¿Transición a la venezolana o a la gringa?

Orlando Fuenmayor S., escritor venezolano. (X: @orlandojosefs)

(…) cuando escucho lo de “a la venezolana”, más que esperanza me genera rechazo. Porque ya sabemos cómo termina eso. Improvisación, atajos, corrupción con creatividad y fracaso con excusas nuevas.”

Orlando Fuenmayor

Cuando María Corina Machado habla de una “transición a la venezolana”, uno no sabe si está ante una propuesta política o ante el relanzamiento de un eslogan más. Porque ya hemos pasado por el “hasta el final”, el “último round”, el “ya están cerca”, y ahora esta nueva etiqueta. El problema no es que suene bonito, el problema es que no significa nada concreto. Y cuando algo en política no significa nada, normalmente es porque sirve para todo… y para nada al mismo tiempo. Tal como es la carrera universitaria de María Corina Machado, ingeniería industrial, misma que sirve para todo y no resuelve nada.

Entonces toca preguntar: ¿qué es exactamente hacer las cosas “a la venezolana”? ¿Es repetir el esquema fallido del interinato? ¿Es volver a abrirle la puerta a los mismos actores que convirtieron la política en un negocio tipo CADIVI versión premium? ¿O es simplemente aceptar que la viveza criolla ahora también es un modelo de transición? Porque si es eso, entonces no estamos hablando de cambio, estamos hablando de reciclaje con mejor marketing.

Y en medio de todo ese humo, aparece Donald Trump y, sin mucho protocolo, le baja dos cambios al discurso. En tono de broma —pero ya tú sabes, como decimos nosotros, jugando lo mete el perro— dijo que después de su mandato podría ir a Venezuela a lanzarse a presidente contra Delcy Rodríguez. No es el chiste, es el mensaje: el ninguneo directo. La forma en que desde afuera se perciben estas narrativas infladas. No dejan espacio a la duda, no compran el cuento completo, y cuando algo huele raro, lo cortan de raíz.

Porque hay algo que tampoco se quiere decir: aquí también hay manipulación de la desesperación. Todavía hay gente esperando que la transición sea un evento, un día mágico donde todo se resuelve. Y no. Las transiciones reales duran años. Cuatro, cinco, siete… dependiendo del desastre previo. Pero claro, eso no vende. Vende más decir que “ya viene”, que “ya está pasando”, que “falta poco”. Y así te mantienen emocionalmente enganchado mientras el tiempo pasa.

El problema de fondo sigue siendo el mismo: el mesianismo. La necesidad de construir figuras salvadoras para no asumir responsabilidades. Porque es más cómodo creer que alguien va a resolver todo, que aceptar que el venezolano también forma parte del problema. Ese venezolano que repite errores, que se deja seducir por frases, que vota esperando milagros y luego se indigna cuando no llegan.

Por eso, cuando escucho lo de “a la venezolana”, más que esperanza me genera rechazo. Porque ya sabemos cómo termina eso. Improvisación, atajos, corrupción con creatividad y fracaso con excusas nuevas. Personalmente, yo compraría más una transición “a la gringa”: larga, incómoda, sin apuro electoral, con tutelaje fuerte y reconstrucción institucional real. Algo tipo aliado estratégico serio, no este experimento eterno que nunca termina de arrancar. Firmaría en estos momentos ser un estado asociado de Estados Unidos, el estado 51 una especie de país aliado en el continente al estilo de Israel y que el tutelaje dure por al menos 25 años (una generación).

Suena fuerte, sí. Pero más fuerte ha sido repetir la misma fórmula esperando resultados distintos. Porque si algo ha quedado claro, es que hacer las cosas “a la venezolana” … es exactamente lo que nos trajo hasta aquí.

Thomas Malthus y su teoría El Neomalthusianismo

Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela

En la sociedad actual, los efectos del neomalthusanismo se pueden observar en políticas públicas que buscan promover la planificación familiar, en programas de educación sexual y reproductiva, y en iniciativas para promover la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales.

Génesis N. Rodríguez G.

A finales del siglo XVIII, Thomas Robert Malthus publicó su conocido Ensayo sobre el principio de la población y sus efectos futuros sobre el progreso de la sociedad. El fundamento básico de su teoría consiste en que la población humana crece en progresión geométrica, mientras que los recursos para sostenerla lo hacen en progresión aritmética. Estas ideas tuvieron tal impacto que durante el siglo XIX Darwin recogió parte de sus fundamentos para desarrollar la teoría de la «selección natural», derivando en planteamientos de carácter eugenésico y surgiendo en el siglo XX una corriente denominada neomalthusianismo. Esta perspectiva asume un nuevo foco de análisis que intenta argumentar la explotación de los trabajadores por los grupos capitalistas, las relaciones de poder entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo e, incluso, justifican las guerras imperialistas.

Sus planteamientos recogen el problema malthusiano de la sobrepoblación y proponen como solución la reducción artificial de los nacimientos (anticoncepción, aborto y esterilización son los medios para lograrlo). El ámbito económico de estos planteamientos es la escasez de recursos frente a una población que aumenta constantemente. El crecimiento demográfico conlleva la necesidad de un mayor esfuerzo en el aprovechamiento de los recursos naturales. Desde el punto de vista de la economía, se produce una revalorización del factor numérico poblacional como factor que posibilita el desarrollo. Este aumento de los habitantes produce una mayor fuerza de trabajo y es posible el mantenimiento de industrias y de las denominadas «economías de escala». Bajo esa lógica, el crecimiento económico de una comunidad se mantiene al conservar una población activa más numerosa que aquella no activa (niños y ancianos).

En la actualidad, el problema no consiste en una superpoblación que pueda terminar con los recursos alimenticios, sino más bien en los daños que podrían llegar a provocar la aplicación de una óptica antinatalista en una región. Sin duda, los índices de natalidad se encuentran en un descenso continuo, sobre todo en aquellas regiones que se encuentran en una transición demográfica avanzada y en una disminución de la natalidad que no permite el recambio generacional. En ese caso, los propósitos se están enfocando en «educar» a la opinión pública en el sentido que el crecimiento de la población es una amenaza para mantener el equilibrio medioambiental.

¿Quién fue Thomas Malthus? Thomas Malthus fue un economista y demógrafo británico, nacido el 13 de febrero de 1766 en Surrey, Inglaterra, y fallecido el 23 de diciembre de 1834 en Bath, Inglaterra. Es conocido principalmente por su teoría sobre la población, expuesta en su obra «Ensayo sobre el principio de la población» publicada en 1798. Malthus estudió en el Jesús College de la Universidad de Cambridge y posteriormente se ordenó como sacerdote anglicano. A lo largo de su vida, ocupó diversos cargos académicos y religiosos, y también se desempeñó como profesor de economía política en la East India Company College.

¿En qué consistió su teoría? La teoría de Malthus se centra en la relación entre el crecimiento de la población y los recursos disponibles. Sostiene que la población tiende a crecer de manera exponencial, mientras que la producción de alimentos lo hace de manera aritmética. Por lo tanto, en algún momento la población superará la capacidad de producción de alimentos, lo que llevará a la escasez y al sufrimiento humano. La teoría del neomalthusianismo es una corriente de pensamiento que retoma las ideas de Malthus y las aplica a la actualidad. Los neomalthusianos argumentan que el crecimiento poblacional descontrolado puede llevar a crisis humanitarias, ambientales y sociales, y abogan por políticas de control de la natalidad y planificación familiar para evitar estas consecuencias. También se enfocan en la importancia de la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales.

¿Cómo ha influido actualmente esta teoría? La teoría del neomalthusianismo está presente en la actualidad a través de debates sobre el crecimiento poblacional, la escasez de recursos naturales, el cambio climático y la sostenibilidad. En muchos países, especialmente en aquellos con altas tasas de crecimiento demográfico, se están implementando políticas de control de la natalidad y planificación familiar para abordar los desafíos asociados con el aumento de la población. Además, el neomalthusianismo también ha influido en discusiones sobre la distribución desigual de recursos y la preservación del medio ambiente. Muchos defensores de esta teoría argumentan que el crecimiento poblacional descontrolado puede llevar a la sobreexplotación de los recursos naturales, la degradación del medio ambiente y crisis humanitarias.

En la sociedad actual, los efectos del neomalthusanismo se pueden observar en políticas públicas que buscan promover la planificación familiar, en programas de educación sexual y reproductiva, y en iniciativas para promover la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales. Sin embargo, también ha generado debates sobre la ética de limitar el crecimiento poblacional y sobre cómo abordar estos desafíos de manera justa y equitativa para todas las personas. Es importante tener en cuenta que la teoría de Malthus ha sido objeto de críticas y controversias a lo largo del tiempo. Algunos críticos argumentan que su enfoque en el control de la población ignora las causas subyacentes de la pobreza y la desigualdad, y que las políticas de control de la natalidad pueden ser coercitivas y violar los derechos reproductivos de las personas.

Es importante reconocer las limitaciones de la teoría neomalthusiana y explorar enfoques más integrales y equitativos para abordar los desafíos asociados con el aumento de la población y la preservación del medio ambiente. Esto implica considerar otros factores como el desarrollo tecnológico, la distribución desigual de recursos y el consumo excesivo en los países desarrollados. En última instancia, un enfoque multidisciplinario que integre la economía, la sociología y otras disciplinas es crucial para abordar de manera efectiva los complejos problemas relacionados con el crecimiento poblacional y la sostenibilidad.

¿Es Guárico el estado con mas pobreza de Venezuela? Hablemos un poco de libertad y pobreza

Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela

La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos.

Génesis N. Rodríguez G.

Comenzare hablando de la pobreza con este fragmento que me gustó mucho desde que lo leí hace semanas, tomado del libro “Repensar la pobreza” de los autores Abhijit V. Banerrjee y Esther Duflo: “En lugar de discutir la mejor manera de luchar contra la diarrea o el dengue, muchos de los expertos más influyentes tienen fijación con las «grandes preguntas»: ¿cuál es la causa principal de la pobreza? ¿Hasta qué punto debemos creer en el mercado libre? ¿La democracia es buena para los pobres? ¿Cuál es el papel que puede tener la ayuda al desarrollo?» Y otras de este estilo.

Jeffrey Sachs, asesor de Naciones Unidas, director del Earth Institute en la Universidad de Columbia de Nueva York y uno de estos expertos, tiene respuesta para todas estas preguntas: los países pobres lo son porque son calurosos, poco fértiles, están infestados de malaria y a menudo carecen de salidas al mar, lo que dificulta que sean productivos por falta de una gran inversión inicial que les ayude a ocuparse de estos problemas endémicos. Pero estos países no pueden financiar las inversiones precisamente porque son pobres se encuentran inmersos en lo que los economistas llaman la «trampa de la pobreza». Mientras no se haga algo contra estos problemas, ni la democracia ni el mercado libre les aportarán gran cosa.

Por eso la ayuda externa resulta fundamental, ya que, gracias a ella, los países pobres pueden invertir en estas áreas críticas, haciéndolos más productivos e iniciando un círculo virtuoso. Los ingresos que se generen, que serán más elevados, permitirán nuevas inversiones y así continuará una espiral favorable.

En su best-seller de 2005, El fin de la pobreza, Sachs argumenta que si los países ricos aportasen 195.000 millones de dólares al año en cooperación entre los años 2005 y 2025, al final de este periodo la pobreza podría haber desaparecido completamente. Sin embargo, otras voces también influyentes creen que todas las respuestas de Sachs son erróneas. William Easterly, enfrentado a Sachs desde el otro extremo de Manhattan, en la Universidad de Nueva York, se ha convertido en una de las figuras públicas más destacadas en la oposición a la ayuda internacional, a raíz de la publicación de dos libros, En busca del crecimiento y The White Man’s Burden. Y otra voz que se ha unido recientemente a la de Easterly es la de Dambisa Moyo, autora del libro Dead Aid y economista que había trabajado anteriormente en Goldman Sachs y en el Banco Mundial. Estos dos autores sostienen que la ayuda hace más mal que bien, al disuadir a la gente de buscar soluciones propias, al corromper y socavar las instituciones locales y al crear un lobby formado por las ONG que tiende a perpetuarse.

La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos. De ese modo, los pesimistas de la ayuda se consideran bastante optimistas respecto a cómo funciona el mundo. Para Easterly no existen las denominadas trampas de la pobreza. Llegados a este punto, ¿a quién debemos creer? ¿A quienes afirman que la ayuda resolverá el problema o a quienes aseguran que empeorará la situación? El debate no puede ser resuelto de forma abstracta. Se necesitan evidencias, pero desafortunadamente los datos que se suelen utilizar para responder a estas grandes preguntas no inspiran confianza.

La pobreza en Venezuela ha aumentado significativamente en los últimos años debido a una combinación de factores como la crisis económica, la inflación, descontrolada, la falta de inversión en infraestructura y servicios básicos, la corrupción, y las políticas gubernamentales. Fuentes como el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ( ENCOVI) suelen proporcionar datos actualizados sobre la pobreza en el país. En el caso específico del Estado Guárico la pobreza también ha aumentado, afectando principalmente a las zonas rurales y a las comunidades mas vulnerables. La falta de oportunidades laborales, la escasez de servicios básicos como agua potable y electricidad, y la inseguridad alimentaria son algunos de los factores que contribuyen a la pobreza en la región.

En cuanto a los municipios más pobres o con pobreza extrema en Guárico, esta información puede variar dependiendo de los criterios utilizados para medir la pobreza. Sin embargo, algunos municipios que suelen ser identificados como los más afectados por la pobreza son San Gerónimo de Guayabal, El Socorro, Leonardo Infante y Francisco de Miranda.

De acuerdo con las metodologías internacionales de evaluación utilizadas por la comunidad humanitaria en crisis y emergencias, las organizaciones aliadas de HumVenezuela siguen un modelo de medición de los impactos de la EHC construido por consensos, en cinco sectores (condiciones de vida, alimentación, agua y saneamiento, salud y educación básica), que tiene un alcance nacional y por estados del país. Este modelo comprende mediciones de la escala, severidad, intensidad y profundidad de la EHC, que permiten presentar estimaciones de las personas en necesidad, sus agrupaciones por niveles de severidad y la relación de su situación con las capacidades caídas de sistemas, programas, bienes y servicios, como producto de los factores que originan la EHC.

En cada medición anual se realiza un análisis de las fuentes de información demográfica disponibles, utilizando hasta la actualidad las proyecciones estimadas por CELADE (División de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL), publicadas en 2019. Para la distribución de la población por estados, a partir de 2023 se comenzaron a realizar análisis estadísticos basados en data censal y otras estimaciones pasadas de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2020 y 20219, que también de basan en proyecciones de CELADE. En esta medición se utilizaron las proyecciones de población de CELADE para Venezuela correspondientes al año 2023, la cual fue estimada en un total de 28.838.496 de personas.

Pudimos observar, en un rango de tres niveles (bajo, medio y alto), se clasificaron los estados por la población afectada en cada dimensión. En tanto todas las afectaciones tienen impactos severos en la vida de las personas, la clasificación solo tiene el propósito de realizar un abordaje integrado de perfiles de afectación. La clasificación arrojó que 8 de los 20 estados mostraron hasta 6 dimensiones donde las poblaciones en necesidad alcanzan niveles altos. En orden alfabético, estos fueron Anzoátegui, Apure, Bolívar, Falcón, Guárico, Miranda, Monagas y Táchira. Podemos ver como el Estado Guárico esta entre los 8 mas afectados en casi todas las dimensiones que se evaluaron, sobre todo en altos números de violencia y la irregularidad de la asistencia escolar, es importante que haga énfasis aquí en la parte educativa, aunque estemos hablando de pobreza el no poseer niveles altos de educación influye de manera directa para medir la pobreza. El Estado Guárico aparece entre los principales Estados del país con personas en necesidades críticas, y según los anteriores informes para 2023 fue aumentando de critico a severa la situación, cifras que nos indican que las políticas públicas no están siendo ejecutadas de la mejor manera por los organismos correspondientes, aparte de muchos otros factores que están influyendo para agudizar aún más la pobreza en el Estado llanero.

Licencia General 5V de OFAC: Alcance preciso, estrategia de Trump y la ventana histórica para el Fondo QSF de las 23.000 víctimas del Holocausto Petrolero

Houston, 21 de marzo de 2026

La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió el 19 de marzo de 2026 la Licencia General 5V, que entra en vigor de inmediato y sustituye a la anterior 5U. Aunque se presenta como una medida técnica y temporal, su verdadero alcance es estratégico: protege el proceso de venta de Citgo y, al mismo tiempo, abre una ventana concreta de oportunidad para las reparaciones de las miles de víctimas del Holocausto Petrolero.

Alcance preciso y mecánica real de la GL 5V

La licencia es estrecha, temporal y protectora del proceso judicial en Delaware. Sus puntos esenciales son:

•  Autoriza únicamente transacciones, financiamientos y operaciones relacionadas con el Bono PDVSA 2020 al 8,5 % (el garantizado con las acciones de Citgo) a partir del 5 de mayo de 2026.

•  Hasta esa fecha, prohíbe expresamente cualquier ejecución de gravámenes, sentencias, embargos o toma de garantía sobre las acciones de Citgo por parte de los tenedores del bono.

•  No desbloquea bienes de manera general, no permite nueva deuda y mantiene vigentes las prohibiciones de otras sanciones (como las del Decreto Ejecutivo 13808 para otros instrumentos).

En términos claros: la GL 5V actúa como un “paralizador temporal” o stay of execution. Congela la capacidad de los bonistas para embargar o forzar la venta de Citgo mientras se cierra la ventana actual de la operación.

La estrategia transaccional de la administración Trump

Esta decisión refleja el enfoque pragmático y comercial del presidente Donald Trump. Su objetivo no es beneficiar a un grupo político específico, sino estabilizar un activo clave para Estados Unidos:

1.  Evitar que los bonistas paralicen la venta aprobada por la Corte de Delaware.

2.  Permitir que Amber Energy (afiliada a Elliott Management) complete la adquisición de PDV Holding por 5.900 millones de dólares con título limpio.

3.  Mantener el flujo de ingresos petroleros bajo cuentas controladas por el Tesoro (a través de la Licencia General 52).

Lejos de ser un obstáculo, la medida protege la venta. Después del 5 de mayo de 2026, los bonistas podrán negociar, comercializar o refinanciar libremente sus instrumentos, pero las acciones de Citgo ya estarán en manos de Amber.

La gran ventaja para lograr el QSF y las reparaciones reales

Y aquí radica la oportunidad histórica para las 23.000 víctimas del Holocausto Petrolero (los miles trabajadores despedidos injustamente entre 2002 y 2003).

Al bloquear temporalmente las ejecuciones de los bonistas, la GL 5V crea un espacio valioso de calma antes de que los acreedores privados puedan reclamar su porción. Esto permite que los fondos generados por la venta de Citgo —o los recursos acumulados en cuentas del Tesoro bajo la GL 52— se destinen, antes de cualquier distracción, a la creación de un Fondo Fiduciario de Liquidación Calificado (Qualified Settlement Fund – QSF).

Esta es precisamente la propuesta que se ha venido defendiendo ante la Corte Federal de Delaware en el caso 1:17-mc-00151: reservar un porcentaje justo (5 % o más) de los recursos de la operación para indemnizaciones directas y tangibles a las víctimas.

Un QSF no es una promesa lejana. Es el mecanismo real que permitiría entregar:

•  Indemnizaciones justas

•  Pensiones dignas

•  Asistencia médica y apoyo familiar

después de más de 23 años de sufrimiento. La Licencia 5V elimina el riesgo inmediato de caos legal y da el tiempo necesario para que el Departamento del Tesoro y la Corte de Delaware concreten esta reparación.

Es momento de actuar

La Licencia General 5V no es solo una medida técnica para facilitar una venta. Es una ventana histórica que no puede desaprovecharse.

Las 23.000 victimas del Holocausto Petrolero no merecen seguir siendo los eternos excluidos. El Fondo QSF es la reparación mínima, justa y tangible que corresponde. El momento de impulsarlo es ahora. Victoria a la malograda y olvidada familia petrolera.

La desesperación y el peligro de convertirse en idiotas

Orlando Fuenmayor S., escritor venezolano. (X: @orlandojosefs)

(…) Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo.”

Orlando Fuenmayor

Hay algo que está pasando con el venezolano en este momento político, y no es menor: la desesperación. Después del 3 de enero, mucha gente esperaba cambios inmediatos, casi milagrosos, como si los procesos históricos funcionaran con la velocidad de un titular de Twitter. Como esos cambios no se ven con la rapidez que algunos imaginaban, empieza a aparecer una narrativa peligrosa: la del desencanto prematuro.

Y lo curioso es de dónde vienen muchas de esas narrativas. Algunas salen directamente del chavismo; otras del llamado chavismo azul, esa falsa oposición que vive de la confusión política. Ambos sectores trabajan con la misma lógica: empujar al venezolano a la frustración. O el vaso está completamente vacío o el país está condenado. No hay matices, no hay contexto, no hay proceso histórico.

Pero si uno mira el vaso medio lleno, hay una realidad imposible de negar: el chavismo ya no existe como existía antes. Nicolás Maduro, que era el jefe político de la estructura criminal, ya no está en la misma posición de poder que tuvo durante años. Y mucho menos Cilia Flores, que durante años fue el brazo jurídico y operativo de esa maquinaria, mientras su entorno familiar aparecía vinculado a redes de narcotráfico de manera escandalosa.

Eso cambió. ¿Significa eso que Venezuela ya se arregló? Por supuesto que no. Pero tampoco significa que todo siga exactamente igual. Y aquí es donde vale la pena recordar un concepto de la Grecia antigua que sigue siendo brutalmente vigente: el del “idiota”. En el mundo griego, la palabra idiotes no era un insulto como hoy. Se usaba para describir al ciudadano que se mantenía al margen de los asuntos públicos y solo se ocupaba de sus intereses privados. En otras palabras, el que renunciaba a participar en la vida política de su comunidad.

Para los griegos, ese ciudadano era peligroso para la democracia. No porque fuera estúpido, sino porque era indiferente. El problema es que las sociedades también pueden llenarse de idiotas en ese sentido original: personas que ven lo que ocurre, saben que algo está mal, pero deciden no involucrarse. Critican, se quejan, pero no asumen ningún tipo de responsabilidad.

Luego está el siguiente escalón: el imbécil. Si el idiota es el que ignora o se desentiende, el imbécil es el que entiende perfectamente lo que pasa… pero decide actuar mal a propósito. Es el que repite narrativas falsas, el que alimenta la confusión o el que prefiere el caos porque cree que puede sacar provecho personal de él.

Y en Venezuela hoy estamos viendo ambas cosas. Por un lado, ciudadanos confundidos por una avalancha de manipulación comunicacional: redes sociales, propaganda, rumores, desinformación calculada. Por otro lado, actores políticos que alimentan esa confusión porque viven del conflicto permanente.

Por eso aparecen absurdos que hace unos años habrían sido impensables. Por ejemplo, gente diciendo que “estábamos mejor con Maduro”. Otros convencidos de que Estados Unidos se va a “robar Venezuela”, como si el país fuera una finca abandonada lista para remate.

Y entonces aparecen comparaciones ridículas con Puerto Rico. Pero cuando uno observa la realidad puertorriqueña ve algo interesante: un territorio que se queja de su relación con Estados Unidos, pero que tampoco quiere romper con ella porque eso implicaría perder beneficios concretos. Esa contradicción demuestra algo sencillo: las relaciones políticas complejas no caben en consignas simplistas.

Pero el venezolano, muchas veces, prefiere la consigna. Y ahí es donde aparece otro problema cultural profundo: la evasión de responsabilidad. Durante décadas hemos cultivado una mentalidad donde siempre se espera que otro resuelva el problema. El líder, el militar, el extranjero, el salvador de turno. Siempre hay un mesías esperando en el imaginario colectivo.

Mientras tanto, el ciudadano se queda en el rol de espectador. Y eso tiene consecuencias. Porque cuando una sociedad renuncia a su papel protagónico, termina convirtiéndose en un peso muerto. Un bulto que pesa, pero que nadie quiere cargar. El venezolano empieza a ser una molestia incluso para sí mismo, porque no sabe cómo reaccionar ante los momentos de presión histórica.

Entonces aparece la vieja lógica de la viveza criolla: “quítate tú para ponerme yo”. No se trata de construir un país distinto, sino de ver quién agarra el turno con el menor esfuerzo posible. Pero las transiciones políticas no funcionan así.

Las transiciones son lentas, contradictorias, incómodas y muchas veces frustrantes. No producen victorias limpias ni resultados inmediatos. Lo que producen es algo mucho más difícil: responsabilidad. Y ahí está la verdadera pregunta que el venezolano todavía no quiere responder.

¿Vamos a seguir esperando que alguien más nos salve? ¿O finalmente vamos a dejar de comportarnos como idiotas —en el sentido griego de la palabra— y asumir que el destino de un país también depende de sus ciudadanos?

Porque si algo ha demostrado la historia, es que ningún país se salva con espectadores. Y Venezuela, hoy más que nunca, necesita ciudadanos.

Mujeres libres, mercados libres: el impacto del comercio y la competencia en la Libertad de las mujeres

Oriana Aranguren es licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.

(…) He aquí una verdad que le dolerá a todo estatista: ninguna ley gubernamental liberó tanto tiempo para las mujeres en el siglo XX como la proliferación de bienes de consumo asequibles creados por el mercado.

Oriana Aranguren

La historia de la emancipación femenina suele contarse, con justa razón, a través del lente de las grandes batallas políticas y sociales. En este sentido, tendemos a evocar a las sufragistas marchando por el derecho al voto, a las activistas desafiando leyes arcaicas y/o a las pioneras rompiendo techos de cristal en la academia y la política. Sin embargo, muchas de las autodenominadas “feministas” en la actualidad ignoran que existe un motor de liberación igual o más poderoso, este es: el libre mercado. No existe una conexión más poderosa que la libertad económica y la libertad femenina; históricamente, la competencia, el comercio internacional y la innovación de los mercados han actuado como fuerzas que han desestabilizado las estructuras patriarcales tradicionales y han ofrecido a las mujeres herramientas tangibles para forjar su propia autonomía.

La razón de lo que digo es simple de comprender: un mercado verdaderamente libre y competitivo es, por naturaleza, ciego al género, porque su principal motivación es la eficiencia y la creación de valor, y esto puede provenir de hombres y mujeres. En este contexto, discriminar a la mujer se convierte en una desventaja económica penalizada por la propia competencia —porque otros tendrán talentos de los cuales yo me estoy limitando—.

El economista Gary Becker, galardonado con el Premio Nobel, revolucionó la forma en que entendemos este fenómeno con su teoría económica de la discriminación, planteando la idea de que discriminar cuesta dinero. Para ilustrar el punto: imaginemos una sociedad tradicional donde los empresarios, por prejuicios culturales, se niegan a contratar mujeres o les pagan sistemáticamente menos que a los hombres, independientemente de su talento o productividad. En un sistema cerrado, monopolístico o protegido por el Estado, estos empresarios pueden darse el lujo de mantener sus prejuicios sin sufrir consecuencias. Pero, ¿Qué sucede cuando se introduce la libre competencia? Si un empresario sexista se niega a contratar a ingenieras brillantes simplemente por ser mujeres, un competidor más inteligente y menos prejuicioso verá una oportunidad de oro y contratará a esas mujeres talentosas, probablemente a un costo ligeramente menor al principio debido a la falta de demanda en el mercado, y gracias a su talento, producirá mejores bienes o servicios. En este escenario, el empresario discriminador perderá cuota de mercado, sus costos relativos serán más altos —al tener que pagar una prima para contratar exclusivamente hombres— y, eventualmente, la fuerza de la competencia lo obligará a cambiar sus prácticas o enfrentar la bancarrota.

Con esto en mente, podemos inferir, entonces, que el mercado actúa como un disolvente de las jerarquías arbitrarias. Antes del auge del capitalismo y los mercados abiertos, la riqueza y el estatus se determinaban en gran medida por el nacimiento, la casta y el género, y, en ese contexto, las mujeres estaban relegadas a la esfera doméstica o a la economía de subsistencia, dependiendo económicamente de los hombres, porque las estructuras feudales o gremiales les prohibían la entrada al comercio formal. Pero la llegada de los mercados competitivos comenzó a cambiar las reglas del juego, porque el valor de una persona empezó a medirse por lo que podía producir y aportar, no por su género. Y como la competencia castiga la ineficiencia, excluir al 50% de la población del talento y la fuerza laboral sale caro.

¿Y qué sucede si ampliamos el foco y vemos el panorama completo, a nivel internacional?

El comercio internacional y la globalización como vías de escape

Si la competencia a nivel local es poderosa, el comercio internacional ha sido un verdadero catalizador de cambio a escala global. Cuando analizamos el impacto de la globalización en los países en vías de desarrollo, la narrativa popular a menudo se centra en la explotación. Y si bien es innegable que las condiciones laborales en las primeras etapas de la industrialización son duras, un análisis riguroso requiere que nos hagamos una pregunta necesaria —aunque incómoda, para algunos—: ¿Cuál era la alternativa para esas mujeres?

A lo largo de las últimas décadas, la apertura al comercio internacional y la llegada de la manufactura de exportación a países de Asia, América Latina y África sacaron a millones de mujeres de la invisibilidad de la economía agraria y de subsistencia. En las sociedades rurales tradicionales, el trabajo de la mujer en el campo o en el hogar rara vez es remunerado o reconocido; es considerado un deber. Además, en muchos de estos contextos, las mujeres jóvenes son vistas como una carga económica para sus familias, lo que fomenta prácticas como el matrimonio infantil o forzado.

La llegada de fábricas de textiles, ensambladoras de tecnología y otras industrias orientadas a la exportación cambió drásticamente esta ecuación, porque, por primera vez, millones de mujeres jóvenes tuvieron la oportunidad de ganar un salario independiente. Este sueldo, por modesto que parezca desde la comodidad del mundo desarrollado, representa un cambio monumental en la dinámica de poder. Como dice una frase popular: “quien paga, manda”, y una mujer que aporta ingresos en efectivo a su hogar adquiere, de inmediato, un mayor poder de negociación dentro de su familia.

Los estudios económicos y sociológicos muestran de manera consistente que cuando las mujeres acceden a trabajos asalariados gracias a la apertura comercial, las tasas de fecundidad disminuyen, la edad promedio para contraer matrimonio se retrasa y aumenta la inversión en la educación de las niñas. ¿Por qué? Porque las niñas dejan de ser vistas únicamente como futuras esposas y madres, y comienzan a ser valoradas como futuras productoras de ingresos. El comercio internacional, al crear demanda de mano de obra femenina, convierte a las mujeres en un activo económico valioso para sus familias y comunidades, alterando profundamente las normas culturales restrictivas.

La innovación del mercado y la liberación del tiempo

Con esto en mente, podemos decir entonces que la libertad no es solo un concepto abstracto o un derecho escrito en un papel, sino que requiere tiempo. Durante siglos, el tiempo de las mujeres estuvo casi enteramente consumido por las tareas domésticas: buscar agua, lavar la ropa a mano, cocinar con leña, limpiar y cuidar de los hijos; estas labores, físicamente extenuantes y que consumían todo el día, hacían imposible que la gran mayoría de las mujeres pensaran en la educación, la política o el desarrollo personal. Pero el libre mercado y la innovación tecnológica jugaron un papel en la emancipación de la gran mayoría de ellas —en donde hay libre mercado, evidentemente—.

El difunto médico y estadístico Hans Rosling solía decir que el invento más grande de la historia de la humanidad no fue el avión ni el microchip, sino la lavadora. Y tenía razón. El mercado libre, en su búsqueda constante por satisfacer las necesidades de los consumidores y generar ganancias, incentivó la creación y producción masiva de electrodomésticos; el agua corriente, las estufas de gas y eléctricas, los refrigeradores y las lavadoras liberaron miles de millones de horas de trabajo físico que recaían casi exclusivamente sobre los hombros de las mujeres. Lo que se conoce como “la tecnología del hogar”, impulsada por la competencia empresarial y el comercio masivo, permitió a las mujeres comprar su propio tiempo. De este modo, las horas que antes se pasaban en el río lavando ropa ahora podían invertirse en leer, estudiar, trabajar fuera del hogar o simplemente descansar. He aquí una verdad que le dolerá a todo estatista: ninguna ley gubernamental liberó tanto tiempo para las mujeres en el siglo XX como la proliferación de bienes de consumo asequibles creados por el mercado.

Además, el mercado libre fue fundamental en la provisión de otro elemento crucial para la libertad femenina, porque les dio el control sobre sus propios cuerpos, por cuanto se desarrollaron métodos anticonceptivos modernos, como la píldora, que fue impulsado, valga decirlo, en gran medida por la investigación financiada por capital privado y filántropos visionarios, respondiendo a una inmensa demanda. Entonces, la capacidad comercial de producir, distribuir y vender productos de higiene femenina y anticonceptivos a precios accesibles gracias al comercio global ha dado a las mujeres un control sin precedentes sobre su fertilidad y, por ende, sobre su destino económico y profesional.

Pero la cosa no acaba aquí…

Las mujeres y el emprendimiento

Tradicionalmente, las estructuras corporativas y gubernamentales han estado dominadas por los hombres, creando “clubes de Toby”[1] que dificultaban el ascenso de las mujeres. Ante esto, la respuesta del libre mercado fue ofrecer alternativas a las mujeres, dando la oportunidad de que ellas mismas emprendieran sus propios negocios —si no te permiten sentarte en la mesa, el mercado te da la libertad de construir la tuya propia—. Y esto podemos constatarlo en el mundo: a nivel mundial, el emprendimiento femenino está creciendo a un ritmo acelerado, pasando por vendedoras ambulantes en mercados emergentes y llegando hasta fundadoras de empresas tecnológicas en Silicon Valley, los mercados libres permiten a las mujeres crear sus propias empresas y, con ello, crear su propio poder económico, y todo sin necesitar del permiso de un jefe para vender un producto o servicio que los consumidores desean.

En pocas palabras, la democratización de la tecnología y las finanzas —producto directo de la competencia en el mercado libre— ha acelerado la tendencia de las mujeres a emprender y empoderarse. Las plataformas de comercio electrónico permiten a mujeres de zonas rurales vender sus artesanías o productos a clientes del otro lado del mundo; las innovaciones en Fintech y el microcrédito están permitiendo a millones de mujeres que antes estaban excluidas del sistema bancario tradicional acceder a capital inicial; cuando los mercados financieros se vuelven más competitivos y abiertos, los bancos y los prestamistas se ven obligados a buscar nuevos clientes, y las mujeres empresarias, que históricamente han demostrado ser excelentes pagadoras de créditos, se convierten en un objetivo principal; y así podemos seguir describiendo el acceso y las oportunidades que se le han abierto a las mujeres gracias al libre mercado.

La libertad económica como base de la libertad total

Es por esta razón que estimo que muchos de los debates que se llevan actualmente y giran en torno a la mujer carecen de sentido, o al menos no tienen un buen enfoque, porque, por ejemplo, el debate sobre la igualdad de género suele estar dominado por enfoques regulatorios —cuotas de género, leyes de igualdad salarial obligatoria o políticas de redistribución estatal—, y aunque estas herramientas políticas pueden tener su lugar y función dentro de una sociedad democrática para corregir ciertas cosas —habría que ver cómo implementar eso y si no atenta en contra de la libertad de otros—, se pierde de vista que, en el largo plazo, ninguna ley será tan efectiva para garantizar la libertad sostenida de las mujeres como la capacidad de generar, poseer y disponer de su propia riqueza.

La historia nos demuestra que la libertad política sin libertad económica es una ilusión. De poco sirve tener derecho al voto si no se tiene el derecho a poseer una propiedad, abrir una cuenta bancaria sin la firma del marido o iniciar un negocio. Las mujeres libres requieren de mercados libres porque los mercados descentralizan el poder.

El impacto de la competencia y el comercio en la vida de las mujeres ha sido, y sigue siendo, transformador. En el caso de la competencia, rompió el monopolio que los hombres tenían sobre las profesiones y los oficios; el comercio global conectó a las mujeres más marginadas con la cadena de valor mundial, dándoles por primera vez poder adquisitivo y voz en sus hogares; la innovación empresarial les devolvió el tiempo que les robaban las tareas domésticas y les brindó las herramientas médicas para ser dueñas de su tiempo y su cuerpo; y el emprendimiento les otorgó el cincel para esculpir su propio destino profesional.

Contrario a como sostienen las “feministas” que piden más intervención estatal para arremeter en contra de una “estructura patriarcal y capitalista”, con el fin de alcanzar “la igualdad” entre hombres y mujeres, no es el Estado quien empodera a las mujeres, más bien todo lo contrario, es el mercado. En el camino hacia la libertad y la “igualdad” —bien entendida, es decir: ante la ley—, el libre intercambio, la innovación y la competencia no son los enemigos, sino los aliados más poderosos que las mujeres han tenido en la historia de la civilización. La emancipación definitiva de la mujer no se logrará destruyendo el mercado, sino asegurándonos de que esté genuinamente abierto, sea verdaderamente competitivo y le permita a cada mujer participar en él, por fin, bajo sus propios términos.


[1] Expresión que describe a grupos cerrados de hombres que excluyen mujeres.

Carta Pública – Gratitud por su Lucha por la Libertad Venezolana y Solicitud de Audiencia Urgente

Por Leroy Garrett.

Estimado Senador Rick Scott:

Le escribo esta carta pública, que será publicada en contrapodernews.com, para expresar mi profundo agradecimiento por su incansable apoyo a la libertad en Venezuela. Su liderazgo en el Senado, como la resolución que honró el “Nuevo Día de Libertad” tras la captura de Maduro en enero de 2026, sus rallies con líderes venezolanos en Florida y proyectos de ley como el No Relief for Allies of Dictators Act, demuestran su compromiso con la democracia y contra el socialismo que ha destruido vidas. Gracias a aliados como usted, bajo el mandato del Presidente Trump, Venezuela ve esperanza después de años de opresión.

Permítame presentarle el “Holocausto Petrolero”: Somos los aproximadamente 23.000 sobrevivientes de la purga masiva en PDVSA durante 2002-2003 bajo Chávez. Fuimos despedidos injustamente, incluidos en la Lista Tascón para blacklistarnos, y privados de salarios, pensiones y derechos. Como representante pro se, lidero la lucha por justicia a través de litigios en cortes estadounidenses (como el caso Delaware 1:17-mc-00151), peticiones a OFAC y registro en la CIDH. Perseguimos reparaciones humanitarias de activos venezolanos congelados, reconocimiento oficial de estas violaciones y un fondo para las víctimas, priorizando el bienestar humano sobre intereses corporativos.

En nombre de nuestra comunidad, le pido disculpas por el desagravio cometido por ciertas personalidades de la oposición venezolana al no aceptar su invitación al Estado de la Unión. Fue una imprudencia e ingratitud imperdonable hacia un aliado como usted, quien ha defendido nuestra libertad con acciones concretas. Este acto refleja una desconexión que no representa a las verdaderas víctimas.

El Holocausto Petrolero, al igual que grandes sectores de la sociedad venezolana víctimas de transgresiones, ha sido ignorado por facciones de la oposición. Esto expresa colaboracionismo con el régimen, clientelismo electoral y evasión de soluciones reales a los grandes problemas de Venezuela, como la corrupción y la restauración de derechos humanos. En lugar de unir fuerzas por justicia, se priorizan agendas políticas que perpetúan el sufrimiento.

Añada la paradoja de PDVSA Ad Hoc: Liderada por figuras como Horacio Medina, un líder sindical vinculado a la masacre de 2002-2003, ignora el alcance humanitario de la Licencia General OFAC 7C, que debería salvaguardar activos para el pueblo venezolano, no solo para créditos comerciales. Sus abogados en PDVH han opuesto brutalmente en cortes (como la moción de reconsideración en D.I. 68, marzo 4, 2026) cualquier reconocimiento de alter-ego para reparaciones, contradiciendo el espíritu del Decreto Ejecutivo 14373 que protege ingresos petroleros para el bien del pueblo. Esto etiqueta nuestra evidencia como “meritless” mientras ignora violaciones a la CIDH y OIT, priorizando impunidad corporativa sobre el bienestar humano – una contradicción que urge corregir para alinear con la política estadounidense de accountability.

Senador Scott, su sensibilidad por la libertad y la justicia nos inspira. Le solicito una audiencia lo antes posible para discutir cómo integrar las reparaciones para estas víctimas en la transición venezolana, utilizando los activos bajo control estadounidense. Su guía podría ser transformadora.

Agradezco su atención y liderazgo. Estoy disponible para dialogar.

Atentamente, Dr. Leroy A. Garrett, Representante del Holocausto Petrolero (X: @LeroGarrett). Teléfono: 832-652-7912.

El Estado de la Unión y el deporte inútil de descifrar a Trump

Orlando Fuenmayor S., escritor venezolano. (X: @orlandojosefs)

(…) Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo.”

Orlando Fuenmayor

Hay un error casi cultural en el análisis político venezolano: creemos que todo es ajedrez. Que cada discurso es una jugada milimétrica. Que cada silencio es una señal cifrada, y que, si interpretamos bien el mensaje del presidente de Estados Unidos en el Estado de la Unión, podremos anticipar el destino de Venezuela. Con Donald Trump, eso es perder el tiempo.

No porque no tenga estrategia. La tiene. Pero no es lineal, institucional ni académica. Es manejo de conflicto. Es administración del caos. Es narrativa por encima de estructura. Quien intente analizar la transición venezolana como si Trump fuera un ejecutor predecible, con hoja de ruta pública y coherente, está leyendo el mapa equivocado.

Lo ocurrido en el Estado de la Unión no fue un anuncio formal de política exterior hacia Venezuela. Fue algo más simple y revelador: símbolos, Gestos, y Escenografía. La aparición de Enrique Márquez como figura destacada no fue casualidad. Fue mensaje. En la política de Trump, la puesta en escena importa tanto como la sustancia. Y cuando alguien ocupa ese espacio, es porque está siendo útil dentro del relato que se quiere proyectar.

Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo. Este mismo mes, en Nueva York, durante el llamado Board of Peace —una cumbre vinculada a liderazgos y reconocimientos internacionales en materia de paz— tampoco estuvo como figura central. Y estamos hablando de una Premio Nobel.

Eso no es descuido protocolar. Es lectura de poder. Cuando alguien con ese nivel de reconocimiento internacional queda fuera de espacios donde naturalmente debería estar, el mensaje es claro: no está siendo considerada pieza clave en la arquitectura que otros están construyendo.

Trump no opera bajo el esquema sentimental de “quién ha luchado más”. Opera bajo el cálculo de “quién es funcional a mi narrativa en este momento”. Y hoy, claramente, la narrativa no gira alrededor de ella, y muchos venezolanos se angustian intentando descifrar qué significa eso —que si es traición, si es estrategia secreta, si es abandono—. Pero analizar a Trump como si fuera un diplomático europeo es como estudiar un huracán con manual de brisa tropical. No funciona así.

Mientras tanto, la transición venezolana no depende de lo que se diga en Washington. Depende de lo que ocurre en el terreno. Los movimientos internos en la administración de Delcy Rodríguez —despidos, reacomodos, fracturas— no son teoría. Son síntomas de reconfiguración de poder. El cese del fiscal general Tarek William Saab no es un rumor de redes, sino una señal institucional.

Asimismo, las liberaciones de presos políticos no son discurso: son personas saliendo de celdas. Y todo esto ocurre a casi dos meses de la intervención, captura y encarcelamiento de Nicolás Maduro. Ese hecho cambió el tablero. Lo demás son movimientos posteriores a una sacudida histórica.

  • ¿Está todo resuelto? No.
  • ¿Está clara la nueva arquitectura de poder? Tampoco.
  • ¿Hay improvisación y luchas internas? Por supuesto.

Pero hay avance. Un avance imperfecto, contradictorio, sin épica romántica. Y eso desespera a quienes quieren una narrativa limpia, heroica y alineada con sus expectativas ideológicas.

La realidad no funciona así. Trump puede confundir, distraer y lanzar mensajes cruzados. Puede llamar “presidente” a quien le convenga en el momento preciso. Puede cambiar el foco mediático en minutos. Puede dejar fuera a quien ayer parecía imprescindible. Pero eso no significa que el proceso venezolano esté paralizado, sino que la política estadounidense responde a intereses estadounidenses. Venezuela puede estar en el radar, pero no es el centro del universo de Washington.

Por eso el foco no puede estar en interpretar gestos teatrales en el Capitolio ni en cumbres donde se reparten fotos y aplausos. El foco tiene que estar en los cambios estructurales dentro del país: qué instituciones se transforman; qué actores ganan terreno; qué sectores económicos se mueven; qué acuerdos se construyen —o se rompen— tras bastidores.

El futuro inmediato no es completamente claro. Nadie serio puede afirmarlo. Pero sí es evidente que hay movimiento. Y en política, movimiento es poder en transición. Caer en la desesperación es fácil. Convertir cada gesto internacional en una profecía es tentador. Pero el análisis sobrio exige observar hechos, no emociones.

No intenten entender a Trump como si fuera un tratado académico. Evalúen lo que hace. Y, sobre todo, evalúen lo que ocurre en Venezuela más allá de él. Porque el destino del país no lo definirá un discurso anual en Washington, ni una cumbre elegante en Nueva York. Lo definirá la consolidación —o no— de los cambios que ya están en marcha.

Y esos cambios, con todos sus defectos, están ocurriendo.

La visita en la historia: URD

Por Leroy Garret (@lerogarrett).

En el ajedrez geopolítico del hemisferio, Estados Unidos ha mirado siempre a Venezuela con una mezcla de paternalismo y recelo, especialmente cuando la oposición interna, por popular que sea, se muestra como un caballo desbocado incapaz de galopar hacia la estabilidad. ¿De dónde viene esta aversión crónica a las oposiciones venezolanas hoy por hoy? No es un capricho reciente de la era Trump, sino un patrón forjado en el fuego de la fragilidad política caribeña. Recordemos: la Venezuela pre-petrolera del siglo XX era un polvorín de caos, con caudillos y revueltas que invitaban a intervenciones foráneas. En 1902-1903, el bloqueo naval de Gran Bretaña, Alemania e Italia a las costas venezolanas por deudas impagas alarmó a Washington. 

Theodore Roosevelt, blandiendo la Doctrina Monroe, rechazó la agresión europea no solo por ayudar al “vecino débil”, sino para afirmar que América era ya antes de la primera guerra mundial su zona de influencia. Nada de aventuras imperiales como la de Napoleón III en México en los 1860s. El mensaje fue claro: fragilidad política equivale a caos, pero no a suelo fértil para posesiones de ningún índole, el principio se mantiene, es geopolítica del poder, es realpolitik punto.

No es la primera vez que una oposición, o fracciones de ella, es descartada como “no apta” para el poder, pese a su arrastre popular. 

Ahí está el caso paradigmático de la Unión Republicana Democrática (URD), el partido de Jovito Villalba, que en los 1950s y 1960s encarnó las luces y sombras de un movimiento que Washington vio como un factor conveniente… hasta que dejó de serlo. Pero antes de sumergirnos en ese episodio, hagamos un paréntesis con la oposición actual, cuya caída en desgracia puede resumirse en un rosario de pecados: colaboracionismo con el régimen chavista, silencio ante la invasión cubana y ausencia de un plan real para desmantelarla, apego masoquista a elecciones fraudulentas, popularidad efímera sin músculo para gobernar, y declaraciones tragicómicas como tildar a Chevron de “organización terrorista”. Estos errores la han convertido en un serio inconveniente para la transición post-Maduro, marginada por una Casa Blanca que prefiere negociar con el chavismo “exorcizado” de Delcy Rodríguez.

Los Archivos Nacionales de Estados Unidos, a través de documentos desclasificados en Foreign Relations of the United States (FRUS) y el Reading Room de la CIA, pintan un retrato detallado de la URD y sus riesgos para la democracia venezolana de entonces. Desglosémoslo en tres lentes clave, como se recoge en estos registros:

1.  Legitimidad democrática vs. Estabilidad: En 1952, la URD arrasó en las elecciones a la Asamblea Constituyente, reflejando el rechazo masivo a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Washington lo reconoció como una fuerza popular legítima, pero priorizó relaciones cálidas con el dictador por “imperativos estratégicos” como el petróleo. URD era visto como un catalizador de cambio, pero uno que no podía ignorarse eternamente sin arriesgar estabilidad.

2.  El comodín “amorfo”: Cables diplomáticos describen a URD como menos rígida ideológicamente que sus pares (como AD o COPEI), lo que la hacía “conveniente” para forjar el Pacto de Punto Fijo en 1958, una coalición que garantizaba una transición estable a la democracia. Sin embargo, esa naturaleza “amorfa” la volvía impredecible: un aliado táctico, pero con potencial para desequilibrar el tablero.

3.  La fricción de 1960: Aquí llegó el quiebre. Documentos de la CIA revelan que, al romper con la coalición gubernamental a finales de 1960, la URD viró hacia elementos radicales, aliándose con facciones castristas y comunistas para obstruir programas del gobierno de Rómulo Betancourt. Inteligencia americana la etiquetó como amenaza a la “reforma evolutiva” que EE.UU. favorecía, un eufemismo para cambios controlados que preservaran intereses petroleros y anticomunistas.

Esta evaluación se confirmó con figuras como José Vicente Rangel y Fabricio Ojeda, militantes URD que actuaron como informantes de Fidel Castro, traicionando la patria. Ojeda, héroe de la Junta Patriótica contra Pérez Jiménez, murió prematuramente en la guerrilla; Rangel, un Richelieu tropical, maniobró con astucia hasta clavarle la daga a la república, facilitando el ascenso y control absoluto del chavismo décadas después.

Ahora, comparemos con la oposición actual. Jovito Villalba y María Corina Machado comparten un aura mesiánica: líderes carismáticos, populares en sus épocas, pero no jefes de Estado materializados. Villalba, con su oratoria incendiaria, galvanizó masas contra la dictadura, pero su sectarismo interno diluyó la URD en divisiones ideológicas. Machado, Nobel de la Paz 2025, arrasó en primarias opositoras con 93% en 2023, pero su radicalismo (denuncias a ultranza, alianzas volátiles) la ha hecho impredecible para Washington. Trump la descartó públicamente: “No tiene apoyo ni respeto en el país”, optando por la estabilidad del chavismo tramitante. El factor sectarismo persiste: como la URD se escindió por radicales, la oposición actual se fragmenta entre Machado y colaboradores como Henrique Capriles, diluyendo fuerza colectiva.

 La apreciación norteamericana es idéntica: conveniente para presionar, pero inconveniente para gobernar, un “wildcard” que amenaza la reforma controlada.

En resumen, la “visita” de la historia a la URD nos recuerda que popularidad no basta; se necesita pragmatismo para navegar el escrutinio de la diplomacia de Washington. Hoy, con Maduro capturado y Rodríguez al timón, la oposición repite el guion: mesiánica pero ineficaz, indefinida y subordinada, sectaria y marginada. Si no aprende de Villalba, quedará en Narnia, mientras el poder real muda de piel bajo la la tutela sin precedentes de nuestra nación hermana. Verdades veredes, Sancho amigo: la fragilidad sigue siendo caos, y  para Washington se acabó el bochinche.

El concepto de estado Pivote: el caso de India.

Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.

… la aplicación más pura del realismo es cuando el Estado solo busca maximizar su poder relativo en un sistema anárquico.

Andrea Peña

A estas alturas de febrero de 2026, India encaja con precisión quirúrgica en la definición de Estado Pivote, que refiere a aquel cuya orientación es capaz de modificar sustancialmente el equilibrio de poder global. ¿Por qué señalo esto? Por varias razones:

Autonomía Estratégica: a diferencia de otros aliados, Nueva Delhi mantiene una política de «alineación múltiple». ¿Cómo se traduce esto? India participa simultáneamente en el QUAD (mecanismo de contención de China) y en los BRICS+ (mecanismo de reforma del orden financiero occidental). Esta bivalencia le otorga una capacidad de maniobra que Pekín no puede neutralizar sin arriesgar un aislamiento total.

La Tensión en la LAC (Línea de Control Actual): siguiendo la visión realista de Benavides sobre la inevitabilidad del conflicto en zonas de influencia, la frontera del Himalaya se ha transformado en un laboratorio de guerra electrónica y monitoreo satelital. No es solo tierra; es la demostración de que India posee la masa crítica para decir «no» a la hegemonía China. Ya nadie puede llamar a engaño, porque la arquitectura de seguridad en Asia es un ejemplo de libro sobre la anarquía del sistema internacional. Como bien argumentaba Kenneth Waltz, en un sistema donde no hay un gobierno global, los Estados deben ayudarse a sí mismos (self-help) para garantizar su supervivencia. India ha entendido esta lección a la perfección.

Nueva Delhi ya no es un actor pasivo; es el Estado Pivote que, por su ubicación y potencial, tiene la capacidad de inclinar la balanza entre Washington y Pekín.

Si aplicamos la tesis de John Mearsheimer, las grandes potencias nunca están satisfechas con la cantidad de poder que poseen; siempre buscan la hegemonía regional para asegurarse de que nadie pueda amenazarlas. China está siguiendo este guion al pie de la letra. Sin embargo, India ha respondido no con palabras, sino con una acumulación de capacidades militares que busca generar un equilibrio de poder.

El dilema de seguridad en el Himalaya: cada carretera que China construye en la frontera es vista por India como una amenaza existencial, lo que la obliga a responder con su propia infraestructura. Es el ciclo infinito del realismo: la búsqueda de seguridad de uno aumenta la inseguridad del otro.

Geoeconomía: El Poder como Recurso Relativo

En el realismo, no importa cuánto crezcas, sino cuánto creces en comparación con tu rival (ganancias relativas). En este sentido, mientras China enfrenta un estancamiento estructural, India proyecta una expansión del PIB que le permite modernizar su arsenal. Para Hans Morgenthau, el poder nacional es la suma de la capacidad industrial y la voluntad política. E India hoy tiene ambas.

Además, la India ha incentivado la manufactura local y reducido la dependencia de componentes chinos, porque Nueva Delhi está aplicando una estrategia de realismo defensivo, a saber, reducir la vulnerabilidad externa para proteger la soberanía interna.

El Gran Tablero Mundial de Brzezinski

No nos equivoquemos, el pragmatismo de Nueva Delhi este año no es fruto del azar. Es una aplicación meticulosa del realismo político. India no busca ser el aliado de nadie, busca ser el polo necesario para todos. En un mundo que Waltz describiría como multipolar y peligroso, India ha decidido que su mejor defensa es ser el actor que nadie se puede permitir perder.

Geoeconómica del Desacople (Decoupling) y Seguridad Nacional

Asimismo, el aspecto económico ha pasado de ser un puente de diálogo a un arma de disuasión. El 2026 marca el punto de no retorno en la estrategia de diversificación de riesgos globales.

En este sentido, debemos tener en cuenta la reconfiguración de Cadenas de Suministro: el fenómeno «China Plus One» ha mutado en una política de Estado denominada Atmanirbhar Bharat (India autosuficiente). La transferencia de manufactura de alta complejidad especialmente en hardware de defensa y telecomunicaciones, desde Guangdong hacia centros como Hyderabad y Pune ha generado una asimetría económica que debilita la capacidad de presión de Pekín.

Quizás, y solo quizás, la estabilidad del 2026 no dependa de un tratado de paz, sino de la parálisis mutua generada por la interdependencia competitiva. Es un juego de espejos, en esencia, la aplicación más pura del realismo es cuando el Estado solo busca maximizar su poder relativo en un sistema anárquico.


Referencias Bibliográficas

  • Benavides Munera, L. M. (2015). Conflicto Ucraniano: Análisis Geopolítico desde una Visión Realista. – (Fundamental para la aplicación del realismo estructural).
  • Brzezinski, Z. (1997). El Gran Tablero Mundial. Citado en: Hacia una nueva estrategia: Los Estados Pivotes.
  • Mearsheimer, J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. (Referencia para el análisis de la hegemonía regional de China).
  • Waltz, K. (1979). Theory of International Politics. (Base para el concepto de anarquía y autoayuda estatal).
  • Secretaría de Análisis Estratégico (2025). Hacia una nueva estrategia: Los Estados Pivotes.