Mario Silva ha sido señalado nuevamente como el Borrego de la semana en ContraPoder News, pues, tras años de ser una pieza fundamental del sistema, Silva se encuentra ahora en una posición de vulnerabilidad en donde se queja de forma constante en público sobre su situación actual dentro de la estructura chavista, lo cual ha generado muchas críticas y hacen que se le pueda calificar, también, como un llorón.
Silva denuncia actualmente ser víctima de una persecución por parte de la gestión interina, la cual lo ha dejado sin guardaespaldas y lo ha etiquetado formalmente como un «enemigo». Además, lamenta que se le haya quitado su programa o que se le hayan disminuido sus horas de transmisión, una situación que contrasta con el poder que ostentaba anteriormente.
En este marco, es bueno señalar la hipocresía de Silva, pues requiere de escoltas en un país que él mismo promocionaba como un lugar de paz y alegría. Pero ahora su caída en desgracia se puede comparar con la de otros antiguos aliados del sistema como Gorrín, Alex Saab y Ruperti.
Indudablemente, Silva está cosechando lo que sembró durante años, como fiel servidor del narcorégimen, tras una trayectoria marcada por el uso de los medios de comunicación para fines delictivos:
- Uso de «La Hojilla»: durante los años de Hugo Chávez y los inicios de Nicolás Maduro, utilizó su programa para vilipendiar, acusar y descalificar a cualquier ciudadano por el simple hecho de no estar de acuerdo con la revolución.
- Extorsión: se le señala directamente por haber utilizado los medios para extorsionar a las personas, una práctica que, según el análisis, comparten diversos elementos de ambos bandos políticos.
- Lavado de cara: funcionó durante años como un promotor de propaganda encargado de «lavarle la cara» a la persecución sistemática del régimen.
Si bien, a pesar de sus robos y extorsiones durante su tiempo de mayor influencia, existen dudas sobre si a Silva le queda capital para costear su propia seguridad ahora que el Estado le ha retirado el apoyo. Todo ello a razón de la riña personal entre facciones similares a cárteles de droga enfrentados, luego de los eventos del 3 de enero.








