La gran farsa ideológica colombiana: una “derecha” disfrazada de derecha

Por: Julián Ramírez

Álvaro Gómez Hurtado, con su proverbial lucidez, diagnosticó que en Colombia los conservadores superan con creces al Partido Conservador. Es hora de completar su aguda observación con una verdad incómoda que la clase política, en su hipocresía estructural, se empeña en ocultar: la mal llamada “derecha” colombiana es, en su praxis real, una izquierda economicista vestida de seda y corbata. Mientras esgrimen con devoción retórica las frases sacramentales del libre mercado, han edificado y defendido con uñas y dientes un capitalismo de compadres, un sistema diseñado no para fomentar la competencia, sino para proteger los intereses de una poderosa minoría empresarial privilegiada.

Es un engaño de grandes dimensiones pretender que en este suelo haya florecido alguna vez una derecha liberal auténtica. El verdadero liberalismo económico —aquel que cree en la competencia abierta, la destrucción creativa y en un Estado árbitro imparcial, no jugador interesado— es un fantasma ausente en nuestro debate público: un espectro al que se invoca en los discursos, pero se exorciza en los hechos. Lo que ha predominado, y lo sigue haciendo, es un modelo mercantilista decimonónico en el que el Estado no es rival de los oligopolios; es, en realidad, su arquitecto principal y su guardián más celoso. La supuesta “protección de la industria nacional” nunca fue más que la patente de corso para crear monopolios privados y públicos que hoy estrangulan la innovación, encarecen la vida y limitan las oportunidades. Y la ironía más trágica es que la izquierda contemporánea, en lugar de proponer la libertad económica que tanto invoca en su retórica antioligárquica, lo que busca es controlar esos mismos monopolios. Ambos bandos, en el fondo, comparten una fe dogmática en el Estado como gran repartidor de favores y controlador omnipresente de la vida económica: son dos caras de la misma moneda estatista.

Oligopolios y controles: el país del “no se puede”

Esto no es teoría económica abstracta; es la experiencia cotidiana que sofoca a los colombianos. Los ejemplos no son anomalías del sistema; son su regla de oro, la columna vertebral misma de ese orden perverso.

El feudo energético

Mientras se corea la soberanía energética, el Estado se aferra con puño de hierro al sector de los hidrocarburos. Ecopetrol, un gigante que actúa como juez y parte, ahoga la inversión competitiva y perpetúa un modelo extractivista único. Esta farsa se extiende a la política de precios de combustibles: se le vende al ciudadano el “subsidio” a la gasolina como un favor magnánimo del gobierno, ocultando cuidadosamente que los impuestos pueden representar hasta el 40% del precio final. Es el colmo del cinema estatista: el Estado carga el combustible con una tributación grotesca, asfixiando la productividad nacional, y luego se presenta como el salvador que mitiga el problema que él mismo creó.

La dictadura de las gaseosas

Es un hecho verificado y cotidiano. Las prácticas de exclusividad de empresas como Postobón y Coca-Cola impiden que un tendero, so pena de perder estantes, refrigeradores y hasta el local, venda una gaseosa de una marca distinta. Esto no es libre mercado: es un cártel legalizado que el Estado, por acción u omisión, avala y consiente. El consumidor no elige: obedece la oferta dictada.

Los feudos alcohólicos

Es quizá el ejemplo más cínico y medieval. Es ilegal que un empresario innovador cree una marca de licores para competir con la fábrica del gobernador de turno. Es ilegal que un ciudadano compre el aguardiente de otra región, como si las fronteras departamentales fueran aduanas de reinos de taifas. Esto no es “defensa de los ingresos territoriales”: es la consagración legal del feudalismo comercial.

La tasa de usura: un “techo” que hunde el crédito

En un alarde de populismo regulatorio que pretende proteger, el Estado fija una tasa máxima de usura. Lejos de ser un escudo para el ciudadano, este control sitúa a la banca en el límite máximo permitido para no incurrir en sanciones penales, eliminando cualquier incentivo para competir ofreciendo tasas más bajas. Suprimida esta camisa de fuerza, los bancos se verían forzados a una competencia genuina por el bolsillo del consumidor, dinamizando masivamente el crédito productivo y de consumo. Esta tasa sí afecta directamente al “pueblo”, encareciendo el acceso al capital, a diferencia de las tasas del Banco de la República, un indicador macro lejano que la gente nunca percibe en su día a día pero que siente en el pellejo al solicitar un préstamo.

La prueba irrefutable de esta farsa de una derecha izquierdizada tiene un nombre propio: Álvaro Uribe Vélez, el ícono de esa mal entendida “derecha” colombiana. Como lo documenta fríamente el Cato Institute de Washington, D. C., su gobierno fue un festival de estatismo. Fortaleció a Ecopetrol, no la privatizó; mantuvo los aranceles proteccionistas y no desmontó un ápice de la arquitectura monopolista del país. El uribismo no es liberal: es la perfecta encarnación de una plutocracia que busca favores del Estado en lugar de ganar clientes en el mercado. Es, para ser claros y polémicos, la derecha colectivista.

En este punto, la lúcida y mordaz sentencia de Nicolás Gómez Dávila ilumina el corazón de nuestra paradoja: “El izquierdista no es el que quiere quitarle al burgués su riqueza, sino el que quiere vivir como el burgués, pero sin su esfuerzo”. Esta frase desnuda la esencia. La mal entendida “derecha” colombiana no anhela un mercado libre donde cualquiera pueda, con su esfuerzo, competir y ascender; quiere un Estado que le garantice su posición burguesa mediante oligopolios, aranceles y protecciones. Y la izquierda, a su vez, no ansía una sociedad de hombres libres; ansía capturar ese mismo Estado para redistribuir sus privilegios entre una nueva clase burguesa burocrática, sin necesidad de innovar, arriesgar o competir. Ambos, en el sentido más profundo de Gómez Dávila, son izquierdistas: aspiran a la riqueza o al control, pero huyen del riesgo real y purificador de la competencia abierta.

Imaginar una Colombia liberal no es un sueño utópico; es simplemente recordar el futuro de progreso y oportunidades que nos han robado décadas de este consenso estatista. En esa Colombia posible:

  • Se acabarían los cárteles legales. Cualquier ciudadano podría montar su negocio de licores; cualquier empresario podría competir con Postobón, y la inversión inundaría el país con capital, creando empleo masivo y genuino.
  • Los precios caerían en picada, pues la competencia por el bolsillo del consumidor haría más por abaratar la canasta familiar que todos los subsidios y controles de precios juntos.
  • La corrupción se reduciría drásticamente. Si al Estado se le quita el poder de otorgar monopolios, licencias exclusivas y favores regulatorios, se le desarma su principal herramienta de venalidad.
  • El crédito fluiría a tasas competitivas, liberando el potencial productivo de millones de colombianos hoy excluidos del sistema financiero formal.

Conclusión: dos izquierdas frente al mismo Estado

El veredicto es brutalmente simple y políticamente incorrecto: Colombia no está atrapada en una pugna entre derecha e izquierda; está secuestrada por dos variantes del mismo colectivismo que se turnan el poder en un baile de máscaras. Una, la de la “derecha”, usa la retórica del mercado para blindar sus privilegios. Otra, la de la izquierda, usa la retórica social para anhelar el control total. Mientras no exijamos con vigor una auténtica libertad económica —no de discurso, sino de hechos— seguiremos condenados a elegir, elección tras elección, entre los dueños de hoy y los aspirantes a ser los nuevos dueños de mañana. El pueblo, como siempre, paga la cuenta de un engaño monumental.

La izquierda arranca en Argentina la cuarta huelga contra el Gobierno, esta vez por la reforma laboral

La huelga general convocada por la Confederación General del Trabajo (CGT) contra la reforma laboral del Ejecutivo argentino ha arrancado en la madrugada de este jueves, horas antes de que la Cámara de Diputados aborde un proyecto que ya consiguió la semana pasada el apoyo del Senado.

El paro, que durará 24 horas, está secundado por el sector del transporte, empleados de la Administración, además de comerciantes, de un total de 13 sindicatos que ya han anunciado su respaldo en rechazo a la reforma laboral de Javier Milei, por lo que se espera que durante la jornada se vean afectados muchos de los servicios esenciales.

En este sentido, Aerolíneas Argentinas ha confirmado en declaraciones recogidas por el diario ‘La Nación’ la cancelación de 255 vuelos como consecuencia del paro, lo que afectará a más de 31.000 pasajeros y tendrá un impacto económico de alrededor de USD$ 3 millones.

La huelga, la cuarta celebrada contra las políticas del Ejecutivo de La Libertad Avanza, se produce en una jornada en la que está previsto que la Cámara de Diputados debata y vote una reforma laboral que introduce limitaciones a asambleas y huelgas, crea un banco de horas que permite compensar horas extra con tiempo libre y establece un «salario dinámico» que puede establecerse por tiempo o por rendimiento, incluyendo comisiones individuales o colectivas.

Ante las críticas de algunos legisladores aliados, el Gobierno de Milei ha modificado el artículo 44 de la reforma, que habría implicado una reducción del salario de las bajas médicas hasta el 50% si el trabajador sufriera un accidente o enfermedad no vinculada a sus tareas.

El Senado aprobó hace una semana la denominada Ley de Modernización Laboral, con 42 apoyos, 30 votos negativos y ninguna abstención, tras una maratoniana sesión parlamentaria de 13 horas que concluyó con una victoria del dirigente libertario.

Borrego de la semana 217: Juan Gonzalez, asesor especial del presidente Joe Biden

Esta semana, el exasesor de la administración Biden para el hemisferio occidental, Juan Gonzalez, declaró que, supuestamente, EE. UU. “sí habría capturado a Nicolás Maduro” si hubiese tenido la oportunidad fuera de Venezuela, durante el mandato de Biden.

Sin embargo, eso contradice los hechos, pues fue el mismo González uno de los principales arquitectos de la política de diálogo, negociación y levantamiento de sanciones hacia el narcorégimen chavista —una estrategia que fracasó estrepitosamente—.

Por ello, sus declaraciones actuales solo llegan para intentar lavarse las manos y reescribir la historia, ignorando que, bajo su asesoría, se liberaron sanciones, se reconocieron procesos electorales fraudulentos y se fortaleció al régimen que somete a los venezolanos.

Por esta razón, Juan Gonzalez ha sido seleccionado como el Borrego de la Semana.

De la izquierda caviar a la izquierda sushi: los nuevos niños ricos de la revolución

Paola Piotti, abogada, activista por la libertad y líder del Capítulo de Lola Tarija en Bolivia

Los nuevos niños ricos de la revolución, esa que no implica para ellos perder patrimonio ni comodidad, son distintos. Se distinguen de sus antepasados caviar —reniegan de ellos— porque los consideran anticuados y elitistas, mientras ellos son de barrio.

Paola Piotti

Desde el rooftop del barrio bohemio de moda, un grupo discute las injusticias del sistema capitalista. Esperan el pedido de su tabla de sushi fusión andino –porque les gusta reivindicar los productos nacionales- y beben cerveza artesanal libre de gluten, mientras coordinan sus agendas para la próxima marcha frente a la embajada americana.

Eligieron una mesa en la terraza por comodidad, ninguno de ellos tiene cambio y no les gusta la idea de decirle que no a las personas que piden una moneda mesa por mesa. Consuelan sus corazones con el pensamiento de que el resultado de esa reunión ayudará mucho más a los mendigos que cualquier moneda que puedan darles hoy. O al menos eso se repite entre brindis y consignas.

No están ahí para derrumbar el sistema; están ahí para criticarlo mientras lo disfrutan a sus anchas. Lo hacen desde cargos públicos, asesorías estatales, fondos concursables para proyectos y algunos con documentales sentimentales, todos financiados con impuestos, en suma, dinero ajeno.

Durante años, se criticó a la izquierda caviar -aquel grupo de izquierdistas de clase alta, educados en buenas universidades, con salones privados para la presentación de sus libros, viajes humanitarios y discursos perfectos sobre justicia y consciencia social- incluso desde los propios sectores populares de la izquierda. Bajo esa crítica fue gestándose una versión más antipática de ellos: la izquierda sushi, los herederos simbólicos de la revolución, los portadores de una conciencia de clase performática y mucho más intagrameable.

Los nuevos niños ricos de la revolución, esa que no implica para ellos perder patrimonio ni comodidad, son distintos. Se distinguen de sus antepasados caviar —reniegan de ellos— porque los consideran anticuados y elitistas, mientras ellos son de barrio. Aborrece la ostentación clásica del caviar, y reivindican su consciencia social a través del consumo “limpio”, consumen lo orgánico porque está lejos de los agro tóxicos capitalistas, compran ropa de fibras naturales porque no contribuirán a la producción del fast-fashion, y  juzgan a todo a quien no sigue esas pautas de vida. Llaman cultura a su lujo. Se consideran rebeldes dentro de los círculos privilegiados que frecuentan porque alternan ocasionalmente una tarde pádel en el country con una visita ocasional a una exhibición de arte en un barrio carenciado.

No buscan justificar el dinero de sus padres, lo disfrutan y lo utilizan para denunciar el sistema que los hizo posibles. Son moralistas en público y hedonistas en privado. Critican la misma acumulación de capital que les permitió aprender a criticarla en los costosos cursos de sociología en Europa. Para la izquierda sushi las marchas son eventos sociales, la causa es contenido para redes y el mundo se transforma un hagshtag a la vez.

Son ilustrados. Han tenido el tiempo necesario para leer, no sólo a Marx y Hegel, sino a pensadores cada vez más nicho, cada vez menos accesibles para el común. Exigen de sus adversarios políticos una amplia bibliografía antes de debatir, no por interés genuino, sino por arrogancia intelectual. No son capaces de dimensionar los riesgos de sus consignas, ni reconocen el efecto real de sus ideas y conquistas. Dicen defender una voz que raramente escuchan y se indignan cuando alguien expone su propio consumo sofisticado y privilegios de clase. Por ello, la izquierda sushi no es una contradicción del sistema, es uno de sus subproductos más rentables, porque los nuevos revolucionarios abogan por la repartición de la riqueza, que empieza en la ajena y termina en el límite de la propia. Parece que muy dentro suyo, el capitalismo no los incomoda tanto, lo que les molesta es no poder controlarlo.

Desde esa misma terraza en la que comen, debaten y conviven sin ver la calle, juzgan al resto, especialmente a su blanco favorito: el pobre de derechas. Se sienten con la superioridad moral para explicarle al trabajador cómo funciona el mundo, y exigirle renuncias que él jamás podría permitirse. De hecho, marchan en horario de oficina, porque ninguno de ellos necesita estar en una en ese momento; denuncian a quienes hablan desde sus privilegios, mientras ellos hacen lo mismo, incapaces de reconocer los propios; han encontrado en su doctrina un consuelo: “No existe consumo ético en el capitalismo”, mientras continúan con el brunch y envían sus aplicaciones a la maestría anticolonial de la Universidad de Cataluña.

Sueñan con cambiar el mundo desde puestos bien remunerados en ONGs, o con la publicación de su compendio de poesía antiimperialista, pero tampoco parecen muy afectados porque los cambios no se materialicen con la rapidez que esperan. Tienen una red de seguridad financiera que los sostiene y previene su caída.

Asimismo, su relación con el Estado no termina en proyectos o becas, porque lo han domesticado y convertido en su red de seguridad personal, como recordatorio vivo de que dependen de lo que predican destruir. Es su herramienta favorita para sociabilizar la culpa y garantizar su moral sin incomodarse.

Para colmo, la izquierda Sushi, heredera de la intelectualidad caviar, domina el arte del teatro de la cercanía y la sensibilidad, dentro de la burbuja que sus privilegios les asegura. Su revolución es simbólica, los riesgos son ajenos, y sus consignas inquebrantables. Y aunque esta descripción pueda despertarles indignación, ese sentimiento no será más que la prueba irrefutable de haberse reconocido en estas palabras.

La Fiscalía de Ecuador allana la casa de la socialista Luisa González por lavado de dinero en la campaña

La Fiscalía de Ecuador ha informado este miércoles de un operativo contra el lavado de dinero que ha incluido el allanamiento de varios domicilios, entre ellos el de la excandidata de Revolución Ciudadana (RC) Luisa González, de quien se sospecha habría recibido dinero de Venezuela para financiar su campaña de 2023.

La operación por el conocido como caso ‘Caja Chica’ también se ha desarrollado con el allanamiento en los domicilios del diputado de RC Patricio Chávez y de Andrés Aráuz, compañero de fórmula de González para las elecciones de 2023 y antiguo jefe del partido además candidato presidencial en las de 2021.

En total son ocho personas las investigadas por esta —aparente— financiación irregular de la campaña para las elecciones de 2023, en las que González perdió en segunda vuelta con el ahora presidente, Daniel Noboa, entre ellas el expresidente Rafael Correa, que ha publicado en sus redes la nota de la Fiscalía.

En caso de ser declarada culpable como autora del delito de delincuencia organizada para blanquear dinero, se verá ante la posibildiad de pagar con hasta 30 años de cárcel.

Cabe señalar que este se trata del segundo caso que se le abre a la campaña de González, quien dejó de ser secretaria general del partido el 18 de enero. Ese mismo día, recibió una notificación del Tribunal Contencioso Electoral (TCE) por unas presuntas infracciones en la financiación y los gastos electorales durante la campaña.

Se establecen nuevas pautas dietéticas en EE. UU.

Washington, D.C. — Este miércoles, el Gobierno de EE. UU. presentó la actualización de sus pautas dietéticas nacionales, emitidas de forma conjunta por los Departamentos de Agricultura (USDA) y de Salud y Servicios Humanos (HHS). Las nuevas directrices, que se revisan cada cinco años, introducen ajustes relevantes en las recomendaciones oficiales sobre alimentación saludable.

Durante la presentación en la Casa Blanca, el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., señaló que el objetivo de las pautas es promover el consumo de alimentos reales y contribuir a la reducción de enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes, especialmente en la población infantil.

Entre los cambios más destacados, las nuevas pautas recomiendan priorizar el consumo de proteínas en cada comida, con una ingesta diaria sugerida de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilogramo de peso corporal. En este sentido, de incluyen fuentes de proteína tanto de origen animal —como huevos, aves, mariscos y carnes— como de origen vegetal —entre ellas legumbres, frutos secos, semillas y soja—.

Asimismo, las directrices actualizadas priorizan el consumo de lácteos enteros sin azúcares añadidos, en lugar de productos descremados o bajos en grasa, y recomiendan tres porciones diarias de lácteos. Este cambio podría impactar en programas de alimentación escolar, donde actualmente se ofrece principalmente leche baja en grasa o descremada.

En relación con el consumo de alcohol, las nuevas pautas eliminan los límites diarios específicos establecidos anteriormente y recomiendan, de manera general, limitar su ingesta para favorecer una mejor salud general.

Asimismo, las directrices también incluyen una recomendación explícita de evitar los alimentos altamente procesados, en particular aquellos listos para consumir que contienen altos niveles de azúcar, sal, colorantes, conservantes y edulcorantes artificiales. Se aconseja priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados.

En cuanto al azúcar añadido, las nuevas pautas indican que no existe una cantidad saludable para los niños y recomiendan evitar completamente su consumo durante la infancia y la niñez temprana. Para los adultos, se establece un límite máximo de 10 gramos de azúcar añadido por comida.

Finalmente, las pautas actualizadas recomiendan cocinar con grasas consideradas saludables, entre ellas el aceite de oliva, la mantequilla y el sebo de res, en sustitución de otras grasas y aceites de uso común en la alimentación industrial.

Es necesario señalar que las nuevas pautas dietéticas servirán como referencia para políticas públicas, programas de nutrición, educación alimentaria y recomendaciones de salud en todo el país durante los próximos cinco años.

Cabe señalar que, en lo que respecta a la izquierda política y a los sectores del activismo alimentario, el nuevo énfasis de las pautas en el consumo de proteínas —incluidas carnes y lácteos enteros— entra en clara tensión con una narrativa sostenida durante años que ha vinculado el consumo de productos de origen animal con una carga moral negativa, asociada al impacto climático y a una supuesta culpa social.

De hecho, la validación institucional de estos alimentos por parte del Estado, ahora incorporados explícitamente en las recomendaciones oficiales, contrasta con el discurso previo que los había deslegitimado, generando reacciones críticas desde dichos sectores ante lo que consideran una ruptura con ese marco ideológico.

Al menos cinco detenidos y seis policías heridos en las protestas en Bolivia contra el fin del subsidio al diésel

Al menos ocho personas han sido detenidas en las protestas que han tenido lugar este martes en La Paz contra las nuevas medidas económicas anunciadas por el presidente boliviano, Rodrigo Paz, entre ellas el fin del subsidio al diésel.

La Policía tuvo que utilizar gases lacrimógenos para contener a los manifestantes, encabezados por la Central Obrera Boliviana (COB), el principal sindicato del país, que ya ha anunciado que continuarán las protestas después de que no haya prosperado las primeras conversaciones con el Gobierno.

Los momentos más tensos de la jornada de protestas del martes han tenido lugar cuando un grupo de manifestantes intentó entrar en la acordonada Plaza Murillo, donde se encuentra la del sede del Gobierno, y para ello detonaron pequeños dispositivos de dinamita, hiriendo a varios agentes.

Horas después de estos enfrentamientos, representantes de la COB se reunieron con el presidente Paz y otros miembros con el Gobierno, sin que se produjeran avances de ningún tipo en la principal demanda, la derogación de Decreto 5503, que incluye el fin de las ayudas al diésel junto a otro centenar de disposiciones.

El secretario ejecutivo de la COB, Mario Argollo, ha contado al salir de la reunión que el Gobierno les ha hecho saber que no hay intención alguna de acceder a estas demandas. Posteriormente, el sindicato ha anunciado que continuarán con las medidas presión porque el decreto es «totalmente neoliberal» y «pasará factura».

Trump aprovecha su mensaje por Navidad para cargar contra «la escoria de la izquierda radical»

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha aprovechado su mensaje con motivo de la Navidad para cargar contra «la escoria de la izquierda radical» y defender las acciones adoptadas desde su vuelta a la Casa Blanca en enero: «Somos respetados de nuevo, quizá más que nunca antes».

«Feliz Navidad a todos, incluida la escoria de la izquierda radical que está haciendo todo lo posible para destruir nuestro país, pero fracasa miserablemente», ha manifestado en un mensaje publicado en su cuenta en la red social Truth Social.

«Ya no tenemos fronteras abiertas, hombres en deportes femeninos, transgénero para todos ni fuerzas de seguridad débiles», ha subrayado. «Lo que tenemos es un mercado de divisas en cifras récord, las cifras de criminalidad más bajas en décadas, sin inflación y un PIB del 4,3, dos puntos mejor de lo esperado», ha dicho.

Asimismo, ha defendido que los aranceles que ha impuesto durante los últimos meses han dado a EE. UU. «billones de dólares en crecimiento y prosperidad, además de la Seguridad Nacional más fuerte que se ha tenido nunca». «Que Dios bendiga a EE. UU.», ha zanjado.

Previamente, había mantenido un encuentro telefónico desde su mansión en Mar-a-Lago con niños que llaman al Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) mientras sigue la ruta de Santa Claus con motivo de la Nochebuena, un acto en el que prometió no permitir que un Papa Noel malo» se «infiltre» en el país.

«Queremos asegurarnos de que Santa se esté portando bien. Santa es una persona muy buena», dijo Trump. «Queremos asegurarnos de que no haya infiltrados, que no estemos infiltrando en nuestro país a un Santa malo», manifestó durante la conversación con estos niños, que telefonearon desde varios estados al NORAD.

El costo oculto del victimismo

Julieta Knobel es docente y autora independiente. Explora temas institucionales y dinámicas culturales en la vida pública, y es líder de LOLA Córdoba, Argentina..

(…) cuando una sociedad interpreta el mundo desde el daño, tiende a priorizar el amparo inmediato por sobre la responsabilidad propia. Y (…) cuando se vuelve el filtro principal para evaluar la vida pública, suele abrir la puerta —sin declararlo— a formas de intervención que reducen la libertad con el tiempo.

Julieta Knobel

El prisma victimizador

Hoy la conversación social está mucho más permeable a interpretar casi cualquier malestar personal como si fuera un daño real. Críticas incómodas, diferencias de opinión, desacuerdos o simples frustraciones pasan a describirse como “me lastimó”, “me hirió”, “me agredió”.

Esa inflación emocional del concepto de daño no se queda en lo individual: se expande hacia afuera. La gente empieza a interpretar, con el mismo lente emocional, lo que le ocurre tanto a otros individuos como a colectivos enteros.

Así, cualquiera puede ser declarado “víctima”: mujeres, palestinos, la comunidad LGBT, afroamericanos, latinos… todos. No importa si uno pertenece o no a esos grupos. Si pertenece, la sensibilidad se amplifica; si no, aparece la proyección moral: “Si yo lo vivo como daño, esto que veo afuera también debe ser daño”.

Es el mismo prisma aplicado al mundo entero. Y no se trata de “falta de empatía”. La compasión por el malestar ajeno es saludable y deseable en toda sociedad civilizada. Lo que distorsiona la mirada no es sentir con el otro, sino confundir toda incomodidad con un agravio real y leer el mundo exclusivamente desde ese registro.

El riesgo del prisma victimizador

Cuando todo se interpreta como daño o injusticia y todos parecen víctimas, ocurre lo inevitable: nada se distingue. Las víctimas reales —las que efectivamente han sufrido un delito, un abuso de poder o una agresión verificable— pierden visibilidad y se diluyen entre indignaciones de baja intensidad. Y los villanos —indispensables para sostener la narrativa— suelen ser asignados al azar, inventados o elegidos por pura adhesión emocional.

Cuando este reflejo se vuelve hábito, ya no es un error conceptual, sino un marco mental instalado. La identidad se ancla en modo “agraviada”, el juicio propio se apaga y todo se interpreta a través del prisma victimizador.

La cultura del victimismo como capital político en la región

Aquí aparece el mayor problema mayor, a saber: queda servido el terreno para que la política opere sobre la emoción antes que sobre el criterio. El victimismo empieza como un fenómeno individual —una forma de interpretar el malestar propio—, pero cuando se repite lo suficiente se convierte en un marco colectivo, un lenguaje compartido para entender el mundo.

Aunque no es exclusivo de ningún país, porque el fenómeno es global, Latinoamérica tiene condiciones que facilitan que el victimismo se consolide como cultura:

  • Instituciones frágiles, que empujan a interpretar desde la emoción;
  • Historias políticas basadas en líderes salvadores;
  • Crisis económicas recurrentes;
  • Narrativas donde el “relato” pesa más que la evidencia;
  • Una vida pública saturada de indignación moral.

Con ese suelo emocional ya preparado, el victimismo solo tiene que ocuparlo. Y cuando lo hace, se convierte en capital político: un recurso que cualquier liderazgo con incentivos populistas puede activar. Y una vez instalado, el victimismo provee exactamente lo que ese tipo de lideres necesita:

  • Un público predispuesto a detectar agravios incluso donde no los hay;
  • Una narrativa emocional ya armada, lista para usar;
  • Un villano externo permanentemente disponible;
  • Y —lo más delicado— una ciudadanía dispuesta a delegar poder en quien prometa protección.

Porque cuando una sociedad interpreta el mundo desde el daño, tiende a priorizar el amparo inmediato por sobre la responsabilidad propia. Y aunque la necesidad de protección es humana y legítima, cuando se vuelve el filtro principal para evaluar la vida pública, suele abrir la puerta —sin declararlo— a formas de intervención que reducen la libertad con el tiempo.

Un líder habilidoso solo tiene que administrar el relato: definir a los “buenos” y los “malos”, amplificar la emoción y presentarse como el único capaz de defender al público de un daño omnipresente.

Así se configura un ciclo que no es ideológico, sino mecánico: Cuanto más se vive desde el victimismo, menos espacio queda para verificar hechos y más permisiva se vuelve la sociedad frente a la intervención política.

El punto clave es este: el victimismo —que suele manifestarse primero en lo individual y luego se expande— no sólo deforma la realidad; define qué tipo de liderazgo una sociedad está dispuesta a aceptar.

Petro le recomienda a Maduro permitir una transición política en Venezuela

Caracas. – El presidente guerrillero de Colombia, Gustavo Petro, emitió este miércoles un mensaje sugiriendo al jefe del «Cartel de los Soles», Nicolás Maduro, permitir una transición política en Venezuela, mientras condena al mismo tiempo la posibilidad de una intervención militar por parte de EE. UU.

En sus redes sociales, el mandatario colombiano difundió un mensaje, abordando principalmente la situación de Venezuela en medio de la creciente tensión con la administración de Donald Trump. «Es más democracia el problema de Venezuela y es hora de una amnistía general y de un gobierno de transición con la inclusión de todos», escribió el mandatario izquierdista en la red social X.

«Maduro debe entender que la respuesta a una agresión externa no es solo un alistamiento militar sino una revolución democrática», explicó el mandatario colombiano, en una especie de recomendación al jefe del narcochavismo.

La respuesta de Petro, según lo señalado por diversos medios, se da en respuesta a las represalias tomadas este mismo día, en contra del cardenal Baltazar Porras, a quien, aparte de no permitirle viajar fuera de Venezuela, le revocaron su pasaporte.

«Es una amnistía general, no extender la cárcel», indica Petro. «La patria de Bolívar no debe ser invadida ni por extranjeros, ni por retóricas vacías, ni por cárceles del alma. La patria de Bolívar se defiende con más democracia y soberanía”, señaló finalmente.

El mensaje ha sido considerado en redes y webs periodísticas como un cambio de narrativa por parte del gobierno colombiano, que, si bien ha defendido al narcochavismo, ahora lo insta a bajar la guardia ante lo que parece ser, la irremediable decisión de la Casa Blanca por desalojar a Maduro del poder.