¡Con impunidad la Democracia no regresa!

Por Leroy Garrett (@LeroGarrett).

Edmundo González es ya una figura de curiosa tintura en la historia reciente venezolana. Su ascenso a la presidencia fue un empujón chavista que la aún legitima sucesora del poder (La Señora Machado) tuvo que consentir para realizar otra elección que no llevaría a una entrega pacífica del poder.

—Ojo, la acción militar americana en el Caribe es para detener el tonelaje de droga salida de Venezuela que mucho les afecta a ellos. Luchemos por una narrativa veraz.—

El Señor González debe explicar al país por qué, si la operación militar americana termina de ayudar al cambio político por décadas anhelado, no ha reclamado el poder bajo juramento o designado un gobierno en el exterior a lo De Gaulle preparado para asumir el control con la ayuda de las Armas de América -en un país subversivo en sí mismo- desde el día 1.

Eso pasa por la cuestión previa de explicarle a los venezolanos que firmó a los hermanitos (Siniestros) Rodríguez antes de instalarse en España. Vista las sombras ante el posible cambio aguijoneado por la flota del comando sur, es, de facto, la señora Machado y no este personaje —ambivalente de presencia espasmódica y gran incredulidad— el presidente en espera de Venezuela.

En días pasados, este señor González ha tenido las táparas —vocablo criollo— de declarar y darle el placer para que el dictador se vaya a disfrutar sus ganancias al “exterior”. El escape de los tiranos es previsible, pero en indulgencia inaceptable. Ellos no pueden ser aún encarcelados y juzgados en un territorio donde el poder judicial dejó de existir hace mucho tiempo.

Pero es deber indispensable buscarlos, capturarlos y llevarlos a la justicia donde se encuentran, donde pertenezcan. Si dañaron a la nación, ¡Deben pagar por sus crímenes!

Pero, si Venezuela en su nueva dirigencia no es capaz o no quiere sentar las bases para un escarmiento bajo juicios justos encabezados por la procura judicial de una Comisión de la Verdad que compile las causas procesadas por un tribunal especialísimo que se encargará de substanciar y sentenciar, entonces tenemos que estar preparados a retornar a una Nicaragua post Violeta Chamorro —mis lectores saben a ciencia cierta lo que digo—.

La soberanía, el Estado de derecho, el fortalecimiento de las instituciones, y la continuidad de un sistema judicial justo pasa por el compromiso político supremo de otorgar a la República Jueces naturales con absoluta independencia.

Ya debemos dejar de padecer la vergüenza de tener que administrar justicia en otros foros, ajenos a nosotros y tampoco nada amigables. Por ejemplo, este servidor, al tener que defender a la sufrida familia petrolera, ante la avaricia de extraños opositores y chavistas, entonces tenemos por ahora que conformarnos con el desdén que hacen por nosotros la jurisdicción americana o el arresto inglés del epítome engendrado del colaboracionismo (Chavismo; Betancourt López).

Luchemos por el restablecimiento provisional o enmendado de la Constitución Representativa, Responsable y Alternativa de 1961, la creación de una Comisión de la Verdad, con atributos de substanciación en instrucción, un Tribunal Especialísimo de Causas de Corrupción y Lesa Humanidad.

Querer vivir en democracia es aborrecer la impunidad ¡DIGAMOS «NO» A LA IMPUNIDAD!

¡Rechacemos la propuesta de Edmundo González¡

La sociedad que construimos: el poder de las creencias

Valentina Gómez es economista (UCAB), fundadora Impulsa Tu Economía, y coordinadora local senior de EsLibertad Venezuela. En todos sus espacios, aprovecha cada oportunidad para reflexionar sobre las ideas de la libertad y empoderar a quienes le rodean.

La educación formal nos da las herramientas para ser más racionales, críticos y competentes. Nos enseña a resolver problemas, analizar y entender lo que nos rodea. Sin embargo, no siempre nos enseña a desarrollar la empatía, la compasión o la solidaridad.

Valentina Gómez

Hace poco leí una frase que me hizo reflexionar: “ La violencia no es algo aleatorio, es una respuesta desesperada a un sistema de desigualdades que ha fallado”. En este artículo analizaremos los motivos que han impulsado la violencia como recurso ante las diferencias, mi punto de vista y una posible solución. Resulta inquietante pensar en el futuro de una sociedad que continúe así.

Kirk era activista; realmente no importa su ideología. Lo que realmente importa es que su única arma era un micrófono y fue asesinado por miedo a su capacidad de influir. ¿A cuántos de nosotros nos gusta opinar? ¿Cuántos de nosotros ha tenido una opinión distinta a la de un grupo de personas? La opinión es un derecho, al perderse se pierde la libertad. Atacar la libertad de expresión es atacar la libertad de pensamiento, atentar contra la democracia y, poco a poco, eliminar rastro de oposición con el fin de adoctrinar a la población. De continuar de esta manera se normalizará esta opción para silenciar a los demás.

Al igual que Kirk, Miguel Uribe Turbay también fue silenciado. Ambos compartían la misma arma. Nadie debería ser atacado en un momento de exposición pública, es como disparar por la espalda, tu oponente no está alerta, mucho menos preparado o en igualdad de posición. Es desgarrador que esto ocurra y que hablar se convierta en un acto de rebeldía.

Miguel Uribe, excandidato presidencial asesinado en Colombia

¿Qué que motiva a las personas al uso de la violencia?

Como dice Corey Robin en su libro: “El miedo: historia de una idea política, el miedo no es solo algo que existe en las personas, sino que es un instrumento para mantener el statu quo y perpetuar el dominio de las élites sobre el resto de la sociedad.

Amnistía Internacional y Human Rights Watch concuerdan en que el objetivo es evitar que se difundan ideas que promueven la justicia social, la defensa de los derechos humanos y la rendición de cuentas.

En resumen, uno de los motivos principales y más importante de estos actos es el miedo a las ideas del activista o político, se utiliza como control social. Suele ocurrir que estos actos son realizados por personas extremistas y manipuladas por una figura de autoridad o una creencia que les dice que violencia es la única respuesta. Una persona así está desvinculado a la creencia de que Dios existe, una persona que cree en el Dios católico, no mataría.

Ahora, hay un escritor que realizó uno de los mejores libros que he leído en mi vida, Yuval Noah Harari escribió: “Sapiens: De animales a dioses”. En este explica la creación de la creencia de que Dios existe, por qué es importante que creamos en un ser superior y cómo esta creencia nos ha formado como mejores seres humanos, alejándonos de nuestros instintos más primitivos.

Recordemos que los seres humanos somos animales. Lo que nos diferencia de otros animales es nuestra capacidad de razonar, discernir entre lo bueno y lo malo y poder tomar decisiones que nos den un mejor resultado en la vida. Creer en Dios es importante para temerle a algo más grande y poderoso que nosotros, por décadas nos ha salvado de conflictos y alejado de antiguas normas sociales.

Una de esas normas que se ha ido eliminando es la poligamia. Cuando un hombre tiene varias mujeres, su vida se vuelve caótica y genera conflictos en su entorno. Al tener una sola pareja, su atención puede enfocarse en cuidar a su familia, ser un mejor padre y un mejor ser humano. En pocas palabras, la creencia en Dios ha sido un factor crucial para ordenar la sociedad. Ha permitido que vivamos de una manera más organizada y menos primitiva.

Harari lo explica en su libro con algo como: «Dios no existe, pero no se lo digas a mi jardinero, porque me mataría». La frase del «jardinero» ilustra que, aunque una creencia sea una ficción, el miedo a las consecuencias de esa creencia es muy real. El jardinero no mataría a su jefe porque exista un dios, sino porque cree en las reglas, las leyes o los castigos que esa creencia impone. Es el miedo a la ira divina, o a la condena social, lo que lo mantiene obediente.

Aunque no creas en Dios, es necesario promover los valores que la religión ha inculcado en la sociedad, como el respeto, la tolerancia y la cooperación, ya que la educación por sí sola no es suficiente.

La educación formal nos da las herramientas para ser más racionales, críticos y competentes. Nos enseña a resolver problemas, analizar y entender lo que nos rodea. Sin embargo, no siempre nos enseña a desarrollar la empatía, la compasión o la solidaridad. Un asesino, por ejemplo, puede ser una persona muy educada, pero sus actos demuestran una total falta de valores morales. En cambio, la religión nos enseña a sentir, a ponernos en el lugar del otro y a actuar con empatía y compasión.

Hoy en día, cada vez más personas se identifican como no religiosas. Si bien es cierto que la idea de un solo camino a la verdad puede llevar a la intolerancia y a la violencia, la forma en que se interprete y se aplique esa creencia es crucial. Si aplicamos el entendimiento, podremos mejorar esta creencia y, con ella, a nuestra sociedad.

¿Estás de acuerdo? ¿Qué más podemos hacer para mejorar la sociedad?

La muerte de Charlie Kirk y el neo-anarquismo

Por Leroy Garrett.

El mundo se sacude con el Asesinato del activista republicano Charlie Kirk. El resultado de esta muerte a bala afecta, como cada incidente parecido, contra vidas inocentes, porque el hecho de estar a favor o encontrar de la segunda enmienda no te protege de las balas.

El problema va más allá del uso, abuso o porte de armas, detentarlas es la antesala al gatillo que dispara la desgracia, sus causas son complejas.

La muerte de Kirk sacude el mero centro de los valores de Norteamérica. Charlie y sus ideas eran su vida, el escogió debatirlas y estaba en su derecho hacerlo, y no conforme con ello, fue un individuo que vivió en un sistema que espera de todos sus habitantes ser parte del sistema político activamente participando en él. 

El activista republicano abrazo ese derecho y defendió sus ideas de cómo debía ser la nación que él quería, y si nos gustaba todo o parte de su prédica, principalmente debatidas en el centro genuino de las ideas e ideales: los centros universitarios, esa aceptación o rechazo es irrelevante y nadie tiene el derecho de adjudicarse haber apagado su vos.

En el espectro político he escuchado líderes de ambos bandos condenar y afirmar que América no es así. Eso es falso y solamente si sumamos las muertes recientes y remotas de personajes irrelevantes —o no—, todos inocentes de su desgracia sellada a balazos. La cuenta es espeluznante y repetitiva.

Dentro de las cosas que ya sabemos del capturado sospechoso asesino, allende de provenir de un núcleo familiar conservador y de preocupantes preferencias sexuales, son los mensajes encontrados en sus balas.

Especialmente la marcada “Bella Ciao”.  Tal parece probable que la inscripción “Bella Ciao” refleje una ideología anti-sistema inspirada en La Casa de Papel (Serie de Netflix) y su simbolismo partisano, ¿Qué podría haber motivado el odio de Robinson hacia Kirk? 

Kirk, como figura pro-Trump y conservadora, representaba para algunos el “sistema” opresivo: defendía valores como el control de armas, el nacionalismo y críticas al cambio climático, lo que lo hacía un objetivo para alguien con inclinaciones anti-fascistas o anti-establishment. 

Aunque el sospechoso proviene de un hogar republicano, su radicalización reciente (posiblemente vía online) lo llevó a ver a Kirk como un “fascista” simbólico, alineado con el tono rebelde de la serie. El gobernador Cox y analistas como Carlo Pestelli (experto en la canción) describen “Bella Ciao” como un “ovillo de hilos” cultural, que en contextos modernos como Netflix se usa para denunciar tiranías.

Al terminar esta nota, la investigación continúa la y aún falta para confirmar motivaciones. Algunos posts en X especulan que podría ser una “falsa bandera” o influencia de la “izquierda radical”, pero las evidencias apuntan a una radicalización individual, no afiliada a Antifa u otros grupos organizados.

En otra palabra un neo-anarquismo. En la serie La Casa de Papel, la primera serie mega global de Netflix en habla no inglesa, sus protagonistas eran considerados por ellos mismos delincuentes, pero además de la riqueza aspirada por ellos en el “atraco perfecto” había una ética entre todos compartida “anti-sistema” que le otorgaban al grupo una pseudo ética moral con rango heroico atractivo a la audiencia.

Si comparamos esta motivación de ellos, tanto el indiciado en la matanza de Kirk y asesinato aparentemente perpetrado por Luigi Mangione, el joven de 27 años acusado de matar a Brian Thompson, CEO de UnitedHealthcare, el 4 de diciembre de 2024 en Nueva York, ambos incidentes han sido calificados como “asesinatos políticos” o “asesinatos en frío” motivados por ideologías anti-sistema.

Por desgracia pareciera ser que por ahí van los tiros.

El factor Assad: una reflexión para Venezuela

Por Leroy Garrett (@lerogarrett).

A un año de las fallidas elecciones del 28 de julio del año pasado, el escenario geopolítico ha dado un vuelco. La designación del gobierno como organización terrorista, la condena a su negocio alterno al petrolero y la presencia de la flota de guerra norteamericana más grande y autosuficiente jamás movilizada en el Caribe dan cuenta de un punto de quiebre culminante, pero no necesariamente expedito.

La asociación del régimen a las causas más condenables de la humanidad le otorgan un peso militar específico, sus alianzas regionales (Cuba) y mundiales (Rusia y China) podrían convertir a nuestro territorio en la respuesta de la guerra proxy, un formato que prolongó la agonía de Assad en Siria.

El arribo de Chávez al poder produce las condiciones de una guerra civil hasta ahora contenida con el pacto secreto y descarado con el tinglado del colaboracionismo. Pero el evidente vacío de representación y liderazgo de la oposición podría generar espontáneamente una fuerza de insurrección hacia al chavismo comparable con el caso libio o, más atrás, la insurgencia española al reinado de Pepe Botella Bonaparte en el siglo XIV.

Ya la dictadura subversiva, en sí misma, tiene sus grupos en Armas entre criollos e importados, lo cual limita la decisión de las Armas de EE. UU. a atacar con todo el poder de sus capacidades. Por ahora. 

Es bien sencillo, no se quieren dar el lujo de hacer de Caracas una nueva Bagdad y no encontrar en la incursión al Saddam tropical.

Pero el escenario pavoroso para la población civil y el resto de la superviviente infraestructura nacional es un ataque teledirigido con misiles con objetivos quirúrgicos que liquidar, por ejemplo, laboratorios y centros de acopio. 

Ante una dirigencia que a la que poco importa la felicidad de los ciudadanos (Régimen y colaboradores) la subversión buscaría utilizar a la población civil como escudo, ¿Aleppo, Damasco o más cerca Gaza? 

Es necesario recordar que Siria comenzó como protestas en 2011 y escaló a un conflicto total con intervención extranjera, resultando en la deposición de Assad en 2024. Una década de hostilidades Sirias, incontables muertes, destruccion total, estoy convencido de que no es lo que busca la misión militar Norteamericana en el Caribe.

Pero eso ni impide, ni previene, que la liberación del territorio de Venezuela pueda ser un proceso agónico enmarcado en controlar el narcotrafico, asegurar sanciones y destruir lo ilícito. El otro problema que cabe señalar, y sin duda conocido por EE. UU., es ¿Quien eventualmente reemplazaría al chavismo? Ese es también un mayor problema.

Venezuela no paga traidores

Por Manuel de la Cruz, politólogo.

«¡Leopoldo traidor!» No fue un insulto improvisado, sino un grito que condensó años de frustración, engaños y heridas abiertas. Surgió en pleno vuelo, como si la altitud diera más fuerza a la verdad que tantos callaron. Esa voz, temblorosa por la rabia, pero firme en el mensaje, no pertenecía a un desconocido: era uno de los miembros fundadores de URVEX, y en pocas palabras resumió nuestra política de resistencia —rastrear, exponer y llevar ante la justicia a todos los criminales chavistas… y a sus cómplices.

Porque, si los tiranos narcotraficantes que encarcelan, torturan y asesinan a nuestro pueblo merecen las penas más severas, ¿Acaso no merecen igual condena quienes vendieron nuestra libertad? No hay diferencia entre el narco-chavismo y la narco-oposición. Durante 26 años de tiranía, las hordas chavistas golpeaban y asesinaban, mientras sus supuestos opositores delataban, negociaban y cobraban por tan ruin servicio.

La historia enseña que la traición es el peor de los males para los pueblos libres. Lo supo Roma en el año 139 a.C., cuando el caudillo militar Viriato se había constituido como el principal obstáculo que tenían los romanos para conquistar la península ibérica. Tres de sus más cercanos lugartenientes le asesinaron mientras dormía, para congraciarse con la república romana y cobrar una cuantiosa recompensa. Cuando fueron a dar cuenta de lo sucedido ante las autoridades romanas, el procónsul Cepión los condena con la famosa frase “Roma no paga traidores”.

Pues… Venezuela tampoco.

Conviene recordar que la traición siempre ha sido considerada como uno de los peores males en las sociedades preclaras. Precisamente porque la traición es la puerta de entrada a las mayores corrupciones morales.

Por eso, como miembro de URVEX, respaldo y celebro la denuncia valiente de nuestro compañero, y reivindico el escrache como método pacífico y legítimo de resistencia. Es hora de reproducirlo contra todos esos intocables que viven en lujosos barrios europeos a costa de la tragedia venezolana. El dinero que financia sus vidas de mantuanos decimonónicos está manchado con la sangre de miles de compatriotas que claman justicia.

¿Qué importan un par de gritos? El escándalo que reciban es poca cosa frente al juicio que merecen. La resistencia no es un acto aislado, es una voluntad diaria: en los aviones, en las tertulias, en los foros, en los cafés, en los tribunales y, por supuesto, en las calles. Porque mientras el chavismo siga enlutando hogares, robando futuros y exiliando familias, no nos quedaremos callados. Y que lo sepan: no habrá refugio ni cobijo para criminales ni traidores.

Aniversario del 28 de julio, el resumen guaidósiano del video de María Corina: “Vamos bien”

Por seudónimo: Yaracuyano.

En el aniversario del circo electoral por el circo electoral llevado a cabo el 28 de julio de 2024, la dirigente de Vente Venezuela, vendida por muchos como la salvadora de Venezuela, María Corina Machado (MCM), ha sacado un video muy previsible que, aunque pretende ser una fuente de inspiración y preparación para sus seguidores —aparentemente, cada día menos—, en realidad constituye una falta de respeto para la causa venezolana. En este escenario, tomo nota de todas las incoherencias y/o mentiras dichas en el video de 8 minutos, y haré un contraste con los hechos.

MCM dice —y yo respondo, con ítems—:

  • “Esta es la generación mejor preparada de nuestra historia para conquistar la libertad, porque la llevamos grabada en nuestro ADN, en lo más profundo del alma venezolana, junto a la dignidad y a los valores familiares.” (00:29-00:43).
    • Nuevamente, MCM habla con misticismo y apela a un esencialismo determinista, como si no fuera necesaria la acción consciente de muchos individuos para alcanzar el objetivo, porque “lo llevamos en el ADN, en lo más profundo del alma venezolana”. Claro, si lo llevamos en el ADN, en el momento adecuado, “todos sabrán qué hacer”. Empero, yo pregunto dos cosas:
      • ¿Qué carajos tiene que ver el ADN con un proceso histórico, social y político, que, por lógica, está delineado por la decisión de los miembros que la conforman? MCM deja de lado todo análisis crítico de las causas que han llevado al fracaso en la consecución de la libertad, hasta el momento, y no se aboca a sus soluciones concretas. Es el ADN, Dios, el espíritu, el “bravo pueblo”, los aliados, la consciencia, el alma… todos, menos la razón.
      • ¿Es realmente esta generación la mejor preparada para la libertad? ¿Ella está hablando de la misma generación nesciente de su historia, de las causas que nos llevaron adonde estamos, que cree que el problema es Nicolás Maduro y no todo el sistema en el que fundamentó su régimen, incluyendo a esa oposición que en el fondo no se opone a nada, porque son el opuesto que su opuesto necesita para seguir existiendo? ¿O habla de esa generación que cree que el cambio debe fundamentarse en procesos electorales viciados, como el del 28 de julio, y todos los del pasado? ¿O habla de esa generación que piensa que el cambio viene por oraciones a dioses que se mofan de nosotros y/o por solicitudes a una comunidad internacional sumergida en sus mismos problemas, y que es la misma comunidad internacional que ha permitido genocidios durante mucho tiempo, actuando solo cuando vieron afectados sus intereses individuales y pudieron sacar algún beneficio por sus acciones militares?
        • Por cierto, con respecto a esto último, es curioso que sea la misma generación que no esté dispuesta a entregar recursos, tierras, o cuáles cosas crean necesarias, a cambio de libertad, porque quieren invasiones sin entregar nada a cambio.
  • “Nunca este bravo pueblo se había organizado, comprometido y arriesgado como ahora.” (00:44-00:51).
    • ¿Es en serio? ¿Y qué pasó en 2012, 2013, 2014, 2017 y 2019, cuando millones salieron a las calles, muchos entregando su vida, y fueron traicionados por una clase política que solo repara en narrativas y acciones serviles al chavismo? Con eso solo ignora o minimiza las numerosas ocasiones en el pasado en las que ha habido organización, compromiso y riesgo por parte de la ciudadanía en diversos enfrentamientos. En suma, es una falta de respeto a muchos nombres, y a la misma causa venezolana, que queda banalizada en el camino.
    • Y esto por no mencionar los movimientos militares varios que se vieron afectados por ello.
  • Las fuerzas que te sacarán del poder ya están aquí, dentro de Venezuela, y somos millones (00:56-01:04).
    • Para esto, ni necesito mencionar nada. Suficiente con unir los puntos 1 y 2 para ver cómo se cae esa narrativa, en el contexto actual. Es un optimismo sin fundamento concreto, ni estrategia clara.
      • Énfasis en: “el contexto actual”.
    • La mera existencia de “millones” no garantiza la salida de un régimen del poder, y ha quedado demostrado cada día, semana, mes y año que pasa en Venezuela.
    • La falta de especificación de MCM sobre cómo esas “fuerzas” actuarán o qué estrategias implementarán para lograr el objetivo lleva a una falsa sensación de seguridad, que más tarde se traducen en frustraciones, pues no se cumplen las expectativas. Es, de hecho, todo lo que buscaba el régimen con el circo del 28 de julio.
  • En nuestro pasado, enfrentamos y derrotamos la opresión, ahora lo haremos, para siempre (01:04-01:13).
    • En el presente, la oposición no es ni la sombra de lo que fueron las oposiciones del pasado a quienes consideraron tiranos —para bien o para mal—. Afirmar que “ahora lo haremos” solo responde a los delirios recalcitrantes y peligrosos de un personaje que ha demostrado no estar a la altura de lo que requieren las circunstancias.
  • Se añade en el video: “Esta lucha la estamos ganando. (…) El 28 de julio cambió todo para siempre. (…) Les arrebatamos sus armas en el campo de batalla electoral y con ellas los derrotamos (…) Controlamos posiciones estratégicas. Paso a paso, ganamos batallas.”
    • El 28 de julio el juego no cambió, fue el mismo de siempre y, por tanto, totalmente innecesario. Asimismo, los más de 2000 que cayeron presos, fueron víctimas de un espejismo de cambio en un desierto de estrategias.
    • Las elecciones no son un campo de batalla, son parte de un juego que tiene tiempo practicando Cuba para controlar y doblegar la moral de las masas, con mucho éxito. En este marco, la oposición falsaria solo ha jugado con sus reglas.
    • ¿Qué batallas han ganado? ¿Los señalamientos de ciertos países en contra de figuras del PSUV? ¿Acaso no es lo mismo que pasó en el pasado? ¿Ha significado eso algo relevante para la causa venezolana?
    • ¿Qué posiciones estratégicas han conquistado? ¿Las de redes sociales, llena de palangristas, a los que cada día se les hace más difícil sostener una narrativa viciada? —y que curiosamente muchos siguen creyendo, muchos que son parte de esa “generación mejor preparada” para un cambio—.
    • Una victoria es en función de los resultados que se consiguen, más en política. Si los resultados de la elección del 28 de julio no se tradujeron en una derrota clara del régimen, que necesariamente significa un cambio de gobierno, afirmar que “cambió todo para siempre” y que se “derrotó” con “armas electorales” constituye una lectura errónea o engañosa de la realidad. Así de simple.
  • Hoy solo se sostienen por el terror. Y eso es un clavo ardiente que los consume (2:47-2:53)
    • El chavismo lleva años sosteniéndose en el terror, no es solo hoy, y contrario a consumirlos, han sabido palear toda oposición y atornillarse en el poder, al punto en el que el gobierno de EE. UU. ha tenido que negociar con ellos —no con MCM, ni con Guaidó, ni con otros—.
  • En el campo de lucha que escojan, allí también combatiremos y los derrotaremos, cueste lo que cueste, dure lo que dure (2:53-3:06).
    • El chavismo ya eligió el campo de batalla desde hace años: las armas. Y aun en ese escenario, la oposición, MCM, ha decidido respetar institucionalidades sin sentido, yendo a elecciones, por lo cual solo se puede concluir que no conoce siquiera contra qué está luchando.
    • A la misma MCM se le pusieron al servicio varias facciones militares, y ella, detrás de cámara, les dijo que no actuaran, porque ese no era el camino. Aun así, por otro lado, en las redes sociales vive haciendo llamados a los militares. Entonces, ¿A qué juega?
    • ¿Realmente está dispuesta a combatir en cualquier escenario? ¿Por qué no ha apelado a ellos, entonces, dado el contexto Venezuela? Si de verdad el “cueste lo que cueste” no es mera retórica, ¿Qué la detiene ahora? Más cuando ella misma se cansó de decir que tenía un plan, que esto es “hasta el final” —aún lo dice—, que “va a pasar”, pero dice que el camino es la presión internacional, no las botas, que es mejor una reunión cívica, organizada, pacifica, de unas horas, para luego regresar a nuestras casas “triunfantes”.
    • ¿Qué significará en la cabeza de MCM el “cueste lo que cueste” o “dure lo que dure?
      • Ella dice que “dure lo que dure”, que es la misma frase sin tiempo que “hasta el final” o “va a pasar”. Sólo se apela a un saecula saeculorum sin sentido; bien sabemos que al final lo único que dura son las falsas esperanzas y la desilusión, hasta que llegue otro con la misma narrativa en un proceso electoral y vuelva a cautivar a los incautos.
        • Aunque ya por allí salió Edmundo González, diciendo que espera venir en julio del 2026 a juramentarse como presidente —dos años después de las elecciones del 28 de julio, y un año y medio después de haber dicho que se juramentaría el 10 de enero del 2025 en Venezuela.—. La historia y los hechos vislumbran otra promesa que no se cumplirá, aunque extiende por un año más el juego perverso de MCM. En ese momento, veremos qué frase sin tiempo se suma a la lista.
  • En la primera línea, seguimos avanzando y haciendo al régimen retroceder (4:39-4:45)
    • Una vez más, se mantiene la narrativa de progreso y ventaja en la confrontación —no olvidar el “5 a 0”—, que busca reforzar la idea de que la estrategia actual está funcionando, pero, ¿Qué parámetros se están fijando para determinar el “avance” de MCM y el “retroceso” del régimen? ¿Van a salir con los señalamientos, nuevamente, de la comunidad internacional para con el régimen? Al respecto, ver 1.1.2.
  • “Nos preparamos para la acción cívica, el día que se requiera. (…) Los militares saben lo que tienen que hacer” (5:40-5:53)
    • ¿Qué decir de esto? Mejor ni continúo. Fracaso por todos lados.

Venezuela, la sociedad del bucle: sobre la contradicción de quienes dicen liderar un cambio, y quienes le siguen

Por Roymer Rivas, un estudiante venezolano.

La sociedad venezolana es un océano de contradicciones en un planeta en el que las leyes naturales parecieran enmarcarla y dirigirla, siempre, al retorno constante de sus desencantos, mismos que son mediados, como no puede ser de otra manera, por el viciadamente repetitivo discurso político. En este sentido, hoy referenciaré a Venezuela y la sociedad del bucle, que lo es porque ha internalizado la estructura misma de la repetición de procesos como su principio organizador fundamental; esto es: no se trata solamente del hecho de que Venezuela tropieza con su pasado —uno que de por sí una comedia trágica—, sino que la reincidencia en los errores es su sistema operativo, la matriz procesal inmutable que dicta la secuencia de acciones que se han evidenciado fracasadas —muchas veces siendo innecesaria la evidencia—, mientras que cualquier impulso de cambio —real— es absorbido y neutralizado por la propia lógica del sistema, al propio estilo del human unidimensional marcusiano[1], garantizando que el resultado final siempre sea una variación de lo ya conocido, si acaso no es exactamente igual a ello[2].

Prueba de lo que digo es que, al día de hoy, aún se siga confiando en personajes que parecieran vivir en alguna especie de Show de Truman[3], donde le montan todo un mundo en su habitación, pensando que se rige por sus propias normas, aun cuando la realidad les da señales y los golpea para indicarles que dicho mundo es una ilusión. Pero el problema no es tanto los líderes, sino quienes confían en ellos, puesto que también se encuentran en la misma condición —a diferencia de la película, donde el único engañado era Truman Burbank, interpretado por Jim Carrey—. Todos son protagonistas del show, y como todo líder es producto de la sociedad que lo conforma, quien lo demanda para transformarse a sí misma, en una sociedad infantil, a veces adolescéntrica, en asuntos políticos como la venezolana, que vive de ilusiones, no se puede producir más líderes que aquellos que reafirman el camino de fracasos que se viene recorriendo desde hace, al menos, poco más de dos siglos[4].

Esta semana, otra vez, la vampira de la esperanza, más conocida como María Corina Machado, quien ha quedado huérfana de la lucidez desde hace un buen tiempo —si acaso alguna vez la tuvo y no fue mero discurso de pantalla para mostrarse como “separada del resto”—, por motivo de la celebración de la mal llamada “firma del acta de la independencia”[5], ha hecho un llamado a los militares a “hacer valer la constitución” —esa misma que es producto de la putrefacción intelectual que ha imperado en el país—, puesto que “deben ser ellos” quienes pongan orden y cumplan el mandato de poner en su legítimo lugar al “presidente electo” el pasado 28 de julio de 2024. Como desde hace mucho se vislumbró, el plan supersecreto de la dama de papel era hacer llamados a esa institucionalidad inexistente, demostrando así que Maria Corina, junto a toda esa “oposición” del país, están castrados de ingenio, son peregrinos sin brújula mental, alfareros de ideas rotas.

Lo curioso de todo esto es que ese llamado ocurre antes, durante y después de que, a puertas cerradas, la misma María Corina Machado haya solicitado a los militares que se pusieron a su disposición que no actuaran, haciéndoles saber que ella no reconocería ningún alzamiento en contra del régimen, porque “ese no es el camino”. Entonces, ¿Por qué el discurso contradictorio? ¿Por qué, de cara al público, solicita algo que a puertas cerradas rechaza? Por si fuera poco, ¿Por qué ahora no es necesario una intervención extranjera, y hace 6 años sí lo era? ¿Ha cambiado la naturaleza del régimen que dice enfrentar? A todas luces, no. Lo que sí ha cambiado es su posición, siendo ahora doble moral y mentiroso, porque el discurso de la María Corina del presente es mutuamente excluyente a la María Corina de hace unos pocos años atrás —reitero: así lo ha sido en su discurso—.

Pero más curioso aún es la gente que le sigue y aplaude. Éstas personas son la razón por cuál la nación está activamente programada para replicar su pasado. En ellos se ha instalado una especie de software social y político cuya función principal es ejecutar el mismo proceso hasta el infinito, sin importar los usuarios —líderes o “pueblo”; porque ciudadanos, pocos— que lo operen, generando una falsa sensación de avance mientras consume la energía vital del país, cayendo en un agotamiento existencial. Por ellos, Venezuela es una máquina que, más que repetirlos, produce fracasos en serie, resaltando los eventos de las últimas dos décadas: 2002, 2004, 2005, 2007, 2009, 2012, 2013, 2015, 2017, 2019, 2025, y los que faltan si se sigue enfrascado en el pensamiento tenue.

En este marco, solo queda decir una cosa, le duela a quien le duela: el problema de Venezuela no es tanto el régimen y todo lo que representa y/o le rodea —que sí, indudablemente—, eso es solo un síntoma de una sociedad incapaz de comprender su realidad y vislumbrar el camino para moldearla, o romper el molde y construirla. El problema real de Venezuela es su sociedad, una inmadura, a la espera de un mesías, adoradora del héroe, suplicando a cuantos dioses se les ocurra para un cambio, mientras se va de rumba el fin de semana, comiendo del pan y gozando del circo creado por aquellos a quienes odia e idólatra, porque, en última instancia, son exactamente lo mismo. El problema es el fin, los medios, y la estructura que los media, porque el venezolano ha servido de jardinero de un edén marchito: sea lo que sea que haga en ese marco, sin haber trabajado la tierra y cambiado quien la cultiva, así como las semillas que se intentan cultivar, el venezolano seguirá cosechando los frutos amargos de la frustración y la decadencia, en una tierra que no recuerda cómo florecer, y que se encamina a nunca recordarlo.


[1] Herbert Marcuse. 1972. El hombre unidimensional: ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. Novena edición. Barcelona, España. Traducción de Antonio Elorza. Publicado por Editorial Seix Barral, S.A. (La edición original en inglés, de 1952, se titula: “One-dimensional man”). La referencia a esta obra —que, aunque interesante, no comparto del todo la postura— es específicamente a la idea presentada por el autor de que, groso modo, vivimos en un sistema social en el que no se encuentra oposición real alguna a la misma, puesto que sus mecanismos se han encargado de lapidarlas e integrarlas a sí misma, haciendo que, entre otras cosas, paradójicamente, aquel que diga oponerse al sistema se encuentra sumergido en una realidad en la que apela al mismo sistema que dice oponerse, ya no para librarse de ella, sino para cambiar las condiciones de vida dentro de sus mismas reglas, independientemente de si estás se enmarcan o no en el fin original que llevó a la oposición —por ejemplo: libertad—, convirtiéndose en una sociedad cerrada, que mata la pluralidad y el pensamiento crítico, disciplinando e integrando “todas las dimensiones de la existencia” de los miembros que la conforman, para que no conciban una vida fuera del molde preexistente impuesto por el mismo sistema (ver: págs. 19-28). El human unidimensional es, pues, aquel que se hace uno con el sistema, dejándose llevar por la corriente, quien solo piensa bajo los parámetros de la misma, erradicando todas las demás dimensiones de la vida para quedarse solo con aquella que dicta la estructura de la que ahora forma parte, bailando la misma coreografía a la misma música de siempre, aunque se venda como distinta, hasta su muerte. Si bien es cierto que éste crítica el autor la hace en el marco de una sociedad que se fija en la productividad, la sociedad industrializada, “capitalista”, en este texto solo nos hemos de quedar con esa idea central, que podría incluso mediar, como uno sólo, con ese human superfluo que describe Hanna Arendt en sus obras, quien deja de ejercer activamente su pensamiento para ser uno con la masa amorfa y moldeable, pudiendo llevar eso a cometer actos atroces. Al respecto de esto último, ver: Hanna Arendt. 2003. Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Cuarta edición. Barcelona, España. Traducción de Carlos Ribalta. Publicado por Lumen, S.A. (La edición original en inglés, de 1963, se titula: “Eichmann in Jerusalem”)

[2] Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2025. La circularidad venezolana y sus analistas ciegos: una respuesta a Fernando Mires y su baile en el círculo. Publicada en el portal de ContraPoder News. Puede acceder a través de: https://goo.su/unym98 (Consultado el 07 de julio de 2025). Sección: “Introducción”.

[3] Peter Wair, director. 1998. El show de Truman: una historia de una vida. EE. UU. Producido por Paramount Pictures.

[4] Pongo como punto de partida la supuesta independencia que no nos independizó de nada y nos sumergió en ciclos de crisis que se repiten hasta el día de hoy, aunque, he de decirlo, en buena medida es culpable de ello la poca institución de Derecho que se desarrolló en este lado del continente, mediado por el pensamiento colectivista en buena medida. Aunque eso es historia y debate para otro día.

[5] Lo que debe celebrarse ese día, en realidad, es la “declaración” del acta de independencia, dejando encargado a Juan German Roscio y a Francisco Isnardi de redactar el acta para ratificar la decisión. La misma es finalizada y entregada el 07 de julio, mismo día en que se comienza a firmar, y la última firma queda plasmada el 18 de agosto de 1811. Por tanto, si ha de celebrarse alguna firma del acta, debe ser el 07 de julio, o el 18 de agosto, no el 05 de julio. Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2022. Rescatemos nuestra historia, Venezuela: la firma del acta de la independencia. Publicada en el portal de ContraPoder News. Puede acceder a través de: https://goo.su/25CmCB (Consultado el 07 de julio de 2025).

El mito de la tendencia al equilibrio: ¿Por qué las tasas de ganancias no tienden a igualarse en un mercado libre?

En el presente ensayo, el autor aborda al mercado como un sistema que no tiende al equilibrio en las tasas de ganancias, entre otras, yendo incluso en contra de algunas posturas de la Escuela Austriaca de Economía, para una defensa más óptima sobre las ideas de la libertad y la economía.

Para acceder a él, presione aquí.

La circularidad venezolana y sus analistas ciegos: una respuesta a Fernando Mires y su baile en el círculo

Por Roymer Rivas, un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico.

Introducción

Desde hace un buen tiempo sostengo que Venezuela es una sociedad del bucle —llagando a decir incluso que era un buen título para un libro: “La sociedad del bucle”…—, porque a sus miembros les encanta ese retorno constante a los mismos procesos y sin sabores, a los mismos discursos, a lo mismo de todo, en cuanto a puntos esenciales de su realidad social y política se refiere. No obstante, también he resaltado que Venezuela no es una “sociedad del bucle” porque comete los mismos errores históricos —aunque es parte importante—, sino porque se ha convertido en un ente que ha internalizado la estructura misma de la repetición como su principio organizador fundamental[1], es la “maldición del mismo proceso”, como, entre otros textos, lo expresé en mi ensayo para las elecciones intrascendentes que se celebraron el 28 de julio[2].

En este marco, “el tiempo, en lugar de avanzar hacia lo nuevo, se curva sobre sí mismo, devorando cada instante en la prefiguración de su retorno. Es un laberinto temporal, una ilusión de progreso que se convierte en el más cruel de los espejismos; se invoca el cambio, se proclaman nuevas eras, pero bajo la epidermis retórica palpitan los mismos órganos ancestrales del Corpus Institutorum Societatis, impulsando las mismas pulsiones, engendrando las mismas frustraciones. Con ello, llega la fatiga. Ya lo he dicho antes, es como ir en una caminadora de hacer ejercicio, pero sin parar y sin alimentarnos”[3], como si un video se reprodujese una y otra vez, pero con diferentes caras en los personajes —aunque su estructura intelectual es esencialmente la misma—.

Por esa misma razón me ha pesado decir que “si esta sociedad no reconoce su situación, no dejará de asistir a una parodia del eterno retorno nietzscheano, aunque despojada de su afirmación vitalista y convertida en una condena a la inmovilidad. El espíritu de esta sociedad, al igual que la cubana y la norcoreana, se marchitará en la ausencia de una verdadera teleología, donde el futuro no es una promesa abierta, sino una sombra espectral del pasado.”[4]

Dadas las circunstancias, algunos parecen haber aprehendido de alguna manera tal situación —¿Por intuición?—, pero sin la profundidad necesaria para captar sus diversas implicaciones y consecuencias, llevándolos a elaborar análisis distorsionados de la realidad política venezolana, sirviéndoles para justificar posturas que adolecen del mismo vicio original. Tal es el caso de Fernando Mires, quien, en un artículo titulado: El país dónde la historia se repite[5], nos presenta una Venezuela atrapada en una recurrencia trágica, un escenario donde los actores políticos han transitado un círculo vicioso, para luego hacer un diagnóstico que choca sin reservas con una dolorosa verdad: su interpretación de las dinámicas electorales, de la “oposición” venezolana que “afrontar la crisis” y, en general, de los diversos eventos que han tenido lugar en —por lo menos— los últimos 20 años, está llena de contradicciones internas, falencias analíticas y subestimación del sistema criminal que rige en el país y que, en lo personal, he expuesto sistemáticamente en diversos artículos y ensayos.

Este ensayo se propone, en primera instancia, deconstruir críticamente los argumentos de Mires referentes a la supuesta eficacia de la vía electoral y la naturaleza de la confrontación política en Venezuela, evidenciando cómo su perspectiva, aunque lúcida en ciertos aspectos —no por nada coincidimos en la naturaleza repetitiva de la crisis en Venezuela, aunque diferimos notablemente en la evaluación de roles y la utilidad de la participación electoral—, termina por sucumbir a un optimismo que la propia realidad venezolana, y su misma narrativa, desmienten —lo cual no hacen más que inferir, que Mires, aunque critica la repetitividad de procesos, se encuentra él mismo bailando en el círculo que crítica—. En segunda instancia, nos adentraremos en la problemática caracterización de los disensos opositores —¿Son traidores o no los electoralistas, después del evento del 28 de julio?—, la matizable necesidad de factores internacionales —¿Debe depender o no el proceso nacional del apoyo internacional? ¿Por qué? ¿En qué grado o nivel? ¿Con qué fines?— y, fundamentalmente, la irresolución del dilema entre “sentar presencia” electoral y el riesgo de legitimar un sistema que perpetúa el ciclo que el propio Mires denuncia. Sin más, comencemos.

La ilusoria noción de “Victoria” y la falacia de la “estrategia probada como exitosa”

Uno de los pilares del argumento de Mires es la aseveración de que María Corina Machado, demostró que, en un escenario electoral, “la oposición unida y organizada, con objetivos claros y precisos está en condiciones de derrotar a Maduro” y que, consecuentemente, la vía electoral es una “estrategia probada como exitosa”, por lo cual es “absurdo” renunciar a ella. No obstante, tales afirmaciones se enfrentan a serias objeciones fácticas —por no decir que también filosóficas y adentrarnos en el fracaso de ese dios que llaman Democracia, no solo en el mundo, sino especialmente en Venezuela; una realidad que, groso modo, explico en la primera parte del ensayo sobre las razones por las cuales no voté el 28 de julio. A mi juicio, lo que sufrimos hoy es consecuencia directa de tal aberración de sistema[6]—.

En principio, cabe preguntarse: ¿Qué entiende Mires por “derrota” y “éxito” en el contexto de un régimen autoritario y que se perfila al totalitarismo? Si “derrotar” se limita a obtener una mayoría en el conteo de votos de los procesos electorales —como Mires parece sugerir con la “apoteósica” campaña de Machado—, estamos ante una concepción de victoria peligrosamente superficial. La historia más inmediata en Venezuela nos ha mostrado que tales “victorias” son pírricas si no se traducen en una transferencia efectiva del poder o una alteración importante de la estructura criminal que domina en el país. Esta es una verdad fulgurante que ensordece cualquier sonido de duda, y es precisamente una de las razones por las que he hablado y calificado a todos estos movimientos “opositores” del pasado y presente como “espejismos de cambio”.

El no comprender el cariz de cada uno de los problemas que hemos enfrentado es lo que ha llevado a millones a creer que se podía ganar de forma pacífica a quienes se dieron a conocer de forma violenta, llegaron al poder con un proyecto criminal, y se instalaron en él aprovechando todas las herramientas que el mismo sistema democrático les brindó.

Entre otras cosas, las elecciones para la consulta de la reforma constitucional del año 2007 y las parlamentarias del año 2015 nos recuerdan que no importa qué pase en las elecciones, quienes ejercen el poder en Venezuela imponen todo lo que se establecen como objetivos, tarde o temprano. A pesar de la aparente “derrota” del régimen en el 2007, lograron instalar un Estado comunal paralelo con leyes orgánicas y otras regulaciones, todo ello sin que la oposición mostrara su desprecio a las leyes que, a todas luces, son inconstitucionales. Y no hablemos del silencio de los poderes públicos sobre el tema y la posibilidad de reelección indefinida que se aprobó en el año 2009. “Es más, muchos de los que hoy se consideran “oposición” estuvieron a favor de algunas acciones que beneficiaban al sistema chavista en su momento, como lo fue el apoyar la ley de desarme de la población —incluyendo María Corina Machado—”[7].

Asimismo, en el 2015, millones de venezolanos celebraron la victoria de una mayoría “opositora” en la Asamblea Nacional, y puede considerarse así en circunstancias normales —énfasis en: “circunstancias normales”—, “pero no pasó mucho tiempo para que, con interpretaciones legales, el régimen desestimara la Asamblea del 2015 dominada por “la oposición”. Van y vienen argumentos de parte y parte, pero, tal como advierte la teoría e ilustra la práctica desde hace mucho tiempo, al final las mayores fuerzas del Estado, el que impone la ley, terminan ganando.”[8] En el año 2017, “el TSJ chavista emite una sentencia de desacato de la AN2015, por lo cual queda sin efecto cualquier cosa que emitiera la institución, y se atribuye a sí misma sus funciones, extendiendo además los poderes del Ejecutivo. La acción que sigue ahora es crear una Asamblea Nacional Constituyente que se colocó por encima de todos los poderes y terminó por aprobar leyes a gusto del régimen para poder reprimir a todo el que se le opusiera, aunque, a modo de chiste perverso, tal constituyente no dio como resultado una nueva constitución, tan solo fue maraña que intentó justificar las arbitrariedades del Estado.”[9]

Estas acciones del régimen son totalmente ilegales, evidentemente; nadie sensato ha de cuestionar eso. Es ilegal e inmoral, incluso si se toman en cuenta las mismas leyes y principios que ellos han creado y dicen promover. Sin embargo, “no podía esperarse otra cosa, de los bárbaros no puede esperarse más que un garrotazo, y es triste que muchos en serio creyeran que le podrían hacer contrapeso al régimen desde el poder legislativo”[10]. Entonces, es sorprendente cómo Mires tiene la osadía de decir que la oposición unida y organizada en torno a un proceso electoral puede “derrotar a Maduro” y que es “absurdo” abandonar lo que se ha mostrado como “exitoso”, porque “los cuatro puntos indican que la oposición para subsistir debe ser democrática, constitucional, pacífica y electoral”.

Aquello que Mires destaca no repara en los hechos de que, aun con la oposición unida, ellos mismos se han mostrado, más que ineficaces, en la consecución de la libertad en Venezuela, como las vitaminas que han fortalecido al régimen por tercamente continuar en una dinámica estancada —que el mismo Mires reconoce, pero que aun así, mágicamente, se olvida del pedazo de la historia que contradice su postura electoralista—. Contrario a lo que sostiene Mires, los hechos ilustran que la estrategia electoral ha fracasado para derrotar al chavismo en el sentido de lograr un cambio de gobierno. Esos supuestos “éxitos” no han trascendido de movilización o victorias contables parciales que el régimen luego ha neutralizado por completo. Esa capacidad de “derrotar a Maduro” electoralmente es una persecución tantálica por la libertad, el cambio y/o la transformación que necesita el país —un suplicio del que difícilmente se saldrá si sigue existiendo el tipo de pensamiento que sostiene Mires, lamentablemente—. La unidad que tanto reivindica Mires se ha mostrado ineficiente, sobre todo porque los medios a los que se han apelado para alcanzar los fines parecen alejarlos cada vez más de ellos.

Lo que sí es fáctico, efectivo, probado, es que la oposición y chavismo viven en una inexorable simbiosis; esa oposición venezolana es el opuesto que necesita su contrario para existir. La realidad no ha indicado otra cosa, más que eso.

En esta línea, destaca la contradicción más flagrante que reside en el planteamiento y la narrativa de Mires, a saber, que tras ensalzar la capacidad de organización y movilización de Machado y la vía electoral, él mismo introduce el desenlace de un “grotesco fraude” perpetrado por el chavismo. En este escenario, surge entonces la pregunta ineludible: ¿Cómo puede una estrategia que culmina en la anulación de la voluntad popular mediante un fraude ser catalogada como “probada como exitosa”? El “éxito” que Mires describe, esa movilización y unificación momentánea de la oposición, es un —discutible— “logro” de proceso[11], no de resultado tangible en términos de acceso al poder o transformación del sistema. De hecho, es un logro del proceso en el que han estado sumergidos en repetidas ocasiones, con el mismo desenlace. Es aquí donde la argumentación de Mires se torna inconsistente: celebra una herramienta cuya ineficacia final él mismo parece constatar, por lo cual, deja entrever que él mismo padece de la circularidad venezolana que pretendió señalar en un principio.

La subsistencia de la oposición que necesita el régimen

En este sentido, hemos de darle otra interpretación a las palabras de Mires cuando dice: “Los cuatro puntos indican que la oposición para subsistir debe ser democrática, constitucional, pacífica y electoral”, pues, es cierto, pero solo a medias. La única parte que podría considerarse verídica en la afirmación es que, efectivamente, la “oposición” venezolana necesita apegarse a esos preceptos para poder subsistir dentro de este sistema. Es precisamente esta adaptación la que la hace funcional o servil al régimen, en contraste con aquella verdadera oposición, que no es la que dice solo “oponerse” al Estado criminal, sino la que entiende realmente dónde está parada y lo que se necesita para salir de ella, esa que no ha subsistido porque ha sido asesinada, maltratada, silenciada, y no reconocida, por ambos bandos.

Es absurdo hacer tal afirmación en un contexto en el que el régimen chavista precisamente no opera consistentemente bajo estos principios con los que pretenden imputarles “éxitos” a la “oposición”. El carácter “democrático” y “constitucional” son amañados a conveniencia del poder establecido; y lo “pacífico” ha sido vulnerado en todos los casos por la represión estatal. Por lo tanto, reactivar estos puntos, sería apelar a un marco que el adversario no respeta o manipula.

Como si esto no fuera suficiente, he de recordar que, si bien los eventos electorales pueden fungir como catalizadores para coaliciones tácticas, la fragilidad y, a menudo, la superficialidad reinan en estas uniones de la “oposición” venezolana. En cada momento, sin excepción, tales uniones suelen enmascarar profundas divergencias estratégicas o, como ya he señalado antes, complicidades ideológicas subyacentes con el estatismo que caracteriza al propio régimen. Ergo, es una unidad insostenible, incapaz de generar un cambio real, pues el mismo demanda una convergencia mucho más profunda en principios y objetivos.

Balas vs votos: la dicotomía insuficiente que no capta la complejidad del poder criminal

Siguiendo con el texto, Mires articula gran parte de su análisis en torno a la dicotomía “la lógica de las balas vs la lógica de los votos”, donde el gobierno posee la primera y la oposición la segunda. Sin embargo, aunque esta formulación tiene un impacto retórico y capta una asimetría evidente, su aplicación como marco analítico resulta una simplificación que no aprehende la complejidad de las estrategias que ha implementado el régimen para su dominación autoritaria. Mires no parece entender que el problema no radica únicamente en que el régimen tenga “las balas”, sino en que también cuentan con la habilidad y los mecanismos para utilizar ese poder coercitivo —y la amenaza latente del mismo, porque por algo no pocos temen votar en este contexto— para distorsionar, manipular y, en última instancia, controlar el terreno donde se disputan “los votos” —que es la “lógica” que posee la oposición—, despojándola de su posible eficacia.

Por todo ello, no se trata de dos lógicas separadas que compiten en igualdad de condiciones, sino de una lógica —la electoral— que opera bajo la sombra y la influencia determinante de la otra —la coercitiva y el control institucional absoluto—. ¿En serio es necesario recordar que el Estado venezolano no es un árbitro neutral de la contienda electoral y que sus instituciones fungen como principales garantes de la continuidad del régimen? Así pues, la afirmación de Mires de que “la lógica de toda política abstencionista solo puede tener como objetivo una salida golpista o una invasión extranjera” constituye una generalización apresurada y una reducción de las motivaciones posibles para la abstención, aunque, he de aceptarlo, es la generalización en la que han caído esos “opositores” a los que él critica, por lo cual —en ese marco— se entienden sus palabras, pero yo no vine aquí a defender a uno y otros, sino a hacer una descripción realista de la situación venezolana, que me lleva inevitablemente a posicionarme en contra de ambos.

En esencia, dado el contexto actual venezolano y los fines que pretenden alcanzar los vendedores de humo seriales que cuentan con las cámaras de la farándula[12], la abstención es un rechazo ético y estratégico a un sistema fraudulento que solo sirve para legitimar al poder establecido, así como una toma de conciencia necesaria que fundamentará las acciones imprescindibles para una transformación más profunda.

Sobre los “traidores”, “posiciones cambiantes” y las circunstancias

En el artículo, Mires aborda la acusación de “traición” por parte de Machado hacia los sectores de la “oposición” que participarán en las elecciones de este mes, argumentando que “en política (…) no existen las traiciones. Solo existen posiciones cambiantes”. Pero, si bien es cierto que el término “traición” es sumamente cargado y que la fluidez es inherente a la política —dentro del mismo espectro del sistema, cabe decir, porque nada se concibe fuera de él, poniendo en entredicho cuan fluido es esa “fluidez inherente a la política” institucional que conocemos hoy—, esta afirmación corre el riesgo de simplificar en exceso la dimensión ética y la profundidad de las rupturas estratégicas en contextos de crisis aguda.

Mires no repara en el hecho de que desestimar por completo la percepción de “traición” en escenarios donde se percibe que se abandonan principios fundamentales o estrategias consensuadas con un alto coste popular, es obviar el componente moral inherente a la acción política. Por consiguiente, no se trata meramente de “posiciones cambiantes” —como quiere venderlo y como si fuesen simples ajustes tácticos en un juego ordinario—. En la Venezuela de hoy, que es la misma de ayer y será la misma de mañana, porque es cíclica, visto desde el foco de todos los que apoyaron el movimiento que desembocó en la participación de las elecciones del 28 de julio del 2024, un viraje estratégico puede interpretarse como la claudicación de una causa común o el menoscabo de la confianza depositada.

En esta línea, a continuación, se debe comprender que la oposición no se limita a errores de cálculo, sino que apunta a una falta de principios firmes. Es decir, la frustración que podría generar la etiqueta de “traidor”, aunque Mires la atribuya a una deriva autoritaria de Machado, es síntoma de una exasperación popular ante lo que se percibe como un patrón incoherente y de claudicación. De esto se infiere que la cuestión no es si el cambio de posición es aceptable per se, sino si dicho cambio se alinea con los fines y principios proclamados, o si, por el contrario, representa una concesión que socava la posibilidad de una transformación que se amoldaba a quienes se sienten traicionados.

Es en este punto en el que destaco que todo es visto desde la percepción de éstos, de quienes “se sienten traicionados” y, naturalmente, los que acusan a los electoralistas de “traidores”, porque, visto con lucidez y en el marco de una transformación genuina, evidentemente todos son traidores, incluyendo a Machado. Lo son porque traicionan el ideal de libertad al apelar a medios que alejan a toda una sociedad de ella, tanto aquellos que la promueven, como quienes los siguen como borregos. Al final, no se puede hablar de lealtad frente a mitómanos patológicos, cuya imaginación es un universo paralelo donde la verdad y la sensatez son turistas despistados, que han dejado la vida de muchos a la intemperie.

La interdependencia internacional, el régimen y el proceso emancipador

Siguiendo con su arranque psicótico, Mires sugiere que uno de los —supuestos— logros de Machado fue demostrar que “no es necesario hacer depender el proceso nacional del apoyo internacional, como intentó hacerlo Guaidó”. Esto es, nuevamente, una media verdad. Si bien es cierto que se puede aceptar la crítica a una sobre-dependencia de factores externos, la idea de una emancipación del contexto internacional en la lucha contra un régimen autoritario consolidado es, desde una perspectiva realista, difícil de sostener.

Para empezar, Guaidó obtuvo un apoyo internacional que hasta el momento no tiene Machado ni Edmundo González. Si falló en lo que decía que conseguiría, esa famosa consigna de “cese la usurpación, transición y elecciones libres”, fue precisamente por las fallas internas, no externas. Entonces, el argumento de Mires se cae por completo, porque el caso Guaidó que cita en su afirmación lo contradice. Con Guaidó, al principio, todos estaban “unidos”, pero no fue una unión en pro de la libertad del país, aunque así lo vendieron, sino para llenar sus bolsillos a costa de la miseria de millones de venezolanos.

Por otro lado, es necesario tener en cuenta que no estamos en el siglo XIX y XX. En la actualidad, los regímenes autoritarios no existen en un vacío; a menudo se sostienen gracias a alianzas geopolíticas, apoyo económico y diplomático externo. Venezuela es un claro ejemplo de esta dinámica. Por ende, aunque la agencia principal del cambio debe residir en las fuerzas nacionales, ignorar la influencia —positiva y/o negativa— del entorno internacional es poco realista. Pero si se quiere que algunas de esas acciones sean eficaces, es necesario una alineación interna sólida que articule todas las acciones necesarias para la libertad. En suma, es subordinar lo externo a la primacía de la transformación interna. El problema es que, con estos políticos a la cabeza, y con la calidad de seguidores que tienen, eso se presenta imposible.

El dilema irresuelto para Mires: “Sentar Presencia” vs “legitimar la farsa”

Mires expone con claridad el debate perenne dentro de la “oposición” venezolana, a saber: participar para “sentar presencia” y no “regalar” espacios institucionales, versus el riesgo de legitimar elecciones fraudulentas. Los que piden participar, en su relato, argumentan que (i) “la ausencia cuenta menos” y que (ii) “todos los éxitos de la oposición han sido electorales”. Pero, este es el punto en el que relucen los peores errores en su análisis.

Como ya se ha expresado, es falso de que “todos los éxitos de la oposición” hayan sido electorales. De hecho, en todo tiempo y lugar, se han encontrado con el fracaso. En adición, y volviendo el foco al argumento (i), muchos parecen no comprender que el valor de “sentar presencia” es cuestionable si dicha presencia se ejerce en instituciones vaciadas de poder real o fácilmente neutralizables por el régimen. Ergo, cabe preguntarse: ¿Constituye la participación electoral una presencia significativa o meramente simbólica, que contribuye a mantener la fachada de un pluralismo inexistente? Si acaso alguno llega a recibir cuotas de poder, serán bajo el yugo del chavismo, y será un regalo de espacios institucionales en un sistema intrínsecamente antidemocrático en su práctica, por lo cual terminan convirtiéndose en cómplices de sus crímenes.

Causa profunda ignominia que lleguen personas expresando cosas del tipo: “elegimos nuestro derecho a votar”, porque choca frontalmente con el sistema de control —opciones controladas— en el que vivimos. Si el proceso está viciado y las opciones son limitadas o impuestas por el poder, el “derecho a votar” se convierte en una formalidad viciada, una participación en un ritual que no altera las estructuras del crimen. El mismo Mires lo debe reconocer; es revelador que concluya su artículo con una sensación de estancamiento, al decir: “De pronto tengo la impresión (…) que en Venezuela la misma historia se repite sin encontrar jamás una salida. (…) ¿Hasta cuándo? (…) hasta que no se repita más”. Esta conclusión, imbuida de un pesimismo cíclico, socava la fuerza de sus argumentos previos a favor de la persistencia en la vía electoral como estrategia “exitosa” o inherentemente superior.

Conclusión

Entonces, si todos los caminos, el de los participacionistas y el de los abstencionistas, en las formas que se han dado, conducen a la misma repetición, el análisis de Mires, aunque agudo en la descripción del síntoma, no ofrece una terapéutica convincente. Es un analista ciego que cree ver cosas en un animal que no ha aprehendido del todo, incapaz de trascender el círculo vicioso que describe. Mires termina atrapado en su propio buble argumentativo, aunque critica la ciclicidad, sus mismas conclusiones lo llevan al mismo destino criticado en principio.

Esto no se trata de ver quien es más o menos inteligente que el otro, sino de aceptar las cosas tal cual son. Venezuela clama por una visión que trascienda la ceguera analítica y se atreva a explorar senderos genuinamente nuevos, o viejos, pero que sea eficaces, fuera del círculo donde las mismas sombras se proyectan una y otra vez. “Muchos, con la excusa de hacer algo, no ven que a veces no se trata solo de “hacer”, sino de “qué es lo que se hace”; ser útil no significa hacer lo que sea, sino hacer lo que se requiere. Ya va siendo hora de dejar de creerse parte de una solución cuando no es el caso. Luego de un cuarto de siglo deseando “ganar elecciones en tiranía”, sin mayores resultados más que la miseria en represión, véase como parte del problema y no como la solución.”[13]

Como ya lo he dicho antes, también, “Este país tendrá una verdadera esperanza de cambio cuando se apelen a las ideas correctas y vengan acompañadas de las acciones correctas y con las herramientas correctas para un cambio. Esta posiblemente implique unas elecciones —o no—, pero solo como corolario de un gran mecanismo de transición, no una mera improvisación que responde a la supervivencia, sin ninguna garantía de éxito. Es la realidad, y decirlo no es “darse por vencido”.”[14]


[1] Roymer Rivas. 2025. Publicación informal en la red social Facebook. Puede acceder a través de: https://goo.su/r8nzlE (Consultado el 06 de marzo del 2025).

[2] Roymer Rivas. 2024. En defensa de la razón: ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio?. Publicado en el portal de ContraPoder News. Puede acceder a través de: https://goo.su/qrR6ui (Consultado el 06 de marzo del 2025).

[3] Op. Cit. Publicación informal en la red social Facebook.

[4] Ibidem.

[5] Fernando Mires. 2025. El país dónde la historia se repite. Publicado en el Blog Polis: Política y Cultura. Puede acceder a través de: https://polisfmires.blogspot.com/2025/05/fernando-mires-el-pais-donde-la.html?spref=tw&m=1 (Consultado el 06 de mayo de 2025).

[6] Óp. Cit. En defensa de la razón: ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio?. Parte I: “La Democracia como enemigo de la libertad”.

[7] Ibidem., sección: “1.3. 2007: una “aparente” derrota del régimen, solo aparente”.

[8] Ibidem., sección: “1.5. 2015-2017: “aquí las cosas cambiaron”, la no-oposición en el Congreso.”

[9] Ibidem.

[10] Ibidem.

[11] Señalo que “discutible logro de proceso” porque la valoración de un proyecto se hace en función de los objetivos alcanzados, que a su vez se enmarcan en una meta mayor. Si nos apegamos a ello, entonces tales procesos no fueron un “éxito” y esos logros solo se reducirían a pequeños pasos o acciones que se hicieron de la larga lista de cosas por hacer, como cuando una persona logra levantar alguna pesa contadas veces, pero no completa siquiera la primera serie, ¿Se puede decir que estaba “ejercitándose” o solo fue un intento burdo por ello? Levantar la pesa unas pocas veces puede ser un “logro de proceso” —siendo objetivos, es una mera ejecución parcial—, en la medida en que la acción de levantarla se realizó, pero si no se completa la serie —el objetivo inmediato— y, por ende, no se contribuye al plan de entrenamiento general —que constituye la meta mayor de ejercitarse o ganar fuerza—, entonces no se puede hablar de un “éxito” en términos de ejercicio efectivo, sino de un intento o una acción aislada dentro de un proceso más amplio que no llegó a buen término en cuanto a resultados. Con esto en mente, ¿Se imagina que alguien “repita” el mismo proceso varias veces pensando que tendrá “éxito” en la consecución de su fin? Si sí, o es cuestionable el proceso o lo es el fin.

[12] Buen dice Solitario que “el aplauso es la moneda de pago de quienes no saben distinguir el acto del amago”.

[13] Óp. Cit. En defensa de la razón: ¿Por qué no voy a votar el 28 de julio?. Parte II, sección: “No voto, no participo en una mentira: el espejismo de cambio en Venezuela.”

[14] Ibidem.

Vox: la rama menos hipócrita del PP

Por Nathan González, coordinador local de EsLibertad Venezuela.

Al momento de elegir un título para este artículo, no pude evitar recordar una entrevista que había leído hace algunos años en la página web Zenda. En dicha entrevista, en la que se habló de todo un poco, el entrevistado mencionaba estas palabras: “Pero, ¿Quiénes son Vox? No son ultra-extrema-derecha-fascista-nazi. ¡Qué tonterías! ¡Es la rama menos hipócrita del PP!”

Estas son las palabras de una de las mentes más lúcidas que ha parido España y que hemos tenido la oportunidad de tener en vida hasta no hace mucho, en lo que va del siglo XXI. No puede ser otro más que el ilustre Antonio Escohotado, una figura de lo más interesante, al menos en mi opinión.

Para nadie es un secreto que, en España, desde hace algún tiempo hay un pequeño partido político que ha causado bastante alboroto por sus consignas y su férrea posición contra temas que hoy día son considerados intocables: el aborto, el feminismo, los derechos LGBT y todo lo que se pueda relacionar con el progresismo de izquierdas, el movimiento woke o la cultura de la cancelación.

Hablamos de nada más y nada menos que de VOX, partido fundado en el año 2013 por miembros pertenecientes al seno del PP (Partido Popular) que dimitieron de dicho partido debido a críticas y diferencias respecto a los acontecimientos que vivía España en aquellos años, y a la postura que el PP había adoptado frente a ellos. Pero la fama de Vox no llegaría hasta varios años después, cuando los medios de comunicación españoles comenzaron a dar espacio y mayor cobertura a casi cualquier cosa que dijeran los representantes del partido. No porque los medios españoles fueran amantes de la pluralidad de opiniones. Lo que pasaba en aquel entonces era que estaba muy presente el discurso de los “supuestos” derechos animales, y partidos, movimientos y ONG animalistas y veganistas estaban acaparando la atención pública. De entre ellos, el que más destacó fue el partido político animalista PACMA.

Casi nadie en España, mucho menos en el mundo, sabía de la existencia de Vox. Pero, debido a que tienen una postura y un discurso que defiende la tauromaquia, se hicieron rápidamente tendencia, ya que eran, prácticamente, los únicos en España que manifestaban abiertamente su desacuerdo con las consignas emanadas de los promotores del progresismo. Bastaba con que Santiago Abascal, Javier Ortega Smith, Rocío Monasterio o Iván Espinosa de los Monteros expresaran las posturas del partido sobre cualquiera de estos temas, para que durante varias semanas estuvieran dando de qué hablar en los canales y medios de información españoles.

Es necesario señalar que la política está llena de idiotas, pero me inclino a creer que hay muchos más imbéciles con títulos de periodismo que con oficio de políticos. Este comentario viene a cuenta de que los intentos de la prensa por desprestigiar a Vox —en beneficio de las ideas imperantes, las de la izquierda— por sus posturas e ideas, resultaron beneficiosos para el pequeño partido político. Gracias a esa cobertura, hoy no hay ni un solo español, ni una sola persona de derechas en algún país hispano que no sepa o no haya escuchado el nombre de Vox. Tanto ha sido el éxito que ha producido esta publicidad gratuita y malintencionada que Vox logró hacerse con varios escaños en el Parlamento español y, al día de hoy, cuenta con un apoyo del 14%  entre la población. Es, según varios medios de comunicación como el diario El País, el partido que más crece en popularidad en lo que va de año.

Ahora vamos a lo que nos interesa: ¿Qué tan diferente es realmente Vox de partidos como el PP, PSOE o Podemos? Considero pertinente comenzar respondiendo esta pregunta con el fragmento completo de las palabras que,  al principio del artículo, uso el maestro Escohotado: “Por supuesto. Pero, ¿Quiénes son Vox? No son ultra-extrema-derecha-fascista-nazi. ¡Qué tonterías! ¡Es la rama menos hipócrita del PP! Son conservadores pero menos hipócritas que los otros. Son un poco provincianos, eso sí. El problema real, de fondo, que veo en esa formación es que es un poco rústica, es decir, está vinculada con cosas muy locales. En un mundo globalizado, no parece muy oportuno”.

Pues, en realidad, al principio, había de todo un poco, o eso parecía. En sus primeros años, Vox proyectó una imagen de partido con inclinaciones liberales, especialmente en el ámbito económico. Figuras como Iván Espinosa de los Monteros y Rubén Manso, este último inspector del Banco de España y portavoz económico del partido, defendían políticas orientadas al libre mercado, la reducción del gasto público y la simplificación fiscal. Estas propuestas resonaban con sectores liberales que veían en Vox una alternativa al intervencionismo predominante en los otros partidos.

Sin embargo, con el tiempo, Vox fue experimentado una evolución ideológica, o tal vez sería más correcto decir, un exterminio de las diferentes posturas ideológicas dentro del partido, concretamente, del ala liberal. Estas medidas han llevado a la salida de varios de sus miembros más afines al liberalismo económico. La cacería de brujas contra el ala liberal tuvo lugar, principalmente, durante los años 2022 y 2023. Comenzamos con Rubén Manso, quien abandonó el partido en 2022, y su marcha fue interpretada como un indicativo de la pérdida de peso de las ideas liberales dentro de la formación. Este giro fue atribuido a un enfoque más centrado en el conservadurismo y el nacionalismo, dejando en segundo plano las propuestas económicas liberales.

También es relevante destacar a figuras como Iván Espinosa de los Monteros, miembro fundador y quien fuera portavoz parlamentario de Vox, quien anunció en agosto de 2023 su renuncia a la dirección del partido y a su escaño en el Congreso, alegando “supuestos” motivos personales y familiares. Aunque oficialmente se mantuvo como afiliado de base, su salida coincidió con un distanciamiento con la cúpula del partido y una pérdida de influencia del sector liberal dentro de Vox. Le sigue Víctor Sánchez del Real, quien también fue miembro fundador, y fue excluido de las listas electorales en 2023. Y les tuvieron que acompañar Juan Luis Steegmann, Macarena Olona, Juan José Aizcorbe, Juan Manuel Badenas y Cecilia Herrero, todo esto es un contexto de reestructuración interna que, como resulta obvio, afectó a varios dirigentes históricos del partido.

Desde dichos acontecimientos Vox se ha parecido cada día más al PP, con la notable diferencia de que Vox sigue abogando por un discurso firme y radical contra la inmigración ilegal, concretamente contra la de africanos y musulmanes, y con una postura firme en el caso del intento de separatismo Catalán. Más allá de esta diferencia no hay mucho que destacar, por ejemplo, si nos enfocamos en las propuestas económicas, podemos encontrar su propuesta fiscal más reciente, Vox ha presentado un plan que incluye una significativa reducción de impuestos: simplificación del IRPF a dos tramos (15% hasta 70.000 euros y 25% para ingresos superiores), exención de los primeros 22.000 euros, y deducciones adicionales por hijos.

También, propone la eliminación de impuestos como el de sucesiones, donaciones y patrimonio, y una reducción del IVA general del 21% al 18% y del reducido del 10% al 8%. Todo esto suena muy bonito, al fin y al cabo que el papel aguanta todo. Pero nuestro buen amigo, el economista Juan Ramón Rallo no está de acuerdo. Rallo ha analizado estas propuestas, señalando que, aunque atractivas en teoría, carecen de una memoria económica que detalle cómo se compensarían las pérdidas de recaudación. Rallo destaca que, en un país con una deuda pública del 100% del PIB, es imprudente implementar una reforma fiscal de tal magnitud sin un plan claro de reducción del gasto público que respalde la viabilidad de las medidas propuestas. El diablo esta en los detalles, aunque no le hablemos a Vox de detalles, mucho menos en temas de propuesta económica y fiscal. La falta de concreción en la financiación de sus políticas y la ausencia de detalles en su propuesta  económica ponen en duda la sostenibilidad de las mismas, acercándolos más de lo que aparentan a las prácticas de los partidos tradicionales.

En fin, Vox ha pasado de ser la supuesta esperanza de la derecha sin complejos a convertirse en una especie de PP con testosterona, pero sin calculadora. Su metamorfosis ideológica —de partido disruptivo a club de caballeros airados con el mismo fondo azul de siempre, solo que en verde y con más vena en la frente— ha sido tan emocionante como ver una piedra erosionarse. Y aunque aún se revisten de rebeldía patriótica y agitan banderas como si fueran espadas, lo cierto es que en el fondo no proponen nada que no hayamos escuchado ya en bucle desde hace décadas, pero con menos sustancia y más decibelios.

¿Que si hay futuro en Vox? Puede ser. También hay gente que sigue esperando el regreso de la URSS. La política española da para todo. Pero si alguien espera que de este partido emerja una verdadera alternativa liberal, racional y económicamente coherente, le recomendaría que se siente cómodo, abra una buena lata de cerveza  y no se haga muchas ilusiones. Porque, si algo ha demostrado Vox hasta ahora, es que gritar más fuerte no es lo mismo que pensar mejor. Damas y caballeros, Vox es, sin ninguna duda, la rama menos hipócrita del PP.