Esta semana, se designa a Mario Silva, comunicador del chavismo y conductor del icónico programa «La Hojilla», como el «borrego de la semana». Esta elección se fundamenta en la reciente pérdida de espacios mediáticos y su reacción pública ante estos hechos.
La designación de Silva como «borrego» responde a la «llorantina» y el drama que el presentador ha manifestado a través de sus redes sociales. Tras años de servicio incondicional a la gestión de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Silva admitió públicamente haber sido despedido de la plataforma Venezuela News y haber sufrido un recorte drástico en su programa en el canal estatal VTV, el cual pasó de una duración de dos o tres horas a solo una hora de emisión.
Cabe señalar que esto se produce en un contexto de purgas internas dentro del chavismo. En este marco, es necesario resaltar los siguientes puntos clave sobre la situación de Silva:
- La factura revolucionaria: porque después de años de sangre, sudor y lágrimas por la revolución, el régimen le está pasando factura a uno de sus defensores más visibles.
- La hipocresía y victimización: porque es irónico que Silva se presente ahora como víctima, cuando durante años se burló de los periodistas que tuvieron que salir al exilio y de quienes se oponían al proceso político venezolano.
- Los conflictos de poder: porque este desplazamiento podría ser resultado de directrices de figuras como Delcy Rodríguez, quien estaría deshaciéndose de fichas asociadas a otros sectores, o incluso una represalia derivada de conflictos personales previos con Diosdado Cabello.
En todo caso, nadie quita el hecho de que Mario Silva representa al servidor que, tras ser útil a una estructura de poder, termina siendo desechado por la misma «revolución trasnochada» que ayudó a sostener. Por ello, Silva es seleccionado como el Borrego de la Semana, pues, acostumbrado a los privilegios del poder, se enfrenta ahora a un final profesional dentro de los medios oficiales.









