Caracas. – El jefe del comando sur de EE. UU., el general Francis Donovan, visitó este sábado Venezuela para supervisar el simulacro de evacuación realizado en la embajada estadounidense en Caracas y reunirse con autoridades del narcorégimen chavista interino, así como con representantes diplomáticos de este.
Dos aeronaves MV-22B Osprey del Cuerpo de Marines de EE. UU. aterrizaron la mañana de este sábado en Caracas, como parte de un ejercicio de respuesta militar rápida previamente anunciado por las autoridades estadounidenses hace algunos días.
Las dos aeronaves aterrizaron en el estacionamiento de la embajada estadounidense en Venezuela, ubicada en la parte alta de la urbanización Valle Verde (Baruta), trasladando además a la sede diplomática, al comandante general Francis L. Donovan, quien supervisó el ejercicio conjunto.
“El general Francis L. Donovan estuvo en Caracas, Venezuela, hoy para su segunda visita oficial al país. Participó en discusiones bilaterales con líderes senior del gobierno interino, se reunió con el liderazgo y el personal de la Embajada de EE. UU., y observó a la fuerza conjunta realizar un ejercicio de respuesta militar”, expresó la cuenta oficial del Comando Sur.
“Seguimos comprometidos con asegurar la implementación del plan de tres fases del presidente Trump —particularmente la estabilización de Venezuela— y la importancia de la seguridad compartida en todo el Hemisferio Occidental”, precisó la Unidad militar.
El Comando Sur también recordó que esta es la segunda visita oficial de Donovan, quien como líder de ese importante componente militar, estuvo al frente de las operaciones para la captura del narcodictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en una base militar en Caracas durante la madrugada del 3 de enero, por parte de fuerzas especiales estadounidenses.
Finalmente, el Comando Sur informó que Donovan «participó en conversaciones bilaterales con altos cargos del gobierno interino, se reunió con los responsables y el personal de la embajada de EE. UU. y observó cómo las fuerzas conjuntas llevaban a cabo el ejercicio de respuesta militar».
#SOUTHCOM Commander Gen. Francis L. Donovan was in Caracas, Venezuela, today for his second official visit to the country. He took part in bilateral discussions with senior interim government leaders, met with U.S. Embassy leadership and staff, and observed the joint force… pic.twitter.com/M4Ye22UAMc
Caracas. – Un simulacro de evacuación de su embajada en Caracas, realizó este sábado EE. UU., maniobra que incluyó el sobrevuelo de dos aeronaves militares sobre la ciudad, además del despliegue de varios efectivos militares.
También participaron dos helicópteros que llevaban militares a bordo, así como el ingreso de personal de bomberos y ambulancias hacia la sede diplomática estadounidense.
El simulacro, que se realiza «ante eventuales situaciones médicas» o catástrofes, comenzó pasadas las 10:00 horas y se extendió hasta pasado el mediodía. El narcorégimen interino del chavismo informó que autorizó a EE. UU. a realizar este sábado un simulacro en su embajada en Caracas como parte de «los protocolos regulares de seguridad y protección diplomática».
Las aeronaves que participaron en los sobrevuelos fueron dos MV-22B Osprey del Cuerpo de Marines de EE. UU. Estas aeronaves tienen la misión de transportar “tropas, equipos y suministros desde buques y bases terrestres para asaltos de combate y apoyo a los mismos”, según el Comando de Sistemas Aéreos Navales de la Armada estadounidense.
La MV-22B Osprey “puede funcionar como helicóptero o como avión turbohélice”, agrega el comando.
Llamó la atención en varios portales informativos, y en periodistas independientes, que luego que el narcorégimen hiciera pública su autorización a las maniobras, a través de un comunicado difundido por el ilegítimo canciller Yván Gil, tras su declaración y difusión, éste comunicado fue eliminado de su cuenta de Telegram.
Desde temprano, mientras las banderas estadounidenses y venezolanas ondeaban en la sede de la embajada de EE. UU. en Caracas, se observaba en movimiento a un camión de bomberos y personas con cascos y uniformes de socorristas, mientras se escuchaba el ulular de una sirena.
Pasadas las 10 de la mañana, aterrizaron en esa sede diplomática dos aeronaves Boeing V-22 Osprey que sobrevolaron el cielo caraqueño, de las cuales descendieron militares estadounidenses.
Caracas. – Este pasado viernes se dio un encuentro entre María Corina Machado, y varios representantes de partidos que forman parte de la Plataforma Unitaria, en Panamá. La reunión, lejos de ser vista como un paso fundamental en el rescate de la libertad para Venezuela, ha significado para muchos venezolanos, una muy mala decisión por parte de Machado, por aliarse con figuras que gozan de un gran rechazo por parte de la población dentro y fuera del país.
Entre los asistentes estuvieron Juan Pablo Guanipa, Juan Carlos Caldera (Primero Justicia), Delsa Solórzano (Encuentro Ciudadano), Roberto Enríquez (Copei), Biagio Pillieri (Convergencia), Piero Maroun (AD), Leopoldo López (Voluntad Popular), Andrea Tavares (La Causa R) y Antonio Ledezma, además de la propia Machado.
También participó Edmundo González Urrutia, de manera virtual desde Madrid. Por Vente Venezuela, aunque no forma parte de la Plataforma Unitaria, estuvo presente Magalli Meda.
Diversos puntos como las medidas que deben adoptar, para apoyar el plan de reconstrucción de Venezuela propuesto por EE. UU., los riesgos que representa tener a Delcy Rodríguez en el poder, o el apoyo que deberían dar a Machado, ya que es la figura política con más respaldo en el país, estuvieron en la agenda.
No obstante, más allá del contenido de la reunión, los venezolanos expresaron a través de las redes sociales, su repudio a ver a María Corina al lado de personajes como Juan Carlos Caldera, Roberto Enríquez o Antonio Ledezma. Relevante fueron los comentarios en torno a Leopoldo López, uno de los más criticados, e incluso, el rechazo también arropó a elementos como el propio Juan Pablo Guanipa, pese a tratarse de un exrehén político.
Igualmente, figuró Rodrigo Cabezas, un exministro chavista, cuya presencia no pasó desapercibida para los internautas.
Uno de los comentarios en X señala:
Captados en video Leopoldo López y Juan Carlos Caldera en la reunión pública en Panamá con María Corina Machado. Son los mismos que llevaron a Venezuela a 27 años de dictadura, ellos siguen negociando sus propios intereses económicos. ¡La careta se les cayó por completo! 🎭👇👇 pic.twitter.com/JPVoyFK0qz
— VIENTOS DE LIBERTAD (2) (@meridarebelde18) May 23, 2026
Otra cuenta en la misma red social señaló:
La maquinaria de malversación del impresentable de Leopoldo López comienza a llegar al país. Y ojo, no es para trabajar en favor de la lideresa.
Mientras esa sea la oposición a la que aspire el venezolano, no habrá futuro que nos sonría. https://t.co/isQ9IEE1Mk
Ese Leopoldo López allí sentado no fue el mismo que junto a Guaido abandonaron a los militares que le habían seguido en un golpe de Estado a Maduro.?
Ese pobre perro miserable
— Michael Cornoely (@michaelcornoely) May 23, 2026
Lo cierto, es que una gran parte de los venezolanos no ven con buenos ojos el acercamiento de Machado con estas figuras, por lo que representan políticamente para la población, y en las redes se ha hecho evidente este sentir con las críticas hacia esta reciente reunión.
Oriana P. Aranguren B. es licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.
Normalmente, el debate en torno a la planificación centralizada de la sociedad se ha librado de forma casi exclusiva en el terreno de la economía, el cálculo de costes y el Derecho, y, si bien es cierto que estos argumentos son sólidos, suelen ignorar la dimensión psicológica —que, se puede decir, es la verdadera raíz cognitiva de la planificación centralizada— que compete al tema. De hecho, podríamos decir que la tendencia a creer y/o desear la dirección del destino de la sociedad desde un poder central nace, no de un análisis técnico riguroso, sino de un profundo atavismo mental arraigado en nuestra propia evolución, y tal concepción, a su vez, nos podría ayudar a entender por qué la planificación central sigue siendo una propuesta atractiva a pesar de sus constantes fallos históricos.
Lo cierto es que el humano tiene sesgos biológicos que nublan la razón frente a los sistemas complejos, como lo son (i) la hiperatribución de agencia[1] e intención, (ii) la sobreconfianza en la planificación de sistemas complejos, y (iii) una tendencia a reificar la “sociedad” como si fuera un sujeto único que piensa y decide[2]. En efecto, los estudios disponibles sugieren que el impulso centralizador se alimenta de una intuición psicológica muy poderosa en el ser humano, a saber, que, si hay problemas sociales, entonces debe existir una mente coordinadora capaz de ordenar el todo, porque es la única manera de solucionar dichos problemas. Esta resistencia intuitiva a aceptar los sistemas complejos ordenados —o los órdenes espontáneos— puede explicarse con lo que en neurociencia se llama el Dispositivo Hiperactivo de Detección de Agentes (HADD), que explica cómo nuestro cerebro, en la evolución, aprendió a asumir que detrás de cada evento complejo o ambiguo se esconde o subyace una voluntad consciente[3]; por lo tanto, extrapolando el asunto, ante la complejidad social, el atavismo nos empuja a buscar —o a exigir— un diseñador central, lo que traduce una ventaja de supervivencia prehistórica en una peligrosa distorsión de cómo funciona la sociedad —o a qué se deben los fenómenos sociales—, pues, si vemos actores intencionales donde hay azar o procesos emergentes, también seremos más proclives a imaginar que la economía o la sociedad requieren una voluntad central que “sepa lo que hace”[4].
La evolución, la planificación y el rechazo a la complejidad de los sistemas
Durante la mayor parte de la historia evolutiva de nuestra especie, los humanos nos organizamos en pequeñas tribus donde la supervivencia dependía de relaciones directas y jerarquías explícitas. Así, si el fuego se encendía o una estrategia de caza funcionaba, se debía directamente a la acción deliberada de un individuo concreto. Y esta experiencia prolongada moldeó la arquitectura cognitiva para predisponerla a creer que cualquier orden funcional y sofisticado debe ser, de forma obligatoria, el producto de una mente inteligente que lo diseñó con un propósito claro, pues, en última instancia, el cerebro humano prefiere construir explicaciones basadas en un agente coordinador antes que aceptar la contingencia, el azar o, como nos gusta llamarlo el “caos”. Al cerebro humano le resulta contraintuitivo y le cuesta aceptar la inmensa complejidad de los sistemas complejos y, en contextos inciertos, tiende a creer que se necesita de la planificación consciente para coordinar los millones de decisiones, cuando en realidad los sistemas sociales pueden coordinarse por pautas que emanan de la interacción de los elementos que conforman dichos sistemas complejos, cada uno de ellos adaptándose a sus nuevas realidades o circunstancias[5].
De hecho, esta sobreconfianza se manifiesta en el llamado sesgo de la planificación, que es, prima facie, el sesgo que define la naturaleza misma de toda planificación centralizada, algo que queda de manifiesto cuando se examina la evidencia experimental en psicología social, según la cual, al diseñar un escenario futuro, los individuos se enfocan de manera casi exclusiva en el éxito del plan trazado —la visión interna del plan— e ignoran la estadística de los fracasos pasados; e incluso, cuando se les confronta con dichos errores históricos, el cerebro tiende a justificarlos como anomalías externas y transitorias, no como la norma[6]. Ahora bien, este fenómeno llevado al ámbito político es mucho peor, porque, en la acción privada, este sesgo encuentra un límite adaptativo inmediato, a saber, que si un individuo calcula mal sus recursos o expectativas, él mismo asume los costos de su equivocación, lo que activa funciones cerebrales para corregir u optimizar las acciones llevadas a cabo, con tal de aumentar las probabilidades de éxito en la consecución de sus fines; pero en la planificación centralizada, por el contrario, el sesgo muta y se institucionaliza de forma destructiva, pues, al tener el monopolio de la fuerza y la coerción estatal, el planificador jamás sufre en carne propia las consecuencias de sus fallos de cálculo, porque estas son socializadas y transferidas coactivamente a la población[7]. Y si a esto sumamos el hecho de que el planificador esté alejado de la realidad local en la cual repercutirá su decisión, todo esto explicaría por qué todo planificador central se encuentra siempre bajo la ilusión de que, esta vez, ahora sí, el sistema complejo que intenta controlar sí responderá a su intento de diseño, cuando en realidad es incapaz de ponderar los imprevistos y las fricciones propias del sistema[8].
No conforme con esto, la psicología ratifica con estudios —en diversas sociedades— que este impulso centralizador —característico de los colectivistas— no nace de un altruismo racional o desinteresado, más bien tiene una raíz cognitiva que se halla en un sustrato psicológico típico de los autoritarios, a saber, la exigencia de que todos los miembros de la sociedad, lo deseen o no, sean sometidos por la fuerza a un poder central que ordene cada aspecto de su vida[9]. Resulta que la supuesta benevolencia que los defensores de la planificación central atribuyen a la autoridad es, en realidad, una alucinación derivada del “razonamiento motivado por la identidad”[10]. Este sesgo cognitivo aparece porque las personas no evalúan los hechos de manera objetiva, sino que procesan la información de forma asimétrica para proteger y validar su pertenencia a un grupo político o ideológico. Según la evidencia científica, este mecanismo psicológico altera la raíz de las percepciones, llevándonos a actuar como abogados defensores de aquello que ligamos a nuestra propia identidad —o que consideramos nuestra identidad—, tendiendo automáticamente a atribuir intenciones nobles a los líderes y/o las políticas que coinciden con nuestro bando, mientras que juzgamos exactamente las mismas acciones bajo la sospecha de egoísmo, ambición personal o manipulación cuando provienen del bando contrario. De este modo, la supuesta benevolencia que se percibe en la autoridad no es un análisis racional de sus méritos, sino una distorsión mental destinada a mantener la coherencia con nuestras propias creencias e identidades compartidas[11].
En el mundo de la política, esto se traduce en que las personas militan activamente en el error, convirtiendo sus dogmas en verdades incuestionables para legitimar la expansión del poder central sobre los individuos, y dicha militancia se vuelve especialmente peligrosa cuando se defiende que la planificación centralizada es una condición necesaria para alcanzar una sociedad “más igualitaria”[12]. No reparan en el hecho de que, como bien aduce la investigación de los profesores Chaverri y Fernández, en el campo de la psicología social evolutiva, las sociedades con rasgos culturales más colectivistas se muestran, de manera sistemática, con mayores niveles de desigualdad socioeconómica, mientras que aquellas consideradas individualistas poseen menores índices de disparidad en la distribución de la riqueza. Éstas sociedades colectivistas, lejos de servir como un motor de justicia o equidad social, son el caldo de cultivo para permitir la arbitrariedad del poder y congelar —muchas veces hasta profundizar— las desigualdades económicas de los individuos. La razón de ello es que se hipertrofian valores adaptativos heredados de nuestro pasado tribal, como la obediencia ciega a la autoridad, el conformismo y la sumisión pasiva ante las jerarquías establecidas, que, en su conjunto, fungen como un mecanismo de estabilización del statu quo, minusvalidando a los individuos e impidiéndoles cuestionar o resistirse a las profundas asimetrías de poder y de recursos impuestas por la cúpula gobernante[13].
Para comprender la raíz de este problema, es imperativo analizar la transición de la humanidad desde las comunidades tribales, nómadas y profundamente igualitarias, hacia las estructuras centralizadas complejas que emergieron a partir del Neolítico y la revolución agraria. El exponencial crecimiento demográfico de los asentamientos humanos trajo consigo un fenómeno llamado “estrés escalar”, que refiere a la tensión asintótica entre el tiempo requerido para alcanzar un consenso social y el tamaño o volumen del grupo humano[14]. En este marco, los autores señalan que, cuando una sociedad expande sus fronteras demográficas, la toma de decisiones distribuida, directa y horizontal se vuelve inviable debido a sus prohibitivos costos de coordinación y, ante dicha crisis[15], la centralización del mando surge como una especie de “parche evolutivo” u organizativo, con el fin inmediato de mitigar el estrés escalar y reducir los costos de conducción social. No obstante, este “parche organizativo” alberga en su núcleo un virus que termina por degradar la salud institucional de las sociedades, porque, paradójicamente, el precio de delegar el poder en un poder central otorga a los planificadores y a las élites que asumen el mando la capacidad de sesgar las decisiones de todos los miembros de la sociedad que conforman y, en mayor o menor medida, desviar la asignación de recursos en su propio beneficio[16].
Ahora bien, es necesario matizar lo expresado por los autores desde la perspectiva del paradigma de la complejidad, porque cuando ellos hablan de que la toma de decisiones horizontal y descentralizada se vuelve “inviable” por culpa del estrés escalar, están cometiendo una falacia de reducción, en la medida en que presuponen que la única forma de coordinación horizontal es la deliberación consciente entre quienes conforman la comunidad —asambleas, búsqueda de consenso explícito, votaciones o acuerdos directos entre todos los miembros—. Bajo este lente, efectivamente —y a modo de ilustración—, si sentamos a 10.000 personas en un círculo a debatir conscientemente cada decisión, el sistema colapsa por saturación de información y costos de transacción —para usar sus términos—, lo cual deriva en lo que ellos llaman “problema de coordinación”. No obstante, desde el Creativismo Filosófico, entendemos que la coordinación en sistemas grandes y ordenados no ocurre ni necesita ocurrir a través del consenso deliberado, porque todo ello ocurre a través de la emergencia; los sistemas complejos resuelven el problema de la escala mediante interacciones locales, mecanismos de retroalimentación impersonales —como lo es, por ejemplo, el sistema de precios o las normas morales abstractas— y adaptaciones descentralizadas.
En esta línea, entonces, la escala no es un problema que requiera un “diseñador” o un “parche jerárquico”, porque, de hecho, a mayor escala, mayor es el potencial de diferenciación y complejidad emergente que se autorregula. Así, podemos corregir a los autores y advertir que la transición neolítica hacia la centralización del poder no ocurrió porque la coordinación horizontal fuera inherentemente imposible a gran escala, sino porque la mente humana de la época —atrapada en el atavismo de la tribu— era incapaz de concebir o tolerar un orden social extenso que no estuviera pilotado por una mente coordinadora. Es decir, ante el miedo a la incertidumbre y la incapacidad de dejar que los sistemas complejos se autoorganizasen, la humanidad prefirió diseñar un jefe, un rey o un planificador. Ergo, la centralización no fue una solución técnica inevitable a la complejidad, sino una respuesta desesperada ante el crecimiento demográfico —y en muchos casos, el precio de ese error de diseño fue la tiranía[17]—.
Volviendo al tema que nos compete, y para ir cerrando, lo verdaderamente curioso —y trágico— de este fenómeno que señalan Chaverri y Fernández es la dinámica de retroalimentación psicológica perversa que se genera entre el planificador y los gobernados. De acuerdo con su análisis, los entornos caracterizados por la escasez de recursos, la incertidumbre y la restricción coercitiva —condiciones crónicas e inevitables en los estratos desfavorecidos bajo un mando centralizado— empujan a los individuos a adoptar rasgos culturales colectivistas: conformismo, pasividad conductual y un repliegue defensivo hacia el refugio en el grupo —que es precisamente el “razonamiento motivado por la identidad” que señalamos en el subtema anterior—. En línea con ello, se puede aducir que el sistema centralizado precariza y empobrece materialmente el tejido social, por cuanto se activa de inmediato ese “chip evolutivo” colectivista de sumisión y acomodación jerárquica en la población[18]; y, finalmente, dicha sumisión psicológica blinda al planificador de cualquier atisbo de resistencia o cuestionamiento al orden establecido. Es decir, en última instancia, a lo largo de la evolución de la humanidad la planificación central de la sociedad se desvela como una refinada maquinaria evolutiva de subordinación, explotación y perpetuación del poder absoluto.
Conclusiones: la ilusión del diseño
A lo largo de este ensayo, ha quedado claro que la persistente obsesión con la viabilidad de la planificación centralizada de la sociedad es el resultado de un profundo atavismo cognitivo y evolutivo; la demanda de un poder central que controle a la sociedad tiene sus raíces en funciones humanas primitivas —como la tendencia a buscar una mente coordinadora o el miedo a la incertidumbre—. Al final, estos sesgos terminan siendo burdamente instrumentalizados por la pasión identitaria y son aprovechados por el sistema político que conocemos para legitimar el modo en que se organiza la sociedad en la actualidad[19].
Esta necesidad psicológica de control es la que explica por qué la humanidad, al enfrentarse al crecimiento demográfico a partir del Neolítico —tal como documentan Chaverri y Fernández—, prefirió el parche de la centralización jerárquica antes que permitir la emergencia de órdenes espontáneos. Al confundirse la imposibilidad de la deliberación explícita con la supuesta inviabilidad de la coordinación horizontal en la sociedad, se optó por una estructura vertical cuyo precio fue el límite de la libertad; es decir, que aquello que comenzó como un simple sesgo cognitivo ante la incertidumbre terminó institucionalizado en nuestra sociedad, debilitando el mismo tejido social. En este sentido, pareciera que, a nivel sociológico, la planificación central es una renuncia evolutiva de una especie que, temerosa de la complejidad del orden espontáneo, prefiere el refugio predecible del cautiverio.
[1] En filosofía, un “agente” es una entidad que actúa, ha actuado o contempla la acción, y para lo mismo se presupone que tiene la capacidad de tomar decisiones. Es precisamente esta idea, que debe su origen a Aristóteles cuando conceptualizó el movimiento en el “acto”, entendido como la actualización del ser en el momento presente, la que sustenta la moral en la sociedad, puesto que solo se pueden atribuir cualidades morales a un ser que toma decisiones, que elige. Desviando un poco el foco, entre otras cosas, por eso es que desde el Creativismo Filosófico sostenemos que la naturaleza humana, entendida —en extremo groso modo— como el sistema estructurado y estructurante que desemboca en la elección, es lo que da paso a las propiedades emergentes que surgen en sociedad —la moral, el Derecho, el dinero, entre otros—.
[2] Hay que tener cuidado cuando extrapolamos el funcionamiento de un elemento aislado al sistema que le da origen —cuando se interrelaciona con sus iguales—, puesto que no se puede partir del hecho de que “el humano decide” —con todo lo que ello implica— para sostener, por ejemplo, que “la sociedad decide”, o que se puede orquestar, controlar, predecir y/o predestinar aquello que emana del cúmulo de todas las decisiones humanas, por razones cuales sean.
[3] Ver: Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).
[4]Ibid. Además, ver: Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026). Hemos de señalar que existe algo llamado “sesgo de intencionalidad”, que es una distorsión cognitiva que nos lleva a asumir que los acontecimientos o las acciones de las cosas —humanos o no— son siempre deliberados, incluso cuando son accidentales o fortuitos. La ciencia cognitiva ratifica que la atribución de intencionalidad es parte de nuestra arquitectura mental y, apelando a ello para seguir con el tema que nos compete, podemos decir que el humano tiene dificultad innata para asimilar los sistemas complejos. Por esta razón, se requiere un esfuerzo consciente para no dejarse llevar por dicho mecanismo, pero, por si fuera poco, este sistema de contención consciente del sesgo se ve afectado en escenarios de incertidumbre, lo cual deriva en que nos entreguemos por completo al mismo. En los estudios clínicos que aíslan los componentes cognitivos del sesgo de intencionalidad, que demuestran que el ser humano posee una inclinación automática a percibir propósitos conscientes en eventos neutros o accidentales, se puede observar cómo la presión de tiempo o la falta de control, entre otros, hacen que los mecanismos racionales que corrigen esta intuición primitiva colapsen, haciendo que la persona se entregue al sesgo. A nuestro juicio, esto provoca que incluso individuos sanos adopten respuestas sesgadas que ven o exigen un coordinador intencional donde solo hay interacciones impersonales —como es el caso en la sociedad—. En resumen, todo ello deriva en la incomprensión de los sistemas complejos y en la demanda de un planificador, o en que nosotros mismos queramos tomar el control —siendo nosotros los planificadores—.
[5] He aquí la razón de las instituciones sociales, de las cuales la Escuela Austriaca de Economía da luces, pero el Creativismo Filosófico sostiene con mayor rigor científico y filosófico.
[6] Ver: Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026). Cabe señalar que este estudio expande el trabajo original de Daniel Kahneman y Amos Tversky, publicado en 1979, que se titula: “Intuitive prediction: Biases and corrective procedures”, complementado, entre otros, por sus análisis posteriores sobre predicción e intuición en 1982, en “Variants of uncertainty”, y en 1991 con Dan Lovallo, en “Timid choices and bold forecasts”. En resumen, la falacia de la planificación consiste en la tendencia generalizada a sostener la firme creencia de que un proyecto propio avanzará exactamente según lo planeado, lo que lleva a ignorar deliberadamente el conocimiento estadístico de que la gran mayoría de los proyectos similares previos se han retrasado o han fracasado. Si gusta profundizar en el tema, también invitamos a leer: Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026). Trasladado al debate que nos compete, esto ayuda a comprender la persistencia de la confianza en la planificación centralizada de todos los políticos y sus seguidores o defensores, a pesar de que la evidencia no les favorezca sistemáticamente.
[7] Al extirparse el circuito de retroalimentación y el castigo adaptativo del error, el sesgo de planificación se desboca y se hace más difícil de identificar.
[8] Esto, de hecho, no es nada nuevo en cuanto a contenido, porque es el mismo problema que señala Ludwig von Mises cuando crítica la planificación central, en su artículo: “El cálculo económico en la comunidad socialista” (1920) —que más tarde derivaría en su obra “Socialismo: un análisis económico y sociológico” (1922)—, así como Friedrich von Hayek en su artículo: “El uso del conocimiento en la sociedad” (1945), donde demuestran que un planificador carece del conocimiento necesario, así como de las herramientas para poder hacerse con dicho conocimiento, para poder planificar la sociedad.
[9] Ver: Markus Kemmelmeier, et. Al. 2003. Individualism, Collectivism, and Authoritarianism in Seven Societies. Revista Cross-Cultural Psychology, vol. 34, n° 3, págs. 304-322. A través de un análisis cuantitativo en siete países con distintos antecedentes políticos, los autores demuestran que, a nivel individual, el colectivismo, lejos de ser una mera preferencia de armonía social, correlaciona de forma positiva y robusta con el “Autoritarismo de Derechas” (RWA). El desglose metodológico revela que esta vinculación está determinada por las dimensiones de sumisión a la autoridad y convencionalismo, validando además la tesis de John Duckitt, desarrollada en “Authoritarianism and group identification: a new view o fan old construct” (1989), sobre cómo la mentalidad colectivista exige subordinar las búsquedas y derechos privados a los objetivos establecidos por un ente colectivo centralizado. Si bien, en aras de la objetividad, es necesario señalar que el “colectivista vertical”, tal como se expresan los autores, no busca ejercer el poder político de manera directa o individual, sino que demanda de forma neurótica la existencia de un poder centralizado debido a su baja tolerancia a la incertidumbre que genera la libertad. No obstante, esta misma se complementa necesariamente con la agresión autoritaria, que describen los mismos autores en el marco del “Autoritarismo de Derechas” que usan para su estudio, la cual explica por qué el colectivista vertical celebra que los mecanismos coercitivos del Estado fuercen a los disidentes a alinearse con el diseño planificado, puesto que tampoco tolera que otros vivan en libertad, porque percibe en la libertad ajena una amenaza directa para su propia seguridad. En adición, en el marco del Creativismo Filosófico, caben dos acotaciones teóricas: (i) para nuestro fin rescatamos el concepto de colectivismo vertical —jerárquico, dogmático— al que refieren los autores en el texto, y no al “colectivismo horizontal”, que refiere más a la interdependencia, la cooperación y la benevolencia de los miembros de un grupo, sin responder necesariamente a una jerarquía, y que es a lo que nosotros, en referimos como “comunitarismo” —no comunismo. Pero esto es algo que no compete desarrollar aquí, suficiente con decir que, tal como vislumbran los autores, existe un “colectivismo” a nivel individual, psicológico, que no es opuesto al individualismo, sino que es tan solo una dimensión de la experiencia humana.—. Y (ii), que si bien los autores sostienen que el individualismo y el colectivismo —horizontal— son “dimensiones ortogonales”, es decir, dimensiones completamente independientes entre sí, consideramos que dicho enfoque incurre en el reduccionismo metodológico de la estadística, característico de cuando se aplica el método científico tradicional, es decir, lineal, atomista y cuantitativo, a las ciencias sociales. Las conclusiones del texto que rescatamos aún permanecen intactas si cambiamos el marco teórico para dar paso al paradigma de la complejidad, el cual nos permite comprender que tanto el individuo como la sociedad, es decir, el colectivo, se coproducen mutuamente en un bucle recursivo. ¿Qué significa eso? Pues, que la sociedad habita en el individuo a través de, por ejemplo, la cultura, o sus instituciones, o demás subsistemas que la conforman y hacen parte de la experiencia humana, y al mismo tiempo, las interacciones entre los individuos es lo que hace emerger la sociedad. En este sentido, es entendible que, absolutamente siempre, necesitemos del reconocimiento del otro, en distintos niveles, y la relación con ellos, para reconocernos a nosotros mismos y desarrollarnos plenamente.
[10] Ver: Sharon Arieli, et. Al. 2019. Identity-motivated reasoning: biased judgments regarding political leaders and their actions. Revista Cognition, vol. 188, págs. 64-73. En: https://goo.su/G7UlUdZ (Cit. 23/05/2026). Los autores expanden las teorías clásicas de la atribución demostrando empíricamente cómo la identidad política es como una fuerza de distorsión cognitiva. El estudio constata que los ciudadanos tienden a eximir a los líderes de su propio espectro político de las percepciones generalizadas de codicia y búsqueda de poder que típicamente se asocian a la clase política, revistiéndolos de una intencionalidad virtuosa dirigida al bien común —interés nacional—, lo que correlaciona directamente con la confianza ciega hacia el gobernante —trust—.
[11]Ibid. Este fenómeno sirve para ilustrar cómo la mente humana tiende a reducir los problemas de diseño institucional y la imposibilidad del cálculo económico a un mero dilema de “buenas o malas intenciones” de quien ejerce o ejercerá el mando en la sociedad, donde el planificador es percibido como un coordinador altruista solo mientras comparta la identidad social del observador. Si llevamos este estudio a sus últimas consecuencias, la demanda por la planificación central no es más que una ficción que responde a sesgos cognitivos ligados a la identidad, diseñada para legitimar la coacción sobre el resto de la sociedad. Además, valida por completo la tesis de Bryan Caplan en “El mito del votante racional: por qué las democracias eligen malas políticas” (2007), quien sostiene que el votante es “peor que ignorante”, muy irracional, y en su condición, movido además por muchos sesgos ideológicos, defienden políticas en base a creencias erróneas sobre temas diversos.
[12] Sabrá Dios qué significa “igualitario” para cada uno de ellos. Pero aquí nos avocaremos solo a las medidas que hacen de “desigualdad socioeconómica” —o desigualdad económica—, solo a modo ilustrativo, puesto que también consideramos que, en el fondo, por sí mismas esas medidas no dicen absolutamente nada de la realidad social compleja.
[13] Ver: Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026). Publicado por la Universidad Autónoma de Manizales.
[14] Es la expresión que usan Chaverri y Fernández en Ibid, y, en general, en toda la psicología social, la sociología y la antropología para referir a la sobrecarga cognitiva, comunicativa y de toma de decisiones que experimenta un grupo a medida que aumenta su tamaño o complejidad organizacional.
[15] Esto es a juicio de los autores, que lo perciben como tal. A nuestro juicio, creer que la expansión de la sociedad hace difícil la coordinación es un craso error, pero sobre ello volvemos en el siguiente párrafo.
[16] He aquí el tema de la corrupción, en muchos casos. Si gusta una aproximación al tema de la dinámica de la corrupción, en el marco de la comprensión sobre los sistemas complejos, ver: Roymer Rivas. 2023. El cáncer de la corrupción: una consecuencia de las restricciones a la libre acción humana. 2° lugar en el concurso “El costo de la corrupción” (2020), de Cedice Libertad. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/jn2uUbz (Cit. 23/05/2026).
[17] Aunque si nos ponemos más anarquistas, el precio es el ataque sistemático e institucionalizado a la libertad humana, que hoy representa el Estado.
[18] El estatismo, o cualquier otro tipo de planificación central de la sociedad, hace volver a las personas a sus más atávicos deseos. Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026); y ver: Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).
[19] El impulso centralizador es la institucionalización política de una limitación de nuestra propia arquitectura mental, que prefiere la ilusión de una mente coordinadora antes que aceptar la incertidumbre de los órdenes emergentes de los sistemas complejos.
Referencias
Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026).
Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026).
Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026).
Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026).
Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).
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Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026).
Sharon Arieli, et. Al. 2019. Identity-motivated reasoning: biased judgments regarding political leaders and their actions. Revista Cognition, vol. 188, págs. 64-73. En: https://goo.su/G7UlUdZ (Cit. 23/05/2026).
Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha afirmado en una entrevista publicada este sábado que las opciones están al 50% entre un acuerdo con Irán y la reanudación de los ataques norteamericanos contra el país.
Trump ha explicado en declaraciones al portal estadounidense Axios que se reunirá este mismo sábado con los negociadores de su país —Steve Witkoff and Jared Kushner— para tratar la última propuesta de Irán y decidirá ya el domingo si se reanudan o no los ataques. Considera así que podría haber un «buen» acuerdo o, por contra, «mandarlos al cielo de un bombazo», ha apuntado.
«Creo que pasará una de estas dos cosas: o los golpearé aún más fuerte de lo que hayan sido golpeados jamás o firmaremos un acuerdo que sea bueno», ha planteado.
Trump ha explicado que «hay quien prefiere un acuerdo y otros, reanudar la guerra», pero ha descartado que el primer ministro israelí esté «preocupado» por un acuerdo desfavorable. Además ha insistido en que Irán no debe tener armas nucleares y tendrá que entregar el uranio enriquecido que ya tiene, mientras que el estrecho de Ormuz quedará totalmente abierto «sin peajes».
También está previsto que aborde la situación con los dirigentes de los países árabes aliados de Washington, incluido Egipto, e igualmente con Pakistán o Turquía.
Cabe señalar que este sábado una de las figuras clave de la negociación, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Pakistán, Asim Munir, ha estado en Teherán para intentar lograr un acuerdo.
El Servicio Secreto de EE. UU. ha desalojado este sábado por la tarde la zona norte de la Casa Blanca después de que se escucharan varios sonidos similares a disparos en las inmediaciones del complejo presidencial, según han informado periodistas presentes en el lugar.
Al menos dos personas, entre ellas un presunto atacante, han resultado heridas, incluido el principal sospechoso de los disparos, según han indicado fuentes policiales a la cadena CBS News.
Las mismas fuentes han señalado que durante el incidente se habrían producido entre 15 y 30 disparos. De acuerdo con dos personas conocedoras de la investigación citadas por la cadena estadounidense, el sospechoso habría abierto fuego contra una caseta de seguridad ocupada por agentes del Servicio Secreto de EE. UU., que respondieron a los disparos.
Como consecuencia del intercambio de fuego, el presunto atacante y un viandante habrían resultado heridos, mientras que ninguno de los agentes del Servicio Secreto sufrió lesiones, según las fuentes consultadas.
Previamente, periodistas de medios como ABC News o NBC News reportaron alrededor de una veintena de «detonaciones» poco después de las 18.00 horas (hora local), aparentemente procedentes del área cercana al Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower, situado junto a la sede presidencial.
Tras el incidente, agentes del Servicio Secreto han trasladado rápidamente al interior de la Casa Blanca a los miembros de la prensa que se encontraban en el exterior y les han indicado que se dirigieran a la sala de prensa del complejo.
El portavoz del Servicio Secreto, Anthony Guglielmi, ha señalado a los medios que la agencia tiene conocimiento de «informes de disparos cerca de la calle 17 y la avenida Pennsylvania NW» y que los agentes están «trabajando para corroborar la información con el personal en el terreno».
Según había indicado previamente el portavoz de la Casa Blanca, Steven Cheung, el presidente de EE. UU., Donald Trump, se encontraba en la residencia presidencial durante la tarde del sábado.
Posteriormente, la Oficina de Comunicaciones del Servicio Secreto de EE. UU. ha confirmado en un escueto comunicado difundido en redes sociales que la agencia está al tanto de los informes de disparos cerca de la calle 17 y la Avenida Pensilvania NW y que continúa trabajando para corroborar la información con el personal desplegado sobre el terreno. Asimismo, ha señalado que se ofrecerán más detalles a medida que haya nueva información disponible.
Unos 40.000 residentes del condado de Orange, en California, EE. UU., han sido evacuados de urgencia este viernes por las autoridades ante el riesgo inminente de explosión de un tanque de almacenamiento que contiene sustancias químicas altamente volátiles y que había mostrado fugas.
Las autoridades han comenzado las labores de evacuación masiva tras detectarse este pasado jueves problemas insalvables en un contenedor industrial con unos 7.000 galones —cerca de 26.500 litros— de metacrilato de metilo (MMA), un compuesto inflamable y tóxico empleado en la fabricación de plásticos y resinas.
La emergencia, que se había originado el jueves por la tarde en la localidad de Garden Grove, comenzó cuando el tanque comenzó a sobrecalentarse y a liberar vapores. Las autoridades de Bomberos del Condado de Orange (OCFA) han confirmado que una falla en la válvula del depósito ha impedido estabilizarlo por completo, dejando el tanque «en una situación crítica de colapso».
«Nuestro objetivo es que esto no afecte a los residentes, y eso es lo que estamos intentando hacer hoy (…) la situación es tal que tenemos que mantenerlos alejados. Hemos podido estabilizar la temperatura del tanque, lo que nos da tiempo para pensar en como afrontar la situación en las próximas horas», ha informado el jefe de bomberos del condado, Craig Covey, en una publicación en las redes oficiales.
El complejo industrial donde se encuentra el tanque está situado a unos ocho kilómetros de Disneyland y a unos seis kilómetros del parque temático Knott’s Berry Farm. Según ha declarado Covey, «el MMA es más pesado que el aire», pero aún no está claro cómo podrían los patrones de viento afectar a su propagación en caso de explosión.
A su lado se encontraba la doctora Regina Chinsio-Kwong, funcionaria del condado, que ha querido recalcar la «importancia de mantenerse alejado» del complejo.
«Lo que más nos preocupa es que, cuando este producto químico reacciona y la temperatura aumenta, puede generar vapores; y lo que más me preocupa es que, si esos vapores se liberan al aire y la gente los inhala, puedan causar daños como irritación, náuseas o, en gran medida, problemas respiratorios», ha declarado la doctora.
Las autoridades han advertido que existen muchos factores que podrían contribuir al colapso del tanque, razón por la cual han extendido las órdenes de evacuación a una zona tan extensa. «La gente necesita salir de sus casas y buscar un lugar seguro, porque cuando esto suceda, dependiendo de la dirección del viento, no podremos controlar el clima», ha advertido, matizando que el riesgo es total ante un químico «altamente volátil, tóxico e inflamable».
La directora de Inteligencia Nacional de EE. UU., Tulsi Gabbard, ha presentado este viernes su dimisión al presidente Donald Trump, una decisión tomada por motivos personales después de que a su marido le detectasen un tipo de cáncer de huesos.
«A mi esposo, Abraham, le han diagnosticado recientemente una forma extremadamente rara de cáncer de huesos», ha explicado en una carta de renuncia publicada en redes sociales en la que ha agradecido a Trump que haya depositado su confianza en ella durante el último año y medio al frente de la oficina de Inteligencia.
Gabbard ha afirmado que debe apartarse del cargo para estar al lado de su esposo y «apoyarle de forma plena en esta batalla». «Estoy totalmente comprometida a garantizar una transición fluida y completa en las próximas semanas», ha indicado.
Se espera que el último día de Gabbard —que fue nombrada en febrero de 2025 tras obtener el visto bueno del Senado estadounidense— sea el próximo 30 de junio.
Trump no ha tardado en reaccionar y ha afirmado en un mensaje en redes sociales que Gabbard ha hecho una «excepcional labor». «Su querido esposo, Abraham, ha sido diagnosticado recientemente con una forma rara de cáncer de huesos, y ella, con toda razón, desea estar a su lado, ayudándole a recuperarse mientras luchan juntos contra esta dura enfermedad», ha indicado.
Trump ha asegurado que «pronto estará mejor». «Tulsi ha hecho un trabajo increíble y la echaremos de menos. «Su muy respetado director adjunto principal de Inteligencia Nacional, Aaron Lukas, asumirá el cargo de director interino de Inteligencia Nacional», ha agregado.
La dimisión se produce tras la renuncia del que fuera director del Centro Nacional de Contraterrorismo estadounidense, Joe Kent, por discrepancias con la Administración de Donald Trump debido a la guerra de Irán, un conflicto que no veía justificado y que achacó a «la presión de Israel y su influyente lobby en EE. UU.».
NOTA DE PRENSA: JUAN PABLO GUANIPA ES DESIGNADO EL «BORREGO DE LA SEMANA» EN EL PROGRAMA CONTRAPODER
Esta semana, se designó formalmente al dirigente opositor Juan Pablo Guanipa como el «borrego de la semana», dada la reciente difusión de un material audiovisual en el que Guanipa lanza fuertes cuestionamientos contra el mandatario estadounidense Donald Trump. En este marco, Guanipa recurrió al uso del calificativo despectivo «pelucón» para dirigirse al presidente norteamericano, empleando de manera poco original el mismo epíteto que históricamente utilizaba el genocida dictador Nicolás Maduro en sus alocuciones.
En la pieza de video, Guanipa le manifiesta a Trump, bajo un marcado tono maracucho, que si desea viabilizar la recuperación económica de Venezuela debe propiciar la realización de elecciones para colocar a María Corina Machado en la presidencia. Si bien, esta es una propuesta completamente «fuera de orden» e ilógica, por cuanto carece de sentido exigir un nuevo proceso electoral cuando la propia oposición impulsó una votación previa cuyo resultado es el que se debería estar defendiendo legítimamente.
En este marco, se recuerda que la facción de la oposición venezolana representada por Guanipa se encuentra totalmente al margen de la estrategia política real, evidenciando una absoluta falta de iniciativa, estructura, liderazgo y capacidad de reacción. De hecho, ese sector de la dirigencia «opositora» se ha dedicado a presionar externamente a aliados internacionales, a pesar de haber sido ellos mismos quienes previamente prometieron al país resultados vinculados a la vía electoral que nunca llegaron a materializarse.
Caracas. – El desarrollo de un acontecimiento muy importante y decisivo en Venezuela, durante los próximos días, fue el anuncio realizado por la dirigente política María Corina Machado, durante su llegada a Panamá, durante la madrugada de este viernes.
Durante unas breves declaraciones ofrecidas durante su arribo al país centroamericano, Machado agradeció a todos los venezolanos que la recibieron en el aeropuerto. “Lo que se desarrollará en los próximos días es superimportante, tiene una enorme relevancia y forma parte del fortalecimiento de la organización ciudadana, de la articulación política y del compromiso de la gente”, manifestó.
No obstante, no asomó más detalles de lo que se espera, ocurra en los próximos días en territorio venezolano. El anuncio ha desatado especulaciones en las redes sociales y plataformas digitales, que se centran principalmente en una posible llegada suya al país de manera inesperada.
Durante su estancia en esa nación, Machado sostuvo una reunión oficial con el presidente panameño, José Raúl Mulino, además de encabezar un masivo encuentro con la comunidad de migrantes venezolanos en ese país.
Mulino reveló este pasado jueves, que el encuentro fue solicitado por la ganadora del Nobel de la Paz 2025, hace al menos tres semanas. “Siempre es un placer verla. Quiero que me dé una visión de lo que ella siente del futuro democrático de Venezuela”, expresó el presidente panameño al referirse al encuentro.
El de Panamá es el tercer evento en plaza pública de la líder democrática con la diáspora, tras dejar la nación caribeña a inicios del mes de diciembre del 2025. El primer encuentro de María Corina Machado con los venezolanos que viven en el exterior se llevó a cabo el pasado 12 de marzo en Chile, nación a la que asistió como invitada de honor a la posesión del presidente José Antonio Kast.
El segundo se llevó a cabo en España durante el mes de abril, donde se dirigió a sus compatriotas desde la emblemática Puerta del Sol, en el corazón de Madrid.La visita busca fortalecer la coordinación política de la oposición y reforzar la participación ciudadana de los venezolanos en el exterior.
Machado ha enfatizado que la interacción con la diáspora y los dirigentes políticos es clave para consolidar estrategias de futuro, en un momento considerado crítico para el rumbo de la oposición en Venezuela.
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