La mitad de los 50 estados de EE. UU. han demandado este lunes al presidente del país, Donald Trump, y a su Administración por los nuevos aranceles globales del 10% al 12,5% sobre las importaciones procedentes de la mayoría de sus socios comerciales, argumentando que son «igual de ilegales» que los previamente declarados inconstitucionales por el Tribunal Supremo.
«Los aranceles impuestos por el Representante Comercial de EE. UU. (USTR, en inglés) son tan amplios que contradicen sus propios objetivos declarados y ridiculizan la ley utilizada para justificarlos», reza la demanda, impulsada por Oregón, Arizona y California y suscrita por otros 22 estados, todos ellos gobernados por demócratas.
Esta nueva ronda de gravámenes —decretada a finales de julio, horas antes de la expiración de otro arancel global temporal del 10%— se remite a la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, que autoriza este tipo de medidas en respuesta a prácticas comerciales desleales que se consideren restrictivas del comercio nacional. La Administración cita una investigación propia de varios meses sobre prácticas de trabajo forzoso en el extranjero.
«Los estados demandantes se oponen al trabajo forzoso en todas sus formas y apoyan la protección de los trabajadores en todo el mundo. Pero la Administración no puede usar el trabajo forzoso como pretexto para continuar con su plan arancelario ilegal», señala la demanda, presentada este lunes ante el Tribunal de Comercio Internacional de EE. UU. en Manhattan.
En la misma, los estados sostienen que el USTR, Jamieson Greer, no está siguiendo los procedimientos y requisitos establecidos legalmente, por lo que los aranceles deben ser anulados y los estados, alegan, deben recibir el reembolso de los depósitos que hayan pagado.
La demanda da lugar a un enfrentamiento ya habitual, en el que coaliciones separadas de estados y pequeñas empresas se enfrentan en una batalla legal con la Administración Trump por la tercera ronda de aranceles impuesta por el presidente.
Cabe señalar que Trump está tratando de reconstruir un muro arancelario derribado en febrero, cuando el Tribunal Supremo dictaminó que sus aranceles globales, impuestos en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), eran ilegales. En los meses transcurridos desde entonces, las autoridades aduaneras han tenido que hacer frente a las solicitudes de devolución presentadas por miles de empresas que pagaron los aproximadamente USD$ 166.000 millones recaudados en concepto de gravámenes.
Tras el citado fallo, Trump impuso aranceles globales del 10% al amparo del artículo 122 de la Ley de Comercio. Un tribunal comercial los declaró ilegales, pero se permitió que siguieran en vigor durante el proceso de apelación, hasta que expiraron el mes pasado.
Los últimos aranceles, por su parte, han sido objeto ya de otras acciones legales. En una de las primeras demandas presentadas por dos pequeñas empresas —el importador de especias Burlap and Barrel Inc y el minorista de relojes Collective Horology LLC—, sus abogados alegaron que los nuevos aranceles no reflejaban la «investigación específica por país» que el Congreso esperaba cuando aprobó la sección 301.
Las empresas, que presentaron el caso como una propuesta de demanda colectiva que abarcaría a todos los importadores registrados que pagarán los nuevos aranceles, argumentaron que el representante comercial no explicó «cómo las prácticas concretas de cada economía suponen una carga o restringen el comercio de EE. UU., en lugar de basarse en afirmaciones generalizadas sobre los efectos del trabajo forzoso y los insumos procedentes del trabajo forzoso en las cadenas de suministro globales».
El Gobierno estadounidense ha anunciado este lunes aranceles del 50% a algunos productos canadienses en respuesta a la «discriminación» que atribuye Washington sobre algunas empresas estadounidenses.
El nuevo arancel comenzará a funcionar el 19 de agosto, durará 30 días y se ampara en la Ley de Aranceles, una norma de 1930, por lo que no es necesaria la aprobación del Congreso.
Considera que la política arancelaria de Canadá perjudica a las empresas automovilísticas estadounidenses y provoca una reducción significativa de las exportaciones de vehículos a Canadá al dar ventaja a productores de otros países.
«Considero necesario, apropiado y de interés público imponer aranceles adicionales ‘ad valorem’ del 50% a ciertos productos de Canadá», explica la orden. «EE. UU., las empresas y trabajadores de EE. UU. y el comercio de EE. UU. sufren por los aranceles discriminatorios, desiguales e irracionales», continúa.
Cabe señalar que entre los sectores afectados están el equipo eléctrico como frigoríficos y otra maquinaria, según el anexo de la normativa firmada este mismo lunes por el presidente estadounidense, Donald Trump.
La medida podría desencadenar una nueva guerra arancelaria con el vecino norteamericano, segundo socio comercial de Estados Unidos.
Caracas. – Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, aseguró este martes, que Venezuela está regresando al sistema financiero basado en el dólar y que la moneda estadounidense se convertirá en el eje de su comercio exterior.
Según Bessent una «nueva Venezuela» volverá a realizar sus operaciones comerciales en la moneda norteamericana, en línea con la estrategia económica impulsada por la administración de Donald Trump.
Durante una entrevista con CNBC centrada en la influencia global del dólar, el alto funcionario estadounidense sostuvo que Venezuela regresará al sistema financiero basado en la divisa estadounidense después de años de restricciones y sanciones que limitaron su acceso a los mercados internacionales.
En este sentido, recordó que por años el país no pudo realizar transacciones en dólares debido a las sanciones, por lo que tuvo que comercializar con China recibiendo menos beneficios.
“Ahora, el dólar será la pieza central de su comercio”, afirmó Bessent. El funcionario agregó que durante los años de sanciones Venezuela “estaba vendiendo petróleo con descuento a China y no obtenía dólares”, lo que, a su juicio, reducía las ventajas de liquidez y acceso a los mercados financieros internacionales que ofrece la moneda estadounidense.
“La supremacía del dólar es clave. Desde Venezuela hasta las negociaciones con Irán, estamos impulsando que el comercio internacional vuelva a girar en torno al dólar. Todo lo que hacemos tiene un objetivo: fortalecer y consolidar el liderazgo global de la moneda estadounidense.
”Bessent situó el caso venezolano dentro de un esfuerzo más amplio para consolidar la dominancia del dólar en el comercio internacional. Señaló que tanto en las negociaciones con Irán como en la reconfiguración económica de Venezuela, EE. UU. está promoviendo que las transacciones vuelvan a realizarse en su moneda.
“Todo lo que estamos haciendo empuja al dólar de vuelta al centro del sistema. Nunca dejó de ser la moneda global, pero lo estamos reforzando”, afirmó.
El secretario añadió que, una vez concluido el conflicto entre Rusia y Ucrania, espera que Moscú también busque reincorporarse al sistema del dólar debido a la profundidad y liquidez de los mercados estadounidenses.
Caracas. – El Banco Central de Venezuela (BCV), anunció este jueves las tasas del dólar y euro oficiales, que estarán vigentes para este próximo viernes 19 de junio, revelando que un incremento en la divisa estadounidense, en comparación al cierre anterior.
Mediante sus canales informativos oficiales, el BCV indicó que el llamado dólar «oficial» quedó establecido en 607,39 bolívares. Mientras, el euro se fijó en 697,36 bolívares.
Según la cotización publicada por el organismo, el dólar registró un aumento de 5,06 bolívares (0,84 %) respecto al cierre anterior.
Por su parte, el euro retrocedió ligeramente y se situó en 697,36 bolívares, con una caída de 0,86 bolívares (0,12 %) frente a los 698,22 bolívares registrados el miércoles 17 de junio.
La tasa oficial publicada por el ente emisor es de cumplimiento obligatorio para operaciones formales en Venezuela, incluyendo bancos, comercios y contratos indexados. El tipo de cambio del BCV sirve como referencia para la fijación de precios, pagos de servicios, importaciones y cálculos contables dentro del sistema económico nacional.
No obstante, muchos comercios han optado por regirse, para sus tarifas, por el euro, debido a la enorme brecha que existe con el dólar paralelo, el cual promedia Bs. 731,98, mientras que las plataformas de intercambio digital como Binance P2P rondan los Bs. 780 a Bs. 800.
Caracas. – Con el cierre de varios locales culminó este miércoles un operativo de fiscalización en el Mercado Municipal del Sur, mejor conocido como mercado del Cementerio, realizado por la ilegítima alcaldía chavista de Caracas, tras recibir denuncias por el cobro del dólar a 1200 bolívares, lo cual resultó en una especulación alarmante en los precios de los productos.
El monto que exigían los vendedores en el citado mercado, sobrepasa con creces a la tasa establecida por el BCV, a 596,78 bolívares por cada dólar. También rebasa el valor del euro, fijado en 692,05 a la fecha, y que es el empleado mayormente -aunque de manera ilegal- por aquellos comercios que se niegan a utilizar la tasa establecida por el BCV.Además, el precio de Bs 1200 supera igualmente al del llamado dólar paralelo, el cual oscila entre Bs 730 a 760.
La fiscalización generó reacciones inmediatas entre los consumidores, quienes documentaron el resultado de las inspecciones en plataformas digitales. En diversas imágenes difundidas en redes sociales, se evidenció cómo calles enteras del mercado popular amanecieron con las santamarías abajo, y con citaciones formales pegadas por el ente chavista.
Los consumidores se habían quejado, a través de redes sociales, “Algunos establecimientos fueron cerrados temporalmente luego de detectarse presuntas irregularidades, quedando además con citaciones visibles en el lugar como parte del procedimiento administrativo”, señaló la alcaldía del interinato a través de un comunicado.
No obstante, no precisó cuántos establecimientos resultaron sancionados, al descubrir el cobro exagerado que realizaban por la mercancía que ofrecen al público.
Se conoció que los comercios sancionados recibieron citaciones formales, las cuales ya se encuentran visibles en los locales como parte del protocolo legal.
Caracas. – Según el más reciente reporte del Observatorio de Gasto Público (OGP) de Cedice Libertad, la inflación en Venezuela registró en mayo una variación mensual de 6,77% en bolívares y una caída de 1,89% en dólares.
El informe revela, que la inflación en bolívares mostró una desaceleración importante con respecto al 18,4 % registrado en el mes de abril. Asimismo, la inflación interanual llegó a 676,35 % en bolívares, mientras que alcanzó el 52,96 % en divisas.
El informe del OGP detalló que una familia de tres personas en Caracas, Valencia o Maracaibo necesitó al menos 509.376 bolívares mensuales, equivalentes a aproximadamente 958,96 dólares, para adquirir una cesta básica de 61 bienes y servicios.
Esto sugiere que se necesitó de al menos cuatro salarios integrales para cubrir la totalidad de la cesta.El Inflaciómetro de Cedice Libertad monitorea mensualmente el precio de los citados 61 bienes y servicios en Caracas, Valencia y Maracaibo. La cesta está organizada en seis rubros: alimentos, restaurantes, servicios, recreación y esparcimiento, perfumería y cuidado personal, y transporte.
El economista Oscar Torrealba, coordinador del Inflaciómetro, señaló que las variaciones de precios no afectan a todas las regiones con la misma intensidad. “En Caracas el gasto en alimentos ha disminuido, cayó 3,26% en bolívares, pero lo que aumenta en la capital es el precio de los servicios, que subió 17%. Y el otro rubro donde Caracas es significativamente costoso es el de restaurantes”, explicó.
Valencia registró la cesta más costosa en dólares (1.027,04 US$), seguida de Maracaibo (988,31 US$) y Caracas (861,54 US$).
En bolívares, el mayor gasto se observó en Maracaibo (533.702,44 Bs), seguida de Valencia (531.799,58 Bs) y Caracas (462.626,41 Bs).En cuanto a los rubros que más presionaron los precios en bolívares, estos fueron: servicios (+17,2%), transporte (+10,62%) y restaurantes (+6,24%).
Los alimentos apenas subieron 0,35%, mientras que perfumería y cuidado personal aumentó 1,83%.En dólares, el comportamiento fue distinto: Alimentos: -8,09%: Perfumería y cuidado personal: -7,22%: Recreación y esparcimiento: -3,06%: Restaurantes: -0,75%.
Los únicos rubros que subieron en moneda extranjera fueron servicios (+7,06%) y transporte (+2,54%).
Caracas. – En 567,68 bolívares amanecerá el valor del dólar oficial el próximo martes, 9 de junio, según lo informó el Banco Central de Venezuela (BCV) en los registros que actualiza siempre, en torno al valor de la divisa estadounidense.
El lunes 8 de junio será feriado bancario por la celebración del “Corpus Christi” y debido a ello el nuevo valor del dólar comenzará a regir el martes. El pasado viernes la divisa cerró sus operaciones en 563,28 bolívares, por lo que es un incremento de Bs. 4,3936 (+0,78%) con respecto a la jornada anterior.
La variación acumulada anual del tipo de cambio es de +269,5397 bolívares (+90,4062%). Con respecto al 9 de junio de 2025, el incremento es de +468,5912 bolívares (+472,8869%). Al mismo día del año pasado la variación acumulada anual había sido de +90,8011%.
Mientras, el BCV también indicó que el euro se plantó en 655,38 bolívares. Ambas monedas internacionales tuvieron un alza con respecto a la jornada de ayer. La moneda europea había cerrado el viernes en Bs. 654,86.
Así, el bolívar ha perdido en lo que va de año un 45% de su valor frente al dólar estadounidense en el mercado oficial, donde la divisa norteamericana se cambió el último viernes de mayo, último día hábil del mes, por 549,37 bolívares.
La cotización del dólar aumentó un 82,2% desde los Bs. 301,37 de principios de enero, según cifras del BCV. En mayo, la moneda estadounidense subió un 12,2%, desde 489,55 Bs., lo que significa una devaluación de un 10,8% de la venezolana en ese período.
Oriana P. Aranguren B. es licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.
Normalmente, el debate en torno a la planificación centralizada de la sociedad se ha librado de forma casi exclusiva en el terreno de la economía, el cálculo de costes y el Derecho, y, si bien es cierto que estos argumentos son sólidos, suelen ignorar la dimensión psicológica —que, se puede decir, es la verdadera raíz cognitiva de la planificación centralizada— que compete al tema. De hecho, podríamos decir que la tendencia a creer y/o desear la dirección del destino de la sociedad desde un poder central nace, no de un análisis técnico riguroso, sino de un profundo atavismo mental arraigado en nuestra propia evolución, y tal concepción, a su vez, nos podría ayudar a entender por qué la planificación central sigue siendo una propuesta atractiva a pesar de sus constantes fallos históricos.
Lo cierto es que el humano tiene sesgos biológicos que nublan la razón frente a los sistemas complejos, como lo son (i) la hiperatribución de agencia[1] e intención, (ii) la sobreconfianza en la planificación de sistemas complejos, y (iii) una tendencia a reificar la “sociedad” como si fuera un sujeto único que piensa y decide[2]. En efecto, los estudios disponibles sugieren que el impulso centralizador se alimenta de una intuición psicológica muy poderosa en el ser humano, a saber, que, si hay problemas sociales, entonces debe existir una mente coordinadora capaz de ordenar el todo, porque es la única manera de solucionar dichos problemas. Esta resistencia intuitiva a aceptar los sistemas complejos ordenados —o los órdenes espontáneos— puede explicarse con lo que en neurociencia se llama el Dispositivo Hiperactivo de Detección de Agentes (HADD), que explica cómo nuestro cerebro, en la evolución, aprendió a asumir que detrás de cada evento complejo o ambiguo se esconde o subyace una voluntad consciente[3]; por lo tanto, extrapolando el asunto, ante la complejidad social, el atavismo nos empuja a buscar —o a exigir— un diseñador central, lo que traduce una ventaja de supervivencia prehistórica en una peligrosa distorsión de cómo funciona la sociedad —o a qué se deben los fenómenos sociales—, pues, si vemos actores intencionales donde hay azar o procesos emergentes, también seremos más proclives a imaginar que la economía o la sociedad requieren una voluntad central que “sepa lo que hace”[4].
La evolución, la planificación y el rechazo a la complejidad de los sistemas
Durante la mayor parte de la historia evolutiva de nuestra especie, los humanos nos organizamos en pequeñas tribus donde la supervivencia dependía de relaciones directas y jerarquías explícitas. Así, si el fuego se encendía o una estrategia de caza funcionaba, se debía directamente a la acción deliberada de un individuo concreto. Y esta experiencia prolongada moldeó la arquitectura cognitiva para predisponerla a creer que cualquier orden funcional y sofisticado debe ser, de forma obligatoria, el producto de una mente inteligente que lo diseñó con un propósito claro, pues, en última instancia, el cerebro humano prefiere construir explicaciones basadas en un agente coordinador antes que aceptar la contingencia, el azar o, como nos gusta llamarlo el “caos”. Al cerebro humano le resulta contraintuitivo y le cuesta aceptar la inmensa complejidad de los sistemas complejos y, en contextos inciertos, tiende a creer que se necesita de la planificación consciente para coordinar los millones de decisiones, cuando en realidad los sistemas sociales pueden coordinarse por pautas que emanan de la interacción de los elementos que conforman dichos sistemas complejos, cada uno de ellos adaptándose a sus nuevas realidades o circunstancias[5].
De hecho, esta sobreconfianza se manifiesta en el llamado sesgo de la planificación, que es, prima facie, el sesgo que define la naturaleza misma de toda planificación centralizada, algo que queda de manifiesto cuando se examina la evidencia experimental en psicología social, según la cual, al diseñar un escenario futuro, los individuos se enfocan de manera casi exclusiva en el éxito del plan trazado —la visión interna del plan— e ignoran la estadística de los fracasos pasados; e incluso, cuando se les confronta con dichos errores históricos, el cerebro tiende a justificarlos como anomalías externas y transitorias, no como la norma[6]. Ahora bien, este fenómeno llevado al ámbito político es mucho peor, porque, en la acción privada, este sesgo encuentra un límite adaptativo inmediato, a saber, que si un individuo calcula mal sus recursos o expectativas, él mismo asume los costos de su equivocación, lo que activa funciones cerebrales para corregir u optimizar las acciones llevadas a cabo, con tal de aumentar las probabilidades de éxito en la consecución de sus fines; pero en la planificación centralizada, por el contrario, el sesgo muta y se institucionaliza de forma destructiva, pues, al tener el monopolio de la fuerza y la coerción estatal, el planificador jamás sufre en carne propia las consecuencias de sus fallos de cálculo, porque estas son socializadas y transferidas coactivamente a la población[7]. Y si a esto sumamos el hecho de que el planificador esté alejado de la realidad local en la cual repercutirá su decisión, todo esto explicaría por qué todo planificador central se encuentra siempre bajo la ilusión de que, esta vez, ahora sí, el sistema complejo que intenta controlar sí responderá a su intento de diseño, cuando en realidad es incapaz de ponderar los imprevistos y las fricciones propias del sistema[8].
No conforme con esto, la psicología ratifica con estudios —en diversas sociedades— que este impulso centralizador —característico de los colectivistas— no nace de un altruismo racional o desinteresado, más bien tiene una raíz cognitiva que se halla en un sustrato psicológico típico de los autoritarios, a saber, la exigencia de que todos los miembros de la sociedad, lo deseen o no, sean sometidos por la fuerza a un poder central que ordene cada aspecto de su vida[9]. Resulta que la supuesta benevolencia que los defensores de la planificación central atribuyen a la autoridad es, en realidad, una alucinación derivada del “razonamiento motivado por la identidad”[10]. Este sesgo cognitivo aparece porque las personas no evalúan los hechos de manera objetiva, sino que procesan la información de forma asimétrica para proteger y validar su pertenencia a un grupo político o ideológico. Según la evidencia científica, este mecanismo psicológico altera la raíz de las percepciones, llevándonos a actuar como abogados defensores de aquello que ligamos a nuestra propia identidad —o que consideramos nuestra identidad—, tendiendo automáticamente a atribuir intenciones nobles a los líderes y/o las políticas que coinciden con nuestro bando, mientras que juzgamos exactamente las mismas acciones bajo la sospecha de egoísmo, ambición personal o manipulación cuando provienen del bando contrario. De este modo, la supuesta benevolencia que se percibe en la autoridad no es un análisis racional de sus méritos, sino una distorsión mental destinada a mantener la coherencia con nuestras propias creencias e identidades compartidas[11].
En el mundo de la política, esto se traduce en que las personas militan activamente en el error, convirtiendo sus dogmas en verdades incuestionables para legitimar la expansión del poder central sobre los individuos, y dicha militancia se vuelve especialmente peligrosa cuando se defiende que la planificación centralizada es una condición necesaria para alcanzar una sociedad “más igualitaria”[12]. No reparan en el hecho de que, como bien aduce la investigación de los profesores Chaverri y Fernández, en el campo de la psicología social evolutiva, las sociedades con rasgos culturales más colectivistas se muestran, de manera sistemática, con mayores niveles de desigualdad socioeconómica, mientras que aquellas consideradas individualistas poseen menores índices de disparidad en la distribución de la riqueza. Éstas sociedades colectivistas, lejos de servir como un motor de justicia o equidad social, son el caldo de cultivo para permitir la arbitrariedad del poder y congelar —muchas veces hasta profundizar— las desigualdades económicas de los individuos. La razón de ello es que se hipertrofian valores adaptativos heredados de nuestro pasado tribal, como la obediencia ciega a la autoridad, el conformismo y la sumisión pasiva ante las jerarquías establecidas, que, en su conjunto, fungen como un mecanismo de estabilización del statu quo, minusvalidando a los individuos e impidiéndoles cuestionar o resistirse a las profundas asimetrías de poder y de recursos impuestas por la cúpula gobernante[13].
Para comprender la raíz de este problema, es imperativo analizar la transición de la humanidad desde las comunidades tribales, nómadas y profundamente igualitarias, hacia las estructuras centralizadas complejas que emergieron a partir del Neolítico y la revolución agraria. El exponencial crecimiento demográfico de los asentamientos humanos trajo consigo un fenómeno llamado “estrés escalar”, que refiere a la tensión asintótica entre el tiempo requerido para alcanzar un consenso social y el tamaño o volumen del grupo humano[14]. En este marco, los autores señalan que, cuando una sociedad expande sus fronteras demográficas, la toma de decisiones distribuida, directa y horizontal se vuelve inviable debido a sus prohibitivos costos de coordinación y, ante dicha crisis[15], la centralización del mando surge como una especie de “parche evolutivo” u organizativo, con el fin inmediato de mitigar el estrés escalar y reducir los costos de conducción social. No obstante, este “parche organizativo” alberga en su núcleo un virus que termina por degradar la salud institucional de las sociedades, porque, paradójicamente, el precio de delegar el poder en un poder central otorga a los planificadores y a las élites que asumen el mando la capacidad de sesgar las decisiones de todos los miembros de la sociedad que conforman y, en mayor o menor medida, desviar la asignación de recursos en su propio beneficio[16].
Ahora bien, es necesario matizar lo expresado por los autores desde la perspectiva del paradigma de la complejidad, porque cuando ellos hablan de que la toma de decisiones horizontal y descentralizada se vuelve “inviable” por culpa del estrés escalar, están cometiendo una falacia de reducción, en la medida en que presuponen que la única forma de coordinación horizontal es la deliberación consciente entre quienes conforman la comunidad —asambleas, búsqueda de consenso explícito, votaciones o acuerdos directos entre todos los miembros—. Bajo este lente, efectivamente —y a modo de ilustración—, si sentamos a 10.000 personas en un círculo a debatir conscientemente cada decisión, el sistema colapsa por saturación de información y costos de transacción —para usar sus términos—, lo cual deriva en lo que ellos llaman “problema de coordinación”. No obstante, desde el Creativismo Filosófico, entendemos que la coordinación en sistemas grandes y ordenados no ocurre ni necesita ocurrir a través del consenso deliberado, porque todo ello ocurre a través de la emergencia; los sistemas complejos resuelven el problema de la escala mediante interacciones locales, mecanismos de retroalimentación impersonales —como lo es, por ejemplo, el sistema de precios o las normas morales abstractas— y adaptaciones descentralizadas.
En esta línea, entonces, la escala no es un problema que requiera un “diseñador” o un “parche jerárquico”, porque, de hecho, a mayor escala, mayor es el potencial de diferenciación y complejidad emergente que se autorregula. Así, podemos corregir a los autores y advertir que la transición neolítica hacia la centralización del poder no ocurrió porque la coordinación horizontal fuera inherentemente imposible a gran escala, sino porque la mente humana de la época —atrapada en el atavismo de la tribu— era incapaz de concebir o tolerar un orden social extenso que no estuviera pilotado por una mente coordinadora. Es decir, ante el miedo a la incertidumbre y la incapacidad de dejar que los sistemas complejos se autoorganizasen, la humanidad prefirió diseñar un jefe, un rey o un planificador. Ergo, la centralización no fue una solución técnica inevitable a la complejidad, sino una respuesta desesperada ante el crecimiento demográfico —y en muchos casos, el precio de ese error de diseño fue la tiranía[17]—.
Volviendo al tema que nos compete, y para ir cerrando, lo verdaderamente curioso —y trágico— de este fenómeno que señalan Chaverri y Fernández es la dinámica de retroalimentación psicológica perversa que se genera entre el planificador y los gobernados. De acuerdo con su análisis, los entornos caracterizados por la escasez de recursos, la incertidumbre y la restricción coercitiva —condiciones crónicas e inevitables en los estratos desfavorecidos bajo un mando centralizado— empujan a los individuos a adoptar rasgos culturales colectivistas: conformismo, pasividad conductual y un repliegue defensivo hacia el refugio en el grupo —que es precisamente el “razonamiento motivado por la identidad” que señalamos en el subtema anterior—. En línea con ello, se puede aducir que el sistema centralizado precariza y empobrece materialmente el tejido social, por cuanto se activa de inmediato ese “chip evolutivo” colectivista de sumisión y acomodación jerárquica en la población[18]; y, finalmente, dicha sumisión psicológica blinda al planificador de cualquier atisbo de resistencia o cuestionamiento al orden establecido. Es decir, en última instancia, a lo largo de la evolución de la humanidad la planificación central de la sociedad se desvela como una refinada maquinaria evolutiva de subordinación, explotación y perpetuación del poder absoluto.
Conclusiones: la ilusión del diseño
A lo largo de este ensayo, ha quedado claro que la persistente obsesión con la viabilidad de la planificación centralizada de la sociedad es el resultado de un profundo atavismo cognitivo y evolutivo; la demanda de un poder central que controle a la sociedad tiene sus raíces en funciones humanas primitivas —como la tendencia a buscar una mente coordinadora o el miedo a la incertidumbre—. Al final, estos sesgos terminan siendo burdamente instrumentalizados por la pasión identitaria y son aprovechados por el sistema político que conocemos para legitimar el modo en que se organiza la sociedad en la actualidad[19].
Esta necesidad psicológica de control es la que explica por qué la humanidad, al enfrentarse al crecimiento demográfico a partir del Neolítico —tal como documentan Chaverri y Fernández—, prefirió el parche de la centralización jerárquica antes que permitir la emergencia de órdenes espontáneos. Al confundirse la imposibilidad de la deliberación explícita con la supuesta inviabilidad de la coordinación horizontal en la sociedad, se optó por una estructura vertical cuyo precio fue el límite de la libertad; es decir, que aquello que comenzó como un simple sesgo cognitivo ante la incertidumbre terminó institucionalizado en nuestra sociedad, debilitando el mismo tejido social. En este sentido, pareciera que, a nivel sociológico, la planificación central es una renuncia evolutiva de una especie que, temerosa de la complejidad del orden espontáneo, prefiere el refugio predecible del cautiverio.
[1] En filosofía, un “agente” es una entidad que actúa, ha actuado o contempla la acción, y para lo mismo se presupone que tiene la capacidad de tomar decisiones. Es precisamente esta idea, que debe su origen a Aristóteles cuando conceptualizó el movimiento en el “acto”, entendido como la actualización del ser en el momento presente, la que sustenta la moral en la sociedad, puesto que solo se pueden atribuir cualidades morales a un ser que toma decisiones, que elige. Desviando un poco el foco, entre otras cosas, por eso es que desde el Creativismo Filosófico sostenemos que la naturaleza humana, entendida —en extremo groso modo— como el sistema estructurado y estructurante que desemboca en la elección, es lo que da paso a las propiedades emergentes que surgen en sociedad —la moral, el Derecho, el dinero, entre otros—.
[2] Hay que tener cuidado cuando extrapolamos el funcionamiento de un elemento aislado al sistema que le da origen —cuando se interrelaciona con sus iguales—, puesto que no se puede partir del hecho de que “el humano decide” —con todo lo que ello implica— para sostener, por ejemplo, que “la sociedad decide”, o que se puede orquestar, controlar, predecir y/o predestinar aquello que emana del cúmulo de todas las decisiones humanas, por razones cuales sean.
[3] Ver: Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).
[4]Ibid. Además, ver: Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026). Hemos de señalar que existe algo llamado “sesgo de intencionalidad”, que es una distorsión cognitiva que nos lleva a asumir que los acontecimientos o las acciones de las cosas —humanos o no— son siempre deliberados, incluso cuando son accidentales o fortuitos. La ciencia cognitiva ratifica que la atribución de intencionalidad es parte de nuestra arquitectura mental y, apelando a ello para seguir con el tema que nos compete, podemos decir que el humano tiene dificultad innata para asimilar los sistemas complejos. Por esta razón, se requiere un esfuerzo consciente para no dejarse llevar por dicho mecanismo, pero, por si fuera poco, este sistema de contención consciente del sesgo se ve afectado en escenarios de incertidumbre, lo cual deriva en que nos entreguemos por completo al mismo. En los estudios clínicos que aíslan los componentes cognitivos del sesgo de intencionalidad, que demuestran que el ser humano posee una inclinación automática a percibir propósitos conscientes en eventos neutros o accidentales, se puede observar cómo la presión de tiempo o la falta de control, entre otros, hacen que los mecanismos racionales que corrigen esta intuición primitiva colapsen, haciendo que la persona se entregue al sesgo. A nuestro juicio, esto provoca que incluso individuos sanos adopten respuestas sesgadas que ven o exigen un coordinador intencional donde solo hay interacciones impersonales —como es el caso en la sociedad—. En resumen, todo ello deriva en la incomprensión de los sistemas complejos y en la demanda de un planificador, o en que nosotros mismos queramos tomar el control —siendo nosotros los planificadores—.
[5] He aquí la razón de las instituciones sociales, de las cuales la Escuela Austriaca de Economía da luces, pero el Creativismo Filosófico sostiene con mayor rigor científico y filosófico.
[6] Ver: Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026). Cabe señalar que este estudio expande el trabajo original de Daniel Kahneman y Amos Tversky, publicado en 1979, que se titula: “Intuitive prediction: Biases and corrective procedures”, complementado, entre otros, por sus análisis posteriores sobre predicción e intuición en 1982, en “Variants of uncertainty”, y en 1991 con Dan Lovallo, en “Timid choices and bold forecasts”. En resumen, la falacia de la planificación consiste en la tendencia generalizada a sostener la firme creencia de que un proyecto propio avanzará exactamente según lo planeado, lo que lleva a ignorar deliberadamente el conocimiento estadístico de que la gran mayoría de los proyectos similares previos se han retrasado o han fracasado. Si gusta profundizar en el tema, también invitamos a leer: Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026). Trasladado al debate que nos compete, esto ayuda a comprender la persistencia de la confianza en la planificación centralizada de todos los políticos y sus seguidores o defensores, a pesar de que la evidencia no les favorezca sistemáticamente.
[7] Al extirparse el circuito de retroalimentación y el castigo adaptativo del error, el sesgo de planificación se desboca y se hace más difícil de identificar.
[8] Esto, de hecho, no es nada nuevo en cuanto a contenido, porque es el mismo problema que señala Ludwig von Mises cuando crítica la planificación central, en su artículo: “El cálculo económico en la comunidad socialista” (1920) —que más tarde derivaría en su obra “Socialismo: un análisis económico y sociológico” (1922)—, así como Friedrich von Hayek en su artículo: “El uso del conocimiento en la sociedad” (1945), donde demuestran que un planificador carece del conocimiento necesario, así como de las herramientas para poder hacerse con dicho conocimiento, para poder planificar la sociedad.
[9] Ver: Markus Kemmelmeier, et. Al. 2003. Individualism, Collectivism, and Authoritarianism in Seven Societies. Revista Cross-Cultural Psychology, vol. 34, n° 3, págs. 304-322. A través de un análisis cuantitativo en siete países con distintos antecedentes políticos, los autores demuestran que, a nivel individual, el colectivismo, lejos de ser una mera preferencia de armonía social, correlaciona de forma positiva y robusta con el “Autoritarismo de Derechas” (RWA). El desglose metodológico revela que esta vinculación está determinada por las dimensiones de sumisión a la autoridad y convencionalismo, validando además la tesis de John Duckitt, desarrollada en “Authoritarianism and group identification: a new view o fan old construct” (1989), sobre cómo la mentalidad colectivista exige subordinar las búsquedas y derechos privados a los objetivos establecidos por un ente colectivo centralizado. Si bien, en aras de la objetividad, es necesario señalar que el “colectivista vertical”, tal como se expresan los autores, no busca ejercer el poder político de manera directa o individual, sino que demanda de forma neurótica la existencia de un poder centralizado debido a su baja tolerancia a la incertidumbre que genera la libertad. No obstante, esta misma se complementa necesariamente con la agresión autoritaria, que describen los mismos autores en el marco del “Autoritarismo de Derechas” que usan para su estudio, la cual explica por qué el colectivista vertical celebra que los mecanismos coercitivos del Estado fuercen a los disidentes a alinearse con el diseño planificado, puesto que tampoco tolera que otros vivan en libertad, porque percibe en la libertad ajena una amenaza directa para su propia seguridad. En adición, en el marco del Creativismo Filosófico, caben dos acotaciones teóricas: (i) para nuestro fin rescatamos el concepto de colectivismo vertical —jerárquico, dogmático— al que refieren los autores en el texto, y no al “colectivismo horizontal”, que refiere más a la interdependencia, la cooperación y la benevolencia de los miembros de un grupo, sin responder necesariamente a una jerarquía, y que es a lo que nosotros, en referimos como “comunitarismo” —no comunismo. Pero esto es algo que no compete desarrollar aquí, suficiente con decir que, tal como vislumbran los autores, existe un “colectivismo” a nivel individual, psicológico, que no es opuesto al individualismo, sino que es tan solo una dimensión de la experiencia humana.—. Y (ii), que si bien los autores sostienen que el individualismo y el colectivismo —horizontal— son “dimensiones ortogonales”, es decir, dimensiones completamente independientes entre sí, consideramos que dicho enfoque incurre en el reduccionismo metodológico de la estadística, característico de cuando se aplica el método científico tradicional, es decir, lineal, atomista y cuantitativo, a las ciencias sociales. Las conclusiones del texto que rescatamos aún permanecen intactas si cambiamos el marco teórico para dar paso al paradigma de la complejidad, el cual nos permite comprender que tanto el individuo como la sociedad, es decir, el colectivo, se coproducen mutuamente en un bucle recursivo. ¿Qué significa eso? Pues, que la sociedad habita en el individuo a través de, por ejemplo, la cultura, o sus instituciones, o demás subsistemas que la conforman y hacen parte de la experiencia humana, y al mismo tiempo, las interacciones entre los individuos es lo que hace emerger la sociedad. En este sentido, es entendible que, absolutamente siempre, necesitemos del reconocimiento del otro, en distintos niveles, y la relación con ellos, para reconocernos a nosotros mismos y desarrollarnos plenamente.
[10] Ver: Sharon Arieli, et. Al. 2019. Identity-motivated reasoning: biased judgments regarding political leaders and their actions. Revista Cognition, vol. 188, págs. 64-73. En: https://goo.su/G7UlUdZ (Cit. 23/05/2026). Los autores expanden las teorías clásicas de la atribución demostrando empíricamente cómo la identidad política es como una fuerza de distorsión cognitiva. El estudio constata que los ciudadanos tienden a eximir a los líderes de su propio espectro político de las percepciones generalizadas de codicia y búsqueda de poder que típicamente se asocian a la clase política, revistiéndolos de una intencionalidad virtuosa dirigida al bien común —interés nacional—, lo que correlaciona directamente con la confianza ciega hacia el gobernante —trust—.
[11]Ibid. Este fenómeno sirve para ilustrar cómo la mente humana tiende a reducir los problemas de diseño institucional y la imposibilidad del cálculo económico a un mero dilema de “buenas o malas intenciones” de quien ejerce o ejercerá el mando en la sociedad, donde el planificador es percibido como un coordinador altruista solo mientras comparta la identidad social del observador. Si llevamos este estudio a sus últimas consecuencias, la demanda por la planificación central no es más que una ficción que responde a sesgos cognitivos ligados a la identidad, diseñada para legitimar la coacción sobre el resto de la sociedad. Además, valida por completo la tesis de Bryan Caplan en “El mito del votante racional: por qué las democracias eligen malas políticas” (2007), quien sostiene que el votante es “peor que ignorante”, muy irracional, y en su condición, movido además por muchos sesgos ideológicos, defienden políticas en base a creencias erróneas sobre temas diversos.
[12] Sabrá Dios qué significa “igualitario” para cada uno de ellos. Pero aquí nos avocaremos solo a las medidas que hacen de “desigualdad socioeconómica” —o desigualdad económica—, solo a modo ilustrativo, puesto que también consideramos que, en el fondo, por sí mismas esas medidas no dicen absolutamente nada de la realidad social compleja.
[13] Ver: Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026). Publicado por la Universidad Autónoma de Manizales.
[14] Es la expresión que usan Chaverri y Fernández en Ibid, y, en general, en toda la psicología social, la sociología y la antropología para referir a la sobrecarga cognitiva, comunicativa y de toma de decisiones que experimenta un grupo a medida que aumenta su tamaño o complejidad organizacional.
[15] Esto es a juicio de los autores, que lo perciben como tal. A nuestro juicio, creer que la expansión de la sociedad hace difícil la coordinación es un craso error, pero sobre ello volvemos en el siguiente párrafo.
[16] He aquí el tema de la corrupción, en muchos casos. Si gusta una aproximación al tema de la dinámica de la corrupción, en el marco de la comprensión sobre los sistemas complejos, ver: Roymer Rivas. 2023. El cáncer de la corrupción: una consecuencia de las restricciones a la libre acción humana. 2° lugar en el concurso “El costo de la corrupción” (2020), de Cedice Libertad. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/jn2uUbz (Cit. 23/05/2026).
[17] Aunque si nos ponemos más anarquistas, el precio es el ataque sistemático e institucionalizado a la libertad humana, que hoy representa el Estado.
[18] El estatismo, o cualquier otro tipo de planificación central de la sociedad, hace volver a las personas a sus más atávicos deseos. Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026); y ver: Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).
[19] El impulso centralizador es la institucionalización política de una limitación de nuestra propia arquitectura mental, que prefiere la ilusión de una mente coordinadora antes que aceptar la incertidumbre de los órdenes emergentes de los sistemas complejos.
Referencias
Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026).
Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026).
Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026).
Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026).
Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).
Roymer Rivas. 2023. El cáncer de la corrupción: una consecuencia de las restricciones a la libre acción humana. 2° lugar en el concurso “El costo de la corrupción” (2020), de Cedice Libertad. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/jn2uUbz (Cit. 23/05/2026).
Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026).
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Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).
Caracas. – Según lo informó el Banco Central de Venezuela (BCV) este pasado viernes, la divisa norteamericana se ubicó en Bs. 500.46, superando ya la barrera de los Bs. 500 para las operaciones oficiales del sistema cambiario nacional.
Del mismo modo, el BCV compartió el valor oficial sobre las transacciones con el euro, en la que fijó la tasa Bs. 589,27. Con ese monto del llamado dólar oficial, el salario mínimo y las pensiones (Bs. 130) equivaldrían a 0.25 centavos de dólar.
El tipo de cambio publicado por el BCV es el promedio ponderado de las operaciones de las mesas de cambio de las instituciones bancarias, al cierre de la jornada del viernes 8-5-2026.
El BCV recordó también, que las cotizaciones oficiales son utilizadas como referencia para transacciones comerciales, pagos de servicios y operaciones financieras dentro del territorio venezolano.
No obstante, debido a la enorme brecha que todavía presenta con el dólar paralelo, cuyo valor oscila entre los Bs. 600 y los Bs. 750, muchos comercios optan por promediar sus operaciones en base al euro, violando normativas legales y afectando a los consumidores.
Caracas. – Expertos de importantes trasnacionales eléctricas salieron con más dudas que certezas de las recientes reuniones con representantes del narcorégimen interino de Delcy Rodríguez, ya que no obtuvieron garantías serias en cuanto a los importantes pagos que demandarán para restablecer la deteriorada red eléctrica del país.
Según señalaron varias agencias de noticias internacionales este lunes, los ejecutivos salieron escépticos tras las reuniones. Explicaron que las necesidades son “casi infinitas” y que no hay claridad sobre cómo se les pagaría, lo que complica cualquier inversión.
La falta de garantías y el alto costo de recuperación apuntan a que los apagones podrían continuar por largo tiempo en el país. Representantes de gigantes como SIEMENS o GENERAL ELECTRIC temen que, una vez ejecutados los trabajos de reparación y suministro de equipos, no existan garantías reales para el retorno de su capital.
El panorama técnico presentado a las empresas extranjeras es alarmante. Actualmente, de los 36.000 megavatios (MW) de capacidad instalada que posee el país, apenas se encuentran operativos cerca de 13.000 MW. Esta operatividad, que no llega ni al 40%, explica la crisis de racionamientos y fluctuaciones que golpea con fuerza a estados productivos como Portuguesa.
El deterioro se hace más evidente en el parque termoeléctrico, que suma más de una década sin mantenimientos mayores adecuados. “Las necesidades son casi infinitas. Las plantas no han sido reparadas debidamente en 10 años, pero aún no tienen claro cómo nos pagarían”, reveló bajo anonimato un ejecutivo que asistió a las reuniones en la capital.
“Regresé muy escéptico de Venezuela. Las plantas eléctricas no han sido reparadas adecuadamente en 10 años, por lo que las necesidades son casi infinitas. Pero aún no tienen claro cómo nos pagarían”, confió a una de las agencias un ejecutivo de un proveedor de equipos, que ha trabajado con el gobierno y la estatal PDVSA, y quien además asistió a una de las reuniones en Caracas.
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