Jaque mate: el nefasto legado del chavismo

Por Víctor Márquez Cassinese, especialista en redes sociales y comunicación digital y analista político.

Independientemente del resultado electoral del domingo 28 de julio, el chavismo ya ha ganado esta batalla. Pocas organizaciones criminales y terroristas han logrado enfrentar a millones de ciudadanos, ponerlos en contra y asegurar la perdurabilidad de su legado, incluso cuando su proyecto político parece estar en declive.

Hace unos días, entré a scrollear un poco en X —antes Twitter—, y en mi timeline noté que se estaba librando una pequeña batalla entre aquellas personas que están 100% convencidas de que votar el domingo va a resolver algo y aquellos que, como yo, creemos que la trampa y la continuidad serán los únicos resultados.

Si algo me llamó la atención, e incluso me descolocó, fue el hecho de que varios de aquellos que repiten los eslóganes de la unidad y el perdón manejan el argumento de que quienes llaman a la abstención deben ser silenciados. Así, sin más: “Si no piensas como yo, cierra la boca”. Y es que no importa si el posteo viene de una cuenta con pocos seguidores, que recién empieza en X, o si es la cuenta reconocida de algún analista o “influencer”, los mensajes que se leen son similares: Vota o cállate la boca.

Este fenómeno no es aislado. Al final, el chavismo consiguió algo que le servirá de combustible sin importar si se mantienen o no en el poder: replicar su pensamiento y su accionar en cada venezolano que no ha entendido que disentir es parte importante de la dinámica social.

Quiero aclarar una cosa: yo considero que votar no va a traer ningún resultado distinto a los venezolanos, pero hace tiempo entendí que no gano nada hostigando a la gente para que no vote, o señalando de forma cínica y burlona a los que piensan que el voto los va a ayudar a salir del chavismo. Si usted quiere votar, adelante. Mi mensaje va más por el lado de que hay que prepararse para afrontar lo que sea que suceda luego del 29 de julio.

Sin embargo, algo que noto en el debate sobre la viabilidad del voto como herramienta contra el chavismo es que quienes consideran que el sufragio puede ser útil, aun cuando se ha evidenciado lo manipulable que es el sistema, sienten que su palabra está escrita en piedra y que ningún detractor debería poder opinar o debatir.

Por ejemplo, hace poco me extendieron una invitación a participar en un podcast en el que se hablaría de las elecciones venezolanas. La idea era contrastar ambas posturas: por un lado, a favor del voto y con una firme convicción de que se acerca el cambio, un politólogo venezolano; en contraparte, con una postura escéptica y hasta pesimista, yo. ¡Por supuesto que acepté!

Minutos después, mientras preparaba una pequeña biografía que me solicitó el productor, recibí un mensaje por WhatsApp en el que se me informaba que no se haría la grabación porque el politólogo prefería no contrastar su análisis, pero que seguramente me contactarán para otra edición en la que hablemos sobre los resultados del domingo.

A mí nunca me ha intimidado contrastar mis argumentos. De hecho, creo que es una buena forma de aprender e incluso de corregir posturas en las que podría estar equivocado. Y lo digo en serio, espero estar absolutamente equivocado con respecto a las elecciones del domingo. Anhelo que Maduro sea derrotado y que la transición sea rápida para que Venezuela deje de ser saqueada y los venezolanos dejemos de ser perseguidos.

Si esta es la dinámica que puede llegar a instaurarse en una hipotética transición hacia la democracia, en la que se desestima y silencia a los disidentes, Venezuela no habrá cambiado y se habrá normalizado el nefasto legado del chavismo.

El terror como arma para gobernar

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

El proceso revolucionario francés, de buenas intenciones, creo un infierno. Se pretendía con la caída de los Borbones crear un mundo nuevo, discursos y debates pululaban en los antiguos salones monárquicos, se combatía a las reacciones bélicas de las monarquías europeas, entre ella la Austria de los Habsburgos, quienes querían vengar a Maria Antonieta; la rivalidad de las facciones entre la Gironda y Jacobinos dentro de la asamblea nacional, instancia parlamentaria creada para gobernar la república; a los girondinos, a pesar de contar con la mayoría, fueron diezmados por el control jacobino, a través del Tribunal de Salvación Pública.

En ese periodo de 1793 y 1794, se instauró con Robespierre a la cabeza el llamado Reino del Terror, el símbolo de aquella matanza desatada patrocinada por el estado fue la guillotina, se ejecutó tanta gente, por los más inverosímiles motivos, que la guillotina tuvo que mudarse de su lugar cercano a la actual Plaza de la Concordia, porque fue tal la cantidad de sangre vertida que la misma amenazó con contaminar el suministro de agua potable del Paris de entonces.

El terror terminó con la ejecución de Robespierre el 10 Termidor del año III, el 28 de julio de 1794. Pero, ¿Qué aprendemos de esto?

El Terror es una arma, cuando se usa como herramienta de gobernar, por aquellos regímenes totalitarios, cuando la gente empieza a dejar de temerles, el Terror es un componente extremo para garantizar el orden público cuando otros menos severos mecanismos de represión fallan.

Cuando el terror impera, no hay garantías ciudadanas, ese ejercicio brutal del poder hacia el ciudadano común es una debilidad intrínseca de los represores y con una acertada estrategia y operación política puede completamente revertirse su violencia y miedo a sus ejecutores.

Con esto en mente, y enfocándonos en Venezuela, los últimos días de esta “campaña electoral” han sido de terror para los opositores, quien colabore con Maria Corina en la logística más insignificante, va preso o por lo pronto no aparece.

¿Cual es la estrategia? ¿Procurar un medio colectivo el cual si se abstiene y hace subir el porcentaje de abstención de donde algorítmicamente el chavismo busca rebanar votos ficticios conversos al fraude? Eso se sabe. Entonces, ¿Que contrapeso institucional puede evitar eso?

No creo ninguno, sea  peso o contrapeso, en un reino totalmente controlado por el chavismo, me cuesta creer que sus jefes, con prontuarios de búsqueda internacionales por crímenes flagrantes, negocien una salida en Paz. Pero los procesos históricos son sorpresivos y difíciles, eso habitualmente se confunde con esperanza, y definitivamente a eso nos aferramos una vez más este 28 de julio.

Demanda del pueblo venezolano a la FAN

Por Antonio Semprún, Coronel de la Guardia Nacional (GN).

El próximo 28 de Julio, los venezolanos acudirán a las urnas de votación decididos a volver a vivir en libertad y terminar con veinticinco años de una tiranía genocida que ha destruido el país y la paz de los venezolanos, y esperan de ustedes un comportamiento honorable, constitucional, cívico y respetuoso de su mandato.

Señores venezolanos en uniforme, desde hace más de dos décadas la familia venezolana, incluida la de ustedes, vive en estado de miseria e indefensión por decisión de un grupo de individuos ambiciosos de poder, por lo que lo único que pide de ustedes es respetar y “hacer respetar» su decisión de retomar la senda democrática.

Hay que saldar la deuda moral e institucional que tiene la Fuerza Armada con Venezuela, el saqueo del que ha sido objeto, el oprobio, la humillación a la que ha sido sometida la familia venezolana ha estado sustentada por las bayonetas, es hora de lavarle la cara a la institución, es hora de devolverle a los venezolanos la paz y el respeto que merecen.

Los venezolanos demandan su imparcialidad en cumplimiento de lo que establece  el artículo 328 de la Constitución Nacional.

Los venezolanos han decidido volver a vivir en democracia y esperan que ustedes no empuñen las armas contra su propio pueblo, que solo está exigiendo sus derechos de manera cívica y pacífica.

El pueblo venezolano solo pide respeto al sentimiento de libertad que grita en las calles y rincones de todo el país, el silencio y la omisión de quienes tienen los medios para hacer respetar la decisión de los venezolanos los hace cómplices, porque les asiste la ley al actuar apegados a ella.

Ustedes son consientes de la realidad que se respira en las calles de Venezuela, eso les da dos opciones, continuar siendo los verdugos de sus familias o seguir protegiendo a quienes han destruido y saqueado a Venezuela.

¿Por qué los intelectuales son socialistas y odian el capitalismo?

Por Gervis Medina, abogado, criminólogo y escritor venezolano

Esta interrogante se lo plantea Bertrand de Jouvenel (1903-1987), en el libro “Los Intelectuales europeos y el capitalismo”.

Desde la antigua Grecia, los filósofos griegos no entendieron el orden espontáneo del mercado, a diferencia de los juristas clásicos romanos. Empezando por Sócrates, Platón y Aristóteles. Veían con recelo todo lo que oliera a actividad mercantil, empresarial, artesanal o comercial.

Hoy día, desde los actores de cine, periodistas, literarios etc., la mayoría son contrarios a la economía de mercado, cómo la mayor parte de los intelectuales, quienes plasman su labor creativa en obras literarias generalmente también en contra del capitalismo. Todos ellos contrarios al proceso de mercado, todos ellos socialistas, todos ellos de izquierdas.

Bertrand de Jouvenel desarrolló un artículo precioso explicando las razones por las cuales el intelectual generalmente, y salvo honrosas excepciones, está siempre orientado en contra del proceso de cooperación social basado en el mercado, y describe tres motivos para ello:

1) Desconocimiento teórico del proceso de mercado.

El orden social empresarial, dice Hayek, “es el más complejo que hay en el universo”. Este trabajo de análisis para comprender como funciona el proceso espontáneo del mercado, que solo puede proporcionar la teoría económica, por desgracia, brilla por su ausencia en la mente de la mayor parte de los intelectuales. Estos se dan muchísima importancia, piensan que han estudiado mucho, pero la mayor parte de ellos son unos completos ignorantes, en lo que se refiere a la ciencia económica.

2) La soberbia.

El intelectual piensa que sabe mucho más que el resto de sus conciudadanos, porque ha estudiado mucho. Logrando obtener títulos en diferentes carreras o por que ha leído muchos libros, porque va a muchas tertulias y conferencias. Se cree la persona más inteligente y el más listo. Cae en la fatal arrogancia con gran facilidad, hasta el punto que piensa ser más legitimado que nosotros mismos para decidir lo que tenemos que hacer; se ríe de los ciudadanos de a pie, le parece una ofensa a su fina sensibilidad que le contraríen, vomita ante la ignorancia de otros, de alguna forma se escandaliza de la falta de cultura de todos los demás y él puede criticar y pontificar porque se cree más listo que nadie.

Detrás de cada intelectual existe un tirano en potencia, que a poco que se descuide va a caer en la tentación de querer arrogarse del poder político para imponer a todos los demás sus peculiares puntos de vista. Se consideran que son los mejores y más refinados y más cultos.

Ahora, si a la ignorancia le sumamos la arrogancia fatal de que saben algo más que los demás, que son más cultos y refinados, estamos perdidos. No es raro de extrañar que detrás del tirano de la historia, un Hitler, Stalin, Chávez, Maduro, exista una cohorte de intelectuales aduladores que han tratado de darle base y legitimidad, desde el punto de vista ideológico, cultural, filosófico, etc. Cómo es el caso de Venezuela, un Rangel, Adolfo Esquivel, Luis Brito, Ignacio Ramonet, Román Chalbaud, Pérez Pirela, Noam Chomsky, entre otros.

3) El resentimiento y la envidia.

Bertrand se da cuenta de que el intelectual se encuentra en una situación muy incómoda en el mercado. En la mayor parte de las circunstancias observa que el valor del mercado de lo que él aporta al proceso productivo es muy reducido, es decir, dice que ha estudiado muchos años, lo ha pasado muy mal, ha viajado a París y resulta que hace unos cuadros, escribe unos libros y no lo compra nadie. Algo mal está en la sociedad capitalista cuando no se valora como debe lo que hace. Y en todo caso, aunque tenga suerte, aunque se ponga de moda, nunca es suficiente, nunca se le paga lo suficiente.

Teniendo en cuenta todo lo que hace como intelectual, sobre todo en comparación con la basura que lo rodea. Lo que no puede resistir es que un «superignorante», un burdo, un inculto empresario, gane diez o cien veces más que él. Esa es una sociedad injusta, dice el intelectual, no se nos paga lo que valemos, pero personas como Elon Musk, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Steve Jobs son unas basuras delante de ellos porque nunca estudiaron en una academia letrada, porque se dedicaron a producir algo que las masas ocultas demandan.

El mundo de los negocios es para el intelectual un mundo de valores falsos, de motivos bajos, de recompensas mal dirigidas, para él es una perdida, es el resultado natural de la devoción a algo que debe hacerse, mientras que el beneficio es el sometimiento a las opiniones de la gente.

Si al resentimiento y envidia le añadimos la soberbia y la ignorancia, no nos debe extrañar que la cohorte de hombres y mujeres de cine, periodistas, literarios, modelos, escritores, investigadores etc., actúen de manera sesgada en contra del proceso empresarial del mercado al que estamos incorporados nosotros, que sean profundamente anticapitalistas y siempre se presenten como los adalides del socialismo de la progresía de la justicia social y la redistribución de las riquezas.

La batalla de las ideas

Por Valentina Gómez, economista y coordinadora local senior de EsLibertad Venezuela.

Karl Marx utilizó la expresión «la batalla de las ideas» durante la década de 1840 para criticar la filosofía alemana moderna, una filosofía que defiende la libertad y la autonomía, los representantes creen principalmente en el progreso humano como una «expansión del espíritu y la razón». Tanto Hegel como Kant, principales defensores de la filosofía, creían que para evolucionar el ser humano necesitaba comprender la realidad a través de la historia, la lógica y la ética. De ahí que introdujeran un enfoque historicista en la comprensión de la realidad y el pensamiento humano.

Para Marx, aquella filosofía se preocupaba más en la elaboración teórica que por la aplicación práctica en la transformación social, nunca entendió que primero debes comprender el comportamiento humano antes de aplicar y hacer de la sociedad parte de un experimento. Es como sentarte a comer antes de hacer las compras en el supermercado ¿Qué vas a comer si no hay nada? ¿Cómo estar seguro de que tus propuestas para la sociedad son las mejores si no conoces el comportamiento humano? O incluso peor, abrir primero el cuerpo y luego abrir el libro de medicina, en este segundo ejemplo pones en riesgo la vida de otra persona. Así funciona cuando haces un experimento con la sociedad, pones en riesgo la vida de millones de personas.

Marx comienza a desarrollar su propia filosofía al diferir de los filósofos alemanes modernos. Se aparta del grupo y, al encontrarse con Friedrich Engels, consigue el apoyo suficiente para elaborar una perspectiva distinta. «… Ponen de manifiesto cómo no hacen otra cosa más que balar filosóficamente» redactaron Marx y Engels en el libro «La Sagrada Familia» de 1844. En ese libro critican a los hegelianos, acusándolos de realizar críticas meramente teóricas y abstractas, sin implicaciones prácticas o revolucionarias reales. Es en estas primeras críticas cuando comienza la batalla de las ideas.

De la crítica filosófica a la batalla política: Marx, Engels y la influencia en la era Thatcher

Decenios más tarde, esta noción de una batalla de ideas resonaría en la política británica con Margaret Thatcher, quien, como Primera Ministra entre 1979 y 1990, defendió vigorosamente las ideas conservadoras mientras el socialismo y las políticas de izquierda ganaban terreno. Thatcher abogaba por la libre empresa, la privatización de industrias estatales, la reducción de impuestos y la promoción del individualismo y la responsabilidad personal. Su enfoque de gobierno buscaba estimular la iniciativa privada y fortalecer la competitividad económica.

Para Thatcher, la «batalla de las ideas» no solo representaba una lucha por el poder político inmediato, sino también por el futuro del modelo económico y social británico, así como por el papel del gobierno en la vida de sus ciudadanos.

Recientemente, se ha materializado el escenario que Thatcher intentaba evitar: un primer ministro laborista en el poder. Keir Starmer, líder del Partido Laborista, fue elegido, marcando la primera vez en 14 años que los laboristas retoman el poder en el Reino Unido. Esta elección refleja un cambio significativo en la política británica y subraya la continuación de la dinámica de la «batalla de las ideas» que ha definido el paisaje político desde los tiempos de Marx y Thatcher hasta la actualidad.

Fuente: Statista

Así luce el mapa en 2023 en Latinoamérica: los países en rojo indican gobiernos de izquierda, aunque algunos como Argentina han vuelto a ser azules. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para recuperar la educación como el mejor camino hacia la prosperidad. La educación no solo fomenta la creatividad y el trabajo inteligente, sino que impulsa avances tecnológicos y contribuye al progreso social sostenible, reduciendo la pobreza y promoviendo el respeto por el medio ambiente y los derechos humanos.

No conforme con esto, hoy nos encontramos con un entorno donde se han creado los aparatos más distractores y ladrones de nuestra capacidad analítica. Durante muchos años creí que ser multitasking era una virtud, pero en realidad era falta de concentración. No era realmente multitasking porque no lo hacía con un objetivo, como ahorrar tiempo, sino por la ansiedad de no estar perdiéndome algo. Mi mente se acostumbró a recibir información constante y a saltar rápidamente entre tareas, pero esto no significaba eficiencia, sino ansiedad. Hoy, lucho por mantener mi mente tranquila frente a la avalancha de tecnología que, si bien nos conecta globalmente, también genera ansiedad. Pilar Quiroga Méndez de la Universidad Pontificia de Salamanca, España, explica que:

La atención parcial continua implica una vigilancia y global que no es característica de las tareas múltiples. Con la CPA (Continuous Partial Attention) se busca una activación constante, filtrando oportunidades, observando diferentes pantallas, y yendo con rapidez de un lugar a otro. La CPA crea un sentimiento artificial de estar en crisis, de estar siempre en alerta máxima. Desde el punto de vista del procesamiento de la información pretende y consigue mantener una prioridad atencional en el foco, mientras que al mismo tiempo se explora la periferia para no perderse otras oportunidades. Este funcionamiento cognitivo puede ser la mejor estrategia de atención en momentos determinados y es seguramente adaptativa (por ejemplo: si estamos en la selva acosados por peligros indefinidos que pueden venir de cualquier lado), pero cuando se convierte en el principal modo de afrontamiento cognitivo, como sucede con el uso continuo del ordenador, tiene una enorme parte negativa.

Más allá de los impactos personales, estamos inmersos en una batalla constante donde la manipulación de la información y las promesas políticas contradictorias generan crisis económicas y sociales. En esta dinámica, es crucial mantener la racionalidad por encima de las emociones y evitar caer en extremismos ideológicos que dividen y polarizan. ¿Cuál nos da prosperidad económica? ¿Cuál soluciona los conflictos sociales? En palabras de Friedrich Hayek:

En palabras de Friedrich Hayek:

El socialismo ha sido un intento de reformar mediante la planificación el modo de producción que había surgido en el curso de siglos de evolución espontánea. Lo que hace de Marx un precursor del socialismo moderno no es su plan para una economía socialista, sino su insistencia en que el socialismo debe ser establecido por la fuerza.

Para cambiar el mapa del 2023 hacia la libertad, es esencial resistir la tentación de dejarse llevar por ideologías extremas y mantener un enfoque crítico y racional. Esto implica priorizar la educación integral, resistir las distracciones digitales y tomar decisiones informadas basadas en hechos concretos, no en promesas vacías. La libertad, en su verdadero sentido, no puede ser sacrificada en el altar de experimentos ideológicos fracasados que solo perpetúan el humo de ilusiones efímeras.

Contubernio y La Comisión de la Verdad

Por Leroy Garrett.

La Roma republicana, por virtud a las relaciones económicas en pleno auge, definió sus clases sociales y las reglas que le rigen, de allí nace el derecho de gentes o civil, cuyos derivados se definen en quién poseía, no la propiedad; poder de tenencia, disfrute e inclusive destrucción.

La esclavitud era una subordinación aceptada y necesaria con muchos matices, no solo en lo doméstico, sino en el ámbito del entretenimiento (Gladiadores), artes y oficios variados.

Y aunque condenados a no ser recipientes de derechos, ni a intentar ser iguales, y estar de facto las prerrogativas nombradas totalmente prohibidas, se presume con plenitud implícita que esclavos y amos disfrutaban de relaciones, sean afectivas o recreacionales a través del sexo. 

La ley condenaba dichas prácticas como inconcebibles entre un civis óptimo iure (Ciudadano de pleno derecho) y un esclavo, y la voz latina de uso a su condena era «contubernio».

Si la próxima estación a recorrer en esta añeja crisis política fijada para el próximo 28 de julio, el poder cambia de manos por la vía pacífica o no y, a pesar de por una u otra manera, es la fórmula que todos los venezolanos deseamos se imponga (Machado – Edmundo) en las tareas prioritarias a implementar, de este posible nobel gobierno, debe estar en la creación de una «Comisión de la Verdad».

Nombrada por un libérrimo parlamento, con integración de todas las expresiones de la vida nacional. Creada por ley especial o decreto-ley, con atribuciones jurisdiccionales de substanciación tendrá la finalidad de decodificar que nos llevó a la cuasi destrucción total como país y condenar a los culpables.

Los tópicos de la agenda es variopinta y todas las causas de primera importancia nos jugamos el no lograr la democracia de continuar vivir en impunidad.

Quien es responsable de las muertes ocurridas en las calles a partir del 11 de abril del 2001. ¿Han sido los muertos en la protesta (y en todas las propuestas) un baño de sangre irresponsable y criminal surgido de un acuerdo implícito o tácito de medir fuerzas entre torios y troyanos?

¿Quiénes son? ¿Quiénes, sabiendo la represión brutal en las olas de violencia habidas, conocían en el lado opositor el macabro resultado llevando a la gente de carne de cañón, siendo condenables ambas fracciones tanto por acción u omisión? ¿Por qué se permitió al chavismo robarse las elecciones las veces que le ha dado la gana? ¿Fue la liquidación de Citgo una acción concertada, como tantas otras?

Desenmascarar el contubernio entre el régimen y la “oposición perfecta” no solo es imperativo, sino inaplazable, crear esa comisión de la verdad con las mejores personalidades pertenecientes a todos, va los sectores del país es el vehículo redentor y de reconciliación.

Reconciliarse con un criminal en acto de reconciliación aparente es como curar un cáncer con colirin. Las heridas de nuestro cuerpo nacional se curan con la justicia, un “nunca más” como proclamaron los argentinos en el año 1985, debe ser el resultado de declarar una cruzada en contra de la impunidad.

Allende la verdad, si nuestra aspiración máxima es el restablecimiento de las garantías ciudadanas para inveterado disfrute de los venezolanos por venir, los culpables deben pagar.

¡Condenemos al Contubernio! ¡Nombremos la Comisión de la Verdad!

Más allá de lo visible: las creencias, la reflexión filosófica y la sociedad presente

Estas palabras corresponden al discurso que disertó el autor en la entrega de certificados del Diplomado de Filosofía de CENFISS, Universidad de Carabobo (UC), el 15 de junio de 2024.


Por Roymer Rivas, coordinador local senior de EsLibertad Venezuela y teórico del Creativismo Filosófico.

Con frecuencia damos por sentado muchas cosas: las aceptamos tal y como son o, en cambio, pasamos por alto aquello que no aceptamos; de hecho, es necesario para la existencia human que sea así; no nos imaginamos tomando conciencia de todo lo que constituye nuestro entorno, sería agotador, ralentizaría nuestras acciones y esto, en situaciones de peligro, que requieren de acciones rápidas sin mucho o ningún razonamiento consciente, podría ser mortal. Es por este motivo que, a las personas, los pueblos y el mundo lo mueven las creencias, el “yo creo” o “estoy convencido” de esto o aquello, porque las creencias son el fundamento que sostiene las acciones del human, tanto aquellas que responden al consciente como las que responden directamente al inconsciente. Las creencias están en lo más profundo de nuestro ser, vivimos de ellas y, por la misma razón, no solemos pensar en ellas; solo pensamos, en mayor o menor medida, en lo que consideramos cuestión, lo demás lo damos por hecho.

Esta verdad se clarifica cuando entendemos que el human es un “actor”, un ser que actúa, ésta es la consecuencia lógica de su naturaleza. El human no tiene otro remedio que hacer algo en pos de conseguir un fin, sea este sostener su existencia, mejorar su condición actual, mejorar la condición de otros, ser feliz, o cualquier otro motivo que encuentre; el human siempre actúa y aun cuando aparentemente no lo hace, lo hace —el cerebro nunca deja de trabajar, siempre estamos en contacto con el entorno—. Esto responde a una verdad fundamental: la vida que nos es dada no nos es dada hecha, nosotros necesitamos hacérnosla por nuestra cuenta, cada actor según lo desee y/o permitan las circunstancias; de esto último se infiere que, si bien es cierto que el human se ve forzado a actuar, en su condición natural no se ve forzado a realizar estrictamente acciones determinadas cual robot; es decir, no somos programados por un tercero para realizar tareas específicas de manera irrestricta según las circunstancias, nosotros decidimos qué y cómo actuar después de valorar subjetivamente nuestro entorno.

Ahora bien, cuando el human analiza sus ideas —y, mientras lo hace, surgen más ideas—, algunas de ellas las desecha y otras las hace suyas, y es justo allí donde surge la creencia; es imposible que el human actúe si no posee convicciones sobre lo que son las cosas que le rodean; son las creencias las que hacen preferir ciertas acciones en lugar de otras y, consecuentemente, las que determinan qué acciones ejecutar y el cómo ejecutarlas. En suma, las creencias fundamentan la estructura de la vida de una persona, de un pueblo, de una época; los grandes cambios que han ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad se deben a mutaciones, fortificación o debilitamiento de creencias —lo que se traduce en variaciones de formas o modos de hacer las cosas—. El human posee una multiplicidad de creencias que coexisten en su vida, lo sostienen e impulsa su comportamiento, que a veces son incongruentes y/o contradictorios, no tienen articulación completamente lógica, pero aun así definen el rumbo de su existencia.

Al mismo tiempo, las creencias poseen estructura y la misma es imprescindible para la vida, tanto las creencias con articulaciones lógicas que forman una filosofía —estructura lógica— como aquellas que poseen estructura incongruente —es decir, que la forman un conjunto o repertorio de creencias a veces contradictorias, incongruentes e inconexas; por lo que no se puede expresar o articular de forma lógica—; de hecho, las creencias con articulaciones lógicas son un subconjunto de esta última. Esta estructura forma un sistema que, si bien no se pueden articular lógicamente, sí tiene una articulación tacita y vital —hay cosas que están en la cabeza y rigen nuestra existencia sin ser conscientes de ello—; las creencias que rigen la existencia human —individuo, pueblo, época— se apoyan, integran y/o combinan entre sí; cada creencia posee una arquitectura propia y, al mismo tiempo, es parte de una estructura de creencia que se organizan de forma jerárquica; dicho de otro modo, el hecho de que la estructura de creencias no se puedan articular de forma lógica, no quiere decir que carezcan de orden; en la vida del human hay creencias que fundamentan otras creencias o, si gusta más, creencias que derivan de otras creencias. En este marco, si las creencias, que son incontables en la medida en que cada human posee las suyas —y, a veces, estas se contradicen entre sí—, careciesen de estructura, sería imposible el conocimiento del human; la estructura de creencias permite entender el entorno sin importar el tiempo o lugar.

Es por este motivo que, para comprender los tiempos y las sazones de un pueblo o época, es importante comprender el conjunto de creencias que le sostienen. Del mismo modo en que es imposible para un doctor saber qué enfermedad padece un paciente sin hacer un diagnóstico, no se puede comprender la razón por la cual un pueblo atravesó o atraviesa ciertas circunstancias, con el objetivo de evitar cometer el mismo error o mejorar o potenciar las consecuencias buenas, sin estudiar las creencias en la que se fundamenta. El diagnóstico de una existencia human tiene que comenzar por el estudio del conjunto de creencias que la sostienen, porque son ellas las que determinan su estado en el presente y el futuro; en otras palabras, las convicciones rigen el camino del human.

Más que para diagnosticar la existencia human, es necesario para poder avanzar como persona o civilización. Dado que, si en el estudio o diagnostico se encuentra que ciertas creencias no son congruentes con la realidad y que las mismas, como no puede haber otra forma, son la base de los desatinos y sin sabores de un pueblo, entonces han de ser cambiadas; porque constituyen una enfermedad intelectual que hace que se realicen acciones que tendrán, en mayor o menor grado, consecuencias negativas.

Al final, todo converge en un punto: es la búsqueda incesante por la verdad, la reivindicación de la misma; las creencias acordes a la realidad son eso, una verdad inmutable, las que no lo son, no son otra cosa que una mentira. Y en esta búsqueda incesante puede que no se consiga tal cosa como una verdad absoluta, pero si nos podemos acercar cada día más a ella. Ahora bien, para definir el estado de una creencia, sin importar el tiempo o el lugar, hay que compararla con otras; es la comparación, el debate, en donde se descubre o desdeña cuan cerca de la verdad esta una determinada creencia, lo que hace relucir si una creencia está bien fundamentada o no; y mientras más puntos se comparen entre creencias, más certero será el juicio.

En este escenario, lo más sensato que puede hacer un human en su vida es revisar el estado de sus creencias y hacerse de aquellas que resulten ser congruentes con la realidad, sea que esto implique un fortalecimiento de la propia o un cambio de una creencia por otra. Por este motivo, creo que es momento de revisar las creencias que sostienen nuestra existencia —más si estamos sumergidos en una realidad llamada “Venezuela”, “Latinoamérica”, y si nos ponemos más macros, “el mundo entero”— y ver cuán certeras son en comparación con la realidad. Esto no se trata de una cuestión de “opinión o creencia personal” por encima de la “opinión o creencia de otros”, una opinión o creencia personal puede contrariar la de otro, incluso la de la sociedad —que es una opinión o creencia generalmente aceptada—, pero esto no le quita peso o valor a una o a otra, si lo hace la realidad. La realidad valida o invalida una creencia. Y entiéndase realidad como aquello “que es” y no se altera por la percepción subjetiva que pueda tener un individuo o sociedad de ella.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que cuando una creencia es social —sea ésta acorde o no a la realidad—, su existencia no depende de que un individuo la acepte o no, más bien, es ella la que impone su vigencia y obliga a los actores sociales a contar o vivir con ella. Con esto quiero decir que los efectos que la creencia social tenga sobre una persona no dependen de que él la acepte o crea o no en ella, pues, las acciones que realice la sociedad en base a su creencia afectarán directa o indirectamente al individuo. Por ello, es necesario que para que un pueblo cambie el rumbo negativo que demarcan sus creencias, no solo compare y cambie de creencia un individuo, sino muchos individuos; y que el cambio sea por una creencia bien fundamentada, no por otra absurda; de allí que quien crea haber encontrado la verdad —esa creencia acorde a la realidad, a “lo que es”— este obligado moralmente a compartir su descubrimiento con otros; porque esto es lo que hará que la misma se esparza cual virus en pos de un cambio positivo. En este camino, seguirán habiendo comparaciones entre creencias, y esto es bueno, porque ayuda a corregir los desatinos, pero al mismo tiempo obliga a una constante vigilancia, porque no es conveniente cambiar una verdad por una mentira.

De lo anterior se desprende que un cambio individual de creencia es el principio de un posible cambio social y que las probabilidades de éxito de dicho cambio aumentan en la medida en que más individuos se hagan de ella; caso contrario, no habrá cambio. Por tal motivo, mi intención última con lo que se ha expresado no es otra cosa que incitar a la duda y a la reflexión, a pensar en las creencias que fundamentan nuestra existencia, porque nosotros no “tenemos creencias”, sino que “las somos” —nosotros somos nuestras creencias—; un human o pueblo es su creencia y el conjunto de decisiones y acciones que ha realizado en el pasado y realiza en el presente en base a ella. Esta es la razón por la cual las grandes revoluciones de la historia no han ocurrido primero por movimientos populares, sino por un cambio de creencias en la élite intelectual de la época, que luego fueron calando en la masa suficiente para llevar a cabo las revoluciones, para bien o para mal.

Si entendemos esto, comprenderemos que tenemos una responsabilidad, primero con nosotros, porque, tal como pensaban los filósofos griegos, no hay mayor virtud que ir en búsqueda de la verdad y vivir de acuerdo a sus preceptos, ya aprehendidos por nosotros, y segundo, con la sociedad venezolana. Mucho me temo que, si nuestra sociedad continúa con su estado de creencias, estará condenada a siglos de horrores como los que ha atravesado en el pasado y vive en el presente, o aún peor. Pero yo tengo fe de que sí se podrán cambiar sus convicciones mal fundamentadas por aquellas más congruentes con la realidad, más sensatas, más humans y menos pretenciosas, pretensiones que vienen de personas con complejo de Dios que creen tener las facultades suficientes para controlar a la sociedad a su gusto y antojo.

Por último, para concluir, la otra responsabilidad que tenemos es con la verdad; nos encontramos en una sociedad que pasó del culto a la razón al culto de la imbecilidad, donde son las subjetividades de cada persona la que pretende fijar los parámetros de la verdad, paradójicamente destruyéndola en el camino. Algunas son grotescas, fáciles de identificar, otras son sutiles y, por tanto, más peligrosas, porque se presentan tan bien… que la mentira llega a pasar a los espacios de nuestra mente con máscaras de certeza, y he allí donde cobra mayor valor la “reflexión filosófica”. Preparémonos, reflexionemos, no todo está dado, no todo está inventado, no todo está descubierto, no todo está bien, apelemos a la reflexión filosófica, porque es la única herramienta con la que contamos para ir más allá de lo visible y poder navegar en las vastas aguas de nuestra mente y poder construir mejores personas y, por extensión, una mejor sociedad.

Muchas gracias.

Sobre el Poder y la Imaginación

Por Leroy Garrett.

Las elecciones de 1940 en los Estados Unidos fueron dentro un tiempo no ordinario, según las describió la entonces primera dama Eleonor Roosevelt.

América, en lo interno curaba las heridas de la gran depresión, el mundo se había tornado peligroso —algo cotidiano para nosotros, pero inédito entonces—, Hitler controlaba las tres cuartas partes de Europa, Inglaterra asediada de milagro sobrevivía y clamaba por la ayuda norteamericana para no sucumbir ante los nazis.

A pesar de la corriente mayoritaria aislacionista entonces prevaleciente, la toma nazi de Europa y sus socios del eje, específicamente Japón, era una preocupación para la seguridad nacional de Estados Unidos.

El Presidente Roosevelt se mantuvo danzando el vals aislacionista, pero al unísono comenzó su ayuda al Reino Unido, para el mandatario era —y tuvo toda la razón— el garantizar la supervivencia de Inglaterra, vital para la continuidad de la civilización occidental que aún tenemos, ya el presidente veía como inminente la entrada de América al conflicto. Esa es la tarea del líder, ver más allá de quienes dirige.

Por aclamación, su partido (Demócrata) le postula para un tercer periodo sin precedentes, la economía y la nueva guerra en Europa eran los indicadores de popularidad.

El partido republicano, a quien le estalló la gran depresión estando en el poder, pasaba por uno de sus peores momentos, no supo o no pudo contribuir a remediar la depresión económica y un gran sector de aislacionistas controlaban el partido.

Sorpresivamente, emerge como contrincante a Roosevelt el abogado de Wall Street, Wendell Willkie, candidato republicano elegido al sexto conteo de la convención republicana de 1940, quien no hizo otra cosa en su campaña que repetir las mismas políticas propuestas por el presidente. Claro, Roosevelt fue electo de nuevo presidente por tercera vez, entonces, ¿Para qué necesitaban elegir una copia en vez de seguir apoyando el original?

Quien esto escribe desea desde lo profundo de mi ser que Edmundo González Urrutia sea electo presidente de Venezuela en julio próximo. ¡Es la hora de la expiación de los errores que nos trajeron a esta catástrofe y ponernos a reconstruir un país, punto! Sin embargo, no puedo dejar de, racionalmente, tener mis reservas, pues sigo creyendo que esta manga de hampones en el poder no salen con serpentinas y confetis. Pero eso es otra cosa.

Hace días escuché declarar a nuestro candidato de “mejorar el CLAP”, y aún siento náuseas al recordarlo, no me lo podía creer. El ejercicio de poder que reemplace esta pesadilla debe ser innovador, debe reconciliar a Venezuela con la economía mundial, debe proponerse a convertir a un universo elegido de mendigos que reciben una caja de comida en mal estado, a ser a una sociedad de consumidores.

Si Edmundo González dijo eso de las CLAP, es una afirmación suicida, ya que está diciendo que el chavismo sigue representando la visión de la Venezuela que queremos, entonces, si son tan buenos ¿Por qué los vamos a reemplazar? ¿Para qué elegir a Willkie si quiere hacer lo mismo que Roosevelt? 

No más comentarios por ahora.

Construir o reconstruir una Nación

Por Leroy Garrett.

Esta semana se conmemoran ochenta años del “D Day”, o como la conocemos en castellano: «la invasión aliada a Normandía», el día que marco el final del nazismo, y el principio del fin de la segunda guerra mundial, que definitivamente finalizaría con las descargas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

El delirio psicopático de Hitler cegaría la vida de sesenta millones de personas, casi la aniquilación de los judíos y la cuasi desaparición de cualquier indicio de infraestructura en Europa.

En la vía de celebrar un siglo de tan terribles hechos, y vista la lograda capacidad de total exterminio conseguida por medio de las armas nucleares, las guerras de los siguientes años hasta el presente siglo, son segmentadas, circunscritas a escenarios específicos, tengan o no, o se consigan o no, los objetivos esperados.

El mundo ha estado al borde de la guerra final en varias oportunidades, la más destacada es la crisis de los misiles de 1962, y ahora cuando los apetitos nacionalistas, racistas y los comunistas, no ya campeones de la igualdad, sino flagrantemente una asociación para delinquir ligados a los peores intereses del planeta.

La democracia peligra en el orbe cuando da su espalda a la gente su propósito de ser. Pero antes de que la guerra fría —o la primera de ellas— cayera en la década de los 90s, la reconstrucción europea devino a ser la prioridad de los victoriosos.

El fundamento de la economía esta en la recuperación de la gente, no los edificios, e infraestructuras, es el pueblo la prioridad. Y ese fue el destino de lo que vino después a ser conocido como el plan Marshall, ese momento altruista de la postguerra, donde se dio de comer a las víctimas sobrevivientes de la Europa devastada primeramente, y ellos ya restaurados, acometieron la tarea de reconstruir sus naciones.

Venezuela, en mes y medio tendrá elecciones, sigue el voto —a pesar de que las condiciones impuestas por los que mandan se mantienen sin cambios material alguno— siendo esa fuerza que promete el vehículo de la esperanza.

Sin embargo, con preocupación vemos que el posible gobierno emergente de Edmundo González, y quienes pretenden dirigirlo, nada explican que pasará con la gente, al contrario, los cambios son institucionales, genéricos, macros o sistemáticos y el individuo no es ni mencionado, ni estimado, ni destinatario de las políticas por venir.

Entonces, surge la pregunta: ¿No se mencionan reparos por sectores específicos detallados o individualizados? Hay muchas víctimas entre el chavismo, los maestros, los funcionarios de carrera administrativa, las víctimas del holocausto petrolero de inicios del 2000, todas estos perjudicados fueron privados de su manera de vivir, y de la esperanza de cuando sus fuerzas biológicas mermaran disfrutar de sus arreglos de retiro, el chavismo arrasó dicha esperanza y expectativa de vivir, entonces, ¿Por qué condenar a quienes buscan la justicia merecida antes las instancias que sean necesarias? ¿Por qué forzarlos a aguardar una decisión de recompensa remota e incierta?

Además, ¿Cuándo en Venezuela seremos una nación de verdad y no un grupo de gente afín por el gusto de la hallaca, el béisbol, la gaita o la vinotinto? Y aspiremos a ser el grupo humano compasivo y sensible a nuestros hermanos, donde la Solidaridad inmediata nos hace nación porque primero viene la gente, curar sus heridas, a través del reparo económico sanador, en un gobierno comprometido por y para la gente, que ofrezca en adelante la mayor suma de felicidad posible.

Es así que se construye o se reconstruyen las naciones, ¡No condenándolas a un después!

Venezuela, segundo productor mundial de café

Por Diego Mendoza, periodista, con textos publicados en La ventana rota, Diario La Nación del Táchira y director de La Ventana Rota Podcast.

De 1860 en adelante, la producción y exportación de este rubro en los estados andinos creció a tal punto que fue el motor de la creación de empresas, casas comerciales, caminos y vías férreas.

Si bien el café ya se producía para su comercialización en diferentes estados del país, sería después de la segunda mitad del siglo XIX cuando cobra una importante relevancia en la economía nacional, llegando a convertirse en el principal producto de exportación. 

Táchira, Mérida, Trujillo, y en una menor medida Lara, hicieron de la actividad cafetalera la impulsora del desarrollo de una región que junto al Zulia, funcionó como una especie de comunidad de estados, que florecían gracias a los lazos de la red comercial que incluso se extendió a los departamentos colombianos de Santander y Norte de Santander.

Ya para 1896, Venezuela se convirtió en el segundo productor mundial de café, sólo superado por Brasil. A su vez, era el primero entre los grandes productores mundiales de cafés suaves, como apunta el blog Minuta Agropecuaria.

Cuadro tomado de Jesús Mora Contreras en su ensayo La estructura económica venezolana que encontró la industria petrolera: una aproximación.

En este panorama de permanente flujo de mercancías, el Zulia jugó un papel importante, puesto que en Maracaibo se encontraba el puerto del cual zarpaban barcos cargados con fardos de café con destino a los mercados de Europa y Estados Unidos, hecho que puso en el mapa de muchas casas comerciales a estos estados al occidente de Venezuela que poca relación mantenían con los estados orientales y de la costa central, muchos de estos afectados por permanentes revueltas como la Guerra Federal (1859 – 1863).

La actividad cafetalera que logró prosperar en esta zona del país, condujo a que para 1921, existiera en Maracaibo, el Banco de Maracaibo, el Banco Comercial de Maracaibo, una agencia del Banco de Venezuela, una sucursal del Banco Mercantil Americano de Caracas, y de The Royal Bank of Canada, y una agencia de The National City Bank of New York, más las casas comerciales establecidas por alemanes e ingleses, según reseña Jesús Mora Contreras en su ensayo La estructura económica venezolana que encontró la industria petrolera: una aproximación.

A su vez, hizo que en el Táchira se iniciara la construcción y el mejoramiento de caminos a través del trabajo conjunto entre dueños de haciendas y casas comerciales con las Juntas Directivas de Fomento de carácter gubernamental, como apunta Elma Hernández Amaya en el ensayo Caminos, carreteras y comercio del Café en la Frontera colombo – venezolana en el Siglo XIX.

Así mismo, fue gracias al auge de este rubro que se fundó el pueblo de Rubio, en Táchira, y que Tovar en Mérida, desplegó una actividad comercial que supera por mucho a la de la capital merideña, como sugiere Jesús Mora Contreras en su mencionado trabajo.

Sumado a ello, hizo que capitales privados emprendieron la construcción del llamado Gran Ferrocarril del Táchira y del Ferrocarril de La Ceiba, aunque, tiempo después, el primero gozó de privilegios dados por el estado para fomentar su uso, y que terminan elevando los costes sobre el transporte, como reseña Elma Hernández Amaya.

Todo lo mencionado es lo que a su vez conduce a que en 1921 se realizara en el Táchira el primer Congreso de Agricultores, Ganaderos, Industriales y Comerciantes de Venezuela, como apunta Mora.

Es pues, el café, el motor de desarrollo que perdura más o menos hasta la segunda mitad del siglo XXI en Venezuela. Todo un proceso que condujo a que se creara de manera espontánea y descentralizada una red comercial que se extendía hasta suelo colombiano y que colocó a los estados andinos en boca de capitalistas de Europa y Norteamérica, a la vez que sus habitantes iban mejorando su calidad de vida.