El comunismo, apología del delito

Por Antonio Semprun, coronel de la Guardia Nacional.

El comunismo es el acto preparatorio de una acción criminal, difunde ideas y doctrinas que incitan la comisión de delitos, y eso es justamente lo que ha ocurrido en los países donde se ha implementado.

Por ello, el comunismo como tendencia debe ser eliminado de toda tarima pública o política, porque hay quienes lo izan como solución a los escenarios económicos y sociales que enfrenta un país, y aquel que acaricia, abrace o impulse esa tendencia, después de los resultados que deja donde se ha infiltrado, debe ser juzgado por incitar a la comisión de delitos.

Así como un arma de fuego en la mano de un criminal es una grave amenaza a la vida y propiedades de un ser humano, porque de manera premeditada y alevosa intenta robarlo y quitarle la vida, es el comunismo para la sociedad; el comunismo es esa arma de fuego para la democracia, los derechos humanos, el erario nacional, la soberanía de un país y la tranquilidad de su gente.

Después de la 2da guerra mundial, y como resultado de los juicios de Nuremberg, la ideología nazi fue “condenada mundialmente”. Pero no basta una condena ante la tragedia que se le infringe a un pueblo el comunismo, porque es racia y salitre, donde se ha implantado lo único que ha dejado ha sido muerte, desolación, ruina, miseria, destierro y una vertiginosa clase de nuevos ricos.

Quien le quita la vida a un ser humano y lo despoja de sus propiedades es un asesino y un ladrón, por lo que debe ser juzgado y sancionado. Pues, eso es el comunismo, pero como no se puede juzgar y sancionar una doctrina, hay que erradicarla para evitar que falsos profetas con agendas ocultas lo utilicen para seguir destruyendo.

El comunismo es una apología del delito, lo demuestra el balance de muertes ocasionado tras su implementación muy superior a cien millones de muertos, que equivalen a cuatro veces más que los atribuidos por el mundialmente condenado nacionalsocialismo de Hitler.

Estado, gobierno, Dios y orden social

Por Roymer Rivas[*], coordinador local senior de EsLibertad Venezuela y teórico del Creativismo Filosófico

Si alguien le pregunta: “¿Qué es el Estado?”, ¿Qué respondería? (…)

Seguramente diría que es una institución necesaria para el avance de la sociedad, ya que presta sus servicios al público y vela por el bienestar de todos; después de todo, esto es lo que nos han “enseñado”; desde pequeños nos bombardean con misiles ideológicos al decir que el Estado “es necesario para mantener la paz en la sociedad”, nos lo pintan como una entidad “afable” que vela por el bienestar de todos, cuando en realidad es totalmente lo opuesto. Y esta afirmación no la hago desde el vacío, no es una opinión lo que estoy emitiendo, estoy hablando de hechos, y conocerlos es de superlativa importancia.

He conocido personas que se hacen del dicho “la ignorancia es una bendición”, y puede que tengan cierto grado de razón, dependiendo de las circunstancias en las que se aplique el pensamiento; pero cuando se trata del sistema que rige cada campo de acción de su vida, en mayor o menor grado, entonces la ignorancia de su mecanismo es una maldición, en la medida en que sufrirá, como lo sufre hoy, como lo sufrimos todos, las consecuencias de dejarse engañar y controlar por un sistema que le consume y es culpable de la mayoría —por no decir todos— de los problemas que acaecen a la sociedad en la que nos desenvolvemos. Hoy pretendo explicar por qué es un error ver el Estado tal y como se concibe hoy, y te invito a leerme con pensamiento crítico, poniendo en duda incluso este texto. Sin más que agregar, inicio.

El Estado, lo que no es

La palabra “estado” proviene del latín status, que se refiere a condición, prestigio, posición, rango, y, a su vez, éste  deriva del verbo stare, que significa “estar de pie” o “estar parado”. Con esto en mente, piense en los dos siguientes puntos: cuando alguien está “de pie” se encuentra por encima de quienes están sentados; a su vez, como el termino indica rango o prestigio, puede que todos estén parados, pero él es quien está por arriba de todos ellos. Con esto quiero mostrar que El Estado está conformado por personas que tienen una posición de poder por encima de todos los demás. Y nótese que acabo de decir que “está conformado”, porque El Estado en sí mismo no es una persona, no es un ser racional, más bien, es una entidad conformada por personas que están organizadas jerárquicamente y que tienen la condición de mandar a otros.

De esto se infiere entonces que no todo el mundo es El Estado, porque no todos tenemos el rango como para estar por encima de otros y ejercer fuerza para que hagan lo que queremos; es mentira que “todos somos el Estado” o, para decirlo de forma más romántica, es mentira que “El Estado es el Pueblo”. Esta falacia, que confunde al Estado con la sociedad, queda al descubierto cuando hacemos el mismo razonamiento que hizo Murray Rothbard: parafraseándolo, si realmente todos fuéramos El Estado o el gobierno, entonces cualquier arbitrariedad que éste le haga a alguien no podría considerarse de injusto o tiránico, sino que también es “voluntario de parte del individuo involucrado”; si le debiéramos al estado, entonces “nos lo debemos a nosotros mismos”; si alguien es condenado a prisión por expresar ideas contrarias al gobierno, entonces no hay nada grave en ello, porque, en realidad, “se lo hizo a sí mismo”; si el Estado o gobierno asesina a alguien, entonces no fue un asesinato, sino un suicidio[1]; y así se pueden seguir con los ejemplos, pero creo que esto es suficiente para ilustrar el punto.

Ahora bien, la cosa no para allí: es necesario desdeñar y desmitificar toda buena creencia referente a esta entidad…

El Estado definido

Está bien, el Estado “no somos todos”, son solo unos pocos quienes lo conforman, pero ¿Está bien eso? ¿Es correcto que unos pocos gobiernen sobre otros? La respuesta a esta pregunta dependerá de otra ¿Cómo se forma y ejerce ese gobierno? Si el gobierno se forma mediante acciones voluntarias y, al mismo tiempo, es aceptado voluntariamente, entonces es legítimo, no cabría ningún tipo de problema; porque podríamos salir de él cuando quisiéramos. Sin embargo, éste no es el caso.

Desde su génesis, el Estado es resultado de la coacción, es violencia pura, y surge cuando cierto grupo de humanos se dan cuenta que tienen la suficiente fuerza de someter a otros para amoldarlos a lo que ellos quieran y como quieran, con el fin de conseguir lo que ellos quieran. Por este motivo, tanto en el pasado como en el presente —en donde se justifica la entidad con el “interés general” y no se concibe un mundo sin él—, el Estado es resultado del interés de la casta que tiene el poder y lo ejerce para someter a los demás.

No tengo la intención de hablar detalladamente sobre la historia del Estado para ilustrar la reflexión con hechos históricos, eso escapa de los fines del presente escrito y, además, para eso contamos con obras como las de Gaston Leval[2], Franz Oppenheimer[3] y Anthony de Jasay[4] –obras que recomiendo leer acérrimamente–, aquí solo me limitaré a exponer con argumentos lo que en esencia es la institución.

En esta línea, si estudiamos toda la historia humana, con todo lo anterior presente, tenemos que el Estado puede resumirse entonces en las siguientes palabras: gobierno de coacción ilegitima de humano sobre humano. A esta coacción, en donde unos pocos modifican el comportamiento de otros a través de la violencia para alcanzar sus fines a costa de otros, Oppenheimer la llamó “medios políticos”; y contrasta con los “medios económicos” del que el ser humano se ha valido y ha desarrollado gracias a la aplicación de sus facultades mentales, que le permiten valerse de los medios a su alcance para conseguir fines propios a través del trabajo y el esfuerzo, lo que a su vez les permite valerse de sí mismo mientras ayuda a otros en el camino, aún sin darse cuenta de ello o quererlo deliberadamente.

Hoy todavía existen personas que piensa que puede salir algo bueno de esto, engañados esperan que El Estado venga a solucionar sus problemas, pero no se dan cuenta que el mismo posee una dinámica propia, totalmente apartada de la sociedad —a pesar de que los regímenes democráticos traten sin éxito de ocultar este hecho—, y que esa dinámica no es otra que utilizar todos los medios violentos a su alcance para hacer valer su palabra cuando quiera, como quiera y donde quiera, siempre en detrimento de la libertad individual de las personas. Entender cómo se constituye, mantiene y lo que es naturalmente el Estado —coacción continua, hoy violencia sistemática e institucionalizada— da paso a la plena comprensión del siguiente hecho: la mera existencia del Estado es igual a la existencia del Socialismo; y, por consiguiente, una discusión del tamaño del Estado es en realidad una discusión de cuanta dosis de Socialismo debe soportar la sociedad.

El hombre en la búsqueda o construcción del poder siempre dio origen al Estado. Esa acción siempre le llevó a ponerse por arriba de otros, sometiéndolos a su voluntad con la amenaza de emplear la fuerza contra aquellos que no ajustasen a sus directrices. Surge de esta manera, después de evolucionar durante un periodo muy dilatado de tiempo, las instituciones políticas tal y como las conocemos hoy, que son medios más sofisticados de arremeter contra los actores sociales sin que ellos se den cuenta de ello en algunas ocasiones.

El Estado en el presente

En la actualidad nos encontramos con una entidad abstracta que se divide en un conjunto de instituciones o poderes —tradicionalmente: ejecutivo, judicial y legislativo; pero también se le suman, en el caso de Venezuela, el Ciudadano y el Electoral—, que terminan subdividiéndose en conjuntos y subconjuntos de poderes más pequeños repartidos en todo el territorio de la nación —regiones, estados federales, municipios, parroquias—, y que debe velar por el bienestar social. ¡Qué contradicción tan grande!

En principio, todo esta maraña estructural esconde el fundamento del Estado, solo funge como una cortina que oculta todo un complot detrás de ella: El Estado no son instituciones, ellas no piensan por sí mismas, El Estado es un ente abstracto conformado por personas que, como ya mencioné, se organizan jerárquicamente con el objetivo de ejercer poder sobre la sociedad —claro, siempre diciendo que por el famoso “bienestar general” o “bien común”—. Ya lo dijo Frederic Bastiat: “El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo”[5], es la gran realidad en donde un grupo se aprovecha del trabajo de otro.

Ahora, si bien todo esto consigue establecerse gracias a la violencia —sin violencia, no hay Estado—, consigue ser aceptado mediante el culto y la imaginación; si le pide a alguien que le explique detalladamente qué es el Estado, no le sabrá responder concretamente, a lo sumo, esa persona apelara a cómo está constituida su nación, a las líneas de un mapa o a los símbolos patrios para dar respuesta. Pero esa persona sabrá fácilmente que, en el fondo, la institución no es más que un gobierno de coacción ilegitima de humano sobre humano que se mantiene gracias a dicha coacción.

Es por esta razón que se puede afirmar que buena parte de los males de la humanidad se deben a una única cosa: El Estado; el humano o un grupo de humanos valiéndose de su fuerza para coaccionar a otro hombre o grupo de hombres; el hombre ambicionando poder, pero no por el simple hecho de ambicionarlo, sino para usarlo para sus propios fines en detrimento de otros. Si bien puede que no sea la causa de todos los problemas, sí constituye un limitante en la resolución de los mismos.

Dios, la biblia y el Estado

Todo lo anterior tiene incluso sustento bíblico o teológico: la palabra de Dios indica que “el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo”[6], para dañar la misma existencia humana. Fuera de los desastres naturales, las grandes atrocidades que han ocurrido en toda la historia de la humanidad, y siguen ocurriendo, como guerras o hambre, tienen el mismo nexo causal o limitante para resolverlos: El Estado —tal y como lo hemos definido aquí—.

No es de extrañar que —para quienes creen en un Dios creador— el primer Estado que menciona la Biblia, dirigido por Nemrod, quien es fundador de ciudades y de sistemas políticos de gobiernos, intenta establecerse como una oposición directa a Dios y sus propósitos[7]; incluso, muchos después de que el mundo se alejara de Dios, su pueblo escogido —Israel— carecía de este tipo de gobierno coactivo, pues, era dirigido directamente por él a través de portavoces como, por ejemplo, Moisés[8].

Otro hecho es que, después de años, como estaba previsto, Jesucristo llega a la tierra y se tiene que enfrentar a Satanás, donde en una oportunidad éste lo tienta ofreciéndole “todos los reinos del mundo” si le rendía un acto de adoración[9], pero Jesús lo rechaza; lo que hace pensar lo siguiente ¿El Diablo podía ofrecer algo que no le pertenecía? Claramente no, si ese fuera el caso, entonces no hubiera constituido una tentación para Jesús, puesto que era imposible que el Diablo le diera algo que no era suyo; por tanto, para que Satanás le ofrezca “todos los reinos de la tierra”, tenían que ser suyos; por lo que llegamos a una conclusión lógica: si el Socialismo es la idea o creencia del Diablo, entonces el Estado es la personificación del mismo.

Todo el sistema político mundial yace bajo el poder del inicuo, es Satanás quien está a cargo de los Estados del mundo[10]; de tal modo que se puede decir que los políticos, esos que conforman el Estado y que viven a costa de los demás, por muy buenas intenciones que tengan, son los representantes visibles del Diablo en la tierra. En adición, es necesario destacar que Jesucristo en otra oportunidad huyó hacia las montañas cuando vio que el pueblo quería hacerlo Rey[11] y que el fin de todos los gobiernos humanos –de los Estados del mundo– es la destrucción[12]. El resumen Bíblico es claro[13], el Estado es una entidad del mal, así que no se puede esperar buenos resultados cuando se apela al mismo para satisfacer las necesidades humanas.

Resumen de lo que es el Estado

En conclusión, El Estado es un ente parasitario, invasivo y muchas veces asfixiante, un ente que tiene una dinámica propia y se vale de los medios políticos para conseguir sus fines —que son los de las personas que lo conforman—; por tanto, no importa quien se haga con el poder, porque el sistema tiene los mecanismos y el incentivo suficiente para corromper a esa persona o, en caso de no corromperla, no dejarle hacer nada que vaya en contra de la naturaleza de la misma institución. Por tal motivo, la política institucional que conocemos hoy —políticos, sistema de partidos, Democracia, o cualquier otra cosa que se le parezca— no es el medio para solucionar los grandes problemas de la humanidad[14]; es, más bien, el único causante de los mismos.

Habiendo explicado lo anterior, se puede afirmar entonces que El Estado es el gran enemigo de la humanidad —y de Dios—. Además, la misma dinámica propia del Estado hace que todo aquel que piense que puede controlarlo, modificarlo o usarlo para el bien social sin causar más males que los bienes que intenta crear, tiene altas probabilidades de pecar de iluso; es más utópico el controlar o limitar el Estado, que vivir en sociedad sin él. En última instancia, el Estado, valiéndose de la violencia sistemática e institucionalizada, modifica el comportamiento humano en contra de su voluntad y limita al hombre de una satisfacción mayor en su búsqueda de la felicidad.

Las grandes guerras del pasado y del presente, y demás problemas de las sociedades pasadas y presentes, surgen o no encuentran solución por los Estados del mundo. La monarquía, minarquía, socialdemocracia, el conservadurismo, corporativismo y las demás grandes corrientes o variantes del Socialismo, como el socialismo de mercado, autogestionario, soviético, científico, cristiano, el sindicalismo y todo lo que la mente pueda imaginar, tienen un punto en común: el ser humano dominando por coacción ilegitima a otros humanos; por tanto, todas esas concepciones son Socialismo. Puede que cambien en intensidad, matices y/o colores, pero son esencialmente lo mismo. Cualquier concepción de alguna institución que se valga de la coacción para modificar el comportamiento de otros, de los medios políticos y no de los económicos, en pos de conseguir fines propios, es una aberración que atenta contra la propiedad y la libertad y, por tanto, es Socialismo. Sin más, termino esta sección repitiendo las siguientes palabras: la mera existencia del Estado es Socialismo; y, por consiguiente, una discusión del tamaño del Estado, cuán grande o pequeño debe ser, es en realidad una discusión de cuanta dosis de Socialismo debe soportar la sociedad.

Algunas aclaraciones finales

            Quiero terminar acotando que he sido especifico al momento de definir lo que es el Estado, he dicho “gobierno de coacción ilegitima de humano sobre humano”, por lo que se puede inferir que pueden haber gobiernos de coacción legitima de humano sobre humano para poder mantener el orden social —que es lo que en particular defiendo, de hecho—. Muchas personas tienden a confundir el concepto de “Estado” con el concepto de “Gobierno”, y esto es un grave error; en principio, la existencia del Estado es solo un modo de gobierno, no el único. Algunos libertarios bisoños tienden a caer equivocadamente en (i) la aversión a todo tipo de gobierno y a (ii) todo tipo de coacción, sin darse cuenta con esa postura solo alimenta —y con razón— la creencia de que todo sería un caos si no existiera el Estado.

            La discusión sensata no es si debe haber gobierno o no, sino en cuál es el mejor modo de gobierno —fuera del régimen estatal, que claramente no lo es— para que la sociedad se organice en paz y armonía. Empero, tocaré el tema de las diferencias entre los conceptos de Estado y Gobierno en otro ensayo, donde me adentraré además en ese tipo de orden social sin Estado, pero con gobierno.


[1] Murray, Rothbard. 1974. El Igualitarismo como Rebelión Contra la Naturaleza y Otros Ensayos. Auburn, Alabama. Segunda edición publicada en el 2000 por el Ludwig von Mises Institute. Cap. 3: Anatomía del Estado, pág. 49.

[2] Leval, Gaston. 1978. El Estado en la Historia. Publicado por Editorial Zero.

[3] Oppenheimer, Franz. 2014. El Estado, su historia y evolución desde un punto de vista sociológico. Traducido por Juan Manuel Baquero Vázquez y publicado por Unión Editorial. (La versión original fue publicada en Alemania en el año 1908 bajo el título: Der Staat).

[4] De Jasay, Anthony. 1985. The State. Publicado por Indianápolis, IN: Liberty Fund, Inc. Existe una versión en español traducida por Rafael Caparrós Valderrama y publicada en 1993 por Alianza Editorial bajo el título: El Estado: la lógica del poder político.

[5] Bastiat, Frédéric. (1848). El Estado. Publicado en el Diario de Debates. La versión consultada es la que se encuentra en “Frédéric Bastiat: Obras Escogidas” (2009), segunda edición publicada por Unión Editorial.

[6] Eclesiastés 8:9.

[7] Génesis 10:8-12; 11:1-5. Según la costumbre de la antigua Babilonia y Asiria, el término “cazar”, no solo se aplicaba a animales salvajes, sino también a campañas militares emprendidas contra personas como presa; por lo que hay derramamiento de sangre humana de por medio —violencia—. Esta acción se realizaba por puro placer.

[8] Todo esto lo podemos observar cuando estudiamos la Biblia desde Adán y Eva hasta la época de vejez del profeta Samuel —libros desde Génesis hasta 1 Samuel cap. 8—. Es necesario destacar que la época de Reyes que inicia en Israel después de su solicitud —que había causado enfado en Dios y les dijo que sufrirían las consecuencias de tener un gobierno humano (1 Samuel 8:9-22; 10:17-25)—, dado que habían rechazado su autoridad. Dios sabía que era imposible que surgiera algo bueno para la humanidad de este tipo de gobierno de humanos sobre humano, sin embargo, al principio inicia bajo la tutela de Dios; es decir, los reyes no menoscababan la soberanía de Dios, sino que éste permitía que se sentaran en su trono (1Cronicas 29:23) y los reyes se tenían que apegar a los estatutos que Dios establecía: y cuando no lo hacían, todo el pueblo sufría las consecuencias (Deuteronomio 17:16-20; 1 Samuel 12:13-15, 20-25) —algo que, en mayor o menor grado, iban a sufrir sí o sí, no podía ser de otra manera; toda la historia bíblica de los Reyes lo ilustra; pero mientras más alejado de los estatutos de Dios y, por tanto, más cerca de los estatutos humanos estuvieran, peor—.

[9] Mateo 4:8-10

[10] 1 Corintios 4:4 dice claramente que el Diablo es “el dios de este sistema de cosas” o “de este mundo”. Un sistema que surge desde el principio como rebelión del ser humano en contra de Dios.

[11] Esto lo podemos ver en Juan 6:15. Ahora, piense en lo siguiente: si el hombre más grande de todos los tiempos, un ser perfecto, el hijo de Dios, rechaza ser Rey –aunque fuera una proclamación popular–, entonces es porque sabe que no podrá hacer un bien plenamente bajo este sistema de gobierno, porque no importa quién sea el que gobierne, es el sistema el que no funciona. Él se opuso a que lo introdujeran en la escena política porque sabía claramente que su gobierno “no era parte de este mundo” (Juan 18:36).

[12] Revelación o Apocalipsis 16:13-16; 17:9-14.

[13] Para quienes no creen en lo que dice la Biblia, el escenario no cambia; aplica tanto si el ser humano evoluciono durante miles de años como si fue creado por un Dios inteligente. Las obras citadas que hablan sobre la evolución y mecanismos del Estado no toman en cuenta a Dios para nada.

[14] Estimo que por lo menos no el medio primario. Con esto quiero decir que puede que sea necesario en un momento apelar a estos medios —puesto que es la realidad en la que estamos sumergidos en el presente— para convalidar las demandas de una sociedad que pide “Libertad”. Pero este escenario requiere un análisis profundo que escapa del fin de este texto.

[*] Redes sociales del autor; instagram: @roymer_rivas / Twitter: @RoymerRivas

Dos eventos, ningún beneficio

Por Lerroy Garret

¿Cual es la razón de la repatriación? Recientemente el máximo vocero del departamento de seguridad interna de los Estados Unidos ha dicho algo así como que Venezuela no es un estado fallido y como tal no se justifica la admisión en territorio norteamericano de esa masiva inmigración de caminantes venezolanos.

Los Estados Unidos, o mejor dicho, las esferas de poder en Washington, conocen el alcance del terror en Venezuela, el declarar al régimen como hábil tanto en el estado de derecho como el reconocimiento de su fortaleza “económica” los Estados Unidos ganan dos importantes puntos estratégicos: primero, estigmatizar la inmigración como económica y no política, deja a la diáspora venezolana fuera de toda protección norteamericana o supranacional, sólo los refugiados por razones de persecución política o tortura son considerados. Y también, la diplomacia Americana busca normalizar las relaciones con su otrora más seguro suplidor de crudo.

El tema del levantamiento de las sanciones (principal bandera de la oposición colaboracionista) al cártel chavista ocupante del poder en Venezuela, ha anunciado que si la dictadura hace elecciones libres y se liberan los presos políticos se facilitaría el levantamiento de las sanciones al petróleo venezolano.

Esto no tiene otro origen que dejar de limitar las aspiraciones de Chevron y permitirle finalmente tomar el control de toda la cadena de valor dentro de la actividad petrolera en el país, la guerra en Ucrania empezó motorizar ese interés, pero ahora la jihad entre Hammas e Israel que podría generar un polvorín en el Medio Oriente, amenazando así el suministro principal de crudo en el mundo, abre manifiesta la oportunidad a Chevron, por razones de seguridad nacional norteamericana, que asuma el control de la producción petrolera venezolana.

Uno de los garrafales errores cometido por los líderes de los paros en el 2000 – 2003, fue creer ingenuamente que la diplomacia, y, en general, las relaciones internacionales estaban presurosas a salvar nuestra república en nombre de la declaración de los derechos de hombre y ciudadano, la carta de la ONU y demás retórica publicada y conocida. Nada más lejos de la cruda realidad, ya la diplomacia ha develado su tradicional rostro en un mundo preñado de intereses, atrás quedaron las formas y lenguaje encicopledista. En la era digital los intereses se manifiestan tal cual son.

¿Liberará la dictadura, en base al levantamiento de las sanciones, a los presos políticos? Posible sólamente algunos cercanos los días de navidad.

Occidente tiene que legitimar la banda chavista a juro, pues que son los indisputables poseedores del poder y el petróleo que se necesita. Siempre el petróleo ¿Habrán elecciones libres? ¡No!

En la mira: el fraude de las encuestas en Venezuela

Ricardo Guanipa d’Erizans

El venenoso alacrán chavista Oscar Schemel, quien fue diputado de la ilegal Asamblea Constituyente inventada por el narcotraficante fugitivo Diosdado Cabello, conspira para crear el ambiente propicio para que Elvis Amoroso y la banda de delincuentes del CNE nuevamente realicen un fraude electoral en las elecciones presidenciales del 2024.

El desvergonzado de Schemel utiliza su firma fraudulenta de encuestas Hinterlaces para difundir información falsa a favor de Nicolás Maduro, otro narcotraficante fugitivo que ofrecen 15 millones de dólares para quienes lo detengan a ayuden a su detención para extraditarlo a EE. UU.

Oscar Schemel sin ningún tipo de moral y escrúpulos asegura que Maduro goza con un apoyo popular en Venezuela de 51%, y eso es totalmente falso, la mejor encuesta en Venezuela es gritar en una concentración de miles o cientos de miles de venezolanos el apellido «Maduro» y obtener como respuesta un grito unánime «Coño e’ tu madre». Esta es la encuesta real a pesar que el estafador Schemel falsifique sondeos para favorecer a Maduro, pero el sol no se puede tapar con un dedo.

¿En qué cabeza cabe que un delincuente como Maduro, que ahora luce un anillo con una gigantesca  esmeralda verde, tan verde como los billetes de cien dólares que se ha robado, pueda tener un 51% de apoyo en un país donde los apagones están a la orden del día, no hay alimentos ni medicamentos, falta de gasolina, militares y policías extorsionan a diario a los ciudadanos, el sistema educativo es un caos mientras la seguridad del país esta manos de bandas de crimen organizado como el grupo narcoterrorista Tren de Aragua y todo por la incapacidad de Maduro y sus hampones del PSUV?

Hinterlace y su estafador propietario chavista tienen que ser sancionados por la comunidad internacional ante esta peligrosa conspiración de evitar que se restituya el sistema democrático en Venezuela a través de elecciones transparantes.

Schemel no le interesa si en Venezuela hay dictadura o democracia, él está bien como esta, tiene inmunidad para delinquir y suficiente dinero para vivir con los mayores privilegios dentro de Venezuela, desde costosas bebidas alcohólicas y propiedades de lujo hasta bacanales revolucionarios organizado por sus camaradas chavistas.

Lo que veo es que el Luis Vicente León si olió el peligroso riesgo que representa falsificar encuestas y le dejó ese muerto al tránsfuga de Schemel, que en otrora fue un infiltrado del chavismo dentro de la oposición, por eso ahora Hinterlace hace el trabajo sucio que se negó a seguir haciendo Datanálisis, por ahora; me imagino que Luis Vicente está esperando que lo vuelvan a comprar.

Pero hay que ver con lupa lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir en los próximos días, Henry Ramos Allup y Diosdado Cabello, Acción Democrática y el PSUV, que son el chavismo, están trabajando juntos para dinamitar las primarias; los adecos le entregaron a Diosdado parte de la data de electores y ahora quieren culpar a Jesús María Casal, pero este último es hombre de confianza de Elvis Amoroso y por ende de Maduro.

No obstante, los adecos y el PSUV han sacado a su delfín, se trata del socialista de Carlos Prosperi Manuitt —familia chavista Manuitt de los llanos— quien trabajando en sintonía con Diosdado Cabello ha dicho que no sabe dónde está ubicado su centro electoral para ejercer su derecho al voto, imagínense ustedes si ese retardado mental no es capaz de encontrar un centro de votación como va a encontrar la salida a crisis del país.

En fin, la mafia adeca y chavista que siempre han estado trabajando juntos desde que el malandro de Ramos Allup tomó el control de ese histórico partido en el pasado integrado por gente decente, ahora trabajan sin descanso para fabricar la candidatura del descerebrado de Prosperi quien es el candidato de Diosdado para las primarias opositoras.

Se los dije la semana pasada, la mafia adeca sigue dinamitando las primarias para evitar un triunfo de María Corina Machado, ahora Ramos Allup ha pedido a la antigua DISIP —hoy Sebin— que presione a su camarada Jesús María Casal bajo acusaciones de financiamiento extranjero para la convocatoria del día 22 de octubre y evitar que la eficiente Sumate sea quien lleve a cabo las primarias.   

Lo que olvidan los mafiosos adecos y sus camaradas del PSUV es que existe la experiencia y la eficiencia del pasado para llevar a cabo cualquier consulta electoral sin el apoyo de los roba votos del CNE y me refiero al plebiscito donde más de 7.186.170 venezolanos participaron en la consulta popular “El Pueblo Decide” convocada por la Asamblea Nacional y la sociedad civil el 16 de julio de 2017. Diosdado agarra jabón pa’ que laves y tu Henry Ramos recuerda que plátano verde mancha.   

Por cierto, Sumate debería de abrir una cuenta y así los venezolanos podemos contribuir para cubrir los gastos de las primarias y evitar que el narcotraficante de Diosdado Cabellos y sus capos infecten con dinero sucio las primarias del 22 de octubre.  

Redes del autor: Twitter @ricardoguanipa / Instagram: @guanipar / Email: [email protected]

¿Es Venezuela un país seguro?

Por Antonio Semprun, coronel de la Guardia Nacional en el exilio.

La afirmación en boca de un alto funcionario de los Estados Unidos, de que Venezuela es un país seguro, seria real si esa sensación de seguridad se le brindara y la percibieran los venezolanos, si la democracia como sistema de gobierno no estuviera pisoteada y si se respetaran los derechos humanos.

La organización criminal que tiene secuestrado el poder en Venezuela la hace un país seguro en este momento para la delincuencia, para el narcotráfico, para la guerrilla colombiana, y ante esa realidad es obligado hacerse una pregunta: ¿Por qué un país que debe ser garante de seguridad en todos los ámbitos ve a Venezuela como un país seguro?

Afirmar que Venezuela es un país seguro sigue poniendo en riesgo el derecho a la vida y el respeto a los derechos humanos, Venezuela está gobernada por un personaje sobre quien el Departamento de Estado ofreció una recompensa de quince millones de dólares por “narcotrafico” y puso en búsqueda a otros miembros de su cúpula.

Si Venezuela fuera un país seguro, Estados Unidos no estaría recibiendo un porcentaje importante de venezolanos que han emigrado de su país en busca de una mejor calidad de vida y de Seguridad Social.

Un país seguro no motiva el éxodo inédito venezolano en el continente suramericano, la manera como muchos de esos venezolanos han intentado ingresar a Estados Unidos no es la correcta, sobre todo porque existen dos motivaciones: (i) la que obliga la búsqueda de un mejor futuro —y para eso se debe acatar estrictamente las leyes que rigen el país elegido—; (ii) y la promovida por una agenda oculta financiada por intereses oscuros que transgrede e irrespeta el ordenamiento jurídico del país seleccionando.

Los Semerucos: el doble emblema

Por Leroy Garrett.

Han pasado veinte años de estos sucesos; para los jóvenes de hoy otro episodio del cada día más remoto recurso de la protesta pública. Ya nadie quiere participar donde te matan e igual no pasa nada.

Los Semerucos fue tal vez el gran emblema de la apertura petrolera venezolana de los años 90, una urbanización hecha por Maraven, entonces filial de PDVSA para personal expatriado, en residencia temporal en la comunidad Cardon, península de Paraguana. Este era un talento que venía con las contratistas internacionales a cambiar el patrón de refinación de la refinería Cardon, en cumplimiento de los nuevos estándares internacionales contenidos en la ley aire limpio de la era Clinton.

Los Semerucos recibió la inmigración temporal norteamericana más numerosa hasta hoy en la história de Venezuela, 150 familias de la mencionada procedencia hicieron vida en Paraguaná por casi 4 años. Quien esto escribe fue testigo y actor de esos tiempos del recordado Proyecto PARC.

Finalizado el proyecto, se permitió a la nómina local de Maraven DR —División de Refinanciación— ocupar las casas con un módico pago tomado de nómina y no era de dudar que eventualmente la compañía las vendería a sus empleados, siendo Cardon pionero en no mantener régimen de campamento desde antes de la nacionalización.

Empero, tras la llegada de Chávez cambia todo. Una de las grandes omisiones de la narrativa política actual ha sido la crisis de PDVSA y su trágico resultado. Todos tenemos una idea pero, en grosso modo, la crisis fue creada por el gobierno, estimulada por enfrentamientos a varios niveles de la industria —destacando notorios impasses entre funcionarios del ministerio de energía y minas y la gerencia media de las áreas de producción—, la introducción de militares activos a una institución plenamente civil y enclaustrada, y la designación de directivos en personas de tradición hostil, al mayor y mas exitoso modelo corporativo ligado al estado venezolano entonces.

Lo cierto es que no solo el chavismo genera la crisis sino que la gana. Recordaremos que los militares que sacan a Chávez en la masacre de Abril lo devuelven y, cuando se creyó que la gerencia meritocrática de PDVSA iba a asumir una función de gobierno con Carmona, se desencadena un via crucis trágico que deviene en el fracaso de la huelga petrolera y nacional de diciembre del 2002 y los despidos masivos de la industria del 2003.

¿Qué pasó? Lo mismo que ha venido ocurriendo, los empleados de la corporación, ahora héroes televisivos junto a los alacranes —que en ese entonces no se conocían así—, creyeron que a Chávez se tumbaba por televisión y pagaron ellos —los famosos “Gerentes”— y hasta el más modesto empleado de la empresa por tamaña ingenuidad política.

Los Semerucos, ese rincón de noble antecedente dentro de la geografía petrolera, fue la apoteosis de lo que en el presente ya es cotidiano, represión, violencia, maltrato físico, muerte.

Era importante como simbolismo para La Habana y la línea chavista talibana. Las agresiones a los Semerucos se destinaban a liquidar el último eslabón de la clase media y profesional en Venezuela.

Desde la caída y expulsión violenta de los empleados petroleros de la urbanización Los Semerucos, el chavismo se apoderó de Venezuela hasta el día de hoy.

En La Mira: la cúpula opositora de Venezuela debe ser sancionada internacionalmente

Por Ricardo Guanipa d’Erizans.

Los lideres políticos opositores de Venezuela que integran el G4 han perdido el mínimo valor de Dignidad, vergüenza y escrúpulos, se ve que son unos mediocres serviles del narcotraficante fugitivo Diosdado Cabello, de quien la DEA ofrece 10 millones de dólares por su captura. Cabello, aunque es un vulgar delincuente, ha tenido a todos los lideres opositores lamiendo sus botas de militar golpista, desde Julio Borges hasta Leopoldo López.

Es el colmo que la oposición proponga que el CNE chavista haga las primarias, en qué cabeza a buen juicio cabe reverendo disparate, mientras los venezolanos en el exterior luchamos para que se realicen elecciones justas y transparentes con rectores probos al frente del CNE, esos alacranes del G4 quieran legitimar a los pillos del CNE con la realización de primarias en manos de sus verdugos que simplemente los han sobornados con millones de dólares provenientes del cartel de los soles, el narcotráfico.

Por esa razón, hay que detener a los judas opositores que quieren dinamitar una salida electoral sumándose al fraude de Maduro y sus lacayos del CNE, por eso que hay tomar con seriedad y responsabilidad el asunto para elaborar una lista de los corruptos opositores financiados por el régimen para que sean sancionados ellos y sus familiares al ingreso a los Estados Unidos e igualmente gestionar lo propio en el parlamento Europeo para que las cuentas de esos delincuentes en Suiza, España, Italia o Francia sean congeladas hasta que demuestren sus orígenes.

No existe ningún político del G4 con cuentas en el exterior que pueda demostrar el origen licito de ese dinero basado en sus declaraciones de impuestos en Venezuela, si nos basamos en la declaración de impuestos de, por ejemplo, un vago como Ramos Allup, que no tiene ingresos por empleo o empresario, mientras que Manuel Rosales con ese sueldo de Gobernador no gana ni mil dólares mensuales, es lo mismo con José María Casal, el verdugo que quiere matar las primarias a favor de Maduro, pero esas sanciones deben ser extendidas a Julio Borges, Juan Guaido, Leopoldo López, Henrique Capriles y esa cuerda hampones que han servido de cómplices para que Elvis Amoroso, familia Chávez, familia Flores y Maduro se roben hasta el último centavo de la nación.

No incluyo a María Corina Machado en ese saco de gatos porque ella es millonaria de nacimiento y no necesitó robar el patrimonio público para tener lo que tiene a diferencia de los buhoneros políticos antes mencionados. 

Yo sé que nunca falta un bocaza para asegurar que Machado es financiada por empresarios o que lo soy yo por banqueros, esos ignorantes no saben que en Estados Unidos las declaración de impuesto tiene muchísimo peso y ocultar fondos al IRS —tengan la seguridad— que es ganarse un boleto directo y sin escala a una prisión Federal. Por eso me anticipo a esos acusadores de chismorreo que pueden tener acceso a mis declaraciones de impuestos donde lo único reflejado son mis ingresos producto de mi trabajo, claro ese tipo de personas están acostumbradas a evadir impuestos en Venezuela.

Finalmente, llegó la hora de depurar la oposición y poner en las filas del chavismo a los opositores serviles al régimen que son tan responsables de la tragedia que vive el país como sus ejecutores del PSUV.

Pero hay otro opositor trabajando en este espejismo democrático en Venezuela, me refiero al presidente de Fedecámaras Adán Celis Michelena , un ex-banquero (Banco Provincial) que, al igual que su padre fallecido, Adán Celis González, fue directivo del banco Central, pero a Celis Michelena le gusta mucho Estados Unidos, no por su gente o sistema democrático, a Celis le gustan los dólares norteamericanos, por eso estafa vendiendo una Venezuela competitiva a nivel empresarial para que incautos inviertan en el país creando empresas inicialmente lucrativas bajo el riesgo de ser expropiadas por Maduro por falta de garantías jurídicas y constitucionales, dejando literalmente en la calle a quienes pudieran creer en la palabra de ese fariseo.

Pero como yo no doy puntadas sin dedal, aquí —en la imagen de cabecera— les dejo la foto de Celis con la Vicepresidenta del régimen Delcy Rodríguez, quien le proporciona los elementos necesarios para que siga con su operación de espejismo para convencer a soquetes que regresen al país y ser parte de la piñata de expropiación chavista.

Por eso Adán Celis debe ser incluido en esa lista para que también sea sancionado por la comunidad internacional para detener que futuras victiman engrosen la lista de los depredadores chavistas.

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La guillotina del pensamiento indiscutible

Por Anthony Parra, coordinador local de EsLibertad Venezuela.

No hay duda de que el capricho de perfección por seres imperfectos ha sido uno de los mayores problemas de la humanidad y uno de sus mayores asesinos. Uno de sus hijos, el utópico Socialismo, cobró la vida de más de cien millones de personas en el siglo pasado.

¿Con qué defienden sus argumentos para soñar en sociedades perfectas que hacen masacres? Pues, varían sus tonos de piel, pero su rostro es el mismo: el constructivismo. «Si las instituciones humanas son producto de él, nosotros podemos moldearlas como queramos» piensan los constructivistas; keynesianismo, psicologismo, conductismo, marxismo a través de la consciencia de clase, gobiernos autoritarios y colectivistas de derecha, teocracias absolutas, todas padecen este síntoma que surge de la enfermedad constructivista.

El constructivismo detesta al ser humano por sus incapacidades, por eso quiere cambiarlo. En el caso que compete a este artículo, si se elimina cualquier pensamiento subversivo o distinto se habrá eliminado cualquier amenaza contra el sistema.

Así, el argumento del pensamiento único y hegemónico es su forma de abusar de lo posible para pedir lo imposible. ¿Quiénes lo protegen? Sus más fieles seguidores, que son, como veremos, manipulados sin darse cuenta para asesinar la teoría que protegen, ¿quién los manipula? Su nombre es el orden espontáneo y es el objeto de este artículo.

Ahora bien, ¿Cómo se puede querer proteger una idea y llevarla a su destrucción? La novela de Ayn Rand, Himno, servirá para ilustrarlo. El protagonista de la historia, Igualdad 7-2521, fue un defensor de su teoría en un mundo de consciencia de clases. Empezaremos con el cuento del personaje con ciertas modificaciones —aunque no por eso pierde el mensaje original—.

El cuento de Igualdad 7-2521

¿Cómo es Igualdad 7-2521? Igualdad en la distópica novela de Rand vive en la consciencia de clase, todo lo que no fuese el pensamiento de la autoridad fue destruido. El colectivo está tan presente que no existe el «Yo».

Igualdad, en el caso de este artículo será como los utopistas creen que es el humano en esta sociedad: incapaz de cuestionar o de pensar en otra cosa que lo impuesto. Esos serán los ingredientes para asesinar la teoría. Formado para no relacionarse con el interés personal u otras ideas que no sean las impuestas, Igualdad estudia marxismo para defender sus teorías como los demás en la “mancomunidad marxista”.

Un día, en la sociedad comunitaria con su amigo Internacional 4-8818 es seleccionado para racionar la comida de sus hermanos. ¿Qué sucede al racionarla? Ven que hay errores, el sistema no es perfecto porque no hay seres humanos perfectos e intentan solucionarlo, se preguntan, ¿por qué sucede todo esto?

En defensa de lo que piensa nuestro protagonista, como su teoría no puede estar mal, crea una forma de justificarlo; un planteamiento que no tiene evidencia, pero que asume como cierta porque se basa en sus ideas que son verdaderas. ¿Por qué lo hace? Para proteger sus ideas de ese imprevisto, esa protección en ciencia se conoce como hipótesis ad-hoc.

La intención de Igualdad 7-2521 en la hipótesis ad hoc no es otra que demostrar que no hay errores en su tesis, pero el gen asesino ya entró en su cuerpo y se heredará para aquel que levante el puñal. ¿Cómo?, ¿por qué?, ¿dónde está? Pocos lo ven…

No diré el final de la historia por ser igual al de la novela corta. En este artículo diremos cómo ha sucedido esto en la historia real; la experiencia de Copérnico y del judeo-cristianismo serán el vínculo; sociedades en que el pensamiento predominante que ellos veían era la norma y la forma de guiar sus juicios.

¿Qué sucedió en la historia? El caso de Igualdad en Copérnico y el judeocristianismo

En un siglo xvi, un hombre llamado Copérnico sumergido en las ideas de su tiempo (ptolemaicas) busca defender sus ideas de astronomía.

Copérnico, como Igualdad 7-2521, buscó fortificar sus ideas e hizo una hipótesis ad-hoc que justifique ese imprevisto, tanto Copérnico e igualdad saben que sus pensamientos no pueden estar mal, por esa razón los defienden.

La hipótesis de Copérnico y su estudio da origen a algo que no planeaba, ha creado su propia crisis; la hipótesis que hizo para defender su postura se distancia de la tesis original. Empieza levemente la Revolución Copernicana.

Antes de saber porqué sucede veamos primero el caos del judeocristianismo por el autor Stanley Jaki.

Cuando en el judeo-cristianismo se encontró con problemas que su teoría del conocimiento revelador no respondía, intentaron salvar la teoría buscaron una hipótesis plausible para su pensamiento: crearon entonces una distinción entre conocimiento revelador y conocimiento por descubrir.

Igualdad, los judeo-cristianos y Copérnico buscaron proteger su teoría de hechos que pudieran criticarla, y entonces, ¿por qué asesinaron su teoría? Porque en el fondo los científicos no saben las consecuencias no intencionadas de su teoría, no saben del todo lo que hacen.

¿Cómo puede ser que los científicos y/o pensadores no sepan del todo lo que están haciendo?

Volvamos al caso de los judeo-cristianos, separados en dos conocimientos, el revelado por Dios y el obtenido por nosotros, ¿no se expanden los problemas?, ¿no podríamos pensar cuáles son los conocimientos por descubrir?

Preguntas como: ¿Con qué herramientas podemos conocer?, ¿Hay autonomía en el conocimiento o estamos sometidos a lo que Dios dicte? Son preguntas que pondrán la teoría original en crisis porque las respuestas defendidas desde la teoría original no se tienen, se tienen que buscar respuestas fuera de ella. Poco a poco se alejan sin darse cuenta de lo que pensaban. Al buscar salvar sus ideas terminan abiertas a su propia muerte porque ninguna teoría es perfecta.

¿Alguien tuvo que planearlo? No, ¿Se necesitó magia? No, ¿Fue objetivo de ellos destruir las ideas que defendían? Esta última es retórica y es también no.

¿Por qué sucede todo esto?

Karl Popper corrigió de Imre Lakatos un malentendido que da respuesta a los malentendidos de los enemigos de la conciencia humana y de sus limitaciones; toda teoría es en sí misma criticable, la crítica no ha surgido en la historia de la ciencia porque los científicos quieran que los critiquen. ¿Qué quiere decir?

Las personas no quieren ser refutadas —o falsados, en palabras de Popper—, y las ideas de otro permiten refutar las propias, asumir lo contrario es decir que todos tenemos el mismo cerebro. Conviene recordar la frase de Karl Marx, que aunque no era científico reconoce sus diferencias y la individualidad de su pensamiento muy bien,  “si algo es cierto, es que no soy marxista”.

La creatividad humana no está al control de nadie, y sus consecuencias son infinitas. Igualdad buscaba no usar su creatividad, pero su naturaleza humana lo condena: “No sabemos por qué nuestra maldición nos hace buscar no sabemos qué, siempre, siempre. Pero no podemos resistirnos. Murmuran a nuestro oído que existen cosas grandiosas en este mundo y que podríamos conocerlas sólo con intentarlo y que debemos conocerlas”.

El lavado de cerebros y el fanatismo no escapa del progreso porque escapar de él es afirmar que no hay nada que mejorar cuando lo hay, es rechazar vivir mejor cuando se quiere vivir mejor, una contradicción.

Nada pueden hacer los constructivistas que desean evitar la muerte de sus ideas cuando las personas desean prosperar, vivir. Ya es tarde, el orden espontáneo de la ciencia quemará todo a su paso. Es hora de cambiar las ideas que fracasan, los científicos y las personas lo saben.

Gobierno en el exilio y relaciones internacionales

Por Leroy Garrett.

Para el Gobierno en el Exilio y el aseguramiento de su supervivencia, las relaciones internacionales son indispensables.

Pero esto no es una tarea fácil cuando la mal llamada oposición asumió, como parte de sus consecutivas acciones, la defensa del régimen en el exterior. No es un señalamiento sin importancia, la confusión generada con el “interinato” fue el ardid ex-profeso para liquidar cualquier acción exterior profiláctica y en pro de la democracia venezolana.

Para el interinato y sus defensores, la chucuta presidencia de Guaidó les dio Citgo y Monomeros, poder de dinero, su presencia internacional se consolidó como lobby consagrado en pedir que se levantaran las sanciones a los malandros chavistas, sus secuaces.

Eso dejó profunda confusión en cuanto a cómo el ámbito internacional ve la crisis venezolana, que hot parece más un problema entre sujetos de la misma calaña —que en el fondo son y desean lo mismo—.

Desmontar esa imagen como la que vendió Guaidó, López, Borges, Zapatero y otros alacranes conocidos requiere de esfuerzo, un alto grado de astucia y una voluntad blindada e incuestionablemente inquebrantable.

Una carga de intelectualidad aguda es exigida del gabinete en el exilio, para conquistar voluntades foráneas claves dentro de una estrategia comunicacional que sea una verdadera artillería del pensamiento.

El gobierno en el exilio debera consagrarse a una tarea comunicacional sin descanso, borrando no solo los malos recuerdos de las embajadas Guaidósas sino hablando a las universidades y centros de pensamiento político, y, muy importante, reclutando personeros de los partido políticos, capitanes de industria, banqueros e influyentes en general.

El objetivo, va mucho más allá de puro y simple reconocimiento internacional, será empujar la actitud de la comunidad de naciones más allá del “te reconozco” a un escenario de colaboración real y cuantificable, dispuesto a contribuir materialmente con la liberación del país.

¿Por qué el Derecho se basa en la previsión y no en la coacción?

Por Ilxon R. Rojas, coordinador local de EsLibertad Venezuela y teórico del Creativismo Filosófico.

Introducción

Hoy es común oír hablar a las personas de sus derechos; derechos sociales, derechos humanos, derechos ambientales, etcétera. Casi cualquier persona que piensa en el ejercicio de sus derechos muy probablemente asume que se trata de algo que le es permitido hacer porque existe una autoridad que se lo autoriza y que, en esa medida, le protege de efectuar esas actividades según unas normas establecidas por esa autoridad de tal suerte que, de no acatarlas, las consecuencias podrían ser perjudiciales para el infractor.

Siendo así, los individuos en un sociedad bajo un Estado no acatan sus normas de forma exclusivamente voluntaria[1], sino por evitar un mal para sí mismos, es decir, por la conveniencia de no salir perjudicado al incurrir en su incumplimiento, o si se quiere, por saberse facultados con lo que la autoridad estatal le ha permitido hacer mediante esas normas que ha impuesto. Estas variables siguen en pie, con independencia de que algunas de estas normas logren coincidir con las nociones morales adoptadas por la cultura social en que son impuestas, pero también, con independencia de la notable deficiencia en la aplicación de estas normas por parte de quien según la propia norma, corresponde su aplicación[2].

De una u otra manera, lo anterior significa que lo distintivo o característico de estas normas, su leimotiv, es que se piensan, se crean y se aplican atendiendo siempre a un principio de coacción o de control coactivo. Y es a este tipo de normas a las que estamos acostumbrados y a las que el sentido común del individuo contemporáneo ha conformado con asignarle el título de “Derecho”; por lo que, en efecto, es de esperarse que se piense lo jurídico no más que como un conjunto de normas impuestas por un Estado para regular la conducta humana en la sociedad.

Esta forma de comprender lo jurídico es típica del positivismo iusfilosófico, de especial raigambre estatista y cuya teorización más representativa la hallamos en el pensamiento de juristas como Hans Kelsen, Adolf Merkl y, más adelante, Herbert Hart. Mientras que para Kelsen el Derecho es un conjunto de normas de estructura formal, basadas en la fórmula imputativa de condición-consecuencia, esto es, la relación entre el hecho ilícito y la sanción,[3] que expresa un ordenamiento coactivo de la conducta[4]; para Hart, en cambio, el Derecho no solo tiene que ver con “las órdenes respaldadas con amenazas de sufrir algún daño”[5], sino también con mandatos facultativos y potestativos —una idea que postula revisitando el concepto de “normas secundarias” que el propio Kelsen había previsto en su “Teoría pura”[6]—. Hart argumenta que las normas del Estado no son siempre coactivas, en el sentido de que no solo imponen amenazas de castigo a las conductas de los individuos, sino que también confieren “facilidades o potestades a ciertos individuos para que lleven a cabo sus deseos”[7]. A tal respecto pone como ejemplo las normas estatales que permiten crear contratos, realizar testamentos, contraer matrimonio, o en el caso de las normas que rigen a los jueces, las que tienen por objeto definir como estos deben aplicar las normas, o en palabras de Hart, se trata de normas que definen “las condiciones y límites bajo los cuales sus decisiones serán válidas”[8].

Sin embargo, esto es un error, puesto que esa diferencia hartiana entre las normas que ordenan conductas bajo amenazas de castigo —formuladas con mayor claridad en materia penal— y las normas que sólo definen las conductas, para luego inferir que estas últimas no son coactivas, es solo una estratagema semántica para eludir el hecho de que, aun cuando las normas definen las conductas facultantando a los individuos o dotándolos de potestades, tales conductas están siendo restringidas en su campo de acción; campo que al encerrar una supuesta legalidad y que, además, al no verse satisfecha en la práctica, trae como consecuencia para los individuos la misma coacción de la que se afirmaba en principio su ausencia, porque la coacción, por definición, no solo se basa en castigos o amenazas de castigos para disuadir las conductas, se basa también en imponer mediante fuerza incontestable formas de actuación a los demás.

Por ejemplo, en el caso que ilustra Hart del matrimonio se tiene que, si una norma estatal define las condiciones y requisitos —llamémosle formalidades— de cómo debe efectuarse la celebración de los matrimonios, sucede que, aun cuando el incumplimiento de tales formalidades haga susceptible al matrimonio solo a nulidad y no a un castigo previsto en la propia norma, esas formalidades y esa consecuencia jurídica anulatoria prevista por esa norma implica igualmente coacción en la medida en que dicta el cómo deben las conductas —de todas las conductas posibles par tal fin— restringirse, en este caso, en su deseo de contracción nupcial al cual aspiran los individuos. Así, toda norma estatal es por necesidad coactiva, o para ser más precisos, requieren obligar coactivamente, a diferencia de, tal como veremos más adelante, las normas jurídicas auténticas basadas en la previsión interindividual.

La característica coactiva de las normas estatistas no son algo casual o accidental, sino un aspecto ligado a la naturaleza coactiva del Estado, pero también es atribuible a la ausencia de cognición que tienen los legisladores políticos para informarse de las variables presentes en el proceso social que se requiere para coordinar el binario conducta-norma sin acudir a la coacción. De todos los escenarios contingentes en que las conductas pueden coordinarse para satisfacer sus deseos, en este caso, de contraer matrimonio, los legisladores sólo pueden especular unos pocos, y por eso solo crean normas restringiendo el campo de las acciones humanas a unas pocas variables que imposibilitan el resto de los escenarios posibles y probables.

La coacción hoy sigue siendo —y seguirá siendo— el único fundamento de las normas estatistas —y es lo único en lo que piensan los juristas cuando hablan del Derecho, aun cuando algunos juristas como Hart negaron reconocerlo—. Quizá el dilatado tiempo de aclimatación cultural es un síntoma que ha hecho posible que se internalicen estas ideas en gran parte del cuerpo social. El sentido común a veces es la reproducción ideológica de algún filósofo difunto. Y los juristas, aun con todo el conocimiento que tienen sobre la historia de derecho, sobre la filosofía y la teoría política —o que se supone que se exige en su formación continua— muy rara vez han sido capaces de ver en la naturaleza de estas normas éste yerro que ha pesado y sigue pesando con el pasar vetusto de los siglos hasta nuestros días.

En adelante, veremos la problematización de este error, intentando mostrar una teoría de la naturaleza del Derecho que a nuestro juicio consigue adecuarse con mayor precisión a la realidad jurídica. Esto a la luz de hacer ver que no es sino la previsión el fundamento —aunque no el único— que sirve de hilo conductor para la génesis del Derecho y su desenvolvimiento en la vida en sociedad.

2. En busca de la naturaleza del Derecho.

Se dice que el estudio del Derecho es parte de las ciencias sociales. Las ciencias sociales estudian la sociedad, y la sociedad está evidentemente compuesta por seres humanos. Estos seres humanos actúan, se relacionan, crean lazos, costumbres, símbolos, normas, lenguajes, valores, en definitiva, elementos culturales. Esos elementos son dinámicos, móviles, procesuales, de modo que en sus entrañas, cualquier ciencia que quiera abarcar esta serie de fenómenos que allí se muestran debería abrazar métodos, problemas, teorías, cálculos y modos de análisis desde una perspectiva que remite a un objeto de estudio que para el científico social se muestra complejísimo.

Buscar la naturaleza del Derecho es buscar lo que identifica al Derecho como algo presente en la realidad social para servir como objeto de estudio de la ciencia jurídica, o en otras palabras, es buscar lo propio de sí del Derecho para estudiarlo científicamente[9]. Asi, en medio de ese ardua faena, si se presta atención a cómo los juristas indagan en la realidad social para encontrar en ella algo que puedan identificar como Derecho, es fácil distinguir como casi todos circundan el siguiente camino:

Primero, asumen que el Derecho debe ser o constituir algo que ayude o contribuya a que en las relaciones sociales se pueda mantener un orden, una armonía social, una situación de paz, justicia y seguridad para todas las personas.[10]

Segundo, al encontrarse con que las relaciones sociales parecen ser “caóticas o azarosas” y por ello “incontrolables”, aducen que esto es un obstáculo para alcanzar lo que han supuesto qué debe ser la contribución del Derecho como objeto al que identificar para estudiar científicamente.

Tercero, como la respuesta a la incógnita por la naturaleza del Derecho no permite ser hallada en el seno de la propia dinámica social —o que se halla en condiciones insatisfactorias—, se infiere que el Derecho debe ser algo superior a la sociedad, algo más poderoso que ella, algo que la ordene, que permite calibrar ese desorden imperante en las relaciones sociales. Se pone en marcha lo que ya hace más de un siglo señalaba Bastiat: “…la funesta disposición que es común a todos los reformadores sociales —fruto de la enseñanza clásica— que consiste en colocarse fuera de la humanidad para componerla, organizarla e instituirla a su antojo.”[11]

Y cuarto, se justifica entonces la identidad entre el Derecho y el Estado como detentador de ese poder superior, el ordenador supraindividual. Luego, por la consecuencia lógica de sus premisas, se asevera que debe ser el Estado quien tiene que crear y aplicar el Derecho mediante unos mandatos que ordenan las conductas de los individuos en sociedad, unos mandatos que han de conformarse como “normas jurídicas”, permitiendo así, encontrar a los juristas un objeto claro para una ciencia de lo jurídico.

A la par de ese proceso de identificación y asimilación —que puede ser también parcial o total— entre Derecho y Estado, se intenta ver en esas “normas jurídicas” algo que las diferencie del resto de las normas que pueden hallarse en la realidad social —normas sociales, morales, religiosas, etc.—, despejando de esa lista de normas aquellas que se supone que son las jurídicas, y a propósito de ello, es conveniente precisar su nota coactiva, de imposición mediante aplicación de fuerza incontestable. Es lo que hace plausible tal diferencia.

Ahora bien, este método o modo de proceder para identificar lo jurídico es un equívoco desde el principio, por cuanto resulta de una simplificación de lo que no es en su naturaleza simplificable, de una separación de lo que no es separable, sino sólo distinguible. Esa separación y esa simplificación parecen más una idea que nos hacemos sobre las cosas, que algo que importa a las cosas mismas, algo que quizá, ya en tiempos modernos, ha resultado propicio para intentar ordenar racionalmente el mundo. Es el espíritu cartesiano que recomienda la regla analítica de separar los problemas en tantas partes simples sea posible para resolverlos sintetizando luego esas partes[12].

A nuestro juicio, creemos que lo más sensato a la luz de esta realidad compleja no es pensar en una separación racional de la realidad social para explicar cada uno de sus elementos profundizando en cada uno de ellos, especializándolos. Esto es un error por defecto. La profundización intelectual sectorizada puede resultar necesaria para comprender una parcela de la realidad, pero es esteril para comprender la complejidad de su extensión. Este es el pecado de los especialistas, o como dice Nozick: “Una forma de actividad filosófica [que] es como empujar y llevar cosas para que encajen dentro de algún perímetro establecido de forma específica.”[13]

Con esta tendencia, los juristas, en su búsqueda de desentrañar lo jurídico de la realidad social, suelen incurrir en serios problemas metodológicos y epistemológicos. Les ocurre con “lo jurídico” lo que dice Latour de los sociólogos al investigar “lo social” de la realidad. Según Latour, los científicos sociales siempre han querido postular la existencia de un tipo específico de fenómeno llamado «sociedad», llámese “orden social», «práctica social», «dimensión social», “clase social”, «estructura social», etcétera. Pero estas especificidades no traducen el objeto de investigación, son más bien comodidades intelectuales. La realidad es que, en rigor, tal como dice Latour

“…el orden social no tiene nada de específico (…) no existe ninguna dimensión social de ningún tipo, ningún «contexto social»; ningún dominio definido de la realidad al que pueda atribuirse la etiqueta de «social» o sociedad» (…) no existe ninguna «fuerza social» que pueda «explicar» los aspectos residuales de las que otros dominios no logran dar cuenta.”[14]

En pocas palabras, quienes se obnubilan con los mares de su disciplina, imposibilitan ojear que la configuración del entrelazamiento de sus saberes con el resto de saberes, responde a una complejidad tan intrincada que, para comprenderla, es menester estudiarla no como si de objetos aislados se tratase sino como un todo, esto es, holísticamente. Este acercamiento a la complejidad ante la tendencia simplificadora del conocimiento, puede apreciarse en las reflexiones de Edgar Morin. Para este pensador la ciencia requiere adoptar el paradigma de lo complejo, debe reconocer “el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen el mundo fenoménico.”[15]

Por eso, al reconocer esta complejidad patente de la realidad fenoménica, aparecen como insuficientes las disciplinas por sí solas, o como dijimos, los sectores especializados del conocimiento, por lo que, siguiendo a Morin, es menester, un abordaje de esa complejidad con arreglo a un enfoque transdisciplinario, pero no como mero diálogo entre disciplinas —mera interdisciplinariedad—, sino como dice el mentado pensador parisino: un atravesamiento de esquemas cognitivos entre disciplinas.[16] 

Por lo tanto, si queremos entender algo como el Derecho, se requiere el involucramiento y atravesamiento adecuado de las disciplinas humanísticas y filosóficas que más parecen incidir en los estudios sobre la sociedad, tales como la sociología, la antropología, la ética, la psicología, la economía, la lingüística, entre otras. A tal efecto, el Derecho no puede resumirse a una sola cosa, no puede ser coacción, no puede ser ausencia de coacción, no puede ser el Estado, no puede ser la sociedad, ni siquiera previsión por sí sola aunque la misma constituya, tal como veremos, importante para aunar su totalidad. Derecho, debe constituir algo más en ese bagaje cultural. Debe ser un objeto de estudio integral y complejo. Pero ¿Por dónde empezar? Parece que lo más prudente es dar inicio a pensar en lo que hacen las personas y como estas se relacionan, o como dice Latour “in media res”[17].

2.1. El Derecho, la previsión y otros engendros.

Las personas hacen cosas, actúan siguiendo valores e intereses. Los primeros morales, sociales y culturales, y los segundos económicos y políticos. Cuando estos valores e intereses no pueden conciliarse o compatibilizarse, se crea el conflicto y con ello, nace la violencia, la coacción. En cambio, cuando ocurre lo contrario aparece una norma o regla. La norma es la coincidencia entre intereses interindividuales y valores compartidos, es un catalizador potencial de relaciones sociales armónicas. Pero también, en este punto la norma o regla se muestra como algo opuesto a la coacción. La norma es producto del acuerdo y la cooperación interindividual. Ergo, dada una aspiración humana a preferir las normas antes que el conflicto, la paz antes que la violencia, esto quizá por su tendencia inmanente hacia una gregariedad funcional a los intereses de cada particular con arraigo en su acción racional dirigida a fines[18], es plausible afirmar que, en la medida en que ciertos valores guían a las conductas, estas respondan a elementos culturales que se orienten hacia la pacificidad y los intereses se inclinen a evitar el conflicto o a mitigar sus costes. En ese sentido, parece coherente que para el surgimiento de una norma es necesario tomar las previsiones para evitar la coacción o mitigar su surgimiento en la mayor medida posible.   

Un ejemplo por antonomasia de esto, se da en el intercambio de bienes y servicios, el comercio. Antes del acto de comercio, los individuos que participan en el mismo no actúan pensado en la posibilidad de enfrentar un conflicto, de ejercer la coacción o la violencia, sino en la probabilidad de evitar o mitigar su surgimiento. En tomar previsiones para alejar de la realidad las posibilidades de su aparición. Es la prioridad en sus expectativas de intercambio exitoso porque el conflicto les aleja de las probabilidades de obtener lo que quieren, de satisfacer sus intereses y no ver estropeada en la práctica la noción estimativa de lo que intuyen justo o adecuado. Así, de los intereses de cada persona y de la estimación moral, social y cultural que de cada hecho las mismas conciben y comparten, aparece la norma como resultado del acuerdo, la colaboración y la cooperación.

Pero esto trae consigo dos factores importantes que inciden en la aparición de la norma: (i) la temporalidad de la previsión y (ii) la sofisticacion de los intrumentos de la previsión. El primero de los factores, supone que a más tiempo especulando los escenarios que permitan prever cómo evitar o mitigar la coacción por parte de los participantes, más potencialmente eficiente será la aparición de la norma; por su parte, el segundo factor implica que a mayor sofisticacion de los intrumentos de previsión, con mayor eficiencia será, también, la aparición de la norma.

Estos instrumentos de previsión pueden ser tan variados, complejos y contingentes como la realidad misma. Un sondeo rápido nos permite mencionar algunos: instrumentos de tipo tecnológico, como teléfonos o cámaras de seguridad, de tipo sociológico y cultural como conductas o hábitos socialmente admitidos como corteses, educados o saludables, de tipo lógico y lingüístico como los argumentos o la retórica de los discursos, de tipo psicológicos como los factores persuasivos, o del tipo que podríamos considerar prejurisdiccional si es que se llama a un tercero en el acto jurídico para que sirva de árbitro previsional. Todos esos instrumentos de previsión pueden combinarse y adaptarse o mezclarse según la circunstancia, por eso resulta tan difícil categorizarlos, nombrarlos o clasificarlos. Lo anterior solo puede verse como un ensayo de como pudieran desmenuzarse, pero en la práctica la variabilidad es abrumadora, lo cual después de todo nos pone bajo la égida del paradigma científico para ahondar en una realidad social que se nos muestra tal como es: compleja, complementaria y, por ello, susceptible a ser investigada a merced de una mirada transdisciplinaria.

Ahora bien, respecto al segundo factor, pueden existir también en la práctica, ventajas interindividuales para la creación de una norma. Por lo tanto, es de esperarse que lo que más contribuye a equilibrar o disminuir estas ventajas, es que existan en el entorno en que se producen esas normas, tantos objetos como procesos y mecanismos que permitan ampliar la gama de instrumentos de previsión para que se permita un mayor sofisticacion de los mismos, a tal punto, que puede afirmarse que a mayor sofisticacion de los instrumentos de previsión a manos de la mayor diversidad de personas posibles, se disminuye la temporalidad de previsión. Una es inversamente proporcional a la otra debido a que muchos de los instrumentos de previsión son creados pensados para ponderar la eficacia de las necesidades humanas, lo cual repercute en menos tiempo de especulación de los participantes para la creación de la norma. 

Por ello, se tiene entonces que la norma es un esquema de previsiones interindividuales, el resultado de un encuentro entre las pretensiones reclamativas de los individuos, tal como afirmara en su momento Bruno Leoni[19]. O si se quiere, como dice Recasens Siches, la norma como un pedazo de vida humana objetivada[20], o también, Carlos Cossio en la medida en que postula a la norma como la representación intelectual de las conductas humanas en interferencia intersubjetiva.[21][22]

Por otra parte, como se ha visto, la norma tiende a nacer con mayor eficiencia allí donde las factores que inciden en su aparición resultan ser más eficientes, los cuales, están relacionados con la información que tienen los participantes en su producción, auspiciada, a su vez, por la información aprehendida por los que mediante sus instrumentos de previsión pueden servirse por la información que los creadores de tales instrumentos pensaron previamente, lo cual supone un entorno social en el que estos y aquellos actúan y se relacionan de forma libre, libre de crear y recrear.

Este proceso de creación y retroalimentación de información para la consecución de unas relaciones sociales pacíficas, donde se tienda a evadir en la medida posible la coacción,[23] es el corazón del Derecho. El Derecho es la concretización de unos valores, unas conductas y unas normas, bajos unas condiciones que hacen posible las instituciones jurídicas como los contratos, el crédito o el matrimonio, producto de la reiteración de la información que permite estandarizar las normas, homogeneizar los valores y coordinar conductas. Esta tendencia hacia estandarización de la normas, es el fundamento de la legislación consuetudinaria, aquello que convierte a las normas en un código de adopción general y de obligación social aceptada por un conjunto de individuos.[24]

2.2. Algunas objeciones posibles.

a. La coacción imprevisible.

Esta dilucidación de lo que a nuestro juicio responde a la naturaleza del Derecho, puede intentar ser objetada argumentando que en la realidad social pueden aparecer modos de coacción no previsibles, como robos o extorsiones. A lo cual, cabe responder que si bien las previsiones de los individuos no son omniabarcantes, por la sencilla razón de que no somos seres omniscientes, las previsiones aplican también para estos casos. El robo y la extorsión no están fuera del estudio científico del Derecho, son actos que el derecho combate, son actos antijurídicos, y al ser así, las previsiones de los individuos detentores de derechos de propiedad, van a tender a especular respecto a mecanismos y sistemas para eludir o prevenir tales delitos, o en caso de ocurrir sin previsión alguna, se tiene que en un sociedad libre, a razón de la coordinación de la información, las previsiones de los individuos se van a orientar hacia captura de los autores y hacia la aplicación de las penas más adecuadas para el resarcimiento del daño causado. En el caso de delitos contra las personas, las penas pueden ser aplicadas en la medida en que tales previsiones han especulado cuales deben ser los castigos proporcionales,[25] aunque hoy no podamos prever cuáles podrían ser esas penas porque no hay posibilidad de que los individuos puedan especular respecto a este tópico debido a las vicisitudes prácticas que supone el monopolio estatal del “derecho” penal.

b. La coacción legislativa.

Puede objetarse que lo que hemos llamado legislación consuetudinaria, entendida en los términos expuestos aquí, al convertirse en un esquema legal relativamente homogéneo, debe por necesidad ordenar las conductas, restringiendo el campo de acción humana y por lo tanto, ser consideradas coactivas. Pero esto no tiene por qué ser así. La legislación consuetudinaria es dinámica, y su dinamicidad no es azarosa o antojadiza —este último es el caso de la legislacion politica— ya que avanza al ritmo con que se moviliza la sociedad —o las previsiones interindividuales y las evolución moral de la cultura social—, es una respuesta adecuada a las necesidades de los individuos en connivencia con la moralidad imperante en el entramado social adoptado por estos. La legislación consuetudinaria evoluciona al ritmo de la sociedad, así como solía suceder, tal como se evidencia en muchísimos estratos de la historia, como por ejemplo, en los primeros siglos de Roma[26].  

c. Instituciones jurídicas no sujetas a previsión. 

Por otra parte, a nuestro juicio quizá el Derecho tenga en su seno unas cuantas aristas de naturaleza un tanto distantes a la previsión, aunque no por completo exentas de los criterios expuestos aquí. Se trata de ciertas instituciones jurídicas no contractuales o actontractuales, tales como las instituciones familiares, así como, pudiera pensarse también, en el derecho infantil y el derecho animal. Sin embargo, consideramos que aun así se mantiene la afirmación de que el núcleo del Derecho no es la coacción, no es su espíritu, no es su razón de ser. Pero por honestidad intelectual, aducimos que estos tópicos requieren un estudio aparte ya que exceden el propósito de este breve texto. Empero, con toda seguridad, nuestras premisas se mantienen muy a pesar de que quienes conciben un mundo jurídico como administración e imposición de la violencia no puedan evitar asumir el Derecho sin que la solución deba ser siempre la coacción y el control social; pues en cambio, quienes concebimos un mundo jurídico que tiende a ser pacifico, creemos que la solución es la responsabilidad y la cooperación como uno de los signos de la libertad humana.

Conclusiones

Hemos visto que el Derecho es un fenómeno social complejo, y que al asumir esa realidad debemos abordarlo desde una perspectiva transdisciplinaria. Esto nos lleva a notar que una de las notas distintivas para su génesis es la previsión interindividual, ya que de tales previsiones nacen las normas, pero el asunto no termina ahí, dado que puede apreciarse como en todo el entramado de relaciones sociales, las conductas se ponen en marcha guiándose por ciertos valores —sociales, morales, culturales—,[27] conjugandose así, tres aspectos o ingredientes indispensables para totalizar lo que a nuestro juicio responde a la naturaleza del Derecho: las conductas, los valores y las normas.

Esta postura no es nueva, es típica en los filósofos del Derecho cultores del tridimensionalismo jurídico. El Derecho es un fenómeno tridimensional. Para Miguel Reale,[28] el Derecho conjuga esas tres dimensiones. Él las llama dimensiones fáctica, axiológica y normativa. Sin embargo, aunque en consonancia con esa dilucidación de la naturaleza del derecho, preferimos sustituir la dimensión factual del derecho por una dimensión que llamaremos praxeológica, puesto que lo factual, hablando de los hechos como una de las dimensiones del Derecho, carece de sentido por cuanto los hechos no son en sí una dimensión sin el sentido que a esos hechos les da la presencia de la acción humana. Los hechos sólo tienen sentido porque son acciones humanas las que dotan de sentido al entorno en que esos hechos ocurren.

Por su parte, la dimensión axiológica es todo un campo de discusión y disquisición teórica que no corresponde precisar en este breve texto. Solo basta con sostener tres cosas: primero, que el conjunto de valores son una parte indispensable para comprender la complejidad del fenómeno jurídico y su desenvolvimiento social; segundo, que lo más plausible para comprender su integración como parte fundante e inseparable, aunque distinguible, de la naturaleza del Derecho, es aducir que su producción y desenvolvimiento es similar a lo que ocurre con el surgimiento de la legislación consuetudinaria en el sentido que se ha expuesto aquí, esto es, la estandarización de normas adoptadas de manera espontánea, indeliberada, no sujeta a una programa superior o externo a la mera dinámica social.

Luego, tenemos la dimensión normativa —también llamada normológica, dikelógica o nomotética— como una dimensión que a simple vista parece ser la más obvia del resto. Tanto es así, que resulta entendible el reduccionismo que han hecho los positivistas-normativistas de ella para explicar la naturaleza del Derecho. Craso error.

Conviene destacar aquí, que como se ha hecho una distinción importante entre norma y legislación, esto es, la norma como resultado de acuerdo y colaboración basada en el encuentro entre previsiones interindividuales, y la ley como una extensión estándar de las normas adoptadas por la sociedad, vale decir que este concepto de legislación está en las antípodas de lo que hoy suele llamarse legislación, puesto que cuando se habla de la misma, se hace referencia a la legislación política, al conjunto resultante de individuos que actúan como representantes del resto de los individuos en la sociedad y con ese talante se dedican a la producción de “normas jurídicas”.

Esta producción de leyes basadas en el poder político impide u obstaculiza el proceso espontáneo de generación de normas estandarizadas, de legislación consuetudinaria, debido a que la legislación política como órgano del poder público estatal, funciona como un monopolio, y por tanto, es un organización coactiva porque no deja paso a la entrada del ejercicio de esa misma actividad a otros sectores de la sociedad.[29] En este sentido, la legislación como norma estandarizada es algo que hoy se halla en un estado de pauperización que se hace casi imperceptible, irreconocible.[30] 

Además, el Estado, como artífice detentor de esa coacción, ha invertido los roles del fenómeno jurídico, puesto que, como hemos demostrado, en la sociedad, las personas acuden a la previsión como el elemento indispensable para perfeccionar y armonizar las relaciones jurídicas, en cambio, el Estado, ha hecho de la coacción —lo contrario a la previsión— la piedra angular de lo que para su funcionamiento, quiere hacer ver como norma jurídica. Pero como la norma jurídica es un esquema de previsiones interindividuales, y el Estado no produce normas con arreglo a este requisito fundacional de la aparición de las normas, no es correcta la afirmación de que el Estado crea normas jurídicas. En todo caso se puede afirmar que el Estado impone esas normas coactivamente, lo que en efecto, permite afirmar, a su vez, que en ese momento dejan ser normas jurídicas para ser meros mandatos, y al no concebirse como resultado de las relaciones jurídicas de las personas para evitar o mitigar la coacción, sino como el promotor monopólico de esta, vale decir también, que a la inversa de lo que se cree, el Estado y su legislación política son lo contrario a la norma jurídica. Los mandatos del Estado son un conjunto de previsiones antijurídicas.

Pero la antijuridicidad del Estado es mucho más profunda que la mera inversión de la producción, significado y contenido de las normas jurídicas auténticas. Si el Derecho es un fenómeno social que contempla tres dimensiones que hemos identificado como praxeológica, axiológica y normológica, conviene decir que el Estado sólo cumple con una de ellas, esto es, con la dimensión praxeológica, puesto que el Estado es un conjunto de individuos organizados burocrática y políticamente, y en esa medida, es imprescindible en su seno la acción humana.

No obstante, no cumple con el resto de las dimensiones del Derecho porque, por un lado, no puede atribuirse la adopción de la dimensión axiológica aunque los individuos que actúan en su seno puedan verse guiados parcialmente por la nociones estimativas recogidas por le proceso social, y por otro lado, tampoco cumple con la dimensión normológica porque no crea normas jurídicas auténticas ni legislación exenta del poder político monopólico y por eso mismo, sin la presencia del control coactivo, tal como hemos demostrado. 

Finalmente, por lo sustentado aquí, es fácil apreciar que, de todo eso que comentamos al principio respecto a los derechos de los que hacen alarde las personas, puede asegurarse que no son más que afirmaciones carentes de sentido. Es una alusión infundada, una creencia basada en unas supuestas normas jurídicas que proporciona o confiere el aparato del Estado; en síntesis, son una serie de ficciones jurídicas. El Estado no puede otorgar lo que no puede producir ni crear, y menos cuando produce lo contrario a lo que se exige que produzca. El único derecho verdadero que nos puede otorgar el Estado, es el derecho de ignorarlo, tal como afirmaba Herbert Spencer.[31] 


[1] No vamos a discutir aquí si el mecanismo democratico consigue representar la voluntad de la población.

[2] Deficiencia material y temporal.

[3] Cuya identidad ineludible se halla en el Estado, de tal suerte que, este es visto como un “orden jurídico». Vease Kelsen, Hans. 1960. Teoría pura del Derecho. N.p.: Nuevo Mundo. p. 139.

[4] Ibid. p. 70.

[5] Gómez, Daniel G. n.d. “El concepto de derecho en Hart” Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas UNNE. p. 284

[6] Vease Kelsen, Hans. op cit., pp. 76-78.

[7] Gómez, Daniel G., op cit., p. 285.

[8] Ibid. p. 286.

[9] No confundir con ontología jurídica. Para una crítica a la ontología en general véase Sierra-Lechuga, C. (2022) “¿Qué es reología? Breve tratado de reología apto para todo público” Revista de Filosofía Fundamental, N°2, pp. 169-197.

[10] Lo que la doctrina ortodoxa llama “los fines del Derecho”.

[11] Bastiat, Frederic. 2003. La ley. N.p.: CEES. p. 51.

[12] Véase Descartes, Rene. 2010. Discurso del método. Madrid: FGS. pp. 47-48.

[13] Nozick, Robert. n.d. Anarquía, Estado y utopía. N.p.: Titivillus. p. 10. Interposición mía.

[14] Latour, Bruno. 2008. Reensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-red. N.p.: Manantial. p. 15

[15] Morin, Edgar. n.d. Introducción al pensamiento complejo. N.p.: Gedisa. p. 32

[16] Ibid. p. 158

[17] Latour B. op. cit., p. 47

[18] Véase Weber, Max. 1964. Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva. México: Fondo de cultura económica. p. 20

[19] Véase Leoni, Bruno. 2003. Lecciones de filosofía del derecho. Madrid: Unión Editorial  

[20] Véase Recaséns Siches, Luis. 2008. Tratado General de filosofía del derecho. México: Porrúa. pp. 97-105

[21] Véase Montilla Pineda, B. 1954. “La egología jurídica de Carlos Cossio.” Estudios De Derecho

[22] Todas estas definiciones deben ser tomadas con pinzas.

[23] Y aun cuando se hace presente mitigarla en la mayor medida posible.

[24] Puede tomarse esto como “Derecho consuetudinario”.

[25] Es muy probable que se trate de castigos de carácter patrimonial.

[26] Véase  Ariès, Philippe, y Georges Duby. 1985. Historia de la vida privada. Del Imperio Romano al año mil. N.p.: Titivillus.

[27] Es válido aducir que como estos valores están destinados a crear normas jurídicas y articularse con ellas en su producción y aplicación para la consecución de la legislación consuetudinaria, pueden englobarse dentro de un solo espectro que podemos llamar “valores jurídicos”. 

[28] Véase Reale, Miguel. 1997. Teoría tridimensional del derecho. Una visión integral del derecho. Madrid: Tecnos

[29] Véase Dupret, Baudouin. n.d. “Pluralismo jurídico, pluralidad de leyes y prácticas jurídicas: Teorías, críticas y reespecificación praxiológica.” European journal of legal studies.

[30] Aunque hoy es posible vislumbrar ciertos escenarios en los que existen normas estandarizadas precisamente allí donde la influencia del Estado es casi nula, como las redes sociales, el mundo de las criptomonedas o el comercio internacional.

[31] Véase Spencer, Herbert. 2020. Estática social. N.p.: Innisfree. pp. 199-207.