Por Antonio Semprun, coronel de la Guardia Nacional en el exilio.
La afirmación en boca de un alto funcionario de los Estados Unidos, de que Venezuela es un país seguro, seria real si esa sensación de seguridad se le brindara y la percibieran los venezolanos, si la democracia como sistema de gobierno no estuviera pisoteada y si se respetaran los derechos humanos.
La organización criminal que tiene secuestrado el poder en Venezuela la hace un país seguro en este momento para la delincuencia, para el narcotráfico, para la guerrilla colombiana, y ante esa realidad es obligado hacerse una pregunta: ¿Por qué un país que debe ser garante de seguridad en todos los ámbitos ve a Venezuela como un país seguro?
Afirmar que Venezuela es un país seguro sigue poniendo en riesgo el derecho a la vida y el respeto a los derechos humanos, Venezuela está gobernada por un personaje sobre quien el Departamento de Estado ofreció una recompensa de quince millones de dólares por “narcotrafico” y puso en búsqueda a otros miembros de su cúpula.
Si Venezuela fuera un país seguro, Estados Unidos no estaría recibiendo un porcentaje importante de venezolanos que han emigrado de su país en busca de una mejor calidad de vida y de Seguridad Social.
Un país seguro no motiva el éxodo inédito venezolano en el continente suramericano, la manera como muchos de esos venezolanos han intentado ingresar a Estados Unidos no es la correcta, sobre todo porque existen dos motivaciones: (i) la que obliga la búsqueda de un mejor futuro —y para eso se debe acatar estrictamente las leyes que rigen el país elegido—; (ii) y la promovida por una agenda oculta financiada por intereses oscuros que transgrede e irrespeta el ordenamiento jurídico del país seleccionando.









