Caracas. – La justicia argentina tramita la extradición del ex coronel de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Ephraín Enrique Verdú Torrelles, quien se encuentra en España, pero está implicado en crímenes de lesa humanidad y violación de Derechos Humanos, hechos que protagonizó durante las protestas ocurridas en Venezuela entre 2014 y 2017.
Según lo reveló la ONG Interjust, Verdú Torelles está acusado de asesinato durante las protestas. El caso se inició en junio de 2023 a partir de una denuncia penal presentada por el equipo de la ONG contra 14 oficiales de la GNB por presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos en Venezuela.
Una de las víctimas representadas por InterJust es Rosa Orozco, madre de Geraldin Moreno Orozco, una estudiante y jugadora de fútbol sala de 23 años, asesinada por efectivos de la GNB en febrero de 2014 en el estado de Carabobo mientras participaba en una manifestación.
En un comunicado difundido por la ONG, se detalla que uno de los oficiales está en España. En febrero de 2026, tras recibir información de InterJust que indicaba que Verdú Torrelles se encontraba en España, un juez argentino dictó orden de extradición.
“Llevo más de 12 años luchando para que la muerte de Geraldin no quede impune”, declaró Orozco. “Cada avance legal, como este, es también un reconocimiento a su vida, a sus sueños y al derecho de las víctimas venezolanas a obtener justicia”, indicó.
El proceso se enmarca en la figura de jurisdicción universal, que habilita a los tribunales argentinos a investigar delitos graves cometidos fuera de sus fronteras, independientemente de la nacionalidad de las víctimas y los acusados. Rosa Orozco es una de las personas representadas por InterJust en ese expediente, que abarca a múltiples víctimas de la represión estatal de aquel año.
El coronel Verdú Torrelles era segundo comandante del Destacamento de Seguridad Urbana (Desur) de Tocuyito, estado Carabobo en 2014, y es uno de los imputados en esa causa.
El exfuncionario es muy activo en sus redes sociales, actualiza su información con frecuencia, y según su perfil en la plataforma de LinkedIn, actualmente está radicado en Vigo en la comunidad de Galicia, España, donde trabaja desde julio de 2025 en la empresa Grupo Eulen. Hasta 2021 estuvo en Venezuela y ejerció su último cargo como coronel del Regimiento Guardia del Pueblo del estado Aragua.
Caracas. – Yanín Fabiana Pernía Coronel, una joven rehén política y pareja de otra víctima del narcorégimen chavista, José Miguel Estrada, está padeciendo fuertes trastornos psicológicos y físicos, tras descubrirse que fue abusada sexualmente por 30 custodios de la DGCIM.
Fue la madre de Estrada, Zoraida González quien reveló el caso durante una entrevista a la periodista Maryorin Méndez, al contar que la joven, recluida en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), habría sido víctima de una brutal agresión sexual cometida por funcionarios de custodia.
“Ella fue violada por 30 custodios, ¿Entonces para ella no hay excarcelación? Ella ha sufrido psicológicamente, y vaginalmente está sufriendo por tanto maltrato”, denunció González. La mujer pasa sus días y noches a las afueras de El Rodeo I esperando noticias de su hijo José Miguel, pareja de Yanin, también preso. Desde allí, entre el cansancio y la desesperación, decidió contar lo que sabe y lo que teme que siga ocurriendo.
Según el testimonio, los funcionarios habrían utilizado tanto sus armas de reglamento como violencia sexual directa durante las agresiones. «Ella ha sufrido psicológicamente y vaginalmente está sufriendo de tanto maltrato por la violación sexual que le afectaron esos 30 custodios, que a parte de su pene también le introducían el arma de reglamento”, denunció la mujer, al reclamar medidas humanitarias y protección para la detenida.
Cabe señalar que Yanín Pernía fue detenida en 2018 por el caso del supuesto atentado con drones contra Nicolás Maduro durante un acto militar en la avenida Bolívar de Caracas. La mujer, mesoterapeuta de profesión, fue acusada junto a otras personas de participar en el presunto magnicidio frustrado y posteriormente condenada a 30 años de prisión, la pena máxima en Venezuela.
Durante su desaparición forzada de una semana, estuvo bajo custodia de la DGCIM y el SEBIN. Allí, según denuncias, fue golpeada, colgada, electrocutada, asfixiada, sumergida en agua, expuesta a bajas temperaturas sin ropa y víctima de aplastamiento de uñas. La defensora de derechos humanos Tamara Sujú llevó su caso ante la Corte Penal Internacional.
Caracas. – Nicolás Maduro Guerra, alias «Nicolasito» e hijo del narcotirano preso en EE. UU., admitió este pasado miércoles que el chavismo debe pedir perdón por los “errores” y “excesos” cometidos durante sus años de ilegítimo gobierno.
«Es cierto que ha habido momentos difíciles, errores que hemos cometido y excesos por los que, como chavismo, debemos pedir perdón. La responsabilidad de dar el primer paso recae en nosotros», confesó Maduro Guerra, en una entrevista con el semanario editado en Hamburgo, en el norte de Alemania.
Reconoció que bajo el liderazgo de su padre se produjeron «excesos» y «momentos difíciles» que marcaron al país. Asimismo, señaló que entre esos excesos se encuentran actuaciones irregulares de cuerpos policiales y deficiencias dentro del sistema judicial venezolano.
“La justicia no siempre ha garantizado procesos justos ni el derecho a la defensa”, afirmó, al tiempo que calificó la situación como “un asunto muy serio”.
Cabe señalar que las declaraciones de Maduro Guerra representan uno de los reconocimientos más directos —relativamente— desde sectores del oficialismo sobre cuestionamientos relacionados con derechos humanos, procesos judiciales y actuaciones policiales ocurridas durante la administración chavista.
La entrevista también ofreció detalles sobre la situación actual de Nicolás Maduro, quien permanece recluido en un centro de detención en Nueva York tras su captura por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero.
Según Maduro Guerra, su padre mantiene contacto telefónico diario con su familia, generalmente alrededor de las siete de la tarde. Durante estas conversaciones, intenta mostrarse fortalecido, enviando mensajes de resiliencia a sus allegados.
Caracas. – A través de una publicación en su cuenta de la red X, la abogada Tamara Suju reveló más detalles sobre el homicidio del que fue víctima el rehén político Víctor Hugo Quero Navas, durante sus últimos días en el hospital militar de Caracas.
La también directora del Instituto Casla, dijo que Quero Navas ingresó el 14 de julio de 2025 al hospital militar, trasladado desde el centro penitenciario Rodeo I (Miranda). “Presentó desprendimiento y sangrado interno severo, por lo que los médicos lo intervinieron quirúrgicamente. Después lo ubicaron en el piso 11, área destinada a procesados militares, donde su estado de salud se agravó”, publicó.
Aseguró que los datos le fueron suministrados por una «patriota cooperante», quien habría presenciado los últimos momentos de este rehén de la Narcotiranía chavista. «Cuando exista Estado de Derecho y un Gobierno Democrático, pondré a disposición de la Justicia Universal y Nacional las pruebas que me hizo llegar esta valiente», prometió la abogada.
Señaló que entre el 15 y el 24 de julio, el paciente sufrió hemorragia interna, caída de hemoglobina, deterioro sistémico e insuficiencia respiratoria y que permaneció nueve días en esa sala común a pesar de la gravedad de su cuadro clínico.
“Las autoridades hospitalarias no lo trasladaron a Terapia Intensiva sino hasta poco antes de la medianoche del 24 de julio. Víctor Hugo Quero Navas falleció a las 12:50 de la madrugada del 25 de julio”, precisó Suju.
Asimismo, denunció que en este caso se cometieron dos graves irregularidades en el proceso para atender a la víctima: Omisión de Socorro Especializado y Violación de Protocolos Forenses. En cuanto a la Omisión de Socorro, indicó: «A pesar de su gravedad, de requerir vía central y oxígeno, no fue trasladado a la UCI, permaneciendo en área común de reclusión».
Mientras, sobre la Violación de Protocolos, Suju advirtió que «se desconoce si se cumplieron los protocolos internos del Hospital, pero si que fue sacado en una bolsa negra por personal del Rodeo 1.
También mencionó a algunos de los responsables implicados en este caso, identificados por los alias Rayden, alias Fido Divo y alias El Chivo, del Rodeo I, así como al jefe del servicio médico del penal. La abogada prometió publicar fotos de estos responsables apenas las tenga en su poder.
«Tan responsables son las autoridades del momento del Hospital Militar, los que ocultaron la gravedad y posterior muerte de Víctor Hugo, sabiendo como su madre como alma en pena lo buscaba, como el Juez, el Fiscal Gral, el Fiscal de la Causa, y seguramente otros implicados de ese Sistema del Horror llamado SESMAS», sentenció finalmente la defensora de Derechos Humanos.
Recuerdan que les comente de gente indignada del otro lado por el asesinato bajo custodia de #VictorQueroNavas?
Una "patriota cooperante" me ha hecho llegar un resumen (lo que puedo decir) sobre los últimos dias de Victor Hugo Quero Navas en el Hospital… pic.twitter.com/RPsonCZbn3
Cristian Romero, abogado Penalista, docente universitario, Coordinador Nacional de EsLibertad Colombia, Investigador jurídico, candidato a magister en derecho penal, columnista y conferencista.
“Lo que propone mi investigación no es simplemente flexibilizar permisos de porte, sino reemplazar un modelo centralizado, costoso y burocrático por un sistema de seguridad civil regulada basado en responsabilidad individual, monitoreo permanente y gobernanza comunitaria.”
Cristian Romero
Durante décadas, el debate sobre la seguridad en Colombia se ha movido entre dos extremos igual de insuficientes: quienes creen que el monopolio estatal absoluto sobre los medios de defensa garantiza automáticamente el orden público, y quienes reducen cualquier discusión sobre armas a consignas ideológicas. El problema es que la realidad colombiana no cabe en ninguno de esos simplismos, tanto por el contexto de violencia actual como por la violencia histórica que ha atravesado el país.
Hace bastante tiempo he estado trabajando en una propuesta que brinde una solución real a esta problemática y amplíe el marco de libertad en torno a la defensa de los colombianos. Se trata de mi investigación presentada en la maestría en derecho penal de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, la cual parte de una incógnita distinta: ¿qué ocurre cuando el Estado restringe de manera casi total el acceso legal a los medios de defensa personal en un país donde la violencia armada continúa siendo ejercida, principalmente, por actores ilegales que jamás han obedecido la ley?
El régimen colombiano de armas, estructurado alrededor del Decreto 2535 de 1993, descansa sobre una lógica que merece ser revisada con rigor jurídico y no con prejuicios políticos ni ideológicos. La regulación actual termina produciendo una consecuencia profundamente contradictoria: restringe principalmente al ciudadano que sí está dispuesto a cumplir la ley, mientras que el criminal continúa obteniendo armas por fuera del sistema legal. No estamos frente a una hipótesis ideológica, sino frente a un problema estructural. En Colombia, obtener legalmente un permiso de porte implica atravesar una cadena de barreras económicas, administrativas y burocráticas que convierten el acceso en un privilegio reservado para pocos sectores con capacidad económica o influencia política. Entre permisos, exámenes, cursos y adquisición del arma, el costo puede superar ampliamente varios salarios mínimos. Lo que termina generando un resultado práctico bastante evidente, a saber: el sistema no selecciona portadores por conducta, estabilidad emocional o responsabilidad individual, sino por capacidad económica o posición social.
Este punto es central. La jurisprudencia colombiana, particularmente en la Sentencia C-296 de 1995, ha sentado una base importante frente a esta problemática y a la interpretación que el derecho penal moderno realiza sobre ella: este no castiga personas por el supuesto peligro abstracto que representan, sino por conductas concretas que lesionan bienes jurídicos de tutela. El principio de derecho penal de acto impide que el Estado convierta la mera posibilidad de riesgo en fundamento suficiente para restringir indiscriminadamente libertades individuales. Sin embargo, gran parte del enfoque actual sobre armas termina operando precisamente bajo esa lógica: asumir que el ciudadano civil, por el simple hecho de aspirar a un mecanismo de defensa personal, constituye un peligro potencial.
La viabilidad constitucional del modelo
Mi investigación cuestiona esa premisa desde una perspectiva constitucional y del derecho penal. La Constitución colombiana no prohíbe de manera absoluta el porte civil. El artículo 223 establece el monopolio estatal sobre la fabricación e introducción de armas y municiones, pero al mismo tiempo permite que la ley regule las condiciones bajo las cuales los particulares pueden acceder a permisos otorgados por la autoridad competente. Esto tiene una consecuencia jurídica importante, puesto que la restricción vigente no proviene de una prohibición constitucional expresa, sino principalmente de decisiones administrativas y políticas públicas adoptadas a lo largo del tiempo.
El silogismo jurídico es relativamente claro:
Primera premisa: la Constitución admite el porte civil regulado.
Segunda premisa: el Congreso posee la facultad y libertad de configuración normativa para desarrollar el régimen jurídico correspondiente.
Tercera premisa: las restricciones actuales derivan, en gran medida, de políticas administrativas antes que de una prohibición constitucional absoluta.
Conclusión: el legislador colombiano puede ampliar legalmente el acceso regulado al porte de armas sin necesidad de reformar la Constitución.
Esto no significa eliminar controles ni promover una sociedad armada sin límites normativos. De hecho, la propuesta desarrollada en la investigación apunta exactamente a lo contrario: sustituir un sistema basado en barreras económicas por un modelo centrado en responsabilidad individual verificable.
¿Cómo funcionaría el modelo?
Lo que propone mi investigación no es simplemente flexibilizar permisos de porte, sino reemplazar un modelo centralizado, costoso y burocrático por un sistema de seguridad civil regulada basado en responsabilidad individual, monitoreo permanente y gobernanza comunitaria. La propuesta mantiene intacto el monopolio estatal sobre la fabricación, trazabilidad y registro de armas, pero transforma la lógica mediante la cual el ciudadano accede legalmente a mecanismos de defensa personal.
El modelo funciona a partir de una habilitación progresiva y condicionada. El ciudadano interesado no obtendría un permiso permanente e indefinido, sino una licencia sujeta a evaluación continua de conducta, historial y cumplimiento normativo. A diferencia del sistema actual, donde el principal filtro termina siendo la capacidad económica del solicitante, el nuevo esquema prioriza criterios verificables como antecedentes penales, ausencia de conductas típicas relevantes para el derecho penal, estabilidad conductual, entrenamiento certificado y permanencia dentro de comunidades reguladas de práctica y supervisión.
Uno de los elementos centrales de la propuesta es la creación de clubes certificados de tiro y defensa comunitaria con función pública delegada y supervisión estatal permanente. Estos espacios no operarían como simples polígonos recreativos, sino como instituciones de formación cívica y técnica encargadas de evaluar periódicamente a los portadores, verificar condiciones psicológicas y de idoneidad, registrar prácticas obligatorias y reportar comportamientos de riesgo o posibles conductas con relevancia penal a las autoridades competentes. El arma dejaría de entenderse como un objeto aislado de propiedad individual y pasaría a insertarse dentro de una estructura institucional de responsabilidad compartida.
A ello se suma un sistema obligatorio de seguro individual de responsabilidad civil del portador. Esto implica que toda persona autorizada para portar un arma debería mantener una póliza activa capaz de responder patrimonialmente frente a daños ocasionados por uso negligente, imprudente o irresponsable, especialmente en escenarios donde puedan concurrir conductas penalmente relevantes derivadas del uso indebido del arma de fuego. El objetivo es trasladar parte del costo del riesgo al propio portador y generar incentivos económicos reales hacia el comportamiento responsable. En otras palabras, el modelo busca que el ciudadano armado tenga no solo derechos, sino también obligaciones permanentes y consecuencias inmediatas frente a cualquier incumplimiento.
La propuesta también incorpora mecanismos de monitoreo continuo y pérdida automática de habilitación frente a conductas incompatibles con la licencia. Episodios relacionados con posibles tipos penales como violencia intrafamiliar, amenazas, lesiones personales, constreñimiento ilegal o cualquier manifestación de violencia dolosa activarían procesos de suspensión inmediata mientras se realiza la respectiva revisión institucional y jurídica. Del mismo modo, situaciones asociadas a abuso de sustancias psicoactivas, alteraciones graves de conducta, incumplimientos administrativos reiterados o antecedentes con relevancia criminológica serían objeto de evaluación permanente por parte de las autoridades competentes. La lógica cambia por completo: el permiso deja de ser una autorización estática otorgada una sola vez y se convierte en una relación jurídica dinámica sometida a evaluación constante.
Otro elemento fundamental consiste en reducir la actual aporofobia estructural del sistema colombiano de armas. Hoy, el acceso legal termina reservado para sectores con altos ingresos o conexiones políticas, mientras las poblaciones rurales y sectores vulnerables —precisamente los más expuestos a estructuras criminales armadas— permanecen excluidos del sistema legal de protección personal. La propuesta busca sustituir esa barrera económica por estándares objetivos de conducta, formación y supervisión institucional.
El modelo toma elementos comparados de sistemas como el suizo y de experiencias de gobernanza policéntrica estudiadas por Elinor Ostrom, donde la seguridad no depende exclusivamente de un monopolio vertical centralizado, sino también de estructuras comunitarias reguladas capaces de producir autocontrol, vigilancia mutua y cohesión social. No se trata de privatizar la seguridad ni de eliminar la autoridad estatal, sino de construir mecanismos complementarios donde el ciudadano deje de ser un sujeto pasivo completamente dependiente de la capacidad reactiva del Estado.
La propuesta, además, conserva límites deliberados estrictos. El porte seguiría prohibido en contextos políticos, manifestaciones, procesos electorales y determinados espacios públicos sensibles. El Estado conservaría facultades de inspección, registro, trazabilidad y revocatoria. Incluso la reforma contempla cláusulas de revisión periódica para medir empíricamente sus efectos sobre violencia, criminalidad, reincidencia y convivencia ciudadana.
En esencia, la investigación plantea una transformación del paradigma de seguridad colombiano: pasar de un modelo que presume peligrosidad abstracta sobre el ciudadano civil a un sistema que evalúe responsabilidad concreta, conducta verificable y capacidad real de convivencia dentro del orden jurídico.
Seguridad, libertad y responsabilidad individual
Hoy por hoy el debate público colombiano suele reducir esta discusión a caricaturas ideológicas importadas del contexto estadounidense o suizo. Pero Colombia tiene una realidad completamente distinta: amplias zonas con presencia institucional débil, mercados ilegales consolidados y poblaciones rurales que permanecen desprotegidas frente a estructuras criminales armadas. Allí, la prohibición no elimina la violencia; simplemente monopoliza la capacidad de defensa en manos de quienes ya operan al margen de la ley.
La seguridad no puede seguir entendiéndose únicamente como un monopolio vertical centralizado ejercido desde Bogotá hacia territorios donde el Estado muchas veces llega tarde o simplemente no llega. Una democracia liberal sólida también exige ciudadanos responsables, instituciones eficientes y marcos normativos coherentes con la realidad social y el tejido social que pretenden regular. Hablar de libertad en materia de seguridad no implica ausencia de reglas. Implica reconocer que un ciudadano respetuoso del imperio de la ley no debe ser tratado bajo la misma presunción que un criminal armado, como estamos viendo en la realidad colombiana. Implica entender que el derecho penal no puede construirse sobre el miedo abstracto al individuo, sino sobre responsabilidad concreta y verificable.
Colombia necesita abandonar los debates emocionales y empezar a discutir seriamente si el modelo vigente realmente ha producido los resultados que prometió durante más de treinta años. Porque cuando un sistema desarma principalmente a quien obedece la ley, mientras el crimen organizado continúa fortalecido, la pregunta ya no es si el modelo debe revisarse, sino cuánto tiempo más estamos dispuestos a ignorar sus consecuencias.
Referencias
Colombia. Constitución Política de 1991, artículo 223.
Colombia. Decreto 2535 de 1993, “Por el cual se expiden normas sobre armas, municiones y explosivos”.
Corte Constitucional de Colombia. Sentencia C-296 de 1995.
Elinor Ostrom. Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge University Press, 1990.
Jakobs, Günther. Derecho Penal. Parte General. Madrid: Marcial Pons.
Romero Cárdenas, Cristian Javier.Condiciones institucionales de gobernanza policéntrica para la reforma del régimen de tenencia y porte de armas de fuego: caso del Decreto 2535 de 1993 en Colombia. Trabajo de investigación presentado para optar al título de Magíster en Derecho Penal, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca.
Caracas. – La ONG Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) denunció que 14 personas privadas ilegítimamente de libertad han muerto bajo custodia del «Estado» chavista, entre abril y los primeros días de mayo de este año, es decir, durante la gestión interina del narcorégimen encabezada por Delcy Rodríguez.
Las cifras manejadas por OVP, y difundidas en una publicación de su cuenta en X, precisan que en 40 días se registraron 14 muertes en centros como Rodeo III y IV, Tocuyito, Uribana, El Marite y Yare III.
La lista de víctimas incluye a Leonel Rodríguez Ramos y José Espinales en el estado Lara, así como decesos en los centros de reclusión Rodeo III y IV, Tocuyito, Uribana, El Marite y la cárcel 26 de Julio.
Igualmente, la ONG indica que la víctima más reciente es Leonel Enrique Rodríguez Ramos, recluido en la Comunidad Penitenciaria Fénix, en el estado Lara, quien falleció el pasado 10 de mayo tras presentar un paro respiratorio.
Destaca también la opacidad en torno a cinco muertes ocurridas en Yare III, calificadas oficialmente como un motín, mientras familiares denuncian heridas por arma de fuego, y el caso del exconcejal José Manuel García Sabino en Anzoátegui, cuya muerte en calabozos policiales pasó de ser un “presunto suicidio” a una investigación por homicidio tras determinarse que la causa fue asfixia mecánica.
“La muerte de García Sabino vuelve a poner sobre la mesa la gravedad de lo que ocurre dentro de los centros de detención y calabozos policiales en Venezuela, donde el hacinamiento, la violencia, la ausencia de control institucional y la falta de garantías para la vida continúan dejando víctimas bajo custodia estatal”, expresó el observatorio.
La lista de víctimas también incluye a Francisco Segundo Ojeda, en el Centro de Reclusión Penitenciario Judicial 26 de Julio; Antonio José Manzano, en la antigua cárcel de El Marite; Yelamo Zárraga José Ramón, en Tocuyito; Rosqui Norberto Escalona, en Uribana; Deivi Enrique García, en Rodeo IV; y Ovidio José Madriz Mendoza, en Rodeo III.
El OVP denunció en su publicación que el narcorégimen interino “viola flagrantemente los derechos fundamentales de miles de privados de libertad” mientras que los familiares de los detenidos siguen asumiendo gastos médicos, medicamentos, alimentos e insumos básicos que el sistema penitenciario debería garantizar.
🚨#OVPDenuncia Al menos 14 personas privadas de libertad han muerto bajo custodia del Estado venezolano entre abril y los primeros días de mayo de 2026.
La más reciente víctima es Leonel Enrique Rodríguez Ramos, recluido en la Comunidad Penitenciaria Fénix, en el estado Lara,… pic.twitter.com/NAdqTce4vX
— Observatorio Venezolano de Prisiones (@oveprisiones) May 11, 2026
Caracas. – El director de la Policía Municipal de Anaco (Anzoátegui), comisario Pedro Parra, así como otros 11 funcionarios de ese organismo, fueron detenidos este martes por el CICPC, tras confirmarse que la muerte del exconcejal chavista, José Manuel Nazareth García Sabino (31), fue por estrangulamiento y asfixia mecánico, y no por un supuesto suicidio.
García fue hallado sin vida la noche del pasado sábado dentro de los calabozos del referido cuerpo policial, cuyo deceso está considerado como un caso similar al de Víctor Hugo Quero, en cuyo caso quedó demostrado que falleció bajo custodia del narcorégimen interino.
Se precisó, que el procedimiento lo ejecutó el CICPC de Anzoátegui, organismo que junto con la Fiscalía 19, adelanta las indagatorias sobre este caso. García Sabino fue hallado suspendido del cuello con un mecate, en el área de los baños del centro de detención.
La primera hipótesis fue que se quitó la vida. Sin embargo, tras el traslado de su cuerpo al Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses, en Barcelona, se confirmó que se trató de un homicidio.
A raíz de los resultados de la autopsia, el CICPC re-clasificó el caso como homicidio y abrió una investigación penal para determinar responsabilidades tanto en la custodia del detenido como dentro del propio centro policial.
En ese contexto, las autoridades ordenaron la detención del director de Polianaco y de otros 11 funcionarios policiales, señalados por presuntas fallas en los mecanismos de vigilancia y control del detenido.
De forma paralela, 34 reclusos que compartían el espacio de reclusión con García Sabino también quedaron bajo investigación mientras avanzan las pesquisas del Ministerio Público.
Mientras tanto, comisiones de la policía científica continúan efectuando experticias técnicas, entrevistas y recolección de evidencias dentro de la sede policial, a fin de esclarecer plenamente las circunstancias en las que ocurrió el fallecimiento del exedil.
Caracas. – La señora Carmen Teresa Navas, madre del rehén político Víctor Hugo Quero, asesinado bajo la custodia del narcorégimen chavista, exigió este sábado saber con exactitud cuándo falleció exactamente su hijo.
De acuerdo con las impresiones que obtuvo tras presenciar la exhumación de los retos de Quero, no parece que tuviera «ni 10 meses ni ocho meses de muerto», tiempo que, según el Ministerio Público afín a la tiranía chavista, sería el que lleva muerto.
La mujer de 82 años pidió a las autoridades venezolanas una explicación sobre las circunstancias que envolvieron la muerte del hombre. Estuvo durante varios meses recorriendo los centros penitenciarios del país para conseguir información sobre su hijo. Sin embargo, las autoridades ocultaron su fallecimiento durante casi un año —si el tiempo oficial dado es verdad—.
En un video que difundió la periodista Maryorin Méndez, quien la ha estado acompañando en todo este doloroso proceso antes y después de conocer el deceso de su hijo, Navas explicó que su dolor le ha impedido ofrecer declaraciones sobre el tema.
«Yo no he querido dar declaraciones porque me mataron a mi hijo. Nunca me dejaron verlo. De verdad, el dolor de una madre no lo supera nadie. Por eso no quiero dar declaraciones a la prensa, esto no es fácil».
Su principal exigencia ahora se centra en la transparencia de los resultados forenses. Según la versión que la Fiscalía comunicó a la familia, su hijo habría muerto hace casi 10 meses en el Hospital Militar; sin embargo, la madre sostiene que lo observado durante la experticia del viernes cuenta una historia distinta.
“Yo quiero que con la experticia que se hizo ayer, quiero saber en qué tiempo murió mi hijo… que digan, que aparezca qué día, porque mi hijo no tiene 10 meses ni 8 meses de muerto”, sentenció. Asimismo, exigió que se identifique a los responsables de los supuestos procedimientos médicos y el ocultamiento de los restos.
A pesar de su duelo personal, la señora Navas dedicó parte de su mensaje a las familias que aún tienen parientes tras las rejas por motivos políticos. Agradeció a quienes la acompañaron en la búsqueda de Víctor Hugo y extendió su petición de justicia hacia el resto de los detenidos.
Caracas. – Este viernes se llevó a cabo, la exhumación de los restos de Víctor Hugo Quero Navas en el Cementerio Jardín de la Puerta (Miranda), procedimiento que permitió la confirmación visual de la identidad del occiso, por parte de su madre, Carmen Teresa Navas.
Este reconocimiento directo de los restos, valida que se trató de un rehén político cuya muerte fue recientemente admitida por el narco-Estado chavista, tras meses de incertidumbre sobre su paradero.
La víctima se encontraba desaparecida desde que su madre denunció su detención el 3 de enero de 2025, y la exhumación ocurre tras múltiples denuncias de los familiares y organizaciones de derechos humanos, como el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) que, en un comunicado, exhortó a las autoridades gubernamentales a aclarar las irregularidades del caso.
Cabe señalar que Víctor Hugo Quero Navas estuvo desaparecido 16 meses, mientras su madre, de 82 años, realizaba la búsqueda de su hijo por distintos centros penitenciarios del país.
Por su parte, el Ministerio Público afín al narcorégimen interino chavista comunicó que ordenó “con prontitud la exhumación del cadáver” de Quero, procedimiento que estaría a cargo de un equipo forense adscrito a la Dirección General de Apoyo a la Investigación Penal, supuestamente “de conformidad con lo establecido en el Código Orgánico Procesal Penal”.
La confirmación oficial de la muerte Quero bajo custodia del chavismo reactivó reclamos y protestas en Venezuela, por parte de organizaciones no gubernamentales, partidos políticos y activistas. El interinato a cargo de Rodríguez informó el jueves, que el aprehendido presuntamente falleció en un hospital nueve meses atrás.
Diversas ONG’s y partidos señalaron que urge una revisión de las condiciones carcelarias y la actuación de las autoridades judiciales, mientras familiares de detenidos reiteraron su preocupación por los casos de desapariciones y falta de información sobre el paradero de personas bajo custodia.
Caracas. – Erika María “N” Herrera (63), la mujer acusada de asesinar a la ex reina de belleza Carolina Flores Gómez en México, fue detenida este pasado miércoles en Caracas durante un procedimiento realizado en el municipio El Hatillo.
Herrera se encontraba prófuga desde el 15 de abril, cuando cometió el feminicidio ocurrido en Polanco, alcaldía Miguel Hidalgo, Ciudad de México. La víctima fue asesinada dentro de un departamento y un video captó el momento en el cual Herrera disparó varias veces contra Flores, grabación que se hizo viral en las redes sociales.
El video exhibe el momento que la exreina de belleza discute con su suegra en la sala del apartamento. En medio de esa discusión, Carolina ingresó a una habitación del apartamento, donde es seguida por Erika María. Luego se oyen seis detonaciones y de seguido el reclamo del esposo de Carolina expresado en la pregunta «¿Qué hiciste, mamá?”. También se oye la respuesta a la presunta asesina cuando expresó: “Me hizo enojar”.
Su captura se logró luego de la emisión de una ficha roja de Interpol solicitada por la Fiscalía General de la República (FGR), en coordinación con la Fiscalía de la Ciudad de México, tras una orden de aprehensión en su contra. Fue capturada en un apartamento del edificio Parque Alegre, en la urbanización El Cigarral, municipio El Hatillo (Miranda).
Actualmente la mujer permanece bajo custodia de las autoridades venezolanas, mientras se realizan los trámites correspondientes para su extradición a México. Datos extraoficiales y no confirmados por redes sociales, aseguran que fueron militares fieles al narcorégimen interino chavista, quienes delataron la presencia de Herrera en Venezuela.
Presuntamente la extorsionaron con 150.000 dólares para no revelar su ubicación, pero al no tener más dinero para pagar a otros uniformados, decidieron delatarla.
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