La aspiración antibélica de la nueva filosofía del derecho

Por Ilxon Rojas, coordinador local de EsLibertad Venezuela y teórico del Creativismo Filosófico.

La filosofía del derecho adoptada por los Estados-nación durante todo el siglo XX, ha mutado de manera considerable. Estás modificaciones, aunque graduales, pueden explicarse escindiendo la historia jurídico-política en dos mitades durante todo este siglo. De ese modo, es apropiado aducir que en la primera mitad del siglo XX, los Estados adecuaron sus sistemas normativos, mutatis mutandis, a las tesis del positivismo jurídico puro, de tenor formalismo-logicista, o si se quiere, de una iusfilosofía irracionalista, en los términos expresados por la crítica de Losano (1985, pp. 55-85), que había desarrollado principalmente Kelsen y luego su séquito. En cambio, en la segunda mitad del siglo XX, en específico desde la época de transición de los años postguerra, los Estados-nación adoptaron, de modo fragmentario aunque decisivo, un modelo de sistema jurídico llamado postpositivismo jurídico, y en términos de derecho iusfundamental, el denominado neoconstitucionalismo. (Santiago, 2015).  

Uno de los propósitos de la consolidación de estas nuevas doctrinas iusfilosóficas, era formular una nueva teoría que impidiera la reproducción de los males de las grandes guerras mundiales, pero aun mas, que sirviera como herramienta que nos protegiera de su aparición y establecimiento, que no fuera un teoría indiferente por su formalidad, tal como se autoconminaba la teoría kelseniana en su aspiración de objetividad, en su fallido intento de dotar de cientificidad al derecho, purificarlo de las ideologías, de la política, de la moral y de la metafísica. Todos esos elementos que le son extraños (Kelsen, 1990). Cuánta razón tiene la profesora Barreto (2024, p. 96) al afirmar que “Kelsen no pudo predecir que Carl Schmidt, utilizando el mismo espíritu tolerante a todo, torcería el paradigma positivista para hacer posible la aprobación de las leyes nazis.”

Pero con el postpositivismo, en tanto iusfilosofía superadora del frío y amoral positivismo jurídico puro, se aspiraba a la formulación de una teoría que trasciendiese los postulados de la lógica normativa, al incorporar una dimensión axiológica de valoración jurídica cosmopolita, para contrarrestar las posibles las tendencias belicosas que podrían llegar a tentar a los Estados occidentales, excepto sólo en dos escenarios: en el que un Estado viole gravemente los derechos fundamentales que da lugar al derecho de los pueblos de intervenir militarmente (Rawls, 1999. pp. 89-94), o como derecho de autodefensa (Ibid, 105-113).

Con esa idea en mente, se creó la doctrina de los nuevos de derechos, los derechos inalienables, inherentes e irrenunciables de todo ser humano, esto es, la doctrina de los derechos humanos, y por ese hito, los juristas entusiastas cacareaban durante las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX, que nuestra civilización se encontraba a las puertas de un tiempo de paz y armonía sin precedentes, un verdadero “Tiempo de los derechos” (Bobbio, 1991).

Sin embargo, la mera iusfilosofía de este tenor resulta ineficaz en términos materiales sin que con ella se complemente un aparato burocrático de aplicación compatible con sus plausibles objetivos. Razón por la que se fue creando, por un lado, un serie de nuevos criterios ya en el pleno campo de la teoría jurídica, y por otro, la edificación de un conglomerado de órganos judiciales estatales y transestatales preponderantes. La prioridad de garantizar la observancia de la nueva doctrina pasaba entonces por la aplicación de criterios como el control difuso de constitucionalidad, por una ingeniosa jurisprudencia constitucional y por la propia constitucionalización de las normas de derecho social, así como de nuevas categorías de hechos punibles graves como los llamados “crímenes de lesa humanidad”, pero la extensión y enriquecimiento normativo, jurisprudencial y teórico de estos nuevos criterios se extendió tanto y si volvió tan ambiguo que casi todos los derechos tradicionalmente más importantes de la historia jurídica occidental (con excepción del derecho de propiedad), pasaron a ser coptados por la nueva doctrina humanitaria. El núcleo de todos esos derechos encontraban amparo en la justificación ontológica de ser un derecho humano.

Desde luego, al unísono del forjamiento de tales criterios, los órganos judiciales estatales y transestatales que se fueron edificando, tomaron la forma de lo que hoy conocemos como cortes constitucionales y penales tanto nacionales e internacionales, nuevas jurisdicciones que partir de entonces se han encargado de funcionar como órganos de aplicación de tales criterios y de gestionar, juzgar y ejecutar las penas en caso de su vulneración, así como de promover su dimensión axiológica, su maximización procesal, tal como arguye Alexy (1993, p. 86).

Todo lo anterior confluye en la construcción de la forma de Estado actual denominada “Estado constitucional de derecho”. Pero con su surgimiento, es fácil notar, tal como intuye Santiago (2015), que se produjo una inversión en los papeles del aparato orgánico estatal, porque debido a que ya las sentencias no son una simple aplicación lógica de la fórmula legislativa que sobrevivía del positivismo incluso desde Beccaria (2005), donde el juez sólo debía aplicar la lógica al verificar si los hechos de adecuaban a las previsiones claras y distintas del legislador, sino que por la necesidades de la nueva iusfilosofía era necesario que el juez incursionara en un campo muy poco explorado antes por los operadores de la justicia: la interpretación y la argumentación, socavando paulatinamente el protagonismo de los parlamentos. Y de esto se trata tal inversión, en que el monopolio de la fuerza no depende tanto del músculo legislativo, tal como era desde el parlamentarismo del siglo XIX (Kelsen, 1992. p. 226), sino del poder judicial, un ángulo de poder aún más peligroso por ser el único órgano del poder público del Estado más alejado de la democracia, o para ser más claros, más alejado de la creencia popular en la mitología democrática moderna.

Pero la historia nos ilustra muy bien sobre los resultados de cada idea, cada fórmula, cada sistema. Si bien es un hecho que no ha habido guerras mundiales declaradas durante la segunda mitad del siglo XX (al menos no en el sentido “clásico” del término), cosa que haría pensar a los entusiastas de la doctrina de los derechos humanos y de la organización jurídico-política del vecindario internacional que el sistema ha sido un éxito, la realidad es que las guerras solo han mutado, pues la segunda mitad del siglo XX es muestra del notable incremento en la cantidad y diversidad de conflictos bélicos.

A diferencia de las guerras mundiales de la primera mitad del siglo XX, que fueron eventos de gran escala y duración, el periodo posterior a 1945 estuvo marcado por una proliferación de guerras civiles, conflictos de descolonización y enfrentamientos étnicos que, aunque localizados, resultaron en un número elevado de víctimas y una inestabilidad persistente. La Guerra Fría, en particular, ocasionó una serie de conflictos proxy en diversas regiones, donde las superpotencias apoyaron a diferentes facciones, multiplicando así la cantidad de guerras en el panorama global (Kalyvas, 2006).

Considerando esto, se puede concluir este breve ensayo afirmando que la nueva filosofía del derecho fue pensada para un tipo de guerra que ya prácticamente no existe, pues siguiendo las investigaciones actuales relativas del fenómeno bélico, como las efectuadas por Blanco (2012), se puede sostener que la guerra actual ha mutado hacia lo que él llama un “rizoma de guerras”, esto es, la interconexión de conflictos bélicos sin relieve jerárquico, debido a que están definidos por un entramado de luchas heterogéneas en involucra una pluralidad de actores políticos y metapolíticos a gran escala.

Todo ello, supera con creces las previsiones de nueva iusfilosofía. Por lo tanto, es menester una nueva formulación iusfilosófica que no cometa los errores pasados, errores que a nuestro juicio, consiste en no haber advertido la naturaleza coactiva, compulsiva y belicosa del Estado. El diagnóstico debe partir de la guerra sistemática como un mal radical de estatismo, para alcanzar el entendimiento de las dinámicas intrincadas de la guerra actual, para que ella no sobrevenga a la meta de armonía y paz global que queremos todos. Pero ¿Cuáles son las intuiciones axiológicas correctas para fundamentar esta nueva iusfilosofía? es un trabajo que queda por hacer.

Referencias
● Alexy, R. (1993). Teoría de los derechos fundamentales. Centro de Estudios
Constitucionales.
● Barreto, L. M. (2024). Justicia, meritocracia y el problema de la titularidad de los
privilegios económicos en las sociedades contemporáneas de América. Signos
Filosóficos, 26(51), 92-113.
● Beccaria, C. (2005). De los delitos y de las penas. Bogotá: TEMIS.
● Bobbio, N. (1991). El tiempo de los derechos. Editorial Sistema. Fundación Sistema.
● Blanco, E. (2012). Arqueología de la guerra: la guerra de los treinta años (gdlxxxa) en
tanto que paradigma político en las obras de Hardt y Negri. Recuperado de
https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2012/11/arqueologia-de-la-guerra-la-guerra-
de.html

● Kalyvas, S. N. (2006). The Logic of Violence in Civil War. Cambridge University Press.
● Kelsen, H. (1999). Teoría pura del Derecho. (3ª ed.). Editorial Eudeba.
● Kelsen, H. (1992). Compendio de teoría general del Estado. Colofón, S.A.
● Losano, M. G. (1985). La teoría pura del Derecho: del logicismo al irracionalismo.
DOXA. Cuadernos De Filosofía Del Derecho, 2, 55–85. Recuperado de
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/10991/1/Doxa2_03.pdf
● Rawls, J. (1999). The Law of Peoples; with, The Idea of Public Reason Revisited.
Harvard University Press.
● Santiago, A. (2015). Filosofía del derecho constitucional. Perspectiva continental.
Enciclopedia de Filosofía y Teoría del Derecho, 3, 1814-1888. Recuperado de
https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/8/3876/7.pdf

Milei afirma que el precio del dólar tiene que comenzar a bajar dentro de poco

La situación económica de Argentina fue analizada por el presidente Javier Milei en una entrevista televisiva, donde aseguró que no hay atraso cambiario y volvió a rechazar la devaluación del peso.

«No vamos a devaluar de ninguna manera», afirmó, pues, según el mandatario, el dólar «tiene un precio razonable para las condiciones que tiene Argentina», por lo que dijo que no es caro ni hay un «atraso cambiario».

En este sentido, describió: «Estaríamos sacando el 72% de la cantidad de dinero. ¿Cómo va a hacer subir el dólar, si yo le estoy sacando todos los pesos que están dando vueltas? El dólar se tiene que caer como un piano».

En este contexto, Milei criticó a los economistas y a los sectores industriales que piden una devaluación.

«Lo que me están pidiendo es que destruya los salarios para que un par de sátrapas mantengan altos retornos del capital. Usted tiene que trabajar puertas adentro de su empresa para bajar los costos. Nosotros hacemos la tarea: bajamos 13 impuestos», analizó.

Además, el presidente destacó la caída de la inflación de precios, a la que definió como «un fenómeno monetario que se genera por un exceso de oferta de dinero», lo que provoca que «el poder adquisitivo del peso caiga».

Además, resaltó que hay «superávit fiscal y financiero por primera vez en la historia», con lo que «el peso se está fortaleciendo».

Por ello, expresó que, con la «tasa de inflación a la baja», hay un «incentivo a tener pesos en la mano porque no se le derriten como un helado en el desierto del Sahara». «La economía argentina está hoy mostrando un proceso de expansión fortísimo», evaluó.

Respecto del futuro, aseguró que el país «va a tener un ‘boom’ exportador en gas, petróleo y litio» y que trabajan «para el uranio y con el cobre», a la vez que recordó la «productividad que tiene el sector agropecuario», por lo que de cara a futuro a la economía «le sobran los dólares hasta por las orejas».

Esto, a su juicio, derivará en una suba de los salarios. Así, reiteró que el salario promedio de la economía formal cuando asumió, el 10 de diciembre de 2023, era de 300 dólares y hoy lo elevó a 1.100 dólares.

Milei también habló durante la entrevista sobre las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y afirmó que «al acuerdo solo le falta el moño». De llegar a buen término, Argentina recibiría «fondos frescos» que se van a utilizar para «cancelar deuda con el Banco Central».

«Al fortalecer el balance del Banco Central, su patrimonio mejora y el índice de precios de largo plazo es más bajo: usted está bajando la tasa de inflación», sostuvo.

Por último, destacó que el FMI no pone condiciones para lograr el acuerdo y resaltó que la política monetaria y fiscal es «soberana».

Looking for Freedom: La noche que cayó el muro

Por Luis Torrealba, Coordinador Nacional de EsLibertad Nicaragua.

Era la noche del 9 de noviembre de 1989 y habían pasado más de 30 años desde que Berlín se encontraba dividida por un infame Muro. Pero esa noche, los alemanes y en mundo entero estaban a punto de experimentar un cambio profundo. La tensión que había impregnado la ciudad, dividida entre la Republica Democrática Alemana al Este y la Alemania Federal al Oeste, estaba a punto de romperse. Aquella noche no se trataría solo de la caída de un muro físico, sino del colapso de un sistema que por muchos años, había asfixiado las aspiraciones de libertad de toda una generación de jóvenes.

Ya desde mediados de los años 80s, una fuerza latente había estado floreciendo entre los ciudadanos de la Alemania Oriental, especialmente entre los jóvenes. Había una necesidad natural de libertad, y los astros se empezaban a alinear para mostrar el momento de dar el salto. Sin embargo, el cambio no llegó solo desde las protestas, las reuniones secretas y las instituciones. La metamorfosis social y política en Alemania, fue impulsada por algo mucho más poderoso y sutil: la cultura pop. La música, el cine, la moda, los libros, todo lo que pudiese ser contrabandeado desde el otro lado del Muro se convertía en un símbolo de resistencia y de esperanza para aquellos que vivían sus sueños de libertad entre las sombras.

En particular, un cantante y actor estadounidense, David Hasselhoff, se había convertido en un símbolo inesperado de libertad para los jóvenes de la RDA. Su éxito en Alemania Occidental con la canción «Looking for Freedom» hacia simbiosis con las aspiraciones de muchos jóvenes al otro lado del Muro. El estribillo de la canción poco a poco se fue convertido en un himno de aquellos que, en silencio y con miedo, soñaban con el día en que pudieran cruzar al otro lado sin temor de ser apresados, sin ser vistos como enemigos del Estado o de ser asesinado en la búsqueda de una mejor vida.

Es innegable el papel que jugo la cultura pop de los 80s en la caída del sistema comunista alemán. Fue la chispa de inspiración que encendió en los los corazones de los jóvenes del Este el deseo de un cambio real y amalgamo todas las aspiraciones de libertad de esa generación. Esas películas, discos y programas de televisión que llegaban desde Occidente, considerados como material subversivo por el régimen comunista, mostraban una vida diferente, con más opciones, más oportunidades, menos restricciones, es decir, mostraban la plenitud de una vida en libertad.

A través de los símbolos de la cultura pop, los jóvenes del Este podían imaginar lo que significaba realmente ser libre, y lo hicieron propio asumiedo ese estilo de vida. Se organizaban en secreto, intercambiaban discos y revistas prohibidas, e incluso trataban de vestirse como los ídolos de Occidente, porque la moda de esa época también fue una forma de expresar los deseos de cambio, incluso si esto representaba un riesgo para la seguridad personal, porque la libertad en ese momento ya se había convertido en una necesidad irrenunciable.

Pero regresando al momento de la noche decisiva. Se cuenta que durante esas horas la confusión reinaba en Berlín. Un anuncio ambiguo sobre la apertura del Muro, hecho en una rara conferencia de prensa con medios internacionales por un burócrata gris del gobierno de la RDA, Günter Schabowski, fue el catalizador para que cientos de personas se agolparan inmediatamente en los puntos de control que dividían la ciudad. Al principio, los guardias no sabían qué hacer. La euforia se apoderó de la multitud, y, poco a poco, los primeros valientes comenzaron a cruzar. Los abrazos, las lágrimas y los gritos de celebración llenaron el aire. En esos momentos, los vientos de libertad que llenaron los pulmones de los jóvenes alemanes hicieron que el mundo y la historia cambiara para siempre.

Las horas que siguieron fueron un espectáculo único. Jóvenes y adultos cruzaban hacia el otro lado, no solo para ver un nuevo mundo, sino para experimentar algo que nunca habían tenido, el derecho a elegir sus propios destinos. La música, esa misma que había sido prohibida y censurada, fue ahora la banda sonora de la libertad. A lo largo del Muro, la gente comenzó a bailar y a cantar. Nadie sabe de dónde salió en primer martillo, quizás fue la magia que se oculta detrás de los momentos históricos, pero al poco tiempo eran cientos los que golpeaban el concreto con mandarrias y picos. La misma cultura pop que había sido reprimida ahora se convertía en el eco de una victoria que semanas antes nadie creía posible.

Esa noche, no fue solo un muro lo que se derrumbó, fue un sistema entero que por años había intentado construir su imperio sobre los sueños rotos de millones de personas. Los jóvenes que crecieron viendo hacia Occidente con ansias de libertad lograron algo tan grande para la historia de la humanidad, que hasta ahora ha sido irrepetible. A través de la música, de la moda y del arte, los jóvenes de Alemania Oriental encontraron una voz, y esa voz fue más fuerte que cualquier muro de cemento o alambre, fue más fuerte que la Stasi, que las balas y los tanques del Kremlin.

Hoy, cuando recordamos esa noche, nos damos cuenta que la cultura pop dejo de ser simplemente entretenimiento y se convirtió en una herramienta de resistencia, un refugio de esperanza y, al final, el motor de un cambio histórico. En medio de las lágrimas, los abrazos y los cantos, los ciudadanos de Berlín le enseñaron al mundo una lección eterna: cuando una generación está decidida a buscar la libertad, no hay muros ni barreras que pueda detenerlos. Esa generación hizo realidad su anhelada libertad una fría noche de noviembre, entre latas de Coca-Cola y jóvenes bailando encima de viejos Ladas al ritmo de «Looking for Freedom».

El muro, el símbolo, y la libertad

Por Omar Ramirez, coordinador local senior de EsLibertad Venezuela.

El 9 de noviembre de 1989 el mundo era inundado por titulares, reportajes e imágenes que alegraron y maravillaron a algunos, entristecieron y decepcionaron a otros aferrados a su dogma, e hicieron entrar en razón a varios; el vergonzoso muro que separaba a Berlín en dos había sido derribado; años de opresión tiránica, de separación de familias, y de una pretendida superioridad de ideas erróneas se caía frente a los ojos atónitos e incrédulos del mundo. Lo que muchos filósofos, economistas, políticos y pensadores habían advertido en papel, se materializaba frente a todos. El muro había caído, y con él, las ideas que lo levantaron.

El muro

Luego de la derrota de la Alemania Nazi  y el posterior fin de la Segunda Guerra Mundial, los países ganadores se repartieron el control y la administración del territorio Alemán; el 23 de mayo de 1949 los países aliados Occidentales (Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña) crean la República Federal de Alemania, que seguiría un modelo federal de gobierno y una economía de mercado guiada por el ordo-liberalismo; por su parte, el 7 de Octubre del mismo año, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas creaba la República Democrática de Alemania sobre la Alemania Oriental, la que bajo control Soviético tendría un modo de gobierno autoritario y un sistema económico socialista. 

La capital, Berlín, fué dividida en cuatro zonas cada una bajo el control de los países anteriormente mencionados, convirtiéndose Berlín oriental en la capital de la República Democrática de Alemania. Sin darse cuenta; al repartirse el control sobre Alemania, y luego con la creación del muro, dieron paso a el mayor experimento de comparación política y económica dónde personas con una misma nacionalidad, historia, cultura y valores, quedaban divididas en dos países diferentes, con modelos de organización política y económica distintos. 

La noche del 13 de Agosto de 1961, por órdenes del gobierno de la URSS, se levantó un cerco de alambre el cuál se convertirá paulatinamente en un muro de hormigón por más de 160 kilómetros, para frenar la fuga de personas hacía el lado Capitalista, prohibir los “cruzadores de frontera” (personas que vivían en el lado Este y trabajaban en el lado occidental), y demostrar una vez más el control sobre los ciudadanos que ejercían las autoridades. 

El muro estaba resguardado fuertemente por soldados con la orden de usar fuerza letal contra quién intentara saltar, (según el sitio web Alemán Chronik der Mauer murieron 140 personas intentando cruzar el muro, aunque un estudio del 2017 de la Universidad Libre de Berlín indica que fueron 262 personas); estudiantes de la universidad anteriormente señalada cavaron un túnel durante medio año que permitió la fuga de muchas personas; otras, escaparon saltando desde ventanas de casas que daban a la Alemania Occidental, resalta la historia de Peter Fechter, el primer joven que falleció intentando cruzar el muro, el 17 de agosto de 1962, y que, sin duda, es un ejemplo más del ferviente deseo humano de alcanzar la libertad. 

El Símbolo 

El muro pasó a convertirse inmediatamente en símbolo de la opresión, la barrera física que impedía a los ciudadanos del Berlín oriental elegir el sitio dónde vivir, la materialización del macabro deseo de los tiranos de jugar a ser cómo dios y usar a los seres humanos como un medio para sus oscuros fines. El recordatorio constante, imponente y amenazante de que la elección es una mentira en régimen autoritarios, pues, quien elegía huir lo hacía a riesgo de exhalar su último suspiro en ese difícil viaje hacía la libertad. 

Era, además, la prueba material de la división entre los dos paradigmas imperantes en aquel momento, la separación entre modelos políticos y económicos que tienen como punto de partida  al individuo y sus anhelos, el respeto a sus derechos y la defensa de la búsqueda de la felicidad, y los que creen en la planificación central y cuidadosa de cada aspecto de la vida de las personas por un ente central, llámese éste el rey, el jefe supremo, el politburó, o el gran hermano, defendido por aquellos quienes en su fatal arrogancia pretenden saber lo que es mejor para cada persona aunque ni su nombre sepan, quienes en su incapacidad para llevar el control de sus propias vidas, aspiran y reclaman el inventado derecho de dirigir las de los demás. El muro pasó a ser la línea que dividía la libertad para perseguir los sueños, anhelos y metas personales, de la opresión de seguir, bajo amenaza de muerte, los designios de un oscuro grupo de personas qué, a su vez, sólo eran la marioneta de personas aún más grises, pues, los gobernantes de la RDA seguían lo que decían desde Moscú, como diría Fernando Diaz Villanueva:

 “Una República Alemana Democrática, tres mentiras; no era  república, no era democrática y no era alemana. Era una monarquía hereditaria, no era democrática —era una tiranía espantosa—, y no  era alemana porque estaba manejada por los rusos”[1]

Representó además, el símbolo del fracaso de los modelos socialistas en garantizar una vida plena a los ciudadanos, parafraseando a J.F.K, “aunque las democracias occidentales no son perfectas, aún no construimos un muro para evitar que la gente escape hacía el infierno”

Luego de décadas de indignación y vergüenza, al fin, y a plena luz del día, en contraposición a la oscuridad de la noche en que fué levantado, el muro de la vergüenza -como lo llamó Willy Brandt, alcalde de Berlín Occidental entre 1957 y 1966- fué derrumbado por ciudadanos de ambos lados luego de que un vocero del gobierno de la RDA se confundiese en televisión respecto de cuándo empezaría la circulación entre ambas Alemanias, lo que ocasionó que miles de ciudadanos se volcasen a tomar el muro y derribarlo, marcando así el triunfo de la Libertad sobre la tiranía, el comienzo del fin de la guerra fría y también de la desaparición de la Unión Soviética. 

Y así, ese glorioso 9 de noviembre del 89, la línea de hormigón que alguna vez representó opresión, separación familiar, proyectos de vida interrumpidos, sueños rotos, anhelos destruidos, y el aparente triunfo de la bota militar soviética sobre la capacidad de determinación del individuo, fue destruido por el amor a la libertad presente en cada ser humano, el repudio a las injusticias que brota en el corazón del hombre germinó en un movimiento cívico que echó abajo la repugnante línea de hormigón que había pretendido encerrar al espíritu humano en una cárcel, y así como una vez, en la oscura noche del 12 al 13 de Agosto del 61, las tinieblas de la tiranía se quisieron imponer, la resplandeciente y deslumbrante luz de la Libertad brilló con más fuerza que nunca el 9 de Noviembre de 1989. 

La Libertad 

Aunque Berlín ya no está dividido en dos, la URSS ya no existe, y la guerra fría terminó con el triunfo de Occidente, hoy más que nunca la libertad está fuertemente amenazada, cada día las ideas totalitarias consiguen adeptos en las filas de descontentos con sus políticos que han desvirtuado la democracia liberal, cada vez más, son menos los países que gozan de estado derecho, igualdad ante la ley y economía de mercado. Aunque el muro físico ya cayó, aún queda mucho trabajo por derribar los muros mentales del dogmatismo de quienes se niegan a cuestionar sus convicciones políticas, del fanatismo de aquellos que se niegan a dialogar abiertamente y someter al cuestionamiento público sus propuestas, y de quienes desde el poder aún pretenden perpetuar la ignorancia de las masas para aprovecharse de ella y secuestrar e imponer su verdad. Las tinieblas de la tiranía nunca querrán descansar, el faro de la libertad no puede dejar de brillar.


[1]  Fernando Díaz, [El club de los viernes], “Vender nuestras ideas”, video de YouTube,  16 de noviembre de 2016. https://youtu.be/SClWPzJXqqc

La batalla de las ideas

Por Valentina Gómez, economista y coordinadora local senior de EsLibertad Venezuela.

Karl Marx utilizó la expresión «la batalla de las ideas» durante la década de 1840 para criticar la filosofía alemana moderna, una filosofía que defiende la libertad y la autonomía, los representantes creen principalmente en el progreso humano como una «expansión del espíritu y la razón». Tanto Hegel como Kant, principales defensores de la filosofía, creían que para evolucionar el ser humano necesitaba comprender la realidad a través de la historia, la lógica y la ética. De ahí que introdujeran un enfoque historicista en la comprensión de la realidad y el pensamiento humano.

Para Marx, aquella filosofía se preocupaba más en la elaboración teórica que por la aplicación práctica en la transformación social, nunca entendió que primero debes comprender el comportamiento humano antes de aplicar y hacer de la sociedad parte de un experimento. Es como sentarte a comer antes de hacer las compras en el supermercado ¿Qué vas a comer si no hay nada? ¿Cómo estar seguro de que tus propuestas para la sociedad son las mejores si no conoces el comportamiento humano? O incluso peor, abrir primero el cuerpo y luego abrir el libro de medicina, en este segundo ejemplo pones en riesgo la vida de otra persona. Así funciona cuando haces un experimento con la sociedad, pones en riesgo la vida de millones de personas.

Marx comienza a desarrollar su propia filosofía al diferir de los filósofos alemanes modernos. Se aparta del grupo y, al encontrarse con Friedrich Engels, consigue el apoyo suficiente para elaborar una perspectiva distinta. «… Ponen de manifiesto cómo no hacen otra cosa más que balar filosóficamente» redactaron Marx y Engels en el libro «La Sagrada Familia» de 1844. En ese libro critican a los hegelianos, acusándolos de realizar críticas meramente teóricas y abstractas, sin implicaciones prácticas o revolucionarias reales. Es en estas primeras críticas cuando comienza la batalla de las ideas.

De la crítica filosófica a la batalla política: Marx, Engels y la influencia en la era Thatcher

Decenios más tarde, esta noción de una batalla de ideas resonaría en la política británica con Margaret Thatcher, quien, como Primera Ministra entre 1979 y 1990, defendió vigorosamente las ideas conservadoras mientras el socialismo y las políticas de izquierda ganaban terreno. Thatcher abogaba por la libre empresa, la privatización de industrias estatales, la reducción de impuestos y la promoción del individualismo y la responsabilidad personal. Su enfoque de gobierno buscaba estimular la iniciativa privada y fortalecer la competitividad económica.

Para Thatcher, la «batalla de las ideas» no solo representaba una lucha por el poder político inmediato, sino también por el futuro del modelo económico y social británico, así como por el papel del gobierno en la vida de sus ciudadanos.

Recientemente, se ha materializado el escenario que Thatcher intentaba evitar: un primer ministro laborista en el poder. Keir Starmer, líder del Partido Laborista, fue elegido, marcando la primera vez en 14 años que los laboristas retoman el poder en el Reino Unido. Esta elección refleja un cambio significativo en la política británica y subraya la continuación de la dinámica de la «batalla de las ideas» que ha definido el paisaje político desde los tiempos de Marx y Thatcher hasta la actualidad.

Fuente: Statista

Así luce el mapa en 2023 en Latinoamérica: los países en rojo indican gobiernos de izquierda, aunque algunos como Argentina han vuelto a ser azules. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para recuperar la educación como el mejor camino hacia la prosperidad. La educación no solo fomenta la creatividad y el trabajo inteligente, sino que impulsa avances tecnológicos y contribuye al progreso social sostenible, reduciendo la pobreza y promoviendo el respeto por el medio ambiente y los derechos humanos.

No conforme con esto, hoy nos encontramos con un entorno donde se han creado los aparatos más distractores y ladrones de nuestra capacidad analítica. Durante muchos años creí que ser multitasking era una virtud, pero en realidad era falta de concentración. No era realmente multitasking porque no lo hacía con un objetivo, como ahorrar tiempo, sino por la ansiedad de no estar perdiéndome algo. Mi mente se acostumbró a recibir información constante y a saltar rápidamente entre tareas, pero esto no significaba eficiencia, sino ansiedad. Hoy, lucho por mantener mi mente tranquila frente a la avalancha de tecnología que, si bien nos conecta globalmente, también genera ansiedad. Pilar Quiroga Méndez de la Universidad Pontificia de Salamanca, España, explica que:

La atención parcial continua implica una vigilancia y global que no es característica de las tareas múltiples. Con la CPA (Continuous Partial Attention) se busca una activación constante, filtrando oportunidades, observando diferentes pantallas, y yendo con rapidez de un lugar a otro. La CPA crea un sentimiento artificial de estar en crisis, de estar siempre en alerta máxima. Desde el punto de vista del procesamiento de la información pretende y consigue mantener una prioridad atencional en el foco, mientras que al mismo tiempo se explora la periferia para no perderse otras oportunidades. Este funcionamiento cognitivo puede ser la mejor estrategia de atención en momentos determinados y es seguramente adaptativa (por ejemplo: si estamos en la selva acosados por peligros indefinidos que pueden venir de cualquier lado), pero cuando se convierte en el principal modo de afrontamiento cognitivo, como sucede con el uso continuo del ordenador, tiene una enorme parte negativa.

Más allá de los impactos personales, estamos inmersos en una batalla constante donde la manipulación de la información y las promesas políticas contradictorias generan crisis económicas y sociales. En esta dinámica, es crucial mantener la racionalidad por encima de las emociones y evitar caer en extremismos ideológicos que dividen y polarizan. ¿Cuál nos da prosperidad económica? ¿Cuál soluciona los conflictos sociales? En palabras de Friedrich Hayek:

En palabras de Friedrich Hayek:

El socialismo ha sido un intento de reformar mediante la planificación el modo de producción que había surgido en el curso de siglos de evolución espontánea. Lo que hace de Marx un precursor del socialismo moderno no es su plan para una economía socialista, sino su insistencia en que el socialismo debe ser establecido por la fuerza.

Para cambiar el mapa del 2023 hacia la libertad, es esencial resistir la tentación de dejarse llevar por ideologías extremas y mantener un enfoque crítico y racional. Esto implica priorizar la educación integral, resistir las distracciones digitales y tomar decisiones informadas basadas en hechos concretos, no en promesas vacías. La libertad, en su verdadero sentido, no puede ser sacrificada en el altar de experimentos ideológicos fracasados que solo perpetúan el humo de ilusiones efímeras.

Javier Milei recibe la medalla Hayek en Hamburgo

El presidente de Argentina, Javier Milei, ha recibido este sábado en la ciudad alemana de Hamburgo la medalla Hayek, una distinción que confiere la asociación liberal del mismo nombre. 

El presidente de la Sociedad Hayek, Stefan Kooths, condecoró al mandatario en presencia de su hermana Karina, destacando que «libera los grilletes que impiden a la gente ayudarse a sí misma» y le devuelve «la confianza en sí mismos».

En este marco, alrededor de 400 personas se congregaron cerca del hotel donde se celebró el acto para protestar en contra de la entrega de la medalla al jefe de Estado argentino.

Los manifestantes criticaron la «miseria neoliberal» y portaron pancartas en las que podían leerse consignas como «Milei no es libertad, es fascismo». Sin embargo, ya queda demostrado que quienes protestan contra Milei siquiera saben por qué lo hacen, como ilustra este video de una concentración en España en su contra:

Cabe señalar que Milei visita Alemania después de su paso por la capital de España, donde recibió el viernes la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid, y que este domingo planea reunirse con el canciller alemán, Olaf Scholz, en Berlín.

Argentina: el Gobierno de Milei avanza con la motosierra en los subsidios energéticos

El Gobierno de Argentina avanza en su plan de recorte de subsidios al consumo de la electricidad y el gas para los sectores medios y altos, en el marco del severo ajuste fiscal impulsado por el presidente Javier Milei.

En un decreto publicado este martes en el Boletín Oficial, se anunció un período de transición hacia subsidios energéticos focalizados, que se extenderá desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre de este año y se podrá prolongar por otros seis meses.

Esto sucederá «en función de la evolución de la situación económica general y la dinámica del sector energético».

Cabe señalar que, según el comunicado, la nueva norma tiene por objetivo «la gradual reducción de los subsidios actualmente vigentes» en el país y, en consecuencia, lograr un impacto fiscal en las arcas del Estado, aunque «de manera progresiva».

De esa manera, la Secretaría de Energía busca modificar el sistema anterior, ideado durante la decadente gestión de Alberto Fernández.

Una de los principales cambios establecidos son: (i) eliminación del tope de aumentos a las tarifas fundamentado en la variación del salario; (ii) se impondrán nuevos límites de consumo máximo subsidiados y, en caso de superarlos, «los excedentes se pagarán a precio o tarifa plena, es decir, sin subsidio».

No obstante, el fin último es optimizar el manejo de los recursos. Según el ente estatal encabezado por Eduardo Rodríguez Chirillo, el plan busca «pasar de un régimen de subsidios generalizado en materia energética, indiscriminado, con superposiciones de subsidios […], hacia un sistema focalizado en usuarios vulnerables y más ordenado».

Opinión sobre la interferencia del estado en el desarrollo de una economía naranja

Por Diego Márquez, coordinador local de EsLibertad Venezuela.

Actualmente he realizado un estudio en el marco de la objetividad, y la opinión que daré a continuación deviene del estudio y de observar el manejo de un tipo de economía en esta parte del continente que, muy lejos de manejarse entre los parámetros de la competitividad y el libre ejercicio el estado ha focalizado y tratar de orientar aun sin contar con las preferencias  mayoritarias de las gentes, a su vez he fomentado una opinión que con sumo detalle voy a redactar y tratar de elaborar dentro del marco de la objetividad en base a la evidencia empírica.

La economía naranja es un tipo de planificación en función de una caracterización a parte de la sociedad que específicamente se enfoca en las artes, se trata de promover la visión artística en un enfoque de mercado para que además de brindar gusto a la labor sea conveniente a la hora de generar ingresos, en pocas palabras es un sistema que incentiva el trabajo artístico para así que deba ser incentivado por los individuos.

Realmente, de esa manera no sería un peligro, porque si mayoritariamente nos decantamos a ese mercado es porque así lo deseamos, y lo puedo tomar desde un punto de vista muy Randiano en el sentido del comercio de las artes, pero lo que se trata de plantear en este trabajo no es el área comercial, sino lo que en mi opinión vendría siendo que el incentivo por parte de subvenciones a particulares , con el fin de potenciar del desarrollo o la aceptación por parte de la sociedad, financiado por el estado en su planificación de políticas públicas, es ineficiente, porque la planificación en el marco de la realidad tiende hacer imprecisa y no necesariamente podría tener el éxito que se espere, o que sean políticas que realmente no devengan en resultados favorables para todos.

Todo indicaría que si el estado “eficiente” (un concepto que se pondría en duda sin cuestionarlo) podría hacer que la inversión en la naranja, o en la verde, que se en enfoca en el entorno ambiental, o azul, que se enfoca en el marítimo, o como puede ser la roja, que trate del consumo desmedido de bienes y servicios, todo deriva en que la implementación de dichos planes no hará de estos una buena ejecución debido a los incentivos que puede haber por medio.

Creo en una economía de libre mercado, en donde la que la lidera no es una institución que determina que es lo que le conviene a la sociedad quitándoles la libertad; creo en la auto regulación acompañada con el sistema de precios fundamentado en la oferta y la demanda, de dicha manera, si en nosotros como seres humanos pensantes está el promover la economía el mercado, encontrará la opción para que esta funcione en nuestro estilo cultural, porque también existe la posibilidad de que esta no sea bien recibida, y así mismo el mercado se auto regule sacándola de por medio.

Esto no quiere decir que siempre será fructífera, ya que eso depende de la demanda de las personas; si el público demanda un auge artístico y cultural, se aceptará sin ningún problema, pero, si no hay demanda, no estoy a favor de que el estado crea que sí y actúe en consecuencia, porque el proyecto podría terminar en un rotundo fracaso.

Esto lo digo porque me apoyo en el concepto de economía de mercado, una economía libre, un sistema de precios libre y donde el valor lo determina la utilidad, en caso de que un estado quiera hacer dicha inversión hay que evaluar su realidad país, en observar si está en condiciones de mantener dicho plan de economía naranja y, yéndonos al contexto de Venezuela, veo sumamente importante que se promueva una economía como la de economía de mercado para generar riquezas, esa que atiende las demandas de la sociedad, y que trae prosperidad económica a las naciones; si el sistema libre determina y pide una economía naranja esta será fructífera porque tiene una demanda a la cual atender.

El tema de la inversión desmedida y el gasto público no debe tomarse a la ligera por ejemplo: en China el gobierno promovió una distribución poblacional gastando millones en infraestructura para así redistribuir a la población y según generar más fuentes de trabajo en aquellas áreas, el resultado fue que no todos se mudaron, que no incentivo al trabajo en aquellas áreas desoladas y debido a esa inversión hay ciudades con muy poca densidad poblacional y no recupero absolutamente nada de esa política, porque desde el estado se pensó que era lo que debía hacerse, y fracasó por ello. Estoy en desacuerdo cuando se trata de incentivar la economía desde el estado porque, en palabras de Ayn Rand: “Cuando el negociante se equivoca con su dinero el pierde, pero cuando lo hace un burócrata perdemos todos”, y con esta idea culmino: estoy totalmente de acuerdo con dicha economía cultural enfocada en las artes y humanidades, solo cuando tenga una demanda a la cual dirigirse.

Una opinión sobre la educación

Por Diego Mendoza, coordinador local de EsLibertad Venezuela y editor del medio La Ventana Rota.

He decidido escribir este artículo luego de percatarme que en diferentes redes sociales y círculos de amigos ha surgido una interesante y esperanzadora discusión en torno a la situación de la educación en nuestro país, Venezuela.

Actualmente las instituciones educativas estatales, que son las predominantes en número y tamaño, se encuentran cerradas en todos sus niveles: inicial, básica, media, técnica y diversificada, y superior. Debido a la destrucción del poder adquisitivo de la moneda (Bs.) a partir de su grotesca emisión, y de la quiebra del monopolio estatal PDVSA, los presupuestos para el sostenimiento de la educación pasaron a un infra-plano. Ahora mismo, las casas de estudio yacen en su mayoría cerradas y abandonadas a su suerte, por lo que suelen ser objetivo recurrente de destrozos más que de robos, pues desde hace unos cuantos años atrás hay muy poco mobiliario llamativo para extraer. De hecho, en el estado donde habito, a uno de los edificios de la Universidad de Los Andes (ULA) le fue hace años arrancado gran parte de su cableado eléctrico interno, sin poder ser repuesto.

Para añadir complicaciones a este triste panorama, el establecimiento de la cuarentena en marzo de 2020, terminó de apresurar la muerte de la educación estatal, pues al permanecer cerradas las instituciones su deterioro ha sido mayor. El ya escaso personal que hacía vida en estas casas de estudio, se dedicó a otras actividades dentro o fuera del país.

La queja en mayor grado por lo que he podido evidenciar, proviene de los estudiantes universitarios que ya estaban a mitad de sus carreras o habían superado ese punto, los cuales piden un retorno a las actividades, e incluso algunos dicen estar dispuestos a pagar directamente con otra moneda el sueldo de sus profesores, pero llegar a una resolución del problema se ha hecho difícil, pues no depende únicamente de los profesores el regreso a clases, como ya se mencionó, la infraestructura de las instituciones está considerablemente deteriorada, y sumado a ello, no se puede pasar desapercibido que las mismas son propiedad del Estado venezolano, por lo que sus dirigentes pueden decidir entre aceptar un sistema de pago directo, o sencillamente optar por mantener el cierre total.

Una vez expuesta la situación, puedo proceder a desarrollar mi punto, pues considero que nos encontramos en el momento más propicio para cambiar de ideas respecto a la educación estatal, es decir, cuando hemos chocado con la cruda realidad.

Si algo debería a toda costa mantenerse fuera de la tutela del Estado es precisamente la educación; pues si la naturaleza del primero es la rigidez y la coerción, el segundo es su antónimo, necesitando del cambio permanente y la tolerancia.

La educación estatal logra eufóricos apoyos por el sembrado pretexto de que dejándole en libertad, solamente una minoría de la población podría acceder a las instituciones educativas, mientras que la inmensa mayoría nunca podría asistir a una. Este argumento de que en el libre mercado unos pocos se quedarán con todo, mientras que la mayoría se queda sin nada, es  por cierto una especie de plantilla que repiten muchos políticos cada vez que desean que los electores les den luz verde para intervenir algún sector del mercado.

Pero se desmonta rápidamente esta afirmación cuando evidenciamos que han existido y siguen existiendo en el país múltiples instituciones privadas en todos los niveles, cuyos precios de matrícula son bastante accesibles, situación que además tenderá a ser mucho más ventajosa para el consumidor si se generase una apertura real de mercado, pues la acción competitiva inducirá entre otras cosas a la baja de los precios.

Aun así, partiendo de dicha excusa, varios políticos han creado otra idea absurda como lo es darle a la educación el grado de “derecho positivo”, lo que conlleva a que otros tengan el deber de brindar este servicio, en este caso, el Estado a través del dinero que obtiene de los contribuyentes, o del monopolio que sostiene sobre cierta actividad. Por cualquiera de las dos vías se está cometiendo una arbitrariedad, si se acude al cobro de impuestos, se le está extrayendo dinero al individuo que bien éste hubiese preferido tener para gastar en alguna otra apetencia. Y si se acude al monopolio sobre una actividad económica, en nuestro caso venezolano la explotación del subsuelo, se está reduciendo el campo de acción del individuo.

Y nuevamente los hechos comprueban que las personas están dispuestas a pagar voluntariamente por educación en cualquier nivel, incluso por formación específica, de aquí que haya academias de futbol, beisbol, tenis, gastronomía, modelaje, idiomas, primeros auxilios, entre otras. Como lo plasma Murray Rothbard en su ensayo, Educación Libre y Obligatoria:

La ventaja de un desarrollo ilimitado de las escuelas privadas es que en el mercado libre tenderá a desarrollarse un tipo distinto de escuela para cada tipo de demanda.”

Pero siempre hay cabida para otra tesis, y ella es que para poder vivir organizados en un Estado moderno esencial es formar ciudadanos, es decir, individuos que conozcan y respeten las leyes e instituciones. Lo curioso de sugerir esto es que el sistema de Estado moderno fue concebido antes de la instauración de la educación estatal, y en ciertos países como en Inglaterra esta condición se mantuvo durante largos años. No obstante a ello, surgiría la duda de ¿quién decide qué es un buen ciudadano? Si se deja en manos de las autoridades del Estado tal elección, no sería extraño esperar que algún día llegue un mandatario que disponga que un buen ciudadano es aquél que no contradice al Estado, sino que lo defiende en todo momento, y en este sentido exige dirigir la educación estatal, y ya que se le concedió tal poder, no se podría decir que está cometiendo una falta.

También hay quienes dicen que la educación estatal es una forma de brindar las mismas herramientas a todos los individuos para que logren progresar. Pero esta premisa carece de validez ya que en tal caso, el Estado también debería proveer alimentación, vestido, vivienda, transporte, útiles escolares, tecnología, y cuantas cosas el individuo considere necesarias para progresar. En definitiva, una inmensa cantidad de productos y servicios, por lo que los individuos trabajarían día y noche para mantener a otros, todo administrado y dirigido por un Estado omnímodo, donde quien ocupe los altos cargos tendría poder para hacer cuanto desee.

Así mismo, el negocio del servicio educativo en manos del Estado, como cualquier otro, se torna inviable a mediano y largo plazo, por la sencilla razón que el Estado no ejecuta la función empresarial, es decir, su negocio no se basa en saber cubrir las necesidades del consumidor, sino que el dinero es concebido como ya se mencionó, a través de impuestos o la monopolización de algún sector del mercado. De allí que, los costes y la calidad sean dos características pasadas por alto. Lo que comúnmente hace una empresa de educación privada que percibe una reducción de beneficios es replantear el negocio o cerrarlo, pero el Estado no puede actuar de dicha manera porque si decide cerrar una casa de estudio, miembros de la comunidad –por muy pocos que sean- podrían alegar que se le está quitando el “derecho a la educación”, que los mismos políticos constituyeron, por lo que su reclamo tendría procedencia legal. Lo que quiere decir además, que es una medida sumamente impopular, por lo que las autoridades de turno corren el riesgo de no volver a ser elegidos para ocupar un cargo; por esto es que su respuesta es seguir destinando dinero a un saco sin fondo, dinero que en manos de los individuos podría ser de mayor provecho.

Posteriormente, también se ha replicado que una educación estatal sería el camino para consolidar la tan anhelada entelequia de la “igualdad social”. Temo que aquí se comete un grave error, ya que si algo se ha podido demostrar es que las personas mientras más se ilustran, menos parecidas son sus ideas; con total razón, pues al no existir por naturaleza la homogeneidad del pensamiento, el conocer sobre un tema hace que cada quien le analice desde su particular punto de vista. En cambio, dos personas que no saben de algo no tienen más opción que decir: “no sé.” Por tanto, buscar igualar a los individuos a través de la educación sólo podría derivar en un daño, ya que dicha igualación únicamente sería probable hacia la ignorancia.

En este mismo sentido Murray Rothbard en su ensayo Educación Libre y Obligatoria, escribe:

Como habilidades e intereses son naturalmente diversos, una deriva hacia hacer igual a la gente en todos o la mayoría de los aspectos es necesariamente una nivelación a la baja. Es una deriva contra el desarrollo del talento, el genio, la variedad y el poder de razonar.

Aún a sabiendas de esto, se aplica la idea, y algo todavía más asombroso es darle el carácter de obligatoriedad, es decir que no llanamente se está forzando al individuo a poner dinero para el sostenimiento de la empresa, sino que a su vez se le está obligando a recibir el servicio. Esto representa una soez violación a la libertad individual. Muchos consideran que al no hacerla obligatoria, la mayoría de las personas optarán por no educarse; gran desliz, pues nuevamente la evidencia histórica da al traste con esta opinión, demostrando que por naturaleza evolutiva el ser humano ha descubierto las inigualables ventajas del saber. Como bien lo argumenta Carl Sagan en su obra Cosmos:

La evolución nos ha hecho de modo tal que el hecho de comprender nos da placer porque quien comprende tiene posibilidades mayores de sobrevivir.”

También hay quienes dicen que los padres ya no enviarán a sus hijos a las escuelas, otra bárbara mentira, pues darles educación universitaria no es una obligación de los padres, y aun así, la mayor cantidad de ellos corren con todos o parte de los gastos de este nivel educativo, con la intención de que sus hijos se especialicen en alguna ciencia, especulando que los beneficios futuros que se podrán cosechar sobrepasará los costes asumidos en el presente.

La repercusión de hacer de la educación escolar una obligatoriedad para los niños de cierta edad, es que los padres que no puedan o deseen enviar a sus hijos a las escuelas, deberán enfrentar problemas legales como multas o incluso ir a la cárcel. Por lo que en cierta forma se le estaría dando al Estado derecho de propiedad sobre los menores y la conducta de los padres.

Unos padres podrían no estar mandando a su hijo a la escuela por circunstancias económicas o geográficas. Y si al conocer la historia le representa a alguien un disgusto, la solución es sencilla, con su propio dinero puede ofrecer pagar la matrícula del niño, o correr con los gastos de establecer una escuela en la lejana zona donde este reside. Pero lo que esa persona no tiene el derecho de hacer es obligar a otros a pagar su obra de caridad, que es exactamente lo que hace el Estado.

Otros, tomarían la decisión de no enviar a sus hijos a la escuela porque consideran que pueden ellos mismos cumplir con la función pedagógica. ¿Hay acaso algo malo con ello?

Pero aquí en Venezuela, al igual que en muchos otros países, la intervención en materia educativa va más allá, imponiendo un control sobre las materias y los contenidos temáticos que se deben impartir tanto en las instituciones estatales como en las privadas. Hay quienes pueden argumentar que de esta manera se cuidan los contenidos impartidos, y se pasa por una especie de verificación de los mismos. Pero considero que se comete nuevamente un error al quitarle a los padres la autoridad de decidir lo que se le enseña en la escuela a sus hijos, para conferírsela al Estado. Esto significa inexorablemente que las materias y su contenido a impartir dependerán de la subjetividad de los burócratas de turno.

En un sistema de libre empresa habría diferentes pensum, métodos de enseñanza, sistemas de evaluación, horarios, e incluso quedaría a libertad la exigencia o no de un uniforme. Todo ello se les presentaría a los padres, quienes tras analizar la oferta decidirán dónde inscribir a sus hijos. Y si en un momento determinado en la carrera escolar el padre decide que no le convencen los temas, los métodos de enseñanza, o cualquier otra cosa, entonces tiene la posibilidad de optar por una opción distinta.

Actualmente esto resulta imposible, no hay más opción que recibir la educación que determina el Estado, gustenos o no. Se podría cambiar al niño o joven de institución, pero seguiría viendo las mismas materias que hoy son obligatorias, y dentro de ellas se tratarán los mismos temas. Lo único que podría variar sería el método de enseñanza del docente, y esto hasta cierto punto, pues sigue maniatado por los plazos y el sistema de evaluación.

Cabe considerar que al dar al Estado el poder de dictar las materias y los contenidos, no nos podríamos luego quejar si estos no van acorde a nuestras ideas. Si quienes hoy dirigen el Ministerio de Educación piensan que se debe enseñar una cátedra llamada Socialismo de Siglo del Siglo XXI, para glorificar por medio de la misma las opiniones de Hugo Chávez Frías, está legalmente en toda la potestad de hacerlo. E inversamente, si en algún momento llegasen a ser autoridades quienes consideran que debe existir una cátedra llamada Nuevo Ideal Nacional para así promover las ideas de Marcos Pérez Jiménez, también tendrían el derecho. Por consiguiente, la educación estatal siempre tiende al adoctrinamiento en función de los intereses de las autoridades de turno, sin poderse contar con una alternativa.

Abordando desde otro flanco a las universidades estatales, se suscita la problemática del gasto despreocupado de los siempre escasos recursos en el sostenimiento de carreras con baja demanda puesto que, el mercado laboral para los formados profesionales es muy reducido o inexistente. Pero un político podría perfectamente utilizar la apertura de estas carreras para ganarse adeptos, a fin de cuentas, los costes en los que se incurren no los cancela él.

Es por ello que no era extraño para nosotros encontrar a un licenciado en Artes Visuales egresado de la Universidad de Los Andes, manejando un taxi, pues su profesión no contaba con una demanda real en el mercado. Aun así, él habría estado 5 años – puede que incluso más tiempo – recibiendo todas las ventajas que otorga esa universidad estatal: educación, comedor, transporte, beca, residencia. Sin por ello tener ninguna preocupación, pues en definitiva él no era quien pagaba la factura. Si en caso contrario, la universidad fuese privada, la apertura de las carreras obedecerá a una demanda capaz  de generar beneficios.

Esta es en parte la razón por la cual las universidades estatales manejan costes superiores a las privadas.

Una vez expuesto todo este análisis, dejo claro mi compromiso en defensa de una educación privada y no obligatoria, es decir, una educación realmente libre, donde los individuos puedan optar entre palmares de sistemas educativos y contenidos, siendo este panorama campo propicio para que surjan verdaderos debates donde diferentes ideas se comunican y llevan a reflexionar. Tengamos claro que el respeto a la libertad del individuo empieza por su educación.

¡Piénsenlo![*]


[*] Este articulo fue publicado por primera vez en «La Ventana Rota», y puede acceder al mismo presionando aquí.

El Estado voraz

Por Gabriel Chacón, coordinador local de EsLibertad Venezuela.

¿Se ha perdido la esperanza en una transición democrática en el país? ¿Cómo se ha llegado a este punto? ¿Cómo el Estado y su voracidad ha acrecentado su tamaño y se ha inmiscuido en todas las áreas de la vida del individuo?

Estas preguntas me llevaron a investigar cuales fueron algunas de las causas principales que explican la decadencia del régimen democrático, político, económico y cívico en Venezuela, y me he encontrado con que, a lo largo del tiempo, [RR1] hemos empezado a comprometer nuestra acción y abandonado nuestro derecho a participar en el desarrollo del país a[RR2]  manos de una entidad cada vez más voraz, cuyo tamaño se ha ido acrecentando [RR3] con el paso del tiempo, en [RR4] muchas casos nos creímos beneficiarios del Estado, pero nada más alejado de la realidad, somos sus víctimas[RR5] , porque todo lo que permitimos que el Estado haga por nosotros suele ser casi siempre algo que dejamos de hacer nosotros mismos, es decir, una vez que hemos cedido nuestras decisiones al Estado, su misma naturaleza lleva a que controlarlo todo coaccionándonos, haciendo que se diluya también nuestra capacidad de participar en las grandes decisiones que nos afectan día a día. Nos hemos transformado en un simple factor de producción y cada vez menos en un factor de poder.[RR6] 

La confianza en la providencia del Estado ha sido excesiva y este se ha aprovechado en exceso para consolidar su omnipotencia. Y, en consecuencia, ha llegado la hora de que reflexionemos y tomemos plena conciencia de las razones históricas y coyunturales que nos han conducido hasta esta encrucijada y, buscar entre todos, una salida que preceda a nuestra libertad, acentúe nuestra responsabilidad y afiance los valores y principios del sistema democrático que se necesita con tanta urgencia.

¿Cómo el estado ha avanzado tanto entre nosotros y por qué el individuo ha cedido terreno tan fácilmente[ME7] ? Existe una anécdota narrada por el Conde Segur[1] en sus [ME8] memorias que puede contribuir a proporcionarnos una perspectiva histórica para responder a esta interrogante, estas datan[ME9]  de finales del siglo XVIII y se una excursión a Venezuela, y se cuenta que el Conde Segur,[ME10]  con ayuda de un intérprete,[ME11]  preguntó al indio en cuya casa se hospedaba, que por qu[ME12] é cerca de su aldea no se veían otros cultivos,[ME13]  sino sólo algunas plantas de maíz, a lo que el indio respondió:[ME14]  “¿De qué serviría trabajar una cabaña de troncos de árboles y de hojas de cambur? Nos bastan como casa muéveles y una cama. El calor hace inútil toda ropa, la tierra nos ofrece abundantes frutos. Si cultivamos los campos, no sabríamos a quién vender los productos y, en este caso, el gobierno nos impondría un tributo”.[ME15] 

E[ME16] stá breve historia contiene las claves que ayudan entender nuestra situación actual, pues se [ME17] [YB18] descubre esa naturaleza que [ME19] nos ha adoptado, a la vez de un clima benigno y riquezas naturales abundantes que no exigen otros sacrificio que el de la simple extracción, ha ido estimulando en nosotros lo que se llamaría el “Complejo del Maná”, es decir, la certidumbre de que basta con extender la mano para que el pan llueva sobre ella y por esa vía y la consolidación de políticas públicas y ayudas sociales, esto ha fomentado la irresponsabilidad, la pereza y la sensación de que siempre algún milagro nos rescatará de la miseria, sin necesidad de que ofrezcamos nuestro esfuerzo a cambio.

A lo largo de nuestra historia, hemos sustituido esta naturaleza benigna por el estado providencial, ambos son la imagen del padre que nos alimenta y nos paraliza. La tradición de las encomiendas, de la recluta discriminatoria e injusta, de las abrumadoras cargas impositivas con las que los reyes de España grababan las colonias, los diezmos exigidos por la iglesia, los saqueos de las revoluciones en nombre de la libertad y la igualdad, han provocado en los venezolanos un temor reverencial por el estado depredador. Además, en los primeros ciclos de evangelización la fe católica era un estímulo, una insinuación y recordatorio permanente del respeto al designio de Dios.

Y así Venezuela fue creciéndose entre dos dilemas mientras no [YB20] hacíamos nada porque lo teníamos todo y porque si lo hacíamos estaríamos enriqueciendo con ello el estado que nos oprimía. José Ortega y Gasset ya en sus escritos daba luces de que el estado se vuelve más poderoso cuando menos se comprometen los individuos que lo componen. En un estado todopoderoso los individuos delegan en él todo aquello que no se sienten capaces de realizar por sí mismo. Por ello, Ortega[YB21]  y Gasset advirtió ya por el siglo pasado que la clave del autoritarismo y la tiranía, lo esencial de este fenómeno y el síntoma más original la inacción del individuo, es [YB22] nuestra renuncia y desesperanza de las posibilidades de ser, de expresarnos, de lograr un cambio, lo que ha llevado al eclipse voluntario del individuo al yugo del Estado. Esto surge como una consecuencia de la falta de oportunidades a las crecientes desigualdades, al enriquecimiento de los funcionarios públicos y los cercanos al poder, al nepotismo, a la crisis migratoria, a la debilidad del sistema judicial y la inexistencia la separación de poderes que ya había hablado Montesquieu hace más de 300 años. Es por esto y mucho más que cada vez más[YB23]  personas han hallado un incentivo en ser un engranaje más dentro ese vasto cuerpo estatal, de este que lo devora,[YB24] lo que sirve para acrecentar aún más la omnipotencia del estado. Fue Benito Mussolini [YB25] quien consagró esa omnipotencia al afirmar “Todo para el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”

En Venezuela,[YB26] donde se confunden con frecuencia los términos de estado y gobierno[2], la [YB27] renuncia de los individuos a participar en la conducción de los intereses nacionales ha inducido a los gobiernos a pensar que la participación es una concesión caprichosa del estado y no un derecho inalienable de los ciudadanos. En este escenario, es bueno enfatizar que ninguna democracia es perfecta, [YB28] [YB29] pero la participación de la sociedad civil en lo público es fundamental para el desarrollo y progreso de todo país. Empero, la [YB30] intervención del Estado ha obstaculizado esta participación y proyectado su fuerza creciente, prácticamente no hay ningún área de producción, regulación y fomento sobre la cual no gravite la actividad gerencial del estado.

El estado controla la importación de materias primas, las exportaciones, las investigaciones, proporciona energía, gestiona los servicios públicos en todos sus niveles, dirige el turismo, el deporte, la industria petrolera, las telecomunicaciones en esta frecuente intromisión que ya parece infinita, muestra de ello es la escandalosa cifra de que el estado cuenta actualmente con un poco más de 979 empresas estatales (y ese número no parece que vaya a disminuir[YB31] [YB32] ).

Hay abundantes pruebas de que la tendencia del estado en intervenir en todos los campos de la actividad nacional deriva en la desatención, ineficacia y decadencia de los sectores en los que incurre, cuanto más numerosa sea la responsabilidad de Estado menos eficaz será su gestión. Sumado a esto, existe el problema de que algunas de las mayores empresas nacionales se confían en manos de quienes tienen conexiones políticas más allá de su idoneidad técnica. Prueba de ello es el hecho de que actual presidente de PDVSA es Pedro Rafael Tellechea,[YB33] quien ostenta tuvo una formación militar que nada tiene relación con la dirección de una empresa como PDVSA. Además, [YB34] según un estudio realizado por Transparencia Venezuela[3][YB35]  dictamino que de los 34 ministerios que integran el Ejecutivo Nacional, 11 se encuentran bajo la responsabilidad directa de un militar, lo que representa 32,35% del total. También se evidencio que militares activos y retirados formaban parte de las directivas de 96 Empresas Propiedad del Estado (EPE), de un total de 706 compañías identificadas para ese año. A todo esto, se suman los nuevos hallazgos que indican que, para septiembre de 2021, existen registros de 905 EPE (Empresas Públicas del Estado), nacionales e internacionales, y que 103 de ellas tienen a representantes de las FANB en las juntas directivas. Por otra parte, los militares mantienen su presencia en las empresas básicas centradas en el sector minero y metalúrgico y el holding de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) ha tenido 12 presidentes, de los cuales siete han sido militares activos o retirados.

Otro problema clave que sufre la sociedad venezolana es el incremento de la burocracia que contamina todo el aparato del estado. Al examinar el gigantismo aparato público descubrimos que una de las causas principales que le origina es el compromiso previo que el gobierno asume con sus militantes para asignarles una función o puesto en la estructura del gobierno, como sucedió en el caso de PDVSA,  cuya nómina se triplico entre inicios del 2003 y finales de 2015, a la hora de contratar a un funcionario público no se considera la utilidad ni la idoneidad de este, sino más bien su adición a su partido político[YB36] . De manera[YB37] que todas las decisiones que nos afectan, desde la fijación de precios, los permisos para establecer industrias y hasta ciertas acciones absolutamente privadas como el ejercicio de la patria potestad o la administración de los bienes conyugales,[YB38] están envuelto en una especie de telaraña política,[YB39] en una atmósfera donde la política lo impregna todo y dónde la libertad está condicionada por la maquinaria del estado.

El Estado venezolano ha dilapidado gran parte de sus riquezas.[YB40] 

De acuerdo con una investigación de la ONG Transparencia Venezuela, las obras inconclusas y abandonadas durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, han costado al país (hasta 2023), más de 316 mil veinticinco millones novecientos ochenta y cinco mil setecientos cuarenta y ocho millones de dólares, es decir, un total de 10 mil 960 dólares por cada habitante que tiene Venezuela actualmente. Sí, el monto de lo robado en obras que no se hicieron o se hicieron a medias, equivale a que cada venezolano deje de recibir casi 11 mil dólares. El estado se ha desviado de sus fines fundamentales y del principio de separación de poderes, que es uno de los principios básicos del sistema democrático,[YB41] por lo que el sistema democrático establecido en nuestra Constitución va perdiendo cada vez más su eficacia práctica. Buena parte de la actividad cumplida por los funcionarios del Estado debe estar destinada a facilitar la acción de los gobernados, no a imponer límites a sus iniciativas y barreras a su imaginación, sin esos obstáculos habría más ciudadanos dispuestos a crear mayor bienestar y mayor riqueza para el país y habría también muchos venezolanos dispuestos a capacitarse y a perfeccionarse en sus oficios y profesiones en vez de resignarse a que su progreso personal dependa de favores del político de turno.

El tráfico de influencias se ha vuelto un instrumento común usado en el aparato político del estado al igual que el nepotismo y la corrupción,[YB42] cosa que ha llevado como consecuencia el enriquecimiento súbito ilícito de funcionarios y de amigos de estos,[YB43] ocasionando pérdidas cuyas magnitudes,[YB44] como vimos anteriormente,[YB45] son ridículamente altas y que desangra la economía del país. El pensador austriaco Friedrich Von Hayek establece que “Cuanto más concentrado están los medios de producción en una sola mano, mayor es el poder que esa mano ejerce sobre nosotros. El poder que un multimillonario tiene sobre mí es mucho menor que el del más pequeño funcionario con potestad para manejar la coerción del estado y a cuya discreción estaría sometida mi manera de vivir y trabajar[YB46] ”. En estas palabras se encuentra uno de los puntos críticos de la fuerza omnipotente del Estado, a saber, que [YB47] [YB48] cuando el poder de los funcionarios en quienes ha sido delegado dicho poder cuentan con imperio absoluto sobre la jurisdicción que está a su cargo, no existen los mecanismos de contrapesos, son los cobradores de peaje por derecho divino y al usar este poder perturban paralizan y destruyen algunas iniciativas privadas que podrían ejercer el bien común tanto para el colectivo como para el individuo en sí mismo, pero mucho más grave es que la mayoría de sus daños son irreversibles[4].[YB49] 

En el pasado,[YB50] con el auge de la industria petrolera,[YB51] los gobernantes vieron la oportunidad de generar soluciones rápidas a las demandas y aspiraciones populares y se descubrió un portaestandarte y un chivo expiatorio perfecto, el portaestandarte fue llamado justicia social y el chivo expiatorio[YB52] como ya sabemos fue llamado a empresa privada. Entonces existen dos caminos que se apertura ante nosotros:[YB53] de un lado está el individuo libre que acepta toda la responsabilidad, los esfuerzos de aprendizaje y de la competencia para su desarrollo integral y el de su comunidad. Por el otro lado, está un estado cuya misión [YB54] esencial es el estímulo de esa facultad y la búsqueda del mayor bienestar para el mayor número de personas del otro lado,[YB55] está el estado providencial y autoritario que, en [YB56] nombre [YB57] de la falsa justicia social, confía en los miembros de su estructura a su[YB58]  funcionario de alto o mediano Rango el derecho a controlar intervenir y reprimir las acciones de los individuos.

Esa justicia social que el estado propugna y promociona igual para todo el mundo,[YB59] que premia indiscriminadamente tanto al flojo como al inválido,[YB60]  ha concluido en una pérdida del incentivo a la inversión y a la mejora constante, una segregación de la responsabilidad individual y una política repleta de la demagogia, la injusticia y ninguna de las virtudes propias de un estado de derecho y de Justicia,[YB61] como lo propugna el artículo de nuestra constitución: El estado no proporciona las condiciones para que el hombre pueda valerse por sí mismo, siempre respetando su dignidad y su persona.

El filósofo Ortega y Gasset profundizo sobre este extraño fenómeno de la demagogia moderna a lo que llamó la socialización del hombre, este decía:[YB62] “Es una faena pavorosa porque no se contenta con exigirme que lo mío sea para los demás, sino que me obliga a que lo de los demás sea mío, por ejemplo, a que yo adopte las ideas y gustos de los demás y de todos. Así queda prohibido tu aporte toda propiedad privada incluso esa de tener convicciones para uso exclusivo de uno”.

En base a lo anteriormente expuesto, ¿Qué instrumento [YB63] puede servirse la ínfima potestad de un individuo o de un pequeño grupo de individuos para hacerse huir o valer frente a este estado omnipotente?[YB64]  Lo primero es aclarar que no hay error más grave sobre este hecho que el de la indiferencia,[YB65] ni pérdida más costosa que el de la desunión. Se suele tolerar con cierta condescendencia los errores individuales, esta actitud es responsabilidad de todos porque son nuestras flaquezas y falencias las que alimentan la omnipotencia del estado y las que preparan el terreno para cualquier que el Estado pueda mantener el orden social por la fuerza. Cuando se permitió que se violentara ese orden social democrático, aunque sea de una medida ínfima,[YB66] y no lo defendemos,[YB67] estamos abriendo paso a la acción represora del estado, que en los últimos 25 años nos ha demostrado las nefastas consecuencias que esto ha tenido para el desarrollo del país, de la nación y sobre todo del individuo.


[1] Louis-Philippe, conde de Ségur (10 de septiembre de 1753-28 de agosto de 1830) fue un militar, diplomático, historiador y poeta francés. Fue oficial en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos y miembro de la Academia Francesa.

[2] Al hablar del estado nos referimos a la organización política de la sociedad cuyos elementos esenciales para su existencia son: Territorio, población y ordenamiento jurídico. Por otro lado, al hablar de gobierno nos referimos al conjunto de órganos a los que institucionalmente les está confiado el ejercicio del poder político, que tienen como objetivo lograr el cumplimiento de los fines del Estado.

[3]Transparencia Venezuela, 17 de noviembre de 2021 https://transparenciave.org/los-militares-mantienen-su-poder-en-importantes-cargos-de-la-administracion-publica/

[4] Marciel Granier. La generación de relevo vs El estado omnipotente. Publicaciones Seleven C.A. Año 1983 página 11-12.