Registran la sede central del Partido Socialista de Portugal por una investigación de corrupción

La Policía de Portugal ha llevado a cabo este jueves un registro en la sede del Partido Socialista (PS) en la capital, Lisboa, como parte de una investigación sobre una presunta trama de corrupción que involucra a un exasesor socialista y relacionada con la adjudicación de contratos irregulares en municipios portugueses, con pérdidas que ascienden a casi dos millones de euros.

«El Partido Socialista confirma que la Policía Judicial está en la sede nacional del Partido Socialista, llevando a cabo diligencias relacionadas con actividades que se imputan a uno de sus trabajadores», ha indicado en un comunicado.

El PS ha dejado claro que la formación política, como tal, «no es objeto de la investigación policial». «El Partido Socialista está colaborando con la Policía en todo cuanto le es solicitado por esta a fin de asegurar la buena conducción de las investigaciones y en el respeto íntegro de los principios y reglas del Estado de derecho», ha argüido.

La Policía ha ejecutado, en total, 60 órdenes de registro en domicilios y 32 en otros municipios del área metropolitana de Lisboa liderados por los socialistas como parte de una investigación por delitos que van desde la prevaricación o la falsificación de documentos hasta el fraude fiscal agravado.

«Hasta la fecha, se han efectuado cuatro detenciones por delitos menores, una detención por un delito grave de posesión ilegal de armas y se han presentado cargos formales contra 37 acusados», ha indicado el cuerpo policial en un comunicado.

Entre los investigados por la trama se encuentran Duarte Moral, exasesor del ex primer ministro António Costa y su mujer, así como Miguel Coelho, un exfuncionario del distrito de Santa Maria Maior de Lisboa que fue diputado del Partido Socialista entre 1995 y 2019.

Cuando combatir la desigualdad termina creando más pobres

María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)

Es facilísimo defender el socialismo cuando no eres tú quien paga el precio… y cuando tu habitación de lujo tiene generador propio mientras la gente común cocina con leña o carbón.”

María José Salinas

Hay una idea que se ha vuelto casi religión en la política moderna: que el gran problema del mundo es la desigualdad. No la pobreza. No la falta de oportunidades. No la corrupción. No la violencia. No la destrucción de la productividad. La desigualdad.

Y cualquiera que se atreva a cuestionar esa narrativa automáticamente es etiquetado como “insensible”, “privilegiado” o “enemigo de los pobres”. Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿De verdad una sociedad mejora simplemente porque todos tengan exactamente lo mismo?

Porque bajo esa lógica, Cuba sería un paraíso, Venezuela una potencia y Corea del Norte el pináculo de la justicia social. Pero la realidad es otra. Las sociedades más miserables de la historia no fueron aquellas donde existía desigualdad, sino aquellas donde el Estado intentó eliminarla concentrando todo el poder económico en manos de una élite política.

Y ahí aparece la primera gran paradoja del igualitarismo moderno: dicen luchar contra los privilegios… mientras crean una nueva clase privilegiada. La izquierda contemporánea vive obsesionada con “redistribuir riqueza”, pero rara vez habla de cómo se crea esa riqueza en primer lugar. Porque repartir es políticamente popular y producir es muchísimo más difícil.

Para que exista prosperidad se necesitan empresas, inversión, productividad, innovación, riesgo y trabajo. Se necesita gente creando valor. Pero el discurso populista funciona distinto: primero demoniza al empresario, después castiga al inversionista, luego asfixia al que produce… y finalmente se sorprende porque no hay crecimiento económico.

Es la paradoja eterna del socialismo: atacan al empresario como enemigo social, pero después se preguntan por qué no hay inversión, empleo ni crecimiento. Y lo más curioso es que muchas personas que defienden estas ideas aseguran no ser socialistas. “No apoyo a Morena”, dicen. “No soy comunista”, aclaran. Pero terminan haciéndole exactamente el trabajo intelectual a la izquierda autoritaria: normalizar la idea de que el Estado debe intervenir cada vez más para “corregir” los resultados naturales de la sociedad.

El problema no es que existan ricos. El problema es que existan pobres sin oportunidades La desigualdad no es una anomalía. Es una consecuencia natural de la libertad. Los seres humanos somos distintos: tenemos talentos distintos, ambiciones distintas, niveles de disciplina distintos, capacidades distintas y prioridades distintas. Y eso no es un defecto del sistema, es precisamente lo que hace posible una sociedad plural, dinámica y creativa. Pretender eliminar toda desigualdad es tan absurdo como pretender que todos midamos lo mismo, pensemos igual o tengamos exactamente las mismas habilidades.

La verdadera pregunta no es: “¿Por qué unos tienen más?”, la pregunta importante es: “¿Por qué algunos no pueden salir adelante?” Porque una sociedad puede ser desigual y aun así ofrecer movilidad, oportunidades y prosperidad. Pero una sociedad donde todos son igualmente pobres jamás será justa.

La trampa emocional del salario mínimo

Aquí es donde el populismo económico se vuelve peligrosamente seductor, porque suena moralmente hermoso decir: “Hay que subir salarios.” Claro que todos queremos mejores salarios, pero el problema es creer que la riqueza aparece por decreto. Si la prosperidad dependiera únicamente de subir el salario mínimo desde el gobierno, entonces bastaría con establecerlo en 100 mil pesos mensuales y México se convertiría mañana en Suiza. Pero la economía no funciona así.

El salario no nace de un deseo político, nace de la productividad. Cuando subes salarios artificialmente sin aumentar productividad, sin crecimiento económico y sin condiciones para producir más riqueza, el resultado suele ser el mismo: inflación.

Y la inflación es el impuesto más cruel para los pobres, porque mientras los políticos celebran aumentos salariales en conferencias de prensa, las familias terminan pagando:

  • alimentos más caros,
  • renta más cara,
  • transporte más caro,
  • servicios más caros.

Es decir: te “suben” el sueldo mientras destruyen tu poder adquisitivo. Y entonces llega otra paradoja: “Prometen ayudar al pobre, pero terminan volviendo más caro ser pobre.” Combatir la desigualdad suele terminar castigando el mérito. Existe algo profundamente peligroso en convertir el éxito económico en sospecha moral, porque poco a poco empiezas a escuchar ideas como:

  • “Nadie necesita ganar tanto.”
  • “Es injusto que alguien tenga más.”
  • “Hay que redistribuir.”
  • “Los ricos deberían pagar todo.”

Y eventualmente la discusión deja de ser cómo sacar gente de la pobreza… para convertirse en cómo castigar a quien sobresale. Eso destruye incentivos. Porque nadie arriesga capital, invierte, emprende o genera empleo para después ser tratado como enemigo público. La historia económica es brutalmente clara: los países que protegieron propiedad privada, libertad económica e innovación generaron prosperidad masiva. Los que intentaron imponer igualdad económica desde el poder terminaron generando:

  • escasez,
  • corrupción,
  • dependencia estatal,
  • inflación,
  • fuga de talento,
  • y pobreza estructural.

No existe un solo ejemplo exitoso de socialismo sostenido que haya generado prosperidad comparable con las economías más libres. Ni uno. La izquierda moderna convirtió la desigualdad en pecado moral Y quizá ahí está el problema de fondo. Hoy pareciera que tener éxito económico automáticamente te vuelve sospechoso.

Mientras tanto, depender eternamente del Estado se romantiza como sensibilidad social. Pero una sociedad sana no debería aspirar a que todos dependan del gobierno para sobrevivir. Debería aspirar a que cada vez más personas puedan valerse por sí mismas, porque hay algo profundamente indigno en un sistema político que necesita mantener ciudadanos dependientes para conservar poder. Y esa es la paradoja final: “El socialismo promete liberar al hombre de la necesidad, pero termina sometiéndolo a la dependencia del Estado.”

El verdadero enemigo no es la desigualdad. El verdadero enemigo sigue siendo la pobreza, l miseria, la falta de movilidad, la destrucción de oportunidades, la dependencia crónica, la ausencia de crecimiento. Las sociedades más prósperas de la historia no fueron aquellas donde nadie sobresalía. Fueron aquellas donde más personas tuvieron la libertad de progresar, porque la prosperidad no nace de repartir pobreza de manera más uniforme, nace de crear condiciones para que más personas puedan generar riqueza, emprender, innovar, trabajar, competir y crecer.

La izquierda moderna lleva años intentando convencernos de que el problema es que algunos tengan demasiado. Pero quizá la verdadera tragedia nunca fue que existieran ricos. La verdadera tragedia es que millones de personas sigan atrapadas en sistemas que castigan exactamente aquello que podría sacarlos adelante, porque en un mundo empeñado en uniformarnos, seguir siendo un individuo libre ya es una forma de resistencia.

La ilusión del diseño: ¿Por qué exigimos planificación centralizada a pesar de su inevitable fracaso?

Oriana P. Aranguren B. es licenciada en Ciencias Fiscales, mención Aduanas y Comercio Exterior, y es cofundadora del capítulo Ladies of liberty Alliance (LOLA) Caracas, desde donde se promueve el liderazgo femenino en el movimiento libertario. También, es Coordinadora Nacional de EsLibertad Venezuela.

Roymer A. Rivas B., un simple estudiante comprometido con la verdad, teórico del Creativismo Filosófico, lo demás no importa.

Normalmente, el debate en torno a la planificación centralizada de la sociedad se ha librado de forma casi exclusiva en el terreno de la economía, el cálculo de costes y el Derecho, y, si bien es cierto que estos argumentos son sólidos, suelen ignorar la dimensión psicológica —que, se puede decir, es la verdadera raíz cognitiva de la planificación centralizada— que compete al tema. De hecho, podríamos decir que la tendencia a creer y/o desear la dirección del destino de la sociedad desde un poder central nace, no de un análisis técnico riguroso, sino de un profundo atavismo mental arraigado en nuestra propia evolución, y tal concepción, a su vez, nos podría ayudar a entender por qué la planificación central sigue siendo una propuesta atractiva a pesar de sus constantes fallos históricos.

Lo cierto es que el humano tiene sesgos biológicos que nublan la razón frente a los sistemas complejos, como lo son (i) la hiperatribución de agencia[1] e intención, (ii) la sobreconfianza en la planificación de sistemas complejos, y (iii) una tendencia a reificar la “sociedad” como si fuera un sujeto único que piensa y decide[2]. En efecto, los estudios disponibles sugieren que el impulso centralizador se alimenta de una intuición psicológica muy poderosa en el ser humano, a saber, que, si hay problemas sociales, entonces debe existir una mente coordinadora capaz de ordenar el todo, porque es la única manera de solucionar dichos problemas. Esta resistencia intuitiva a aceptar los sistemas complejos ordenados —o los órdenes espontáneos— puede explicarse con lo que en neurociencia se llama el Dispositivo Hiperactivo de Detección de Agentes (HADD), que explica cómo nuestro cerebro, en la evolución, aprendió a asumir que detrás de cada evento complejo o ambiguo se esconde o subyace una voluntad consciente[3]; por lo tanto, extrapolando el asunto, ante la complejidad social, el atavismo nos empuja a buscar —o a exigir— un diseñador central, lo que traduce una ventaja de supervivencia prehistórica en una peligrosa distorsión de cómo funciona la sociedad —o a qué se deben los fenómenos sociales—, pues, si vemos actores intencionales donde hay azar o procesos emergentes, también seremos más proclives a imaginar que la economía o la sociedad requieren una voluntad central que “sepa lo que hace”[4].

La evolución, la planificación y el rechazo a la complejidad de los sistemas

Durante la mayor parte de la historia evolutiva de nuestra especie, los humanos nos organizamos en pequeñas tribus donde la supervivencia dependía de relaciones directas y jerarquías explícitas. Así, si el fuego se encendía o una estrategia de caza funcionaba, se debía directamente a la acción deliberada de un individuo concreto. Y esta experiencia prolongada moldeó la arquitectura cognitiva para predisponerla a creer que cualquier orden funcional y sofisticado debe ser, de forma obligatoria, el producto de una mente inteligente que lo diseñó con un propósito claro, pues, en última instancia, el cerebro humano prefiere construir explicaciones basadas en un agente coordinador antes que aceptar la contingencia, el azar o, como nos gusta llamarlo el “caos”. Al cerebro humano le resulta contraintuitivo y le cuesta aceptar la inmensa complejidad de los sistemas complejos y, en contextos inciertos, tiende a creer que se necesita de la planificación consciente para coordinar los millones de decisiones, cuando en realidad los sistemas sociales pueden coordinarse por pautas que emanan de la interacción de los elementos que conforman dichos sistemas complejos, cada uno de ellos adaptándose a sus nuevas realidades o circunstancias[5].

De hecho, esta sobreconfianza se manifiesta en el llamado sesgo de la planificación, que es, prima facie, el sesgo que define la naturaleza misma de toda planificación centralizada, algo que queda de manifiesto cuando se examina la evidencia experimental en psicología social, según la cual, al diseñar un escenario futuro, los individuos se enfocan de manera casi exclusiva en el éxito del plan trazado —la visión interna del plan— e ignoran la estadística de los fracasos pasados; e incluso, cuando se les confronta con dichos errores históricos, el cerebro tiende a justificarlos como anomalías externas y transitorias, no como la norma[6]. Ahora bien, este fenómeno llevado al ámbito político es mucho peor, porque, en la acción privada, este sesgo encuentra un límite adaptativo inmediato, a saber, que si un individuo calcula mal sus recursos o expectativas, él mismo asume los costos de su equivocación, lo que activa funciones cerebrales para corregir u optimizar las acciones llevadas a cabo, con tal de aumentar las probabilidades de éxito en la consecución de sus fines; pero en la planificación centralizada, por el contrario, el sesgo muta y se institucionaliza de forma destructiva, pues, al tener el monopolio de la fuerza y la coerción estatal, el planificador jamás sufre en carne propia las consecuencias de sus fallos de cálculo, porque estas son socializadas y transferidas coactivamente a la población[7]. Y si a esto sumamos el hecho de que el planificador esté alejado de la realidad local en la cual repercutirá su decisión, todo esto explicaría por qué todo planificador central se encuentra siempre bajo la ilusión de que, esta vez, ahora sí, el sistema complejo que intenta controlar sí responderá a su intento de diseño, cuando en realidad es incapaz de ponderar los imprevistos y las fricciones propias del sistema[8].

No conforme con esto, la psicología ratifica con estudios —en diversas sociedades— que este impulso centralizador —característico de los colectivistas— no nace de un altruismo racional o desinteresado, más bien tiene una raíz cognitiva que se halla en un sustrato psicológico típico de los autoritarios, a saber, la exigencia de que todos los miembros de la sociedad, lo deseen o no, sean sometidos por la fuerza a un poder central que ordene cada aspecto de su vida[9]. Resulta que la supuesta benevolencia que los defensores de la planificación central atribuyen a la autoridad es, en realidad, una alucinación derivada del “razonamiento motivado por la identidad”[10]. Este sesgo cognitivo aparece porque las personas no evalúan los hechos de manera objetiva, sino que procesan la información de forma asimétrica para proteger y validar su pertenencia a un grupo político o ideológico. Según la evidencia científica, este mecanismo psicológico altera la raíz de las percepciones, llevándonos a actuar como abogados defensores de aquello que ligamos a nuestra propia identidad —o que consideramos nuestra identidad—, tendiendo automáticamente a atribuir intenciones nobles a los líderes y/o las políticas que coinciden con nuestro bando, mientras que juzgamos exactamente las mismas acciones bajo la sospecha de egoísmo, ambición personal o manipulación cuando provienen del bando contrario. De este modo, la supuesta benevolencia que se percibe en la autoridad no es un análisis racional de sus méritos, sino una distorsión mental destinada a mantener la coherencia con nuestras propias creencias e identidades compartidas[11].

En el mundo de la política, esto se traduce en que las personas militan activamente en el error, convirtiendo sus dogmas en verdades incuestionables para legitimar la expansión del poder central sobre los individuos, y dicha militancia se vuelve especialmente peligrosa cuando se defiende que la planificación centralizada es una condición necesaria para alcanzar una sociedad “más igualitaria”[12]. No reparan en el hecho de que, como bien aduce la investigación de los profesores Chaverri y Fernández, en el campo de la psicología social evolutiva, las sociedades con rasgos culturales más colectivistas se muestran, de manera sistemática, con mayores niveles de desigualdad socioeconómica, mientras que aquellas consideradas individualistas poseen menores índices de disparidad en la distribución de la riqueza. Éstas sociedades colectivistas, lejos de servir como un motor de justicia o equidad social, son el caldo de cultivo para permitir la arbitrariedad del poder y congelar —muchas veces hasta profundizar— las desigualdades económicas de los individuos. La razón de ello es que se hipertrofian valores adaptativos heredados de nuestro pasado tribal, como la obediencia ciega a la autoridad, el conformismo y la sumisión pasiva ante las jerarquías establecidas, que, en su conjunto, fungen como un mecanismo de estabilización del statu quo, minusvalidando a los individuos e impidiéndoles cuestionar o resistirse a las profundas asimetrías de poder y de recursos impuestas por la cúpula gobernante[13].

Para comprender la raíz de este problema, es imperativo analizar la transición de la humanidad desde las comunidades tribales, nómadas y profundamente igualitarias, hacia las estructuras centralizadas complejas que emergieron a partir del Neolítico y la revolución agraria. El exponencial crecimiento demográfico de los asentamientos humanos trajo consigo un fenómeno llamado “estrés escalar”, que refiere a la tensión asintótica entre el tiempo requerido para alcanzar un consenso social y el tamaño o volumen del grupo humano[14]. En este marco, los autores señalan que, cuando una sociedad expande sus fronteras demográficas, la toma de decisiones distribuida, directa y horizontal se vuelve inviable debido a sus prohibitivos costos de coordinación y, ante dicha crisis[15], la centralización del mando surge como una especie de “parche evolutivo” u organizativo, con el fin inmediato de mitigar el estrés escalar y reducir los costos de conducción social. No obstante, este “parche organizativo” alberga en su núcleo un virus que termina por degradar la salud institucional de las sociedades, porque, paradójicamente, el precio de delegar el poder en un poder central otorga a los planificadores y a las élites que asumen el mando la capacidad de sesgar las decisiones de todos los miembros de la sociedad que conforman y, en mayor o menor medida, desviar la asignación de recursos en su propio beneficio[16].

Ahora bien, es necesario matizar lo expresado por los autores desde la perspectiva del paradigma de la complejidad, porque cuando ellos hablan de que la toma de decisiones horizontal y descentralizada se vuelve “inviable” por culpa del estrés escalar, están cometiendo una falacia de reducción, en la medida en que presuponen que la única forma de coordinación horizontal es la deliberación consciente entre quienes conforman la comunidad —asambleas, búsqueda de consenso explícito, votaciones o acuerdos directos entre todos los miembros—. Bajo este lente, efectivamente —y a modo de ilustración—, si sentamos a 10.000 personas en un círculo a debatir conscientemente cada decisión, el sistema colapsa por saturación de información y costos de transacción —para usar sus términos—, lo cual deriva en lo que ellos llaman “problema de coordinación”. No obstante, desde el Creativismo Filosófico, entendemos que la coordinación en sistemas grandes y ordenados no ocurre ni necesita ocurrir a través del consenso deliberado, porque todo ello ocurre a través de la emergencia; los sistemas complejos resuelven el problema de la escala mediante interacciones locales, mecanismos de retroalimentación impersonales —como lo es, por ejemplo, el sistema de precios o las normas morales abstractas— y adaptaciones descentralizadas.

En esta línea, entonces, la escala no es un problema que requiera un “diseñador” o un “parche jerárquico”, porque, de hecho, a mayor escala, mayor es el potencial de diferenciación y complejidad emergente que se autorregula. Así, podemos corregir a los autores y advertir que la transición neolítica hacia la centralización del poder no ocurrió porque la coordinación horizontal fuera inherentemente imposible a gran escala, sino porque la mente humana de la época —atrapada en el atavismo de la tribu— era incapaz de concebir o tolerar un orden social extenso que no estuviera pilotado por una mente coordinadora. Es decir, ante el miedo a la incertidumbre y la incapacidad de dejar que los sistemas complejos se autoorganizasen, la humanidad prefirió diseñar un jefe, un rey o un planificador. Ergo, la centralización no fue una solución técnica inevitable a la complejidad, sino una respuesta desesperada ante el crecimiento demográfico —y en muchos casos, el precio de ese error de diseño fue la tiranía[17]—.

Volviendo al tema que nos compete, y para ir cerrando, lo verdaderamente curioso —y trágico— de este fenómeno que señalan Chaverri y Fernández es la dinámica de retroalimentación psicológica perversa que se genera entre el planificador y los gobernados. De acuerdo con su análisis, los entornos caracterizados por la escasez de recursos, la incertidumbre y la restricción coercitiva —condiciones crónicas e inevitables en los estratos desfavorecidos bajo un mando centralizado— empujan a los individuos a adoptar rasgos culturales colectivistas: conformismo, pasividad conductual y un repliegue defensivo hacia el refugio en el grupo —que es precisamente el “razonamiento motivado por la identidad” que señalamos en el subtema anterior—. En línea con ello, se puede aducir que el sistema centralizado precariza y empobrece materialmente el tejido social, por cuanto se activa de inmediato ese “chip evolutivo” colectivista de sumisión y acomodación jerárquica en la población[18]; y, finalmente, dicha sumisión psicológica blinda al planificador de cualquier atisbo de resistencia o cuestionamiento al orden establecido. Es decir, en última instancia, a lo largo de la evolución de la humanidad la planificación central de la sociedad se desvela como una refinada maquinaria evolutiva de subordinación, explotación y perpetuación del poder absoluto.

Conclusiones: la ilusión del diseño

A lo largo de este ensayo, ha quedado claro que la persistente obsesión con la viabilidad de la planificación centralizada de la sociedad es el resultado de un profundo atavismo cognitivo y evolutivo; la demanda de un poder central que controle a la sociedad tiene sus raíces en funciones humanas primitivas —como la tendencia a buscar una mente coordinadora o el miedo a la incertidumbre—. Al final, estos sesgos terminan siendo burdamente instrumentalizados por la pasión identitaria y son aprovechados por el sistema político que conocemos para legitimar el modo en que se organiza la sociedad en la actualidad[19].

Esta necesidad psicológica de control es la que explica por qué la humanidad, al enfrentarse al crecimiento demográfico a partir del Neolítico —tal como documentan Chaverri y Fernández—, prefirió el parche de la centralización jerárquica antes que permitir la emergencia de órdenes espontáneos. Al confundirse la imposibilidad de la deliberación explícita con la supuesta inviabilidad de la coordinación horizontal en la sociedad, se optó por una estructura vertical cuyo precio fue el límite de la libertad; es decir, que aquello que comenzó como un simple sesgo cognitivo ante la incertidumbre terminó institucionalizado en nuestra sociedad, debilitando el mismo tejido social. En este sentido, pareciera que, a nivel sociológico, la planificación central es una renuncia evolutiva de una especie que, temerosa de la complejidad del orden espontáneo, prefiere el refugio predecible del cautiverio.


[*] Este ensayo fue publicado en el portal de Humano Insurrecto, en: https://roymerrivas.substack.com/.

[1] En filosofía, un “agente” es una entidad que actúa, ha actuado o contempla la acción, y para lo mismo se presupone que tiene la capacidad de tomar decisiones. Es precisamente esta idea, que debe su origen a Aristóteles cuando conceptualizó el movimiento en el “acto”, entendido como la actualización del ser en el momento presente, la que sustenta la moral en la sociedad, puesto que solo se pueden atribuir cualidades morales a un ser que toma decisiones, que elige. Desviando un poco el foco, entre otras cosas, por eso es que desde el Creativismo Filosófico sostenemos que la naturaleza humana, entendida —en extremo groso modo— como el sistema estructurado y estructurante que desemboca en la elección, es lo que da paso a las propiedades emergentes que surgen en sociedad —la moral, el Derecho, el dinero, entre otros—.

[2] Hay que tener cuidado cuando extrapolamos el funcionamiento de un elemento aislado al sistema que le da origen —cuando se interrelaciona con sus iguales—, puesto que no se puede partir del hecho de que “el humano decide” —con todo lo que ello implica— para sostener, por ejemplo, que “la sociedad decide”, o que se puede orquestar, controlar, predecir y/o predestinar aquello que emana del cúmulo de todas las decisiones humanas, por razones cuales sean.

[3] Ver: Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).

[4] Ibid. Además, ver: Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026). Hemos de señalar que existe algo llamado “sesgo de intencionalidad”, que es una distorsión cognitiva que nos lleva a asumir que los acontecimientos o las acciones de las cosas —humanos o no— son siempre deliberados, incluso cuando son accidentales o fortuitos. La ciencia cognitiva ratifica que la atribución de intencionalidad es parte de nuestra arquitectura mental y, apelando a ello para seguir con el tema que nos compete, podemos decir que el humano tiene dificultad innata para asimilar los sistemas complejos. Por esta razón, se requiere un esfuerzo consciente para no dejarse llevar por dicho mecanismo, pero, por si fuera poco, este sistema de contención consciente del sesgo se ve afectado en escenarios de incertidumbre, lo cual deriva en que nos entreguemos por completo al mismo. En los estudios clínicos que aíslan los componentes cognitivos del sesgo de intencionalidad, que demuestran que el ser humano posee una inclinación automática a percibir propósitos conscientes en eventos neutros o accidentales, se puede observar cómo la presión de tiempo o la falta de control, entre otros, hacen que los mecanismos racionales que corrigen esta intuición primitiva colapsen, haciendo que la persona se entregue al sesgo. A nuestro juicio, esto provoca que incluso individuos sanos adopten respuestas sesgadas que ven o exigen un coordinador intencional donde solo hay interacciones impersonales —como es el caso en la sociedad—. En resumen, todo ello deriva en la incomprensión de los sistemas complejos y en la demanda de un planificador, o en que nosotros mismos queramos tomar el control —siendo nosotros los planificadores—.

[5] He aquí la razón de las instituciones sociales, de las cuales la Escuela Austriaca de Economía da luces, pero el Creativismo Filosófico sostiene con mayor rigor científico y filosófico.

[6] Ver: Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026). Cabe señalar que este estudio expande el trabajo original de Daniel Kahneman y Amos Tversky, publicado en 1979, que se titula: “Intuitive prediction: Biases and corrective procedures”, complementado, entre otros, por sus análisis posteriores sobre predicción e intuición en 1982, en “Variants of uncertainty”, y en 1991 con Dan Lovallo, en “Timid choices and bold forecasts”. En resumen, la falacia de la planificación consiste en la tendencia generalizada a sostener la firme creencia de que un proyecto propio avanzará exactamente según lo planeado, lo que lleva a ignorar deliberadamente el conocimiento estadístico de que la gran mayoría de los proyectos similares previos se han retrasado o han fracasado. Si gusta profundizar en el tema, también invitamos a leer: Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026). Trasladado al debate que nos compete, esto ayuda a comprender la persistencia de la confianza en la planificación centralizada de todos los políticos y sus seguidores o defensores, a pesar de que la evidencia no les favorezca sistemáticamente.

[7] Al extirparse el circuito de retroalimentación y el castigo adaptativo del error, el sesgo de planificación se desboca y se hace más difícil de identificar.

[8] Esto, de hecho, no es nada nuevo en cuanto a contenido, porque es el mismo problema que señala Ludwig von Mises cuando crítica la planificación central, en su artículo: “El cálculo económico en la comunidad socialista” (1920) —que más tarde derivaría en su obra “Socialismo: un análisis económico y sociológico” (1922)—, así como Friedrich von Hayek en su artículo: “El uso del conocimiento en la sociedad” (1945), donde demuestran que un planificador carece del conocimiento necesario, así como de las herramientas para poder hacerse con dicho conocimiento, para poder planificar la sociedad.

[9] Ver: Markus Kemmelmeier, et. Al. 2003. Individualism, Collectivism, and Authoritarianism in Seven Societies. Revista Cross-Cultural Psychology, vol. 34, n° 3, págs. 304-322. A través de un análisis cuantitativo en siete países con distintos antecedentes políticos, los autores demuestran que, a nivel individual, el colectivismo, lejos de ser una mera preferencia de armonía social, correlaciona de forma positiva y robusta con el “Autoritarismo de Derechas” (RWA). El desglose metodológico revela que esta vinculación está determinada por las dimensiones de sumisión a la autoridad y convencionalismo, validando además la tesis de John Duckitt, desarrollada en “Authoritarianism and group identification: a new view o fan old construct” (1989), sobre cómo la mentalidad colectivista exige subordinar las búsquedas y derechos privados a los objetivos establecidos por un ente colectivo centralizado. Si bien, en aras de la objetividad, es necesario señalar que el “colectivista vertical”, tal como se expresan los autores, no busca ejercer el poder político de manera directa o individual, sino que demanda de forma neurótica la existencia de un poder centralizado debido a su baja tolerancia a la incertidumbre que genera la libertad. No obstante, esta misma se complementa necesariamente con la agresión autoritaria, que describen los mismos autores en el marco del “Autoritarismo de Derechas” que usan para su estudio, la cual explica por qué el colectivista vertical celebra que los mecanismos coercitivos del Estado fuercen a los disidentes a alinearse con el diseño planificado, puesto que tampoco tolera que otros vivan en libertad, porque percibe en la libertad ajena una amenaza directa para su propia seguridad. En adición, en el marco del Creativismo Filosófico, caben dos acotaciones teóricas: (i) para nuestro fin rescatamos el concepto de colectivismo vertical —jerárquico, dogmático— al que refieren los autores en el texto, y no al “colectivismo horizontal”, que refiere más a la interdependencia, la cooperación y la benevolencia de los miembros de un grupo, sin responder necesariamente a una jerarquía, y que es a lo que nosotros, en referimos como “comunitarismo” —no comunismo. Pero esto es algo que no compete desarrollar aquí, suficiente con decir que, tal como vislumbran los autores, existe un “colectivismo” a nivel individual, psicológico, que no es opuesto al individualismo, sino que es tan solo una dimensión de la experiencia humana.—. Y (ii), que si bien los autores sostienen que el individualismo y el colectivismo —horizontal— son “dimensiones ortogonales”, es decir, dimensiones completamente independientes entre sí, consideramos que dicho enfoque incurre en el reduccionismo metodológico de la estadística, característico de cuando se aplica el método científico tradicional, es decir, lineal, atomista y cuantitativo, a las ciencias sociales. Las conclusiones del texto que rescatamos aún permanecen intactas si cambiamos el marco teórico para dar paso al paradigma de la complejidad, el cual nos permite comprender que tanto el individuo como la sociedad, es decir, el colectivo, se coproducen mutuamente en un bucle recursivo. ¿Qué significa eso? Pues, que la sociedad habita en el individuo a través de, por ejemplo, la cultura, o sus instituciones, o demás subsistemas que la conforman y hacen parte de la experiencia humana, y al mismo tiempo, las interacciones entre los individuos es lo que hace emerger la sociedad. En este sentido, es entendible que, absolutamente siempre, necesitemos del reconocimiento del otro, en distintos niveles, y la relación con ellos, para reconocernos a nosotros mismos y desarrollarnos plenamente.

[10] Ver: Sharon Arieli, et. Al. 2019. Identity-motivated reasoning: biased judgments regarding political leaders and their actions. Revista Cognition, vol. 188, págs. 64-73. En: https://goo.su/G7UlUdZ (Cit. 23/05/2026). Los autores expanden las teorías clásicas de la atribución demostrando empíricamente cómo la identidad política es como una fuerza de distorsión cognitiva. El estudio constata que los ciudadanos tienden a eximir a los líderes de su propio espectro político de las percepciones generalizadas de codicia y búsqueda de poder que típicamente se asocian a la clase política, revistiéndolos de una intencionalidad virtuosa dirigida al bien común —interés nacional—, lo que correlaciona directamente con la confianza ciega hacia el gobernante —trust—.

[11] Ibid. Este fenómeno sirve para ilustrar cómo la mente humana tiende a reducir los problemas de diseño institucional y la imposibilidad del cálculo económico a un mero dilema de “buenas o malas intenciones” de quien ejerce o ejercerá el mando en la sociedad, donde el planificador es percibido como un coordinador altruista solo mientras comparta la identidad social del observador. Si llevamos este estudio a sus últimas consecuencias, la demanda por la planificación central no es más que una ficción que responde a sesgos cognitivos ligados a la identidad, diseñada para legitimar la coacción sobre el resto de la sociedad. Además, valida por completo la tesis de Bryan Caplan en “El mito del votante racional: por qué las democracias eligen malas políticas” (2007), quien sostiene que el votante es “peor que ignorante”, muy irracional, y en su condición, movido además por muchos sesgos ideológicos, defienden políticas en base a creencias erróneas sobre temas diversos.

[12] Sabrá Dios qué significa “igualitario” para cada uno de ellos. Pero aquí nos avocaremos solo a las medidas que hacen de “desigualdad socioeconómica” —o desigualdad económica—, solo a modo ilustrativo, puesto que también consideramos que, en el fondo, por sí mismas esas medidas no dicen absolutamente nada de la realidad social compleja.

[13] Ver: Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026). Publicado por la Universidad Autónoma de Manizales.

[14] Es la expresión que usan Chaverri y Fernández en Ibid, y, en general, en toda la psicología social, la sociología y la antropología para referir a la sobrecarga cognitiva, comunicativa y de toma de decisiones que experimenta un grupo a medida que aumenta su tamaño o complejidad organizacional.

[15] Esto es a juicio de los autores, que lo perciben como tal. A nuestro juicio, creer que la expansión de la sociedad hace difícil la coordinación es un craso error, pero sobre ello volvemos en el siguiente párrafo.

[16] He aquí el tema de la corrupción, en muchos casos. Si gusta una aproximación al tema de la dinámica de la corrupción, en el marco de la comprensión sobre los sistemas complejos, ver: Roymer Rivas. 2023. El cáncer de la corrupción: una consecuencia de las restricciones a la libre acción humana. 2° lugar en el concurso “El costo de la corrupción” (2020), de Cedice Libertad. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/jn2uUbz (Cit. 23/05/2026).

[17] Aunque si nos ponemos más anarquistas, el precio es el ataque sistemático e institucionalizado a la libertad humana, que hoy representa el Estado.

[18] El estatismo, o cualquier otro tipo de planificación central de la sociedad, hace volver a las personas a sus más atávicos deseos. Al respecto, ver: Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026); y ver: Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).

[19] El impulso centralizador es la institucionalización política de una limitación de nuestra propia arquitectura mental, que prefiere la ilusión de una mente coordinadora antes que aceptar la incertidumbre de los órdenes emergentes de los sistemas complejos.


Referencias

  • Benjamin Buck, et. Al. 2018. The bias toward intentionality in schizophrenia: automaticity, context, and relationships to symptoms and functioning. Revista Abnormal Psychology, vol. 127, n° 5, págs. 503-512. En: https://goo.su/J9JJ (Cit. 23/05/2026).
  • Kira Warje. 2021. Planning Fallacy: why do we underestimate how long it Will take to complete a task. Publicado en The Decision Lab. En: https://goo.su/0tr1h (Cit. 23/05/2026).
  • Markus Kemmelmeier, et. Al. 2003. Individualism, Collectivism, and Authoritarianism in Seven Societies. Revista Cross-Cultural Psychology, vol. 34, n° 3, págs. 304-322. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/0022022103034003005.
  • Pablo Chaverri e Itziar Fernández. 2023. Individualismo y colectivismo cultural en relación con la desigualdad socioeconómica desde el enfoque de la psicología social evolutiva. Revista Ánfora, vol. 30, n° 55, págs. 77-104. En: https://goo.su/PUfJF (Cit. 23/05/2026).
  • Roger Buehler, et. Al. 1994. Exploring the “Planning Fallacy”: why people underestimate their task completion times. Revista Personality and Social Psychology, vol. 67, n° 3, págs. 366-381. Publicado por la American Psychological Association, Inc. En: https://goo.su/wzYYg1a (Cit. 23/05/2026).
  • Roymer Rivas. 2023. Economía y Socialismo, dos expresiones mutuamente excluyentes. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/NTxkYBr (Cit. 23/05/2026).
  • Roymer Rivas. 2023. El cáncer de la corrupción: una consecuencia de las restricciones a la libre acción humana. 2° lugar en el concurso “El costo de la corrupción” (2020), de Cedice Libertad. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/jn2uUbz (Cit. 23/05/2026).
  • Roymer Rivas. 2023. El horror intelectual del Socialismo. Publicado en ContraPoder News. En: https://goo.su/tSxVra (Cit. 23/05/2026).
  • Sharon Arieli, et. Al. 2019. Identity-motivated reasoning: biased judgments regarding political leaders and their actions. Revista Cognition, vol. 188, págs. 64-73. En: https://goo.su/G7UlUdZ (Cit. 23/05/2026).
  • Steven Novella. 2010. Hyperactive agency detection. Publicado en la Neurologica Blog. En: https://goo.su/UDtviC (Cit. 23/05/2026).

«Cabeza e’ Mango» llama al chavismo a protestar contra simulacro de EE. UU. en Caracas este 23 de mayo

Caracas. – El propagandista chavista caído en desgracia, Oswaldo Rivero, conocido como «Cabeza e’ Mango», hizo un llamado este pasado jueves a las bases radicales del narcorégimen, a salir a protestar masivamente para rechazar la autorización, otorgada por el interinato de Delcy Rodríguez al sobrevuelo de aeronaves estadounidenses en Caracas este sábado 23 de mayo, durante el simulacro de evacuación que prepara la embajada de EE. UU.

A través de redes sociales, Rivero difundió un video instando a sus seguidores, a manifestar su rechazo a esta medida y a la presencia de EE.UU. mediante protestas enérgicas desde sus hogares, vehículos y en la calle.

«Les propongo salir todos con la bandera de Venezuela, con pancartas rechazando la injerencia del gobierno norteamericano, diciéndole a Donald Trump: fuera de Venezuela», manifestó quien fuera uno de los productores del bodrio televisivo chavista «Zurda Konducta».

«Cabeza e’ Mango» calificó el simulacro de evacuación organizado por la Embajada de EE. UU. como un «ejercicio del ejército norteamericano en Venezuela junto al gobierno venezolano», y llamó a protestar «desde la ventana de tu casa, desde los carros, tocando corneta».

Rivero se une a una lista de chavistas alineados en criticar al narcorégimen interino, condenando las medidas que toma, y sobre todo, el acercamiento que, cada vez más, se ha evidente hacia el gobierno que dirige el presidente Donald Trump.

Una rehén política fue abusada sexualmente por 30 esbirros de la DGCIM

Caracas. –  Yanín Fabiana Pernía Coronel, una joven rehén política y pareja de otra víctima del narcorégimen chavista, José Miguel Estrada, está padeciendo fuertes trastornos psicológicos y físicos, tras descubrirse que fue abusada sexualmente por 30 custodios de la DGCIM.

Fue la madre de Estrada, Zoraida González quien reveló el caso durante una entrevista a la periodista Maryorin Méndez, al contar que la joven, recluida en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), habría sido víctima de una brutal agresión sexual cometida por funcionarios de custodia.

“Ella fue violada por 30 custodios, ¿Entonces para ella no hay excarcelación? Ella ha sufrido psicológicamente, y vaginalmente está sufriendo por tanto maltrato”, denunció González. La mujer pasa sus días y noches a las afueras de El Rodeo I esperando noticias de su hijo José Miguel, pareja de Yanin, también preso. Desde allí, entre el cansancio y la desesperación, decidió contar lo que sabe y lo que teme que siga ocurriendo.

Según el testimonio, los funcionarios habrían utilizado tanto sus armas de reglamento como violencia sexual directa durante las agresiones. «Ella ha sufrido psicológicamente y vaginalmente está sufriendo de tanto maltrato por la violación sexual que le afectaron esos 30 custodios, que a parte de su pene también le introducían el arma de reglamento”, denunció la mujer, al reclamar medidas humanitarias y protección para la detenida.

Cabe señalar que Yanín Pernía fue detenida en 2018 por el caso del supuesto atentado con drones contra Nicolás Maduro durante un acto militar en la avenida Bolívar de Caracas. La mujer, mesoterapeuta de profesión, fue acusada junto a otras personas de participar en el presunto magnicidio frustrado y posteriormente condenada a 30 años de prisión, la pena máxima en Venezuela.

Durante su desaparición forzada de una semana, estuvo bajo custodia de la DGCIM y el SEBIN. Allí, según denuncias, fue golpeada, colgada, electrocutada, asfixiada, sumergida en agua, expuesta a bajas temperaturas sin ropa y víctima de aplastamiento de uñas. La defensora de derechos humanos Tamara Sujú llevó su caso ante la Corte Penal Internacional.

Rubio propone una «nueva relación» directa entre EE. UU. y el pueblo cubano sin las autoridades de la isla

El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ha propuesto este miércoles al pueblo cubano establecer una «nueva relación» directa, sin la tutela de las autoridades de la isla, a las que ha acusado de «saquear miles de millones de dólares», a través de empresas como GAESA, el conglomerado propiedad de las Fuerzas Armadas y sancionado recientemente por Washington.

«Mientras ustedes sufren, estos empresarios tienen USD$ 18.000 millones en activos y controlan el 70% de la economía de Cuba (…) Todo pasa por sus manos», ha dicho Rubio en un mensaje en vídeo en español publicado este miércoles en redes sociales.

En el mismo ha acusado al Gobierno cubano de exigir «sacrificios» al pueblo a la par que una pequeña élite «acapara las ganancias de sus negocios».

«La verdadera razón por la que no tienen electricidad, combustible ni alimentos es porque quienes controlan su país han saqueado miles de millones de dólares, pero nada ha sido utilizado para ayudar al pueblo», ha apuntado el secretario de Estado.

Rubio ha asegurado así que, después de años disfrutando del petróleo gratis de Venezuela, ahora las autoridades de la isla adquieren este combustible para sus propios intereses, como abastecer sus vehículos, sus propios generadores, o «enviar a sus familiares a vivir con lujos a Madrid e incluso a EE. UU.»

Es por ello que el presidente de EE. UU., Donald Trump, ofrece una «nueva relación» con el pueblo cubano. «Pero tiene que ser directamente con ustedes», ha dicho. «Estamos ofreciendo cien millones de dólares en alimentos y medicinas para ustedes, el pueblo, pero tiene que ser distribuido directamente al pueblo cubano por la Iglesia Católica, u otros grupos caritativos de confianza», ha advertido.

No obstante, ha concedido que «al pueblo cubano no le interesa la caridad permanente», por lo que ha ofrecido una vía alternativa para una «nueva Cuba», una en la que cada uno de sus ciudadanos tenga derecho a emprender su propio camino, como ya han logrado otros compatriotas fuera de la isla, si bien no ha dado más detalles acerca de cómo Washington pondría en marcha esta iniciativa.

«Desde los medios de comunicación hasta el entretenimiento, desde el sector de los negocios hasta la política, desde la música hasta los deportes, los cubanos han llegado a la cima de prácticamente todas las industrias. En todos los países excepto uno, Cuba», ha señalado el jefe de la diplomacia estadounidense, de ascendencia cubana.

«Una nueva Cuba donde pueda quejarse de un sistema que falla, sin temor a ir a la cárcel o ser forzado a irse (…) donde tengan la oportunidad real de elegir a quienes gobiernan su país y votar para reemplazarlos si no están haciendo un buen trabajo (…) Si ser dueño de su propio negocio y tener el derecho al voto es posible alrededor de Cuba, ¿por qué no es posible para ustedes?», se ha preguntado.

«En EE. UU. estamos listos para abrir un nuevo capítulo en la relación entre nuestra gente y nuestros países; y actualmente lo único que se interpone en el camino hacia un mejor futuro son quienes controlan su país», ha manifestado.

SNTP: esbirros del narcorégimen hostigaron a periodistas durante sepelio de Carmen Navas

Caracas. – El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) denunció este martes, que una persona desconocida grabó a reporteros que daban cobertura al sepelio de Carmen Teresa Navas, madre del preso político Víctor Quero Navas que fue asesinado bajo custodia del Estado, en la funeraria Vallés en Caracas.

El gremio periodístico alertó en un video publicado en X que las acciones de la persona, de identidad desconocida, representa «una práctica de intimidación y vigilancia» contra los trabajadores de la prensa que cumplen sus funciones con responsabilidad y compromiso.

“El registro, perfilamiento o exposición de periodistas constituye una práctica de intimidación y vigilancia contra trabajadores de la prensa en el ejercicio de sus funciones”, expresó el SNTP en su publicación, al anunciar que este tipo de acciones busca inhibir el trabajo informativo y vulnera el derecho ciudadano a recibir información.

El sindicato aseguró que este tipo de acciones busca limitar el ejercicio periodístico y afectar el derecho ciudadano a recibir información. Además, exigió el cese inmediato de las prácticas de seguimiento, vigilancia y hostigamiento contra trabajadores de la comunicación en Venezuela.

El sospechoso fue confrontado por una de las personas, que lo detectó mientras tomaba imágenes de los comunicadores presentes en el acto. No obstante, cuando se le preguntó el motivo por el cual grababa con su celular a los asistentes al sepelio, este optó por darse media vuelta y salir de la funeraria, evitando dar explicaciones al respecto.

El sindicato exigió el cese de este tipo de hostigamientos: «Desde el SNTP exigimos que cesen las prácticas de hostigamiento, seguimiento y vigilancia contra periodistas y equipos de prensa», indicó finalmente la publicación.

Huelga de hambre iniciada por Tareck El Aissami obligó a aplazar su audiencia

Caracas. – La audiencia del caso PDVSA-Cripto prevista para este pasado lunes tuvo que ser aplazada, debido al estado del jerarca chavista Tareck El Aissami, quien inició una huelga de hambre desde el pasado sábado 16 de mayo como protesta tras ser trasladado a una celda de castigo en la prisión El Rodeo I.

El exfiscal del narcorégimen, Zair Mundaray, fue quien informó que la medida de protesta tomada por el exoficialista.“Acaba de suspenderse la audiencia del caso Pdvsa-cripto. Tarek El Aissami se declaró en huelga de hambre desde el sábado luego de que fuera llevado a celda de castigo en El Rodeo I como retaliación por sus revelaciones contra otros miembros del régimen”, escribió Mundaray en su cuenta de X.

De acuerdo con lo señalado, médicos de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura presentes en el Palacio de Justicia evaluaron al exfuncionario y determinaron que presentaba deshidratación. En consecuencia, la defensa del exfuncionario solicitó una pausa en el proceso para permitir la atención médica de su cliente.

La jueza a cargo de la causa rechazó la petición de la abogada, lo que motivó un reclamo del propio El Aissami. El acusado responsabilizó de manera directa a la magistrada por cualquier complicación futura en su integridad física debido a la falta de asistencia.

El Aissami está recluido en la cárcel Rodeo I, señalado como centro de torturas, como represalia tras sus denuncias de prácticas de tortura por parte del exfiscal general Tarek William Saab durante su reclusión hace un año, según Mundaray.

Cabe recordar que, según estimaciones, El Aissami habría desviado entre USD$ 16.000 y 21.000 millones derivados de exportaciones petroleras y, acusado de ello, quien fue uno de los hombres de Maduro en su régimen fue detenido en 2024 e imputado por la fiscalía por cargos de traición a la patria y legitimación de capitales en perjuicio del tesoro público.

“Lo ocurrido deja claro que el régimen está incómodo con lo que va saliendo durante el juicio, pues toda la estructura criminal está siendo salpicada”, dijo Mundaray en su cuenta de X.

EE. UU. sanciona a nueve altos cargos y a la Dirección de Inteligencia de Cuba

El Departamento del Tesoro de EE. UU. ha anunciado este lunes la imposición de sanciones contra nueve personas, la mayoría de ellos altos cargos del régimen dictadorial de Cuba, así como a la Dirección General de Inteligencia del país caribeño.

Entre los afectados por la medida de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) figuran la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich Marín; el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, y la titular de Justicia, Rosabel Gamón Verde.

Asimismo, han sido agregados a la lista de sancionados por el Tesoro el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Esteban Lazo; el jefe de la Contrainteligencia Militar de las Fuerzas Armadas, el general José Miguel Gómez del Vallín; el exministro Roberto Tomás Morales —actualmente es miembro del buró político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba—; y tres destacados militares: Joaquín Quintas, Eugenio Armando Rabilero y Raúl Villar.

El anuncio llega en medio de las tensiones con La Habana, después de que la Administración de Donald Trump impusiera en enero un bloqueo petrolero a la isla, lo que ha ahondado la crisis de abastecimiento, especialmente después de perder el suministro desde Venezuela a principios de año tras la operación militar estadounidense en Caracas, que se saldó con más de cien muertos y la captura del genocida dictador venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores.

A ello se suma la información publicada este domingo por el portal estadounidense Axios, que informa de que la compra por parte de Cuba de 300 drones militares ha activado todas las alarmas en EE. UU., que cree que La Habana podría utilizarlos para atacar la base de Guantánamo, buques militares estadounidenses o incluso Cayo Hueso (Key West), en Florida, ubicado apenas a 144 kilómetros de la isla.

Descubren a Delcy Rodríguez y a su cúpula eliminando publicaciones a favor de Alex Saab en redes

Caracas. – La cúpula del narcorégimen interino, especialmente Delcy Rodríguez, han sido descubiertos eliminando todas las publicaciones, que en redes sociales difundieron en años anteriores, defendiendo al ahora extraditado a EE. UU., Alex Saab.

El narcochavismo, que anteriormente lo había defendido como diplomático, emitió un comunicado oficial catalogándolo simplemente como ciudadano colombiano y acusándolo de cometer varios delitos, que deberá enfrentar ante la justicia estadounidense.

La eliminación de los mensajes a favor de Saab, ha sido detectada gracias a las reacciones de los propios chavistas de base radicales, quienes tras la extradición de Saab comenzaron a reclamarle a Rodríguez cómo era capaz de enviarlo nuevamente a EE. UU., luego que a partir de 2020 los obligaron a realizar protestas bajo el eslogan «free Alex Saab», cuando fue apresado en Cabo Verde y luego entregado a la justicia de ese país.

También, la purga de contenido en sus redes sociales se detectó apenas horas después de que el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME) hiciera pública la deportación del exministro chavista y empresario colombiano a los EE. UU., alegando su participación en delitos federales.

Entre los tuits eliminados por la jerarca chavista, se encontraban publicaciones que datan desde el inicio de la detención de Saab en Cabo Verde, hasta su reciente gestión en la administración pública venezolana: En octubre de 2021 Rodríguez había respondido de forma airada a las declaraciones del entonces presidente de Colombia, Iván Duque, asegurando que Saab era un «diplomático venezolano inocente, víctima de secuestro y violación de sus DD. HH.»

Este mensaje ya no está disponible en su perfil.También desapareció un tuit publicado en diciembre de 2023 donde celebraba el retorno de Saab tras el canje con Washington, calificándolo como un «triunfo contundente de la diplomacia bolivariana» y agradeciendo a la delegación encabezada por su hermano, Jorge Rodríguez.

Igualmente, el periodista venezolano Luis Carlos Díaz advirtió en redes sociales sobre la eliminación sistemática de publicaciones relacionadas con Saab y sostuvo que el borrado digital busca dificultar la reconstrucción de la memoria política reciente. Según señaló, la desaparición de esos contenidos constituye una forma de censura destinada a minimizar los vínculos del chavismo con el empresario colombiano.

Además de Rodríguez, trascendió que Pedro Karvajalino, uno de los propagandistas del narcochavismo, eliminó mensajes y videos donde defendía públicamente a Saab. Entre ellos figuraban fragmentos de discursos de Jorge Rodríguez durante actos políticos organizados para exigir la liberación del empresario mientras permanecía detenido en EE. UU.

Estas acciones marcan un giro de 180° en la narrativa, que el chavismo sostuvo durante los últimos cinco años, en los cuales Jorge Rodríguez lideró la campaña para exigir la liberación de Saab luego de que fuese detenido en Cabo Verde en 2020 y extraditado a EE. UU., de donde lograron recuperarlo en 2023 como parte de un acuerdo para un canje de prisioneros.