buen llamado de atención me ganaba —que no significa que ellos estuvieran ajenos a lo que pasaba en el país, eso es imposible—.

Ya para el 2019 había entendido mucho… tanto, que acepté que ese no era el camino, tal y como se estaba presentando, hasta tanto el venezolano no comprendiera que un cambio no va de retórica, fantasías, o exponer la vida en vano, sino de dar la sangre —de ser necesario— con un plan concreto, con fines concretos, que pase por limpiar toda la peste de la casta política que hoy pretende un cambio en el país; la misma clase que no ha sabido canalizar el descontento para una rebelión en el país, sino que la ha enfriado cada vez que ha tenido la oportunidad.

A juicio de muchos, llegará un tercero a salvarlos —independientemente de quién sea—, y con éste pensamiento pueril niegan, de facto, la historia misma del país; reniegan del hecho de que la fuerza es un componente esencial de la libertad. Señor/a…, usted debe entender que el pacifismo no es sinónimo de ausencia de conflicto, sino una forma de gestionarlo. La trampa siempre ha estado en apelar a la retórica pacifista para caer en la pasividad o en la repetición de procesos diplomáticos que se han probado, en absolutamente todas las veces, fracasados —no podía ser de otra manera, y eso lo entendían los pocos clarividentes que había en Venezuela a finales del siglo XX y principios del XXI—.

Ya va siendo hora de dejar de hablar de “paz” como sinónimo de ausencia de tensión porque uno de los bandos está sometido por el terror. Esto no es otra cosa que colaboracionismo por omisión —una categoría en la que, recalco nuevamente, se encuentra la comunidad internacional—. Cuando se han agotado todas las vías y el mal que se intenta evitar es mayor que el daño de la acción violenta, la guerra se convierte en un imperativo moral, porque parte de la legítima defensa, y no hay pecado en la legítima defensa, así como no lo hay en la verdad.

Puede que llegue un moralista diciendo: «Pero estás llamando al caos”. Pues, a éste idiota le respondo: “¡NO! ¡Estoy exigiendo realismo frente a la barbarie!”. Es que ni el mismo Dios de muchos cristianos, esos que hoy hablan de paz y no violencia porque “Dios actuará por nosotros”, se traga ese discurso estúpido. Si ese Dios del que tanto hablan es el mismo que yo conozco, YHWH, Jehová, Yawéh, etc., he de decir, metafóricamente hablando, que ya debe ser un Dios vegetal, poco funcional, por cuanto le da un ataque cerebral cada vez que escucha esas tonterías, dado su desacuerdo.

Y ya que he entrado en el tema de Dios, y escribo sobre la marcha, recuerdo en este momento Mateo 5:38-42, cuando Jesús, en el sermón del monte, habla de “poner la otra mejilla”. La gran mayoría malinterpreta el pasaje, tanto los opresores para pacificar a los oprimidos como los tibios para justificar su inacción. En el contexto histórico, esto no significaba que los cristianos no debían defenderse si alguien los atacaba en absolutamente todos los escenarios, porque el acto de “golpear la mejilla” no se toma como una herida de gravedad o mortal, sino un insulto. Es decir, Jesús dijo, estrictamente, que si alguien te vituperaba, insultaba, o incluso golpeaba con intención de provocarte, la respuesta debía ser evitar el conflicto. Es más, si somos más rigurosos, no es sólo que Jesús no dice “deja que te maten”, sino que, al poner la otra mejilla, es como si estuviera diciendo: “Oblígalo a tratarte como a un igual”, es decir, un acto de resistencia no violenta, pero desafiante, como si dijera: “Me has golpeado como a un animal, pero aquí estoy, mírame a la cara, soy un hombre y no me vas a quebrar.”

O sea, aquellos que hablan de Jesús como un pacifista pendejo, ¿De verdad está hablando del Jesús de la Biblia? ¿Habla del mismo Jesús que no dudó en usar la fuerza física cuando vio la injusticia y la profanación del Templo, en lugar de ponerse a orar en una esquina esperando que “la comunidad internacional” de Jerusalén interviniera? (Juan 2:15). Jesús en ningún momento negó la legítima defensa; su fin fue, simple y llanamente, enseñar que el cristiano no debía desquitarse o vengarse del otro por un acto tan tonto como un insulto, que era mejor conservar la compostura y demostrar superioridad en carácter. La prueba irrefutable de lo que digo la señala Pablo en Romanos 12:17-18, donde dice, explícitamente, “si es posible, hasta donde depende de ustedes, estén en paz con todos”, y Lucas 22:36, cuando el mismo Jesús manda a comprar una espada, en un escenario de peligro donde la protección física era necesaria. Al respecto de éste último texto, algunos puede que salgan con el verso de Mateo 26:52, donde Jesús desincentiva el uso de la espada y dice que la guarden, porque el que use la espada “perecerá por la espada”. A simple vista, pareciera una contradicción, pero me parece curioso cómo los religiosos priman el verso de Mateo y la “paz”, la pasividad ante el mal, sobre Lucas, diciendo que “Jesús no les pidió a sus discípulos que portaran un arma para protección o defensa propia” —es lo que dice la organización JW—. Esto, de plano, es totalmente falso, una mala interpretación. En realidad, los textos se complementan, en contextos distintos, y son claves para entender que el cristianismo original, contrario a lo que la mayoría de los religiosos de las diferentes vertientes sostienen, no es una doctrina de pasividad, sino de discernimiento estratégico, si se quiere, una lección sobre el propósito de la fuerza.

Jesús reconoce el derecho a la defensa cuando manda a comprar la espada en Lucas 22:36, y éste mandato marca o delinea un momento de transición, porque hasta ese momento él los protegía milagrosamente, pero de allí en adelante, dado que el mundo es hostil y Jesús reconocía que el mal existe, los discípulos debían ser responsables de su propia subsistencia y seguridad. Es decir, Jesús manda a los presentes a buscar medios físicos para la legítima defensa, más en un marco en el que los caminos de Judea del siglo I estaban llenos de bandoleros —el viajero con una espada no buscaba dar un golpe de Estado, más bien intentaba no ser asesinado en el camino—. Más adelante, ya con las espadas, en Mateo 26:52, cuando van a arrestar a Jesús en Getsemaní, Pedro saca la espada y corta la oreja de un sirviente, pero Jesús cura la oreja y dice las palabras del versículo a Pedro, no condenando a la espada en sí —eso no tendría sentido si él mismo los mandó a comprarla antes y permitió que cargaran con ella—, sino a la acción de Pedro en ese contexto en específico, que fue impulsiva y pretendía interferir con la misión por la cual él fue enviado a la tierra, a saber: sacrificarse por muchos (Juan 3:16). Entonces, si acaso ha de tomarse alguna enseñanza de Jesús más allá de evitar la violencia impulsiva, comprendiendo bien el contexto, es que los que vivan por la espada, en el sentido de usar la agresión como primera opción ante todo contexto, terminan destruidos por esa misma violencia. Ergo, es una advertencia contra el militarismo ciego y la venganza personal, no contra la protección de la vida. Ten la espada, pero discierne bien cuándo usarla.

¿Estoy diciendo con ello que Jesús apoyaría una revolución militar para derrocar a un régimen? Pues, depende desde qué punto de vista lo vea y de los objetivos que quiera alcanzar. Eso es un debate con muchas matizaciones que deberían hacerse por separado, para luego integrarlas. En principio, la premisa bíblica, que media desde el Génesis hasta Apocalipsis, es que ningún régimen humano podrá solucionar los problemas de la humanidad, y en ese marco, habría que ver el fin del cambio de gobierno —estrictamente hablando de la Biblia y su posición—. Pero ya me extendí. Paro aquí. En lo que respecta a Dios, dije todo eso por no hablar de las veces que el mismo YHWH, ese que pide “amar al enemigo”, no escatimaba en destruir a los enemigos de su pueblo, incluso enviando a su mismo pueblo, después de agotar las vías racionales —porque solo los hombres van de razón, las bestias van de violencia—.

El costo oculto del victimismo

Julieta Knobel es docente y autora independiente. Explora temas institucionales y dinámicas culturales en la vida pública, y es líder de LOLA Córdoba, Argentina..

(…) cuando una sociedad interpreta el mundo desde el daño, tiende a priorizar el amparo inmediato por sobre la responsabilidad propia. Y (…) cuando se vuelve el filtro principal para evaluar la vida pública, suele abrir la puerta —sin declararlo— a formas de intervención que reducen la libertad con el tiempo.

Julieta Knobel

El prisma victimizador

Hoy la conversación social está mucho más permeable a interpretar casi cualquier malestar personal como si fuera un daño real. Críticas incómodas, diferencias de opinión, desacuerdos o simples frustraciones pasan a describirse como “me lastimó”, “me hirió”, “me agredió”.

Esa inflación emocional del concepto de daño no se queda en lo individual: se expande hacia afuera. La gente empieza a interpretar, con el mismo lente emocional, lo que le ocurre tanto a otros individuos como a colectivos enteros.

Así, cualquiera puede ser declarado “víctima”: mujeres, palestinos, la comunidad LGBT, afroamericanos, latinos… todos. No importa si uno pertenece o no a esos grupos. Si pertenece, la sensibilidad se amplifica; si no, aparece la proyección moral: “Si yo lo vivo como daño, esto que veo afuera también debe ser daño”.

Es el mismo prisma aplicado al mundo entero. Y no se trata de “falta de empatía”. La compasión por el malestar ajeno es saludable y deseable en toda sociedad civilizada. Lo que distorsiona la mirada no es sentir con el otro, sino confundir toda incomodidad con un agravio real y leer el mundo exclusivamente desde ese registro.

El riesgo del prisma victimizador

Cuando todo se interpreta como daño o injusticia y todos parecen víctimas, ocurre lo inevitable: nada se distingue. Las víctimas reales —las que efectivamente han sufrido un delito, un abuso de poder o una agresión verificable— pierden visibilidad y se diluyen entre indignaciones de baja intensidad. Y los villanos —indispensables para sostener la narrativa— suelen ser asignados al azar, inventados o elegidos por pura adhesión emocional.

Cuando este reflejo se vuelve hábito, ya no es un error conceptual, sino un marco mental instalado. La identidad se ancla en modo “agraviada”, el juicio propio se apaga y todo se interpreta a través del prisma victimizador.

La cultura del victimismo como capital político en la región

Aquí aparece el mayor problema mayor, a saber: queda servido el terreno para que la política opere sobre la emoción antes que sobre el criterio. El victimismo empieza como un fenómeno individual —una forma de interpretar el malestar propio—, pero cuando se repite lo suficiente se convierte en un marco colectivo, un lenguaje compartido para entender el mundo.

Aunque no es exclusivo de ningún país, porque el fenómeno es global, Latinoamérica tiene condiciones que facilitan que el victimismo se consolide como cultura:

  • Instituciones frágiles, que empujan a interpretar desde la emoción;
  • Historias políticas basadas en líderes salvadores;
  • Crisis económicas recurrentes;
  • Narrativas donde el “relato” pesa más que la evidencia;
  • Una vida pública saturada de indignación moral.

Con ese suelo emocional ya preparado, el victimismo solo tiene que ocuparlo. Y cuando lo hace, se convierte en capital político: un recurso que cualquier liderazgo con incentivos populistas puede activar. Y una vez instalado, el victimismo provee exactamente lo que ese tipo de lideres necesita:

  • Un público predispuesto a detectar agravios incluso donde no los hay;
  • Una narrativa emocional ya armada, lista para usar;
  • Un villano externo permanentemente disponible;
  • Y —lo más delicado— una ciudadanía dispuesta a delegar poder en quien prometa protección.

Porque cuando una sociedad interpreta el mundo desde el daño, tiende a priorizar el amparo inmediato por sobre la responsabilidad propia. Y aunque la necesidad de protección es humana y legítima, cuando se vuelve el filtro principal para evaluar la vida pública, suele abrir la puerta —sin declararlo— a formas de intervención que reducen la libertad con el tiempo.

Un líder habilidoso solo tiene que administrar el relato: definir a los “buenos” y los “malos”, amplificar la emoción y presentarse como el único capaz de defender al público de un daño omnipresente.

Así se configura un ciclo que no es ideológico, sino mecánico: Cuanto más se vive desde el victimismo, menos espacio queda para verificar hechos y más permisiva se vuelve la sociedad frente a la intervención política.

El punto clave es este: el victimismo —que suele manifestarse primero en lo individual y luego se expande— no sólo deforma la realidad; define qué tipo de liderazgo una sociedad está dispuesta a aceptar.

La pérdida de Citgo: el fracaso de una estrategia ambigua y antinacional del board ad hoc de PDVH

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

La reciente aprobación judicial en Delaware de la venta de PDV Holding (PDVH), matriz de Citgo, a Amber Energy —filial del fondo buitre Elliott Investment Management— por apenas USD$ 5.900 millones (con cierre pendiente de licencia OFAC en 2026), marca la consumación de uno de los mayores despojos patrimoniales en la historia de Venezuela. Citgo, valorada en al menos USD$ 11.000-13.000 millones, con tres refinerías clave en EE. UU. y una red de distribución estratégica, deja de ser un activo nacional. Esta pérdida no es solo culpa de las deudas acumuladas por expropiaciones y defaults soberanos, ni exclusivamente de las sanciones estadounidenses: es el resultado directo de la equivocada y ambigua estrategia jurídica del board ad hoc de PDVH, controlado por la oposición y reconocido por OFAC desde 2019.

El board ad hoc, nombrado por la Asamblea Nacional de 2015 y figuras como Juan Guaidó, tenía un mandato claro: proteger Citgo como activo venezolano frente a embargos. Las licencias OFAC (como la General License 7C y extensiones) autorizaban operaciones para mantener el control opositor y desplazar al régimen de Maduro, no para aliarse tácticamente con sus representantes ni facilitar una venta forzada. Sin embargo, en la práctica, PDVH ha coincidido en objeciones y apelaciones con la República (gobierno de Maduro), condenando la subasta como “robo” mientras negociaba settlements selectivos con acreedores. Esta “alianza de facto” diluyó la resistencia total que exigía el interés nacional, priorizando acuerdos parciales que allanaron el camino a la ejecución judicial.

La estrategia fue catastrófica por su ambigüedad: defender el activo mientras se “vende” controladamente. PDVH objetó bids bajos para “maximizar valor” y reinició rondas de subasta, pero negoció pagos selectivos con “los que quiso” —principalmente bonistas PDVSA 2020 (vistos como fondos buitres), y algunos arbitrales—, sin atacar frontalmente a los grandes acreedores como Crystallex o ConocoPhillips. Esto no desarticuló la subasta; al contrario, facilitó su avance al eliminar obstáculos legales parciales, dejando remanentes insuficientes y exponiendo el activo a una venta subvalorada.

El error más grave fue no declarar bancarrota Chapter 11 para PDVH. En 2024 se discutió seriamente esta opción, que habría impuesto un “automatic stay” para detener la subasta ordenada por el juez Stark, permitiendo reorganizar deudas, negociar convenios de pago con acreedores senior y potencialmente incluir reclamos legítimos como los del “holocausto petrolero” (despidos masivos post-paro 2002-2003). Aunque no garantizaba prioridad alta para estos (como daños por violaciones DDHH), sí habría forzado un esquema de pagos estructurado, preservando Citgo para Venezuela. No se presentó por temores estratégicos (riesgo de no detener la ejecución, dilución de valor), pero esto entregó el activo sin lucha final.

Irónicamente, el liderazgo del board ad hoc incluye figuras vinculadas al paro petrolero de 2002; su fracaso en la conducción de dicho conflicto contribuyó directamente a los despidos masivos que generaron el “holocausto”. 

Mientras la junta ad hoc hizo esfuerzos titánicos por excluirlos de la subasta y marginarlos del proceso, destacando su falta de transparencia y priorizando a fondos extranjeros, este cronista llevó a cabo una activa y audaz estrategia triangular: presentó múltiples mociones de intervención bajo la Regla 24, apelaciones y objeciones invocando violaciones a derechos humanos y expropiación inversa, posicionándose como un factor de disrupción real en el procedimiento. Quien esto escribe, primer litigante venezolano en actuar con comparecencias directas en este complejo caso ante la corte de Delaware, ha avanzado hacia la creación de un Qualified Settlement Fund (QSF) inspirado en precedentes como el de las víctimas del 11-S, un mecanismo virtual que promete llevar sociego y reparación justa a las miles de víctimas del holocausto petrolero, independientemente del resultado final de la subasta y de los esfuerzos de la PDVSA ad hoc por silenciar sus reclamos.

En resumen, la estrategia de PDVH no fue de salvación nacional, sino de gestión ambigua que terminó en capitulación. Defender y vender al mismo tiempo es incompatible; en derecho, o se resiste totalmente o se pierde. Venezuela paga hoy el precio: un activo estratégico en manos de buitres, sin remanente significativo para el país. 

Es hora de exigir responsabilidades a quienes, con mandato de protección, facilitaron este despojo —mientras por aquí demostramos que una lucha genuina por justicia histórica y patrimonial es posible—. Pero la lección es clara: ambigüedad antinacional cuesta patrimonios irrecuperables, y solo la defensa intransigente de las víctimas venezolanas ofrece esperanza real de reparación.

Eso está en manos de María Corina Machado, y una comisión de la verdad y un tribunal especialísimo que juzgue los crímenes contra Venezuela.

Mientras tanto, hacemos realidad el QSF para la malograda Familia Petrolera.

Fútbol y libertad: ¿Por qué Europa gana millones y copas, y cómo Sudamérica puede copiarla?

Lourdes N. Romero L., líder y defensora de las libertades individuales, económicas y de los principios democráticos en Bolivia y Latinoamérica. Coordinadora local de SFL Bolivia, cofundadora de LOLA Bolivia y Líder Regional para LOLA LATAM. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, con formación especializada en democracia, liderazgo, libertad y comunicación política mediante programas acreditados por OEA, KAS y ACEP

(…) No deseamos clubes que se suban en la escala social con favores, pero tampoco queremos clubes dignos de limosnas. Buscamos reconocimiento. Capitalismo, excelencia, libertad. Regresar al segundo carro. ¡Despierta Sudamérica! El fútbol requiere que lo liberen otra vez, que vuelva a ser brasileño en los años 80.

Lourdes N. Romero L.

Visualiza el fútbol como un modelo de negocio, es decir, lo que se relacionaría con este deporte «a través de una tienda de camisetas y entradas, sí, por medio de goles». En Europa, a fin de cuentas, los clubes funcionan como empresas (grandes y libres en el sentido de que los propietarios privados invierten y dan dinero sin que el gobierno pueda intervenir; los jugadores disputan partidos para determinar quién es el mejor y se llevan más dinero cuando ganan). Por supuesto, tienen un valor similar al de una ciudad: el Real Madrid tiene un valor de 6.750 millones (¡como si fuera una ciudad entera!) y genera cada año 1.129 millones por concepto de ventas de entradas, camisetas y derechos televisivos. 

En Sudamérica, la mayor parte de los equipos y clubes funcionan como «cooperativas de hinchas»: todos aportan un poco, nadie decide con claridad, el Estado invierte dinero de una manera comprensible y terminan debiendo hasta que llegan a tener nóminas atrasadas durante meses (por ejemplo, 12 de los 16 clubes de la liga boliviana están en esta situación). No obstante, hay uno: el Mundial de Clubes 2025 representa una luz de esperanza y una solución a corto plazo. La FIFA otorgó 1.000 millones de dólares (solamente por haber jugado bien o tener un buen comportamiento) a los clubes que alcancen la final (125 millones para el vencedor e incluso 2 millones por cada victoria en las fases de grupos), lo que ha llevado a equipos como Palmeiras a invertir ya 132 millones de dólares en futbolistas talentosos. El momento de que Sudamérica imite el «juego libre» europeo, con menos intervención del Estado y más mérito, y todos obtengan beneficios, ha llegado.

Europa sirve de ejemplo de conjuntos de gran riqueza. Sus campeonatos tienen normas claras. Si un club no rinde, baja y pierde fondos. Si es bueno, sube y mantiene su capital. En la liga inglesa, la Premier, el dinero por mirar los partidos es grande. Se dan 4.200 millones de dólares. Esto implica que cada equipo recibe unos 260 millones al año. Esto supera a muchas naciones pequeñas. La Liga de Campeones es como un sorteo. Dan 18,6 millones solo por entrar. El ganador puede llevarse hasta 111 millones. ¿Cuál es el efecto? Los clubes no tienen pagos pendientes. El Real Madrid no debe dinero. Este club vende ropa de Mbappé por todas partes. ¿Qué sucede luego? Estos equipos no tienen deudas. El Real Madrid, que no debe nada, reparte las prendas de Mbappé a nivel global.

La cosa en Sudamérica es al revés. La Copa Libertadores da veinte y cuatro millones a quien gana. Por solo estar en el grupo dan un millón. Los equipos tienen muchas deudas. Su dinero viene de las entradas de la gente. Esto es solo un veinticinco por ciento. También reciben plata de la tele del Estado. Eso es un treinta y seis por ciento. Por eso figuras grandes como Messi se van a Europa. Allí ganan cuatro veces más dinero.

Europa: Compañías Libres que producen dinero y estrellas

Considera a Europa como un supermercado: todo se mueve sin restricciones. El Bayern Múnich es propiedad de sus aficionados (75 %), pero opera como una empresa: el 45 % de sus ingresos se origina a partir de patrocinadores y camisetas, no del Gobierno. Consiguen todo porque fichan a las grandes estrellas del mundo sin límites absurdos. Ajax representa un modelo típico para el público en general: alimenta a los chicos en su cantera (como una escuela sin costo), los vende por cientos de millones (De Jong al Barcelona) y reinvierte. ¡No reciben dinero del gobierno!

• Real Madrid. 15 campeonatos, 1.129 millones de ingresos, estadio colmado con 80.000 aficionados pagando precios altos.

• El Manchester City. Los propietarios árabes inyectan 1.000 millones de capital privado y obtienen campeonatos sin solicitar subsidios.

• PSG. Los jeques ricos compran, lo que prueba que el dinero privado genera campeones.

¿Por qué es efectivo? Porque es «libre»: los jugadores seleccionan el club en función de sus éxitos y del dinero, así como de favores políticos. Envían el 80% de sus talentos porque aquí los sueldos no llegan a tiempo y no existen campos perfectos.

Sudamérica: Es suficiente con las deudas, es tiempo de ser empresas como las grandes.

Los clubes son pura pasión, pero alrededor de ellos no hay negocio próspero. En Bolivia, Oriente Petrolero tiene una deuda de hasta un año de salario; en Argentina, la mayoría está endeudada. ¿A qué se debe? Porque son «asociaciones sin fines de lucro» en las que los hinchas están al mando y no saben administrar el dinero. El Estado asegura premios más pequeños e interviene en los términos de los contratos. 

¡Pero hay optimismo! Desde 2005, Chile exige a las «sociedades anónimas» (que son como las empresas comunes): Colo-Colo empieza a pagar sus deudas y a incluir a inversores privados. En Brasil sucede lo contrario: los clubes optan por ser voluntarios en tener «sociedades anónimas» (y se salvará el Cruzeiro debido a la llegada de Ronaldo y 100 millones de préstamos de capital privado), y vuelven a triunfar; el Palmeiras, con incorporaciones como Endrick, Roque, etc., facturó 315 millones para 2025. El Flamengo es un equipo poderoso con 57 millones de refuerzos.

Lo Bueno y MaloEuropa (Ej. Premier) ​Sudamérica Vieja (Ej. Bolivia) ​Sudamérica Nueva (Brasil/Chile) ​
Cómo Ganan PlataEmpresas libres, TV 4.200 mill.Hinchas y Estado, poquitoEmpresas privadas, sponsors crecen
Plata al Año por Club260-1.129 mill.50-200 mill.208-315 mill.
Campeón Continental111 mill. Champions24 mill. Libertadores+125 mill. Mundial 2025
DeudasCasi cero (Real Madrid 0)Muchas (12/16 Bolivia)Bajando rápido

El Mundial de Clubes 2025 da 525 millones fijos + 250 millones extra: Fluminense sacó 50 millones llegando lejos.​

Mi falló: Sudamérica, ¡Libéralo o perderemos más estrellas!

Observa, el deporte representa la vida. En Europa el capitalismo es perpetuo: el más inteligente, el que golpea con más fuerza y el que ejerce mayor control se queda con todo. Allá nadie regula eso. El Real Madrid no tiene deudas porque su propietario sabe cómo manejar la empresa. En este lugar, los clubes mueren cuando los políticos se entrometen en las alineaciones y los salarios.

Sudamérica es una tierra de campeones. De astros como Messi, Maradona o Pelé. Y los hemos extraviado. Las instalaciones deportivas destruidas, los gimnasios en ruinas, la pobreza económica. Los jugadores bolivianos terminan jugando en clubes de Colombia.  El 2025 es el ahora o nunca. Flamengo y Palmeiras invierten millones en adquirir porteros forasteros y carrileros chilenos; si pretenden llevarse a nuestros jugadores, tendremos que forzarlos a acelerar. Supón que Bolivia copia el modelo de Chile. Blooming se convierte en una fábrica de talentos con patrocinadores. Ajax, pero sin deudas. 

No nos dejemos llevar por conversaciones huecas. Ni la supuesta igualdad que aniquila la competitividad ni la elitista Superliga europea. El balance es fundamental: la resolución de Flamengo; la garra de Boca. Apodérate de lo mejor de Europa. Permite que haya inversión privada. Exporta jugadores que sean inteligentes. Construye estadios que sean dignos. Así Lautaro y Julián no escaparán.

No deseamos clubes que se suban en la escala social con favores, pero tampoco queremos clubes dignos de limosnas. Buscamos reconocimiento. Capitalismo, excelencia, libertad. Regresar al segundo carro. ¡Despierta Sudamérica! El fútbol requiere que lo liberen otra vez, que vuelva a ser brasileño en los años 80. ¡La gallardía regresará! Las hinchadas del fútbol sudamericano lo solicitan: equipos con resistencia, héroes eternos. Hagamos un fútbol de alta calidad para siempre, liberando al balompié de las cadenas y cediendo su brazo.