Hegseth niega las informaciones que señalan su intención de presentarse a las elecciones de 2028

El secretario de guerra de EE. UU., Pete Hegseth, ha desmentido este sábado las informaciones que apuntaban a su intención de competir por la presidencia del país en las elecciones de 2028.

«Es 100% falso. Se lo dijimos a NBC, pero simplemente mienten utilizando «fuentes» anónimas. Mi único trabajo: hacer al Departamento de Guerra grande de nuevo», ha afirmado Hegseth en un mensaje difundido en sus redes sociales personales.

El desmentido se produce después de que la cadena norteamericana NBC publicara este viernes, citando fuentes cercanas, que el titular de Defensa había abordado con su círculo más íntimo una eventual candidatura presidencial.

La polémica surge en pleno debate interno en las filas republicanas sobre la sucesión política, después de que el periódico The Washington Post revelara que el presidente Donald Trump habría manifestado en privado a donantes del partido su preferencia por el vicepresidente JD Vance como candidato para los comicios de 2028, mientras que el propio Trump no oculta su deseo de volver a postularse —e incluso luce habitualmente el lema Trump 2028 en sus mítines— pese a que la Constitución estadounidense le prohíbe explícitamente optar a un tercer mandato.

Trump anunció acuerdo histórico en materia petrolera con Venezuela

Caracas. – El presidente de EE. UU., Donald Trump, anunció este pasado viernes un acuerdo «histórico», que otorgaría al país norteamericano el control mayoritario de 17 yacimientos y más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo venezolano.

“Bajo mi dirección, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, en estrecha colaboración con la muy respetada presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, y a través de una alianza con el sector privado, han conseguido que EE. UU. obtenga el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo en Venezuela, sin coste alguno para el contribuyente estadounidense”, publicó el republicano en su cuenta de Truth Social.

Los 65.000 millones de barriles representarían aproximadamente el 21,5% de las reservas probadas de Venezuela, estimadas en unos 303.000 millones por la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA), también equivaldrían al 141% de las reservas probadas de crudo y condensado de EE. UU., que ascendían a 46.000 millones de barriles al cierre de 2024, según la misma agencia.

«La histórica transacción más que duplica las reservas petroleras de EE. UU., aumenta considerablemente nuestro suministro de petróleo y reducirá sustancialmente los precios de la gasolina para todos los estadounidenses a largo plazo», añadió el mandatario.

El acuerdo, en el que están incluidas de momento la petrolera Chevron y la proveedora de servicios Halliburton, según el Wall Street Journal, dobla las reservas probadas estadounidenses.

Por su parte, Delcy Rodríguez, encargada del narcorégimen interino chavista, confirmó el acuerdo, que se alcanza siete meses después de la caída de Nicolás Maduro en un operativo militar estadounidense, suceso que dio un giro a las maltrechas relaciones entre Caracas y Washington.

«Se contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos, con un potencial probado de 65.000 millones de barriles de petróleo, una inversión de más de USD$ 100.000 millones y más de USD$ 209.000 millones en tributos para el Estado», escribió Rodríguez en su cuenta de Telegram.

En su publicación, Rodríguez alega que las ganancias del acuerdo “contribuirán no solo a la recuperación y la modernización de nuestra industria, sino también al crecimiento económico de nuestro país, la seguridad energética de nuestro hemisferio y a un mayor equilibrio en los mercados internacionales”.

Capturaron en Colombia a criminal venezolano que lideraba al Tren de Aragua en Perú

Caracas. – Fuerzas de seguridad colombianas capturaron esta semana en Bogotá al delincuente venezolano Luis Saúl Pérez Nieto, conocido como «Páez» o «Nairobi», considerado por las autoridades como uno de los principales líderes del Tren de Aragua en Perú, y muy vinculado con el fallecido Héctor Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero».

«Nuestra Fuerza Pública capturó en Fontibón, Bogotá, a Luis Saúl Pérez Nieto, alias ‘Páez’ o ‘Nairobi’, cabecilla principal del Tren de Aragua en Perú y hombre de confianza de alias ‘Niño Guerrero'», declaró este pasado jueves ante los medios el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella.

Medios y reportes policiales del vecino país informaron que Pérez Nieto fue localizado en la localidad de Fontibón, una zona ubicada en el occidente de Bogotá y próxima al aeropuerto internacional El Dorado. Se trata de un sector con una alta densidad poblacional, característica que habría permitido al integrante de la organización criminal mantenerse fuera del radar durante un periodo de tiempo.

Su aprehensión fue resultado de un trabajo de inteligencia y seguimiento que permitió identificar la continuidad de sus movimientos en Bogotá. El detenido habría considerado que la gran cantidad de habitantes de Bogotá le permitiría pasar desapercibido. Sin embargo, las organizaciones criminales transnacionales se han convertido en una prioridad para el actual Gobierno colombiano.

Alias «Nairobi» estaría encargado de articular extorsiones, tráfico internacional de armas, homicidios selectivos y narcotráfico en corredores estratégicos de Sur y Centroamérica. Además, era requerido por autoridades estadounidenses por estos delitos.

Cabe señalar que la detención se enmarca en una ofensiva del nuevo Gobierno colombiano contra las organizaciones criminales y el narcotráfico. Desde su asunción el 7 de agosto, De la Espriella ha priorizado la seguridad y la lucha contra grupos armados y criminales, afirmando que «Colombia no será refugio ni santuario de ningún criminal».

La operación también refleja un aumento en la cooperación en materia de seguridad entre Bogotá y Washington. Pérez Nieto es señalado como una figura de alto nivel dentro de la estructura del Tren de Aragua que opera en Perú y como un hombre de confianza de Héctor Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, considerado el máximo líder de esta organización criminal de origen chavista.

También se menciona, que tendría requerimientos vinculados con Estados Unidos, debido a delitos atribuidos a organizaciones criminales transnacionales. Debido a ello, el destino judicial de alias “Nairobi” aún está por definirse. Perú podría solicitar formalmente su extradición, mientras que EE. UU. también tendría interés en el detenido por investigaciones vinculadas al narcotráfico y otros delitos.

Llegaron a Chile dos integrantes del Tren de Aragua implicados en asesinato de Ronald Ojeda

Caracas. – Dos integrantes de la organización terrorista del chavismo Tren de Aragua, Rafael Gámez Salas, alias “el Turko”, y Alfredo Carrillo Ortiz, conocido como el “Gocho”, llegaron este viernes a Chile extraditados desde EE. UU. y Colombia para enfrentar el juicio por el secuestro y asesinato, del militar venezolano disidente Ronald Ojeda.

Según informó el Ministerio Público de ese país, ambos imputados habrían participado del crimen del militar y refugiado político venezolano en calidad de miembros de la facción “Los Piratas del Tren de Aragua”, estructura criminal transnacional que opera hace cerca de una década en Chile.

La tesis de la Fiscalía chilena ha sido desde un principio que el crimen de Ojeda tuvo un “móvil político”. Se han confirmado gestiones para interrogar al narcotirano capturado Nicolás Maduro, prisionero en EE. UU.

Gámez trabajó dos meses en una procesadora de camarones de Venezuela, antes de transformarse en “El Turko”, uno de los líderes de Los Piratas de Aragua. En Chile, creó el grupo de WhatsApp donde se coordinó el crimen del teniente Ojeda, antes de huir a EE. UU.

Mientras, Carrillo está imputado como uno de quiénes enterró en Maipú al oficial disidente del chavismo. Tanto Gámez Salas como Carrillo Ortiz son señalados como integrantes del Tren de Aragua, el primero llegó desde EE. UU. y el segundo de Colombia, reseñaron medios chilenos. Están acusados de participar en el crimen de Ojeda, ocurrido el 21 de febrero de 2024.

Con estas dos extradiciones asciende a 27 el número de detenidos por la causa. De ellos, 26 están en Chile a la espera del juicio. La primera acusación relacionada con el crimen había cerrado a finales de 2025.

VEPPEX exige transparencia y garantías para Venezuela ante las negociaciones petroleras con EE. UU.

El anuncio conjunto entre la administración de EE. UU. y las autoridades venezolanas encabezadas por la jerarca del narcorégimen chavista Delcy Rodríguez, sobre un histórico pacto energético ha reactivado de forma inmediata el debate geopolítico e institucional sobre el futuro de los recursos estratégicos de la nación.

El convenio, que contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos, una proyección de inversión privada superior a los USD$ 100.000 millones y el acceso norteamericano a 65.000 millones de barriles en reservas probadas, representa la mayor apertura petrolera del país en décadas, prometiendo a su vez más de USD$ 209.000 millones en tributos fiscales para las arcas públicas.

Sin embargo, el despliegue de negociaciones comerciales de tal magnitud sin un marco regulatorio y de contraloría plenamente auditable ha encendido las alarmas de diversos sectores civiles, políticos y organizaciones en el exilio.

Ante los vacíos sobre los mecanismos de fiscalización, el destino real de los ingresos tributarios y la falta de salvaguardas explícitas sobre la institucionalidad del país, crecen las demandas internacionales para que el flujo de capital no se traduzca en opacidad ni postergue compromisos fundamentales en materia de institucionalidad democrática, estado de derecho y derechos humanos.

En este marco, la Organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX) ha solicitado, a través de un comunicado, que se expliquen públicamente su alcance, condiciones y mecanismos de supervisión, recordando que se deben garantizar beneficios verificables para los venezolanos, proteger el patrimonio nacional y prevenir la corrupción.

El comunicado en integro expresa:

Miami, Florida, 28 de agosto de 2026.

La Organización de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio (VEPPEX), ante las informaciones periodísticas sobre negociaciones petroleras entre Estados Unidos y las autoridades encabezadas por Delcy Rodríguez, solicita que se expliquen públicamente su alcance, condiciones y mecanismos de supervisión.

VEPPEX reconoce que la inversión internacional y las relaciones comerciales con Estados Unidos pueden contribuir a la recuperación económica de Venezuela. Sin embargo, cualquier acuerdo que comprometa recursos estratégicos debe garantizar beneficios verificables para los venezolanos, proteger el patrimonio nacional y prevenir la corrupción.

En consecuencia, solicitamos:

  1. Transparencia sobre las condiciones del acuerdo: campos involucrados, duración, inversiones comprometidas, derechos otorgados y distribución de los ingresos.
  2. Identificación de las empresas, intermediarios y beneficiarios finales, con controles independientes para detectar conflictos de interés e impedir que redes de corrupción se beneficien de las negociaciones.
  3. Auditorías independientes y rendición pública de cuentas sobre los recursos obtenidos y su utilización para atender las necesidades de la población y recuperar los servicios esenciales.
  4. Explicación de los fundamentos jurídicos y procedimientos de autorización, así como de los mecanismos de fiscalización y revisión de los compromisos asumidos.
  5. Compromisos verificables en materia de derechos humanos y democracia. La cooperación económica debe acompañarse de la liberación plena de los presos políticos, el cese de la persecución y garantías para el retorno voluntario y seguro de los exiliados.

Las negociaciones comerciales no deben servir para encubrir responsabilidades individuales, obstaculizar investigaciones ni conceder impunidad a cambio de oportunidades de inversión.

Mientras no se conozcan las condiciones definitivas, no corresponde presentar como demostrados los beneficios ni los perjuicios del eventual acuerdo. Sí corresponde exigir información y garantías antes de comprometer el futuro del país.

El petróleo venezolano debe contribuir al bienestar de los venezolanos, con transparencia, justicia y rendición de cuentas.

José Antonio Colina
Presidente de Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio — VEPPEX

En Dios Confiamos.

Vecinos protestaron frente a residencia del gobernador chavista Luis Caldera por los apagones en Zulia

Caracas. – Decenas de residentes de Maracaibo, capital del estado Zulia, protestaron la noche de este pasado jueves frente a la residencia oficial del gobernador chavista de esa entidad, Luis Caldera, para exigir respuestas ante los prolongados cortes de electricidad que afectan a distintas comunidades de la ciudad.

“Que salga Caldera, aquí estamos afuera”, fue el grito de los maracuchos que reclamaban para que el funcionario del PSUV diera la cara por la crisis eléctrica, que ha afectado la entidad y el resto del país durante décadas.

“Tienen todos los meses diciendo que llegaron transformadores, que van a arreglar”, comentó uno de los vecinos indignados. “Él está ahí tranquilito, ve, con planta y no paga luz, nada”, apuntó el ciudadano frente a uniformados de la Policía del estado Zulia.

La protesta también se dio en el municipio Valmore Rodríguez -Costa Oriental Lago-, donde los manifestantes sonaron sus cacerolas en plena vía pública por ya sumaban nueve horas sin electricidad. Los ciudadanos cuestionaron que a diario se quedan entre 4 y 7 horas sin electricidad, mientras que en la residencia del gobernador chavista siempre hay servicio eléctrico.

Los reclamos reflejaron el malestar de comunidades que aseguran convivir con racionamientos prolongados y sin información clara sobre la duración de las interrupciones o los trabajos necesarios para estabilizar el servicio.

Una mujer aseguró que su sector acumula 16 días sin electricidad y que, según le informaron, deben reunir 4.000 dólares para instalar un nuevo transformador. «¿De dónde nosotros vamos a tener para poner un transformador?», cuestionó.

Entre los manifestantes también estaban vecinos del sector Las Corubas, quienes tienen 30 días sin electricidad por la avería de un transformador. “Tienen todos los meses diciendo que llegaron transformadores, que van a arreglar”, denunció uno de los afectados durante la protesta.

Otros denunciaron que los cortes eléctricos deterioran su calidad de vida y les impide hacer sus tareas cotidianas. “Llego del trabajo y no puedo descansar porque se va la luz”, dijo una manifestante.

Falleció rehén político del narcorégimen sin haber podido recibir libertad plena

Caracas. – Un rehén político del narcorégimen chavista, Jovanny González, quien había recibido libertad condicional y debía acudir a citaciones judiciales pese a su estado crítico de salud debido a un cáncer avanzado, falleció este pasado miércoles sin haber podido recibir su libertad plena.

González padecía un cáncer metastásico en fase avanzada, según informó la ONG Fundehullan Venezuela en sus redes sociales. Había sido excarcelado bajo medidas cautelares de presentación periódica ante los tribunales.

Según la ONG, tanto el sistema de justicia como el Ministerio Público no adaptaron estas obligaciones a su condición médica, lo que, a su juicio, vulneró sus derechos a la vida, la salud y a no ser sometido a tratos inhumanos o degradantes.

Durante las semanas previas a su muerte, la ONG y varios de sus allegados solicitaron medidas humanitarias y su inclusión prioritaria en procesos de amnistía. Las peticiones buscaban atender su situación médica y evitar que tuviera que acudir a las citaciones judiciales, pero no prosperaron.

González era asistente parlamentario en el Consejo Legislativo del estado Barinas. Fue secuestrado de manera arbitraria el 2 de mayo de 2017 por funcionarios del SEBIN en la capital del estado llanero, en el marco de las protestas antigubernamentales de ese año. Le imputaron, sin pruebas, los supuestos delitos de posesión ilícita de armas de guerra, tráfico ilícito de municiones, uso indebido de prendas militares, agavillamiento y resistencia a la autoridad.

México no está en guerra, solo entierra a sus muertos

María José Salinas, comunicóloga y especialista en relaciones públicas. Desde hace más de siete años impulsa las ideas de la libertad con una visión emprendedora, además de promover el empoderamiento femenino a través de proyectos y espacios de liderazgo. Su trabajo combina estrategia, comunicación y una defensa auténtica del individualismo y la acción personal, siendo líder del capítulo Guanajuato, México, de Ladies of Liberty Alliance (LOLA)

“En un país donde la violencia se vuelve paisaje, el Estado amplía sus capacidades de identificación, los contrapesos pierden fuerza y el poder exhibe a sus críticos. La libertad también se pierde cuando una sociedad se acostumbra a cederla.”

María José Salinas

México no está en guerra. No existe una invasión extranjera, las alarmas antiaéreas no interrumpen nuestras noches y ningún ejército enemigo avanza sobre el territorio nacional. No hay una declaración formal de guerra ni ciudades sitiadas por tropas extranjeras. Y, sin embargo, durante 2025 el país registró preliminarmente cerca de 28 mil homicidios.

La cifra debería bastar para incomodarnos sin necesidad de compararla con ningún conflicto extranjero. La pregunta verdaderamente perturbadora es cómo consiguió un país que formalmente vive en paz acostumbrarse a contar sus muertos por decenas de miles cada año. Quizá hemos construido una categoría propia: una paz en la que se asesina, se extorsiona y se desaparece; una normalidad donde millones de personas modifican horarios, rutas y costumbres para reducir la posibilidad de convertirse en la siguiente estadística.

Aquí no hay sirenas que anuncien bombardeos, pero sí comerciantes que reciben mensajes exigiendo derecho de piso. No vemos tropas extranjeras, pero conocemos carreteras que evitamos por miedo. No existen refugios subterráneos, pero hay madres que recorren terrenos y fosas clandestinas buscando a sus hijos con herramientas que, demasiadas veces, tuvieron que comprar ellas mismas. La violencia primero ocupa las primeras planas, después se transforma en una cifra y finalmente se incorpora a la rutina. México no está en guerra: ha aprendido a enterrar a sus muertos en tiempos de paz.

Frente a semejante realidad cabría esperar un Estado obsesionado con perseguir criminales, profesionalizar policías, fortalecer fiscalías, combatir la extorsión, localizar desaparecidos y reconstruir un sistema de justicia capaz de devolverle al ciudadano la confianza perdida. Sin embargo, mientras seguimos esperando resultados en esas materias, el propio Estado amplía sus mecanismos para identificar a quienes sí puede localizar: los ciudadanos que cumplen la ley.

Un Estado que identifica, pero no siempre protege

Desde 2026, las líneas móviles deben estar vinculadas con una persona física o moral. La medida ha sido presentada como un instrumento para combatir la extorsión, el fraude telefónico y la suplantación de identidad. El objetivo puede parecer razonable; la pregunta democrática, sin embargo, sigue siendo indispensable: ¿en qué momento la incapacidad estatal para perseguir eficazmente a quienes delinquen justifica imponer nuevas obligaciones de identificación a millones de ciudadanos que no han cometido ningún delito?

Las compañías telefónicas realizan la vinculación y resguardan los datos; según la autoridad reguladora, no existe una base gubernamental única que concentre todos los registros. No obstante, ante investigaciones relacionadas con delitos, las autoridades competentes pueden solicitar información a las empresas conforme a las disposiciones legales aplicables. El debate, por tanto, no debe reducirse a la disyuntiva infantil de estar a favor de la seguridad o a favor de los delincuentes. Una democracia madura puede combatir el crimen y, al mismo tiempo, discutir los límites del poder. De hecho, debe hacerlo.

La contradicción de fondo resulta difícil de ignorar: vivimos en un país donde miles de familias continúan buscando a personas desaparecidas mientras el aparato estatal desarrolla mayores capacidades para identificar a quienes sí están presentes. Dicho de otra manera, el mismo Estado que demasiadas veces no logra encontrarte cuando desapareces quiere tener certeza de quién eres cuando te comunicas. Puede tener razones legítimas para buscarlo; precisamente por eso los ciudadanos debemos exigir reglas legítimas, controles verificables y consecuencias ante cualquier abuso.

La discusión sobre privacidad suele quedar atrapada en un error recurrente: evaluamos las facultades del Estado según la confianza que sentimos por quien ocupa temporalmente el gobierno. Si confiamos en esa persona, las herramientas parecen inofensivas; si desconfiamos, descubrimos sus riesgos. Pero las instituciones no pueden diseñarse pensando únicamente en quien gobierna hoy. Deben resistir también a quien podría gobernar mañana. Esa es la diferencia entre confiar en un gobernante y construir una república.

Las libertades no pueden descansar sobre la promesa de que la autoridad utilizará correctamente sus atribuciones. Si dependieran de su buena voluntad, dejarían de ser derechos para convertirse en concesiones. La privacidad tampoco consiste en esperar que el gobierno se porte bien, sino en establecer reglas y contrapesos capaces de impedir que se porte mal sin enfrentar consecuencias. Por eso las preguntas son inevitables: ¿quién puede solicitar información?, ¿en qué circunstancias?, ¿quién autoriza su entrega?, ¿quién supervisa el procedimiento?, ¿puede el ciudadano impugnarlo? Y, sobre todo, ¿qué institución conserva la independencia suficiente para decirle que no al poder cuando sea necesario?

El contrapeso que debe proteger al ciudadano

Esa última pregunta conduce al Poder Judicial. El sistema mexicano nunca fue perfecto: durante décadas acumuló señalamientos por corrupción, nepotismo, lentitud, privilegios y decisiones incomprensibles. Defender su independencia no exige idealizar a los jueces ni negar los vicios históricos de la institución. México necesitaba -y continúa necesitando- una justicia más eficiente, accesible y confiable. Sin embargo, reconocer la necesidad de una reforma no obliga a aceptar que cualquier transformación fortalece automáticamente al sistema.

La reforma judicial modificó profundamente el mecanismo de selección de jueces, magistrados y ministros. La primera elección judicial federal registró una participación cercana al 13 por ciento y estuvo rodeada por una discusión pública sobre los llamados ‘acordeones’, materiales que recomendaban determinadas candidaturas. Desde 2024, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había advertido sobre posibles afectaciones a la independencia judicial, el acceso a la justicia y la vigencia del Estado de derecho.

La discusión nunca debió reducirse a escoger entre defender una vieja élite judicial o respaldar incondicionalmente el nuevo modelo. La pregunta esencial es otra: ¿quién protegerá al ciudadano cuando sea el propio gobierno quien vulnere sus derechos? La independencia judicial importa no porque los jueces sean moralmente superiores, sino porque alguien debe ser capaz de detener al poder.

Durante décadas, el juicio de amparo ha sido una de las herramientas fundamentales del ciudadano frente a los actos de autoridad. Un juez puede suspender una decisión, frenar un daño potencialmente irreparable y recordar al Estado que incluso una mayoría política encuentra límites en la Constitución. Por eso la independencia del árbitro es más importante que su simpatía ideológica: la justicia no debe estar cerca del gobierno ni de la oposición, sino conservar la distancia suficiente para revisar a ambos.

Cuando el Ejecutivo, la mayoría legislativa y una parte sustancial de las instituciones encargadas de revisar sus actos comparten un mismo proyecto político, la cuestión de los contrapesos deja de ser académica. Se convierte en una pregunta ciudadana: ¿quién puede decir que no? Una Constitución puede enumerar decenas de derechos, pero un derecho sin una institución independiente capaz de hacerlo valer frente al poder corre el riesgo de convertirse en una promesa escrita con excelente caligrafía.

Cuando el poder individualiza a sus críticos

Dentro de ese contexto adquiere una dimensión distinta una escena reciente que debería incomodar a cualquier demócrata, independientemente de sus simpatías políticas. Desde una conferencia presidencial se proyectaron nombres y cuentas de periodistas, comunicadores, medios y ciudadanos críticos. El gobierno defendió el ejercicio como un análisis de tendencias digitales. Precisamente ahí comienza el problema: una democracia no solo debe preguntarse si el gobierno puede hacer algo, sino qué mensaje envía cuando decide hacerlo.

Si el objetivo era estudiar una conversación digital, ¿resultaba indispensable individualizar públicamente determinadas cuentas desde la principal tribuna política del país? Si se pretendía responder argumentos, ¿por qué colocar identidades particulares frente a una maquinaria de comunicación gubernamental cuya capacidad de amplificación supera por mucho a la de cualquier ciudadano? Y si no existía intención de señalar, ¿por qué tantas personas interpretaron el ejercicio precisamente como un señalamiento?

No hace falta compartir una sola opinión de quienes aparecieron en aquella exposición para comprender el riesgo. Esa es, de hecho, la prueba decisiva: la libertad de expresión no fue creada para proteger únicamente las ideas con las que coincidimos, sino para garantizar el desacuerdo. El poder, además, siempre encuentra términos amables para describir sus facultades. La vigilancia puede justificarse como seguridad; la propaganda, presentarse como información; el señalamiento, explicarse como derecho de réplica; y una relación pública de nombres, describirse como análisis.

Nada de ello significa que toda acción gubernamental de esa naturaleza constituya automáticamente autoritarismo. Significa algo más elemental: ninguna debe quedar exenta de escrutinio solo porque la autoridad asegure tener buenas intenciones. Cuando desde el poder se exhibe a ciudadanos críticos, el mensaje no termina en quienes aparecen en una pantalla. También lo reciben periodistas, académicos, empresarios, activistas, estudiantes y personas comunes que quizá mañana tengan algo incómodo que preguntar.

Ahí surge uno de los mecanismos políticos más antiguos y eficaces: la autocensura. Un gobierno no necesita silenciar directamente a millones de personas si consigue que suficientes ciudadanos concluyan que hablar puede traerles problemas. El miedo político alcanza su máxima eficiencia cuando deja de necesitar una orden y el ciudadano comienza a censurarse solo.

La erosión que se vuelve costumbre

Solemos imaginar las tiranías como una escena cinematográfica: tanques entrando a una plaza, militares clausurando un Congreso, periódicos cerrados y opositores encarcelados. A veces ocurre así; muchas otras, no. Las democracias también pueden erosionarse lentamente mediante procesos legales, reformas aprobadas por mayorías, controles justificados por emergencias, instituciones que pierden autonomía y pequeños abusos que la sociedad aprende a tolerar porque cada uno, observado por separado, parece insuficiente para encender todas las alarmas.

El peligro está en la secuencia. Primero se desacredita a los contrapesos porque son corruptos; después se transforma su composición porque deben democratizarse; más tarde se amplían las capacidades de identificación porque necesitamos seguridad; finalmente se exhibe a críticos porque el gobierno también tiene derecho a defenderse. Cada argumento puede contener una parte de verdad. La pregunta está en el resultado conjunto.

¿Cuándo comienza exactamente una tiranía: cuando se encarcela al primer opositor, cuando se clausura un periódico o mucho antes, cuando la sociedad considera razonable que el gobierno determine cuáles voces son legítimas y cuáles merecen ser señaladas? ¿La libertad de expresión desaparece únicamente cuando está prohibido hablar, o empieza a deteriorarse cuando hacerlo adquiere un costo suficientemente alto para que muchos prefieran callar? Ningún proyecto autoritario anuncia que desea menos libertad; siempre encuentra una causa noble -la seguridad, la justicia, la igualdad o la voluntad popular- para solicitar un poco más de poder.

Por eso la democracia no consiste en desconfiar únicamente de los gobernantes que detestamos. Consiste en limitar también a aquellos que admiramos.

La protesta que cambió de relación con el poder

Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que una parte importante de la sociedad mexicana encontraba perfectamente legítimo cuestionar al presidente desde las calles, las universidades, los medios y las redes. Movimientos como #YoSoy132 o las movilizaciones posteriores a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa fueron expresiones distintas de una misma idea democrática: el poder debe soportar la incomodidad de una ciudadanía que pregunta.

Hoy siguen existiendo razones para indignarse. Persisten la violencia, las desapariciones, la extorsión y la impunidad; continúa la discusión sobre la militarización de tareas civiles, y a ella se suman cuestionamientos sobre la privacidad, los contrapesos institucionales y la manera en que el poder responde a sus críticos. ¿Dónde está, entonces, aquella capacidad de movilización?

Durante décadas, una parte importante de la izquierda latinoamericana desarrolló una enorme habilidad para organizar el descontento, articular movimientos, construir consignas y convertir agravios legítimos en presión política. Eso, por sí mismo, no es condenable: es política. El problema aparece cuando los estándares para juzgar al poder cambian dependiendo de quién lo ocupa. Entonces la protesta que ayer era resistencia se convierte en conspiración; la crítica que representaba conciencia ciudadana pasa a describirse como golpismo; el periodista incómodo que cuestionaba al gobierno anterior era valiente, pero quien cuestiona al propio se transforma, convenientemente, en mercenario.

Las causas no desaparecieron y las víctimas tampoco. Lo que cambió, para muchos, fue su relación con el poder. De ahí una frase incómoda que resume la contradicción: la protesta no murió; cambió de nómina. Sin embargo, el fenómeno no pertenece exclusivamente a la izquierda. La derecha ha cometido el mismo pecado cuando justifica abusos, corrupción o excesos de gobiernos propios mientras denuncia con furia los del adversario.

Ese es el punto: quien condena un abuso cuando lo comete su enemigo, pero encuentra una excusa cuando lo comete su partido, no defiende un principio, sino una identidad política. El abuso no cambia de naturaleza según el color de quien lo comete; la censura no se vuelve democrática porque provenga del partido correcto, ni la vigilancia se transforma en libertad porque la administre un gobierno popular. Los derechos que solo defendemos para quienes piensan como nosotros dejan de ser derechos y se convierten en privilegios ideológicos.

Mientras alguien conserve su voz

La relación de periodistas, comunicadores y ciudadanos exhibidos desde la conferencia presidencial puede encontrarse en redes sociales. Vale la pena buscarla, no para convertir automáticamente a cada persona que aparece ahí en héroe ni para asumir que todas sus opiniones son correctas, sino para leer, escuchar, contrastar y decidir por cuenta propia. Seguir una voz crítica no significa obedecerla; significa defender la existencia de un espacio en el que pueda hablar.

Si el propósito de exhibir determinadas voces era desacreditarlas, la respuesta de una ciudadanía libre debería ser ampliar la conversación. Si se pretendía aislarlas, podemos escuchar sus argumentos y juzgarlos nosotros mismos. Y si alguien esperaba que el señalamiento produjera silencio, la respuesta más democrática es multiplicar las voces. El gobierno posee instituciones, presupuestos y transmisiones oficiales; el ciudadano conserva algo aparentemente más frágil, pero decisivo: su criterio.

Sería fácil terminar esta reflexión desde el pesimismo. La violencia se ha normalizado hasta niveles que deberían resultarnos intolerables; las instituciones atraviesan transformaciones profundas y la tecnología amplía las capacidades del Estado. A ello se suma el cansancio producido por tantos escándalos, cifras, muertos y promesas. Quizá el mayor peligro no sea únicamente el miedo, sino el agotamiento: ese momento en que una sociedad deja de preguntar porque concluye que preguntar ya no sirve.

Pero la historia nunca queda completamente en manos del poder. Cada gobierno que intentó administrar la verdad encontró ciudadanos dispuestos a cuestionarla; cada proyecto que quiso uniformar el pensamiento enfrentó alguna voz que se negó a repetir el libreto. Ahí reside la esperanza: no en esperar que el gobierno decida voluntariamente limitarse, ni en sustituir un caudillo por otro, sino en una ciudadanía suficientemente adulta para comprender que ningún gobernante es su dueño, ninguna mayoría posee facultades ilimitadas y ningún proyecto político merece lealtad incondicional.

La democracia no consiste solamente en votar, sino también en vigilar a quien ganó, especialmente si votamos por él. Consiste en defender el derecho de nuestros adversarios a decir cosas que detestamos, porque algún día podemos ser nosotros quienes necesitemos esa misma protección. Y consiste en preguntar cada vez que el poder solicite un poco más de confianza, más información o menos resistencia: ¿por qué?, ¿hasta dónde?, ¿quién te vigila a ti?

Hoy fueron algunos nombres en una pantalla. Mañana puede ser cualquier ciudadano que formule una pregunta incómoda. Sin embargo, mientras exista una persona dispuesta a hacerla, otra decidida a defender su derecho a formularla y muchas más capaces de negarse a entregar su criterio a cambio de comodidad, el silencio nunca será completo.

La libertad rara vez desaparece de un día para otro; a veces se pierde porque dejamos de ejercerla, de preguntar y de incomodarnos. También puede sobrevivir porque alguien decide que existe una frontera que el poder no debe cruzar, porque alguien se niega a callar o porque alguien recuerda que ser ciudadano significa algo más que ser gobernado.

México no está en guerra. México entierra a sus muertos, discute sus libertades y decide todos los días cuánto poder está dispuesto a entregar a cambio de la promesa de sentirse seguro. La historia todavía no está escrita: mientras haya ciudadanos dispuestos a preguntarle al poder quién lo vigila, a defender el derecho del adversario a disentir y a recordar que la libertad no se hereda intacta, permanecerá algo que ningún gobierno podrá administrar por completo: nuestra decisión de seguir siendo libres. Mientras esa decisión permanezca viva, todavía hay esperanza.


Referencias

INEGI. Estadísticas preliminares de defunciones registradas por homicidio, 2025.

Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. Lineamientos para la identificación de líneas telefónicas móviles.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pronunciamiento sobre la reforma judicial en México y sus posibles efectos en la independencia judicial, el acceso a la justicia y el Estado de derecho, 2024.

Instituto Nacional Electoral. Cómputos y participación ciudadana de la elección extraordinaria del Poder Judicial de la Federación, 2025.

Majo Salinas, La libertad no se agradece al poder: se ejerce, se defiende y se vigila. liberalesdisidentes.com

Ridiculizan a Capriles en redes: recomiendan no dejarlo entrar a las casas para que hable

Caracas. – En total ridículo quedó el dirigente político Henrique Capriles en las redes sociales, tras su último video en el cual aparece realizando aseveraciones sobre la supuesta prohibición de alcabalas realizada por Delcy Rodríguez.

En la plataforma X Capriles llegó a ser tendencia este jueves, debido a la gran cantidad de mensajes sobre su video, en el cual aparece hablando desde una humilde vivienda acerca del tema de las alcabalas.

En su discurso, aseguraba haber llegado desde un recorrido realizado por Barlovento (Miranda), en el cual apreció que, pese a la orden girada por Rodríguez, las alcabalas policiales continuaban intactas.

No obstante, el mensaje de Capriles no fue tomado en cuenta por los internautas. Lo que resaltaron fueron las expresiones de fastidio y desespero que mostraban los residentes de la citada casa, mientras el exdirigente de PJ hablaba.

La idea que más causó gracia entre los internautas, fue la recomendación de no dejar las puertas de las casas abiertas, porque no serían los famosos testigos de Jehová quienes entrarían para dar sermones, sino Henrique Capriles, y la experiencia sería peor.

Pero, además de las burlas, hubo mensajes de reflexión sobre la caída en desgracia de quien fue dos veces candidato presidencial, ya que, pese a haber contado con el total respaldo del pueblo venezolano, hoy día es una de las figuras más repudiadas, incluso más que varios jerarcas del narcorégimen chavista.

Cabe destacar, que en la publicación de su propia cuenta en X, Capriles suspendió los comentarios o interacciones, debido a la gran cantidad de insultos y mensajes de rechazo que recibe, como ha ocurrido en muchas ocasiones anteriores con los mensajes que difundió.

The Washington Post: administración Trump ayudó a Alejandro Betancourt a salir de investigaciones penales

Caracas. – Según una investigación publicada por el diario The Washington Post, altos funcionarios estadounidenses intervinieron en una investigación penal internacional contra el empresario venezolano Alejandro Betancourt, para que la administración de Donald Trump pudiera emplearlo, a fin de ejercer control sobre el narcorégimen chavista y la industria petrolera de Venezuela.

Durante meses, autoridades estadounidenses presionaron a Suiza para que resolviera sin sanciones penales una investigación por presunto lavado de dinero contra el empresario venezolano Alejandro Betancourt.

Según confirmaron a The Washington Post dos personas familiarizadas con las conversaciones. La intervención buscaba garantizar que Betancourt pudiera viajar libremente y mantener su rol como intermediario entre Washington y la nueva administración venezolana encabezada por Delcy Rodríguez.

Las mediaciones buscaron evitar cargos penales y que se permitiera levantar las restricciones de viaje contra Betancourt, quien reside en el Reino Unido. El empresario tampoco ha sido detenido en Estados Unidos pese a una orden de arresto emitida por autoridades suizas, según las fuentes consultadas por el medio.

Estados Unidos ha permitido a Betancourt entrar al país en repetidas ocasiones para reunirse con miembros del gobierno de Trump, señalaron otras personas conocedoras de sus viajes.

Betancourt, de 46 años, ha enfrentado múltiples investigaciones en la última década —en Suiza, España y Estados Unidos— por presunto lavado de dinero; entre ellas, se examina si participó en un acuerdo de préstamo mediante el cual, según fiscales estadounidenses, se desviaron más de 1.000 millones de dólares de la petrolera estatal venezolana, destaca The Washington Post.

El empresario fue detenido dos veces en el Reino Unido: primero tras una orden emitida por España en el marco de una investigación conexa por lavado de dinero y, posteriormente, en noviembre, a petición de Suiza.

Durante meses, tuvo prohibido salir del Reino Unido mientras las autoridades de ese país evaluaban su extradición a Suiza. Sin embargo, no ha sido acusado formalmente en Estados Unidos, Suiza, España ni Venezuela.

Figuras claves de la administración Trump, lo han considerado una pieza importante para el acercamiento con el chavismo interino, al punto de considerarlo «un aliado importante» para Estados Unidos, pese al rechazo que genera su imagen entre la población venezolana, debido a los casos de corrupción en los que se ha visto involucrado, y que forman parte de las terribles penurias que hoy enfrentan los ciudadanos en el país, como, por ejemplo, la terrible crisis eléctrica que azota a todos los estados.

Mauricio Claver-Carone, quien hasta hace poco se desempeñaba como asesor extraoficial sobre Venezuela para la administración Trump, ha descrito a Betancourt como un “aliado importante” para Estados Unidos. A medida que Estados Unidos afianzaba su control, Betancourt desempeñó un papel fundamental en la negociación de los primeros contratos para acelerar la extracción de petróleo, según fuentes cercanas al asunto.

En enero, el subsecretario de Estado Christopher Landau se puso en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suiza en relación con Betancourt, según informaron personas con conocimiento de la comunicación, que hablaron bajo condición de anonimato para tratar detalles delicados.

Personas cercanas a Betancourt señalaron a The Washington Post que la administración recurrió a él en busca de ayuda debido a su historial de éxitos en el complejo y turbulento sector petrolero de Venezuela, una industria plagada de desafíos que incluyen la violencia, una infraestructura deteriorada y una escasez crónica de energía.

En mayo, Suiza retiró su solicitud de extradición presentada en el Reino Unido y se levantaron las restricciones de viaje británicas.

Ese mismo mes, los fiscales suizos afirmaron que su investigación seguía activa y buscaron que fuera detenido en otro lugar.

Mientras, sus defensores lo describen como un socio fiable que compartía el interés declarado de Estados Unidos por reactivar el sector petrolero venezolano. No obstante, su relación con el chavismo se rompió en 2020, después de que el entonces ministro de Petróleo del país confiscara su participación en Petro Zamora, congelara sus activos locales y enviara fuerzas de seguridad a sus propiedades en Venezuela.

Pero, durante la madrugada del 3 de enero —tras la captura de Maduro y su esposa—, Betancourt encadenó una llamada tras otra, según personas al tanto de las conversaciones.

Habló directamente con Rodríguez, quien pronto sería nombrada presidenta interina, incluso antes de que el secretario de Estado, Rubio, contactara con ella para comunicarle los planes de Estados Unidos de «dirigir Venezuela», tal como lo expresó Trump.

«Hubo mucha labor de contención emocional», comentó una persona familiarizada con las llamadas. «Fue una noche larga», contaron el medio estadounidense.

A Rodríguez, aparte de advertirla sobre graves consecuencias si no cumplía al pie de la letra las exigencias de la administración Trump, se le dejó claro que Betancourt sería un intermediario clave para reactivar el sector petrolero del país. Según una persona familiarizada con las conversaciones, ella tendría que coordinar a través de él cualquier asunto relacionado con la industria petrolera nacional.