Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“En la sociedad actual, los efectos del neomalthusanismo se pueden observar en políticas públicas que buscan promover la planificación familiar, en programas de educación sexual y reproductiva, y en iniciativas para promover la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales.”
Génesis N. Rodríguez G.
A finales del siglo XVIII, Thomas Robert Malthus publicó su conocido Ensayo sobre el principio de la población y sus efectos futuros sobre el progreso de la sociedad. El fundamento básico de su teoría consiste en que la población humana crece en progresión geométrica, mientras que los recursos para sostenerla lo hacen en progresión aritmética. Estas ideas tuvieron tal impacto que durante el siglo XIX Darwin recogió parte de sus fundamentos para desarrollar la teoría de la «selección natural», derivando en planteamientos de carácter eugenésico y surgiendo en el siglo XX una corriente denominada neomalthusianismo. Esta perspectiva asume un nuevo foco de análisis que intenta argumentar la explotación de los trabajadores por los grupos capitalistas, las relaciones de poder entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo e, incluso, justifican las guerras imperialistas.
Sus planteamientos recogen el problema malthusiano de la sobrepoblación y proponen como solución la reducción artificial de los nacimientos (anticoncepción, aborto y esterilización son los medios para lograrlo). El ámbito económico de estos planteamientos es la escasez de recursos frente a una población que aumenta constantemente. El crecimiento demográfico conlleva la necesidad de un mayor esfuerzo en el aprovechamiento de los recursos naturales. Desde el punto de vista de la economía, se produce una revalorización del factor numérico poblacional como factor que posibilita el desarrollo. Este aumento de los habitantes produce una mayor fuerza de trabajo y es posible el mantenimiento de industrias y de las denominadas «economías de escala». Bajo esa lógica, el crecimiento económico de una comunidad se mantiene al conservar una población activa más numerosa que aquella no activa (niños y ancianos).
En la actualidad, el problema no consiste en una superpoblación que pueda terminar con los recursos alimenticios, sino más bien en los daños que podrían llegar a provocar la aplicación de una óptica antinatalista en una región. Sin duda, los índices de natalidad se encuentran en un descenso continuo, sobre todo en aquellas regiones que se encuentran en una transición demográfica avanzada y en una disminución de la natalidad que no permite el recambio generacional. En ese caso, los propósitos se están enfocando en «educar» a la opinión pública en el sentido que el crecimiento de la población es una amenaza para mantener el equilibrio medioambiental.
¿Quién fue Thomas Malthus? Thomas Malthus fue un economista y demógrafo británico, nacido el 13 de febrero de 1766 en Surrey, Inglaterra, y fallecido el 23 de diciembre de 1834 en Bath, Inglaterra. Es conocido principalmente por su teoría sobre la población, expuesta en su obra «Ensayo sobre el principio de la población» publicada en 1798. Malthus estudió en el Jesús College de la Universidad de Cambridge y posteriormente se ordenó como sacerdote anglicano. A lo largo de su vida, ocupó diversos cargos académicos y religiosos, y también se desempeñó como profesor de economía política en la East India Company College.
¿En qué consistió su teoría? La teoría de Malthus se centra en la relación entre el crecimiento de la población y los recursos disponibles. Sostiene que la población tiende a crecer de manera exponencial, mientras que la producción de alimentos lo hace de manera aritmética. Por lo tanto, en algún momento la población superará la capacidad de producción de alimentos, lo que llevará a la escasez y al sufrimiento humano. La teoría del neomalthusianismo es una corriente de pensamiento que retoma las ideas de Malthus y las aplica a la actualidad. Los neomalthusianos argumentan que el crecimiento poblacional descontrolado puede llevar a crisis humanitarias, ambientales y sociales, y abogan por políticas de control de la natalidad y planificación familiar para evitar estas consecuencias. También se enfocan en la importancia de la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales.
¿Cómo ha influido actualmente esta teoría? La teoría del neomalthusianismo está presente en la actualidad a través de debates sobre el crecimiento poblacional, la escasez de recursos naturales, el cambio climático y la sostenibilidad. En muchos países, especialmente en aquellos con altas tasas de crecimiento demográfico, se están implementando políticas de control de la natalidad y planificación familiar para abordar los desafíos asociados con el aumento de la población. Además, el neomalthusianismo también ha influido en discusiones sobre la distribución desigual de recursos y la preservación del medio ambiente. Muchos defensores de esta teoría argumentan que el crecimiento poblacional descontrolado puede llevar a la sobreexplotación de los recursos naturales, la degradación del medio ambiente y crisis humanitarias.
En la sociedad actual, los efectos del neomalthusanismo se pueden observar en políticas públicas que buscan promover la planificación familiar, en programas de educación sexual y reproductiva, y en iniciativas para promover la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales. Sin embargo, también ha generado debates sobre la ética de limitar el crecimiento poblacional y sobre cómo abordar estos desafíos de manera justa y equitativa para todas las personas. Es importante tener en cuenta que la teoría de Malthus ha sido objeto de críticas y controversias a lo largo del tiempo. Algunos críticos argumentan que su enfoque en el control de la población ignora las causas subyacentes de la pobreza y la desigualdad, y que las políticas de control de la natalidad pueden ser coercitivas y violar los derechos reproductivos de las personas.
Es importante reconocer las limitaciones de la teoría neomalthusiana y explorar enfoques más integrales y equitativos para abordar los desafíos asociados con el aumento de la población y la preservación del medio ambiente. Esto implica considerar otros factores como el desarrollo tecnológico, la distribución desigual de recursos y el consumo excesivo en los países desarrollados. En última instancia, un enfoque multidisciplinario que integre la economía, la sociología y otras disciplinas es crucial para abordar de manera efectiva los complejos problemas relacionados con el crecimiento poblacional y la sostenibilidad.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos.”
Génesis N. Rodríguez G.
Comenzare hablando de la pobreza con este fragmento que me gustó mucho desde que lo leí hace semanas, tomado del libro “Repensar la pobreza” de los autores Abhijit V. Banerrjee y Esther Duflo: “En lugar de discutir la mejor manera de luchar contra la diarrea o el dengue, muchos de los expertos más influyentes tienen fijación con las «grandes preguntas»: ¿cuál es la causa principal de la pobreza? ¿Hasta qué punto debemos creer en el mercado libre? ¿La democracia es buena para los pobres? ¿Cuál es el papel que puede tener la ayuda al desarrollo?» Y otras de este estilo.
Jeffrey Sachs, asesor de Naciones Unidas, director del Earth Institute en la Universidad de Columbia de Nueva York y uno de estos expertos, tiene respuesta para todas estas preguntas: los países pobres lo son porque son calurosos, poco fértiles, están infestados de malaria y a menudo carecen de salidas al mar, lo que dificulta que sean productivos por falta de una gran inversión inicial que les ayude a ocuparse de estos problemas endémicos. Pero estos países no pueden financiar las inversiones precisamente porque son pobres se encuentran inmersos en lo que los economistas llaman la «trampa de la pobreza». Mientras no se haga algo contra estos problemas, ni la democracia ni el mercado libre les aportarán gran cosa.
Por eso la ayuda externa resulta fundamental, ya que, gracias a ella, los países pobres pueden invertir en estas áreas críticas, haciéndolos más productivos e iniciando un círculo virtuoso. Los ingresos que se generen, que serán más elevados, permitirán nuevas inversiones y así continuará una espiral favorable.
En su best-seller de 2005, El fin de la pobreza, Sachs argumenta que si los países ricos aportasen 195.000 millones de dólares al año en cooperación entre los años 2005 y 2025, al final de este periodo la pobreza podría haber desaparecido completamente. Sin embargo, otras voces también influyentes creen que todas las respuestas de Sachs son erróneas. William Easterly, enfrentado a Sachs desde el otro extremo de Manhattan, en la Universidad de Nueva York, se ha convertido en una de las figuras públicas más destacadas en la oposición a la ayuda internacional, a raíz de la publicación de dos libros, En busca del crecimiento y The White Man’s Burden. Y otra voz que se ha unido recientemente a la de Easterly es la de Dambisa Moyo, autora del libro Dead Aid y economista que había trabajado anteriormente en Goldman Sachs y en el Banco Mundial. Estos dos autores sostienen que la ayuda hace más mal que bien, al disuadir a la gente de buscar soluciones propias, al corromper y socavar las instituciones locales y al crear un lobby formado por las ONG que tiende a perpetuarse.
La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos. De ese modo, los pesimistas de la ayuda se consideran bastante optimistas respecto a cómo funciona el mundo. Para Easterly no existen las denominadas trampas de la pobreza. Llegados a este punto, ¿a quién debemos creer? ¿A quienes afirman que la ayuda resolverá el problema o a quienes aseguran que empeorará la situación? El debate no puede ser resuelto de forma abstracta. Se necesitan evidencias, pero desafortunadamente los datos que se suelen utilizar para responder a estas grandes preguntas no inspiran confianza.
La pobreza en Venezuela ha aumentado significativamente en los últimos años debido a una combinación de factores como la crisis económica, la inflación, descontrolada, la falta de inversión en infraestructura y servicios básicos, la corrupción, y las políticas gubernamentales. Fuentes como el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ( ENCOVI) suelen proporcionar datos actualizados sobre la pobreza en el país. En el caso específico del Estado Guárico la pobreza también ha aumentado, afectando principalmente a las zonas rurales y a las comunidades mas vulnerables. La falta de oportunidades laborales, la escasez de servicios básicos como agua potable y electricidad, y la inseguridad alimentaria son algunos de los factores que contribuyen a la pobreza en la región.
En cuanto a los municipios más pobres o con pobreza extrema en Guárico, esta información puede variar dependiendo de los criterios utilizados para medir la pobreza. Sin embargo, algunos municipios que suelen ser identificados como los más afectados por la pobreza son San Gerónimo de Guayabal, El Socorro, Leonardo Infante y Francisco de Miranda.
De acuerdo con las metodologías internacionales de evaluación utilizadas por la comunidad humanitaria en crisis y emergencias, las organizaciones aliadas de HumVenezuela siguen un modelo de medición de los impactos de la EHC construido por consensos, en cinco sectores (condiciones de vida, alimentación, agua y saneamiento, salud y educación básica), que tiene un alcance nacional y por estados del país. Este modelo comprende mediciones de la escala, severidad, intensidad y profundidad de la EHC, que permiten presentar estimaciones de las personas en necesidad, sus agrupaciones por niveles de severidad y la relación de su situación con las capacidades caídas de sistemas, programas, bienes y servicios, como producto de los factores que originan la EHC.
En cada medición anual se realiza un análisis de las fuentes de información demográfica disponibles, utilizando hasta la actualidad las proyecciones estimadas por CELADE (División de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL), publicadas en 2019. Para la distribución de la población por estados, a partir de 2023 se comenzaron a realizar análisis estadísticos basados en data censal y otras estimaciones pasadas de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2020 y 20219, que también de basan en proyecciones de CELADE. En esta medición se utilizaron las proyecciones de población de CELADE para Venezuela correspondientes al año 2023, la cual fue estimada en un total de 28.838.496 de personas.
Pudimos observar, en un rango de tres niveles (bajo, medio y alto), se clasificaron los estados por la población afectada en cada dimensión. En tanto todas las afectaciones tienen impactos severos en la vida de las personas, la clasificación solo tiene el propósito de realizar un abordaje integrado de perfiles de afectación. La clasificación arrojó que 8 de los 20 estados mostraron hasta 6 dimensiones donde las poblaciones en necesidad alcanzan niveles altos. En orden alfabético, estos fueron Anzoátegui, Apure, Bolívar, Falcón, Guárico, Miranda, Monagas y Táchira. Podemos ver como el Estado Guárico esta entre los 8 mas afectados en casi todas las dimensiones que se evaluaron, sobre todo en altos números de violencia y la irregularidad de la asistencia escolar, es importante que haga énfasis aquí en la parte educativa, aunque estemos hablando de pobreza el no poseer niveles altos de educación influye de manera directa para medir la pobreza. El Estado Guárico aparece entre los principales Estados del país con personas en necesidades críticas, y según los anteriores informes para 2023 fue aumentando de critico a severa la situación, cifras que nos indican que las políticas públicas no están siendo ejecutadas de la mejor manera por los organismos correspondientes, aparte de muchos otros factores que están influyendo para agudizar aún más la pobreza en el Estado llanero.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió el 19 de marzo de 2026 la Licencia General 5V, que entra en vigor de inmediato y sustituye a la anterior 5U. Aunque se presenta como una medida técnica y temporal, su verdadero alcance es estratégico: protege el proceso de venta de Citgo y, al mismo tiempo, abre una ventana concreta de oportunidad para las reparaciones de las miles de víctimas del Holocausto Petrolero.
Alcance preciso y mecánica real de la GL 5V
La licencia es estrecha, temporal y protectora del proceso judicial en Delaware. Sus puntos esenciales son:
• Autoriza únicamente transacciones, financiamientos y operaciones relacionadas con el Bono PDVSA 2020 al 8,5 % (el garantizado con las acciones de Citgo) a partir del 5 de mayo de 2026.
• Hasta esa fecha, prohíbe expresamente cualquier ejecución de gravámenes, sentencias, embargos o toma de garantía sobre las acciones de Citgo por parte de los tenedores del bono.
• No desbloquea bienes de manera general, no permite nueva deuda y mantiene vigentes las prohibiciones de otras sanciones (como las del Decreto Ejecutivo 13808 para otros instrumentos).
En términos claros: la GL 5V actúa como un “paralizador temporal” o stay of execution. Congela la capacidad de los bonistas para embargar o forzar la venta de Citgo mientras se cierra la ventana actual de la operación.
La estrategia transaccional de la administración Trump
Esta decisión refleja el enfoque pragmático y comercial del presidente Donald Trump. Su objetivo no es beneficiar a un grupo político específico, sino estabilizar un activo clave para Estados Unidos:
1. Evitar que los bonistas paralicen la venta aprobada por la Corte de Delaware.
2. Permitir que Amber Energy (afiliada a Elliott Management) complete la adquisición de PDV Holding por 5.900 millones de dólares con título limpio.
3. Mantener el flujo de ingresos petroleros bajo cuentas controladas por el Tesoro (a través de la Licencia General 52).
Lejos de ser un obstáculo, la medida protege la venta. Después del 5 de mayo de 2026, los bonistas podrán negociar, comercializar o refinanciar libremente sus instrumentos, pero las acciones de Citgo ya estarán en manos de Amber.
La gran ventaja para lograr el QSF y las reparaciones reales
Y aquí radica la oportunidad histórica para las 23.000 víctimas del Holocausto Petrolero (los miles trabajadores despedidos injustamente entre 2002 y 2003).
Al bloquear temporalmente las ejecuciones de los bonistas, la GL 5V crea un espacio valioso de calma antes de que los acreedores privados puedan reclamar su porción. Esto permite que los fondos generados por la venta de Citgo —o los recursos acumulados en cuentas del Tesoro bajo la GL 52— se destinen, antes de cualquier distracción, a la creación de un Fondo Fiduciario de Liquidación Calificado (Qualified Settlement Fund – QSF).
Esta es precisamente la propuesta que se ha venido defendiendo ante la Corte Federal de Delaware en el caso 1:17-mc-00151: reservar un porcentaje justo (5 % o más) de los recursos de la operación para indemnizaciones directas y tangibles a las víctimas.
Un QSF no es una promesa lejana. Es el mecanismo real que permitiría entregar:
• Indemnizaciones justas
• Pensiones dignas
• Asistencia médica y apoyo familiar
después de más de 23 años de sufrimiento. La Licencia 5V elimina el riesgo inmediato de caos legal y da el tiempo necesario para que el Departamento del Tesoro y la Corte de Delaware concreten esta reparación.
Es momento de actuar
La Licencia General 5V no es solo una medida técnica para facilitar una venta. Es una ventana histórica que no puede desaprovecharse.
Las 23.000 victimas del Holocausto Petrolero no merecen seguir siendo los eternos excluidos. El Fondo QSF es la reparación mínima, justa y tangible que corresponde. El momento de impulsarlo es ahora. Victoria a la malograda y olvidada familia petrolera.
“(…) Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo.”
Orlando Fuenmayor
Hay algo que está pasando con el venezolano en este momento político, y no es menor: la desesperación. Después del 3 de enero, mucha gente esperaba cambios inmediatos, casi milagrosos, como si los procesos históricos funcionaran con la velocidad de un titular de Twitter. Como esos cambios no se ven con la rapidez que algunos imaginaban, empieza a aparecer una narrativa peligrosa: la del desencanto prematuro.
Y lo curioso es de dónde vienen muchas de esas narrativas. Algunas salen directamente del chavismo; otras del llamado chavismo azul, esa falsa oposición que vive de la confusión política. Ambos sectores trabajan con la misma lógica: empujar al venezolano a la frustración. O el vaso está completamente vacío o el país está condenado. No hay matices, no hay contexto, no hay proceso histórico.
Pero si uno mira el vaso medio lleno, hay una realidad imposible de negar: el chavismo ya no existe como existía antes. Nicolás Maduro, que era el jefe político de la estructura criminal, ya no está en la misma posición de poder que tuvo durante años. Y mucho menos Cilia Flores, que durante años fue el brazo jurídico y operativo de esa maquinaria, mientras su entorno familiar aparecía vinculado a redes de narcotráfico de manera escandalosa.
Eso cambió. ¿Significa eso que Venezuela ya se arregló? Por supuesto que no. Pero tampoco significa que todo siga exactamente igual. Y aquí es donde vale la pena recordar un concepto de la Grecia antigua que sigue siendo brutalmente vigente: el del “idiota”. En el mundo griego, la palabra idiotes no era un insulto como hoy. Se usaba para describir al ciudadano que se mantenía al margen de los asuntos públicos y solo se ocupaba de sus intereses privados. En otras palabras, el que renunciaba a participar en la vida política de su comunidad.
Para los griegos, ese ciudadano era peligroso para la democracia. No porque fuera estúpido, sino porque era indiferente. El problema es que las sociedades también pueden llenarse de idiotas en ese sentido original: personas que ven lo que ocurre, saben que algo está mal, pero deciden no involucrarse. Critican, se quejan, pero no asumen ningún tipo de responsabilidad.
Luego está el siguiente escalón: el imbécil. Si el idiota es el que ignora o se desentiende, el imbécil es el que entiende perfectamente lo que pasa… pero decide actuar mal a propósito. Es el que repite narrativas falsas, el que alimenta la confusión o el que prefiere el caos porque cree que puede sacar provecho personal de él.
Y en Venezuela hoy estamos viendo ambas cosas. Por un lado, ciudadanos confundidos por una avalancha de manipulación comunicacional: redes sociales, propaganda, rumores, desinformación calculada. Por otro lado, actores políticos que alimentan esa confusión porque viven del conflicto permanente.
Por eso aparecen absurdos que hace unos años habrían sido impensables. Por ejemplo, gente diciendo que “estábamos mejor con Maduro”. Otros convencidos de que Estados Unidos se va a “robar Venezuela”, como si el país fuera una finca abandonada lista para remate.
Y entonces aparecen comparaciones ridículas con Puerto Rico. Pero cuando uno observa la realidad puertorriqueña ve algo interesante: un territorio que se queja de su relación con Estados Unidos, pero que tampoco quiere romper con ella porque eso implicaría perder beneficios concretos. Esa contradicción demuestra algo sencillo: las relaciones políticas complejas no caben en consignas simplistas.
Pero el venezolano, muchas veces, prefiere la consigna. Y ahí es donde aparece otro problema cultural profundo: la evasión de responsabilidad. Durante décadas hemos cultivado una mentalidad donde siempre se espera que otro resuelva el problema. El líder, el militar, el extranjero, el salvador de turno. Siempre hay un mesías esperando en el imaginario colectivo.
Mientras tanto, el ciudadano se queda en el rol de espectador. Y eso tiene consecuencias. Porque cuando una sociedad renuncia a su papel protagónico, termina convirtiéndose en un peso muerto. Un bulto que pesa, pero que nadie quiere cargar. El venezolano empieza a ser una molestia incluso para sí mismo, porque no sabe cómo reaccionar ante los momentos de presión histórica.
Entonces aparece la vieja lógica de la viveza criolla: “quítate tú para ponerme yo”. No se trata de construir un país distinto, sino de ver quién agarra el turno con el menor esfuerzo posible. Pero las transiciones políticas no funcionan así.
Las transiciones son lentas, contradictorias, incómodas y muchas veces frustrantes. No producen victorias limpias ni resultados inmediatos. Lo que producen es algo mucho más difícil: responsabilidad. Y ahí está la verdadera pregunta que el venezolano todavía no quiere responder.
¿Vamos a seguir esperando que alguien más nos salve? ¿O finalmente vamos a dejar de comportarnos como idiotas —en el sentido griego de la palabra— y asumir que el destino de un país también depende de sus ciudadanos?
Porque si algo ha demostrado la historia, es que ningún país se salva con espectadores. Y Venezuela, hoy más que nunca, necesita ciudadanos.
Le escribo esta carta pública, que será publicada en contrapodernews.com, para expresar mi profundo agradecimiento por su incansable apoyo a la libertad en Venezuela. Su liderazgo en el Senado, como la resolución que honró el “Nuevo Día de Libertad” tras la captura de Maduro en enero de 2026, sus rallies con líderes venezolanos en Florida y proyectos de ley como el No Relief for Allies of Dictators Act, demuestran su compromiso con la democracia y contra el socialismo que ha destruido vidas. Gracias a aliados como usted, bajo el mandato del Presidente Trump, Venezuela ve esperanza después de años de opresión.
Permítame presentarle el “Holocausto Petrolero”: Somos los aproximadamente 23.000 sobrevivientes de la purga masiva en PDVSA durante 2002-2003 bajo Chávez. Fuimos despedidos injustamente, incluidos en la Lista Tascón para blacklistarnos, y privados de salarios, pensiones y derechos. Como representante pro se, lidero la lucha por justicia a través de litigios en cortes estadounidenses (como el caso Delaware 1:17-mc-00151), peticiones a OFAC y registro en la CIDH. Perseguimos reparaciones humanitarias de activos venezolanos congelados, reconocimiento oficial de estas violaciones y un fondo para las víctimas, priorizando el bienestar humano sobre intereses corporativos.
En nombre de nuestra comunidad, le pido disculpas por el desagravio cometido por ciertas personalidades de la oposición venezolana al no aceptar su invitación al Estado de la Unión. Fue una imprudencia e ingratitud imperdonable hacia un aliado como usted, quien ha defendido nuestra libertad con acciones concretas. Este acto refleja una desconexión que no representa a las verdaderas víctimas.
El Holocausto Petrolero, al igual que grandes sectores de la sociedad venezolana víctimas de transgresiones, ha sido ignorado por facciones de la oposición. Esto expresa colaboracionismo con el régimen, clientelismo electoral y evasión de soluciones reales a los grandes problemas de Venezuela, como la corrupción y la restauración de derechos humanos. En lugar de unir fuerzas por justicia, se priorizan agendas políticas que perpetúan el sufrimiento.
Añada la paradoja de PDVSA Ad Hoc: Liderada por figuras como Horacio Medina, un líder sindical vinculado a la masacre de 2002-2003, ignora el alcance humanitario de la Licencia General OFAC 7C, que debería salvaguardar activos para el pueblo venezolano, no solo para créditos comerciales. Sus abogados en PDVH han opuesto brutalmente en cortes (como la moción de reconsideración en D.I. 68, marzo 4, 2026) cualquier reconocimiento de alter-ego para reparaciones, contradiciendo el espíritu del Decreto Ejecutivo 14373 que protege ingresos petroleros para el bien del pueblo. Esto etiqueta nuestra evidencia como “meritless” mientras ignora violaciones a la CIDH y OIT, priorizando impunidad corporativa sobre el bienestar humano – una contradicción que urge corregir para alinear con la política estadounidense de accountability.
Senador Scott, su sensibilidad por la libertad y la justicia nos inspira. Le solicito una audiencia lo antes posible para discutir cómo integrar las reparaciones para estas víctimas en la transición venezolana, utilizando los activos bajo control estadounidense. Su guía podría ser transformadora.
Agradezco su atención y liderazgo. Estoy disponible para dialogar.
Atentamente, Dr. Leroy A. Garrett, Representante del Holocausto Petrolero (X: @LeroGarrett). Teléfono: 832-652-7912.
“(…) Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo.”
Orlando Fuenmayor
Hay un error casi cultural en el análisis político venezolano: creemos que todo es ajedrez. Que cada discurso es una jugada milimétrica. Que cada silencio es una señal cifrada, y que, si interpretamos bien el mensaje del presidente de Estados Unidos en el Estado de la Unión, podremos anticipar el destino de Venezuela. Con Donald Trump, eso es perder el tiempo.
No porque no tenga estrategia. La tiene. Pero no es lineal, institucional ni académica. Es manejo de conflicto. Es administración del caos. Es narrativa por encima de estructura. Quien intente analizar la transición venezolana como si Trump fuera un ejecutor predecible, con hoja de ruta pública y coherente, está leyendo el mapa equivocado.
Lo ocurrido en el Estado de la Unión no fue un anuncio formal de política exterior hacia Venezuela. Fue algo más simple y revelador: símbolos, Gestos, y Escenografía. La aparición de Enrique Márquez como figura destacada no fue casualidad. Fue mensaje. En la política de Trump, la puesta en escena importa tanto como la sustancia. Y cuando alguien ocupa ese espacio, es porque está siendo útil dentro del relato que se quiere proyectar.
Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo. Este mismo mes, en Nueva York, durante el llamado Board of Peace —una cumbre vinculada a liderazgos y reconocimientos internacionales en materia de paz— tampoco estuvo como figura central. Y estamos hablando de una Premio Nobel.
Eso no es descuido protocolar. Es lectura de poder. Cuando alguien con ese nivel de reconocimiento internacional queda fuera de espacios donde naturalmente debería estar, el mensaje es claro: no está siendo considerada pieza clave en la arquitectura que otros están construyendo.
Trump no opera bajo el esquema sentimental de “quién ha luchado más”. Opera bajo el cálculo de “quién es funcional a mi narrativa en este momento”. Y hoy, claramente, la narrativa no gira alrededor de ella, y muchos venezolanos se angustian intentando descifrar qué significa eso —que si es traición, si es estrategia secreta, si es abandono—. Pero analizar a Trump como si fuera un diplomático europeo es como estudiar un huracán con manual de brisa tropical. No funciona así.
Mientras tanto, la transición venezolana no depende de lo que se diga en Washington. Depende de lo que ocurre en el terreno. Los movimientos internos en la administración de Delcy Rodríguez —despidos, reacomodos, fracturas— no son teoría. Son síntomas de reconfiguración de poder. El cese del fiscal general Tarek William Saab no es un rumor de redes, sino una señal institucional.
Asimismo, las liberaciones de presos políticos no son discurso: son personas saliendo de celdas. Y todo esto ocurre a casi dos meses de la intervención, captura y encarcelamiento de Nicolás Maduro. Ese hecho cambió el tablero. Lo demás son movimientos posteriores a una sacudida histórica.
¿Está todo resuelto? No.
¿Está clara la nueva arquitectura de poder? Tampoco.
¿Hay improvisación y luchas internas? Por supuesto.
Pero hay avance. Un avance imperfecto, contradictorio, sin épica romántica. Y eso desespera a quienes quieren una narrativa limpia, heroica y alineada con sus expectativas ideológicas.
La realidad no funciona así. Trump puede confundir, distraer y lanzar mensajes cruzados. Puede llamar “presidente” a quien le convenga en el momento preciso. Puede cambiar el foco mediático en minutos. Puede dejar fuera a quien ayer parecía imprescindible. Pero eso no significa que el proceso venezolano esté paralizado, sino que la política estadounidense responde a intereses estadounidenses. Venezuela puede estar en el radar, pero no es el centro del universo de Washington.
Por eso el foco no puede estar en interpretar gestos teatrales en el Capitolio ni en cumbres donde se reparten fotos y aplausos. El foco tiene que estar en los cambios estructurales dentro del país: qué instituciones se transforman; qué actores ganan terreno; qué sectores económicos se mueven; qué acuerdos se construyen —o se rompen— tras bastidores.
El futuro inmediato no es completamente claro. Nadie serio puede afirmarlo. Pero sí es evidente que hay movimiento. Y en política, movimiento es poder en transición. Caer en la desesperación es fácil. Convertir cada gesto internacional en una profecía es tentador. Pero el análisis sobrio exige observar hechos, no emociones.
No intenten entender a Trump como si fuera un tratado académico. Evalúen lo que hace. Y, sobre todo, evalúen lo que ocurre en Venezuela más allá de él. Porque el destino del país no lo definirá un discurso anual en Washington, ni una cumbre elegante en Nueva York. Lo definirá la consolidación —o no— de los cambios que ya están en marcha.
Y esos cambios, con todos sus defectos, están ocurriendo.
En el ajedrez geopolítico del hemisferio, Estados Unidos ha mirado siempre a Venezuela con una mezcla de paternalismo y recelo, especialmente cuando la oposición interna, por popular que sea, se muestra como un caballo desbocado incapaz de galopar hacia la estabilidad. ¿De dónde viene esta aversión crónica a las oposiciones venezolanas hoy por hoy? No es un capricho reciente de la era Trump, sino un patrón forjado en el fuego de la fragilidad política caribeña. Recordemos: la Venezuela pre-petrolera del siglo XX era un polvorín de caos, con caudillos y revueltas que invitaban a intervenciones foráneas. En 1902-1903, el bloqueo naval de Gran Bretaña, Alemania e Italia a las costas venezolanas por deudas impagas alarmó a Washington.
Theodore Roosevelt, blandiendo la Doctrina Monroe, rechazó la agresión europea no solo por ayudar al “vecino débil”, sino para afirmar que América era ya antes de la primera guerra mundial su zona de influencia. Nada de aventuras imperiales como la de Napoleón III en México en los 1860s. El mensaje fue claro: fragilidad política equivale a caos, pero no a suelo fértil para posesiones de ningún índole, el principio se mantiene, es geopolítica del poder, es realpolitik punto.
No es la primera vez que una oposición, o fracciones de ella, es descartada como “no apta” para el poder, pese a su arrastre popular.
Ahí está el caso paradigmático de la Unión Republicana Democrática (URD), el partido de Jovito Villalba, que en los 1950s y 1960s encarnó las luces y sombras de un movimiento que Washington vio como un factor conveniente… hasta que dejó de serlo. Pero antes de sumergirnos en ese episodio, hagamos un paréntesis con la oposición actual, cuya caída en desgracia puede resumirse en un rosario de pecados: colaboracionismo con el régimen chavista, silencio ante la invasión cubana y ausencia de un plan real para desmantelarla, apego masoquista a elecciones fraudulentas, popularidad efímera sin músculo para gobernar, y declaraciones tragicómicas como tildar a Chevron de “organización terrorista”. Estos errores la han convertido en un serio inconveniente para la transición post-Maduro, marginada por una Casa Blanca que prefiere negociar con el chavismo “exorcizado” de Delcy Rodríguez.
Los Archivos Nacionales de Estados Unidos, a través de documentos desclasificados en Foreign Relations of the United States (FRUS) y el Reading Room de la CIA, pintan un retrato detallado de la URD y sus riesgos para la democracia venezolana de entonces. Desglosémoslo en tres lentes clave, como se recoge en estos registros:
1. Legitimidad democrática vs. Estabilidad: En 1952, la URD arrasó en las elecciones a la Asamblea Constituyente, reflejando el rechazo masivo a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Washington lo reconoció como una fuerza popular legítima, pero priorizó relaciones cálidas con el dictador por “imperativos estratégicos” como el petróleo. URD era visto como un catalizador de cambio, pero uno que no podía ignorarse eternamente sin arriesgar estabilidad.
2. El comodín “amorfo”: Cables diplomáticos describen a URD como menos rígida ideológicamente que sus pares (como AD o COPEI), lo que la hacía “conveniente” para forjar el Pacto de Punto Fijo en 1958, una coalición que garantizaba una transición estable a la democracia. Sin embargo, esa naturaleza “amorfa” la volvía impredecible: un aliado táctico, pero con potencial para desequilibrar el tablero.
3. La fricción de 1960: Aquí llegó el quiebre. Documentos de la CIA revelan que, al romper con la coalición gubernamental a finales de 1960, la URD viró hacia elementos radicales, aliándose con facciones castristas y comunistas para obstruir programas del gobierno de Rómulo Betancourt. Inteligencia americana la etiquetó como amenaza a la “reforma evolutiva” que EE.UU. favorecía, un eufemismo para cambios controlados que preservaran intereses petroleros y anticomunistas.
Esta evaluación se confirmó con figuras como José Vicente Rangel y Fabricio Ojeda, militantes URD que actuaron como informantes de Fidel Castro, traicionando la patria. Ojeda, héroe de la Junta Patriótica contra Pérez Jiménez, murió prematuramente en la guerrilla; Rangel, un Richelieu tropical, maniobró con astucia hasta clavarle la daga a la república, facilitando el ascenso y control absoluto del chavismo décadas después.
Ahora, comparemos con la oposición actual. Jovito Villalba y María Corina Machado comparten un aura mesiánica: líderes carismáticos, populares en sus épocas, pero no jefes de Estado materializados. Villalba, con su oratoria incendiaria, galvanizó masas contra la dictadura, pero su sectarismo interno diluyó la URD en divisiones ideológicas. Machado, Nobel de la Paz 2025, arrasó en primarias opositoras con 93% en 2023, pero su radicalismo (denuncias a ultranza, alianzas volátiles) la ha hecho impredecible para Washington. Trump la descartó públicamente: “No tiene apoyo ni respeto en el país”, optando por la estabilidad del chavismo tramitante. El factor sectarismo persiste: como la URD se escindió por radicales, la oposición actual se fragmenta entre Machado y colaboradores como Henrique Capriles, diluyendo fuerza colectiva.
La apreciación norteamericana es idéntica: conveniente para presionar, pero inconveniente para gobernar, un “wildcard” que amenaza la reforma controlada.
En resumen, la “visita” de la historia a la URD nos recuerda que popularidad no basta; se necesita pragmatismo para navegar el escrutinio de la diplomacia de Washington. Hoy, con Maduro capturado y Rodríguez al timón, la oposición repite el guion: mesiánica pero ineficaz, indefinida y subordinada, sectaria y marginada. Si no aprende de Villalba, quedará en Narnia, mientras el poder real muda de piel bajo la la tutela sin precedentes de nuestra nación hermana. Verdades veredes, Sancho amigo: la fragilidad sigue siendo caos, y para Washington se acabó el bochinche.
Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.
“… la aplicación más pura del realismo es cuando el Estado solo busca maximizar su poder relativo en un sistema anárquico.”
Andrea Peña
A estas alturas de febrero de 2026, India encaja con precisión quirúrgica en la definición de Estado Pivote, que refiere a aquel cuya orientación es capaz de modificar sustancialmente el equilibrio de poder global. ¿Por qué señalo esto? Por varias razones:
Autonomía Estratégica: a diferencia de otros aliados, Nueva Delhi mantiene una política de «alineación múltiple». ¿Cómo se traduce esto? India participa simultáneamente en el QUAD (mecanismo de contención de China) y en los BRICS+ (mecanismo de reforma del orden financiero occidental). Esta bivalencia le otorga una capacidad de maniobra que Pekín no puede neutralizar sin arriesgar un aislamiento total.
La Tensión en la LAC (Línea de Control Actual): siguiendo la visión realista de Benavides sobre la inevitabilidad del conflicto en zonas de influencia, la frontera del Himalaya se ha transformado en un laboratorio de guerra electrónica y monitoreo satelital. No es solo tierra; es la demostración de que India posee la masa crítica para decir «no» a la hegemonía China. Ya nadie puede llamar a engaño, porque la arquitectura de seguridad en Asia es un ejemplo de libro sobre la anarquía del sistema internacional. Como bien argumentaba Kenneth Waltz, en un sistema donde no hay un gobierno global, los Estados deben ayudarse a sí mismos (self-help) para garantizar su supervivencia. India ha entendido esta lección a la perfección.
Nueva Delhi ya no es un actor pasivo; es el Estado Pivote que, por su ubicación y potencial, tiene la capacidad de inclinar la balanza entre Washington y Pekín.
Si aplicamos la tesis de John Mearsheimer, las grandes potencias nunca están satisfechas con la cantidad de poder que poseen; siempre buscan la hegemonía regional para asegurarse de que nadie pueda amenazarlas. China está siguiendo este guion al pie de la letra. Sin embargo, India ha respondido no con palabras, sino con una acumulación de capacidades militares que busca generar un equilibrio de poder.
El dilema de seguridad en el Himalaya: cada carretera que China construye en la frontera es vista por India como una amenaza existencial, lo que la obliga a responder con su propia infraestructura. Es el ciclo infinito del realismo: la búsqueda de seguridad de uno aumenta la inseguridad del otro.
Geoeconomía: El Poder como Recurso Relativo
En el realismo, no importa cuánto crezcas, sino cuánto creces en comparación con tu rival (ganancias relativas). En este sentido, mientras China enfrenta un estancamiento estructural, India proyecta una expansión del PIB que le permite modernizar su arsenal. Para Hans Morgenthau, el poder nacional es la suma de la capacidad industrial y la voluntad política. E India hoy tiene ambas.
Además, la India ha incentivado la manufactura local y reducido la dependencia de componentes chinos, porque Nueva Delhi está aplicando una estrategia de realismo defensivo, a saber, reducir la vulnerabilidad externa para proteger la soberanía interna.
El Gran Tablero Mundial de Brzezinski
No nos equivoquemos, el pragmatismo de Nueva Delhi este año no es fruto del azar. Es una aplicación meticulosa del realismo político. India no busca ser el aliado de nadie, busca ser el polo necesario para todos. En un mundo que Waltz describiría como multipolar y peligroso, India ha decidido que su mejor defensa es ser el actor que nadie se puede permitir perder.
Geoeconómica del Desacople (Decoupling) y Seguridad Nacional
Asimismo, el aspecto económico ha pasado de ser un puente de diálogo a un arma de disuasión. El 2026 marca el punto de no retorno en la estrategia de diversificación de riesgos globales.
En este sentido, debemos tener en cuenta la reconfiguración de Cadenas de Suministro: el fenómeno «China Plus One» ha mutado en una política de Estado denominada Atmanirbhar Bharat (India autosuficiente). La transferencia de manufactura de alta complejidad especialmente en hardware de defensa y telecomunicaciones, desde Guangdong hacia centros como Hyderabad y Pune ha generado una asimetría económica que debilita la capacidad de presión de Pekín.
Quizás, y solo quizás, la estabilidad del 2026 no dependa de un tratado de paz, sino de la parálisis mutua generada por la interdependencia competitiva. Es un juego de espejos, en esencia, la aplicación más pura del realismo es cuando el Estado solo busca maximizar su poder relativo en un sistema anárquico.
Referencias Bibliográficas
Benavides Munera, L. M. (2015). Conflicto Ucraniano: Análisis Geopolítico desde una Visión Realista. – (Fundamental para la aplicación del realismo estructural).
Brzezinski, Z. (1997). El Gran Tablero Mundial. Citado en: Hacia una nueva estrategia: Los Estados Pivotes.
Mearsheimer, J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. (Referencia para el análisis de la hegemonía regional de China).
Waltz, K. (1979). Theory of International Politics. (Base para el concepto de anarquía y autoayuda estatal).
Secretaría de Análisis Estratégico (2025). Hacia una nueva estrategia: Los Estados Pivotes.
Valentina Gómez es economista (UCAB), fundadora Impulsa Tu Economía, y coordinadora local senior de EsLibertad Venezuela. En todos sus espacios, aprovecha cada oportunidad para reflexionar sobre las ideas de la libertad y empoderar a quienes le rodean.
“… Cuando un líder se eleva al estatus de “salvador”, la política deja de ser gestión para convertirse en teología.”
Valentina Gómez
Así como la tecnología ha evolucionado hasta el punto de hacerse más sofisticada y compleja, el autoritarismo también ha evolucionado para sobrevivir en países donde la democracia es el estándar. Como los aparatos electrónicos que ahora son inteligentes —capaces de conocer todo de todos y estar siempre con nosotros—, las técnicas de control moderno son más suaves, amigables; se camuflan de legalidad y transparencia.
En el siglo XX, el autoritarismo era ruidoso y sanguinario; el orden era la fuerza bruta ante todo. La oposición no era “cancelada” en redes sociales ni asfixiada con impuestos: era ejecutada, exiliada o enviada a campos de concentración. El control de la información era sencillo porque existían pocas fuentes. Hoy en día, el acceso a la información es tan fácil y rápido que los regímenes han tenido que optar por la desinformación como estrategia evasiva: saturar con datos falsos para mantener a la población confundida y entretenida, permitiendo que sepamos solo lo que ellos quieren que sepamos.
Algunas cosas nunca cambian. Desde Stalin y Hitler se usan retratos en cada oficina, estatuas gigantes y la idea del líder como el “salvador” de la nación. Esto solo nos demuestra que la idealización es un verdadero problema; nos ciega al punto de no discernir entre lo bueno y lo malo, entre un Dios y un dictador genocida. Así de grave es la idealización. Así de graves estamos como sociedad y, sobre todo, en la educación.
Cuando un líder se eleva al estatus de “salvador”, la política deja de ser gestión para convertirse en teología. El fallo del sistema educativo es lo que ha permitido que la propaganda de los servicios de inteligencia —especialmente el modelo cubano— opere sin resistencia, transformando la lealtad ciudadana en una ceguera ética donde el genocidio o la corrupción se justifican como sacrificios necesarios en el altar del “Dios-Líder”. Por eso en Nicaragua no basta con controlar el voto; necesitan encarcelar a los sacerdotes y silenciar los púlpitos, porque la fe es el último reducto de discernimiento que el “Dios-Estado” no puede hackear.
No todo el tiempo el Estado va tras la Iglesia. Nicaragua se ha convertido en el laboratorio más cruel; todo forma parte de una decisión del aparato de inteligencia. Más de 200 religiosos han sido desterrados, expulsados o se les ha prohibido el ingreso desde 2018. Todo comenzó con las protestas civiles contra las reformas al seguro social (INSS), cuando la represión policial y parapolicial dejó cientos de muertos. Los templos católicos abrieron sus puertas para refugiar a los estudiantes y brindar atención médica a los heridos que los hospitales públicos rechazaban por orden estatal. Ortega y Murillo acusaron a los obispos de ser “golpistas” y, desde entonces, no han parado su persecución. Recordemos que es el último recurso para eliminar cualquier voz que hable de un ser superior, de otras normas, valores o discernimiento. El Estado no quiere que te cuestiones; quiere que lo idealices, que lo veas como única fuente de la verdad.
El aparato de inteligencia nació como un mecanismo de supervivencia radical para un grupo que sabía que, si no controlaba todo, perdería el poder rápidamente. Hoy, el socialismo en Cuba ha logrado sobrevivir 65 años bajo ese mecanismo y ha conseguido trasladarlo a sus aliados en otras partes del mundo. Este aparato nace después de que Fidel Castro y el “Che” Guevara se obsesionaran con evitar lo que le pasó a Jacobo Árbenz en Guatemala (derrocado por un golpe apoyado por la CIA en 1954). Comprendieron que para que la revolución sobreviviera, necesitaban un sistema que detectara la disidencia antes de que se organizara. Por ello crearon el G2 (inteligencia militar) bajo la tutela directa de la Unión Soviética (KGB) y la Stasi de Alemania Oriental, heredando sus métodos de vigilancia vecinal.
En Venezuela, estos métodos se conocen como “Consejos Comunales”. A diferencia de las cámaras que vigilan criminales, la inteligencia vecinal busca reportar “anomalías ideológicas”, convirtiendo al vecino en un agente del Estado. La vigilancia vecinal es un sistema que no busca protegerte, sino obligar tu lealtad. Han logrado que el miedo no sea algo que viene de arriba, sino algo que vive al lado. Así, el discernimiento va muriendo lentamente; de una u otra manera van sobornando tu lealtad y haciendo que tu derecho a recursos básicos dependa de aplaudir al dictador. La idealización deja de ser una opción y se convierte en una estrategia de supervivencia.
Las características principales del G2 son el control y la desconfianza. Controlan toda la información para mantener a las personas bajo una misma creencia: la que le conviene al dictador. Al convertir a cualquier vecino en un arma contra otro, nace el silencio por temor a ser escuchado y aparecen las repercusiones, que en muchos casos significan ser privado de la libertad por simplemente pensar distinto.
Todos los años de éxito cubano han inspirado a otros líderes que han querido perpetuarse en el poder. Juan Carretero fue el oficial de la inteligencia cubana encargado de la DGI (Dirección General de Inteligencia) para América Latina. Cada país latinoamericano, dependiendo del desarrollo de sus luchas, tenía un agente encargado de las relaciones en general o uno para cada organización específica. En el primer lustro de la década de 1960, la inteligencia cubana priorizó dos líneas: la preparación de la guerrilla del Che Guevara en el Cono Sur y la vinculación con países que mantenían luchas armadas, como Venezuela y Perú.
Así, mientras el G2 se enfoca en la seguridad interna (contrainteligencia), la DGI es la encargada de la inteligencia exterior. Es la DGI quien entrena a los cuadros políticos de estos países para que utilicen el mismo lenguaje y las mismas tácticas de propaganda. Por eso, ante la crisis, todos repiten el mismo guion: que las protestas son “golpes de Estado” o “ataques de los Estados Unidos”.
El objetivo del aparato de inteligencia cubano ha sido siembre la estandarización de métodos de control, no la expansión de la ideología socialista como muchos pueden pensar. Ha logrado poner en contra a vecinos, amigos, familiares. El proceso electoral se ha disfrazado de legalidad y transparencia, siendo ahora un proceso profundamente corrupto que solo sirve para garantizar la perpetuidad del líder en el poder.
El fraude electoral en las elecciones presidenciales de julio de 2024 en Venezuela se ha convertido en el ejemplo definitivo de cómo se utiliza el soporte técnico del aparato cubano para anular la soberanía popular. Utilizaron 3 estrategias claves:
-Desinformación: Gracias a que la ciudadanía resguardo la mayor cantidad de resultados electorales el estado activó su manual de desinformación aprendida de la inteligencia cubana. El Consejo Nacional Electoral (CNE) optó por proclamar un ganador sin mostrar un solo dato que lo respaldara, confiando en que la saturación narrativa nublaría la verdad.
-Miedo: Se utilizó aplicaciones digitales y redes de vigilancia vecinal (los Consejos Comunales), para conocer los que estaban en desacuerdo con el resultado “oficial” del estado. Este es el G2 en su máxima expresión: el uso de la tecnología no para proteger al pueblo, sino para que el vecino reporte la «anomalía ideológica» de quien se atrevió a votar distinto, convirtiendo el derecho al voto en un motivo de persecución penal.
-Complicidad internacional: La DGI se ha encargado de hacer un bloque de reconocimiento, países como Bolivia, Nicaragua y Honduras respondió a la validación del fraude para protegerse mutuamente en la estructura de control y supervivencia.
En definitiva, la Dictadura Romántica es el desafío más sofisticado y complejo que enfrenta la libertad en nuestro siglo. Ya no es nada agresivo al contrario, utiliza la inteligencia, la estrategia, al convertir al vecino en espía, al líder en Dios y al fraude en un trámite administrativo, estos regímenes han creado un sistema operativo de opresión casi invisible pero muy presente y destructor.
Mauricio Hernández, coordinador local de EsLibertad Venezuela y dirigente estudiantil del movimiento universitario TomosUCV
“(…) Ante el estancamiento interno y la erosión de las capacidades de la oposición para generar un cambio real, el recurso a la incidencia extranjera se presenta como la última esperanza, aunque, esta ha demostrado ser una fuente de incertidumbre e histeria reprimida..”
Mauricio Hernández
Introducción
Ante lo que parece ser la insuficiencia para cumplir el objetivo prometido por la supuesta nueva oposición venezolana en 2025, y el retorno a los escenarios casi post apocalípticos en los cuales se sume el país últimamente, tanto como a nivel social, político y económico, cabe que quienes todavía siguen renuentes a vislumbrar el panorama actual de manera lógica se pregunten: ¿Es una parafernalia colaborativa al mal que se nos ha infringido desde hace dos décadas la oposición? O, sencillamente vivimos sumidos en un liderazgo inútil, que a temporadas cambia su color de ojos, pero deja viva su esencia primigenia, —la cual es cobarde y abanderada a un poder externo a ellos, el cual se busca que haga de llave para el cumplimiento de sus promesas, porque no han de contar ni con la organización, los recursos y menos con el coraje suficiente por su parte para llevar a cabo un accionar verdaderamente eficiente para salir de la dictadura—. Vivimos con la cuerda en la garganta durante años, amarrada por la potestad de nuestro propio pueblo, que a su vez, es apretada por una esperanza que cojea y propicia cualquier placebo que nos resulte esperanzador a nuestra desgracia.
La sociedad venezolana se encuentra en un ciclo de error y postergación de su desdicha, únicamente debido a su incapacidad de abrir los ojos ante la realidad de una lucha por la libertad que ha sido menoscabada por un espiral de inacción política, como también por el discurso pacifista y fantasioso propiciado por quien se supone es su órgano heraldo de su libertad: su propia oposición, —la misma que se ha encargado del entorpecimiento crónico en lo que respecta a la salida del régimen—, una que se ocupó de distribuir una narrativa democrática, arraigada a la inacción por mantener una figura supuestamente recta. Tanto así que, a través de los años, se ha podido presenciar como los únicos actos de acción verdadera para tomar cartas en el asunto han venido de manos de grupos ajenos a los partidos. Actores como estudiantes, personas comunes organizadas por un deseo colectivo, pero sin un liderazgo claro o competente, mismos que ahora, muchos o se encuentran privados de libertad o en un mundo mejor. Todo por no entender que la factibilidad de la democracia pacifista se rebaja a mera inutilidad, si es que se aplica a escenarios dictatoriales. Esta es una estrategia la cual transmuta a ser hasta contraproducente para el objetivo gracias a su naturaleza, y, a su vez, resulta plenamente perjudicial a las masas fuera de las elites que apuestan por ella.
Dicho lo anterior, me propongo a desmantelar el supuesto camino hacia la salvación, dicha senda, adornada con palabras melosas, y al mismo tiempo, hacer recapacitar a cuyos ciegos se niegan a afrontar nuestro presente de manera realista, y prefieren vivir bajo utopías y promesas sin sustentación alguna, al igual que hacer ver sobre cómo si mismo está siendo funcional a su propio mal. —Porque no existe más ciego que el que se niega a ver su propia desgracia—. Este ensayo ha de postular las etapas de los autoritarismos en las que mínimamente cabe la idea de una democracia pacifista, o en su defecto, la democracia por sí sola. De igual manera, enmarcar como las dictadura ejercen un control estratégico y selectivo en la sociedad ante cualquier protesta, y, del mismo modo, la misma sociedad siendo funcional al régimen. Del mismo modo, doy a ver cómo un autoritarismo convierte el estado de excepción en la norma vigente, y esta termina inutilizando a la democracia.
Sobre las primeras etapas de los autoritarismos y la cabida de la democracia
¿En qué parte de los autoritarismos cabe la democracia? ¿Si la misma se trata del respeto a la voluntad de la mayoría y el respeto a la vida humana, y los autoritarismos resultan ser su anulador por excelencia? Pues, la respuesta simple sería que en ningún momento, sin embargo, en Transición a la democracia. Juan. Linz (1990) se plantea al autoritarismo como un proceso más que lineal, escalonado, hasta el punto de derrumbe del mismo, —una transición de niveles que resaltan por la evolución de las prácticas dictatoriales. Dicho lo anterior, preciso el dar razón de lo que denominé como las tres etapas clave de las dictaduras, basándome en la experiencia venezolana, cada una enmarcada por sus características clave que repercutan en el respeto de la democracia y una sociedad libre, al igual que las acciones con las que cuenta cada etapa para garantizar su declive. Empezando con saber que los autoritarismos son, en esencia, modelos los cuales evolucionan con el tiempo, la mayoría, cimentados al principio por el apoyo popular.
De este modo, la gran mayoría han llegado al poder por revoluciones armadas, u otros por procesos electorales con premisas partidistas comúnmente radicales, y que traen consigo reformas visiblemente doctrinarias y alejadas del pluralismo. En la generalidad, este modelo —como ya fue mencionado—, se apoya en la gente hasta llegar a su autonomía y control absoluto de las competencias del Estado. Awi, siendo las democracias, en especial las pacifistas propugnadoras de los órganos legales de la nación que, se sobreentiende, ya han sido tomados, lo cuál resuena en las pocas posibilidades que puedan darle cabida a una potestad de la mayoría o un cambio.
De estas etapas, partimos de la primera la cual es la instalación. Un inicio del periodo enmarcado por un apoyo considerable, el cual no se ve afectado en los primeros años de mandato, —a excepción de que ocurra alguna irregularidad que deje en un descontento grande a la sociedad—. En lo general este periodo va acompañado de una estructura inicial supuestamente democrática, lo que condiciona una oposición débil, al igual que existe una vigencia todavía de la decisión tomada, que ya está siendo aplicada. Según la historia, son los primeros años en los cuales vemos un contento en la población a base de los cambios ya propiciados por el mandato, que de plano pueden resultar radicales si es que se llegó al poder a través de una revolución, o, una ideología sumamente extremista. Dichas reestructuraciones pueden traer consigo reformas de leyes de naturaleza muy polarizada, implementación de políticas favorecedoras a un grupo específico, al igual que también se dejan ver los primeros rasgos de centralización de poder en varias personas. Esta es una etapa la cual lleva un aire de alerta a lo que posteriormente se acerca, y el anuncio de algo que tarde o temprano desembocará en una situación más grande.
En concordancia con lo anterior, y un avance temporal del primer periodo, se puede notar de manera clara como lo que empezó con meras acciones enmarcadas por una ideología, o a peor, sumida en escándalos y violaciones orquestadas, pasa a ser lo que llamo consolidación del autoritarismo temprano. Dicha faceta, tomando como una pequeña referencia lo que en su obra plantea Juan J. Link (1990), el gobierno se sume en la burocratización, la eficacia parcial y la legitimidad débil (aún operante). En consecuencia, esta etapa presenta ya los primeros signos de represión y censura, inicialmente representados por respuestas violentas o injustificadas del gobierno hacia sus disidentes, como sucedió en Venezuela, que, entre los años 2001 y 2002, Hugo Chávez declaró a los medios de comunicación que discrepaban con sus ideas enemigos de la revolución y, bajo su narrativa de delirios de grandeza, eso representaba atacar a la voluntad del pueblo, —mismo que con orgullo declaraba él mismo ser el recipiente—, lo que le sirvió como el primer paso a sus prácticas de censura y persecución. Al mismo tiempo, eso ocasionó que en 2004 se diera validación por parte de la Asamblea Nacional a la Ley de responsabilidad en radio, televisión y medios electrónicos, dando paso a la permisividad para la censura mediática masiva dentro del territorio nacional, junto a la posterior nacionalización de los medios de comunicación. Otro escenario es Alberto Fujimori, quien independientemente del bando, prosiguió con las acciones que resaltan este periodo: en 1992, ejecutando un autogolpe de Estado, y así disolviendo el parlamento y el poder judicial con apoyo militar, dando paso a una ola de persecuciones, y, del mismo modo, a 25 asesinatos selectivos a opositores por la mano de un escuadrón ligado al servicio de inteligencia nacional. Así pues, se abre paso a la evolución de esas actividades represivas, para posteriormente consolidar esa estructura dictatorial la cual pasa a ser a simple vista.
Asimismo, consecuente a los primeros dos puntos, nos damos cuenta que, aunque la elección a la democracia puede seguir vigente gracias al descontento poblacional, resultaría sólo en cuestión de tiempo para que la estructura dictatorial termine controlando dichos organismos que quedan para apelar, de este modo, entrando a [1] en un control de las acciones opositoras [2] una permisividad de ciertas acciones de manera selectiva, —las cuales no representarán un peligro para la estructura dictatorial—.
Seguidamente, pasamos a la tercera etapa, la cual denomino como Estancamiento de la libertad: Control de las potestades, misma que enmarca el control de lo que respecta a las acciones populares para acabar a un modelo dictatorial dónde, de manera completa, la cúpula gubernamental se ha apoderado de todos los confines competentes del Estado, —como si a un virus que se esparce por el sistema se tratara—. De esa manera, ya mermada la insignificante pizca de oportunidad que representaban estas estructuras dentro del país, condiciona que el poder de una oposición por medio del Estado ya no exista, que a su correlación lleva a el control absoluto de las atribuciones para la expresión, y sus limitaciones dentro del territorio nacional, lo que radica a que después se lleve a optar por el apoyo de instituciones internacionales, las cuales, cabe recalcar, han demostrado ser partícipes de incrementar la burocracia exterior antes que buscar la resolución a la problemática. Esto es el inicio de una dependencia sumamente peligrosa por la incertidumbre en la cuál se apoyan las decisiones que se debaten en los organismos internacionales.
Recapitulando el panorama interno de los años anteriores en Venezuela. Aunque se pueden ver intentos de expresión en contra, a menudo suelen ser acciones simbólicas que no representan ningún tipo de peligro o alerta hacia la cúpula, y asimismo, resultan fáciles de reprimir, como también al final estas terminan siendo parte de un juego de permisividad que manejan los que ostentan el poder, porque la represión no es bruta por más que parezca, —es permisiva, es selectiva de personas y situaciones que resulten relevantes—. Además, al final de cada una de esas obras llevadas a cabo, y parcialmente fallidas, aquella ¨oportunidad¨ otorgada hacia los que se oponen, serán las masas quienes terminen pagando las consecuencias. —Porque resulta más fácil hacer que un pueblo le tenga miedo a seguir a sus líderes que a su propio opresor—.
Sobre la represión dictatorial estratégica
Dicho lo anterior, cuando me refiero a esa permisividad que se da en ciertos momentos, hago mención a acciones que funcionan como una ilusión de supuesto control hacía los que se oponen, ciertas cosas que las masas creen que siguen en manos de sus ¨salvadores¨. Tales son estas actividades que terminan siendo la línea recta que seguirán cual pasaje hacia el cumplimiento de sus objetivos, y que se convertirá, posteriormente, en un ciclo que llevará al estancamiento de sus acciones por no ser útiles. Acciones como [1] manifestaciones dispersas, sin un objetivo o lugar a fin. Estas funcionan como un objeto inamovible, casi llegando a un punto de inacción, —desde la subjetividad, claro está—. Aunque para muchos les puede resultar increíble, así lo es, siempre y cuándo se tenga un gobierno plenamente democrático, solo así esta puede ser una opción viable.
Partiendo de la máxima ya mencionada, la represión es selectiva y permisiva, el que esté en el poder siempre se va a decantar por coaccionar ante lo que represente una verdadera amenaza para la integridad de su estructura, por ello, le resulta más beneficioso el alimentar esa ilusión que no representa un peligro real, y así colaborar a ese ciclo. Asimismo, por su inutilidad a largo plazo la estrategia hace función de placebo para las personas, y una justificación del dictador para ocasionar nuevamente un periodo de castigo hacia quienes decidieron revelarse, lo cual es solo una fachada, ya que el castigo irá por igual, y la narrativa del tirano será una en contra de un supuesto acto para inestabilizar a la nación y su gente. Así pues, vislumbrando la trayectoria vaga de la oposición, y el afán de la gente de seguir arrastrándose hacía ella, uno se da cuenta que Venezuela ha metido sus sentimientos en un molde junto a sus propias esperanzas, mismas que se han dejado llevar a por una musa que los maneja, y le promete lo que sus necesidades le gritan. Pensamiento parecido enuncia mi compañero en su trabajo. Roymer, R. (2025). Venezuela, la sociedad bucle: sobre las contradicciones de quienes dicen liderar un cambio, y quienes los siguen. En este trabajo, describe cómo ciertos líderes y seguidores viven en una especie de “show de Truman”, aislados de la realidad.
Esto es real, y el caso más claro de este ciclo en América latina es Venezuela. Si a ver vamos, la historia vista en 26 años para acá, notamos ese ciclo de estancamiento de liderazgo político, enmarcado por el apoyo de la sociedad venezolana. Comenzando por:
Acción democrática, 1999. Contando con 25% en parlamentarias, y para 2010 8.17% según la página de AD por el CNE, Wikipedia (genera dudas).
COPEI, 2010. Con 5.13% en parlamentarias según CIUDAD MCY. destacando que, 2010 fue una época profundamente marcada por una oposición fragmentada, lo que llevó a la población a redirigir sus votos a distintos partidos.
UNT, 2006. 36,9% en presidenciales según. Proyecto de datos electorales de América latina de Georgetown, CNE (genera dudas).
Voluntad popular, 2009 / 2015. 49,12% coalición de la mesa de unidad democrática.
Primero justicia, 2006 / 2008. 11.17% en presidenciales y 14.54% en regionales del 2017 según los boletines del CNE (genera dudas).
Vente Venezuela, 2023. 92.35% en primarias presidenciales, 2024. 76.1% en presidenciales según el 90% de las actas escrutadas.
Estas estadísticas presentan más similitudes que diferencias entre estos partidos, la más importante siendo el patrón de acciones vistas en estas fechas como forma de contraposición al régimen. [1] Todos estos partidos han llamado a marchas para exigir respeto, concentraciones inútiles que terminan desembocando en nada, y apelaciones desde el interior del país hasta el exterior a la comunidad internacional, la cual ha implementado su común burocracia, —o de plano no ha hecho nada—. En segundo lugar [2] se encuentran los referendos consultivos y las colectas de firmas. Queda poco que decir al respecto ya que se han agotado todas las evidencias y preceptos que demuestran lo absurdo de esas acciones. Sin embargo, la única manera que esta estrategia funcione, es que todavía los órganos judiciales y administrativos no estén tomados en lo absoluto, o, en su defecto, la totalidad de los mismos, lo cual podría representar la primera etapa. Asimismo, la tercera acción [3] serían las simbólicas, las cuales son del mismo índole de las segundas. Tanto por dentro del país como por fuera de si, el objetivo radica la mayoría de las veces en llamar la atención de la comunidad internacional. Nuevamente, caemos en la burocracia y la inacción derivada de por factores como la discrepancia por los hechos los cuales se ocasiona la oposición al régimen, al igual que la indiferencia por una parte de la comunidad que apoya al mandato, misma que, aunque sea minoría, detendrá dicho proceso. Y el último [4] campañas de firmas por fraude electoral. Sencillamente, sin palabras.
Dictadura convertida en estado de excepción prolongado
Sumado a lo ya expuesto, es necesario iniciar precisando qué se entiende por democracia pacifista, a fin de delimitar el porqué de su incapacidad de ofrecer una solución eficaz al problema que aquí se plantea. La llamada democracia pacifista puede describirse, en términos generales, como una forma de acción política que privilegia estrategias no violentas frente al poder, independientemente de las capacidades de este, apoyándose en el respeto a los consensos populares expresados a través de procedimientos institucionales, en la utilización de los cauces judiciales para la tramitación de conflictos y reclamaciones, como en el recurso a prácticas de movilización pacífica como mecanismo principal de presión.
En contraste, el estado de excepción es un régimen jurídico, por naturaleza temporal, mediante el cual se otorgan facultades especiales al Poder Ejecutivo para hacer frente a situaciones graves que no pueden ser abordadas mediante los mecanismos ordinarios del ordenamiento, lo que conlleva la suspensión o restricción de determinados derechos y garantías constitucionales. Las dictaduras tienden a sumir sus mandatos en una situación material de excepción permanente, aun sin proclamar formalmente dicho estado, o bien les resulta jurídicamente sencillo institucionalizarlo cuando cuentan con suficiente control sobre los aparatos estatales y el sistema de frenos, extremo que suele evidenciarse en patrones reiterados de represión severa.
En tales contextos, la excepción se convierte en la norma. Agamben, G. (2004). Estado de excepción: Homo sacer, II, 1. Adriana Hidalgo Editora. Sostiene que el totalitarismo moderno puede definirse como la instauración de una “guerra civil legal” que permite eliminar categorías enteras de ciudadanos mediante el mecanismo del estado de excepción, de modo que este deja de ser una medida extraordinaria para convertirse en un paradigma normal de gobierno. El estado de excepción crea así una “zona de indiferencia” en la que el derecho se suspende, de manera que el régimen jurídico excepcional se transforma en el marco que autoriza, en la práctica, la exclusión de la libertad e incluso de la vida de determinadas personas, convertidas en vidas prescindibles. Sobre esta base, la norma que pasa a regir el sistema, una vez instaurado el estado de excepción, consolida su apariencia de legalidad mediante la formalización de ese régimen extraordinario como si fuera un orden jurídico ordinario. Tal instauración se orienta a descomponer selectivamente la pluralidad política, haciendo posible la persecución, detención e incluso la eliminación física de opositores, bajo la cobertura de disposiciones de emergencia. Un ejemplo paradigmático es el Decreto para la protección del pueblo y del Estado, dictado en Alemania en 1933, que suspendió los artículos de la Constitución de Weimar, relativos a las libertades personales y que nunca fue formalmente revocado, permitiendo calificar jurídicamente todo el Tercer Reich como un largo estado de excepción que se prolongó durante doce años. En escenarios de este tipo, la dinámica de excepción se convierte en el principal mecanismo de sometimiento de la población, autorizando detenciones arbitrarias sin orden judicial previa y medidas represivas fundadas más en señalamientos y presunciones políticas que en garantías procesales propias de un Estado de derecho.
Al mismo tiempo, las acciones previamente planteadas quedan anuladas por el Estado de derecho ya existente, lo que termina en su inutilización debido a su naturaleza, la cual se decanta por el mismo en cualquiera situación. Lo que resulta más banal, es que, aun en conciencia de que ese estado de derecho está siendo menoscabado sin mesura, se termina pidiendo respeto a las instituciones y, a seres los cuales carecen de moral.
A propósito de los gobernantes, a dista de ser suficiente, existe un cierto placer del cual alimentan su malicia los dictadores, uno que, de manera maquiavélica secreta, la población al orquestar acciones que terminan en nada. Y esa es la posterior vuelta a la dependencia al tirano en la cual la sociedad vive. En su plenitud, al estar centralizado el poder en el Estado, y por ende en los gobernantes, se extienden sus potestades a controlar áreas las cuales son imprescindibles para el ser humano, tales como la comida, la salud y los servicios básicos, lo que hace que inevitablemente algunos sectores de la sociedad se abstengan a expresarse por miedo a ser perjudicados en sus necesidades, y así, a largo plazo, sumirse en un estado de conformismo con la situación política, aunque, eso termina por aplicarse más en los simpatizantes al régimen, o por otro lado, a personas inicialmente dependientes de él, las cuales en muchos casos son personas marginales (refiriéndome a su estado mental). Del mismo modo, estas últimas deben su dependencia y simpatía al ser el grupo poblacional el cual inició el apoyo a la dictadura en su etapa de instauración. Así pues, no se ha de negar que la mayoría de la población se ve en dependencia de dicho régimen por el factor laboral, el cual, en Venezuela se ha visto centralizado por la destrucción del sector privado. Esto dejó al ciudadano común sin alternativas de fuentes de ingreso, al igual que resultó en que ser emprendedor se convirtiese en una bolsa de dificultades más que una opción.
La postergación del sufrimiento poblacional
En el marco de las observaciones anteriores, cabe agregar que una función pasiva de represión, respecta a la suspensión de estos servicios a la sociedad, no solo complicando su situación aún más, sino que postergando ese sufrimiento, el cual servirá como colaborante a la oposición para alimentar su discurso de libertad y exigencia de respeto a las autoridades. Esto es evidenciable en casos como en Siria, bajo el gobierno de Bashar al‑Asad en 2011, en ese periodo, fuerzas estatales cortaron electricidad, líneas telefónicas y suministro de agua en zonas que se convirtieron en focos de protestas contra el régimen, como parte de operaciones militares para sofocar las manifestaciones, según medios de comunicación, fungió como castigo a las zonas que se rebelaron, para aislar a la sociedad con un Estado el cual era altamente centralizado sobre la provisión de servicios. Del mismo modo, escenario parecido ocurrió en Venezuela en el año 2016, dónde el gobierno de Nicolás Maduro declaró estados de emergencia y de excepción en un contexto de protestas por escasez de alimentos y medicinas, combinando concentración de poder, militarización de la distribución de alimentos (CLAP) y graves fallas en servicios básicos, lo que afectó de manera sistemática el acceso a salud, alimentación y educación, reteniendo subsidios y así generando crisis en esos sectores según Human Rights Watch, (2016).
Es evidente entonces que si se sale de las manos la capacidad de generar un cambio por parte de la oposición, el terminar abogando por la incidencia extranjera es el último recurso que se vislumbra, lo cual, en lo anterior mencionado, solo generará burocracia y estancamiento si es que se debate una intervención, esto a base del derecho internacional. Asimismo, esto genera una dependencia esperanzada en las acciones internacionales, y estas han demostrado de forma empírica tediosidad en estos temas, generando incertidumbre e histeria reprimida. Al igual que, mientras más avanza la dictadura en temas de poder, ya trascendiendo fuera de su territorio nacional, causa que dicha nación se convierta en un peligro ya reconocible por algunos países. Lo cual hace que las opciones para dar fin al problema afecten más a la población que en un principio. Lo cual nos lleva a este postulado. ¨La abstención de las acciones contundentes para liberar un país durante un periodo prolongado desencadena que las represalias hacia la estructura dictatorial trasciendan a niveles mayores de las que en un principio se pudieran haber evitado¨. Simplificado, ante situaciones difíciles, soluciones a la altura. De forma realista, esas soluciones no terminan siendo el precio a pagar por la libertad, sino las consecuencias de un pasado irresponsable y una carencia de actitud para dirigir un movimiento que verdaderamente tuviese un plan realista a un escenario crudo como lo son los autoritarismos.
Conclusión
Tras el análisis pormenorizado de las tesis planteadas en este ensayo, llego a una conclusión ineludible sobre la inutilidad de los métodos tradicionales frente a estructuras de poder que han trascendido los límites de la legalidad convencional. La “democracia pacifista”, lejos de ser un camino hacia la libertad, se ha transmutado en una herramienta funcional para el propio régimen, alimentando un ciclo de error y postergación de la desdicha que arropa a la sociedad venezolana. Esta estrategia, arraigada a una inacción que busca mantener una supuesta rectitud moral, ha demostrado ser plenamente perjudicial para las masas, pues, se enfrenta a un adversario que no reconoce los mismos códigos éticos ni respeta los procedimientos institucionales. El liderazgo opositor, visto como una parafernalia colaborativa o un órgano heraldo de una esperanza cojeante, carece de la organización, los recursos y, sobre todo, del coraje necesario para ejecutar un accionar verdaderamente eficiente. En consecuencia, la persistencia en estas tácticas simbólicas como son las marchas sin objetivo, colectas de firmas y referendos en instituciones ya tomadas, no representaran un peligro real para la cúpula, sino que actúa como un placebo que permitirá al tirano justificar nuevos periodos de castigo contra quienes intentan rebelarse. Al final, este bucle de liderazgo político estancado solo sirve para que la sociedad termine pagando las consecuencias de una estrategia que, por su naturaleza, se reduce a la mera inutilidad en escenarios dictatoriales.
La realidad del control totalitario se manifiesta en la instauración de una “guerra civil legal”, donde el estado de excepción deja de ser una medida extraordinaria para convertirse en el paradigma normal de gobierno. En este escenario, la dictadura ejerce una represión estratégica y selectiva que anula cualquier intento de expresión popular a través de los cauces del derecho ya existente, los cuales han sido mermados sin mesura por el aparato estatal. Bajo esta lógica de “vidas prescindibles”, el régimen utiliza la apariencia de legalidad para formalizar un orden jurídico extraordinario que autoriza la persecución, detención y eliminación física de los opositores bajo la cobertura de disposiciones de emergencia. Esta dinámica de excepción permanente, similar a la experimentada en periodos históricos oscuros en el mundo, permite al poder centralizado controlar áreas imprescindibles como la salud y la alimentación, utilizando el hambre y la carencia de servicios básicos como una función pasiva de represión. Así, la población se ve sumida en una dependencia forzada hacia el tirano, donde el miedo a perder el acceso a necesidades vitales genera un conformismo trágico o una abstención absoluta de la protesta. El control de las potestades estatales se esparce por el sistema, dejando a la sociedad civil sin alternativas de ingreso o fuentes de poder autónomo, especialmente tras la destrucción del sector privado y la centralización absoluta de la vida pública.
Ante el estancamiento interno y la erosión de las capacidades de la oposición para generar un cambio real, el recurso a la incidencia extranjera se presenta como la última esperanza, aunque, esta ha demostrado ser una fuente de incertidumbre e histeria reprimida. Del mismo modo, las instituciones internacionales, a menudo, señaladas por su tediosidad y burocracia exterior, han participado más en el incremento de los trámites que en la resolución efectiva de la problemática, dejando al país en una dependencia esperanzada pero estéril. Esta inacción internacional, sumada a la abstención de acciones contundentes por parte de los actores locales durante periodos prolongados, ha permitido que la dictadura trascienda sus fronteras y se convierta en un peligro reconocido a nivel global. El postulado central de este trabajo cobra pues una relevancia crítica: la postergación de las soluciones realistas y crudas ante un escenario de autoritarismo, solo garantiza que las represalias futuras sean de una magnitud mucho mayor a las que se habrían enfrentado inicialmente. En última instancia, la libertad no se alcanzará mediante palabras melosas o narrativas democráticas vacías, sino reconociendo que la democracia pacifista es un sistema inválido frente a quienes ostentan el poder mediante la coacción y el control absoluto de las instituciones. Las soluciones deben estar a la altura de la gravedad de la situación, entendiendo que el precio que se paga actualmente no es el de la liberación, sino las consecuencias de un pasado irresponsable y una carencia sistemática de actitud para dirigir un movimiento de cambio verdadero. Y eso se presenta con una palabra: “Cobardía”.
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