Esta semana, la noticia del día gira en torno a un reportaje de un medio neoyorquino que asegura que el presidente de EE. UU., Donald Trump, recurre de manera reiterada a la amenaza del posible regreso de María Corina Machado (MCM) a Venezuela cada vez que Delcy Rodríguez intenta actuar de forma independiente o apartarse de los lineamientos dictados por la Casa Blanca. De acuerdo con lo reflejado en dicho reporte, las advertencias de Washington no se centran en la apertura de nuevas investigaciones ni en la reactivación de los expedientes judiciales vigentes por narcotráfico contra la funcionaria, sino específicamente en facilitar el retorno de MCM al país. Asimismo, la publicación señala que, en las oportunidades en las que Machado habría estado lista para regresar al país, ha sido la propia Delcy Rodríguez quien ha ejecutado todas las acciones necesarias para impedirlo.
Aunque el origen y la veracidad absoluta del reporte deben tomarse con reserva por tratarse de filtraciones de prensa, se analiza que la dinámica descrita resulta verosímil dado el estilo político de quien se encuentra en la Casa Blanca. No obstante, no se descarta que estas interacciones respondan a un tono de ironía, bromas o sarcasmo entre las partes, en consonancia con reportes previos de medios como The New York Times sobre intercambios informales y envío de fotografías entre funcionarios chavistas y representantes de Washington.
En cuanto al impacto sustancial del eventual retorno de Machado, se cuestiona qué alcance real o poder de maniobra mantendría en la práctica más allá del revuelo mediático, recordando las narrativas construidas en torno a su salida del país —que incluyeron versiones sobre misiones especiales de la CIA, costillas rotas, piernas gangrenadas, pérdida de cabello y auxilio de guerrillas colombianas— y planteando que, de poseer dicho poder, por qué continúa esperando para actuar.
En contraposición, se evalúa la postura del régimen, el cual rechaza su ingreso no por percibir una amenaza inminente, sino como una demostración de autoridad e imposición territorial («no me da la gana»), aunque supeditada a las presiones directas de EE. UU., tal como ocurrió en episodios previos donde voceros del chavismo debieron rectificar anuncios electorales —como Diosdado Cabello o quienes negaban futuros procesos— tras instrucciones expresas de Washington para designar nuevos poderes comiciales e institucionales.









