Caracas. – En 567,68 bolívares amanecerá el valor del dólar oficial el próximo martes, 9 de junio, según lo informó el Banco Central de Venezuela (BCV) en los registros que actualiza siempre, en torno al valor de la divisa estadounidense.
El lunes 8 de junio será feriado bancario por la celebración del “Corpus Christi” y debido a ello el nuevo valor del dólar comenzará a regir el martes. El pasado viernes la divisa cerró sus operaciones en 563,28 bolívares, por lo que es un incremento de Bs. 4,3936 (+0,78%) con respecto a la jornada anterior.
La variación acumulada anual del tipo de cambio es de +269,5397 bolívares (+90,4062%). Con respecto al 9 de junio de 2025, el incremento es de +468,5912 bolívares (+472,8869%). Al mismo día del año pasado la variación acumulada anual había sido de +90,8011%.
Mientras, el BCV también indicó que el euro se plantó en 655,38 bolívares. Ambas monedas internacionales tuvieron un alza con respecto a la jornada de ayer. La moneda europea había cerrado el viernes en Bs. 654,86.
Así, el bolívar ha perdido en lo que va de año un 45% de su valor frente al dólar estadounidense en el mercado oficial, donde la divisa norteamericana se cambió el último viernes de mayo, último día hábil del mes, por 549,37 bolívares.
La cotización del dólar aumentó un 82,2% desde los Bs. 301,37 de principios de enero, según cifras del BCV. En mayo, la moneda estadounidense subió un 12,2%, desde 489,55 Bs., lo que significa una devaluación de un 10,8% de la venezolana en ese período.
Oriana P. Aranguren B. es licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.
Normalmente, el debate en torno a la planificación centralizada de la sociedad se ha librado de forma casi exclusiva en el terreno de la economía, el cálculo de costes y el Derecho, y, si bien es cierto que estos argumentos son sólidos, suelen ignorar la dimensión psicológica —que, se puede decir, es la verdadera raíz cognitiva de la planificación centralizada— que compete al tema. De hecho, podríamos decir que la tendencia a creer y/o desear la dirección del destino de la sociedad desde un poder central nace, no de un análisis técnico riguroso, sino de un profundo atavismo mental arraigado en nuestra propia evolución, y tal concepción, a su vez, nos podría ayudar a entender por qué la planificación central sigue siendo una propuesta atractiva a pesar de sus constantes fallos históricos.
Lo cierto es que el humano tiene sesgos biológicos que nublan la razón frente a los sistemas complejos, como lo son (i) la hiperatribución de agencia[1] e intención, (ii) la sobreconfianza en la planificación de sistemas complejos, y (iii) una tendencia a reificar la “sociedad” como si fuera un sujeto único que piensa y decide[2]. En efecto, los estudios disponibles sugieren que el impulso centralizador se alimenta de una intuición psicológica muy poderosa en el ser humano, a saber, que, si hay problemas sociales, entonces debe existir una mente coordinadora capaz de ordenar el todo, porque es la única manera de solucionar dichos problemas. Esta resistencia intuitiva a aceptar los sistemas complejos ordenados —o los órdenes espontáneos— puede explicarse con lo que en neurociencia se llama el Dispositivo Hiperactivo de Detección de Agentes (HADD), que explica cómo nuestro cerebro, en la evolución, aprendió a asumir que detrás de cada evento complejo o ambiguo se esconde o subyace una voluntad consciente[3]; por lo tanto, extrapolando el asunto, ante la complejidad social, el atavismo nos empuja a buscar —o a exigir— un diseñador central, lo que traduce una ventaja de supervivencia prehistórica en una peligrosa distorsión de cómo funciona la sociedad —o a qué se deben los fenómenos sociales—, pues, si vemos actores intencionales donde hay azar o procesos emergentes, también seremos más proclives a imaginar que la economía o la sociedad requieren una voluntad central que “sepa lo que hace”[4].
La evolución, la planificación y el rechazo a la complejidad de los sistemas
Durante la mayor parte de la historia evolutiva de nuestra especie, los humanos nos organizamos en pequeñas tribus donde la supervivencia dependía de relaciones directas y jerarquías explícitas. Así, si el fuego se encendía o una estrategia de caza funcionaba, se debía directamente a la acción deliberada de un individuo concreto. Y esta experiencia prolongada moldeó la arquitectura cognitiva para predisponerla a creer que cualquier orden funcional y sofisticado debe ser, de forma obligatoria, el producto de una mente inteligente que lo diseñó con un propósito claro, pues, en última instancia, el cerebro humano prefiere construir explicaciones basadas en un agente coordinador antes que aceptar la contingencia, el azar o, como nos gusta llamarlo el “caos”. Al cerebro humano le resulta contraintuitivo y le cuesta aceptar la inmensa complejidad de los sistemas complejos y, en contextos inciertos, tiende a creer que se necesita de la planificación consciente para coordinar los millones de decisiones, cuando en realidad los sistemas sociales pueden coordinarse por pautas que emanan de la interacción de los elementos que conforman dichos sistemas complejos, cada uno de ellos adaptándose a sus nuevas realidades o circunstancias[5].
De hecho, esta sobreconfianza se manifiesta en el llamado sesgo de la planificación, que es, prima facie, el sesgo que define la naturaleza misma de toda planificación centralizada, algo que queda de manifiesto cuando se examina la evidencia experimental en psicología social, según la cual, al diseñar un escenario futuro, los individuos se enfocan de manera casi exclusiva en el éxito del plan trazado —la visión interna del plan— e ignoran la estadística de los fracasos pasados; e incluso, cuando se les confronta con dichos errores históricos, el cerebro tiende a justificarlos como anomalías externas y transitorias, no como la norma[6]. Ahora bien, este fenómeno llevado al ámbito político es mucho peor, porque, en la acción privada, este sesgo encuentra un límite adaptativo inmediato, a saber, que si un individuo calcula mal sus recursos o expectativas, él mismo asume los costos de su equivocación, lo que activa funciones cerebrales para corregir u optimizar las acciones llevadas a cabo, con tal de aumentar las probabilidades de éxito en la consecución de sus fines; pero en la planificación centralizada, por el contrario, el sesgo muta y se institucionaliza de forma destructiva, pues, al tener el monopolio de la fuerza y la coerción estatal, el planificador jamás sufre en carne propia las consecuencias de sus fallos de cálculo, porque estas son socializadas y transferidas coactivamente a la población[7]. Y si a esto sumamos el hecho de que el planificador esté alejado de la realidad local en la cual repercutirá su decisión, todo esto explicaría por qué todo planificador central se encuentra siempre bajo la ilusión de que, esta vez, ahora sí, el sistema complejo que intenta controlar sí responderá a su intento de diseño, cuando en realidad es incapaz de ponderar los imprevistos y las fricciones propias del sistema[8].
No conforme con esto, la psicología ratifica con estudios —en diversas sociedades— que este impulso centralizador —característico de los colectivistas— no nace de un altruismo racional o desinteresado, más bien tiene una raíz cognitiva que se halla en un sustrato psicológico típico de los autoritarios, a saber, la exigencia de que todos los miembros de la sociedad, lo deseen o no, sean sometidos por la fuerza a un poder central que ordene cada aspecto de su vida[9]. Resulta que la supuesta benevolencia que los defensores de la planificación central atribuyen a la autoridad es, en realidad, una alucinación derivada del “razonamiento motivado por la identidad”[10]. Este sesgo cognitivo aparece porque las personas no evalúan los hechos de manera objetiva, sino que procesan la información de forma asimétrica para proteger y validar su pertenencia a un grupo político o ideológico. Según la evidencia científica, este mecanismo psicológico altera la raíz de las percepciones, llevándonos a actuar como abogados defensores de aquello que ligamos a nuestra propia identidad —o que consideramos nuestra identidad—, tendiendo automáticamente a atribuir intenciones nobles a los líderes y/o las políticas que coinciden con nuestro bando, mientras que juzgamos exactamente las mismas acciones bajo la sospecha de egoísmo, ambición personal o manipulación cuando provienen del bando contrario. De este modo, la supuesta benevolencia que se percibe en la autoridad no es un análisis racional de sus méritos, sino una distorsión mental destinada a mantener la coherencia con nuestras propias creencias e identidades compartidas[11].
En el mundo de la política, esto se traduce en que las personas militan activamente en el error, convirtiendo sus dogmas en verdades incuestionables para legitimar la expansión del poder central sobre los individuos, y dicha militancia se vuelve especialmente peligrosa cuando se defiende que la planificación centralizada es una condición necesaria para alcanzar una sociedad “más igualitaria”[12]. No reparan en el hecho de que, como bien aduce la investigación de los profesores Chaverri y Fernández, en el campo de la psicología social evolutiva, las sociedades con rasgos culturales más colectivistas se muestran, de manera sistemática, con mayores niveles de desigualdad socioeconómica, mientras que aquellas consideradas individualistas poseen menores índices de disparidad en la distribución de la riqueza. Éstas sociedades colectivistas, lejos de servir como un motor de justicia o equidad social, son el caldo de cultivo para permitir la arbitrariedad del poder y congelar —muchas veces hasta profundizar— las desigualdades económicas de los individuos. La razón de ello es que se hipertrofian valores adaptativos heredados de nuestro pasado tribal, como la obediencia ciega a la autoridad, el conformismo y la sumisión pasiva ante las jerarquías establecidas, que, en su conjunto, fungen como un mecanismo de estabilización del statu quo, minusvalidando a los individuos e impidiéndoles cuestionar o resistirse a las profundas asimetrías de poder y de recursos impuestas por la cúpula gobernante[13].
Para comprender la raíz de este problema, es imperativo analizar la transición de la humanidad desde las comunidades tribales, nómadas y profundamente igualitarias, hacia las estructuras centralizadas complejas que emergieron a partir del Neolítico y la revolución agraria. El exponencial crecimiento demográfico de los asentamientos humanos trajo consigo un fenómeno llamado “estrés escalar”, que refiere a la tensión asintótica entre el tiempo requerido para alcanzar un consenso social y el tamaño o volumen del grupo humano[14]. En este marco, los autores señalan que, cuando una sociedad expande sus fronteras demográficas, la toma de decisiones distribuida, directa y horizontal se vuelve inviable debido a sus prohibitivos costos de coordinación y, ante dicha crisis[15], la centralización del mando surge como una especie de “parche evolutivo” u organizativo, con el fin inmediato de mitigar el estrés escalar y reducir los costos de conducción social. No obstante, este “parche organizativo” alberga en su núcleo un virus que termina por degradar la salud institucional de las sociedades, porque, paradójicamente, el precio de delegar el poder en un poder central otorga a los planificadores y a las élites que asumen el mando la capacidad de sesgar las decisiones de todos los miembros de la sociedad que conforman y, en mayor o menor medida, desviar la asignación de recursos en su propio beneficio[16].
Ahora bien, es necesario matizar lo expresado por los autores desde la perspectiva del paradigma de la complejidad, porque cuando ellos hablan de que la toma de decisiones horizontal y descentralizada se vuelve “inviable” por culpa del estrés escalar, están cometiendo una falacia de reducción, en la medida en que presuponen que la única forma de coordinación horizontal es la deliberación consciente entre quienes conforman la comunidad —asambleas, búsqueda de consenso explícito, votaciones o acuerdos directos entre todos los miembros—. Bajo este lente, efectivamente —y a modo de ilustración—, si sentamos a 10.000 personas en un círculo a debatir conscientemente cada decisión, el sistema colapsa por saturación de información y costos de transacción —para usar sus términos—, lo cual deriva en lo que ellos llaman “problema de coordinación”. No obstante, desde el Creativismo Filosófico, entendemos que la coordinación en sistemas grandes y ordenados no ocurre ni necesita ocurrir a través del consenso deliberado, porque todo ello ocurre a través de la emergencia; los sistemas complejos resuelven el problema de la escala mediante interacciones locales, mecanismos de retroalimentación impersonales —como lo es, por ejemplo, el sistema de precios o las normas morales abstractas— y adaptaciones descentralizadas.
En esta línea, entonces, la escala no es un problema que requiera un “diseñador” o un “parche jerárquico”, porque, de hecho, a mayor escala, mayor es el potencial de diferenciación y complejidad emergente que se autorregula. Así, podemos corregir a los autores y advertir que la transición neolítica hacia la centralización del poder no ocurrió porque la coordinación horizontal fuera inherentemente imposible a gran escala, sino porque la mente humana de la época —atrapada en el atavismo de la tribu— era incapaz de concebir o tolerar un orden social extenso que no estuviera pilotado por una mente coordinadora. Es decir, ante el miedo a la incertidumbre y la incapacidad de dejar que los sistemas complejos se autoorganizasen, la humanidad prefirió diseñar un jefe, un rey o un planificador. Ergo, la centralización no fue una solución técnica inevitable a la complejidad, sino una respuesta desesperada ante el crecimiento demográfico —y en muchos casos, el precio de ese error de diseño fue la tiranía[17]—.
Volviendo al tema que nos compete, y para ir cerrando, lo verdaderamente curioso —y trágico— de este fenómeno que señalan Chaverri y Fernández es la dinámica de retroalimentación psicológica perversa que se genera entre el planificador y los gobernados. De acuerdo con su análisis, los entornos caracterizados por la escasez de recursos, la incertidumbre y la restricción coercitiva —condiciones crónicas e inevitables en los estratos desfavorecidos bajo un mando centralizado— empujan a los individuos a adoptar rasgos culturales colectivistas: conformismo, pasividad conductual y un repliegue defensivo hacia el refugio en el grupo —que es precisamente el “razonamiento motivado por la identidad” que señalamos en el subtema anterior—. En línea con ello, se puede aducir que el sistema centralizado precariza y empobrece materialmente el tejido social, por cuanto se activa de inmediato ese “chip evolutivo” colectivista de sumisión y acomodación jerárquica en la población[18]; y, finalmente, dicha sumisión psicológica blinda al planificador de cualquier atisbo de resistencia o cuestionamiento al orden establecido. Es decir, en última instancia, a lo largo de la evolución de la humanidad la planificación central de la sociedad se desvela como una refinada maquinaria evolutiva de subordinación, explotación y perpetuación del poder absoluto.
Conclusiones: la ilusión del diseño
A lo largo de este ensayo, ha quedado claro que la persistente obsesión con la viabilidad de la planificación centralizada de la sociedad es el resultado de un profundo atavismo cognitivo y evolutivo; la demanda de un poder central que controle a la sociedad tiene sus raíces en funciones humanas primitivas —como la tendencia a buscar una mente coordinadora o el miedo a la incertidumbre—. Al final, estos sesgos terminan siendo burdamente instrumentalizados por la pasión identitaria y son aprovechados por el sistema político que conocemos para legitimar el modo en que se organiza la sociedad en la actualidad[19].
Esta necesidad psicológica de control es la que explica por qué la humanidad, al enfrentarse al crecimiento demográfico a partir del Neolítico —tal como documentan Chaverri y Fernández—, prefirió el parche de la centralización jerárquica antes que permitir la emergencia de órdenes espontáneos. Al confundirse la imposibilidad de la deliberación explícita con la supuesta inviabilidad de la coordinación horizontal en la sociedad, se optó por una estructura vertical cuyo precio fue el límite de la libertad; es decir, que aquello que comenzó como un simple sesgo cognitivo ante la incertidumbre terminó institucionalizado en nuestra sociedad, debilitando el mismo tejido social. En este sentido, pareciera que, a nivel sociológico, la planificación central es una renuncia evolutiva de una especie que, temerosa de la complejidad del orden espontáneo, prefiere el refugio predecible del cautiverio.
[1] En filosofía, un “agente” es una entidad que actúa, ha actuado o contempla la acción, y para lo mismo se presupone que tiene la capacidad de tomar decisiones. Es precisamente esta idea, que debe su origen a Aristóteles cuando conceptualizó el movimiento en el “acto”, entendido como la actualización del ser en el momento presente, la que sustenta la moral en la sociedad, puesto que solo se pueden atribuir cualidades morales a un ser que toma decisiones, que elige. Desviando un poco el foco, entre otras cosas, por eso es que desde el Creativismo Filosófico sostenemos que la naturaleza humana, entendida —en extremo groso modo— como el sistema estructurado y estructurante que desemboca en la elección, es lo que da paso a las propiedades emergentes que surgen en sociedad —la moral, el Derecho, el dinero, entre otros—.
[2] Hay que tener cuidado cuando extrapolamos el funcionamiento de un elemento aislado al sistema que le da origen —cuando se interrelaciona con sus iguales—, puesto que no se puede partir del hecho de que “el humano decide” —con todo lo que ello implica— para sostener, por ejemplo, que “la sociedad decide”, o que se puede orquestar, controlar, predecir y/o predestinar aquello que emana del cúmulo de todas las decisiones humanas, por razones cuales sean.
[3] Ver: Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).
[4]Ibid. Además, ver: Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026). Hemos de señalar que existe algo llamado “sesgo de intencionalidad”, que es una distorsión cognitiva que nos lleva a asumir que los acontecimientos o las acciones de las cosas —humanos o no— son siempre deliberados, incluso cuando son accidentales o fortuitos. La ciencia cognitiva ratifica que la atribución de intencionalidad es parte de nuestra arquitectura mental y, apelando a ello para seguir con el tema que nos compete, podemos decir que el humano tiene dificultad innata para asimilar los sistemas complejos. Por esta razón, se requiere un esfuerzo consciente para no dejarse llevar por dicho mecanismo, pero, por si fuera poco, este sistema de contención consciente del sesgo se ve afectado en escenarios de incertidumbre, lo cual deriva en que nos entreguemos por completo al mismo. En los estudios clínicos que aíslan los componentes cognitivos del sesgo de intencionalidad, que demuestran que el ser humano posee una inclinación automática a percibir propósitos conscientes en eventos neutros o accidentales, se puede observar cómo la presión de tiempo o la falta de control, entre otros, hacen que los mecanismos racionales que corrigen esta intuición primitiva colapsen, haciendo que la persona se entregue al sesgo. A nuestro juicio, esto provoca que incluso individuos sanos adopten respuestas sesgadas que ven o exigen un coordinador intencional donde solo hay interacciones impersonales —como es el caso en la sociedad—. En resumen, todo ello deriva en la incomprensión de los sistemas complejos y en la demanda de un planificador, o en que nosotros mismos queramos tomar el control —siendo nosotros los planificadores—.
[5] He aquí la razón de las instituciones sociales, de las cuales la Escuela Austriaca de Economía da luces, pero el Creativismo Filosófico sostiene con mayor rigor científico y filosófico.
[6] Ver: Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026). Cabe señalar que este estudio expande el trabajo original de Daniel Kahneman y Amos Tversky, publicado en 1979, que se titula: “Intuitive prediction: Biases and corrective procedures”, complementado, entre otros, por sus análisis posteriores sobre predicción e intuición en 1982, en “Variants of uncertainty”, y en 1991 con Dan Lovallo, en “Timid choices and bold forecasts”. En resumen, la falacia de la planificación consiste en la tendencia generalizada a sostener la firme creencia de que un proyecto propio avanzará exactamente según lo planeado, lo que lleva a ignorar deliberadamente el conocimiento estadístico de que la gran mayoría de los proyectos similares previos se han retrasado o han fracasado. Si gusta profundizar en el tema, también invitamos a leer: Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026). Trasladado al debate que nos compete, esto ayuda a comprender la persistencia de la confianza en la planificación centralizada de todos los políticos y sus seguidores o defensores, a pesar de que la evidencia no les favorezca sistemáticamente.
[7] Al extirparse el circuito de retroalimentación y el castigo adaptativo del error, el sesgo de planificación se desboca y se hace más difícil de identificar.
[8] Esto, de hecho, no es nada nuevo en cuanto a contenido, porque es el mismo problema que señala Ludwig von Mises cuando crítica la planificación central, en su artículo: “El cálculo económico en la comunidad socialista” (1920) —que más tarde derivaría en su obra “Socialismo: un análisis económico y sociológico” (1922)—, así como Friedrich von Hayek en su artículo: “El uso del conocimiento en la sociedad” (1945), donde demuestran que un planificador carece del conocimiento necesario, así como de las herramientas para poder hacerse con dicho conocimiento, para poder planificar la sociedad.
[9] Ver: Markus Kemmelmeier, et. Al. 2003. Individualism, Collectivism, and Authoritarianism in Seven Societies. Revista Cross-Cultural Psychology, vol. 34, n° 3, págs. 304-322. A través de un análisis cuantitativo en siete países con distintos antecedentes políticos, los autores demuestran que, a nivel individual, el colectivismo, lejos de ser una mera preferencia de armonía social, correlaciona de forma positiva y robusta con el “Autoritarismo de Derechas” (RWA). El desglose metodológico revela que esta vinculación está determinada por las dimensiones de sumisión a la autoridad y convencionalismo, validando además la tesis de John Duckitt, desarrollada en “Authoritarianism and group identification: a new view o fan old construct” (1989), sobre cómo la mentalidad colectivista exige subordinar las búsquedas y derechos privados a los objetivos establecidos por un ente colectivo centralizado. Si bien, en aras de la objetividad, es necesario señalar que el “colectivista vertical”, tal como se expresan los autores, no busca ejercer el poder político de manera directa o individual, sino que demanda de forma neurótica la existencia de un poder centralizado debido a su baja tolerancia a la incertidumbre que genera la libertad. No obstante, esta misma se complementa necesariamente con la agresión autoritaria, que describen los mismos autores en el marco del “Autoritarismo de Derechas” que usan para su estudio, la cual explica por qué el colectivista vertical celebra que los mecanismos coercitivos del Estado fuercen a los disidentes a alinearse con el diseño planificado, puesto que tampoco tolera que otros vivan en libertad, porque percibe en la libertad ajena una amenaza directa para su propia seguridad. En adición, en el marco del Creativismo Filosófico, caben dos acotaciones teóricas: (i) para nuestro fin rescatamos el concepto de colectivismo vertical —jerárquico, dogmático— al que refieren los autores en el texto, y no al “colectivismo horizontal”, que refiere más a la interdependencia, la cooperación y la benevolencia de los miembros de un grupo, sin responder necesariamente a una jerarquía, y que es a lo que nosotros, en referimos como “comunitarismo” —no comunismo. Pero esto es algo que no compete desarrollar aquí, suficiente con decir que, tal como vislumbran los autores, existe un “colectivismo” a nivel individual, psicológico, que no es opuesto al individualismo, sino que es tan solo una dimensión de la experiencia humana.—. Y (ii), que si bien los autores sostienen que el individualismo y el colectivismo —horizontal— son “dimensiones ortogonales”, es decir, dimensiones completamente independientes entre sí, consideramos que dicho enfoque incurre en el reduccionismo metodológico de la estadística, característico de cuando se aplica el método científico tradicional, es decir, lineal, atomista y cuantitativo, a las ciencias sociales. Las conclusiones del texto que rescatamos aún permanecen intactas si cambiamos el marco teórico para dar paso al paradigma de la complejidad, el cual nos permite comprender que tanto el individuo como la sociedad, es decir, el colectivo, se coproducen mutuamente en un bucle recursivo. ¿Qué significa eso? Pues, que la sociedad habita en el individuo a través de, por ejemplo, la cultura, o sus instituciones, o demás subsistemas que la conforman y hacen parte de la experiencia humana, y al mismo tiempo, las interacciones entre los individuos es lo que hace emerger la sociedad. En este sentido, es entendible que, absolutamente siempre, necesitemos del reconocimiento del otro, en distintos niveles, y la relación con ellos, para reconocernos a nosotros mismos y desarrollarnos plenamente.
[10] Ver: Sharon Arieli, et. Al. 2019. Identity-motivated reasoning: biased judgments regarding political leaders and their actions. Revista Cognition, vol. 188, págs. 64-73. En: https://goo.su/G7UlUdZ (Cit. 23/05/2026). Los autores expanden las teorías clásicas de la atribución demostrando empíricamente cómo la identidad política es como una fuerza de distorsión cognitiva. El estudio constata que los ciudadanos tienden a eximir a los líderes de su propio espectro político de las percepciones generalizadas de codicia y búsqueda de poder que típicamente se asocian a la clase política, revistiéndolos de una intencionalidad virtuosa dirigida al bien común —interés nacional—, lo que correlaciona directamente con la confianza ciega hacia el gobernante —trust—.
[11]Ibid. Este fenómeno sirve para ilustrar cómo la mente humana tiende a reducir los problemas de diseño institucional y la imposibilidad del cálculo económico a un mero dilema de “buenas o malas intenciones” de quien ejerce o ejercerá el mando en la sociedad, donde el planificador es percibido como un coordinador altruista solo mientras comparta la identidad social del observador. Si llevamos este estudio a sus últimas consecuencias, la demanda por la planificación central no es más que una ficción que responde a sesgos cognitivos ligados a la identidad, diseñada para legitimar la coacción sobre el resto de la sociedad. Además, valida por completo la tesis de Bryan Caplan en “El mito del votante racional: por qué las democracias eligen malas políticas” (2007), quien sostiene que el votante es “peor que ignorante”, muy irracional, y en su condición, movido además por muchos sesgos ideológicos, defienden políticas en base a creencias erróneas sobre temas diversos.
[12] Sabrá Dios qué significa “igualitario” para cada uno de ellos. Pero aquí nos avocaremos solo a las medidas que hacen de “desigualdad socioeconómica” —o desigualdad económica—, solo a modo ilustrativo, puesto que también consideramos que, en el fondo, por sí mismas esas medidas no dicen absolutamente nada de la realidad social compleja.
[13] Ver: Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026). Publicado por la Universidad Autónoma de Manizales.
[14] Es la expresión que usan Chaverri y Fernández en Ibid, y, en general, en toda la psicología social, la sociología y la antropología para referir a la sobrecarga cognitiva, comunicativa y de toma de decisiones que experimenta un grupo a medida que aumenta su tamaño o complejidad organizacional.
[15] Esto es a juicio de los autores, que lo perciben como tal. A nuestro juicio, creer que la expansión de la sociedad hace difícil la coordinación es un craso error, pero sobre ello volvemos en el siguiente párrafo.
[16] He aquí el tema de la corrupción, en muchos casos. Si gusta una aproximación al tema de la dinámica de la corrupción, en el marco de la comprensión sobre los sistemas complejos, ver: Roymer Rivas. 2023. El cáncer de la corrupción: una consecuencia de las restricciones a la libre acción humana. 2° lugar en el concurso “El costo de la corrupción” (2020), de Cedice Libertad. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/jn2uUbz (Cit. 23/05/2026).
[17] Aunque si nos ponemos más anarquistas, el precio es el ataque sistemático e institucionalizado a la libertad humana, que hoy representa el Estado.
[18] El estatismo, o cualquier otro tipo de planificación central de la sociedad, hace volver a las personas a sus más atávicos deseos. Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026); y ver: Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).
[19] El impulso centralizador es la institucionalización política de una limitación de nuestra propia arquitectura mental, que prefiere la ilusión de una mente coordinadora antes que aceptar la incertidumbre de los órdenes emergentes de los sistemas complejos.
Referencias
Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026).
Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026).
Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026).
Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026).
Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).
Roymer Rivas. 2023. El cáncer de la corrupción: una consecuencia de las restricciones a la libre acción humana. 2° lugar en el concurso “El costo de la corrupción” (2020), de Cedice Libertad. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/jn2uUbz (Cit. 23/05/2026).
Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026).
Sharon Arieli, et. Al. 2019. Identity-motivated reasoning: biased judgments regarding political leaders and their actions. Revista Cognition, vol. 188, págs. 64-73. En: https://goo.su/G7UlUdZ (Cit. 23/05/2026).
Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).
Caracas. – Según lo informó el Banco Central de Venezuela (BCV) este pasado viernes, la divisa norteamericana se ubicó en Bs. 500.46, superando ya la barrera de los Bs. 500 para las operaciones oficiales del sistema cambiario nacional.
Del mismo modo, el BCV compartió el valor oficial sobre las transacciones con el euro, en la que fijó la tasa Bs. 589,27. Con ese monto del llamado dólar oficial, el salario mínimo y las pensiones (Bs. 130) equivaldrían a 0.25 centavos de dólar.
El tipo de cambio publicado por el BCV es el promedio ponderado de las operaciones de las mesas de cambio de las instituciones bancarias, al cierre de la jornada del viernes 8-5-2026.
El BCV recordó también, que las cotizaciones oficiales son utilizadas como referencia para transacciones comerciales, pagos de servicios y operaciones financieras dentro del territorio venezolano.
No obstante, debido a la enorme brecha que todavía presenta con el dólar paralelo, cuyo valor oscila entre los Bs. 600 y los Bs. 750, muchos comercios optan por promediar sus operaciones en base al euro, violando normativas legales y afectando a los consumidores.
Caracas. – Expertos de importantes trasnacionales eléctricas salieron con más dudas que certezas de las recientes reuniones con representantes del narcorégimen interino de Delcy Rodríguez, ya que no obtuvieron garantías serias en cuanto a los importantes pagos que demandarán para restablecer la deteriorada red eléctrica del país.
Según señalaron varias agencias de noticias internacionales este lunes, los ejecutivos salieron escépticos tras las reuniones. Explicaron que las necesidades son “casi infinitas” y que no hay claridad sobre cómo se les pagaría, lo que complica cualquier inversión.
La falta de garantías y el alto costo de recuperación apuntan a que los apagones podrían continuar por largo tiempo en el país. Representantes de gigantes como SIEMENS o GENERAL ELECTRIC temen que, una vez ejecutados los trabajos de reparación y suministro de equipos, no existan garantías reales para el retorno de su capital.
El panorama técnico presentado a las empresas extranjeras es alarmante. Actualmente, de los 36.000 megavatios (MW) de capacidad instalada que posee el país, apenas se encuentran operativos cerca de 13.000 MW. Esta operatividad, que no llega ni al 40%, explica la crisis de racionamientos y fluctuaciones que golpea con fuerza a estados productivos como Portuguesa.
El deterioro se hace más evidente en el parque termoeléctrico, que suma más de una década sin mantenimientos mayores adecuados. “Las necesidades son casi infinitas. Las plantas no han sido reparadas debidamente en 10 años, pero aún no tienen claro cómo nos pagarían”, reveló bajo anonimato un ejecutivo que asistió a las reuniones en la capital.
“Regresé muy escéptico de Venezuela. Las plantas eléctricas no han sido reparadas adecuadamente en 10 años, por lo que las necesidades son casi infinitas. Pero aún no tienen claro cómo nos pagarían”, confió a una de las agencias un ejecutivo de un proveedor de equipos, que ha trabajado con el gobierno y la estatal PDVSA, y quien además asistió a una de las reuniones en Caracas.
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea entra en vigencia este viernes 1° de mayo y abre una de las oportunidades comerciales más importantes para Argentina en décadas. Tras más de 25 años de negociaciones, el entendimiento comenzará a aplicarse de manera provisional con reducción de aranceles, cuotas preferenciales y un nuevo marco normativo para atraer inversiones.
El pacto llega en un momento clave para el Gobierno de Javier Milei, que busca consolidar una economía más abierta, competitiva y orientada a la exportación. Según estimaciones ABECEB, las ventas argentinas a la Unión Europea podrían crecer casi 80% hacia 2030, al pasar de unos US$8.500 millones actuales a US$15.100 millones. La proyección se apoya en una mayor participación de los productos argentinos dentro de la demanda europea de importaciones.
Con Milei al frente, el Mercosur rompió su inercia y firmó un acuerdo histórico con la UE
El acuerdo no solo implica una mejora comercial, sino también una señal institucional.Erik Høeg, embajador de la Unión Europea en Argentina, destacó que se tratará del área de libre comercio más grande del mundo, con 700 millones de personas, cerca del 30% del PBI global y alrededor del 35% del comercio internacional. Además, remarcó que el convenio liberaliza comercio, servicios e inversiones, y crea un marco de estabilidad para los inversores.
Para Argentina, los sectores con mayor potencial inmediato son el agro, la agroindustria, la carne, el maíz, los cítricos, la pesca, la acuicultura, el vino, el aceite de oliva y otros productos regionales. El embajador europeo señaló que el 99% de los productos agropecuarios argentinos ingresarán sin aranceles, aunque en algunos casos bajo un sistema de cuotas.
Las empresas argentinas tendrán ahora el desafío de elevar sus estándares de calidad para competir en uno de los mercados más exigentes del mundo. El cumplimiento de reglas de origen, trazabilidad, requisitos sanitarios, logística eficiente y normas europeas obligará a modernizar procesos, mejorar controles y profesionalizar la producción.
Erik Høeg, embajador de la Unión Europea en Argentina junto a Javier Milei y Pablo Quirno.
En materia de inversiones, la Unión Europea ya representa el 40% de la inversión extranjera directa en Argentina. Según las proyecciones, el acuerdo podría generar entre US$15.000 millones y US$20.000 millones adicionales entre 2026 y 2030. En ese escenario, el stock total de inversión europea podría superar los US$90.000 millones.
El canciller Pablo Quirno también se mostró optimista durante su exposición en la Expo EFI, donde sostuvo que “la cantidad de dólares que va a entrar a la Argentina es realmente inédita” y afirmó que la misión del Gobierno es “vender nuestro país en todo el mundo” para generar condiciones que permitan el crecimiento del sector privado.
Milei y el giro aperturista del Mercosur
Durante años, el MERCOSUR quedó atrapado entre el proteccionismo, las trabas internas y una integración más declamada que efectiva. Con Javier Milei en la Presidencia argentina y las discusiones que supo dar, esa inercia empezó a quebrarse mediante una agenda exterior orientada a abrir mercados, atraer inversiones y recuperar competitividad.
Tras más de 25 años de negociaciones, el acuerdo con la Unión Europea marca un quiebre para un bloque que habló mucho de integración, pero avanzó poco en los hechos. La reducción de aranceles, las reglas más previsibles y la exigencia de mejores estándares productivos obligan a dejar atrás la comodidad del aislamiento y competir de verdad.
Los líderes del bloque regional junto a la presidenta de la Unión Europea, Ursula von der Leyen.
Para Argentina, el nuevo escenario representa una oportunidad directa: más exportaciones, más inversiones y mayor acceso a uno de los mercados más grandes y exigentes del mundo. Pero además, refleja el peso internacional que empezó a ganar el programa de reformas impulsado por el Presidente: el MERCOSUR se corre del viejo esquema defensivo y se acerca, finalmente, a la idea de un verdadero mercado común.
Los precios de la energía aumentarán un 23,6% este año, hasta alcanzar su nivel más alto desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, como consecuencia del impacto de la guerra en Oriente Próximo sobre los mercados mundiales de productos básicos, según la estimación del Banco Mundial en la última edición del informe ‘Perspectivas de los mercados de productos básicos’.
Las proyecciones de referencia de la institución se sustentan sobre la expectativa de que en mayo finalice la fase más crítica de las interrupciones del suministro relacionadas con la guerra, tras lo que confía en que los volúmenes de transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz se recuperen gradualmente, estabilizándose en torno a los niveles previos a la guerra durante el último trimestre del año.
De este modo, suponiendo que los precios del petróleo disminuirán en la segunda mitad de 2026 debido a la recuperación de las exportaciones de crudo del golfo Pérsico, y que cualquier daño residual a la infraestructura petrolera de la región sea relativamente menor, se espera que los precios del Brent promedien 86 dólares/barril en 2026, frente a los 69 dólares de 2025, antes de volver a los 70 dólares por barril en 2027.
A partir de esta hipótesis central, la institución con sede en Washington prevé que en 2026 los precios de los fertilizantes aumentarán un 31%, impulsados por un alza del 60% en los precios de la urea, llevando la asequibilidad de este producto a su peor nivel desde 2022, lo que erosionará los ingresos de los agricultores y pondrá en peligro el rendimiento futuro de los cultivos.
En este sentido, según el Programa Mundial de Alimentos, si el conflicto en Oriente Próximo se prolonga, estas presiones sobre el suministro y la asequibilidad de los alimentos podrían empujar a hasta 45 millones de personas más a una situación de inseguridad alimentaria aguda este año.
De su lado, se espera que los precios de los metales básicos, como el aluminio, el cobre y el estaño, se encarezcan en promedio un 42% y alcancen máximos históricos este año, como reflejo de la fuerte demanda relacionada con sectores como los centros de datos, los vehículos eléctricos y la energía renovable.
En conjunto, el encarecimiento de la energía y de los fertilizantes será el principal causante de que el coste de las ‘commodities’ en 2026 se incremente un 15,5%, aunque para 2027 el Banco Mundial confía en que los precios se moderen un 12,3%, incluyendo una corrección del 17,2% en el coste de la energía y del 16,1% en el precio de los fertilizantes.
Bajo los supuestos del escenario de referencia, la institución estima que las economías en desarrollo registrarán una inflación promedio del 5,1%, lo que representa un punto porcentual más alto de lo esperado antes de la guerra y un aumento con respecto al 4,7% del año pasado.
Asimismo, el Banco Mundial advierte de que si la reapertura de Ormuz se pospone hasta después del segundo trimestre de 2026 o se produce una escalada de las hostilidades que causara daños adicionales a las instalaciones de petróleo y gas, el precio medio del barril de Brent en 2026 podría oscilar entre 95 y 115 dólares, lo que impulsaría al alza el coste de los productos básicos.
Una subida mayor de lo esperado del precio del Brent tendría un efecto en cadena sobre los precios de los fertilizantes y las fuentes de energía alternativas, como los biocombustibles, lo que provocaría una subida más intensa de la inflación entre las economías en desarrollo, que podría aumentar al 5,8%, un nivel que solo se superó en 2022 durante la última década.
«La guerra está golpeando la economía mundial en oleadas acumulativas: primero con el aumento de los precios de la energía, luego con el aumento de los precios de los alimentos y, por último, con el aumento de la inflación, que elevará las tasas de interés y encarecerá aún más la deuda», señaló Indermit Gill, economista jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del Grupo Banco Mundial.
«Las personas más pobres, que gastan la mayor parte de sus ingresos en alimentos y combustibles, serán las más perjudicadas, al igual que las economías en desarrollo que ya se ven agobiadas por una pesada carga de deuda. Todo esto es un recordatorio de una cruda verdad: la guerra es el desarrollo a la inversa», añadió.
El senador republicano Thom Tillis ha anunciado este domingo que votará a favor de la confirmación del nominado de Donald Trump para dirigir la Reserva Federal (FED), Kevin Warsh, tras constatar que el Departamento de Justicia había suspendido definitivamente una investigación sobre su predecesor, Jerome Powell.
En comentarios a la cadena NBC, Tillis ha defendido que siempre consideró a Warsh como un candidato «perfecto» para dirigir la FED y matizó que su veto se debía a que entendía la investigación sobre Powell como una persecución política dirigida por el Departamento de Justicia.
«Este fin de semana hemos trabajado mucho para recibir garantías de que el Departamento de Justicia no estaba siendo empleado como un arma para amenazar la independencia de la Reserva Federal. Así que esto permitirá que el señor Warsh continúe con su confirmación a tiempo», ha explicado Tillis a la cadena.
El senador ha confirmado su decisión en un comunicado que allana el camino para la rápida confirmación de Warsh como sucesor de Powell, cuyo mandato finaliza el 15 de mayo.
«Con estas garantías, espero apoyar la confirmación de Kevin Warsh», declaró Tillis el domingo en la nota. «Es un candidato excepcional, y es hora de que la Reserva Federal supere esta distracción y vuelva a centrarse por completo en su misión», ha añadido.
Warsh, quien compareció ante el Comité Bancario del Senado en una audiencia de confirmación la semana pasada para ratificar que actuaría con plena independencia de la Casa Blanca, cuenta con un amplio respaldo de los legisladores republicanos. El comité, del cual Tillis es miembro, ha programado una votación sobre la nominación de Warsh para el 29 de abril.
La fiscal del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, emitió citaciones al banco central en enero como parte de una investigación penal sobre los sobrecostos en la renovación de un edificio de la Reserva Federal y el testimonio que Powell prestó ante el Congreso sobre el asunto.
Su investigación penal se produjo tras meses de ataques contra el presidente de la Reserva Federal por parte del presidente Donald Trump, quien se quejó de que Powell no estaba bajando los tipos de interés con la suficiente rapidez. La Oficina del Inspector General de la Reserva Federal inició su revisión de la renovación de la sede del banco central el año pasado a petición de Powell.
Pirro declaró en una publicación en redes sociales el viernes que archivaría la investigación mientras el inspector general de la Reserva Federal examina los costos de la renovación, aunque afirmó: «No dudaré en reiniciar una investigación penal si los hechos lo justifican».
Si bien el mandato de Powell como presidente de la Reserva Federal finaliza el 15 de mayo, su puesto en la Junta de Gobernadores no expira hasta 2028, y la revocación parcial de la decisión del Departamento de Justicia no garantiza su salida de la junta.
Warsh, de 56 años, fue gobernador de la Reserva Federal entre 2006 y 2011 y ha criticado a la institución desde que la dejó. En su audiencia de confirmación el martes, pidió un «cambio de régimen» en la forma en que la Reserva Federal lleva a cabo su política monetaria.
En medio de la crisis petrolera que el mundo atraviesa por la situación en Medio Oriente, Estados Unidos se posicionó como un actor crucial en la cadena de suministro.
La guerra contra Irán y el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz han desencadenado una de las mayores disrupciones energéticas de los últimos años, llevando a Estados Unidos a asumir un rol central como proveedor global de petróleo. En este contexto, la administración del presidente Donald Trump ha impulsado un fuerte aumento de las exportaciones de crudo y productos refinados, en un intento por amortiguar el impacto de la crisis sobre los mercados internacionales, especialmente en Asia.
Según datos de la inteligencia comercial, las exportaciones estadounidenses de crudo alcanzarán niveles récord en abril y mayo, con envíos superiores a los 5,4 millones de barriles diarios (bpd), muy por encima de los menos de 4 millones registrados a comienzos de año, antes del estallido del conflicto el 28 de febrero. Este incremento ha sido impulsado principalmente por la creciente demanda asiática, una región que dependía en gran medida del petróleo proveniente del Golfo Pérsico.
El cierre casi total del Estrecho de Ormuz, por donde transitaba cerca del 20% del suministro mundial de crudo y combustibles, ha generado un déficit significativo en los mercados internacionales. En Asia, las importaciones marítimas de petróleo han caído en torno a 10 millones de barriles diarios respecto a los niveles previos a la guerra, una pérdida que ni siquiera el aumento de las exportaciones estadounidenses puede compensar por completo.
Aun así, los envíos de crudo desde Estados Unidos hacia Asia han experimentado un crecimiento notable. Para mayo, se proyecta que alcancen los 3,29 millones de bpd, triplicando los niveles de enero. Este flujo ha sido clave para aliviar, al menos parcialmente, la escasez en países altamente dependientes de las importaciones energéticas, como China, Corea del Sur y Japón.
La administración de Donald Trump lleva a cabo un fuerte crecimiento en la producción y las exportaciones de petróleo
En paralelo, las exportaciones estadounidenses de productos refinados también han aumentado, llegando a 3,59 millones de bpd en abril. Sin embargo, solo una fracción de ese volumen, alrededor de 386.000 bpd, se dirige a Asia, lo que limita su capacidad para compensar la caída de más de 1,5 millones de bpd en combustibles que anteriormente cruzaban el Estrecho de Ormuz hacia esa región.
Frente a este escenario, la política energética de la administración Trump ha sido interpretada por analistas como una estrategia orientada a reforzar el papel de Estados Unidos como proveedor global confiable. El propio presidente instó a los países importadores a »comprar petróleo estadounidense», subrayando la capacidad del país para aumentar su producción y exportaciones en momentos de crisis.
Como parte de estas medidas, el gobierno ha autorizado la liberación de más de 170 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), con el objetivo de estabilizar los mercados y contener el alza de precios. Esta decisión ha permitido incrementar la oferta disponible en el corto plazo, facilitando tanto el abastecimiento interno como las exportaciones.
Esta política también ha generado tensiones en el mercado doméstico. El aumento de las exportaciones, combinado con la disrupción global del suministro, ha contribuido a un alza significativa en los precios del combustible en Estados Unidos. El crudo West Texas Intermediate superó los 110 dólares por barril, mientras que los precios de la gasolina han superado los 4 dólares por galón, generando preocupación entre los consumidores.
Los productos refinados también vieron un gran aumento en sus niveles de producción y exportación
A pesar de estas presiones internas, la administración Trump ha evitado imponer restricciones a las exportaciones, argumentando que tales medidas podrían tener efectos contraproducentes. Analistas advierten que limitar las ventas al exterior podría desincentivar la producción, afectar a las refinerías y, en última instancia, agravar la situación energética tanto a nivel nacional como global.
En este sentido, expertos del sector destacan que Estados Unidos ha demostrado una capacidad única para responder rápidamente a crisis internacionales, gracias a la flexibilidad de su industria petrolera, especialmente en la producción de crudo ligero. Además, el aumento de las importaciones desde países como Venezuela ha permitido optimizar el sistema de refinación, liberando mayores volúmenes de petróleo doméstico para exportación.
El impacto geopolítico de esta situación también es significativo. Al posicionarse como un proveedor clave para Asia, Estados Unidos refuerza su influencia en una de las regiones más dinámicas del mundo, consolidando relaciones estratégicas en un momento de alta incertidumbre.
A pesar de algunas presiones por ciertos sectores, el presidente estadounidense se negó a aplicar limitaciones a las exportaciones
Caracas. – Gremios, sindicatos y trabajadores universitarios se concentraron este miércoles 15 de abril de 2026 frente al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en Caracas, exigiendo respuesta a la demanda por omisión constitucional introducida hace más de dos meses para reclamar salarios dignos y ajustes urgentes tras más de cuatro años sin aumento oficial.
La protesta fue impulsada por la Asociación de Profesores de la UCV (APUCV) y sindicatos, con apoyo de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de esa casa de estudios, y durante la jornada, los manifestantes consignaron un documento en el que reclaman pronunciamientos del máximo tribunal, tras semanas sin respuesta a su solicitud de ajuste salarial.
En la movilización, iniciada a las 10:00 am, los manifestantes denunciaron que el máximo tribunal lleva más de dos meses sin pronunciarse sobre un recurso introducido el 2 de febrero, a pesar de que el plazo establecido era de cinco días hábiles.
También, reiteraron que han pasado cuatro años sin aumento salarial y calificaron la situación como insostenible. Además, entregaron un documento en la sede del TSJ en el que exigieron un salario digno y rechazaron medidas parciales o temporales de cara al próximo 1 de mayo.
“El artículo 91 ordena un aumento anual… hoy no han respondido nuestra solicitud”, denunció el decano Juan Carlos Apitz, quien advirtió que la devaluación ha pulverizado el poder adquisitivo.
A las demandas laborales se sumaron exigencias de liberación de presos políticos y el cese de la represión contra las protestas. Organizaciones de derechos humano resaltaron la persistencia de las protestas de trabajadores, jubilados y pensionados ante la falta de respuesta institucional.
Finalmente, en el marco de la concentración, el gremio profesoral ratificó el paro de 24 horas convocado en la Universidad Central de Venezuela para el próximo 22 de abril.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha amenazado este miércoles con incumplir los términos del acuerdo comercial con Reino Unido y ha vuelto a quejarse de las políticas domésticas británicas y de la postura de su primer ministro, Keir Starmer, en lo referente a la ofensiva contra Irán.
«Tenemos un buen acuerdo comercial, mejor de lo esperado, pero eso siempre puede cambiar», ha afirmado Trump en una breve entrevista con la cadena de televisión británica Sky News, donde ha abordado este pacto, alcanzado en 2025 y que limita los aranceles estadounidenses al 10%.
A medida que la relación entre ambos países parece deteriorarse, Trump se burla de Starmer por querer consultar con su equipo las peticiones militares de Washington y ha acusado a Londres de negarse a explotar sus recursos petrolíferos en el mar del Norte, en medio de la crisis energética provocada por la guerra en Irán.
Por su parte, el primer ministro británico ha respondido a estas declaraciones desde su tribuna de la Cámara de los Comunes, donde ha declarado que la postura de su Gobierno sobre la guerra en Irán «ha sido clara desde el principio».
«No nos vamos a ver arrastrados a esta guerra. No es nuestra guerra. (…) No voy a cambiar de opinión. No voy a ceder», ha remarcado Starmer, quien ha añadido que ha estado recibiendo «mucha presión» para adoptar otro papel en el conflicto.
«No nos conviene, como nación, unirnos a esta guerra, y no lo haremos. Sé cuál es mi postura», ha respondido Starmer cuando la oposición le ha preguntado acerca de estas declaraciones y sobre la posibilidad de cancelar la próxima visita de Estado de los reyes de Inglaterra a EE. UU., prevista para finales de mes.
Starmer ha descartado cancelar esta visita de cuatro días de los reyes Carlos III y Camila a pesar de que las relaciones entre ambos gobiernos no pasen por su mejor momento y ha recordado que ese encuentro tiene con finalidad conmemorar el 250 aniversario de las relaciones y la independencia de EE. UU.
«La monarquía es un importante recordatorio de los lazos de larga data y la relación perdurable entre nuestros dos países, que son mucho más importantes que cualquier persona que ocupe un cargo en un momento dado», ha explicado, según recoge la prensa británica.
El año pasado, Trump y Starmer acordaron implementar un pacto comercial favorable en comparación con los acuerdos alcanzados con muchos otros aliados de EE. UU., comprometiéndose a reducir los aranceles sobre exportaciones británicas clave y aumentar las cuotas de Reino Unido sobre ciertos productos agrícolas estadounidenses.
En declaraciones al diario ‘The Guardian’, un portavoz de Downing Street ha insistido en el «acuerdo preferencial» pactado el pasado año entre las Administraciones británica y estadounidense y ha señalado que los equipos británicos «siguen colaborando con la Administración estadounidense a todos los niveles mientras desarrollan su estrategia comercial global». «Esas conversaciones siguen en curso», ha subrayado.
Cabe señalar que las declaraciones de Starmer se producen en medio de un acalorado intercambio entre los líderes de ambos países sobre la reticencia de Reino Unido a involucrarse en mayor medida en la ofensiva lanzada por EE. UU. e Israel contra Irán. Para Trump, las relaciones se atraviesan un momento que ha descrito como «triste».
Así, ha dicho sentir aprecio por Starmer, pero ha lamentado que haya cometido «errores trágicos, como limitar la perforación petrolífera en el mar del Norte». «Amo su país y me encantaría verlo prosperar, pero si tienen malas políticas de inmigración y malas políticas energéticas, tienen lo peor de ambos mundos. No pueden tener éxito, es imposible», ha zanjado Trump.
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