Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.
“Con el pasar de los años, Venezuela ha transitado de una confrontación ideológica a una geopolítica de necesidad.”
Andrea Peña
Con el pasar de los años, Venezuela ha transitado de una confrontación ideológica a una geopolítica de necesidad, operando hoy bajo un esquema donde su motor económico —petróleo— está anclado a la seguridad energética de Occidente, mientras su brújula política intenta mantener el rumbo hacia los BRICS+.
Por esta razón, la política exterior de Venezuela ha entrado en una fase que desafía las etiquetas tradicionales del siglo XX. Ya no estamos ante el choque de bloques ideológicos, sino ante lo que el boletín especializado «Warrior Diplomacy» describió el pasado 22 de marzo como «el fin de la inocencia multilateral». En este nuevo orden fracturado, Venezuela ha dejado de buscar la «independencia» retórica para abrazar una soberanía híbrida, negociada barril a barril entre Washington y las aspiraciones del Sur Global.
El andamiaje legal de una nueva era
La columna vertebral de este cambio no es un discurso, sino un documento técnico: la Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.978, publicada el 29 de enero de 2026. Al reformar la Ley Orgánica de Hidrocarburos, el Estado venezolano ejecutó una maniobra de realismo puro. Al permitir que empresas privadas asuman el control operativo total (Art. 1) y comercialicen directamente el crudo (Art. 40), Venezuela no solo busca capital; está cediendo parcelas de gestión a cambio de estabilidad.
La base de esta transformación es la Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.978, publicada el 29 de enero de 2026. Esta reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos desmonta el modelo de control estatal vigente desde 2001. Los puntos clave de la nueva ley permiten:
Gestión Privada: Las transnacionales ahora pueden ejercer el control técnico y operativo total de los campos petroleros (Artículo 1).
Comercialización Directa: Los socios privados tienen derecho a vender su producción directamente en el mercado internacional (Artículo 40).
Seguridad Jurídica: Se autoriza el uso de tribunales y arbitrajes extranjeros para dirimir conflictos, una concesión histórica a los mercados de capitales occidentales.
Esta «soberanía bajo administración» se complementa con la aceptación de arbitrajes internacionales, una concesión que el modelo de 2001 habría considerado una contradicción, el fin del monopolio estatal, pero que en 2026 es el único lenguaje que entienden los mercados de capitales.
La paradoja del flujo: Entre el Golfo de México y los BRICS
Los datos de JP Morgan de enero de 2026 son contundentes y exponen la «paradoja de alineación múltiple» que define al país. Mientras la narrativa oficial apunta hacia los BRICS+, la logística petrolera ha girado 180 grados de regreso a Occidente.
Con 286.000 barriles por día (bpd) enviados a EE. UU. En enero, frente a una caída de las exportaciones a China a solo 156.000 bpd, Venezuela se ha convertido en el «estabilizador necesario» de un mercado occidental sacudido por la crisis en el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, este retorno al mercado estadounidense viene con un «cordón sanitario» legal: la Licencia General 52 (GL52) emitida por la OFAC el 18 de marzo. Este documento es el ejemplo perfecto del pragmatismo actual: permite la entrada de dólares y tecnología estadounidense, pero veta explícitamente cualquier cooperación con socios de los BRICS (China, Rusia o Irán) dentro de esos proyectos. Venezuela opera, literalmente, en un sector energético segregado por licencias extranjeras.
¿No alineación o necesidad extrema?
¿Es esto una claudicación o una estrategia maestra? El CEBRI Journal, en su análisis sobre la «No Alineación Activa» (ANA), ofrece una interpretación más matizada. Venezuela parece estar utilizando su renovada relevancia energética para Occidente como un escudo que le permita, simultáneamente, negociar su entrada a los BRICS+.
La apuesta es clara: usar el petróleo para pacificar la relación con Washington mientras se busca en los BRICS un contrapeso en inversión de infraestructura y tecnología que no esté sujeta a los dictámenes del Tesoro de EE. UU. Es un juego de equilibrio sobre una cuerda floja financiera.
Venezuela en 2026 no es un puente por elección, sino por necesidad. La soberanía ya no se mide en términos de control absoluto, sino en la capacidad de gestionar dependencias mutuas. El país ha entendido que, en un mundo en guerra por los recursos, ser un «proveedor confiable» para Occidente es la única vía pertenecer al nuevo orden del Sur Global.
Referencias Bibliográficas:
Gaceta Oficial 6.978 (Reforma de Hidrocarburos, 29/01/2026).
JP Morgan Oil Report (Flujos de exportación, 01/2026).
OFAC License GL52 (Departamento del Tesoro EE. UU., 18/03/2026).
Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.
“En 2026, la geopolítica de Haushofer no es un fantasma del pasado, sino un espejo de las tensiones actuales. La transición de un mundo regido por leyes internacionales a uno dictado por la necesidad biológica y geográfica de los Estados-organismo valida la preocupación de Cairo (2012) sobre la vigencia del pensamiento determinista.”
Andrea Peña
A diferencia de la Geografía Política tradicional, que a menudo se limita al análisis descriptivo, la Geopolitik alemana de entreguerras se concibió como una «ciencia del Estado» (Staatswissenschaft). Según Cairo (2012), esta disciplina no solo estudiaba las relaciones externas, sino todas las actividades estatales bajo un prisma ultradeterminista. En el contexto de 2026, donde las fronteras digitales y físicas vuelven a ser el centro del conflicto, los conceptos de Rudolf Kjellén y Karl Haushofer recuperan una relevancia analítica fundamental para entender por qué los Estados actúan más como organismos en competencia que como entidades legales estáticas.
Uno de los aportes centrales que Cairo (2012) destaca de la obra de Kjellén, El Estado como forma de vida (1916), es la crítica a una Ciencia Política dominada por juristas. Para la escuela de Haushofer, era imperativo «recubrir el esqueleto legal con carne y sangre socio-geográfica» (Cairo, 2012, p. 338).
El Estado-Organismo en 2026
Según la visión haushoferiana, la ley debe estar subordinada al poder del Estado (Cairo, 2012), y en el presente año vemos cómo las grandes potencias justifican acciones unilaterales basándose en «intereses de seguridad vital», priorizando su supervivencia biológica-estatal sobre los tratados internacionales. Esto es la primacía del poder por encima de cualquier cosa.
Asumismo, la Geopolítica clásica sostiene que el medio influye directamente en la acción política, y hoy, esto se traduce en la lucha por el control de las tierras raras y los semiconductores, elementos que se han convertido en la nueva «carne y sangre» que permite al organismo estatal funcionar en la era digital.
El Espacio Vital (Lebensraum) y el Sentido del Espacio (Raumsinn)
El concepto de Lebensraum, popularizado por Friedrich Ratzel y radicalizado por Haushofer, definía el espacio vital como el ámbito necesario para la subsistencia y seguridad de un pueblo (Cairo, 2012). Para Haushofer, un Estado sano es aquel que posee un Raumsinn (sentido del espacio) desarrollado. Aquellos que no lo poseen están condenados a «decaer y morir”.
También, Cairo señala que, para esta escuela, el espacio vital no coincide necesariamente con las fronteras jurídicas, sino con la extensión de la cultura o el grupo étnico. En 2026, este razonamiento es visible en la proyección de poder sobre «áreas de influencia» naturales. El control de rutas marítimas críticas y el despliegue de infraestructuras en terceros países (como los corredores bioceánicos) son formas modernas de asegurar un Lebensraum económico y tecnológico que garantice la invulnerabilidad del Estado.
Oekopolitik y la Nueva Autarquía Tecnológica:La Búsqueda de la Autosuficiencia en 2026
Dentro de la estructura de la Ciencia Política que Cairo (2012) describe, la Oekopolitik es el campo que examina los recursos económicos con un objetivo claro: alcanzar la autarquía. La autarquía, definida como la forma óptima de vida del Estado en el terreno económico, es hoy el motor de la desglobalización.
En la teoría de la escuela de Múnich, la Oekopolitik es la disciplina que busca la autarquía para garantizar que el Estado no sea vulnerable a bloqueos externos (Cairo, 2012). En 2026, esta búsqueda de independencia ya no se limita al trigo o al carbón, sino que se ha trasladado a la infraestructura intangible y la energía de transición.
Cabe señalar que los Estados actuales han redescubierto que la dependencia externa es una debilidad biológica y Proteccionismo Estratégico, las políticas de nearshoring y la creación de ecosistemas industriales cerrados son la versión del siglo XXI de la Oekopolitik de Kjellén. Como señala Cairo (2012), la Geopolítica prescribe el actuar político basado en las condiciones geográficas; en 2026, la «geografía» incluye la ubicación de los servidores de datos y las minas de litio.
En la actualidad tenemos la soberanía de datos y los tratados de energía:
La plena implementación del Reglamento de Datos de la Unión Europea (UE) y las leyes de localización de datos en potencias como India y China. Estas leyes funcionan como una frontera física, pues, al exigir que los datos estratégicos residan en servidores locales, el Estado intenta asegurar su «área natural» de influencia digital. Es una forma de autarquía que impide que el «metabolismo» informativo del Estado dependa de decisiones tomadas en centros de poder extranjeros (Silicon Valley o Beijing).
La economía geopolítica de 2026 está dictada por el control de la energía limpia para evitar la decadencia del organismo estatal. El Acuerdo Estratégico de Hidrógeno Verde 2026 entre el bloque de la UE y el Cono Sur (Chile-Argentina), por ejemplo, no es solo un contrato comercial, sino una medida de Oekopolitik pura, ya que asegura corredores energéticos estables (el Estado-organismo europeo intenta «extraer su sustento de la tierra», incluso si es tierra ajena mediante infraestructura propia, para evitar la muerte por inanición industrial, una preocupación central en el determinismo de Ratzel y Haushofer (Cairo, 2012)).
Las Panregiones: El Orden Multipolar de los Grandes Espacios
Haushofer propuso la creación de Panregiones (Panregionen), grandes espacios económicos integrados en ejes Norte-Sur que garantizaban la autosuficiencia de las potencias dominantes. Y este diseño de Haushofer parece prefigurar la estructura multipolar de 2026: Bloques Regionales, la formación de bloques como el RCEP en Asia o la integración profunda de la Unión Europea bajo criterios de «autonomía estratégica» refleja la búsqueda de estos «grandes espacios económicos» (Grosswirtschaftsraum) mencionados en el texto (Cairo, 2012) y Ejes de Poder, estos bloques no solo buscan el comercio, sino la creación de áreas de seguridad donde la influencia de potencias rivales sea nula, emulando el modelo de panregiones que buscaba evitar conflictos directos mediante la delimitación de esferas de influencia exclusivas.
En 2026, la geopolítica de Haushofer no es un fantasma del pasado, sino un espejo de las tensiones actuales. La transición de un mundo regido por leyes internacionales a uno dictado por la necesidad biológica y geográfica de los Estados-organismo valida la preocupación de Cairo (2012) sobre la vigencia del pensamiento determinista. La búsqueda de autarquía económica, el control del espacio vital y el desarrollo de un sentido del espacio estratégico siguen siendo, cien años después, los pilares de la supervivencia estatal.
Referencias Bibliográficas
Cairo, H. (2012). La Geopolítica como “ciencia del Estado”: el mundo del general Haushofer. Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder.
Unión Europea. (2026). Reporte sobre la implementación del Reglamento de Datos y Autonomía Estratégica. Oficina de Publicaciones de la UE.
Consejo Ártico. (2026). Protocolo sobre Extracción de Minerales Críticos y Seguridad Regional. Estocolmo.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.”
Génesis N. Rodríguez G.
Las bases del neoliberalismo incluyen la promoción de la libre competencia, la reducción de la intervención del Estado en la economía, la privatización de empresas estatales, la liberalización del comercio y la desregulación de los mercados. Estas políticas se centran en la idea de que el mercado es el mejor mecanismo para asignar recursos y que la intervención del Estado solo distorsiona el funcionamiento eficiente de la economía. El autor Dos Santos en su libro “El Terror de la Esperanza, Auge y Decadencia del Neoliberalismo” nos ofrece un análisis crítico de las políticas neoliberales y su impacto en América Latina y otras regiones. Argumenta que el neoliberalismo, con su énfasis en la liberalización económica, la privatización y la desregulación, ha exacerbado las desigualdades sociales y ha generado inestabilidad económica en muchos países. Además, en este libro, Dos Santos examina cómo las políticas neoliberales han llevado a crisis financieras, aumento de la pobreza y deterioro de las condiciones laborales. Propone alternativas basadas en la soberanía económica, el fortalecimiento del mercado interno y la protección de los derechos sociales.
Si bien, para hablar de lo que hace o hizo una persona debemos conocer primero quien es, o quien fue, Theotonio Dos Santos fue un economista y sociólogo brasileño reconocido por sus contribuciones al campo de la economía política y el desarrollo económico. Nacido en 1936, Dos Santos fue una figura destacada en el estudio de la dependencia económica y las relaciones internacionales, centrándose en las disparidades económicas entre países desarrollados y en desarrollo.
A medida que estudiamos autores como Dos Santos nos damos cuenta que el impacto del neoliberalismo en la economía global ha sido objeto de debate. Algunos defensores argumentan que ha llevado a un aumento en la eficiencia económica, el crecimiento del PIB y la reducción de la pobreza en algunos países. Entre estos defensores tenemos autores como:
Milton Friedman: En su libro “Capitalismo y Libertad” (1962) argumenta que la intervención del Estado en la economía a través de regulaciones y controles distorsiona el funcionamiento eficiente del mercado. Según él, la promoción de la libre competencia y la reducción de la intervención estatal permiten que los recursos se asignen de manera más eficiente, lo que lleva a un mayor crecimiento económico.
En su obra “Camino de Servidumbre” (1944) el autor sostiene que el neoliberalismo promueve la libertad individual y la competencia como motores del progreso económico. Argumenta que la planificación centralizada y la intervención estatal en la economía conducen a la pérdida de libertades individuales y a una asignación ineficiente de recursos. Según Hayek el neoliberalismo favorece la innovación, la eficiencia y el crecimiento económico.
Estos autores son referentes clave en la defensa del neoliberalismo y argumentan que sus principios han contribuido a aumentar la eficiencia económica en la economía global y no al revés. Cabe mencionar que Dos Santos también ha sido criticado por contribuir a la desigualdad económica, la concentración de riqueza en manos de unos pocos, y la erosión de los derechos laborales y sociales. Podemos decir que, en general, el impacto del neoliberalismo en la economía global ha sido mixto, con beneficios y desafíos. Ha habido casos donde ha contribuido al desarrollo económico, pero también ha generado problemas sociales y económicos en otros lugares. La evaluación del impacto del neoliberalismo varía según el contexto específico de cada país y región.
Ahora bien, hagamos referencia de lo leído y analizado en las páginas del libro específicamente desde la pagina 158 hasta la 178. El esquema de recuperación de la economía mundial, que abarca el período de 1983 a 1989, se caracterizó por un funcionamiento basado en dos agujeros negros: el aumento de la deuda pública interna y externa estadounidense, originada en el déficit del Tesoro, que fue la punta de lanza de la recuperación económica internacional en ese mismo período. La imposibilidad de controlar el déficit público y cambiario llevó a una caída en el valor del dólar, lo que a su vez desvalorizó las deudas interna y externa. Esto resultó en una restricción en la demanda de dólares y una disminución en el nivel de demanda norteamericana, generando una depresión global hacia finales de los años ochenta. Los intentos posteriores de recuperación, durante el período Clinton, no lograron superar este esquema, y el gobierno de George W. Bush adoptó los mismos recursos de Reagan, con un concepto mucho más deteriorado.
Principales indicadores económicos del Esquema de Recuperación de la Economía Mundial:
Flujos de Capitales hacia Estados Unidos.
Transferencia Liquida de Recursos a Estados Unidos
Balanza Comercial
Importaciones Norteamericanas en el resto del mundo
Flujo Liquido del Capital Privado
Déficit del Tesoro Norteamericano
Deuda Externa Norteamericana
Deuda Interna Norteamericana (en billones de dólares)
Balanza Comercial (Estados Unidos, Japón, Alemania Occidental)
Flujo de Capitales para Estados Unidos
Flujo de Capital liquido
El período entre 1990 y 1993 fue caracterizado por una recesión y crisis política a nivel mundial. La crisis económica, el desempleo, la violencia social, la criminalidad, la corrupción, las crisis políticas y las guerras interétnicas indicaban que la humanidad pasaba por una fase muy difícil en lugar de ingresar en el período de Bienestar anunciado por el neoliberalismo. Se sucedieron intentos de controlar esta situación, destacándose las acciones de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales. Además, el Grupo de los Siete, que inicialmente se creó para unir los intereses norteamericanos, europeos y japoneses con el fin de detener el avance del Tercer Mundo y de los países socialistas, fue revivido en los años noventa con.la presencia permanente de Rusia.
Este esquema económico refleja la complejidad y las interconexiones entre los flujos financieros internacionales, los déficits fiscales y comerciales, así como la influencia de las políticas económicas y las relaciones geopolíticas en la dinámica global. La respuesta a estas crisis económicas y políticas requirió la participación y coordinación de múltiples actores internacionales, lo que pone en evidencia la importancia del análisis y entendimiento profundo de los fenómenos económicos y políticos para abordar los desafíos globales.
¿En qué consistió esa crisis? Se trató de una fase de larga duración iniciada, de hecho, en 1967-1968, cuando Estados Unidos y Europa tuvieron por primera vez una recesión conjunta tras el auge económico iniciado en 1945. En esa época, asomaron las dificultades para que Estados Unidos mantuviera el respaldo en oro al dólar, tal como se había decidido en 1943, en Bretton Woods.
Esta situación se aceleró en los años siguientes, cuando Estados Unidos anunció crecimientos de 4,3% en 1998, 4,2% en 1999, y 5,2% en 2000. Por otra parte, Japón entró en crisis exactamente en 1992-1993, mientras que Alemania ya había iniciado su caída en 1991 y llegaba a la recesión abierta en 1993, cuando ocurrió la caída de 1,9% de su PIB. Esta situación recesiva prevaleció en los países industrializados en general, afectando sobre todo a África y la Europa del Este, que sufrieron una brutal depresión desde que fueron asaltadas por los neoliberales. Estas regiones quedaron totalmente sometidas al control del Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. La situación es opuesta en Latinoamérica (con las importantes excepciones de Brasil, Cuba y Haití), donde se inició una modesta recuperación económica al comienzo de la década para caer en la recesión desde mediados de los años noventa. El Asia occidental y el Sureste asiático siguieron creciendo hasta 1997; China aparecía como la estrella del crecimiento económico mundial con 12,8% de expansión del PIB en 1992, performance que se mantuvo en toda la década de los años noventa.
Crisis y cotuntura
En varias oportunidades, hemos demostrado que, a partir de 1994, se inició en la economía mundial una nueva fase de crecimiento. En esos años se presentaron crisis de ajuste a esta nueva fase de crecimiento económico global inscrito en los ciclos largos de Kondratiev. Según estos ciclos, descubiertos por el economista ruso, la economía mundial se mueve en períodos de 50 a 60 años caracterizados por una primera fase A en la que predominan los años de crecimiento económico, y se moderan las recesiones, las cuales duran cerca de 25 ó 30 años, seguidas por las fases B del ciclo largo, las cuales se dan en períodos de 25 a 30 años, principalmente dominados por recesiones con reanudaciones moderadas del crecimiento.
La llamada crisis asiática permitió que Japón y a los Tigres Asiáticos reajustaran sus tipos de cambios, lo que dio inicio a un nuevo período de crecimiento que ya se esbozaba en 1999, pero que quedó frustrado por la política recesiva de la FED en 2001. Rusia, envuelta en esa crisis por distintas razones, solicitó una moratoria y se encaminó hacia una redefinición política que hizo viable su recuperación económica a partir de 1999. 171 Brasil hizo un ajuste cambiario con retardo, sólo en 1999, lo que se hizo posible debido al apoyo del sistema financiero internacional para la reelección de Fernando Henrique Cardoso. Este país pasó por una grave crisis en 1998 a consecuencia de esta irresponsabilidad, pero redefinió en parte su política económica con la devaluación cambiaria de enero de 1999.
Para finalizar con mi análisis sobre el tema, hemos podido observar como este texto aborda varios aspectos importantes de la economía mundial y la especulación financiera que ocurrió en los años ochenta y noventa. Se destaca como el crecimiento basado en la deuda pública estadounidense y la inestabilidad de las monedas llevo a una crisis de la deuda externa y a una especulación financiera a gran escala.
La crisis resultante tuvo efectos devastadores en países como Brasil, Latinoamérica, África, Europa Oriental y la antigua URSS, generando altos niveles de desempleo y miseria. La especulación en torno a la deuda estadounidense y los excedentes financieros de Japón y Alemania creo una burbuja que finalmente estallo en 1990, exacerbando el desempleo a nivel mundial. El surgimiento del desempleo en países antes considerados de pleno empleo, como en Europa Occidental y la antigua URSS, ilustra la magnitud de la crisis. La introducción de tecnologías avanzadas en la producción y los servicios resultó en una mayor automatización y robotización, lo que redujo la necesidad de mano de obra y genero pocos empleos nuevos.
La reflexión sobre el impacto de estas tecnologías en la jornada laboral y la distribución equitativa de los beneficios del progreso tecnológico es crucial. La propuesta de reducir la jornada laboral y permitir la contratación de nuevos trabajadores para distribuir los efectos del progreso entre toda la población es una idea interesante y relevante para abordar los desafíos actuales del mercado laboral y la automatización. Además, la discusión sobre como orientar el potencial productivo hacia el beneficio de toda la humanidad, en lugar de favorecer a una minoría, plantea cuestiones fundamentales sobre el sistema económico y la distribución de la riqueza. La necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos y garantizar condiciones laborales justas y equitativas para todos es un tema central en el debate sobre el futuro del trabajo y la economía global.
Referencias Bibliográficas
Del terror a la esperanza Auge y decadencia del neoliberalismo, Traducción: Amelia Hernández. Versión preliminar. Versión original: Dos Santos, Theotonio (2007), Del terror a la esperanza. Auge y decadencia del neoliberalismo, Venezuela, Editorial Monte Ávila.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU. dejó claro, con la emisión de la Licencia General 5V el pasado 19 de marzo de 2026, que la venta de Citgo a Amber Energy es inevitable. El documento oficial, firmado por el director Bradley T. Smith, no deja espacio para interpretaciones: la operación de USD$ 5.900 millones avanza protegida y blindada.
Alcance preciso de la Licencia General 5V
La GL 5V es estrecha, temporal y quirúrgica. Según su texto literal:
• A partir del 5 de mayo de 2026 autoriza “todas las transacciones relacionadas, la provisión de financiamiento y otras operaciones” con el Bono PDVSA 2020 al 8,5 % (el garantizado precisamente con las acciones de Citgo).
• Hasta esa fecha, queda prohibida cualquier ejecución de gravámenes, embargos o toma de garantía sobre las acciones de Citgo por parte de los tenedores del bono.
• No desbloquea bienes de manera general, no permite nueva deuda y mantiene vigentes todas las demás sanciones.
En lenguaje claro: la licencia anula temporalmente la capacidad de los bonistas de utilizar el bono como colateral para embargar Citgo. Es un “paralizador” que impide cualquier intento de ejecución mientras la Corte Federal de Delaware (caso 1:17-mc-00151) y Amber Energy cierran la transacción con título limpio.
La estrategia transaccional de la administración Trump
Esta medida refleja el enfoque pragmático y comercial del presidente Donald Trump: estabilizar el activo más valioso de Venezuela en territorio estadounidense, garantizar el flujo de petróleo y mantener los ingresos bajo control de cuentas del Tesoro (GL 52). La venta se completa primero; luego los bonistas podrán negociar libremente su papel. El resultado es una operación limpia que evita el caos que algunos actores buscaban generar.
El bloqueo definitivo a la privatización no declarada
Aquí radica el golpe más duro para la oposición colaboracionista y sus aliados del régimen. Su principal estrategia en los litigios de la venta de Citgo era precisamente utilizar el embargo del Bono 2020 como palanca para forzar una privatización disfrazada. El plan era claro: permitir que los tenedores del bono (en los que se sospecha una peligrosa mezcla de intereses del chavismo y de sectores de la oposición) ejecutaran su garantía y se quedaran, de facto, con Citgo. Una transferencia de propiedad no declarada que habría beneficiado a la boli-burguesía —esa élite transnacional que opera a ambos lados del espectro político— y que habría significado la pérdida definitiva del activo para la nación venezolana y para sus 23.000 trabajadores purgados.
La GL 5V desmonta esa estrategia por completo. Al bloquear la ejecución del colateral durante la fase crítica de la venta, OFAC elimina la herramienta que los colaboracionistas y sus socios necesitaban para consumar el despojo encubierto. La venta se hará a Amber Energy bajo las reglas del tribunal estadounidense, no bajo los términos opacos que pretendían imponer.
La ventana histórica para el QSF y las reparaciones reales
Pero la licencia no solo frustra una maniobra oscura: abre una oportunidad concreta para la justicia. Al eliminar el riesgo inmediato de embargo, crea el espacio necesario para que, antes de cualquier distribución final, se reserve un porcentaje justo (5 % o más) de los fondos de la operación o de las cuentas GL 52 en un Fondo Fiduciario de Liquidación Calificado (Qualified Settlement Fund – QSF).
Ese QSF es el mecanismo que permitirá entregar indemnizaciones directas, pensiones dignas y asistencia real a los 23.000 supervivientes del Holocausto Petrolero. Después de 23 años de exclusión, esta es la reparación tangible y prioritaria que corresponde a las verdaderas víctimas de la purga petrolera.
Es momento de actuar
Citgo: la venta es inevitable.
La privatización no declarada en favor de la boli-burguesía ha sido bloqueada.
Ahora corresponde a las autoridades de transición, al Departamento del Tesoro y a la Corte de Delaware asegurar que los recursos generados por esta operación sirvan, primero, para reparar a quienes realmente perdieron todo.
Los 23.000 trabajadores purgados no pueden seguir siendo los eternos excluidos. El Fondo QSF es la vía. El momento es ahora.
“(…) cuando escucho lo de “a la venezolana”, más que esperanza me genera rechazo. Porque ya sabemos cómo termina eso. Improvisación, atajos, corrupción con creatividad y fracaso con excusas nuevas.”
Orlando Fuenmayor
Cuando María Corina Machado habla de una “transición a la venezolana”, uno no sabe si está ante una propuesta política o ante el relanzamiento de un eslogan más. Porque ya hemos pasado por el “hasta el final”, el “último round”, el “ya están cerca”, y ahora esta nueva etiqueta. El problema no es que suene bonito, el problema es que no significa nada concreto. Y cuando algo en política no significa nada, normalmente es porque sirve para todo… y para nada al mismo tiempo. Tal como es la carrera universitaria de María Corina Machado, ingeniería industrial, misma que sirve para todo y no resuelve nada.
Entonces toca preguntar: ¿qué es exactamente hacer las cosas “a la venezolana”? ¿Es repetir el esquema fallido del interinato? ¿Es volver a abrirle la puerta a los mismos actores que convirtieron la política en un negocio tipo CADIVI versión premium? ¿O es simplemente aceptar que la viveza criolla ahora también es un modelo de transición? Porque si es eso, entonces no estamos hablando de cambio, estamos hablando de reciclaje con mejor marketing.
Y en medio de todo ese humo, aparece Donald Trump y, sin mucho protocolo, le baja dos cambios al discurso. En tono de broma —pero ya tú sabes, como decimos nosotros, jugando lo mete el perro— dijo que después de su mandato podría ir a Venezuela a lanzarse a presidente contra Delcy Rodríguez. No es el chiste, es el mensaje: el ninguneo directo. La forma en que desde afuera se perciben estas narrativas infladas. No dejan espacio a la duda, no compran el cuento completo, y cuando algo huele raro, lo cortan de raíz.
Porque hay algo que tampoco se quiere decir: aquí también hay manipulación de la desesperación. Todavía hay gente esperando que la transición sea un evento, un día mágico donde todo se resuelve. Y no. Las transiciones reales duran años. Cuatro, cinco, siete… dependiendo del desastre previo. Pero claro, eso no vende. Vende más decir que “ya viene”, que “ya está pasando”, que “falta poco”. Y así te mantienen emocionalmente enganchado mientras el tiempo pasa.
El problema de fondo sigue siendo el mismo: el mesianismo. La necesidad de construir figuras salvadoras para no asumir responsabilidades. Porque es más cómodo creer que alguien va a resolver todo, que aceptar que el venezolano también forma parte del problema. Ese venezolano que repite errores, que se deja seducir por frases, que vota esperando milagros y luego se indigna cuando no llegan.
Por eso, cuando escucho lo de “a la venezolana”, más que esperanza me genera rechazo. Porque ya sabemos cómo termina eso. Improvisación, atajos, corrupción con creatividad y fracaso con excusas nuevas. Personalmente, yo compraría más una transición “a la gringa”: larga, incómoda, sin apuro electoral, con tutelaje fuerte y reconstrucción institucional real. Algo tipo aliado estratégico serio, no este experimento eterno que nunca termina de arrancar. Firmaría en estos momentos ser un estado asociado de Estados Unidos, el estado 51 una especie de país aliado en el continente al estilo de Israel y que el tutelaje dure por al menos 25 años (una generación).
Suena fuerte, sí. Pero más fuerte ha sido repetir la misma fórmula esperando resultados distintos. Porque si algo ha quedado claro, es que hacer las cosas “a la venezolana” … es exactamente lo que nos trajo hasta aquí.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“En la sociedad actual, los efectos del neomalthusanismo se pueden observar en políticas públicas que buscan promover la planificación familiar, en programas de educación sexual y reproductiva, y en iniciativas para promover la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales.”
Génesis N. Rodríguez G.
A finales del siglo XVIII, Thomas Robert Malthus publicó su conocido Ensayo sobre el principio de la población y sus efectos futuros sobre el progreso de la sociedad. El fundamento básico de su teoría consiste en que la población humana crece en progresión geométrica, mientras que los recursos para sostenerla lo hacen en progresión aritmética. Estas ideas tuvieron tal impacto que durante el siglo XIX Darwin recogió parte de sus fundamentos para desarrollar la teoría de la «selección natural», derivando en planteamientos de carácter eugenésico y surgiendo en el siglo XX una corriente denominada neomalthusianismo. Esta perspectiva asume un nuevo foco de análisis que intenta argumentar la explotación de los trabajadores por los grupos capitalistas, las relaciones de poder entre los países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo e, incluso, justifican las guerras imperialistas.
Sus planteamientos recogen el problema malthusiano de la sobrepoblación y proponen como solución la reducción artificial de los nacimientos (anticoncepción, aborto y esterilización son los medios para lograrlo). El ámbito económico de estos planteamientos es la escasez de recursos frente a una población que aumenta constantemente. El crecimiento demográfico conlleva la necesidad de un mayor esfuerzo en el aprovechamiento de los recursos naturales. Desde el punto de vista de la economía, se produce una revalorización del factor numérico poblacional como factor que posibilita el desarrollo. Este aumento de los habitantes produce una mayor fuerza de trabajo y es posible el mantenimiento de industrias y de las denominadas «economías de escala». Bajo esa lógica, el crecimiento económico de una comunidad se mantiene al conservar una población activa más numerosa que aquella no activa (niños y ancianos).
En la actualidad, el problema no consiste en una superpoblación que pueda terminar con los recursos alimenticios, sino más bien en los daños que podrían llegar a provocar la aplicación de una óptica antinatalista en una región. Sin duda, los índices de natalidad se encuentran en un descenso continuo, sobre todo en aquellas regiones que se encuentran en una transición demográfica avanzada y en una disminución de la natalidad que no permite el recambio generacional. En ese caso, los propósitos se están enfocando en «educar» a la opinión pública en el sentido que el crecimiento de la población es una amenaza para mantener el equilibrio medioambiental.
¿Quién fue Thomas Malthus? Thomas Malthus fue un economista y demógrafo británico, nacido el 13 de febrero de 1766 en Surrey, Inglaterra, y fallecido el 23 de diciembre de 1834 en Bath, Inglaterra. Es conocido principalmente por su teoría sobre la población, expuesta en su obra «Ensayo sobre el principio de la población» publicada en 1798. Malthus estudió en el Jesús College de la Universidad de Cambridge y posteriormente se ordenó como sacerdote anglicano. A lo largo de su vida, ocupó diversos cargos académicos y religiosos, y también se desempeñó como profesor de economía política en la East India Company College.
¿En qué consistió su teoría? La teoría de Malthus se centra en la relación entre el crecimiento de la población y los recursos disponibles. Sostiene que la población tiende a crecer de manera exponencial, mientras que la producción de alimentos lo hace de manera aritmética. Por lo tanto, en algún momento la población superará la capacidad de producción de alimentos, lo que llevará a la escasez y al sufrimiento humano. La teoría del neomalthusianismo es una corriente de pensamiento que retoma las ideas de Malthus y las aplica a la actualidad. Los neomalthusianos argumentan que el crecimiento poblacional descontrolado puede llevar a crisis humanitarias, ambientales y sociales, y abogan por políticas de control de la natalidad y planificación familiar para evitar estas consecuencias. También se enfocan en la importancia de la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales.
¿Cómo ha influido actualmente esta teoría? La teoría del neomalthusianismo está presente en la actualidad a través de debates sobre el crecimiento poblacional, la escasez de recursos naturales, el cambio climático y la sostenibilidad. En muchos países, especialmente en aquellos con altas tasas de crecimiento demográfico, se están implementando políticas de control de la natalidad y planificación familiar para abordar los desafíos asociados con el aumento de la población. Además, el neomalthusianismo también ha influido en discusiones sobre la distribución desigual de recursos y la preservación del medio ambiente. Muchos defensores de esta teoría argumentan que el crecimiento poblacional descontrolado puede llevar a la sobreexplotación de los recursos naturales, la degradación del medio ambiente y crisis humanitarias.
En la sociedad actual, los efectos del neomalthusanismo se pueden observar en políticas públicas que buscan promover la planificación familiar, en programas de educación sexual y reproductiva, y en iniciativas para promover la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos naturales. Sin embargo, también ha generado debates sobre la ética de limitar el crecimiento poblacional y sobre cómo abordar estos desafíos de manera justa y equitativa para todas las personas. Es importante tener en cuenta que la teoría de Malthus ha sido objeto de críticas y controversias a lo largo del tiempo. Algunos críticos argumentan que su enfoque en el control de la población ignora las causas subyacentes de la pobreza y la desigualdad, y que las políticas de control de la natalidad pueden ser coercitivas y violar los derechos reproductivos de las personas.
Es importante reconocer las limitaciones de la teoría neomalthusiana y explorar enfoques más integrales y equitativos para abordar los desafíos asociados con el aumento de la población y la preservación del medio ambiente. Esto implica considerar otros factores como el desarrollo tecnológico, la distribución desigual de recursos y el consumo excesivo en los países desarrollados. En última instancia, un enfoque multidisciplinario que integre la economía, la sociología y otras disciplinas es crucial para abordar de manera efectiva los complejos problemas relacionados con el crecimiento poblacional y la sostenibilidad.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos.”
Génesis N. Rodríguez G.
Comenzare hablando de la pobreza con este fragmento que me gustó mucho desde que lo leí hace semanas, tomado del libro “Repensar la pobreza” de los autores Abhijit V. Banerrjee y Esther Duflo: “En lugar de discutir la mejor manera de luchar contra la diarrea o el dengue, muchos de los expertos más influyentes tienen fijación con las «grandes preguntas»: ¿cuál es la causa principal de la pobreza? ¿Hasta qué punto debemos creer en el mercado libre? ¿La democracia es buena para los pobres? ¿Cuál es el papel que puede tener la ayuda al desarrollo?» Y otras de este estilo.
Jeffrey Sachs, asesor de Naciones Unidas, director del Earth Institute en la Universidad de Columbia de Nueva York y uno de estos expertos, tiene respuesta para todas estas preguntas: los países pobres lo son porque son calurosos, poco fértiles, están infestados de malaria y a menudo carecen de salidas al mar, lo que dificulta que sean productivos por falta de una gran inversión inicial que les ayude a ocuparse de estos problemas endémicos. Pero estos países no pueden financiar las inversiones precisamente porque son pobres se encuentran inmersos en lo que los economistas llaman la «trampa de la pobreza». Mientras no se haga algo contra estos problemas, ni la democracia ni el mercado libre les aportarán gran cosa.
Por eso la ayuda externa resulta fundamental, ya que, gracias a ella, los países pobres pueden invertir en estas áreas críticas, haciéndolos más productivos e iniciando un círculo virtuoso. Los ingresos que se generen, que serán más elevados, permitirán nuevas inversiones y así continuará una espiral favorable.
En su best-seller de 2005, El fin de la pobreza, Sachs argumenta que si los países ricos aportasen 195.000 millones de dólares al año en cooperación entre los años 2005 y 2025, al final de este periodo la pobreza podría haber desaparecido completamente. Sin embargo, otras voces también influyentes creen que todas las respuestas de Sachs son erróneas. William Easterly, enfrentado a Sachs desde el otro extremo de Manhattan, en la Universidad de Nueva York, se ha convertido en una de las figuras públicas más destacadas en la oposición a la ayuda internacional, a raíz de la publicación de dos libros, En busca del crecimiento y The White Man’s Burden. Y otra voz que se ha unido recientemente a la de Easterly es la de Dambisa Moyo, autora del libro Dead Aid y economista que había trabajado anteriormente en Goldman Sachs y en el Banco Mundial. Estos dos autores sostienen que la ayuda hace más mal que bien, al disuadir a la gente de buscar soluciones propias, al corromper y socavar las instituciones locales y al crear un lobby formado por las ONG que tiende a perpetuarse.
La mejor opción para los países pobres es apoyarse en la idea básica de que cuando los mercados son libres y los incentivos adecuados, la gente puede encontrar la solución a sus problemas sin necesidad de limosnas del extranjero ni de sus propios gobiernos. De ese modo, los pesimistas de la ayuda se consideran bastante optimistas respecto a cómo funciona el mundo. Para Easterly no existen las denominadas trampas de la pobreza. Llegados a este punto, ¿a quién debemos creer? ¿A quienes afirman que la ayuda resolverá el problema o a quienes aseguran que empeorará la situación? El debate no puede ser resuelto de forma abstracta. Se necesitan evidencias, pero desafortunadamente los datos que se suelen utilizar para responder a estas grandes preguntas no inspiran confianza.
La pobreza en Venezuela ha aumentado significativamente en los últimos años debido a una combinación de factores como la crisis económica, la inflación, descontrolada, la falta de inversión en infraestructura y servicios básicos, la corrupción, y las políticas gubernamentales. Fuentes como el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ( ENCOVI) suelen proporcionar datos actualizados sobre la pobreza en el país. En el caso específico del Estado Guárico la pobreza también ha aumentado, afectando principalmente a las zonas rurales y a las comunidades mas vulnerables. La falta de oportunidades laborales, la escasez de servicios básicos como agua potable y electricidad, y la inseguridad alimentaria son algunos de los factores que contribuyen a la pobreza en la región.
En cuanto a los municipios más pobres o con pobreza extrema en Guárico, esta información puede variar dependiendo de los criterios utilizados para medir la pobreza. Sin embargo, algunos municipios que suelen ser identificados como los más afectados por la pobreza son San Gerónimo de Guayabal, El Socorro, Leonardo Infante y Francisco de Miranda.
De acuerdo con las metodologías internacionales de evaluación utilizadas por la comunidad humanitaria en crisis y emergencias, las organizaciones aliadas de HumVenezuela siguen un modelo de medición de los impactos de la EHC construido por consensos, en cinco sectores (condiciones de vida, alimentación, agua y saneamiento, salud y educación básica), que tiene un alcance nacional y por estados del país. Este modelo comprende mediciones de la escala, severidad, intensidad y profundidad de la EHC, que permiten presentar estimaciones de las personas en necesidad, sus agrupaciones por niveles de severidad y la relación de su situación con las capacidades caídas de sistemas, programas, bienes y servicios, como producto de los factores que originan la EHC.
En cada medición anual se realiza un análisis de las fuentes de información demográfica disponibles, utilizando hasta la actualidad las proyecciones estimadas por CELADE (División de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL), publicadas en 2019. Para la distribución de la población por estados, a partir de 2023 se comenzaron a realizar análisis estadísticos basados en data censal y otras estimaciones pasadas de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) de 2020 y 20219, que también de basan en proyecciones de CELADE. En esta medición se utilizaron las proyecciones de población de CELADE para Venezuela correspondientes al año 2023, la cual fue estimada en un total de 28.838.496 de personas.
Pudimos observar, en un rango de tres niveles (bajo, medio y alto), se clasificaron los estados por la población afectada en cada dimensión. En tanto todas las afectaciones tienen impactos severos en la vida de las personas, la clasificación solo tiene el propósito de realizar un abordaje integrado de perfiles de afectación. La clasificación arrojó que 8 de los 20 estados mostraron hasta 6 dimensiones donde las poblaciones en necesidad alcanzan niveles altos. En orden alfabético, estos fueron Anzoátegui, Apure, Bolívar, Falcón, Guárico, Miranda, Monagas y Táchira. Podemos ver como el Estado Guárico esta entre los 8 mas afectados en casi todas las dimensiones que se evaluaron, sobre todo en altos números de violencia y la irregularidad de la asistencia escolar, es importante que haga énfasis aquí en la parte educativa, aunque estemos hablando de pobreza el no poseer niveles altos de educación influye de manera directa para medir la pobreza. El Estado Guárico aparece entre los principales Estados del país con personas en necesidades críticas, y según los anteriores informes para 2023 fue aumentando de critico a severa la situación, cifras que nos indican que las políticas públicas no están siendo ejecutadas de la mejor manera por los organismos correspondientes, aparte de muchos otros factores que están influyendo para agudizar aún más la pobreza en el Estado llanero.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió el 19 de marzo de 2026 la Licencia General 5V, que entra en vigor de inmediato y sustituye a la anterior 5U. Aunque se presenta como una medida técnica y temporal, su verdadero alcance es estratégico: protege el proceso de venta de Citgo y, al mismo tiempo, abre una ventana concreta de oportunidad para las reparaciones de las miles de víctimas del Holocausto Petrolero.
Alcance preciso y mecánica real de la GL 5V
La licencia es estrecha, temporal y protectora del proceso judicial en Delaware. Sus puntos esenciales son:
• Autoriza únicamente transacciones, financiamientos y operaciones relacionadas con el Bono PDVSA 2020 al 8,5 % (el garantizado con las acciones de Citgo) a partir del 5 de mayo de 2026.
• Hasta esa fecha, prohíbe expresamente cualquier ejecución de gravámenes, sentencias, embargos o toma de garantía sobre las acciones de Citgo por parte de los tenedores del bono.
• No desbloquea bienes de manera general, no permite nueva deuda y mantiene vigentes las prohibiciones de otras sanciones (como las del Decreto Ejecutivo 13808 para otros instrumentos).
En términos claros: la GL 5V actúa como un “paralizador temporal” o stay of execution. Congela la capacidad de los bonistas para embargar o forzar la venta de Citgo mientras se cierra la ventana actual de la operación.
La estrategia transaccional de la administración Trump
Esta decisión refleja el enfoque pragmático y comercial del presidente Donald Trump. Su objetivo no es beneficiar a un grupo político específico, sino estabilizar un activo clave para Estados Unidos:
1. Evitar que los bonistas paralicen la venta aprobada por la Corte de Delaware.
2. Permitir que Amber Energy (afiliada a Elliott Management) complete la adquisición de PDV Holding por 5.900 millones de dólares con título limpio.
3. Mantener el flujo de ingresos petroleros bajo cuentas controladas por el Tesoro (a través de la Licencia General 52).
Lejos de ser un obstáculo, la medida protege la venta. Después del 5 de mayo de 2026, los bonistas podrán negociar, comercializar o refinanciar libremente sus instrumentos, pero las acciones de Citgo ya estarán en manos de Amber.
La gran ventaja para lograr el QSF y las reparaciones reales
Y aquí radica la oportunidad histórica para las 23.000 víctimas del Holocausto Petrolero (los miles trabajadores despedidos injustamente entre 2002 y 2003).
Al bloquear temporalmente las ejecuciones de los bonistas, la GL 5V crea un espacio valioso de calma antes de que los acreedores privados puedan reclamar su porción. Esto permite que los fondos generados por la venta de Citgo —o los recursos acumulados en cuentas del Tesoro bajo la GL 52— se destinen, antes de cualquier distracción, a la creación de un Fondo Fiduciario de Liquidación Calificado (Qualified Settlement Fund – QSF).
Esta es precisamente la propuesta que se ha venido defendiendo ante la Corte Federal de Delaware en el caso 1:17-mc-00151: reservar un porcentaje justo (5 % o más) de los recursos de la operación para indemnizaciones directas y tangibles a las víctimas.
Un QSF no es una promesa lejana. Es el mecanismo real que permitiría entregar:
• Indemnizaciones justas
• Pensiones dignas
• Asistencia médica y apoyo familiar
después de más de 23 años de sufrimiento. La Licencia 5V elimina el riesgo inmediato de caos legal y da el tiempo necesario para que el Departamento del Tesoro y la Corte de Delaware concreten esta reparación.
Es momento de actuar
La Licencia General 5V no es solo una medida técnica para facilitar una venta. Es una ventana histórica que no puede desaprovecharse.
Las 23.000 victimas del Holocausto Petrolero no merecen seguir siendo los eternos excluidos. El Fondo QSF es la reparación mínima, justa y tangible que corresponde. El momento de impulsarlo es ahora. Victoria a la malograda y olvidada familia petrolera.
“(…) Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo.”
Orlando Fuenmayor
Hay algo que está pasando con el venezolano en este momento político, y no es menor: la desesperación. Después del 3 de enero, mucha gente esperaba cambios inmediatos, casi milagrosos, como si los procesos históricos funcionaran con la velocidad de un titular de Twitter. Como esos cambios no se ven con la rapidez que algunos imaginaban, empieza a aparecer una narrativa peligrosa: la del desencanto prematuro.
Y lo curioso es de dónde vienen muchas de esas narrativas. Algunas salen directamente del chavismo; otras del llamado chavismo azul, esa falsa oposición que vive de la confusión política. Ambos sectores trabajan con la misma lógica: empujar al venezolano a la frustración. O el vaso está completamente vacío o el país está condenado. No hay matices, no hay contexto, no hay proceso histórico.
Pero si uno mira el vaso medio lleno, hay una realidad imposible de negar: el chavismo ya no existe como existía antes. Nicolás Maduro, que era el jefe político de la estructura criminal, ya no está en la misma posición de poder que tuvo durante años. Y mucho menos Cilia Flores, que durante años fue el brazo jurídico y operativo de esa maquinaria, mientras su entorno familiar aparecía vinculado a redes de narcotráfico de manera escandalosa.
Eso cambió. ¿Significa eso que Venezuela ya se arregló? Por supuesto que no. Pero tampoco significa que todo siga exactamente igual. Y aquí es donde vale la pena recordar un concepto de la Grecia antigua que sigue siendo brutalmente vigente: el del “idiota”. En el mundo griego, la palabra idiotes no era un insulto como hoy. Se usaba para describir al ciudadano que se mantenía al margen de los asuntos públicos y solo se ocupaba de sus intereses privados. En otras palabras, el que renunciaba a participar en la vida política de su comunidad.
Para los griegos, ese ciudadano era peligroso para la democracia. No porque fuera estúpido, sino porque era indiferente. El problema es que las sociedades también pueden llenarse de idiotas en ese sentido original: personas que ven lo que ocurre, saben que algo está mal, pero deciden no involucrarse. Critican, se quejan, pero no asumen ningún tipo de responsabilidad.
Luego está el siguiente escalón: el imbécil. Si el idiota es el que ignora o se desentiende, el imbécil es el que entiende perfectamente lo que pasa… pero decide actuar mal a propósito. Es el que repite narrativas falsas, el que alimenta la confusión o el que prefiere el caos porque cree que puede sacar provecho personal de él.
Y en Venezuela hoy estamos viendo ambas cosas. Por un lado, ciudadanos confundidos por una avalancha de manipulación comunicacional: redes sociales, propaganda, rumores, desinformación calculada. Por otro lado, actores políticos que alimentan esa confusión porque viven del conflicto permanente.
Por eso aparecen absurdos que hace unos años habrían sido impensables. Por ejemplo, gente diciendo que “estábamos mejor con Maduro”. Otros convencidos de que Estados Unidos se va a “robar Venezuela”, como si el país fuera una finca abandonada lista para remate.
Y entonces aparecen comparaciones ridículas con Puerto Rico. Pero cuando uno observa la realidad puertorriqueña ve algo interesante: un territorio que se queja de su relación con Estados Unidos, pero que tampoco quiere romper con ella porque eso implicaría perder beneficios concretos. Esa contradicción demuestra algo sencillo: las relaciones políticas complejas no caben en consignas simplistas.
Pero el venezolano, muchas veces, prefiere la consigna. Y ahí es donde aparece otro problema cultural profundo: la evasión de responsabilidad. Durante décadas hemos cultivado una mentalidad donde siempre se espera que otro resuelva el problema. El líder, el militar, el extranjero, el salvador de turno. Siempre hay un mesías esperando en el imaginario colectivo.
Mientras tanto, el ciudadano se queda en el rol de espectador. Y eso tiene consecuencias. Porque cuando una sociedad renuncia a su papel protagónico, termina convirtiéndose en un peso muerto. Un bulto que pesa, pero que nadie quiere cargar. El venezolano empieza a ser una molestia incluso para sí mismo, porque no sabe cómo reaccionar ante los momentos de presión histórica.
Entonces aparece la vieja lógica de la viveza criolla: “quítate tú para ponerme yo”. No se trata de construir un país distinto, sino de ver quién agarra el turno con el menor esfuerzo posible. Pero las transiciones políticas no funcionan así.
Las transiciones son lentas, contradictorias, incómodas y muchas veces frustrantes. No producen victorias limpias ni resultados inmediatos. Lo que producen es algo mucho más difícil: responsabilidad. Y ahí está la verdadera pregunta que el venezolano todavía no quiere responder.
¿Vamos a seguir esperando que alguien más nos salve? ¿O finalmente vamos a dejar de comportarnos como idiotas —en el sentido griego de la palabra— y asumir que el destino de un país también depende de sus ciudadanos?
Porque si algo ha demostrado la historia, es que ningún país se salva con espectadores. Y Venezuela, hoy más que nunca, necesita ciudadanos.
Oriana Aranguren es licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
“(…) He aquí una verdad que le dolerá a todo estatista: ninguna ley gubernamental liberó tanto tiempo para las mujeres en el siglo XX como la proliferación de bienes de consumo asequibles creados por el mercado.”
Oriana Aranguren
La historia de la emancipación femenina suele contarse, con justa razón, a través del lente de las grandes batallas políticas y sociales. En este sentido, tendemos a evocar a las sufragistas marchando por el derecho al voto, a las activistas desafiando leyes arcaicas y/o a las pioneras rompiendo techos de cristal en la academia y la política. Sin embargo, muchas de las autodenominadas “feministas” en la actualidad ignoran que existe un motor de liberación igual o más poderoso, este es: el libre mercado. No existe una conexión más poderosa que la libertad económica y la libertad femenina; históricamente, la competencia, el comercio internacional y la innovación de los mercados han actuado como fuerzas que han desestabilizado las estructuras patriarcales tradicionales y han ofrecido a las mujeres herramientas tangibles para forjar su propia autonomía.
La razón de lo que digo es simple de comprender: un mercado verdaderamente libre y competitivo es, por naturaleza, ciego al género, porque su principal motivación es la eficiencia y la creación de valor, y esto puede provenir de hombres y mujeres. En este contexto, discriminar a la mujer se convierte en una desventaja económica penalizada por la propia competencia —porque otros tendrán talentos de los cuales yo me estoy limitando—.
El economista Gary Becker, galardonado con el Premio Nobel, revolucionó la forma en que entendemos este fenómeno con su teoría económica de la discriminación, planteando la idea de que discriminar cuesta dinero. Para ilustrar el punto: imaginemos una sociedad tradicional donde los empresarios, por prejuicios culturales, se niegan a contratar mujeres o les pagan sistemáticamente menos que a los hombres, independientemente de su talento o productividad. En un sistema cerrado, monopolístico o protegido por el Estado, estos empresarios pueden darse el lujo de mantener sus prejuicios sin sufrir consecuencias. Pero, ¿Qué sucede cuando se introduce la libre competencia? Si un empresario sexista se niega a contratar a ingenieras brillantes simplemente por ser mujeres, un competidor más inteligente y menos prejuicioso verá una oportunidad de oro y contratará a esas mujeres talentosas, probablemente a un costo ligeramente menor al principio debido a la falta de demanda en el mercado, y gracias a su talento, producirá mejores bienes o servicios. En este escenario, el empresario discriminador perderá cuota de mercado, sus costos relativos serán más altos —al tener que pagar una prima para contratar exclusivamente hombres— y, eventualmente, la fuerza de la competencia lo obligará a cambiar sus prácticas o enfrentar la bancarrota.
Con esto en mente, podemos inferir, entonces, que el mercado actúa como un disolvente de las jerarquías arbitrarias. Antes del auge del capitalismo y los mercados abiertos, la riqueza y el estatus se determinaban en gran medida por el nacimiento, la casta y el género, y, en ese contexto, las mujeres estaban relegadas a la esfera doméstica o a la economía de subsistencia, dependiendo económicamente de los hombres, porque las estructuras feudales o gremiales les prohibían la entrada al comercio formal. Pero la llegada de los mercados competitivos comenzó a cambiar las reglas del juego, porque el valor de una persona empezó a medirse por lo que podía producir y aportar, no por su género. Y como la competencia castiga la ineficiencia, excluir al 50% de la población del talento y la fuerza laboral sale caro.
¿Y qué sucede si ampliamos el foco y vemos el panorama completo, a nivel internacional?
El comercio internacional y la globalización como vías de escape
Si la competencia a nivel local es poderosa, el comercio internacional ha sido un verdadero catalizador de cambio a escala global. Cuando analizamos el impacto de la globalización en los países en vías de desarrollo, la narrativa popular a menudo se centra en la explotación. Y si bien es innegable que las condiciones laborales en las primeras etapas de la industrialización son duras, un análisis riguroso requiere que nos hagamos una pregunta necesaria —aunque incómoda, para algunos—: ¿Cuál era la alternativa para esas mujeres?
A lo largo de las últimas décadas, la apertura al comercio internacional y la llegada de la manufactura de exportación a países de Asia, América Latina y África sacaron a millones de mujeres de la invisibilidad de la economía agraria y de subsistencia. En las sociedades rurales tradicionales, el trabajo de la mujer en el campo o en el hogar rara vez es remunerado o reconocido; es considerado un deber. Además, en muchos de estos contextos, las mujeres jóvenes son vistas como una carga económica para sus familias, lo que fomenta prácticas como el matrimonio infantil o forzado.
La llegada de fábricas de textiles, ensambladoras de tecnología y otras industrias orientadas a la exportación cambió drásticamente esta ecuación, porque, por primera vez, millones de mujeres jóvenes tuvieron la oportunidad de ganar un salario independiente. Este sueldo, por modesto que parezca desde la comodidad del mundo desarrollado, representa un cambio monumental en la dinámica de poder. Como dice una frase popular: “quien paga, manda”, y una mujer que aporta ingresos en efectivo a su hogar adquiere, de inmediato, un mayor poder de negociación dentro de su familia.
Los estudios económicos y sociológicos muestran de manera consistente que cuando las mujeres acceden a trabajos asalariados gracias a la apertura comercial, las tasas de fecundidad disminuyen, la edad promedio para contraer matrimonio se retrasa y aumenta la inversión en la educación de las niñas. ¿Por qué? Porque las niñas dejan de ser vistas únicamente como futuras esposas y madres, y comienzan a ser valoradas como futuras productoras de ingresos. El comercio internacional, al crear demanda de mano de obra femenina, convierte a las mujeres en un activo económico valioso para sus familias y comunidades, alterando profundamente las normas culturales restrictivas.
La innovación del mercado y la liberación del tiempo
Con esto en mente, podemos decir entonces que la libertad no es solo un concepto abstracto o un derecho escrito en un papel, sino que requiere tiempo. Durante siglos, el tiempo de las mujeres estuvo casi enteramente consumido por las tareas domésticas: buscar agua, lavar la ropa a mano, cocinar con leña, limpiar y cuidar de los hijos; estas labores, físicamente extenuantes y que consumían todo el día, hacían imposible que la gran mayoría de las mujeres pensaran en la educación, la política o el desarrollo personal. Pero el libre mercado y la innovación tecnológica jugaron un papel en la emancipación de la gran mayoría de ellas —en donde hay libre mercado, evidentemente—.
El difunto médico y estadístico Hans Rosling solía decir que el invento más grande de la historia de la humanidad no fue el avión ni el microchip, sino la lavadora. Y tenía razón. El mercado libre, en su búsqueda constante por satisfacer las necesidades de los consumidores y generar ganancias, incentivó la creación y producción masiva de electrodomésticos; el agua corriente, las estufas de gas y eléctricas, los refrigeradores y las lavadoras liberaron miles de millones de horas de trabajo físico que recaían casi exclusivamente sobre los hombros de las mujeres. Lo que se conoce como “la tecnología del hogar”, impulsada por la competencia empresarial y el comercio masivo, permitió a las mujeres comprar su propio tiempo. De este modo, las horas que antes se pasaban en el río lavando ropa ahora podían invertirse en leer, estudiar, trabajar fuera del hogar o simplemente descansar. He aquí una verdad que le dolerá a todo estatista: ninguna ley gubernamental liberó tanto tiempo para las mujeres en el siglo XX como la proliferación de bienes de consumo asequibles creados por el mercado.
Además, el mercado libre fue fundamental en la provisión de otro elemento crucial para la libertad femenina, porque les dio el control sobre sus propios cuerpos, por cuanto se desarrollaron métodos anticonceptivos modernos, como la píldora, que fue impulsado, valga decirlo, en gran medida por la investigación financiada por capital privado y filántropos visionarios, respondiendo a una inmensa demanda. Entonces, la capacidad comercial de producir, distribuir y vender productos de higiene femenina y anticonceptivos a precios accesibles gracias al comercio global ha dado a las mujeres un control sin precedentes sobre su fertilidad y, por ende, sobre su destino económico y profesional.
Pero la cosa no acaba aquí…
Las mujeres y el emprendimiento
Tradicionalmente, las estructuras corporativas y gubernamentales han estado dominadas por los hombres, creando “clubes de Toby”[1] que dificultaban el ascenso de las mujeres. Ante esto, la respuesta del libre mercado fue ofrecer alternativas a las mujeres, dando la oportunidad de que ellas mismas emprendieran sus propios negocios —si no te permiten sentarte en la mesa, el mercado te da la libertad de construir la tuya propia—. Y esto podemos constatarlo en el mundo: a nivel mundial, el emprendimiento femenino está creciendo a un ritmo acelerado, pasando por vendedoras ambulantes en mercados emergentes y llegando hasta fundadoras de empresas tecnológicas en Silicon Valley, los mercados libres permiten a las mujeres crear sus propias empresas y, con ello, crear su propio poder económico, y todo sin necesitar del permiso de un jefe para vender un producto o servicio que los consumidores desean.
En pocas palabras, la democratización de la tecnología y las finanzas —producto directo de la competencia en el mercado libre— ha acelerado la tendencia de las mujeres a emprender y empoderarse. Las plataformas de comercio electrónico permiten a mujeres de zonas rurales vender sus artesanías o productos a clientes del otro lado del mundo; las innovaciones en Fintech y el microcrédito están permitiendo a millones de mujeres que antes estaban excluidas del sistema bancario tradicional acceder a capital inicial; cuando los mercados financieros se vuelven más competitivos y abiertos, los bancos y los prestamistas se ven obligados a buscar nuevos clientes, y las mujeres empresarias, que históricamente han demostrado ser excelentes pagadoras de créditos, se convierten en un objetivo principal; y así podemos seguir describiendo el acceso y las oportunidades que se le han abierto a las mujeres gracias al libre mercado.
La libertad económica como base de la libertad total
Es por esta razón que estimo que muchos de los debates que se llevan actualmente y giran en torno a la mujer carecen de sentido, o al menos no tienen un buen enfoque, porque, por ejemplo, el debate sobre la igualdad de género suele estar dominado por enfoques regulatorios —cuotas de género, leyes de igualdad salarial obligatoria o políticas de redistribución estatal—, y aunque estas herramientas políticas pueden tener su lugar y función dentro de una sociedad democrática para corregir ciertas cosas —habría que ver cómo implementar eso y si no atenta en contra de la libertad de otros—, se pierde de vista que, en el largo plazo, ninguna ley será tan efectiva para garantizar la libertad sostenida de las mujeres como la capacidad de generar, poseer y disponer de su propia riqueza.
La historia nos demuestra que la libertad política sin libertad económica es una ilusión. De poco sirve tener derecho al voto si no se tiene el derecho a poseer una propiedad, abrir una cuenta bancaria sin la firma del marido o iniciar un negocio. Las mujeres libres requieren de mercados libres porque los mercados descentralizan el poder.
El impacto de la competencia y el comercio en la vida de las mujeres ha sido, y sigue siendo, transformador. En el caso de la competencia, rompió el monopolio que los hombres tenían sobre las profesiones y los oficios; el comercio global conectó a las mujeres más marginadas con la cadena de valor mundial, dándoles por primera vez poder adquisitivo y voz en sus hogares; la innovación empresarial les devolvió el tiempo que les robaban las tareas domésticas y les brindó las herramientas médicas para ser dueñas de su tiempo y su cuerpo; y el emprendimiento les otorgó el cincel para esculpir su propio destino profesional.
Contrario a como sostienen las “feministas” que piden más intervención estatal para arremeter en contra de una “estructura patriarcal y capitalista”, con el fin de alcanzar “la igualdad” entre hombres y mujeres, no es el Estado quien empodera a las mujeres, más bien todo lo contrario, es el mercado. En el camino hacia la libertad y la “igualdad” —bien entendida, es decir: ante la ley—, el libre intercambio, la innovación y la competencia no son los enemigos, sino los aliados más poderosos que las mujeres han tenido en la historia de la civilización. La emancipación definitiva de la mujer no se logrará destruyendo el mercado, sino asegurándonos de que esté genuinamente abierto, sea verdaderamente competitivo y le permita a cada mujer participar en él, por fin, bajo sus propios términos.
[1] Expresión que describe a grupos cerrados de hombres que excluyen mujeres.
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