El Gobierno de Colombia ha respondido este jueves a los aranceles contra sus exportaciones anunciados en la víspera por el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, imponiendo a una veintena de productos ecuatorianos tasas también del 30% y suspendiendo de manera temporal las ventas de electricidad al país vecino.
El Ministerio de Minas y Energía de Colombia ha anunciado que la decisión de suspender la venta de energía busca garantizar el abastecimiento interno debido a la «variabilidad climática» y las alertas provocadas por la posibilidad de que este 2026 vuelva a aparecer el fenómeno climático conocido como El Niño.
«El deber del Estado es garantizar, ante todo, que los hogares, la industria y los servicios esenciales de Colombia cuenten con energía segura y confiable. Esta es una decisión responsable, preventiva y soberana», ha afirmado el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma Egea, según recoge un comunicado.
Egea ha señalado que si bien Colombia sigue apostando por la «integración energética y el diálogo entre pueblos hermanos», las condiciones actuales no hacen posible este intercambio sin poner en riesgo el abastecimiento interno.
«Cuando se restablezcan las condiciones de seguridad energética y se reconstruya un marco de confianza y buena fe entre ambos países, Colombia estará dispuesta a retomar los intercambios eléctricos», ha remarcado el ministro.
Por su parte, el Ministerio de Comercio ha anunciado aranceles de hasta el 30% a una veintena de productos ecuatorianos, que podría aplicarse a otras exportaciones, en respuesta a los gravámenes de ese mismo porcentaje que el presidente Noboa notificó en la víspera ante la supuesta «falta de reciprocidad» de las autoridades colombianas en la lucha contra el narcotráfico.
«Este gravamen no constituye una sanción ni una medida de confrontación, sino una acción correctiva orientada a restablecer el equilibrio del intercambio y a proteger el aparato productivo nacional frente a distorsiones externas», ha explicado la ministra de Comercio, Diana Morales Rojas.
La ministra ha defendido que cuando las buenas relaciones comerciales entre ambos países se ven interrumpidas por el Gobierno ecuatoriano «de manera unilateral», Colombia «tiene la obligación de actuar para corregir la alteración y proteger su aparato productivo», recoge un comunicado de la cartera de Comercio.
Cabe señalar que las medidas del Gobierno colombiano llegan pocas horas después de que el presidente guerrillero Gustavo Petro anunciara que respondería con «reciprocidad» a las decisiones de su homólogo ecuatoriano, al mismo tiempo que puso en valor la lucha que viene llevando acabo el Estado colombiano contra el narcotráfico.
María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)
“En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía.”
María José Salinas
«Los nazis no desaparecieron: solo dejaron de llamarse nazis». La frase incomoda porque apunta a una verdad que preferimos esquivar: el odio rara vez muere. Se recicla; cambia de lenguaje, de consignas y de banderas. Hoy, en plena era de la información, del acceso inmediato a los datos y del activismo digital, seguimos reproduciendo discursos cargados de resentimiento, deshumanización y dogmas morales disfrazados de virtud. Y uno de los odios más antiguos de la historia: el antisemitismo, sigue ahí, intacto, solo que con nuevos disfraces.
El antisemitismo no es una anomalía histórica ni un error aislado. No. Es un patrón. Reaparece con fuerza en épocas de crisis, miedo e incertidumbre colectiva. Durante la peste negra del siglo XIV, por ejemplo, se acusó a los judíos de envenenar pozos. El “indicio” era que enfermaban menos. La explicación real era mucho más simple: normas comunitarias de higiene y rituales de limpieza que reducían los contagios. Pero cuando el miedo domina, la razón estorba. El resultado fue persecución, pogromos y masacres.
Ese esquema se repitió durante siglos. Expulsiones, guetos, prohibiciones legales, deshumanización sistemática. Se les acusó de usureros, traidores o conspiradores globales, muchas veces como consecuencia directa de restricciones impuestas por las propias sociedades que luego los odiaban. Marginación, adaptación, supervivencia, relativo éxito… y de nuevo resentimiento.
Nada de esto desapareció con el tiempo. El antisemitismo nazi no surgió de la nada. Hitler no inventó el odio: lo heredó, lo institucionalizó y lo convirtió en política de Estado. El Holocausto fue la culminación brutal de siglos de mentiras repetidas hasta parecer verdades.
Lejos de quedar atrás, el antisemitismo no murió con el nazismo: mutó.
Hoy se disfraza de activismo, de superioridad moral, de consignas supuestamente humanitarias. Palabras como «sionismo» se vacían deliberadamente de significado y se convierten en insultos automáticos. En su definición más básica, el sionismo es el reconocimiento del derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a la existencia del Estado de Israel. No es una conspiración global ni un proyecto de dominación. Sin embargo, repetir caricaturas resulta más cómodo que estudiar conceptos.
Este vaciamiento del lenguaje no es exclusivo de este tema. Lo vimos también con términos como «neoliberalismo»: ideas complejas reducidas a monstruos imaginarios, útiles para señalar enemigos, no para comprender la realidad. Cuando las palabras dejan de explicar y empiezan a condenar, dejan de ser herramientas de análisis y se convierten en armas ideológicas.
Criticar a Israel no es antisemitismo por definición. Ningún país, religión o cultura es intocable. Negar la existencia de corrientes radicales dentro del judaísmo sería intelectualmente deshonesto. Lo determinante es que la diferencia es histórica y está ampliamente documentada: el pueblo judío ha sido hostigado, expulsado y exterminado incluso cuando no ostentaba poder alguno; persecuciones, pogromos y masacres no son opiniones: son hechos.
Y, aun así, la resiliencia judía ha sido extraordinaria: educación, comunidad, trabajo, adaptación. No desde la victimización perpetua, sino desde la reconstrucción constante. Esa capacidad de sobrevivir y prosperar, bajo amenaza constante, descoloca. Porque recuerda algo peligroso para las ideologías del resentimiento: que el progreso es posible sin rendirse al odio.
En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía. Se repite sin matices que “los sionistas matan niños”, mientras se ignora deliberadamente un contexto incómodo: Israel es uno de los pocos países de Medio Oriente donde conviven distintas religiones, incluidos musulmanes palestinos, con derechos civiles reconocidos.
La indignación, además, no es selectiva solo con Israel: es selectiva con todo.
Mientras se grita “genocidio” en Gaza, hay un silencio ensordecedor frente a lo que ocurre en Irán. Bajo el régimen de los ayatolás —una autocracia teocrática, no un gobierno conservador— más de 16 mil manifestantes han sido asesinados por pedir libertad. Mujeres, jóvenes y ciudadanos comunes cuyo único delito fue protestar. No hay marchas masivas con pancartas de #FreeIran; no hay campañas virales sostenidas. La razón es elocuente: el régimen iraní es aliado de esa misma izquierda internacional que levanta banderas humanitarias solo cuando conviene.
Para justificar ese silencio, surgen teorías conspirativas grotescas: que si los manifestantes son agentes del Mossad, que si la CIA infiltra protestas, como si un Estado con uno de los aparatos represivos más grandes del mundo no pudiera controlar supuestos infiltrados. Lo que sí está documentado, en los hechos, es que fuerzas del régimen —muchas veces vestidas de civiles— disparan abiertamente contra su propia población. Aceptar esto implicaría reconocer un genocidio incómodo.
Lo mismo ocurre con Venezuela. Cuando Estados Unidos actúa contra Nicolás Maduro, el discurso dominante habla de “invasión” y de “violación de la soberanía”. No obstante, la soberanía no es una consigna vacía: implica el respeto a la voluntad del pueblo. En Venezuela, esa voluntad fue anulada hace años. No hay elecciones libres; existen presos políticos y centros de tortura, entre ellos El Helicoide, que continúan operando. Dado que el régimen es aliado ideológico, el horror se relativiza.
Aquí no se trata de defender a la izquierda o a la derecha. De hecho, la nueva derecha también tiene responsabilidad. En no pocos casos, vemos de qué manera se intenta desprestigiar a figuras del calibre de María Corina Machado, no por su lucha frontal contra una de las dictaduras más crueles de América Latina, sino porque no encaja en una narrativa moral rígida. Defender libertades individuales, apoyar el matrimonio igualitario o sostener posturas complejas sobre el aborto basta para que la llamen “progre” o “woke”, como si la libertad solo fuera válida cuando coincide con el dogma propio.
Machado ha demostrado algo que escasea en ambos extremos: poner el bien de su país por encima del ego, del reconocimiento personal o de la pureza ideológica. Incluso cuando eso implica gestos difíciles, estratégicos o políticamente incorrectos. Porque hay momentos en los que la prioridad no es sentirse moralmente superior; es sacar a un cáncer enquistado del poder, aunque el costo personal sea alto y el riesgo, real.
Eso es lo que los extremos no toleran: a quienes no se someten por completo a su relato. A quienes entienden que la libertad no viene en paquetes ideológicos cerrados, ni en consignas fáciles, ni en enemigos prediseñados.
Al final, conviene decirlo sin rodeos: odiar al otro no te hace mejor persona, no te vuelve más consciente, ni más justo, ni más humano. Te convierte en alguien dominado por el resentimiento, en alguien que necesita un enemigo para sentirse moralmente superior. El odio no es valentía intelectual: es la renuncia más cómoda al pensamiento propio.
Hoy contemplamos una izquierda que condiciona su humanidad según alianzas políticas y una derecha que pretende monopolizar la moral mientras recorta libertades individuales. Dos caras de la misma moneda: la falsa superioridad moral. Ambas prefieren el dogma a la reflexión y el resentimiento a la libertad.
El problema ya no es solo el antisemitismo. Es más profundo y peligroso: una cultura política donde se odia más de lo que se ama la libertad. Donde se justifica la tiranía si el tirano es “de los nuestros”. Donde se prefiere ver pueblos sometidos antes que aceptar que la vida, la propiedad y la libertad individual siguen siendo valores irrenunciables, provengan de donde provengan.
La historia no se repite de manera exacta, pero rima con el pasado. Y cuando el odio vuelve a disfrazarse de virtud, el verdadero acto de rebeldía es negarse a convertirse en él.
Caracas. – Esbirros del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) intentaron quitar este miércoles una pancarta de rehenes políticos en la UCV, durante una protesta realizada por los estudiantes universitarios a favor de la liberación de las víctimas en manos de la Narcotiranía chavista.
La situación se produjo tras una protesta pacífica realizada este miércoles 21 de enero por la Federación de Centros Universitarios (FCU), en la que los jóvenes reclamaron la liberación de sus compañeros privados de libertad.
De acuerdo con testigos, los esbirros llegaron a la Puerta Tamanaco de la UCV con la intención de retirar la pancarta con los rostros de los presos políticos que permanecen en cárceles venezolanas.
La pancarta había sido desplegada más temprano por estudiantes en el arco de este acceso a la Ciudad Universitaria de Caracas, en solidaridad con las personas detenidas por motivos políticos en el país, incluidos jóvenes, estudiantes, profesores universitarios y las familias que los esperan a las puertas de las cárceles, tras el anuncio de la Asamblea Nacional.
Los manifestantes colocaron pupitres en la Puerta Tamanaco y otros accesos principales del recinto. Colgaron pancartas con fotografías y nombres de estudiantes encarcelados, junto a mensajes como «No hay transición mientras haya inocentes secuestrados» y «¡Que sean todos!».
Estudiantes y manifestantes rechazaron el intento de las autoridades por borrar el símbolo de protesta y expresaron que actos como este constituyen una forma de intimidación y hostigamiento hacia quienes ejercen sus derechos constitucionales de protesta pacífica y libertad de expresión.
En un comunicado, representantes estudiantiles exhortaron a los cuerpos de seguridad a cesar estas prácticas arbitrarias, e hicieron un llamado a la sociedad venezolana y a la comunidad internacional para mantenerse alerta y denunciar abusos del aparato represivo del Estado.
Caracas. – Las productoras Bets América 007 y VyA Producciones anunciaron la cancelación del concierto de Servando y Florentino en Argentina, previsto para el 25 de febrero en el Teatro Gran Rex en Argentina, debido a las prohibiciones en los visados que las autoridades de ese país aplican en contra de todos los ciudadanos venezolanos que estén vinculados con el narcochavismo.
A través de un comunicado, informaron que la decisión se debe a procesos migratorios y problemas de visado, tras “un análisis responsable del contexto actual”, lo que impide garantizar el normal desarrollo del show en la fecha pautada.
“Existen dificultades logísticas y administrativas vinculadas a procesos migratorios y de visados”, señalaron las productoras, aclarando que no se trata de un incumplimiento de contrato ni de una decisión tomada por los propios artistas.
Cabe señalar que el concierto originalmente estaba programado para el 20 de noviembre de 2025, pero fue reprogramado sin explicación para el 25 de febrero de 2026, generando expectativa entre los fanáticos que conservaron sus entradas.
Ahora, la cancelación representa un golpe para los seguidores argentinos del dúo conformado por los hermanos, quienes esperaban el reencuentro con los artistas venezolanos en suelo porteño. Las productoras no especificaron si los problemas migratorios y de visado están relacionados con los artistas, músicos acompañantes o el equipo técnico del show.
No obstante, fuentes del país sureño han filtrado que las restricciones impuestas por el gobierno de Javier Milei para impedir el acceso a todos los afectos al narcorégimen chavista serían las principales razones del problema con los visados.
Servando y Florentino iniciaron en 2025 su gira “¡Se buscan vivos o inmortales!” en Caracas, con presentaciones en distintas ciudades de Venezuela y otros países como Perú y Chile. No obstante, hasta ahora, los cantantes venezolanos no se han pronunciado, mientras los seguidores esperan información sobre la devolución del dinero de las entradas.
Caracas. – María Corina Machado, principal dirigente política «opositora» en Venezuela, aseguró este miércoles que no podrá haber una transición en Venezuela, mientras continúe operando el «Cartel de los Soles», sobre el cual advirtió que «no es estabilizable ni jamás será normalizable”.
En declaraciones que ofreció desde la Cámara de Representantes de EE. UU., Machado rechazó la idea de que el chavismo pueda estabilizarse políticamente y defendió la necesidad de una transición democrática real en Venezuela.
En este sentido, advirtió que el cartel chavista «no es estabilizable ni jamás será normalizable”, por lo que su existencia atenta de por sí, contra las condiciones que se requieren en el país, para lograr la anhelada transición a la democracia.
Ofreció un balance de su reciente actividad diplomática y la situación interna de Venezuela, al asegurar que se ha entrado en un momento «indetenible e irreversible».
Machado calificó la etapa actual como un proceso sin retorno, afirmando que esto «es irreversible, ya entramos en una fase de desmantelamiento del sistema que, por supuesto, todos queremos que sea mucho más rápido, pero lo que es, y yo creo que esto es importante de asumirlo, es indetenible e irreversible».
También, agradeció el apoyo de la administración Trump y de legisladores como Mario Díaz‑Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez, por respaldar la lucha por la libertad en su país. “Este proceso está en marcha”, afirmó, subrayando que la presión internacional y el compromiso de aliados son claves para avanzar hacia elecciones libres y transparentes.
Asimismo, habló sobre la situación de los detenidos por motivos políticos, y fue categórica al establecer las condiciones mínimas para cualquier proceso de cambio.
«La prioridad en toda transición es la gente. Es más, no puede hablarse de transición mientras exista represión. Entonces, estamos dando los primeros pasos muy importantes, pero indiscutiblemente falta muchísimo más e, insisto, la prioridad es liberar a todos los presos políticos, libres de verdad», sentenció.
También extendió su gratitud al presidente Donald Trump y a varios congresistas por las acciones que han impulsado la captura de Nicolás Maduro y han contribuido a debilitar las redes criminales del régimen chavista.
«Venezuela será libre. Y una vez que liberemos Venezuela, seguiremos trabajando y tendremos una Cuba libre y una Nicaragua libre», aseguró Machado en una comparecencia ante los medios acompañada por Giménez y Díaz-Balart.
Caracas. – Las fuerzas militares de EE. UU. abordaron e incautaron un séptimo buque petrolero vinculado con Venezuela este pasado martes, en una operación que tuvo lugar frente a las cosas del país.
El barco, identificado como «Motor Vessel Sagitta», estaba «operando en desafío a la cuarentena establecida por el presidente Trump a buques sancionados» y fue capturado el martes por la mañana «sin incidentes», informó el Comando Sur del ejército estadounidense en X.
«El único petróleo que salga de Venezuela» será aquel que «esté coordinado de manera adecuada y legal», agregó en el mensaje, publicado junto a un video que muestra un barco en el mar.
De los siete barcos capturados desde que Trump anunció el bloqueo en diciembre, un buque ruso fue aprehendido en el Ártico Norte a inicios del año después de que tropas estadounidenses lo persiguieran desde el mar frente a las costas de Venezuela.
Washington desplegó una flotilla naval en el Caribe, donde ha atacado botes presuntamente del narcotráfico y lanzó un poderoso operativo militar para capturar al depuesto presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero.
Trump insiste en que Washington controlará el petróleo de Venezuela tras el derrocamiento de Maduro y se jacta de que ya decomisó y vendió parte del crudo.
Caracas. – El presidente de EE. UU., Donald Trump, aseguró este martes que “ama a Venezuela” e hizo referencia a la dirigente política María Corina Machado, a quien podría “involucrar de alguna manera” en el proceso político que se viene para el país.
El mandatario estadounidense elogió la gestión momentánea de Delcy Rodríguez, al frente de la Narcotiranía, por la cooperación que ofrece tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
Afirmó que la gestión de Rodríguez trabaja “muy bien”: “Ahora me encanta Venezuela, han estado trabajando muy bien con nosotros”, señaló.
Mientras, a Machado la calificó como “una mujer muy agradable”, al sugerir que su Gobierno mantiene conversaciones con ella y que podría “involucrarla de alguna manera” en el proceso político del país sudamericano.
Las declaraciones se produjeron durante una comparecencia ante la prensa en la Casa Blanca, con la que Trump marcó el primer año de su segundo mandato, en una intervención caracterizada por un discurso errático en el que abordó desde política migratoria hasta asuntos de política exterior.
El acercamiento público hacia Machado coincide con una estrategia más pragmática de la líder opositora, quien en los últimos días ha moderado su discurso y ha planteado la necesidad de una transición gradual y de nuevas elecciones, en lugar de exigir el reconocimiento inmediato de los resultados de los comicios de 2024.
Hoy vamos a seguir metiendo el dedo en la llaga de la crisis existencial de los que rodean a Venezuela, ya sean actores externos como internos. En lo particular, quiero iniciar este artículo con una frase que creo proviene de la Ayurveda o la tradición yogui de la India: “No me hace falta preguntar para saber cómo fue tu pasado o será tu futuro; solo me basta verte y escucharte para saberlo.” Con esto en mente, iniciamos.
Aquí, desde el confort de mi cama, hago una revisión del contenido de los influencers mediáticos acertados —minoria casi muda—y gorgojeros, vende humo busca like —estos sí de mayoría abrumadora— del espectro venezolano. Me pregunto: si yo, que no tengo un grado universitario, que no he estudiado en las más notables y destacadas instituciones, veo con claridad absoluta los hechos, ¿Por qué ellos no? Hasta el día de hoy, en mis pocos artículos publicados en Substack, X y grupos de WhatsApp, pueden ir y revisar que en esos artículos dejaba ver mi proyección, que repito a ciegas basado en mis gustos emocionales de placer o aversión lo que indica al sonar de un coro uniforme lo que transmiten los grandes medios de desinformación masiva.
Como adelanto, yo en ocasiones los veo, pero es para saber sobre su nuevo engaño y narrativa que los poderosos de siempre quieren que compremos. En conclusión, se activan mis alarmas para meter la lupa en el campo investigativo, hábito que me ha convertido en un autodidacta que solo pretende llevar un mensaje de despertar y que dejen de ser borregos de los mismos amos de siempre.
Ojo aquí: creer que uno es libre e independiente cuando se maneja en el mundo de las formas, atrapados en el gran inconsciente colectivo, es otro tipo de engaño. Por eso creo que la única libertad que me tomo es elegir el collar del amo con el cual pretendo interactuar en el mundo de Maya —los invito a que lean mi artículo “El Collar del Amo”—. Intentaré ser breve:
Mundo Externo
El que se crea la película de que las grandes instituciones y países del mundo están al servicio de la causa legítima del deseo de los venezolanos está más pelado que mandarina lista para ser devorada, porque no entienden que, en resumen, el negocio Petrolero y ordenar no el patio trasero es ponerle orden y maquillaje al rancho. Negocios, puro y duro, ahora liderado por el nuevo amo con políticas anti-globalistas, wokistas y de falsa verde: Donald Trump.
Aquí no hay monjitas de la caridad ni buenos samaritanos., y si quieren alguna prueba revisen quién es el presidente de Siria este caramelito tropical. Decapatidor de cabezas de Alcaeda señalado, buscado como uno de los terrorista del mundo con recompensa sobre su cabeza, ahora con un gran estadista recibido por el mandamás de la casa blanca, así que la mona Delcy parece al lado de este nuevo estadista la mejor versión de la madre Teresa de Calcuta.
Mundo Interno
Quien me ha leido sabe lo que pasa hoy en Miraflores, lo está viendo claro, a menos que tenga los lentes sucios o empañados y no quiera limpiarlos por comodidad ignorante. Yo he dicho que no habrá cambio de régimen, porque esto se trata de cambiarle las formas al actual: del guapetón de barrio al criminal perdonado que promete haberse corregido y ahora preocuparse por igualdad, justicia, libertad económica y social. Será premiado por sus correctores si cumple al servicio del imperio que hoy domina nuestra zona.
A las pruebas me remito, repito: miren Siria y al “buen estadista” decapita-cabezas que hasta hace poco tenía recompensa como terrorista principal. Vean esa película para entender cómo se arman las piezas de ajedrez geopolítico. Los títeres seguirán con su narrativa de “Viva el Galáctico” y “Liberen a los secuestrados” para mantener lobotomizados a sus borregos, que ya parecen irremediables.
En este escenario, concluyo que el chavismo está cambiando software de tiranía extrema a tiranía baja con permisibilidad mientras haya orden. Y eso es lo que quieren los petroleros; habrá elecciones, primero la Asamblea, porque necesitan marco jurídico estable a su favor; los títeres de Miraflores se portarán bien; no me imagino cómo harán para no meterle trampilla al chorro de dólares que entrará, aunque los yanquis diseñan estructuras para que los campeones mundiales de la corrupción no se salgan del guion.
En esta transición, y con la memoria corta del venezolano, en elecciones futuras volverá a ganar la mona o quien decidan el Tío Trump, los petroleros y la CIA como candidato para regir el Estado 51 de la nación americana —no anexado formalmente—. Los “María Corina Lovers” prolongarán su llanto si no pasan del duelo de viuda a superar el auto-suicidio que ella misma se provocó por no limpiar sus lentes desde 2019.
Sin embargo, sí hay una brecha para escapar de las órdenes de títeres oficialistas y opositores: la transmutación de chavistas maduristas o maría-corinistas a venezolanos verdaderos, transformando su pasado y parte de su ADN cultural oportunista y vivarachero pendejo en venezolano modo lobo. Pero yo deposito mi esperanza en la Generación Z, la que viene atrás y los despiertos de boomers y millennials, porque hemos de sacar, no a un líder mesiánico que perpetúe la estructura piramidal caduca y creadora de sufrimiento, sino a alguien desconocido, sin pasado, anti-sistema, descalificado y burlado por la narrativa oficial y los borregos, pero con profundo coraje para cambios que no hay que inventar. Basta aplicar taoísmo, confucionismo, Maquiavelo y sabiduría antigua que ha superado miles de años de prueba.
A los atrapados en la Matrix que creen que este sufrimiento no tiene salida, vean la saga completa, pero presten atención al mensaje de fondo, no a las patadas de kung-fu. Siéntense cómodo y disfruten de la mona títere Delcy y los cambios mandados, o sigan viendo a las viudas de la oposición sin resultados políticos pero campeonas del enchufe, o gesten la transmutación a lo que su alma y corazón de venezolano les llame.
Oriana Aranguren estudia Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
“(…) la libertad no florece bajo la luz inclemente de un reflector perpetuo, donde solo se permite la actuación aprobada, pero sí florece en la penumbra, en el silencio y en el misterio de lo privado.”
Oriana Aranguren
En la sociedad actual, vivimos inmersos en un error categórico en la narrativa sobre la libertad que ha adquirido el estatus de dogma incuestionable, a saber: la transparencia es una virtud y la opacidad ha de levantar siempre sospecha, que es usada por muchos políticos que pretenden transformar una herramienta de control en una supuesta virtud social. Es decir, han intentado convencernos, y lo han logrado con muchos, de que la transparencia es, per se, un valor absoluto, y lo muestran expresiones del tipo: “quien nada debe, nada teme”, para que los ciudadanos no tengan ningún tipo de secreto de cara a los estados del mundo, con su vocación de control, y seguido por corporaciones tecnológicas. A juicio de muchos políticos, un mundo sin secretos es un mundo más seguro, más honesto y, paradójicamente, más libre. Sin embargo, esta premisa encierra una trampa lógica que erosiona los cimientos de la individualidad, pues, al equiparar la privacidad con el secreto ilícito, se legitima la vigilancia perpetua, encontrándonos, paradójicamente, con que la transparencia total no es una herramienta de liberación, sino el mecanismo más sofisticado de coacción que se haya diseñado en la historia de la humanidad.
Históricamente, la transparencia fue una exigencia del ciudadano hacia el poder —el Estado, la burocracia, el gasto público—, era un mecanismo de defensa contra la arbitrariedad de quien manejaba los recursos públicos y controlaba a los demás. Pero en el siglo XXI, la ecuación se ha invertido: hoy es el poder —estatal y corporativo— el que exige transparencia absoluta al individuo, eliminando la privacidad, el secreto, y, con ello, disolviendo la libertad, porque se ataca directamente la individualidad, al estar siempre bajo el escrutinio de la mirada ajena, y no necesariamente de personas que se interesan genuinamente por nosotros.
El ojo de Dios y la distopía de Anon: una ficción hecha realidad
Para ilustrar en dónde estamos —o hacia dónde nos dirigimos, si no lo vemos ya hoy—, no hace falta recurrir a abstracciones complejas, sino observar las proyecciones culturales que ya retrataron este declive, por ejemplo, la película Anon (2018), dirigida por Andrew Niccol. En esta, se nos presenta una sociedad donde la privacidad ha sido abolida técnicamente, pues, a través de una interfaz neuronal llamada “The Ether”, todo lo que el individuo ve es grabado, etiquetado y almacenado en una nube colectiva. Es decir, no existen el anonimato ni el olvido; la identidad es pública, accesible y verificable en tiempo real.
En este escenario, la policía presume haber erradicado el crimen porque el crimen suele habitar en lo oculto[1]. Sin embargo, el costo de esa seguridad es la desaparición del “Yo”, y ello queda probado cuando el protagonista, el detective Sal Frieland, camina por la calle, ya que no ve personas, sino que ve datos flotantes, historiales biográficos y estadísticas. La identidad se reduce a información disponible. El conflicto, no obstante, surge cuando aparece una anomalía: una mujer sin —aparente— huella digital, una “fantasma”. El sistema entra en pánico no porque ella sea necesariamente una criminal, sino porque es ilegible, porque, en un mundo que ha aceptado la vigilancia masiva, intromisiva, desconectarse o intentar no dejar huella digital no es solo una excentricidad, sino un acto criminal, porque el sistema considera que la opacidad es, por defecto, culpabilidad.
Si nosotros analizamos nuestra realidad actual, nos daremos cuenta que esta ficción no está lejos de ella. Si bien es cierto que no tenemos implantes en la retina —por ahora—, la presión social y la arquitectura tecnológica nos empujan hacia la misma conclusión: si no estás en la red, si no eres “visible”, eres sospechoso. La aspiración de la modernidad líquida —concepto de Zygmunt Bauman— es convertir al ser humano en un ente totalmente legible para el algoritmo. Pero debemos preguntarnos: si todo lo que hacemos es visible, registrado y susceptible de ser reproducido, ¿Somos realmente agentes libres o meros actores interpretando un papel para una audiencia perpetua? Si intentamos responder esta pregunta, repararemos en que la transparencia se ha convertido en una nueva forma de tiranía, una donde la coacción no viene dada, quizá, por un arma de fuego, sino por la exclusión social y la inhabilitación digital.
La falacia de “quien nada debe, nada teme”
Como ya señalé en un inicio, uno de los argumentos más perniciosos utilizados para justificar la invasión de la privacidad es la sentencia popular: “Si no estás haciendo nada malo, no tienes nada que ocultar”. Pero con esta sentencia asume que la privacidad es solo un refugio para el delito, lo cual es sinónimo de ignorar por completo la naturaleza humana, en la medida en que la privacidad no se trata de esconder lo “malo”, sino de proteger lo propio. Cuando cerramos la puerta del baño, por ejemplo, no lo hacemos porque estemos cometiendo un crimen, sino porque hay actos que pertenecen exclusivamente a la esfera íntima y que, al ser expuestos, pierden su dignidad.
En este sentido, el argumento de “nada que ocultar” invierte la carga de la prueba de la libertad, porque, en una sociedad libre, el individuo tiene el derecho a la opacidad, y es el poder quien debe justificar cualquier intromisión, pero en la sociedad de la transparencia total, el individuo es sospechoso por defecto si decide no compartir sus datos. Con esto, se nos obliga a ser cajas de cristal. Pero, como bien han señalado diversos pensadores críticos del totalitarismo, una sociedad donde todos pueden verlo todo no es una sociedad de confianza, sino una sociedad de vigilancia mutua, un panóptico[2] donde el carcelero ya no es necesario porque los prisioneros se vigilan entre sí y a sí mismos. Y de esto se desprende que el efecto más devastador de la tiranía de lo visible es la modificación de la conducta, porque el sujeto observado altera su comportamiento —si sabemos, o simplemente sospechamos, que nuestras palabras, búsquedas en internet y movimientos están siendo registrados, instintivamente ajustamos nuestra conducta a lo que se considera “aceptable” o “normal” para la sociedad, no significando necesariamente “bueno o malo” per se, sino “bueno o malo” según los ojos de la sociedad[3], y eso sin considerar que los estados tienden a tipificar como delitos cosas que no deberían serlo—.
Asimismo, el resultado es la estandarización del pensamiento, ya que la libertad de cometer errores, de explorar ideas radicales en privado, de probar identidades o de simplemente ser “incorrecto” sin consecuencias públicas, desaparece. En su lugar, surge una ciudadanía performática, donde cada acción está calculada para encajar en el molde socialmente aprobado, por consiguiente, no actuamos por convicción, sino por miedo al juicio de otros, que pueden acceder a nuestros datos en una especie de archivo eterno. Ergo, la transparencia absoluta, lejos de empoderarnos, nos encadena a una versión higienizada de nosotros mismos, nos quita la libertad de contradecirnos y de evolucionar —porque el registro digital no perdona ni olvida—. En suma, nos condena a ser esclavos de nuestro pasado y rehenes de la percepción ajena; si todo es visible, el individuo se congela en una versión estática de sí mismo, aterrorizado de desviarse de la norma estadística que el algoritmo o la sociedad espera de él. En este contexto, la libertad se reduce a la capacidad de elegir entre opciones pre-aprobadas por la mayoría, lo cual, en rigor, no es libertad en absoluto.
La asimetría del poder: la caja negra y la casa de cristal
Pero no todo acaba allí, porque, mientras por un lado nos autocensuramos ante la mirada del otro, nos encontramos con el hecho de que la transparencia absoluta no es un intercambio entre iguales, sino una transferencia unilateral de poder del individuo hacia la estructura, sea estatal o corporativa. Es decir, existe asimetría de información —no todos responden o ven lo de todos, sino solo los poderosos nos vigilan a nosotros— y, por si fuera poco, se hacen con la capacidad predictiva que les permite afianzar sus sistemas de control. Hoy, se nos exige ser libros abiertos, se nos insta a compartir nuestra ubicación, nuestras finanzas, nuestras relaciones y nuestros datos biométricos bajo la promesa de eficiencia y seguridad, sin embargo, mientras el ciudadano es empujado a habitar una casa de cristal, las entidades que recolectan esa información operan desde una “caja negra” impenetrable.
Nosotros no sabemos, por ejemplo, cómo funcionan los algoritmos que determinan qué noticias leemos, qué tasa de interés se nos asigna o si somos elegibles para un empleo. He aquí una paradoja en la era de la información: nunca antes el individuo había sido tan transparente para el poder, y nunca antes el poder había sido tan opaco para el individuo. En este desequilibrio, la libertad se vuelve una ilusión. Como bien señalan algunos, “el conocimiento es poder”, y quien posee los datos posee la capacidad de anticipar movimientos. Si una entidad —como el Estado— conoce nuestros patrones de conducta mejor que nosotros mismos, la capacidad de manipulación deja de ser una posibilidad teórica para convertirse en una certeza matemática. En este marco, ya no es necesario coaccionar físicamente a una población si se pueden diseñar los incentivos digitales —el conocido “nudging” o “pequeño empujón”, al que incluso apelan algunos libertarios cuando hablan de un oxímoron, como lo es el “paternalismo libertario”— para que las personas tomen las decisiones que el sistema desea, creyendo falsamente que son propias.
Comprender esto es importante, porque si la libertad humana está intrínsecamente ligada a lo impredecible, la capacidad de cambiar de rumbo, de actuar de manera irracional o de reinventarnos, la transparencia total alimenta una maquinaria de predicción masiva —si el sistema puede predecir con un 98% de exactitud qué compraremos, por quién votaremos o a dónde viajaremos basándose en nuestro historial, se cierra el horizonte de posibilidades—. Con ello se alimentan sesgos cognitivos, porque solo consumimos lo que el algoritmo “sabe” que nos gusta, encerrándonos en bucles de retroalimentación. Y en un mundo optimizado por la transparencia de datos, el azar se elimina por considerarse ineficiente, lo que, a su vez, elimina la ineficiencia del azar, la chispa de la creatividad y la disidencia.
Es necesaria la opacidad, al menos en cierto nivel
Frente a este avance del Estado para hacer toda nuestra vida visible, la defensa de la libertad en el siglo XXI, en la era digital, pasa necesariamente por la reivindicación de la opacidad. Debemos rechazar la noción moralista de que el secreto es sinónimo de culpabilidad, y entender que la culminación de esa supuesta “honestidad” es la instauración de un panóptico digital que anula la esencia misma del individuo; si la privacidad se ve como una anomalía sospechosa, el sistema nos arrebata el derecho a la interioridad, que es donde maduran el pensamiento crítico y la autenticidad, porque, en resumen, el secreto es el sustrato donde germina la autonomía.
En lo personal, extiendo una invitación a cada persona, al menos los que no tienen mentalidad de esclavos, para que comiencen a defender su privacidad, porque hacerlo no significa necesariamente conspirar contra la ley, sino protegernos de la estandarización forzosa y de que terceros incidan en nuestra vida a un nivel que solo se los permite hoy la tecnología. Como sugirió el filósofo Édouard Glissant, debemos reclamar nuestro “derecho a la opacidad”, es decir, el derecho a no ser totalmente comprendidos, categorizados ni reducidos a una fila en una base de datos. Y dicha resistencia no implica necesariamente una desconexión ludita, sino una consciencia activa sobre el valor de nuestra intimidad, es decir, implica entender que cada fragmento de privacidad que cedemos por comodidad es una fracción de soberanía individual que perdemos.
Como reflexión final, me gustaría resumir el mensaje general del texto en lo siguiente: la libertad no florece bajo la luz inclemente de un reflector perpetuo, donde solo se permite la actuación aprobada, pero sí florece en la penumbra, en el silencio y en el misterio de lo privado. Por tanto, defender ese espacio no es ocultar quiénes somos, más bien es preservar la única zona donde, quizá, realmente somos libres.
[1] Algo discutible, de hecho, porque si el crimen ha sido erradicado, entonces no serían necesarios los detectives. Más bien, lo que ha quedado eliminado son la resolución de los crímenes, pero, ¿A costa de qué?
[2] El filósofo Jeremy Bentham ideó en el siglo XVIII el “Panóptico”, una estructura carcelaria donde un solo vigilante podía observar a todos los prisioneros sin que estos supieran si estaban siendo mirados o no. La clave del control no era la vigilancia constante, sino la posibilidad de ser vigilado en cualquier momento. Esto inducía al prisionero a autocensurarse y a comportarse según las reglas, interiorizando la autoridad, Más tarde, Michel Foucault usaría esto como metáfora para la sociedad disciplinaria, carcelaria, moderna en “Vigilar y castigar”, pues el poder opera a tráves de una vigilancia constante y asimétrica que induce a los individuos al autocontrol y la normalización, extendiéndose a las escuelas, hospitales y fábricas para producir sujetos dóciles mediante la internalización de la mirada del poder, sin necesidad de usar fuerza física directa.
[3] Aquí cabe referir a “la patología de la normalidad” de Erich Fromm, quien explica que la vida social normal en las sociedades modernas —a su juicio, especialmente la capitalista, pero eso lo ignoraremos—, es inherentemente patológica —deshumanizante y alienante— porque promueve la adaptación y el conformismo, lo que lleva a la enajenación, la pérdida de individualidad y la incapacidad de relacionarse productivamente con la realidad, a pesar de ser socialmente aceptado. Es decir, lo “normal” se define erróneamente por la adaptación a un sistema que daña al ser humano, en lugar de por el desarrollo de la autonomía.
Las autoridades de China han confirmado una paquete financiero de USD$ 80 millones en concepto de ayuda a Cuba, así como un cargamento alimentario de 60.000 toneladas de arroz.
Así lo ha confirmado el embajador chino en La Habana, Hua Xin, en un encuentro con el dictador de Cuba, Miguel Díaz-Canel. La nueva ronda de ayuda a Cuba incluye una asistencia financiera para la adquisición de equipamiento eléctrico, además de un donativo de 60.000 toneladas de arroz para respaldar la situación alimentaria en la isla.
Hua también abordó los encuentros de los últimos días entre autoridades cubanas y chinas comoe el reciente encuentro entre el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, y el enviado especial de China para Asuntos América Latina y el Caribe, Qiu Xiaoqi.
Por su lado, Díaz-Canel ha subrayado la «intensa actividad» del embajador chino en Cuba. Igulamente ponderó el estado de los vínculos bilaterales e hizo énfasis en el desarrollo del programa de transformación digital que tiene apoyo de Pekín.
Esta muestra de apoyo llega en un momento en el que el presidente de EE. UU., Donald Trump, ha puesto en el punto de mira a la isla tras urgir a las autoridades cubanas a «llegar a un acuerdo» antes de que «sea demasiado tarde».
Las amenazas a la dictadura cubana suceden tras el éxito de la operación militar estadounidense en Caracas para detener al genocida dictador venezolano, Nicolás Maduro, que se encuentra preso en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn a la espera de su juicio en EE. UU.
En nuestra web utilizamos cookies para hacer tu navegación más personalizada en tus próximas visitas. Al hacer clic en "Aceptar" o navegar en la web, aceptas estas condiciones.
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these cookies, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may have an effect on your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.