María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)
“En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía.”
María José Salinas
«Los nazis no desaparecieron: solo dejaron de llamarse nazis». La frase incomoda porque apunta a una verdad que preferimos esquivar: el odio rara vez muere. Se recicla; cambia de lenguaje, de consignas y de banderas. Hoy, en plena era de la información, del acceso inmediato a los datos y del activismo digital, seguimos reproduciendo discursos cargados de resentimiento, deshumanización y dogmas morales disfrazados de virtud. Y uno de los odios más antiguos de la historia: el antisemitismo, sigue ahí, intacto, solo que con nuevos disfraces.
El antisemitismo no es una anomalía histórica ni un error aislado. No. Es un patrón. Reaparece con fuerza en épocas de crisis, miedo e incertidumbre colectiva. Durante la peste negra del siglo XIV, por ejemplo, se acusó a los judíos de envenenar pozos. El “indicio” era que enfermaban menos. La explicación real era mucho más simple: normas comunitarias de higiene y rituales de limpieza que reducían los contagios. Pero cuando el miedo domina, la razón estorba. El resultado fue persecución, pogromos y masacres.
Ese esquema se repitió durante siglos. Expulsiones, guetos, prohibiciones legales, deshumanización sistemática. Se les acusó de usureros, traidores o conspiradores globales, muchas veces como consecuencia directa de restricciones impuestas por las propias sociedades que luego los odiaban. Marginación, adaptación, supervivencia, relativo éxito… y de nuevo resentimiento.
Nada de esto desapareció con el tiempo. El antisemitismo nazi no surgió de la nada. Hitler no inventó el odio: lo heredó, lo institucionalizó y lo convirtió en política de Estado. El Holocausto fue la culminación brutal de siglos de mentiras repetidas hasta parecer verdades.
Lejos de quedar atrás, el antisemitismo no murió con el nazismo: mutó.
Hoy se disfraza de activismo, de superioridad moral, de consignas supuestamente humanitarias. Palabras como «sionismo» se vacían deliberadamente de significado y se convierten en insultos automáticos. En su definición más básica, el sionismo es el reconocimiento del derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a la existencia del Estado de Israel. No es una conspiración global ni un proyecto de dominación. Sin embargo, repetir caricaturas resulta más cómodo que estudiar conceptos.
Este vaciamiento del lenguaje no es exclusivo de este tema. Lo vimos también con términos como «neoliberalismo»: ideas complejas reducidas a monstruos imaginarios, útiles para señalar enemigos, no para comprender la realidad. Cuando las palabras dejan de explicar y empiezan a condenar, dejan de ser herramientas de análisis y se convierten en armas ideológicas.
Criticar a Israel no es antisemitismo por definición. Ningún país, religión o cultura es intocable. Negar la existencia de corrientes radicales dentro del judaísmo sería intelectualmente deshonesto. Lo determinante es que la diferencia es histórica y está ampliamente documentada: el pueblo judío ha sido hostigado, expulsado y exterminado incluso cuando no ostentaba poder alguno; persecuciones, pogromos y masacres no son opiniones: son hechos.
Y, aun así, la resiliencia judía ha sido extraordinaria: educación, comunidad, trabajo, adaptación. No desde la victimización perpetua, sino desde la reconstrucción constante. Esa capacidad de sobrevivir y prosperar, bajo amenaza constante, descoloca. Porque recuerda algo peligroso para las ideologías del resentimiento: que el progreso es posible sin rendirse al odio.
En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía. Se repite sin matices que “los sionistas matan niños”, mientras se ignora deliberadamente un contexto incómodo: Israel es uno de los pocos países de Medio Oriente donde conviven distintas religiones, incluidos musulmanes palestinos, con derechos civiles reconocidos.
La indignación, además, no es selectiva solo con Israel: es selectiva con todo.
Mientras se grita “genocidio” en Gaza, hay un silencio ensordecedor frente a lo que ocurre en Irán. Bajo el régimen de los ayatolás —una autocracia teocrática, no un gobierno conservador— más de 16 mil manifestantes han sido asesinados por pedir libertad. Mujeres, jóvenes y ciudadanos comunes cuyo único delito fue protestar. No hay marchas masivas con pancartas de #FreeIran; no hay campañas virales sostenidas. La razón es elocuente: el régimen iraní es aliado de esa misma izquierda internacional que levanta banderas humanitarias solo cuando conviene.
Para justificar ese silencio, surgen teorías conspirativas grotescas: que si los manifestantes son agentes del Mossad, que si la CIA infiltra protestas, como si un Estado con uno de los aparatos represivos más grandes del mundo no pudiera controlar supuestos infiltrados. Lo que sí está documentado, en los hechos, es que fuerzas del régimen —muchas veces vestidas de civiles— disparan abiertamente contra su propia población. Aceptar esto implicaría reconocer un genocidio incómodo.
Lo mismo ocurre con Venezuela. Cuando Estados Unidos actúa contra Nicolás Maduro, el discurso dominante habla de “invasión” y de “violación de la soberanía”. No obstante, la soberanía no es una consigna vacía: implica el respeto a la voluntad del pueblo. En Venezuela, esa voluntad fue anulada hace años. No hay elecciones libres; existen presos políticos y centros de tortura, entre ellos El Helicoide, que continúan operando. Dado que el régimen es aliado ideológico, el horror se relativiza.
Aquí no se trata de defender a la izquierda o a la derecha. De hecho, la nueva derecha también tiene responsabilidad. En no pocos casos, vemos de qué manera se intenta desprestigiar a figuras del calibre de María Corina Machado, no por su lucha frontal contra una de las dictaduras más crueles de América Latina, sino porque no encaja en una narrativa moral rígida. Defender libertades individuales, apoyar el matrimonio igualitario o sostener posturas complejas sobre el aborto basta para que la llamen “progre” o “woke”, como si la libertad solo fuera válida cuando coincide con el dogma propio.
Machado ha demostrado algo que escasea en ambos extremos: poner el bien de su país por encima del ego, del reconocimiento personal o de la pureza ideológica. Incluso cuando eso implica gestos difíciles, estratégicos o políticamente incorrectos. Porque hay momentos en los que la prioridad no es sentirse moralmente superior; es sacar a un cáncer enquistado del poder, aunque el costo personal sea alto y el riesgo, real.
Eso es lo que los extremos no toleran: a quienes no se someten por completo a su relato. A quienes entienden que la libertad no viene en paquetes ideológicos cerrados, ni en consignas fáciles, ni en enemigos prediseñados.
Al final, conviene decirlo sin rodeos: odiar al otro no te hace mejor persona, no te vuelve más consciente, ni más justo, ni más humano. Te convierte en alguien dominado por el resentimiento, en alguien que necesita un enemigo para sentirse moralmente superior. El odio no es valentía intelectual: es la renuncia más cómoda al pensamiento propio.
Hoy contemplamos una izquierda que condiciona su humanidad según alianzas políticas y una derecha que pretende monopolizar la moral mientras recorta libertades individuales. Dos caras de la misma moneda: la falsa superioridad moral. Ambas prefieren el dogma a la reflexión y el resentimiento a la libertad.
El problema ya no es solo el antisemitismo. Es más profundo y peligroso: una cultura política donde se odia más de lo que se ama la libertad. Donde se justifica la tiranía si el tirano es “de los nuestros”. Donde se prefiere ver pueblos sometidos antes que aceptar que la vida, la propiedad y la libertad individual siguen siendo valores irrenunciables, provengan de donde provengan.
La historia no se repite de manera exacta, pero rima con el pasado. Y cuando el odio vuelve a disfrazarse de virtud, el verdadero acto de rebeldía es negarse a convertirse en él.
Oriana Aranguren estudia Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.
“(…) la libertad no florece bajo la luz inclemente de un reflector perpetuo, donde solo se permite la actuación aprobada, pero sí florece en la penumbra, en el silencio y en el misterio de lo privado.”
Oriana Aranguren
En la sociedad actual, vivimos inmersos en un error categórico en la narrativa sobre la libertad que ha adquirido el estatus de dogma incuestionable, a saber: la transparencia es una virtud y la opacidad ha de levantar siempre sospecha, que es usada por muchos políticos que pretenden transformar una herramienta de control en una supuesta virtud social. Es decir, han intentado convencernos, y lo han logrado con muchos, de que la transparencia es, per se, un valor absoluto, y lo muestran expresiones del tipo: “quien nada debe, nada teme”, para que los ciudadanos no tengan ningún tipo de secreto de cara a los estados del mundo, con su vocación de control, y seguido por corporaciones tecnológicas. A juicio de muchos políticos, un mundo sin secretos es un mundo más seguro, más honesto y, paradójicamente, más libre. Sin embargo, esta premisa encierra una trampa lógica que erosiona los cimientos de la individualidad, pues, al equiparar la privacidad con el secreto ilícito, se legitima la vigilancia perpetua, encontrándonos, paradójicamente, con que la transparencia total no es una herramienta de liberación, sino el mecanismo más sofisticado de coacción que se haya diseñado en la historia de la humanidad.
Históricamente, la transparencia fue una exigencia del ciudadano hacia el poder —el Estado, la burocracia, el gasto público—, era un mecanismo de defensa contra la arbitrariedad de quien manejaba los recursos públicos y controlaba a los demás. Pero en el siglo XXI, la ecuación se ha invertido: hoy es el poder —estatal y corporativo— el que exige transparencia absoluta al individuo, eliminando la privacidad, el secreto, y, con ello, disolviendo la libertad, porque se ataca directamente la individualidad, al estar siempre bajo el escrutinio de la mirada ajena, y no necesariamente de personas que se interesan genuinamente por nosotros.
El ojo de Dios y la distopía de Anon: una ficción hecha realidad
Para ilustrar en dónde estamos —o hacia dónde nos dirigimos, si no lo vemos ya hoy—, no hace falta recurrir a abstracciones complejas, sino observar las proyecciones culturales que ya retrataron este declive, por ejemplo, la película Anon (2018), dirigida por Andrew Niccol. En esta, se nos presenta una sociedad donde la privacidad ha sido abolida técnicamente, pues, a través de una interfaz neuronal llamada “The Ether”, todo lo que el individuo ve es grabado, etiquetado y almacenado en una nube colectiva. Es decir, no existen el anonimato ni el olvido; la identidad es pública, accesible y verificable en tiempo real.
En este escenario, la policía presume haber erradicado el crimen porque el crimen suele habitar en lo oculto[1]. Sin embargo, el costo de esa seguridad es la desaparición del “Yo”, y ello queda probado cuando el protagonista, el detective Sal Frieland, camina por la calle, ya que no ve personas, sino que ve datos flotantes, historiales biográficos y estadísticas. La identidad se reduce a información disponible. El conflicto, no obstante, surge cuando aparece una anomalía: una mujer sin —aparente— huella digital, una “fantasma”. El sistema entra en pánico no porque ella sea necesariamente una criminal, sino porque es ilegible, porque, en un mundo que ha aceptado la vigilancia masiva, intromisiva, desconectarse o intentar no dejar huella digital no es solo una excentricidad, sino un acto criminal, porque el sistema considera que la opacidad es, por defecto, culpabilidad.
Si nosotros analizamos nuestra realidad actual, nos daremos cuenta que esta ficción no está lejos de ella. Si bien es cierto que no tenemos implantes en la retina —por ahora—, la presión social y la arquitectura tecnológica nos empujan hacia la misma conclusión: si no estás en la red, si no eres “visible”, eres sospechoso. La aspiración de la modernidad líquida —concepto de Zygmunt Bauman— es convertir al ser humano en un ente totalmente legible para el algoritmo. Pero debemos preguntarnos: si todo lo que hacemos es visible, registrado y susceptible de ser reproducido, ¿Somos realmente agentes libres o meros actores interpretando un papel para una audiencia perpetua? Si intentamos responder esta pregunta, repararemos en que la transparencia se ha convertido en una nueva forma de tiranía, una donde la coacción no viene dada, quizá, por un arma de fuego, sino por la exclusión social y la inhabilitación digital.
La falacia de “quien nada debe, nada teme”
Como ya señalé en un inicio, uno de los argumentos más perniciosos utilizados para justificar la invasión de la privacidad es la sentencia popular: “Si no estás haciendo nada malo, no tienes nada que ocultar”. Pero con esta sentencia asume que la privacidad es solo un refugio para el delito, lo cual es sinónimo de ignorar por completo la naturaleza humana, en la medida en que la privacidad no se trata de esconder lo “malo”, sino de proteger lo propio. Cuando cerramos la puerta del baño, por ejemplo, no lo hacemos porque estemos cometiendo un crimen, sino porque hay actos que pertenecen exclusivamente a la esfera íntima y que, al ser expuestos, pierden su dignidad.
En este sentido, el argumento de “nada que ocultar” invierte la carga de la prueba de la libertad, porque, en una sociedad libre, el individuo tiene el derecho a la opacidad, y es el poder quien debe justificar cualquier intromisión, pero en la sociedad de la transparencia total, el individuo es sospechoso por defecto si decide no compartir sus datos. Con esto, se nos obliga a ser cajas de cristal. Pero, como bien han señalado diversos pensadores críticos del totalitarismo, una sociedad donde todos pueden verlo todo no es una sociedad de confianza, sino una sociedad de vigilancia mutua, un panóptico[2] donde el carcelero ya no es necesario porque los prisioneros se vigilan entre sí y a sí mismos. Y de esto se desprende que el efecto más devastador de la tiranía de lo visible es la modificación de la conducta, porque el sujeto observado altera su comportamiento —si sabemos, o simplemente sospechamos, que nuestras palabras, búsquedas en internet y movimientos están siendo registrados, instintivamente ajustamos nuestra conducta a lo que se considera “aceptable” o “normal” para la sociedad, no significando necesariamente “bueno o malo” per se, sino “bueno o malo” según los ojos de la sociedad[3], y eso sin considerar que los estados tienden a tipificar como delitos cosas que no deberían serlo—.
Asimismo, el resultado es la estandarización del pensamiento, ya que la libertad de cometer errores, de explorar ideas radicales en privado, de probar identidades o de simplemente ser “incorrecto” sin consecuencias públicas, desaparece. En su lugar, surge una ciudadanía performática, donde cada acción está calculada para encajar en el molde socialmente aprobado, por consiguiente, no actuamos por convicción, sino por miedo al juicio de otros, que pueden acceder a nuestros datos en una especie de archivo eterno. Ergo, la transparencia absoluta, lejos de empoderarnos, nos encadena a una versión higienizada de nosotros mismos, nos quita la libertad de contradecirnos y de evolucionar —porque el registro digital no perdona ni olvida—. En suma, nos condena a ser esclavos de nuestro pasado y rehenes de la percepción ajena; si todo es visible, el individuo se congela en una versión estática de sí mismo, aterrorizado de desviarse de la norma estadística que el algoritmo o la sociedad espera de él. En este contexto, la libertad se reduce a la capacidad de elegir entre opciones pre-aprobadas por la mayoría, lo cual, en rigor, no es libertad en absoluto.
La asimetría del poder: la caja negra y la casa de cristal
Pero no todo acaba allí, porque, mientras por un lado nos autocensuramos ante la mirada del otro, nos encontramos con el hecho de que la transparencia absoluta no es un intercambio entre iguales, sino una transferencia unilateral de poder del individuo hacia la estructura, sea estatal o corporativa. Es decir, existe asimetría de información —no todos responden o ven lo de todos, sino solo los poderosos nos vigilan a nosotros— y, por si fuera poco, se hacen con la capacidad predictiva que les permite afianzar sus sistemas de control. Hoy, se nos exige ser libros abiertos, se nos insta a compartir nuestra ubicación, nuestras finanzas, nuestras relaciones y nuestros datos biométricos bajo la promesa de eficiencia y seguridad, sin embargo, mientras el ciudadano es empujado a habitar una casa de cristal, las entidades que recolectan esa información operan desde una “caja negra” impenetrable.
Nosotros no sabemos, por ejemplo, cómo funcionan los algoritmos que determinan qué noticias leemos, qué tasa de interés se nos asigna o si somos elegibles para un empleo. He aquí una paradoja en la era de la información: nunca antes el individuo había sido tan transparente para el poder, y nunca antes el poder había sido tan opaco para el individuo. En este desequilibrio, la libertad se vuelve una ilusión. Como bien señalan algunos, “el conocimiento es poder”, y quien posee los datos posee la capacidad de anticipar movimientos. Si una entidad —como el Estado— conoce nuestros patrones de conducta mejor que nosotros mismos, la capacidad de manipulación deja de ser una posibilidad teórica para convertirse en una certeza matemática. En este marco, ya no es necesario coaccionar físicamente a una población si se pueden diseñar los incentivos digitales —el conocido “nudging” o “pequeño empujón”, al que incluso apelan algunos libertarios cuando hablan de un oxímoron, como lo es el “paternalismo libertario”— para que las personas tomen las decisiones que el sistema desea, creyendo falsamente que son propias.
Comprender esto es importante, porque si la libertad humana está intrínsecamente ligada a lo impredecible, la capacidad de cambiar de rumbo, de actuar de manera irracional o de reinventarnos, la transparencia total alimenta una maquinaria de predicción masiva —si el sistema puede predecir con un 98% de exactitud qué compraremos, por quién votaremos o a dónde viajaremos basándose en nuestro historial, se cierra el horizonte de posibilidades—. Con ello se alimentan sesgos cognitivos, porque solo consumimos lo que el algoritmo “sabe” que nos gusta, encerrándonos en bucles de retroalimentación. Y en un mundo optimizado por la transparencia de datos, el azar se elimina por considerarse ineficiente, lo que, a su vez, elimina la ineficiencia del azar, la chispa de la creatividad y la disidencia.
Es necesaria la opacidad, al menos en cierto nivel
Frente a este avance del Estado para hacer toda nuestra vida visible, la defensa de la libertad en el siglo XXI, en la era digital, pasa necesariamente por la reivindicación de la opacidad. Debemos rechazar la noción moralista de que el secreto es sinónimo de culpabilidad, y entender que la culminación de esa supuesta “honestidad” es la instauración de un panóptico digital que anula la esencia misma del individuo; si la privacidad se ve como una anomalía sospechosa, el sistema nos arrebata el derecho a la interioridad, que es donde maduran el pensamiento crítico y la autenticidad, porque, en resumen, el secreto es el sustrato donde germina la autonomía.
En lo personal, extiendo una invitación a cada persona, al menos los que no tienen mentalidad de esclavos, para que comiencen a defender su privacidad, porque hacerlo no significa necesariamente conspirar contra la ley, sino protegernos de la estandarización forzosa y de que terceros incidan en nuestra vida a un nivel que solo se los permite hoy la tecnología. Como sugirió el filósofo Édouard Glissant, debemos reclamar nuestro “derecho a la opacidad”, es decir, el derecho a no ser totalmente comprendidos, categorizados ni reducidos a una fila en una base de datos. Y dicha resistencia no implica necesariamente una desconexión ludita, sino una consciencia activa sobre el valor de nuestra intimidad, es decir, implica entender que cada fragmento de privacidad que cedemos por comodidad es una fracción de soberanía individual que perdemos.
Como reflexión final, me gustaría resumir el mensaje general del texto en lo siguiente: la libertad no florece bajo la luz inclemente de un reflector perpetuo, donde solo se permite la actuación aprobada, pero sí florece en la penumbra, en el silencio y en el misterio de lo privado. Por tanto, defender ese espacio no es ocultar quiénes somos, más bien es preservar la única zona donde, quizá, realmente somos libres.
[1] Algo discutible, de hecho, porque si el crimen ha sido erradicado, entonces no serían necesarios los detectives. Más bien, lo que ha quedado eliminado son la resolución de los crímenes, pero, ¿A costa de qué?
[2] El filósofo Jeremy Bentham ideó en el siglo XVIII el “Panóptico”, una estructura carcelaria donde un solo vigilante podía observar a todos los prisioneros sin que estos supieran si estaban siendo mirados o no. La clave del control no era la vigilancia constante, sino la posibilidad de ser vigilado en cualquier momento. Esto inducía al prisionero a autocensurarse y a comportarse según las reglas, interiorizando la autoridad, Más tarde, Michel Foucault usaría esto como metáfora para la sociedad disciplinaria, carcelaria, moderna en “Vigilar y castigar”, pues el poder opera a tráves de una vigilancia constante y asimétrica que induce a los individuos al autocontrol y la normalización, extendiéndose a las escuelas, hospitales y fábricas para producir sujetos dóciles mediante la internalización de la mirada del poder, sin necesidad de usar fuerza física directa.
[3] Aquí cabe referir a “la patología de la normalidad” de Erich Fromm, quien explica que la vida social normal en las sociedades modernas —a su juicio, especialmente la capitalista, pero eso lo ignoraremos—, es inherentemente patológica —deshumanizante y alienante— porque promueve la adaptación y el conformismo, lo que lleva a la enajenación, la pérdida de individualidad y la incapacidad de relacionarse productivamente con la realidad, a pesar de ser socialmente aceptado. Es decir, lo “normal” se define erróneamente por la adaptación a un sistema que daña al ser humano, en lugar de por el desarrollo de la autonomía.
Génesis N. Rodríguez G., economista de la UCV, coordinadora local de EsLibertad Venezuela
“(…) aprovechemos que tenemos talento y capital humano, capacitado para levantar esta nación, no dejes pasar la oportunidad de hacer grandes cosas en tu país, ese que te ha dado tanto, no solo un hogar, sino una educación, formación, amigos, seguridad, felicidad y muchas cosas más.”
Génesis N. Rodríguez G.
A propósito del día de la depresión, el cual se conmemoró el 13 de enero, decidí escribir acerca de este tema porque he notado de manera significativa como la depresión en los venezolanos ha crecido. Y es que, según el estudio psicodata de la UCAB 2024-2025, la depresión creció desde el 2015 un 20% durante esta última década. Algo que debemos entender es el significado de la depresión, ya que últimamente escucho a mucha gente a mi alrededor —sobre todo jóvenes menores de 25 años— decir: “yo sufro de depresión” y muchas veces ni saben lo que están diciendo, algunas veces he llegado a pensar que lo dicen por moda, y es que para uno poder decir que sufre de algo con tal seguridad lo mínimo es que hayas sido diagnosticado con eso por un profesional médico, de resto es mejor no estar haciendo tales afirmaciones, porque el cuerpo responde a las palabras que a menudo uno se repite.
La RAE define la depresión como la acción y efecto de deprimir o deprimirse, y el concepto psicológico nos dice que es un Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos. Existen muchos factores que influyen en nuestro estado de ánimo y conducta, pero debemos saber que todo nace desde el pensamiento, una mente sana y con pensamientos positivos te mantienen con una mejor salud, vemos la vida menos compleja y los problemas más sencillos de resolver, porque aunque a veces no tengamos de inmediato la solución del problema, estamos convencidos de que vamos a encontrarla, y solo siendo optimista y positivo se resuelven los problemas, porque ya en su mente se lo creyó, lo visualizo, comprendió que algo anda mal pero sabe que si es pesimista puede ser peor y decide abrir paso a un abanico de ideas creativas, cargadas de alegría, lucidez y análisis crítico, y es allí como da paso a lo bueno, y no a los pensamientos depresivos.
Hasta hace poco fuimos “el país más feliz del mundo”, o al menos eso nos hicieron creer con su narrativa oficial los ejecutivos del gobierno durante muchos años, después de anunciar la noticia un día sábado por el entonces ministro del Poder Popular para la Alimentación, Rafael Oropeza, quien mostró el artículo del libro Guinness 2008, que reseñaba unas encuestas que realizo la organización y se estableció que el 57% de los Venezolanos consultados decían “ser bastante felices” y ya para los años 2013 y 2014 toda esa felicidad iba en deterioro y ocupábamos el puesto 20 según el estudio Gallup, y luego para el año 2019 el ranking de felicidad de la Organización de las Naciones Unidas nos situó en el puesto 108 —tristemente en los últimos puestos entre los países más infelices del mundo—.
Como buena economista egresada de la UCV, reviso las estadísticas para hablar con base de tales acontecimientos, es así como presto atención al pasado para recordar porque éramos llamado los “más felices del mundo”, y como no serlo si tenemos la reserva de petróleo más grande del mundo, cantidades de recursos minerales los cuales muchos aun ni han sido explotados —carbón, oro, bauxita, torio, tantalio, uranio, cobre, gas, entre otros—, maravillas naturales que, como turismo, aún no han sido valoradas ni se les ha sacado el provecho económico que deberíamos, con tan solo estos aspectos que he mencionado tendríamos para decir que como nación tenemos para ser felices por siempre, sin contar que tenemos un clima privilegiado, un suelo muy fértil según atlas Venezuela, apto para producir distintas cantidades de alimento, vegetales, frutas, tubérculos, y si miramos hacia el lado de la agricultura y ganadería, como bien mencionaba nuestro maravilloso Economista Venezolano Alberto Adriani, el cual, en sus escritos siempre hizo hinca pie en que debemos invertir tecnología y recursos en esta área, porque el sector agrícola tiene mucho potencial para hacer crecer la economía en Venezuela pero no se le ha dado la importancia, y nos urge innovar ahora mismo, ¿por qué desaprovechar todas esas extensiones de tierra que Dios nos regaló?
En este escenario, como mujer aguerrida y pensante, me digo y les digo: aprovechemos que tenemos talento y capital humano, capacitado para levantar esta nación, no dejes pasar la oportunidad de hacer grandes cosas en tu país, ese que te ha dado tanto, no solo un hogar, sino una educación, formación, amigos, seguridad, felicidad y muchas cosas más. Debo siempre hablar desde lo real, pisando tierra firme, y saber que estamos pasando por tiempos de mucha incertidumbre, confusión, muchas emociones encontradas como sociedad, y aunque no será fácil salir de esto tan complejo, debemos empezar, y arrancar con todos los motores, para poder construir una nación potencia debemos hacerlo unidos, en conjunto, en fraternidad, en amor como manda Dios, el amor todo lo soporta y nosotros como país hemos soportado de todo, sobrepasado tantas pruebas, y ahora es el momento de ver la gloria, y solo la veremos si empezamos a educarnos, a cambiar culturalmente, manteniendo pensamientos productivos, el que este en la etapa de estudiante que estudie, que se preocupe por aprender bien y ser el mejor en su área, el que este laborando labore bien, hay que dar el 100 todos los días. El que este sembrando, siembre bien, y quienes aun en este punto no saben qué hacer con sus vidas, tómese unos 3 minutos de su tiempo, analice su realidad, y estoy segura que encontrara la respuesta; siendo optimista, espero que en sus adentros se digan así mismos algo así: “Yo SÍ quiero ser parte de este nuevo comienzo en Venezuela”.
Dicho lo anterior, me gustaría terminar con unas palabras de Dalai Lamal: “El propósito de la vida es la felicidad”. Insto a que la busquemos con inteligencia, sabiduría, esfuerzo, disciplina, confianza y capacidad para reflexionar, solo unidos iremos camino a su encuentro.
“(…) Edmundo se diluye y María Corina entiende algo esencial: Washington no es un espacio para construir transiciones, sino para reposicionarse. Su presencia allí no busca puentes ni pedidos formales, sino mantenerse dentro del juego.”
Orlando Fuenmayor
La noche del 2 de enero yo estaba escribiendo un artículo titulado No hay con quién hablar, y que nunca publique por obvias razones. No era un texto sobre diálogo ni negociación —nunca lo fue—, sino sobre la imposibilidad de resolver el conflicto venezolano a través de intermediarios políticos tradicionales. Mi premisa era clara: Venezuela solo salía de su crisis mediante una intervención. En eso no me equivoqué; el error fue no haber dimensionado cómo iba a ejecutarse esa intervención.
Mientras yo analizaba el escenario desde una lógica de presión externa progresiva —sanciones, aislamiento, desgaste internacional—, la apuesta que se estaba jugando era mucho más cruda y directa. La acción de Donald Trump no contradijo el diagnóstico de fondo, pero sí rompió la forma “ordenada” en la que muchos creímos que ese desenlace iba a producirse.
Ese mismo 2 de enero, mientras escribía que Edmundo González y María Corina no lograban consolidar un liderazgo político real y que Nicolás Maduro se negaba a cualquier salida pactada por su obsesión de sostener su proyecto hegemónico, la historia avanzaba por otro carril. Maduro no estaba calculando escenarios de transición ni midiendo costos diplomáticos. Estaba atrincherado, convencido de que resistir era suficiente. No lo fue. Terminó capturado y encarcelado.
Ahí quedó claro el verdadero error de mi análisis: pensar que la intervención iba a operar principalmente desde afuera hacia adentro, cuando en realidad iba a gestarse desde adentro hacia afuera. Donald Trump no es un político convencional. No actúa bajo los códigos clásicos de la diplomacia ni bajo la lógica del reconocimiento institucional. Su pragmatismo lo lleva a una conclusión incómoda, pero históricamente eficaz: los regímenes autoritarios no caen por presión externa sostenida, sino por fractura interna inducida.
La intervención nunca necesitó de la oposición formal. Necesitaba del chavismo. No de interlocutores simbólicos, ni de gobiernos paralelos, ni de relatos electorales. Lo que hacía falta era alguien del círculo íntimo de Nicolás Maduro con poder real, información y disposición a venderlo. Alguien capaz de romper el bloque desde adentro. Y en ese punto, el nombre es inevitable: Delcy Rodríguez.
No haber dimensioné que la clave de la intervención no estaba en acumular legitimidad internacional, sino en activar una traición interna. No por supuestos alineamientos militares con la oposición —narrativa repetida durante años—, sino por un cálculo frío dentro de la cúpula del poder.
Nunca existió un estamento militar esperando instrucciones opositoras. Esa fue una ilusión cuidadosamente alimentada. Y aquí entra el segundo eje clave: la estrategia de María Corina Machado. Su lectura del factor militar fue, como mínimo, optimista. Durante años se transmitieron informes, señales y expectativas sobre unas Fuerzas Armadas dispuestas a desconocer a Maduro. Nada de eso se materializó. No hubo quiebre institucional desde abajo. El quiebre vino desde arriba.
Eso no invalida su rol político, pero sí marca un límite claro de su estrategia: el poder real nunca estuvo donde ella decía que estaba. En este contexto, surge una pregunta incómoda: ¿sabía Edmundo González que su figura no era clave para el desenlace real? ¿Le advirtieron desde Washington que su llamado “gobierno electo” carecía de peso operativo?
Porque hoy queda claro que la captura de Nicolás Maduro no se fundamenta en resultados electorales, sino en la ilegitimidad estructural del sistema. No se actuó por un fraude puntual, sino porque el proceso electoral venezolano dejó de existir como mecanismo válido hace años. Y eso lo cambia todo.
Edmundo González no es presidente electo, no encabeza una transición y no ocupa un lugar central en el desenlace político venezolano. No por incapacidad personal, sino porque nunca fue una pieza decisiva en el tablero real. Su figura fue funcional a un relato, no a una estrategia de poder.
Este mismo análisis desnudo a la falsa oposición, que intentó justificar las elecciones como parte de una gran jugada vinculada a Trump. Esa lectura fue errada, ya que en 2019 se había intentado desmontar a Maduro bajo el argumento de su ilegitimidad, una ilegitimidad que no nace en 2024 ni siquiera en 2018. Recordemos que, en 2018, con Henry Falcón como candidato, Smartmatic denunció manipulación de resultados y el propio PSUV fue señalado por inflar votos a favor de Maduro. El problema nunca fue una elección específica, sino el sistema completo.
En este escenario, Edmundo se diluye y María Corina entiende algo esencial: Washington no es un espacio para construir transiciones, sino para reposicionarse. Su presencia allí no busca puentes ni pedidos formales, sino mantenerse dentro del juego.
La jugada de arrastrarse con Premio Nobel de la Paz no es ingenua ni decorativa. Es una maniobra de supervivencia política en un contexto donde el poder ya no se disputa en elecciones inexistentes, sino en decisiones internas.
La noche del 2 de enero no entendí que estaba equivocado en el desenlace. Razoné que me había quedado corto en el método. Por ello la intervención siempre fue inevitable y que el 28 de julio de 2024 nunca existió en todo el relato.
Lo que no dimensioné fue que la llave no estaba afuera, sino adentro.
Desde su ascenso al poder en 2022, Giorgia Meloni no solo ha consolidado un liderazgo interno histórico, sino que ha devuelto a Italia una centralidad diplomática que el país no lograba articular en décadas. Tras años de una política exterior supeditada a los ejes de poder de potencias como Francia o Alemania, la actual administración ha logrado posicionar a Roma como un pilar fundamental en la toma de decisiones del continente.
La trayectoria de Meloni es el resultado de una evolución política constante. Desde sus inicios como dirigente estudiantil hasta su ingreso en la Cámara de Diputados en 2006, su carrera ha estado marcada por una coherencia ideológica que culminó en la fundación y posterior presidencia de Fratelli d’Italia. Bajo su dirección, la formación transitó de ser un actor secundario a convertirse en la fuerza política predominante, logrando conectar con un electorado joven mediante una síntesis entre el conservadurismo nacionalista y una visión pragmática de la derecha moderna.
A diferencia de sus predecesores, cuya retórica se alineaba estrictamente con el consenso de Bruselas, Meloni introdujo una narrativa disruptiva. Al cuestionar abiertamente las políticas migratorias y los marcos comerciales de la Unión Europea —entonces definidos por la hegemonía progresista de la era Merkel-Macron—, la Primer Ministro italiana logró capitalizar el descontento social derivado de la crisis energética y los desafíos de seguridad regional.
La crisis multidimensional que atraviesa Europa, exacerbada por el conflicto en Ucrania y las tensiones en la gestión de fronteras, ha validado el discurso de una “Europa de las Naciones” que Meloni abandera. Su consigna sobre la ciudadanía como un derecho que se ejerce con responsabilidad ha resonado más allá de las fronteras italianas, impulsando un auge de movimientos similares en países como España, Francia, Alemania y los Países Bajos.
Este fenómeno ha fortalecido los vínculos con figuras como Santiago Abascal en España o Marine Le Pen en Francia, creando un frente que desafía el statu quo del progresismo europeo y busca una reestructuración de las instituciones comunitarias hacia modelos más estrictos en defensa y soberanía económica.
El impacto de Meloni trasciende el ámbito continental. En el plano global, ha demostrado una notable capacidad para forjar alianzas estratégicas basadas en la afinidad ideológica y el beneficio mutuo. Ejemplo de ello es su estrecha relación con el presidente argentino Javier Milei, con quien ha dinamizado acuerdos económicos y diplomáticos de gran calado.
Sin embargo, es su relación con la administración de Donald Trump en Estados Unidos lo que define su nuevo estatus internacional. Al posicionar a Italia como el aliado europeo más confiable para Washington, Meloni ha logrado un desplazamiento táctico frente a las relaciones históricas que EE. UU. mantenía con el Reino Unido o Francia. Esta conexión, que algunos analistas comparan por su solidez a la dupla Thatcher-Reagan, sitúa a Roma en una posición de ventaja estratégica sin precedentes en la era moderna.
Es así como Giorgia Meloni ha demostrado ser una estratega capaz de transformar la ambición política en estabilidad institucional. Al combinar un discurso firme e inflexible con una gran habilidad para las relaciones humanas y diplomáticas, ha logrado lo que parecía inalcanzable: situar de nuevo a Italia en el centro del tablero geopolítico global y consolidar el mandato más estable y duradero de la historia reciente del país.
El Frente Institucional Militar, asociación civil legalmente constituida según las leyes de la República de Venezuela, ha hecho una llamado a la liberación de todos los presos políticos que mantiene la narcotiranía que ahora encabeza la jerarca Delcy Rodríguez, despues de la captura del genocida dictador Nicolás Maduro, a manos de EE. UU.
En concreto, el movimiento expresa:
«FRENTE INSTITUCIONAL MILITAR Asociación civil legalmente constituida según las leyes de la República
LIBERTAD, SAGRADO DERECHO
Nosotros, oficiales retirados de la Fuerza Armada Nacional e integrantes del Frente Institucional Militar (FIM), en ejercicio del deber ciudadano consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y frente de opinión legitimado ante el país por nuestros 25 años de servicio, como grupo de ciudadanos comprometidos con la verdad y la justicia, expresamos nuestra profunda decepción ante las promesas incumplidas del régimen. Se anunció la liberación de más de un millar de presos de conciencia y el retorno de miles de exiliados, forzados a abandonar el país por defender sus principios y valores. Sin embargo, hasta la fecha, menos de un centenar han sido liberados; la gran mayoría continúa privada de su libertad y del derecho a vivir en su tierra.
Nos enardece constatar que además de los centenares de patriotas injustamente internados en centros de reclusión, más de 160 de nuestros compañeros permanecen secuestrados, todos en centros de tortura física y mental, sometidos a condiciones inhumanas que buscan quebrar su espíritu y silenciar sus voces. Esta realidad es intolerable; constituye una afrenta contra la dignidad humana y los derechos fundamentales.
Por ello, exigimos la libertad inmediata de todos los presos de conciencia; el regreso de los exiliados políticos; el cese de la persecución y el acoso contra la mayoría de los venezolanos que creemos en la libertad de expresión; el respeto a la diversidad de ideas y al derecho legítimo a la crítica frente a cualquier forma de opresión; y la garantía de una ciudadanía activa que pueda ejercer sus derechos sin miedo ni represalias. Todas estas son condiciones indispensables para proclamar que vivimos en un país donde la democracia, la paz y la libertad definen a la sociedad que lo habita.
Nuestra voz se alza en nombre de quienes resisten desde las cárceles y el exilio, impuesto o asumido, en busca de la seguridad, el trabajo, la salud y la prosperidad de las que hoy carecemos y en nombre de todos los venezolanos que no renunciamos a la esperanza de un país libre, justo y plural.
En el vigésimo quinto aniversario de la fundación del Frente Institucional Militar en Caracas el 14 de enero de 2026.
Por el Frente Institucional Militar.
General de Brigada (Ej) Juan Antonio Herrera Betancourt. Presidente. General de Brigada (Ej.) Teodoro Díaz Zavala. Vicepresidente. General de Brigada (GN) Rafael Vera Ruiz. Secretario de Organización. General de Brigada (Ej.) Juan Ferrer Barazarte. Representante del Ejército. Contralmirante Elías Buchzser Cabriles. Representante de la Armada. General de Brigada (AV) Eduardo Arturo Caldera Gómez. Representante de la Aviación. General de Brigada (GN) Simón Figuera Pérez. Representante de la GN. Vicealmirante Rafael Huizi Clavier. Expresidente. General de División (AV) Manuel Andara Clavier. ExPresidente. General de Brigada (GN) Miguel Aparicio Ramírez. ExPresidente. General de División (AV) Raúl Ramón Morales General de División (EJ) Vicente Luis Narváez Churión General de División (GN) Luis Felipe Nery Arrieta Ávila General de División (AV) Julio García Pino General de División (EJ) Simón Luis Virgilio Tagliaferro General de División (GN) Marcos Pacheco Melgarejo General de División (GN) José Barrios Dulcey General de División (EJ) Carlos Julio Peñaloza Vicealmirante Antonio Pérez Criollo Miembro Fundador General de División (AV) Jesús Hung Abreu Miembro Fundador General de División (EJ) Fernando Ochoa Antich Miembro Fundador General de División (EJ) Jorge Tagliaferro De Lima General de División (AV) Fernando Graterol Calles General de División (AV) Freddy Yánez Méndez General de División (EJ) Rafael Montero Revette Vicealmirante Efraim Díaz Tarazón Vicealmirante Carlos Ramos Flores Vicealmirante Jesús Enrique Briceño García Vicealmirante Julio Chacón Hernández General de División (GN) Gerardo Briceño García General de División (AV) Luis Enrique Amaya Chacón General de División (AV) Wladimir Filatov Riabkov General de División (AV) Pablo Pérez Pérez General de División (GN) Rafael Damiani Bustillos Vicealmirante Héctor Ramírez Pérez General de División (GN) Luis Camacho Kayruz General de División (EJ) Gonzalo García Ordoñez General de División (EJ) José Félix Ruíz Guzmán General de División (AV) Carlos Seijas García General de Brigada (GN) Antonio Contreras Escalante General de Brigada (GN) Raúl Cepeda General de Brigada (GN) Humberto Seijas Pittaluga Contralmirante Ricardo Hernández Hernández General de Brigada (EJ) Gustavo Salas Paredes General de Brigada (EJ) José E Godoy Peña General de Brigada (GN) Domingo Rojas García General de Brigada (EJ) Raimundo Guisandes López General de Brigada (EJ) Juan de Dios Vierma Fuentes Contralmirante Félix Antonio García Zambrano Contralmirante José Velasco Collazo General de Brigada (EJ) Ennio Torres Izarra Contralmirante Cesar Manzano Zavala Contralmirante Jorge Alberto Bustamante Cáceres Contralmirante Raúl Bustamante Pulido Contralmirante Gregorio Molleja Rodríguez Contralmirante Eddy Guerra Conde General de Brigada (AV) Gonzalo Gómez García General de Brigada (AV) Frank Ramón Lares Rodríguez General de Brigada (GN) Orlando Hernández Villegas General de Brigada (GN) Carlos Gibbs Salazar Contralmirante Eddie Ramírez Poveda General de Brigada (EJ) Rafael Peña Pereira General de Brigada (EJ) Cesar Ramos Álvarez General de Brigada (AV) Hugo Blanco Padrón General de Brigada (AV) Omar Cartaya Parra Contralmirante Oscar Betancourt Patiño General de Brigada (GN) Ramón Rodríguez Mayol General de Brigada (GN) Héctor Rodríguez Brito General de Brigada (EJ) Henry Lugo Peña General de Brigada (EJ) Néstor González González Contralmirante Edgar Morillo González General de Brigada (EJ) Luis Felipe Párraga Barrios General de Brigada (AV) Román Aquiles Gómez Ruíz General de Brigada (AV) Néstor Sánchez Toro General de Brigada (AV) Martin Lon Blanco General de Brigada (EJ) Ángel Vivas Perdomo General de Brigada (AV) Jorge Luis Guerrero Barrios General de Brigada (AV) Eduardo Báez Torrealba Contralmirante Daniel Comisso Urdaneta General de Brigada (EJ) Antonio Rivero General de Brigada (AV) Carlos Rodríguez Vieira General de Brigada (AV) Juan Alexander Aparicio Pernía Coronel (EJ) Vidal Montiel Maestre Coronel (EJ) Adolfo Pastrán Matute Miembro Fundador Coronel (AV) Juan López Cordero Coronel (EJ) Manuel Antonio Ledezma Hernández Coronel (GN) Alirio Miguel Cabrera Coronel (EJ) José Rafael D’ Lacoste Parra Coronel (GN) Luis Hernández Cohén Coronel (GN) Leopoldo Saavedra Balza Coronel (GN) Asdrúbal Ramos Balza Coronel (EJ) Azael Valero Capitán de Navío Carlos Rodríguez Bártoli Capitán de Navío Asdrúbal Becerra Rivas Capitán de Navío Luis Guillermo Ramos Castillo Capitán de Navío Javier Sánchez Pereira Capitán de Navío Juan Rivas Ramírez Capitán de Navío Carlos Lavado Móttola Capitán de Navío Luis Salas Marcano Capitán de Navío Omer Enrique Hevia Araujo Coronel (EJ) Blas Daboín Mazzei Coronel (GN) Jesús Alarcón Hernández Coronel (EJ) Antonio Varela Coronel (GN) Juan Bautista Savelli Carrera Coronel (EJ) Betulio Nucete Rios Coronel (EJ) Carlos Barito Grana Coronel (GN) Nelson Padilla Carrera Coronel (A) Félix Edgardo Quiñones Coronel (AV) Jaime Salcedo Galvis Coronel ((AV) Carlos Morales Jurado Coronel (AV) Omar Emigdio Parra Pérez Coronel (GN) José Rangel Terán Coronel (AV) Humberto Álvarez Acosta Coronel (AV)Marco Tulio Salas Vivas Coronel (AV) Pedro Soto Fuentes Coronel (GN) Artemio Boada Coronel (GN) Ángel Eduardo Jiménez Pérez Coronel (AV) Antonio Ortega Brouzes Coronel (AV) Alejandro Malpica Pérez Coronel (AV) Alexis González Cordero Coronel (GN) Luis Lara Santamaría Coronel (GN) Osmán López Lampe Coronel (EJ) Orlando Martínez Ugueto Coronel (EJ) Enrique Sosa Segnini Coronel (EJ) Henry Antonio Gutiérrez Coronel (EJ) Widman Olaf Alcalá González Coronel (EJ) Romualdo Gilberto Rodríguez Mijares Coronel (EJ) Orlando Suarez Galeano Coronel (AV) Ramón Francisco Guzmán Díaz, Coronel (AV) Campo Elías Flores Zerpa Coronel (AV) Pablo Collazo Jiménez Coronel (AV) Juan Faría Molero Coronel (AV) Juan González González Coronel (GN) Carlos Emiro Méndez Jiménez Coronel (GN) Isaac Bouchard Gómez Coronel (GN) Alex Montenegro Méndez Coronel (GN) José Luis Quintana Coronel (EJ) Castor Torcat Coronel (EJ) Máximo Marchán Coronel (EJ) Nelson Salcedo López Coronel (EJ) Miguel Schmilinsky París Coronel (EJ) Valmore Loaiza Baduel Coronel (EJ) Raimundo Rodríguez Coronel (AV) Oswaldo Martínez González Coronel (AV) Inés María Camacho Freitez Coronel (AV) Emmanuel Calles Manzano Coronel (AV) José Luis Hernández Veroes Coronel (AV) José González Hidalgo Coronel (EJ) Rafael Arteaga Romero Coronel (EJ) Rafael Pazos Coronel (AV) Arturo Gilberto Bello Delgado Teniente Coronel (EJ) Marco Antonio Mangarret Teniente Coronel (AV) José Guevara Gutiérrez Teniente Coronel (EJ) Manuel Lugo Tovar Teniente Coronel (AV) Rodrigo Mijares Seminario Teniente Coronel (EJ) Julio César Moreno Teniente Coronel (EJ) Ovidio José Rodríguez Rodríguez Teniente Coronel (AV) Guillermo Beltrán Vielma Teniente Coronel (AV) Yarony Enrique Morales Teniente Coronel (AV) Moisés Brunstein Reina Teniente Coronel (AV) Oneida Colmenares Teniente Coronel (EJ) Jesús López Planchart Teniente Coronel (EJ) Cesar Augusto Becerra Luján Capitán de Fragata Emiro Padilla Álvarez Capitán de Fragata Alejandro López Hernández Capitán de Fragata José Rafael Linares Badillo Capitán de Fragata Alonso Sader Castellanos Capitán de Fragata Reinaldo Ramírez Dala Capitán de Fragata Leopoldo Salas Romer Capitán de Fragata Ramón Guerrero Ramírez Capitán de Fragata Federico Pohl Constanti Capitán de Fragata Vincenzo Parravano Marino Teniente Coronel (EJ) Pedro Tarcisio Donaires Lozada Teniente Coronel (EJ) Antonio Torres Alvarado Teniente Coronel (EJ) Isaac Antonio Tirado Gómez Teniente Coronel (EJ) Augusto González Torre Teniente Coronel (GN) Edgar Rodríguez Vicentelli Miembro Fundador Teniente Coronel (GN) Richard González Teniente Coronel (GN) Francisco Modesto Ignacio Serra Teniente Coronel (AV) Iván Ballesteros Peña Teniente Coronel (GN) Elias Fernando Quiñonez Teniente Coronel (EJ) Joaquin Añez Fajardo Teniente Coronel (AV) Arichuna Silva Romero Teniente Coronel (GN) Raymundo Guyón Celis Mayor (EJ) José Ramón Salas La Riva Mayor (EJ) Federico José Ventura Infante Mayor (EJ) Ángel Landaeta Yánez Mayor (EJ) Hugo Parra Martínez Capitán de Corbeta Ali Boscán Capitán de Corbeta Nelson Viloria Mayor (AV) Luis Hartmann Ruiz Mayor (GN) Mario Douglas Serrano Mayor (AV) Gonzalo Armando González Pérez Mayor (AV) Raynell Mayela Martínez Mujica Mayor (GN) José Augusto Chirinos Piña Mayor (GN) Jesús Enrique Fuentes Mayor (EJ) Roffe Abel Ramírez Contreras Capitán (GN) José Antonio Carrero Marquina Capitán (EJ) Jesús Rojas Díaz Capitán (EJ) Jerry Suarez Capitán (EJ) Alfredo Bohórquez Capitán (EJ) Ricardo Salazar Bohórquez Capitán (EJ) Zaib Raner Sánchez Carrera Capitán (EJ) Wismerck Martínez Medina Capitán (EJ) Carlos Blondell Tineo Capitán (EJ) Víctor Rafael Salas Estupiñan Capitán (EJ) Freddy David Salazar Guedez Capitán (EJ) Reinaldo Pazos Arreaza Teniente de Navío Antonio Ríos Rojas Teniente de Navío Carlos Rodríguez Teniente de Navío Carlos Villalobos Franchi Teniente de Navío Henry Clemant Teniente de Navío Isaac Solórzano Guerrero Teniente de Navío Pedro Pedrosa Capitán (AV) Freddy Fernández Mata Capitán (EJ) Danny José Durán Ramírez Capitán (GN) Orlando Velasco Capitán (GN) Pedro José Flores Rivero Capitán (GN) Leonardo Enrique Carrero Araujo Teniente (AV) Beltrán Molina Núñez Teniente (EJ) Daniel Eduardo Morales Teniente (EJ) Carlos García Teniente de Fragata Carlos Rodríguez Briceño Teniente de Fragata Rafael Figueredo Cassini Teniente de Fragata Alexander Orozco Teniente (AV) Jorge Santa Cruz Terrazas Teniente (GN) José Antonio Colina Teniente (EJ) Yaniré Mantecón Orán Teniente (GN) Manuel Alejandro Prieto Sánchez Primer Teniente (GN) José Freddy Faria Briceño Primer Teniente (GN) Erick Molina Primer Teniente (GN) Juan Moisés Becerra»
Lourdes N. Romero L., líder y defensora de las libertades individuales, económicas y de los principios democráticos en Bolivia y Latinoamérica. Coordinadora local de SFL Bolivia, cofundadora de LOLA Bolivia y Líder Regional para LOLA LATAM. Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, con formación especializada en democracia, liderazgo, libertad y comunicación política mediante programas acreditados por OEA, KAS y ACEP
“(…) No deseamos clubes que se suban en la escala social con favores, pero tampoco queremos clubes dignos de limosnas. Buscamos reconocimiento. Capitalismo, excelencia, libertad. Regresar al segundo carro. ¡Despierta Sudamérica! El fútbol requiere que lo liberen otra vez, que vuelva a ser brasileño en los años 80.”
Lourdes N. Romero L.
En la práctica, el Decreto Supremo 5503 es una mini reforma económica por decreto que afecta a los precios de los combustibles, el régimen de inversiones, el Banco Central, los impuestos, el comercio exterior, la agricultura, la repatriación de capitales, las contrataciones públicas y las empresas estatales e incluso al sistema financiero. Esa amplitud explica que no es suficiente con referirse al «gasolinazo»; se debe leer su articulado como una rápida y extraordinaria reestructuración de la economía, en la que se combinan progresos evidentes en libertad económica con un marcado predominio del Ejecutivo.
Recursos energéticos, combustibles y compañías estatales
Más allá de la modificación de los precios, los productos relacionados con hidrocarburos y energía también han transformado la forma en que se proveen y venden los combustibles en el país, así como las restricciones que se levantan, los nuevos sistemas de fijación de precios e incluso habilitar mecanismos de acceso a la infraestructura (ej. ductos y almacenamiento) para reducir el costo fiscal de su anterior modelo y facilitar el abastecimiento. A la misma vez, se confiere poderes a particulares para modificar empresas estatales del sector, examinar contratos, participar en la administración de los mismos y fijar marcos excepcionales para compras y contrataciones «estratégicas». Más que una reforma empresarial profunda, se opta por una adecuación administrativa centrada en el Ejecutivo, que puede fusionar, ordenar y reorientar empresas estatales sin un control exhaustivo del Parlamento.
Sistema financiero, Banco Central y tipos de cambio
Se potencia bastante en distintos artículos la atribución para el Banco Central a fin de la eventual existencia de una situación de «emergencia»: podrá actuar por la vía de las líneas de liquidez, swaps de monedas o emisiones de instrumentos financieros, tales como convenios con organismos internacionales, entre otros. En el escenario de reservas bajas y bajo tensión en el mercado cambiario, la declaración del objetivo es afirmar la balanza de pagos así como también la estabilidad del sistema financiero.
Al tiempo, se acentúan ciertos deberes del registro y de reportes; se incorporan mecanismos para el manejo de divisas que provengan de inversiones estratégicas o exportaciones mediante esquemas de incentivos (se cuenta con un tratamiento preferencial para quienes liquiden divisas dentro del país). Así el Estado consolida su papel como el principal administrador de la escasez de dólares: suelta algunas válvulas, pero mantiene la administración central del flujo de divisas.
Inversión, arbitraje y contratos: artículos de “apertura controlada”.
El bloque de artículos que trata sobre el Régimen Extraordinario de Inversiones especifica lo siguiente:
Cuáles sectores se consideran estratégicos (como por ejemplo la minería, los hidrocarburos, la manufactura exportadora, la energía, la logística y la agroindustria).
Qué condiciones otorgan: estabilidad normativa en la normativa durante un tiempo determinado, garantías de estabilidad ante alteraciones que produzcan normas de, procedimiento de arbitraje y conciliación, niveles internacionales según Ley 708.
Los mismos artículos disponen que los «Contratos de Inversión» serán realizados por Decreto Supremo, poseen «efecto normativo» y se tramitarán por un procedimiento sobre el que no hay trámites de ventanilla única. Como resultado: un subsistema jurídico específico más predecible y favorable a la inversión, pero que únicamente tiene acceso proyectos de gran tamaño que reciben la refrenda del Ejecutivo. Los otros son sometidos al régimen ordinario, que tiene trámites lentos, un sistema de tributos complicado y escasa seguridad jurídica y/o legal.
Repatriación con regularización
Los preceptos de las regularizaciones de los capitales regulan: qué tipo de recursos pueden admitirse a regularizar (dinero o capital, inversiones, capitales exteriorizados non reportados); qué beneficios se otorgan (inmunidad por infracción formal, reserva reforzada, alícuotas reducidas o nulas siempre que se mantenga o se reinvierte, en Bolivia, con un plazo mínimo de tiempo); y regulan también plazos de vigencia del régimen, procedimientos para someterse al mismo, obligaciones de las entidades financieras y límites explícitos (no se amparan capitales de las que provienen de la actividad delictiva grave, como el narcotráfico, el terrorismo, la trata, etc.).
De este modo, se intenta formalmente captar liquidez, atraer, traer de nuevo, parte de los capitales ocultos; en la práctica, se abre una ventana que beneficia —en especial— a quienes, durante su vida económica, hayan tenido la capacidad de sacar o de ocultar capitales, y no se benefician quienes son —por la fuerza de la economía— los cautivos de la economía formal.
Tributación: artículos finos que cambian incentivos
El paquete de normas tributarias ocupa varios artículos y disposiciones adicionales, precisando:
Depreciación acelerada para los activos adquiridos dentro de un período determinado, lo que permite unas disminuciones de la base imponible del IUE más rápidas.
Flexibilidad en el uso de crédito fiscal IVA (por ejemplo, la ampliación del alcance para los trabajadores independientes o para las compras de producción nacional).
Reconocimiento de ciertos principios (neutralidad, no confiscatoriedad) límites en el tratamiento de incobrables, aportes patronales y gastos deducibles.
En cuanto al SIETE RG, en cambio, se definen umbrales de ventas, cuotas impositivas, obligaciones de facturación, plazos de permanencia y la automatización del cambio hacia Régimen General después de límites determinados.
Es un intento de ordenar y simplificar la vida formal de pequeños negocios por vía de un monotributo, siguiendo la lógica de otros países de la región, pero aún sin tocar el corazón del sistema tributario general que sigue siendo un tema pesado y complejo.
Comercio exterior, agro y producción: desmontaje parcial del intervencionismo
El conjunto de artículos sobre comercio y producción dispone de tres aspectos centrales:
Deslegitimar o simplemente declarar deshechas las autorizaciones previas de importación (sobre todo las asociadas con el SENAVEX) para un número importante de bienes de consumo y de capital.
Eliminar el viejo régimen del Certificado de Abastecimiento Interno y Precio Justo como requisito para la exportación de maíz, sorgo, azúcar, carne y otros productos (restaurándose así la libertad de exportación mediante una figura de monitoreo y no de control de precios).
Disponer que las entidades regulatorias deben adecuar sus disposiciones a este nuevo principio de libertad con controles “light”, disminuyendo sensiblemente la discrecionalidad que antes se usaba para bloquear embarques o castigar sectores incómodos al poder.
Para el agro, esto significa que los productores de maíz dejarían de depender de que una oficina en La Paz les dijera sí o no sobre su exportación, aunque el margen para ajustes en nombre del “abastecimiento interno” si el Ejecutivo así lo desea todavía existe. Es un avance claro, pero también es casi un avance de carácter volátil.
Contratación pública, empresas públicas y régimen de excepción
Varios artículos habilitan regímenes especiales de contratación para proyectos estratégicos, empresas públicas y asociaciones público-privadas que se alinean en la cobertura del decreto. Se acortan plazos, se desdibuja el marco de sujeciones y se permite el uso de procedimientos más rápidos y menos formales que los de la normativa de compras públicas típica.
En términos liberales, la simplificación está bien, pero siempre que venga acompañada de transparencia, competencia y de límites estrictos a la discrecionalidad. El riesgo, si eso no se cumple, es obvio: se pueden acabar combinando menos controles ex ante con más potencial de corrupción o favoritismo, justo en los sectores donde se moverán los mayores volúmenes de inversión.
Una economía partida en dos velocidades
El DS 5503 construye una economía a dos velocidades:
Una “rápida”, con fast track, estabilidad, arbitraje y beneficios tributarios, para las inversiones grandes, los capitales que se regularicen y los sectores que el Estado califique como estratégicos.
Y otra “lenta”, donde la mayoría de las ciudadanas y los ciudadanos, las PYMES, se enfrentan todavía a una burocracia pesada, impuestos complejos y que además ahora, combustibles más caros.
A ello hay que sumar el dato político central: todo se hace en estado de emergencia y se hace por decreto, no por la vía de reformas generales y permanentes discutidas en la sede de la legislación. La apertura existe, pero es selectiva y está condicionada; el ajuste existe, pero el golpe, en primer lugar, lo reciben los más vulnerables; y el poder que hizo que el modelo anterior acabe sale de esta crisis con más herramientas, no con más límites. Ese es, al cabo, el gran contraste que deja el DS 5503 cuando se revisa todo su articulado: se manda al limbo el espejismo de la subvención masiva, pero no se acepta todavía una libertad económica completa y pareja para todos, sino un capitalismo de emergencia, administrativo desde el centro del poder político.
Hace poco, «Venezuela amaneció de golpe», una frase que se popularizó en la antigua prensa nacional y que tal vez trae recuerdos de aquel mes de abril de 2002 cuando el tirano Hugo Chávez fue derrocado por escasas 72 horas, para luego volver de la mano de su guardia pretoriana y gracias a la ineptitud de la clase política opositora venezolana; pero en esta ocasión es enero de 2026, el tirano era Nicolás Maduro y el golpe fue dado por la fuerza militar de Estados Unidos de manera efectiva, al menos para cortar de cuajo una de las cabezas del monstruo chavista.
Los hechos
Aproximadamente a las 2 de la madrugada del 3 de enero comenzó a visualizarse actividad aérea de tropas estadounidenses y explosiones en distintos puntos de la ciudad de Caracas, otras explosiones en el estado Miranda y Vargas (estado clave en la salida tanto marítima como aérea del país) serían reportadas posteriormente, mientras un contingente de tropas de los Estados Unidos actuaba en tierra.
Dicho contingente tuvo como teatro de operaciones Fuerte Tiuna, el complejo militar más importante de la capital del país dentro del cual existe una zona urbanística donde residen militares y altos personeros del régimen criminal chavista, entre ellos Nicolás Maduro que era el objetivo de extracción; el fuego de artillería desde helicópteros hacia batallones estratégicos dentro de la instalación facilitó las acciones de la tropa, quienes se encargaron del personal de seguridad del tirano y la captura antes de que este tratara de resguardarse en un búnker o zona de seguridad, de acuerdo con las declaraciones que dio el presidente Donald Trump horas después ante la prensa.
La conmoción duró hasta bien entrada la madrugada, alrededor de las 4 am comenzaron a pronunciarse figuras del régimen como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, declarando una “agresión militar” de las fuerzas de EE.UU a Venezuela, posteriormente Delcy Rodríguez condenaría la operación y exigiría pruebas de vida tanto de Maduro como de su esposa Cilia Flores.
El presidente Trump desde una publicación en la red Truth Social afirmó que Estados Unidos había realizado un ataque a gran escala contra Venezuela y la captura de Nicolás Maduro junto a su esposa, además de convocar una rueda de prensa. El pronunciamiento de líderes políticos alrededor del mundo mostrando su apoyo o rechazo no se hizo esperar, destacando a Gustavo Petro y Miguel Díaz-Canel, presidentes de Colombia y Cuba respectivamente, el primero manifestando su oposición al mismo tiempo que ocurría la acción militar en Caracas, mientras el segundo también expresó su rechazo en las horas siguientes.
Hacia el mediodía Donald Trump brindó declaraciones a los medios de comunicación, en ella dio algunos detalles de la operación pero sin duda la declaración que sorprendió a más de uno fue que los Estados Unidos administrará Venezuela hasta que pueda realizarse una transición, esto por tiempo indeterminado, además de revelar que Maduro y Flores se hallaban en una embarcación militar estadounidense en el mar caribe para ser trasladados a Nueva York donde rendirán cuentas ante un tribunal.
Así mismo negó que la líder opositora María Corina Machado fuera a asumir el poder o algún tipo de responsabilidad durante la administración del país por parte de EE.UU, agregó además que no descarta una segunda operación militar si algún miembro del régimen, aún en pie, no sigue las directrices establecidas, mientras el presidente Trump parece ver con buenos ojos a Delcy Rodríguez para hacerse cargo de la presidencia en Venezuela durante este periodo.
De hecho a la 1 pm, hora de Caracas, se da una intervención televisiva de Rodríguez junto a las cabezas del régimen chavista, en una retórica amenazante ordena activar el “consejo de defensa de la nación” y pidiendo la inmediata liberación de Maduro y Flores; cinco horas después aterrizó el avión militar que transportaba a los detenidos en la Base Aérea de la Guardia Nacional de Stewart, Nueva York, allí fue escoltado por agentes del FBI, la DEA y otras agencias federales en un helicóptero con destino al distrito de Manhattan, luego de llegar a este destino se trasladó a Maduro con una caravana policial hacia el Centro Metropolitano de Detención en Brooklyn.
En la noche de Venezuela, el tribunal supremo controlado por el régimen chavista se pronunció en favor de Delcy Rodríguez como encargada de la presidencia, para “garantizar la continuidad administrativa y la defensa integral de la nación” ante la “ausencia temporal” de Nicolás Maduro para ejercer sus funciones. El domingo 4 de enero el secretario de estado Marco Rubio reafirmó las declaraciones del Presidente Donald Trump con respecto a la administración de Venezuela, la no trascendencia de la oposición del régimen en este proceso y la posible colaboración con la encargada Delcy Rodríguez.
Trump volvió a recalcar que habría represalias militares si el régimen chavista, en especial Rodríguez, seguía el mismo camino del tirano capturado; mientras en Venezuela la encargada de la presidencia hizo circular un comunicado, a través de las redes sociales, donde “invita” a Estados Unidos a “a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido”.
Este lunes 5 de enero, en horas de la mañana, Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron trasladados del centro de detención al Juzgado Federal del Distrito Sur de Nueva York, en Manhattan, para comparecer ante un juez, se les acusó formalmente de narcoterrorismo, hubo designación de abogados para la defensa y ambos se declararon inocentes ante los cargos.
Certezas y dudas
Queda entonces en evidencia que luego de esta operación militar buena parte del chavismo es “potable” para asumir el gobierno, bajo las directrices de Estados Unidos, las instituciones controladas y el propio régimen se preservan para evitar el caos que genera un vacío de poder, tal como hubiese ocurrido si la acción estadounidense hubiese puesto como objetivos a otros cabecillas del régimen.
Pese a que deben mantener la retórica “anti-imperialista”, por guardar formas ideológicas del socialismo y de cara a la galería, el chavismo ha tenido que bajar el tono después de sus primeras declaraciones por lo cual se muestran, de momento, cooperantes ante el discurso oficial de los Estados Unidos, aún continuamos a la espera de cómo será y se manejará esta administración extranjera, ¿seguirá a través de conversaciones internas? o ¿veremos a funcionarios estadounidenses en Caracas? sabremos la respuesta con las acciones y el tiempo.
Por otro lado quedó demostrado lo poco que se tiene en cuenta la oposición venezolana para este periodo de administración, incluso desde el propio 3 de enero se evidenció lo tarde que llegaron las declaraciones de María Corina Machado, casi 8 horas después de la acción militar estadounidense, para que poco después Donald Trump declarara que su participación no era conveniente.
Parece haber poca preparación para gobernar, al menos en estas circunstancias especiales, y esto puede responder al mensaje que siempre defendió la oposición en pleno, incluso antes del liderazgo de Machado, asumir el poder de forma “pacífica y democrática”, quedando demostrado que había de imponerse por vía de fuerza para someter al régimen y con lo cual no han contado los opositores, dicho elemento de fuerza que el chavismo tiene en su ejército le permite mantener un orden y control que los Estados Unidos no buscan trastocar.
Hay que ser críticos, en estos 27 años la oposición vivió más preparada para una campaña electoral que para tomar el poder de facto, hoy está pagando la factura de esa línea “políticamente correcta” que siguió a pies juntillas y ni siquiera el “lobby” con las autoridades estadounidenses los ha salvado de quedar por fuera de la nueva situación política de Venezuela, ahora queda preguntarse ¿cómo actuarán frente a esta nueva realidad? y ¿qué postura y acciones tomarán? teniendo en cuenta que siguen con poco margen de maniobra ante la administración de EE. UU.
Estados Unidos sale fortalecido en el hemisferio, demostrando que cuando un régimen se vuelve inconveniente para sus intereses sólo las acciones de fuerza pueden someterlo, pese a las denuncias de políticos alrededor del mundo por “violación al derecho internacional” queda a la vista una vez más que las potencias dictan con su poder y los demás países obedecen.
Para la reflexión
Dados los acontecimientos hay que ser cautos, es un triunfo pequeño comparado con todo el daño causado y con expectativa esperamos que sea reparado, pero que la algarabía del sátrapa caído no nuble el análisis, porque el chavismo se ha mantenido y sus cabecillas negocian con la administración de Donald Trump, los opositores buscará reinventarse para mantener adeptos, nadie se quedará quieto. Y finalizando crudamente esta reflexión, ante la irresponsabilidad e incapacidad de nosotros los venezolanos para acabar con este régimen tiránico tuvo que intervenir una potencia extranjera, debido a esto hoy el destino del país no nos pertenece, pero tenemos la oportunidad primero de hacer mea culpa por nuestros errores y segundo comenzar a crear opciones reales en cuanto política, gremios y demás formas de organización, para asegurar un futuro sin los mismos actores de nuestra desgracia (chavismo-oposición), edificando una institucionalidad para las bases de una verdadera República.
Confieso que me costó dormir estas últimas noches. No por remordimientos —eso lo dejo para los moralistas de salón que tuitean desde sus áticos en Miami—, sino por el placer culpable de ver cómo la historia se escribe en tiempo real con la tinta de un tipo que todos creían acabado.
Hace un mes les conté cómo Donald J. Trump, el vendedor de pisos fantasma y casinero quebrado, estaba jugando la partida geopolítica más brutal del siglo. Les dije que superaba a Maquiavelo. Hoy, con Nicolás Maduro esposado en una celda de Brooklyn esperando su comparecencia mañana, les digo que lo ha enterrado vivo. Y no ha perdido una sola mano. Ni una.
El jugador de truco venezolano
Le llamaban “el hijo de Chávez”, “el buss driver que llegó a presidente”, pero en la mesa grande era el clásico jugador de truco: mucho grito, mucha envido, mucha mentira. Robaba elecciones como quien roba cartas debajo de la mesa, amenazaba con misiles rusos mientras pedía préstamos chinos, y vendía petróleo sancionado como si nadie se diera cuenta.
Trump no gritó. Subió la apuesta en silencio: bloqueos navales, recompensa de USD$ 50 millones, strikes quirúrgicos a lanchas cargadas de blanca. Y el 3 de enero, en la madrugada caraqueña, entró al palacio con Delta Force como quien entra a un casino endeudado: limpió la mesa. Maduro y su esposa fueron arrastrados en pijama hacia un helicóptero, goggles negros, rumbo a Nueva York. Fotos incluidas, cortesía del crupier en jefe.
Los medios serios esperaban resistencia épica, guerrilla urbana, intervención rusa o china. Nada. El jugador de truco se dobló. O, mejor dicho: pactó la entrega.
Porque el show fue demasiado perfecto. Demasiado limpio. Fuentes filtradas hablan de llamadas en noviembre, ultimátums velados, off-ramps rechazad, hasta que el buss driver entendió que la próxima carta era un misil en su bunker.
Por ello, se rindió con dignidad de telegrama: “cooperaré si me tratan bien”. Y Trump, generoso, le dio el escenario que quería el rebaño progresista: el “secuestro imperialista” para que pataleen, mientras el petróleo empieza a fluir hacia tanqueros americanos.
Las viudas del buss driver
Y ahora llegan las viudas. Externas e internas. Desorientadas, sin saber cómo defenderse del canto que va a soltar Maduro ante los tribunales yanquis.
Por su partem, Cuba llorando a sus 32 “asesores” caídos, Irán gruñendo desde lejos, China llamando a “liberar inmediatamente” al narco-tirano que le debía favores y los europeos woke con sus comunicados tibios sobre “soberanía” mientras especulaban con petrodólares sucios, patalean como exnovias celosas. ¿Cómo van a justificar que su títere favorito hable? —porque hablará—. El joker canta cuando le aprietan, y cuando salgan los detalles —sobornos a campañas progresistas, lavado en fondos verdes, alianzas con la pandilla de Soros—, nadie dudará. Ni los más hipócritas, porque el canto será música para los fiscales de Nueva York.
Las internas son más patéticas todavía. Esos chavistas de pura cepa, esos los militares que tienen su lema tatuado en el alma: “leales siempre, traidores nunca”, se quedaron calladitos, cuadrándose firmes ante el amo americano. Delcy Rodríguez balbucea sobre “diálogo respetuoso”, Padrino activa las fuerzas pero para “garantizar soberanía” sin disparar un tiro, Cabello mira al suelo. ¿Cómo justifican la traición? Con silencio pragmático, porque es mejor vivos y con algo de petróleo que muertos por un buss driver que ya se doblegó. La lealtad se evapora cuando el crupier reparte las cartas nuevas.
Maduro, el joker magistral
Ahora el expresidente es la carta comodín en la manga de Trump. No un rey, no una reina: un joker loco, impredecible, que sirve para cualquier jugada.
¿Quieren pruebas de corrupción demócrata? Maduro hablará. De los sobornos millonarios a campañas progresistas, del lavado de petrodólares venezolanos en fondos europeos “verdes”, de cómo la pandilla de Soros financiaba ONGs que defendían al régimen mientras gritaban “democracia”, y lo más jugoso: de la trama completa para robarle las elecciones de 2020 a Trump. Dinero venezolano canalizado a estados clave, intervención en sistemas de conteo, pagos a funcionarios locales para “ajustar” resultados nocturnos. Todo documentado, todo con nombres, fechas y transferencias. El joker no canta mentiras, canta con recibos.
Los globalistas —esos que venden “valores” mientras especulan con la miseria ajena, que financian revoluciones de color pero cierran los ojos ante narco-estados si hay negocio— están sudando frío. Porque este joker puede voltear la mesa entera y demostrar que el gran robo no fue en Caracas, sino en Atlanta, Detroit y Filadelfia.
Trump, sonriendo desde Mar-a-Lago, ya anunció que “vamos a manejar Venezuela” hasta que el petróleo pague la fiesta. Y de paso, pagará la limpieza de casa. Cual cacinero, cuenta los billetes de miles de millones en crudo pesado que pronto fluirán libres; las empresas americanas entrando a PDVSA como dueños de casa. Y el mensaje al mundo es claro: si juegas truco contra mí, terminas de joker, o debajo de la mesa.
No obstante, esta partida sigue. Para algunos es horror puro. Pero, para mí, y cada vez con menos culpa, es la crónica del mayor crupier que ha pisado el planeta desde que Maquiavelo escribió su manual.
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(Nota: las ideas expresadas son netamente del autor y no necesariamente representa la posición de ContraPoder 3.0)
Isaac Parra, coordinador local de EsLibertad Venezuela.
“Venezuela no solo necesita reformas legislativas y constitucionales para realizar una privatización sana, también necesita innovaciones tecnológicas que directamente acaben con los incentivos retorcidos de la burocracia establecida.”
Isaac Parra
En la mayoría de métricas, Venezuela tiene una de las peores economías y ambientes políticos. Mucho de estos problemas tienen raíz en una causa: derechos de propiedad deficientes
Para colmo, Venezuela se encuentra entre la espada y la pared. Seguir el camino que ha llevado llevará a más ruina. Sin embargo, privatizar la economía con mucha rapidez y descuido también nos llevará a la ruina. Por ejemplo, los esfuerzos de privatización chuecos de la rusia post-Unión Soviética generaron inflación, conflictos civiles y la llegada al poder de Vladímir Putin e incluso hoy Rusia todavía tiene derechos de propiedad difusos3.
Por ello, Venezuela no solo necesita reformas legislativas y constitucionales para realizar una privatización sana, también necesita innovaciones tecnológicas que directamente acaben con los incentivos retorcidos de la burocracia establecida. Y esta innovación tecnológica debe partir desde la base de la confianza: la identidad y propiedad. Si bien, la propiedad privada no puede existir si no está vinculada a la identidad de un ciudadano o grupo de ciudadanos.
Es común que el Estado es quien asume la responsabilidad de administrar los mecanismos de confianza para la propiedad y la Identidad. Pero lo hace de forma ineficiente y con fines cuestionables. Al respecto, muestro algunas fuentes:
Todas estas inconveniencias ahora son innecesarias con los avances tecnológicos de la criptografía, porque con identidades descentralizadas o Decentralized Identities (DID) basadas en criptografia, la confianza ahora puede ser administrada enteramente por el individuo. Esto sería significativamente más eficiente, moral y barato de implementar en Venezuela que reeducar a burócratas o contratar a nuevos.
SOBRE LA CRIPTOGRAFÍA
Permítanme ilustrarles como funciona esto: la criptografia es básicamente una forma de esconder información a través de códigos descifrables. Para ser precisos, es Arte y técnica de escribir con procedimientos o claves secretas o de un modo enigmático, de tal forma que lo escrito solamente sea inteligible para quien sepa descifrarlo.
Se puede hacer una visualización de la criptografía con combinaciones de colores:
Observen este color
¿Qué combinación creen que se usó?
Difícil saberlo ¿no?
Supongamos dos personas, digamos Victor y Joel. Victor quiere preguntarle que color le gusta a Joel, pero quiere hacerlo en secreto. Así que Victor le manda a Joel una mezcla del azul y el amarillo. Joel mezcla el rojo con la combinación del azul y el amarillo para mandárselo a Victor; Victor quita de la mezcla el azul y el amarillo y descubre que el color favorito de Joel es el rojo.
Ahora bien, esta visualización básica de la criptografía sirve para comunicarse en un canal de comunicación confiable. Sin embargo, no siempre lo son, como pasa con el internet. Alguien podría interceptar el mensaje y enterarse de que la clave que usa Victor es la combinación del amarillo y el azul.
Para eso se desarrolló la criptografía asimétrica, pero para no hacerles el cuento largo pueden ver una dramatización de la criptografía asimétrica en el siguiente video: Key Exchange.
Pero esto presupone que la otra parte de la comunicación es alguien confiable. En internet esto no siempre es así. De ahí el famoso meme de que en internet nadie sabe si eres un perro.
Ahí es donde entra las identidades descentralizadas, (en inglés “Decentralized Identity”, también conocida como DID):
IDENTIDADES DESCENTRALIZADAS (DID)
En resumen, la tecnología DID busca implementar la contraparte digital de una billetera o archivos. Almacenar y proteger datos con criptografía ofrece aplicaciones casi infinitas para información que puede ser usar de la misma forma que identificaciones físicas en escenarios de persona, a persona o en línea. —En este video de un proyecto argentino les explican algunos aspectos técnicos si les interesa profundizar un poco más en los tecnicismos de su funcionamiento.— A continuación tiene mi intento de explicarlo:
La tecnología de Identidades Descentralizadas está estructurada con tres actores: Un Emisor, Un Verificador, y el usuario u “Holder”, donde cada uno posee una llave pública y otra llave privada. Todo regido por un marco de gobernanza que establece los mecanismos de confianza basándose en la criptografía. A todo esto se le llama “Trust Triangle” o triángulo de confianza.
Les explico un poco de cada uno: primero están los usuarios u “holders”, dueños de la identidad, credencial y cualquier otra afirmación vinculada a la persona/entidad, quién, a través de una app, puede decidir que información compartir o no. Por ejemplo, cuando un policía solicite nuestra información personal y solo necesita saber si la licencia, o en una discoteca donde pidan mayoría de edad, pero no necesiten saber si estás soltero o casado (como aparece en la cédula venezolana).
Luego están los emisores o “issuers”, quienes emiten una credencial que válida las afirmaciones acerca del individuo/entidad. Por ejemplo, un hospital que emita una partida de nacimiento o una universidad que emita el título de licenciatura, etc.
Por último están los verificadores o “verifiers”, quienes buscan comprobar que las afirmaciones sean ciertas. Por ejemplo, una universidad a la que le gustaría saber si tienen las notas suficientes para cursar una carrera y que estás notas no estén falsificadas.
EJEMPLOS DE USOS DE DID:
Les daré un ejemplo simple, luego una más técnica y finalmente una relacionada con la propiedad privada. Vamos con el simple:
Supongamos que tenemos un amigo llamado McLovin, McLovin es famoso en las discos porque cuando era menor de edad usaba una cédula falsa para entrar. Ahora que ya tiene la edad suficiente, los guardias no lo dejan pasar porque sigue teniendo la apariencia de un 15 añero.
Para su fortuna ahora existen las aplicaciones DID y él ya hizo su registro de información. —Esto lo puede hacer él por su cuenta o con un emisor autorizado.—
McLovin desde su aplicación DID selecciona la opción probar mayoría de edad que la cual genera un código QR que muestra al guardia de la disco, y este lo escanea. En ese momento ocurren los intercambios de llaves, como vieron en el video de la maleta, sin que ni McLovin y el guardia hagan otra cosa.
En un instante, el guardia recibe la verificación de su mayoría de edad y ahora McLovin puede pasar a rumbear. Todo esto sin necesidad de mostrar su fecha de cumpleaños, nombre completo, si estás soltero o casado o una foto de 2016 cuando la crisis económica venezolana lo tenía con la piel pegada al hueso.
Vamos con el ejemplo técnico:
Supongamos que Victor se acaba de graduar del colegio San Timoteo, y quiere entrar en la Universidad Francisco Marroquín (UFM) con una beca para un programa online.
El colegio San Timoteo emite un documento donde están todas sus notas y la afirmación que se graduó como estudiante 20/20.
Volvamos al ejemplo de los colores. Para demostrar que el colegio es quien emitió ese documento, lo pinta con una pintura digital dorada (en realidad esto sería la llave pública, pero a efectos ilustrativos digamos que son pinturas) que solo el colegio tiene el borrador mágico que puede quitar esta pintura.
Al mismo tiempo, Victor le da una pintura negra, para la cual solo él tiene el borrador, para que esconda o revele los datos que contiene el documento.
Hecho esto, el colegio le envía este documento a la billetera digital de Victor donde la va a almacenar (Esto lo puede hacer una base de datos centralizada, en una blockchain, o en el almacenamiento local del teléfono de Victor.)
La UFM ahora le pide a Victor pruebas de que es un bachiller; sin embargo, a la UFM no le interesa almacenar el documento por temas de costos y evitarse una demanda porque se filtró la información de sus estudiantes. Solo le interesa saber que tiene las notas suficientes para estar en la UFM y que es bachiller.
A Victor también le interesa confiar con el evaluador oficial de la UFM, no vaya a ser que alguien esté robándole la Identidad a institución y quiera usar su información personal para fines no éticos. Para esto, Victor utiliza la pintura digital azul que es la oficial de la UFM para la cual solo el personal autorizado tiene el borrador. Y con su borrador (llave privada) quita la pintura digital negra de la información que solo le interesa a la UFM (el promedio y que es bachiller)
Una vez pintado, Victor le muestra el QR a la UFM, al quitar la pintura azúl la UFM puede ver la información de Victor, pero no confía en que él está dando una información verídica. Así que la UFM tiene que verificar que el color dorado es el del colegio San Timoteo. Así que le pide al colegio San Timoteo que le quite el color dorado al documento para comprobar que en efecto lo hizo.
De esta forma, se verifica con total certeza que Victor es bachiller egresado del colegio San Timoteo con notas 20/20. Por lo que obtiene su beca completa para el programa en línea.
Como este hay muchas aplicaciones:
Chequeo policial de licencias de conducir.
Cequeo de Pasaporte.
Chequeo de Vacunos.
Vinculación a NFT’s (non funglible tokens) que representen la propiedad de un bien.
Vinculación a contratos inteligentes.
Estudio de Caso: Identidad Descentralizada (DID)
Para ilustrar cómo la DID resolvería los problemas específicos de Venezuela, analicemos un ejemplo real de violación de derechos de propiedad debido a la falta de una raíz de confianza.
El Caso de Melquiades Alvarado
Melquiades Alvarado es un hombre de 87 años que compró un apartamento en Caracas en 1979. Debido a la reciente crisis económica y a que su esposa (92) padece demencia senil, decidió alquilar su apartamento para poder costear los gastos de vida de ambos.
Sin embargo, realizar los trámites para alquilar legalmente en Venezuela consume demasiado tiempo, energía y recursos para un hombre de su edad. Por lo que, otorgó un poder de la propiedad a su hijo; con eso lograron alquilarle a una mujer llamada Jemina, quien resultó ser concejal del municipio.
Desde 2018, todo parecía ir viento en popa. Hasta que, el 15 de octubre de 2023, Melquiades descubre que su apartamento ha sido vendido a la madre de Jemina.
A Melquiades no se le consultó o pidió aprobación para la venta. Durante meses, junto a su hijo, hicieron lo que pudieron para demostrar que la supuesta venta del apartamento era nula. Legalmente, logró demostrarlo, pero la influencia de Jemina sobre los funcionarios del Estado permitió que su madre permaneciera en el apartamento. Melquiades recurrió a subir una serie de videos explicando su situación que se hicieron virales en X (antes Twitter); en ellos, pedía la intervención del Fiscal General de Venezuela (Tarek William Saab).
El Fiscal General inicialmente sostenía la versión que el hijo de Melquiades, a través del poder, había consentido la transacción, pero tras una intensa presión en redes sociales, finalmente se le restituyó la propiedad a Melquiades.
Con esto en mente, ahora puedo señalar los problemas resueltos por la Identidad Descentralizada (DID):
Autonomía y Verificación: Dado que Melquiades sigue lúcido y (suponiendo que sabe usar la tecnología DID), no habría necesitado delegar el uso de su propiedad. Él mismo habría podido autenticar todas las credenciales necesarias para alquilar mediante una simple verificación biométrica, incluso sin salir de casa (siempre que tuviera conexión a internet).
Delegación Granular de Poderes: Supongamos que Melquiades decide que no sabe usar la tecnología, pero puede delegar en su hijo únicamente la facultad de alquilar el apartamento y no la de venderlo. Si alguna vez quisiera vender, Melquiades tendría que autorizar explícitamente la transacción con sus datos biométricos. Esto evitaría la falsificación de la autoridad del hijo o que un tercero manipule los registros de propiedad en su beneficio.
Seguridad del Dispositivo: Incluso si se intentara falsificar su biometría, se requeriría el dispositivo físico de Melquiades. Sería imposible para un tercero manipular los registros para cambiar los derechos de propiedad sin su intervención directa.
Contratos Inteligentes y Compensación: Si el hijo de Melquiades y Jemina se aliaran para vender el apartamento a sus espaldas, El apartamento podría estar vinculado a un contrato inteligente que para poder ejecutar Melquiades debe recibir el pago directamente. Lo cual genera aún más fricción a la hora de no involucrar a Melquiades en la transacción, desincentivando en gran medida el comportamiento criminal.
En resumen, la única forma de que se pueda atropellar a Melquiades es que él esté en total desconocimiento de como funciona la tecnología y que su hijo y/o Jimena tenga suficiente conocimiento como para aprovecharse de la ignorancia de Melquiades. Naturalmente, este factor humano y sus incentivos serían el principal obstáculo para la adopción y uso ético de la tecnología.
En todo caso, el código actuaría para proteger su derecho de propiedad, sin vacilar, sin tener múltiples puntos de fallo (como los tiene los medios burocráticos) o peor, obligar a la víctima a recurrir a las redes sociales para presionar a las instituciones a hacer su trabajo, como ocurrió realmente.
ADOPCIÓN DE LA DID EN EL MUNDO
La tecnología DID también podría utilizarse con fines electorales, y este potencial ha llevado a muchos Estados-nación a invertir recursos significativos en soluciones:
Latinoamérica: Esfuerzos del BID y el laboratorio LACChain para desarrollar un marco común de DID.
Cabe señalar que existen cientos de proyectos que buscan implementar esta tecnología y puedes encontrar los más relevantes a través del mapa desarrollado por KeyState Capital en https://www.weboftrust.org/ en cuál contribuí en parte de la investigación.
La propuesta de KERI
Una tecnología en particular, Key Event Receipt Infrastructure (KERI), responde a todas las necesidades tecnológicas centrales de Venezuela. Es un protocolo de código abierto que ahora se utiliza ampliamente en la Unión Europea a través del vLEI de la GLEIF. Permite crear, rotar, delegar y revocar credenciales, resolviendo problemas como los del caso de Melquiades.
Es totalmente descentralizado y no requiere bases de datos ni blockchains, funcionando como un puente entre otros proyectos de DID debido a su independencia de plataformas específicas.
Para ilustrar exactamente como funcionaria KERI, vale la pena ver cómo esta tecnología se puede convertir en una raíz de confianza global.
El vLEI (Identificador de Entidad Jurídica Verificable) from GLIEF22(Global Legal Entity Identifier Foundation).
El vLEI busca proporcionar Identidad Organizacional, es decir, la capacidad de una persona o cosa para probar el alcance de su autoridad para representar a una organización ante terceros. Esto sin el uso de proveedores de identidad, cadenas de bloques (blockchains) o plataformas compartidas.
Para entender el vLEI, es necesario entender qué es el LEI (Legal Entity Identifier – Identificador de Entidad Jurídica). El LEI es un ID único transfronterizo emitido por la GLEIF y fue introducido por el G-20 en 2011 en respuesta a la crisis de 2008. Los líderes del G-20 apoyaron “la creación de un [LEI] que identifique de forma única a las partes en las transacciones financieras”.
Esto resultó en que el LEI fuera obligatorio para diversas transacciones transfronterizas y en la UE, por ejemplo, obligatorio para todas las empresas que cotizan en bolsa y es utilizado para diversos fines por la EBA (Autoridad Bancaria Europea). Teniendo así más de 2 millones de LEIs emitidos hasta la fecha.
Tecnología KERI y vLEI
A través de la tecnología de KERI, el vLEI permite a los titulares de un LEI vincular un par de claves pública y privada a su LEI, creando firmas digitales infalsificables que pueden ser verificadas fuera de la organización.
Los titulares de vLEI pueden emitir un número ilimitado de sub-credenciales para cualquier rol en su organización, con las cuales pueden demostrar criptográficamente su rol/autoridad fuera de la organización a través de las fronteras. Por lo tanto, todas las organizaciones que tienen un LEI pueden crear una identidad digital calificada y crear identidades digitales para todos sus empleados y roles en su organización o incluso dispositivos.
Los beneficios de adoptar el vLEI serían los siguientes:
Las empresas venezolanas podrían aprovechar el reconocimiento internacional acelerando los procesos de AML/KYC (Anti-Lavado de Dinero / Conoce a tu Cliente). Aumentando así sus posibilidades de atraer inversión extranjera.
Los empleados venezolanos pueden tener un medio para crear credenciales verificables con poca o ninguna intervención gubernamental.
El vLEI puede utilizarse para verificar la propiedad de los recursos de capital de las empresas.
Requisitos para una Implementación a Mayor Escala
Aunque es un buen punto de partida, esto no serviría a la totalidad de la población. Por lo tanto, implementar la tecnología DID (Identidad Descentralizada) a mayor escala requeriría:
Invertir en marketing de alta calidad para posicionar la identidad descentralizada y la solución de propiedad privada como la más eficiente en Venezuela. Esto podría ser más rápido con el respaldo del gobierno, pero requiere la credibilidad de la que carecen las instituciones venezolanas.
Financiamiento privado para desarrollar aplicaciones/sistemas DID interoperables (con KERI como protocolo básico).
Incentivos económicos para la inscripción en la solución, tales como transferencias directas, exenciones fiscales o facilidades de crédito.
Consultoría con firmas de abogados especializadas en contratos inteligentes y vLEI para establecer un proceso fluido para las transferencias de propiedad privada.
Dado su enfoque descentralizado, tal solución requeriría poca o ninguna intervención gubernamental. Si se hace correctamente con KERI, despojaría al gobierno del poder de controlar la identidad de los individuos y sus pruebas de propiedad.
Ahora bien, no todo es color de rosas.
ADVERTENCIAS SOBRE LA TECNOLOGÍA DID
La historia nos enseña que, cuando se desarrollan nuevas tecnologías, existe una alta probabilidad de que criminales o Estados se aprovechen de ellas para controlar a las masas y extraerles cada vez más recursos. (Ver Against the Grain de James C Scott)
Por ejemplo, las herramientas de comunicación de medios masivos como medios de adoctrinamiento, los pasaportes como medios de restricción para viajar o, más específico a la tecnología DID, véase por ejemplo el “Pajaporte” en España (aunque este ejemplo muestra más bien un uso mal dirigido e ineficiente de la tecnología por parte del estado). O para Venezuela, el infame “Carnet de la Patria”.
Pero ha sido el caso que los individuos han sido capaces de contrarrestar estos abusos de poder adoptando e innovando las mismas u otras tecnologías. Tal es el caso de la inflación galopante y la creación de Bitcoin, la creación de contenido independiente a traves de redes sociales o el uso de VPNs para eludir restricciones como la que Maduro impuso a X/Twitter y otros sitios web.
Vale la pena reflexionar sobre cómo la tecnología DID puede utilizarse para reforzar los pesos y contrapesos de los Estados organizados como Repúblicas o formas emergentes de coordinación social.
POTENCIAL DEL MERCADO DE GOBERNANZA
El potencial de la tecnología DID reside no solo en crear un entorno institucional sólido para proteger los derechos de propiedad, sino un mercado para la gobernanza. Dado que la tecnología DID y especialmente KERI son protocolos, pueden usarse como base para desarrollar marcos de confianza para otras instituciones.
Por ejemplo:
Votación: Sería significativamente más barata y confiable utilizando credenciales aseguradas biométrica y criptográficamente.
Políticas Públicas: Los ciudadanos podrían votar por políticas públicas desde la comodidad de su hogar.
Agilidad: Los ciudadanos podrían proporcionar rápidamente antecedentes penales y credenciales de educación a un empleador en segundos y sin la carga de documentos físicos de archivo.
Visas: Podrían solicitar rápidamente una visa, proporcionando toda la información necesaria con solo un QR.
En resumen, las sociedades podrían tener una fuente de rendición de cuentas para aquellos individuos y organizaciones que no cumplen sus promesas o incurren en conductas antisociales, además de facilitar los procesos de resolución de conflictos.
Esto no significa que la violencia y los abusos de poder desaparecerían, pero al menos proporcionaría una fuente de verdad y confianza desde la cual las instituciones de seguridad y el mercado podrían innovar y crear medios cada vez más eficientes para proteger la Propiedad, la Vida y la Libertad.
¿UN ORDEN CONSTITUCIONAL BASADO EN CONTRATOS INTELIGENTES?
A lo largo del curso de la historia humana, el impulso para una mejor calidad de vida han sido los desarrollos tecnológicos (la imprenta, los antibióticos, la computadora personal, etc.). El avance tecnológico ha cambiado fundamentalmente nuestras formas de organizar la sociedad; por ejemplo, el Estado-Nación, tal como lo conocemos hoy, no sería posible sin la invención del telégrafo.
Se puede argumentar, entonces, que las constituciones son un dispositivo tecnológico para coordinar la gobernanza de la sociedad. Las constituciones escritas eran la mejor tecnología disponible hace 200 años, cuando hacer contratos de gobernanza de forma individual era demasiado costoso.
Pero ha habido muchos avances desde entonces. Hoy, el 91% de la población tiene acceso a teléfonos móviles. Esto significa que potencialmente podrías coordinar con la mayoría de la población sus preferencias de gobernanza a través de aplicaciones móviles.
LA RESPUESTA CRIPTOGRÁFICA
La respuesta al problema de la confianza puede residir en la tecnología criptográfica: Contratos Inteligentes, Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAOs) e Identidades Digitales Descentralizadas (DIDs). Esta tecnología proporciona medios para la transparencia, la rendición de cuentas de figuras/políticas públicas, el cumplimiento de contratos y la verificación de credenciales.
En resumen: depositar la confianza en un protocolo codificado en lugar de funcionarios corruptibles.
INCENTIVOS Y COMPETENCIA
Si un ciudadano desea más servicios de gobernanza, en lugar de «empaquetar» bienes políticos eligiendo a un político representante, podría aceptarlos explícitamente. Esto proporcionaría una visualización en tiempo real de cómo cada política afectaría los saldos futuros en su «billetera ciudadana».
Al utilizar esta tecnología, el administrador público supera significativamente el problema del conocimiento propuesto por el análisis austriaco y puede economizar mejor los recursos. Por otro lado, dado que los ciudadanos ahora manejan información precisa sobre el costo directo e indirecto de diferentes formas de gobernanza, pueden elegir entre ellas.
Esto incentiva a los ciudadanos a influir directamente en la política pública y, para los administradores, incentiva la competencia entre modelos de gobernanza/jurisdicciones. Así, se aborda el problema de los incentivos sugerido por la Escuela de la Elección Pública (Public Choice School).
CONCLUSIÓN
A pesar de que actores maliciosos podrían intentar aprovecharse desarrollando código malicioso, es probable que el mercado y la sociedad civil inviertan esfuerzos para deshacerse de ellos mediante la auditoría de contratos de gobernanza.
Como en el Efecto de la Reina Roja, es importante mantenerse vigilantes e innovadores con la tecnología de gobernanza para asegurar la protección de la vida, la propiedad y la libertad, y así mantener al Estado a raya para que no esclavice al individuo.
Las Repúblicas representativas y su orden constitucional se están volviendo obsoletos, día tras día. Es necesario pensar fuera de la caja para tener una gobernanza más adecuada para las sociedades actuales.
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