Charles Taylor, quien asumió la presidencia de Liberia en 1997 tras una elección controvertida en medio de la posguerra de la Primera Guerra Civil Liberiana (1989-1996), transformó rápidamente un frágil proceso de paz en un ciclo vicioso de represión, corrupción y violencia. Su gobierno no solo perpetuó la inestabilidad, sino que la provocó activamente como herramienta de control.
Taylor, un exguerrillero respaldado inicialmente por Libia, gobernó con mano de hierro: purgó al ejército de opositores, orquestó masacres étnicas (como la de 1998 contra los krahn en Monrovia, que dejó cientos de muertos y desplazados) y financió su régimen con el saqueo de recursos naturales, como “diamantes de sangre” y madera, que también usó para apoyar a rebeldes en Sierra Leona, exacerbando conflictos regionales.
Aparece entonces la inefable anarquía endémica: facciones armadas proliferaron, la economía colapsó (con un PIB per cápita cayendo a niveles desesperados), y la población civil sufrió atrocidades sistemáticas, incluyendo el reclutamiento de niños y violaciones masivas. La insurrección no fue un accidente, sino una consecuencia directa de sus políticas dictatoriales.
El colapso de Taylor en 2003 fue precipitado por una confluencia de presiones internas y externas. Rebeldes de LURD y MODEL sitiaron Monrovia en junio, causando caos humanitario que atrajo atención global. El detonante internacional fue el indictment del 4 de junio de 2003 por el Tribunal Especial para Sierra Leona, acusándolo de crímenes contra la humanidad. Bajo presión de Estados Unidos (que, aunque lo consideró, no desplegó tropas masivas) y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS), Taylor renunció el 11 de agosto y se exilió en Nigeria, cediendo el poder a su vicepresidente Moses Blah. Una semana después, se firmó el Acuerdo Integral de Paz de Accra, que allanó el camino para un gobierno transicional liderado por Gyude Bryant.
Aquí entra un inédito, pero sin precedentes, efectivo apoyo supranacional con rango cogobernante para la naciente democracia, que fue crucial para desarmar a la población y normalizar el país. La ONU autorizó la Misión de las Naciones Unidas en Liberia (UNMIL) el 19 de septiembre de 2003, desplegando inicialmente 3.500 cascos azules (¡Aumentados a 15.000!), con un mandato explícito para apoyar el alto al fuego, el desarme, la desmovilización y la reintegración (DDR) de combatientes.
EE. UU. contribuyó con apoyo logístico y tropas limitadas, mientras ECOWAS proporcionó la fuerza inicial (ECOMIL). El proceso de DDR comenzó en diciembre de 2003: se desarmaron unos 100.000 combatientes (incluyendo miles de niños soldados), destruyéndose más de 70.000 armas en bonfires simbólicas. Además, las sanciones de la ONU congelaron activos de Taylor y su red, cortando flujos de “diamantes de sangre” y armas.
La normalización fue gradual pero transformadora. Bajo UNMIL, se estabilizó Monrovia, se facilitó el retorno de refugiados y se allanó el terreno para elecciones democráticas en 2005, que llevaron al poder an Ellen Johnson Sirleaf, la primera mujer presidenta de África.
¿Ven mis lectores los lugares comunes con la situación venezolana?
Hago un llamado a la Señora María Corina Machado; este humilde cronista admira cómo la mayoría su lucha en favor de los Venezolanos. Usted debería ser por méritos inequívocos la líder de nuestra transición democrática. Este compatriota ve con simpatía verla dirigiendo los destinos de la patria por venir.
Si bien, hago votos que la impunidad no sea la receta de su gobierno en ciernes, porque esta condena a muerte la democracia, hago votos igualmente para que su plan de gobierno contemple mecanismos supranacionales coadyuvantes a la gobernabilidad parecidos a la Liberia post Taylor, aunado a una indispensable creación de una Comisión de la verdad y un Trubunal Especialísimo que juzgue la tradición más pavorosa hecha al pueblo de Venezuela.
Edmundo González es ya una figura de curiosa tintura en la historia reciente venezolana. Su ascenso a la presidencia fue un empujón chavista que la aún legitima sucesora del poder (La Señora Machado) tuvo que consentir para realizar otra elección que no llevaría a una entrega pacífica del poder.
—Ojo, la acción militar americana en el Caribe es para detener el tonelaje de droga salida de Venezuela que mucho les afecta a ellos. Luchemos por una narrativa veraz.—
El Señor González debe explicar al país por qué, si la operación militar americana termina de ayudar al cambio político por décadas anhelado, no ha reclamado el poder bajo juramento o designado un gobierno en el exterior a lo De Gaulle preparado para asumir el control con la ayuda de las Armas de América -en un país subversivo en sí mismo- desde el día 1.
Eso pasa por la cuestión previa de explicarle a los venezolanos que firmó a los hermanitos (Siniestros) Rodríguez antes de instalarse en España. Vista las sombras ante el posible cambio aguijoneado por la flota del comando sur, es, de facto, la señora Machado y no este personaje —ambivalente de presencia espasmódica y gran incredulidad— el presidente en espera de Venezuela.
En días pasados, este señor González ha tenido las táparas —vocablo criollo— de declarar y darle el placer para que el dictador se vaya a disfrutar sus ganancias al “exterior”. El escape de los tiranos es previsible, pero en indulgencia inaceptable. Ellos no pueden ser aún encarcelados y juzgados en un territorio donde el poder judicial dejó de existir hace mucho tiempo.
Pero es deber indispensable buscarlos, capturarlos y llevarlos a la justicia donde se encuentran, donde pertenezcan. Si dañaron a la nación, ¡Deben pagar por sus crímenes!
Pero, si Venezuela en su nueva dirigencia no es capaz o no quiere sentar las bases para un escarmiento bajo juicios justos encabezados por la procura judicial de una Comisión de la Verdad que compile las causas procesadas por un tribunal especialísimo que se encargará de substanciar y sentenciar, entonces tenemos que estar preparados a retornar a una Nicaragua post Violeta Chamorro —mis lectores saben a ciencia cierta lo que digo—.
La soberanía, el Estado de derecho, el fortalecimiento de las instituciones, y la continuidad de un sistema judicial justo pasa por el compromiso político supremo de otorgar a la República Jueces naturales con absoluta independencia.
Ya debemos dejar de padecer la vergüenza de tener que administrar justicia en otros foros, ajenos a nosotros y tampoco nada amigables. Por ejemplo, este servidor, al tener que defender a la sufrida familia petrolera, ante la avaricia de extraños opositores y chavistas, entonces tenemos por ahora que conformarnos con el desdén que hacen por nosotros la jurisdicción americana o el arresto inglés del epítome engendrado del colaboracionismo (Chavismo; Betancourt López).
Luchemos por el restablecimiento provisional o enmendado de la Constitución Representativa, Responsable y Alternativa de 1961, la creación de una Comisión de la Verdad, con atributos de substanciación en instrucción, un Tribunal Especialísimo de Causas de Corrupción y Lesa Humanidad.
Querer vivir en democracia es aborrecer la impunidad ¡DIGAMOS «NO» A LA IMPUNIDAD!
Valentina Gómez es economista (UCAB), fundadora Impulsa Tu Economía, y coordinadora local senior de EsLibertad Venezuela. En todos sus espacios, aprovecha cada oportunidad para reflexionar sobre las ideas de la libertad y empoderar a quienes le rodean.
“La educación formal nos da las herramientas para ser más racionales, críticos y competentes. Nos enseña a resolver problemas, analizar y entender lo que nos rodea. Sin embargo, no siempre nos enseña a desarrollar la empatía, la compasión o la solidaridad.”
Valentina Gómez
Hace poco leí una frase que me hizo reflexionar: “ La violencia no es algo aleatorio, es una respuesta desesperada a un sistema de desigualdades que ha fallado”. En este artículo analizaremos los motivos que han impulsado la violencia como recurso ante las diferencias, mi punto de vista y una posible solución. Resulta inquietante pensar en el futuro de una sociedad que continúe así.
Kirk era activista; realmente no importa su ideología. Lo que realmente importa es que su única arma era un micrófono y fue asesinado por miedo a su capacidad de influir. ¿A cuántos de nosotros nos gusta opinar? ¿Cuántos de nosotros ha tenido una opinión distinta a la de un grupo de personas? La opinión es un derecho, al perderse se pierde la libertad. Atacar la libertad de expresión es atacar la libertad de pensamiento, atentar contra la democracia y, poco a poco, eliminar rastro de oposición con el fin de adoctrinar a la población. De continuar de esta manera se normalizará esta opción para silenciar a los demás.
Al igual que Kirk, Miguel Uribe Turbay también fue silenciado. Ambos compartían la misma arma. Nadie debería ser atacado en un momento de exposición pública, es como disparar por la espalda, tu oponente no está alerta, mucho menos preparado o en igualdad de posición. Es desgarrador que esto ocurra y que hablar se convierta en un acto de rebeldía.
Miguel Uribe, excandidato presidencial asesinado en Colombia
¿Qué que motiva a las personas al uso de la violencia?
Como dice Corey Robin en su libro: “El miedo: historia de una idea política”, el miedo no es solo algo que existe en las personas, sino que es un instrumento para mantener el statu quo y perpetuar el dominio de las élites sobre el resto de la sociedad.
Amnistía Internacional y Human Rights Watch concuerdan en que el objetivo es evitar que se difundan ideas que promueven la justicia social, la defensa de los derechos humanos y la rendición de cuentas.
En resumen, uno de los motivos principales y más importante de estos actos es el miedo a las ideas del activista o político, se utiliza como control social. Suele ocurrir que estos actos son realizados por personas extremistas y manipuladas por una figura de autoridad o una creencia que les dice que violencia es la única respuesta. Una persona así está desvinculado a la creencia de que Dios existe, una persona que cree en el Dios católico, no mataría.
Ahora, hay un escritor que realizó uno de los mejores libros que he leído en mi vida, Yuval Noah Harari escribió: “Sapiens: De animales a dioses”. En este explica la creación de la creencia de que Dios existe, por qué es importante que creamos en un ser superior y cómo esta creencia nos ha formado como mejores seres humanos, alejándonos de nuestros instintos más primitivos.
Recordemos que los seres humanos somos animales. Lo que nos diferencia de otros animales es nuestra capacidad de razonar, discernir entre lo bueno y lo malo y poder tomar decisiones que nos den un mejor resultado en la vida. Creer en Dios es importante para temerle a algo más grande y poderoso que nosotros, por décadas nos ha salvado de conflictos y alejado de antiguas normas sociales.
Una de esas normas que se ha ido eliminando es la poligamia. Cuando un hombre tiene varias mujeres, su vida se vuelve caótica y genera conflictos en su entorno. Al tener una sola pareja, su atención puede enfocarse en cuidar a su familia, ser un mejor padre y un mejor ser humano. En pocas palabras, la creencia en Dios ha sido un factor crucial para ordenar la sociedad. Ha permitido que vivamos de una manera más organizada y menos primitiva.
Harari lo explica en su libro con algo como: «Dios no existe, pero no se lo digas a mi jardinero, porque me mataría». La frase del «jardinero» ilustra que, aunque una creencia sea una ficción, el miedo a las consecuencias de esa creencia es muy real. El jardinero no mataría a su jefe porque exista un dios, sino porque cree en las reglas, las leyes o los castigos que esa creencia impone. Es el miedo a la ira divina, o a la condena social, lo que lo mantiene obediente.
Aunque no creas en Dios, es necesario promover los valores que la religión ha inculcado en la sociedad, como el respeto, la tolerancia y la cooperación, ya que la educación por sí sola no es suficiente.
La educación formal nos da las herramientas para ser más racionales, críticos y competentes. Nos enseña a resolver problemas, analizar y entender lo que nos rodea. Sin embargo, no siempre nos enseña a desarrollar la empatía, la compasión o la solidaridad. Un asesino, por ejemplo, puede ser una persona muy educada, pero sus actos demuestran una total falta de valores morales. En cambio, la religión nos enseña a sentir, a ponernos en el lugar del otro y a actuar con empatía y compasión.
Hoy en día, cada vez más personas se identifican como no religiosas. Si bien es cierto que la idea de un solo camino a la verdad puede llevar a la intolerancia y a la violencia, la forma en que se interprete y se aplique esa creencia es crucial. Si aplicamos el entendimiento, podremos mejorar esta creencia y, con ella, a nuestra sociedad.
¿Estás de acuerdo? ¿Qué más podemos hacer para mejorar la sociedad?
El mundo se sacude con el Asesinato del activista republicano Charlie Kirk. El resultado de esta muerte a bala afecta, como cada incidente parecido, contra vidas inocentes, porque el hecho de estar a favor o encontrar de la segunda enmienda no te protege de las balas.
El problema va más allá del uso, abuso o porte de armas, detentarlas es la antesala al gatillo que dispara la desgracia, sus causas son complejas.
La muerte de Kirk sacude el mero centro de los valores de Norteamérica. Charlie y sus ideas eran su vida, el escogió debatirlas y estaba en su derecho hacerlo, y no conforme con ello, fue un individuo que vivió en un sistema que espera de todos sus habitantes ser parte del sistema político activamente participando en él.
El activista republicano abrazo ese derecho y defendió sus ideas de cómo debía ser la nación que él quería, y si nos gustaba todo o parte de su prédica, principalmente debatidas en el centro genuino de las ideas e ideales: los centros universitarios, esa aceptación o rechazo es irrelevante y nadie tiene el derecho de adjudicarse haber apagado su vos.
En el espectro político he escuchado líderes de ambos bandos condenar y afirmar que América no es así. Eso es falso y solamente si sumamos las muertes recientes y remotas de personajes irrelevantes —o no—, todos inocentes de su desgracia sellada a balazos. La cuenta es espeluznante y repetitiva.
Dentro de las cosas que ya sabemos del capturado sospechoso asesino, allende de provenir de un núcleo familiar conservador y de preocupantes preferencias sexuales, son los mensajes encontrados en sus balas.
Especialmente la marcada “Bella Ciao”. Tal parece probable que la inscripción “Bella Ciao” refleje una ideología anti-sistema inspirada en La Casa de Papel (Serie de Netflix) y su simbolismo partisano, ¿Qué podría haber motivado el odio de Robinson hacia Kirk?
Kirk, como figura pro-Trump y conservadora, representaba para algunos el “sistema” opresivo: defendía valores como el control de armas, el nacionalismo y críticas al cambio climático, lo que lo hacía un objetivo para alguien con inclinaciones anti-fascistas o anti-establishment.
Aunque el sospechoso proviene de un hogar republicano, su radicalización reciente (posiblemente vía online) lo llevó a ver a Kirk como un “fascista” simbólico, alineado con el tono rebelde de la serie. El gobernador Cox y analistas como Carlo Pestelli (experto en la canción) describen “Bella Ciao” como un “ovillo de hilos” cultural, que en contextos modernos como Netflix se usa para denunciar tiranías.
Al terminar esta nota, la investigación continúa la y aún falta para confirmar motivaciones. Algunos posts en X especulan que podría ser una “falsa bandera” o influencia de la “izquierda radical”, pero las evidencias apuntan a una radicalización individual, no afiliada a Antifa u otros grupos organizados.
En otra palabra un neo-anarquismo. En la serie La Casa de Papel, la primera serie mega global de Netflix en habla no inglesa, sus protagonistas eran considerados por ellos mismos delincuentes, pero además de la riqueza aspirada por ellos en el “atraco perfecto” había una ética entre todos compartida “anti-sistema” que le otorgaban al grupo una pseudo ética moral con rango heroico atractivo a la audiencia.
Si comparamos esta motivación de ellos, tanto el indiciado en la matanza de Kirk y asesinato aparentemente perpetrado por Luigi Mangione, el joven de 27 años acusado de matar a Brian Thompson, CEO de UnitedHealthcare, el 4 de diciembre de 2024 en Nueva York, ambos incidentes han sido calificados como “asesinatos políticos” o “asesinatos en frío” motivados por ideologías anti-sistema.
Por desgracia pareciera ser que por ahí van los tiros.
A un año de las fallidas elecciones del 28 de julio del año pasado, el escenario geopolítico ha dado un vuelco. La designación del gobierno como organización terrorista, la condena a su negocio alterno al petrolero y la presencia de la flota de guerra norteamericana más grande y autosuficiente jamás movilizada en el Caribe dan cuenta de un punto de quiebre culminante, pero no necesariamente expedito.
La asociación del régimen a las causas más condenables de la humanidad le otorgan un peso militar específico, sus alianzas regionales (Cuba) y mundiales (Rusia y China) podrían convertir a nuestro territorio en la respuesta de la guerra proxy, un formato que prolongó la agonía de Assad en Siria.
El arribo de Chávez al poder produce las condiciones de una guerra civil hasta ahora contenida con el pacto secreto y descarado con el tinglado del colaboracionismo. Pero el evidente vacío de representación y liderazgo de la oposición podría generar espontáneamente una fuerza de insurrección hacia al chavismo comparable con el caso libio o, más atrás, la insurgencia española al reinado de Pepe Botella Bonaparte en el siglo XIV.
Ya la dictadura subversiva, en sí misma, tiene sus grupos en Armas entre criollos e importados, lo cual limita la decisión de las Armas de EE. UU. a atacar con todo el poder de sus capacidades. Por ahora.
Es bien sencillo, no se quieren dar el lujo de hacer de Caracas una nueva Bagdad y no encontrar en la incursión al Saddam tropical.
Pero el escenario pavoroso para la población civil y el resto de la superviviente infraestructura nacional es un ataque teledirigido con misiles con objetivos quirúrgicos que liquidar, por ejemplo, laboratorios y centros de acopio.
Ante una dirigencia que a la que poco importa la felicidad de los ciudadanos (Régimen y colaboradores) la subversión buscaría utilizar a la población civil como escudo, ¿Aleppo, Damasco o más cerca Gaza?
Es necesario recordar que Siria comenzó como protestas en 2011 y escaló a un conflicto total con intervención extranjera, resultando en la deposición de Assad en 2024. Una década de hostilidades Sirias, incontables muertes, destruccion total, estoy convencido de que no es lo que busca la misión militar Norteamericana en el Caribe.
Pero eso ni impide, ni previene, que la liberación del territorio de Venezuela pueda ser un proceso agónico enmarcado en controlar el narcotrafico, asegurar sanciones y destruir lo ilícito. El otro problema que cabe señalar, y sin duda conocido por EE. UU., es ¿Quien eventualmente reemplazaría al chavismo? Ese es también un mayor problema.
«¡Leopoldo traidor!» No fue un insulto improvisado, sino un grito que condensó años de frustración, engaños y heridas abiertas. Surgió en pleno vuelo, como si la altitud diera más fuerza a la verdad que tantos callaron. Esa voz, temblorosa por la rabia, pero firme en el mensaje, no pertenecía a un desconocido: era uno de los miembros fundadores de URVEX, y en pocas palabras resumió nuestra política de resistencia —rastrear, exponer y llevar ante la justicia a todos los criminales chavistas… y a sus cómplices.
Porque, si los tiranos narcotraficantes que encarcelan, torturan y asesinan a nuestro pueblo merecen las penas más severas, ¿Acaso no merecen igual condena quienes vendieron nuestra libertad? No hay diferencia entre el narco-chavismo y la narco-oposición. Durante 26 años de tiranía, las hordas chavistas golpeaban y asesinaban, mientras sus supuestos opositores delataban, negociaban y cobraban por tan ruin servicio.
La historia enseña que la traición es el peor de los males para los pueblos libres. Lo supo Roma en el año 139 a.C., cuando el caudillo militar Viriato se había constituido como el principal obstáculo que tenían los romanos para conquistar la península ibérica. Tres de sus más cercanos lugartenientes le asesinaron mientras dormía, para congraciarse con la república romana y cobrar una cuantiosa recompensa. Cuando fueron a dar cuenta de lo sucedido ante las autoridades romanas, el procónsul Cepión los condena con la famosa frase “Roma no paga traidores”.
Pues… Venezuela tampoco.
Conviene recordar que la traición siempre ha sido considerada como uno de los peores males en las sociedades preclaras. Precisamente porque la traición es la puerta de entrada a las mayores corrupciones morales.
Por eso, como miembro de URVEX, respaldo y celebro la denuncia valiente de nuestro compañero, y reivindico el escrache como método pacífico y legítimo de resistencia. Es hora de reproducirlo contra todos esos intocables que viven en lujosos barrios europeos a costa de la tragedia venezolana. El dinero que financia sus vidas de mantuanos decimonónicos está manchado con la sangre de miles de compatriotas que claman justicia.
¿Qué importan un par de gritos? El escándalo que reciban es poca cosa frente al juicio que merecen. La resistencia no es un acto aislado, es una voluntad diaria: en los aviones, en las tertulias, en los foros, en los cafés, en los tribunales y, por supuesto, en las calles. Porque mientras el chavismo siga enlutando hogares, robando futuros y exiliando familias, no nos quedaremos callados. Y que lo sepan: no habrá refugio ni cobijo para criminales ni traidores.
Oriana Aranguren estudia Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
“la autoridad sobre el niño no debe ser vista como propiedad ni como mandato, sino como una custodia temporal orientada a cultivar la futura autonomía del menor, una que debe concebirse como una forma de custodia funcional y revocable, cuyo único fin es permitir que el niño alcance su autonomía lo antes y mejor posible”
Oriana Aranguren
Una de las contadas falencias de la teoría liberal y/o libertaria es que es una filosofía para adultos, en el sentido en el que pretende resolver problemas o conflictos de personas que tengan sus facultades de juicio bien desarrolladas, o la madurez que solo se alcanza con el tiempo, dejando poco o nada de teoría para solucionar asuntos que competen a los infantes. En este marco, entonces, me propongo en este ensayo crear una especie de guía para una teoría libertaria sobre la infancia y la libertad, dejando en claro que, puesto que es un tema que podría dar para un libro entero —quizá lo haga en un futuro, porque es de los temas que personalmente me interesa mucho—, esto no pretende ser una teoría irrefutable, absoluta, sino más bien una guía que puede permitir a otros abordar el asunto de forma robusta, teniendo una brújula y un mapa que les sirva en el camino al desarrollo teórico.
Asimismo, para no hacer esto muy largo y fácil de leer, dividiré el tema en 5 partes, las cuales permitirán construir una teoría coherente sobre la infancia, en la que la autoridad sobre los niños sea compatible con los principios de libertad individual, propiedad de sí, y derechos negativos. La primera parte abordaré el tema sobre el vacío del liberalismo sobre la infancia y la libertad; en la segunda parte, tocaré el tema de la ética del cuidado y los límites morales de la autoridad parental; en la tercera, daré las bases, groso modo, para una teoría jurídica de los derechos del niño; luego, en la cuarta parte, hablaré de las implicaciones para la educación y la formación del juicio crítico; y termino por hacer una propuesta institucional para una pedagogía libertaria y emancipadora —este último ligado un poco a la educación, porque, a mi juicio, tiene mucho que ver en este tema—.
Con esto en mente, comencemos la primera parte.
El gran vacío teórico del liberalismo sobre la infancia
En el liberalismo clásico y el libertarismo, el individuo es visto como un ser racional, autónomo y propietario de sí mismo —podemos verlo desde Locke hasta Rothbard, quienes ven la libertad como la no interferencia en las decisiones del individuo, y la legitimidad del poder se supedita al consentimiento explícito o implícito de quien lo recibe, en donde el sujeto político siempre aparece como un adulto racional, capaz de tomar decisiones por sí mismo—. Sin embargo, esta concepción —a veces un tanto mítica— tropieza con una figura incómoda, casi olvidada, que desafía todos sus supuestos: el niño, en la medida en que estos no son plenamente racionales, no pueden consentir válidamente, no poseen autonomía funcional, y no obstante son sujetos sobre los cuales se ejerce autoridad legítima.
Así, entonces, el liberalismo puede que esté partiendo de una ficción metodológica —el individuo ya formado—, o al menos incompleta, para hacer sus propuestas. Si bien puede que la misma sea útil para construir modelos normativos, está desconociendo —u oscureciendo, no mostrando— la realidad biográfica y psicológica de los seres humanos, que es el hecho de que todos nacemos dependientes y vulnerables. Por tanto, la infancia representa un problema teórico de primer orden para el liberalismo, porque, ¿Cómo se justifica la autoridad parental, la educación obligatoria o la exclusión del niño de los pactos sociales, sin traicionar sus principios fundamentales sobre el “individuo”? Desde nuestro espectro ideológico, en su mayoría, no se ha explicado cómo se pasa de la infancia a la ciudadanía plena —aunque algunos se han centrado en la educación libre, no obligatoria, como necesaria para el buen desarrollo del niño y el individuo, no lo han hecho con intención de tratar el asunto directamente, si no, nuevamente, por temas de moralidad y el respeto al proyecto de vida de adultos, o de padres hacia sus hijos, olvidándose de estos últimos, en cuanto ser individual—. No se ha formulado con claridad quién tiene autoridad sobre los niños, por qué, hasta cuándo, y con qué límites, dejando asa zona a la tradición, a la costumbre, o al Estado —si es que cabe en ello—, generando muchas veces polémicas[1] o contradicciones que aún no ha resuelto.
La autonomía, el consentimiento y la fragilidad de la infancia
Para comenzar con las bases, estimo necesario aclarar que la autonomía no es un código binario de sís y nos —sí/no—, sino un continuo, por lo que la pregunta no debería ser si los niños son autónomos, sino cuánto, cuándo, en qué ámbitos y con qué condiciones empiezan mostrarse más maduros. Es decir, ¿Qué criterios definen la madurez? ¿Quién los evalúa? ¿Cómo evitar que esa excepción se convierta en excusa para la dominación arbitraria de, por ejemplo, por ser los más directos, los padres? Estas preguntas son importantes si recordamos que desde el libertarismo se defiende que se ha de respetar la capacidad de dirigir la propia vida de cada individuo sin coacción externa, por lo cual cabe preguntarse, ¿En qué nivel el infante o adolescente puede dirigir su vida y, en consecuencia, en qué grado ha de respetarse dicha condición?
Otro punto a tener en cuenta es que los niños no pueden consentir válidamente muchas de las cosas que los adultos sí pueden: contratos, relaciones sexuales, votaciones, transacciones económicas, lo cual genera una paradoja: nosotros defendemos que la imposición sin consentimiento es ilegítima, pero al mismo tiempo se avala múltiples formas de autoridad sobre seres que no pueden consentir aún —y si el consentimiento es el mecanismo que legitima el poder, entonces puede que estemos hablando, partiendo de estas premisas, de poderes ilegítimos—[2]. Por tanto, sin una teoría libertaria del desarrollo del niño, la tutela puede fácilmente derivar en dominación, e incluso justificar abusos físicos, psicológicos o epistémicos bajo el pretexto de “protección” o “educación”.
La autoridad como custodia
A este respecto, creo que podríamos comenzar a dilucidar la cuestión si partimos de la idea de que la autoridad sobre el niño no debe ser vista como propiedad ni como mandato, sino como una custodia temporal orientada a cultivar la futura autonomía del menor, una que debe concebirse como una forma de custodia funcional y revocable, cuyo único fin es permitir que el niño alcance su autonomía lo antes y mejor posible. En este sentido, dicha custodia no sería un derecho absoluto, sino una delegación derivada del derecho del niño a alcanzar su plena libertad, implicando lo siguiente: (1) la autoridad parental queda justificada por la incapacidad temporal del niño, no por tradición ni biología; (2) el niño es un sujeto de derechos desde el nacimiento —o desde la concepción; ya eso es un debate para otro día y no compete a este texto—, aunque no tenga aún plena agencia; (3) todo ejercicio de poder sobre el niño debe estar orientado a su empoderamiento progresivo, no a su domesticación; y (4) en lugar de ver al niño como un “no-ciudadano”, lo vemos como un ciudadano en desarrollo, cuyo cuerpo y mente deben ser respetados como semillas de una libertad futura que ya tiene valor moral en sí misma.
De este modo, al redefinir la relación entre adultos y niños bajo el concepto de una custodia orientada a la emancipación, logramos resolver la aparente paradoja que la infancia presenta al liberalismo, porque la autoridad sobre el infante ya no se fundamenta en una ficción de propiedad o en una tradición arbitraria, sino en el deber de cultivar la libertad futura de un individuo —el poder está puesto al servicio de su desarrollo—.
Asimismo, la autoridad parental queda legitimada por la fidelidad al mandato de los representantes por empoderar al infante hasta que pueda consentir por sí mismo, como un ciudadano libre y soberano, por lo cual no depende del consentimiento del infante, sino de su fidelidad al mandato de empoderarlo hasta que pueda consentir por sí mismo, como un ciudadano libre y soberano.
Continuará…
[1] Tan solo vean el caso de Rothbard hablando de los derechos del niño y la posibilidad de que los padres puedan comerciar con ellos, en su obra: “La ética de la libertad”, capítulo 14.
[2] En su momento, Rothbard sostuvo que los niños son personas con derechos negativos, y que los padres no los poseen como propiedad, sino que tienen un contrato implícito de tutela hasta que el niño sea capaz de ejercer su autogobierno[2]. Pero en ningún momento desarrolla con claridad el cómo medir esa capacidad, ni qué límites tiene la autoridad paterna sobre el niño, cayendo nuevamente en el vacío.
En el aniversario del circo electoral por el circo electoral llevado a cabo el 28 de julio de 2024, la dirigente de Vente Venezuela, vendida por muchos como la salvadora de Venezuela, María Corina Machado (MCM), ha sacado un video muy previsible que, aunque pretende ser una fuente de inspiración y preparación para sus seguidores —aparentemente, cada día menos—, en realidad constituye una falta de respeto para la causa venezolana. En este escenario, tomo nota de todas las incoherencias y/o mentiras dichas en el video de 8 minutos, y haré un contraste con los hechos.
MCM dice —y yo respondo, con ítems—:
“Esta es la generación mejor preparada de nuestra historia para conquistar la libertad, porque la llevamos grabada en nuestro ADN, en lo más profundo del alma venezolana, junto a la dignidad y a los valores familiares.” (00:29-00:43).
Nuevamente, MCM habla con misticismo y apela a un esencialismo determinista, como si no fuera necesaria la acción consciente de muchos individuos para alcanzar el objetivo, porque “lo llevamos en el ADN, en lo más profundo del alma venezolana”. Claro, si lo llevamos en el ADN, en el momento adecuado, “todos sabrán qué hacer”. Empero, yo pregunto dos cosas:
¿Qué carajos tiene que ver el ADN con un proceso histórico, social y político, que, por lógica, está delineado por la decisión de los miembros que la conforman? MCM deja de lado todo análisis crítico de las causas que han llevado al fracaso en la consecución de la libertad, hasta el momento, y no se aboca a sus soluciones concretas. Es el ADN, Dios, el espíritu, el “bravo pueblo”, los aliados, la consciencia, el alma… todos, menos la razón.
¿Es realmente esta generación la mejor preparada para la libertad? ¿Ella está hablando de la misma generación nesciente de su historia, de las causas que nos llevaron adonde estamos, que cree que el problema es Nicolás Maduro y no todo el sistema en el que fundamentó su régimen, incluyendo a esa oposición que en el fondo no se opone a nada, porque son el opuesto que su opuesto necesita para seguir existiendo? ¿O habla de esa generación que cree que el cambio debe fundamentarse en procesos electorales viciados, como el del 28 de julio, y todos los del pasado? ¿O habla de esa generación que piensa que el cambio viene por oraciones a dioses que se mofan de nosotros y/o por solicitudes a una comunidad internacional sumergida en sus mismos problemas, y que es la misma comunidad internacional que ha permitido genocidios durante mucho tiempo, actuando solo cuando vieron afectados sus intereses individuales y pudieron sacar algún beneficio por sus acciones militares?
Por cierto, con respecto a esto último, es curioso que sea la misma generación que no esté dispuesta a entregar recursos, tierras, o cuáles cosas crean necesarias, a cambio de libertad, porque quieren invasiones sin entregar nada a cambio.
“Nunca este bravo pueblo se había organizado, comprometido y arriesgado como ahora.” (00:44-00:51).
¿Es en serio? ¿Y qué pasó en 2012, 2013, 2014, 2017 y 2019, cuando millones salieron a las calles, muchos entregando su vida, y fueron traicionados por una clase política que solo repara en narrativas y acciones serviles al chavismo? Con eso solo ignora o minimiza las numerosas ocasiones en el pasado en las que ha habido organización, compromiso y riesgo por parte de la ciudadanía en diversos enfrentamientos. En suma, es una falta de respeto a muchos nombres, y a la misma causa venezolana, que queda banalizada en el camino.
Y esto por no mencionar los movimientos militares varios que se vieron afectados por ello.
Las fuerzas que te sacarán del poder ya están aquí, dentro de Venezuela, y somos millones (00:56-01:04).
Para esto, ni necesito mencionar nada. Suficiente con unir los puntos 1 y 2 para ver cómo se cae esa narrativa, en el contexto actual. Es un optimismo sin fundamento concreto, ni estrategia clara.
Énfasis en: “el contexto actual”.
La mera existencia de “millones” no garantiza la salida de un régimen del poder, y ha quedado demostrado cada día, semana, mes y año que pasa en Venezuela.
La falta de especificación de MCM sobre cómo esas “fuerzas” actuarán o qué estrategias implementarán para lograr el objetivo lleva a una falsa sensación de seguridad, que más tarde se traducen en frustraciones, pues no se cumplen las expectativas. Es, de hecho, todo lo que buscaba el régimen con el circo del 28 de julio.
En nuestro pasado, enfrentamos y derrotamos la opresión, ahora lo haremos, para siempre (01:04-01:13).
En el presente, la oposición no es ni la sombra de lo que fueron las oposiciones del pasado a quienes consideraron tiranos —para bien o para mal—. Afirmar que “ahora lo haremos” solo responde a los delirios recalcitrantes y peligrosos de un personaje que ha demostrado no estar a la altura de lo que requieren las circunstancias.
Se añade en el video: “Esta lucha la estamos ganando. (…) El 28 de julio cambió todo para siempre. (…) Les arrebatamos sus armas en el campo de batalla electoral y con ellas los derrotamos (…) Controlamos posiciones estratégicas. Paso a paso, ganamos batallas.”
El 28 de julio el juego no cambió, fue el mismo de siempre y, por tanto, totalmente innecesario. Asimismo, los más de 2000 que cayeron presos, fueron víctimas de un espejismo de cambio en un desierto de estrategias.
Las elecciones no son un campo de batalla, son parte de un juego que tiene tiempo practicando Cuba para controlar y doblegar la moral de las masas, con mucho éxito. En este marco, la oposición falsaria solo ha jugado con sus reglas.
¿Qué batallas han ganado? ¿Los señalamientos de ciertos países en contra de figuras del PSUV? ¿Acaso no es lo mismo que pasó en el pasado? ¿Ha significado eso algo relevante para la causa venezolana?
¿Qué posiciones estratégicas han conquistado? ¿Las de redes sociales, llena de palangristas, a los que cada día se les hace más difícil sostener una narrativa viciada? —y que curiosamente muchos siguen creyendo, muchos que son parte de esa “generación mejor preparada” para un cambio—.
Una victoria es en función de los resultados que se consiguen, más en política. Si los resultados de la elección del 28 de julio no se tradujeron en una derrota clara del régimen, que necesariamente significa un cambio de gobierno, afirmar que “cambió todo para siempre” y que se “derrotó” con “armas electorales” constituye una lectura errónea o engañosa de la realidad. Así de simple.
Hoy solo se sostienen por el terror. Y eso es un clavo ardiente que los consume (2:47-2:53)
El chavismo lleva años sosteniéndose en el terror, no es solo hoy, y contrario a consumirlos, han sabido palear toda oposición y atornillarse en el poder, al punto en el que el gobierno de EE. UU. ha tenido que negociar con ellos —no con MCM, ni con Guaidó, ni con otros—.
En el campo de lucha que escojan, allí también combatiremos y los derrotaremos, cueste lo que cueste, dure lo que dure (2:53-3:06).
El chavismo ya eligió el campo de batalla desde hace años: las armas. Y aun en ese escenario, la oposición, MCM, ha decidido respetar institucionalidades sin sentido, yendo a elecciones, por lo cual solo se puede concluir que no conoce siquiera contra qué está luchando.
A la misma MCM se le pusieron al servicio varias facciones militares, y ella, detrás de cámara, les dijo que no actuaran, porque ese no era el camino. Aun así, por otro lado, en las redes sociales vive haciendo llamados a los militares. Entonces, ¿A qué juega?
¿Realmente está dispuesta a combatir en cualquier escenario? ¿Por qué no ha apelado a ellos, entonces, dado el contexto Venezuela? Si de verdad el “cueste lo que cueste” no es mera retórica, ¿Qué la detiene ahora? Más cuando ella misma se cansó de decir que tenía un plan, que esto es “hasta el final” —aún lo dice—, que “va a pasar”, pero dice que el camino es la presión internacional, no las botas, que es mejor una reunión cívica, organizada, pacifica, de unas horas, para luego regresar a nuestras casas “triunfantes”.
¿Qué significará en la cabeza de MCM el “cueste lo que cueste” o “dure lo que dure?
Ella dice que “dure lo que dure”, que es la misma frase sin tiempo que “hasta el final” o “va a pasar”. Sólo se apela a un saecula saeculorum sin sentido; bien sabemos que al final lo único que dura son las falsas esperanzas y la desilusión, hasta que llegue otro con la misma narrativa en un proceso electoral y vuelva a cautivar a los incautos.
Aunque ya por allí salió Edmundo González, diciendo que espera venir en julio del 2026 a juramentarse como presidente —dos años después de las elecciones del 28 de julio, y un año y medio después de haber dicho que se juramentaría el 10 de enero del 2025 en Venezuela.—. La historia y los hechos vislumbran otra promesa que no se cumplirá, aunque extiende por un año más el juego perverso de MCM. En ese momento, veremos qué frase sin tiempo se suma a la lista.
En la primera línea, seguimos avanzando y haciendo al régimen retroceder (4:39-4:45)
Una vez más, se mantiene la narrativa de progreso y ventaja en la confrontación —no olvidar el “5 a 0”—, que busca reforzar la idea de que la estrategia actual está funcionando, pero, ¿Qué parámetros se están fijando para determinar el “avance” de MCM y el “retroceso” del régimen? ¿Van a salir con los señalamientos, nuevamente, de la comunidad internacional para con el régimen? Al respecto, ver 1.1.2.
“Nos preparamos para la acción cívica, el día que se requiera. (…) Los militares saben lo que tienen que hacer” (5:40-5:53)
¿Qué decir de esto? Mejor ni continúo. Fracaso por todos lados.
Oriana Aranguren estudia Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
“Una de las cosas que tiene el libertarismo es que no existe el pensamiento único, sino que son las discrepancias sobre el tratamiento adecuado a ciertos temas lo que la enriquece, siempre en vista de defender una sociedad libre”
Oriana Aranguren
Muchos seguidores de Ayn Rand se resienten cuando se habla de ella como un personaje “libertario”, pues indican —correctamente— que la autora fue, en sus días, una feroz crítica y opositora al movimiento libertario, reusándose incluso a pertenecer al Partido Libertario —hablamos de la década de los 1960, 1970—, y llegándolos a catalogar como “hippies” que transmitían ideas contradictorias e irresponsables[1]. No obstante, más allá de la postura de Rand, parecen ignorar la teoría —esa que tanto les gusta reivindicar— y los vínculos que existen entre los postulados del objetivismo y los del libertarismo del ala rothbardiana, fundamentada también en la racionalidad. Que ambas posturas no concilien del todo, no necesariamente significa que una deba considerarse libertaria y la otra no, ya que el movimiento ha evolucionado y, de hecho, muchas son las criticas que se les pueden hacer, sin eliminar el hecho de que hay puntos esenciales en común, en donde se sostienen todas las demás conclusiones de cuales sean las vertientes que de allí surjan.
Una de las cosas que tiene el libertarismo es que no existe el pensamiento único, sino que son las discrepancias sobre el tratamiento adecuado a ciertos temas lo que la enriquece, siempre en vista de defender una sociedad libre, donde el ser humano pueda desarrollarse en el tiempo de manera sostenida, alcanzando su bienestar. En este marco, los aportes de Rand al libertarismo no son pocos, y, como ya mencioné, converge en su esencia con ese movimiento libertario que originó Murray Rothbard. Pero en este texto no pretende hablar de la validez o no de sus posturas y sus acciones en el pasado, sino simplemente destacar dichas convergencias y, por tal motivo, dejar en claro que no debe existir ningún desprecio o prejuicio para aceptar que Rand es una libertaria —al menos con una visión actualizada—.
La convergencia en los derechos naturales
Las premisas del movimiento libertario del ala de Rothbard, parten de la idea de que el ser humano tiene la capacidad de comprender el mundo que le rodea a través de la razón, con el objetivo de sobrevivir[2]. Esto es algo con lo que Rand estaría de acuerdo, puesto que, a su juicio, lo que hace ser al humano es esa capacidad superior de comprender la realidad, con el fin de tomar decisiones racionales que le permitan sobrevivir[3]. Tal postura lleva a ambos, aunque partiendo de pensamientos distintos, y con objetivos distintos, a concluir lo mismo, a saber: que se tienen derechos naturales y que estos son vida, libertad y propiedad —o, en el caso de Rand, vida, libertad y búsqueda de la felicidad[4], pero esto es irrelevante en cuanto ella misma destaca el papel de la propiedad como mediador de la vida, la libertad y la felicidad[5]—.
Puede que alguno salga diciendo que Rand resentía del iusnaturalismo, pero tal postura ignoraría el hecho de que solo lo hacía al considerar que éstos partían de premisas religiosas, que no tenían fundamento al constatarlas con la realidad. Sin embargo, la visión randiana sobre el origen de los derechos, a saber: que tienen una explicación racional sostenida en la observación de los hechos, que dan origen a una “ley moral” que a su vez deriva de la naturaleza del ser humano, por lo cual se convierten en derechos que pueden ser comprobados por la lógica, no toma distancia de esa postura racionalista que toma Rothbard cuando habla del origen de los derechos, pues es la misma: la razón, la objetividad. Esta es precisamente la génesis del iusnaturalismo racional, en el que el human llega al mundo para comprenderlo, tomar decisiones racionales, y tiene valor en sí mismo, porque no debe ser el medio para fines ajenos, estableciéndose metas en el camino que procurará alcanzar —por lo cual se hacen necesarios tales derechos mencionados—.
La convergencia en el Principio de No Agresión
No conforme con esto, las mismas premisas que parten de la razón, de la observación de la realidad, y de la naturaleza humana, que llevan a los derechos naturales em ambos autores, también desembocan en la defensa del Principio de No Agresión. En Rothbard, para respetar la naturaleza humana, y las leyes axiomáticas que —a su juicio— salen de ella[6], se hace necesario el principio de no agresión, el cual describe como, parafraseando, que ninguna persona puede iniciar el uso —o amenaza de uso— de la violencia física contra otra, o su propiedad[7]. Rand habla de exactamente lo mismo, al referir del tema, pues dice que “ningún hombre tiene el derecho de iniciar el uso de la fuerza física contra otro”, y solo justifica el uso de la fuerza “en represalia cuando se los ataca, y únicamente contra aquellos que inician su uso.”[8].
El error en criticar el libertarismo como únicamente anarquista
Aun con estas similitudes, muchos objetivistas tienen la osadía de decir que no se puede encapsular a Rand dentro del espectro libertario porque éste defiende el anarquismo —fue lo que hizo Rand en su momento—. Sin embargo, tal postura ignora que dentro del libertarismo no todos son necesariamente anarquistas, y aún se debaten sobre el rol del Estado en la sociedad. Por tanto, entrar en la premisa: (i) “los libertarios son anarquistas”, (ii) los objetivistas no son anarquistas, por lo que (iii) los objetivistas no son libertarios, es caer en el reduccionismo y no reconocer la amplia teoría sobre el rol del Estado en la sociedad, que han surgido dentro del mismo seno del libertarismo. Allí tenemos, por solo mencionar un ejemplo, a Robert Nozick, quien se auto-considera anarquista, pero aun así escribió un libro sobre cómo podría surgir el Estado en la sociedad y defender los derechos naturales[9].
A juicio de algunos objetivistas, la idea de que “la única función apropiada del gobierno es proteger los derechos individuales” no puede encapsularse con quienes desprecian al Estado, y, en consecuencia, se constituye anarquista. En este sentido, llegan incluso a decir que “si alguien quiere persuadirnos para que clasifiquemos conjuntamente a Objetivistas y a anarquistas —incluyendo a von Mises, Nozick y otros— como “libertarios”, primero necesita justificar seriamente cómo la opinión de que el gobierno tiene una función concreta válida puede ser incluida en la opinión que el gobierno, como tal, es inmoral y debe eliminarse.”[10]
Pues, aquí respondo directamente a ello: para empezar, tal postura comete el error señalado en el párrafo anterior, esto es: se parte de una definición imprecisa del término “libertario”, restringiéndolo solo a la idea de la eliminación total del Estado. Nuevamente, se ignora que el término “libertario” es un paraguas amplio que engloba diversas filosofías políticas que priorizan la libertad individual y la propiedad privada, dada la naturaleza del ser humano. Ese es el origen. Que de allí puedan derivar diversas vertientes que consideren la existencia o no del Estado como necesaria para la defensa de los derechos individuales y el respeto a la misma naturaleza humana, ya eso es otra historia. En pocas palabras, se parte de una dicotomía artificial, forzada, donde no la hay, porque el punto en común, esencial, que permite la clasificación de ambas posiciones bajo la etiqueta “libertario” es la restricción drástica del poder estatal y la primacía de la libertad individual, independientemente de si esa restricción lleva a la eliminación total o a un gobierno mínimo.
Por otro lado, otro error que cometen los objetivistas es no diferenciar entre “Estado” y “Gobierno”[11]. Los anarquistas, o al menos no los sensatos, no defienden la eliminación de todo gobierno, sino del Estado, que no es lo mismo. Ellos comprenden que se necesitan de regulaciones a la conducta humana para que la sociedad no entre en caos, pero parten de la idea de que dichas restricciones emanarán de las instituciones que se han demostrado ser buenas para la coexistencia entre seres humanos, en el tiempo. Nadie que se tome en serio la teoría libertaria del ala anarquista defiende una sociedad sin ley, sin instituciones, sin gobierno, pero sí defienden una sociedad sin Estado.
Con estos dos puntos, los objetivistas pueden darse por refutados y, en especial Greg Salmiri, puede dar por resuelta su falsa dicotomía, que parte del producto final derivado de las mismas premisas esenciales, y no del punto inicial común —las premisas esenciales— que, por lógica, y como queda evidenciado, puede dar para derivar en distintos finales lógicos, debatibles todos entre sí. De hecho, querer separar a Rand y la idea de “un gobierno que defienda la libertad”, como que esta es la única plausible y que no merece ser “contaminada” con las ideas anarquistas, solo recuerda por qué se les tilda de sectarios, porque no reparan en argumentos, sino en el dogma de lo que dijo Rand hace 50 o 60 años atrás, sin tomarse en serio el estudio de la teoría, que no va de falsas dicotomías, ni de reduccionismos.
Rand incluso llegó a decir que “los libertarios” la plagiaron sus ideas con el principio de no agresión y que “lo tratan como un absoluto revelado y fuera de contexto”, pero eso carece de sustento, a todas luces. Lo que no carece de sustento es que ella jamás leyó o entendió a Kant, y aun así lo criticó; jamás leyó o entendió la Biblia, y aun así la criticó; y, con este historial, muy probablemente no leyó y/o comprendió los postulados de los libertarios anarquistas, o al menos no su amplia gama, porque literatura abunda, y aún así los criticó. No obstante, eso es otra historia. El fin de este texto era demostrar la convergencia en el origen entre la postura randiana y la libertaria, y quedó demostrado.
[2] Murray Rothbard. 2006. Por una nueva libertad: el manifiesto libertario. Edición en español de Editorial Grito Sagrado. Pág. 44. Y ver: Murray Rothbard. 2009. La ética de la libertad. Segunda edición en español de Unión Editorial. Capítulo 1.
[3] Ayn Rand. 2006. La virtud del egoísmo. Editorial Grito Sagrado. Capítulo 1, págs. 29, 30.
[6] Refiero al axioma del derecho a la propiedad y el axioma del derecho a la colonización, que da paso al axioma de no agresión. Al respecto, ver: óp. Cit. Por una nueva libertad: el manifiesto libertario. Pág. 61.
La sociedad venezolana es un océano de contradicciones en un planeta en el que las leyes naturales parecieran enmarcarla y dirigirla, siempre, al retorno constante de sus desencantos, mismos que son mediados, como no puede ser de otra manera, por el viciadamente repetitivo discurso político. En este sentido, hoy referenciaré a Venezuela y la sociedad del bucle, que lo es porque ha internalizado la estructura misma de la repetición de procesos como su principio organizador fundamental; esto es: no se trata solamente del hecho de que Venezuela tropieza con su pasado —uno que de por sí una comedia trágica—, sino que la reincidencia en los errores es su sistema operativo, la matriz procesal inmutable que dicta la secuencia de acciones que se han evidenciado fracasadas —muchas veces siendo innecesaria la evidencia—, mientras que cualquier impulso de cambio —real— es absorbido y neutralizado por la propia lógica del sistema, al propio estilo del human unidimensional marcusiano[1], garantizando que el resultado final siempre sea una variación de lo ya conocido, si acaso no es exactamente igual a ello[2].
Prueba de lo que digo es que, al día de hoy, aún se siga confiando en personajes que parecieran vivir en alguna especie de Show de Truman[3], donde le montan todo un mundo en su habitación, pensando que se rige por sus propias normas, aun cuando la realidad les da señales y los golpea para indicarles que dicho mundo es una ilusión. Pero el problema no es tanto los líderes, sino quienes confían en ellos, puesto que también se encuentran en la misma condición —a diferencia de la película, donde el único engañado era Truman Burbank, interpretado por Jim Carrey—. Todos son protagonistas del show, y como todo líder es producto de la sociedad que lo conforma, quien lo demanda para transformarse a sí misma, en una sociedad infantil, a veces adolescéntrica, en asuntos políticos como la venezolana, que vive de ilusiones, no se puede producir más líderes que aquellos que reafirman el camino de fracasos que se viene recorriendo desde hace, al menos, poco más de dos siglos[4].
Esta semana, otra vez, la vampira de la esperanza, más conocida como María Corina Machado, quien ha quedado huérfana de la lucidez desde hace un buen tiempo —si acaso alguna vez la tuvo y no fue mero discurso de pantalla para mostrarse como “separada del resto”—, por motivo de la celebración de la mal llamada “firma del acta de la independencia”[5], ha hecho un llamado a los militares a “hacer valer la constitución” —esa misma que es producto de la putrefacción intelectual que ha imperado en el país—, puesto que “deben ser ellos” quienes pongan orden y cumplan el mandato de poner en su legítimo lugar al “presidente electo” el pasado 28 de julio de 2024. Como desde hace mucho se vislumbró, el plan supersecreto de la dama de papel era hacer llamados a esa institucionalidad inexistente, demostrando así que Maria Corina, junto a toda esa “oposición” del país, están castrados de ingenio, son peregrinos sin brújula mental, alfareros de ideas rotas.
Lo curioso de todo esto es que ese llamado ocurre antes, durante y después de que, a puertas cerradas, la misma María Corina Machado haya solicitado a los militares que se pusieron a su disposición que no actuaran, haciéndoles saber que ella no reconocería ningún alzamiento en contra del régimen, porque “ese no es el camino”. Entonces, ¿Por qué el discurso contradictorio? ¿Por qué, de cara al público, solicita algo que a puertas cerradas rechaza? Por si fuera poco, ¿Por qué ahora no es necesario una intervención extranjera, y hace 6 años sí lo era? ¿Ha cambiado la naturaleza del régimen que dice enfrentar? A todas luces, no. Lo que sí ha cambiado es su posición, siendo ahora doble moral y mentiroso, porque el discurso de la María Corina del presente es mutuamente excluyente a la María Corina de hace unos pocos años atrás —reitero: así lo ha sido en su discurso—.
Pero más curioso aún es la gente que le sigue y aplaude. Éstas personas son la razón por cuál la nación está activamente programada para replicar su pasado. En ellos se ha instalado una especie de software social y político cuya función principal es ejecutar el mismo proceso hasta el infinito, sin importar los usuarios —líderes o “pueblo”; porque ciudadanos, pocos— que lo operen, generando una falsa sensación de avance mientras consume la energía vital del país, cayendo en un agotamiento existencial. Por ellos, Venezuela es una máquina que, más que repetirlos, produce fracasos en serie, resaltando los eventos de las últimas dos décadas: 2002, 2004, 2005, 2007, 2009, 2012, 2013, 2015, 2017, 2019, 2025, y los que faltan si se sigue enfrascado en el pensamiento tenue.
En este marco, solo queda decir una cosa, le duela a quien le duela: el problema de Venezuela no es tanto el régimen y todo lo que representa y/o le rodea —que sí, indudablemente—, eso es solo un síntoma de una sociedad incapaz de comprender su realidad y vislumbrar el camino para moldearla, o romper el molde y construirla. El problema real de Venezuela es su sociedad, una inmadura, a la espera de un mesías, adoradora del héroe, suplicando a cuantos dioses se les ocurra para un cambio, mientras se va de rumba el fin de semana, comiendo del pan y gozando del circo creado por aquellos a quienes odia e idólatra, porque, en última instancia, son exactamente lo mismo. El problema es el fin, los medios, y la estructura que los media, porque el venezolano ha servido de jardinero de un edén marchito: sea lo que sea que haga en ese marco, sin haber trabajado la tierra y cambiado quien la cultiva, así como las semillas que se intentan cultivar, el venezolano seguirá cosechando los frutos amargos de la frustración y la decadencia, en una tierra que no recuerda cómo florecer, y que se encamina a nunca recordarlo.
[1] Herbert Marcuse. 1972. El hombre unidimensional: ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. Novena edición. Barcelona, España. Traducción de Antonio Elorza. Publicado por Editorial Seix Barral, S.A. (La edición original en inglés, de 1952, se titula: “One-dimensional man”). La referencia a esta obra —que, aunque interesante, no comparto del todo la postura— es específicamente a la idea presentada por el autor de que, groso modo, vivimos en un sistema social en el que no se encuentra oposición real alguna a la misma, puesto que sus mecanismos se han encargado de lapidarlas e integrarlas a sí misma, haciendo que, entre otras cosas, paradójicamente, aquel que diga oponerse al sistema se encuentra sumergido en una realidad en la que apela al mismo sistema que dice oponerse, ya no para librarse de ella, sino para cambiar las condiciones de vida dentro de sus mismas reglas, independientemente de si estás se enmarcan o no en el fin original que llevó a la oposición —por ejemplo: libertad—, convirtiéndose en una sociedad cerrada, que mata la pluralidad y el pensamiento crítico, disciplinando e integrando “todas las dimensiones de la existencia” de los miembros que la conforman, para que no conciban una vida fuera del molde preexistente impuesto por el mismo sistema (ver: págs. 19-28). El human unidimensional es, pues, aquel que se hace uno con el sistema, dejándose llevar por la corriente, quien solo piensa bajo los parámetros de la misma, erradicando todas las demás dimensiones de la vida para quedarse solo con aquella que dicta la estructura de la que ahora forma parte, bailando la misma coreografía a la misma música de siempre, aunque se venda como distinta, hasta su muerte. Si bien es cierto que éste crítica el autor la hace en el marco de una sociedad que se fija en la productividad, la sociedad industrializada, “capitalista”, en este texto solo nos hemos de quedar con esa idea central, que podría incluso mediar, como uno sólo, con ese human superfluo que describe Hanna Arendt en sus obras, quien deja de ejercer activamente su pensamiento para ser uno con la masa amorfa y moldeable, pudiendo llevar eso a cometer actos atroces. Al respecto de esto último, ver: Hanna Arendt. 2003. Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Cuarta edición. Barcelona, España. Traducción de Carlos Ribalta. Publicado por Lumen, S.A. (La edición original en inglés, de 1963, se titula: “Eichmann in Jerusalem”)
[2] Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2025. La circularidad venezolana y sus analistas ciegos: una respuesta a Fernando Mires y su baile en el círculo. Publicada en el portal de ContraPoder News. Puede acceder a través de: https://goo.su/unym98 (Consultado el 07 de julio de 2025). Sección: “Introducción”.
[3] Peter Wair, director. 1998. El show de Truman: una historia de una vida. EE. UU. Producido por Paramount Pictures.
[4] Pongo como punto de partida la supuesta independencia que no nos independizó de nada y nos sumergió en ciclos de crisis que se repiten hasta el día de hoy, aunque, he de decirlo, en buena medida es culpable de ello la poca institución de Derecho que se desarrolló en este lado del continente, mediado por el pensamiento colectivista en buena medida. Aunque eso es historia y debate para otro día.
[5] Lo que debe celebrarse ese día, en realidad, es la “declaración” del acta de independencia, dejando encargado a Juan German Roscio y a Francisco Isnardi de redactar el acta para ratificar la decisión. La misma es finalizada y entregada el 07 de julio, mismo día en que se comienza a firmar, y la última firma queda plasmada el 18 de agosto de 1811. Por tanto, si ha de celebrarse alguna firma del acta, debe ser el 07 de julio, o el 18 de agosto, no el 05 de julio. Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2022. Rescatemos nuestra historia, Venezuela: la firma del acta de la independencia. Publicada en el portal de ContraPoder News. Puede acceder a través de: https://goo.su/25CmCB (Consultado el 07 de julio de 2025).
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