“Venceréis, pero no convenceréis”: una historia de otro 12 de octubre

Por Luis Torrealba, Coordinador Nacional de EsLibertad Nicaragua.

Hay historias trascienden el tiempo, marcando un antes y un después en la conciencia social. Son relatos de hombres y mujeres comunes que, en momentos extraordinarios, realizan actos que inspiran a generaciones. En la convulsa España de 1936, un talante así se hizo patente en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, donde el rector Don Miguel de Unamuno protagonizó un acto de valentía que merece ser recordado en estos extraños y autoritarios días de la posverdad.

Unamuno, figura emblemática de la Generación del 98 y pilar del pensamiento español del siglo XX, encarnó la angustia existencial de su época. Su filosofía, aunque no sistematizada, resonó en las mentes de muchos, convirtiéndolo en un referente intelectual. Sin embargo, fue en su papel de rector donde demostró una valentía inquebrantable, enfrentándose a las fuerzas del totalitarismo que amenazaban con sumir a España en la barbarie.

Definir a Unamuno como de derechas o de izquierdas resulta complicado. Más bien, fue un viejo profesor que se resistió a ver corrompido el templo de la inteligencia. Su vida fue un constante acto de inconformismo, guiado por la filosofía de vivir según su propio criterio. Un individualista en acción y pensamiento, se opuso a la monarquía, se enfrentó a los Borbones y a los militares. Esta postura le costó el destierro a Fuerteventura durante la dictadura de Primo de Rivera.

Aunque fue considerado uno de los padres de la II República española, su desencanto con el régimen lo llevó a rebelarse contra ella cuando se acomodó en el poder. No pudo alinearse con la República debido a sus excesos, ni con los franquistas por su naturaleza totalitaria. Don Miguel nunca soportó vivir bajo un pensamiento único.

Su destitución como rector vitalicio de la Universidad de Salamanca por parte de los republicanos, quienes lo acusaron de “traidor y fascista” tras su apoyo inicial al golpe militar, es un claro ejemplo de su compleja relación con el poder. Aunque fue reinstalado brevemente, pronto fue destituido nuevamente, esta vez por ser considerado un “alborotador de conciencias” tras su famoso discurso en el paraninfo de la Universidad de Salamanca.

Hoy en día, aún no está claro lo que realmente dijo Unamuno desde el Paraninfo, así como la autenticidad de la famosa frase “Venceréis, pero no convenceréis”. Investigaciones recientes sugieren que el discurso del rector no siguió el mismo orden que el que popularmente se conoce. No obstante, lo que realmente importa no son las palabras exactas que pronunció en respuesta a las provocaciones del general Millán-Astray, sino el símbolo, el mito y la esencia de su mensaje, que, trágicamente, rara vez ha encontrado eco entre nosotros. En medio de todas sus contradicciones, el 12 de octubre de 1936, Don Miguel de Unamuno se destacó como un ejemplo de valentía poco frecuente entre nuestros intelectuales. Convirtiéndose un modelo a seguir en la lucha por la libertad.

Es fundamental recordar, hoy más que nunca, especialmente en nuestra América Hispánica, que ha sufrido tanto a manos de sus penosos gobernantes, la gallardía de aquel viejo rector. Unamuno nunca se mostró indiferente frente a las injusticias de lo que él mismo calificó como una guerra incivil.

El 12 de octubre de hace 88 años, durante la celebración de la Fiesta de la Hispanidad, tuvo lugar una gran ceremonia en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Estaban presentes el obispo de Salamanca, el gobernador civil, y doña Carmen Polo, esposa del general Franco. También se encontraba el general Millán-Astray, conocido como «el novio de la muerte». En la presidencia, Don Miguel de Unamuno, recientemente renovado en su cargo como rector.

Tras la bienvenida formal, el general Millán-Astray lanzó un ataque feroz en su discurso contra Cataluña y las provincias vascas, describiéndolas como “cánceres en el cuerpo de la nación”. Afirmó que “el fascismo, que es el sanador de España, sabrá cómo exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos”. Desde el fondo del paraninfo, alguien gritó el lema del general: “¡Viva la muerte!”. Algunos falangistas, con sus camisas azules, saludaron con el tradicional gesto fascista el retrato sepia de Franco que colgaba de la pared, justo sobre la silla presidencial.

Todos los ojos estaban fijos en Unamuno, pues los asistentes sabían que como buen vasco no podía permanecer callado. Se levantó lentamente y dijo: 

“Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso, por llamarlo de algún modo, del general Millán-Astray que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes”.

El Viejo rector plantaba cara por primera vez en la historia de la España Nacionalista. Continúo con su discurso:

“(…) Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito, “Viva la muerte”. Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.

Como es natural, la masa de fanáticos convertidos en bestias junto al aludido general Millán-Astray, comenzaron a gritar “¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.

A lo que Unamuno daría respuesta con una de las frases más importantes de la historia de la intelectualidad hispánica:

“(…) Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”.

Luego de esto, Don Miguel tuvo que ser escoltado a su salida por el catedrático de derecho canónico y la mujer de Franco quien, amparándolo con sus escoltas personales, lo condujeron hasta el coche que lo llevó a casa. El viejo rector se recluiría en su casa y moría con el corazón roto de pena el último día de 1936.

El Venceréis, pero no convenceréis quedaría grabado en la conciencia del pueblo Español y de la intelectualidad universal. El viejo Unamuno tal vez no pudo vencer aquel día en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca la insensatez demencial del totalitarismo, pero la valentía de esas frases convencería a las nuevas generaciones y marcaría el camino para la construcción de una nueva y mejor civilización. Una civilización de hombres formados por la cultura y la libertad, alejada de los dogmas de la política prefabricada de los cuaternarios gobernantes de siempre.  

Muchos años han pasado ya desde aquel día, y con el atlántico de por medio, aquí en la América también hispánica, donde el fascismo se presenta en una nueva forma como antifascismo, pero sigue siendo la misma bestia Roja, ya no nazi, sino social-comunista, que intentan imponernos su falta de ideas y su voluntad por decreto y a balazos. Hoy más que nunca recordamos al viejo rector y respondemos a quienes odian la libertad: “tal vez venceréis, pero jamás nos convenceréis de ser unas bestias como vosotros”.


REFERENCIAS:

  • Cortés, Gabriel (2005). La Guerra Civil Española – Unamuno y la heroica batalla del Paraninfo.
  • Delgado Cruz, Severiano (2018). Arqueología de un mito: el acto del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Puede acceder a través de: https://www.academia.edu/36585529 (Consultado el 15 de octubre del 2024).

Diario de un escritor de la Venezuela Triste

A la memoria de mi abuelo Manuel Tomás Aquino González y de sus libros olvidados.

Por Lenin Aquino, librero y escritor venezolano.

Manuel Tomás saca de su blusa su libreta de notas que el mismo intitula “Memoria de la Revolución Libertadora”, del otro bolsillo extrae su inseparable pluma fuente, empieza a escribir al atardecer sentado en un muro frente a la plaza principal de Zaraza en el estado Guárico, ha cabalgado con su grado de coronel de las fuerzas militares liberales junto a sus hombres desde la mañana, suspira y traza: “hoy 2 de septiembre del año 1902 he llegado a Zaraza proveniente de Tucupido al mando de mi pequeña tropa de 600 hombres”.

En Zaraza las tropas liberales concentran sus fuerzas para marchar rumbo al centro del país a librar combate contra las fuerzas restauradoras de los generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez quienes con la llamada invasión de los andinos han tomado el poder desde el año 1899. Pasando por Chaguaramas se les muere el general Domingo Monagas, pese a ello, la expedición militar continua su tránsito en busca de la batalla. El coronel Manuel Tomás Aquino montado en una mula baya pasitrotera encabezando aquella tropa sudorosa cruzan los llanos guariqueños, arropados por el polvo de los caminos y aterrillados por el sol que seca la inmensa llanura perdida en la lejanía.

Manuel Tomás llega con el contingente liberal a Camatagua, están sedientos y hambrientos, escribe en su libreta “Hemos estado en Camatagua dos días, 26 y 27 del mes de septiembre del año 1902, en esta pequeña comarca he conocido al general José Manuel Peñaloza y al doctor Rafael Cabrera Malo, liberales como yo, con ellos he conversado hasta el amanecer”. Sigue escribiendo “En San Sebastián de los Reyes he conocido al general Francisco Barbella, en San Casimiro traté con el presbítero Machado y el Doctor Milita…En Villa de Cura conocí a Luis R. Morin”.

Las tropas liberales al mando del general Manuel Antonio Matos se enfrentan a las tropas de los generales Castro y Gómez en la ciudad de La Victoria en el mes de noviembre de 1902, los restauradores le propinan una descomunal derrota al bando liberal desde donde pelea Manuel Tomás, pese al fracaso y el descalabro él escribe en su diario “De La Victoria pasamos por San Mateo en retirada, estamos derrotados, regreso con 150 hombres heridos y desmoralizados en su mayoría, en esa población conocí a Pedro María Tirado”. A pesar de la tragedia de las tropas liberales, Manuel Tomás no pierde la moral ni deja de escribir. Para concluir su relato diario escribe “En toda la campaña de la Revolución Libertadora traté muy de cerca con un joven muy valiente llamado Pedro López proveniente de Güiria, ayudante del general Pedro Ducharne, ojalá haya sobrevivido a la guerra y nos veamos algún día de nuevo”. Concluye así la historia de su incursión en la llamada Revolución Libertadora, evento armado que estremeció a Venezuela entre los años 1901 y 1903.

En el año 1969, entonces era yo un niño, estaba sentado una mañana en la casa de Manuel Tomás Aquino, mi abuelo paterno, en Tucupido estado Guárico, él había fallecido el 22 de enero de 1950, no tuve la dicha de conocerlo, pero allí estaba yo en su enorme casa solariega que hacía esquina entre las calles Ricaurte con calle Salóm, leyendo mi primer libro en su extensa biblioteca que nos había dejado como herencia. De aquella casa techada con caña brava y tejas rojas tengo los mejores recuerdos de mi infancia, muebles de paleta, tinajero con piedra de filtrar el agua, grandes ventanales, puerta principal con aldabón, jardines hermosos y bien cuidados por mi tía Eva Aquino, un frondoso tamarindo que le daba sombra y aire puro a su existencia, muchas habitaciones amplias, frescas, todas con sobrepuertas protegidas con tela metálica para que no entrara la plaga, una concina amplísima con un enorme horno a la leña, un comedor con una mesa larga donde cabían hasta 30 comensales.

Leyendo mi primer libro de la infancia “Miguel Strogoff el correo del Zar” del escritor francés Julio Verne, se me despertó la curiosidad por una habitación de la casa que siempre permanecía cerrada con un enorme candado y a la cual no teníamos acceso los niños Aquino que frecuentábamos la casa de nuestro abuelo. La curiosidad por lo prohibido venció el temor a un regaño de los tíos Aquino, que eran todos muy cariñosos y atentos conmigo. Al cuarto le llamaban “el repuesto del tigre”, para mí el cuarto de los secretos de la familia. Un día tomé la llave, abrí el candado y entré al recinto que guardaba la historia del escritor del diario de la Venezuela triste. Allí había baúles con fusiles “Máuser”, un enorme revolver cañón largo, varios cuadernos de notas, un diario, ropa, calzados, espuelas, una silla de montar, un sable, machetes, una lanza corta y otros utensilios de guerra.

——¿Qué haces en este cuarto “Tiocón”? —–oí la voz de la tía Eva casi encima de mí.

——Estaba viendo que había en esta habitación—–le respondí apenado.

——Ese es el cuarto donde se guardan las cosas de tu abuelo Manuel Tomás—–

——¿Y por qué hay fusiles y armas en esos baúles? —–

——Porque tu abuelo que era un escritor, un poeta, un hombre de leyes y un agricultor tuvo que irse a apoyar la “Revolución Libertadora” en contra de Cipriano Castro y de Juan Vicente Gómez—-me respondió.

—–¿Y qué logró mi abuelo en la guerra?

—–¡Nada! De allí volvió derrotado y se dedicó por completo a sus libros, a escribir, a ejercer el derecho, a la agricultura y la ganadería en su hato Chupadero—–

—–¿Y por qué no le quitaron estas armas si perdió la batalla? —-pregunté a mi querida tía.

—–Porque el general Manuel Antonio Matos jefe de los liberales en armas hizo pacto posteriormente con el general Juan Vicente Gómez, una vez que este destrona a su compadre Cipriano Castro. Tu abuelo Manuel Tomás sin embargo se apartó para siempre de la lucha política y se dedicó a sus actividades particulares y a su familia.

Aquel episodio en el “repuesto del tigre” me llevó muchos años después a volver a investigar sobre la vida de Manuel Tomás, afortunadamente gracias al apoyo del historiador, mi profesor y entrañable amigo Oldman Botello que se abocó a ayudarme en la experticia, conservo una copia de su diario y un conjunto de libros editados hace años que contienen parte de su historia y hechos que guardan relación con su vida entre Tucupido, Zaraza, El Socorro y Valle de la Pascua.
Manuel Tomás Aquino González nació el 21 de diciembre de 1874, era hijo del general Manuel María Aquino, habitante del Sombrero en el estado Guárico, manumiso liberado que peleó en la guerra federal quien era hijo del hacendado Don Pedro Aquino y Ponte con una negra esclava, su madre fue Elena González Gutiérrez nacida en 1812 e hija del teniente de la guerra de la Independencia Manuel González.

Desde muy joven Manuel Tomás se dedica al periodismo, los libros, a escribir, al ejercicio del derecho, a la fotografía, a la agricultura y a la ganadería. Su vida la comparte entre su casa de Tucupido y su hato Chupadero, ambos recintos ubicados en las dos vías que llevaban al Oriente del país, su casa en la vía hacia Zaraza, su hacienda en la vía hacia El Socorro, Santa María y Pariaguán, tránsito obligado de los viajeros.

Su compañera Elvira Arbeláez, mi abuela, mujer nacionalista liberal, hija del general Basilicio Arbeláez, seguidora del partido de José Manuel Hernández (El Mocho), le dice con palabras premonitorias: —–Los andinos tomaron el poder para quedarse, el robo de las elecciones que ganó limpiamente el general José Manuel Hernández en el año de 1897 ha traído como consecuencia esta barbarie, Manuel Tomás tendremos una dictadura por muchos años—–

El escritor Manuel Tomás se atrinchera escribiendo y haciendo periodismo en el periódico de Unare de Zaraza, en Tucupido funda y dirige un periódico humorístico llamado “Satán” que se imprime con regularidad y participa en la revista Campánulas. Escribe cuentos, poesía y artículos sobre la historia de Venezuela.

En 1906 escribe el relato “Del acervo”, “Remembranzas”, “Semblanza”, “Símbolo”, “Un cotoperiz histórico”, “Vesperal”, realiza un ensayo histórico “Sobre la captura del general José Félix Ribas” publicado en la edición de gala del periódico guariqueño “La Selva” y en el diario El Universal de Caracas el 16 de enero de 1915 a los 100 años de la captura y decapitación del héroe de la independencia de Venezuela en el pueblo de Tucupido en el año de 1815. En 1908 escribe en el periódico El Unare: “Hoy sepultose al prócer comandante Pedro Zaraza de 98 años de edad, hijo y sobrino de los generales Lorenzo y Pedro Zaraza, ilustres próceres de nuestra independencia”.

Su biblioteca en Tucupido es la más surtida, completa y apreciada en todo el estado Guárico, allí acuden estudiantes, profesionales y curiosos en busca del conocimiento vedado por el atraso y el subdesarrollo en el que está hundido todo el país. Manuel Tomás se convierte en el eje de la rectoría intelectual en su tiempo, todo se le consulta en materia de leyes, juicios, actas procesales, derecho sucesoral. Su casa es un punto de encuentro por donde desfilan intelectuales, escritores, agricultores, poetas, empresarios, comerciantes y políticos venidos de diferentes puntos del país.

Allí pernotan en su camino hacia Oriente el joven Miguel Otero Silva quien muchos años después retrataría la tragedia venezolana con su novela Casas Muertas, Andrés Eloy Blanco, Rómulo Gallegos, Arturo Uslar Pietri, Rómulo Betancourt, Gustavo Machado y tantos otros intelectuales de su tiempo, con ellos mantendrá una relación epistolar de años, cartas que archiva en su biblioteca como testimonio de la angustia compartida con aquellos hombres que luchaban para sacar a Venezuela de la decadencia, de la tristeza y de la desesperanza.

Muy joven yo, encontré una carta en su biblioteca dirigida por Tomás Liscano a Manuel Tomás recomendándole a su hijo adoptivo Rafael Caldera, quien vino en persona con la misiva a Tucupido, recién graduado en derecho para que lo orientara en algunos juicios de interés al joven abogado que mucho tiempo después se convertiría en un prominente líder político de Venezuela. El historiador Pedro Díaz Seijas relata en su libro “Los intelectuales de provincia” haber visto a Manuel Tomás con un arreo de mulas transportando por los caminos del llano una respetable carga de libros editados en grueso calibre de la Historia Universal de Cesar Cantú.

En su diario Manuel Tomás nos retrata cada día una Venezuela famélica, incierta, triste, abandonada, un campo venezolano sumido en la miseria, una nación azotada por el paludismo, la tuberculosis, la sífilis, la lepra y otras enfermedades sin ninguna asistencia médica gubernamental. 25 de febrero: “Ayer domingo fui a visitar a Ramón Medina, traído de Altagracia de Orituco hace apenas seis días. Es un cadáver ya. Tiene ulceradas ambas piernas en los huesos mismos. Está hediendo, el pobre me dijo que sufría mucho y sentía agudísimos dolores. Está podrido…. Da lástima. No tardará en morir”.

Como agricultor y ganadero internado en lo profundo del llano venezolano Manuel Tomás sufre las angustias y las incertidumbres de un productor acorralado por las contingencias del clima:

—-“Estamos a 24 de abril ya y la sequía es horrorosa. Mis lagunas están secas, Fortuna y La Vieja ya parpadeando en barro y El Corozo igual. ¿Qué nos haremos? Dios proveerá a todos, hágase su voluntad. Nuestro problema vital en el llano es agua a todo trance. El molino, la bomba, el pozo, se imponen para poder sostener la vida. Esta región está seca.

Continúa escribiendo “El pasado invierno fue escaso. A propósito de la sequía fui a la hacienda vecina “Bejucal” a pedirles agua a mis vecinos para mi ribazo veranero, por haberse secado las mías. Me contestó Felipe que hablaría con Carlos. Ayer vino aquí Carlos, y con evasivas, me negó el agua, teniendo bastante suficiente para los días que faltaran por llover. Le contesté que mi exigencia era cuestión de momento, que tal vez llegaría mojado a su finca “Bejucal”. Apenas se fue, empezó a llover. Ahora digo yo, para mi experiencia, y los que estas notan lleguen a ver: ¡Los hombres me negaron el agua, pero el que dispone sus fuentes me la dio a poco en abundancia! ¡Loado sea Dios por cuya misericordia infinita vivimos sobre la tierra!”.

El día 8 de mayo de 1935 Manuel Tomás recibe la visita en su hato “Chupadero” del representante legal de una de las compañías petroleras norteamericanas que llegaron a Venezuela desde el año 1914 en busca del oro negro jugo abundante inoculado por la geología en la tierra venezolana, escribe “mayo 8: el medio día ya para las 2p.m estuvo aquí el señor Reinaldo A. Guerra, en representación de la Standard Oil Company of Venezuela a solicitud de permiso para la compañía explorar en esta propiedad. Se lo concedí por duplicado, firmándolo ambos… Veremos que resulta de esta cosa… Me quedó un ejemplar”.

Manuel Tomás era profundamente anti gomecista, fue derrotado junto a sus compañeros liberales en la Guerra Libertadora entre 1901-1903, se apartó de la política, pero siguió adversando en silencio la larga dictadura de Juan Vicente Gómez. Me contó Cayetano Cabezas vecino de Tucupido quien lo conoció y trató en vida, una historia de una supuesta conversación entre un jefe civil de Tucupido en audiencia con el general Juan Vicente Gómez en Maracay por allá en 1915.

——General vengo a informarle que Don Manuel Tomás Aquino conserva en su casa un parque de fusiles “Máuser” y otras armas que le quedaron de la Guerra Libertadora. ¿Qué hago? ¿Lo meto preso? ¿Le decomiso las armas? —–le planteó supuestamente la autoridad local de Tucupido al general Gómez.

——Miré coronel, quédese tranquilo, a Don Manuel Tomás no le gusta la guerra, es un hombre de leyes y de trabajo, en La Victoria peleó contra nosotros como un tigre encaramado, mejor déjelo quieto con sus libros y sus armas, al hombre pacífico no se le busca pelea, si fuera pendenciero yo mismo iría a hacerlo preso. Asunto concluido—–le habría respondido el general Gómez, conocedor innato de la sicología y el temperamento de los hombres, al jefe civil de Tucupido que guardó un silencio absoluto ante la orden del benemérito que regía a Venezuela con mano de hierro.

Lo cierto es que el gobierno del general Juan Vicente Gómez que gobernó a Venezuela durante 27 años nunca molestó a Manuel Tomás, a pesar de ser un reconocido adversario de la dictadura gomecista.

EL día 18 de diciembre de 1935 Manuel Tomás escribe en su diario: “Todo el mes ha habido una excitación por la gravedad y la muerte de Juan Vicente Gómez. Hoy a las 4p.m me avisan dos amigos del Socorro que a las 11 y 45 de la noche murió por fin el anciano dictador. ¡Alabado sea Dios! ¡Él lo puso y él lo quito! López Contreras lo ha sucedido, como se esperaba. Si este sucesor, afortunado, no abre el campo, no manda. La constitución vigente no es otra cosa que un instrumento de la dictadura y la tiranía de Juan Vicente Gómez, depurada y refinada. Fue hecha apresuradamente a su medida y voluntad. ¡Ojalá le siga al sepulcro de mortaja al viejo y decrepito dictador! ¿Será éste el último? No, porque aún queda en pie el Congreso, con la redoma para ungir a cualquier otro. A Asamblea Nacional debía llamarse al pueblo, para que resuelva de sus destinos públicos”.

En 1942, Manuel Tomás escribe en su diario atribulado por la sequía en los llanos venezolanos: “12 de abril, hay mucha sequía, en varias regiones cercanas hay una enorme mortandad de ganado. Todos los días clamo a Dios su misericordia para que mande la lluvia que riegue nuestros campos”. “29 y 30 de abril, Dios por fin ha escuchado mis suplicas, anoche y hoy ha llovido torrencialmente, ha amanecido la sabana alegre, los pájaros y los animalitos del monte abundan contentos”.

La asunción al poder del general Isaías Medina Angarita en el año 1941 trajo la apertura política en una Venezuela que pugnaba entre el fin de la era del gomecismo y el nacimiento de la democracia moderna en nuestro país. El presidente Medina a pesar de provenir de las filas del gomecismo vino con cambios que significaron la legalización de los partidos políticos, la total libertad de prensa, la liberación de todos los ciudadanos presos por motivos políticos, el retorno al país de todos aquellos venezolanos exiliados y el respeto de los derechos ciudadanos de los habitantes del país.

La casa de Manuel Tomás amplia y hospitalaria, sitió de descanso de viajeros desde finales del Siglo 19 y comienzos del Siglo 20, centro cultural, intelectual y rectoría de las leyes, se convierte ahora en auditórium para el encuentro político. Allí llegan en meses distintos Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Gustavo Machado y Rafael Caldera. Sus hijos, algunos ya mayores de edad se dividen políticamente, Porfirio, José de la Cruz, Santiago, Eva y su nieto Manuel Peñalver se incorporan a Acción Democrática, Antonio al partido COPEI, Daniel (mi padre) y Manuel María al Partido Comunista de Venezuela, Francisco a Unión Republicana Democrática.

——La política no va a dividir a la familia, los Aquino somos y seremos siempre una familia unida, independientemente del partido donde cada uno escoja activar políticamente—-le dijo un día a su prole acompañado de mi abuela Elvira Arbeláez.

En 24 de noviembre de 1948 el golpe de estado que derroca al presidente Rómulo Gallegos electo nueve meses atrás y la asunción a la presidencia de Venezuela de una junta militar presidida por el coronel Carlos Delgado Chalbaud golpean las esperanzas democráticas de Manuel Tomás. “Otra vez estamos en dictadura” le dice en voz baja a Elvira, mi abuela. Manuel Tomás muere el 22 de enero de 1950, unos meses después es asesinado el presidente de la junta militar coronel Carlos Delgado Chalbaud.

La persecución por motivos políticos durante el gobierno de facto instaurado por el coronel Marcos Pérez Jiménez, sucesor en el gobierno del asesinado coronel Carlos Delgado Chalbaud, en contra de los militantes de Acción Democrática y del Partido Comunista de Venezuela va a poner a prueba el legado de patriarca de una familia unida de Manuel Tomás Aquino González. Su nieto Manuel Peñalver militante de AD es hecho preso y encerrado en la Penitenciaría de San Juan de los Morros, sus hijos Daniel y Manuel María militantes del Partido Comunista son perseguidos, allanados y hechos presos en varias oportunidades.

Desde 1959 hasta 1979, ya instaurada la democracia de partidos en Venezuela, la política lleva a la descendencia de Manuel Tomás, hijos y nietos, a terrenos contrarios extremos. Durante los gobiernos de Acción Democrática, los presidentes Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Carlos Andrés Pérez y de COPEI Rafael Caldera y Luis Herrera Campins, el dirigente político Manuel Peñalver nieto de Manuel Tomás con un alto cargo nacional en el partido de gobierno, debe convivir cada día con la incertidumbre del destino de sus tíos Daniel y Manuel María activos militantes del Partido Comunista alzados en armas en contra del estado y con su primo José Encarnación Aquino alzado en armas contra el gobierno, en el Frente Guerrillero Antonio José de Sucre, brazo armado del Movimiento de Izquierda Revolucionario MIR.

En reivindicación del legado de familia unida propiciado por nuestro abuelo Manuel Tomás, doy fe de como toda la familia, más allá de las diferencias políticas se reunió en su casa de Tucupido en el medio del dolor, el llanto y la amargura en el acto velatorio en el mes de julio de 1979 del economista José Encarnación Aquino Carpio (nieto de Manuel Tomás) muerto en un combate guerrillero según el diario Ultimas Noticias en el Hato El Dividive en el estado Bolívar. Desde Ciudad Bolívar mi tío José de la Cruz, activo militante de Acción Democrática, ante la negativa de las empresas funerarias de transportar los restos del guerrillero a Tucupido estado Guárico su pueblo natal, trajo el cajón con su cuerpo en su propio automóvil. La familia Aquino unida: adecos, copeyanos, comunistas, socialistas, uerredecos e independientes, estuvo allí llorando al idealista que murió combatiendo por sus ideas.

Un hombre de regular estatura, corpulento, arropado con su cobija de pelo, acicalado con su sombrero de ala ancha, montado en su mula, cabalga la trocha desde Tucupido rumbo al hato Chupadero en la vía al Socorro por los llanos del Guárico. En el porsiacaso y la capotera en vez de comida y bastimento, lleva los libros para leer y su diario inseparable para escribir en las horas del descanso de la faena agrícola. Es Manuel Tomás, el escritor de la Venezuela triste.

El terror como arma para gobernar

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

El proceso revolucionario francés, de buenas intenciones, creo un infierno. Se pretendía con la caída de los Borbones crear un mundo nuevo, discursos y debates pululaban en los antiguos salones monárquicos, se combatía a las reacciones bélicas de las monarquías europeas, entre ella la Austria de los Habsburgos, quienes querían vengar a Maria Antonieta; la rivalidad de las facciones entre la Gironda y Jacobinos dentro de la asamblea nacional, instancia parlamentaria creada para gobernar la república; a los girondinos, a pesar de contar con la mayoría, fueron diezmados por el control jacobino, a través del Tribunal de Salvación Pública.

En ese periodo de 1793 y 1794, se instauró con Robespierre a la cabeza el llamado Reino del Terror, el símbolo de aquella matanza desatada patrocinada por el estado fue la guillotina, se ejecutó tanta gente, por los más inverosímiles motivos, que la guillotina tuvo que mudarse de su lugar cercano a la actual Plaza de la Concordia, porque fue tal la cantidad de sangre vertida que la misma amenazó con contaminar el suministro de agua potable del Paris de entonces.

El terror terminó con la ejecución de Robespierre el 10 Termidor del año III, el 28 de julio de 1794. Pero, ¿Qué aprendemos de esto?

El Terror es una arma, cuando se usa como herramienta de gobernar, por aquellos regímenes totalitarios, cuando la gente empieza a dejar de temerles, el Terror es un componente extremo para garantizar el orden público cuando otros menos severos mecanismos de represión fallan.

Cuando el terror impera, no hay garantías ciudadanas, ese ejercicio brutal del poder hacia el ciudadano común es una debilidad intrínseca de los represores y con una acertada estrategia y operación política puede completamente revertirse su violencia y miedo a sus ejecutores.

Con esto en mente, y enfocándonos en Venezuela, los últimos días de esta “campaña electoral” han sido de terror para los opositores, quien colabore con Maria Corina en la logística más insignificante, va preso o por lo pronto no aparece.

¿Cual es la estrategia? ¿Procurar un medio colectivo el cual si se abstiene y hace subir el porcentaje de abstención de donde algorítmicamente el chavismo busca rebanar votos ficticios conversos al fraude? Eso se sabe. Entonces, ¿Que contrapeso institucional puede evitar eso?

No creo ninguno, sea  peso o contrapeso, en un reino totalmente controlado por el chavismo, me cuesta creer que sus jefes, con prontuarios de búsqueda internacionales por crímenes flagrantes, negocien una salida en Paz. Pero los procesos históricos son sorpresivos y difíciles, eso habitualmente se confunde con esperanza, y definitivamente a eso nos aferramos una vez más este 28 de julio.

Sobre el Poder y la Imaginación

Por Leroy Garrett.

Las elecciones de 1940 en los Estados Unidos fueron dentro un tiempo no ordinario, según las describió la entonces primera dama Eleonor Roosevelt.

América, en lo interno curaba las heridas de la gran depresión, el mundo se había tornado peligroso —algo cotidiano para nosotros, pero inédito entonces—, Hitler controlaba las tres cuartas partes de Europa, Inglaterra asediada de milagro sobrevivía y clamaba por la ayuda norteamericana para no sucumbir ante los nazis.

A pesar de la corriente mayoritaria aislacionista entonces prevaleciente, la toma nazi de Europa y sus socios del eje, específicamente Japón, era una preocupación para la seguridad nacional de Estados Unidos.

El Presidente Roosevelt se mantuvo danzando el vals aislacionista, pero al unísono comenzó su ayuda al Reino Unido, para el mandatario era —y tuvo toda la razón— el garantizar la supervivencia de Inglaterra, vital para la continuidad de la civilización occidental que aún tenemos, ya el presidente veía como inminente la entrada de América al conflicto. Esa es la tarea del líder, ver más allá de quienes dirige.

Por aclamación, su partido (Demócrata) le postula para un tercer periodo sin precedentes, la economía y la nueva guerra en Europa eran los indicadores de popularidad.

El partido republicano, a quien le estalló la gran depresión estando en el poder, pasaba por uno de sus peores momentos, no supo o no pudo contribuir a remediar la depresión económica y un gran sector de aislacionistas controlaban el partido.

Sorpresivamente, emerge como contrincante a Roosevelt el abogado de Wall Street, Wendell Willkie, candidato republicano elegido al sexto conteo de la convención republicana de 1940, quien no hizo otra cosa en su campaña que repetir las mismas políticas propuestas por el presidente. Claro, Roosevelt fue electo de nuevo presidente por tercera vez, entonces, ¿Para qué necesitaban elegir una copia en vez de seguir apoyando el original?

Quien esto escribe desea desde lo profundo de mi ser que Edmundo González Urrutia sea electo presidente de Venezuela en julio próximo. ¡Es la hora de la expiación de los errores que nos trajeron a esta catástrofe y ponernos a reconstruir un país, punto! Sin embargo, no puedo dejar de, racionalmente, tener mis reservas, pues sigo creyendo que esta manga de hampones en el poder no salen con serpentinas y confetis. Pero eso es otra cosa.

Hace días escuché declarar a nuestro candidato de “mejorar el CLAP”, y aún siento náuseas al recordarlo, no me lo podía creer. El ejercicio de poder que reemplace esta pesadilla debe ser innovador, debe reconciliar a Venezuela con la economía mundial, debe proponerse a convertir a un universo elegido de mendigos que reciben una caja de comida en mal estado, a ser a una sociedad de consumidores.

Si Edmundo González dijo eso de las CLAP, es una afirmación suicida, ya que está diciendo que el chavismo sigue representando la visión de la Venezuela que queremos, entonces, si son tan buenos ¿Por qué los vamos a reemplazar? ¿Para qué elegir a Willkie si quiere hacer lo mismo que Roosevelt? 

No más comentarios por ahora.

Construir o reconstruir una Nación

Por Leroy Garrett.

Esta semana se conmemoran ochenta años del “D Day”, o como la conocemos en castellano: «la invasión aliada a Normandía», el día que marco el final del nazismo, y el principio del fin de la segunda guerra mundial, que definitivamente finalizaría con las descargas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

El delirio psicopático de Hitler cegaría la vida de sesenta millones de personas, casi la aniquilación de los judíos y la cuasi desaparición de cualquier indicio de infraestructura en Europa.

En la vía de celebrar un siglo de tan terribles hechos, y vista la lograda capacidad de total exterminio conseguida por medio de las armas nucleares, las guerras de los siguientes años hasta el presente siglo, son segmentadas, circunscritas a escenarios específicos, tengan o no, o se consigan o no, los objetivos esperados.

El mundo ha estado al borde de la guerra final en varias oportunidades, la más destacada es la crisis de los misiles de 1962, y ahora cuando los apetitos nacionalistas, racistas y los comunistas, no ya campeones de la igualdad, sino flagrantemente una asociación para delinquir ligados a los peores intereses del planeta.

La democracia peligra en el orbe cuando da su espalda a la gente su propósito de ser. Pero antes de que la guerra fría —o la primera de ellas— cayera en la década de los 90s, la reconstrucción europea devino a ser la prioridad de los victoriosos.

El fundamento de la economía esta en la recuperación de la gente, no los edificios, e infraestructuras, es el pueblo la prioridad. Y ese fue el destino de lo que vino después a ser conocido como el plan Marshall, ese momento altruista de la postguerra, donde se dio de comer a las víctimas sobrevivientes de la Europa devastada primeramente, y ellos ya restaurados, acometieron la tarea de reconstruir sus naciones.

Venezuela, en mes y medio tendrá elecciones, sigue el voto —a pesar de que las condiciones impuestas por los que mandan se mantienen sin cambios material alguno— siendo esa fuerza que promete el vehículo de la esperanza.

Sin embargo, con preocupación vemos que el posible gobierno emergente de Edmundo González, y quienes pretenden dirigirlo, nada explican que pasará con la gente, al contrario, los cambios son institucionales, genéricos, macros o sistemáticos y el individuo no es ni mencionado, ni estimado, ni destinatario de las políticas por venir.

Entonces, surge la pregunta: ¿No se mencionan reparos por sectores específicos detallados o individualizados? Hay muchas víctimas entre el chavismo, los maestros, los funcionarios de carrera administrativa, las víctimas del holocausto petrolero de inicios del 2000, todas estos perjudicados fueron privados de su manera de vivir, y de la esperanza de cuando sus fuerzas biológicas mermaran disfrutar de sus arreglos de retiro, el chavismo arrasó dicha esperanza y expectativa de vivir, entonces, ¿Por qué condenar a quienes buscan la justicia merecida antes las instancias que sean necesarias? ¿Por qué forzarlos a aguardar una decisión de recompensa remota e incierta?

Además, ¿Cuándo en Venezuela seremos una nación de verdad y no un grupo de gente afín por el gusto de la hallaca, el béisbol, la gaita o la vinotinto? Y aspiremos a ser el grupo humano compasivo y sensible a nuestros hermanos, donde la Solidaridad inmediata nos hace nación porque primero viene la gente, curar sus heridas, a través del reparo económico sanador, en un gobierno comprometido por y para la gente, que ofrezca en adelante la mayor suma de felicidad posible.

Es así que se construye o se reconstruyen las naciones, ¡No condenándolas a un después!

Venezuela, segundo productor mundial de café

Por Diego Mendoza, periodista, con textos publicados en La ventana rota, Diario La Nación del Táchira y director de La Ventana Rota Podcast.

De 1860 en adelante, la producción y exportación de este rubro en los estados andinos creció a tal punto que fue el motor de la creación de empresas, casas comerciales, caminos y vías férreas.

Si bien el café ya se producía para su comercialización en diferentes estados del país, sería después de la segunda mitad del siglo XIX cuando cobra una importante relevancia en la economía nacional, llegando a convertirse en el principal producto de exportación. 

Táchira, Mérida, Trujillo, y en una menor medida Lara, hicieron de la actividad cafetalera la impulsora del desarrollo de una región que junto al Zulia, funcionó como una especie de comunidad de estados, que florecían gracias a los lazos de la red comercial que incluso se extendió a los departamentos colombianos de Santander y Norte de Santander.

Ya para 1896, Venezuela se convirtió en el segundo productor mundial de café, sólo superado por Brasil. A su vez, era el primero entre los grandes productores mundiales de cafés suaves, como apunta el blog Minuta Agropecuaria.

Cuadro tomado de Jesús Mora Contreras en su ensayo La estructura económica venezolana que encontró la industria petrolera: una aproximación.

En este panorama de permanente flujo de mercancías, el Zulia jugó un papel importante, puesto que en Maracaibo se encontraba el puerto del cual zarpaban barcos cargados con fardos de café con destino a los mercados de Europa y Estados Unidos, hecho que puso en el mapa de muchas casas comerciales a estos estados al occidente de Venezuela que poca relación mantenían con los estados orientales y de la costa central, muchos de estos afectados por permanentes revueltas como la Guerra Federal (1859 – 1863).

La actividad cafetalera que logró prosperar en esta zona del país, condujo a que para 1921, existiera en Maracaibo, el Banco de Maracaibo, el Banco Comercial de Maracaibo, una agencia del Banco de Venezuela, una sucursal del Banco Mercantil Americano de Caracas, y de The Royal Bank of Canada, y una agencia de The National City Bank of New York, más las casas comerciales establecidas por alemanes e ingleses, según reseña Jesús Mora Contreras en su ensayo La estructura económica venezolana que encontró la industria petrolera: una aproximación.

A su vez, hizo que en el Táchira se iniciara la construcción y el mejoramiento de caminos a través del trabajo conjunto entre dueños de haciendas y casas comerciales con las Juntas Directivas de Fomento de carácter gubernamental, como apunta Elma Hernández Amaya en el ensayo Caminos, carreteras y comercio del Café en la Frontera colombo – venezolana en el Siglo XIX.

Así mismo, fue gracias al auge de este rubro que se fundó el pueblo de Rubio, en Táchira, y que Tovar en Mérida, desplegó una actividad comercial que supera por mucho a la de la capital merideña, como sugiere Jesús Mora Contreras en su mencionado trabajo.

Sumado a ello, hizo que capitales privados emprendieron la construcción del llamado Gran Ferrocarril del Táchira y del Ferrocarril de La Ceiba, aunque, tiempo después, el primero gozó de privilegios dados por el estado para fomentar su uso, y que terminan elevando los costes sobre el transporte, como reseña Elma Hernández Amaya.

Todo lo mencionado es lo que a su vez conduce a que en 1921 se realizara en el Táchira el primer Congreso de Agricultores, Ganaderos, Industriales y Comerciantes de Venezuela, como apunta Mora.

Es pues, el café, el motor de desarrollo que perdura más o menos hasta la segunda mitad del siglo XXI en Venezuela. Todo un proceso que condujo a que se creara de manera espontánea y descentralizada una red comercial que se extendía hasta suelo colombiano y que colocó a los estados andinos en boca de capitalistas de Europa y Norteamérica, a la vez que sus habitantes iban mejorando su calidad de vida.

Legitimidad, ilegitimidad y montesinos

Por Leroy Garrett [@lerogarrett].

Acabo de terminar un fascinante relato subdividido en varios capítulos, escrito por Mary Beard, a la sazón, la máxima autoridad viviente en lo que antigüedad romana se refiere y profesora de tales estudios en la Universidad de Oxford.

En “los 12 Césares”,  la profesora Beard nos invita a un viaje bien interesante para reconocer la veracidad o inverosimilitud, o ambas simultáneamente del rostro de los Césares, de los primeros doce, cuya fama e infamias son basamento de la conducta política de occidente tanto en sus facetas brillantes, claro oscuras, o bien tenebrosas.

Con asombro encontramos que la imagen de los emperadores romanos —salvo contadas excepciones muy bien documentadas— son una invención del Renacimiento, ese momento de vuelta hacia lo secular sin dejar de ser religioso.

Aunque el rostro de César es producto de una base común habida en la moneda emitida (Inventada) desde entonces, su cara fue adaptándose a realidades políticas y conveniencias sociales desde tiempos del mismo imperio y en lo sucesivo que por seguro desvirtuaron haciendo dudosos sus rasgos y apariencia.

Pero el bestseller de la Doctora Beard conlleva un mensaje a gritos; el de la legitimidad, hija del legado, y madre del poder. ¿Qué se buscaba con incorporar los Césares en la vida cotidiana renacentista o el orden greco romano en la arquitectura que sigue en boga en los edificios donde reposa el poder público?

Para las mentes artísticas renacentistas y sus patrones nobles, hacer regresar a los emperadores de Roma, les otorgaba un sentido incuestionable de ser los poderosos de entonces, los LEGITIMOS, los Medicis o Borgias, eran entonces los herederos de la grandeza pretérita y su justificación para detentar el poder.

Esto ha sido recurrente tanto en regímenes de derecha y escandalosamente de izquierda, el bolchevismo se negó enterrar a Lenin; santo ateo y perpetuo centinela de un régimen que cayó de bruces hace más de 3 décadas, así como debemos recordar por su caída, las estatuas con omnipresencia en cada rincón de la extinta más no desaparecida del todo unión soviética.

Sadam Hussein hizo lo propio, sus brazos que entrecruzaban espadas, daban la bienvenida a Bagdad y su retrato, en cualquier pose y ataviado inclusive a la moda de fiebre del sábado por la noche era presencia íntima entre beneficiarios y víctimas.

Sabemos que el difunto autócrata ha corrido la misma suerte, entre estatuas y hasta disfrazado de médico, aunque su legitimidad no cuaja, ni cuajará como la milenaria inmanencia de los Césares.

Con esto en mente, ¿Qué podemos decir del escenario en Venezuela?

Los últimos días han sido agónicos y repetitivos, para la señora Machado y su “candidata”, cantan como sinrenas en clave de réquiem, ya la dinámica política y la narrativa de los eventos no lo controlan, las abandonaron, la dictadura se salió con la suya y el destapado colaboracionista gobernador del Zulia es el ungido del gran elector quien lo más lejos que llega en su campaña flash es a Cabimas, y eso si por si “lo matan y se muere” y está comprometido en reconocer la victoria irreversible del candidato presidente inclusive antes de ir el mismo a votar

Hay que silenciar a María Corina, y ya se logró, aunque sus apariciones en las redes cada día son más lacónicas, exudan derrota, con ese acento y léxico de “Laura Pérez la sin par de Caurimare”  y protuberante tono depresivo, el régimen le quita de un “guamazo” el metraje de prensa agónico que le quedaba, sorpresivamente sacando a su enemigo público número uno —antes pilar revolucionario— “bajo arresto”.

¿Recuerdan a Montesinos, el arquitecto del aparato policial que capturó a Abimael Guzmán y que se convirtió en arma represiva para tratar de imponer a Fujimori para siempre, y que, por ese minestrone de nazis y estalinistas que sigue siendo el chavismo, se le dio protección hasta que Chávez quiso desviar los ataques de la opinión pública hacia la creación entonces de los círculos bolivarianos y otras medidas que ya asomaban los tiempos que vivimos?

Y después de rotundamente negar que daba posada al esbirro, un buen domingo de Julio del 2001 declaro “ atrapamos a Montesinos “.

Acerca de Napoleón, la película

Por Leroy Garrett.

Hoy me alejo de comentar el devenir Venezolano por un tema que considero punto de referencia para comprender los tiempos ambivalentes que vivimos.

Para un cinéfilo impenitente como este cronista, la película histórica más publicitada del año era un bocadillo difícil de esquivar.

La película fue un gran esfuerzo de producción y efectos especiales, sin embargo, en relación a la rigurosa realidad histórica y a las complejidades de un personaje que no solo cambió el mundo en el siglo XIX, sino que sigue influenciando nuestro mundo contemporáneo, el largometraje deja mucho que desear.

La narrativa se inicia en un personaje en el centro de los tumultuosos tiempos de la revolución francesa, específicamente la época conocida como el «Reino del Terror», durante la ejecución de María Antonieta.

Aunque la película con acierto describe los momentos previos a su degollina, como abucheada y vejada por el pueblo, ella murió con el pelo recogido y no alborotado como describe el film.

Además, Napoleón, entonces un capitán de artillería de la republica, no se encontraba presente tal como lo dice la trama, sino que en realidad estaba en Avignon combatiendo las tropas federales.

La personalidad de Napoleón, mostrada por el magnifico actor Joaquín Phoenix, en donde se comporta pasivo-compulsivo, no era tal; el Corso es recordado por sus contemporáneos y se deduce de sus acciones, en ser muy comunicativo —y debió serlo para llegar a alcanzar lo que fue y no un llorón subordinado a Josefina, cuyas tempranas infidelidades, según el film, le hizo abortar la invasión de Egipto; algo que también es falso, porque él fue forzado a retirarse como consecuencia de la derrota de la armada francesa que servía de apoyo a su campaña por parte de los ingleses en la batalla del Nilo—.

Las licencias tomadas por el film de Ridley Scott son escandalosas, Napoleón nunca se entrevistó con Wellington, ni murió loco, ni borracho en Santa Elena, al contrario, en el recién publicado libro de la catedrática de Oxford, Ruth Scurr “Napoleón: una vida entre jardines y sombras” narra con estricta veracidad histórica la afición del emperador de los franceses por la jardinería “, hobby aún verificable por los jardines que construyó en Malmasion y la misma Santa Elena.

Napoleón fue responsable directo de la muerte de tres millones de personas, pero no fue Hitler, sigue siendo a dos siglos de su muerte un personaje de claros oscuros, tirano, pero impulsador de la sociedad secular, anti republicano y al mismo tiempo creador de instituciones como el Louvre o patrocinador de Champollion, descubridor de la Piedra de Roseta, y con ello de la egiptologia. Para nosotros los abogados, el Corso será siempre una apreciada referencia por ser el creador del Codigo Civil, suprema ley cívica la cual, con pírricas variantes locales, sigue rigiendo en las tres cuartas partes del globo.

En fin, esta versión hecha por Riddley Scott —también director de: El Gladiador, Blade Runner, etc.— me resultó tan mediocre que como pasa con todas las películas donde me aburro, me quedé dormido.

Vale la pena esperar que la pasen gratis por las redes, pero no merece el precio del ticket, esta película es otra prueba de lo superficial y conformista de los tiempos que vivimos.

Países Bajos pide disculpas formales por su pasado colonial y esclavista

Países Bajos ha reconocido este lunes la esclavitud como un «crimen contra la humanidad», ha pedido disculpas por su pasado colonial y esclavista y ha anunciado un proceso de reparación tanto para las víctimas como para sus descendientes.

«Compartimos no sólo el pasado, sino también el futuro. Así que hoy ponemos una coma, no un punto», ha dicho el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, durante un discurso simbólico en los Archivos Nacionales de La Haya.

El primer ministro neerlandés ha explicado que, pese a que «nadie vivo hoy en día es personalmente culpable de la esclavitud», el país «es responsable del gran sufrimiento infligido a las personas esclavizadas y sus descendientes».

«A menudo [se realizaba] bajo la autoridad gubernamental de la Compañía de las Indias Occidentales (…) Leemos sobre flagelaciones y torturas hasta la muerte, sobre personas a las que les cortan las extremidades, sobre marcas en la cara», ha explicado Rutte, cifrando entre 66.000 y más de un millón las personas que fueron traficadas por la autoridad antes nombrada en lugares como Asia.

A lo largo de su discurso, Rutte ha mencionado a las antiguas colonias: Surinam, Curaçao, San Martín, Aruba y el caribe neerlandés, formado por Bonaire, San Eustaquio y Saba, con especial énfasis en el nombre del esclavo Tula, que lideró la revolución contra la esclavitud en 1795.

«Hoy honro con respeto los nombres de Tula en Curaçao, Jolicoeur, Boni y Baron en Surinam, One-Tété-Lohkay en San Martín y recordamos a todas esas mujeres y hombres anónimos que buscaron heroicamente la libertad a lo largo de los siglos y que a menudo encontraron allí castigos de los más horribles», ha explicado.

De esta forma, ha asegurado que «muy pocos gobiernos holandeses posteriores a 1863 han visto y reconocido que el pasado de la esclavitud tuvo y sigue teniendo un impacto negativo». «Las disculpas que acabo de hacer resuenan hoy en otros siete lugares del mundo», ha sentenciado.

Rutte ha anunciado que el Gobierno pondrá en marcha un fondo de 200 millones de euros para «concienciación, implicación e impacto» del legado de la esclavitud y ha propuesto también la creación de un Comité de Conmemoración Independiente, así como un museo nacional dedicado a este tema.

La sabiduría de los valientes o la glorificación de Simón Bolívar

Por Levi Aguinagalde

En enero de 1824 el libertador se encontraba enfermo de muerte en su viaje hacia Pativilca, Perú. Se narra que estaba flaco, extenuado y su aspecto visto de cerca daba pena, se notaban la punta de sus rodillas, sus piernas descarnadas, voz hueca y débil y semblante cadavérico. José Manuel Mosquera decía que tuvo que contenerse para no largar sus lágrimas, al contarle varios hechos de la guerra en Perú y contaba:

«Todas estas consideraciones se me presentaron como una falange de males para acabar con la existencia del héroe medio muerto; y con el corazón oprimido, temiendo la ruina de nuestro ejército», le preguntó: «¿Y qué piensa hacer usted ahora?» a lo que el libertador le respondió: «¡TRIUNFAR!», en seguida le preguntó «¿Y qué hace usted para triunfar?», con tono sereno y de confianza respondió: «Tengo dadas las órdenes para levantar una fuerte caballería en el Departamento de Trujillo; (…) Subiré a la Cordillera y derrotaré a esos españoles que están en Tunja». Pronto, en el mismo mes, se supo que el Libertador cumplió con su promesa derrotando a los españoles en Junín.

El culto a Bolívar parte de la narración popular y la historia, un claro ejemplo es la historia ofrecida por Salazar Martínez en su obra Venezuela: Historias civiles e inciviles (1973). Bolívar se muestra como un hombre de valentía y sabiduría, que no afronta la guerra sino las dificultades y, por sobre todas las cosas, su fuerza y estrategia de guerra que lo llevaron a trabajar en una ambición del tamaño de un continente.

Los historiadores afirman que la historia no se trata de buenos o malo, o quién es más o quien es menos, se trata de personajes que tuvieron relevancia en los hechos desarrollados que dieron constantes resultados años tras años; hay figuras que se olvidan, o no se cuenta mucho sobre ellas, que dieron una evolución radical en las ideas de su tiempo, sin embargo, Bolívar es una figura que prevalece en cada periodo de la historia, es mencionada públicamente; debemos reconocer que hasta la actualidad se mantiene viva la figura de Bolívar.

Venezuela ha sido un país que ha parido a hombres con una grandeza excepcional, Bolívar no escapa de esto, sin embargo, su figura de “militar de mano dura” ha creado una cultura que se ve masificada, literalmente, en cada esquina, con calles, avenidas y estados con nombres de militares, plazas y hospitales. ¿Dónde queda el ilustre? Aquel que dice que el mundo es del hombre de bien, pues, ese queda en los libros, pero el militar es el que rodea, el que está hecho en estatua y en esquinas, susurrando «no eres nada sin mí», eso sumado a que bolívar es el centro de toda la historia, en la educación que es un pilar fundamental.

Sustancialmente, el culto a Bolívar es un hecho muy sostenido en tanto que es difícil que se deje esta costumbre de venerar al libertador, la narración, la educación y la costumbre son las que se juntan para hacer más estable el culto al mismo, y su impacto es tal que en la contemporaneidad se sigue sosteniendo.