Netanyahu afirma que abordará con Trump la situación en Irán y defenderá la seguridad y futuro de Israel

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha afirmado este lunes que abordará con el presidente de EE. UU., Donald Trump, la situación en Irán y defenderá la seguridad y futuro de Israel cuando ambos se reúnan en la Casa Blanca este martes, en una visita oficial que tendrá lugar en el país norteaméricano.

«Me dirijo a Washington para reunirme con nuestro amigo, el presidente Donald Trump. Esta es mi octava reunión con él desde que fue elegido presidente para su segundo mandato, más que con cualquier otro líder internacional. Es un gran privilegio, pero también una gran responsabilidad», ha asegurado Netanyahu en declaraciones antes de embarcar.

El dirigente israelí ha llamado a actuar «con gran determinación y gran sabiduría» ante el escenario internacional tan volátil, cuando el conflicto en Oriente Próximo ha vuelto a escalar militarmente en las últimas semanas debido a la gestión del paso de Ormuz.

«Debatiremos todos los temas de la agenda, en primer lugar, Irán. Naturalmente, nuestro objetivo es salvaguardar nuestra seguridad y también ampliar el círculo de paz a nuestro alrededor», ha indicado.

En este sentido, ha recalcado que el «objetivo claro» del viaje es «garantizar la seguridad, la fortaleza y el futuro de nuestro querido Estado de Israel».

Cabe recordar que, a principios de junio, mientras Washington negociaba con Teherán un acuerdo para poner fin a las hostilidades, Trump reconoció un cruce verbal con el primer ministro israelí, al que llegó a llamar «puto loco». De todos modos, Trump restó hierro al incidente, en plenas tensiones por la ofensiva israelí en Líbano que amenazaba con descarrilar las negociaciones sobre la situación en Oriente Próximo.

Netanyahu viaja para participar en el funeral del senador Lindsey Graham, al que ha descrito como «uno de los mejores amigos que el Estado de Israel ha tenido jamás», exequias que reunirán a dirigentes mundiales como el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski.

La Casa Blanca anuncia un plan para erradicar la «ideología marxista» de la gran institución cultural Smithsonian

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha anunciado este domingo el comienzo de una iniciativa para eliminar todo rastro de «ideología marxista» de las decenas de museos, bibliotecas y fondos educativos que forman la Institución Smithsonian en una nueva batalla de la «guerra cultural» que ha declarado durante su segundo mandato contra las ideas socialistas que imparten las instituciones educativas del país.

Trump se ha amparado para ello en informe del Consejo de Política Nacional, el histórico grupo de estudios evangelista y conservador creado durante la era Reagan en los años 80, que denuncia a las autoridades del Smithsonian por convertirse en baluartes de un «activismo político extremo enraizado en el marxismo con la intención de dividir y desanimar a los americanos».

Trump ha declarado una orden ejecutiva que instruye al director de la Oficina de Administración y Presupuesto, el también nacionalista Russell Vought, a que «reestablezca la confianza en la Institución Smithsonian, utilizando todas las facultades disponibles para alentarla a corregir los problemas detectados y a cumplir con las leyes vigentes, los requisitos de financiación y las condiciones contractuales».

Por orden de Trump, los museos del Smithsonian deberán incluir un aviso en el que informarán a sus visitantes de las conclusiones del informe como paso previo a la instalación de «exhibiciones temporales dedicadas a corregir información inexacta».

«El presidente Trump está comprometido a garantizar que la historia estadounidense se celebre con precisión, imparcialidad y orgullo, honrando el notable progreso, la libertad y el ingenio que definen a nuestra gran nación», añade el comunicado de la Casa Blanca.

Trump anuncia la gran autopista que conectará Marruecos con la zona ocupada del Sáhara Occidental

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha anunciado este domingo el proyecto de la gran autopista que llevará su nombre y que conectará las localidades de Tiznit y Dajla, esta última en la zona ocupada del Sáhara Occidental.

La antigua colonia española fue ocupada por Marruecos en 1975 pese a la resistencia del Frente Polisario, con quien se mantuvo en guerra hasta 1991, cuando ambas partes firmaron un alto el fuego con vistas a la celebración de un referéndum de autodeterminación. Las diferencias sobre la elaboración del censo y la inclusión o no de colonos marroquíes ha impedido hasta el momento su convocatoria.

El último revés para el pueblo saharaui fue el apoyo de los gobiernos español y francés al plan de autonomía marroquí, un cambio de postura calificado de traición por el Frente Polisario, que recuerda además que España es aún ‘de iure’ la potencia administradora del Sáhara Occidental.

Trump ha sido un acérrimo defensor del plan marroquí desde que reconoció la soberanía de Rabat a finales de 2020, poco antes del final de su primer mandato, sobre Sáhara Occidental.

La autopista, presupuestada en unos USD$ 1000 millones, recorrerá unos 1.000 kilómetros de poblaciones costeras, entre ellas El Aaiún, también en la zona del Sáhara Occidental controlada por Marruecos. El extremo sur de la autopista, en Dajla, alcanzará el macroproyecto en construcción del Puerto Atlántico de la ciudad, cuya entrada en funcionamiento está prevista para 2028.

En su mensaje, Trump ha terminado agradeciendo al rey de Marruecos, «Gracias al muy respetado Mohamed VI, rey de Marruecos. Qué gran honor. Espero poder recorrer toda esta gran carretera algún día. Espero que sea pronto», ha concluido.

Corea del Sur anima a EE. UU. a llevar «más allá» sus relaciones con el foco en la tecnología y la innovación

El presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, ha animado este sábado al Gobierno de Estados Unidos a llevar sus relaciones bilaterales «más allá» de su histórica alianza a través de la ampliación en materias de cooperación tecnológica, innovación y empresas emergentes.

«Corea del Sur y EE. UU. deben ampliar el alcance de su cooperación más allá de la prolongada alianza en materia de seguridad para incluir la tecnología, la innovación y las empresas emergentes», ha afirmado Lee durante una reunión con inversores en Silicon Valley, el epicentro global de la innovación tecnológica ubicado en el suroeste de EE. UU.

El mandatario surcoreano ha subrayado durante su intervención que la alianza entre el capital de riesgo estadounidense y la capacidad tecnológica y manufacturera de Corea del Sur permitiría crear «nuevos innovadores de talla mundial» que liderarían el mercado global, al nivel de gigantes de los semiconductores como ‘Samsung Electronics’ y ‘SK hynix’, ambas empresas surcoreanas.

En este sentido, Lee ha defendido que la combinación de las startups del país asiático con el mercado norteamericano —sumado a la integración de los inversores estadounidenses en el ecosistema surcoreano de talento e innovación— consolidaría a ambas naciones como «socios en innovación» capaces de moldear las próximas tres décadas.

Asimismo, el mandatario se ha comprometido a reformar el sistema de visados para atraer talento internacional al sector de las startups, además de tender puentes entre empresas, centros de investigación e inversores tanto nacionales y extranjeros.

Lee ha destacado que la alianza entre la innovación surcoreana y el capital de riesgo estadounidense generaría «nuevas oportunidades de crecimiento», definiendo esta sinergia como «el modelo de innovación más exitoso». En esta línea, prometió respaldar la expansión internacional de las empresas emergentes mediante su conexión con fondos de inversión públicos y privados.

El presidente de Corea del Sur continúa su gira veraniega y en los próximos días visitará Brasil, Argentina y Chile tras haber renunciado a sus vacaciones.

Venezuela: entre las Islas y el Plan Marshall

Por Leroy Garrett.

El régimen de relación entre Estados Unidos y la República de las Islas Marshall se sustenta en un Pacto de Libre Asociación (COFA) firmado en 1983 y vigente desde 1986. Bajo este acuerdo, las Islas Marshall son un Estado soberano e independiente, con gobierno propio, presidente, constitución y asiento en la ONU. Sin embargo, ceden a Washington la autoridad total sobre su defensa y seguridad a cambio de asistencia económica periódica, derechos migratorios amplios (viaje, residencia, estudio y trabajo en Estados Unidos sin visa) y la posibilidad de enrolarse en las Fuerzas Armadas estadounidenses. El pacto también incluye compensaciones históricas por las pruebas nucleares realizadas en Bikini y Enewetak entre 1946 y 1958, y garantiza a Estados Unidos el uso estratégico de instalaciones como el atolón de Kwajalein.

Este modelo de soberanía condicionada no es una anomalía. Es una de las formas más claras en que Washington ha estructurado relaciones de poder con territorios de alto valor estratégico.

El Plan Marshall, por su parte, fue el instrumento visionario que, entre 1948 y 1952, reconstruyó la Europa occidental devastada por la guerra. No fue solo dinero. Fue un vehículo de contención del comunismo y de restablecimiento de prosperidad y libertades públicas. Contó con un liderazgo político efectivo y responsable: Clement Attlee y Ernest Bevin en el Reino Unido, Vincent Auriol, Georges Bidault y Robert Schuman en Francia, Konrad Adenauer en la naciente República Federal Alemana, Alcide De Gasperi en Italia, Paul-Henri Spaak en Bélgica, entre otros. Tras haber pulverizado el fascismo, estos hombres asumieron la tarea de reconstruir sin el lastre de las viejas élites derrotadas ni el contagio de las fuerzas que amenazaban desde el Este.

Venezuela, hoy, se encuentra en una encrucijada análoga, aunque con una diferencia decisiva: produce el petróleo suficiente para autofinanciar su propio Plan Marshall. No necesita limosnas. Necesita algo que no tiene: un equipo de conducción nacional incuestionable, ajeno al cáncer politiquero que ha destruido al país durante un cuarto de siglo.

La cuestión venezolana demanda la atención de Washington no por caridad, sino por interés estratégico. Venezuela es un enclave de suministro de petróleo al cual Estados Unidos no estará dispuesto a ceder ni a dejar nacionalizar o intervenir por rivales globales nunca más. 

Acerca de no volver a ser el país libérrimo que fuimos hasta 1999, ese es el precio que los venezolanos pagamos por el chavismo.

La oportunidad de una independencia absoluta fuera del chavismo fue asfixiada por la vergüenza llamada interinato. Ese experimento, que pretendió ser transición y terminó siendo una prolongación de la crisis, demostró que la oposición tradicional no estaba preparada para gobernar ni para romper de verdad con el sistema que decía combatir.

Sería un gesto de buena voluntad por parte de los Estados Unidos —y de realismo estratégico— que el Departamento de Estado descartara tanto a la oposición colaboracionista como al chavismo residual, y promoviera la selección de un equipo de dirigentes comprometidos con la reconstrucción, inicialmente sostenidos, si fuera necesario, por el poder estadounidense. Cualquiera sea el modelo de asociación que luego impere —COFA, protectorad de facto, o un arreglo más sofisticado—, la selección de ese liderazgo no es una decisión exclusivamente venezolana. Y no necesita serlo.

Lo que Venezuela requiere no es otra ronda de negociaciones entre los mismos actores que han fracasado. Requiere un equipo de conducción nacional ajeno a los bandos, con autoridad real y con el respaldo suficiente para imponer el orden mínimo sin el cual ninguna reconstrucción intentada será viable.

De ser así, enhorabuena.