El mudo González

Por Leroy Garret.

Es parte de la herencia política de la civilización occidental bautizar con patronímicos a gobernantes y líderes, por ejemplo: el legendario rey inglés de las cruzadas Ricardo corazón de leon, quien realmente fue francés y nunca hablo una palabra en inglés.

Pedro El Grande, el Zar ruso modernizador que a juro afeitó las barbas de sus súbditos, o la reina Isabel “La Católica”, quien no solo es responsable de financiar a Colon, sino que su título popular viene de su responsabilidad directa en expulsar la vasta presencia musulmana fuera de la península ibérica, si, en uno de los años sino el más importante en la historia de occidente: 1492.

La hija de Isabel, Juana “La Loca” es aún recordada por sus celos inexplicables hacia su esposo Felipe de Habsburgo apodado “El Hermoso”, a quien Juana por su prematura muerte cargo con el descompuesto cuerpo de su cónyuge de por vida. La sabiduría popular es la madre de las virtudes.

Nosotros en tránsito de la más devastadora tragedia nacional jamás habida, tenemos recientes patronímicos adjudicados, como Pedro “El Breve” y hoy “El Mudo González”

Madrid hoy es el destino del presidente electo que jamás quiso serlo. Jamás se asumió como tal para desgracia de todos los venezolanos.

Nos emocionamos con la campaña, los venezolanos adoramos el festín, la movilización, la palabra en alta voces que nos hace soñar despiertos con un mejor porvenir. Maria Corina traspaso cualquier canon preestablecido, se convirtió en el arcangel de la libertad. Las elecciones se ganaron de calle.

Pero el chavismo demostró que le vale madre si logramos en esta oportunidad tener inclusive ahora las actas de todos los centros en Venezuela dándole el triunfo a la democracia. Ellos no van a entregar. La calle esta llena de esbirros, las cárceles de niños y el hogar de los venezolanos de luto y un pensamiento triste en salir a pie por los caminos selváticos de América.

¿Qué hacemos? ¿Conspirar en la clandestinidad? ¿Cuantas vidas más costará ponerlas en el asador?

Hace cuatro meses, el 99% de los venezolanos no sabía quien era Edmundo González, el abuelito bueno, pero frágil, con síntomas de impedimento motriz inclusive. Yo me preguntaba si este compatriota tendría las condiciones de poder acometer la reconstrucción de un país tasajeada como una res?

El caso es que Edmundo González jamás hablo como un presidente, jamás arengo a las Fuerzas Armadas como electo comandante en jefe, jamás categorizó la tiranía como gobierno saliente, como transitorio, ni llamo a una transición ordenada y pacífica del poder.

El verbo tiene poder, y Edmundo González no hablo como mandatario, y ¿Qué bien hubiera sido el desenlace a la crisis  de haber escuchado desde el pasado Julio 28 la voz de mando del poder constituido a votos?

Mientras tanto, Chevron, asi como también Repsol, y la francesa Maurel & Prom, continúan operando y produciendo petróleo con absoluta normalidad.

Los refugiados de Vente Venezuela en la embajada argentina se van a la nación austral por salvo conducto.

Edmundo González, “El Mudo” sale a Madrid a ingresar en la banda de corazones solitarios donde participan Ledezma, sus yernos, Leopoldo —arquitecto del interinato— y su mujercita. Ese club de políticos temibles cuyo lema es “el talento sin probidad es un azote”.

¡Mientras tanto, el chavismo anuncia que prendan la luz que llegó diciembre!

Sobre el fraude continuo en Venezuela: dictadura, oposición e incompetencia supina

Por Roymer Rivas, un simple estudiante venezolano.

Venezuela vive en fraude desde la guerra de la Independencia. No hubo tal cosa como “Libertad” como faro para fundar el país, y la Democracia fue, es y será siempre, un fracaso —al menos tal y como está configurado hoy, a estos volúmenes—. Pero, por si fuese poco, desde 1999 el fraude ha sido doble, porque, como no pudo haber sido de otra manera, se usaron las mismas reglas espurias del sistema para implementar un sistema aún más corrupto y totalitario.

El tema perverso del venezolano, y de Latam entera, es que le encanta repetir procesos. Creen que el punto en cuestión es quién es la cabeza del Estado, no el sistema que hizo que llegara allí dicho cabecilla. El problema es que se ha jugado durante mucho tiempo con las reglas de un sistema que está estructurado para que no haya un cambio, sino que la gente crea que lo hay o puede haber alguno, causando un profundo daño antropológico que funge como eje transversal de la existencia venezolana.

Hoy, se pretende apelar a una institucionalidad que nunca ha existido para el servicio del común, sino para el servicio de los poderosos, de aquellos que endulzan a la masa que va y deposita en él su ciega confianza. No se repara en que esa es la misma institucionalidad que permitió, por solo citar un ejemplo, pasar de la Constitución estatista —o si gusta, “socialista”— de 1947 a la Constitución estatista de 1961, y luego a la Constitución estatista de 1999. Tres panfletos constituidos con material fecal intelectual compactada; tres panfletos que reflejan la idiosincrasia de un pueblo sin identidad, que condenó su futuro a padecer décadas de aquel virus que destruye civilizaciones enteras.

Ahora bien, el peligro real no reside en lo ya ocurrido, sino en las falsas doctrinas provenientes de estos hechos; en las revoluciones del siglo XIX y XX, se quería “libertad, democracia, igualdad”, terminando por conseguir solo democracia e igualdad —todo mal—; en la democracia (1958-2006), ya siquiera se busca libertad, sino un “bienestar social” que sirvió para sustentar todas las acciones del Estado patrimonialista para conseguirlo, concentrando el poder cada vez más en unos pocos.

En este marco, he de resaltar que uno de los peligros de vivir bajo el yugo de tiranos en el presente es que les hace olvidar a muchos el yugo tiránico que los sometía en el pasado o los sumerge en un cuarto oscuro donde no se ve el yugo tiránico que representa el supuesto cambio deseado, perpetuando así un sistema maldito.

Esos que hoy vienen hablando de “hay fraude”, en realidad no ha entendido un carajo el problema que hay en el país y, por tanto, funge como un predicador que vende fantasías místicas. Pero a la masa le encanta el culto al héroe, al mesías de turno, pues el anhelo de “un cambio” los enceguece. Todos hablan de cambio, pero, ¿Realmente entienden su significado? ¿Cambio de qué? ¿Cambiar los nombres y colores de camisas de quienes pretender dirigir el sistema? ¿Es eso realmente un “cambio”?—. No hay cambio de nada, mucho menos se vislumbra una evolución.

Aquellos que han surgido como líderes desde el “seno de la sociedad”, no son una fuerza transformadora para el bien. Son todos ciegos mirando cosas distintas en el mismo animal, partiendo de esa condición para proponer “soluciones” a problemas que, tal y como se me presentan las cosas, no comprenden. Es el caso del doctor que receta paracetamol a una enfermedad con altas probabilidades de causar la muerte, sin preocuparse ni siquiera en estudiar el caso para saber cómo proceder.

En este escenario, aparece el colmo de todos los colmos, a saber: todos defienden a ese doctor con cierto grado de latría, o porque “es lo que hay”; esto es, que aun si el cambio de personajes se pide como “un mal menor”, o por pragmatismo, el país tiene chavismo para rato, no porque quienes están en el poder estén atornillados allí y pretendan atornillarse más —que sí es así—, sino porque la estructura del pensamiento chavista domina el debate público, y aquel que se escape de dicha estructura es la pera de boxeo de ambos bandos.

—¡Cuanto daño nos ha hecho no analizar la historia desde teorías correctas! O, peor aún, ¡Siquiera conocerla!—

Por no conocer esa misma historia es que se sigue esperando que la Comunidad Internacional haga, ahora sí, lo que no ha hecho en el pasado: “hacer que el chavismo salga del poder”. Parece que la gente olvida que esa “Comunidad Internacional” ha permitido masacres en masa en distintos puntos de la historia, condenando solo de la boca para afuera, actuando solo cuando vieron que podían conseguir algo a cambio o era la única medida para defenderse a sí mismos.

En este escenario, se llaman a “marchas”, porque “hay un plan” y “todo va según lo planeado”, como si esas marchas, velitas a santos, oraciones y videos en redes sociales con “influencers”, todos abogando por la libertad en Venezuela, se logra que un régimen sanguinario se marche. Entonces, no solo es que lo que venden es una quimera, sino que los medios que emplean para conseguirlo son más estúpidos aún, en la medida en que no son coherentes con aquello que buscan alcanzar.

Esto es más que lamentable.

La cuestión es simple: de este problema no se va a salir como los líderes actuales quieren que salga. Contrario a lo que muchos creen, es el líder un reflejo del pueblo que representa, y no al contrario, y durante mucho tiempo a la sociedad venezolana se ha ufanado en seguir a oportunistas incompetentes —lo cual dice mucho del estado de la sociedad actual—.

“¿Y tú qué propones?”, bueno, como ya uno se cansa de mediar con los idiotas, le respondo directo y sin reservas: “¡Deja de ser un maldito imbécil!”.

Termino con dos citas, o ideas que se pueden extraer de ciertas citas:

  1. “Ninguna tiranía en la historia ha entregado el poder con una sonrisa y ninguna revolución se ha logrado con buenos modales”[1].
  2. Hay dos maneras de sacar a un mal gobernante; una es por la razón, otra es por la fuerza. La primera es para los hombres, la segunda para las bestias. La diferencia es que la opción segunda jamás ha fallado[2].

Fin.


[1] Roymer Rivas. 2024. Oposición a la deriva: crónicas de un espejismo de cambio. Publicado en el portal de ContraPoder News. Puede acceder a través de: https://contrapodernews.com/oposicion-a-la-deriva-cronicas-de-un-espejismo-de-cambio/ (Consultado el 30 de agosto de 2024).

[2] Nicolás Maquiavelo. 2018. El príncipe. Editado por El Aleph. Capítulo XVIII: “De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas”, pág. 88, párr. 2. Puede acceder a la obra a través de: https://acortar.link/xqPtm1 (Consultado el 30 de agosto de 2024). Lo cierto es que estas palabras están tergiversadas, pues Maquiavelo no busca sacar un mal gobernante, sino perpetuar el gobierno de quien esté en el poder. Para ello, recomienda al “príncipe” que puede apelar a las leyes, pero que también cuenta con la fuerza, pues la primera por lo general no es suficiente. La cita original dice: “Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre.” Esto es, de hecho, lo que usan las dictaduras, como la venezolana, para perpetuarse en el poder, apelar a las leyes como armas para vestir de legalidad su tiranía, y cuando estas fallan, no escatiman en apelar a la violencia. Es por esta misma razón que cabe la pregunta: ¿Tiene sentido apelar a las leyes que ha creado la maquinaria del poder tiránico para perpetuar su condición con el fin de sacarlos de allí? Para pensar. En todo caso, se puede usar dicha cita, sacándola de su contexto y poniéndolo en la que nos compete, para transmitir un mensaje fuerte y claro. Cualquier cosa fuera de allí es mera ilusión y deseo.

Posibles escenarios de la crisis política y criminógena en Venezuela

Por Gervis Medina, abogado, criminólogo y escritor venezolano.

El siguiente análisis es el resultado de un estudio praxeológico, filosófico, económico, sociológico, neurocientífico, y criminógeno, basado en los autores como: Ludwing von Mises, Antonio Gramsci, Milton Friedman, Dietrich Bonhoeffer, Carlo Cipolla.

Mises en la época de 1940 en su libro la acción humana, él explica que gracias a la revolución marginal las ciencias sociales entran lo que él llamó “praxeología”, el cual es el estudio de la acción humana, es decir, que primero vemos el comportamiento de los individuos y a partir de esas observaciones podemos sacar conclusiones. Metodología que he usado para llegar a las siguientes conclusiones:

La crisis política en Venezuela continúa sin resolverse. La sastrería jurídica de Nicolás Maduro (TSJ) convalidó la victoria de Maduro en las elecciones del 28 de julio, usurpando las funciones, del Consejo Nacional Electoral.

Sin embargo, la oposición representativa y participativa aseguran que según el 80% de las actas que pudo recoger, el claro ganador es Edmundo González y reclama al Consejo Nacional la publicación de los resultados. Mientras tanto, la comunidad internacional intenta mediar, pero sus propuestas han sido rechazadas por el momento. Y la vasta mayoría de los venezolanos ven que, como pasó en años anteriores, la crisis humanitaria se puede profundizar si no hay soluciones políticas.

Por eso nos preguntamos, ¿Qué viene ahora? Aunque cada escenario está lleno de matices y puede que incluso se mezcle uno con otro, en este editorial comento tres posibles escenarios hacia los que puede derivar esta situación.

Existen dos formas de llegar a conclusiones de este caso, de la forma keynesiana, en la cual los keynesianos de forma consciente o subconsciente siempre tiende a tener diagnósticos erróneos, por lo tanto, plantean soluciones erróneas que llevan a más crisis sociales, políticas y económicas. Básicamente, las personas de pensamiento keynesiano analizan la situación de forma pragmática. Por ejemplo: mensajes o soluciones esperando que la comunidad internacional venga y resuelva la situación en la cual nos metimos, o, peor aún, llamar a una intervención militar extranjera, o con la marcha de las actas, mientras no se dan cuenta de que hay una marcha de venezolanos hacia el exilio en otros países. Hay que decir que con marchas el gobierno no se marcha.

En cambio, la praxeología analiza la situación de forma deductiva y entendimiento de la acción humana de forma previa a cualquier dato o estadística. El interés de la praxeología no son los objetivos de la acción, sino la acción en sí misma, independientemente de las circunstancias. Esto quiere decir que apunta a los medios y no a los fines. El foco de atención de la praxeología se centra en el individuo que actúa. A partir de dicha observación, genera principios y axiomas que le permiten desarrollar un análisis del proceso de acción.

El primer camino que pongo sobre la mesa es que “todo queda igual como está”; esto quiere decir que la situación se mantenga más tiempo tal y como está. El gobierno de Maduro parece interesado en prolongar el estado actual, vendrán fiestas, vacaciones, elecciones y esto distraerá a la coalición dominada. Nicolás Maduro apuesta a la utilidad marginal decreciente, que no es más que la idea de que cada unidad de un bien pierde valor a medida que incrementa su oferta, es algo deductivo, al igual que la trigonometría y la acción humana. En las ciencias políticas la conocemos como la perdida de efervescencia de la espuma.

Ahora mismo, el poder de Nicolás sigue fuerte, ya que la coalición dominante de fuerzas institucionales que ahí lo mantienen, entre ellas las Fuerzas Armadas, sigue cohesionada. Con esto pretende varias cosas: que la oposición representativa y participativa se refugie ante la presión política, judicial y policial, que la comunidad internacional pierda el interés y que la gente tenga que resignarse a resolver su día a día. Pero para esto el oficialismo necesita ganar tiempo.

En crisis anteriores, el chavismo logró hacerlo, aunque los hay que creen que esta ocasión es diferente. Para muchos, en este momento el gobierno no tiene ya tanta fuerza y está a la defensiva, mientras que la oposición es la que está a la ofensiva. Estos analistas y opinadores dicen que la oposición parece contar con más fuerza que en anteriores ocasiones: está unida, tiene respaldo internacional y publicó unas actas que respaldan su denuncia de fraude.

El gobierno genocida y el Estado deletéreo y criminógeno, prefiere mantener las cosas tal y como están para evitar las reacciones y decisiones que esto podría traer y que aumentarían el descontento entre la población. Mientras tanto, los venezolanos ven como siguen empeorando los servicios, la pobreza, la salud, la educación y la violencia.

El segundo escenario planteado es “la profundización de la crisis económica, la represión y la política” que el gobierno opte por una crisis más aguda. Aunque esto significa aceptar que les apliquen más sanciones económicas, que les impidan la venta de petróleo o los obligue a venderlo más barato, afectando esto a su flujo de caja. También es posible que sus familias en el extranjero sean perseguidas por autoridades internacionales y que, no solo los líderes, sino también militares medios y funcionarios públicos, vean sus propiedades y visas congeladas.

A su vez, si ocurriera este escenario, se podría traducir que el gobierno radicalizara su respuesta. Serían capaces de incendiar el país y gobernar sobre sus cenizas. Pero no solo en contra de la oposición y sus activistas, como ya se denunció estos días, sino hacia la población en general. Caso que vemos hoy día con la detención de menores de edad, hijo del dueño de un equipo de beisbol profesional, personas que fungieron como testigos de mesas, personas que dieron alojamiento a los candidatos de oposición entre otros.

En mi concepto, el gobierno de Maduro está dispuesto a profundizar el autoritarismo, si tiene que hacerlo para tratar de mantenerse en el poder. El análisis praxeológico, sociológico y criminógeno apuntan a que podría llegarse a la situación en que los ciudadanos fueran incapaces de manifestar sus opiniones en público, acceder a redes sociales u organizarse en comunidad para resolver problemas cotidianos, a esto se le define la bóveda del miedo. Y si llegara a producirse esto, creen que significaría un aislamiento casi total de Venezuela y se agravaría profundamente la crisis migratoria, afectando, por tanto, a los países vecinos. Los hay que ven incluso en los casos de Cuba o Nicaragua ejemplos de lo que podría ser una profundización del autoritarismo en Venezuela,  con una oposición anulada y elecciones sin competencia.

El tercer escenario es “una posible transición”, es la opción menos probable hasta el momento, pero no podemos descartar que se acabe produciendo una transición política. Ahora bien, la oposición está apostando a que se produzca un quiebre dentro del gobierno y Maduro se vea obligado a negociar su salida. Hasta el momento parece difícil, salvo que la crisis se deteriore o se produzca un estallido social de la magnitud del Caracazo en 1989. En ese caso, es posible que el apoyo a Maduro entre militares y funcionarios se fracturaran.

Además, en medio de una crisis económica, evitar las deserciones es más complicado. Es entonces donde entra en juego la posibilidad de una transición política y de las negociaciones. Varios personajes de la política nacional e internacional, han propuesto soluciones como unas nuevas elecciones o un gobierno de cohabitación transitorio, pero por el momento tanto el gobierno de Maduro como la oposición han rechazado estas iniciativas. Sin un acuerdo o negociaciones a la vista, parece que la solución política para Venezuela está lejos de descifrarse.

Agonía venezolana: entre la esperanza y la traición

Por Leroy Garrett (@LeroGarrett).

No es el momento de las críticas, personalmente es asumir la irresponsabilidad del fanático en las gradas diciéndole al torero como faenar al toro. Es un ejercicio inútil y hasta estúpido.

Pero no preveer la reacción de la dictadura y —en apariencias— no tener una meridianamente definida estrategia en lo internacional y con actores críticos en lo interno, como el árbitro (CNE) y el sector militar, el no denunciar a tiempo y no asegurar la protección hacen de esta abrumadora victoria electoral otro posible fiasco a lamentar.

Todo confiamos en Maria Corina y luego en el señor González, todos sabíamos que una transición pacífica del poder era en sí misma difícil, que el grado de intervención internacional de ‘manga remangada’ indispensable, asociando condiciones inéditas de una controlada y supranacional transferencia del poder términos absolutos de arbitraje e intervención internacional impretermitibles. Nada de eso se negoció, otra vez fuimos a trocha y mocha a elecciones.

¿Qué ocurrió en Barbados, qué dispositivos se crearon a ser activados ante este anunciado horror? ¿No puedo creer que Maria Corina no sabía que le esperaba? ¡Cómo seguimos siendo guiados a unas elecciones bajo la fatua premisa de sí todos votamos ellos entregan! ¡Hemos pasado un cuarto de siglo repitiendo esa oda a la estupidez!

No me digan Maria Corina y el Señor González —que es impredecible que algún día hable y reclame, en términos de autoridad, que él es Presidente— no sabían lo que la dictadura planeaba hacer con miles de Venezolanos que, en ejercicio de sus garantías civiles, se incorporaron a salvaguardar los votos en las mesas y hoy miles están desaparecidos o en alguna de las variadas ergástulas de la dictadura.

¿Dónde se invocaron la protección antes del evento electoral a esos venezolanos? Señora Machado y Señor González ya la campaña paso y cualquier evento de esa naturaleza es grotesco y un riesgo para la gente.

Hoy los medios y redes recogen la posibilidad de una nueva negociación con la dictadura. Pero, ¿Negociar qué? ¿La ruta agónica a simplemente ahorcar la voluntad popular por seis años más de esta infamia? 

En este marco, no me queda más que terminar usando las palabras de Churchill: “No puedes razonar con un tigre cuando tienes la cabeza en su boca”.

Los inmorales del cambio: actores antidemocráticos que claman por Democracia

Por Roymer Rivas, escritor venezolano, teórico del Creativismo Filosófico.

Venezuela pasa un momento convulsivo, donde millones se llenaron de esperanzas de un cambio de la mano de María Corina Machado (MCM), junto a todos los políticos de siempre, que vienen vendiendo el mismo cambio desde hace por lo menos 23 años. Empero, contrario a lo que sostienen muchos, estos actores políticos que son protagonistas en el presente no cuentan con algo verdaderamente significativo que pueda causar un punto de quiebre en el régimen venezolano.

Sí, MCM ha dejado en manifiesto el gran fraude del régimen chavista, pero aún no han entendido que los barbaros no entienden más que de garrotes —o lo entiende, pero no tiene como más afrontarlo y apela irresponsablemente a la repetición de procesos—. ¿¡Qué carajos valen unas actas que, aunque verdaderas, toda la maquinaria estatal al servicio del chavismo no acepta!? En esta condición, sin más que apelar a evidencias de la verdad y legalismos, han dejado solo en las calles a miles de venezolanos que han decidido salir a manifestar su rechazo a la dictadura. Nada nuevo, en esencia. No hay nada concreto; se está cifrando la confianza en acciones que se han mostrado fracasadas en el pasado y no hay diferencias en las circunstancias que indiquen que esta vez vaya a ser diferente. Mientras tanto, muchos mueren.

Lo cierto es que las fichas con las que parece contar MCM hasta el momento están jugadas todas —al menos que tenga un plan super secreto que nadie conozca, plan al que muchos esperanzados apelan, pero del que no hay algún vestigio de prueba alguna de su existencia—. Pero, lo cierto es lo siguiente: (i) no hay canalización de las protestas, sino distintos focos de manifestaciones espontáneas sin más fin que demostrar su rechazo, pero no para conseguir armas, o un cuartel, o rodear Miraflores, o hacer un paro nacional de manera pacífica, nada; (ii) aún si las protestas fuesen canalizadas, no se cuentan con las armas suficientes para luchar.

Entonces, ¿Cómo se pretende derrocar a una dictadura así? Para el mal de muchos, objetivos sin planes son solamente deseos que tienen pocas probabilidades de alcanzarse. Ha sido una irresponsabilidad total de MCM permitir que miles salgan a las calles sin tener al menos la seguridad de que eso formaría parte de algún plan objetivamente coherente que apunte a la inflexión. Y fíjense que no estoy diciendo que no es necesario protestar, alzarse contra los tiranos, sino que toda acción que responda a la improvisación impetuosa no puede aspirar a más resultado que el fracaso, uno manchado de sangre de víctimas de un régimen.

Muchos se molestan con quienes resaltan los hechos, están enceguecidos por esperanzas infundamentadas, esperando que haya un levantamiento militar interno, que haya una intervención extranjera, que Dios meta sus manos para ayudar a Venezuela, o una mezcla de estos escenarios —poco probables en este momento—. Así, en su ingenuidad, mandan a callar a quienes difieren de su posición, argumentando una supuesta inacción del otro, pero, aún si eso fuese cierto, no reparan en que ellos tampoco hacen algo relevante, que realmente se pueda traducir en la caída del régimen. Entonces, si ha de darse entrada al minusválido argumento: “Tú no haces nada, no hables”, inclúyanse en la petición, hay que callarse la boca todos.

Es más que lamentable que muchos, “con la excusa de hacer algo, no ven que a veces no se trata solo de “hacer”, sino de “qué es lo que se hace”; ser útil no significa hacer lo que sea, sino hacer lo que se requiere. Ya va siendo hora de dejar de creerse parte de una solución cuando no es el caso. Luego de un cuarto de siglo deseando “ganar elecciones en tiranía”, sin mayores resultados más que la miseria en represión, véase como parte del problema y no como la solución.”[1]

Es más, puesto que les gusta ponerse como autoridades morales a los que no se les puede criticar nada, permítanme hacer comparaciones y decirles que cuando aquellos que me manden a callar hayan sido buscados por el SEBIN, llevando, junto a otros acontecimientos, a tener que salir del país de manera clandestina para que las aguas se enfríen y no exponer la seguridad de la familia; cuando se la pasen construyendo país en las aulas de clase o en espacios donde se hable con la gente, apelando a la concientización del futuro del país, para comprender mejor nuestro entorno, aun cuando las creencias que profesas no son del agrado del régimen y te exponen a ser nuevamente buscado y encarcelado por supuestamente “promover el odio” o el “fascismo”; o cuando siquiera hagan algo más que salir a votar cada cierta cantidad de tiempo, porque así se los pide el sistema y “es lo único que se tiene”; pueden venir a callarme la boca. Si hemos de hablar de “hacer cosas” por cambiar las circunstancias y usarlo como regla moral, entonces la gran mayoría de ustedes siquiera podrían mirarme a la cara, menos decirme que me calle, ni a mi ni a quienes hacen algo de eso, o incluso más. ¡Quédense con eso, ególatras ingenuos! No son más que inmorales que promueven espejismos de cambio; ustedes son los mismos que dicen luchar contra la opresión, pero no escatiman en acallar o arremeter contra aquel que piense distinto a ustedes, independientemente de los argumentos. Son los inmorales que quieren una transición a la democracia, pero en su interior tienen el mismo virus antidemocrático que nos hizo llegar adonde estamos.

Volviendo al tema, miles han sido encarcelados, asesinados, amedrentados de una u otra forma, en vano —hasta el momento—, ¿Y piden que todavía confíen en medios espurios para un cambio? Yo pregunto: ¿Por qué se tienen que esperar las épocas electorales para vislumbrar un cambio? ¿Por qué se sigue jugando al juego democrático contra una dictadura? La clase política venezolana y sus seguidores deben asumir la culpa por muchas de las cosas que estamos viviendo ahora, empezando por reconocer el escenario y no esperar algún momento del futuro lejano para coordinar fuerzas en busca de un verdadero cambio. De hecho, todavía pueden reivindicarse y aprovechar todo el movimiento que se ha construido a su alrededor, nuevamente, para ello.

Sin más, les recuerdo que todos queremos lo mismo, y la verdadera discusión es qué acciones son las que mayor probabilidades de éxito tienen en forzar un cambio, y cuales no. ¿Cuál es tu trabajo y el mio, dadas las circunstancias? Aquel que apele a los improperios hacia otros, o la solicitud de su silencio, porque piense que sus máximas son inatacables, no entienden nada de lo que vivimos. Viva aquellos principios que solicita, no pida un cambio de la boca para afuera solamente. Solo así ya habrá dado el primer paso al cambio que tanto desea.


[1] Roymer Rivas. 2024. En defensa de la razón: ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio?. Pág. 113. Puede acceder a través de: https://contrapodernews.com/en-defensa-de-la-razon-por-que-no-voy-a-votar-el-28-de-julio-una-reflexion-a-quienes-creen-en-oportunidades-unicas-y-espejismos-de-cambio/ (Consultado el 31 de julio de 2024).

La tarea inaplazable

Por Leroy Garrett.

Yo, como muchos, la subestime, creía que era la que le tocaba el ciclo político paranoide impuesto por el chavismo: nacer, candidatearse y perecer para legitimar a la banda criminal a fórceps de sus precarios sustento legal.

Ella cambio el juego, y lo sigue cambiando, pues logró demostrar que elegir es posible, a pesar de todas las condiciones adversas, todo vimos su determinación, su desprendimiento, su templanza hasta declarado el fraude.

¿Cómo puede sobrevivir la elección y llegar a la toma del poder para beneplácito de la mayoría que se inmola en la calle indignados por el descaro? Maria Corina debe propiciar la creación de un árbitro Electoral Supranacional ipso facto.

Pero, ¿Cómo se fabrica? La ayuda internacional debe ir más allá del cierre de embajadas, al contrario, se deben establecer puentes con la dictadura, constituir un Árbitro Internacional que autentique los resultados y presione hacia una transición del poder, lo más ordenado y menos violento posible.

Por ejemplo, esos expresidentes deben entrar por prodigio de la diplomacia, igual otros técnicos y veedores y dejarlos intervenir, cuantificar y certificar lo evidente, que Edmundo González Urrutia ha sido electo presidente de los venezolanos.

¡No retiren las embajadas por el bien público y por el regreso de la armonía entre los venezolanos, ante un proceso electoral sin árbitro nacional imparcial, la mayor colaboración de las naciones soberanas es proveer uno! 

Y ES URGENTE QUE ASÍ SEA.

En defensa de la razón: ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio? Una reflexión a quienes creen en “oportunidades únicas” y espejismos de cambio

Por Roymer Rivas, estudiante, escritor, teórico del Creativismo Filosófico.

Muchos venezolanos saldrán el 28 de julio a votar por un cambio en el país, pero yo sostengo que en realidad votan por un espejismo que se traduce en la perpetuación de un sistema, independientemente de quién se declare ganador de la contienda electoral.

Al respecto, he escrito el siguiente ensayo, donde explico las razones por las cuales no votaré, invitando a su vez a la reflexión de todos los venezolanos, dentro y fuera del país, a quienes les dedico todo el texto.

Presione aquí para acceder al texto en íntegro.

Jaque mate: el nefasto legado del chavismo

Por Víctor Márquez Cassinese, especialista en redes sociales y comunicación digital y analista político.

Independientemente del resultado electoral del domingo 28 de julio, el chavismo ya ha ganado esta batalla. Pocas organizaciones criminales y terroristas han logrado enfrentar a millones de ciudadanos, ponerlos en contra y asegurar la perdurabilidad de su legado, incluso cuando su proyecto político parece estar en declive.

Hace unos días, entré a scrollear un poco en X —antes Twitter—, y en mi timeline noté que se estaba librando una pequeña batalla entre aquellas personas que están 100% convencidas de que votar el domingo va a resolver algo y aquellos que, como yo, creemos que la trampa y la continuidad serán los únicos resultados.

Si algo me llamó la atención, e incluso me descolocó, fue el hecho de que varios de aquellos que repiten los eslóganes de la unidad y el perdón manejan el argumento de que quienes llaman a la abstención deben ser silenciados. Así, sin más: “Si no piensas como yo, cierra la boca”. Y es que no importa si el posteo viene de una cuenta con pocos seguidores, que recién empieza en X, o si es la cuenta reconocida de algún analista o “influencer”, los mensajes que se leen son similares: Vota o cállate la boca.

Este fenómeno no es aislado. Al final, el chavismo consiguió algo que le servirá de combustible sin importar si se mantienen o no en el poder: replicar su pensamiento y su accionar en cada venezolano que no ha entendido que disentir es parte importante de la dinámica social.

Quiero aclarar una cosa: yo considero que votar no va a traer ningún resultado distinto a los venezolanos, pero hace tiempo entendí que no gano nada hostigando a la gente para que no vote, o señalando de forma cínica y burlona a los que piensan que el voto los va a ayudar a salir del chavismo. Si usted quiere votar, adelante. Mi mensaje va más por el lado de que hay que prepararse para afrontar lo que sea que suceda luego del 29 de julio.

Sin embargo, algo que noto en el debate sobre la viabilidad del voto como herramienta contra el chavismo es que quienes consideran que el sufragio puede ser útil, aun cuando se ha evidenciado lo manipulable que es el sistema, sienten que su palabra está escrita en piedra y que ningún detractor debería poder opinar o debatir.

Por ejemplo, hace poco me extendieron una invitación a participar en un podcast en el que se hablaría de las elecciones venezolanas. La idea era contrastar ambas posturas: por un lado, a favor del voto y con una firme convicción de que se acerca el cambio, un politólogo venezolano; en contraparte, con una postura escéptica y hasta pesimista, yo. ¡Por supuesto que acepté!

Minutos después, mientras preparaba una pequeña biografía que me solicitó el productor, recibí un mensaje por WhatsApp en el que se me informaba que no se haría la grabación porque el politólogo prefería no contrastar su análisis, pero que seguramente me contactarán para otra edición en la que hablemos sobre los resultados del domingo.

A mí nunca me ha intimidado contrastar mis argumentos. De hecho, creo que es una buena forma de aprender e incluso de corregir posturas en las que podría estar equivocado. Y lo digo en serio, espero estar absolutamente equivocado con respecto a las elecciones del domingo. Anhelo que Maduro sea derrotado y que la transición sea rápida para que Venezuela deje de ser saqueada y los venezolanos dejemos de ser perseguidos.

Si esta es la dinámica que puede llegar a instaurarse en una hipotética transición hacia la democracia, en la que se desestima y silencia a los disidentes, Venezuela no habrá cambiado y se habrá normalizado el nefasto legado del chavismo.

El terror como arma para gobernar

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

El proceso revolucionario francés, de buenas intenciones, creo un infierno. Se pretendía con la caída de los Borbones crear un mundo nuevo, discursos y debates pululaban en los antiguos salones monárquicos, se combatía a las reacciones bélicas de las monarquías europeas, entre ella la Austria de los Habsburgos, quienes querían vengar a Maria Antonieta; la rivalidad de las facciones entre la Gironda y Jacobinos dentro de la asamblea nacional, instancia parlamentaria creada para gobernar la república; a los girondinos, a pesar de contar con la mayoría, fueron diezmados por el control jacobino, a través del Tribunal de Salvación Pública.

En ese periodo de 1793 y 1794, se instauró con Robespierre a la cabeza el llamado Reino del Terror, el símbolo de aquella matanza desatada patrocinada por el estado fue la guillotina, se ejecutó tanta gente, por los más inverosímiles motivos, que la guillotina tuvo que mudarse de su lugar cercano a la actual Plaza de la Concordia, porque fue tal la cantidad de sangre vertida que la misma amenazó con contaminar el suministro de agua potable del Paris de entonces.

El terror terminó con la ejecución de Robespierre el 10 Termidor del año III, el 28 de julio de 1794. Pero, ¿Qué aprendemos de esto?

El Terror es una arma, cuando se usa como herramienta de gobernar, por aquellos regímenes totalitarios, cuando la gente empieza a dejar de temerles, el Terror es un componente extremo para garantizar el orden público cuando otros menos severos mecanismos de represión fallan.

Cuando el terror impera, no hay garantías ciudadanas, ese ejercicio brutal del poder hacia el ciudadano común es una debilidad intrínseca de los represores y con una acertada estrategia y operación política puede completamente revertirse su violencia y miedo a sus ejecutores.

Con esto en mente, y enfocándonos en Venezuela, los últimos días de esta “campaña electoral” han sido de terror para los opositores, quien colabore con Maria Corina en la logística más insignificante, va preso o por lo pronto no aparece.

¿Cual es la estrategia? ¿Procurar un medio colectivo el cual si se abstiene y hace subir el porcentaje de abstención de donde algorítmicamente el chavismo busca rebanar votos ficticios conversos al fraude? Eso se sabe. Entonces, ¿Que contrapeso institucional puede evitar eso?

No creo ninguno, sea  peso o contrapeso, en un reino totalmente controlado por el chavismo, me cuesta creer que sus jefes, con prontuarios de búsqueda internacionales por crímenes flagrantes, negocien una salida en Paz. Pero los procesos históricos son sorpresivos y difíciles, eso habitualmente se confunde con esperanza, y definitivamente a eso nos aferramos una vez más este 28 de julio.

Demanda del pueblo venezolano a la FAN

Por Antonio Semprún, Coronel de la Guardia Nacional (GN).

El próximo 28 de Julio, los venezolanos acudirán a las urnas de votación decididos a volver a vivir en libertad y terminar con veinticinco años de una tiranía genocida que ha destruido el país y la paz de los venezolanos, y esperan de ustedes un comportamiento honorable, constitucional, cívico y respetuoso de su mandato.

Señores venezolanos en uniforme, desde hace más de dos décadas la familia venezolana, incluida la de ustedes, vive en estado de miseria e indefensión por decisión de un grupo de individuos ambiciosos de poder, por lo que lo único que pide de ustedes es respetar y “hacer respetar» su decisión de retomar la senda democrática.

Hay que saldar la deuda moral e institucional que tiene la Fuerza Armada con Venezuela, el saqueo del que ha sido objeto, el oprobio, la humillación a la que ha sido sometida la familia venezolana ha estado sustentada por las bayonetas, es hora de lavarle la cara a la institución, es hora de devolverle a los venezolanos la paz y el respeto que merecen.

Los venezolanos demandan su imparcialidad en cumplimiento de lo que establece  el artículo 328 de la Constitución Nacional.

Los venezolanos han decidido volver a vivir en democracia y esperan que ustedes no empuñen las armas contra su propio pueblo, que solo está exigiendo sus derechos de manera cívica y pacífica.

El pueblo venezolano solo pide respeto al sentimiento de libertad que grita en las calles y rincones de todo el país, el silencio y la omisión de quienes tienen los medios para hacer respetar la decisión de los venezolanos los hace cómplices, porque les asiste la ley al actuar apegados a ella.

Ustedes son consientes de la realidad que se respira en las calles de Venezuela, eso les da dos opciones, continuar siendo los verdugos de sus familias o seguir protegiendo a quienes han destruido y saqueado a Venezuela.