Esta semana, el seleccionado como Borrego de la semana es el jerarca genocida del chavismo Diosdado Cabello, por sus contradicciones, discursos incendiarios y una ironía política difícil de superar.
Durante décadas, Cabello construyó su poder interno a través de una narrativa obsesiva: la denuncia constante de supuestos agentes de la CIA infiltrados en la oposición, en la sociedad civil y hasta dentro del propio chavismo. Esa retórica, repetida hasta el cansancio desde tribunas oficiales y medios del Estado, sirvió para justificar persecuciones, purgas internas y la criminalización sistemática de cualquier disidencia.
Sin embargo, revelaciones recientes muestran una realidad diametralmente opuesta, porque informes periodísticos indican contactos directos entre Cabello y representantes de alto nivel de EE. UU. Es decir, quien edificó su imagen pública acusando a otros de traición aparece ahora negociando con el mismo actor que utilizó como enemigo absoluto.
Dado este escenario, solo queda resaltar que que Cabello terminó atrapado en su propio relato. La conspiración que durante años denunció como omnipresente hoy lo señala a él como protagonista de aquello que decía combatir. Quien durante años utilizó la paranoia como método de control, ahora, acorralado por la realidad, se ve obligado a negociar en silencio mientras su discurso público se derrumba.
Esta semana, el programa ofrece un análisis contundente y sin concesiones sobre el estado real del poder en Venezuela, dibujando un mapa mapa de una transición tutelada, plagada de contradicciones, silencios incómodos y deudas morales aún impagas.
La noticia del día estuvo marcada por revelaciones de informes periodísticos que apuntan a contactos directos entre figuras históricamente antiestadounidenses del régimen venezolano y agencias clave de Estados Unidos antes, durante y después de la captura de Nicolás Maduro. Los encuentros de Diosdado Cabello y Delcy Rodríguez con representantes de alto nivel —incluido el director de la CIA— desmontan años de retórica incendiaria contra el “imperio” y exponen una realidad política mucho más pragmática: negociaciones tras bastidores, lealtades intercambiables y un poder que sobrevive no por ideología, sino por utilidad.
En ese contexto, el borrego de la semana no podía ser otro que Diosdado Cabello. Su historial de acusaciones obsesivas contra supuestos “agentes de la CIA” contrasta de forma grotesca con los indicios de su propia colaboración. La ironía es grande, porque quien construyó su poder señalando traidores termina encarnando la caricatura que él mismo difundió durante años. La narrativa conspirativa se derrumba frente a los hechos, y con ella, la credibilidad de uno de los hombres más temidos del chavismo.
La sección En polémica puso el foco en un caso humano que revela las grietas de la política migratoria estadounidense. La detención y posible deportación del teniente Germán Rodolfo Varela López —protegido durante más de dos décadas por la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura— abre un precedente alarmante. Enviar a un exmilitar venezolano, con un perfil de alto riesgo, a un tercer país como México no solo contradice el espíritu de la protección internacional, sino que expone una peligrosa incoherencia entre el discurso de derechos humanos y su aplicación práctica.
En Desmantelando a la izquierda, el programa abordó una de las grandes mentiras del momento, a saber, la supuesta liberación masiva de presos políticos. Los datos verificables indican que, aunque se han producido excarcelaciones puntuales, estas están muy lejos de las cifras proclamadas por el chavismo. La realidad es que la mayoría de los presos políticos —especialmente militares— continúan tras las rejas, mientras la comunidad internacional parece más atenta a los indicadores económicos que a la libertad efectiva de los ciudadanos.
Finalmente, El corrupto en la mira cerró el círculo señalando que ninguna negociación, colaboración o utilidad geopolítica borra el pasado de Diosdado Cabello, quien concentra un prontuario político y administrativo marcado por corrupción sistemática, nepotismo, vínculos con el narcotráfico y abuso de poder en cada cargo que ocupó. Por ello, su permanencia en la estructura del Estado no es símbolo de estabilidad, sino de impunidad; que hoy coopere no lo absuelve; apenas confirma que el poder, cuando se siente acorralado, cambia de discurso, no de naturaleza.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha advertido este jueves tras reunirse en el Foro Económico Mundial de Davos con su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski, de que falta «un largo camino por recorrer» antes de poner fin a la guerra en Ucrania.
Trump ha asegurado que la conversación con Zelenski ha sido buena, aunque ha evitado comentar el contenido de la misma, que no habría producido avances significativos y se ha limitado a señalar ante los medios que «la guerra tiene que acabar», recoge CNN.
«Esperamos que termine. Hay mucha gente muriendo», ha apuntado el mandatario estadounidense, quien ha reiterado que «todos quieren que termine la guerra». Por su lado, el presidente ucraniano ha calificado de «productiva y sustancial» la reunión con el presidente estadounidense, apuntando que trataron el trabajo de los equipos negociadores.
«Prácticamente a diario hay reuniones o comunicación. Los documentos están ahora aún mejor preparados», ha afirmado Zelenski, sobre la cita en Davos de la que no han trascendido más avances en las conversaciones de paz para Ucrania.
Asimismo, ha subrayado también la necesidad de reforzar la defensa antiaérea de Ucrania. «Le agradecí el paquete anterior de misiles de defensa aérea y le pedí uno adicional. Proteger vidas, nuestra resiliencia y nuestros esfuerzos diplomáticos conjuntos», ha recalcado.
Cabe señalar que está previsto que este jueves el enviado especial de Trump para Ucrania, Steve Witkoff se reúna en Moscú con el presidente ruso, Vladimir Putin. En las últimas horas, ha asegurado que se han producido «muchos progresos», en contraste con estas últimas afirmaciones de Trump, y que las conversaciones «han quedado reducidas a un solo asunto», que no ha especificado, aunque había señalado este miércoles en su intervención ante el Foro de Davos que el fin de la guerra en Ucrania está «razonablemente cerca».
La OTAN tiene previstas maniobras militares y actividades de entrenamiento en el Ártico en los próximos meses, una región que la Alianza Atlántica considera de «importancia estratégica», y en un contexto en el que Rusia y China han incrementado su cooperación en la región.
Así lo ha confirmado en una rueda de prensa celebrada en Bruselas el presidente del Comité Militar de la OTAN, el almirante Giuseppe Cavo Dragone, en la que ha explicado que los jefes de Defensa de los Estados miembro han abordado esta semana en una reunión los «desafíos de seguridad sin precedentes» que enfrenta la alianza, entre ellos el que afecta al flanco ártico.
«Hemos hablado del Ártico, por supuesto, una región de importancia estratégica para la OTAN, donde ya tenemos planeados ejercicios militares y actividades de entrenamiento para los próximos meses», ha detallado el alto mando de la alianza, que ha defendido que la organización se mantiene «firme» en salvaguardar «la seguridad de más de mil millones de personas en toda la zona euroatlántica».
Para la OTAN, según ha explicado el almirante, el área del Ártico reviste una gran importancia, un hecho que «ha quedado patente» con la reciente adhesión a la alianza de dos países con parte de su territorio en la región y que antes eran neutrales, como son el caso de Finlandia y Suecia.
Tras asegurar que estas maniobras militares no se realizarán «en Groenladia en sí misma», sino en la región del Ártico en general, ha recordado que actualmente hay actividades en curso en el Ártico por el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD), un «mando hermano» de la OTAN en la que participan Estados Unidos y Canadá.
Y que en tanto, según ha defendido, si se encarga a la OTAN «alguna otra actividad de vigilancia», la Alianza tiene «capacidad suficiente para satisfacer todas las necesidades» y para proporcionar algunas de esas capacidades, «especialmente en el ámbito marítimo y aéreo».
En este sentido, ha detallado también que la OTAN se está preparando para adquirir más capacidad para «trabajar y operar en ese tipo de clima», como con la adquisición de nuevos buques rompe-hielos, si bien ha avisado de que la Alianza «hará más» para que otros países «no tengan duda» de que «está preparada».
Con todo, el alto mando de la OTAN ha indicado que la organización baraja otras medidas y «proyectos a largo plazo», como la instalación de nuevos sensores y capacidades de detección en el Ártico, entre otros.
El Gobierno de Colombia ha respondido este jueves a los aranceles contra sus exportaciones anunciados en la víspera por el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, imponiendo a una veintena de productos ecuatorianos tasas también del 30% y suspendiendo de manera temporal las ventas de electricidad al país vecino.
El Ministerio de Minas y Energía de Colombia ha anunciado que la decisión de suspender la venta de energía busca garantizar el abastecimiento interno debido a la «variabilidad climática» y las alertas provocadas por la posibilidad de que este 2026 vuelva a aparecer el fenómeno climático conocido como El Niño.
«El deber del Estado es garantizar, ante todo, que los hogares, la industria y los servicios esenciales de Colombia cuenten con energía segura y confiable. Esta es una decisión responsable, preventiva y soberana», ha afirmado el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma Egea, según recoge un comunicado.
Egea ha señalado que si bien Colombia sigue apostando por la «integración energética y el diálogo entre pueblos hermanos», las condiciones actuales no hacen posible este intercambio sin poner en riesgo el abastecimiento interno.
«Cuando se restablezcan las condiciones de seguridad energética y se reconstruya un marco de confianza y buena fe entre ambos países, Colombia estará dispuesta a retomar los intercambios eléctricos», ha remarcado el ministro.
Por su parte, el Ministerio de Comercio ha anunciado aranceles de hasta el 30% a una veintena de productos ecuatorianos, que podría aplicarse a otras exportaciones, en respuesta a los gravámenes de ese mismo porcentaje que el presidente Noboa notificó en la víspera ante la supuesta «falta de reciprocidad» de las autoridades colombianas en la lucha contra el narcotráfico.
«Este gravamen no constituye una sanción ni una medida de confrontación, sino una acción correctiva orientada a restablecer el equilibrio del intercambio y a proteger el aparato productivo nacional frente a distorsiones externas», ha explicado la ministra de Comercio, Diana Morales Rojas.
La ministra ha defendido que cuando las buenas relaciones comerciales entre ambos países se ven interrumpidas por el Gobierno ecuatoriano «de manera unilateral», Colombia «tiene la obligación de actuar para corregir la alteración y proteger su aparato productivo», recoge un comunicado de la cartera de Comercio.
Cabe señalar que las medidas del Gobierno colombiano llegan pocas horas después de que el presidente guerrillero Gustavo Petro anunciara que respondería con «reciprocidad» a las decisiones de su homólogo ecuatoriano, al mismo tiempo que puso en valor la lucha que viene llevando acabo el Estado colombiano contra el narcotráfico.
María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)
“En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía.”
María José Salinas
«Los nazis no desaparecieron: solo dejaron de llamarse nazis». La frase incomoda porque apunta a una verdad que preferimos esquivar: el odio rara vez muere. Se recicla; cambia de lenguaje, de consignas y de banderas. Hoy, en plena era de la información, del acceso inmediato a los datos y del activismo digital, seguimos reproduciendo discursos cargados de resentimiento, deshumanización y dogmas morales disfrazados de virtud. Y uno de los odios más antiguos de la historia: el antisemitismo, sigue ahí, intacto, solo que con nuevos disfraces.
El antisemitismo no es una anomalía histórica ni un error aislado. No. Es un patrón. Reaparece con fuerza en épocas de crisis, miedo e incertidumbre colectiva. Durante la peste negra del siglo XIV, por ejemplo, se acusó a los judíos de envenenar pozos. El “indicio” era que enfermaban menos. La explicación real era mucho más simple: normas comunitarias de higiene y rituales de limpieza que reducían los contagios. Pero cuando el miedo domina, la razón estorba. El resultado fue persecución, pogromos y masacres.
Ese esquema se repitió durante siglos. Expulsiones, guetos, prohibiciones legales, deshumanización sistemática. Se les acusó de usureros, traidores o conspiradores globales, muchas veces como consecuencia directa de restricciones impuestas por las propias sociedades que luego los odiaban. Marginación, adaptación, supervivencia, relativo éxito… y de nuevo resentimiento.
Nada de esto desapareció con el tiempo. El antisemitismo nazi no surgió de la nada. Hitler no inventó el odio: lo heredó, lo institucionalizó y lo convirtió en política de Estado. El Holocausto fue la culminación brutal de siglos de mentiras repetidas hasta parecer verdades.
Lejos de quedar atrás, el antisemitismo no murió con el nazismo: mutó.
Hoy se disfraza de activismo, de superioridad moral, de consignas supuestamente humanitarias. Palabras como «sionismo» se vacían deliberadamente de significado y se convierten en insultos automáticos. En su definición más básica, el sionismo es el reconocimiento del derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a la existencia del Estado de Israel. No es una conspiración global ni un proyecto de dominación. Sin embargo, repetir caricaturas resulta más cómodo que estudiar conceptos.
Este vaciamiento del lenguaje no es exclusivo de este tema. Lo vimos también con términos como «neoliberalismo»: ideas complejas reducidas a monstruos imaginarios, útiles para señalar enemigos, no para comprender la realidad. Cuando las palabras dejan de explicar y empiezan a condenar, dejan de ser herramientas de análisis y se convierten en armas ideológicas.
Criticar a Israel no es antisemitismo por definición. Ningún país, religión o cultura es intocable. Negar la existencia de corrientes radicales dentro del judaísmo sería intelectualmente deshonesto. Lo determinante es que la diferencia es histórica y está ampliamente documentada: el pueblo judío ha sido hostigado, expulsado y exterminado incluso cuando no ostentaba poder alguno; persecuciones, pogromos y masacres no son opiniones: son hechos.
Y, aun así, la resiliencia judía ha sido extraordinaria: educación, comunidad, trabajo, adaptación. No desde la victimización perpetua, sino desde la reconstrucción constante. Esa capacidad de sobrevivir y prosperar, bajo amenaza constante, descoloca. Porque recuerda algo peligroso para las ideologías del resentimiento: que el progreso es posible sin rendirse al odio.
En la actualidad, ese viejo antisemitismo reaparece camuflado en forma de activismo pro-Palestina que, en demasiados casos, deja de ser crítica política y se convierte en una narrativa abiertamente antijudía. Se repite sin matices que “los sionistas matan niños”, mientras se ignora deliberadamente un contexto incómodo: Israel es uno de los pocos países de Medio Oriente donde conviven distintas religiones, incluidos musulmanes palestinos, con derechos civiles reconocidos.
La indignación, además, no es selectiva solo con Israel: es selectiva con todo.
Mientras se grita “genocidio” en Gaza, hay un silencio ensordecedor frente a lo que ocurre en Irán. Bajo el régimen de los ayatolás —una autocracia teocrática, no un gobierno conservador— más de 16 mil manifestantes han sido asesinados por pedir libertad. Mujeres, jóvenes y ciudadanos comunes cuyo único delito fue protestar. No hay marchas masivas con pancartas de #FreeIran; no hay campañas virales sostenidas. La razón es elocuente: el régimen iraní es aliado de esa misma izquierda internacional que levanta banderas humanitarias solo cuando conviene.
Para justificar ese silencio, surgen teorías conspirativas grotescas: que si los manifestantes son agentes del Mossad, que si la CIA infiltra protestas, como si un Estado con uno de los aparatos represivos más grandes del mundo no pudiera controlar supuestos infiltrados. Lo que sí está documentado, en los hechos, es que fuerzas del régimen —muchas veces vestidas de civiles— disparan abiertamente contra su propia población. Aceptar esto implicaría reconocer un genocidio incómodo.
Lo mismo ocurre con Venezuela. Cuando Estados Unidos actúa contra Nicolás Maduro, el discurso dominante habla de “invasión” y de “violación de la soberanía”. No obstante, la soberanía no es una consigna vacía: implica el respeto a la voluntad del pueblo. En Venezuela, esa voluntad fue anulada hace años. No hay elecciones libres; existen presos políticos y centros de tortura, entre ellos El Helicoide, que continúan operando. Dado que el régimen es aliado ideológico, el horror se relativiza.
Aquí no se trata de defender a la izquierda o a la derecha. De hecho, la nueva derecha también tiene responsabilidad. En no pocos casos, vemos de qué manera se intenta desprestigiar a figuras del calibre de María Corina Machado, no por su lucha frontal contra una de las dictaduras más crueles de América Latina, sino porque no encaja en una narrativa moral rígida. Defender libertades individuales, apoyar el matrimonio igualitario o sostener posturas complejas sobre el aborto basta para que la llamen “progre” o “woke”, como si la libertad solo fuera válida cuando coincide con el dogma propio.
Machado ha demostrado algo que escasea en ambos extremos: poner el bien de su país por encima del ego, del reconocimiento personal o de la pureza ideológica. Incluso cuando eso implica gestos difíciles, estratégicos o políticamente incorrectos. Porque hay momentos en los que la prioridad no es sentirse moralmente superior; es sacar a un cáncer enquistado del poder, aunque el costo personal sea alto y el riesgo, real.
Eso es lo que los extremos no toleran: a quienes no se someten por completo a su relato. A quienes entienden que la libertad no viene en paquetes ideológicos cerrados, ni en consignas fáciles, ni en enemigos prediseñados.
Al final, conviene decirlo sin rodeos: odiar al otro no te hace mejor persona, no te vuelve más consciente, ni más justo, ni más humano. Te convierte en alguien dominado por el resentimiento, en alguien que necesita un enemigo para sentirse moralmente superior. El odio no es valentía intelectual: es la renuncia más cómoda al pensamiento propio.
Hoy contemplamos una izquierda que condiciona su humanidad según alianzas políticas y una derecha que pretende monopolizar la moral mientras recorta libertades individuales. Dos caras de la misma moneda: la falsa superioridad moral. Ambas prefieren el dogma a la reflexión y el resentimiento a la libertad.
El problema ya no es solo el antisemitismo. Es más profundo y peligroso: una cultura política donde se odia más de lo que se ama la libertad. Donde se justifica la tiranía si el tirano es “de los nuestros”. Donde se prefiere ver pueblos sometidos antes que aceptar que la vida, la propiedad y la libertad individual siguen siendo valores irrenunciables, provengan de donde provengan.
La historia no se repite de manera exacta, pero rima con el pasado. Y cuando el odio vuelve a disfrazarse de virtud, el verdadero acto de rebeldía es negarse a convertirse en él.
Caracas. – Esbirros del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) intentaron quitar este miércoles una pancarta de rehenes políticos en la UCV, durante una protesta realizada por los estudiantes universitarios a favor de la liberación de las víctimas en manos de la Narcotiranía chavista.
La situación se produjo tras una protesta pacífica realizada este miércoles 21 de enero por la Federación de Centros Universitarios (FCU), en la que los jóvenes reclamaron la liberación de sus compañeros privados de libertad.
De acuerdo con testigos, los esbirros llegaron a la Puerta Tamanaco de la UCV con la intención de retirar la pancarta con los rostros de los presos políticos que permanecen en cárceles venezolanas.
La pancarta había sido desplegada más temprano por estudiantes en el arco de este acceso a la Ciudad Universitaria de Caracas, en solidaridad con las personas detenidas por motivos políticos en el país, incluidos jóvenes, estudiantes, profesores universitarios y las familias que los esperan a las puertas de las cárceles, tras el anuncio de la Asamblea Nacional.
Los manifestantes colocaron pupitres en la Puerta Tamanaco y otros accesos principales del recinto. Colgaron pancartas con fotografías y nombres de estudiantes encarcelados, junto a mensajes como «No hay transición mientras haya inocentes secuestrados» y «¡Que sean todos!».
Estudiantes y manifestantes rechazaron el intento de las autoridades por borrar el símbolo de protesta y expresaron que actos como este constituyen una forma de intimidación y hostigamiento hacia quienes ejercen sus derechos constitucionales de protesta pacífica y libertad de expresión.
En un comunicado, representantes estudiantiles exhortaron a los cuerpos de seguridad a cesar estas prácticas arbitrarias, e hicieron un llamado a la sociedad venezolana y a la comunidad internacional para mantenerse alerta y denunciar abusos del aparato represivo del Estado.
Caracas. – Las productoras Bets América 007 y VyA Producciones anunciaron la cancelación del concierto de Servando y Florentino en Argentina, previsto para el 25 de febrero en el Teatro Gran Rex en Argentina, debido a las prohibiciones en los visados que las autoridades de ese país aplican en contra de todos los ciudadanos venezolanos que estén vinculados con el narcochavismo.
A través de un comunicado, informaron que la decisión se debe a procesos migratorios y problemas de visado, tras “un análisis responsable del contexto actual”, lo que impide garantizar el normal desarrollo del show en la fecha pautada.
“Existen dificultades logísticas y administrativas vinculadas a procesos migratorios y de visados”, señalaron las productoras, aclarando que no se trata de un incumplimiento de contrato ni de una decisión tomada por los propios artistas.
Cabe señalar que el concierto originalmente estaba programado para el 20 de noviembre de 2025, pero fue reprogramado sin explicación para el 25 de febrero de 2026, generando expectativa entre los fanáticos que conservaron sus entradas.
Ahora, la cancelación representa un golpe para los seguidores argentinos del dúo conformado por los hermanos, quienes esperaban el reencuentro con los artistas venezolanos en suelo porteño. Las productoras no especificaron si los problemas migratorios y de visado están relacionados con los artistas, músicos acompañantes o el equipo técnico del show.
No obstante, fuentes del país sureño han filtrado que las restricciones impuestas por el gobierno de Javier Milei para impedir el acceso a todos los afectos al narcorégimen chavista serían las principales razones del problema con los visados.
Servando y Florentino iniciaron en 2025 su gira “¡Se buscan vivos o inmortales!” en Caracas, con presentaciones en distintas ciudades de Venezuela y otros países como Perú y Chile. No obstante, hasta ahora, los cantantes venezolanos no se han pronunciado, mientras los seguidores esperan información sobre la devolución del dinero de las entradas.
Caracas. – María Corina Machado, principal dirigente política «opositora» en Venezuela, aseguró este miércoles que no podrá haber una transición en Venezuela, mientras continúe operando el «Cartel de los Soles», sobre el cual advirtió que «no es estabilizable ni jamás será normalizable”.
En declaraciones que ofreció desde la Cámara de Representantes de EE. UU., Machado rechazó la idea de que el chavismo pueda estabilizarse políticamente y defendió la necesidad de una transición democrática real en Venezuela.
En este sentido, advirtió que el cartel chavista «no es estabilizable ni jamás será normalizable”, por lo que su existencia atenta de por sí, contra las condiciones que se requieren en el país, para lograr la anhelada transición a la democracia.
Ofreció un balance de su reciente actividad diplomática y la situación interna de Venezuela, al asegurar que se ha entrado en un momento «indetenible e irreversible».
Machado calificó la etapa actual como un proceso sin retorno, afirmando que esto «es irreversible, ya entramos en una fase de desmantelamiento del sistema que, por supuesto, todos queremos que sea mucho más rápido, pero lo que es, y yo creo que esto es importante de asumirlo, es indetenible e irreversible».
También, agradeció el apoyo de la administración Trump y de legisladores como Mario Díaz‑Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez, por respaldar la lucha por la libertad en su país. “Este proceso está en marcha”, afirmó, subrayando que la presión internacional y el compromiso de aliados son claves para avanzar hacia elecciones libres y transparentes.
Asimismo, habló sobre la situación de los detenidos por motivos políticos, y fue categórica al establecer las condiciones mínimas para cualquier proceso de cambio.
«La prioridad en toda transición es la gente. Es más, no puede hablarse de transición mientras exista represión. Entonces, estamos dando los primeros pasos muy importantes, pero indiscutiblemente falta muchísimo más e, insisto, la prioridad es liberar a todos los presos políticos, libres de verdad», sentenció.
También extendió su gratitud al presidente Donald Trump y a varios congresistas por las acciones que han impulsado la captura de Nicolás Maduro y han contribuido a debilitar las redes criminales del régimen chavista.
«Venezuela será libre. Y una vez que liberemos Venezuela, seguiremos trabajando y tendremos una Cuba libre y una Nicaragua libre», aseguró Machado en una comparecencia ante los medios acompañada por Giménez y Díaz-Balart.
Caracas. – Las fuerzas militares de EE. UU. abordaron e incautaron un séptimo buque petrolero vinculado con Venezuela este pasado martes, en una operación que tuvo lugar frente a las cosas del país.
El barco, identificado como «Motor Vessel Sagitta», estaba «operando en desafío a la cuarentena establecida por el presidente Trump a buques sancionados» y fue capturado el martes por la mañana «sin incidentes», informó el Comando Sur del ejército estadounidense en X.
«El único petróleo que salga de Venezuela» será aquel que «esté coordinado de manera adecuada y legal», agregó en el mensaje, publicado junto a un video que muestra un barco en el mar.
De los siete barcos capturados desde que Trump anunció el bloqueo en diciembre, un buque ruso fue aprehendido en el Ártico Norte a inicios del año después de que tropas estadounidenses lo persiguieran desde el mar frente a las costas de Venezuela.
Washington desplegó una flotilla naval en el Caribe, donde ha atacado botes presuntamente del narcotráfico y lanzó un poderoso operativo militar para capturar al depuesto presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero.
Trump insiste en que Washington controlará el petróleo de Venezuela tras el derrocamiento de Maduro y se jacta de que ya decomisó y vendió parte del crudo.
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