México bajo ataque

Por María José Salinas

Bloqueos, incendios y ciudades paralizadas dejaron al descubierto la fragilidad de la seguridad y recordaron a millones de ciudadanos que, en cuestión de horas, el miedo puede imponerse sobre la normalidad.

El domingo 22 de febrero de 2026 comenzó como cualquier otro día en México. Familias saliendo a desayunar, personas tomando la carretera, negocios abriendo sus puertas. Nada parecía fuera de lugar. Pero alrededor de las 10 de la mañana, comenzaron a aparecer las primeras señales de que algo no estaba bien.

En Jalisco, vehículos incendiados bloqueaban carreteras. Tráilers atravesados impedían el paso. Automovilistas eran obligados a descender de sus unidades mientras estas eran utilizadas para cerrar vialidades estratégicas. Al principio, muchos pensaron que se trataba de un incidente aislado.

No lo era.

En cuestión de horas, el humo comenzó a elevarse también desde las ciudades. Puerto Vallarta, uno de los destinos turísticos más importantes del país, se convirtió en una de las imágenes más impactantes del día. Desde distintos puntos podían verse columnas de humo elevándose sobre el paisaje costero. Vehículos incendiados, vialidades bloqueadas y zonas paralizadas transformaron la rutina en incertidumbre.

Tiendas OXXO fueron incendiadas, como ha ocurrido en otros episodios similares, afectando directamente a trabajadores y ciudadanos que dependen de estos establecimientos en su vida diaria. Esta vez, también fueron atacadas sucursales del Banco del Bienestar, la institución financiera creada por el gobierno para distribuir apoyos sociales. Su destrucción no tenía un valor tácito evidente, pero sí un peso simbólico claro: demostrar que ni siquiera las estructuras visibles del Estado están fuera de alcance.

Horas antes, fuerzas federales habían logrado la captura de uno de los líderes criminales más poderosos del mundo, en un operativo que posteriormente se informó que había sido realizado en coordinación con agencias del gobierno de Estados Unidos. La reacción fue inmediata y dejó claro el nivel de alcance, coordinación y capacidad de respuesta de estas organizaciones.

Pero para los ciudadanos, el significado no estaba en los detalles del operativo. Estaba en el miedo.

Durante horas, millones de personas hicieron lo único que podían hacer: quedarse en casa, cancelar planes, escribir a sus familiares para asegurarse de que estaban bien, evitar salir. Las calles se vaciaron. La normalidad se suspendió.

Vivir en México implica, muchas veces, vivir en estado de alerta. No como un acto consciente, sino como una adaptación. Es aprender a observar el entorno, a tomar precauciones, a modificar hábitos. Es entender que la seguridad no siempre es una garantía, sino algo que puede cambiar en cualquier momento.

Pero lo ocurrido ese domingo fue distinto.

No fue un hecho aislado en una región específica. Fue una demostración que alcanzó ciudades, carreteras y comunidades al mismo Ɵempo. Fue la sensación compartida de que, sin importar dónde estuvieras, la estabilidad podía romperse en cuestión de horas.

El monopolio legítimo de la fuerza es uno de los pilares fundamentales de cualquier Estado. Su propósito es garantizar que los ciudadanos puedan vivir con seguridad, que la ley prevalezca y que nadie pueda imponer el miedo como forma de control.

Cuando ese principio se debilita, lo que se pierde no es solo el control territorial.

Se pierde la certeza.

El costo de esta violencia no se mide únicamente en infraestructura destruida. Se mide en vidas interrumpidas. En personas que pierden sus herramientas de trabajo. En negocios que no vuelven a abrir. En ciudadanos que aprenden a vivir con una sensación permanente de vulnerabilidad.

También lo pagan quienes enfrentan directamente estos escenarios. Elementos del Ejército, la Guardia Nacional y otras fuerzas de seguridad han perdido la vida en operativos y enfrentamientos. El secretario de la Defensa Nacional, el General Ricardo Trevilla Trejo, habló públicamente sobre estas pérdidas con la voz entrecortada y conteniendo las lágrimas, recordando que detrás de cada uniforme hay una familia, una historia, una vida.

Nada de esto es abstracto.

Es la realidad de millones de mexicanos.

Pero México es mucho más que esto.

México es un país de personas trabajadoras que todos los días construyen, emprenden y avanzan a pesar de las dificultades. Es un país con una riqueza cultural extraordinaria, con paisajes únicos, con ciudades vibrantes y una identidad que ha trascendido fronteras.

México merece vivir sin miedo.

Merece instituciones que funcionen. Merece un Estado de derecho que se cumpla. Merece que la seguridad no sea una aspiración, sino una garanơa.

Pero ese cambio no va a comenzar desde el poder. Va a comenzar desde la sociedad. Va a comenzar cuando los ciudadanos dejen de normalizar el miedo. Cuando empiecen a informarse, a cuestionar y, sobre todo, a exigir resultados. Cuando entiendan que el poder público no es una figura infalible, sino una responsabilidad delegada.

Porque en una sociedad libre, al poder no se le aplaude, al poder se le vigila. Se le limita. Y, cuando falla, se le exigen cuentas.

La gran farsa ideológica colombiana: una “derecha” disfrazada de derecha

Por: Julián Ramírez

Álvaro Gómez Hurtado, con su proverbial lucidez, diagnosticó que en Colombia los conservadores superan con creces al Partido Conservador. Es hora de completar su aguda observación con una verdad incómoda que la clase política, en su hipocresía estructural, se empeña en ocultar: la mal llamada “derecha” colombiana es, en su praxis real, una izquierda economicista vestida de seda y corbata. Mientras esgrimen con devoción retórica las frases sacramentales del libre mercado, han edificado y defendido con uñas y dientes un capitalismo de compadres, un sistema diseñado no para fomentar la competencia, sino para proteger los intereses de una poderosa minoría empresarial privilegiada.

Es un engaño de grandes dimensiones pretender que en este suelo haya florecido alguna vez una derecha liberal auténtica. El verdadero liberalismo económico —aquel que cree en la competencia abierta, la destrucción creativa y en un Estado árbitro imparcial, no jugador interesado— es un fantasma ausente en nuestro debate público: un espectro al que se invoca en los discursos, pero se exorciza en los hechos. Lo que ha predominado, y lo sigue haciendo, es un modelo mercantilista decimonónico en el que el Estado no es rival de los oligopolios; es, en realidad, su arquitecto principal y su guardián más celoso. La supuesta “protección de la industria nacional” nunca fue más que la patente de corso para crear monopolios privados y públicos que hoy estrangulan la innovación, encarecen la vida y limitan las oportunidades. Y la ironía más trágica es que la izquierda contemporánea, en lugar de proponer la libertad económica que tanto invoca en su retórica antioligárquica, lo que busca es controlar esos mismos monopolios. Ambos bandos, en el fondo, comparten una fe dogmática en el Estado como gran repartidor de favores y controlador omnipresente de la vida económica: son dos caras de la misma moneda estatista.

Oligopolios y controles: el país del “no se puede”

Esto no es teoría económica abstracta; es la experiencia cotidiana que sofoca a los colombianos. Los ejemplos no son anomalías del sistema; son su regla de oro, la columna vertebral misma de ese orden perverso.

El feudo energético

Mientras se corea la soberanía energética, el Estado se aferra con puño de hierro al sector de los hidrocarburos. Ecopetrol, un gigante que actúa como juez y parte, ahoga la inversión competitiva y perpetúa un modelo extractivista único. Esta farsa se extiende a la política de precios de combustibles: se le vende al ciudadano el “subsidio” a la gasolina como un favor magnánimo del gobierno, ocultando cuidadosamente que los impuestos pueden representar hasta el 40% del precio final. Es el colmo del cinema estatista: el Estado carga el combustible con una tributación grotesca, asfixiando la productividad nacional, y luego se presenta como el salvador que mitiga el problema que él mismo creó.

La dictadura de las gaseosas

Es un hecho verificado y cotidiano. Las prácticas de exclusividad de empresas como Postobón y Coca-Cola impiden que un tendero, so pena de perder estantes, refrigeradores y hasta el local, venda una gaseosa de una marca distinta. Esto no es libre mercado: es un cártel legalizado que el Estado, por acción u omisión, avala y consiente. El consumidor no elige: obedece la oferta dictada.

Los feudos alcohólicos

Es quizá el ejemplo más cínico y medieval. Es ilegal que un empresario innovador cree una marca de licores para competir con la fábrica del gobernador de turno. Es ilegal que un ciudadano compre el aguardiente de otra región, como si las fronteras departamentales fueran aduanas de reinos de taifas. Esto no es “defensa de los ingresos territoriales”: es la consagración legal del feudalismo comercial.

La tasa de usura: un “techo” que hunde el crédito

En un alarde de populismo regulatorio que pretende proteger, el Estado fija una tasa máxima de usura. Lejos de ser un escudo para el ciudadano, este control sitúa a la banca en el límite máximo permitido para no incurrir en sanciones penales, eliminando cualquier incentivo para competir ofreciendo tasas más bajas. Suprimida esta camisa de fuerza, los bancos se verían forzados a una competencia genuina por el bolsillo del consumidor, dinamizando masivamente el crédito productivo y de consumo. Esta tasa sí afecta directamente al “pueblo”, encareciendo el acceso al capital, a diferencia de las tasas del Banco de la República, un indicador macro lejano que la gente nunca percibe en su día a día pero que siente en el pellejo al solicitar un préstamo.

La prueba irrefutable de esta farsa de una derecha izquierdizada tiene un nombre propio: Álvaro Uribe Vélez, el ícono de esa mal entendida “derecha” colombiana. Como lo documenta fríamente el Cato Institute de Washington, D. C., su gobierno fue un festival de estatismo. Fortaleció a Ecopetrol, no la privatizó; mantuvo los aranceles proteccionistas y no desmontó un ápice de la arquitectura monopolista del país. El uribismo no es liberal: es la perfecta encarnación de una plutocracia que busca favores del Estado en lugar de ganar clientes en el mercado. Es, para ser claros y polémicos, la derecha colectivista.

En este punto, la lúcida y mordaz sentencia de Nicolás Gómez Dávila ilumina el corazón de nuestra paradoja: “El izquierdista no es el que quiere quitarle al burgués su riqueza, sino el que quiere vivir como el burgués, pero sin su esfuerzo”. Esta frase desnuda la esencia. La mal entendida “derecha” colombiana no anhela un mercado libre donde cualquiera pueda, con su esfuerzo, competir y ascender; quiere un Estado que le garantice su posición burguesa mediante oligopolios, aranceles y protecciones. Y la izquierda, a su vez, no ansía una sociedad de hombres libres; ansía capturar ese mismo Estado para redistribuir sus privilegios entre una nueva clase burguesa burocrática, sin necesidad de innovar, arriesgar o competir. Ambos, en el sentido más profundo de Gómez Dávila, son izquierdistas: aspiran a la riqueza o al control, pero huyen del riesgo real y purificador de la competencia abierta.

Imaginar una Colombia liberal no es un sueño utópico; es simplemente recordar el futuro de progreso y oportunidades que nos han robado décadas de este consenso estatista. En esa Colombia posible:

  • Se acabarían los cárteles legales. Cualquier ciudadano podría montar su negocio de licores; cualquier empresario podría competir con Postobón, y la inversión inundaría el país con capital, creando empleo masivo y genuino.
  • Los precios caerían en picada, pues la competencia por el bolsillo del consumidor haría más por abaratar la canasta familiar que todos los subsidios y controles de precios juntos.
  • La corrupción se reduciría drásticamente. Si al Estado se le quita el poder de otorgar monopolios, licencias exclusivas y favores regulatorios, se le desarma su principal herramienta de venalidad.
  • El crédito fluiría a tasas competitivas, liberando el potencial productivo de millones de colombianos hoy excluidos del sistema financiero formal.

Conclusión: dos izquierdas frente al mismo Estado

El veredicto es brutalmente simple y políticamente incorrecto: Colombia no está atrapada en una pugna entre derecha e izquierda; está secuestrada por dos variantes del mismo colectivismo que se turnan el poder en un baile de máscaras. Una, la de la “derecha”, usa la retórica del mercado para blindar sus privilegios. Otra, la de la izquierda, usa la retórica social para anhelar el control total. Mientras no exijamos con vigor una auténtica libertad económica —no de discurso, sino de hechos— seguiremos condenados a elegir, elección tras elección, entre los dueños de hoy y los aspirantes a ser los nuevos dueños de mañana. El pueblo, como siempre, paga la cuenta de un engaño monumental.

El Pitazo: Venezuela estaría a punto de experimentar cambios militares bruscos

Caracas. – De acuerdo con un trabajo periodístico realizado por el portal de noticias El Pitazo, el país estaría a punto de experimentar cambios bruscos en el liderazgo militar del país, a raíz de la llegada del exministro y exmilitar chavista, Miguel Rodríguez Torres.

Tal como lo confirmó el portal y también el director del mismo, César Batiz, a través de un video en sus redes sociales, Rodríguez Torres habría arribado a Venezuela el pasado fin de semana, en un vuelo privado desde España, y el objeto de su presencia es el de asumir un nuevo cargo dentro del interinato dirigido por Delcy Rodríguez, que según las informaciones extraoficiales podría ser el Ministerio de la Defensa.

Rodríguez Torres «Desde su llegada, estaría sosteniendo reuniones con miembros del gabinete, mientras se espera su reaparición pública», indica El Pitazo en su trabajo periodístico.

Además, Batiz destaca la situación de Vladimir Padrino López, quien «habría quedado anímicamente afectado tras su reunión con el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Francis Donovan», probablemente por las noticias que recibió sobre su inminente reemplazo.

Igualmente, el director del portal noticioso señala que, tanto Padrino López como Diosdado Cabello, han sostenido conversaciones indirectas con representantes estadounidenses, centradas en acuerdos sobre sanciones, acusaciones de narcotráfico y posibles salidas del poder sin enfrentar procesos judiciales en los países donde decidan exiliarse.

Además, menciona un posible regreso del almirante Remigio Ceballos Ichazo, actual embajador de Venezuela en China, para asumir cargos de alto nivel, como el Ministerio de Defensa o la dirección de la Policía Nacional Bolivariana.

Batiz también indicó, que hay posiciones divididas entre las fuentes que hablan sobre el nombramiento de Rodríguez Torres como ministro de defensa, ya que algunas consideran que si podría asumir el cargo, pero otras fuentes creen que la antigüedad y posición de los oficiales activos dificultaría esa posibilidad.

«Para Batiz, todos estos movimientos —que aún se desarrollan de manera silenciosa dentro de los cuarteles— apuntan a una posible reconfiguración del poder militar en Venezuela en un momento político especialmente delicado», señala El Pitazo.

https://elpitazo.net/politica/noticias-desde-los-cuarteles-movimientos-que-podrian-sacudir-el-mando-militar-en-venezuela/

American Airlines reanudará vuelos desde y hacia Venezuela luego de cinco años de suspensión

Caracas. – La aerolínea American Airlines reanudará sus operaciones comerciales hacia Venezuela, luego de cinco años de haber sido suspendidas, tras recibir este pasado miércoles la autorización por parte del Departamento de Transporte de Estados Unidos (USDOT).

En ese sentido se concedió a Envoy Air, subsidiaria de American Airlines, una exención por dos años que abracará del 4 de marzo de 2026 al 4 de marzo de 2028 para prestar transporte aéreo regular de pasajeros, carga y correo.

Envoy Air cubrirá vuelos desde Miami con destino a Caracas y Maracaibo (Zulia).

Esta decisión administrativa surge tras la revocación, el pasado mes de enero, de la prohibición de vuelo que pesaba sobre las aerolíneas estadounidenses desde 2019. Dicha medida fue impulsada por el secretario de Transporte, Sean Duffy, siguiendo instrucciones del presidente Donald Trump para normalizar la conectividad aérea entre ambas naciones.

La decisión fue impulsada también tras un pedido del presidente estadounidense Donald Trump al secretario de Transporte, Sean Duffy, durante una conversación con la jefa del régimen chavista, Delcy Rodríguez. En esa ocasión, Trump solicitó revertir la orden que desde 2019 bloqueaba los vuelos comerciales entre ambos países.

La compañía recordó entonces que, hasta la interrupción de 2019, era desde 1987 la mayor aerolínea estadounidense que volaba hacia y desde Venezuela.

American hizo formal la petición el pasado 13 de febrero. “La aprobación de esta solicitud avanzaría aún más la meta del presidente Trump de reabrir el servicio aéreo a Venezuela y servir al interés público al proveer una oportunidad para el negocio, el placer, y el viaje humanitario a la región”, indica la solicitud.

Asimismo aseveró que los vuelos no afrontarán “problemas energéticos o ambientales”, y anticipó que no habrá dificultad en obtener combustible para sus servicios Miami-Caracas y Miami-Maracaibo.

Confirmaron que joven secuestrado por intentar derribar estatua de Chávez si estaba en libertad

Caracas. – Varias ONG confirmaron este pasado miércoles, que Jobani Romero, el joven detenido en agosto de 2024 tras las protestas postelectorales por intentar derribar una estatua de Chávez en Coro (Falcón), si había sido liberado hace meses, pero bajo medidas cautelares.

Tanto el Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales, como el Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (CLIPPVE), dieron a conocer la información sobre la excarcelación de Romero, cuya imagen se hizo viral en redes sociales por la temeraria acción que llevó a cabo.

La noticia de su liberación aclara semanas de especulaciones y reportes contradictorios que lo ubicaban erróneamente en el penal de Yare o como desaparecido. El periodista Víctor Ugas, quien compartió celda con él en el centro penitenciario de Tocorón, desmintió dichas versiones asegurando que Romero salió en libertad hace meses, exactamente en julio de 2025.

El Comité por la Libertad de los Luchadores Sociales explicó, que el retraso en el reporte de su excarcelación se debió a que el joven decidió guardar silencio por temor a represalias.

Actualmente se encuentra bajo medidas cautelares de presentación, y esa es una de las razones de su encierro.

No obstante, la citada ONG exige su libertad plena mediante la aplicación de la Ley de Amnistía, calificándolo como un símbolo de la protesta ciudadana. El organismo anunció que próximamente compartirá detalles sobre su situación actual y su experiencia en detención.

Cabello amenazó a María Corina ante su posible retorno al país

Caracas. – Diosdado Cabello, segundo al mando en el «Cartel de los Soles», lanzó este pasado miércoles una amenaza velada contra la dirigente y premio Nobel de la Paz María Corina Machado, advirtiendo que las autoridades tienen preparada una “sorpresa” para ella si regresa al país, durante las próximas festividades de Semana Santa.

Cabello leyó en su programa «Con el mazo dando», una supuesta carta atribuida a su personaje «La Sifrina», en la que se indica que el equipo de Machado difunde la idea de un regreso en los días santos (entre el 29 de marzo y el 5 de abril). Cabello ironizó: «Entenderás que yo quiero estar en forma para recibirla… pero no te diré cuál es la sorpresa que le tengo», advirtió.

“No les voy a decir qué sorpresa tengo preparada para ella”, insistió el jerarca chavista en declaraciones que críticos interpretaron ampliamente como una advertencia de que Machado podría enfrentar detención si regresa.

También sostuvo que Machado y miembros de su equipo en los últimos días han intentado reconstruir vínculos con figuras del Partido Demócrata en Estados Unidos con el objetivo de socavar las relaciones entre Caracas y Washington.

Más allá de la advertencia, Cabello se centró en lo que describe como el «suicidio político» de la dirigente en el exterior.Aseguró que Machado «se ahogó en su propia incoherencia» al sugerir que rompió sus alianzas con la administración de Donald Trump debido a su «soberbia y chantaje».

Según esta narrativa, la líder opositora ahora estaría buscando desesperadamente el favor del Partido Demócrata y de figuras como Iván Duque y Álvaro Uribe para intentar socavar la relación entre Caracas y la Casa Blanca.

La visita en la historia: URD

Por Leroy Garret (@lerogarrett).

En el ajedrez geopolítico del hemisferio, Estados Unidos ha mirado siempre a Venezuela con una mezcla de paternalismo y recelo, especialmente cuando la oposición interna, por popular que sea, se muestra como un caballo desbocado incapaz de galopar hacia la estabilidad. ¿De dónde viene esta aversión crónica a las oposiciones venezolanas hoy por hoy? No es un capricho reciente de la era Trump, sino un patrón forjado en el fuego de la fragilidad política caribeña. Recordemos: la Venezuela pre-petrolera del siglo XX era un polvorín de caos, con caudillos y revueltas que invitaban a intervenciones foráneas. En 1902-1903, el bloqueo naval de Gran Bretaña, Alemania e Italia a las costas venezolanas por deudas impagas alarmó a Washington. 

Theodore Roosevelt, blandiendo la Doctrina Monroe, rechazó la agresión europea no solo por ayudar al “vecino débil”, sino para afirmar que América era ya antes de la primera guerra mundial su zona de influencia. Nada de aventuras imperiales como la de Napoleón III en México en los 1860s. El mensaje fue claro: fragilidad política equivale a caos, pero no a suelo fértil para posesiones de ningún índole, el principio se mantiene, es geopolítica del poder, es realpolitik punto.

No es la primera vez que una oposición, o fracciones de ella, es descartada como “no apta” para el poder, pese a su arrastre popular. 

Ahí está el caso paradigmático de la Unión Republicana Democrática (URD), el partido de Jovito Villalba, que en los 1950s y 1960s encarnó las luces y sombras de un movimiento que Washington vio como un factor conveniente… hasta que dejó de serlo. Pero antes de sumergirnos en ese episodio, hagamos un paréntesis con la oposición actual, cuya caída en desgracia puede resumirse en un rosario de pecados: colaboracionismo con el régimen chavista, silencio ante la invasión cubana y ausencia de un plan real para desmantelarla, apego masoquista a elecciones fraudulentas, popularidad efímera sin músculo para gobernar, y declaraciones tragicómicas como tildar a Chevron de “organización terrorista”. Estos errores la han convertido en un serio inconveniente para la transición post-Maduro, marginada por una Casa Blanca que prefiere negociar con el chavismo “exorcizado” de Delcy Rodríguez.

Los Archivos Nacionales de Estados Unidos, a través de documentos desclasificados en Foreign Relations of the United States (FRUS) y el Reading Room de la CIA, pintan un retrato detallado de la URD y sus riesgos para la democracia venezolana de entonces. Desglosémoslo en tres lentes clave, como se recoge en estos registros:

1.  Legitimidad democrática vs. Estabilidad: En 1952, la URD arrasó en las elecciones a la Asamblea Constituyente, reflejando el rechazo masivo a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Washington lo reconoció como una fuerza popular legítima, pero priorizó relaciones cálidas con el dictador por “imperativos estratégicos” como el petróleo. URD era visto como un catalizador de cambio, pero uno que no podía ignorarse eternamente sin arriesgar estabilidad.

2.  El comodín “amorfo”: Cables diplomáticos describen a URD como menos rígida ideológicamente que sus pares (como AD o COPEI), lo que la hacía “conveniente” para forjar el Pacto de Punto Fijo en 1958, una coalición que garantizaba una transición estable a la democracia. Sin embargo, esa naturaleza “amorfa” la volvía impredecible: un aliado táctico, pero con potencial para desequilibrar el tablero.

3.  La fricción de 1960: Aquí llegó el quiebre. Documentos de la CIA revelan que, al romper con la coalición gubernamental a finales de 1960, la URD viró hacia elementos radicales, aliándose con facciones castristas y comunistas para obstruir programas del gobierno de Rómulo Betancourt. Inteligencia americana la etiquetó como amenaza a la “reforma evolutiva” que EE.UU. favorecía, un eufemismo para cambios controlados que preservaran intereses petroleros y anticomunistas.

Esta evaluación se confirmó con figuras como José Vicente Rangel y Fabricio Ojeda, militantes URD que actuaron como informantes de Fidel Castro, traicionando la patria. Ojeda, héroe de la Junta Patriótica contra Pérez Jiménez, murió prematuramente en la guerrilla; Rangel, un Richelieu tropical, maniobró con astucia hasta clavarle la daga a la república, facilitando el ascenso y control absoluto del chavismo décadas después.

Ahora, comparemos con la oposición actual. Jovito Villalba y María Corina Machado comparten un aura mesiánica: líderes carismáticos, populares en sus épocas, pero no jefes de Estado materializados. Villalba, con su oratoria incendiaria, galvanizó masas contra la dictadura, pero su sectarismo interno diluyó la URD en divisiones ideológicas. Machado, Nobel de la Paz 2025, arrasó en primarias opositoras con 93% en 2023, pero su radicalismo (denuncias a ultranza, alianzas volátiles) la ha hecho impredecible para Washington. Trump la descartó públicamente: “No tiene apoyo ni respeto en el país”, optando por la estabilidad del chavismo tramitante. El factor sectarismo persiste: como la URD se escindió por radicales, la oposición actual se fragmenta entre Machado y colaboradores como Henrique Capriles, diluyendo fuerza colectiva.

 La apreciación norteamericana es idéntica: conveniente para presionar, pero inconveniente para gobernar, un “wildcard” que amenaza la reforma controlada.

En resumen, la “visita” de la historia a la URD nos recuerda que popularidad no basta; se necesita pragmatismo para navegar el escrutinio de la diplomacia de Washington. Hoy, con Maduro capturado y Rodríguez al timón, la oposición repite el guion: mesiánica pero ineficaz, indefinida y subordinada, sectaria y marginada. Si no aprende de Villalba, quedará en Narnia, mientras el poder real muda de piel bajo la la tutela sin precedentes de nuestra nación hermana. Verdades veredes, Sancho amigo: la fragilidad sigue siendo caos, y  para Washington se acabó el bochinche.

El concepto de estado Pivote: el caso de India.

Andrea Peña, politóloga egresada de la Universidad de Carabobo (UC) con un diplomado en Gobernabilidad e Innovación Pública de la UCAB. Además, posee conocimiento de primera instancia con proyectos sociales en comunidades vulnerables.

… la aplicación más pura del realismo es cuando el Estado solo busca maximizar su poder relativo en un sistema anárquico.

Andrea Peña

A estas alturas de febrero de 2026, India encaja con precisión quirúrgica en la definición de Estado Pivote, que refiere a aquel cuya orientación es capaz de modificar sustancialmente el equilibrio de poder global. ¿Por qué señalo esto? Por varias razones:

Autonomía Estratégica: a diferencia de otros aliados, Nueva Delhi mantiene una política de «alineación múltiple». ¿Cómo se traduce esto? India participa simultáneamente en el QUAD (mecanismo de contención de China) y en los BRICS+ (mecanismo de reforma del orden financiero occidental). Esta bivalencia le otorga una capacidad de maniobra que Pekín no puede neutralizar sin arriesgar un aislamiento total.

La Tensión en la LAC (Línea de Control Actual): siguiendo la visión realista de Benavides sobre la inevitabilidad del conflicto en zonas de influencia, la frontera del Himalaya se ha transformado en un laboratorio de guerra electrónica y monitoreo satelital. No es solo tierra; es la demostración de que India posee la masa crítica para decir «no» a la hegemonía China. Ya nadie puede llamar a engaño, porque la arquitectura de seguridad en Asia es un ejemplo de libro sobre la anarquía del sistema internacional. Como bien argumentaba Kenneth Waltz, en un sistema donde no hay un gobierno global, los Estados deben ayudarse a sí mismos (self-help) para garantizar su supervivencia. India ha entendido esta lección a la perfección.

Nueva Delhi ya no es un actor pasivo; es el Estado Pivote que, por su ubicación y potencial, tiene la capacidad de inclinar la balanza entre Washington y Pekín.

Si aplicamos la tesis de John Mearsheimer, las grandes potencias nunca están satisfechas con la cantidad de poder que poseen; siempre buscan la hegemonía regional para asegurarse de que nadie pueda amenazarlas. China está siguiendo este guion al pie de la letra. Sin embargo, India ha respondido no con palabras, sino con una acumulación de capacidades militares que busca generar un equilibrio de poder.

El dilema de seguridad en el Himalaya: cada carretera que China construye en la frontera es vista por India como una amenaza existencial, lo que la obliga a responder con su propia infraestructura. Es el ciclo infinito del realismo: la búsqueda de seguridad de uno aumenta la inseguridad del otro.

Geoeconomía: El Poder como Recurso Relativo

En el realismo, no importa cuánto crezcas, sino cuánto creces en comparación con tu rival (ganancias relativas). En este sentido, mientras China enfrenta un estancamiento estructural, India proyecta una expansión del PIB que le permite modernizar su arsenal. Para Hans Morgenthau, el poder nacional es la suma de la capacidad industrial y la voluntad política. E India hoy tiene ambas.

Además, la India ha incentivado la manufactura local y reducido la dependencia de componentes chinos, porque Nueva Delhi está aplicando una estrategia de realismo defensivo, a saber, reducir la vulnerabilidad externa para proteger la soberanía interna.

El Gran Tablero Mundial de Brzezinski

No nos equivoquemos, el pragmatismo de Nueva Delhi este año no es fruto del azar. Es una aplicación meticulosa del realismo político. India no busca ser el aliado de nadie, busca ser el polo necesario para todos. En un mundo que Waltz describiría como multipolar y peligroso, India ha decidido que su mejor defensa es ser el actor que nadie se puede permitir perder.

Geoeconómica del Desacople (Decoupling) y Seguridad Nacional

Asimismo, el aspecto económico ha pasado de ser un puente de diálogo a un arma de disuasión. El 2026 marca el punto de no retorno en la estrategia de diversificación de riesgos globales.

En este sentido, debemos tener en cuenta la reconfiguración de Cadenas de Suministro: el fenómeno «China Plus One» ha mutado en una política de Estado denominada Atmanirbhar Bharat (India autosuficiente). La transferencia de manufactura de alta complejidad especialmente en hardware de defensa y telecomunicaciones, desde Guangdong hacia centros como Hyderabad y Pune ha generado una asimetría económica que debilita la capacidad de presión de Pekín.

Quizás, y solo quizás, la estabilidad del 2026 no dependa de un tratado de paz, sino de la parálisis mutua generada por la interdependencia competitiva. Es un juego de espejos, en esencia, la aplicación más pura del realismo es cuando el Estado solo busca maximizar su poder relativo en un sistema anárquico.


Referencias Bibliográficas

  • Benavides Munera, L. M. (2015). Conflicto Ucraniano: Análisis Geopolítico desde una Visión Realista. – (Fundamental para la aplicación del realismo estructural).
  • Brzezinski, Z. (1997). El Gran Tablero Mundial. Citado en: Hacia una nueva estrategia: Los Estados Pivotes.
  • Mearsheimer, J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. (Referencia para el análisis de la hegemonía regional de China).
  • Waltz, K. (1979). Theory of International Politics. (Base para el concepto de anarquía y autoayuda estatal).
  • Secretaría de Análisis Estratégico (2025). Hacia una nueva estrategia: Los Estados Pivotes.

Condenado a 24 años de cárcel un exprimer ministro de Túnez por su supuesto papel en el reclutamiento de terroristas

Un tribunal de Túnez ha condenado este vieres a 24 años de cárcel al ex primer ministro Alí Laarayed, acusado de estar implicado en una red para enviar a yihadistas al extranjero, después de un proceso de apelación en el que ha visto su sentencia reducida en diez años.

La corte ha dictado además penas de 22 años de cárcel contra un antiguo responsable de la Brigada de Protección Aérea y tres años de prisión contra el antiguo portavoz de la organización terrorista Ansar al Sharia, Seifedín Rais, tal y como ha recogido la agencia estatal tunecina de noticias, TAP.

Asimismo, han sido condenadas otras tres personas, quienes, junto con el resto de sentenciados, estarán bajo vigilancia administrativa durante cinco años una vez que salgan de prisión. Las penas son menores que las anunciadas en primera instancia en mayo de 2025, cuando los imputados recibieron sentencias de entre 18 y 36 años entre rejas.

Cabe señalar que Laarayed es una importante figura en el seno del partido islamista Ennahda y llegó a ser ministro del Interior antes de ser nombrado primer ministro. La formación era la predominante en el Gobierno y presidía en Parlamento cuando el actual mandatario, Kais Saied, dio un autogolpe disolviendo en 2021 estos organismos para arrogarse todas las competencias.

Por otra parte, otro tribunal tunecino ha condenado también en rebeldía a doce años de cárcel por corrupción al magnate de los medios de comunicación y antiguo candidato a la Presidencia de Túnez Nabil Karui, así como a su hermano, Ghazi Karui, según ha informado la emisora tunecina Mosaique FM.

Karui, propietario de la cadena de televisión Nessma TV, quedó en segundo lugar en las elecciones presidenciales de 2019, en las que se impuso el actual mandatario. El magnate fue liberado días antes de la segunda vuelta tras su arresto por supuesto blanqueo y evasión de impuestos, en medio de denuncias de sus seguidores por un intento de silenciarle por sus críticas al Gobierno.

Autoritarismo: Dictadura romántica

Valentina Gómez es economista (UCAB), fundadora Impulsa Tu Economía, y coordinadora local senior de EsLibertad Venezuela. En todos sus espacios, aprovecha cada oportunidad para reflexionar sobre las ideas de la libertad y empoderar a quienes le rodean.

… Cuando un líder se eleva al estatus de “salvador”, la política deja de ser gestión para convertirse en teología.

Valentina Gómez

Así como la tecnología ha evolucionado hasta el punto de hacerse más sofisticada y compleja, el autoritarismo también ha evolucionado para sobrevivir en países donde la democracia es el estándar. Como los aparatos electrónicos que ahora son inteligentes —capaces de conocer todo de todos y estar siempre con nosotros—, las técnicas de control moderno son más suaves, amigables; se camuflan de legalidad y transparencia.

En el siglo XX, el autoritarismo era ruidoso y sanguinario; el orden era la fuerza bruta ante todo. La oposición no era “cancelada” en redes sociales ni asfixiada con impuestos: era ejecutada, exiliada o enviada a campos de concentración. El control de la información era sencillo porque existían pocas fuentes. Hoy en día, el acceso a la información es tan fácil y rápido que los regímenes han tenido que optar por la desinformación como estrategia evasiva: saturar con datos falsos para mantener a la población confundida y entretenida, permitiendo que sepamos solo lo que ellos quieren que sepamos.

Algunas cosas nunca cambian. Desde Stalin y Hitler se usan retratos en cada oficina, estatuas gigantes y la idea del líder como el “salvador” de la nación. Esto solo nos demuestra que la idealización es un verdadero problema; nos ciega al punto de no discernir entre lo bueno y lo malo, entre un Dios y un dictador genocida. Así de grave es la idealización. Así de graves estamos como sociedad y, sobre todo, en la educación.

Cuando un líder se eleva al estatus de “salvador”, la política deja de ser gestión para convertirse en teología. El fallo del sistema educativo es lo que ha permitido que la propaganda de los servicios de inteligencia —especialmente el modelo cubano— opere sin resistencia, transformando la lealtad ciudadana en una ceguera ética donde el genocidio o la corrupción se justifican como sacrificios necesarios en el altar del “Dios-Líder”. Por eso en Nicaragua no basta con controlar el voto; necesitan encarcelar a los sacerdotes y silenciar los púlpitos, porque la fe es el último reducto de discernimiento que el “Dios-Estado” no puede hackear.

No todo el tiempo el Estado va tras la Iglesia. Nicaragua se ha convertido en el laboratorio más cruel; todo forma parte de una decisión del aparato de inteligencia. Más de 200 religiosos han sido desterrados, expulsados o se les ha prohibido el ingreso desde 2018. Todo comenzó con las protestas civiles contra las reformas al seguro social (INSS), cuando la represión policial y parapolicial dejó cientos de muertos. Los templos católicos abrieron sus puertas para refugiar a los estudiantes y brindar atención médica a los heridos que los hospitales públicos rechazaban por orden estatal. Ortega y Murillo acusaron a los obispos de ser “golpistas” y, desde entonces, no han parado su persecución. Recordemos que es el último recurso para eliminar cualquier voz que hable de un ser superior, de otras normas, valores o discernimiento. El Estado no quiere que te cuestiones; quiere que lo idealices, que lo veas como única fuente de la verdad.

El aparato de inteligencia nació como un mecanismo de supervivencia radical para un grupo que sabía que, si no controlaba todo, perdería el poder rápidamente. Hoy, el socialismo en Cuba ha logrado sobrevivir 65 años bajo ese mecanismo y ha conseguido trasladarlo a sus aliados en otras partes del mundo. Este aparato nace después de que Fidel Castro y el “Che” Guevara se obsesionaran con evitar lo que le pasó a Jacobo Árbenz en Guatemala (derrocado por un golpe apoyado por la CIA en 1954). Comprendieron que para que la revolución sobreviviera, necesitaban un sistema que detectara la disidencia antes de que se organizara. Por ello crearon el G2 (inteligencia militar) bajo la tutela directa de la Unión Soviética (KGB) y la Stasi de Alemania Oriental, heredando sus métodos de vigilancia vecinal.

En Venezuela, estos métodos se conocen como “Consejos Comunales”. A diferencia de las cámaras que vigilan criminales, la inteligencia vecinal busca reportar “anomalías ideológicas”, convirtiendo al vecino en un agente del Estado. La vigilancia vecinal es un sistema que no busca protegerte, sino obligar tu lealtad. Han logrado que el miedo no sea algo que viene de arriba, sino algo que vive al lado. Así, el discernimiento va muriendo lentamente; de una u otra manera van sobornando tu lealtad y haciendo que tu derecho a recursos básicos dependa de aplaudir al dictador. La idealización deja de ser una opción y se convierte en una estrategia de supervivencia.

Las características principales del G2 son el control y la desconfianza. Controlan toda la información para mantener a las personas bajo una misma creencia: la que le conviene al dictador. Al convertir a cualquier vecino en un arma contra otro, nace el silencio por temor a ser escuchado y aparecen las repercusiones, que en muchos casos significan ser privado de la libertad por simplemente pensar distinto.

Todos los años de éxito cubano han inspirado a otros líderes que han querido perpetuarse en el poder. Juan Carretero fue el oficial de la inteligencia cubana encargado de la DGI (Dirección General de Inteligencia) para América Latina. Cada país latinoamericano, dependiendo del desarrollo de sus luchas, tenía un agente encargado de las relaciones en general o uno para cada organización específica. En el primer lustro de la década de 1960, la inteligencia cubana priorizó dos líneas: la preparación de la guerrilla del Che Guevara en el Cono Sur y la vinculación con países que mantenían luchas armadas, como Venezuela y Perú.

Así, mientras el G2 se enfoca en la seguridad interna (contrainteligencia), la DGI es la encargada de la inteligencia exterior. Es la DGI quien entrena a los cuadros políticos de estos países para que utilicen el mismo lenguaje y las mismas tácticas de propaganda. Por eso, ante la crisis, todos repiten el mismo guion: que las protestas son “golpes de Estado” o “ataques de los Estados Unidos”.

El objetivo del aparato de inteligencia cubano ha sido siembre la estandarización de métodos de control, no la expansión de la ideología socialista como muchos pueden pensar. Ha logrado poner en contra a vecinos, amigos, familiares. El proceso electoral se ha disfrazado de legalidad y transparencia, siendo ahora un proceso profundamente corrupto que solo sirve para garantizar la perpetuidad del líder en el poder.

El fraude electoral en las elecciones presidenciales de julio de 2024 en Venezuela se ha convertido en el ejemplo definitivo de cómo se utiliza el soporte técnico del aparato cubano para anular la soberanía popular. Utilizaron 3 estrategias claves:

-Desinformación: Gracias a que la ciudadanía resguardo la mayor cantidad de resultados electorales el estado activó su manual de desinformación aprendida de la inteligencia cubana. El Consejo Nacional Electoral (CNE) optó por proclamar un ganador sin mostrar un solo dato que lo respaldara, confiando en que la saturación narrativa nublaría la verdad.

-Miedo: Se utilizó aplicaciones digitales y redes de vigilancia vecinal (los Consejos Comunales), para conocer los que estaban en desacuerdo con el resultado “oficial” del estado. Este es el G2 en su máxima expresión: el uso de la tecnología no para proteger al pueblo, sino para que el vecino reporte la «anomalía ideológica» de quien se atrevió a votar distinto, convirtiendo el derecho al voto en un motivo de persecución penal.

-Complicidad internacional: La DGI se ha encargado de hacer un bloque de reconocimiento, países como Bolivia, Nicaragua y Honduras respondió a la validación del fraude para protegerse mutuamente en la estructura de control y supervivencia.

En definitiva, la Dictadura Romántica es el desafío más sofisticado y complejo que enfrenta la libertad en nuestro siglo. Ya no es nada agresivo al contrario, utiliza la inteligencia, la estrategia, al convertir al vecino en espía, al líder en Dios y al fraude en un trámite administrativo, estos regímenes han creado un sistema operativo de opresión casi invisible pero muy presente y destructor.