A partir de este 1 de enero Bulgaria el euro reemplaza oficialmente al lev como moneda nacional, con lo que se convierte en el 21º miembro de la eurozona en un paso calificado como «histórico» por el presidente búlgaro, Rumen Radev. El país vive una complicada situación política con un gobierno dimitido y los presupuestos prorrogados.
«La decisión de adoptar la moneda única europea ha sido una elección estratégica en un momento controvertido. La introducción del euro es el hito final de la integración de Bulgaria en la Unión Europea, un lugar que nos merecemos por los logros de nuestra cultura milenaria y las contribuciones civilizatorias de nuestro país», ha resaltado Radev en su discurso de Año Nuevo.
Sin embargo, se ha lamentado de que la adopción del euro haya sido aprobada sin un referéndum. «Los gobernantes no quisieron escuchar a los ciudadadanos, uno de los síntomas dramáticos de la distancia entre la clase política y la gente que se confirmó en las masivas movilizaciones de todo el país», ha argumentado en referencia a las conocidas como protestas de la Generación Z.
Las protesas «castigaron la arrogancia de los gobernantes» con un pueblo harto de corrupción, inflación, arbitrariedades institucionales y «un modelo económico y político injusto». Radev ha destacado así que «el gran evento político de 2025 ha sido el consenso popular contra la mafia» política y ha emplazado a la población a «no repetir los mismos errores» en las próximas elecciones legislativas y a impulsar una regeneración política.
El pasado 11 de diciembre dimitió el gobierno tras las multitudinarias movilizaciones contra los presupuestos para 2026, que incluía subida de impuestos y un mayor endeudamiento para financiar el gasto público.







