Irán afirma que, «al contrario que EE. UU., se ha preparado para una guerra larga»

Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y principal asesor de seguridad del fallecido líder iraní, el ayatolá Alí Jamenei, ha asegurado este lunes que el país, «al contrario que EE. UU., se ha preparado para una guerra larga», ante la ofensiva sorpresa desatada el sábado por EE. UU. e Israel contra el país.

«Irán, al contrario que EE. UU., se ha preparado para una guerra larga», ha afirmado en un breve mensajes en redes sociales, horas después de acusar al presidente estadounidense, Donald Trump, de «arrastrar a toda la región a una guerra innecesaria». «Ahora está preocupado, con razón, de más bajas estadounidenses», ha sostenido.

«Es realmente muy triste que esté sacrificando el tesoro y la sangre estadounidenses para impulsar las ilegítimas ambiciones expansionistas de (el primer ministro israelí, Benjamin) Netanyahu», sostuvo, al tiempo que apuntó que «Trump ha traicionado el ‘EE. UU., primero’ para adoptar ‘Israel, primero'».

Cabe señalar que la ofensiva de EE. UU. e Israel ha dejado hasta la fecha más de 550 muertos en Irán, según ha confirmado este mismo lunes la Media Luna Roja. Entre los muertos figuran Jamenei y varios ministros y altos cargos del Ejército de Irán, que ha respondido lanzando misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en países de Oriente Próximo.

Trump afirma estar «muy decepcionado» con Starmer por el bloqueo inicial al uso de la base de Chagos para atacar a Irán

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha manifestado sentirse «muy decepcionado» con el primer ministro británico, Keir Starmer, por haber impedido en un principio utilizar las instalaciones militares que ambos países gestionan en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico, para lanzar ataques sobre Irán.

«Probablemente esto nunca había pasado antes entre nuestros países», ha dicho Trump en una entrevista para el diario británico ‘The Telegraph’, en la que ha señalado que Starmer «parecía estar preocupado con la legalidad» de utilizar estas instalaciones para lanzar los ataques del fin de semana.

Starmer se negó en un principio a dar luz vez a EE. UU. para que utilizara la base militar ubicada en el atolón Diego García para llevar a cabo los ataques, que acabaron con la vida del ayatolá Alí Jamenei. No obstante, el domingo cambió de opinión y afirmó que aceptaría si se utilizaba con fines «defensivos».

Poco después de que Starmer autorizara el uso de estas instalaciones, un dron iraní atacó una base de las fuerzas aéreas británicas en Chipre. Sin embargo, para Trump, «tardó demasiado» en cambiar de opinión y le afeó que no aceptara desde el principio porque Irán está detrás de la muerte de «mucho gente de su país».

Reino Unido se encuentra en pleno proceso de devolución de este archipiélago a Mauricio, una iniciativa criticada por Trump a pesar de que en un principio EE. UU. emitió una declaración apoyándola. «Hubiera sido mucho mejor desde el punto de vista legal que hubiera conservado la propiedad de este territorio en lugar de dársela a unas personas que no son sus legítimos propietarios», ha valorado.

Cabe señalar que el atolón Diego García forma parte del archipiélago de Chagos y se encuentra a 3.850 kilómetros de la costa sur de Irán, fuera del alcance de los misiles balísticos de este país, pero dentro del de los bombarderos estadounidenses.

Qatar denuncia un ataque con drones contra su infraestructura energética y amenaza a Irán con represalias

Las autoridades de Qatar han denunciado este lunes un ataque con drones lanzado por las fuerzas iraníes contra infraestructuras energéticas en el país, entre ellas una central eléctrica, poco después de haber alertado de que Teherán «tendrá que pagar el precio» de sus ataques en la región.

Así, el Ministerio de Defensa qatarí ha explicado que un dron ha atacado un tanque de agua de una central eléctrica de la ciudad de Mesaied, mientras que un segundo aparato de este tipo ha provocado daños en una instalación energética de la ciudad industrial de Ras Lafan, perteneciente a la empresa petrolera estatal Qatar Energy.

«No se han registrado víctimas humanas. Todos los daños y pérdidas sufridas están siendo analizadas por las autoridades pertinentes, y se emitirá un comunicado oficial al respecto más adelante», ha indicado el Ministerio de Defensa en un comunicado.

Asimismo, ha pedido a todos los ciudadanos, residentes y visitantes que «mantengan la calma, se adhieran a instrucciones de las autoridades y eviten dar credibilidad a meros rumores». «Es importante fiarse solo de la información difundida por los canales oficiales», recoge el texto.

Previamente, el portavoz del Ministerio de Exteriores qatarí, Mayid al Ansari, ha indicado que Doha «se reserva el derecho a responder» contra Irán tras sus «ataques flagrantes contra el pueblo de Qatar» a medida que este procede a atacar objetivos estadounidenses en varios países de la región.

En este sentido, ha descartado estar en contacto con las autoridades iraníes y ha explicado que se centra en «defender su territorio y proteger infraestructura clave», tal y como ha explicado en declaraciones a la cadena de televisión estadounidense CNN. «En este momento estamos ocupados, como podéis imaginar, defendiendo nuestro país», ha añadido.

Asimismo, ha lamentado que Qatar ha hecho frente a «más de un centenar de misiles y un gran número de drones», y ha acusado a Teherán de «tener como objetivo infraestructura civil y comercial». Además, ha manifestado su «grave preocupación» por lo ataques contra «posiciones no militares» en toda la región.

«El Ejército de Qatar ha adoptado medidas de precaución para defender las instalaciones en tierra pero también económicas mientras los líderes de los países del Golfo toman medidas coordinadas entre sí y con EE. UU.», ha aclarado.

EE. UU. lanzó el sábado una ofensiva sorpresa junto a Israel para forzar un cambio de gobierno en Teherán, una operación que ha acabado con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. De momento, el balance de muertos a causa de la ofensiva militar conjunta ha ascendido a más de 550, según ha confirmado este lunes la Media Luna Roja Iraní, que ha afirmado que más de un centenar de ciudades han sido alcanzadas por estos bombardeos.

Aumentan a más de 550 los muertos en Irán por la ofensiva militar de EE. UU. e Israel

El balance de muertos a causa de la ofensiva militar conjunta lanzada por sorpresa el sábado por EE. UU. e Israel contra Irán asciende a más de 550, según ha confirmado este lunes la Media Luna Roja Iraní, que ha afirmado que más de un centenar de ciudades han sido alcanzadas por estos bombardeos.

El organismo ha apuntado en un comunicado publicado en redes sociales que «según los informes de campo, 555 compatriotas han caído mártires hasta ahora». «Las operaciones de rescate, ayuda, evacuación y servicios médicos siguen en marcha», ha informado.

Así, ha apuntado que 131 ciudades han sido alcanzadas por los bombardeos y ha afirmado que «hay más de 100.000 rescatistas en estado de emergencia» para responder a estos incidentes. «Una red de cuatro millones de voluntarios están preparados para dar servicios humanitarios, apoyo y respaldo psicosocial», ha zanjado.

El Estado de la Unión y el deporte inútil de descifrar a Trump

Orlando Fuenmayor S., escritor venezolano. (X: @orlandojosefs)

(…) Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo.”

Orlando Fuenmayor

Hay un error casi cultural en el análisis político venezolano: creemos que todo es ajedrez. Que cada discurso es una jugada milimétrica. Que cada silencio es una señal cifrada, y que, si interpretamos bien el mensaje del presidente de Estados Unidos en el Estado de la Unión, podremos anticipar el destino de Venezuela. Con Donald Trump, eso es perder el tiempo.

No porque no tenga estrategia. La tiene. Pero no es lineal, institucional ni académica. Es manejo de conflicto. Es administración del caos. Es narrativa por encima de estructura. Quien intente analizar la transición venezolana como si Trump fuera un ejecutor predecible, con hoja de ruta pública y coherente, está leyendo el mapa equivocado.

Lo ocurrido en el Estado de la Unión no fue un anuncio formal de política exterior hacia Venezuela. Fue algo más simple y revelador: símbolos, Gestos, y Escenografía. La aparición de Enrique Márquez como figura destacada no fue casualidad. Fue mensaje. En la política de Trump, la puesta en escena importa tanto como la sustancia. Y cuando alguien ocupa ese espacio, es porque está siendo útil dentro del relato que se quiere proyectar.

Pero la ausencia pesa tanto como la presencia. María Corina Machado, figura central de la oposición y Premio Nobel de la Paz, no fue eje del relato estadounidense. Y eso dice algo. Este mismo mes, en Nueva York, durante el llamado Board of Peace —una cumbre vinculada a liderazgos y reconocimientos internacionales en materia de paz— tampoco estuvo como figura central. Y estamos hablando de una Premio Nobel.

Eso no es descuido protocolar. Es lectura de poder. Cuando alguien con ese nivel de reconocimiento internacional queda fuera de espacios donde naturalmente debería estar, el mensaje es claro: no está siendo considerada pieza clave en la arquitectura que otros están construyendo.

Trump no opera bajo el esquema sentimental de “quién ha luchado más”. Opera bajo el cálculo de “quién es funcional a mi narrativa en este momento”. Y hoy, claramente, la narrativa no gira alrededor de ella, y muchos venezolanos se angustian intentando descifrar qué significa eso —que si es traición, si es estrategia secreta, si es abandono—. Pero analizar a Trump como si fuera un diplomático europeo es como estudiar un huracán con manual de brisa tropical. No funciona así.

Mientras tanto, la transición venezolana no depende de lo que se diga en Washington. Depende de lo que ocurre en el terreno. Los movimientos internos en la administración de Delcy Rodríguez —despidos, reacomodos, fracturas— no son teoría. Son síntomas de reconfiguración de poder. El cese del fiscal general Tarek William Saab no es un rumor de redes, sino una señal institucional.

Asimismo, las liberaciones de presos políticos no son discurso: son personas saliendo de celdas. Y todo esto ocurre a casi dos meses de la intervención, captura y encarcelamiento de Nicolás Maduro. Ese hecho cambió el tablero. Lo demás son movimientos posteriores a una sacudida histórica.

  • ¿Está todo resuelto? No.
  • ¿Está clara la nueva arquitectura de poder? Tampoco.
  • ¿Hay improvisación y luchas internas? Por supuesto.

Pero hay avance. Un avance imperfecto, contradictorio, sin épica romántica. Y eso desespera a quienes quieren una narrativa limpia, heroica y alineada con sus expectativas ideológicas.

La realidad no funciona así. Trump puede confundir, distraer y lanzar mensajes cruzados. Puede llamar “presidente” a quien le convenga en el momento preciso. Puede cambiar el foco mediático en minutos. Puede dejar fuera a quien ayer parecía imprescindible. Pero eso no significa que el proceso venezolano esté paralizado, sino que la política estadounidense responde a intereses estadounidenses. Venezuela puede estar en el radar, pero no es el centro del universo de Washington.

Por eso el foco no puede estar en interpretar gestos teatrales en el Capitolio ni en cumbres donde se reparten fotos y aplausos. El foco tiene que estar en los cambios estructurales dentro del país: qué instituciones se transforman; qué actores ganan terreno; qué sectores económicos se mueven; qué acuerdos se construyen —o se rompen— tras bastidores.

El futuro inmediato no es completamente claro. Nadie serio puede afirmarlo. Pero sí es evidente que hay movimiento. Y en política, movimiento es poder en transición. Caer en la desesperación es fácil. Convertir cada gesto internacional en una profecía es tentador. Pero el análisis sobrio exige observar hechos, no emociones.

No intenten entender a Trump como si fuera un tratado académico. Evalúen lo que hace. Y, sobre todo, evalúen lo que ocurre en Venezuela más allá de él. Porque el destino del país no lo definirá un discurso anual en Washington, ni una cumbre elegante en Nueva York. Lo definirá la consolidación —o no— de los cambios que ya están en marcha.

Y esos cambios, con todos sus defectos, están ocurriendo.

La visita en la historia: URD

Por Leroy Garret (@lerogarrett).

En el ajedrez geopolítico del hemisferio, Estados Unidos ha mirado siempre a Venezuela con una mezcla de paternalismo y recelo, especialmente cuando la oposición interna, por popular que sea, se muestra como un caballo desbocado incapaz de galopar hacia la estabilidad. ¿De dónde viene esta aversión crónica a las oposiciones venezolanas hoy por hoy? No es un capricho reciente de la era Trump, sino un patrón forjado en el fuego de la fragilidad política caribeña. Recordemos: la Venezuela pre-petrolera del siglo XX era un polvorín de caos, con caudillos y revueltas que invitaban a intervenciones foráneas. En 1902-1903, el bloqueo naval de Gran Bretaña, Alemania e Italia a las costas venezolanas por deudas impagas alarmó a Washington. 

Theodore Roosevelt, blandiendo la Doctrina Monroe, rechazó la agresión europea no solo por ayudar al “vecino débil”, sino para afirmar que América era ya antes de la primera guerra mundial su zona de influencia. Nada de aventuras imperiales como la de Napoleón III en México en los 1860s. El mensaje fue claro: fragilidad política equivale a caos, pero no a suelo fértil para posesiones de ningún índole, el principio se mantiene, es geopolítica del poder, es realpolitik punto.

No es la primera vez que una oposición, o fracciones de ella, es descartada como “no apta” para el poder, pese a su arrastre popular. 

Ahí está el caso paradigmático de la Unión Republicana Democrática (URD), el partido de Jovito Villalba, que en los 1950s y 1960s encarnó las luces y sombras de un movimiento que Washington vio como un factor conveniente… hasta que dejó de serlo. Pero antes de sumergirnos en ese episodio, hagamos un paréntesis con la oposición actual, cuya caída en desgracia puede resumirse en un rosario de pecados: colaboracionismo con el régimen chavista, silencio ante la invasión cubana y ausencia de un plan real para desmantelarla, apego masoquista a elecciones fraudulentas, popularidad efímera sin músculo para gobernar, y declaraciones tragicómicas como tildar a Chevron de “organización terrorista”. Estos errores la han convertido en un serio inconveniente para la transición post-Maduro, marginada por una Casa Blanca que prefiere negociar con el chavismo “exorcizado” de Delcy Rodríguez.

Los Archivos Nacionales de Estados Unidos, a través de documentos desclasificados en Foreign Relations of the United States (FRUS) y el Reading Room de la CIA, pintan un retrato detallado de la URD y sus riesgos para la democracia venezolana de entonces. Desglosémoslo en tres lentes clave, como se recoge en estos registros:

1.  Legitimidad democrática vs. Estabilidad: En 1952, la URD arrasó en las elecciones a la Asamblea Constituyente, reflejando el rechazo masivo a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Washington lo reconoció como una fuerza popular legítima, pero priorizó relaciones cálidas con el dictador por “imperativos estratégicos” como el petróleo. URD era visto como un catalizador de cambio, pero uno que no podía ignorarse eternamente sin arriesgar estabilidad.

2.  El comodín “amorfo”: Cables diplomáticos describen a URD como menos rígida ideológicamente que sus pares (como AD o COPEI), lo que la hacía “conveniente” para forjar el Pacto de Punto Fijo en 1958, una coalición que garantizaba una transición estable a la democracia. Sin embargo, esa naturaleza “amorfa” la volvía impredecible: un aliado táctico, pero con potencial para desequilibrar el tablero.

3.  La fricción de 1960: Aquí llegó el quiebre. Documentos de la CIA revelan que, al romper con la coalición gubernamental a finales de 1960, la URD viró hacia elementos radicales, aliándose con facciones castristas y comunistas para obstruir programas del gobierno de Rómulo Betancourt. Inteligencia americana la etiquetó como amenaza a la “reforma evolutiva” que EE.UU. favorecía, un eufemismo para cambios controlados que preservaran intereses petroleros y anticomunistas.

Esta evaluación se confirmó con figuras como José Vicente Rangel y Fabricio Ojeda, militantes URD que actuaron como informantes de Fidel Castro, traicionando la patria. Ojeda, héroe de la Junta Patriótica contra Pérez Jiménez, murió prematuramente en la guerrilla; Rangel, un Richelieu tropical, maniobró con astucia hasta clavarle la daga a la república, facilitando el ascenso y control absoluto del chavismo décadas después.

Ahora, comparemos con la oposición actual. Jovito Villalba y María Corina Machado comparten un aura mesiánica: líderes carismáticos, populares en sus épocas, pero no jefes de Estado materializados. Villalba, con su oratoria incendiaria, galvanizó masas contra la dictadura, pero su sectarismo interno diluyó la URD en divisiones ideológicas. Machado, Nobel de la Paz 2025, arrasó en primarias opositoras con 93% en 2023, pero su radicalismo (denuncias a ultranza, alianzas volátiles) la ha hecho impredecible para Washington. Trump la descartó públicamente: “No tiene apoyo ni respeto en el país”, optando por la estabilidad del chavismo tramitante. El factor sectarismo persiste: como la URD se escindió por radicales, la oposición actual se fragmenta entre Machado y colaboradores como Henrique Capriles, diluyendo fuerza colectiva.

 La apreciación norteamericana es idéntica: conveniente para presionar, pero inconveniente para gobernar, un “wildcard” que amenaza la reforma controlada.

En resumen, la “visita” de la historia a la URD nos recuerda que popularidad no basta; se necesita pragmatismo para navegar el escrutinio de la diplomacia de Washington. Hoy, con Maduro capturado y Rodríguez al timón, la oposición repite el guion: mesiánica pero ineficaz, indefinida y subordinada, sectaria y marginada. Si no aprende de Villalba, quedará en Narnia, mientras el poder real muda de piel bajo la la tutela sin precedentes de nuestra nación hermana. Verdades veredes, Sancho amigo: la fragilidad sigue siendo caos, y  para Washington se acabó el bochinche.