Caracas. – Tres madres de tres rehenes políticos que fueron liberados esta semana en Venezuela, apenas tuvieron horas para ver sus hijos libres, ya que fallecieron casi simultáneamente, tras haber sufrido los rigores del sufrimiento y de las vigilias que realizaron frente a los centros de detención y tortura.
Son los casos de Carmen Dávila, Yarelis Salas y Omaira Navas, quienes sufrieron serias complicaciones médicas, a raíz del esfuerzo que realizaron para exigir las excarcelaciones de sus hijos.
En el caso de Carmen Dávila, de 90 años, ya se encontraba hospitalizada cuando su hijo, el doctor Jorge Yéspica Dávila, detenido durante más de un año en Aragua por el «delito» inventado por la dictadura de «incitación al odio», fue liberado. La dama, en cama, no pudo ni siquiera enterarse de la excarcelación. Sufrió una crisis relacionada con la presión arterial que obligó a su hospitalización. Cuando Yéspica logró llegar al centro médico, su madre ya se encontraba inconsciente, y murió el pasado jueves 22 de enero.
También, un día antes, el 21 de enero, ya había perecido Yarelis Salas, de 39 años, tras sufrir un infarto luego de participar en una vigilia frente al Centro Penitenciario de Aragua (Tocorón).
Su hijo, Kevin Orozco, fue excarcelado cuatro días después, gracias a una súplica de varias ONG y dirigentes sindicales, quienes pidieron la libertad del joven para que pudiera despedirse de su madre.
A pesar de la liberación, para Orozco ya era demasiado tarde. Su madre fue víctima del dolor y la impotencia, mientras aguardaba en una vigilia frente al citado penal, reclamando por la libertad de su hijo.
El caso más reciente es del Omaira Navas, ocurrido este pasado martes 27 de enero. Navas era madre del periodista Ramón Centeno, quien fue excarcelado el 14 de enero. Según lo denunció el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), Centeno salió en silla de ruedas del penal, debido a las severas complicaciones de salud que padeció.
La mujer falleció luego de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV), condición que se vio agravada luego de los años que soportó durante la injusta encarcelación de Centeno, de cuyo decaimiento tras las rejas fue testigo.
Los tres casos, ocurridos en menos de una semana, han generado fuerte impacto en la opinión pública venezolana. Portales informativos, redes sociales, ONG y defensores de los Derechos Humanos han tomado los casos de Dávila, Salas y Navas como una alerta, ante los desmanes que ha logrado hacer la Narcotiranía chavista en contra de las familias de quienes los adversan.









