Hace poco, EE. UU. notificó la caida de «niño Guerrero», el jefe del Tren del Aragua, en el marco de una limpieza que lleva a cabo en Venezuela de grupos delincuenciales. Todo ello apoyado por el narcorégimen chavista que actualmente dirige Delcy Rodríguez.
No obstante esto hace relucir insostenibles contradicciones discursivas y, en consecuencia, la flagrante entrega de «la soberanía nacional», esa que tanto se jactaban en defender, ante el gobierno de EE. UU.
Tras décadas de retórica antiimperialista impulsada originalmente por Hugo Chávez y defendida férreamente por figuras como Diosdado Cabello —quien sostenía de forma pública que si los cuerpos extranjeros ingresaban al país no saldrían vivos—, la tiranía terminó abriendo sus fronteras para permitir que militares estadounidenses ejecutaran una operación de precisión armada en suelo venezolano.
Ahora, esta claudicación resulta doblemente polémica si se considera que el objetivo neutralizado, Héctor Guerrero Flores, alias el «Niño Guerrero», y su organización criminal, el Tren de Aragua, operaban como estrechos aliados estratégicos de la propia tiranía de Caracas. Sin embargo, la cúpula chavista terminó trabajando y subordinándose ante los intereses de quienes históricamente declararon como sus peores enemigos.
Por otra parte, este acontecimiento saca a la luz una profunda discrepancia comunicacional que deja en evidencia el quiebre institucional del régimen de Caracas, pues, mientras que la Casa Blanca anunció la baja del líder criminal de manera independiente y unilateral, la tiranía reaccionó publicando un comunicado posterior en el que pretendía posicionar el relato de una supuesta operación conjunta u operativo coordinado entre ambos países.
No obstante, el análisis lógico del comportamiento oficial desmiente rotundamente la versión de Miraflores y, de hecho, muy probablemente los jerarcas chavistas no tenían conocimiento previo del ataque ocurrido en Ciudad Bolívar y se enteraron de la eliminación del «Niño Guerrero» en el mismo instante en que el mandatario norteamericano lo difundió a través de sus redes sociales.
De haber estado al tanto, el aparato propagandístico del chavismo habría jugado a «posición adelantada» para mitigar el impacto político y adjudicarse el procedimiento antes que Washington, algo que jamás sucedió. Con este desenlace, el discurso histórico de la revolución sobre la defensa territorial queda completamente desmantelado, exponiendo a sus dirigentes ante la opinión pública internacional.
Por todo esto y más, el régimen chavista es seleccionado como el Borrego de la Semana.








