De la izquierda caviar a la izquierda sushi: los nuevos niños ricos de la revolución

Paola Piotti, abogada, activista por la libertad y líder del Capítulo de Lola Tarija en Bolivia

Los nuevos niños ricos de la revolución, esa que no implica para ellos perder patrimonio ni comodidad, son distintos. Se distinguen de sus antepasados caviar —reniegan de ellos— porque los consideran anticuados y elitistas, mientras ellos son de barrio.

Paola Piotti

Desde el rooftop del barrio bohemio de moda, un grupo discute las injusticias del sistema capitalista. Esperan el pedido de su tabla de sushi fusión andino –porque les gusta reivindicar los productos nacionales- y beben cerveza artesanal libre de gluten, mientras coordinan sus agendas para la próxima marcha frente a la embajada americana.

Eligieron una mesa en la terraza por comodidad, ninguno de ellos tiene cambio y no les gusta la idea de decirle que no a las personas que piden una moneda mesa por mesa. Consuelan sus corazones con el pensamiento de que el resultado de esa reunión ayudará mucho más a los mendigos que cualquier moneda que puedan darles hoy. O al menos eso se repite entre brindis y consignas.

No están ahí para derrumbar el sistema; están ahí para criticarlo mientras lo disfrutan a sus anchas. Lo hacen desde cargos públicos, asesorías estatales, fondos concursables para proyectos y algunos con documentales sentimentales, todos financiados con impuestos, en suma, dinero ajeno.

Durante años, se criticó a la izquierda caviar -aquel grupo de izquierdistas de clase alta, educados en buenas universidades, con salones privados para la presentación de sus libros, viajes humanitarios y discursos perfectos sobre justicia y consciencia social- incluso desde los propios sectores populares de la izquierda. Bajo esa crítica fue gestándose una versión más antipática de ellos: la izquierda sushi, los herederos simbólicos de la revolución, los portadores de una conciencia de clase performática y mucho más intagrameable.

Los nuevos niños ricos de la revolución, esa que no implica para ellos perder patrimonio ni comodidad, son distintos. Se distinguen de sus antepasados caviar —reniegan de ellos— porque los consideran anticuados y elitistas, mientras ellos son de barrio. Aborrece la ostentación clásica del caviar, y reivindican su consciencia social a través del consumo “limpio”, consumen lo orgánico porque está lejos de los agro tóxicos capitalistas, compran ropa de fibras naturales porque no contribuirán a la producción del fast-fashion, y  juzgan a todo a quien no sigue esas pautas de vida. Llaman cultura a su lujo. Se consideran rebeldes dentro de los círculos privilegiados que frecuentan porque alternan ocasionalmente una tarde pádel en el country con una visita ocasional a una exhibición de arte en un barrio carenciado.

No buscan justificar el dinero de sus padres, lo disfrutan y lo utilizan para denunciar el sistema que los hizo posibles. Son moralistas en público y hedonistas en privado. Critican la misma acumulación de capital que les permitió aprender a criticarla en los costosos cursos de sociología en Europa. Para la izquierda sushi las marchas son eventos sociales, la causa es contenido para redes y el mundo se transforma un hagshtag a la vez.

Son ilustrados. Han tenido el tiempo necesario para leer, no sólo a Marx y Hegel, sino a pensadores cada vez más nicho, cada vez menos accesibles para el común. Exigen de sus adversarios políticos una amplia bibliografía antes de debatir, no por interés genuino, sino por arrogancia intelectual. No son capaces de dimensionar los riesgos de sus consignas, ni reconocen el efecto real de sus ideas y conquistas. Dicen defender una voz que raramente escuchan y se indignan cuando alguien expone su propio consumo sofisticado y privilegios de clase. Por ello, la izquierda sushi no es una contradicción del sistema, es uno de sus subproductos más rentables, porque los nuevos revolucionarios abogan por la repartición de la riqueza, que empieza en la ajena y termina en el límite de la propia. Parece que muy dentro suyo, el capitalismo no los incomoda tanto, lo que les molesta es no poder controlarlo.

Desde esa misma terraza en la que comen, debaten y conviven sin ver la calle, juzgan al resto, especialmente a su blanco favorito: el pobre de derechas. Se sienten con la superioridad moral para explicarle al trabajador cómo funciona el mundo, y exigirle renuncias que él jamás podría permitirse. De hecho, marchan en horario de oficina, porque ninguno de ellos necesita estar en una en ese momento; denuncian a quienes hablan desde sus privilegios, mientras ellos hacen lo mismo, incapaces de reconocer los propios; han encontrado en su doctrina un consuelo: “No existe consumo ético en el capitalismo”, mientras continúan con el brunch y envían sus aplicaciones a la maestría anticolonial de la Universidad de Cataluña.

Sueñan con cambiar el mundo desde puestos bien remunerados en ONGs, o con la publicación de su compendio de poesía antiimperialista, pero tampoco parecen muy afectados porque los cambios no se materialicen con la rapidez que esperan. Tienen una red de seguridad financiera que los sostiene y previene su caída.

Asimismo, su relación con el Estado no termina en proyectos o becas, porque lo han domesticado y convertido en su red de seguridad personal, como recordatorio vivo de que dependen de lo que predican destruir. Es su herramienta favorita para sociabilizar la culpa y garantizar su moral sin incomodarse.

Para colmo, la izquierda Sushi, heredera de la intelectualidad caviar, domina el arte del teatro de la cercanía y la sensibilidad, dentro de la burbuja que sus privilegios les asegura. Su revolución es simbólica, los riesgos son ajenos, y sus consignas inquebrantables. Y aunque esta descripción pueda despertarles indignación, ese sentimiento no será más que la prueba irrefutable de haberse reconocido en estas palabras.

La justicia que no llega: cuando las regiones se adelantan al Estado

Julián Ramírez, asesor en Relaciones Internacionales y Geopolítica, politólogo e Internacionalista por la Universidad Sergio Arboleda, con formación de posgrado en Estrategia y Geopolítica en la Escuela Superior de Guerra

El centralismo judicial prometió igualdad; entregó indiferencia. Las regiones, con todas sus tensiones, ya están buscando soluciones. El deber del Estado no es aplastarlas: es encauzarlas.

Julián Ramírez

En Colombia, la desconfianza hacia el aparato judicial ha dejado de ser un murmullo para convertirse en un clamor colectivo. Para el ciudadano común, el sistema parece moverse entre rebajas de pena, libertades anticipadas y vencimientos de términos que, en la práctica, se perciben como premios a la impunidad. Mientras tanto, en las orillas del Estado, allí donde la institucionalidad llega tarde o no llega, resurgen formas comunitarias de resolución de conflictos que, con todos sus matices y riesgos, a menudo producen más orden que el propio ordenamiento jurídico. Este contraste, incómodo pero innegable, revela un divorcio profundo: por un lado, el lenguaje solemne de la ley; por otro, la experiencia cotidiana de una justicia que, ante la ausencia estatal, termina resolviéndose por mano propia. Y esto no ocurre solo en la periferia rural, sucede, de manera cada vez más visible, en el mismísimo corazón del centralismo: Bogotá.

Cabe señalar que no se trata de negar los avances normativos ni de idealizar la informalidad. Se trata de admitir que el modelo centralista luce exhausto. Colombia es un país pluricultural y plurirregional, sin embargo, ha pretendido administrar justicia con una plantilla única, diseñada desde y para un centro que con frecuencia desconoce las periferias. La imagen es tosca, aunque útil: tratamos de vestir un cuerpo continental con un traje europeo de talla estándar; el resultado es torpeza, parálisis y frustración generalizada.

Nuestro sistema, diseñado bajo parámetros homogéneos, ignora la diversidad de legitimidades que conviven en el territorio. En Bogotá, por ejemplo, se debaten protocolos de justicia restaurativa en seminarios bienintencionados; en contraste, comunidades afro del Chocó han practicado durante generaciones formas eficientes de reparación y reintegración, y en la Amazonía los pueblos indígenas sostienen nociones de justicia profundamente vinculadas al entorno y a la recomposición del tejido social, no al mero castigo.

La pregunta es inevitable: ¿Por qué insistir en un único modelo cuando el país exhibe realidades tan disímiles? No se trata de un elogio a la informalidad por sí misma, sino de un llamado a reconocer lo que ya funciona y a integrarlo dentro de un marco constitucional que lo regule y lo potencie.

Álvaro Gómez Hurtado habló de la “presencia diferenciada del Estado” para describir una nación donde la autoridad no llega igual a todas partes. En vastas zonas rurales, esta realidad se expresa en un dato crudo: cuando a un campesino le usurpan su tierra, su primer recurso no es un juzgado; acude a quien ejerce autoridad efectiva en el territorio. Durante décadas, en numerosos municipios, esa autoridad ha sido un comandante guerrillero o un jefe paramilitar.

¿Por qué ocurre esto? Porque al intentar resolverlo por vías institucionales, se le exigirían escrituras, planos y folios en una Colombia con altísimas tasas de informalidad en la propiedad. El pleito se eterniza, la violencia escala y la convivencia se rompe. En cambio, le guste o no al observador, el actor armado resuelve en horas lo que el despacho judicial tramitaría en años. No es un ideal: es la expresión brutal de un vacío estatal. La respuesta no puede ser romantizar la violencia, pero tampoco negar el fenómeno: sin justicia accesible y oportuna, la gente busca juez donde lo haya.

Este mismo patrón se replica en contextos urbanos. En barrios como Ciudad Bolívar, Kennedy o Bosa, cuando la delincuencia se desborda, los vecinos no esperan pasivamente, sino que forman “vigías” o “frentes de seguridad”, aplican castigos expeditivos a presuntos vándalos o ladrones y, en casos extremos, recurren a la llamada “limpieza social”. No se trata de anécdotas aisladas, sino de la expresión urbana del mismo vacío que, en el campo, alimenta a los “comandantes”. Aquí, el juez de facto no es un actor armado, sino la turba enardecida o grupos organizados de vecinos desesperados.

Hay ejemplos que el debate oficial suele soslayar por su carga polémica. En zonas de Urabá y del norte de Córdoba, comunidades han ejercido sanciones ejemplares contra agresores violentos: desde trabajos comunitarios hasta mecanismos de vigilancia social y reparación directa a las víctimas. No es un sistema perfecto —ninguno lo es— y conlleva riesgos de arbitrariedad. Aun así, para muchas de estas comunidades, los resultados son tangibles: menos extorsión, mayor seguridad nocturna y disuasión efectiva.

En Castilla, corregimiento del norte de Córdoba, un delincuente reincidente fue juzgado públicamente y condenado a reparar caminos vecinales. Meses después, la comunidad reportaba una sensación de mayor seguridad; el sancionado, bajo supervisión social, se había reincorporado a labores productivas. ¿Garantiza esto la ausencia de abusos? No. ¿Muestra que la comunidad, cuando se organiza, puede generar orden donde el Estado ha sido errático? Indiscutiblemente sí.

La diversidad jurídica no implica caos. Nigeria reconoce sistemas consuetudinarios junto a tribunales estatales. Guatemala admite la justicia maya en ámbitos comunitarios. Incluso en Somalia, tras el colapso estatal, el derecho consuetudinario (Xeer) mantuvo cierta paz local en territorios huérfanos de gobierno central. No se trata de copiar modelos, sino de aceptar un principio elemental: la unidad nacional no exige uniformidad absoluta.

Por ello, vale la pena discutir sin eufemismos un federalismo judicial por regiones culturalesAndina, Caribe, Pacífica, Amazonía, Orinoquía e Insular— con autonomía regulada para adaptar procedimientos, sanciones y prioridades. No es carta blanca, sino elasticidad responsable.

  1. La Constitución como techo y piso: derechos fundamentales inamovibles.
  2. Asambleas legislativas regionales con competencia en materia penal y penitenciaria.
  3. Cortes regionales con jueces formados en prácticas locales.
  4. Coordinación interregional para criminalidad transfronteriza.
  5. Sistemas penitenciarios diferenciados, con énfasis en penas alternativas donde el encarcelamiento masivo ha fracasado.

Polémicas que debemos enfrentar

  1. “¿No legitima esto la justicia por mano propia?” No. Se trata de dotar de marco jurídico a prácticas comunitarias que ya existen, evitando excesos y garantizando derechos.
  2. “¿No habrá disparidades intolerables?” Las hay hoy, solo que clandestinas y sin control. Un federalismo judicial serio visibiliza, regula y somete a estándares mínimos esas diferencias.
  3. “¿No se abrirá la puerta a castigos degradantes?” Cláusulas pétreas deben prohibir torturas y tratos crueles. La autonomía no es sinónimo de barbarie.

Conclusión: la justicia no espera al Estado

El centralismo judicial prometió igualdad; entregó indiferencia. Las regiones, con todas sus tensiones, ya están buscando soluciones. El deber del Estado no es aplastarlas: es encauzarlas. Como dijo Alirio Pineda, campesino de la Sierra Nevada, con sabiduría sencilla: “Durante siglos nos han dicho cómo debemos resolver nuestros conflictos, pero quienes nos lo dicen no resuelven los suyos”.

El debate está servido. Negarlo es condenarnos a repetir los mismos errores, mientras el clamor por justicia continúa creciendo en la periferia de un Estado que aún no decide escuchar.

Capacidades y oportunidades: la clave para superar la pobreza

Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela

Invertir en educación y salud no solo es un imperativo moral, sino también una estrategia inteligente para fomentar el crecimiento y el bienestar general de la sociedad venezolana.

Génesis N. Rodríguez G.

Hablar de la Educación en Venezuela para mi implica tener que describir ciertas personalidades de las maestras y maestros que marcaron mi infancia, y también mi juventud. Son tantos los héroes y heroínas que me enseñaron valores, principios y a materializar mis sueños, por más irreales que parecían, que tendría que escribir un artículo especial a cada uno. Por ello, solo quiero darles las gracias a los que ayudaron en mi formación profesional e intelectual, sobre todo a esos que me hicieron porras, creyeron en mi en todo momento y me ayudaron a salir adelante en los días difíciles, grises y tristes.

Pero volviendo al tema que nos compete, a partir de 2010, podemos decir que la educación venezolana empezó a pasar por diversas trasformaciones debido a innumerables factores, los sueldos de los maestros en Venezuela han estado sujetos a diversos cambios debido a la crisis económica y política que ha afectado al país. Desde ese año, Venezuela ha experimentado una hiperinflación severa que ha erosionado el poder adquisitivo de los salarios. Esto ha afectado significativamente los ingresos de los maestros y profesores, y me parece una completa irracionalidad que el año pasado recibieran la cantidad de 12 bolívares como un bono denominado “hallaquero”. Y es allí donde echo la mirada al pasado, por ahí en el 2007, cuando cursaba el sexto grado de primaria y escuchaba las tertulias de mis maestras, que mencionaban la nueva marca de vehículo que iban a pedir al concesionario como regalo del niño Jesús; en contraste, hoy esa cantidad no les alcanza siquiera para pagar un pasaje de transporte público.

Entonces, me pregunto ¿De qué manera le estamos retribuyendo a los que forman profesionales, seres humanos comprometidos con el avance y crecimiento del país? Y es que a pesar de los aumentos salariales ocasionales y las reformas educativas implementadas por el Gobierno en el sector educativo, estas no siempre han resultado en mejoras significativas para los salarios y las condiciones laborales de los docentes, los sueldos de los educadores han permanecido muy por debajo de lo que se considera suficiente para cubrir las necesidades básicas. Debido a la situación precaria de los salarios, ha habido numerosas protestas por parte de los educadores que exigen mejores condiciones laborales y salarios dignos, todo esto ha generado un impacto de la migración, donde muchos profesionales de la educación han emigrado en busca de mejores oportunidades laborales en otros países, lo que ha llevado a una escasez de maestros en algunas áreas.

Amartya Sen, al referirse a “la pobreza de renta y la pobreza de capacidades”, destaca la importancia de diferenciar entre la falta de recursos económicos y la carencia de habilidades y oportunidades. Sin embargo, ambas dimensiones están intrínsecamente conectadas, ya que el ingreso es un medio fundamental para desarrollar capacidades. A medida que una persona adquiere más habilidades y conocimientos, es probable que su productividad aumente, lo que a su vez puede llevar a un incremento en sus ingresos. Esta relación sugiere que mejorar las capacidades de los individuos puede ser un camino efectivo para combatir la pobreza económica. Por ejemplo, al fortalecer la educación básica y el acceso a servicios de salud, no solo se mejora la calidad de vida de las personas, sino que también se les brinda una mejor oportunidad para generar ingresos y escapar de la pobreza. Una mayor cobertura en estos ámbitos aumenta las probabilidades de que incluso aquellos en situaciones vulnerables logren superar las dificultades económicas.

Por ello, es crucial que se reconsideren y reformen las políticas económicas en el país. La implementación de servicios sociales robustos podría facilitar que todos los sectores de la comunidad accedan a oportunidades económicas, promoviendo así un desarrollo más inclusivo y sostenible. Invertir en educación y salud no solo es un imperativo moral, sino también una estrategia inteligente para fomentar el crecimiento y el bienestar general de la sociedad venezolana.

La India es ejemplo de que invertir en educación, asistencia sanitaria y reforma agraria ayuda notablemente al crecimiento económico, específicamente tomamos de ejemplo el estado de Kerala donde es notable a diferencia de otros estados de la India los cambios positivos en poner en práctica los recursos humanos de la mano siempre con una estrategia económica complementaria. De hecho muchas economías asiáticas entran en esta lista, primero Japón y después Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur, más tarde China —posterior a la reforma—, Tailandia y otros países del Este y Sureste Asiático.

El pecado de Adán y Eva: un acto estatista

Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.

El problema en el jardín de edén fue el surgimiento, el virus, del estatismo (…), es decir, la creencia de que un grupo de humanos tiene el derecho de crear “leyes” deliberadamente que contradicen el orden natural —y divino, en este caso— para controlar a otros.

Roymer A. Rivas B.

Hace unas semanas publiqué un video corto[1] donde explicaba que el pecado original fue un acto socialista, por cuanto arremetió en contra de la propiedad de Dios al comer del fruto del árbol del medio del jardín, “del conocimiento de lo bueno y lo malo” que él había estipulado que no comieran (Gn. 2:16-17; 3:2-3). En el mismo, sostengo que al Dios haber establecido un límite en los frutos que podían comer Adán y Eva, pues podían alimentarse de todos menos de uno, en realidad Dios estaba estipulando límites de propiedad. Ergo, el pecado original es un acto socialista.

Tras ello, me han respondido[2] recordando el texto de Salmos 24:1, donde David declara la soberanía de Dios sobre todo, afirmando que “De Jehová[3] es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan”, para luego sostener que, como “Dios es creador de todo y, por tanto, propietario de toda la tierra”, entonces “el pecado de Adán no fue que violo la propiedad de Dios porque nada que tenía Adán era realmente suyo, sino de Dios”. En este orden de ideas, sostienen que Jehová solamente “puso a Adán como administrador de su creación”, por lo cual, —he aquí el intento de refutación a lo que expresé en el video— “el pecado de Adán fue el de desobedecer a Dios porque le dijo que de todo árbol puedes comer menos [el del conocimiento de lo bueno y lo malo]”, y añade: “su pecado fue su desobediencia. Como explica Tertuliano: ‘si Adán y Eva hubieran amado de verdad al señor no habían contravenido su precepto’”, por tanto, el mandato “era una prueba de amor y fidelidad que Adán y su Esposa no pasaron”. Es decir, el pecado original “no tiene nada que ver con el socialismo o la propiedad”, y me acusa de incurrir en anacronismos[4] al hablar del tema.

No obstante, esta posición incurre en algunos errores que son necesarios matizar, en aras de comprender mejor el mensaje de la Biblia, o al menos lo que así se me presenta en este momento. Argüiré el asunto, en favor, evidentemente, de lo que sostuve en el video, de una manera más estructurada, respondiendo, a su vez, a los argumentos que —respetuosamente— explica Moisés. Si bien, aclaro que mucho en este tema necesita de un rigor que no podré resumir en pocas líneas —precisamente por ello los desarrollo en un libro que, espero, pronto vea luz—, así que me limitaré al orden lógico primario de los argumentos, sostenidos en la Biblia —no puede ser de otra manera—, e invito al lector a seguir profundizando en el tema, o a preguntarme, que yo en algún momento saco tiempo y respondo con gusto. Sin más, comienzo.

Sobre la administración, la propiedad, el fruto y la desobediencia

Cuando Dios crea a Adán y Eva, les da potestad para regir el planeta entero, incluyendo todo lo que hay en él, menos regir sobre sus iguales, es decir, sobre otros seres humanos. Dios habla directamente con los seres humanos, y no otra criatura, para decirles que tienen toda clase de alimentos, que nombre al resto de animales y administren el jardín, con el objeto de extenderlo por toda la tierra (Gn. 1:29-30; 2:19-20), únicamente recibiendo el mandato de no comer del fruto. Naturalmente, los primeros seres humanos eran administradores de lo que Dios había creado, pero se incurre en un falso dilema cuando se pretende separar la “desobediencia” con la “violación de propiedad”, porque éstos no son conceptos excluyentes, más bien, el segundo es la manifestación concreta del primero. Es decir, ellos eran administradores, pero todo administrador opera bajo una jurisdicción limitada, por tanto, el error de Adán y Eva no fue solo la “desobediencia”, así en abstracto, sino un acto de usurpación.

Para comprender esto cabalmente, es necesario entender primero una cosa: el árbol del bien y el mal representaba la potestad de Dios de establecer lo bueno y lo malo, las leyes, y no el “conocer lo bueno y lo malo” en sí mismo —no tendría sentido que Dios juzgara a Adán y Eva por un “mal” que ellos no tenían capacidad de conocer sino hasta después de “pecar”; Adán y Eva sabían lo que era bueno y malo, y precisamente por eso estaban conscientes de que no debían comer del fruto—. En consecuencia, cuando Adán y Eva comen del fruto, más allá de romper los términos del “contrato de administración” —por decirlo de alguna forma—, en realidad se rebelaban en contra de la autoridad de Dios para estipular las leyes que iban a regir la conducta humana. Algo curioso es que la Biblia no da más información del árbol, pero eso es porque la misma interesa, no como objeto-personaje de la historia, sino como símbolo. Lo que cuenta aquí es la prohibición en sí misma, la expectativa de obediencia del humano a Dios, de respetar el límite impuesto. Como ya he explicado: “el árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo en realidad simboliza el singular y explicito derecho de Dios de determinar o fijar los parámetros que definen el bien y el mal —que es igual a lo que Dios aprueba o no—. Ergo, el human no es que no podía conocer lo bueno y lo malo, más bien podía conocerlo y debía respetar que el único con la potestad de fijar las normas que fijarían la línea entre lo que estaba bien y lo que estaba mal era su Creador, un límite que, por cierto, se traduciría en una vida plenamente disfrutable, libre de todo el sufrimiento que acompaña a la enfermedad y la muerte.” Cuando comen del fruto (Gn 3:5-6), se rebelan en contra de ello.

Adán y Eva querían “ser como Dios”, establecer ellos mismo lo correcto e incorrecto, las leyes, los mandatos; el “conocimiento del bien y el mal” no se refiere a la capacidad cognitiva de distinguir entre un acto bondadoso y uno cruel —ya ellos tenían esa capacidad, sino no podrían ser juzgados, porque no habría pecado—, sino a la potestad legal y moral de definir qué es legal y qué es ilegal. En términos jurídicos, Dios era el propietario del jardín, y al comer del fruto, Adán y Eva no solo cometieron un robo —violación de la propiedad—, sino un acto de rebelión política. Al querer “ser como Dios”, buscaban la facultad de dictar sus propios códigos morales.

He aquí, precisamente, el porqué expreso lo que expreso en el video:  el problema en el jardín de edén fue el surgimiento, el virus, del estatismo —y si cabe, lo matizo, porque el problema per sé no es el socialismo, sino el estatismo—, es decir, la creencia de que un grupo de humanos tiene el derecho de crear “leyes” deliberadamente que contradicen el orden natural —y divino, en este caso— para controlar a otros. Es precisamente por ello que destaqué el versículo de Eclesiastés 8:9, porque el mal de la humanidad, según la Biblia, se debe a que el “hombre se ha enseñoreado sobre el hombre para perjuicio suyo”. Antes del pecado, no existía el concepto de un humano gobernando a su semejante, pero sí existía una jerarquía funcional con Dios; esto es: de cara a la relación Dios-humano, había jerarquía, pero de cara a la relación humano-humano, existía una igualdad total, ante la ley —si cabe, y reservándome los comentarios que tengo al respecto de dicha “igualdad ante la ley”—. En suma, al querer definir ellos mismos estipular lo “bueno y lo malo”, abrieron la puerta a la tiranía; el pecado original fue una declaración de independencia fallida que resultó en la esclavitud del humano por el humano; al rechazar el orden establecido por Dios, quedaron a merced de los caprichos legislativos de sus semejantes.

Sobre Dios, las leyes y el Estado

No es casualidad que Jesús haya mantenido una postura de separación radical del poder político de su tiempo, porque su reino “no era parte de este mundo” (Jn. 18:36). Cuando Satanás lo tienta ofreciéndole todos “los reinos de este mundo” —y nadie ofrece algo que no le pertenezca (ver: 2 Cor. 4:4)—, los rechaza por completo. De hecho, si se interpreta bien Romanos 13, que a menudo se usa para apoyar al Estado, lo que realmente estaba diciendo Jesús era: “Si tiene la cara del César, es de él; pero ustedes son imagen de Dios, por tanto, no le pertenecen al Estado”, siendo una respuesta evasiva que deslegitimaba el reclamo absoluto del Estado sobre el individuo. Es más, el mismo Jesucristo criticó el legalismo en el que habían incurrido los supuestos maestros que debían guiar al pueblo en su relación con Dios, porque se había perdido el sentido originario de la ley (Mat. 23:4, 13, 23-24, 27-28; Mc. 2:27; 7:8-9).

Hablando de ley, antes de Saúl —el primer rey—, los israelitas, en calidad de pueblo escogido de Dios, no tenían un gobierno central, ni impuestos permanentes, ni ejército profesional, pero sí tenían jueces que fungían como líderes y guías en la resolución de conflictos basados en el Torá —leyes ya dadas, en algunos aspectos rígidas, porque tampoco puede ser de otra manera— y la costumbre —énfasis en: costumbre, derecho consuetudinario—. Cuando el pueblo pide un rey, Dios le dice a Samuel que lo han rechazado directamente, y Samuel pasa a describir lo que hace un Estado: “Tomará a sus hijos… tomará sus campos… y tomará sus diezmos” (1 Sam. 8), siguiendo con la narrativa originaria del surgimiento del Estado como una apostasía —no por nada en el Armagedón, que, según se cree, será la confrontación entre el Reino de Dios y los “reyes de la tierra”, es para hacer una limpieza del mal estatista y establecer el orden originario, anárquico, bien entendido—.

La historia de la Biblia es, en gran medida, la historia de la resistencia del individuo —guiado por Dios— frente a la arrogancia del poder político. Adán quiso legislar, y eso derivó en todo lo que conocemos hoy; Nemrod quiso centralizar el poder, institucionalizando, de manera primitiva, el Estado; Israel pidió un rey y fue advertido de la esclavitud estatal; Jesús rechazó la corona terrenal y propuso una ley basada en el individuo y la propiedad. Y si el hombre no tiene derecho a enseñorearse del hombre (Ec. 8:9), entonces el Estado es, teológicamente hablando, una anomalía o un acto de rebelión continuado, “la institucionalización del Diablo en la tierra” —como sostengo en otro lugar—.

Sobre el anacronismo

Dicho lo anterior, solo queda responder a la acusación de incurrir en una anacronía, al hablar del socialismo, el pecado original, el Estado, entre otros. Y esto no amerita más que decir que en ningún momento se dice que Adán y Eva fueron socialistas por lo que hicieron, tan solo se comparan los actos, vistos con los lentes de hoy, para resaltar similitudes. Una cosa es decir que ciertos actos o ideas colindan o se asemejan de alguna manera con los conceptos del presente, y otra muy distinta decir que esos conceptos existían en el pasado. Naturalmente, no puede haber análisis histórico sin lentes del presente, porque es desde el hoy que se analizan las cosas; entonces, la responsabilidad de quien emite juicios de valor al respecto es saber separar los conceptos y atenerse a las comparaciones lógicas, resaltando similitudes. Es esto lo que he hecho, no un anacronismo. La Biblia, con todos sus personajes, no es socialista, ni liberal, pero sí es cierto que muchos de sus principios o enseñanzas se pueden comparar con los principios de esos conceptos del presente. Para ser más rigurosos, lo que estoy haciendo es una tipología analítica, porque identifico constantes en la historia y la naturaleza humana —bíblicamente hablando, en este caso— para darles nombre con el léxico técnico que poseemos hoy.

Bíblicamente hablando, el socialismo, derivado del estatismo, como fenómeno de control centralizado que erosiona la propiedad y atenta contra la libertad, es una manifestación de una inclinación humana mucho más antigua. En otras palabras, el principio de usurpación de autoridad, que se adhiere a sí misma una supuesta legitimidad para estipular el bien y el mal, operaba antes de que Marx, Proudhon, o cualquier otro teórico socialista, escribieran una sola palabra. Nadie puede acusarme de incurrir en anacronismos por usar el término “socialismo” o “estatismo” como una herramienta de diagnóstico para describir la actitud de Adán —si se me permite la alegoría, es como si estuviese usando un microscopio moderno para ver una bacteria antigua; la bacteria siempre existió, pero el microscopio me permite nombrarla y entender su comportamiento—. Si nos acercamos a la Biblia con actitud correcta, repararemos en que la misma sí establece fundamentos sobre los cuales se construyen, o se pueden analizar, las ideologías modernas —como el principio de no agresión, la soberanía del individuo, entre muchos otros etc.—, y con esto en mente, yo puedo afirmar que cualquier sistema que intente obligar a las personas a someterse a leyes humanas arbitrarias —lo que hoy llamamos estatismo desde el libertarismo— es una repetición del patrón de rebelión del Génesis. Es lamentable que muchos estudiosos de la Biblia, creyéndose a sí mismo eruditos, no sepan hacer esta distinción en el momento de su estudio, porque confunden dogma —lo que la iglesia dice que pasó— con el análisis de las implicaciones del acto.


[1] Roymer Rivas [@roymer_rivas]. 2025. Adán y Eva arremetieron en contra de la propiedad de Dios al comer del fruto. Es decir, cometieron un acto [reel]. Instagram. En: https://www.instagram.com/p/DQR-jrxkeQq/ (Cit: 22/01/2026).

[2] Ibidem. Comentario de Moisés Delgado [@moisesdelgado195].

[3] La Biblia dice que el nombre de Dios, traducido al español, es Jehová —o Yawéh— (Sl. 83:18; 113:2; Is. 42:8; entre otros).

[4] El anacronismo trata cuando se sitúa a una persona, objeto, evento o idea en una época histórica a la que no pertenece. Es decir, como el “socialismo” es un concepto de la modernidad, incurro en un error al hablar del mismo en una época a la que no existía el concepto.

El odio que no desaparece: antisemitismo, indignación selectiva y la falsa superioridad moral de los extremos

María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)

En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía.

María José Salinas

«Los nazis no desaparecieron: solo dejaron de llamarse nazis». La frase incomoda porque apunta a una verdad que preferimos esquivar: el odio rara vez muere. Se recicla; cambia de lenguaje, de consignas y de banderas. Hoy, en plena era de la información, del acceso inmediato a los datos y del activismo digital, seguimos reproduciendo discursos cargados de resentimiento, deshumanización y dogmas morales disfrazados de virtud. Y uno de los odios más antiguos de la historia: el antisemitismo, sigue ahí, intacto, solo que con nuevos disfraces.

El antisemitismo no es una anomalía histórica ni un error aislado. No. Es un patrón. Reaparece con fuerza en épocas de crisis, miedo e incertidumbre colectiva. Durante la peste negra del siglo XIV, por ejemplo, se acusó a los judíos de envenenar pozos. El “indicio” era que enfermaban menos. La explicación real era mucho más simple: normas comunitarias de higiene y rituales de limpieza que reducían los contagios. Pero cuando el miedo domina, la razón estorba. El resultado fue persecución, pogromos y masacres.

Ese esquema se repitió durante siglos. Expulsiones, guetos, prohibiciones legales, deshumanización sistemática. Se les acusó de usureros, traidores o conspiradores globales, muchas veces como consecuencia directa de restricciones impuestas por las propias sociedades que luego los odiaban. Marginación, adaptación, supervivencia, relativo éxito… y de nuevo resentimiento.

Nada de esto desapareció con el tiempo. El antisemitismo nazi no surgió de la nada. Hitler no inventó el odio: lo heredó, lo institucionalizó y lo convirtió en política de Estado. El Holocausto fue la culminación brutal de siglos de mentiras repetidas hasta parecer verdades.

Lejos de quedar atrás, el antisemitismo no murió con el nazismo: mutó.

Hoy se disfraza de activismo, de superioridad moral, de consignas supuestamente humanitarias. Palabras como «sionismo» se vacían deliberadamente de significado y se convierten en insultos automáticos. En su definición más básica, el sionismo es el reconocimiento del derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a la existencia del Estado de Israel. No es una conspiración global ni un proyecto de dominación. Sin embargo, repetir caricaturas resulta más cómodo que estudiar conceptos.

Este vaciamiento del lenguaje no es exclusivo de este tema. Lo vimos también con términos como «neoliberalismo»: ideas complejas reducidas a monstruos imaginarios, útiles para señalar enemigos, no para comprender la realidad. Cuando las palabras dejan de explicar y empiezan a condenar, dejan de ser herramientas de análisis y se convierten en armas ideológicas.

Criticar a Israel no es antisemitismo por definición. Ningún país, religión o cultura es intocable. Negar la existencia de corrientes radicales dentro del judaísmo sería intelectualmente deshonesto. Lo determinante es que la diferencia es histórica y está ampliamente documentada: el pueblo judío ha sido hostigado, expulsado y exterminado incluso cuando no ostentaba poder alguno; persecuciones, pogromos y masacres no son opiniones: son hechos.

Y, aun así, la resiliencia judía ha sido extraordinaria: educación, comunidad, trabajo, adaptación. No desde la victimización perpetua, sino desde la reconstrucción constante. Esa capacidad de sobrevivir y prosperar, bajo amenaza constante, descoloca. Porque recuerda algo peligroso para las ideologías del resentimiento: que el progreso es posible sin rendirse al odio.

En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía. Se repite sin matices que “los sionistas matan niños”, mientras se ignora deliberadamente un contexto incómodo: Israel es uno de los pocos países de Medio Oriente donde conviven distintas religiones, incluidos musulmanes palestinos, con derechos civiles reconocidos.

La indignación, además, no es selectiva solo con Israel: es selectiva con todo.

Mientras se grita “genocidio” en Gaza, hay un silencio ensordecedor frente a lo que ocurre en Irán. Bajo el régimen de los ayatolás —una autocracia teocrática, no un gobierno conservador— más de 16 mil manifestantes han sido asesinados por pedir libertad. Mujeres, jóvenes y ciudadanos comunes cuyo único delito fue protestar. No hay marchas masivas con pancartas de #FreeIran; no hay campañas virales sostenidas. La razón es elocuente: el régimen iraní es aliado de esa misma izquierda internacional que levanta banderas humanitarias solo cuando conviene.

Para justificar ese silencio, surgen teorías conspirativas grotescas: que si los manifestantes son agentes del Mossad, que si la CIA infiltra protestas, como si un Estado con uno de los aparatos represivos más grandes del mundo no pudiera controlar supuestos infiltrados. Lo que sí está documentado, en los hechos, es que fuerzas del régimen —muchas veces vestidas de civiles— disparan abiertamente contra su propia población. Aceptar esto implicaría reconocer un genocidio incómodo.

Lo mismo ocurre con Venezuela. Cuando Estados Unidos actúa contra Nicolás Maduro, el discurso dominante habla de “invasión” y de “violación de la soberanía”. No obstante, la soberanía no es una consigna vacía: implica el respeto a la voluntad del pueblo. En Venezuela, esa voluntad fue anulada hace años. No hay elecciones libres; existen presos políticos y centros de tortura, entre ellos El Helicoide, que continúan operando. Dado que el régimen es aliado ideológico, el horror se relativiza.

Aquí no se trata de defender a la izquierda o a la derecha. De hecho, la nueva derecha también tiene responsabilidad. En no pocos casos, vemos de qué manera se intenta desprestigiar a figuras del calibre de María Corina Machado, no por su lucha frontal contra una de las dictaduras más crueles de América Latina, sino porque no encaja en una narrativa moral rígida. Defender libertades individuales, apoyar el matrimonio igualitario o sostener posturas complejas sobre el aborto basta para que la llamen “progre” o “woke”, como si la libertad solo fuera válida cuando coincide con el dogma propio.

Machado ha demostrado algo que escasea en ambos extremos: poner el bien de su país por encima del ego, del reconocimiento personal o de la pureza ideológica. Incluso cuando eso implica gestos difíciles, estratégicos o políticamente incorrectos. Porque hay momentos en los que la prioridad no es sentirse moralmente superior; es sacar a un cáncer enquistado del poder, aunque el costo personal sea alto y el riesgo, real.

Eso es lo que los extremos no toleran: a quienes no se someten por completo a su relato. A quienes entienden que la libertad no viene en paquetes ideológicos cerrados, ni en consignas fáciles, ni en enemigos prediseñados.

Al final, conviene decirlo sin rodeos: odiar al otro no te hace mejor persona, no te vuelve más consciente, ni más justo, ni más humano. Te convierte en alguien dominado por el resentimiento, en alguien que necesita un enemigo para sentirse moralmente superior. El odio no es valentía intelectual: es la renuncia más cómoda al pensamiento propio.

Hoy contemplamos una izquierda que condiciona su humanidad según alianzas políticas y una derecha que pretende monopolizar la moral mientras recorta libertades individuales. Dos caras de la misma moneda: la falsa superioridad moral. Ambas prefieren el dogma a la reflexión y el resentimiento a la libertad.

El problema ya no es solo el antisemitismo. Es más profundo y peligroso: una cultura política donde se odia más de lo que se ama la libertad. Donde se justifica la tiranía si el tirano es “de los nuestros”. Donde se prefiere ver pueblos sometidos antes que aceptar que la vida, la propiedad y la libertad individual siguen siendo valores irrenunciables, provengan de donde provengan.

La historia no se repite de manera exacta, pero rima con el pasado. Y cuando el odio vuelve a disfrazarse de virtud, el verdadero acto de rebeldía es negarse a convertirse en él.

Depresión vs economía venezolana

Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela

(…) aprovechemos que tenemos talento y capital humano, capacitado para levantar esta nación, no dejes pasar la oportunidad de hacer grandes cosas en tu país, ese que te ha dado tanto, no solo un hogar, sino una educación, formación, amigos, seguridad, felicidad y muchas cosas más.

Génesis N. Rodríguez G.

A propósito del día de la depresión, el cual se conmemoró el 13 de enero, decidí escribir acerca de este tema porque he notado de manera significativa como la depresión en los venezolanos ha crecido. Y es que, según el estudio psicodata de la UCAB 2024-2025, la depresión creció desde el 2015 un 20% durante esta última década.  Algo que debemos entender es el significado de la depresión, ya que últimamente escucho a mucha gente a mi alrededor —sobre todo jóvenes menores de 25 años— decir: “yo sufro de depresión” y muchas veces ni saben lo que están diciendo, algunas veces he llegado a pensar que lo dicen por moda, y es que para uno poder decir que sufre de algo con tal seguridad lo mínimo es que hayas sido diagnosticado con eso por un profesional médico, de resto es mejor no estar haciendo tales afirmaciones, porque el cuerpo responde a las palabras que a menudo uno se repite.

La RAE define la depresión como la acción y efecto de deprimir o deprimirse, y el concepto psicológico nos dice que es un Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos. Existen muchos factores que influyen en nuestro estado de ánimo y conducta, pero debemos saber que todo nace desde el pensamiento, una mente sana y con pensamientos positivos te mantienen con una mejor salud, vemos la vida menos compleja y los problemas más sencillos de resolver, porque aunque a veces no tengamos de inmediato la solución del problema, estamos convencidos de que vamos a encontrarla, y solo siendo optimista y positivo se resuelven los problemas, porque ya en su mente se lo creyó, lo visualizo, comprendió que algo anda mal pero sabe que si es pesimista puede ser peor y decide abrir paso a un abanico de ideas creativas, cargadas de alegría, lucidez y análisis crítico, y es allí como da paso a lo bueno, y no a los pensamientos depresivos.

Hasta hace poco fuimos “el país más feliz del mundo”, o al menos eso nos hicieron creer con su narrativa oficial los ejecutivos del gobierno durante muchos años, después de anunciar la noticia un día sábado por el entonces ministro del Poder Popular para la Alimentación, Rafael Oropeza, quien mostró el artículo del libro Guinness 2008, que reseñaba unas encuestas que realizo la organización y se estableció que el 57% de los Venezolanos consultados decían “ser bastante felices” y ya para los años 2013 y 2014 toda esa felicidad iba en deterioro y ocupábamos el puesto 20 según el estudio Gallup, y luego para el año 2019 el ranking de felicidad de la Organización de las Naciones Unidas nos situó en el puesto 108 —tristemente en los últimos puestos entre los países más infelices del mundo—.

Como buena economista egresada de la UCV, reviso las estadísticas para hablar con base de tales acontecimientos, es así como presto atención al pasado para recordar porque éramos llamado los “más felices del mundo”, y como no serlo si tenemos la reserva de petróleo más grande del mundo, cantidades de recursos minerales los cuales muchos aun ni han sido explotados —carbón, oro, bauxita, torio, tantalio, uranio, cobre, gas, entre otros—, maravillas naturales que, como turismo, aún no han sido valoradas ni se les ha sacado el provecho económico que deberíamos, con tan solo estos aspectos que he mencionado tendríamos para decir que como nación tenemos para ser felices por siempre, sin contar que tenemos un clima privilegiado, un suelo muy fértil según atlas Venezuela, apto para producir distintas cantidades de alimento, vegetales, frutas, tubérculos, y si miramos hacia el lado de la agricultura y ganadería, como bien mencionaba nuestro maravilloso Economista Venezolano Alberto Adriani, el cual, en sus escritos siempre hizo hinca pie en que debemos invertir tecnología y recursos en esta área, porque el sector agrícola tiene mucho potencial para hacer crecer la economía en Venezuela pero no se le ha dado la importancia, y nos urge innovar ahora mismo, ¿por qué desaprovechar todas esas extensiones de tierra que Dios nos regaló?

En este escenario, como mujer aguerrida y pensante, me digo y les digo: aprovechemos que tenemos talento y capital humano, capacitado para levantar esta nación, no dejes pasar la oportunidad de hacer grandes cosas en tu país, ese que te ha dado tanto, no solo un hogar, sino una educación, formación, amigos, seguridad, felicidad y muchas cosas más. Debo siempre hablar desde lo real, pisando tierra firme, y saber que estamos pasando por tiempos de mucha incertidumbre, confusión, muchas emociones encontradas como sociedad, y aunque no será fácil salir de esto tan complejo, debemos empezar, y arrancar con todos los motores, para poder construir una nación potencia debemos hacerlo unidos, en conjunto, en fraternidad, en amor como manda Dios, el amor todo lo soporta y nosotros como país hemos soportado de todo, sobrepasado tantas pruebas, y ahora es el momento de ver la gloria, y solo la veremos si empezamos a educarnos, a cambiar culturalmente, manteniendo pensamientos productivos, el que este en la etapa de estudiante que estudie, que se preocupe por aprender bien y ser el mejor en su área, el que este laborando labore bien, hay que dar el 100 todos los días. El que este sembrando, siembre bien, y quienes aun en este punto no saben qué hacer con sus vidas, tómese unos 3 minutos de su tiempo, analice su realidad, y estoy segura que encontrara la respuesta; siendo optimista, espero que en sus adentros se digan así mismos algo así: “Yo SÍ quiero ser parte de este nuevo comienzo en Venezuela”.

Dicho lo anterior, me gustaría terminar con unas palabras de Dalai Lamal: “El propósito de la vida es la felicidad”. Insto a que la busquemos con inteligencia, sabiduría, esfuerzo, disciplina, confianza y capacidad para reflexionar, solo unidos iremos camino a su encuentro.

El 28 de julio nunca existió

Orlando Fuenmayor S., escritor venezolano. (X: @orlandojosefs)

(…) Edmundo se diluye y María Corina entiende algo esencial: Washington no es un espacio para construir transiciones, sino para reposicionarse. Su presencia allí no busca puentes ni pedidos formales, sino mantenerse dentro del juego.”

Orlando Fuenmayor

La noche del 2 de enero yo estaba escribiendo un artículo titulado No hay con quién hablar, y que nunca publique por obvias razones. No era un texto sobre diálogo ni negociación —nunca lo fue—, sino sobre la imposibilidad de resolver el conflicto venezolano a través de intermediarios políticos tradicionales. Mi premisa era clara: Venezuela solo salía de su crisis mediante una intervención. En eso no me equivoqué; el error fue no haber dimensionado cómo iba a ejecutarse esa intervención.

Mientras yo analizaba el escenario desde una lógica de presión externa progresiva —sanciones, aislamiento, desgaste internacional—, la apuesta que se estaba jugando era mucho más cruda y directa. La acción de Donald Trump no contradijo el diagnóstico de fondo, pero sí rompió la forma “ordenada” en la que muchos creímos que ese desenlace iba a producirse.

Ese mismo 2 de enero, mientras escribía que Edmundo González y María Corina no lograban consolidar un liderazgo político real y que Nicolás Maduro se negaba a cualquier salida pactada por su obsesión de sostener su proyecto hegemónico, la historia avanzaba por otro carril. Maduro no estaba calculando escenarios de transición ni midiendo costos diplomáticos. Estaba atrincherado, convencido de que resistir era suficiente. No lo fue. Terminó capturado y encarcelado.

Ahí quedó claro el verdadero error de mi análisis: pensar que la intervención iba a operar principalmente desde afuera hacia adentro, cuando en realidad iba a gestarse desde adentro hacia afuera. Donald Trump no es un político convencional. No actúa bajo los códigos clásicos de la diplomacia ni bajo la lógica del reconocimiento institucional. Su pragmatismo lo lleva a una conclusión incómoda, pero históricamente eficaz: los regímenes autoritarios no caen por presión externa sostenida, sino por fractura interna inducida.

La intervención nunca necesitó de la oposición formal. Necesitaba del chavismo. No de interlocutores simbólicos, ni de gobiernos paralelos, ni de relatos electorales. Lo que hacía falta era alguien del círculo íntimo de Nicolás Maduro con poder real, información y disposición a venderlo. Alguien capaz de romper el bloque desde adentro. Y en ese punto, el nombre es inevitable: Delcy Rodríguez.

No haber dimensioné que la clave de la intervención no estaba en acumular legitimidad internacional, sino en activar una traición interna. No por supuestos alineamientos militares con la oposición —narrativa repetida durante años—, sino por un cálculo frío dentro de la cúpula del poder.

Nunca existió un estamento militar esperando instrucciones opositoras. Esa fue una ilusión cuidadosamente alimentada. Y aquí entra el segundo eje clave: la estrategia de María Corina Machado. Su lectura del factor militar fue, como mínimo, optimista. Durante años se transmitieron informes, señales y expectativas sobre unas Fuerzas Armadas dispuestas a desconocer a Maduro. Nada de eso se materializó. No hubo quiebre institucional desde abajo. El quiebre vino desde arriba.

Eso no invalida su rol político, pero sí marca un límite claro de su estrategia: el poder real nunca estuvo donde ella decía que estaba. En este contexto, surge una pregunta incómoda: ¿sabía Edmundo González que su figura no era clave para el desenlace real? ¿Le advirtieron desde Washington que su llamado “gobierno electo” carecía de peso operativo?

Porque hoy queda claro que la captura de Nicolás Maduro no se fundamenta en resultados electorales, sino en la ilegitimidad estructural del sistema. No se actuó por un fraude puntual, sino porque el proceso electoral venezolano dejó de existir como mecanismo válido hace años. Y eso lo cambia todo.

Edmundo González no es presidente electo, no encabeza una transición y no ocupa un lugar central en el desenlace político venezolano. No por incapacidad personal, sino porque nunca fue una pieza decisiva en el tablero real. Su figura fue funcional a un relato, no a una estrategia de poder.

Este mismo análisis desnudo a la falsa oposición, que intentó justificar las elecciones como parte de una gran jugada vinculada a Trump. Esa lectura fue errada, ya que en 2019 se había intentado desmontar a Maduro bajo el argumento de su ilegitimidad, una ilegitimidad que no nace en 2024 ni siquiera en 2018. Recordemos que, en 2018, con Henry Falcón como candidato, Smartmatic denunció manipulación de resultados y el propio PSUV fue señalado por inflar votos a favor de Maduro. El problema nunca fue una elección específica, sino el sistema completo.

En este escenario, Edmundo se diluye y María Corina entiende algo esencial: Washington no es un espacio para construir transiciones, sino para reposicionarse. Su presencia allí no busca puentes ni pedidos formales, sino mantenerse dentro del juego.

La jugada de arrastrarse con Premio Nobel de la Paz no es ingenua ni decorativa. Es una maniobra de supervivencia política en un contexto donde el poder ya no se disputa en elecciones inexistentes, sino en decisiones internas.

La noche del 2 de enero no entendí que estaba equivocado en el desenlace. Razoné que me había quedado corto en el método. Por ello la intervención siempre fue inevitable y que el 28 de julio de 2024 nunca existió en todo el relato.

Lo que no dimensioné fue que la llave no estaba afuera, sino adentro.

El efecto Meloni: un análisis a la nueva era de Europa

Por Carlos Infante, abogado.

Desde su ascenso al poder en 2022, Giorgia Meloni no solo ha consolidado un liderazgo interno histórico, sino que ha devuelto a Italia una centralidad diplomática que el país no lograba articular en décadas. Tras años de una política exterior supeditada a los ejes de poder de potencias como Francia o Alemania, la actual administración ha logrado posicionar a Roma como un pilar fundamental en la toma de decisiones del continente.

La trayectoria de Meloni es el resultado de una evolución política constante. Desde sus inicios como dirigente estudiantil hasta su ingreso en la Cámara de Diputados en 2006, su carrera ha estado marcada por una coherencia ideológica que culminó en la fundación y posterior presidencia de Fratelli d’Italia. Bajo su dirección, la formación transitó de ser un actor secundario a convertirse en la fuerza política predominante, logrando conectar con un electorado joven mediante una síntesis entre el conservadurismo nacionalista y una visión pragmática de la derecha moderna.

A diferencia de sus predecesores, cuya retórica se alineaba estrictamente con el consenso de Bruselas, Meloni introdujo una narrativa disruptiva. Al cuestionar abiertamente las políticas migratorias y los marcos comerciales de la Unión Europea —entonces definidos por la hegemonía progresista de la era Merkel-Macron—, la Primer Ministro italiana logró capitalizar el descontento social derivado de la crisis energética y los desafíos de seguridad regional.

La crisis multidimensional que atraviesa Europa, exacerbada por el conflicto en Ucrania y las tensiones en la gestión de fronteras, ha validado el discurso de una “Europa de las Naciones” que Meloni abandera. Su consigna sobre la ciudadanía como un derecho que se ejerce con responsabilidad ha resonado más allá de las fronteras italianas, impulsando un auge de movimientos similares en países como España, Francia, Alemania y los Países Bajos.

Este fenómeno ha fortalecido los vínculos con figuras como Santiago Abascal en España o Marine Le Pen en Francia, creando un frente que desafía el statu quo del progresismo europeo y busca una reestructuración de las instituciones comunitarias hacia modelos más estrictos en defensa y soberanía económica.

El impacto de Meloni trasciende el ámbito continental. En el plano global, ha demostrado una notable capacidad para forjar alianzas estratégicas basadas en la afinidad ideológica y el beneficio mutuo. Ejemplo de ello es su estrecha relación con el presidente argentino Javier Milei, con quien ha dinamizado acuerdos económicos y diplomáticos de gran calado.

Sin embargo, es su relación con la administración de Donald Trump en Estados Unidos lo que define su nuevo estatus internacional. Al posicionar a Italia como el aliado europeo más confiable para Washington, Meloni ha logrado un desplazamiento táctico frente a las relaciones históricas que EE. UU. mantenía con el Reino Unido o Francia. Esta conexión, que algunos analistas comparan por su solidez a la dupla Thatcher-Reagan, sitúa a Roma en una posición de ventaja estratégica sin precedentes en la era moderna.

Es así como Giorgia Meloni ha demostrado ser una estratega capaz de transformar la ambición política en estabilidad institucional. Al combinar un discurso firme e inflexible con una gran habilidad para las relaciones humanas y diplomáticas, ha logrado lo que parecía inalcanzable: situar de nuevo a Italia en el centro del tablero geopolítico global y consolidar el mandato más estable y duradero de la historia reciente del país.

El Frente Institucional Militar exige la libertad de todos los presos de conciencia en Venezuela

​​El Frente Institucional Militar, asociación civil legalmente constituida según las leyes de la República de Venezuela, ha hecho una llamado a la liberación de todos los presos políticos que mantiene la narcotiranía que ahora encabeza la jerarca Delcy Rodríguez, despues de la captura del genocida dictador Nicolás Maduro, a manos de EE. UU.

En concreto, el movimiento expresa:

«​​FRENTE INSTITUCIONAL MILITAR
​Asociación civil legalmente constituida según las leyes de la República

LIBERTAD, SAGRADO DERECHO

​Nosotros, oficiales retirados de la Fuerza Armada Nacional e integrantes del Frente Institucional Militar (FIM), en ejercicio del deber ciudadano consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y frente de opinión legitimado ante el país por nuestros 25 años de servicio, como grupo de ciudadanos comprometidos con la verdad y la justicia, expresamos nuestra profunda decepción ante las promesas incumplidas del régimen. Se anunció la liberación de más de un millar de presos de conciencia y el retorno de miles de exiliados, forzados a abandonar el país por defender sus principios y valores. Sin embargo, hasta la fecha, menos de un centenar han sido liberados; la gran mayoría continúa privada de su libertad y del derecho a vivir en su tierra.

​Nos enardece constatar que además de los centenares de patriotas injustamente internados en centros de reclusión, más de 160 de nuestros compañeros permanecen secuestrados, todos en centros de tortura física y mental, sometidos a condiciones inhumanas que buscan quebrar su espíritu y silenciar sus voces. Esta realidad es intolerable; constituye una afrenta contra la dignidad humana y los derechos fundamentales.

​Por ello, exigimos la libertad inmediata de todos los presos de conciencia; el regreso de los exiliados políticos; el cese de la persecución y el acoso contra la mayoría de los venezolanos que creemos en la libertad de expresión; el respeto a la diversidad de ideas y al derecho legítimo a la crítica frente a cualquier forma de opresión; y la garantía de una ciudadanía activa que pueda ejercer sus derechos sin miedo ni represalias. Todas estas son condiciones indispensables para proclamar que vivimos en un país donde la democracia, la paz y la libertad definen a la sociedad que lo habita.

​Nuestra voz se alza en nombre de quienes resisten desde las cárceles y el exilio, impuesto o asumido, en busca de la seguridad, el trabajo, la salud y la prosperidad de las que hoy carecemos y en nombre de todos los venezolanos que no renunciamos a la esperanza de un país libre, justo y plural.

​En el vigésimo quinto aniversario de la fundación del Frente Institucional Militar en Caracas el 14 de enero de 2026.

Por el Frente Institucional Militar.

General de Brigada (Ej) Juan Antonio Herrera Betancourt. Presidente.
General de Brigada (Ej.) Teodoro Díaz Zavala. Vicepresidente.
General de Brigada (GN) Rafael Vera Ruiz. Secretario de Organización.
General de Brigada (Ej.) Juan Ferrer Barazarte. Representante del Ejército.
Contralmirante Elías Buchzser Cabriles. Representante de la Armada.
General de Brigada (AV) Eduardo Arturo Caldera Gómez. Representante de la Aviación.
General de Brigada (GN) Simón Figuera Pérez. Representante de la GN.
Vicealmirante Rafael Huizi Clavier. Expresidente.
General de División (AV) Manuel Andara Clavier. ExPresidente.
General de Brigada (GN) Miguel Aparicio Ramírez. ExPresidente.
General de División (AV) Raúl Ramón Morales
General de División (EJ) Vicente Luis Narváez Churión
General de División (GN) Luis Felipe Nery Arrieta Ávila
General de División (AV) Julio García Pino
General de División (EJ) Simón Luis Virgilio Tagliaferro
General de División (GN) Marcos Pacheco Melgarejo
General de División (GN) José Barrios Dulcey
General de División (EJ) Carlos Julio Peñaloza
Vicealmirante Antonio Pérez Criollo Miembro Fundador
General de División (AV) Jesús Hung Abreu Miembro Fundador
General de División (EJ) Fernando Ochoa Antich Miembro Fundador
General de División (EJ) Jorge Tagliaferro De Lima
General de División (AV) Fernando Graterol Calles
General de División (AV) Freddy Yánez Méndez
General de División (EJ) Rafael Montero Revette
Vicealmirante Efraim Díaz Tarazón
Vicealmirante Carlos Ramos Flores
Vicealmirante Jesús Enrique Briceño García
Vicealmirante Julio Chacón Hernández
General de División (GN) Gerardo Briceño García
General de División (AV) Luis Enrique Amaya Chacón
General de División (AV) Wladimir Filatov Riabkov
General de División (AV) Pablo Pérez Pérez
General de División (GN) Rafael Damiani Bustillos
Vicealmirante Héctor Ramírez Pérez
General de División (GN) Luis Camacho Kayruz
General de División (EJ) Gonzalo García Ordoñez
General de División (EJ) José Félix Ruíz Guzmán
General de División (AV) Carlos Seijas García
General de Brigada (GN) Antonio Contreras Escalante
General de Brigada (GN) Raúl Cepeda
General de Brigada (GN) Humberto Seijas Pittaluga
Contralmirante Ricardo Hernández Hernández
General de Brigada (EJ) Gustavo Salas Paredes
General de Brigada (EJ) José E Godoy Peña
General de Brigada (GN) Domingo Rojas García
General de Brigada (EJ) Raimundo Guisandes López
General de Brigada (EJ) Juan de Dios Vierma Fuentes
Contralmirante Félix Antonio García Zambrano
Contralmirante José Velasco Collazo
General de Brigada (EJ) Ennio Torres Izarra
Contralmirante Cesar Manzano Zavala
Contralmirante Jorge Alberto Bustamante Cáceres
Contralmirante Raúl Bustamante Pulido
Contralmirante Gregorio Molleja Rodríguez
Contralmirante Eddy Guerra Conde
General de Brigada (AV) Gonzalo Gómez García
General de Brigada (AV) Frank Ramón Lares Rodríguez
General de Brigada (GN) Orlando Hernández Villegas
General de Brigada (GN) Carlos Gibbs Salazar
Contralmirante Eddie Ramírez Poveda
General de Brigada (EJ) Rafael Peña Pereira
General de Brigada (EJ) Cesar Ramos Álvarez
General de Brigada (AV) Hugo Blanco Padrón
General de Brigada (AV) Omar Cartaya Parra
Contralmirante Oscar Betancourt Patiño
General de Brigada (GN) Ramón Rodríguez Mayol
General de Brigada (GN) Héctor Rodríguez Brito
General de Brigada (EJ) Henry Lugo Peña
General de Brigada (EJ) Néstor González González
Contralmirante Edgar Morillo González
General de Brigada (EJ) Luis Felipe Párraga Barrios
General de Brigada (AV) Román Aquiles Gómez Ruíz
General de Brigada (AV) Néstor Sánchez Toro
General de Brigada (AV) Martin Lon Blanco
General de Brigada (EJ) Ángel Vivas Perdomo
General de Brigada (AV) Jorge Luis Guerrero Barrios
General de Brigada (AV) Eduardo Báez Torrealba
Contralmirante Daniel Comisso Urdaneta
General de Brigada (EJ) Antonio Rivero
General de Brigada (AV) Carlos Rodríguez Vieira
General de Brigada (AV) Juan Alexander Aparicio Pernía
Coronel (EJ) Vidal Montiel Maestre
Coronel (EJ) Adolfo Pastrán Matute Miembro Fundador
Coronel (AV) Juan López Cordero
Coronel (EJ) Manuel Antonio Ledezma Hernández
Coronel (GN) Alirio Miguel Cabrera
Coronel (EJ) José Rafael D’ Lacoste Parra
Coronel (GN) Luis Hernández Cohén
Coronel (GN) Leopoldo Saavedra Balza
Coronel (GN) Asdrúbal Ramos Balza
Coronel (EJ) Azael Valero
Capitán de Navío Carlos Rodríguez Bártoli
Capitán de Navío Asdrúbal Becerra Rivas
Capitán de Navío Luis Guillermo Ramos Castillo
Capitán de Navío Javier Sánchez Pereira
Capitán de Navío Juan Rivas Ramírez
Capitán de Navío Carlos Lavado Móttola
Capitán de Navío Luis Salas Marcano
Capitán de Navío Omer Enrique Hevia Araujo
Coronel (EJ) Blas Daboín Mazzei
Coronel (GN) Jesús Alarcón Hernández
Coronel (EJ) Antonio Varela
Coronel (GN) Juan Bautista Savelli Carrera
Coronel (EJ) Betulio Nucete Rios
Coronel (EJ) Carlos Barito Grana
Coronel (GN) Nelson Padilla Carrera
Coronel (A) Félix Edgardo Quiñones
Coronel (AV) Jaime Salcedo Galvis
Coronel ((AV) Carlos Morales Jurado
Coronel (AV) Omar Emigdio Parra Pérez
Coronel (GN) José Rangel Terán
Coronel (AV) Humberto Álvarez Acosta
Coronel (AV)Marco Tulio Salas Vivas
Coronel (AV) Pedro Soto Fuentes
Coronel (GN) Artemio Boada
Coronel (GN) Ángel Eduardo Jiménez Pérez
Coronel (AV) Antonio Ortega Brouzes
Coronel (AV) Alejandro Malpica Pérez
Coronel (AV) Alexis González Cordero
Coronel (GN) Luis Lara Santamaría
Coronel (GN) Osmán López Lampe
Coronel (EJ) Orlando Martínez Ugueto
Coronel (EJ) Enrique Sosa Segnini
Coronel (EJ) Henry Antonio Gutiérrez
Coronel (EJ) Widman Olaf Alcalá González
Coronel (EJ) Romualdo Gilberto Rodríguez Mijares
Coronel (EJ) Orlando Suarez Galeano
Coronel (AV) Ramón Francisco Guzmán Díaz,
Coronel (AV) Campo Elías Flores Zerpa
Coronel (AV) Pablo Collazo Jiménez
Coronel (AV) Juan Faría Molero
Coronel (AV) Juan González González
Coronel (GN) Carlos Emiro Méndez Jiménez
Coronel (GN) Isaac Bouchard Gómez
Coronel (GN) Alex Montenegro Méndez
Coronel (GN) José Luis Quintana
Coronel (EJ) Castor Torcat
Coronel (EJ) Máximo Marchán
Coronel (EJ) Nelson Salcedo López
Coronel (EJ) Miguel Schmilinsky París
Coronel (EJ) Valmore Loaiza Baduel
Coronel (EJ) Raimundo Rodríguez
Coronel (AV) Oswaldo Martínez González
Coronel (AV) Inés María Camacho Freitez
Coronel (AV) Emmanuel Calles Manzano
Coronel (AV) José Luis Hernández Veroes
Coronel (AV) José González Hidalgo
Coronel (EJ) Rafael Arteaga Romero
Coronel (EJ) Rafael Pazos
Coronel (AV) Arturo Gilberto Bello Delgado
Teniente Coronel (EJ) Marco Antonio Mangarret
Teniente Coronel (AV) José Guevara Gutiérrez
Teniente Coronel (EJ) Manuel Lugo Tovar
Teniente Coronel (AV) Rodrigo Mijares Seminario
Teniente Coronel (EJ) Julio César Moreno
Teniente Coronel (EJ) Ovidio José Rodríguez Rodríguez
Teniente Coronel (AV) Guillermo Beltrán Vielma
Teniente Coronel (AV) Yarony Enrique Morales
Teniente Coronel (AV) Moisés Brunstein Reina
Teniente Coronel (AV) Oneida Colmenares
Teniente Coronel (EJ) Jesús López Planchart
Teniente Coronel (EJ) Cesar Augusto Becerra Luján
Capitán de Fragata Emiro Padilla Álvarez
Capitán de Fragata Alejandro López Hernández
Capitán de Fragata José Rafael Linares Badillo
Capitán de Fragata Alonso Sader Castellanos
Capitán de Fragata Reinaldo Ramírez Dala
Capitán de Fragata Leopoldo Salas Romer
Capitán de Fragata Ramón Guerrero Ramírez
Capitán de Fragata Federico Pohl Constanti
Capitán de Fragata Vincenzo Parravano Marino
Teniente Coronel (EJ) Pedro Tarcisio Donaires Lozada
Teniente Coronel (EJ) Antonio Torres Alvarado
Teniente Coronel (EJ) Isaac Antonio Tirado Gómez
Teniente Coronel (EJ) Augusto González Torre
Teniente Coronel (GN) Edgar Rodríguez Vicentelli Miembro Fundador
Teniente Coronel (GN) Richard González
Teniente Coronel (GN) Francisco Modesto Ignacio Serra
Teniente Coronel (AV) Iván Ballesteros Peña
Teniente Coronel (GN) Elias Fernando Quiñonez
Teniente Coronel (EJ) Joaquin Añez Fajardo
Teniente Coronel (AV) Arichuna Silva Romero
Teniente Coronel (GN) Raymundo Guyón Celis
Mayor (EJ) José Ramón Salas La Riva
Mayor (EJ) Federico José Ventura Infante
Mayor (EJ) Ángel Landaeta Yánez
Mayor (EJ) Hugo Parra Martínez
Capitán de Corbeta Ali Boscán
Capitán de Corbeta Nelson Viloria
Mayor (AV) Luis Hartmann Ruiz
Mayor (GN) Mario Douglas Serrano
Mayor (AV) Gonzalo Armando González Pérez
Mayor (AV) Raynell Mayela Martínez Mujica
Mayor (GN) José Augusto Chirinos Piña
Mayor (GN) Jesús Enrique Fuentes
Mayor (EJ) Roffe Abel Ramírez Contreras
Capitán (GN) José Antonio Carrero Marquina
Capitán (EJ) Jesús Rojas Díaz
Capitán (EJ) Jerry Suarez
Capitán (EJ) Alfredo Bohórquez
Capitán (EJ) Ricardo Salazar Bohórquez
Capitán (EJ) Zaib Raner Sánchez Carrera
Capitán (EJ) Wismerck Martínez Medina
Capitán (EJ) Carlos Blondell Tineo
Capitán (EJ) Víctor Rafael Salas Estupiñan
Capitán (EJ) Freddy David Salazar Guedez
Capitán (EJ) Reinaldo Pazos Arreaza
Teniente de Navío Antonio Ríos Rojas
Teniente de Navío Carlos Rodríguez
Teniente de Navío Carlos Villalobos Franchi
Teniente de Navío Henry Clemant
Teniente de Navío Isaac Solórzano Guerrero
Teniente de Navío Pedro Pedrosa
Capitán (AV) Freddy Fernández Mata
Capitán (EJ) Danny José Durán Ramírez
Capitán (GN) Orlando Velasco
Capitán (GN) Pedro José Flores Rivero
Capitán (GN) Leonardo Enrique Carrero Araujo
Teniente (AV) Beltrán Molina Núñez
Teniente (EJ) Daniel Eduardo Morales
Teniente (EJ) Carlos García
Teniente de Fragata Carlos Rodríguez Briceño
Teniente de Fragata Rafael Figueredo Cassini
Teniente de Fragata Alexander Orozco
Teniente (AV) Jorge Santa Cruz Terrazas
Teniente (GN) José Antonio Colina
Teniente (EJ) Yaniré Mantecón Orán
Teniente (GN) Manuel Alejandro Prieto Sánchez
Primer Teniente (GN) José Freddy Faria Briceño
Primer Teniente (GN) Erick Molina
Primer Teniente (GN) Juan Moisés Becerra»

Decreto 5503: De la ilusión de la subvención al capitalismo de emergencia en Bolivia

Lourdes N. Romero L., líder y defensora de las libertades individuales, económicas y de los principios democráticos en Bolivia y Latinoamérica. Coordinadora local de SFL Bolivia, cofundadora de LOLA Bolivia y Líder Regional para LOLA LATAM. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, con formación especializada en democracia, liderazgo, libertad y comunicación política mediante programas acreditados por OEA, KAS y ACEP

(…) No deseamos clubes que se suban en la escala social con favores, pero tampoco queremos clubes dignos de limosnas. Buscamos reconocimiento. Capitalismo, excelencia, libertad. Regresar al segundo carro. ¡Despierta Sudamérica! El fútbol requiere que lo liberen otra vez, que vuelva a ser brasileño en los años 80.

Lourdes N. Romero L.

En la práctica, el Decreto Supremo 5503 es una mini reforma económica por decreto que afecta a los precios de los combustibles, el régimen de inversiones, el Banco Central, los impuestos, el comercio exterior, la agricultura, la repatriación de capitales, las contrataciones públicas y las empresas estatales e incluso al sistema financiero. Esa amplitud explica que no es suficiente con referirse al «gasolinazo»; se debe leer su articulado como una rápida y extraordinaria reestructuración de la economía, en la que se combinan progresos evidentes en libertad económica con un marcado predominio del Ejecutivo.

Recursos energéticos, combustibles y compañías estatales

Más allá de la modificación de los precios, los productos relacionados con hidrocarburos y energía también han transformado la forma en que se proveen y venden los combustibles en el país, así como las restricciones que se levantan, los nuevos sistemas de fijación de precios e incluso habilitar mecanismos de acceso a la infraestructura (ej. ductos y almacenamiento) para reducir el costo fiscal de su anterior modelo y facilitar el abastecimiento. A la misma vez, se confiere poderes a particulares para modificar empresas estatales del sector, examinar contratos, participar en la administración de los mismos y fijar marcos excepcionales para compras y contrataciones «estratégicas». Más que una reforma empresarial profunda, se opta por una adecuación administrativa centrada en el Ejecutivo, que puede fusionar, ordenar y reorientar empresas estatales sin un control exhaustivo del Parlamento.

Sistema financiero, Banco Central y tipos de cambio

Se potencia bastante en distintos artículos la atribución para el Banco Central a fin de la eventual existencia de una situación de «emergencia»: podrá actuar por la vía de las líneas de liquidez, swaps de monedas o emisiones de instrumentos financieros, tales como convenios con organismos internacionales, entre otros. En el escenario de reservas bajas y bajo tensión en el mercado cambiario, la declaración del objetivo es afirmar la balanza de pagos así como también la estabilidad del sistema financiero.

Al tiempo, se acentúan ciertos deberes del registro y de reportes; se incorporan mecanismos para el manejo de divisas que provengan de inversiones estratégicas o exportaciones mediante esquemas de incentivos (se cuenta con un tratamiento preferencial para quienes liquiden divisas dentro del país). Así el Estado consolida su papel como el principal administrador de la escasez de dólares: suelta algunas válvulas, pero mantiene la administración central del flujo de divisas.

Inversión, arbitraje y contratos: artículos de “apertura controlada”.

El bloque de artículos que trata sobre el Régimen Extraordinario de Inversiones especifica lo siguiente:

  • Cuáles sectores se consideran estratégicos (como por ejemplo la minería, los hidrocarburos, la manufactura exportadora, la energía, la logística y la agroindustria).
  • Qué condiciones otorgan: estabilidad normativa en la normativa durante un tiempo determinado, garantías de estabilidad ante alteraciones que produzcan normas de, procedimiento de arbitraje y conciliación, niveles internacionales según Ley 708.

Los mismos artículos disponen que los «Contratos de Inversión» serán realizados por Decreto Supremo, poseen «efecto normativo» y se tramitarán por un procedimiento sobre el que no hay trámites de ventanilla única. Como resultado: un subsistema jurídico específico más predecible y favorable a la inversión, pero que únicamente tiene acceso proyectos de gran tamaño que reciben la refrenda del Ejecutivo. Los otros son sometidos al régimen ordinario, que tiene trámites lentos, un sistema de tributos complicado y escasa seguridad jurídica y/o legal.

Repatriación con regularización

Los preceptos de las regularizaciones de los capitales regulan: qué tipo de recursos pueden admitirse a regularizar (dinero o capital, inversiones, capitales exteriorizados non reportados); qué beneficios se otorgan (inmunidad por infracción formal, reserva reforzada, alícuotas reducidas o nulas siempre que se mantenga o se reinvierte, en Bolivia, con un plazo mínimo de tiempo); y regulan también plazos de vigencia del régimen, procedimientos para someterse al mismo, obligaciones de las entidades financieras y límites explícitos (no se amparan capitales de las que provienen de la actividad delictiva grave, como el narcotráfico, el terrorismo, la trata, etc.).

De este modo, se intenta formalmente captar liquidez, atraer, traer de nuevo, parte de los capitales ocultos; en la práctica, se abre una ventana que beneficia —en especial— a quienes, durante su vida económica, hayan tenido la capacidad de sacar o de ocultar capitales, y no se benefician quienes son —por la fuerza de la economía— los cautivos de la economía formal.

Tributación: artículos finos que cambian incentivos

El paquete de normas tributarias ocupa varios artículos y disposiciones adicionales, precisando:

  • Depreciación acelerada para los activos adquiridos dentro de un período determinado, lo que permite unas disminuciones de la base imponible del IUE más rápidas.
  • Flexibilidad en el uso de crédito fiscal IVA (por ejemplo, la ampliación del alcance para los trabajadores independientes o para las compras de producción nacional).
  • Reconocimiento de ciertos principios (neutralidad, no confiscatoriedad) límites en el tratamiento de incobrables, aportes patronales y gastos deducibles.

En cuanto al SIETE RG, en cambio, se definen umbrales de ventas, cuotas impositivas, obligaciones de facturación, plazos de permanencia y la automatización del cambio hacia Régimen General después de límites determinados.

Es un intento de ordenar y simplificar la vida formal de pequeños negocios por vía de un monotributo, siguiendo la lógica de otros países de la región, pero aún sin tocar el corazón del sistema tributario general que sigue siendo un tema pesado y complejo.

Comercio exterior, agro y producción: desmontaje parcial del intervencionismo

El conjunto de artículos sobre comercio y producción dispone de tres aspectos centrales:

  • Deslegitimar o simplemente declarar deshechas las autorizaciones previas de importación (sobre todo las asociadas con el SENAVEX) para un número importante de bienes de consumo y de capital.
  • Eliminar el viejo régimen del Certificado de Abastecimiento Interno y Precio Justo como requisito para la exportación de maíz, sorgo, azúcar, carne y otros productos (restaurándose así la libertad de exportación mediante una figura de monitoreo y no de control de precios).
  • Disponer que las entidades regulatorias deben adecuar sus disposiciones a este nuevo principio de libertad con controles “light”, disminuyendo sensiblemente la discrecionalidad que antes se usaba para bloquear embarques o castigar sectores incómodos al poder.

Para el agro, esto significa que los productores de maíz dejarían de depender de que una oficina en La Paz les dijera sí o no sobre su exportación, aunque el margen para ajustes en nombre del “abastecimiento interno” si el Ejecutivo así lo desea todavía existe. Es un avance claro, pero también es casi un avance de carácter volátil.

Contratación pública, empresas públicas y régimen de excepción

Varios artículos habilitan regímenes especiales de contratación para proyectos estratégicos, empresas públicas y asociaciones público-privadas que se alinean en la cobertura del decreto. Se acortan plazos, se desdibuja el marco de sujeciones y se permite el uso de procedimientos más rápidos y menos formales que los de la normativa de compras públicas típica.

En términos liberales, la simplificación está bien, pero siempre que venga acompañada de transparencia, competencia y de límites estrictos a la discrecionalidad. El riesgo, si eso no se cumple, es obvio: se pueden acabar combinando menos controles ex ante con más potencial de corrupción o favoritismo, justo en los sectores donde se moverán los mayores volúmenes de inversión.

Una economía partida en dos velocidades

El DS 5503 construye una economía a dos velocidades:

  • Una “rápida”, con fast track, estabilidad, arbitraje y beneficios tributarios, para las inversiones grandes, los capitales que se regularicen y los sectores que el Estado califique como estratégicos.
  • Y otra “lenta”, donde la mayoría de las ciudadanas y los ciudadanos, las PYMES, se enfrentan todavía a una burocracia pesada, impuestos complejos y que además ahora, combustibles más caros.

A ello hay que sumar el dato político central: todo se hace en estado de emergencia y se hace por decreto, no por la vía de reformas generales y permanentes discutidas en la sede de la legislación. La apertura existe, pero es selectiva y está condicionada; el ajuste existe, pero el golpe, en primer lugar, lo reciben los más vulnerables; y el poder que hizo que el modelo anterior acabe sale de esta crisis con más herramientas, no con más límites. Ese es, al cabo, el gran contraste que deja el DS 5503 cuando se revisa todo su articulado: se manda al limbo el espejismo de la subvención masiva, pero no se acepta todavía una libertad económica completa y pareja para todos, sino un capitalismo de emergencia, administrativo desde el centro del poder político.